CÓMO AYUDAR A UNA PERSONA QUE ESTÁ TRANSITANDO POR LA SENDA DEL DOLOR

CÓMO AYUDAR A UNA PERSONA QUE ESTÁ TRANSITANDO POR LA SENDA DEL DOLOR

David Logacho
2016-03-23

a1Un cálido y fraternal saludo amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Con esta entrega terminamos esta corta serie sobre los momentos difíciles que la vida nos depara. A estos momentos difíciles les hemos llamado valles. El último valle que hemos tratado es el valle de la muerte. Este valle contiene los obstáculos más difíciles. La mayoría de nosotros, hasta cierto punto, podemos ingeniarnos para salir airosos del valle de la duda, del valle de la depresión y del valle de la calamidad, pero se nos hace harto difícil salir del valle de la muerte. La razón fundamental es porque el valle de la muerte está caracterizado por el dolor lacerante. El dolor por la pérdida de un ser querido no se elimina de un momento a otro. No se ha inventado todavía, y creo que no se inventará jamás, algún compuesto químico que tal vez inyectado en el torrente sanguíneo nos quite el dolor en el alma por la partida de una persona amada. El dolor no puede ser ignorado. La única manera posible de salir victoriosos del dolor es por medio de caminar por sus sendas. En esta ocasión, hablaremos acerca de cómo ayudar a una persona que está transitando por la senda del dolor.

