El infierno (2): la segunda muerte

Domingo 27 Noviembre

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos… Fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20:614-15

El infierno (2): la segunda muerte

En el Apocalipsis, el libro de los juicios, una tercera expresión designa el infierno: “la segunda muerte”. ¿Qué significa esto? Todos los seres humanos están destinados a morir una vez. Dios había advertido a Adán que si desobedecía, moriría (Génesis 2:17). Adán desobedeció, y desde entonces la muerte es el fin terrenal inevitable de todo hombre. Y después de la muerte viene el juicio, de manera inapelable (Hebreos 9:27), pero no para los creyentes (Juan 5:24). La muerte no es el fin de la existencia, todos los hombres resucitarán.

 – Para los que han puesto su confianza en Jesús, será una “resurrección de vida”, la vida eterna en el cielo con su Salvador.

 – Para los otros, cuyo nombre no se halla inscrito “en el libro de la vida”, será una “resurrección de condenación” (Juan 5:29), es decir, irán al infierno, donde “sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor” (2 Tes. 1:9). Esta es “la segunda muerte”.

Dios es justo, recto, y advierte a cada uno. En el día del juicio nadie podrá quejarse de haber sido tomado por sorpresa. Dios invita a todos los hombres a aceptar su gracia, por la fe en Jesús. En la cruz, Jesús sufrió la ira de Dios en nuestro lugar. El que cree en el Señor Jesús y en su sacrificio tiene su nombre inscrito en el libro de la vida. Rechazar esta gracia es exponerse a “una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios (de Dios)” (Hebreos 10:27). Tome la decisión de los “bienaventurados”.

Josué 15 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Proverbios 28:19-20

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El infierno (1): su realidad

Sábado 26 Noviembre

(El) fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

Mateo 25:41

¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?

Mateo 23:33

Jesús… nos libra de la ira venidera.

1 Tesalonicenses 1:10

El infierno (1): su realidad

Este es un tema desagradable, pensará usted. Y es cierto. Pero este calendario no se hizo para presentar una colección de textos agradables; se trata de exponer el mensaje bíblico que Dios dirige a todos. La palabra “infierno”, también traducida por “gehena”, aparece varias veces en la Biblia, y no podemos ignorarla. Abordamos este tema a la luz de la Palabra de Dios, con el deseo sincero de que ninguno de nuestros lectores conozca los tormentos del infierno.

A menudo escuchamos la expresión: ¡“Es el infierno”!, para designar un momento especialmente doloroso de la vida cotidiana. Pero el infierno es una realidad mucho más aterradora que las peores dificultades que podemos imaginar. ¡Es una realidad futura, eterna y definitiva!

Jesús emplea diferentes imágenes para hablar del infierno, en especial: “las tinieblas de afuera” y el “fuego eterno” (Mateo 25:3041). Estas contienen un significado terrible, mezclando sufrimientos extremos con el alejamiento definitivo de Dios. Es el lugar del castigo eterno, un lugar muy real donde un día serán lanzadas todas las criaturas, angelicales o humanas, que hayan despreciado a Dios y preferido vivir sin él.

Esto debe hacernos reflexionar, pero no desesperarnos, porque el infierno ha sido preparado para Satanás y sus ángeles. Allí solo serán lanzados los hombres que durante su vida hayan despreciado la gracia que Dios ofrece. ¡Dios tiene otro plan para cada uno de nosotros! Él dio a su Hijo Jesucristo para salvar eternamente a los que creen en él.

(mañana continuará)

Josué 14 – Hebreos 13 – Salmo 133 – Proverbios 28:17-18

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Jesús en la cruz, frente a los hombr

Viernes 25 Noviembre

(Jesús dijo:) Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

Lucas 22:53

¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido.

Lamentaciones 1:12

Jesús en la cruz, frente a los hombres

En nuestros días, cuando alguien es condenado a la pena capital en los países donde esto se practica aún, la justicia se esfuerza por minimizar el sufrimiento y la duración de la ejecución para el condenado.

Con nuestro Señor Jesús se hizo todo lo contrario. Desde antes de su comparecencia ante el tribunal religioso, fue cobardemente golpeado, insultado, afrentado; escupieron su rostro, y los jefes de los judíos lo entregaron a Poncio Pilato, el gobernador romano.

Pilato se preguntaba qué mal había podido hacer. Sin embargo, después de un simulacro de juicio, hizo azotar a Jesús y lo entregó a sus soldados, quienes “convocaron a toda la compañía”, se burlaron de él y le pusieron una corona de espinas en la cabeza (Marcos 15:15-20).

