Confiando en los demás.

Confiando en los demás.

Programa No. 2016-01-14

PABLO MARTINI
a1Todos necesitamos aliento al momento de iniciar proyectos de vida. Todos hemos experimentado, antes de encarar desafíos nuevos, la fusión de dos voces internas. Una nos empuja a la acción. Fue esa idea original, esa emoción inicial, ese proyecto de vida que nos hizo saltar de agitación cuando lo concebimos y decidimos llevarlo a la práctica. Es bueno. Alguien dijo que nunca nada grande fue concebido sin entusiasmo. Sientes que puedes lograrlo, tienes los recursos aunque sean mínimos para comenzar y estás listo para saltar de la banca y entrar en la competencia. Pero a la misma vez todos sentimos también la otra voz. La de los “peros.” Miedo a fracasar, ejemplos de antecesores que también lo intentaron sólo para quedar en ridículo, y cálculos que, humanamente hablando, nos dejan con un saldo en contra. Es justamente allí cuando necesitamos a alguien a nuestro lado que nos motive a empezar, continuar y concretar esas metas. De los otros abundan.

Qué triste imagen se forja alrededor de aquella persona que nunca confía en los demás. Aquellos que cercioran las oportunidades. Sub estiman las capacidades ajenas y sobrestiman las propias. Antes de animar a los demás a que se superen en sus logros les recuerdan sus faltas y les dicen que mejor se queden en el lugar en el que están porque seguramente alguien más capacitado hará mejor la tarea. Mayormente, los que mantienen una postura insensible a los emprendimientos y a las virtudes ajenas han olvidado que han llegado al lugar al que han llegado porque alguien confió en ellos, les animó e ignoró sus faltas cometidas. ¡Qué triste que ellos no hagan lo mismo con sus subordinados! Nuestro mundo necesita personas que alienten, que animen, que estimulen. Que estén dispuestos a creer en los demás aunque esto implique un riesgo potencial. Es un paso de fe. Cristo nos dio el ejemplo al comisionar a un Pedro traidor, al inspirar confianza a un Tomás incrédulo y al llamar a una samaritana marginada. Debes empezar a confiar en las personas que Dios puso a tu lado con amor. Ese verdadero amor que echa fuera el temor.

 

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Estudio Biblico

Estudio Biblico

Programa No. 2016-01-13

DAVID LOGACHO
Es un gozo saludarle amable oyente. Bienvenida, bienvenido a nuestro estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando las diferentes metáforas de la iglesia de Cristo, las cuales aparecen en el Nuevo Testamento. Ya hemos visto que la iglesia de Cristo es un rebaño con un pastor, labranza de Dios, edificio de Dios, templo de Dios y el cuerpo de Cristo. En esta ocasión vamos a considerar otra metáfora de la iglesia de Cristo.
a1DAVID LOGACHO
Las metáforas son formas muy efectivas de comunicar cosas espirituales. Mucho hemos ganado en comprender la iglesia de Cristo al pensar en un rebaño con un pastor, o la labranza de Dios, o el edificio de Dios, o el templo de Dios o el cuerpo de Cristo. Veamos una nueva metáfora de la iglesia de Cristo. Se encuentra en Efesios 2:13-15. La Biblia dice: Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Eph 2:14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

Eph 2:15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

El personaje central de este pasaje bíblico es Cristo Jesús. Por otro lado tenemos a los que en otro tiempo estaban lejos. Esto se refiere a los creyentes en Cristo Jesús. La pregunta es: ¿Con respecto a qué estaban lejos en otro tiempo los que ahora son creyentes? La respuesta la encontramos en Efesios 2:11-12. La Biblia dice: Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

