Letargo espiritual

Viernes 14 Julio
Donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Lucas 12:34
De la abundancia del corazón habla la boca.
Mateo 12:34
Letargo espiritual
Para muchos de nosotros, lo más importante en la vida está ligado a la salud, la familia, los bienes materiales, el dinero… En los tiempos de la Roma imperial, el pueblo pedía «pan y circo». Mientras tanto, los cristianos vivían con el temor constante de ser arrestados, y solo podían reunirse en la oscuridad de las catacumbas. Para ellos, lo más importante era permanecer unidos al Señor y no negarlo. Muchos estaban dispuestos, si era necesario, a enfrentarse a la muerte por fidelidad a Cristo.

Recordando los sufrimientos de esos mártires, estaremos de acuerdo en que nosotros estamos lejos de ese estado de piedad. Sin embargo, como esos creyentes del comienzo del cristianismo, tenemos una vida nueva, la que Dios nos ha dado a través de nuestro Señor. Entonces, ¿por qué esta diferencia entre los primeros cristianos y nosotros?

Escuchemos al apóstol Pablo, quien fue perseguido por causa de su Señor, recordar lo que animaba su vida cristiana: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). ¿Mi vida da testimonio de que he «muerto» y vivo con Cristo? ¿Es esto lo más importante para mí, y lo que es evidente para los que me rodean y no tienen esperanza? “Es ya hora de levantarnos del sueño” (Romanos 13:11), para brillar “como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15).

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3).

Miqueas 3-4 – Lucas 4:16-44 – Salmo 83:9-18 – Proverbios 19:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Arrepentíos

Jueves 13 Julio
¿Qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Hechos 2:37-38
El bautismo (2)
Leer Hechos 2:22-39
Las personas a las que el apóstol Pedro invitó a bautizarse habían pedido a los soldados romanos que clavaran a Jesús en una cruz. Se turbaron cuando se dieron cuenta de lo que habían hecho. Entonces Pedro les dijo: “Arrepentíos”, es decir, reconozcan su pecado, renuncien a él, y “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados”.

Sin embargo, esto no significa que el perdón se nos conceda a través del bautismo. De hecho, varios versículos del Nuevo Testamento dejan claro que la salvación se obtiene mediante la fe en el Señor Jesús (Juan 1:12; 3:16; Hechos 16:31; Romanos 10:9).

En estos versículos vemos claramente que esta certeza es la base de la fe cristiana. Nuestros pecados no solo son perdonados, sino también lavados (Hechos 22:16). Creamos siempre que Dios nos ha perdonado y limpiado mediante la muerte de Jesús en la cruz. Confiemos en que Dios es un Dios de gracia.

En Hechos capítulo 2, los que se bautizaron mostraron, con este hecho, que se separaban públicamente de los que habían crucificado a Jesús, y que a partir de ese momento estaban de su lado.

Esto es verdad también actualmente: al ser bautizados, nos ponemos públicamente bajo la autoridad de Jesús, nuestro Salvador y Señor.

El bautismo bíblico es la señal de nuestra muerte con Cristo (Romanos 6:3-4), de nuestra resurrección con él (Colosenses 2:12-13).

(continuará el próximo jueves)
Miqueas 1-2 – Lucas 4:1-15 – Salmo 83:1-8 – Proverbios 19:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Dios está presente, y perdona

Miércoles 12 Julio
Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
1 Timoteo 1:15
Dios está presente, y perdona
Una antigua ministra francesa escribió: «Dios es una necesidad para el hombre, es el recuerdo constante de que no somos todopoderosos, es el recuerdo del imperativo moral de amar al prójimo, de acogerlo, de acudir en su ayuda… Jesús es el misterio de Dios hecho hombre. Es el perdón en la cruz, con aquella maravillosa promesa hecha al ladrón arrepentido, crucificado a su lado: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Jesús solo pronunció la palabra de perdón, no la de condenación; y cuando el hombre pide este perdón, el Señor siempre responde a su petición… Sé que Jesús está vivo a la diestra del Padre, y millones de cristianos lo saben, su Palabra es viva para todos».

