Lo que Nuestras Iglesias Necesitan con Urgencia

Por Josué Ortiz

Hay necesidades humanas que son inevitablemente universales. Amar y sentirnos amados; el perdón, el alimento, la gracia. A la vez, ciertas civilizaciones sufren de necesidades específicas con mayor intensidad debido a sus circunstancias particulares. Ese es el caso del mundo cristiano hispanoamericano. No es que nuestras necesidades sean únicas. Pero en nuestra herencia cultural, hay ciertos aspectos que han sido descuidados históricamente, y por lo tanto necesitamos suplirlos con fundamentos bíblicos para poder crecer y madurar. Esta lista puede ser larga, pero permíteme presentarte dos áreas que necesitamos suplir urgentemente.

NECESITAMOS URGENTEMENTE: PREDICACIÓN EXPOSITIVA

Esta situación es crítica al considerar que “no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). El creyente madurará por medio de la Palabra de Dios que pueda comprender y asimilar. Desde luego que creemos que cada creyente tiene al Espíritu Santo que le enseña todas las cosas (Jn. 14:26). Sin embargo, de igual manera creemos en la necesidad elemental que tiene el pastor a predicar la Palabra (2 Ti. 4:2), y de hombres y mujeres maduros capaces de instruir a otros en la verdad, al interpretar la Biblia correctamente.

El Dr. John MacArthur ha dicho que “el significado de la Escritura es la Escritura”. En otras palabras, no escucharemos correctamente la Palabra de Dios a menos que un texto sea interpretado con exactitud. De lo contrario será más bien una opinión personal, que en el mejor de los casos dará una enseñanza moral o cívica, y en el peor de los casos, simple herejía.

Por un lado, cada padre y madre tiene la responsabilidad de explicar y enseñar la Biblia en su familia. Pero en el ámbito eclesiástico, esta responsabilidad recae propiamente en el pastor-maestro (Ef. 4:1), y la predicación expositiva es el medio por el cual la Biblia puede ser enseñada con más exactitud.

Los evangélicos necesitamos que nuestras iglesias sean centros de doctrina bíblica explicada y luego aplicada en humildad. La predicación expositiva desempaca las verdades bíblicas de un texto al tomar en cuenta el contexto histórico, al hacer énfasis en la intención original del autor, y al interpretar el texto gramáticamente. Es decir, la predicación expositiva valora el orden de las palabras, así como su uso y propósito, preferentemente en el idioma original. Así el oyente entiende el significado de la Palabra, y con la ayuda del Espíritu Santo lo aplica a su vida. Todos los creyentes necesitamos la inalterada Palabra de Dios para vivir (1 Pe. 2:2).

La verdadera predicación de la Palabra no solo es necesaria para el crecimiento, sino fundamental para vivir. En el mundo hispano es vital que busquemos que nuestros pastores prediquen la Palabra “a tiempo y fuera de tiempo” (2 Tim. 4:2). No estoy hablando de revolución religiosa. Estoy hablando de orar fervientemente, con un deseo sincero de escuchar solo la Palabra de Dios. Necesitamos discernimiento y sabiduría para conocer cuándo alguien está verdaderamente predicando la Palabra y cuándo no. No hacerlo como jueces o creyentes arrogantes, sino como mendigos buscando dónde encontrar alimento.

NECESITAMOS URGENTEMENTE: LA GLORIA DE DIOS
En su reciente libro, A peculiar Glory (Una gloria peculiar), el Dr. John Piper dice que la Palabra de Dios tiene una gloria que el creyente necesita percibir si es que quiere leer la Biblia de una manera efectiva. Es decir, la Biblia no se debe leer como si fuera un amuleto que solo hay que mirar casualmente para tener un buen día. Es más, no se trata de “pensar” en lo que leímos como si fuera algo mágico, individual, o místico.

Por supuesto, debemos meditar en las palabras de Dios (Sal. 119:11). Pero entendamos que la Biblia no es un libro de meditación. En 2 Corintios 4:4, Pablo explica que nuestro enemigo, Satanás, “ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios”. La luz del evangelio es la gloria de Cristo. Es la misma gloria, por cierto, que Moisés vio en Éxodo 33. Sin embargo, a diferencia de Moisés, nosotros no tenemos que ponernos un velo, sino que “todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu” (2 Co. 3:18). ¡Esto es fascinante!

