UN TRASPIÉ NO ES DERROTA

UN TRASPIÉ NO ES DERROTA

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Pablo Martini
Programa No. 2016-06-15

El 28 de septiembre de 1066 el Duque Guillermo de Normandía desembarcaba en las costas de Pevensey, Inglaterra. Era el primero en desembarcar, y al pisar con su pie en tierra resbaló y cayó pesadamente en el lodo fresco de la costa. Esta situación era muy difícil, ya que el acto de desembarco era la manera en que simbólicamente se enfrentaría la batalla, y habiendo resbalado el mismo Duque y habiendo caído ante todos sus soldados era, para su ejército supersticioso, una señal de mal augurio. Pero el Duque supo transformar esa caída en una ventaja y poniéndose en pie y mostrando a su ejército sus manos embarradas dijo: “Por el favor de Dios, tengo hoy el suelo de Inglaterra en mis manos.” Esto era una osada manera de levantar la moral de su gente y de cierto que lo hizo ya que dos semanas más tarde conquistaba Inglaterra luchando contra el ejército de allí liderado por el rey Harold. Cuando nos enfrentamos a retos nuevos en nuestra vida, muchas veces sucede lo mismo. En el momento en que necesitamos que todo salga bien, listos para el comienzo de un nuevo proyecto, lo inesperado, el traspié inicial y todo parece acabarse justo al comenzar. Desembarcamos y resbalamos. Los primeros días en el trabajo y el jefe te echa el ojo. Comienzas la carrera y te llevas la principal materia. Concretas un noviazgo y la primera pelea arruina todo. ¿No te ha pasado? ¡Transforma ese traspié en una conquista! Saca provecho del barro en tus manos. No estás solo si vives con Jesús. Dice la Biblia: “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y Él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.” Qué distinta es la experiencia de aquel que viviendo una vida enajenada de Dios por su orgullo, cae y no hay quién lo levante. Dice la Biblia: “Hay del solo, que cuando cayere no tiene quien lo levante”. Pero no debes estar solo si acudes a Jesús. Él murió por ti en la cruz, experimentó la soledad y el desamparo para que tú y yo hoy podamos acudir a Él en nuestros traspiés para transformarlos en victoria.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

El traspié de hoy puede ser el primer paso de tu conquista de mañana.

 

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Las Peleas

Pablo Martini
Programa No. 2016-06-14

Qué bendición es para mí estar nuevamente junto a usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Gracias por sus oraciones a favor de este ministerio. Sus ofrendas han sido de gran bendición para nosotros. Estamos estudiando el libro de Santiago. Las peleas son tan antiguas como antigua es la misma humanidad. Un conocido mío que es incrédulo solía decir: No hay nada tan agradable como meterse en una pelea y salir ganando y nada tan desagradable como meterse en una pelea y salir perdiendo. Las peleas ocurren en todo lado y a todo nivel. En cierta ocasión se desató un incendio en una casa en Bruselas, Bélgica. La brigada de bomberos de Denderleeuw recibió un llamado de auxilio y prestamente se dirigió al lugar del siniestro. Pero tan pronto llegaron allí, arribó al mismo tiempo otra brigada de bomberos, la de Aalst, la cual también había sido llamada a sofocar el flagelo. Esto provocó que los comandantes de cada una de las brigadas se pongan a discutir acerca de cual brigada de bomberos tenía el derecho de extinguir el incendio. La discusión terminó en pelea y la brigada de Aalst enrolló sus mangueras y decidió retornar a su cuartel para que la brigada de Denderleeuw se haga cargo de apagar el fuego. Pero los preciosos minutos que se gastaron en la pelea fueron bien aprovechados por el fuego. Vanos fueron los esfuerzos de los bomberos de Denderleeuw por terminar con el flagelo. Las llamas habían tomado cuerpo y amenazaban otras casas de la vecindad. Esto hizo que la brigada de Aalst fuera llamada de regreso para ayudar y aun fue necesaria una tercera brigada para finalmente controlar el incendio. El fuego cedió pero redujo a cenizas todo una casa. Todo porque dos comandantes de bomberos se enfrascaron en una pelea mientras el fuego devoraba una casa. Caso inaudito, pero verídico, amable oyente. El ser humano es tan propenso a pelear. Triste es pensar que ni aun en las iglesias se logra evitar las peleas. Parece que entre los creyentes hubiera aun mayor propensión a pelear que entre los incrédulos. ¿Por qué es que somos tan inclinados a pelear? En el estudio bíblico de hoy veremos algunas razonas para ello.

