El viento (1)

Miércoles 16 Junio

Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.Eclesiastés 1:14

¿Proferirá el sabio vana sabiduría, y llenará su vientre de viento?Job 15:2

El viento (1)

En la Biblia, como en el lenguaje corriente, a veces el viento es una imagen de la inutilidad de las cosas. El patriarca Job, quien perdió a sus hijos y todos sus bienes, respondió así a sus amigos que lo acusaban, en vez de consolarlo: “¿Tendrán fin las palabras vacías (o de viento)?” (Job 16:3). ¡Cuántas veces nosotros también pronunciamos palabras que se lleva el viento, sin producir un efecto positivo!

Entre las grandes actividades del hombre, ¡cuántas solo producen un resultado pasajero! “¿Y de qué le aprovechó trabajar en vano?”, dice Eclesiastés (cap. 5:16), quien repite esta triste frase: “¡He aquí que el todo es vanidad y correr tras el viento!” (cap. 1:14, V.M.). ¿Por qué no buscar valores más seguros?

La Biblia nos habla de lo que es estable, de lo que permanece:

– La Palabra de Dios: “Sécase la hierba, marchítase la flor”, este es el resultado de todo lo que el hombre piense o haga en la tierra. “Mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8; ver Marcos 13:31). Ni una jota, ni una sola letra de esta palabra desaparecerá, todo se cumplirá, dice el Señor. Él es el garante (Mateo 5:18). Sentado en su trono en el cielo dijo a Juan: “Estas palabras son fieles y verdaderas” (Apocalipsis 21:5).

– Su justicia: “Su justicia permanece para siempre” (Salmo 111:3).

– Su verdad: “La verdad del Señor permanece para siempre” (Salmo 117:2, V.M.).

– Su bondad: “Alabad al Señor de los señores, porque para siempre es su misericordia” (Salmo 136:3).(mañana continuará)

2 Reyes 17:1-23 – Efesios 4:17-32 – Salmo 71:12-18 – Proverbios 17:13-14

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¿Casualidad o plan de Dios?

Martes 15 Junio

El corazón del hombre piensa su camino; mas el Señor endereza sus pasos.Proverbios 16:9

¿Casualidad o plan de Dios?

Las palabras “suerte”, “casualidad” o “azar” pertenecen a nuestro vocabulario cotidiano. Esta persona nunca tiene suerte; a aquella le sonrió la suerte, a otra le deseamos buena suerte… En realidad, quien emplea estas palabras deja suponer que la suerte de cada uno está sometida a la casualidad. La Biblia nos muestra que no es así y da una hermosa ilustración en el libro de Rut (unos 13 siglos antes de Jesucristo).

Rut era una joven moabita. Dejó su país para acompañar a Noemí, su suegra israelita que regresaba a Israel después de cierto tiempo de ausencia. Viudas y sin recursos, las dos llegaron a Belén de Judea. En este país Rut era considerada como una extranjera. No tenía ningún derecho para poder vivir allí. Para asegurar su supervivencia, Rut empezó a espigar en un campo de cebada, “y dio por casualidad con la parte del campo que pertenecía a Booz”, uno de los parientes más cercanos de Noemí (Rut 2:3, V.M.). Este acogió de buena voluntad a Rut y a su suegra. Luego, en conformidad con la ley judía, decidió casarse con Rut para asegurar una descendencia a su marido fallecido. Entonces ¡Rut se convertiría en la bisabuela del rey David y pertenecería a la genealogía del Mesías!

¡Qué plan de amor de Dios para una viuda extranjera y sin recursos! Así Dios nos muestra que lo que se considera una casualidad, de hecho no lo es, pues ¡él controla todo en la vida de cada persona! Ese Dios de amor es el que le conduce ahora a leer estas líneas, para que tenga un encuentro con Jesucristo, aquel que quiere y puede salvarle. Él es el Redentor.

2 Reyes 16 – Efesios 4:1-16 – Salmo 71:7-11 – Proverbios 17:11-12

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Conocer la voluntad de Dios (2): Una aguja más o menos imantada

Lunes 14 Junio

Os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.Hebreos 10:36

Conocer la voluntad de Dios (2): Una aguja más o menos imantada

Recuerdo un experimento que hacía cuando era niño. Tomaba algunas agujas del costurero, las frotaba con el imán de una dinamo y las mojaba en aceite. Luego las ponía cuidadosamente en la superficie del agua de un recipiente. ¡Sorpresa, las agujas flotaban a causa de la grasa! Además, indicaban el norte más o menos bien, dependiendo de la fuerza de su imantación…

Estas agujas nos dan una imagen de la manera como el creyente puede discernir la voluntad de Dios. Esto depende de su estado espiritual, un poco como las agujas que se orientan más o menos precisamente hacia el norte. ¿Qué puede ayudarnos a tomar la buena dirección, a comprender la voluntad de Dios?

