El Fin Principal De La Redención

HeartCry Missionaty Society

El Fin Principal De La Redención

Por: Jonathan Edwards

Muchas veces nos topamos con la idea errónea de que Dios hizo todo lo que hizo por nosotros, sin embargo las Escrituras nos enseñan algo completamente diferente. Aquí en palabras de Jonathan Edwards:

“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes El se complace.” – Lucas 2:14

“Que la gloria de Dios sea el más alto y último fin de la obra de redención, es confirmado por el canto de los ángeles en el nacimiento de Cristo… debe de suponerse que ellos sabían cuál era el fin de Dios al mandar a Cristo al mundo; y que su regocijo en esa ocasión, sus mentes se regocijaran más en aquello que era más valioso y glorioso de esto, lo cual debe consistir en su relación con su principal y ultimo fin. Y además debemos suponer, que la cosa que principalmente ocupó sus mentes fue la más gloriosa y gozosa en este asunto; y sería lo primero en la canción que era expresar los sentimientos de sus mentes, y la exaltación de sus corazones.”

Jonathan Edwards (Obras, vol.1, p.110)

Así se predicó el SERMÓN que encendió el GRAN DESPERTAR

BITE

Así se predicó el SERMÓN que encendió el GRAN DESPERTAR

Este famoso sermón tuvo un inicio, pero nunca se pudo concluir, por las reacciones que causó.

Jonathan Edwards había sido invitado a predicar a la iglesia de Enfield, una iglesia conocida por su frialdad espiritual y su resistencia al avivamiento, en un momento en el que Nueva Inglaterra estaba empezando a sentir un despertar espiritual que se conocería posteriormente como el Gran Despertar.

Sin proponérselo, la predicación de Edwards fue el golpe que aceleraría una renovación espiritual en medio de este movimiento único en la historia del cristianismo.

Pero Edwards nunca fue uno de esos predicadores con alta y fuerte voz, de hecho, su estilo de predicación era sencillo: voz débil y pocos gestos; simplemente leía desde un manuscrito que había memorizado.

Tampoco era la primera vez que Edwards predicaba este sermón, ya lo había hecho en su propia congregación en Northampton, Massachusetts, con un efecto desconocido.

Según la tradición, Edwards ni siquiera fue el predicador que debía exponer el sermón ese día. Él era un suplente.

Además de todo, el auditorio era difícil. Las personas que asistían al servicio no mostraban ningún interés en particular. No había un ambiente de expectativa ni de solemnidad, ni siquiera prestaban atención discreta o educada.

Pero entonces Edwards comenzó a predicar. No sabemos exactamente cómo lo hizo, no sabemos qué estilo utilizó, su tono exacto de voz o cualquier idea que tengamos de su técnica, sólo tenemos evidencias a partir de algunos informes de ese día.

En el desarrollo del sermón, Edwards empezó a acumular progresivamente ilustraciones sobre los horrores del infierno y la justicia de Dios, lo que empezó poco a poco a causar gritos de terror al escuchar la gráfica descripción de la condenación que experimentarían los malvados.

Edwards no pudo culminar su predicación aquel día. Los gritos de terror de las personas que lo escuchaban no lo dejaron concluir, mientras clamaban: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”. El plan de Edwards era finalizar su sermón mostrando el consuelo del evangelio. Irónicamente, sus oyentes no lo dejaron llegar a ese punto.

Con todo, este sermón, tal vez el más famoso en la historia de la iglesia, es usado como un supuesto ejemplo de la predicación terrorífica calvinista de El Gran Despertar, y como una muestra de la frialdad de Edwards casi al borde del sadismo en relación a la justicia de Dios. Pero es importante conocer el contexto, las predicaciones sobre el infierno eran muy comunes durante ese tiempo, así que lo que hizo que el sermón de Edwards fuera impactante no fue que predicara sobre el infierno, sino cómo predicaba sobre el infierno.

Edwards estaba más interesado en mostrar la Gloria de Dios y la necesidad del pecador de experimentar esa Gloria a través de Cristo. Es fácil darse cuenta de esto al estudiar la vida, la obra y el pensamiento de Edwards.

Este sermón ha sufrido constantes análisis por parte de lingüistas, psicólogos y expertos que lo han asociado con la física newtoniana con el prodigio de la narrativa y la elocuencia, y con la construcción lógica y rítmica de un discurso.