Aunque usted no sea una persona famosa, este testimonio también puede ser el suyo. Pero, ¿cómo es posible que el Dios infinito dejara de ser un misterio para seres tan limitados como nosotros? ¡Porque Jesús nos lo revela! Él nos muestra el camino hacia el perdón de Dios; y concede el perdón al que reconoce que ha despreciado las leyes de Dios y que necesita una sanación interior. ¡De hecho, en esto consiste el arrepentimiento! Por medio de él tendremos acceso a una verdadera esperanza, la de una vida con Dios, que comienza desde ahora, a través de la lectura de su Palabra, un libro vivo que nos transforma y comunica la vida.

Por medio de la Biblia, Jesús nos dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:6-7, 9)

Daniel 12 – Lucas 3 – Salmo 82 – Proverbios 19:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

No te condeno

Martes 11 Julio
El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
Juan 3:18
¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera.
Romanos 6:1-2
No te condeno
Leer Juan 8:1-11
Los escribas y fariseos, líderes religiosos de la época de Jesús, le trajeron una mujer sorprendida en adulterio. El pecado de esa mujer realmente no era un problema para ellos, pero decidieron aprovechar la ocasión para tentar a Jesús. “En la ley”, dijeron, “nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?”. La trampa era sutil. Jesús debía escoger entre la ley, la cual respetaba, y la gracia que él mismo había traído. Al principio no respondió nada. Este silencio exasperó a los hombres que ya saboreaban su triunfo. Pero Jesús les lanzó una flecha que alcanzó su conciencia: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Es como si les hubiera dicho: «El pecado de esta mujer es inexcusable y merece una condena justa. ¿Y ustedes? ¿No son culpables también?». Entonces los acusadores, confundidos, se retiraron.

La mujer se quedó sola con Jesús, aliviada sin duda al ver desaparecer a los que la condenaban. Tal vez estaba preocupada ante Aquel que, siendo sin pecado, era el único que tenía derecho a condenarla. Pero oyó esta palabra, que solo el Hijo de Dios podía pronunciar: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

¿Está permitido pecar “para que la gracia abunde? En ninguna manera”, dijo el apóstol Pablo. “En ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4). Primero es necesario el perdón. Luego, conscientes de la gracia divina, podemos recibir fuerza y fidelidad para una conducta santa.

Daniel 11:21-45 – Lucas 2:21-52 – Salmo 81:11-16 – Proverbios 19:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Las tres comidas de Elías (2)

Lunes 10 Julio
Jesús… alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él.
Juan 7:37-39
Las tres comidas de Elías (2)
Tercera comida (1 Reyes 19:5-7)
“Un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel del Señor la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta”. Tras una gran hazaña pública, Elías se derrumbó y huyó ante la amenaza de muerte proferida por la reina. Pero Dios no lo desamparó. Durante este tiempo de profundo desánimo, Elías recibió una torta y agua de las propias manos de un ángel. Así Dios renovó sus fuerzas. Lo levantó, le dio instrucciones y le confió nuevas tareas.

Después de disfrutar tiempos de comunión a solas con Dios, tras un período en que desempeñamos un servicio en el mundo, también podemos experimentar momentos de desánimo, pero nuestro fiel Dios no nos abandona. Él nos da fuerza, nos levanta y nos reintegra a su servicio.

En estas tres comidas hay algo en común: el agua del arroyo, el agua en un vaso y el agua en una vasija. En la Biblia, el agua pura a menudo es una imagen del Espíritu Santo, como lo muestra el versículo de hoy. Necesitamos alimento: Jesucristo, su muerte, su resurrección, su persona, sus enseñanzas, sus milagros, sus gestos y obras nos alimentan. Pero también necesitamos el agua del Espíritu Santo que nos trasmite las riquezas de Cristo, refresca nuestros corazones y nos transforma para hacernos más semejantes a nuestro Salvador.