Primero hay que querer hacerla. Cuando la buscamos, preguntémonos por qué queremos conocerla: ¿Para saber si nos conviene? ¿O queremos realmente estar sometidos a la voluntad divina? Luego, nuestra manera de pensar, de razonar, de apreciar, depende de nuestra cercanía a Dios y a su Palabra. Cuanto más leemos la Biblia y oramos, tanto más nuestros pensamientos se amoldan a la voluntad de Dios. Así el creyente es “transformado” en su manera de pensar y elegir. Se aleja de los razonamientos del mundo para dar prioridad a los intereses del Señor y al bien según Dios.

Cuanto más familiar nos sea la Palabra de Dios, más nos ayudará a tomar buenas decisiones. “Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).(continuará el 18 de julio)

2 Reyes 15 – Efesios 3 – Salmo 71:1-6 – Proverbios 17:9-10

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Conocer la voluntad de Dios (1): Los faros alineados

Domingo 13 Junio

Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.Romanos 12:2

Conocer la voluntad de Dios (1): Los faros alineados

La entrada de los barcos a ciertos puertos marítimos solo es posible por medio de las “luces de alineación”. Se trata de dos faros que determinan la dirección que debe seguir el barco. A veces incluso hay una tercera luz para indicar con precisión el canal de entrada al puerto. Así sucede con el cristiano que trata de discernir la voluntad de Dios:

– El primer faro es la Biblia. Dios nunca conduce a un creyente por un camino contrario a lo que él dice en su Palabra. La primera pregunta que debemos hacernos es, pues, esta: “¿El camino que quiero emprender es conforme a lo que enseña la Palabra de Dios?”.

– El segundo faro es la convicción interior. Mediante su Espíritu y la oración, el Señor da al creyente una seguridad que se impone a él, a veces progresivamente. Esta convicción me dará la libertad de pedir al Señor que me acompañe. Pero, ¿estoy dispuesto a seguir la dirección que me muestre?

– El tercer faro son las circunstancias de la vida. Cuando veo el segundo faro alineado con el primero, puedo avanzar, pues dos luces alineadas deberían bastar para indicarme la dirección. Sin embargo, a veces Dios interviene para ayudarme a ver claro (Jueces 6:36-40). Estas circunstancias no son mi guía, pero Dios puede emplearlas para animarme o advertirme.

Pero, ¡cuidado! No tratemos de invertir los faros: ¡un barco que quiera pasar cerca del tercer faro antes de haber alineado su trayectoria con los dos primeros, no encontrará el canal del puerto!(mañana continuará)

2 Reyes 14 – Efesios 2 – Salmo 70 – Proverbios 17:7-8

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Preparar su viaje

Sábado 12 Junio

Estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.Mateo 24:4425:13

Preparar su viaje

¡Mucha gente prepara con diligencia la llegada de un bebé, la entrada de un hijo a la escuela, el comienzo de las vacaciones, un viaje, una mudanza…!

Cada uno puede preguntarse: ¿Me he preparado con la misma diligencia para ese gran viaje hacia la eternidad? Después de la muerte, el espíritu vuelve “a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7). Ante nuestro Creador, cada uno de nosotros tendrá que rendir cuenta de su vida en la tierra y de su respuesta a las advertencias hechas por Dios en su Palabra: “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (Amós 4:12).

Dios nos pide que no menospreciemos “las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad” nos guía al arrepentimiento (Romanos 2:4). Dios es santo, ¿quién pretendería presentarse ante él con sus pecados? Nadie tendrá una circunstancia atenuante para escapar a la ira de Dios contra el pecado.

Sin embargo, Dios también es amor; él puede y quiere perdonarnos, incluso lo que podríamos considerar imperdonable. Si creemos que Jesús sufrió en la cruz el castigo que merecíamos, Dios puede perdonarnos. Bajo este castigo de Dios, Cristo fue el sustituto de todos los que creen: él “padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Él nos asocia a Cristo como sus hijos muy amados, para siempre. ¡Este es el “pase” que nos permite entrar eternamente en el gozo de su presencia! Dios quiere que todos los hombres sean salvos; aceptemos la gracia que nos ofrece hoy.

