Ecumenismo

Ecumenismo

Miguel Núñez y Juan Sánchez

Como enseñan nuestros documentos fundacionales, Coalición por el Evangelio es una comunidad de iglesias evangélicas profundamente comprometidas con la renovación de nuestra fe en el evangelio de Cristo y la reforma de nuestras prácticas de ministerio para conformarlas plenamente a las Escrituras. Buscamos realizar esfuerzos junto a otras personas que tienen la convicción de que la misericordia de Dios en Cristo Jesús es nuestra única esperanza de salvación eterna. Deseamos defender este evangelio de manera clara, con compasión, coraje y gozo, uniendo alegremente corazones con hermanos creyentes de diferentes denominaciones, etnias, y clases.

Entre nuestros distintivos doctrinales, nosotros afirmamos:

La realidad de un Dios Trino, creador y sustentador del universo, revelado de manera particular a su Creación en la faz de Jesucristo a través de las Escrituras.
La creación de una humanidad creada a imagen de Dios, que a través de la caída de Adán distorsionó y corrompió esa imagen en todas sus facultades.
Que desde toda la eternidad pasada, Dios determinó en su gracia salvar a una gran multitud mediante la fe depositada en Cristo Jesús.
Que la salvación no se encuentra en ningún otro fuera de Cristo Jesús, por cuanto no hay otro nombre bajo cielo por medio del cual podamos ser salvos.
Que Cristo, a través de su obediencia y muerte, canceló completamente la deuda de todos aquellos que fueron justificados en la cruz, de una vez y para siempre.
Que los 66 libros de las Sagradas Escrituras son los únicos inspirados por Dios, y que allí se revela todo lo que el hombre de Dios necesita en asuntos de fe y práctica.
Que Cristo Jesús es la cabeza de la iglesia, siendo Él mismo su piedra angular.
Debido a estas afirmaciones, nosotros negamos:

La posibilidad de algún dios fuera del Dios de las Escrituras, y que ningún otro ser creado puede ser venerado o servir de intercesor, en teoría o en la práctica.
Que en el hombre haya quedado una inclinación natural a hacer el bien, para someterse a la voluntad de Dios o aun para desear a Dios.
Que el hombre colabore o contribuya con sus obras de alguna manera a su salvación.
Que aquellos que han sido justificados por la fe en Cristo Jesús tengan necesidad de hacer expiación de alguna manera por su pecado, en esta vida o en la eternidad.
Que haya otro co-redentor o mediador para la salvación de los hombres fuera de o junto a la persona de Cristo Jesús.
Que haya alguna autoridad máxima o similar a aquella que da la Escritura, y que haya algún otro libro inspirado por Dios fuera de aquellos 66 reconocidos por la Iglesia a lo largo de su historia.
Que algún hombre pueda, en teoría o práctica, considerarse como cabeza de la iglesia de Cristo Jesús.
El esfuerzo de esta Coalición es de buscar unir a iglesias en torno a estas y otras de las verdades reveladas por la Palabra de Dios y el evangelio. Esta unión es una en torno a la verdad, no a expensas de la verdad. Por tal razón, nosotros condenamos el movimiento ecuménico que procura una unión a expensas de las verdades claramente reveladas en las Escrituras. No es posible para los cristianos el tener unión real, en teoría o práctica, con aquellos que niegan las verdades cardinales de la fe cristiana.

Por tal razón, debido a que la Iglesia Romana no puede afirmar y negar lo que afirmamos anteriormente, nosotros no podemos considerar a tal denominación como una representación del cristianismo bíblico. Eso no significa que Dios, en su soberanía, no haya salvado personas dentro de ese movimiento, que eventualmente son iluminados a conocer la verdad del evangelio más cabalmente en el rostro de Cristo Jesús. Estas conversiones ocurren no por las enseñanzas de la Iglesia de Roma, sino a pesar de dichas enseñanzas. En muchas iglesias donde hoy se predica la sana doctrina de nuestro Señor, hay hermanos que pueden dar testimonio de esta realidad.