Eph 2:12 En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Aquí tenemos el problema básico. Entre los gentiles y judíos había una barrera infranqueable. El apóstol Pablo dice que los gentiles eran llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne, esto es por los judíos. Para entender algo de esta rivalidad entre judíos y gentiles tenemos que remontarnos miles de años atrás. Allí encontramos a Dios escogiendo a un pueblo para por medio de él darse a conocer al mundo. Era el pueblo de Israel. La idea de Dios era que por medio de Israel, Dios pudiera arrojar su luz sobre el mundo incrédulo sumido en la oscuridad del pecado. Pero Israel se desvió del propósito original de Dios. Muy pronto, Israel se sintió orgulloso de haber sido escogido por Dios y pensó que era por su propio mérito. En su jactancia despreció a todos los demás pueblos. Tal fue su orgullo, que pensaban que los seres humanos eran de dos clases. La clase superior, formada por los judíos y la segunda clase, formada por todos los que no son judíos. Algunos judíos despreciaban tanto a los gentiles, que pensaban que los gentiles eran poco menos que animales. Otros judíos despreciaban tanto a los gentiles que pensaban que los gentiles habían sido creados con el único propósito de avivar las llamas del infierno. Es decir, amable oyente, que el judío sentía un verdadero odio hacia el gentil. Pero los gentiles no eran necesariamente las víctimas de los judíos. Los gentiles hicieron a la perfección su trabajo de hacerse odiar por los judíos. Es decir, amable oyente, que los gentiles no eran exactamente unos angelitos. Por eso es que varias veces los gentiles intentaron por diversos medios exterminar a los judíos. Tenemos entonces que había una guerra abierta entre judíos y gentiles. En esas condiciones, los gentiles no tenían al Mesías, al Cristo, los gentiles estaban alejados de la ciudadanía de Israel. Los gentiles eran ajenos a los pactos de la promesa. Los gentiles estaban sin esperanza y sin Dios en el mundo. En otras palabras, los gentiles estaban en total desventaja en relación con los judíos. Esta eran las condiciones prevalecientes cuando vino Cristo al mundo en la persona de Jesús. Cristo realizó su ministerio terrenal y una vez terminado se ofreció a sí mismo en la cruz por el pecado del hombre. Luego de ser sepultado, resucitó al tercer día y más tarde fue ascendido a la gloria de su Padres. Los gentiles que creyeron en él sufrieron un cambio radical. Habiendo estado lejos, sin esperanza y sin Dios en el mundo, llegaron a estar cercanos por la sangre de Cristo. Esto es porque Cristo es quien hizo la paz, quien de ambos pueblos, judíos y gentiles, hizo uno, derribando la pared intermedia de separación. Alguna vez alguien me contó esta historia. Durante la segunda guerra mundial, una patrulla del ejército norteamericano se introdujo en terreno enemigo para hacer un trabajo de inteligencia. Por alguna razón fueron detectados por el enemigo y se produjo un intercambio de fuego, resultado de lo cual murió un integrante de la patrulla norteamericana. Cuando llegó la noche, el resto de los compañeros de patrulla reconocieron que no podían regresar a su cuartel con el cadáver y decidieron darle sepultura allí donde estaban. Buscaron un cementerio y encontraron uno que quedaba en el terreno de una iglesia católico romana. Hablaron con el cura y le explicaron lo que había pasado y el deseo de enterrar a su compañero muerto en el cementerio de la iglesia católico romana. El cura preguntó: ¿De qué religión era el difunto? Los soldados respondieron: Protestante. El cura dijo entonces: Lo siento, pero este cementerio es solamente para católicos romanos, así que no pueden enterrar aquí a su compañero muerto. Después de tanto hablar, el cura accedió a que enterraran al difunto justo al borde de la cerca alambrada del cementerio, pero por el lado de afuera. Así lo hicieron y con dolor en su corazón los soldados retornaron a su cuartel. Tiempo más tarde, cuando terminó la guerra, los soldados que formaban parte de esa patrulla quería dejar una ofrenda floral en la tumba de su compañero caído en combate. Localizaron el cementerio, llegaron a la cerca alambrada pero por más que buscaron no encontraron la tumba de su compañero. Preocupados fueron donde el cura y le preguntaron qué había pasado. El cura dijo: Cuando ustedes se fueron aquella noche, no podía dormir. La conciencia me molestaba por no haberles permitido enterrar a su compañero dentro del cementerio, así que temprano a la mañana del siguiente día, pedí al jardinero que mueva la cerca alambrada un metro más afuera de donde estaba originalmente, así que su amigo está ahora enterrado dentro del cementerio. Eso es exactamente lo que hizo Cristo con su muerte a favor de los creyentes gentiles. Cristo movió la alambrada para que los creyentes gentiles sean uno con los judíos. Cristo abolió en su carne las enemistades entre judíos y gentiles. Cristo abolió en su carne la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas. Y como resultado de eso, Cristo creó en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz. Aquí está justamente la metáfora de la iglesia de Cristo. La iglesia de Cristo es un nuevo hombre. Existen dos palabras en el idioma griego para expresar la ida de nuevo. La una es naos que significa nuevo en el tiempo. Es la palabra que usaríamos para hablar del último vehículo ensamblado de cierto modelo. La otra palabra es kainos que significa de un carácter totalmente diferente a lo que ha existido. Es la palabra que usaríamos para hablar de un modelo de vehículo totalmente diferente a todos los modelos de vehículos que hasta ese momento han existido. Cuando la Biblia dice que la iglesia de Cristo es un nuevo hombre está usando el segundo sentido de la palabra nuevo, lo cual significa que la iglesia de Cristo es algo que nunca antes existió, algo nuevo en carácter. La característica más importante de este nuevo hombre es que no admite diferencia entre sus integrantes. En la iglesia de Cristo no hay judío ni gentil, no hay pobre ni rico, no hay sabio ni necio, no han hombre ni mujer. Todos somos uno en Cristo Jesús. Todos somos lo mismo en Cristo Jesús. Gálatas 3:28 dice: Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Si el cuerpo de Cristo, el cual somos miembros usted y yo, es uno, en el cual Cristo no hace diferencias. ¿Qué derecho tenemos nosotros de hacer diferencias entre los miembros del cuerpo de Cristo? Hacer acepción de personas dentro de la iglesia de Cristo es algo condenado por Dios amable oyente. Santiago 2:9 dice: Pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado.

PABLO LOGACHO
Y de esta forma llegamos nuevamente al término de una edición mas de nuestro programa LA BIBLIA DICE… Queremos agradecer profundamente a todos los que con sus oraciones y ofrendas hacen posible que cada día lleguemos a mas lugares. Pero antes quiero dejar con ustedes la PREGUNTA DEL DIA. Que hoy nos habla de un creyente que está lastimado emocional y espiritualmente. ¿De que forma se le puede ayudar? Busque la respuesta en nuestra página Web y además conozca todo el material que está a su entera disposición, y en forma gratuita, la dirección es: labibliadice.org. Bendiciones y le esperamos en nuestra próxima edición.
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Concéntrate en el Maestro.

Concéntrate en el Maestro.

Programa No. 2016-01-13

PABLO MARTINI
a1Necesitaba realizar un trabajo en madera para una decoración de la boda de mi hija Ailén. Cuando entramos al taller del maestro junto a mi padre ambos cruzamos una mirada de duda acerca de si estábamos en el lugar correcto. El espacio era muy estrecho, la construcción muy humilde y sólo contaba con la herramientas básicas que, si bien las tenía muy ordenadas y limpias, apenas si llenaban su mesa de trabajo. Pero era lo único que encontramos disponible y acordamos el trato. Apenas empezó a trabajar frente a nuestros ojos se dejó ver que conocía a la perfección su oficio. Usaba esas pocas herramientas con tal precisión que en pocos minutos disipó toda duda. Realmente hizo un excelente trabajo. No hubo nada que objetarle. La verdad es que si nos hubiésemos concentrado en las herramientas o el entorno del lugar hubiéramos salido como entramos.
Me imaginaba que en el taller de la vida también te vas a encontrar a diario con personas y situaciones que, a primera vista, son indeseadas, inesperadas, de poco valor. No son de tu agrado, más bien te resulta incómodo tratar con ellas. Pero si aprendemos a verlas como herramientas, instrumentos en las manos de Dios, si nos concentramos en Aquel que usa la herramienta antes que en la herramienta que usa, podemos sacar bendición de esas personas o situaciones a cada paso. Sí. Cada persona que pasa por tu vida es una herramienta que Dios escogió para perfeccionar Su Obra en ti. Quizás a ti te parece que es mejor esta o aquella persona para compartir esta etapa de tu vida, pero no olvides que Él te conoce mejor que tú mismo y sabe qué es lo que necesitas y qué es lo mejor para ti, aunque a ti no te guste. Así podremos desarrollar nuestro carácter y aprenderemos a cultivar una convivencia más armónica con aquellos que nos rodean. De ahora en adelante concéntrate en el Maestro y no tanto en las herramientas.
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Estudio Biblico