Leer la Biblia no se trata principalmente de cómo ser mejores padres, hijos, o creyentes. Se trata, principalmente, de la gloria de Dios. Encontramos en ella la naturaleza y esencia de Dios. Es en nuestra lectura de la Biblia que podemos conocer cómo es Dios. No solo cierta parte de Él, sino toda la gloria que ha sido revelada en las Escrituras. Lo que nos lleva de “gloria en gloria” es mirar a cara descubierta la gloria del Señor. Observar sus atributos y escuchar su voz a través de las páginas de la Biblia es lo que nos transforma. La Biblia no es un libro que leemos para aprender qué hacer externamente. La Biblia es la gloria revelada al creyente, para que al ser expuesto a ella continuamente, sea transformado internamente.

La gloria de Dios nos transforma. No tenemos que subir a un monte, ni tenemos que experimentar un evento metafísico. Simplemente tenemos que abrir nuestras Biblias y entender las riquezas de su gloria con nuestros ojos espirituales abiertos. Es exactamente lo que Pablo dice en Efesios 1:17, “El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él”. Si esa era la oración de Pablo para los creyentes de Éfeso, esa debe ser nuestra oración también, ver “las riquezas de la gloria de su herencia” (Ef. 1:18).

Así que busquemos que la predicación de la Palabra sea fiel. Pidamos ayuda a Dios para servir a una iglesia donde se busque una predicación sana y bíblica. Y leamos nuestras Biblias con un profundo deseo de encontrar la gloria de Dios, para que todo lo terrenal pase a segundo plano. Los tesoros que esta tierra te puede ofrecer no se comparan con la permanente, transformadora, e impactante gloria de Dios. El Dios de toda gloria ha puesto su gloria en la Escritura para que te transforme en una manera personal, única, y exclusiva, de acuerdo a lo que Dios tiene planeado para ti.

¿Qué es el cristianismo bíblico?

The Master’s Seminary

¿Qué es el cristianismo bíblico?

Josué Ortiz

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.» (Mt 7:21)

El evangelio de Jesús no es una invitación a creer, es una ordenanza a arrepentirse. Juan el Bautista lo dijo claramente así: “…Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mt 3:1,2) Jesús mismo lo afirmó de la siguiente manera: “…Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mt 4:17) Y también los apóstoles lo explicaron así: “…arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.” (Hch 3:19) El evangelio demanda una acción de obediencia y sumisión al Dios Todopoderoso. El individuo solo se puede acercar a Dios al aceptar los términos que Dios pone, o no se puede acercar a Dios. Es relativamente simple. El arrepentimiento genuino no es opcional, es un requisito de Dios, y aún la fe necesaria para la salvación es “un don de Dios,” (Ef 2:8).  Y sin embargo, el evangelio es una demanda que no gira alrededor de una mente narcisista, dictatorial, o egoísta. Al final, el individuo es salvado por la gracia soberana de Dios para la gloria de Dios y para el rescate del pecador. Dios se lleva la gloria al rescatar, y el rescatado le da la gloria a Dios por el rescate. Sin embargo, me temo que la iglesia de Jesús está perdiendo el sabor central del evangelio, es decir, el proclamar la soberanía de Dios en la salvación y la clara obediencia que la verdadera salvación debe de producir. Como pastores, estudiosos, y estudiantes de la Biblia es nuestra responsabilidad proclamar las verdades de Dios lo más clara y fielmente posible. La doctrina de la salvación es una pieza fundamental en la estructura Bíblica. Permíteme darte tres consejos prácticos para predicar correctamente lo que es el cristianismo bíblico.

Estudia la Biblia. 