En nuestros estudios bíblicos últimos, nos hemos ocupado de las etapas que debemos transitar en la senda del dolor. La primera etapa fue aceptar la pérdida o la separación como algo real. Esto tiene que ver con salir del estado de shock que se produce tan pronto nos enteramos de la muerte de un ser querido y con tomar plena conciencia que ese ser querido ya no está más en este mundo. Este reconocimiento produce un profundo dolor. La segunda etapa fue expresar el dolor de una manera controlada. Llorar por ejemplo, no es sinónimo de falta de fe o debilidad espiritual en el creyente que está sufriendo por la muerte de una persona amada. Recuerde que Jesús lloró por la muerte de su amigo Lázaro. Cuánto más nosotros ante la muerte de alguien que amamos. El llanto desfoga la angustia interior que causa el dolor. Es como una válvula de escape para la presión que surge de las emociones por la partida de un ser querido. La tercera etapa es aprender a vivir sin la presencia de la persona que ha muerto. Esto es un proceso que toma tiempo y bastante esfuerzo. Ha sido comparado con el niño que está aprendiendo a caminar. Primero se darán pasos vacilantes como reintegrarse al trabajo, participar en reuniones familiares o de amigos, cultivar algún hoby. Luego los pasos serán más firmes, como establecer metas para el futuro, involucrarse en el servicio a otros. Todo este proceso toma tiempo amable oyente. Se dice que no menos de unos tres meses y aún hasta tres años, dependiendo de cada circunstancia en particular. Pero es necesario atravesar por todas estas etapas para salir victorioso de este valle de dolor. Si usted pensaba que Dios le iba a anestesiar para no sentir dolor jamás ni cuando muera un ser querido, me temo que estaba confiando en algo que Dios jamás ha prometido a nadie. Lo que sí nos ha prometido Dios es estar siempre cerca de nosotros mientras transitamos por la senda del dolor. Pensando en Jehová, David dice lo siguiente en Salmo 23: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. La presencia de Dios en la senda del dolor garantiza la victoria para el alma que sufre. Pero en todo este proceso, es importante la ayuda que la persona que sufre puede recibir de otras personas que ya han transitado por la senda del dolor. Por eso, permítame terminar esta serie, sugiriendo algunas pautas para los que queremos ayudar a los que sufren por el dolor ante la muerte de un ser querido. Lo primero que viene a la mente es sugerir que evitemos condolencias que en lugar de consolar más bien acentúan el dolor en la persona que está sufriendo. Por ejemplo, personas bien intencionadas, pero mal informadas, que dicen algo como esto: Ya no llore, porque los que somos de Dios tenemos esperanza aún en la muerte. Otros dicen: Ya no llore, porque la persona que murió está mucho mejor que lo que nosotros estamos aquí. Otros dicen: Ya no llore, Dios está en control de todo y Él sabe lo que está haciendo cuando ha permitido que pase lo que le está pasando. Frases como estas, aunque son verídicas y probablemente bien intencionadas, sin embargo no ayudan en nada a la persona que está soportando intenso dolor por la muerte de un ser querido. El problema con frases como estas, es que tienen como intención que la persona que está sufriendo reprima su dolor, o peor aún que niegue lo que está sintiendo realmente. Lo único que se logrará con esto es prolongar la angustia en la persona que sufre de intenso dolor por la muerte del ser amado. Acto seguido, me gustaría sugerir que no hay mejor forma de consolar a la persona que sufre que aquella que se encuentra en Romanos 12:15. La Biblia dice: Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.
Cuando una persona se goza, los que le rodean deben gozarse también con ella. Cuando una persona manifiesta su tristeza o su dolor con llanto, los que le rodean también deberían manifestar su dolor o su tristeza de alguna manera, con llanto si se puede. Esto fue justamente lo que hizo el Señor Jesús cuando se encontró con sus amigos de Betania, quienes estaban en medio del fuego del dolor por la muerte de Lázaro. Al ver el cuadro de dolor, el Señor Jesús no pensó que esa gente estaba haciendo algo malo al llorar. Tampoco dijo a María: No llores, ¿Acaso no sabes que todas las cosas que pasan a los creyentes ayudan a bien?. Nada de esto. Escuche lo que el Señor dijo a María, según Juan 11:33-35. La Biblia dice: María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Joh 11:33 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,
Joh 11:34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.
Joh 11:35 Jesús lloró.
Esto es llorar con los que lloran. Esta acción del Señor Jesús debe haber traído un gran consuelo a los hermanos de Lázaro y a todos los que estaban llorando por su muerte. Pensar que el Dios hecho hombre estaba llorando con ellos. Pensar que el Dios hecho hombre sabía como ellos se sentían y manifestaba ese dolor con llanto, esto debe haber traído gran consuelo para ellos. Las palabras, amable oyente, por más bíblicas y llenas de verdad que sean y por más bien dichas que sean, no ayudan mucho a consolar a una persona que está en las primeras etapas de la senda del dolor. Lo que sí ayuda es que acerquemos nuestro hombro a la persona que sufre para que esta persona llore en nuestro hombro y nosotros también lloremos con ella. Lo que sí ayuda es que estemos cerca, simplemente para hacer acto de presencia y escuchar. Lo que sí ayuda es sentarnos en silencio junto a la persona que intentamos consolar. La persona que está en el crisol del dolor sabe que cualquier cosa que digamos, no va a cambiar la realidad de lo que está viviendo. Por eso, lo que puede ayudar a una persona que está sufriendo por la partida de un ser querido es que sus acciones manifiesten la idea de: Hey, yo estoy aquí para acompañarte en la senda del dolor. Esto se puede complementar perfectamente con formas prácticas de solidaridad. A lo mejor dando atención a pequeñas cosas que la persona que sufre no está en capacidad de hacer. Hace algunos años atrás, mi esposa tuvo que someterse a una delicada intervención quirúrgica y a raíz de eso tuvo que permanecer hospitalizada un par de semanas. Tanto ella, como la familia en general, estábamos atravesando por intenso dolor. La pérdida de salud ciertamente produce dolor físico, pero también dolor emocional. Los familiares y hermanos de la iglesia hicieron lo posible por mitigar ese dolor. Nos dijeron cosas muy lindas, y todas ellas basadas en la Biblia. Pero nada nos ayudó tanto a sobrellevar el dolor como por ejemplo, las hermanas de la iglesia que iban cada día a nuestra casa a cocinar para la familia. Nada nos ayudó tanto a aliviar el dolor, como las hermanas de la iglesia que iban a limpiar la casa y cuidar a los niños. Las cosas prácticas dicen más que los buenos discursos, amable oyente. Igual es con el consuelo para personas que están sufriendo intenso dolor por la muerte de un ser querido. Las palabras no ayudan mucho, pero si se va más allá de las palabras a las acciones de solidaridad, entonces, eso sí trae oportuno consuelo. Qué tal por ejemplo, si usted se ofrece a cuidar a los hijos pequeños, o a limpiar la casa, o a cortar el pasto, o a hacer compras. Esto dice más que las meras palabras. A lo mejor ese será el momento para hablar de la esperanza que tenemos, de lo bien que está la persona que ha partido de este mundo, de la fidelidad de Dios, del control que Dios tiene sobre todas las cosas, de la pureza de propósito en todo lo que Él hace. Usted puede ser alguien que ayuda a los que están atravesando por el camino del dolor. Si ha caminado antes por la senda del dolor, entonces usted está en condiciones inmejorables para ayudar a otros a transitar por la misma senda. Espero que aproveche su oportunidad de ser alguien que consuela con sabiduría.

ORGULLO DISFRAZADO DE HUMILDAD

ORGULLO DISFRAZADO DE HUMILDAD

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-23

a1Hay aparentes actitudes de humildad que no son más que la manifestación de un orgullo disfrazado. La humildad es más difícil de practicar de lo que parece. Necesitamos conocer la verdadera pequeñez de nuestras grandezas. Nunca somos tan grandes como cuando nos humillamos, nunca somos tan insignificantes como cuando vanamente nos enorgullecemos. Disfrazamos esa tendencia natural y crónica que data desde tiempos edénicos a creernos más de lo que somos. Lo hacemos con una aparente fachada de humildad cuando en realidad anhelamos prestigio, reconocimiento y aplausos. Cierto día un predicador bajó del escenario y una hermana se le acercó y le dijo. “Lo felicito, pastor, nadie predica como usted”, a lo que el hombre le respondió: “Gracias, Satanás acaba de decirme lo mismo.” Si no estamos alertas contra este sutil flagelo seremos consumidos paulatinamente por sentimientos de envidia y celos hacia aquellos que creemos superiores o más bendecidos que nosotros. Pedro, confundido, quiso pasar por el más humilde cuando en realidad quería aparentar humildad que no es otra cosa sino orgullo. “No tendrás parte con migo”, fue la tajante respuesta del Maestro, porque en Su Reino no hay lugar para este tipo de predisposiciones. El orgullo es sumamente peligroso por la capacidad que tiene de pasar inadvertido, se disfraza. Es como algunos virus mortales para la humanidad que cuando son detectados ya es demasiado tarde. Ni exámenes, radiografías, o tratamientos lograron detectarlo, pero estaba allí, tan mortal y nocivo como siempre. Hasta que aflora en algún acto de ira o arranque de celos y nos espanta hasta a nosotros mismos.