Estudio Biblico

Programa No. 2016-01-12

DAVID LOGACHO
Saludos cordiales amable oyente y la bienvenida a una nueva entrega de nuestro estudio bíblico. Estamos tratando el tema de la iglesia y las diferentes metáforas que de ella aparecen en el Nuevo Testamento. En esta ocasión vamos a estudiar acerca de otra metáfora de la iglesia de Cristo.
DAVID LOGACHO
a1Una de las formas más prácticas y llamativas de comunicar verdades espirituales en la palabra de Dios es por medio de metáforas. Una metáfora es una figura de lenguaje por la cual se traslada el sentido recto de las voces en otro figurado, en virtud de una comparación tácita. Ya hemos visto que la iglesia de Cristo es un rebaño con un pastor. La iglesia de Cristo es la labranza de Dios. La iglesia de Cristo es el edificio de Dios y la iglesia de Cristo es el templo de Dios. En esta ocasión vamos a considerar otra metáfora de la iglesia de Cristo. Se encuentra en Efesios 1:22-23. La Biblia dice: y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,

Eph 1:23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Este texto nos está hablando de Jesucristo, quien resucitó de los muertos y se sentó a la diestra de Dios en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero. Todo esto fue el resultado de la exaltación de Cristo, después que fue humillado hasta lo sumo en este mundo. Pero la exaltación no sólo tuvo su efecto en las esferas celestiales sino también en las esferas terrenales. Por eso el texto leído dice que Dios sometió todas las cosas bajo los pies de Cristo y en esas condiciones, note amable oyente, Dios dio a Jesucristo por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia de Cristo. El hecho que Jesucristo sea la cabeza de algo nos obliga a pensar que también debe haber un cuerpo y efectivamente es así. El cuerpo es la iglesia de Cristo. El cuerpo que es la iglesia de Cristo, con su cabeza que es Cristo mismo, es algo completo y armónico. Por eso el texto leído dice que él es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Muy bien. Lo dicho nos muestra entonces que otra metáfora de la iglesia de Cristo es un cuerpo. La metáfora es de lo más ilustrativa. Son varios los asuntos que sobresalen. Primero, el cuerpo demanda de una cabeza. La cabeza del cuerpo es Cristo. Note lo que nos dice Colosenses 2:9-10 en cuanto a Cristo como cabeza: Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,

Col 2:10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.

Cristo como cabeza de la iglesia es algo realmente extraordinario. Cristo es Dios mismo, por eso el texto dice que en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Sólo alguien así puede ser la cabeza de todo principado y potestad y también la cabeza de la iglesia de Cristo, la cual es su cuerpo. Algo muy digno de notarse es el hecho que los creyentes estamos completos en Cristo. Esto es muy importante, amable oyente. No son pocas las veces que me encuentro con creyentes que se han embarcado en lo que yo llamaría la conquista del algo más. Parece que para ellos, estar en Cristo no es suficiente y es como si les faltara algo. Justamente por eso se dedican a buscar algo más. Piesan que si tan solo pudieran tener una experiencia sobrenatural, ya estarían completos, si sólo pudieran al menos presencia o mejor aún realizar señales, prodigios y milagros, ya estarían completos. Y como eso nunca pasa, se sienten creyentes de segunda clase y con desesperación corren de aquí para allá para recibir su milagro, no importa donde sea ni como sea. Pero cuan distinto es lo que encontramos en la Biblia. La Biblia enseña que Cristo es la cabeza de la iglesia y que nosotros estamos en Cristo y que en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad y que por tanto, usted y yo que somos creyentes, estamos completos en él. No nos hace falta nada más amable oyente. No necesitamos más de Dios ni de Cristo, ni del Espíritu Santo, porque ya tenemos todo de cada uno de ellos. Lo que si nos falta mucho es que Dios tenga más de nosotros, porque nos resistimos a darnos todo a él. Lo que si nos falta es que Cristo tenga más de nosotros, porque no nos gusta que él reine y gobierne todas las áreas de nuestra vida. Lo que sí nos falta mucho es que el Espíritu Santo tenga más de nosotros, porque nos resistimos a que él controle todos nuestros asuntos y pensamientos. No deberíamos cantar: Yo quiero más y más de Cristo, sino Cristo quiere más y más de mí. Volviendo a la metáfora del cuerpo, en segundo lugar, todo cuerpo tiene miembros. Los miembros del cuerpo de Cristo que es la iglesia somos todos aquellos que hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador. Fue por el bautismo con el Espíritu que todos los que somos creyentes fuimos introducidos en el cuerpo de Cristo que es la iglesia. Ningún creyente ha sido dejado fuera del cuerpo de Cristo que es la iglesia y por tanto ningún creyente ha dejado de ser bautizado con el Espíritu Santo. En tercer lugar, en un cuerpo, no todos los miembros tienen la misma función. En el cuerpo humano, algunos miembros son brazos, manos, piernas, pies ojos, nariz, oídos, hígado, riñones, estomago. Cada miembro tiene su función particular dentro del cuerpo y no hay competencia entre los miembros. Ni descontento porque un miembro es pie y no ojo. Lo mismo es en la iglesia de Cristo, cada miembro tiene una función específica dentro del cuerpo y no debe haber competencia entre miembros del cuerpo ni tampoco descontento entre miembros del cuerpo a causa de las diferente funciones de cada uno de los miembros. En cuarto lugar, la función principal de todo cuerpo es manifestar a la persona al mundo que le rodea. El cuerpo es el vehículo por el cual se expresa una persona. Sólo por un instante imagínese que se separa de su cuerpo. Si ese fuera el caso, no podría comunicarse con ninguna persona en este mundo, no podría percibir lo que sucede a su alrededor. Le faltaría el vehículo para poder expresarse como persona. Lo mismo sucede en la iglesia de Cristo como el cuero de Cristo. La iglesia de Cristo es el vehículo por el cual Cristo se expresa en este mundo. ¿Se ha puesto a pensar en esta realidad, amable oyente? Repito lo dicho. La iglesia es el vehículo por el cual Cristo se expresa en este mundo. En otras palabras, el mundo no puede ver más de Cristo en el mundo que lo que ve de Cristo en la iglesia. Esto por un lado es un privilegio enorme para los creyentes, quienes somos miembros del cuerpo de Cristo. Pensar que Cristo en su gracia y sabiduría ha decidido manifestarse al mundo a través de nosotros los creyentes. No hay privilegio tan grande como ese. Pero todo privilegio tiene aparejado su responsabilidad. Así como no hay privilegio más grande para los creyentes que se el vehículo por el cual se manifiesta Cristo en el mundo, también no hay responsabilidad más grande para los creyentes que ser el vehículo por el cual Cristo se manifieste en el mundo. La gran pregunta para usted y para mí, amable oyente, es esta: Siendo que como creyentes somos miembros de la iglesia de Cristo, ¿Qué es lo que el mundo está viendo de Cristo en cada uno de nosotros? Puesto más directamente: Cuando el mundo me ve a mí, ¿Qué es lo que mira? ¿Será que mira a un Cristo con «c» minúscula? Es decir un Cristo distorsionado por el pecado. Un Cristo tan torcido que está mezclado con chisme, con odio, con envidia, con orgullo, con vicios, con vocabulario soez. O está mirando al Cristo con «c» mayúscula, un Cristo verdadero, un Cristo que se manifiesta a través de mí con amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre y templanza. ¿Sabía que su vida es un libro abierto al mundo en el cual vivimos? ¿Qué es lo que el mundo lee cuando mira las páginas de su vida? Quiera Dios que el mundo lea a Cristo, amable oyente. Que nuestras vidas despidan el olor fragante de la nueva vida que tenemos en Cristo, pero qué trágico que sería si nuestras vidas como creyentes despidan el olor a muerte del pecado que estamos cometiendo. Bien se ha dicho que nuestro testimonio como creyentes impulsa o frena el avance del cristianismo en el mundo. En cierta ocasión preguntaron al gran estadista hindú Mahatma Gandhi: En su opinión, ¿por qué no ha crecido el cristianismo en la India? Ghandi se quedó pensativo un instante y luego dio una respuesta impactante. Por los cristianos… fue su respuesta. Lo que sucede es que años antes Gandhi se había sentido atraído por el cristianismo, pero vio tantos malos ejemplos de cristianos que dijo: No, para ser como uno de ellos, mejor me quedo como estoy. Así es amable oyente, los creyentes somos el cuerpo de Cristo y como tal manifestamos a Cristo al mundo incrédulo en el cual vivimos. ¿Qué tipo de Cristo estamos manifestando?