No dejemos embotar nuestra sensibilidad y seamos conscientes del horror de los sufrimientos físicos y morales que padeció Jesús, nuestro Salvador. Imaginémonos estas escenas indignas donde un hombre solo e indefenso era atacado por todos antes de ser crucificado. Sí, Señor, ¡fue por mí que padeciste esto! Y, aún más, Jesús padeció de manera única cuando, abandonado por Dios, sufrió en nuestro lugar el juicio que nosotros merecíamos.

Para ti, Jesús, el sufrimiento,

Las lágrimas, la muerte, el abandono;

Para nosotros la liberación,

El perdón y la salvación.

Josué 13 – Hebreos 12:12-29 – Salmo 132:13-18 – Proverbios 28:15-16

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Cartas a las iglesias: Pérgamo (3)

Jueves 24 Noviembre

(Jesús dijo:) Yo conozco… dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.

Apocalipsis 2:13

Cartas a las iglesias: Pérgamo (3)

Leer Apocalipsis 2:12-17

Pérgamo, sede de la autoridad imperial, fue la primera ciudad de Asia Menor que instituyó el culto al emperador. Allí había templos en honor a una multitud de dioses. La iglesia de Pérgamo moraba “donde está el trono de Satanás”. Sin embargo, Jesús reconoció la fidelidad de esos cristianos: “Retienes mi nombre”. Esos creyentes no escondían su bandera, no habían cedido al miedo; habían permanecido firmes en su fe en Cristo.

Jesús se presentó a esta iglesia como el que examina todo. Su mensaje fue como una espada aguda de dos filos que pone en evidencia las motivaciones más secretas del corazón (Hebreos 4:12). Porque, mezclados con esos cristianos fieles, algunas personas daban una enseñanza falsa de la Palabra de Dios. Así arrastraban a la idolatría y la inmoralidad a quienes los escuchaban. El Señor reprochó a esta iglesia tolerar en medio de ella a tales personas, y le dijo: “Arrepiéntete”, es decir, reconoce que no debes dejarlos actuar.

A los que rechazaban estas malas enseñanzas y querían permanecer fieles, les ofreció el “maná escondido”, símbolo del alimento espiritual del cual el creyente tiene necesidad cada día. Para ver claramente en un mundo que se aleja más y más de los valores cristianos, y para no adoptar los estándares del mundo, necesitamos más que normas religiosas. Es necesario buscar el pensamiento del Señor en la Biblia, y vivir por la fe en la dulzura de su amor. De ello nos habla el maná escondido.

Josué 12 – Hebreos 12:1-11 – Salmo 132:8-12 – Proverbios 28:13-14

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Gente rara

Miércoles 23 Noviembre

El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado.

Juan 5:15

(Jesús dijo:) Me seréis testigos… hasta lo último de la tierra.

Hechos 1:8

Gente rara

Probablemente usted ha encontrado personas que le ofrecen un evangelio, un tratado o un calendario cristiano, sin preocuparse por las miradas críticas o burlonas… O ha escuchado cristianos hablando de Jesucristo a quienes los rodean e invitándolos a conocerlo. ¿Qué motiva a los creyentes a utilizar su tiempo y su energía para evangelizar a otros, a pesar de las reacciones hostiles? ¡Gente rara!, pensará usted…

Pero anunciar la buena nueva de la salvación de Dios por medio de Jesucristo es una de las grandes misiones de los creyentes, a quienes Jesús dijo: “Me seréis testigos”. El mensaje de gracia de Dios llena sus corazones, sus pensamientos, sus vidas. Todos los que han comprendido el amor de Jesús, su Salvador, desean mostrar y compartir su felicidad. Son motivados por el amor de Dios derramado en sus corazones por el Espíritu Santo (Romanos 5:5). Porque Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

La evangelización no es proselitismo, el cual se esfuerza en convencer y reclutar, por todos los medios, nuevos adeptos. Evangelizar es anunciar a Jesús el Salvador, dar a conocer una persona. Los que evangelizan son testigos del amor de Dios y del perdón que él concede a los que sienten el peso de sus pecados y se arrepienten. Conociendo esta felicidad para sí mismos, como los discípulos de Jesús, anhelan hablar de lo que llena su corazón. “Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19-20).

Josué 11 – Hebreos 11:23-40 – Salmo 132:1-7 – Proverbios 28:11-12

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El gozo de ser salvo

Martes 22 Noviembre

(Jesús dijo:) Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Lucas 10:20

Los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.