Si tiene una Biblia, ábrala en Santiago 4:1 a 3. En este pasaje bíblico encontramos el origen de las peleas, la descripción de las peleas y la motivación que conduce a las peleas. En cuanto al origen de las peleas, Santiago 4:1 hace una pregunta: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? Para entender la problemática de las peleas entre nosotros, es necesario primeramente identificar su origen. Quizá usted me dirá: Bueno, yo peleo porque fui maltratado, física o verbalmente. O yo peleo porque mis derechos han sido violentados. O yo peleo porque un ser querido ha sido atacado. O yo peleo porque estoy siendo tratado injustamente. Todos estos son nada más que motivos para la pelea. Ninguno de ellos es el origen mismo de una pelea. Estos motivos son como síntomas de una enfermedad. Lo importante es definir cuál es la enfermedad. Usted puede experimentar un dolor de cabeza. Eso es el síntoma, pero no necesariamente eso significa que tenga algún problema orgánico en su cabeza. Quizá le duele la cabeza porque tiene un problema con su hígado o con la anemia. Lo importante es descubrir la enfermedad, para atacar la enfermedad mas no el síntoma. Eliminada la enfermedad, automáticamente se eliminará también el síntoma. Santiago nos va a declarar cual es la enfermedad que motiva las peleas. Respondiendo a la pregunta que él mismo hizo, Santiago dice: ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? El origen único y verdadero de toda pelea se remonta a nuestras pasiones. La palabra pasiones significa deseos, placeres, deleites. Las pasiones no son en sí mismas ni buenas ni malas, todo depende de la actitud que tengamos hacia ellas. Se puede desear salud, amistad, familia, trabajo, hogar, educación, libertad, justicia. Pero cuando algo o alguien impide la satisfacción de estos deseos, la tendencia es a pelear hasta conseguir lo que queremos. Así es como una pasión o un deseo o un placer se trastorna en algo totalmente negativo para el creyente. En el evangelio de Lucas, capítulo 8 versículo 14 vemos por ejemplo que los placeres o las pasiones del mundo pueden ahogar la palabra de Dios sembrada en el corazón de una persona. Cuando las pasiones controlan a un creyente se producirá lo inevitable. Santiago dice que las pasiones combaten o luchan en nuestros miembros. Esto se refiere a que las pasiones insatisfechas toman a los miembros del cuerpo y a los miembros de la iglesia para trabarse en un combate abierto y doloroso. De modo que, amable oyente, las peleas no se originan en el exterior de una persona sin en el interior de una persona. En el corazón de la persona. Allí es donde se maquina toda pelea. Para que una persona deje de pelear se necesita un cambio de corazón. Este cambio se inicia cuando la persona recibe a Cristo como su Salvador y continúa en la medida que la persona rinde el control de su vida a la palabra de Dios y al Espíritu Santo. Veamos ahora la descripción de las peleas. Santiago nos muestra tres maneras como las pasiones combaten en nuestros miembros. Primero, codicia. Santiago 4:2 dice: Codiciáis y no tenéis. Codiciar significa el deseo incontrolable por algo. La conjugación de este verbo indica el hábito de desear apasionadamente. Al hablar de desear apasionadamente, no se está restringiendo el sentido a la inmoralidad, sino que abarca en realidad cualquier campo del convivir de la persona. Una persona puede desear apasionadamente un bien material al punto que esto llega a ser la prioridad número uno en su vida. Esta persona luchará y combatirá contra cualquiera persona o cosa que se interponga en su camino. Lo triste de todo es que a pesar de que peleemos por conseguirlo, no logramos conseguirlo. Es una pelea que no conduce a nada. La segunda manera como las pasiones combaten en nuestros miembros es la envidia. Santiago 4:2 continúa diciendo: Matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar. La envidia es el deseo enfermizo por alcanzar lo que es de otro. Aun el asesinato puede parecer factible con tal de conseguir lo que otro tiene. Igual que en el caso anterior, es una lucha sin posibilidad de victoria, porque el texto dice: No podéis alcanzar. De nada sirve amable oyente luchar motivado por la envidia. No produce ningún buen resultado, sólo peleas por doquier. La tercera manera como las pasiones combaten en nuestros miembros es en guerra abierta. Santiago 4:2 termina diciendo: Combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Cuando un creyente se deja controlar por la codicia o la envidia, pronto arribará a la guerra abierta y sin cuartel contra cualquier cosa que según él esté evitando que pueda obtener lo que desea. Combatís y lucháis sugiera una pelea a lo grande. Y no solamente la codicia que consume interiormente ni la envidia que mata sino una manifestación violenta acompañada de agresión verbal y física. Como en los casos anteriores, también aquí el combate y la lucha no contribuye en absoluto a conseguir lo que se busca. Lo único que consigue es más violencia. Sembrad truenos y cosecharéis tormentas reza el popular dicho. No hay nada de malo en desear algo legítimo. Lo malo está en dejar que ese deseo nos domine y nos conduzca a las peleas para pretender conseguirlo. Los creyentes a quienes escribió Santiago erraron en la forma de conseguir lo que deseaban. Pretendieron conseguirlo con peleas cuando la manera de conseguirlo es orando. Pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís dice el texto. Estoy seguro que estos creyentes oraban y en sus oraciones pedían a Dios lo que deseaban, pero su motivación para pedir lo que querían era enfermiza. Consideremos por tanto la motivación que conduce a las peleas. Santiago 4:3 dice: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Los creyentes a quienes escribió Santiago, pedían, pero pedían mal. Esto no significa que no usaban las palabras correctas para pedir o que no sabían la oración clave para conseguir algo. Lo que significa es que lo que pedían partía de una motivación insana. Era para gastar en los deleites. Lo que querían era para auto agradarse, para sobresalir entre los demás, para lograr admiración del resto. Dios jamás honrará un pedido así. Pero cuando lo que se pide es para traer gloria al nombre de Cristo, es decir cuando nos motiva un sincero deseo de hacer la voluntad de Dios, Dios se compromete a responder a las oraciones. 1 Juan 5:14 dice: Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
Como Dios no respondía a estas oraciones egoístas, los creyentes se dedicaron a tratar de conseguir lo que buscaban por medio de las peleas. Hemos visto el origen de las peleas. Es interno, no externo. Hemos visto la descripción de las peleas: Codicia, envidia y guerra abierta. Hemos visto la motivación que conduce a la pelea. Entendiendo la problemática de la pelea, podremos con la ayuda de Dios evitar meternos en peleas. Que Dios nos ayude a ser amables en lugar de contenciosos.