Este es un sermón típico del Gran Despertar, que enfatiza la enseñanza de que el infierno es real, un lugar que realmente existe. El sermón de Edwards continúa siendo el ejemplo principal de un sermón de que provoca un verdadero avivamiento y aún nos sigue retando y persuadiendo sobre nuestra realidad espiritual.

CIBERGRAFÍA

Pecadores en manos de un Dios airado: http://bit.ly/2GRYD3H
Jonathan Edwards Preaches “Sinners in the Hands of an Angry God”: http://bit.ly/2I1uLDR
Avivado por la belleza de Dios: http://bit.ly/2Gu9fpN
Sinners in the Hands of an Angry God: http://bit.ly/2Ij0u3Q

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JONATHAN EDWARDS: Pastor y teólogo de EL GRAN DESPERTAR 

BITE

JONATHAN EDWARDS: Pastor y teólogo de EL GRAN DESPERTAR

Jonathan Edwards nació en East Windsor, Connecticut, siendo el único hijo varón y el quinto de once hermanas.

A los 13 años de edad fue aceptado para ser estudiante de la Universidad de Yale, que entonces se llamada Escuela Colegiada.

Durante su etapa como estudiante se opuso a la tendencia entre los estudiantes de alejarse de la fe puritana de los fundadores de la Universidad y correr hacia un racionalismo elitista.

Pero nunca se comportó como un fanático. Estando en la Universidad, Edwards leyó ampliamente e interactuó con John Locke (1632-1704), Isaac Newton (1643-1727) y todo el movimiento de la Ilustración. Muchos de sus primeros escritos fueron sobre temas científicos.

En 1729, Edwards empezó oficialmente su ministerio como aprendiz de su abuelo materno, Solomon Stoddard en Northampton durante dos años antes de convertirse en el único predicador de la iglesia de Northampton, Massachusetts.

Cuando tenía 20 años, conoció a Sarah Pierrepont (1710-1758), una joven devota que inspiraría la vida espiritual del propio Edwards.

En 1734, la predicación de Edwards sobre la justificación por la fe provocó un renacimiento espiritual en su iglesia. En diciembre hubo seis conversiones repentinas. Para la primavera había alrededor de treinta a la semana.

Edwards mantuvo un cuidadoso relato escrito de sus observaciones y las documentó en sus diarios. También sus sermones más efectivos se publicaron posteriormente. Estos escritos se leyeron ampliamente en América e Inglaterra, también ayudaron a alimentar el Gran Despertar unos años más tarde, durante el cual miles fueron conmovidos por la predicación del británico George Whitefield (1714-1770).

Whitefield había leído los escritos de Edwards y se propuso visitarlo cuando viajara a las colonias de América. Edwards invitó a Whitefield a predicar en su iglesia. La predicación de Whitefield conmovió profundamente a Edwards, quien lloró durante todo el servicio, junto a gran parte de la congregación.

En 1741, durante el inicio de lo que posteriormente se conocería como el Gran Despertar, Edwards contribuyó quizás con el sermón más famoso de la historia de Estados Unidos, «Pecadores en las manos de un Dios airado».

Este sermón fue predicado en Enfield, Connecticut, en 1741. Aunque este sermón ha sido ampliamente reimpreso como un ejemplo de «fuego y azufre», esto no está en consonancia con el estilo de predicación real de Edward. Edwards no gritó ni habló en voz alta, sino que predicó en voz baja y sencilla.

Gracias a este sermón y a su rápida difusión, las iglesias, que en algunos casos habían sido frías y secas, se transformaron rápidamente en congregaciones apasionadas.

Pero no se puede acusar a Edwards de ser un emocionalista, todo lo contrario, sus sermones fueron altamente intelectuales y en ellos se tratan temas doctrinales y profundamente teológicos. La emoción era importante para Edwards, pero esa emoción y experiencias no debían opacar la necesidad de una doctrina recta y un culto racional.

Edwards consideraba que la conversión personal era crítica, por lo que insistió en que solo las personas que habían hecho una profesión de fe y que daban prueba de una experiencia real de conversión podían participar de la Cena del Señor. Esta posición estaba en contra de lo que su abuelo había practicado en la iglesia y desalentó a su congregación, que lo despidió en 1750.

Durante los siguientes años, Edwards fue un pastor misionero entre los nativos americanos en Stockbridge, Massachusetts, y escribió varios tratados teológicos. En ellos argumentó que somos libres de hacer lo que queramos, pero nunca querremos hacer la voluntad de Dios sin una visión de su naturaleza divina impartida por Su Espíritu.