2 Reyes 13 – Efesios 1 – Salmo 69:29-36 – Proverbios 17:5-6

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Y si haces alguna locura?

Viernes 11 Junio

Somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre… porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.Hebreos 10:1014

¿Y si haces alguna locura?

Álvaro y Jorge son cristianos, pero a Álvaro le preocupa la idea de perder su fe y, como consecuencia, su salvación. Jorge, por su parte, está totalmente seguro de su salvación. Vive tranquilo. Un día trató de explicar esto a su amigo, quien le preguntó sorprendido:

– ¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Y si mañana haces una locura?

– Eres hijo de tu padre -respondió Jorge-. Si mañana haces una locura, él se entristecerá, pero tú nunca dejarás de ser su hijo. Cuando somos hijos de Dios, lo somos para siempre. Recibiste la vida de Dios “por gracia… por medio de la fe… es don de Dios” (Efesios 2:8). Eres su hijo. ¿Negaría Dios a sus hijos? Si eres salvo por la fe en Jesús, Dios no te pide conservar tu salvación mediante tu conducta, sino mostrar por tu conducta que eres su hijo. Si tu salvación dependiera de tu actitud y de tus obras, aunque fuera en lo más mínimo, ya no sería la salvación por gracia. ¡Y si pudieses perder la vida eterna, ya no sería la vida eterna!

Jorge tiene razón; la salvación del creyente, incluso del más débil, está sólidamente establecida por la obra de Jesús en la cruz. Nada puede destruirla. ¡Es perfecta! ¡Jesús la llevó a cabo una vez para siempre! Obtuvo una redención eterna. Dio su vida por sus ovejas. Ellas le pertenecen, están seguras en las manos del Padre y en las Suyas (Juan 10:28-29). Nadie puede arrebatarlas de su mano; ninguna oveja está fuera de la protección de su buen pastor. ¡Y si se extravía y “hace una locura”, Su mano poderosa la encontrará y la traerá al redil!

2 Reyes 12 – Romanos 16 – Salmo 69:19-28 – Proverbios 17:3-4

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La fe

Jueves 10 Junio

Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6

Porque por fe andamos, no por vista.2 Corintios 5:7

La fe

Creer en Dios supone creer en su existencia y en el hecho de que yo soy su criatura. Es reconocer su grandeza y su poder, en contraste con mi pequeñez, mi fragilidad. Es percibir lo absoluto de su santidad y de su amor, y llegar a la terrible conclusión de mi derrota moral. La fe me lleva a reconocer lo que soy ante Dios: una criatura que lo ofendió, que merece su juicio y que en sí misma no tiene ninguna posibilidad de salvarse.

Creer en Dios también es tener la firme convicción de que él tiene el poder para salvarme, debido a lo que él es. La Biblia, su Palabra, nos anuncia su plan de salvación: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Esta liberación es inmediata para aquel que cree, es un don de Dios, es la vida eterna.

La fe en Dios, en su Palabra, es la base para la vida del cristiano. El creyente que tiene la vida eterna vive hoy en “vida nueva” (Romanos 6:4). Confía en Dios, le habla, le hace preguntas. Cuenta con su ayuda diaria. El Señor Jesús mismo enseñó cómo poner en práctica esta vida de fe. Respondió a dos ciegos: “Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mateo 9:29). A un padre que le suplicaba por su hijo enfermo, le dijo: “Al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23). Andar por la fe es dejar a Dios dirigir nuestra vida. Es reconocer la verdad y la confiabilidad de lo que nos dice en la Biblia. Es creer en sus promesas; y en especial, es la esperanza de estar pronto con Jesús.

2 Reyes 11 – Romanos 15:14-33 – Salmo 69:9-18 – Proverbios 17:1-2

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Decir sí a Dios

Miércoles 9 Junio

(Jesús dijo:) No queréis venir a mí para que tengáis vida.Juan 5:40

Mirad que no desechéis al que habla… al que amonesta desde los cielos.Hebreos 12:25

Decir sí a Dios

En una de sus obras, el célebre biólogo Jean Rostand (1894-1977) escribió: “Le dije no a Dios, afirmando las cosas un poco brutalmente, pero a cada instante la pregunta resurge… Y me digo: ¿Es posible?”. Atraído constantemente por las maravillas de la naturaleza que no podría atribuir al azar, este hombre se negaba a reconocer la mano de Dios en ella.

La base de la fe es responder sí a la invitación de Dios. La bondad de Dios nos invita a arrepentirnos para ser salvos, pero no nos obliga a hacerlo.