 

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SOY SU OBRA

SOY SU OBRA

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Pablo Martini
Programa No. 2016-06-14

Acabo de hojear un libro de aventuras misioneras que me paso mi pequeña Dafne. Mi mente retrocedió treinta años de historia cuando me “devoraba” cuanta literatura de ese tipo pasase por mis manos. De alguna manera ese hábito forjó en mí un corazón por las misiones. Mezcla de llamado, (el fuego) y de emoción (la leña). Lo cierto es que hoy me encuentro escribiendo mi propia historia. Historia que dista años luz de aquellas aventuras misioneras donde los protagonistas abandonaban literalmente  “todo” para llevar el mensaje de Dios a lejanas y desconocidas tierras. Hoy creo que no se “arriesga” tanto. Hay más recursos, comodidades, asistencia; pero se irradia la misma luz, a las mismas almas en tinieblas, con la misma leña y el mismo fuego. Y a medida que escribo más capítulos de mi historia compruebo que la “misión de Dios”, la verdadera obra de Dios, soy yo. Es Él obrando en mí. Todo lo demás se deriva de esto. Con esta concepción de la vida en mente es mucho más fácil aceptar los tratos de Dios si reclamos y los de los hombres sin vengatividad y rencores. De esta manera comprendemos que cada cosa que suceda cerca de nosotros tiene un objetivo superior dentro de nosotros. Que las “personas no deseadas” que se cruzan en nuestro camino no son un problema en sí sino una herramienta en las sabias manos de Dios enviadas para modelar nuestro carácter. Que la adversidad, las injusticias, las necesidades y hasta la enfermedad misma puede y deben ser instrumentos diseñados, enviados y aprobados por  Dios para mi beneficio personal. Seamos honestos, hay lecciones de vida que no las aprenderemos de otra manera que no sea traumáticamente.

Por las buenas el proceso se hace largo, tedioso y riesgoso ya que puedes quedar agotado en el camino, pero por las malas… a veces es lo que necesito. El apóstol Pablo dijo que todo aquel que decida acudir al llamado de Jesús debe hallar completa realización en Él: “Vosotros estáis completos en Él”. Según esta declaración sagrada, entonces, todo lo demás es secundario, accesorio, complementario. Sólo una cosa es necesaria y la realización de vida la experimentan aquellos discípulos que, como María de Betania, han escogido la mejor parte: Sentarse a sus pies y oír su clase.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

“Nunca esperes que Dios te use en cambiar vidas, cuando Él aún no logra cambiar la tuya.”

 

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La sabiduría de lo alto

Reciba cordiales saludos amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Muchas gracias por sus oraciones y por sus ofrendas para este ministerio. Estoy seguro que Dios le recompensará conforme a Sus riquezas en gloria. Estamos estudiando el libro de Santiago. Todos nosotros apreciamos en alto grado la sabiduría. Pero la palabra de Dios nos habla de que existe dos tipos de sabiduría, una verdadera y otra falsa. En el estudio bíblico de hoy vamos a analizar las características de estos dos tipos de sabiduría, de manera que cada uno de nosotros pueda determinar qué tipo de sabiduría posee.

Abramos nuestra Biblia en el libro de Santiago capítulo 3 versículos 13 a 18. En el versículo 13, Santiago introduce el tema con una pregunta. La Biblia dice: ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Mediante esta pregunta, Santiago quiere hacer reflexionar a los lectores de su carta acerca de la necesidad de que un creyente sea sabio y entendido. Varios de los lectores pensaban que eran sabios y entendidos, pero el problema era que ni siquiera comprendían lo que es ser sabio y entendido. Santiago por tanto prosigue diciendo: Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. La sabiduría, amable oyente, no es lo mismo que el conocimiento. Existe una cantidad de creyentes que tienen muchísimo conocimiento bíblico, pero no tienen nada de sabiduría. La sabiduría es la capacidad de aplicar el conocimiento bíblico adquirido para hacer la voluntad de Dios en el diario vivir. De nada le sirve llenar su cabeza de conocimiento bíblico si es incapaz de aplicar lo que sabe a cada situación de su vida. La sabiduría no se mide por versículos o capítulos o libros de la Biblia que se ha memorizado. La sabiduría se mide por acciones de buena conducta. A continuación Santiago nos va a hablar de dos tipos de sabiduría. Una falsa y la otra verdadera. Veamos tres diferencias importantes entre estas dos sabidurías. Primero son diferentes en su procedencia. La sabiduría falsa no proviene de lo alto. Santiago 3:15 dice: porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.