Daniel 11:1-20 – Lucas 2:1-20 – Salmo 81:1-10 – Proverbios 19:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Las tres comidas de Elías (1)

Domingo 9 Julio
La harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que el Señor había dicho por Elías.
1 Reyes 17:16
Las tres comidas de Elías (1)
Primera y segunda comida
Tres episodios de la historia del profeta Elías lo muestran comiendo.

– Al principio de su servicio (1 Reyes 17:5-6), durante una sequía inusual, Dios lo cuidó de manera milagrosa: los cuervos le traían del cielo lo que necesitaba cada día. El menú era rico para una época de hambre: pan y carne, dos veces al día, con agua fresca. ¡Qué fidelidad por parte de Dios! Y Dios no cambia. Él siempre responde a la oración: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Lucas 11:3). Esto se refiere tanto a la alimentación de nuestro cuerpo como a la de nuestro ser interior. Él sabe que cada uno de nosotros necesita esta relación diaria e íntima con él, mediante la lectura de la Biblia y la oración.

– Un poco más tarde Elías fue acogido por una viuda que le dio agua y comida (1 Reyes 17:10-16). Esta extranjera puso su confianza en él y en su Dios. Su fe se manifestó cada día nuevamente; y ella experimentó, tras la enfermedad y la resurrección de su hijo, que el Dios de Elías era el Dios de la vida.

Después de nuestros momentos matutinos de comunión con Dios, salimos para nuestro trabajo al mundo, donde estaremos en contacto con personas que pasan por dificultades, que sufren, y tendremos la oportunidad de dar testimonio a aquellos a quienes Dios quiere hablar. Servir a Dios, hacer la obra que nos encomendó, también es un alimento. Jesús dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34).

(mañana continuará)
Daniel 10 – Lucas 1:57-80 – Salmo 80:8-19 – Proverbios 19:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¡Más cerca, oh Dios, de ti!

Sábado 8 Julio

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
Colosenses 3:16
¡Más cerca, oh Dios, de ti!
Mi padre solía contarnos ciertos episodios de la guerra, en particular algunas experiencias que le impresionaron y le animaron, a pesar de la crueldad del momento.

Un día su compañía estaba en la primera línea del frente y recibió la visita del capellán. El teniente había dado permiso para que los hombres que lo desearan, unos diez, se reunieran en un pequeño bosque cercano, de donde podían ser llamados en cualquier momento. El capellán les habló del Señor Jesús y de su promesa de estar siempre con ellos, estuviesen donde estuviesen. Después de leer la Biblia y orar, propuso cantar un himno. De común acuerdo eligieron un himno universalmente conocido:

¡Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca sí!
¡Concédeme tu ayuda; sostén mi fe!
Al principio el canto era un poco tímido, apenas audible, pero luego tomó fuerza, y finalmente los soldados cantaron a plena voz:

En el día en que la prueba se desborda
como un río,
Mantenme cerca de ti, más cerca de ti.
Los soldados volvieron a sus puestos. Sin embargo, de repente escucharon el mismo himno en un idioma diferente desde las líneas del otro lado. ¡Era el himno de la fe, que no tiene fronteras, que une a todos los creyentes en una misma comunión, bajo la protección de un mismo Padre, el Dios y Padre de nuestro Salvador y Señor Jesucristo!

Daniel 9:20-27 – Lucas 1:26-56 – Salmo 80:1-7 – Proverbios 19:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Jesús está vivo

Viernes 7 Julio
A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Hechos 2:32
Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
Romanos 10:9
Jesús está vivo
Para abordar un tema especial, un periodista escribió: «Científicos de todas las tendencias están seguros: ¡Sí, Jesús existió! Vivió en Galilea y murió en una cruz. Pero, ¿y el resto?».

La respuesta que cada uno da a esta pregunta es esencial. La opinión de los llamados expertos no es la que debe guiarnos. El apóstol Pablo escribió: “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Corintios 15:17). El cristianismo no es una religión sacada de la imaginación del hombre. ¡El cristianismo está basado en hechos!