Decir no a Dios es rechazar los llamados de su gracia, que nos hace de diversas maneras; por ejemplo a través de las maravillas de la naturaleza, un mensaje del Evangelio, una conversación con un creyente, o la voz de nuestra conciencia.

Pero, ¿cómo “decir sí a Dios”? Imagínese que está en una habitación cuyas persianas cerradas impiden que la luz del sol entre. ¡Para que la luz llegue basta con abrir las persianas! No se trata de fabricar la luz, sino de dejarla entrar, quitando el obstáculo que le impide expandirse. Sucede lo mismo en el ámbito de la fe. ¿Cuáles son los obstáculos entre Dios y nosotros? Dejémonos iluminar por la luz que viene de lo que él nos dice en la Biblia. Pidámosle que Jesús, quien es esta luz, muestre en nuestra vida todo lo que se opone a él, y que llene nuestro corazón de sus pensamientos y su amor. Jesucristo quiere entrar como huésped y salvador. ¡Decir sí a Dios significa confiar en él en todas las cosas! Ahí empiezan la paz y las certezas.

2 Reyes 10 – Romanos 15:1-13 – Salmo 69:1-8 – Proverbios 16:33

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Un huerto abandonado

Martes 8 Junio

Sobre la tierra de mi pueblo subirán espinos y cardos, y aun sobre todas las casas en que hay alegría en la ciudad de alegría. Isaías 32:13

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17

Un huerto abandonado

Cuando vemos un huerto abandonado suponemos que no hay hortelano. Igualmente, como el mundo está en desorden, se llega a la conclusión de que no hay Dios.

En un huerto todo depende del hortelano; este siembra, planta, labra… La tierra se deja cultivar; todo parece obedecer al que la trabaja. El mundo, por el contrario, es un lugar de libertad donde los hombres actúan como quieren y obedecen lo menos posible. Son capaces incluso de hacer morir de hambre a su prójimo o de declararle la guerra. El resultado es un mundo contaminado, violento, con pocos valores morales… El abandono es total; las malas hierbas invadieron todo.

Pero Dios no trata de mejorar lo que el hombre deterioró. En la Biblia nos revela que tiene un plan para fundar “un cielo nuevo y una tierra nueva” donde vivirá con los hombres. “Ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:13-4).

¿Quién será admitido en ese lugar? La Biblia nos da un ejemplo: el malhechor crucificado al lado de Jesús, que lo reconoció como Señor, recibió de su parte este mensaje: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El que cree que Jesús sufrió el castigo que él merecía por sus pecados recibe la gracia de Dios, la vida eterna y un lugar en el cielo.

2 Reyes 9 – Romanos 14 – Salmo 68:28-35 – Proverbios 16:31-32© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Una mano disponible

Lunes 7 Junio

No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Señor. Zacarías 4:6

Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. 2 Corintios 12:9

Una mano disponible

Desde la cumbre de la montaña sigo con mis ojos a un joven que trata de subir la cuesta en bicicleta. Debe recorrer muchas curvas para llegar a la cima. Por momentos pedalea claramente contra el viento que sopla fuerte. ¡No quisiera estar en su lugar! Pero de repente lo alcanza lentamente un vehículo lleno de gente y mercancía. En el momento en que llega a la altura del ciclista y lo adelanta, un pasajero que viaja en la parte trasera del vehículo le tiende la mano. A partir de entonces, la subida se hace más fácil; por fin llega a la cumbre y continúa alegremente su camino.

A veces estoy como ese joven en su bicicleta, cansado y agobiado. Mi vida, llena de dificultades, se parece a ese camino empinado, al viento contrario; a menudo estoy al límite del agotamiento. Pero a mi alcance tengo una mano poderosa disponible: la de Jesús.

Me basta acercarme a él y mantener ese vínculo de confianza con él, aunque solo sea con un “dedito” de fe. Eso bastará para que su fuerza se convierta en la mía. Esta ayuda poderosa y llena de sabiduría está a mi alcance todos los días y en cada situación. Está ahí, inagotable y siempre necesaria.

Me acompaña especialmente cuando hago algo para el Señor, algo que me parece demasiado difícil. Si confío en él, recibo la ayuda necesaria y le oigo decir: “Mi poder se perfecciona en la debilidad”.

“Clamó Asa al Señor su Dios, y dijo: ¡Oh Señor, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Señor Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos” (2 Crónicas 14:11).

2 Reyes 8 – Romanos 13 – Salmo 68:21-27 – Proverbios 16:29-30

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