Hechos 13:52

Vuélveme el gozo de tu salvación.

Salmo 51:12

El gozo de ser salvo

Jesús envió a sus discípulos a anunciar el Evangelio. Cuando volvieron estaban felices por los resultados de su misión. Pero el Señor los dirigió hacia un gozo más profundo, el de saber que sus nombres estaban escritos en los cielos. En efecto, ¡qué felicidad saber que pertenecemos al Señor, que somos salvos eternamente!

No obstante, mi gozo puede ser empañado, y a veces como apagado. Entonces, ¿debo deducir que ya no le pertenezco? No, porque no es el gozo el que me da la seguridad de ser salvo. Soy salvo por la obra de Cristo, y tengo esta certeza por la Palabra de Dios. Mi gozo depende de mi estado espiritual. La obra de Cristo no puede ser culpada; por lo tanto, nadie nos puede quitar nuestra salvación (Juan 10:28-29). En cambio, si nuestro estado espiritual no es bueno, puede suceder que no apreciemos más el privilegio de pertenecer a Dios, como un hijo que no quiere seguir más a sus padres.

Por falta de paciencia y de dominio propio ante las dificultades, quizás, o porque estamos demasiado absorbidos por los afanes de la vida, podemos alejarnos de Dios nuestro Padre. Así nuestro gozo se pierde. Nuestra salvación no se puede perder porque ella depende de la obra de Cristo por nosotros. Si el Espíritu de Dios es contristado en nosotros, no disfrutamos el gozo de ser salvos. Cuando un hijo de Dios no se halla en un buen estado interior, su comunión con el Padre se interrumpe; sin embargo, él sigue siendo un hijo de Dios. Si confiesa su pecado, la comunión se restablece y el gozo vuelve.

Josué 10:22-43 – Hebreos 11:1-22 – Salmo 131 – Proverbios 28:9-10

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El dorso de la alfombra

Sábado 19 Noviembre

Aunque… si es necesario, tengáis que ser afligidos… para que sometida a prueba vuestra fe… sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

1 Pedro 1:6-7

El dorso de la alfombra

En las afueras de El Cairo visitamos un taller de artesanos donde jóvenes obreros fabricaban alfombras tejidas. Sentados frente a un cuadro tendido de hilos de colores, cada uno se dedicaba a seguir un dibujo que tenía ante sus ojos. Pero el trabajo nos parecía mal hecho: veíamos hilos entrelazados de todos los colores más o menos bien anudados, de longitud desigual.

El jefe del taller vio nuestra sorpresa, nos hizo un recorrido por el telar, y allí todo quedó explicado. Lo que nosotros habíamos visto era el reverso. Por el lado derecho el dibujo aparecía perfecto. Los hilos estaban cuidadosamente separados; nada de nudos ni de puntas de hilo que sobresalían.

Nosotros, los seres humanos, tenemos una visión imperfecta y limitada de nuestra existencia terrenal. De la mía a menudo solo veo el reverso: tristezas, dificultades, preocupaciones… En cambio, Dios ve el “derecho”. Él trabaja en mi vida y sabe lo que hace.

Como a su discípulo Pedro, que no comprendía sus intenciones, Jesús nos dice: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan 13:7).

Nos hacemos preguntas sobre el sentido de una u otra prueba. Estemos seguros que ella corresponde al plan de Dios, quien quiere formar la vida de cada uno para su gloria. Tal vez sea necesario esperar el cielo para comprender cuál es el objetivo de Dios y conocer las respuestas a nuestros numerosos “porqués”. Hasta entonces, confiemos en su sabiduría y en su amor.

Josué 8 – Hebreos 9:15-28 – Salmo 128 – Proverbios 28:3-4

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Dios ama al pecador

Viernes 18 Noviembre

Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Romanos 5:8

(Dios declara:) Nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

Hebreos 8:12

Dios ama al pecador

Dios aborrece el pecado que nos separa de él (Isaías 59:1-2). En su Palabra declara que todos somos pecadores: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). El pecado, palabra que hace reír a muchas personas, es una acción, un sentimiento o pensamiento contrario a lo que Dios ordena. En particular, es desobedecer a las leyes divinas reveladas, haciendo lo que es malo o injusto a los ojos de Dios (1 Juan 3:45:17). La Biblia también habla de los pecados que consisten en no hacer lo que es justo (Santiago 4:17). Generalmente el pecado conlleva una falta de amor, porque la ley divina se resume en un mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Romanos 13:9).

