Dios quiere que conozcamos Su sabiduría | Kevin DeYoung

Dios quiere que conozcamos Su sabiduría

Kevin DeYoung

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado del libro Haz algo: Descubre la voluntad de Dios (Poiema Publicaciones, 2020), por Kevin DeYoung.

Lo que los creyentes necesitamos para vivir una vida piadosa es sabiduría. Dios no nos dice el futuro, ni espera que lo adivinemos. Cuando no sabemos hacia dónde ir y tenemos que enfrentar decisiones difíciles en la vida, Dios no espera que andemos a tientas en la oscuridad tratando de encontrar Su voluntad en Su dirección. Él espera que confiemos en Él y seamos sabios.

Dios quiere que conozcamos Su sabiduría
La Palabra de Dios es viva y eficaz. Cuando leemos la Biblia, escuchamos a Dios con una seguridad que no encontramos en ningún otro libro y en ninguna otra voz. Podemos leer las Escrituras sabiendo que esto es lo que dice el Espíritu Santo. Y a medida que las leemos, las releemos, las meditamos y las digerimos, llegaremos a tener «la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Ti 3:15).

Pero la Biblia no es un libro de casos. No nos da información explícita sobre el noviazgo o las carreras, o sobre cuándo empezar una iglesia o comprar una casa. Todos hemos deseado que la Biblia fuera ese tipo de libro, pero no lo es, porque Dios está más interesado en algo más que el hecho de que podamos cumplir con Su listado de tareas: Él quiere nuestra transformación.

Dios quiere que lo conozcamos íntimamente
Dios no solo quiere que obedezcamos Sus mandamientos de manera externa. Él quiere que lo conozcamos tan íntimamente que Sus pensamientos se conviertan en nuestros pensamientos, Sus caminos en nuestros caminos, Sus deseos en nuestros deseos. Dios quiere que bebamos tan profundamente de las Escrituras que nuestras mentes y corazones sean transformados para que podamos amar lo que Él ama y odiar lo que Él odia. Romanos 12:1-2 es el texto clásico sobre este tipo de transformación espiritual:

Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.

Aquí hay tres mandamientos: (1) Ofrecer nuestros cuerpos como sacrificios vivos, (2) no amoldarnos al mundo actual, (3) ser transformados mediante la renovación de nuestras mentes. Si hacemos estas tres cosas, podremos discernir cuál es la voluntad de Dios. Así funciona la vida cristiana. No hay atajos. Dios quiere que nos ofrezcamos a Él por completo, que nos apartemos de los caminos del mundo y así seamos transformados. Solo entonces tendremos algo mejor que revelaciones especiales sobre el futuro. Tendremos sabiduría.

Dios quiere que desarrollemos un gusto por la piedad
Mi esposa, Trisha, no aprecia mi —¿cómo decirlo?— paladar sensible. La verdad: soy difícil para comer. Hay demasiadas comidas que no me gustan, y puedo detectar muy fácilmente cuando hay algún ingrediente nuevo en una receta que ya es familiar. Así debiéramos ser con la Palabra de Dios. Debemos ingerirla y digerirla con tanta regularidad que lleguemos a desarrollar un gusto por la piedad. Eso es sabiduría.

La sabiduría es la diferencia entre conocer a un biólogo de clase mundial que pueda escribir tus ensayos por ti y aprender de un biólogo de clase mundial para poder escribir ensayos como él.

Muchos de nosotros queremos que Dios sea un académico de clase mundial que escriba nuestros ensayos y viva nuestras vidas, pero Dios quiere que nos sentemos a Sus pies y leamos Su Palabra para poder vivir una vida que refleje a Su Hijo. Dios no quiere revelarnos el futuro por una sencilla pero profunda razón: nos convertimos en aquello que contemplamos. Dios quiere que le contemplemos en Su gloria para ser transformados a Su semejanza (2 Co 3:18). Si Dios nos resolviera todo, no tendríamos que confiar en Él ni aprender a deleitarnos en Su gloria. Dios dice: «No te voy a dar una bola de cristal. Te voy a dar mi Palabra. Medita en ella; contémplame en ella; sé como yo».

Busca la sabiduría de Dios en comunidad
Los sabios leen y memorizan la Escritura. Les encanta escuchar a otros leerla, predicarla y cantarla. Pero los sabios también saben que necesitan leer la Biblia en comunidad. Necesitamos escuchar lo que dicen los demás cristianos que leen sus Biblias. Si queremos tomar decisiones sabias, debemos buscar el consejo de los demás. Esto es particularmente importante al tomar decisiones amorales o decisiones sobre asuntos que no se tratan claramente en las Escrituras. Esto no quiere decir que tenemos que hacer lo que crea la mayoría, ni que las decisiones que tomemos tienen que agradarle a todo el mundo, ni que debemos consultar a todo cristiano que tengamos cerca. Pero cuando la Palabra de Dios no habla decisivamente, o cuando el tema que tienes por delante ni siquiera es mencionado en la Escritura, es sabio escuchar a otros cristianos.

Considera estas palabras de Proverbios:

El sabio oirá y crecerá en conocimiento,
Y el inteligente adquirirá habilidad (1:5).

El camino del necio es recto a sus propios ojos,
Pero el que escucha consejos es sabio (12:15).

Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan (15:22).

Escucha el consejo y acepta la corrección,
Para que seas sabio el resto de tus días (19:20).

Una de las virtudes que más aprecio en los demás, y una que espero reflejar, es el ser enseñable. ¿Estás dispuesto a cambiar tu parecer cuando el argumento de otro tiene más peso que el tuyo? ¿Estás dispuesto a escuchar un buen consejo de otros labios que no sean los tuyos, y que tal vez contradiga tus ideas preconcebidas? ¿Estás dispuesto a decir: «Eso no se me había ocurrido» o «Puedo ver tu punto»? Si nadie te ha escuchado cambiar de opinión acerca de algo, o eres un dios o te crees que lo eres. Puedo decir sin temor a equivocarme que tomo mejores decisiones cuando las consulto con mi esposa. Tomo mejores decisiones cuando lo hago junto con los demás pastores de mi iglesia. Soy más sabio cuando escucho primero a mis amigos.

Por supuesto, muchas veces tienes que decidir las cosas por ti mismo. En ocasiones tendrás que ir contra la corriente porque sabes que es lo correcto. Pero para la mayoría de nuestras decisiones, haría mucho bien el simplemente preguntar a otro: «¿Qué piensas?». Nos la pasamos preguntándole a Dios: «¿Cuál es tu voluntad?», cuando Él probablemente está pensando: «Pues, consíguete un amigo. Ve y habla con alguien. Por algo redimí a tantas personas: cometen menos errores cuando hablan entre ustedes. Pide consejo».

Adquiere el libro

Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

¿Debería asistir a una boda homosexual?

Por Kevin DeYoung 

Nota del editor:Este es el séptimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética sexual cristiana

¿Por qué podría un cristiano negarse a asistir, atender o participar en una ceremonia de matrimonio entre personas del mismo sexo? Para hacer las cosas más simples, asumamos que este es un debate entre cristianos tradicionales que creen —como siempre ha creído la iglesia y como sigue creyendo la mayor parte de la iglesia mundial— que el comportamiento sexual entre personas del mismo sexo es pecaminoso y que el matrimonio es una unión conyugal y de pacto entre un hombre y una mujer.

