Recuerdos imborrables

Viernes 27 Abril

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Contando a la generación venidera las alabanzas del Señor, y su potencia, y las maravillas que hizo… a fin de que pongan en Dios su confianza, y… que guarden sus mandamientos.

Salmo 78:4-7

Recuerdos imborrables

A mediados del siglo 19, en América del Norte, un grupo indígena capturó a una cantidad de niños. Varios años después, los secuestradores fueron localizados y los padres de los niños desaparecidos pudieron ir a reconocerlos.

Entre las numerosas madres que acudieron, una de ellas había perdido a dos de sus hijos, un niño y una niña. Ella observó a todos esos niños que habían vivido durante tanto tiempo en el bosque, esperando ver algún rasgo que pudiese reconocer, pero fue en vano. Con el corazón destrozado se disponía a dejarlos cuando de repente se le ocurrió entonar el himno que solía cantarles cuando eran pequeños. No alcanzó a terminar la primera estrofa cuando un niño y una niña salieron del grupo y se precipitaron a ella clamando: ¡Mamá!

Si bien es cierto que hay muchos acontecimientos que las circunstancias de la vida nos hacen olvidar, la enseñanza dada con cariño por los padres durante la infancia queda grabada en la memoria de los niños. Y a veces Dios permite que unos versículos de la Biblia o la letra de un himno que fueron oídos cuando eran pequeños salgan a flote como un salvavidas en medio de una situación difícil.

¿Puede el Señor decir de nosotros lo que dijo de Abraham? “Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino del Señor, haciendo justicia y juicio” (Génesis 18:19).

“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello” (Proverbios 1:8-9).

Isaías 40 – Marcos 3 – Salmo 49:10-15 – Proverbios 14:17-18

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Cómo conducirse en la asamblea (2)

Jueves 26 Abril

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Que… sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente.

1 Timoteo 3:15

Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare… la obra de cada uno se hará manifiesta.

1 Corintios 3:11-13

Cómo conducirse en la asamblea (2)

Jesús mismo edifica su Iglesia. La perfección del edificio está, pues, asegurada y pronto será visible en el cielo. Mientras tanto, cada cristiano es una piedra viva, y no inerte, en el edificio. El Señor espera que cada uno participe de forma eficaz en la construcción, obedeciéndole.

Estas instrucciones se hallan en la Biblia, sobre todo en las epístolas, escritas por los apóstoles inspirados. En la iglesia hay un orden establecido por Dios, y él desea comunicárnoslo. Hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, todos tenemos una función precisa e indispensable. El Espíritu Santo distribuye los papeles según la sabiduría y soberanía divinas; algunos son visibles y públicos, otros están más escondidos (1 Corintios 12:4-11). Debo comprender cuál es el mío y desempeñarlo de forma fiel.

La obra de cada uno es evaluada por el Maestro de la obra: “Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida” (1 Corintios 3:14-15). Entonces me esforzaré en hacer una contribución positiva, para ser útil a todos.

No olvidemos que el motor de nuestra obra es el amor al Señor y a nuestros hermanos. Este amor es “el camino aun más excelente” (1 Corintios 12:31), “el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14). “Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1 Corintios 16:14).

Isaías 38-39 – Marcos 2 – Salmo 49:1-9 – Proverbios 14:15-16

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Edificaré mi Iglesia (1)

Miércoles 25 Abril

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Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.

Efesios 5:25

Edificaré mi Iglesia (1)

En la guía telefónica de mi ciudad, que no es muy grande, hay registradas unas diez iglesias diferentes. A menudo oigo a cristianos hablar de «su» iglesia. Sin embargo, en la Palabra puedo leer que “Jesús había de morir… para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:51-52). Los apóstoles hablan de iglesias (iglesias locales ubicadas en una u otra localidad, pero todas hacen parte de la misma Iglesia). La palabra “iglesia”, traducida también por “asamblea”, suele estar en singular en la Biblia. Y cuando el Señor Jesús anuncia su formación, dice: “Edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Al principio de su historia, recopilada en el libro de los Hechos, “todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas” (Hechos 2:44).

