Solo Dios habla bien de Dios

Martes 14 Junio

Dios… nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.

Hebreos 1:1-2

Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

1 Timoteo 2:5

Solo Dios habla bien de Dios

Blaise Pascal (1623-1662), célebre matemático y filósofo, estuvo inquieto y turbado durante mucho tiempo. Buscaba la paz con Dios, y la halló mediante la lectura de la Biblia.

En su obra titulada “Pensamientos” explica sobre qué fundamento están establecidas sus certezas y su profundo gozo. Da el firme testimonio de un hombre redimido por la gracia de Dios, por la obra de Cristo, y que espera en paz la eternidad: “Tiendo los brazos a mi Libertador (Jesús) quien, habiendo sido anunciado durante cuatro mil años, vino a la tierra a sufrir y a morir por mí, en los tiempos y en las circunstancias predichas. Por su gracia espero la muerte en paz, con la esperanza de estar eternamente unido a él; vivo gozoso, sea disfrutando de los bienes que le place darme, o en los males que me envía para mi bien, y que por medio de su ejemplo me ha enseñado a soportar”.

Pascal cita con convicción las Santas Escrituras para que todos los que dudan, y aún más los indiferentes e incrédulos, sean iluminados por la Palabra divina. Con seis palabras subraya la inspiración de las Escrituras: “Solo Dios habla bien de Dios”. Y añade: “No conocemos a Dios sino por Jesucristo. Sin este Mediador se pierde toda comunicación con Dios… Sin la Escritura, que solo tiene por objeto a Jesucristo, no conocemos nada y no vemos nada más que oscuridad y confusión en la naturaleza de Dios y en nuestra propia naturaleza”.

“Recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Santiago 1:21).

Levítico 24 – Efesios 3 – Salmo 71:1-6 – Proverbios 17:9-10

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¿Quién es más grande, Dios o el hombre?

Lunes 13 Junio
¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo el Señor?
Éxodo 4:11
El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?
Salmo 94:9
¿Quién es más grande, Dios o el hombre?
Llevé a un compañero a la estación del tren. El tráfico era pesado, así que gastamos más tiempo de lo previsto. En el recorrido hablamos de Dios, pues ambos creíamos en él, pero de manera diferente: él veía a Dios solo como un inmenso poder inicial; yo conocía al Dios de la Biblia, infinito en poder, pero también como Persona… Después de estacionar el automóvil, tomamos las maletas y nos dimos prisa. Entonces le pregunté: ¿Qué hace que un hombre sea grande?

 – Su inteligencia y su sentido moral, respondió rápidamente.

 – Entonces, ¿negarías que Dios es quien ha dado al hombre su inteligencia? Quién es más grande, ¿Dios o el hombre?

Mi compañero subió rápidamente al tren. La puerta se cerró mientras me respondía: -¡Dios es más grande!

En efecto, Dios es más grande que el hombre. Él nos hizo, y no al contrario (Salmo 95:6). Dios creó al hombre a su imagen; nos dio una inteligencia, un sentido moral y una personalidad. Pero Dios posee todo esto de una manera suprema: “Su entendimiento es infinito” (Salmo 147:5). Dios habló de varias maneras, él es Aquel que se revela. Es el Dios que recuerda todo, anota todo y sabe todo. Está en todas partes y por encima de todo. Tales pensamientos podrían aplastarnos, pero la Biblia nos muestra que Dios nos ama y nos dio lo más valioso que tenía: su propio Hijo.

Levítico 23 – Efesios 2 – Salmo 70 – Proverbios 17:7-8

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Querido lector, Dios le habla hoy

Domingo 12 Junio
No sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.
Santiago 4:14

Gracias, Dios mío, porque esto no ocurrió ayer
Aunque su madre era cristiana, Mary no se interesaba en las cosas de Dios. Una tarde pasó frente a una sala donde se anunciaba el Evangelio, y Sheila, una cristiana, la invitó a entrar.

Mary respondió:

 – Otro día, ahora no tengo Biblia.

Sheila le ofreció la suya. Mary se dejó convencer y entró. El mensaje le llegó directo al corazón. Se echó a llorar, confesó sus pecados a Jesús y halló la paz por medio de la fe en él. Antes de irse, Mary quiso devolver la Biblia a su dueña, pero Sheila escribió una dedicatoria para Mary en su Biblia y se la regaló.