PABLO LOGACHO
Agradecemos su sintonía en el día de hoy, y le recordamos que LA BIBLIA DICE… se sostiene gracias a las oraciones y donativos de los hermanos que comprometidos con la gran comisión han decidido apoyarnos, si Usted desea tener parte en esto, contáctese con nosotros para indicarle la manera de hacerlo y… antes de despedir el programa de hoy quiero invitarle a visitar nuestra página Web y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DIA. ¿Es correcto que los creyentes vistan de luto cuando muere otro creyente? Nuestra dirección es: labibliadice.org Bendiciones y le esperamos en nuestra próxima edición.
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Como agua estancada.

Como agua estancada.

Programa No. 2016-01-12

PABLO MARTINI
a1Una nota interesante respecto a la geografía de la nación de Israel, es lo que sucede con el río Jordán. Este emblemático río que cruza las páginas del relato bíblico casi en su totalidad nace en la región norte del país, Galilea y abastece el mar del mismo nombre llenándolo de aguas dulces y ricas en minerales y peces que abundan en la región. Luego de fertilizar sus costas con una rica resaca sigue su curso hacia abajo, atraviese más de la mitad del país y entra en otra cuenca acuífera que lleva por nombre Mar Muerto o Mar salado. En esta ocasión, a diferencia de la anterior, el agua del río entra pero no sale. No tiene ningún cauce natural. De tal manera que el agua estancada se evapora bajo el ardiente sol aumentando la concentración salina que mata, literalmente, toda vida. (De ahí su nombre) Es la misma agua, es el mismo río Jordán, es el mismo país pero en una ocasión el agua entra y sale renovándose para vida y en la otra entra pero nunca sale estancándose para muerte.

Si aplicamos esta analogía al Reino de Dios, podemos decir que toda bendición que no se comparte se echa a perder. Cuando el endemoniado gadareno, luego de la liberación de su cuerpo y de su alma le rogó al Señor entrar en su barca para unirse al grupo evangelístico, Jesús se lo impidió y le dijo: “No. Vete a los tuyos y cuenta cuán grandes cosas ha hecho el Señor contigo.” Cuando Pedro se deslumbró viendo su gloria en aquel monte de la transfiguración quiso detener ese momento haciendo una morada para los allí presentes y Dios no atendió ese deseo, porque en el valle había una multitud necesitada de asistencia espiritual y ellos tenían lo que los otros necesitaban. Sentimos siempre la tendencia a retener aquellas cosas que nos benefician y prolongarlo indefinidamente, y cuando no podemos casi con un aire de nostalgia decimos: “Lo bueno siempre dura poco”. Pero Jesús sabía que la mejor manera de retener una bendición es compartiéndola y eso es lo que debemos practicar también nosotros.

Seremos los primeros bendecidos.