Santiago dice que la sabiduría falsa es terrenal. Esto significa que se origina en la tierra, luego dice que es animal, esto significa que se origina en las bajas pasiones del ser humano y finalmente dice que es diabólica, esto significa que busca los mismos objetivos que Satanás y sus demonios. En contraste, la sabiduría verdadera procede de lo alto. Santiago 3:17 nos habla de ella. La Biblia dice: Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.
Esto concuerda con lo que dice Santiago 1:17 donde leemos lo siguiente: Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.
El creyente debe mirar a lo alto, al cielo para encontrar la sabiduría que tanto necesita para su diario vivir. Esto tiene sentido porque en el caso del creyente, su ciudadanía está en el cielo, su hogar está en el cielo, su esperanza está en el cielo, su sabiduría debe también provenir del cielo, no de la tierra. Como creyentes que somos, no debemos andar buscando la filosofía de este mundo. Cristo es nuestra sabiduría. 1 Corintios 1:24 dice: mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.
En Jesucristo están también escondidos todos los tesoros de la sabiduría. Colosenses 2:3 dice: en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.
El primer paso hacia obtener la sabiduría verdadera es recibir a Cristo como Salvador, luego la sabiduría vendrá por estudiar, meditar y obedecer la palabra de Dios. Pablo instruía a Timoteo diciendo que las Escrituras le pueden hacer sabio para salvación. Finalmente en la oración el creyente encuentra un gran aliado para obtener sabiduría. Santiago 1:5 dice: Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
Una vez que hemos visto la diferencia en la procedencia de la sabiduría falsa y la verdadera, veamos la diferencia en la presentación. La sabiduría falsa tiene su particular modo de presentación. Santiago 3:14 dice: Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad;
La sabiduría falsa se presenta con celos amargos. El celo amargo hace referencia a un temor profundo de perder lo que tenemos. Es vivir aferrado a las posesiones o a las personas. Es apretar las cosas con tanta fuerza, como si ni aun la muerte podría hacernos separar de ellas. Otra manera de presentación de la sabiduría falsa es la contención. Esto significa un espíritu divisionista que conduce a la lucha, a la pelea. Un espíritu contencioso hará que fácilmente nos metamos en discusiones y peleas para hacer prevalecer nuestro particular punto de vista. Otra presentación de la sabiduría falsa es la jactancia. Esto se refiere al orgullo, al deseo de ser los primeros en todo, los más admirados, los más famosos. Finalmente la sabiduría falsa se presenta con la mentira. Es como una cadena degradante. El celo amargo degenera en contención, lo cual a su vez degenera en jactancia y esto en su turno degenera en mentira. Así se presenta la falsa sabiduría. Veamos ahora la presentación de la verdadera sabiduría. Santiago 3:17 dice: Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.
La sabiduría verdadera se presenta con pureza. Esto enfatiza la importancia de la santidad personal. Dios es santo, por tanto la sabiduría que proviene de él debe buscar la santidad en el creyente. Cuan importante es que los creyentes vivamos vidas santas. Triste ha sido constatar el daño que han causado a la obra de Dios los creyentes que han caído en la inmoralidad. Luego la sabiduría verdadera es pacífica. La sabiduría terrenal conduce a la rivalidad, a la lucha, a la pelea, en cambio la sabiduría de lo alto conduce a la paz. Esta es una paz basada en la santidad, no en comprometer las convicciones personales. Después la sabiduría verdadera es amable. Esto significa una disposición de espíritu para ser razonable sin poner en juego las convicciones por supuesto. La persona amable no provoca peleas deliberadamente, pero tampoco compromete la verdad con tal de mantener la paz. Luego la verdadera sabiduría es benigna. La sabiduría de Dios hace al creyente propenso a toda buena obra, esto es lo que se llama benignidad. La sabiduría del mundo hace al hombre brusco, tosco, terco, pero la sabiduría de Dios lo vuelve pronto para oír, tardo para hablar y tardo para airarse. A continuación, la sabiduría verdadera es misericordiosa. Llena de misericordia dice el texto. Estar lleno de algo significa estar controlado por algo. El creyente lleno de misericordia está controlado por la misericordia. Dios en su gracia nos da lo que no merecemos, y en su misericordia no nos da lo que merecemos. Así debemos ser nosotros. Debemos dar a otros lo que no merecen, sin esperar absolutamente nada a cambio. Luego, la sabiduría verdadera es llena de buenos frutos. Los creyentes que son fieles son fructíferos. La sabiduría verdadera cambia la vida de un creyente de tal modo que se torna en un árbol de buenos frutos para beneficio de los demás. La sabiduría verdadera también se presenta con certeza. Sin incertidumbre dice el texto leído. La idea es no andar de allá para acá en cuanto a las decisiones a tomar. Un creyente sin incertidumbre es aquel que está seguro del camino a seguir y con confianza avanza por ese camino sabiendo que está haciendo la voluntad de Dios. Finalmente, la sabiduría verdadera se manifiesta con sinceridad. Sin hipocresía dice el texto. La palabra griega para hipocresía significa literalmente uno que utiliza una máscara para actuar en un teatro. Cuando la sabiduría del mundo controla a un creyente, este se tornará en un hipócrita, pero cuando la sabiduría verdadera controla a un creyente, este se tornará en un creyente sincero, que no esconde nada sino que se presenta abierta y honestamente. Hemos visto la diferencia en la procedencia y la presentación de la sabiduría falsa y la sabiduría verdadera. Finalmente veamos la diferencia del producto de la sabiduría falsa y la sabiduría verdadera. La sabiduría falsa produce problema. Santiago 3:16 dice: Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.
Este es el triste resultado de la sabiduría falsa obrando en los creyentes. Produce celos, peleas, perturbación y todo tipo de pecado. En cambio, veamos cual es el producto de la sabiduría verdadera obrando en los creyentes. Santiago 3:18 dice: Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.
Cuando la sabiduría de Dios controla a un creyente hay un fruto de justicia, algo agradable, que viene a ser como una semilla que en su tiempo producirá la tan anhelada paz en todo sentido. ¿Cómo respondería si se le haría la misma pregunta que hizo Santiago? ¿Es usted sabio y entendido? A la luz de lo que hemos visto en este pasaje, ¿Qué sabiduría está controlando su vida? Es la falsa que produce problema o es la verdadera que produce bendición. Que Dios nos ayude a todos a ser controlados por la sabiduría que desciende de lo alto.