Con este comentario aclaratorio, podemos abordar la cuestión directamente: ¿Por qué un cristiano se sentiría obligado por su conciencia a no asistir o participar en una boda gay? Lo que nos lleva a esta conclusión no es el fanatismo, ni el miedo, ni porque no sepamos que Jesús pasó tiempo con los pecadores. Es por nuestro deseo de ser obedientes a Cristo y por la naturaleza del evento de la boda en sí.

Una ceremonia de boda, en la tradición cristiana, es ante todo un servicio de adoración. Así que si la unión que se celebra en el servicio no puede ser aprobada bíblicamente como un acto de adoración, creemos que el servicio da crédito a una mentira. No podemos, con buena conciencia, participar en un servicio de adoración falsa. Entiendo que no suena muy bien, pero la conclusión se desprende de la premisa, es decir, que el «matrimonio» que se celebra no es en realidad un matrimonio y que no debe celebrarse.

Además, desde hace tiempo se entiende que los presentes en una ceremonia matrimonial no son simples observadores casuales, sino que son testigos que otorgan su aprobación y apoyo a los votos que se van a realizar. Por eso el lenguaje tradicional habla de reunirse «ante Dios y ante esta congregación». Por eso, en uno de los servicios matrimoniales modelo de la Iglesia presbiteriana de América, todavía el ministro dice:

Si alguien puede mostrar una causa justa por la que no puedan casarse legalmente, que lo declare ahora o que calle para siempre.

De forma muy explícita, la boda no es una fiesta para los amigos y la familia. No es una mera formalidad ceremonial. Es un acontecimiento divino en el que los reunidos celebran y honran la «solemnidad del matrimonio».

Por eso —por mucho que quiera tender puentes con una amiga lesbiana o asegurar a un familiar gay que me importa y que quiero relacionarme con él— no asistiría a una ceremonia de boda del mismo sexo. No puedo ayudar con mi pastel, con mis flores o con mi presencia a solemnizar lo que no es sagrado.

Al adoptar esta postura, a menudo he escuchado en respuesta cosas como estas:

Pero Jesús se juntó con los pecadores. No le preocupaba ser contaminado por el mundo. No quería alejar a la gente del amor de Dios. Siempre abría las compuertas de la misericordia de Dios. Él nos diría: «Si alguien te obliga a hornear un pastel, hornea para él dos».

Bien, pensemos en estas objeciones. Me refiero a pensar con unas cuantas frases y no solo con eslóganes y vagos sentimentalismos.

Jesús se juntó con los pecadores. Es cierto, más o menos (depende de lo que se entienda por «juntarse»). Pero Jesús creía que el matrimonio era entre un hombre y una mujer (Mt 19:3-9). El ejemplo de Cristo en los evangelios nos enseña que no debemos tener miedo de pasar tiempo con los pecadores. Si una pareja gay de la casa de al lado te invita a cenar, no la rechaces.

No le preocupaba ser contaminado por el mundo. Esa no es la preocupación aquí. No se trata de piojos o gérmenes del pecado. Nosotros mismos tenemos muchos de ellos.

No quería alejar a la gente del amor de Dios. Pero Jesús lo hizo todo el tiempo. Actuó de maneras antagónicas, que pudo hacerlas involuntariamente, pero más a menudo las hizo deliberadamente (Mt 7:6, 13-27; 11:20-24; 13:10-17; 19:16-30). Jesús apartaba a la gente todo el tiempo. Esto no es excusa para que seamos irreflexivos y poco amables. Pero debería poner fin a la noción no bíblica que dice que si alguien se siente herido por tus palabras o no amado por tus acciones, ipso facto fuiste poco amoroso de manera ridícula y pecaminosa.

Siempre abría las compuertas de la misericordia de Dios. Amén. Sigamos predicando a Cristo y prediquemos como Él lo hizo, llamando a todas las personas a «arrepentirse y creer en el evangelio» (Mr 1:15).

Si alguien te obliga a hornear un pastel, hornea para él dos. Este es, por supuesto, un principio verdadero y hermoso sobre cómo los cristianos, cuando son injuriados, no deben injuriar a su vez. Pero difícilmente puede significar que hagamos todo lo que la gente exige sin importar nuestros derechos (Hch 4:18-20; 16:35-40; 22:22-29) y sin importar lo que es correcto a los ojos de Dios.

Una boda no es una invitación a una cena o una fiesta de graduación o de jubilación. Incluso en un entorno completamente laico, sigue existiendo la sensación —y a veces las invitaciones de boda lo dicen— de que nuestra presencia en el evento honraría a la pareja y su matrimonio. Sería difícil, si no imposible, asistir a una boda (por no hablar de hacer el catering o el centro de mesa) sin que tu presencia comunique la celebración y el apoyo a lo que está ocurriendo. Y, por muy doloroso que sea para nosotros y para los que amamos, celebrar y apoyar las uniones homosexuales no es algo que Dios o Su Palabra nos permitan hacer.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Kevin DeYoung
El Rev. Kevin DeYoung es pastor de Christ Covenant Church en Matthews, N.C., y maestro asistente de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary de Charlotte, N.C. Es autor de numerosos libros, incluyendo Taking God at His Word [Confía en Su Palabra] y Just Do Something [Haz algo].

10 Promesas Para Padres

10 promesas para padres
KEVIN DEYOUNG

Es probable que tengas en algún lugar algunas promesas por las cuales orar por tus hijos.

Es probable que tengas buenos versículos para niños en tu refrigerador que hablan acerca de la obediencia, la bondad, y el compartir con otros.

Es probable que tengas algunos versos en espera para compartir con los pequeños cuando se vuelvan desafiantes y respondones.

Todo esto es bueno. Pero, ¿tienes algunos versículos para ti?

Mis hijos necesitan promesas de la Biblia, pero la mayoría de los días yo las necesito aún más. Soy propenso a vagar, propenso a dejar al Dios que quiero que ellos amen. Así que aquí hay diez promesas de la Biblia que todo padre cristiano debe recordar, especialmente el padre cristiano que escribe este artículo.