Así, aunque es posible vivir toda una vida sin cometer un crimen o un adulterio, o incluso sin robar ni engañar voluntariamente, sin embargo, todos nosotros hemos pecado. En nuestro corazón, en lo más profundo de nosotros mismos, nace el pecado, consecuencia de alguna codicia. Luego se produce el acto malo llamado pecado.

Pecar es oponerse a las normas perfectas de Dios, quien es santo, aborrece el pecado y juzgará todo mal. Pero Dios también es amor. Él ama a los pecadores aunque nos parezca imposible. La Biblia lo confirma: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Y Dios perdona al que, reconociéndose pecador, acepta la salvación y la gracia que se ha manifestado “a todos los hombres” por medio de Jesucristo el Salvador (Tito 2:11).

Josué 7 – Hebreos 9:1-14 – Salmo 127 – Proverbios 28:1-2

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Cartas a las iglesias: Esmirna (2)

Jueves 17 Noviembre

(Jesús dijo:) No temas en nada lo que vas a padecer… Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.

Apocalipsis 2:10-11

Cartas a las iglesias: Esmirna (2)

Leer Apocalipsis 2:8-11

Los escritos del segundo siglo narran la vida, el mensaje y el martirio de Policarpo, obispo de Esmirna. Policarpo se negó a adorar a César y animó a los cristianos a permanecer fieles a Jesucristo, su único Señor. Finalmente, su testimonio le costó la vida. Un día de fiesta la multitud frenética buscó a Policarpo y lo presionó a elegir entre adorar a César o morir. “He servido a Cristo durante 86 años, respondió él, y nunca me ha hecho daño. ¿Cómo puedo negar a mi Rey? ¡Él me salvó!”. Estas palabras avivaron la ira de la multitud que recogió leña para quemarlo. Antes de morir, Policarpo oró a Dios: “Te agradezco, a ti que en tu misericordia me hallaste digno de vivir este día y esta hora para que yo forme parte de los mártires…”.

Este hecho nos ayuda a comprender el mensaje de Jesús a la iglesia de Esmirna: “No temas en nada lo que vas a padecer”. Jesús se ocupa totalmente de los que sufren por él, y los anima: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”.

Estas palabras nos interpelan, incluso si muchos de nosotros no arriesgamos nuestra vida a causa de nuestra fe. Nuestra libertad debería motivarnos a estar cada día más unidos y fieles al Señor. No obstante, este mensaje se dirige especialmente a las iglesias perseguidas de todos los tiempos, incluido nuestro siglo 21. Notamos que Esmirna es una de las dos únicas iglesias, entre las siete, a la cual Jesús no hace ningún reproche.

(continuará el próximo jueves)

Josué 6 – Hebreos 8 – Salmo 126 – Proverbios 27:23-27

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Un diálogo respetuoso

Miércoles 16 Noviembre

Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice el Señor.

Jeremías 29:13-14

Un diálogo respetuoso

Muchas personas no creyentes desean conocer más sobre la fe cristiana, pero temen preguntar a los cristianos, por miedo a ser juzgadas por ellos. Porque aceptar el intercambio es un poco descubrirse a sí mismo.

Les corresponde a los cristianos “adaptarse” a quienes los rodean para mostrarles claramente la buena nueva del amor de Dios. Y esto sin importar la cultura o la clase social del interlocutor. El Señor Jesús pagó el precio para llevar a Dios personas “de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9).

Aprovechar una conversación cordial para testificar de la gracia de Cristo implica el respeto a las personas, teniendo la convicción de que ellas son amadas por Dios. También es necesario que ellas sientan que las amamos, incluso si no compartimos todas sus opiniones. Es preciso escuchar a quienes buscamos alcanzar, comprender sus dudas. Con ellos, a su propio ritmo, será más fácil hallar las respuestas de la Biblia a sus preguntas.

En los evangelios frecuentemente vemos a Jesús acercarse e interrogar a sus interlocutores antes de hablarles. Así sucedió con la mujer samaritana (Juan 4), con los discípulos en el camino a Emaús (Lucas 24).

En su defensa ante Agripa y Festo, Pablo les contestó: “No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura… ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:25-28).

Amigos cristianos, sigamos estos ejemplos y confiemos en Dios y en la obra de su Espíritu.

Josué 5 – Hebreos 7:18-28 – Salmo 125 – Proverbios 27:21-22

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