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Metáforas de la Iglesia de Cristo

Metáforas de la Iglesia de Cristo

Programa No. 2016-01-11

DAVID LOGACHO
Es un gozo contar con su sintonía amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. El tema general de nuestros últimos estudios bíblicos es la iglesia de Cristo. Estamos examinando las diferentes metáforas de la iglesia de Cristo que aparecen en El Nuevo Testamento. En esta ocasión vamos a tratar acerca de una m
CORTINA
DAVID LOGACHO
En Efesios 5:25 encontramos palabras memorables acerca de la iglesia de Cristo, pronunciadas por un renombrado apóstol. Dice allí el apóstol Pablo: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

a1Ya hemos visto que la iglesia de Cristo no es un edificio ni una organización ni una denominación. La iglesia de Cristo es un organismo viviente, formado por todos aquellos que han recibido a Cristo como su Salvador. Este grupo de creyentes, es algo precioso para Cristo, por eso él lo amó. A los ojos del mundo la verdadera iglesia de Cristo es despreciable, y consecuentemente ha sido perseguida, humillada y cuestionada, pero a los ojos de Cristo, la iglesia es preciosa, tan preciosa que es el objeto de su amor. El amor de Cristo por su iglesia es tal, que se entregó a sí mismo por ella. Esto nos hace pensar en el elevado precio que Cristo tuvo que pagar para comprar su iglesia. El precio fue su vida misma. Por eso el versículo leído dice que Cristo se entregó a sí mismo por ella. Cristo pagó el precio para comprar su iglesia, por tanto la iglesia le pertenece con absoluta legitimidad. A veces escuchamos a personas, pastores o ancianos, decir algo como lo siguiente: En mi iglesia hacemos tal o cual cosa. Los creyentes también suelen decir cosas como: En nuestra iglesia tenemos un programa especial. Frasees así, aunque sean bien intencionadas, sin embargo no se ajustan a la realidad de los hechos por cuanto comunican que la iglesia pertenece a los pastores o ancianos a un grupo de creyentes, pero como ya ha quedado establecido, la iglesia de Cristo pertenece a Cristo, no importa si estamos hablando de la iglesia universal o la iglesia local. Debemos cuidar la forma de expresarnos al hablar de la iglesia de Cristo, no sea que sin querer estemos dando como nuestro algo que no es nuestro de ninguna manera, porque no son los pastores o los ancianos o lo creyentes quienes murieron por la iglesia sino el Señor Jesucristo. Por otro lado, amable oyente, si la iglesia de Cristo es el objeto el amor de Cristo, debemos tener extremo cuidado en la forma como la tratamos. permítame una ilustración para enfatizar este punto. Mi esposa es el objeto de mi amor.

Para mí no existe peor ofensa que aquella irrogada en contra de mi esposa. ¿Sabe por qué? Porque mi esposa es el objeto de mi amor. Es como la niña de mis ojos. Cuando ella es atacada, realmente lo siento en lo más profundo de mi corazón. Igual es con Cristo amable oyente. La iglesia de Cristo es el objeto del amor de Cristo. La iglesia de Cristo es la niña de los ojos de Cristo. Si yo hago algo en contra de la iglesia de Cristo, estoy hiriendo a Cristo donde más le duele. Y si por si acaso no sabe como se puede ofende a la iglesia de Cristo, quiero decirle que es por medio de ofender a los que somos parte de la iglesia de Cristo. Esta verdad es supremamente clara en el relato de la conversión de Saulo de Tarso, quien llegó a ser el apóstol Pablo. Antes de su encuentro personal con Cristo, Saulo de Tarso era un perseguidor de la iglesia de Cristo. Su misión era arrestar a los creyentes para llevarlos ante las autoridades en Jerusalén. Cierto día se dirigía a Damasco para cumplir con su protervo plan. Mas yendo por el camino, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que decía: Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues? Saulo quedó perplejo por la experiencia y preguntó: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Saulo debe haber quedado más sorprendido aún por estas palabras de Jesús. Quizá pudo haber dicho: Pero Jesús, yo no te estoy persiguiendo. Yo estoy persiguiendo solamente a los que te siguen, a tu iglesia. Cristo entonces hubiera respondido: Saulo, tengo una noticia para ti. El perseguir al más insignificante miembro de mi iglesia, en realidad es como si me estuvieras persiguiendo a mí. Por eso fue que Jesús dijo: Yo soy Jesús a quien tú persigues. Saulo debió haberse quedado petrificado. Al atacar a los creyentes estaba atacando a Jesús. Esto es algo extremadamente serio. Por eso Jesús dijo a Saulo las palabras: dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Quien sale perdiendo al atacar a los creyentes es el que ataca, amable oyente. Igual es hoy en día. Cuando una persona insulta o persigue o humilla a un creyente, está en realidad insultando o persiguiendo o humillando a Cristo mismo. Esto es cosa seria amable oyente. Es como dijo Cristo, cosa dura, es como dar coces contra el aguijón. El que sale perdiendo es el ofensor, no el ofendido. Por eso, cuidado amable oyente con ofender a otro creyente. Será Cristo quien reciba esa ofensa y realmente es altamente riesgoso atentar contra el Rey de Reyes y Señor de Señores. Dicho esto, pasemos a examinar una nueva metáfora de la iglesia de Cristo. Recuerde que las metáforas son figuras de lenguaje que nos ayudan a comprender cosas espirituales. Ya hemos visto que la iglesia es como un rebaño con un pastor. También es como la labranza de Dios. También es como el edificio de Dios. La metáfora que vamos a examinar en esta ocasión se encuentra en 1 Corintios 3:16. La Biblia dice: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Aquí tenemos otra metáfora de la iglesia de Cristo. Según este texto la iglesia de Cristo es el templo de Dios. En el idioma en el cual se escribió el Nuevo Testamento existen dos palabras que se pueden traducir como templo. La una es hieron que significa el templo en su forma global. Es decir, que si pensamos por ejemplo en el templo de Jerusalén, hieron, denota todo el templo con el muro exterior con sus puertas, el atrio exterior, el enlosado, el atrio interior con sus puertas, la cámara para lavar los animales para el sacrificio, las cámaras para los sacerdotes, el lugar santo y el lugar santísimo. Es decir la edificación completa. La otra palabra que se traduce como templo es naos, que a diferencia de la anterior, significa solamente el lugar santo y el lugar santísimo donde entraba una sola vez por año el sumo sacerdote para hacer su ofrenda. La palabra naos viene de una raíz que significa morar. Es una alusión al lugar donde mora Dios. Dios moraba en el lugar santísimo del templo. Ahora note esto amable oyente. La palabra que se ha traducido como templo en 1 Corintios 3:16 para referirse a la iglesia de Cristo no es hieron que significa la edificación completa sino naos que significa el lugar santo y el lugar santísimo. Algunas traducciones del Nuevo Testamento han incorporado esta diferencia en la traducción y han traducido la palabra naos como santuario. Es decir que el versículo en 1 Corintios 3:16 se leería así: ¿No sabéis que sois santuario de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Esto es muy significativo amable oyente. La iglesia de Cristo es el santuario de Dios. Es el lugar donde mora Dios. Hoy en día Dios no habita en templos hechos con manos de hombres. Nadie puede decir con propiedad que va a un templo a encontrarse allí con Dios porque Dios no mora en edificios o templos por más adornados y sofisticados que sean. Hoy en día Dios mora en la iglesia de Cristo porque la iglesia de Cristo es el santuario de Dios. Es decir amable oyente, que más vale que en la iglesia de Cristo predomine la santidad. Los sacerdotes del Antiguo Testamento no podían entrar así no más a lugar santo a realizar sus ritos. Antes de entrar al lugar santo debían pasar por un complicado rito de purificación. Lo que pasa es que la morada de Dios es santa y santos deben ser los que allí entran. Esto nos dice que la iglesia de Cristo también debe ser santa. 1 Pedro 1:15-16 dice: sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;