  1. “Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3). Puesto que el versículo se refiere a pruebas de distinto tipo, supongo que Santiago está hablando de otras cosas diferentes, no solo del martirio y la muerte. Niños que no duermen, tortuosas horas de ir a la cama, pies llenos de barro, jugo de naranja derramado, adolescentes de mal humor, todo esto también cuenta. Y debemos recibir todo esto con sumo gozo, incluso aún cuando se sienta como el mayor dolor. Dios promete que trabaja en nosotros para producir paciencia.
  2. “Humíllense en la presencia del Señor y El los exaltará” (Santiago 4:10). Estás cansado, asustado, derrotado, agotado sin medida. Bien. Humíllate y Dios promete exaltarte.
  3. “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmo 127:1). No depende de mí, no se trata de mí, mis hijos no son para mí, no enloquezcas más, deja de confiar en los caballos y los carruajes.
  4. “Un don del Señor son los hijos, y recompensa es el fruto del vientre” (Salmo 127:3). Ellos lo son, realmente, verdaderamente, y justamente eso son: así sea que ya sea que tengas un hijo o dos, o diez o veinte, Dios te ha dado a esos niños porque te ama. El mundo piensa que son una carga: Dios nos dice que son bendición.
  5. “La suave respuesta aparta el furor, pero la palabra hiriente hace subir la ira” (Proverbios 15:1). Sí, estos versículos también son para los padres. La ira en nuestros hijos sale de sus corazones, pero la forma grosera en que ellos han aprendido a expresarla puede haberse generado por nuestro ejemplo. ¿Por qué pienso que mi gasolina ayudará a apagar sus fuegos?
  6. “Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). La única manera de ser un padre fuerte es ser un padre con dominio propio.
  7. “Mi yugo es fácil y mi carga ligera” (Mateo 11:30). Ser padre es un trabajo duro, punto. Pero ser padre para llenar las expectativas de tu (llena el espacio: madre, suegra, amigas, vecino de al lado, o tu propio dictador interior) es imposible. Sé padre por amor de Cristo, Él promete que no te abrumará con cargas imposibles.
  8. “Y no se olviden ustedes de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13:16). Dios sabe que sacrificas tu tiempo, tus deseos, tu sueño, tu dinero, y a menudo tus propios sueños por tus hijos. Él ve eso y sonríe.
  9. “Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio, pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey” (Proverbios 14:4). Todo es un desastre, todo el tiempo, ¿qué otra cosa esperábamos? Tenemos bueyes sucios sueltos por ahí. Pero la alegría, los recuerdos, las risas, la santificación y el crecimiento en el evangelio también crecen a partir de esos animales salvajes.
  10. “Pero Él da mayor gracia” (Santiago 4:6). ¡Ah, la dulce gracia! Gracia para perdonar tu impaciencia (otra vez) y tu pereza (de nuevo). Gracia para levantarte cuando estés caído, gracia para continuar en tu camino. Y gracia para llevarte a casa.

Publicado origigalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Carlos A. Franco
Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

Dinero y posesiones en Proverbios

Alimentemos El Alma

Dinero y posesiones en Proverbios

Por Kevin DeYoung sobre Dinero

Traducción por Misael Susaña

La Biblia dice mucho acerca del dinero y las posesiones. Hay muchos versículos acerca de la riqueza y la pobreza. Con algunos temas, podemos salirnos del camino ya que la Biblia dice muy poco. ¿Qué deberíamos pensar sobre el curtido? Bien, no tenemos mucha instrucción específica, así que no hay mucho para ser dogmáticos sobre el tema.

Pero cuando se trata del dinero y las posesiones hay un problema opuesto. Porque la Biblia dice tanto acerca del dinero, es tentador desarrollar una desequilibrada teología del dinero.

Por un lado, es fácil ver de dónde viene la Teología de la Prosperidad. Toma unas pocas promesas del pacto mosaico fuera de su contexto nacional, toma la promesa de Malaquías 3 acerca de abrir las ventanas de los cielos, mézclalo con las declaraciones de Jesús sobre recibir todo lo que pidas con fe, y puedes hornear un poco el evangelio de la salud y la riqueza.

Por otro lado, es posible venir con una desequilibrada Teología de la Austeridad. Señala que Jesús no tenia dónde recostar su cabeza, recurre a la historia del joven rico, agrega la parábola del rico necio, y tendrás una teología que dice que el dinero es malo y así también los que lo tienen.

Tú podrías hacer un argumento bíblico de que Dios ama a los chicos ricos. Basta con mirar a Abraham, Job, y Zaqueo. Mira la manera en la cual El bendice a los reyes obedientes. Mira a la visión del deleite cósmico en el jardín y en el siglo venidero.

Así también tú puedes hacer un argumento bíblico de que Dios odia a los chicos ricos. Basta con mirar al rico y Lázaro. Mira el libro de Santiago. Mira la versión de Lucas del Sermón del Monte.

Así que, ¿cómo deberíamos pensar acerca del dinero y las posesiones? ¿Qué principios bíblicos deberíamos mantener en mente mientras miramos la riqueza y la pobreza, mientras manejamos nuestra propia riqueza o pobreza? Hay pocas cosas de las que la Biblia habla con tanta frecuencia. Lo cual es bueno, porque hay pocas cosas tan relevantes para todas las personas en todo lugar como obtener una buena teología del dinero.

Un lugar para empezar

Proverbios es un buen lugar para empezar en el desarrollo de una teología bíblica de las posesiones materiales. Para empezar, hay muchos versículos sobre el tema. Más importante, hay diversos aspectos de doctrina sobre el tema. Si comenzaste con Génesis, podrías concluir que Dios siempre prospera a su pueblo. Si comenzaste con Amós, podrías pensar que todas las personas ricas son opresoras. Pero Proverbios mira a la riqueza y la pobreza desde varios ángulos. Y porque Proverbios es un libro de máximas generales, los principios en proverbios son más transferibles fácilmente al pueblo de Dios de diferentes tiempos y lugares.

En la noche del domingo pasado le di a mi congregación diez principios de Proverbios sobre el dinero y las posesiones materiales. No te daré el sermón completo aquí, pero pensé que podría valer la pena al menos listar los puntos principales. Tal vez pueda entrar en más detalles la semana que viene sobre los puntos específicos.

Te daré los puntos aproximadamente de acuerdo a cuánto Proverbios dice acerca de un principio en particular. De esa manera terminaremos con los temas más importantes.

Diez principios sobre el dinero y las posesiones en Proverbios

1. Hay extremos de riqueza y pobreza que proveen tentaciones únicas a aquellos que viven en estos extremos (Pro. 30:7-9).

2. No te preocupes por las riquezas de otros (Pro. 12:9; 13:7).

3. El rico y el pobre son más parecidos de lo que ellos creen (Pro. 22:2; 29:13).

4. No puedes dar más que Dios (Pro. 3:9-10; 11:24; 22:9).

5. La pobreza no es bella (Pro. 10:15; 14:20; 19:4).

6. El dinero no puede darte completa seguridad (Pro. 11:7; 11:28; 13:8).

7. El Señor odia a aquellos que se hacen ricos injustamente (Pro. 21:6; 22:16, 22-23).

8. El Señor ama a aquellos que son generosos con los pobres (Pro. 14:21, 31; 19:7; 28:21).

9. El trabajo duro y el tomar buenas decisiones por lo general resultan en un aumento de la prosperidad (Pro. 6:6-11; 10:4; 13:11; 14:24; 21:17, 20; 22:4, 13; 27:23-27; 28:20).

10. El dinero no lo es todo. Éste no satisface (Pro. 23:4-5). Es inferior a la sabiduría (Pro. 8:10-11, 18-19; 24:3-4). Es inferior a la justicia (10:2; 11:4; 13:25; 16:8; 19:22; 20:17; 28:6). Es inferior al temor del Señor (Pro. 15:16). Es inferior a la humildad (Pro. 16:19). Es inferior a las buenas relaciones (Pro. 15:17; 17:1).

Llegando a conclusiones delicadas y encontrando a Cristo

No puedes entender la visión bíblica del dinero a menos que estés preparado para aceptar un número de verdades mantenidas en tensión.