Esa misma noche Mary escribió a su madre para anunciarle su conversión. Al día siguiente, en la mañana, la joven sufrió un grave accidente y fue llevada al hospital; allí preguntó al cirujano:

 – Doctor, ¿voy a recuperarme?

 – No, no es posible, respondió con franqueza el médico.

Consciente de la gravedad de su estado, y mientras la vida se le iba, tuvo fuerzas para levantar las manos en actitud de alabanza y exclamar: “Gracias, Dios mío, porque esto no ocurrió ayer”.

Ayer Mary vivía sin Dios y estaba perdida. Hoy partió serenamente hacia su Salvador.

Sheila visitaba frecuentemente ese hospital. Ese día le dijeron que al lado de una cama habían encontrado una Biblia con su nombre. Luego reconoció con emoción la Biblia que ella había ofrecido a Mary la víspera.

Querido lector, Dios le habla hoy. Lo está buscando. ¡No deje para mañana su decisión!

Levítico 22 – Efesios 1 – Salmo 69:29-36 – Proverbios 17:5-6

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Aplazar

Sábado 11 Junio
He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.
2 Corintios 6:2
Aplazar
Esta palabra significa dejar para más tarde lo que podemos hacer ahora. Dicha tendencia es peligrosa. Aplazar un examen, el pago de impuestos y otras facturas, e incluso la visita al médico cuando uno está enfermo, puede traer graves e irreparables consecuencias. La pereza, el desánimo, o incluso la indecisión, que nos llevan a posponer tareas urgentes, pueden hacernos mucho daño.

Pero hay un ámbito en el que es aún más peligroso dejar para mañana la decisión que debemos tomar hoy. Se trata de nuestra relación con Dios, pues ella determina nuestro futuro eterno. Es una cuestión de vida o muerte. “Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti” (Deuteronomio 30:19-20). Aquí la muerte simboliza la ausencia de relación con Dios y la perspectiva del juicio que sigue a la muerte física. La vida es, al contrario, la relación que podemos tener con Dios, desde ahora y para siempre, basada en el perdón de nuestros pecados. Pecamos cada día, y solo la sangre de Jesucristo, derramada por nosotros en la cruz, puede borrar nuestros pecados. La fe en él nos permite obtener el perdón. Dios nos invita a escoger la vida y a tomar una decisión pronta. Nuestra vida es efímera, frágil; no debemos aplazar esta decisión, pues de ella depende nuestro futuro eterno. “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15). ¡Mañana quizá sea demasiado tarde!

“Buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas” (Lucas 12:31).

Levítico 21 – Romanos 16 – Salmo 69:19-28 – Proverbios 17:3-4

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El amor echa fuera el odio

Viernes 10 Junio
Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Lucas 23:33-34
El amor echa fuera el odio
“La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, solo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio, solo el amor puede hacerlo”. Estas palabras de Martin Luther King nos llaman la atención. En este mundo donde vemos con tristeza que la mentira responde a la mentira, el odio al odio, la violencia a la violencia, nos convendría poner en práctica estos principios. Pero, ¿quién puede quitar la oscuridad? ¿Quién es capaz de amar a su enemigo? Solo hubo Uno capaz de hablar de amor y perdón cuando era condenado injustamente, cuando sus enemigos le ocasionaban los más crueles sufrimientos. ¡Fue Jesucristo!

Durante su vida en la tierra enseñó a las multitudes, diciendo: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues… Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lucas 6:27-31). Jesús no solo enseñó estas cosas, sino que también las puso en práctica. Condenado a muerte injustamente, sufriendo el martirio, clavado en una cruz, oró pidiendo perdón para sus verdugos.

Nuestros pecados son una ofensa a Dios. Pero el perdón y la vida divina son ofrecidos a todos. ¿Somos conscientes de la necesidad de reconciliarnos con Dios? Jesucristo hizo todo lo necesario para ello. ¡Solo basta que cada uno lo crea!

