Aceptar la ayuda

Miércoles 14 Junio

Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber… Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

Juan 4:710

Aceptar la ayuda

Leer Juan 4:1-42

A veces es más fácil, y sobre todo mucho más gratificante, ayudar que recibir ayuda. Ayudar a otra persona me hace sentir bien y a menudo me produce satisfacción personal. Por otro lado, el hecho de que alguien me ayude me coloca en una posición de dependencia, o incluso de inferioridad. Aceptar la ayuda de alguien no siempre es fácil.

Sin embargo, esta fue la posición que Jesús adoptó cuando pidió de beber a la mujer samaritana que encontró en el pozo de Sicar. ¡Aunque él es el creador del cielo y de la tierra, y no necesita a nadie! Además, conocía el triste pasado de esta mujer y sus dudas, pero no la despreció. Prefirió entablar una conversación con ella y ganar su confianza pidiéndole ayuda. Y fue precisamente esta actitud la que abrió una puerta en el corazón de esa mujer. Estaba tan sorprendida por el comportamiento de este desconocido que, en lugar de responder a su petición, le interrogó. Entonces, en el transcurso de la conversación, descubrió lo mucho que lo necesitaba.

Cristianos, no pensemos hablar de Jesucristo a nuestro prójimo imponiéndole nuestras certezas. Más bien, sigamos el ejemplo de nuestro Maestro; sepamos ir al encuentro de los demás aceptando compartir con ellos nuestras necesidades, con dulzura y humildad. Esto nos dará la oportunidad de hablar de nuestro Señor y de su inmensa gracia.

2 Reyes 15 – Efesios 3 – Salmo 71:1-6 – Proverbios 17:9-10

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Angustia interior (2)

Martes 13 Junio
(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Mateo 11:28
Vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios… tenéis vida eterna.
1 Juan 5:13
Angustia interior (2)
El cristiano continuó la conversación:

–Las mismas Escrituras muestran su origen divino y la divinidad de Jesucristo.

–Leeré la Biblia. ¿Y qué más debo hacer?

–Orar.

–Pero no creo en Dios. ¿Por qué orar?

–Eso no es un obstáculo, pero tiene que ser honesto. Dios responde a quien lo busca sinceramente.

–¿Hay algo más que hacer?

–Pida a Dios que lo ilumine mientras lee. Actúe con la luz que él le da, y vaya al Señor Jesús para conocerlo como su Salvador personal.

–¿Eso es todo?

–Sí, no hay nada más que hacer. Pero, ¿promete seguir mi consejo?

–Lo intentaré…

Dos semanas después el joven volvió y contó al predicador:

–Después de nuestra conversación me fui a casa. Leí los textos que usted me indicó. Luego pedí a Dios, sencilla pero sinceramente, que me mostrara de forma clara si existía, que me probara que la Biblia es su Palabra, que Jesucristo es su Hijo y el Salvador de los pecadores. Mientras leía, oraba y pedía ser iluminado, de veras recibí la luz. Todo se aclaró para mí, de modo que finalmente respondí a la invitación de Jesús. Cansado y agobiado, acudí a él y encontré la paz interior.

Ahora sé que él me ama y que mis pecados son borrados por el poder de su sangre.

2 Reyes 14 – Efesios 2 – Salmo 70 – Proverbios 17:7-8

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Angustia interior (1)

Lunes 12 Junio

Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

1 Timoteo 2:3-4

Angustia interior (1)

Al final de una conferencia, un joven se dirigió al predicador y le dijo:

–Mi caso le parecerá desesperado, pues soy un incrédulo y escéptico.

–¿Qué espera de mí, respondió el predicador, si no cree en la Biblia, si no reconoce a Jesucristo como el Hijo de Dios, y si duda de la existencia de Dios?

–Lo escuché hablar esta noche y sentí que usted cree en algo. Yo no creo en nada y soy extremadamente infeliz. ¿Podría mostrarme cómo creer y ser feliz como usted? Ayúdeme por favor. Soy estudiante de derecho, pero me siento tan infeliz que no consigo estudiar. Estoy ansioso y turbado. Hace un rato, pasando por este lugar, oí el órgano y entré para disfrutar de la hermosa música. La curiosidad me obligó a quedarme para escuchar lo que usted iba a decir. Una cosa me quedó clara: usted cree en algo o en alguien, y eso lo hace feliz. Lo envidio, y por eso le estoy hablando. ¿Qué debo hacer, qué debo estudiar?