Es entonces cuando debes, con la asistencia inequívoca de la Palabra de Dios y su Espíritu, tomar las medidas necesarias para sanearlo y erradicarlo. Cuando somos poseídos por Espíritu de Aquel que fue manso y humilde de corazón, entonces hallaremos el verdadero descanso, porque una vida de comedia agota luego de cada función.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Tengo razones para ser humilde sin embargo no conozco ni la mitad de ellas, y también sé que soy orgulloso sin embargo no conozco ni la mitad de mi orgullo.

EXPRESAR EL DOLOR CONTROLADAMENTE

EXPRESAR EL DOLOR CONTROLADAMENTE

a1Reciba un cálido saludo, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el tema del valle de la muerte. Ya hemos visto que el dolor es quizá el elemento más común dentro del valle de la muerte. Salir victoriosos del valle de la muerte, con todo el dolor involucrado, no es tarea fácil, aun para los que tenemos la esperanza viva de la cual nos habla la Palabra de Dios. Por eso es necesario dar los pasos adecuados para no sucumbir ante el dolor. El primer paso es aceptar la pérdida o separación, como algo real. Negar la realidad no conduce a nada bueno, amable oyente. Dicen que avestruz esconde su cabeza en la arena cuando detecta peligro inminente. Negar la realidad de una pérdida o separación sería como esconder la cabeza en la arena. Nada sacamos con eso. Por el hecho de no querer ver el problema, el problema no va a desaparecer. En el proceso de aceptar la pérdida o separación como algo real ayuda mucho saber que el Señor Jesucristo es el único que sabe exactamente como nos sentimos. Es bueno tener a la mano alguien que sepa comprendernos. También ayuda mucho saber que el amor de Dios es inalterable. Aunque nuestras emociones agitadas por el dolor nos induzcan a pensar que Dios ha dejado de amarnos, debemos aceptar por fe el testimonio de la palabra de Dios cuando dice que nada ni nadie, inclusive la muerte, pueden separarnos del amor de Dios. También ayuda mucho saber que Dios está listo para llevar nuestro dolor sobre sus hombros. En esta ocasión, hablaremos de otra etapa dentro del sendero del dolor.

En nuestro estudio bíblico último, vimos que es importante aceptar la pérdida o separación como algo real. No ayuda en nada negar que se ha sufrido una pérdida o separación de cualquier índole. Ahora bien, el mero hecho de aceptar la realidad de una pérdida no va a eliminar automáticamente el dolor. Todo lo contrario, más bien va a hacernos más sensibles al dolor y ciertamente vamos a experimentar dolor en mayor magnitud. Aquí es justamente donde entra la segunda etapa de la senda por el valle del dolor. Simplemente dice así: Exprese controladamente el dolor que siente. No son pocos los creyentes que piensan que expresar dolor de cualquier forma es sinónimo de inmadurez o falta de fe. Una vez fui invitado al funeral de una hermana en la fe. En la sala de velación estaban los hijos de esta hermana en la fe. Todos ellos eran creyentes gracias a Dios. Algunos de ellos expresaban su dolor con llanto callado. Pero había uno en particular que daba la impresión como que estuviera desconectado de lo que estaba pasando. No es que se estaba riendo o burlándose de los demás, o algo por el estilo, sino simplemente estaba con un semblante estoico, como si fuera de piedra. Tratando de ser de algo de ayuda, le pregunté: ¿Cómo te sientes? Me sorprendió tanto su respuesta. Me dijo: David, por dentro estoy destrozado por la partida de mamá, pero veo aquí tanta gente que no conoce al Señor, que no puedo expresar mi dolor, porque si lo hago, la gente que no conoce al Señor va a pensar que el cristianismo no sirve para nada en la hora de la muerte. Esta fue la ocasión propicia para mostrar a este hermano que expresar el dolor con llanto, no está fuera de lugar de ninguna manera en la vida cristiana. Cuando Pablo habla a los Tesalonicenses sobre el arrebatamiento de la iglesia, dice en una parte lo siguiente: Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Pablo no está diciendo que los creyentes de Tesalónica no debían entristecerse ante la muerte de un ser querido. Tampoco Pablo está diciendo que los creyentes de Tesalónica deberían transformar en un circo las ceremonias fúnebres por sus seres queridos. Pablo dice que está bien para los creyentes entristecerse por los que han muerto, pero la tristeza no debe desbordarse. No debe ser como la tristeza que experimentan los incrédulos quienes no tienen esperanza para el más allá, para la vida después de la muerte. Pero los creyentes tenemos esperanza y esta esperanza nos ayuda a no expresar el dolor descontroladamente, pero no elimina el dolor como para reír en medio de un funeral. Así que, amable oyente, expresar el dolor con lágrimas, en una manera controlada, es legítimo para el creyente. No es en ninguna manera sinónimo de inmadurez espiritual o falta de fe. El llanto es beneficioso para el corazón adolorido, amable oyente. El llanto actúa como una válvula de escape para desfogar la angustia interior que resulta del dolor. No crea el dicho popular que los machos nunca lloran. No es verdad. Pero además del dolor, pueden haber también otras emociones en la persona que ha sufrido alguna pérdida o separación significativa. Puede ser que haya tristeza, ira, culpa, ansiedad, soledad, fatiga, desánimo, duda. Procure identificar estas emociones en su ser y expréselas de una manera adecuada. Quizá podría hablar de eso con Dios en oración. Dígale a Dios que se siente triste por la ausencia de su ser querido. Dígale a Dios que está enojado por lo que ha pasado, inclusive admita que siente ira contra la persona que murió porque le ha dejado con un vacío tan grande que no sabe como llenarlo. Así es, no esconda nada. Dígale a Dios que se siente culpable por alguna situación particular. Dígale a Dios que se siente solo, cansado, desanimado, con duda. Enfrente estas emociones. No las esconda. Si las esconde, estas emociones van a fermentar dentro de usted y algún momento van a explotar dejando muertos y heridos en el camino. Mucho bien haría a las personas que piensan que los creyentes no deben llorar cuando muere un ser querido, el pensar que la Biblia registra que el Señor Jesús como varón de dolores y experimentado en quebranto, expresó con llanto sus emociones. Cuando murió Lázaro, María vino en llanto y se postró a los pies de Jesús diciendo: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. ¿Será que Jesús reprendió a María por llorar? Será que Jesús dijo a María: Mujer de poca fe, ¿Por qué lloras? Nada de esto. Ponga atención a lo que dice el texto en Juan 11:33-36 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,

Joh 11:34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.

Joh 11:35 Jesús lloró.

Joh 11:36 Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.

Esta fue la reacción de Jesús, amable oyente. Jesús expresó con llanto el dolor que sentía dentro, aún sabiendo que en cuestión de instantes, iba a resucitar a su amigo Lázaro. Si Jesús lloró por un amigo que murió, cuánto más nosotros por un ser querido que muere. Jesús también se entristeció en gran manera muchas veces, no sabemos si al punto de derramar lágrimas, pero ciertamente expresó su dolor de una manera controlada. Todo esto, amable oyente, para reforzar la idea que expresar las emociones mediante el llanto o alguna otra forma controlada de expresión, es algo legitimo para el creyente y de ninguna manera afrenta a Dios o es sinónimo de inmadurez espiritual o de falta de fe o de esperanza. Pero es apropiado también señalar que el desborde descontrolado de las emociones no es una conducta apropiada para un creyente. Está bien derramar lágrimas por el dolor que causa la separación temporal de un ser querido, pero de allí a rasgarse las vestiduras y poner ceniza sobre la cabeza, al puro estilo de los israelitas del Antiguo Testamento hay mucha diferencia. La diferencia radica esencialmente en la esperanza que tenemos los creyentes y la desesperanza que tienen los incrédulos. Para el creyente, la muerte, aunque causa dolor, sin embargo no es el fin de todo, porque está la esperanza de volver a ver al ser querido en la gloria, pero para el incrédulo, la muerte es el fin de su oportunidad para arreglar el problema de pecado con Dios y esto significa la entrada a la condenación eterna. Aunque el incrédulo no sepa de esto en detalle, instintivamente sabe que la muerte es el comienzo de separación eterna y esto le arrastra a expresar su dolor en una forma descontrolada. En conclusión, amable oyente, el transitar por el sendero del dolor, implica una capacidad para expresar el dolor controladamente. No es malo llorar, malo es no llorar, porque las emociones están contenidas y pueden causar mucho daño.