A lo largo de los años han surgido corrientes y tendencias que han amenazado la fe cristiana y los fundamentos de la sociedad en áreas consideradas como vitales tanto para los evangélicos como para los católicos. En esos casos, ambos grupos han estado dispuestos a oponerse a dichas corrientes, en ocasiones por separado, y en otros casos firmando documentos que defienden la dignidad de la vida o el concepto bíblico del matrimonio, como dos ilustraciones muy actuales. Esto no debe abrir la puerta para considerar que nuestros principios doctrinales como evangélicos sean similares a los de la iglesia de Roma hasta el punto de poder formar alianza con ellos. Una alianza de este tipo nunca será algo que apoyemos ni promovemos.

Miguel Núñez y Juan Sánchez

A nombre de Coalición por el Evangelio

​Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

Juan Sánchez ha servido desde 2005 como pastor principal de High Pointe Baptist Church en Austin, Texas. Es graduado de la Universidad de Florida (B.M.Ed.) y el Southern Baptist Theological Seminary (M.Div., Th.M., Ph.D.). Además de entrenar pastores en los Estados Unidos y Latinoamérica, Juan es también miembro del concilio de The Gospel Coalition, presidente de Coalición por el Evangelio, y sirve como profesor asistente de teología cristiana en el Southern Baptist Theological Seminary. Juan está casado con Jeanine, y vive en Austin, Texas, al igual que sus cinco hijas, dos yernos, y tres nietos. Puedes seguirlo en Twitter: @manorjuan.

Una mirada a los roles en el matrimonio

Coalición por el Evangelio

Una mirada a los roles en el matrimonio

Juan Sánchez

Podemos, y debemos, celebrar que Dios creó tanto al hombre como a la mujer a su imagen, iguales como seres humanos. Sin embargo, aunque ambos están llamados a reflejar el dominio de Dios sobre toda la creación, a cada uno se le asigna un papel distinto en el cumplimiento de ese llamado. El hombre fue creado primero, se le colocó en el Edén como el único ser humano, y se le llamó a guiar, proteger. y proveer amorosamente a todos los que estaban bajo su cuidado (Gen. 2:4-15).

La clave para entender el papel del hombre se encuentra en Génesis 2:15: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase” (RV60). La palabra traducida como labrar en Génesis 2:15 también puede traducirse como trabajar, servir, o ministrar. Y guardar también puede significar proteger. Ambas palabras también aparecen juntas en relación con el sacerdocio levítico (Nm. 3:7-8). Los sacerdotes debían servir (trabajar) en la presencia de Dios y guardar (proteger) la entrada al tabernáculo.

Dado que Edén era el lugar de la tierra en el que originalmente Dios estaba en la presencia del hombre (Gen. 3:8), y dado que Adán también sirvió ante la presencia de Dios, es apropiado considerar a Adán como sacerdote, ya que tenía el mismo papel: servir en la presencia de Dios y proteger el lugar en el que estaba dicha presencia (Edén) de la entrada de los intrusos. Como imagen de Dios, Adán fue creado para representar el dominio amoroso de Dios sobre los que estaban a su cuidado. Para cumplir con el mandato creativo de Génesis 1:28, sin embargo, Adán necesitaría ayuda.

El esposo guía, protege, y provee, mientras que la esposa acompaña a su esposo para ayudarlo, afirmándolo, y siguiendo su liderazgo. 

Dios creó a la mujer como ayuda idónea y complementaria del hombre (Gen. 2:18-25). Con la ayuda de la mujer, Adán podría cumplir el mandato de “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla” (Gn. 1:28 RV60). Juntos, el hombre y la mujer, como gobernantes representativos de Dios sobre la creación, estaban llamados a reproducir una descendencia piadosa, hijos que también tuvieran la imagen de Dios. Pero, aunque Adán y Eva eran iguales en cuanto a la imagen de Dios, el rol de Eva era diferente al de Adán.

En la relación hombre-mujer establecida en el Edén, el hombre fue creado para liderar y la mujer para seguir. Él estaba orientado a trabajar; ella estaba orientada hacia el hombre. Él fue creado para proteger; ella fue creada con la necesidad de ser protegida. A él se le encomendó proporcionar; a ella la tarea de ayudar.

La relación hombre-mujer de autoridad y sumisión la vemos establecerse en Génesis 2:18-25. A medida que avanza la narración, es como si Dios le estuviera enseñando a Adán que su ayuda idónea no se encuentra en el reino animal; no se encuentra en otro hombre; y no se encuentra en las mujeres en general. Su ayuda idónea es una única mujer, y están unidos de por vida entre sí en una relación de pacto a la cual llamamos matrimonio (Gn. 2:22-25). Por tanto, el patrón de liderazgo se establece primero en la relación dentro de la alianza matrimonial, es decir, en el hogar.