Fascinado por la física newtoniana e ilustrado por las Escrituras, Edwards creía que la providencia de Dios era literalmente la fuerza vinculante de los átomos, que el universo colapsaría y desaparecería a menos que Dios mantuviera su existencia.

Durante toda su vida, Edwards mantuvo su hábito de levantarse a las 4:00 de la mañana y de estudiar 13 horas al día.

CIBERGRAFÍA

A Mind on Fire: http://bit.ly/2BqbaaH
Devoted Disciplinarian: http://bit.ly/2DwoYB4
Jonathan Edwards Preaches: http://bit.ly/2I1uLDR
Jonathan Edwards: http://bit.ly/2SERnhB

BIBLIOGRAFÍA

Historia del cristianismo, por Justo González: https://amzn.to/2DsVX9i

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Pecadores en manos de un Dios airado

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Edwards: Pecadores en manos de un Dios airado

Un análisis del sermón evangélico más famoso de todos los tiempos.

AUTOR Will Graham | 02 DE JULIO DE 2016 | 23:40 h

Esta misma semana hace 275 años, el gran teólogo norteamericano Jonathan Edwards (1703-58) predicó el sermón evangélico más famoso de todos los tiempos: ‘Pecadores en manos de un Dios airado’ (8 de julio 1741).

Hoy, entonces, queremos hacer tres cosas. Primero, resumir el bosquejo de aquel mensaje tan poderoso. Segundo, contrastar la homilética de Edwards con el tipo de predicación que predomina en el siglo XXI. Y tercero, defender a Edwards ante varias críticas injustas que se han lanzado contra él a lo largo de los años

1.- El resumen del sermón

Después de leer Deuteronomio 32:35 –“A su tiempo su pie resbalará”- Edwards hizo cuatro observaciones iniciales sobre los incrédulos mencionados en el versículo:

  • Estuvieron siempre expuestos a destrucción.
  • Estuvieron siempre expuestos a una rápida destrucción repentina.
  • Estuvieron expuestos a caer por su propio peso.
  • La razón por la cual no han caído todavía es “porque el tiempo señalado por Dios no ha llegado”.

Siguiendo el método exegético puritano, antes de procurar aplicar la Palabra al pueblo Edwards primeramente estudia el pasaje bíblico con el fin de llegar a su médula doctrinal. Esta doctrina luego se convierte en el eje central de todo el sermón. ¿Cuál es la grandiosa verdad que Edwards encontró en Deuteronomio 32:35? Respuesta: “Que no hay otra cosa que mantenga a los hombres impíos fuera del infierno en todo momento que el mero placer de Dios”.

Edwards prosiguió a desarrollar diez observaciones evangélicas sobre esta doctrina bíblica. En sus propios términos:

  • A Dios no escasea en poder para arrojar a los impíos en el infierno el momento que lo quiera. Es fácil para Dios, cuando le place, arrojar a sus enemigos al infierno.
  • Los impíos merecen ser echados en el infierno.
  • Los impíos ya están bajo una sentencia de condenación al infierno.
  • Los impíos son los objetos de ese mismo enojo e ira de Dios que es expresado en los tormentos del infierno.
  • El diablo está lista para caer sobre los impíos y asirlos para sí; momento que Dios permitirá.
  • En las almas de los impíos reinan principios infernales que estuvieran actualmente encendidos y llameando en el infierno de fuego si no fuera por las restricciones de Dios.
  • No es seguridad para los impíos el que en ningún momento haya medios visibles de la muerte a la mano.
  • El cuidado de los impíos para preservar sus propias vidas o el cuidado de otros para preservarlos a ellos, no les brinda seguridad en ningún momento.
  • Todas las luchas y maquinaciones que los impíos usan para escapar del infierno, mientras siguen rechazando a Cristo, no les libra del infierno en ningún momento.
  • Dios en ningún momento se ha puesto bajo ninguna obligación por alguna promesa que haya dado de mantener al impío fuera del infierno.

Después de compartir sus diez observaciones teológicas, Edwards –una vez más fiel al legado puritano- se preocupa por aplicar lo antedicho a la congregación. Se dirige a los incrédulos de su congregación explícitamente: “Este terrible tema puede ser útil para despertar algunas personas incrédulas en esta congregación. Esto que has oído es el caso de cada uno de ustedes que se encuentra fuera de Cristo.