¿Qué debo concluir? Sin duda, que las divisiones son obra de Satanás y que nosotros, los cristianos, le hemos ayudado mucho mediante nuestros egoísmos y desvíos con respecto a la enseñanza bíblica.

No obstante me alegra tener la seguridad de que Jesús mismo edifica su asamblea y garantiza su unidad y su futuro. “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”, “la sustenta y la cuida”, “para santificarla” (Efesios 5:25-29). Él añade cada día nuevas “piedras vivas” (1 Pedro 2:5). Y pronto él mismo vendrá a buscarla (1 Tesalonicenses 4:16) para tenerla junto a él en el cielo.

Sí, tristemente los creyentes dan una imagen muy dividida de la Iglesia, pero yo me esfuerzo en verla como Jesús la ve y ocupar mi lugar de una forma que agrade al Señor.

(mañana continuará)

Isaías 37 – Marcos 1:21-45 – Salmo 48:9-14 – Proverbios 14:13-14

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El amor no tiene precio

Martes 24 Abril

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Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían.

Cantares 8:7

El amor no tiene precio

“Las muchas aguas no podrán apagar el amor”. ¡Cuán cierto es esto con respecto al amor de Dios! Nada pudo apagarlo y nunca habrá nada que pueda hacerlo. Dios dio a conocer su amor por medio de los profetas, pero a menudo estos fueron rechazados y perseguidos. Entonces nos habló a través de su Hijo muy amado, a quien envió a este mundo. ¡Pero él tampoco fue oído! Al contrario, fue odiado, condenado y crucificado. Sin embargo, el amor de Dios no se apagó.

En la cruz, Cristo soportó de parte de Dios el castigo que nosotros merecíamos debido a nuestros pecados. Dios no se vengó porque rechazamos a su Hijo, sino que lo propuso como Salvador a todos los hombres. Jesús, crucificado, oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). El amor lo movía y lo sostenía. Quería honrar la santidad de Dios y dar a los pecadores el perdón de sus pecados.

“Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían”. En efecto, es ofensivo querer comprar el amor, ¡y cuánto más el amor de Dios! ¡No puede ser comprado a ningún precio! Ese amor se expande libremente del corazón de nuestro Señor sobre toda la humanidad. Todos los hombres en la tierra, ricos o pobres, están en una condición de igualdad: son incapaces de dar algo a cambio del amor divino; sin embargo pueden recibirlo gratuitamente y decir: ¡Señor, ven a mi vida!… ¡Gracias, Señor! Él está esperando esta respuesta a su amor.

Isaías 35-36 – Marcos 1:1-20 – Salmo 48:1-8 – Proverbios 14:11-12

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La reconciliación y el perdón

Lunes 23 Abril

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Nosotros también éramos en otro tiempo… aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó.

Tito 3:3-5

La reconciliación y el perdón

«Un día me volví cristiano, pero un peso cargaba mi corazón. Comprendí que Dios me decía: Ve a reconciliarte con tu suegro. Nuestra relación era mala desde hacía tiempo. A pesar de mi temor, decidí ir a verlo. Me recibió con frialdad, pero yo di largas explicaciones y al final le dije: Todo eso pasó, ahora conozco a Jesús como mi Señor. Él me perdonó. Perdóname tú también; te lo suplico… Al cabo de un momento nos dimos un abrazo.

Desde ese día nos hemos abierto sinceramente el uno al otro, y el amor triunfó sobre el odio».

F. K.

“Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13).

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

“Todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:18-20).

Isaías 34 – 2 Pedro 3 – Salmo 47 – Proverbios 14:9-10

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El culpable

Domingo 22 Abril

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No hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia (la de Dios); antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

Hebreos 4:13

Los caminos del hombre están ante los ojos del Señor, y él considera todas sus veredas.