 

NO TE QUEDES AHÍ

NO TE QUEDES AHÍ

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-20

a1Al  espacio de tiempo anterior a que Cristo viniera a nuestro mundo se le llamó la dispensación de La Ley, por estar caracterizada por aquel evento cuando Dios entregó a Moisés los diez mandamientos escritos por su propio dedo  en tablas de piedra. Eran las altas normas de ética y moral de parte de Dios, era el código divino que marcaba el estándar o estilo de vida aceptado por Dios. Estándar que ni el propio Moisés fue capaz de cumplir, mucho menos los demás mortales. Pero entonces, ¿para qué Dios da una ley a sus criaturas si Él mismo que las creó sabe que están imposibilitados de cumplirla?… Dios no nos dio su ley para que la cumplamos sino para que reconozcamos que no podernos cumplirla y busquemos su asistencia. La ley es como el rayo X que revela que tienes cáncer pero no puede curarte o como la balanza en tu baño que te dice que has aumentado otro kilo pero no puede ayudarte en nada a que bajes de peso. En el caso del rayo X deberás ir al médico y en el de la balanza a la dietista. Pero lo peor que puedes hacer es quedarte ahí, impotente diciendo: “No puedo, no puedo, no puedo”. Si en verdad intentas cumplir a cabalidad la ley de Dios tendrás que reconocer que no puedes.

Cristo vino y aumentó aún más el peso de esa ley cuando dijo: “Moisés os ha dicho no matarás, pero yo os digo: cualquiera que odie en su corazón a su prójimo es un homicida. Moisés dijo No adulterarás, pero Yo os digo: cualquiera que mira a una mujer para codiciarla en su corazón es un adúltero.” ¿Lo ves? La ley de Cristo es aún mucho más exigente que la ley de Moisés, entonces decimos todos: “Y ahora ¿quién podrá defendernos?… Es cuando aparece en escena, majestuoso, Jesús, el Único que fue capaz de cumplir la ley y hoy nos ofrece su vida para que la vivamos y la disfrutemos en gloria para Dios. No te quedes ahí parado, Sí, se puede.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

La ley es como un espejo, te revela que estás sucio pero no puede limpiarte.

 

LA PRINCESA DESPOJADA DE SUS RIQUEZAS

LA PRINCESA DESPOJADA DE SUS RIQUEZAS

Mónica López de Silva
Programa No. 2016-03-19
a1Hola mi amiga! Has sentido últimamente que todo aquello que has querido durante toda tu vida aun no ha llegado? Dejame contarte una historia especial sobre una extraordinaria princesa

El relato más extraordinario que escuche en mi infancia, y que aun atesoro en mi corazón, es aquel que habla de una princesita que, a pesar de ser amada por el rey desde pequeña, fue despojada de todos su derechos por los enemigos de su padre.

Aquel rey murió en defensa de su reino y de su amada hija, y la pequeña princesa fue llevada como esclava pasando al servicio de los enemigos de su padre. Despojada de sus ropajes reales, debía realizar los quehaceres más pesados y suplicar a sus opresores para que le dieran siquiera un miserable mendrugo de pan. Pero el final feliz llego. Un príncipe azul puso su vida como garantía y apareció para darle libertad y devolverle el título de “hija del rey” que siempre había sido suyo.

No es más que un cuento, pero hoy quiero recordarte que la mejor historia es aquella en la que tú y Dios son los protagonistas. Tu eres la hija del Rey con todos los derechos que este título te confiere. Pero un día, el enemigo de Dios llego para despojarte de todos tus privilegios.

De princesa pasaste a ser esclava. Es posible que la esclavitud te tenga atada con cadenas de oro y grilletes de plata, y esto te haga creer que estas bien. Pero aun así continuas siendo esclava. Hábitos perjudiciales, la tendencia al mal, la búsqueda insaciable del placer, la mundanalidad; todo ello podría transformarse en cadenas tan férreas que imposibilitaran todo intento de escapatoria.

APLICACIÓN.

Dijo el apóstol Pablo en una oportunidad: Ustedes ya son hijos. Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abba! ¡Padre!” Así que ya no eres esclavo sino hijo; y como eres hijo. Dios te ha hecho también heredero. Gálatas 4:6-7

Quiero recordarte que tu condición de princesa te fue devuelta cuando Cristo Jesús, el Príncipe de Paz, el Hijo del Rey, vino en tu rescate para morir en la cruz. Lo hizo para devolverte la libertad arrebatada por el pecado. Su magnífica promesa es: “El Señor hace justicia a los oprimidos, da de comer a los hambrientos y pone en libertad a los cautivos” (Sal. 146:7).

Amiga, eleva tu vista al cielo, ofrece una plegaria pidiéndole al gran Libertador que rompa tus cadenas y entonces podras experimentar a Dios en lo profundo de tu corazon.

 

NO SEAS UN CAMALEÓN

NO SEAS UN CAMALEÓN

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-19

a1En un lecho de pasto, la piel del camaleón se vuelve verde. Encima de la tierra, se transforma en marrón. El animal cambia según el ambiente. Muchas criaturas se adaptan a la naturaleza con el camuflaje que Dios les dio para ayudarlos a sobrevivir. Es natural adecuarse y adaptarse al medio ambiente. Más los seguidores de Cristo son nuevas criaturas, nacidos de arriba y cambiados desde adentro, con valores y estilos de vida que confrontan al mundo y chocan con la moral aceptada. Los verdaderos creyentes no armonizan mucho con el medio. Los cristianos en Corinto luchaban con su ambiente. Cercados de corrupción y de todo pecado concebible, sentían la presión a adaptarse. Sabían que eran libres en Cristo, pero ¿qué significaba esa libertad? ¿Cómo debían ver a los ídolos o a la sexualidad? ¿Qué debían hacer con respecto al matrimonio, las mujeres en la iglesia y los dones del Espíritu? Estas no eran sólo preguntas teológicas; la iglesia estaba siendo socavada con la inmoralidad y la inmadurez espiritual. Su fe era probada en el crisol de la Corinto inmoral, y estaban fallando en el examen. Pablo oyó de sus luchas y escribió una carta para tratar sus problemas, sanear sus divisiones y responder sus preguntas. Los confrontó con su pecado, con su necesidad de corrección y consagración a Cristo.