Suena tal vez simplista, pero no lo es. El estudiar la Biblia demanda de un tiempo determinado para que concienzudamente se escudriñen las Escrituras. La orden de Jesús para entender más acerca de quién es el Salvador del mundo, fue precisamente la de escudriñar las Escrituras. Jesús dijo en Juan 5:39, “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” Si Jesús es quien dice ser, y si ambos Testamentos que componen nuestro cánon son lo que dicen ser, entonces más vale que entendamos bien qué es la salvación y las implicaciones doctrinales que esta doctrina conlleva. Baste ya el tiempo de increpar en contra de la doctrina más fundamental de la Biblia. La salvación no es ajustable, flexible, negociable, o modificable. La doctrina de la salvación es exclusivamente celosa de sí misma. O es por medio de Jesús, de arrepentimiento genuino y de fe divina, o no es salvación verdadera (Jn 14:6). Por lo tanto, estudia ésta y todas las doctrinas bíblicas. Seas pastor, anciano, diácono, padre, madre soltera, o un joven, estudia la Biblia. Estudia, estudia, y estudia más. Haz de las Escrituras la dulce miel de la que habla el Salmo 19. Que la Biblia sea lo que provoca esa aparente paradoja de despertar tu hambre espiritual, y saciarla al mismo tiempo (Mt 5:6). Busca la verdad bíblica. El cristianismo bíblico es caracterizado por verdad bíblica. El cristianismo que está arropado por inapetencia doctrinal, es una burla contra el cristianismo histórico, bíblico y reformado. El creyente verdadero busca y encuentra, pregunta y es respondido, toca y la puerta se abre. Sé un amante de la gloria de Dios revelada en las Escrituras (2 Co 3:18), y ama su Palabra. No hay nada más hermoso, más bello, más sublime, más dulce, más atractivo, más apetecedor, más deslumbrante, ó más glorioso que la Palabra de Dios. Haz de ella tu objeto de estudio desde hoy, y hasta el último día de tu vida.

Escucha y lee de la Biblia. 

Una de las maneras más prácticas para crecer después de leer la Biblia, es escuchar grandes hombres de Dios predicando o escribiendo acerca de la Biblia. Se tu crítico más severo en cómo estás gastando tu tiempo y arma un nutrido horario semanal donde apartes un tiempo para escuchar a hombres de Dios que predican o escriben acerca de las verdades bíblicas. Lee a los Puritanos y observa la tenacidad con la que buscaban a Dios de todo corazón. En un mundo donde las redes sociales, el internet, y el entretenimiento están al alcance de solo un “click”, debes tener dominio propio para estimular tu mente espiritual. La meditación de la Biblia es un acto olvidado, tal vez nunca aprendido en el cristianismo del siglo XXI. Sin embargo, necesitamos fortalecer nuestros sentidos espirituales y promover pensamientos de verdad. Esa es la única manera en la que podemos ser santificados: por medio de la verdad. Jesús dijo en Juan 17:17, “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” No hay más. Por lo tanto, en adición a estudiar la Biblia por ti mismo, escucha y lee a los reformadores del siglo XVI. Llenar tu mente de esta clase de lecturas te ayudará a asimilar las verdades de la Biblia, y a elevar tu estándar de calidad en lo que lees y escuchas. Con la tecnología que tenemos a nuestro alcance, escucha podcasts y visita sitios de internet que te ayudarán a ser un creyente educado de la verdad de la Biblia. Querido amigo, escucha y lee a hombres que han dado su vida por predicar las verdades inalteradas de la Biblia.

Explica la Biblia. 

Como creyentes, es nuestra labor transmitir las verdades de Dios a otros. Si tienes una esposa e hijos, entonces pon manos a la obra. La Biblia ha sido dada para ser explicada a una humanidad que no tiene manera de entenderla. El Espíritu Santo convence de pecado al incrédulo e ilumina al creyente a seguir entendiendo, pero es mediante la predicación de la Biblia que Dios transmite su verdad a nuestras generaciones. Es la manera en la que Dios ha elegido postergar sus palabras. El explicar a otros la Biblia, es poner a la Biblia como máxima prioridad en tu vida, y en la vida de otros. No hay más mensaje. No hay más esperanza. Si no hablas de la Biblia con tu familia, amigos, vecinos, ¿de qué hablar entonces? El conocimiento bíblico que adquirimos a lo largo de los años, tiene que ser puesto en práctica en nuestras comunidades, o solo será un pesado bagaje que produce arrogancia y soberbia. Jesús nos ordena en Juan 17:18, «Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.” Claro, Jesús está hablando de un envío apostólico en este texto en particular. Pero la implicación y aplicación incluye todos los demás creyentes. Tenemos un llamado—una orden más bien—de hacer lo mismo que Jesús hizo cuando vino a la tierra; esto es, predicar la verdad de la Palabra de Dios.