Proverbios 5:21

El culpable

Esta mañana escuché en la radio que un ex ministro había sido llamado a rendir cuentas de sus actividades. Al mediodía un diputado de su movimiento político precisó: «El ministro simplemente es examinado; esto solo significa que tendrá que responder a algunas preguntas del magistrado. Por ahora no es culpable».

Efectivamente, en la mayoría de los países, en derecho una persona es presuntamente inocente mientras su culpabilidad no haya sido establecida por un tribunal. Pero ante Dios, si cometemos un acto ilegal, somos culpables, estén o no estén establecidos los hechos por la justicia de los hombres. La falta puede permanecer oculta y no ser demostrada nunca, pero de todas maneras fue cometida.

Lo principal, piensan algunos, es que no me descubran. ¡Pero esto es ver las cosas a corto plazo! Pues habrá un día en que “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14). “Ha establecido un día en el cual juzgará al mundo” (Hechos 17:31).

Ese día aún es futuro, pero seguro que vendrá, y el juicio será justo. Por ello es urgente ponernos en regla con Dios. Él prometió perdonar y olvidar los pecados de todos los que se arrepienten y creen en Jesucristo, su Hijo. Él pagó el precio de este perdón al dar su vida por nosotros los culpables.

¡No tarde en reconocer su culpabilidad y acepte la gracia que Dios le ofrece!

Isaías 33 – 2 Pedro 2 – Salmo 46:8-11 – Proverbios 14:7-8

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El amo, los siervos y el hijo

Sábado 21 Abril

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(Jesús) vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:11-12

El amo, los siervos y el hijo

Algunas parábolas (8): Mateo 21:33-46

Resumen: Un propietario plantó una viña. La alquiló a unos labradores y se fue lejos. En la época de la cosecha envió a unos siervos a recibir sus frutos, pero los labradores golpearon a unos y mataron a otros. Luego envió otros siervos, quienes sufrieron la misma suerte. Por último envió a su propio hijo, a quien también mataron. El amo se vio obligado a matar a esos labradores y alquilar la viña a otros.

Significado: La viña representa al pueblo de Israel que Dios había escogido para ser su testigo entre las naciones (Isaías 5:7). Los labradores son los responsables de ese pueblo; los siervos son los profetas; y el hijo es Cristo rechazado y crucificado. Después del rechazo de Jesús, el pueblo fue dispersado y Dios confió su testimonio a la Iglesia (los otros labradores).

Aplicación: La Iglesia está compuesta por todos los que han creído y recibido al Hijo de Dios, Jesucristo. Dios lo estableció para que fuese el fundamento de la Iglesia. Hoy cada persona puede conocerlo leyendo la Biblia o escuchando el mensaje del evangelio.

Cada uno de nosotros debe tomar una decisión con respecto a Jesús. Puedo rechazarlo y hacer como los que lo crucificaron. Pero si lo acepto como mi Salvador, me da la vida para que esté unido a él eternamente. Esta actitud individual con respecto a Cristo marca la diferencia entre los hombres: por un lado están los que lo aman; por el otro los que lo rechazan. Es el Salvador de los primeros, pero será el Juez de los segundos.

(continuará el próximo sábado)

Isaías 32 – 2 Pedro 1 – Salmo 46:4-7 – Proverbios 14:5-6

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Creo en Dios

Viernes 20 Abril

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No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

Juan 14:1

Estas (señales) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20:31

Creo en Dios

«El conocimiento de la existencia de Dios, sin Jesucristo, es inútil y estéril», escribió Blaise Pascal, matemático y filósofo cristiano.

Hoy en día mucha gente dice ser creyente. Pero cuando se les interroga sobre lo que esto significa para ellos, afirman que creen en la existencia de un ser supremo llamado Dios. Para ellos, ser creyente es simplemente lo contrario de ser ateo.