1Pe 1:16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

Es decir amable oyente, que los que somos parte de la iglesia de Cristo no podemos coquetear con el pecado. No podemos vivir en el pecado, no podemos acariciar el pecado. Si lográramos tomar conciencia que como creyentes somos el santuario de Dios, estoy seguro que pensaríamos muchas veces antes de ceder a la tentación a pecar. Un pensamiento final amable oyente. Además de ser santuario de Dios, la iglesia de Cristo es santuario del Espíritu de Dios. Esto es una doble responsabilidad. Cuidado con manchar con el pecado algo que debe ser santo porque es la morada de Dios y del Espíritu de Dios.

CORTINA
PABLO LOGACHO
Agradecemos su sintonía en el día de hoy, y le recordamos que LA BIBLIA DICE… se sostiene gracias a las oraciones y donativos de los hermanos que comprometidos con la gran comisión han decidido apoyarnos, si Usted desea tener parte en esto, contáctese con nosotros para indicarle la manera de hacerlo y… antes de despedir el programa de hoy quiero invitarle a visitar nuestra página Web y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DIA. ¿Es correcto que los creyentes vistan de luto cuando muere otro creyente? Nuestra dirección es: labibliadice.org Bendiciones y le esperamos en nuestra próxima edición.

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“Clichés” intrascendentes.

“Clichés” intrascendentes.

Programa No. 2016-01-11

PABLO MARTINI

a1“Hola. ¿Cómo está?» «Bien». Esto no es exactamente lo que llamaríamos una conversación profunda. Este breve intercambio de palabras es común entre amigos y conocidos que se cruzan y saludan con uno o dos clichés. Estos ya son parte de la vida, y con ellos saturamos oraciones y párrafos. Pero cuando este es en esencia la clase de comunicación entre dos personas, sus relaciones se quedan en un nivel bien superficial. A veces la verbosidad también está llena de datos y opiniones. Puedes ser capaz de utilizar palabras profundas, pero aún te escondes detrás de tus propias y elocuentes palabras. Solo cuando se exteriorizan sentimientos y emociones sinceros uno puede conocer, amar y ayudar a la persona. A menudo, los patrones de comunicación superficial se vuelcan también en nuestras pláticas con Dios.

Esto es muy triste. Muy fácilmente nos deslizamos sobre líneas muy trilladas que hemos recitado por décadas, o rápidamente lanzamos a Dios uno o dos clichés y lo llamamos oración. No hay duda alguna de que Dios escucha y comprende estos intentos débiles, pero cuando limitamos la profundidad de nuestra comunicación, nos volvemos superficiales en nuestra relación con Dios. No obstante, Él nos conoce y quiere tener una comunicación sincera con nosotros. Los verdaderos adoradores que Dios busca confiesan sus pecados, expresan sus dudas y temores, piden ayuda a Dios en tiempos difíciles, lo alaban y adoran. Son creyentes que claman a Dios desde las profundidades de la desesperación, o que le cantan con gran celebración.

Pero ya sea que estén en medio del regocijo o en medio de la desesperación, siempre los notarás expresándole con sinceridad a Dios sus sentimientos. A lo largo de la historia los creyentes han buscado en el Libro de libros el alivio que necesitan durante los momentos de lucha y aflicción. Así, han subido de las profundidades de la desesperación hacia nuevas cimas de gozo y alabanza al descubrir el poder del amor y del perdón eterno de Dios. Permite que la sinceridad te guíe en una relación más genuina y profunda con Dios.

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Caminando en “Su camino.”

Caminando en “Su camino.”