Dios se da a conocer por lo que hace. Él creó el universo. Su majestad, su poder y bondad son presentados a todas las criaturas inteligentes. También “envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9). Entonces su amor por nosotros se reveló. La muerte de Jesús en la cruz fue necesaria para salvar a los hombres. Él “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). Su resurrección no es una fábula, Dios dio las pruebas suficientes e indubitables de ella.

Jesús resucitado fue visto primero por unas mujeres en el sepulcro, luego por los apóstoles, y después por quinientos hermanos (o discípulos) a la vez. La fe de los creyentes no está “fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:5).

Esta fe es dada a todos los que creen en la resurrección de Jesús. ¡Dicha certeza les da paz y gozo cada día!

Daniel 9:1-19 – Lucas 1:1-25 – Salmo 79:8-13 – Proverbios 18:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El bautismo (1): un acto simbólico

Jueves 6 Julio
(Jesús dijo a sus discípulos:) Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.
Mateo 28:19-20
El bautismo (1): un acto simbólico
Nuestra vida está llena de actos simbólicos: dar la mano para saludar, aplaudir para mostrar admiración, levantar los brazos en señal de victoria, etc. Cada acto simbólico tiene, pues, su significado.

El bautismo es uno de los dos actos que nos hablan de la muerte del Señor Jesús; el otro es la Cena en memoria del Señor, acto que él mismo instituyó. La Cena del Señor tiene que ver más con la persona de Jesús, con el hecho de que él dio su vida y que su amor triunfó. El bautismo, entrar y salir del agua, evoca los resultados de su muerte para los que creen en Jesús.

Cuando Jesús comenzó su servicio en la tierra, sus discípulos conocían el bautismo que Juan el Bautista había predicado, el bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados (Marcos 1:4-5). Luego Jesús instituyó el bautismo cristiano, acto que se hace en el nombre de Dios el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para todos los que creen en él (Marcos 16:16) y se convierten en sus discípulos. Ser discípulo de Jesús es estar en su escuela y aprender de él, quien es “manso y humilde de corazón”.

El apóstol Pablo nos enseña: “Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte. Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:3-4).

(continuará el próximo jueves)
Daniel 8 – 3 Juan – Salmo 79:1-7 – Proverbios 18:22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¡Eso no fue lo que dijo!

Miércoles 5 Julio
Pedro… dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de este? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.
Juan 21:21-22
¡Eso no fue lo que dijo!
Antes de subir al cielo, Jesús resucitado le dijo a Pedro que él moriría como mártir. Pedro le preguntó qué sucedería con Juan. Jesús le respondió: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?”. Esta respuesta fue malinterpretada, y se corrió el rumor de que Juan no moriría.

Imaginémonos la confusión de los cristianos que habían creído este rumor, cuando el apóstol Juan murió, y las preguntas que pudieron hacerse: «¿Jesús se había equivocado? ¿O tal vez su venida ya había tenido lugar y los había olvidado?». ¡Qué efecto tan desastroso tuvo este falso rumor en su fe!

Esta es una seria advertencia para nosotros. Muchas ideas falsas se han difundido entre los cristianos, porque se ha escuchado superficialmente la Palabra de Dios, y se le han añadido pensamientos personales. Estos conceptos erróneos, aceptados por muchos, pueden causar un gran daño entre los creyentes. Son perjudiciales para la fe, producen desorden y confusión.

Hoy la Biblia, la Palabra de Dios, está completa y constituye “las Escrituras”. Ellas, y solo ellas, son autoridad para los cristianos. Cualquier cosa que el hombre añada no tiene autoridad divina y puede desviarnos completamente.

Sigamos el ejemplo de los cristianos de Berea, es decir, escudriñemos las Escrituras cada día para verificar lo que oímos: “recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres” (Hechos 17:11-12).

Daniel 7 – 2 Juan – Salmo 78:65-72 – Proverbios 18:20-21

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch