Gracia y paciencia de Dios

Martes 26 Julio
La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres.
Tito 2:11
¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
Romanos 2:4
Gracia y paciencia de Dios
“En los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1). Estas palabras de la Biblia, escritas hace alrededor de 2000 años, son de una terrible actualidad. La desigualdad entre ricos y pobres es cada vez más grande, los conflictos abiertos o latentes entre países son cada vez más numerosos. La economía mundial titubea, desastres ecológicos y epidemias de gran dimensión se suceden. Y lo que es más grave todavía: el corazón de los hombres no mejora. Egoísmo, avaricia, ingratitud, crueldad, calumnia, traición… los caracteres descritos por el apóstol Pablo (2 Timoteo 3:2-5) siguen presentes.

La Palabra de Dios también agrega: “En los postreros días vendrán burladores… diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Pedro 3:3-4). La actitud de muchos en los últimos tiempos está caracterizada por el escepticismo y la burla respecto a las enseñanzas bíblicas; con una inmensa pretensión quieren excluir de su mente toda idea de Dios.

Pero Dios es paciente y continúa anunciando su mensaje de gracia incansablemente. Este aún es ofrecido a todos. Basta con aceptarlo volviéndose al único “mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). Es el único medio para escapar a la ira de Dios que caerá sobre el mundo (Colosenses 3:6). El Dios de amor “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). ¿Desea usted ser salvo? Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). ¿Quiere ir a él?

Números 35 – Lucas 10:1-20 – Salmo 88:13-18 – Proverbios 20:6-7

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Un profeta

Lunes 25 Julio
Jesús… se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
Marcos 1:45
Todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.
Marcos 11:18
Un profeta
Poco después de su salida triunfal de Egipto, el pueblo hebreo vivió una experiencia terrible: la gloria de Dios apareció en el monte Sinaí, manifestada por medio de fuego y una voz tronante. Atemorizados por la santidad y la grandeza del Creador, los hebreos le pidieron… que no se revelara más de esta manera. ¡Y Dios lo aceptó! Anunció que la revelación pasaría por seres humanos, escogidos entre sus hermanos, a quienes Dios comunicaría sus palabras (Deuteronomio 18:15-18). Fue así como la Biblia se escribió. “Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

Este relato de Deuteronomio (cap. 18:15, 18), también nos anuncia la venida de Cristo, el profeta por excelencia, portador de las palabras de Dios. Jesús fue suscitado entre sus hermanos israelitas: “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” (Gálatas 4:4).

Durante su vida en la tierra, Jesús enseñó en las sinagogas. Sus oyentes “se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad”, no como los maestros de la ley (Marcos 1:22).

El hombre es incapaz de acercarse a Dios en Su majestad, por lo tanto Dios se acercó a él en su gracia. Se hizo hombre en Jesucristo y nos enseña con autoridad. Desde el principio del evangelio según Marcos leemos: “Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15).

Números 34 – Lucas 9:44-62 – Salmo 88:8-12 – Proverbios 20:4-5

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Una sola solución: huir

Sábado 23 Julio
Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
1 Corintios 6:18
Huye también de las pasiones juveniles.
2 Timoteo 2:22
Una sola solución: huir
Dios nos exhorta a resistir al diablo (Santiago 4:7; 1 Pedro 5:9). Es importante prepararse para esta lucha tomando “toda la armadura de Dios” (Efesios 6:13). Pero hay un ámbito en el cual no debemos tratar de resistir, y donde la única salida es huir: el de la tentación sexual. Dios nos creó, sabe cuáles son nuestros límites, y nos ordena expresamente huir de todas las situaciones que nos expondrían a cometer el pecado de la fornicación, es decir, de una relación sexual fuera del matrimonio.

El ejemplo del rey David es instructivo (2 Samuel 11). Se atrevió a mirar de lejos a la mujer de Urías, y sucesivamente se convirtió en adúltero y luego en asesino. Es preciso velar tanto sobre nuestras miradas como sobre nuestros pensamientos, a fin de no dar ocasión a nuestra codicia de producir sus malos frutos. Esto es aún más relevante ahora que el diablo utiliza cada vez más medios para hacernos caer: revistas, películas, videos, sitios en internet…

Imitemos más bien a José, ese hombre cuya vida nos describe el Antiguo Testamento: cuando sin buscarlo se halló en una situación peligrosa, no dudó en huir diciendo: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:7-23).

Estemos atentos; Satanás, el enemigo de nuestras almas, está empeñado en destruir nuestra vida y nuestro testimonio a través de esta clase de mal. No le demos ninguna ventaja. Velemos, pues, para andar cuidadosamente, “no como necios sino como sabios… porque los días son malos” (Efesios 5:15-16).

Números 32 – Lucas 9:1-20 – Salmo 87 – Proverbios 20:1

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Una sola solución: huir

Sábado 23 Julio
Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
1 Corintios 6:18
Huye también de las pasiones juveniles.
2 Timoteo 2:22
Una sola solución: huir
Dios nos exhorta a resistir al diablo (Santiago 4:7; 1 Pedro 5:9). Es importante prepararse para esta lucha tomando “toda la armadura de Dios” (Efesios 6:13). Pero hay un ámbito en el cual no debemos tratar de resistir, y donde la única salida es huir: el de la tentación sexual. Dios nos creó, sabe cuáles son nuestros límites, y nos ordena expresamente huir de todas las situaciones que nos expondrían a cometer el pecado de la fornicación, es decir, de una relación sexual fuera del matrimonio.

El ejemplo del rey David es instructivo (2 Samuel 11). Se atrevió a mirar de lejos a la mujer de Urías, y sucesivamente se convirtió en adúltero y luego en asesino. Es preciso velar tanto sobre nuestras miradas como sobre nuestros pensamientos, a fin de no dar ocasión a nuestra codicia de producir sus malos frutos. Esto es aún más relevante ahora que el diablo utiliza cada vez más medios para hacernos caer: revistas, películas, videos, sitios en internet…

Imitemos más bien a José, ese hombre cuya vida nos describe el Antiguo Testamento: cuando sin buscarlo se halló en una situación peligrosa, no dudó en huir diciendo: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:7-23).

Estemos atentos; Satanás, el enemigo de nuestras almas, está empeñado en destruir nuestra vida y nuestro testimonio a través de esta clase de mal. No le demos ninguna ventaja. Velemos, pues, para andar cuidadosamente, “no como necios sino como sabios… porque los días son malos” (Efesios 5:15-16).

Números 32 – Lucas 9:1-20 – Salmo 87 – Proverbios 20:1

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Lo que he buscado durante tantos años

Viernes 22 Julio
Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia… porque fue quitada de la tierra su vida… ¿De quién dice el profeta esto?… Entonces Felipe… le anunció el evangelio de Jesús.
Hechos 8:32-35
Lo que he buscado durante tantos años
“Nací en Israel, mis padres sobrevivieron al holocausto judío. En mi adolescencia empecé a interesarme por las cosas espirituales. Pensaba que la verdad se hallaba en el budismo. Experimenté momentos de tranquilidad, pero también de miedo, porque la meditación oriental abre el espíritu al ámbito de lo oculto. Entonces decidí cambiar de camino.

Me casé. Nuestros esfuerzos estaban orientados hacia el éxito profesional, pero en lo profundo de mi alma sabía que algo no iba bien. Los años transcurrían sin que hallara la verdad. Tenía la impresión de haber fracasado, porque no era una persona mejor, no había hallado sabiduría, ni paz. Tenía miedo a la muerte y a enfrentar la pérdida de mis seres queridos.

Mi madre fue la primera en creer en Jesús. Sucedió en el año 2001. Ella me habló mucho de Jesús. Para complacerla, mi esposo y yo la acompañamos a un culto cristiano un domingo en la mañana. Allí fuimos tocados por la presencia de Dios, y nos emocionamos viendo a todos los creyentes alabar a Dios con fervor. Al fin encontré lo que necesitaba desde hacía tantos años: el gozo de adorar a Dios. De regreso a la casa me puse a leer la Biblia y descubrí que Dios era mi Padre celestial, y que Jesús era el Mesías. Le pedí perdón por haberlo ofendido durante tanto tiempo con mis pecados; lloré durante varios días ante él, dejándome invadir por su amor, su gracia y su perdón. Ahora mi marido Rubén y yo formamos, con mi madre, una familia unida en el amor y el gozo”.

Judith N.
Números 31:21-54 – Lucas 8:26-56 – Salmo 86:14-17 – Proverbios 19:28-29

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Dios da derechos a los que confían en Él

Jueves 21 Julio
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios… Amados, ahora somos hijos de Dios.
1 Juan 3:1-2
Declaración de los derechos de los hijos de Dios (3)
“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

“A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:15-17).

“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne… Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:16, 22-23).

 – Sí, ¡usted entendió bien! Dios da derechos a los que confían en él. El primero de esos derechos es que Dios los adopta como sus hijos, les da su vida -una vida eterna- y su naturaleza, capaz de hacer el bien y obedecer a sus mandamientos. También les da su Espíritu, que habita en ellos y los capacita para mostrar los caracteres de Cristo en este mundo.

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:1-2).

Números 31:1-20 – Lucas 8:1-25 – Salmo 86:7-13 – Proverbios 19:26-27

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La grandeza de servir

Miércoles 20 Julio
(Jesús dijo:) El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.
Marcos 10:43
Servíos por amor los unos a los otros.
Gálatas 5:13
La grandeza de servir
Mientras los discípulos discutían por saber quién de ellos ocuparía un lugar de honor en el reino de Dios, Jesús los invitó a acercarse a él y les dijo: “El que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:44-45). Amigos cristianos, solo acercándonos a Jesús podemos descubrir la verdadera grandeza ante Dios: la de servirnos unos a otros.