Programa No. 2016-01-10

PABLO MARTINI
a1Como he dicho en otras oportunidades a muchos de nosotros el encontrar la voluntad de Dios para nuestras vidas se nos torna mayormente misterioso. Es incongruente pensar que si nuestros inicios en esta relación espiritual fueron en la luz, el resto del camino se transite en las tinieblas. No. Si vivimos o comenzamos a vivir por el Espíritu, debemos continuar avanzando por ese mismo Espíritu. (Gálatas 5:25) Descubrir la voluntad de Dios no debería ser un acertijo o una incógnita, sino saber que, si tengo un corazón correcto, Él irá adelante enderezando mi camino. La clave del asunto está en la persona que transite el camino no en el camino que transite esa persona. En otras palabras Dios no da claros principios de conducta “andar” y en ese estilo de vida el camino de Dios se abre a nuestro paso. Este principio es aplicable a todos aquellos que hacen lo recto ante sus ojos. Más que descubrir un proyecto especialmente armado para nosotros debemos vivir vidas transparentes que lo honren sea cual sea el ámbito en el cual nos encontremos. Esto no tiene que ver tanto con lo que hacemos sino con lo que somos. Si eres recto tu camino será recto, si eres de doble ánimo transitarás por un camino inconstante. (Santiago 1:8)
La voluntad de Dios se despliega sobre aquel que anhele vivir en santidad, sea que se encuentre en la escuela, en su casa o en el trabajo. Como resultado de ese deseo todo lo que haga será bendecido y hasta sus desaciertos, serán corregidos por el Señor. La voluntad de Dios no es un proyecto de vida desplegado ante ti, sino un estilo de vida expuesto ante Dios. El mismo Jesús dejó sus pisadas marcadas bien profundas en las arenas de la playa de este mundo como para que no puedas perderte. Además, Él te va a hacer saber si te estás apartando, para eso nos dejó a su Espíritu dentro de nosotros para que nos guíe a toda verdad y nos indique el error.

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¿Cuándo y por qué fueron elegidos los libros de la Biblia, en especial los del Nuevo Testamento?

Consultorio Bíblico 868

Programa No. 2016-01-09

PABLO LOGACHO
Nos ha escrito un amable oyente para hacernos la siguiente consulta: ¿Cuándo y por qué fueron elegidos los libros de la Biblia, en especial los del Nuevo Testamento? ¿Con qué autoridad los hombres conformaron el canon del Nuevo Testamento?
DAVID LOGACHO
a1Gracias por su consulta amigo oyente. Ninguno de los libros del Nuevo Testamento fue escrito por el Fundador del cristianismo, en marcado contraste con otras grandes religiones como el Islamismo, cuyo fundador, Mahoma, supuestamente escribió el Corán. La iglesia cristiana contó desde su inicio con el Antiguo Testamento, pero los libros que constituyen el Nuevo Testamento, no fueron escritos sino hasta varias décadas después. Su compilación en un volumen con el Antiguo Testamento vendría todavía más tarde. El reconocimiento de que esos libros poseen autoridad divina es lo que les hace canónicos, o que pertenecen al canon. La palabra canon viene del vocablo griego kanón y este a su vez procede de la palabra hebrea kahneh que se traduce como «caña» o «vara» para medir. Luego la palabra vino a significar cualquier lista de cosas para referencia; por ejemplo, en Alejandría, una lista de escritores clásicos era llamada un canon y Eusebio llamó cánones de los tiempos, a ciertas tablas cronológicas. Este es el significado de la palabra técnica canon en su relación a las Escrituras. El canon de las Escrituras es usado primero en su sentido pasivo, indicando que lo que está siendo medido llega a ser, as su vez, el medio con que medir o comprobar otras cosas. De esta manera la Escritura es primero aquello que es medido o definido de acuerdo a la norma fijada por la iglesia cristiana, y segundo, aquello que, siendo medido, llega a ser por eso mismo la regla para la iglesia en cuanto a los demás casos. La Biblia contiene la lista de libros reconocidos, que han sido medidos por una cierta norma o medida; y por eso ha llegado a ser la medida para otros libros. La palabra fue usada por primera vez, dentro de la cristiandad, por Anfiloquio en el 380 DC, un poeta, quien se refirió al canon de los escritos inspirados por Dios. Orígenes por su parte, había hablado de los libros canonizados, o de los libros puestos en la lista. Posteriormente Jerónimo y Agustín usaron la palabra en un sentido técnico por el año 400 DC. ¿Cuál es entonces, la regla de la iglesia cristiana por la cual un libro es medido o definido como canónico? Una de las muchas declaraciones de fe señala que un libro canónico es aquel de cuya autoridad nunca hubo duda alguna en la iglesia. Obsérvese que la referencia es a su autoridad, no a su autoría. Esta declaración es usualmente considerada como que tiene una debilidad, puesto que no puede ser aplicada a todos los libros, ni a todas las ramas del cristianismo. Incluso los reformadores supieron bien de las dudas que hubo desde un principio en cuanto a algunos libros, aun cuando es muy probable que para el siglo 16 aquellas dudas ya estaban extintas. Por tanto, es probable que la referencia sea a la iglesia en su totalidad, distinguiéndola de las iglesias individuales. El asunto fue originalmente establecido principalmente por la lectura pública y el uso general en las comunidades cristianas.
En los primeros tres siglos nunca hubo un pronunciamiento sobre la materia, excepto por el testimonio de escritores individuales y representativos. No hay evidencia corporativa posible. Pero, cuando ella estuvo disponible y fue necesaria, pronto se vio que no había duda real en cuanto a nuestros libros. El primer testigo corporativo fue el Concilio de Laodicea en al año 364 DC, en donde el testimonio es claro; y cuando la iglesia, como un todo, fue capaz de dar testimonio, se nota que la declaración anterior queda justificada. Las bases para la canonicidad deben ser consideradas. ¿Por qué ciertos libros fueron recibidos y otros rechazados? En una conversación con un amigo, le hice esta pregunta: ¿Cuál es la razón más importante por la cual tú aceptas el Nuevo Testamento? En lo más profundo de tu ser, ¿qué es lo que te hace aceptarlo, mientras que al mismo tiempo rechazas otros libros? Mi amigo me dijo que no lo sabía y que en realidad nunca lo había encarado de tal manera. De modo que proseguí: ¿Lo aceptas porque es antiguo? Hay otros libros aun más antiguos. ¿Lo aceptas porque contiene la verdad? Bueno, hay otros libros que también contienen la verdad. No. Más allá de su edad, más allá de su utilidad, más allá de su verdad, está el fundamento básico, este libro vino de hombres que estaban calificados en forma única para comunicar la voluntad de Dios a los hombres.
La base de nuestra aceptación del Nuevo Testamento es lo que llamamos en lenguaje técnico, su carácter apostólico; por cuanto los libros procedieron bien sea de apóstoles escritores, o por medio de la sanción de los apóstoles. Nuestra opinión del Antiguo Testamento es correspondiente a esto. La razón fundamental es la convicción de que ciertos libros provienen de hombres que fueron divinamente inspirados para revelar y transmitir la voluntad de Dios; profetas en el Antiguo Testamento y apóstoles en el Nuevo Testamento. Los profetas fuero n reconocidos como expositores de la voluntad de Dios, y sus escritos fueron considerados como inmediatamente dotados de autoridad. Luego, gradualmente, esos libros fueron compilados en un solo volumen. Así el Antiguo Testamento representa aquellos libros que Israel aceptó, sobre apropiada evidencia, como la norma divina de fe y práctica, debido a que fueron escritos o producidos por hombres con calidad de profetas. No fue la decisión de la gente la que causó la canonicidad, sino que la canonicidad suscitó su aceptación por parte de la gente. La autoridad vino de Dios a través de los profetas, y el reconocimiento de la parte de la gente fue efecto de la canonicidad. Lo que la gente hizo fue pesar la evidencia, y el resultado fue testimonio antes que fallo o sentencia. De la misma manera, los libros del Nuevo Testamento fueron señalados como de origen apostólico. Esto puede haber sido autoría o sanción, pero no hay duda que la norma primaria de verificación y aceptación fue la creencia de que estos libros provenían de hombres de carácter apostólico; bien sean apóstoles ellos mismos, o sus asociados. De modo que el cimiento de la canonicidad no fue meramente la antigüedad, o la verdad, o la utilidad de los libros, sino, por encima y antes que estas características, porque procedieron de instrumentos de la voluntad de Dios calificados en forma única. Todas las demás pruebas fueron subsidiarias y confirmatorias. Es, por consiguiente, importante y esencial distinguir entre el cimiento de la canonicidad y la base para la convicción de canonicidad. Esta última es ampliamente separada de la anterior, y es algo subjetivo, en tanto que lo primero es racional, objetivo y deja al hombre sin excusa. Es particularmente importante, en este punto, notar lo que la canonicidad realmente implica e incluye.
Ella ha creado una colección de libros, no una revelación. La canonicidad es análoga a la codificación, e implica la existencia previa de libros separados. La autoridad de cada libro de la Biblia sería la misma, incluso si no hubiera habido compilación o codificación. De modo que la autoridad no es la de un volumen, sino la de una revelación. La revelación no vino a causa de la canonicidad sino que la canonicidad vino a causa de la revelación; y la Biblia, como hemos visto, es considerada como revelación, por cuanto se la estima como el registro escrito de la manifestación histórica del Redentor y su verdad. Bien se ha sido dicho que la Biblia no es una colección autorizada de libros, sino una colección de libros autorizados. Esta distinción es vital. Es esencial recordar que la cualidad que determina la aceptación de un libro es que posea revelación divina. De modo que la canonización no elevó a un libro a la posición de Escritura, sino que reconoció solamente lo que ya era Escritura. La canonización fue una decisión basada en el testimonio, y el proceso de incluirlos en el canon fue el reconocimiento de un hecho ya existente. Es verdad, por supuesto, que el proceso de canonización por parte de la iglesia entera implica una autoridad acumulativa, y añade inmensamente fuerza a la posición, representando el testimonio del cristianismo entero; pero nunca debe olvidarse que la autoridad de cada libro separado estaba en el mismo libro desde el principio.
PABLO LOGACHO
LA BIBLIA DICE… es un ministerio cuyo fin es llevar personas a la madurez en Cristo, por ello le invitamos a visitar nuestra página Web y conocer cada uno de los estudios que tenemos a su disposición y por supuesto conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DIA En Isaías capítulo 65 se habla de nuevos cielos y nueva tierra y dice que la gente tendrá descendientes. Pero según Mateo 22:30 Jesús dijo que los que resuciten de los muertos no se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. ¿Por qué entonces en Isaías dice que la gente que viva en esos nuevos cielos y nueva tierra tendrán descendientes? Busque la respuesta en nuestra página en Internet la dirección es: labibliadice.org Hasta la próxima y que Dios le bendiga grandemente.