También hoy miles de seguidores del Jesús del madero son a diario confrontados en su fe. La lucha entre un cristianismo radical y un cristianismo light (que no es cristianismo porque no carga una cruz) se hace cada vez más palpable en nuestros días. El estandarte del evangelio lo portan hoy aquellos discípulos extremos que, sin temer las acechanzas del enemigo, avanzan con su rostro firme como un mármol, sin negociar su fe y con orgullo de, si es necesario, morir por La Causa. “Hoy ya no hay persecución”, se nos dice. ¡Mentira!, lo que hoy no hay son cristianos intrépidos como los de antes que se juegan por lo que creen. Me temo que la catástrofe de Corinto, llegó a nuestros días.

PENSAMIENTO DEL DÍA:
“Hoy ya no hay persecución”, se nos dice. ¡Mentira!, lo que hoy no hay son cristianos intrépidos.

NI PUNTO DE COMPARACIÓN

NI PUNTO DE COMPARACIÓN

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-18
a1Es importante realizar periódicamente una evaluación personal. Un balance o estadística de mis valores de vida, de mis prioridades, actividades, agendas y finanzas. En fin, actualizar cada tanto mi escala de valores. Es saludable y necesario. Pero la pregunta es con quién me comparo al momento de hacer esta apreciación. Porque si lo hago comparándome con mis semejantes o con otros que yo escoja, el resultado puede estar sensiblemente alejado de la realidad. Así se me va la vida con comparaciones inútiles y peligrosas Mayormente somos propensos a compararnos siempre con los que están en una condición inferior que la mía. Por ejemplo, si quiero evaluar mis prioridades en lo económico, me comparo con alguien más ambicioso y digo: “Yo no soy tan avaro. Él lo es más”. Si pretendo evaluar mi familia, en donde siempre el tiempo dedicado es poco, lo hago con una familia disfuncional y digo: Mi familia, al fin y al acabo no está tan mal. Si lo que quiero evaluar ahora es mi fidelidad conyugal, me comparo con un cónyuge liberal y digo: “Pero yo no hago esto o aquello”. De esta manera las comparaciones nunca nos dejan un cuadro acertado del estado de nuestras propias vidas. David dijo en uno de sus Salmos: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.” (Salmo 19:12-13) ¿Notaste la pregunta inicial?… “¿Quién podrá entender sus propios errores?” y al unísono respondemos: NADIE.

Nosotros no podemos ser los protagonistas de nuestra propia evaluación. Otros deben opinar por nosotros mismos. Lo ideal es que ese “Otro” sea con mayúscula, o sea Dios y su Palabra. “Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.” 1ª Corintios 10:17-18

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Alábete el extraño y no tu propia boca. (La Biblia)

MATRIMONIO, RELIGION VERDADERA, HOMOSEXUALIDAD

MATRIMONIO, RELIGION VERDADERA, HOMOSEXUALIDAD

a1Desde Departamento de Tumbes, Distrito La Cruz, nos escribe un amigo oyente para hacernos la siguiente consulta: ¿Es cierto que el matrimonio en una iglesia católica romana es el único valido ante Dios y el Señor Jesucristo, porque la religión católica romana es la única verdadera?

Bueno. Veo dos asuntos importantes en su consulta. Permítame tratar en primer lugar, esto de que la religión católica romana es la única verdadera. Si pidiéramos la opinión de algún seguidor de la religión mormona nos diría que la religión mormona es la única verdadera. Si pidiéramos la opinión de algún seguidor de la religión de los Testigos de Jehová, nos diría también que la religión de los Testigos de Jehová es la única verdadera. Lo mismo dirían los seguidores de todas las religiones en el mundo, las cuales se cuentan por miles. Es decir, amable oyente, que si bien no todos, pero la mayoría de los seguidores de una religión defienden su religión afirmando que es la única verdadera, y eso implica que todas las demás son falsas. Pero la Biblia dice algo diferente. Lo que dice es que la verdad no está en ninguna religión, cualquiera que sea, dice que la verdad está en una persona. Más aún, la verdad es una persona. Hablando del Señor Jesucristo, note lo que dijo Juan en su Evangelio. Juan 1:14 dice: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Así es amable oyente, el Señor Jesucristo es lleno de gracia y de verdad. Juan prosigue afirmando que la verdad vino al mundo en la persona de Jesucristo. Observe lo que dice Juan 1:17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Queda claro entonces que la verdad no está en una religión, cualquiera que sea, sino en una persona y esa persona es el Señor Jesucristo. Por eso es que el Señor Jesucristo dijo lo que Juan recoge en su Evangelio en el capítulo 14 versículo 6: Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