Levítico 20 – Romanos 15:14-33 – Salmo 69:9-18 – Proverbios 17:1-2

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Hágase tu voluntad

Jueves 9 Junio
(Jesús dijo:) Oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
Mateo 6:9-10
Otra vez… (Jesús) oró… diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
Mateo 26:42
Hágase tu voluntad
En la oración conocida como el “Padre nuestro” (Mateo 6), Jesús nos invita a pedir: “hágase tu voluntad”. Orar así no significa esperar pasivamente la realización de lo que Dios quiere, sino responder a la invitación de Jesús para discernir esta voluntad, y orar para recibir la fuerza a fin de hacer lo que él nos pide.

En Mateo 26 Jesús mismo expresó esta oración en Getsemaní, justo antes de morir: “Si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. El mayor deseo de Jesús era hacer la voluntad de su Padre, y esto al precio de los infinitos sufrimientos que soportó para expiar nuestros pecados.

Enseñándonos a orar diciendo: “hágase tu voluntad”, Jesús nos invita a no ser pasivos, sino a asociarnos a la realización del plan de Dios en la tierra y en nuestras vidas. El primer paso es creer en el Señor Jesús para recibir una vida nueva, la cual se goza en hacer la voluntad de Dios. Esto implica renunciar a nuestra voluntad personal egoísta o corrupta. Pero también significa responder al llamado del Señor que resuena en nuestra conciencia, y seguirlo para hacer lo que le agrada.

Aceptar la voluntad de Dios es escucharlo y someternos a sus pensamientos, tener comunión con él. Esto es muy personal y se vive en el día a día, en una relación viva con Dios.

Decir “hágase tu voluntad” implica un deseo ferviente y continuo, sostenido por el Espíritu Santo, de servir al Señor Jesús.

Levítico 19 – Romanos 15:1-13 – Salmo 69:1-8 – Proverbios 16:33

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Creamos la Palabra de Dios

Miércoles 8 Junio
Muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos.
Juan 2:23-24
(Jesús dijo:) El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
Juan 5:24
Creamos la Palabra de Dios
En la parábola del rico y Lázaro, Jesús levantó el velo sobre el más allá (Lucas 16:19-32). El rico murió y fue enviado al “lugar de tormento”. Cuando se dio cuenta de que su desgracia era definitiva, quiso que advirtiesen a sus cinco hermanos, que aún estaban vivos en la tierra, para que ellos no fuesen también a ese terrible lugar.

La respuesta fue extremadamente seria: “A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos”. El rico insistió, pero se le respondió que si alguien no creía “a Moisés y a los profetas” (en ese tiempo, la parte escrita de la Biblia, el Antiguo Testamento), ¡tampoco creería aunque alguien se levantase de los muertos!

A veces oímos decir: “Nadie ha vuelto del más allá…”. ¡Esto es falso! Jesús murió, pero resucitó y se presentó vivo varias veces a los suyos (1 Corintios 15:3-8). Su testimonio fue ampliamente difundido. Sin embargo, muchos rechazan este hecho extraordinario de la resurrección de Jesús. Desde hace cerca de 2000 años, a pesar de las pruebas de esta resurrección, los hombres siguen resistiendo a la verdad. Así confirman que esta parábola de Lucas 16 corresponde a la realidad.

No esperemos pruebas que vengan de otro mundo, o milagros extraordinarios, para creer la Palabra de Dios. La Biblia es formal: aceptar humildemente lo que Dios dice en las Sagradas Escrituras nos conduce a la salvación. Leamos, pues, la Palabra con fe; así estaremos totalmente seguros de nuestro futuro eterno.

Levítico 18 – Romanos 14 – Salmo 68:28-35 – Proverbios 16:31-32

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Salvado eternamente

Martes 7 Junio
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8:38-39
Salvado eternamente
Un evangelista cuenta una experiencia especial de su vida cristiana.

“Era cristiano desde hacía muchos años cuando alguien me preguntó: ¿Nunca ha dudado de su fe? ¿Nunca ha tenido miedo de equivocarse creyendo que pertenece a Cristo eternamente?

Me pareció extraño que alguien me preguntase esto justo en ese momento. En efecto, en la tarde del día anterior, mientras iba camino a predicar el evangelio, me pareció escuchar una voz que me decía: ¡Donald, eres un hipócrita! ¡Tú no eres salvo! Muy turbado, me pregunté si esto podría ser verdad. Después de haber predicado a Cristo durante años, ¿sería posible que yo no fuese salvo? Inmediatamente el Señor me ayudó, y pude decir: Señor, te doy gracias. Soy verdaderamente salvo porque tú moriste en la cruz también por los hipócritas. Tú recibes a todos los hombres tal como son.