Sé un lector de la Biblia. Sé un creyente de la Biblia. Sé un estudioso de la Biblia. No estoy hablando necesariamente de asistir a un seminario bíblico, sino que me refiero a una actitud determinante de estudiar, escuchar, y explicar la Biblia. El mundo hispano lo necesita urgentemente. No permitas, o peor aún, no seas parte de prolongar mentiras salpicadas de verdad que en el mejor de los casos confunden y distorsionan la Biblia, y en el peor de los casos, promueve herejía y falsedad bíblica. El cristianismo bíblico es caracterizado por ser verdadero y para ser verdadero tiene que ser bíblico.

Josué Ortiz (M.Div.) es pastor fundador de la Iglesia Gracia Abundante en la Ciudad de México. Actualmente estudia un doctorado en predicación expositiva en The Master’s Seminary. Está casado con Rebekah y juntos tienen dos hijos. Puedes seguirlo en twitter: @pastorjosuecdmx

Cómo identificar una predicación sana

Coalición por el Evangelio

Cómo identificar una predicación sana

JOSUÉ ORTIZ

La predicación sana determina el bienestar de una iglesia.

Muchos decimos que escuchamos o exponemos predicaciones sanas, pero eso no siempre es así. Necesitamos evaluar los sermones que enseñamos o escuchamos. Si identificamos que ellos no son bíblicos, debemos cambiar nuestra preparación y enfoque al predicar. Pero ¿cómo podemos identificar una predicación sana?

Aunque ninguno de nosotros es la autoridad por sí mismo para afirmar cuándo una predicación es saludable o no, hay algunas cosas que podemos decir al respecto cuando nos basamos en la Palabra de Dios.

La predicación sana hace más que citar la Biblia

Recordemos que Satanás usó las Escrituras erróneamente para tentar a Cristo (Mt. 4:1-11). Los falsos maestros, por lo general, usan la predicación que solo busca textos fuera de contexto que apoyan sus premisas principales. Ellos pervierten el significado del texto para justificar sus intereses mezquinos (2 P. 3.16).

La Palabra no es un trampolín para impulsar tu propio mensaje. Tampoco para exponer sobre intereses personales o temas oportunistas. En cambio, es un pozo para profundizar en el conocimiento del amor y poder de Dios. Él siempre obra a través de su Palabra.

Por lo tanto, el predicador debe “dar sentido al texto” (Neh. 8:8). El predicador necesita comprender el mensaje central del pasaje, luego exponer la verdad de Dios a la congregación, y finalmente promover la aplicación adecuada de sus conclusiones.

Una tentación frecuente para los predicadores es solo buscar predicar pasajes que apoyen los temas que nos apasionan o queremos hablar. No está mal hablar de los temas que consideres importantes para tu iglesia, pero si usas la Biblia solo como una nota al pie de tu sermón, debes preguntarte si usas bien la Palabra de verdad (2 Ti. 2:15).

La predicación sana no se enfoca en tradiciones

Muchos piensan que la predicación es bíblica solo por ser tradicionalista, ya que así contiene muchos estándares y reglas. Ellos hablan de “conservar la llama del pasado” y se jactan de eso. Esto los lleva a legalismos tales como no permitir cierta ropa, prohibir algunos instrumentos musicales, y evitar visitar ciertos lugares. Creen que la iglesia es más espiritual por ser más “tradicional”.

Con esto no quiero decir que los miembros de las iglesias pueden hacer de las suyas sin reglas ni límites, pero los tradicionalistas suelen oponerse a los cambios, incluso a los buenos y necesarios. Hay quienes predican que debemos ser diferentes al mundo. Y debe ser así, pero la definición de “mundo” suele restringirse a solo las últimas décadas. Muchos olvidan que nuestra tarea no es mantener tradiciones sino obedecer la Palabra.