Probablemente adquirirás más dinero si trabajas duro y estás lleno de sabiduría. Pero si todo lo que te importa es conseguir más dinero, eres el necio más grande. El dinero es una bendición de Dios, pero serás más bendecido si tú lo das. Dios te da dinero porque El es generoso, pero El es generoso contigo para que puedas ser generoso con otros. Y si tú eres generoso con tu dinero, Dios así mismo será generoso contigo. Es sabio ahorrar dinero, pero nunca pienses que el dinero te da real seguridad. La riqueza es más deseable que la pobreza, pero la riqueza no es tan buena como la justicia, la humildad, la sabiduría, las buenas relaciones, y el temor del Señor. 1 Corintios 1:30-31 dice que Cristo es para nosotros sabiduría de Dios, justificación, santificación y redención, para que tal como está escrito: “el que se gloría, que se gloríe en el Señor”. El dinero no puede darte ninguna de las cosas que tú necesitas en última instancia. Éste no puede hacerte santo. No puede hacerte justo. No puede salvarte de tus pecados. La riqueza es una señal de bendición, pero es también una de las tentaciones más grandes, ya que ésta te atrae a gloriarte en ti mismo. Promete ser tu autoestima y promete hacerte autosuficiente. Te invita a gloriarte en algo o alguien más aparte del Señor.

Así que, por los cuatro costados el dinero es un asunto de fe. Cree que hacer las cosas a la manera de Dios es la mejor manera para ti. Cree que si das tu dinero, El puede dártelo de vuelta. Cree que el dinero puede ser bueno. Pero no te atrevas a creer que lo es todo. El dinero es un regalo de Dios, pero los regalos que tú realmente necesitas sólo pueden ser encontrados en Dios.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

El ajetreo y el descanso

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

El ajetreo y el descanso

Kevin DeYoung

Este pasaje del Evangelio de Marcos me ha intrigado desde hace años:

Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. Y Simón y sus compañeros salieron a buscarle; le encontraron y le dijeron: «Todos te buscan». Y Él les dijo: «Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que predique también allí, porque para eso he venido». Y fue por toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando demonios (Mr 1:35-39).

Jesús me asombra. Su encarnación, Su resurrección, Su ascensión y Su exaltación son indescriptibles. También me asombran las cosas cotidianas de la vida de Jesús, como el hecho de que nunca habló sin pensar, nunca desperdició el tiempo y nunca se desvió del plan de Su Padre. A menudo me maravillo al pensar lo terriblemente ocupado que estuvo Jesús, pero solo con las cosas que debía estar haciendo.

Muchos de nosotros estamos tan familiarizados con los evangelios que pasamos por alto lo que es obvio: Jesús era un hombre verdaderamente ocupado. Una de las palabras favoritas de Marcos es «inmediatamente». Jesús y Su grupo de discípulos se pasaron tres años en un torbellino de actividades. Inmediatamente terminaba un evento, empezaba otro. En Marcos 1, Jesús comienza Su ministerio público enseñando en la sinagoga, reprendiendo a un espíritu inmundo, preocupándose por la suegra de Simón y luego quedándose despierto hasta tarde en la noche para sanar a muchos que padecían diversas enfermedades y expulsar a muchos demonios (1:14-34). En una ocasión, Jesús estaba demasiado ocupado como para comer, y Su familia pensó que Él estaba perdiendo el juicio (3:20-21). Las multitudes siempre estaban buscando a Jesús, demandando de Su tiempo y de Su atención. Los evangelios nos dan la impresión de que Él estuvo predicando, sanando y expulsando demonios casi todos los días durante tres años.

No pienses que Jesús fue una especie de maestro esotérico que se pasó la vida en un estado de contemplación. Si Jesús ministrara en la carne hoy día, recibiría más correos electrónicos que cualquiera de nosotros. Las personas y los medios de comunicación estuvieran clamando por Su atención. Jesús no vivió en una nube, ajeno a las presiones cotidianas de la existencia humana. Él fue «tentado en todo como nosotros, pero sin pecado» (Heb 4:15). Y eso incluye la tentación de vivir pecaminosamente ocupado.

Pero ese no fue su caso. Jesús se mantuvo ocupado, pero nunca de una manera que le causara nerviosismo, ansiedad, irritabilidad, orgullo ,envidia, o que lo distrajera con asuntos de menor importancia. Cuando toda Capernaúm esperaba por Su toque de sanidad, Él se apartó a un lugar desierto para orar. Y cuando los discípulos le insistieron que volviera a trabajar, Él salió hacia otra ciudad para predicar. Jesús sabía distinguir entre lo urgente y lo importante. Él entendía que todas las cosas buenas que podía hacer no eran necesariamente las cosas que debía hacer.

Si Jesús tuvo que ser prudente con Sus prioridades, nosotros también tendremos que serlo. Tendremos que asegurarnos de que nuestra misión sea permanecer en la misión. Tendremos que dejar de hacer algunas cosas buenas. Y tendremos que hacer un esfuerzo por descansar.

Jesús sabía distinguir entre lo urgente y lo importante.

Hace unos cinco años, redescubrí la importancia de uno ejercitarse regularmente. Desde que era niño me gustaba correr y lo hice mientras estuve en la secundaria y en la universidad. Pero a medida que aumentaba mi edad (y mi peso), disminuía la frecuencia con la que hacía ejercicio. Hasta que un amigo y yo decidimos apuntarnos para un triatlón, algo que ninguno de los dos había hecho antes. Así que comencé a nadar, a montar bicicleta y a correr prácticamente todos los días de la semana, excepto los domingos.

¿Y sabes qué? Realmente me gustó. Aún me gusta. Ha sido una de las mejores cosas que he hecho en los últimos cinco años. Estoy seguro de que logro más cosas en la semana cuando me olvido de mi lista de quehaceres y saco tiempo para ejercitarme.

Pero he aprendido que aunque el ejercicio es un tipo de «descanso», no obtendrás beneficio alguno del ejercicio si no descansas. Como soy mejor estudiante que atleta, he suplementado mi nueva rutina de ejercicios con mucha lectura acerca del ejercicio. En los últimos años, he leído más de dos docenas de libros sobre nadar, montar bicicleta y correr. Y todos dicen que el mayor obstáculo de las personas que están enfocadas en hacer ejercicio (y tan enfocadas que hasta leen sobre hacer ejercicio) no es la falta de fuerza de voluntad ni de trabajo duro. Es la falta de descanso. Cuando haces ejercicio, tu corazón y tus pulmones se estresan; tus músculos son sometidos a una gran presión y sufren desgarres microscópicos. El ejercicio en sí mismo no te hace más fuerte. Tu cuerpo se fortalece solo si llegas a descansar. Tu cuerpo se dice a sí mismo: «Bueno, eso fue un poco demandante. Deberíamos construir un poco más de músculo allí, quemar un poco más de grasa la próxima vez, mandar un poco más de sangre y hacer que los pulmones se expandan para que absorban más oxígeno».

Leí un artículo en una revista que contenía seis leyes para entrenar según algunos atletas profesionales. Las reglas 1, 2 y 3 eran: Te estás esforzando demasiado. Y regla 6 era: Necesitas dormir más. Tal como pasa con tu cuerpo físico, así también sucede con tu cuerpo espiritual: la capacidad de tu cuerpo, mente y corazón para enfrentar retos mayores no aumentará si cada día te esfuerzas al máximo. Tanto en el ejercicio como en la vida, nunca avanzaremos si nunca descansamos.

Ya sea que se hable del descanso en general o del descanso del día de reposo, siempre está el peligro de caer en el legalismo. Pero es probable que el mayor peligro para la mayoría de nosotros no sea la escrupulosidad excesiva, sino nuestra indiferencia ante el regalo que Dios nos ha dado. Lo primero que debemos recordar sobre el día de reposo es que Jesús dijo que el día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo (Mr 2:27). Descansar, cualquier día, es un regalo de Dios para nosotros, si tan solo confiamos en Él lo suficiente como para recibirlo.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Kevin DeYoung
Kevin DeYoung

El Rev. Kevin DeYoung es pastor de Christ Covenant Church en Matthews, N.C., y maestro asistente de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary de Charlotte, N.C. Es autor de numerosos libros, incluyendo Taking God at His Word [Confía en Su Palabra] y Just Do Something [Haz algo].