Ese mundo de miseria, ese lago de azufre ardiente se extiende debajo de ti. Allí está el espantoso abismo de las llamas ardientes de la ira de Dios; allí está la ancha boca del infierno abierta de par en par; y no tienes nada sobre qué permanecer en pie, ni nada de donde agarrarte; no hay nada entre ti y el infierno sino sólo el aire; es tan sólo el poder y el puro placer de Dios el que te soporta”.

Mediante metáforas vívidas y con gran dolor en el alma, Edwards exhorta a los incrédulos a huir de la ira venidera. Aplica la doctrina a su congregación a través de los siguientes cuatro puntos:

  • Mira de quién es la ira. Es la ira de un Dios infinito.
  • Es a la furia de la ira de Dios a la que estás expuesto.
  • La miseria a la que estás expuesto es aquélla que Dios infligirá con el fin de mostrarte lo que es la ira del Señor.
  • Es una ira eterna.

Antes de cerrar el mensaje, Edwards siguió luchando por despertar y salvar las almas de los réprobos. Dice: “Hay razón para pensar que hay muchos ahora en esta congregación oyendo este discurso que eventualmente serán sujetos de esta miseria por toda la eternidad.”. Y de nuevo: “¡Cuántos de ustedes recordarán este discurso en el infierno!”

Como buen evangélico, señala a Cristo como la única vía de escape: “Ahora tienes una oportunidad extraordinaria, un día en el que Cristo tiene ampliamente abierta la puerta de la misericordia, permanece allí llamando y gritando con alta voz a los pobres pecadores […] Dense prisa y escapen por sus vidas; no miren tras sí, escapen al monte, no sea que perezcan”.

2.- El contraste entre Edwards y nosotros

Con tan solo leer el bosquejo del mensaje, no cabe duda alguna de que Edwards predicaba de una manera muy diferente a la nuestra. Antes que nada, su metodología era cien por cien exegética, doctrinal y teológica. Quiso encontrar las perlas escondidas dentro de un determinado versículo bíblico y se limitó a hablar únicamente sobre esta verdad doctrinal sin desviarse de ella en ningún momento.

Todo lo que dice en su sermón está explícitamente relacionado con la doctrina que sacó de su texto en Deuteronomio. Sólo después de esa labor exegética y doctrinal, empezó Edwards a aplicar el mensaje al pueblo. Hasta sus aplicaciones están fundamentadas en el texto.

Nuestra metodología evangélica actual es bien distinta. Sabemos de lo que queremos hablar en el púlpito aun antes de estudiar las Escrituras. Lo que hacemos es buscar cualquier texto bíblico que diga algo parecido a lo que ya tenemos en el corazón y empleamos aquel texto como un pretexto para dar nuestra charla. Prevalecen versículos como “Todo lo que puedo en Cristo” o “Yo sé los planes que tengo para vosotros” totalmente divorciados de su contexto inmediato.

En cuanto a contenido, he apuntado seis diferencias entre Edwards y el siglo XXI.

Primero, el mensaje de Edwards está saturado de la Palabra. No solamente se dedica a exponer un determinado versículo sino que apoya todo lo que dice a lo largo del mensaje con pasajes paralelos. ¡Menuda manera de fortalecer a una iglesia en las Escrituras! Nosotros, sin embargo, hacemos casi todo nuestro énfasis en ilustraciones, experiencias, testimonios personales, chistes y aplicaciones.

Segundo, el estilo de Edwards es teocéntrico. Todo el mensaje gira en torno a la grandeza de la gloria de Dios. Edwards despliegue la gloriosa soberanía de Dios de una manera sin precedentes.

En nuestros días, no obstante, los mensajes son antropocéntricos, centrados en el ser humano y su supuesta importancia, por ejemplo, “Tú eres un campeón” o “Sueña cosas grandes” o “Dios te necesita” o “Tú vales mucho para Dios”. Edwards nunca predicaría semejantes aberraciones.

Tercero, Edwards nos habla sobre todas las facetas de Dios. Es verdad que cuando leemos muchos otros sermones de Edwards, él habla más sobre el amor divino y su misericordia revelada en Cristo que sobre cualquier otro atributo divino; pero no se olvidó nunca de la justicia, la majestad y la santa ira y furia del Altísimo. Era valiente.

Predicó todo el consejo de Dios. Mas el siglo XXI ya no cree en la ira de Dios. El ‘dios’ de nuestros días es una mariposa, una muñeca de Barbie, un dios afeminado, dulce, un osito de peluche. Nunca se enfadaría con nadie. ¿Entonces quién tiene la razón? ¿Edwards o nosotros? La Biblia demuestra que Edwards está en lo correcto.