Como hay tantas religiones en la tierra, dicen que es difícil saber cuál es la buena. Ser deísta evita decidirse por una religión y permite estimarse tolerante. Algunos piensan que con solo creer en la existencia de Dios es suficiente para que él los apruebe.

Sería bueno detenerse en la declaración de Blaise Pascal. Ella es conforme a lo que dice la Palabra de Dios, pues hace la distinción entre la fe en Dios y la fe que salva.

Creer en la existencia de Dios no basta. No soluciona nada en cuanto al mal o al pecado que contamina el corazón del hombre.

La fe que salva no solo es una fe en Dios, sino la fe o la plena confianza en la obra de Jesucristo, el Hijo de Dios muerto en la cruz para borrar los pecados.

¿Qué clase de fe es la suya? ¿Puso usted su confianza en Jesucristo como su Salvador?

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Isaías 30-31 – 1 Pedro 5 – Salmo 46:1-3 – Proverbios 14:3-4

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El Calvario

Jueves 19 Abril

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Fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.

1 Pedro 1:18-19

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras.

Efesios 2:8-9

El Calvario

¿Qué evoca para nosotros la palabra «calvario»? ¿Un momento especialmente doloroso de la vida? Originalmente esta palabra designa una colina ubicada cerca de Jerusalén, llamada también Gólgota, donde Jesucristo fue crucificado y pasó por terribles sufrimientos. En el evangelio podemos leer: “Él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio” (Juan 19:17-18). Antes, Jesús mismo había anunciado: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14-15). Entonces, ¿por qué Jesús, hombre perfecto, tuvo que ser crucificado?

Ante Dios, quien es infinitamente santo, toda falta merece un castigo. Ninguna «buena obra» ni el dinero pueden borrar un solo pecado. Era, pues, necesario un medio de salvación, algo que pudiese purificarnos ante los ojos de Dios. ¡Y esto solo era posible mediante la muerte de una víctima absolutamente perfecta! Por eso Dios dio “a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Tres días después de su sacrificio, Jesús resucitó, prueba de que la justicia del Dios santo había sido satisfecha.

Era necesario que Cristo muriese para pagar con su vida el precio del perdón de mis pecados y los de todos los que aceptan este sacrificio de amor. ¡Esto es lo que el Calvario nos recuerda!

Isaías 29 – 1 Pedro 4 – Salmo 45:10-17 – Proverbios 14:1-2

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 Nuestro Señor Jesucristo… se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo.

Miércoles 18 Abril

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 Nuestro Señor Jesucristo… se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo.

Gálatas 1:3-4

El Señor mismo… descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:16

El Señor mismo

El gran Dios Soberano, creador de los cielos y de la tierra, dispone de un ejército de siervos, los ángeles poderosos que ejecutan su palabra (Salmo 103:20-21). En todas las épocas los ha empleado para intervenir a favor de los creyentes. Por ejemplo, para proteger a Lot del juicio de Sodoma (Génesis 19:1-26) o para liberar a Pedro de la mano del rey Herodes (Hechos 12:1-17).

Pero la obra que nos salva solo podía ser cumplida por el Hijo de Dios. Jesucristo, víctima perfecta, satisfizo la justicia del Dios Santo. “Se despojó a sí mismo… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:7-8), “habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo” (Hebreos 1:3). La necesidad de la intervención personal del Hijo de Dios, de su encarnación y de su muerte para solucionar el problema del pecado nos muestra la gravedad de este. Y la prueba de su amor por nosotros es el hecho de haberse ofrecido para llevar a cabo esa obra.

Hay otra misión que nuestro Señor no confiará a nadie: llevarnos con él a la casa de su Padre. Entonces podrá manifestar una vez más todo su amor hacia aquellos por quienes dio su vida. Solo entonces su amor divino será satisfecho, cuando al fin se presentará “a sí mismo, una iglesia gloriosa…” (Efesios 5:27).

Isaías 28 – 1 Pedro 3 – Salmo 45:6-9 – Proverbios 13:24-25

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