–¡Solo la Biblia!

–¿De qué sirve leerla, si no creo que es la Palabra de Dios?

Entonces el predicador abrió su Biblia y leyó: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

(mañana continuará)

“Siendo renacidos, no de simiente corrupti- ble, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por- que: toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:23-25).

2 Reyes 13 – Efesios 1 – Salmo 69:29-36 – Proverbios 17:5-6

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El baluarte de la conciencia

Domingo 4 Junio
No imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.
3 Juan 11
El baluarte de la conciencia
En junio de 2017, al presidir las ceremonias del aniversario de la masacre de los aldeanos de Oradour-sur-Glane en 1944, el presidente francés declaró: «El único baluarte contra la locura asesina es nuestra conciencia».

Esta facultad nos permite discernir entre el bien y el mal. El hombre la adquirió cuando decidió desobedecer a Dios y escuchar a Satanás: “El día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5). Al dejarse seducir, el hombre se convirtió en una criatura responsable de sus actos, capaz de distinguir entre el bien y el mal. Sin embargo, ¡cuántos actos de maldad, robos y crímenes se cometen en el mundo! Aunque se supone que conocemos el bien, tenemos la tendencia a hacer el mal. Nuestra conciencia se siente incómoda con el mal, y en esto es un freno, pero ella no nos da la fuerza para evitar hacer lo malo.

Nuestra desobediencia a Dios corrompió nuestro ser interior. Debemos confesar esto ante él. Si creemos en Jesucristo, en su muerte en la cruz, y lo aceptamos como nuestro Salvador, recibimos una nueva vida capaz de discernir lo que es bueno, lo que agrada a Dios. “Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré” (Hebreos 8:10).

Por otra parte, el Espíritu de Dios da fuerza a esta nueva vida: “Que (el Padre) os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). Entonces el creyente puede evitar el mal y hacer el bien con la ayuda divina.

“Aborreced lo malo, seguid lo bueno” (Romanos 12:9).

2 Reyes 5 – Romanos 11:1-24 – Salmo 68:1-6 – Proverbios 16:23-24

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El fruto del Espíritu (7)

Sábado 10 Junio
El encanto de un hombre es su bondad; y más vale ser hombre pobre que mentiroso.
Proverbios 19:22, V. M.
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.
Colosenses 3:12
El fruto del Espíritu (7)
La bondad
El sexto sabor del fruto del Espíritu es la bondad. La bondad es como la firma de Dios, la garantía de que él está presente. “Ninguno hay bueno, sino solo Dios” (Lucas 18:19). De hecho, el Antiguo Testamento habla frecuentemente de la bondad de Dios. David oró: “Porque mejor es tu misericordia que la vida” (Salmo 63:3). Para David, la bondad de Dios era más valiosa que su propia vida. También quiso mostrar una gran bondad, la “misericordia de Dios”, al hijo de Jonatán su amigo, invitándolo a su mesa todos los días (2 Samuel 9).

La bondad, en toda su extensión, encuentra así su fuente en Dios: “Y tuya, oh Señor, es la misericordia” (Salmo 62:12). La bondad se parece a la gracia y guía al hombre pecador al arrepentimiento (Romanos 2:4). En la medida en que gustemos la bondad de Dios, también podremos manifestarla sin ningún sentimiento de superioridad. Seamos simples «canales» a través de los cuales fluye la bondad del Señor, una bondad activa, que se acerca al otro, se pone a su servicio y lo perdona si es necesario. Si este fruto de la bondad estuviera más presente en nuestras vidas, seríamos más sensibles ante los problemas de los demás y les ayudaríamos a llevar sus cargas.

“No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”, escribió el apóstol Pablo (Romanos 12:21). Este versículo es un ejemplo de la bondad que se eleva por encima de los resentimientos, el desprecio, el fracaso, y revela el corazón de Dios.

(continuará el próximo sábado)
2 Reyes 11 – Romanos 15:14-33 – Salmo 69:9-18 – Proverbios 17:1-2

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La Iglesia está formada por todos los que pertenecen a Jesucristo

Viernes 9 Junio
Con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.
Apocalipsis 5:9-10
Del evangelio que habéis oído… se predica en toda la creación que está debajo del cielo.
Colosenses 1:23
Aldea Mundial
Una casa editorial escogió llamarse «Aldea Mundial». Este nombre expresa la idea de que mediante los libros y los medios masivos de comunicación, todos los hombres del mundo están tan cerca como si fueran de una misma aldea. Por otra parte, cada vez se habla más de globalización en la industria, la agricultura, la política, el comercio… Nuestro planeta parece más pequeño a medida que se desarrollan los medios de comunicación y transporte.