Hay grandeza en el hecho de servir porque es el amor en acción. Jesús ilustró esta grandeza moral lavando los pies de sus discípulos (Juan 13). Obrando así el Señor, el Maestro, tomó el lugar más humilde, el lugar asignado a los esclavos, e invitó a sus discípulos a hacer lo mismo. El gesto de Jesús es un gesto simbólico, un modelo de humildad, de amor, de servicio.

Nosotros somos llamados a servirnos unos a otros en amor, porque sirviendo a los demás servimos a Jesús mismo.

“Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él… Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres… porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:17, 22-24).

“Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (Hebreos 6:10).

Números 30 – Lucas 7:24-50 – Salmo 86:1-6 – Proverbios 19:24-25

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Mercaderes de ilusiones

Martes 19 Julio
Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
Lucas 5:31-32
Mercaderes de ilusiones
Quizás en su casillero aparezcan folletos publicitarios anunciando que la suerte lo ha designado, que un regalo le será enviado gratuitamente, etc. Ofertas similares llegan a nuestro correo electrónico, con una avalancha de publicidad apenas abrimos el internet. Prometen salud, fortuna, fama. Es sorprendente ver el éxito alcanzado entre las multitudes por estos mercaderes de ilusiones.

Sin embargo, la gente es mucho más reacia y desconfiada cuando se trata de las promesas de Dios. A menudo la gracia de Dios tropieza con corazones endurecidos. Muchos oídos, abiertos a las más mentirosas promesas, permanecen sordos al llamado de Dios. Unos piensan que no tienen necesidad de nada, y menos de Dios; el mundo les basta. Otros tratan de construir su propia felicidad.

Sin embargo, el Señor Jesús ofrece la sanidad al alma, el reposo a la conciencia, la paz del corazón. Él quiere dar la vida eterna a todo el que cree que Jesús tiene poder en la tierra para perdonar pecados (Lucas 5:24). ¿Quiénes recibirán ese regalo ofrecido gratuitamente por el Dios de amor? Los que reconozcan que el mundo no les satisface, a quienes su conciencia no los deja tranquilos, aquellos para los que todo se desploma y se desmorona en la tierra, y humillados se vuelven a Dios.

¡Clame al Salvador, él le responderá! Su corazón está atento al llamado, y su mano lista para socorrerlo. Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).

Números 29 – Lucas 7:1-23 – Salmo 85:8-13 – Proverbios 19:22-23

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La grandeza de servir

Miércoles 20 Julio
(Jesús dijo:) El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.
Marcos 10:43
Servíos por amor los unos a los otros.
Gálatas 5:13
La grandeza de servir
Mientras los discípulos discutían por saber quién de ellos ocuparía un lugar de honor en el reino de Dios, Jesús los invitó a acercarse a él y les dijo: “El que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:44-45). Amigos cristianos, solo acercándonos a Jesús podemos descubrir la verdadera grandeza ante Dios: la de servirnos unos a otros.

Hay grandeza en el hecho de servir porque es el amor en acción. Jesús ilustró esta grandeza moral lavando los pies de sus discípulos (Juan 13). Obrando así el Señor, el Maestro, tomó el lugar más humilde, el lugar asignado a los esclavos, e invitó a sus discípulos a hacer lo mismo. El gesto de Jesús es un gesto simbólico, un modelo de humildad, de amor, de servicio.

Nosotros somos llamados a servirnos unos a otros en amor, porque sirviendo a los demás servimos a Jesús mismo.

“Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él… Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres… porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:17, 22-24).

“Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (Hebreos 6:10).

Números 30 – Lucas 7:24-50 – Salmo 86:1-6 – Proverbios 19:24-25

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Discernir lo invisible

Domingo 17 Julio
Lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
Romanos 1:19-20
Discernir lo invisible
Dios es invisible, está por encima de todo, habita “en luz inaccesible”. Sin embargo:

 – Dios se manifestó. Él quiso que cada ser humano pudiera tener un conocimiento inmediato de él. El primer testimonio que nos dio es el mundo que nos rodea. Desde el comienzo de la humanidad, cada uno es interpelado por las maravillas de la naturaleza creada.

 – Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad: su poder no se ve, está como escondido más allá de la materia y del tiempo. De la divinidad del Creador no hay nada visible, él está totalmente por encima de nosotros. No vemos sus caracteres, sin embargo, Dios nos ha dado la capacidad de percibirlos.

 – Se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas. Incluso un niño pregunta quién hizo el mundo. Es un punto ineludible en nuestro pensamiento. Lo que existe proviene de alguna cosa, nada se hace solo. Así, mediante la reflexión, puedo pensar en el poder de Dios, en su eternidad.

 – Los hombres son inexcusables. Nadie tiene excusa para no buscar, honrar y agradecer a Dios, pues él nos ha dado una conciencia. Sin embargo, los hombres cambiaron este primer pensamiento de Dios por toda clase de representaciones. Por ejemplo, el hombre moderno pretende reducir a Dios a la materia y a la energía, por así decirlo. Pero Dios continúa hablándonos por medio de la naturaleza y de muchas otras maneras.

Números 27 – Lucas 6:1-19 – Salmo 84:8-12 – Proverbios 19:18-19

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