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ALGO DE REFLEXIÓN

ALGO DE REFLEXIÓN

7773

Pablo Martini
Programa No. 2016-06-13

  • El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él.
  • Puedes decir si un hombre es sabio por sus preguntas.
  • Los sabios son los que buscan la sabiduría. Los necios los que piensan que ya la encontraron.
  • El que tiene lo que no merece difícilmente dé gracias por ello.
  • Si tienes mucho pero crees que es poco, no deberías tener nada.
  • Volver mal por bien es diabólico; volver bien por bien es humano; volver bien por mal es divino.
  • Si quieres ser sabio aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente, y  a callar cuando no tengas nada que decir.
  • No hay que confundir el conocimiento con la sabiduría. El primero nos ayuda a ganarnos la vida, el segundo a vivir.
  • El sabio no se sienta a lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.
  • La riqueza es como el agua salada, cuanto más se bebe más sed produce.
  • ¿Qué es la avaricia? Un continuo vivir en la pobreza por temor a ser pobre.
  • El camino  a la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: Trabajo y ahorro.
  • Buscando el bien de nuestros semejantes encontramos el nuestro.
  • Si hacemos el bien por interés seremos astutos, pero nunca buenos.
  • Cuando todos los días parecen iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo.
  • Bueno es dar cuando nos pidan, pero mejor es dar sin que nos pidan, como buenos entendedores.
  • Una palabra dura pone fin a una amistad.
  • Un pequeño dolor puede ser amplificado en nuestra mente al punto de convertirse en una enfermedad incurable.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová. (La Biblia)

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CONSECUENCIAS DE NO VIVIR EN SANTIDAD

CONSECUENCIAS DE NO VIVIR EN SANTIDAD

7773

Pablo Martini
Programa No. 2016-06-12

a1Ya instalados en el nuevo país, los Israelitas debían ser precavidos respecto a su conducta en medio de pueblos paganos que podrían contaminarlos con sus costumbres. Es por eso que reciben consejos específicos de Dios, a través de Josué desde el comienzo. En el capítulo 6:18-19, les dice que no codicien las cosas de este mundo, ya que las cosas que codiciamos pueden debilitar nuestro compañerismo con Dios. Luego les dice en 23:7 que tengan cuidado de no adoptar la forma de pensar de este mundo. Más bien debo permanecer en los caminos de Dios y servirle de todo corazón. En 24:23 leemos: “Desháganse de los dioses ajenos que todavía conservan.  ¡Vuélvanse de todo corazón al Señor,  Dios de Israel! ” Esto me habla de rechazar todo aquello que compita con la supremacía de Dios en tu vida, llamado idolatría. En 1:7-8, el consejo es concerniente a encontrar, en las páginas sagradas, todo lo que necesito saber para un sano andar diario y cómo practicarlo en mi vida. El capítulo 4:4-7: “Entonces Josué reunió a los doce hombres que había escogido de las doce tribus, y les dijo: “Vayan al centro del cauce del río,  hasta donde está el arca del Señor su Dios,  y cada uno cargue al hombro una piedra.  Serán doce piedras,  una por cada tribu de Israel,  y servirán como señal entre ustedes.  En el futuro,  cuando sus hijos les pregunten: ¿Por qué están estas piedras aquí?,  ustedes les responderán: El día en que el arca del pacto del Señor cruzó el Jordán,  las aguas del río se dividieron frente a ella.  Para nosotros los israelitas,  estas piedras que están aquí son un recuerdo permanente de aquella gran hazaña”. Cada momento decisivo en tu vida, cada vez que has podido ver el amor de Dios, su cuidado y atención aún cuando tú lo ignorabas, debe ser registrado como monumento a su fidelidad. Son cosas que no debemos olvidar al comenzar un nuevo capítulo como el que ellos estaban a punto de iniciar.

 PENSAMIENTO DEL DIA:

Si miras al cielo en busca de dirección antes de cada comienzo, el final de tus proyectos será alentador.