La predicación tradicionalista es parcial, local, y enfocada solo en ciertas opiniones y corrientes denominacionales. La Palabra de Dios, en cambio, va más allá de nuestras denominaciones y rige mucho más que nuestras opiniones e ideas. ¿Sabes si tu predicación prioriza las leyes de los hombres por encima de las de Dios? (Mr. 7:8).

La predicación sana distingue entre moralidad y santidad

Cuando solo predicamos reglas en contra de cualquier pecado, lo único que hacemos es poner metas inalcanzables (Gá. 3:10Stg. 2:10). Esto provoca que las personas tengan una vida doble, tratando de ocultar lo que se supone que está mal. Ese fue el problema de los fariseos (Mt. 23:27-28). Esta predicación no es diferente a las enseñanzas de otros grupos religiosos que también predican moralidad, civismo, y ética.

La predicación sana expone la santidad de Dios, mientras que una predicación deficiente propone la moralidad del hombre

La moralidad y la santidad no son lo mismo. Una predicación sana expone la santidad de Dios, mientras que una deficiente propone la moralidad del hombre. Dios no quiere personas morales, Él quiere personas santas porque ellas serán morales. Pero alguien puede ser moral sin ser santo. Ese es el peligro de la predicación moralista.

Una predicación moralista llega a ser legalista. El legalismo antepone las reglas por encima del poder de Dios. Evita que el creyente ponga su mirada en el Dios que nos transforma. Él es quien nos capacita para evitar aquello que la ley prohíbe. Empezamos a crecer en santidad cuando sometemos nuestra voluntad a Él.

La predicación sana es expositiva

Por predicación expositiva me refiero a la que interpreta y expone el mensaje central de un pasaje de la Escritura.

Aunque habrá momentos donde la iglesia necesite orientación sobre diversos temas, ella no necesita tu opinión personal. En cambio, necesita una exposición clara de lo que la Biblia enseña al respecto. Los ciudadanos del reino necesitan el mensaje del Rey. Tu labor es alimentar y apacentar a la grey de Dios (1 P. 5:2). No es tu iglesia o tu gente. Solo somos administradores de lo que Dios nos encargó por un tiempo.

Así que predica el texto. No te enfoques solo en aplicarlo, sino también en interpretarlo primero. Sé un estudiante de la Palabra. Que seas caracterizado por meditar, interpretar, y exponer la Biblia. Solo así tu predicación será sana y guiarás a tu iglesia a vivir lo que David dijo: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus preceptos recibo entendimiento, por tanto aborrezco todo camino de mentira” (Sal. 119:103-104).

La predicación sana es rica en teología

Una predicación saludable es teológica. Esto no habla de academia o complejidad, sino de profundidad y sentido. La predicación teológica se caracteriza por su rico contenido bíblico. Esta predicación no solo presenta las verdades de Dios, sino que presenta al Dios de las verdades. Todo esto considerando los estándares definidos a lo largo de la historia de las doctrinas cristianas, donde se ha separado lo falso de lo verdadero.

Si afirmamos que Dios se revela en las Escrituras por medio de Jesús (Jn. 14:9), entonces cada predicación debe revelar a Dios por medio de la obra redentora del Mesías. Nuestras predicaciones deben estar centradas en el evangelio. Cada sermón nos dirige a pensar cómo el pasaje se conecta con el mensaje redentor de Cristo.

Cada mandamiento, versículo, y palabra, descansa en el mensaje central de la Biblia: que Dios restaura a su creación por medio de Jesús. Así que si estás en los Salmos o en Gálatas, tu labor no es “armar” creativamente un sermón. Tu labor es ver que tu predicación refleje la imagen de Dios, su revelación, su persona, su plan, su rescate, y su voluntad.

Josué Ortiz (MDiv., DMin.) es pastor fundador de la Iglesia Gracia Abundante en la Ciudad de México. Es doctor en predicación expositiva por The Master’s Seminary. Está casado con Rebekah y juntos tienen tres hijos. Puedes seguirlo en twitter: @pastorjosuecdmx