¿Es la Navidad una estafa pagana?

Coalición por el Evangelio

¿Es la Navidad una estafa pagana?

KEVIN DEYOUNG

Lo hemos escuchado tantas veces que es prácticamente parte de la misma historia de Navidad.

Los romanos celebraron su festival de invierno de siete días, Saturnalia, a partir del 17 de diciembre. Fue algo completamente pagano lleno de libertinaje y adoración al dios Saturno. Para marcar el final del solsticio de invierno, el emperador romano estableció el 25 de diciembre como una fiesta para Sol Invictus (el Sol Invicto). Tratando de hacer que el cristianismo fuera más agradable para los romanos y más popular entre la gente, la iglesia aceptó estas fiestas paganas y puso la celebración del nacimiento de su Salvador el 25 de diciembre. Sin importar lo que las fiestas navideñas se hayan convertido en la actualidad, comenzaron como una imitación de fiestas paganas reconocidas. Si te gusta la Navidad, le debes tu gratitud a Saturnalia y Sol Invictus.

Esa es la historia, y todos, desde los cristianos liberales hasta los cristianos conservadores y aún los no cristianos, parecen estar de acuerdo en que es verdad.

Excepto que no lo es.

Para empezar, debemos distinguir entre orígenes que sugieren una estafa y aquellos que sugieren una reprimenda. La existencia de una conexión entre una celebración cristiana y una celebración pagana podría implicar una imitación sincrónica (“Oye, cristianicemos esta popular fiesta pagana para hacer nuestra celebración más agradable”), o podría significar un rechazo deliberado (“Oye, esta fiesta pagana es horrible, así que pongamos algo distintivamente cristiano en su lugar”). Después de la conversión de Constantino en el siglo IV, en algunas ocasiones los cristianos adaptaron y cristianizaron fiestas paganas. Si lo hicieron con sabiduría y eficacia está abierto a un debate histórico, pero la motivación fue transformar el paganismo del mundo romano en lugar de arrasar con él. Aún si la Navidad se dispuso el 25 de diciembre debido a Saturnalia y Sol Invictus, eso por sí solo no implica que la celebración cristiana del nacimiento de Cristo realmente comenzara como una fiesta pagana.

Pero en el caso de la Navidad, hay buena evidencia de que el 25 de diciembre no se eligió debido a las fiestas de invierno paganas. Este es el argumento que Andrew McGowan, de la Escuela de Teología de Yale, hace en su artículo “Cómo el 25 de diciembre se convirtió en Navidad” (publicado en inglés por primera vez en el 2002 en Bible Review). Permítanme tratar de sintetizar el excelente trabajo histórico de McGowan abordando tres preguntas.

¿Cuándo empezaron los cristianos a celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre?

A diferencia de la Pascua, que se desarrolló como una fiesta cristiana mucho antes, no hay mención de celebraciones de nacimiento por parte los primeros padres de la iglesia. Escritores cristianos como Ireneo (130-200) y Tertuliano (160-225) no dicen nada sobre una fiesta en honor al nacimiento de Cristo, y Orígenes (165-264) incluso se burla de las celebraciones romanas de aniversarios de nacimiento como prácticas paganas. Esta es una muy buena indicación de que la Navidad aún no estaba en el calendario eclesiástico (o al menos no era muy conocida), y si lo estaba, no habría estado ligada a una festividad romana similar.

Sin embargo, esto no significa que nadie estaba interesado en la fecha del nacimiento de Cristo. A finales del siglo II, había un interés considerable en determinar la fecha del nacimiento de Jesús, y Clemente de Alejandría (150-215) señaló varias propuestas diferentes, ninguna de las cuales era el 25 de diciembre. La primera mención del 25 de diciembre como el cumpleaños de Jesús proviene de un almanaque de mediados del siglo IV llamado Calendario Filocaliano. Unas décadas más tarde, alrededor del 400 d.C., Agustín indicaría que los donatistas celebraban las fiestas de Navidad el 25 de diciembre, pero se negaban a celebrar la Epifanía el 6 de enero porque pensaban que esta era una invención reciente. Ya que los donatistas (un grupo que surgió durante la persecución bajo Diocleciano en 312) se oponían obstinadamente a cualquier transigencia ante sus opresores romanos, podemos estar seguros de que no consideraban la celebración de la Navidad, o la fecha del 25 de diciembre, como pagana en su origen. McGowan concluye que los donatistas debían estar sumergidos en alguna tradición norteafricana antigua y, por lo tanto, las primeras celebraciones navideñas (que conocemos) pueden fecharse en la segunda mitad del siglo III. Esto es mucho antes de Constantino y durante un período de tiempo en el que los cristianos intentaban evitar firmemente cualquier conexión con la religión pagana.

¿Cuándo se sugirió por primera vez que la Navidad surgió de orígenes paganos?

Ninguno de los padres de la iglesia hace referencia alguna a una supuesta conexión entre Navidad y Saturnalia o Sol Invictus en los primeros siglos de la iglesia. Podrías pensar: bueno, por supuesto que no. Eso hubiera sido vergonzoso. Sin embargo, si el objetivo de basar tu fiesta de nacimiento cristiana en una fiesta de nacimiento pagana es hacer que tu religión sea más popular o más accesible, seguramente alguien diría algo. Además, como señala McGowan, no es como si los futuros líderes cristianos rehusaron hacer estas conexiones. Gregorio Magno, escribiendo en 601, instó a los misioneros cristianos a convertir los templos paganos en iglesias y a readaptar los festivales paganos como días festivos para los mártires cristianos.

No hay sugerencia alguna de que el nacimiento de Jesús fue establecido en una fecha de fiestas paganas hasta el siglo XII, cuando Dionysius bar-Salibi afirmó que la Navidad se trasladó del 6 de enero al 25 de diciembre para corresponder con Sol Invictus. Siglos más tarde, los estudiosos de religiones comparadas (posteriores a la Ilustración) comenzaron a difundir la idea de que los primeros cristianos modernizaron los festivales del solsticio de invierno para sus propios fines. Durante el primer milenio de la historia de la iglesia, nadie hizo esa conexión.

¿Por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre?

La primera respuesta a esta pregunta es que algunos cristianos no lo hacen. En la rama oriental de la iglesia, la Navidad se celebra el 6 de enero, probablemente por las mismas razones (según un cálculo diferente) que la Navidad llegó a celebrarse el 25 de diciembre en Occidente. Aunque no podemos afirmarlo, hay buenas razones para pensar que el 25 de diciembre se convirtió en la fecha de Navidad debido a su conexión con la fecha (presunta) de la muerte de Jesús y la fecha de la concepción de Jesús.

Hay tres fechas que entran en juego en este cálculo. Comencemos con la fecha de la muerte de Jesús.

Alrededor del 200 d. C., Tertuliano de Cartago notó que Jesús murió el día 14 de Nisán, que era equivalente al 25 de marzo en el calendario solar romano. En el Este, hicieron sus cálculos usando el día 14 del primer mes de primavera en su calendario griego local. En el calendario romano, esto era el 6 de abril. Así que, dependiendo de a quién le preguntes, Jesús murió el 25 de marzo o el 6 de abril.