El Señor Jesucristo es el camino, es la verdad y es la vida. No otra forma de llegar a Dios el Padre, sino por medio de Él. La religión, cualquiera que sea, no tiene poder para llevar a un hombre pecador a una relación personal con Dios Padre. El único que puede realizar esto es el Señor Jesucristo. De manera que si una persona tiene a Cristo como su Salvador, tiene la verdad, o está en la verdad. Si por contraste, una persona no tiene a Cristo como su Salvador, no tiene la verdad, o no está en la verdad, cualquiera sea la religión que practique. Cristo Jesús es la verdad, amigo oyente, no una religión. El libro de Apocalipsis dice que El Señor Jesucristo es el Verdadero. Apocalipsis 3:7 dice: Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:

La evidencia es concluyente en cuanto a que la verdad es una persona, no una religión. Esa persona es el Señor Jesucristo. Para que Usted, amable oyente tenga la verdad o esté en la verdad, necesita tener al Señor Jesucristo en su vida. Esto no resulta de someterse a algún rito de alguna religión, cualquiera que sea, sino que resulta de recibir por la fe al Señor Jesucristo como Salvador. Si todavía no ha tomado esta decisión debe hacerlo lo antes posible. Muy bien. Ahora vamos al segundo asunto. ¿Cuándo es válido un matrimonio? Pues, en la Biblia se ve al matrimonio como un compromiso, o un acuerdo o un pacto entre un hombre y una mujer quienes voluntariamente desean vivir el resto de sus días como esposos. En primer lugar, es un compromiso ante Dios. Cuando una pareja está segura que la voluntad de Dios es que vivan juntos como marido y mujer, deben presentarse ante Dios, los dos solos para comprometerse ante él a amarse el uno al otro, a respetarse el uno al otro, a ser fiel el uno al otro, a sacrificarse el uno por el otro hasta que la muerte o la venida del Señor los separe. En segundo lugar, el matrimonio es un compromiso ante las autoridades civiles. Dios ha puesto en cada país autoridades y una ley para que sea respetada tanto por las autoridades como por los que están bajo ellas. Cada país tiene sus propias autoridades y su propia ley. La pareja que desea casarse debe someterse a lo que determina la ley de su país. Este principio se sustenta en pasajes bíblicos como Romanos 13:1-2 donde dice: Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

De modo que para que su matrimonio sea válido, la pareja tiene que someterse a lo que las autoridades del país determinen. Esto se llama el matrimonio civil. Por último, en tercer lugar, el matrimonio es un compromiso ante los amigos, familiares y más relacionados de la pareja. Se trata de hacer saber a todos que a partir de determinado momento, una pareja que previamente ha hecho un compromiso ante Dios y un compromiso ante las autoridades civiles, comienza a vivir juntos, como marido y mujer bajo un mismo techo. El Señor Jesucristo participó en algo así en Caná, justamente donde hizo el primer milagro al cambiar el agua en vino. Esto significa amigo oyente que si una pareja se compromete ante Dios, ante las autoridades civiles y ante la sociedad, está legítimamente casada. Obviamente, algunas parejas prefieren hacer su compromiso ante Dios y ante la sociedad en algún templo, y con eso no hay problema, aunque igual hubiera sido el resultado si lo hicieran en una casa o en cualquier otro lugar que no sea un templo. Para la iglesia católico romana, el matrimonio es uno de los siete sacramentos y por eso demandan como requisito indispensable el matrimonio religioso en una capilla, y sin este requisito, la iglesia católico romana no considera legítimo un matrimonio.

La siguiente consulta nos llega desde el estado Carabobo, Venezuela, es de un joven amigo oyente, quien es creyente y dice que mantiene una lucha titánica con malos pensamientos de tipo homosexual. Sabe que esto es algo malo pero teme ceder a la tentación. Nos pide un consejo.