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Hombre de poca fe

Antes de emitir mis comentarios, le agradezco mucho por tratarme de Reverendo. Siento mucho si le decepciono, pero no soy Reverendo, tampoco soy Doctor, o Master o cualquier otro título. Simplemente soy un hermano en la fe. Hecha esta aclaración, le invito a que me acompañe en la lectura de una parte de ese hermoso relato en el Evangelio según Mateo, en el cual, en obediencia al mandado del Señor Jesús, Pedro desciende de la barca y anda sobre las aguas para ir a Jesús. Leo en Mateo 14:30-31. La Biblia dice: Pero al ver el fuerte viento,  tuvo miedo;  y comenzando a hundirse,  dio voces,  diciendo:  ¡Señor,  sálvame!  Al momento Jesús,  extendiendo la mano,  asió de él,  y le dijo:  ¡Hombre de poca fe!  ¿Por qué dudaste?

El relato es preciso. No hay donde confundirse. Pedro debe haber bajado de la barca, debe haberse afirmado con sus pies sobre el mar embravecido y debe haber puesto su mirada sobre el Señor Jesús. Mientras tenía puesta su mirada sobre el Señor Jesús todo estaba bien, podía caminar sobre las aguas turbulentas. Pero en algún momento, sucedió lo que textualmente dice el pasaje bíblico leído: Pero al ver el fuerte viento. De aquí se deduce que Pedro debió haber quitado la mirada del Señor Jesús y debió haberla puesto sobre el fuerte viento. No se puede ver al Señor Jesús y al fuerte viento a la vez. Así es como se aprecia en el relato. Por eso dije lo que Usted oyó en el programa en cuestión. Lo que hizo Pedro fue suficiente para que tenga miedo y comience a hundirse. Como es lógico, Pedro buscó ayuda y debe haber clamado a gritos: ¡Señor, sálvame! El Señor Jesús no hizo otra sino extender su mano y tomar firmemente a Pedro. Fue entonces cuando el Señor Jesús reprochó a Pedro diciendo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Ciertamente que en su reproche el Señor Jesús no dijo a Pedro: ¿Por qué quitaste la mirada de mí? Lo que pasó es que la poca fe de Pedro le hizo dudar y esa duda le hizo quitar su mirada del Señor Jesús y ponerla en el fuerte viento. La poca fe mía o de cualquier persona, se manifiesta en abrir la puerta a las dudas y esas dudas nos hacen ver a los problemas como poderosos gigantes que están prestos a aplastarnos. Gracias a Dios que Usted está aprendiendo a crecer en su fe. Eso alejará las dudas de su vida. Eso le motivará a confiar más en Dios en medio de las tempestades de la vida. Que el Señor le bendiga.

También desde Lima Perú, se ha comunicado con nosotros por Internet, para hacernos la siguiente consulta: Tengo dudas acerca del ayuno, vigilias de oración, santa cena y bautismo en agua. ¿Se debe practicar todo esto en la iglesia hoy en día? ¿No es que la iglesia está bajo un nuevo pacto y esas cosas eran propias del viejo pacto?

Gracias por su consulta. El nuevo pacto, es el nuevo acuerdo de Dios con los hombres, basado en la muerte de Cristo. El antiguo pacto es el acuerdo de Dios primordialmente con Israel, basado en lo que Dios comunicó a Moisés en el monte Sinaí. Los pactos se ratificaban con sangre. El pacto antiguo se ratificó con la sangre de animales sacrificados. Note lo que dice Éxodo 24:8 Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová,  y todas las leyes;  y todo el pueblo respondió a una voz,  y dijo:  Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho.  Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová,  y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte,  y doce columnas,  según las doce tribus de Israel.  Y envió jóvenes de los hijos de Israel,  los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehová.  Y Moisés tomó la mitad de la sangre,  y la puso en tazones,  y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar.  Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo,  el cual dijo:  Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho,  y obedeceremos.  Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo,  y dijo:  He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.

Por contraste, el nuevo pacto se ratificó con la preciosa sangre de Cristo. Poco antes de morir en la cruz, el Señor Jesús estaba reunido con sus discípulos en lo que se conoce como la última cena. Allí, el Señor Jesús hizo referencia al nuevo pacto y note lo que dijo. Se encuentra en Mateo 26:27-28. La Biblia dice: Y tomando la copa,  y habiendo dado gracias,  les dio,  diciendo:  Bebed de ella todos;  porque esto es mi sangre del nuevo pacto,  que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Este hecho hace que en todo sentido el nuevo pacto sea superior al antiguo pacto. Cuando Cristo derramó su sangre en la cruz, es decir murió en la cruz, se ratificó el nuevo pacto. Desde ese momento está en vigencia el nuevo pacto. La iglesia disfruta de los beneficios del nuevo pacto. Con esto en mente, veamos cuáles eran algunas de las prácticas de la iglesia en el primer siglo. No olvide que la iglesia está bajo el nuevo pacto. Sin el nuevo pacto no puede haber iglesia de Cristo, simplemente. Allí notaremos que los creyentes solían ayunar. Leo en Hechos 13:1-3. La Biblia dice: Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía,  profetas y maestros:  Bernabé,  Simón el que se llamaba Niger,  Lucio de Cirene,  Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca,  y Saulo.  Ministrando éstos al Señor,  y ayunando,  dijo el Espíritu Santo:  Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.  Entonces,  habiendo ayunado y orado,  les impusieron las manos y los despidieron.