El esposo guía, protege, y provee, mientras que la esposa acompaña a su esposo para ayudarlo, afirmándolo, y siguiendo su liderazgo. De manera que, el patrón de liderazgo establecido en Génesis 1 y 2, es uno de igualdad entre el hombre y la mujer como portadores de una misma imagen, pero de diferencia en cuanto a sus roles. En la relación matrimonial, el hombre ejerce la autoridad y la mujer se coloca voluntariamente bajo esa autoridad establecida por Dios. Pero ¿con qué fin?

La historia de la Biblia que se está desarrollando apunta a una persona que de forma fiel y verdadera crearía una imagen de Dios. 

En última instancia, Dios desea que su gloria llene toda la tierra y, en un principio, que su gloria se extendiera por toda la tierra mientras Adán y Eva reproducían la imagen divina al tener una descendencia piadosa. A veces olvidamos que el Jardín de Edén era un lugar específico marcado por límites naturales, a saber: cuatro ríos (Gn. 2:10-14). Cuando se tiene en cuenta el mandamiento de “fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla”, entendiendo que el Edén era un espacio limitado sobre la faz de la tierra, es evidente que a medida que Adán y Eva cumplieran con la tarea que Dios mismo les encomendó, necesitarían expandir los límites del jardín para adaptarlos al aumento de la población.

El objetivo del mandamiento de Dios de ser fructíferos, multiplicarse, y llenar la tierra, era reproducir portadores de la imagen de Dios y continuar expandiendo los límites del jardín hasta que este cubriera todo el mundo, y así la tierra estuviera llena de la gloria y la imagen de Dios.

Como imagen de Dios, por tanto, fuimos creados para reflejar el reinado soberano de Dios sobre la creación, representar su cuidado amoroso sobre los que están bajo nuestra autoridad, y tener descendientes piadosos hasta que toda la tierra se llenara de la gloria de Dios. Aunque el pecado entró en el mundo por medio de la rebelión de Adán (Gn. 3), y la imagen de Dios en la humanidad ahora está distorsionada, el plan de Dios no ha cambiado.

La historia de la Biblia que se está desarrollando apunta a una persona que de forma fiel y verdadera crearía una imagen de Dios. A través de la predicación del evangelio y el poder del Espíritu Santo, Jesús, la verdadera imagen del Dios invisible (Col. 1:15), ahora da a luz a un pueblo a quien está restaurando progresivamente a la imagen divina (2 Co. 3:18).

Las 4 “C” del liderazgo bíblico

Coalición por el Evangelio

Las 4 “C” del liderazgo bíblico

 

¡El liderazgo importa! Importa en el hogar. Importa en el lugar de trabajo. Importa en equipos deportivos y en grupos musicales. Y, por supuesto, el liderazgo es importante en la iglesia.

El liderazgo es un tema tan importante que parece no haber fin de escribir, vender, y comprar libros de liderazgo. De hecho, pudiéramos decir que este artículo se trata sobre el liderazgo y tiene como propósito ayudar a los pastores a crecer en su liderazgo de la iglesia. Pero, ¿cómo debemos evaluar a los líderes, tanto los líderes hoy como los de mañana? Desafortunadamente, nosotros (y nuestras iglesias) evaluamos a los líderes con base en su capacidad y resultados. ¿Puede “predicar”? ¿Está la iglesia “creciendo”?

Ahora, antes de entrar en lo que estoy a punto de decir sobre el liderazgo, permíteme ofrecer una nota: no soy un experto en liderazgo (lo que sea que signifique eso). Sin embargo, he cometido muchos errores de los cuales el Señor me ha enseñado mucho. De todos modos, lo que diré sobre el liderazgo no depende de haberme inscrito en “la escuela de los duros golpes pastorales”. En cambio, lo que diré depende de lo que la Escritura misma dice sobre el liderazgo en la iglesia. Y de acuerdo con las Escrituras, hay cualidades más importantes para evaluar a los líderes que la “capacidad” y los “resultados”. Permíteme ofrecer, entonces, algunos pensamientos bíblicos sobre la evaluación y el desarrollo del liderazgo.