Tanto en Occidente como en Oriente, se desarrolló la misma tradición de que Jesús murió en la misma fecha en que fue concebido. Un tratado cristiano anónimo del norte de África del siglo IV afirmaba que el 25 de marzo era “el día de la pasión del Señor y de su concepción. Porque en ese día fue concebido, en el mismo que sufrió”. Agustín, en La Trinidad, mencionó ese mismo cálculo. De manera similar, en Oriente, el obispo Epifanio de Salamina del siglo IV sostuvo que el 6 de abril Cristo quitó los pecados del mundo y en la misma fecha fue “encerrado en el útero sin mancha de la santa virgen”. El hecho de que esta curiosa tradición existiera en dos partes diferentes del mundo sugiere que puede haber tenido sus raíces en algo más que una mera especulación. Al menos, como observa McGowan, estos primeros cristianos estaban tomando prestado de una antigua tradición judía que decía que los eventos más importantes de creación y redención ocurrieron en la misma época del año.

Desde la fecha de la muerte de Cristo, hasta la (misma) fecha de su concepción, podemos ver fácilmente de dónde podría haber venido la fecha de la Navidad. Si Jesús fue concebido el 25 de marzo, entonces la mejor fecha para celebrar su nacimiento debe ser nueve meses después, el 25 de diciembre (o, en Oriente, el 6 de enero). Si bien no podemos saber con certeza que de aquí es de donde viene el 25 de diciembre, y ciertamente no podemos ser dogmáticos sobre la historicidad de la fecha, existe una mejor evidencia antigua que sugiere que nuestra fecha de Navidad está ligada a la muerte y concepción de Cristo, en vez de las celebraciones paganas de Saturnalia y Sol Invictus.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

¿Es John Piper realmente reformado?

Coalición por el Evangelio

¿Es John Piper realmente reformado?

KEVIN DEYOUNG

Para muchas personas, John Piper es el más reconocido y más vigoroso exponente de la Teología Reformada en el mundo evangélico hoy. Él es el tipo que se llama a sí mismo un “Calvinista de siete puntos”. Él se goza en la soberanía de Dios en cada momento. De acuerdo a Mark Dever, él es “el factor individual más eficaz en el reciente ascenso de la teología reformada”. Claro que John Piper es reformado.

Pero para otros, es muy obvio que John Piper no es realmente reformado. La teología reformada es definida por las confesiones reformadas, y encuentra su expresión en las estructuras reformadas bautistas y presbiterianas, así que claramente John Piper (un credo-bautista perteneciente a la Conferencia General Bautista) no es reformado. ¿Por qué debería el nombre “Bautista Reformado” sonar menos extraño que “Luterano Bautista”? Entiendo el punto que están tratando de exponer aquellos dentro de la segunda categoría. Existe un peligro real al igualar la teología reformada con Juan Calvino, y luego igualar a Juan Calvino con el TULIP (Acrónimo en inglés: Depravación Total, Elección Incondicional, Expiación Limitada, Gracia Irresistible, Perseverancia de los Santos), de manera que lo “reformado” termina significando nada más que la creencia en la predestinación. Eruditos como Richard Muller han trabajado duro para recordarnos que ambas ecuaciones son terriblemente simplistas. Las iglesias reformadas existen antes de Juan Calvino, y el pensamiento de Calvino no era más que una corriente (una muy importante) fluyendo hacia fuera y hacia adentro de la tradición reformada. De igual manera, cualquiera que tenga una profunda apreciación por las confesiones reformadas y haya estudiado el desarrollo de la teología reformada, tendrá un gran celo por enseñar a la gente que la teología reformada es mucho más que solo poseer una soteriología basada en la predestinación. Yo, que he estado suscrito a una denominación histórica reformada, y que he escrito un libro sobre el catecismo de Heidelberg, estoy muy entusiasmado con todo lo que la tradición reformada tiene que ofrecer, desde eclesiología y adoración, hasta nuestro entendimiento de la ley, nuestro entendimiento de los sacramentos, y una docena cosas más. Simpatizo con aquellos que se apresuran a señalar que, cuando un estudiante de seminario de primer año afirma creer en un Dios grande, esto no necesariamente significa que conozca las profundidades de lo que significa ser reformado. Por otro lado, no me molesta cuando John Piper es llamado reformado. Además del hecho de que él podría aprobar el 95% de lo que está en las Tres Formas y en los estándares de Westminster (no estoy sugiriendo que el 5% restante sea insignificante, simplemente hago la observación de que las diferencias no son tan notables como se podría pensar), puedo reconocer fácilmente que la palabra “reformado” es usada de diferentes maneras. “Reformado” puede referirse a un sistema confesional o a un cuerpo eclesiástico. Pero “reformado” o “calvinista” puede también ser usado más ampliamente como un adjetivo que describe una teología que le debe mucho de su vigor y sustancia a los teólogos reformados y a la teología reformada clásica. El capítulo de Herwan Bavinck sobre la historia de la “Dogmática Reformada” provee un buen ejemplo. Para los que se están iniciando en este tema, Bavinck nota cuán diferente es la teología reformada de la teología luterana, siendo la primera menos ligada a un país, menos atada a un solo hombre y menos atada a una única confesión (Dogmática Reformada, pg. 1177). El desarrollo doctrinal, argumenta Bavinck, ha sido más rico y más multifacético en la teología reformada (lo cual puede ser una de las razones por las que usted no oye de Luteranos Bautistas). De manera particular, Bavinck expone que “desde el principio, la teología reformada en Norteamérica ha mostrado una multiplicidad de formas diversas”. Él luego menciona la llegada de la iglesia episcopal (1607), la holandesa reformada (1609), los congregacionalistas (1620), los cuáqueros (1680), los bautistas (1639), los metodistas (1735 con Wesley y 1738 con Whitefield), y finalmente las iglesias alemanas. Bavinck observa que “casi todas estas iglesias y las corrientes dentro de ellas tuvieron origen calvinista. De todos los movimientos religiosos en Estados Unidos, el calvinismo ha sido el más vigoroso. Este no ha estado limitado a una iglesia en particular, sino que constituye (en una variedad de modificaciones) el elemento de valor en las iglesias congregacionales, bautistas, presbiterianas, holandesa reformada y alemanas reformadas, etc.” (pg. 1201). En otras palabras, Bavinck no solo se siente cómodo usando el término “calvinismo” como un sinónimo de “teología reformada”, sino que además no tiene problema en afirmar que el calvinismo no estuvo limitado a una sola tradición sino que constituyó el elemento “de valor” en una gran variedad de iglesias. El calvinismo, en oposición al luteranismo, floreció en el Estados Unidos colonial como la alternativa típica (ortodoxa, reformada, basada en Sola Scriptura y Sola Fide), a las diversas formas que comprendieron el arminianismo y socinianismo heterodoxo. El motivo por el cual el término “reformado” no ha estado limitado en Estados Unidos a aquellos y solo a aquellos que se adhieren a las Tres Formas o a los Estándares de Westminster, es porque desde un comienzo las formas básicas de la teología calvinista vibraron a través de las venas de una diversidad de iglesias. ¿Significa esto que solamente “las formas básicas de la teología calvinista” importan para la vida y la santidad? Por supuesto que no. Sino, ¿por qué Herman Bavinck iba pasar a delimitar cuidadosamente las complejidades de la dogmática reformada a través de 2500 páginas? Soy gratamente Reformado, con la R mayúscula más grande que usted pueda encontrar. Por eso mi primera reacción a la proliferación (aunque sea un poco) de teología reformada es profunda gratitud. ¿Pienso que el TULIP es la esencia del calvinismo? No. ¿Deseo que muchos de aquellos que se creen “reformados” vayan más atrás y escudriñen un poco más? Sí. Pero, ¿me molesta que las personas crean que Piper, Mohler y Dever sean o no reformados? En lo absoluto. Ellos están celebrando y promoviendo a Calvino, a Hodge, a Warfield, a Bavinck y a Berkhof -sin mencionar toda la rica teología escritural que exponen-, de maneras que deberían hacer verdaderamente feliz al más verdadero reformado.