http://labibliadice.org/consultorio-biblico/serie/programa-no-2016-01-09/?source=mas

Cambios desde adentro.

Cambios desde adentro.

Programa No. 2016-01-09

PABLO MARTINI
a1Queremos, esperamos y exigimos que cambie todo: La sociedad, la política, la economía, las leyes, pero no estamos dispuestos a que cambie nuestro corazón. Ahí justamente comienza el problema, en nuestro corazón. Alguien dijo, y con acierto, que el corazón de todo problema es siempre un problema del corazón. Son cada vez más comunes la pugna por los derechos de los trabajadores, la liberación femenina, el cuidado de nuestro ecosistema tan dañado por el calentamiento global, ¡y eso es muy bueno!, pero cuando tocan mi bolsillo, cuando se meten en mi matrimonio, cuando me piden que use menos el auto y más la bicicleta… pongo el grito en el cielo y digo que esta medida es injusta y dictatorial. ¿Quién nos entiende?… Evidentemente este estado de inconformismo está implantado en la genética de todo ser humano.

Es este espíritu de queja que caracterizó al hombre y la mujer desde sus inicios. Pero todo parte de nuestro interior. No estamos satisfechos con nosotros mismos. Hemos cavado para nosotros cisternas rotas que no retienen agua, como diría el profeta sagrado, y necesitamos ir cada día a llenar nuestros cántaros a un pozo que nunca sacia. En circunstancias similares, Jesús le dijo a una mujer de Samaria: “El que bebiere del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás”. Entonces sí, con nuestro corazón satisfecho con agua de vida eterna aprenderemos a vivir en paz, con reclamos justos pero en paz, con problemas y tormentas pero en paz, porque tenemos la mirada en la cosas de arriba. Allá arriba existe un cielo donde no hay devaluación ni pancartas en reclamo de los derechos, allí hay justicia, hay amor, hay aceptación, porque es el hogar de Jesús y Él se fue diciendo que quiere llevarnos a todos allá.

Cuando aprendes a fijar tu atención en lo eterno, lo terreno pasa a un segundo plano y comienzas a vivir una vida de verdad, una nueva, de la mano de Jesús. ¿Por qué no lo intentas hoy mismo???

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