El pastor debe ser un hombre que sigue la santidad y se caracteriza por luchar contra el pecado.

Al evaluar a los líderes de la iglesia (tanto líderes actuales como potenciales), considera estas cuatro “C” del liderazgo bíblico:

Carácter: Mientras que tendemos a elevar la capacidad como si fuera la cualidad más alta para el liderazgo, la Biblia destaca el carácter: hombres de carácter piadoso, como se describe en 1 Timoteo 3:1-14 y Tito 1:5-16. La cualidad básica del carácter de un hombre piadoso es que sea irreprochable. Estar por encima del reproche significa que cuando (no “si…”) las acusaciones lleguen contra un pastor, sean desechadas porque no caracterizan al acusado. Pablo comparte cuatro áreas en las que un anciano debe estar por encima de cualquier reproche:

  • Irreprochable en su carácter: el pastor, aunque no se espera que sea perfecto, debe ser un hombre que sigue la santidad y se caracteriza por luchar contra el pecado: “irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso” (1 Ti. 3:2-3).
  • Irreprochable en su vida familiar: el pastor debe ser un hombre que primero haya demostrado madurez al pastorear bien su propio hogar. Debe ser fiel a su esposa, sin descuidarla. Debe amarla y cuidarla. Debe ser fiel en su crianza al disciplinar a sus hijos. Si alguien no puede administrar su propia casa, ¿cómo podrá administrar la casa de Dios (1 Ti. 3:4-5)?
  • Irreprochable en su vida pública: el pastor también debe ser de buena reputación ante los extraños (1 Ti. 3:7). ¿Cómo liderará un pastor si no tiene una buena reputación?

Convicción: Un pastor también debe ser un hombre de convicciones bíblicas y sin reproche en su vida doctrinal. Debe ser un creyente maduro (no un nuevo converso). “Debe retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen” (Ti. 1:9).

Cuidado: La palabra pastor indica alimentación, protección, y el cuidado de un rebaño. Los pastores o ancianos, entonces, están llamados a “pastorear el rebaño de Dios que está entre ustedes” con amor y compasión, liderando con el ejemplo (1 Pe. 5:1-4). Algunas evidencias de un hombre que cuida del rebaño son: está con el rebaño cuando se reúne en el día del Señor (mañana y tarde, si así se acostumbra); está con la iglesia cuando se cuida entre ella públicamente, en las reuniones de miembros; se preocupa por mostrar amor a otros miembros (como orar por los miembros, visitar a los enfermos o en prisión, practicar la hospitalidad con otros miembros de la iglesia); se preocupa por otros hermanos al entablar relaciones de discipulado; y cuida de los no creyentes al compartir el evangelio regularmente.

Capaz: Si bien las Escrituras enfatizan el carácter sobre la capacidad, el pastor debe ser un hombre que sea “capaz de enseñar” (1 Ti. 3:2). Él debe poder no solo enseñarle al pueblo de Dios la Palabra de Dios, sino que también debe poder refutar con amabilidad y paciencia a quienes se oponen al evangelio, para que el Señor pueda concederles el arrepentimiento, incluso a los enemigos del evangelio (2 Ti. 2:24-26).

Debemos considerar a hombres que están por encima de cualquier reproche y que aman a la iglesia lo suficiente como para cuidar y proteger al rebaño.

Estas cuatro “C”, si se demuestran a lo largo de un tiempo (1 Ti. 5:22), producen credibilidad. En nuestra iglesia utilizamos la siguiente fórmula de liderazgo cuando estamos considerando hombres para el cargo de pastor (anciano):

C (carácter) + C (convicción) + C (cuidado) + C (capacidad) = Credibilidad

T (tiempo)

Nuevamente, no soy un experto en liderazgo, pero las Escrituras son claras: para los cargos públicos en la iglesia, debemos considerar a hombres que están por encima de cualquier reproche y que aman a la iglesia lo suficiente como para cuidar y proteger al rebaño, alimentándolo con la Palabra de Dios. Como pastor, luchemos por ser hombres así, y busquemos cultivar a hombres así en nuestras iglesias. A medida que nos enfocamos en la fidelidad como líderes, somos libres de confiar en el Señor para recibir cualquier resultado que Él considere que sea apropiado para bendecirnos.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN FACTS AND FRIENDS. TRADUCIDO POR EQUIPO COALICIÓN.