Traducido por Omar Jaramillo.

Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

9 marcas de una iglesia no saludable

Coalición por el Evangelio

9 marcas de una iglesia no saludable

Kevin DeYoung

Gracias a Mark Dever, muchos de nosotros nos hemos familiarizado con las 9 Marcas de una Iglesia Saludable. Si bien nunca fueron destinadas a ser la última palabra en todo lo que una iglesia debe ser o hacer, las nueve marcas han sido de gran ayuda recordando a los cristianos (sobre todo a pastores) de la sustancia necesaria que a menudo olvidamos en una época obsesionada con el estilo.

En cierto sentido, las nueve marcas de una iglesia no saludable podrían ser simplemente lo contrario de todo lo que hace una iglesia saludable. Las iglesias no saludables ignoran la membresía, la disciplina, la predicación expositiva y todo lo demás. Pero los signos de enfermedad de una iglesia no siempre son tan evidentes. Es posible para tu iglesia enseñar y entender todas las cosas correctas y aún seguir estando en un lugar terriblemente no saludable. Sin duda, hay docenas de indicadores de que una iglesia se ha vuelto disfuncional y enferma, pero vamos a limitarnos a nueve.

Aquí hay nueve marcas de que su iglesia –incluso una que cree en la Biblia, predica el evangelio, y abraza una buena eclesiología– puede ser no saludable:

1. Cuanto más periférico sea el tema del sermón, más se emociona la gente. Una de las cosas que siempre me ha gustado de mi iglesia es que los sermones que ellos más aman son aquellos que tratan los temas más centrales de la Biblia. Les encanta escuchar sobre el pecado y la salvación, sobre la gloria de Dios, sobre la providencia, sobre Cristo y la cruz. No es que ellos nunca escuchan (o que no les gustan) los sermones sobre escatología o problemas sociales o administración financiera o el matrimonio o la paternidad, pero parecen más apasionados acerca de los mensajes que hacen énfasis en la culpa, la gracia y gratitud. Me preocupa cuando una congregación se cansa de oír hablar de la Trinidad, la expiación, el nuevo nacimiento, o la resurrecció,n y quiere escuchar otra larga serie sobre el manejo del estrés o las 70 semanas de Daniel.

2. El personal de la iglesia no disfruta ir a trabajar. Cada trabajo tiene sus altibajos. Cada oficina tendrá tensión de vez en cuando. Pero los líderes laicos deben tomar notas cuando el personal parece resentido, infeliz, y tiene que arrastrarse a la iglesia todos los días. ¿Los miembros del personal de la iglesia disfrutan estar juntos? ¿Hablan entre ellos como amigos en los pasillos? ¿Usted los ha visto riendo juntos? Si no, puede que se hayan quemado en la marcha, haya algún conflicto sin resolver, o algo peor.

3. El pastor y su esposa no se llevan bien. No estoy hablando de las riñas regulares y tiempos difíciles por los que cada pareja pasa de manera períodica. Estoy hablando de un matrimonio que ha crecido frío y sin amor, una relación que es superficial y carente de pasión. Cada iglesia debe tener algún mecanismo para preguntarle al pastor y a su esposa cómo está yendo su matrimonio (o no). Las iglesias pueden sobrevivir muchos conflictos, pero rara vez van a ser lugares saludables y felices si el pastor y su esposa están, en silencio o a voces, enfermos e infelices.

4. Casi nadie sabe a dónde va el dinero. Las iglesias manejan sus finanzas en formas distintas. Mientras las iglesias se hacen más grandes, puede ser más difícil, o incluso imprudente, para todos en la iglesia tener voz y voto en la asignación de cada centavo. Sin embargo, cuando se trata de finanzas, errar en el lado de la transparencia es raramente una mala idea. Como mínimo, debe haber más de un pequeño grupo de personas que saben (y tienen voz y voto) adonde va el dinero. No haga del salario del pastor un asunto de seguridad nacional.

5. El equipo de liderazgo nunca cambia o siempre cambia. Ambas son señales de advertencia. Por un lado, las iglesias se encarnan cuando nunca hay sangre nueva entre los líderes. Si sus ancianos, diáconos, administradores, líderes de grupos pequeños, maestros de escuela dominical, coordinadores de escuelas de vacaciones bíblicas, y los miembros del equipo de adoración son los mismos ahora como lo fueron durante el período inicial, tienes un problema. Tal vez los viejos líderes están hambrientos de poder, tal vez nadie se está entrenando, tal vez nadie nuevo ha llegado a su iglesia en veinte años. Todos son grandes problemas. Por otro lado, si los ancianos no están interesados ​​en servir otro período, y los miembros del personal no se quedan más que un par de años, y los voluntarios solo se ofrecen como voluntarios una vez, la cultura de su iglesia puede ser demasiado confinante, llena de conflictos, o con falta de perdón para errores honestos.

6. Nadie se ha levantado de la iglesia para el ministerio pastoral o ha sido enviado por la iglesia a servicio misionero. Buena predicación inspira a hombres jóvenes a predicar. Claridad sobre el evangelio suscita hombres y mujeres a compartir el evangelio con aquellos que no han oído. Las iglesias más pequeñas pueden no enviar nuevos trabajadores cada año, pero la congregación que casi nunca produce pastores y misioneros casi nunca es una iglesia saludable.

7. Hay un cuello de botella en la toma de decisiones. Esto puede ser culpa de la congregación. Algunos miembros de la iglesia insisten en aprobar cada decisión, desde la contratación de personal, la hora del servicio de adoración hasta al color de la alfombra. Si todo el mundo tiene que votar en cada decisión, su iglesia nunca será más grande que el número de personas que pueden votar con conocimiento en cada decisión (que es bastante pequeño). El pastor también puede tener  la culpa del cuello de botella. En algunas iglesias no pasa nada sin la aprobación personal del pastor y una supervisión directa puede ser la receta para guerras territoriales, retraso en el crecimiento, y el distanciamiento de los líderes dotados.

8. La predicación se ha vuelto errática. Esto puede tomar muchas formas. Tal vez el pastor ya no comparte el púlpito con otros miembros del personal y algún predicador invitado de vez en cuando. Tal vez es lo opuesto, y el pastor parece estar en el banco cada vez más a menudo. Tal vez la predicación se ha vuelto más criticona, o siempre trata el mismo tema, o muestra signos de poca preparación. Tal vez usted ha notado que el predicador está confiando más en cápsulas de vídeo o bosquejos de sermones preenvasados, o constantemente reutiliza materiales de alǵun sermón predicado años atrás. Nadie quiere que la predicación sea aburrida. Alguna variación es de esperar y es bienvenida. Pero echa un vistazo más de cerca si los predicadores parecen doctrinalmente inestables, irritables, o agotados.