Gracias por su consulta. En primer lugar, amable oyente, debo indicar que la homosexualidad no es una enfermedad o una condición innata, sino un pecado. 1Corintios 6:9-10 dice: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.
Si la homosexualidad fuera una enfermedad o una condición heredada o un desafortunado accidente genético, Dios sería injusto condenando a los afeminados y a los que se echan con varones. Por eso, Dios ofrece la oportunidad de perdón y restauración para los homosexuales. Entre los creyentes de la iglesia en Corinto había algunos que antes de ser creyentes fueron homosexuales, pero fueron perdonados y restaurados. 1 Corintios 6:11 dice: Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
Por medio del Señor Jesucristo y por el Espíritu De nuestro Dios, los que eran homosexuales fueron lavados, santificados y justificados. Dios ama a los homosexuales, aunque odia la homosexualidad y por eso ofrece perdón de pecado y restauración total. En segundo lugar, amable oyente, entre las muchas manifestaciones de su vieja naturaleza o la carne, está justamente la homosexualidad. Por eso es que Usted está luchando contra esos pensamientos relacionados con la homosexualidad. Pero Usted debe saber que el momento que recibió a Cristo como su Salvador, su viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo y por eso Usted ya no está obligado a obedecer lo que su carne le pide hacer. Usted ha sido librado del poder de su carne o de su vieja naturaleza. Sólo es cuestión que se apropie de esta realidad espiritual. Mi consejo es que Usted llene su mente con la palabra de Dios, y automáticamente saldrán de su mente cualquier pensamiento hacia la homosexualidad. Note lo que dice Salmo 119:9 y 11 ¿Con qué limpiará el joven su camino?
Con guardar tu palabra. En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.
Llene su mente de la Biblia, ore al Señor con frecuencia, sirva con dedicación en la iglesia, y verá como dejan de molestar esos pensamientos hacia la homosexualidad. Que Dios le de la victoria sobre sus malos pensamientos.

 

MUY MALA ELECCIÓN

MUY MALA ELECCIÓN

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-17
a1“¿Quiere acabar con su vida?… Pues hágalo. Yo le ayudo.” No me lo vas a creer pero este es el título de uno de los libros más vendidos de los últimos años en EE.UU. Su autor (me reservo el nombre pues no es mi intención colaborar para nada con la fama que se ha ganado), ofrece a los lectores diferentes maneras de suicidarse, rápida o lenta; dulce a o amarga; con dolor o sin él. Presenta distintos tipos de veneno explicando al detalle los efectos que producen cada uno de ellos y aborda el tema del suicidio como una alternativa viable y una opción cada vez más recomendada. No me extraña que la tasa de suicidio vaya en aumento, pero lanzar al mercado un libro que te ayude a hacerlo… ¡Eso sí que es el colmo!  Lo que acabas de ver nos pone de cara con una realidad alarmante. Los días que transitan los seres humanos sobre esta tierra no es vida. Es cualquier cosa menos vida real, abundante y gozosa. A medida que avanzan en su desafío de ser humanos y en el intento de abrirse paso en esta selva de cemento que nos invade y despersonaliza, sus fuerzas se agotan y sus ganas de vivir se esfuman cada día más. Relaciones interpersonales laceradas, promesas de fidelidad incumplidas, modelos disfuncionales y economía inestable son solamente algunos de los indicadores de que todo está mal, muy mal. Ante esta realidad la solución más viable para muchos es acabar con su existencia. Ignoran, los que así piensan, que el suicidio no es el cese de un problema sino el comienzo de otro de dimensiones mayores.

Pues si los inconvenientes antes mencionados impidieron tu disfrute en esta vida ¿cuánto más el suicidio y el distanciamiento de Dios te amargarán el resto de tu existencia eterna en la condenación que no tiene fin, ardiendo en un lago de fuego y azufre?… ¿Lo ves? No es el fin de todo, es el comienzo. Esta vida es solo la preparación para la otra, la del más allá, y de tu relación con Dios hoy depende tu eternidad mañana.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Decidir acabar con tu vida solo te apresura a comenzar tu condena en la otra vida.

MÁTALO DE CHIQUITO

MÁTALO DE CHIQUITO

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-12
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”. Estas sencillas pero a la vez profundas palabras dejadas por el apóstol Pablo como legado a la humanidad nos revelan un secreto de vital importancia. Si logro matar el pecado en mi pensamiento no tendré que lamentarme luego de haberlo cometido. Si estuviste atento el primer versículo culmina diciendo “en esto pensad” y el siguiente: “esto haced”. Es que somos lo que pensamos, o dicho de otra manera lo que somos es el resultado de nuestros pensamientos. Debemos someter hoy el pecado de nuestra mente si no queremos que nos someta mañana a nosotros. Existe una secuencia conocida por todos pero nunca tarde para volver a repetirla: “Concibe un pensamiento y se tornará en una acción. Actúa de acuerdo a ese concepto y formará en ti un carácter. Persiste en ese estilo de vida y acabarás con un destino de acuerdo a esa conducta”. ¿Dónde comenzó todo?… Sí, en tu propia mente. La mente es la oficina del alma y de la vida toda. En un aspecto somos como recipientes sin tapa. Todo el día entran a nuestra cabeza conceptos, palabras, imágenes, modelos funcionales o disfuncionales. Pero todo lo que entra nos va formando.

Debemos tener un filtro en nuestros pensamientos si no queremos que nuestra mente se transforme paulatinamente en un tacho de basura. Basura informática, relativismo moral y propaganda consumista y cruel que nos condiciona al momento de la toma de decisiones. Estamos en guerra. Nuestro conyugue lo está, nuestros niños en la escuela, nuestros jóvenes en la universidad. Por tal motivo debemos tener bien puesto el casco que defienda nuestras mentes. ¡Y ese casco es la salvación en Jesús!

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Debemos someter hoy el pecado de nuestra mente si no queremos que nos someta mañana.