En ese momento la nube de la duda se disipó. Comprendí que esas preguntas que sembraban la duda en mí provenían del diablo que quería quitarme la paz. Semejantes pensamientos de duda nunca vienen de Dios. Esto fue lo que respondí a mi interlocutor”.

Dicho testimonio debería animar a todos los que confesaron sinceramente su estado de pecado a Dios, pero que todavía luchan con las dudas respecto a su fe. El versículo del día no puede ser más claro; ha traído la paz a numerosos creyentes.

Levítico 17 – Romanos 13 – Salmo 68:21-27 – Proverbios 16:29-30

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¿Hago el bien?

Domingo 5 Junio
Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.
Santiago 4:17
Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.
Eclesiastés 12:14
¿Hago el bien?
¿Cómo distinguir lo que está bien de lo que está mal? ¿Por qué está mal robar un objeto? ¿Por qué algunos comportamientos, censurables hace algunos años, son permitidos hoy? El tema del bien y del mal es fundamental. Cuando Adán fue creado en el huerto de Edén, solo conocía lo que era bueno: escuchar a Dios y obedecerle. Pero cuando transgredió el único mandamiento que Dios le dio, conoció la diferencia entre el bien y el mal. Su conciencia se despertó y fue consciente de su pecado; por eso tuvo miedo cuando Dios se acercó a él.

Ante el tema del bien y del mal, cada uno debe tomar decisiones en el ámbito moral. ¿Actuaré según lo que la conciencia me dice, o en contra? Dios, nuestro Creador, nos dio referencias seguras en su Palabra. Incluso si nuestras sociedades permisivas, bajo el disfraz de la tolerancia, a menudo se están liberando de prohibiciones y de ciertos tabúes, los criterios del bien y del mal fijados por Dios no cambian. Si para muchos el pecado es una noción pasada de moda, la Biblia lo presenta como una tendencia al mal profundamente anclada en el corazón humano.

¿Podemos liberarnos del pecado para hacer el bien? ¡Sí! Dios, quien es santo, lo solucionó dando a su Hijo. Jesús “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). El que cree en él es “justificado”, hecho justo, para hacer lo que es bueno. “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23).

Levítico 15 – Romanos 11:25-36 – Salmo 68:7-14 – Proverbios 16:25-26

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Los pies lavados (3)

Sábado 4 Junio
(Jesús dijo:) Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros; porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
Juan 13:14-15
Los pies lavados (3)
Jesús lavó los pies de sus discípulos, y en esto les dio ejemplo. Por ello desea que nosotros también nos lavemos “los pies los unos a los otros”, poniéndonos moralmente a los pies de nuestros hermanos y hermanas.

En esta posición de humildad podemos ayudarles a purificarse, y esto a menudo es recíproco. Debemos actuar así unos para con otros animándonos a escuchar la Palabra de Dios, que habla a nuestra conciencia, nos purifica y nos libera.

Lavar los pies a un viajero cansado, después de una caminata en una región cálida, lo refresca y lo reconforta. ¡Fortalezcamos a los que están cansados de caminar en la vida cristiana! Ante todo, es un servicio de amor mutuo que implica que nos preocupemos “los unos por los otros” (1 Corintios 12:25). Así somos llamados, mediante la oración o por medio de palabras de ánimo, a vivir esta exhortación: “Servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13).

“Lavar los pies” de un amigo cristiano consiste en servirle, ayudarle, para que en él no haya nada que interrumpa su comunión con Dios, su servicio, su relación con sus hermanos y hermanas cristianos. Semejante disposición, como de parte de Jesús nuestro Maestro, es difícil. A veces corremos el riesgo de ser rechazados, incomprendidos… Sin embargo, esto es lo que el Señor desea, y nos anima: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17). ¡Solo viviendo cerca de él podremos experimentar estas realidades!

Levítico 14:33-57 – Romanos 11:1-24 – Salmo 68:1-6 – Proverbios 16:23-24

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