La iglesia en Antioquia está a punto de dar inicio a un gran esfuerzo misionero. ¿Quiénes serían los escogidos para ir como misioneros? Este era un asunto muy serio. Por eso es que los líderes de la iglesia buscaron la dirección de Dios, ¿de qué manera? Orando y ayunando. El ayuno era parte de la vida de la iglesia primitiva. Ahora consideremos las vigilias de oración. Leo en Hechos 12:3-5. La Biblia dice: Y viendo que esto había agradado a los judíos,  procedió a prender también a Pedro.  Eran entonces los días de los panes sin levadura.  Y habiéndole tomado preso,  le puso en la cárcel,  entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno,  para que le custodiasen;  y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua.  Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel;  pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.

Pedro estaba preso en la cárcel. ¿Qué hacía mientras tanto la iglesia? El texto dice que hacía sin cesar oración a Dios por él. Se trata de una vigilia de oración. Cuando llegó la noche la iglesia seguía orando al Señor. Esa misma noche, Dios respondió a la oración de la iglesia y Pedro fue liberado milagrosamente. Al quedar libre, Pedro se dirigió a la casa de María, la madre de Juan Marcos y ¿qué es lo que encontró allí? Pues a la iglesia en vigilia de oración. El texto en Hechos 12:12 dice que Pedro halló a muchos reunidos orando. La iglesia primitiva tenía la práctica de hacer vigilias de oración. Ahora, consideremos el bautismo en agua y la santa cena, o la cena del Señor. Cuando nació la iglesia de Cristo en el día de Pentecostés después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, Pedro predicó un poderoso mensaje de salvación y como tres mil personas recibieron al Señor Jesús como su Salvador. Había nacido la iglesia de Cristo, bajo el nuevo pacto. Veamos qué es lo que esta naciente iglesia practicaba. Se encuentra en Hechos 2:41-42. La Biblia dice: Así que,  los que recibieron su palabra fueron bautizados;  y se añadieron aquel día como tres mil personas.  Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles,  en la comunión unos con otros,  en el partimiento del pan y en las oraciones.

La naciente iglesia tenía dentro de su práctica al menos las cinco actividades que menciona este pasaje bíblico. Primero, bautizaban en agua. Esto se ajusta a lo que el Señor Jesús dijo en Mateo 28:19-20. Segundo, perseveraban en la doctrina de los apóstoles. Esto tiene que ver con conocer y practicar lo que por revelación de Dios recibieron los apóstoles de Cristo. Tercero, perseveraban en la comunión unos con otros. Esto significa hacer práctico el hecho que todos los creyentes comparten tantas cosas que tienen en común. Cuarto, perseveraban en el partimiento del pan. Esto significa que tenían como costumbre realizar la santa cena, o la cena del Señor. Hasta donde se puede saber, celebraban la cena del Señor todas las veces que se reunían como iglesia. Quinto, perseveraban en las oraciones. Como iglesia clamaban en oración al Señor. Allí lo tiene, amable oyente, la iglesia de Cristo, la cual está bajo el nuevo pacto, tenía la costumbre de ayunar, hacer vigilias de oración, celebrar la santa cena o la cena del Señor y bautizar en agua a los que recibían a Cristo como Salvador. Algunas de estas prácticas son exclusivas de la iglesia bajo el nuevo pacto, porque Israel jamás las hizo en el antiguo pacto, prácticas tales como celebrar la cena del Señor y bautizar en agua en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Bajo el pacto antiguo, los judíos practicaban el ayuno y las oraciones.

 

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DE RODILLAS

DE RODILLAS

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Pablo Martini
Programa No. 2016-06-11

a1La vida nos va enseñando que las personas que han llegado más alto en sus vidas fueron aquellas que pasaron más tiempo de rodillas, inclinados ante el Único que es digno: Dios. Es que las grandes metas de vida, las que permanecerán como íconos para generaciones venideras, se alcanzan si vivimos postrados ante Él. Es verdad que, para lograr este perfil de carácter en sus criaturas, Dios siempre nos someterá a situaciones traumáticas, inesperadas e indeseadas. Parece que debemos caer de espaldas para, entonces, mirar a Dios. Cada paso que damos por el sendero de la vida es una lección aprendida. De ahí que es recomendable cuidar nuestro andar. La Biblia aconseja a andar como sabios y no como necios, poniendo a cada situación  que enfrentemos, en una posición “redimible”, es decir: Sacarla de su estado inútil, de que sea una experiencia y nada más, y ponerla en un estado útil, que valga la pena vivirla, que quede como lección de vida. En palabras Bíblicas: “Redimir el tiempo.” Muchas de esas situaciones demandarán una sabiduría especial, una que viene de lo alto. ¿No la tienes? ¿No sabes cómo reaccionar ante situaciones nuevas y que amenazan tu integridad?… Bueno, a todos nos sucede. No las sabemos todas, nadie nace sabiendo, se aprende al andar.

Pídele  a Dios. No te creas sabio en tu propia opinión,  es la decisión más necia que puedas hacer. Él, da a todos abundantemente y sin reproche si te inclinas ante su presencia cada día buscándole con humildad. ¡Y te será dada! Lo promete la Biblia. Así cuidarás tus pasos. Somos expertos en oratoria, pero no por “orar” sino por “oracionar” (no sé si el verbo existe pero me lo inventé.) Llenamos nuestro repertorio de oraciones bonitas ante nuestro cotidiano auditorio. Muchas veces decimos lo que los demás quieren oír. Gastamos muchas horas hablándole a la gente de Dios, pero poco tiempo hablándole a Dios de la gente. A Él le gusta oírte. Como un padre desea oír la voz de sus hijos al teléfono, a la distancia, o la de su amada. Esta es la evidencia más clara de dependencia humilde, de que vivimos inclinados ante Él. Humíllate ante la poderosa mano de Dios que Él te exaltará, cuando fuere tiempo.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

La mejor manera de cuidar nuestros pies es andando de rodillas.