9. Hay problemas que todo el mundo conoce pero nadie habla abiertamente. Iglesias no saludables a menudo tienen una importante regla no escrita: la persona que mencione nuestros problemas es el que tiene el problema. Esto podría ser un pastor que no puede predicar, un pianista que nunca se queda en el sermón, un anciano que se rumorea esta en una relación incorrecta, un líder de jóvenes que no sabe cómo hablar con los niños, un miembro del personal que no puede llevarse bien con nadie, un líder que lidera por decreto e intimidación. Sin duda, muchos asuntos deben tratarse en privado y en voz baja, pero esto no es excusa para hacer de la vista gorda a lo que todos pueden ver claramente. Nombrar lo que todo el mundo sabe es a menudo el primer paso para quitarle al problema su poder.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR MANUEL GARCÍA.

Precauciones sobre “Mero cristianismo”

Coalición por el Evangelio

Precauciones sobre “Mero cristianismo”

Kevin DeYoung

Mero cristianismo de C. S. Lewis es un clásico. Es una defensa atractiva, reflexiva, y bien escrita de la fe cristiana. Algunas de sus secciones más conocidas —como el famoso trilema: lunático, mentiroso, o Señor— se han convertido en parte de la forma en que los evangélicos piensan y hablan. Sin duda, Dios ha usado a Lewis y Mero cristianismo para despertar afectos por Cristo, involucrar la mente por Cristo, y eliminar obstáculos para que el Espíritu Santo atraiga personas a Cristo. Estoy agradecido por todo esto. Más que eso, me he beneficiado de cada libro de Lewis que he leído.

Pero C. S. Lewis no era un evangélico. Su Mero cristianismo muestra por qué.

Permíteme destacar dos problemas importantes.

Expiación… ¿pero cómo?

La primera advertencia a plantear se refiere a la visión de Lewis sobre la expiación. Lewis creía que Jesús murió en la cruz por causa del pecado, pero él no pensaba que era importante entender los detalles de lo que Cristo realizó en la cruz.

“Ahora, antes de ser cristiano, yo tenía la impresión de que la primera cosa que los cristianos tenían que creer era una teoría particular sobre lo que significaba esta muerte. Según esa teoría, Dios quería castigar a los hombres por haber desertado y unirse al Gran Rebelde, pero Cristo en cambio se ofreció voluntariamente para ser castigado, y así Dios nos dejó libres. Ahora, admito que incluso esta teoría no parece tan inmoral y necia como la consideraba antes; pero ese no es el punto que quiero destacar. Lo que vine a ver más adelante fue que ni esta teoría ni otra es el cristianismo. La creencia central es que la muerte de Cristo de alguna manera nos ha puesto bien con Dios y nos ha dado un nuevo comienzo. Las teorías acerca de cómo se hizo esto, es otro tema. Un buen número de diferentes teorías se han realizado sobre cómo funciona; lo que todos los cristianos están de acuerdo es que funciona” (57-58 [las páginas varían según la edición]).

Después, Lewis dice que “Cristo fue muerto por nosotros”, y “su muerte ha lavado nuestros pecados”, pero “cualquier teoría que construyamos en torno a cómo la muerte de Cristo hizo todo esto son, a mi juicio, totalmente secundarias”. Esta impaciencia al pensamiento cuidadoso acerca de la expiación es bastante mala, pero luego Lewis continúa dejando claro que rechaza la comprensión de la expiación que los evangélicos (y la Biblia, yo diría) encuentran más central y más gloriosa.

“Lo que la mayoría de las personas han escuchado es aquello que mencioné anteriormente, que fuimos perdonados porque Cristo se ofreció voluntariamente para sufrir el castigo en nuestro lugar. Ahora, aparentemente es una teoría muy tonta. Si Dios estaba dispuesto a perdonarnos, ¿por qué simplemente no lo hizo? ¿Y qué sentido tendría castigar a una persona inocente? Ningún sentido que yo pueda ver, si es que se piensa en un castigo en el sentido de una corte judicial. Por otro lado, si se piensa en una deuda, hay bastante sentido en que una persona que tiene los medios pague en nombre de alguien que no tiene cómo pagar” (59).

Preste mucha atención a lo que Lewis dice en ese párrafo. Él cree en una teoría sustitutiva de la expiación, pero él rechaza la sustitución penal. Él admite que la sustitución penal no es tan tonta como una vez le pareció, pero todavía no la acepta. En lugar de ella argumenta que Cristo paga una deuda (lo cual es verdad), pero no como un castigo por nosotros.

La teología de Lewis sobre la expiación es confusa, pero yo diría que su punto de vista es más como Christus victor, o un rescate a Satanás, que la sustitución penal. La muerte de Aslan, como recordarás, fue un sacrificio a la Bruja, y se explicó con ambigüedad como “magia más profunda”. Este no es el lugar para defender la importancia crítica de la sustitución penal. Mi punto es simplemente que Lewis no lo enseña en Mero cristianismo, y de hecho lo socava.

Un inclusivista primitivo

El segundo problema con Mero cristianismo es el inclusivismo de Lewis. Los evangélicos creemos que Jesucristo es el único camino hacia Dios. Además, creemos que la fe consciente en Jesucristo es necesaria para la salvación (suponiendo que estamos hablando de seres conscientes, todos los cristianos admiten que los bebés y aquellos con discapacidad mental puedan estar en una categoría diferente). Lewis, por el contrario, creía en lo que podríamos llamar “cristianos anónimos”. Es decir, que la gente puede ser salva a través de Cristo sin poner una fe explícita en Cristo. Es decir, que hay personas que no aceptan completamente la doctrina cristiana acerca de Cristo, pero que son fuertemente atraídos por Él, y que son suyos en un sentido mucho más profundo de lo que ellos mismo puedan entender. Hay personas de otras religiones que están siendo guiadas por una influencia secreta de Dios, para concentrarse en aquellas partes de sus religiones que están de acuerdo con el cristianismo, y que por lo tanto, pertenecen a Cristo sin saberlo. Por ejemplo, un budista de buena voluntad puede ser guiado a concentrarse cada vez más en la enseñanza budista sobre la misericordia y dejar en segundo plano (aunque se podría decir que todavía cree en ello) la enseñanza budista en ciertos otros puntos (178).

No importa cuánto nos pueda gustar Lewis, esto es simplemente una profunda incomprensión de la misión del Espíritu Santo (y un rechazo de Jn. 14:6). La obra del Espíritu Santo es traer gloria a Cristo tomando lo que es suyo —su enseñanza, la verdad acerca de su muerte y resurrección— y dándolo a conocer. El Espíritu no obra indiscriminadamente sin la revelación de Cristo en vista. Podría decirse que la obra más importante del Espíritu Santo es glorificar a Cristo, y Él no hace esto separadamente de brillar el foco en Cristo para que los elegidos lo vean y lo saboreen. Una vez más, vemos al inclusivista Lewis al final en Narnia, donde Emeth, un adorador de Tash, es aceptado por Aslan por seguirlo todo el tiempo sin saberlo.

Todo eso para decir: sí, tengo algunas precauciones cuando se trata de Mero cristianismo. Buen libro. Pero con algunas deficiencias graves.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR FELIPE CEBALLOS ZÚÑIGA.