Cuarto, Edwards instruyó a los de su generación sobre la profundidad y la seriedad del pecado humano. Nos habla acerca del hombre en base a la doctrina de las Escrituras. Nosotros, sin embargo, creemos la mentira pagana de que todos somos buenos. “Todos metemos la pata pero en esencia somos buena gente”. Hemos resucitado la doctrina de Pelagio. En este sentido Edwards tiene mucho que enseñarnos.

Quinto, las cosas eternas se hacen reales mientras uno lee un mensaje de Edwards. No sé cuántas veces habré leído ‘Pecadores en manos de un Dios airado’, pero cada vez que lo hago, enseguida pienso en mi muerte, en la eternidad, en que no voy a estar aquí para siempre. Las predicaciones contemporáneas, sin embargo, nunca nos hablan sobre temas tan solemnes como la condenación eterna ni el infierno ni la muerte. ¡Ni pensarlo! ¡Algunos predicadores sencillamente no quieren perder a sus clientes!

Por lo tanto, los sermones de hoy se centran en cómo arreglar nuestros problemas y dolores de cabeza en el aquí y ahora. Impera un espíritu light, liviano, poco solemne donde nadie tiembla ante la Palabra del Altísimo. ¿Me pregunto si estamos bajo la maldición de Amós 8:11?

Sexto, la cristología de Edwards es excelsamente bíblica. En el sermón que hemos resumido la gloria de Cristo es anunciada a través de su grandioso ministerio de salvación. El Cristo de Edwards es un Salvador varonil e indomable. No es el ‘Jesús novio’ de nuestra generación que pasa todo el día llorando porque no le dejamos entrar en nuestro todopoderoso corazón.

En todos estos sentidos, se respira otro aire en los mensajes de Edwards que ya no sopla en nuestros días.

3.- Críticas injustas

Amé a Edwards y al Dios de Edwards mientras vivía en Irlanda. No fue hasta que vine a España en el 2007 cuando oí a ciertas personas hablar mal de él. Me molesto bastante. En realidad todos lanzaban la misma crítica una y otra vez, a saber, que “Edwards sólo habla sobre la ira de Dios”.

Debo mostrar mi desacuerdo con este juicio porque carece de solidez. No tiene justificación alguna. Basta con leer ‘Pecadores en manos de un Dios airado’ para entender que esta postura es insostenible. Hay que fijarse en cómo Edwards habla sobre el pacto de Dios con su pueblo a través de Cristo como el único lugar de refugio de la ira venidera. “Ciertamente Dios no ha dado promesas acerca de la vida eterna o de alguna liberación o preservación de la muerte eterna, sino aquellas que están contenidas en el pacto de la gracia, las promesas son sí y amén”.

Edwards explica la obra del Espíritu a lo largo del mensaje e insta a los pecadores a arrepentirse con la santa exclamación “¡oh!” continuamente en sus labios. “Oh pecador”, “Oh cuán terrible debe ser eso”, “Oh, si tan sólo consideraras esto, ya seas joven o viejo”, “Oh señores, es peligroso en extremo”. Edwards luchó con los pecadores para su bien eterno. Un varón que predica la verdad de Dios con dolores de parto en el alma merece nuestro respeto y admiración.

Con respecto a los que siguen acusando a Edwards de hacer demasiado hincapié en la ira de Dios, he llegado a las siguientes dos conclusiones:

  • O simplemente no saben de lo qué están hablando porque nunca se han tomado la molestia de estudiar ‘Pecadores en las manos de un Dios airado’ ni de indagar en el ministerio tan eficaz que el Señor le concedió a su fiel soldado, Jonathan Edwards.
  • O son falsos maestros que nunca han pronunciando una solo palabra acerca de la ira de Dios desde sus púlpitos. “Son atalayas ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir”. Total, critican a Edwards con el fin de apaciguar sus conciencias.

Así que si tengo que elegir entre 1) un ignorante, 2) un perro mudo o 3) Jonathan Edwards, sé muy bien con quién me voy a quedar, con el hombre que dé más gloria a Dios.

Dios levante a 100.000 más como Jonathan Edwards en nuestros días para la gloria de Cristo y el bien del Evangelio.

Los pecadores del siglo XXI siguen estando en las manos de un Dios airado.

Los pecadores del siglo XXI siguen necesitando ser salvos a través del único camino de refugio, el bendito Salvador Jesucristo.

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