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ALÉGRATE SIEMPRE

ALÉGRATE SIEMPRE

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Pablo Martini
Programa No. 2016-06-10

a1Una de las directrices más extrañas a la experiencia humana es la que postula la Palabra de Dios en la pluma del apóstol Pablo al decir: “Alégrense en el Señor siempre. Otra vez os digo: alégrense.” Suena extraño, ¿verdad?, porque existen motivos sobrados para angustiarse, desanimarse y perder la esperanza. Esta exhortación ni siquiera es un pedido o rogativa, parece incongruente. Pero sigue resonando con la misma fuerza con la que fue pronunciada dentro de aquel calabozo frío y húmedo que albergaba a Pablo. En verdad la vida te presenta sobrados motivos para mantener tu ánimo bien alto. Depende la óptica con la que miremos las cosas que nos rodean y suceden. Veamos. Si tienes salud debes alegrarte o Dios te la quitará para que aprendas a agradecer por ella. Si estás enfermo, alégrate porque es entonces cuando se manifiestan los verdaderos amigos que te vistan, te cuidan y miman. (Si ninguno asoma debe ser porque tampoco tú visitaste a ninguno…) Si eres grande alégrate, porque a tu sombra descansarán muchos necesitados. Si eres pequeño alégrate, porque puedes comprender al desvalido más que ningún otro.

Si eres rico, alégrate, por todas las oportunidades que Dios ha puesto en tus manos. Si eres pobre alégrate porque la vida te sujetará menos, y al tener menos peso y cosas de qué preocuparte podrás elevarte más alto y recibir un cuidado especial del Padre con sus provisiones. Alégrate si amas porque eres más semejante a Dios que los demás. Alégrate si eres amado porque hay en esto una predestinación maravillosa que anticipó la fusión de dos seres. Alégrate si eres pequeño, alégrate si eres grande, alégrate si tienes salud o si la has perdido. Alégrate si eres rico, si eres pobre. Alégrate si te aman o si amas. Alégrate siempre, siempre.   Esta premisa es una orden porque no depende de mis emociones sino de mis decisiones. El gozo permanente no es el resultado de una sucesión de situaciones agradables que te hacen sentir bien, no. Es más bien la decisión interior y voluntaria de seguir confiando, de seguir animado porque Él me sostiene.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

El gozo no es un sentimiento, es una actitud de mi voluntad regulada por Dios.

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EL EMPUJONCITO QUE FALTABA

EL EMPUJONCITO QUE FALTABA

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Pablo Martini
Programa No. 2016-06-09

a1Algunos juzgan apresuradamente a Tomás y le llaman: Tomás el incrédulo. Son esos asesinos de la gracia que también llaman a Felipe el matemático, porque sacó cuentas en la alimentación de los cinco mil y dijo que no era suficiente. ¡Cómo si nunca calculáramos nosotros también los costos antes de emprender algo! A Pedro le llaman el cobarde, porque saltó de la barca y se hundía, como si nosotros no hubiéramos pedido socorro estando en la misma situación. Y a  la mujer de San Juan 8: ¡Adúltera!, como si se destacaran más sus pecados pasados que su perdón presente y su restauración futura.  Tomás no estaba cuando Jesús apareció por primera vez al grupo. ¿Qué dónde estaría? Bueno yo supongo que estaría encerrado en su dolor, en su desesperanza. Ni en Pedro se podía confiar… Ocho días pasaron, nos dice Juan en el v. 26 y ahora Tomás estaba con el grupo. Seguramente se dio cuenta que lo peor que podía hacer era aislarse y aguantar la angustia solo y encerrado en su cuarto. Las puertas del aposento cerradas, las oraciones y la charla se hacen en voz muy baja… por los judíos, claro. Cuando de repente, el Señor en persona aparece en medio, y se dirige directamente hacia Tomás que se empieza a encoger en su silla, se pone rojo y comienza a sudar. “Tomás: no seas incrédulo. Aquí estoy. ¿Quieres tocarme?” “No Señor, ya no hace falta. La comunión con mis hermanos y tu preocupación por mí ya me han animado, gracias Señor. Ahora creo, perdóname Señor. Tú sabes cómo soy, tú me conoces”. “Claro Tomás, por eso vine otra vez, para ayudarte y darte el empujoncito que te faltaba para que comiences a caminar por fe y no por vista”. Cuenta cierta historia que Tomás terminó sus días como un gran misionero en la India. Por cierto aún hoy existe allí la iglesia de Santo Tomás que los pobladores aseguran ser fundada por el mismo apóstol. Y… ¿tú qué? ¿Seguirás llorando también encerrado en tu dolor? Espera en Él. Si es necesario se te aparecerá personalmente para ayudarte en tu debilidad. Pero no te encierres, no abandones al grupo. No llores solo. Pronto llegará, te lo aseguro.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

La razón te grita: Si no ves no creas. La fe te susurra: Cree y verás.

 

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