Desde su principio el Evangelio tiene una dimensión mundial y universal, porque el amor de Dios es para todo el mundo. Dios quiere que todos los hombres sean salvos, y envía a sus siervos por toda la tierra. “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…” (Mateo 28:19). Con la venida de Jesús a la tierra, los creyentes experimentan que las fronteras desaparecen en el plano espiritual. Las barreras de los idiomas como de las razas no son un obstáculo para hablar de Dios. El Evangelio penetra en todos los países y medios sociales. Trae un mensaje divino y universal dirigido a todos los seres humanos, cualquiera sea su condición o cultura.

En el pensamiento de Dios, la Iglesia está formada por todos los que pertenecen a Jesucristo. Unidos por el Espíritu Santo, son interdependientes y solidarios. Esto es cierto en el nivel mundial, pero nuestra responsabilidad se sitúa ante todo en el nivel local.

2 Reyes 10 – Romanos 15:1-13 – Salmo 69:1-8 – Proverbios 16:33

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¿Dónde está su fe?

Jueves 8 Junio

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Filipenses 4:6

Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Salmo 62:8

¿Dónde está su fe?

Leer Lucas 8:22-25

La escena descrita en Lucas 8, a menudo llamada «Tormenta en el mar», ha inspirado a muchos pintores famosos: Jesús y sus discípulos son representados en una barca zarandeada por el tormentoso mar. Mientras Jesús descansa y duerme plácidamente, los discípulos, aferrados a las cuerdas de la barca, aparecen con rostros aterrorizados por la situación angustiosa.

¿No es esta una ilustración de nuestro comportamiento cuando pasamos por momentos difíciles? Esta escena también nos recuerda que el creyente nunca está solo, especialmente cuando se enfrenta a las pruebas de la vida. Así como Jesús estaba con sus discípulos en medio de la tormenta, también está con nosotros. Al estar cerca de ellos, oyó, vio su angustia e intervino: “Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza” (Lucas 8:24). Estaban asustados, pero pronto se calmaron por la intervención y presencia de su Maestro, quien les dijo: “¿Dónde está vuestra fe?”.

¿Acaso el Señor no tiene que hacernos esta pregunta muy a menudo? Los acontecimientos más pequeños, como los más importantes, están en manos del Dios que nos ama. Él desea que sus redimidos no tengan miedo, sino que estén tranquilos y convencidos de su fidelidad, incluso en medio de las tormentas de la vida.

Confiemos plenamente en él, echando todas nuestras preocupaciones sobre él, porque él cuida de nosotros (1 Pedro 5:7).

2 Reyes 9 – Romanos 14 – Salmo 68:28-35 – Proverbios 16:31-32

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¡Alerta!

Miércoles 7 Junio
Hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.
Apocalipsis 13:16-17
¡Alerta!
Los actos terroristas se multiplican en nuestro planeta. Para limitarlos se hacen análisis rigurosos de numerosas informaciones: las imágenes registradas por cámaras, la geolocalización de los teléfonos móviles, el descifrado de mensajes codificados en Internet… A esto se añaden los nuevos pasaportes biométricos equipados con un chip que contiene numerosas informaciones sobre nuestra identidad.

Un periodista escribió: «Mientras tengamos unas garantías democráticas mínimas, este registro puede parecer un mal necesario. Pero, ¿qué pasaría si un régimen autoritario o incluso dictatorial llegara al poder?».

En este contexto el versículo de hoy, que se refiere a acontecimientos futuros, puede interpelarnos. De hecho, una dictadura que utilizara estos datos tecnológicos para asegurar su poder parece posible hoy en día. Pero los que creemos en Jesucristo sabemos que nuestro Salvador nos protegerá de tales acontecimientos. Prestemos atención a sus palabras:

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán… Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán” (Lucas 21:33-36).

Pablo escribió esta promesa a los creyentes de Tesalónica que se habían convertido “de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:9-10).

2 Reyes 8 – Romanos 13 – Salmo 68:21-27 – Proverbios 16:29-30

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El Evangelio no se lee en la tercera persona del plural, sino en la segunda del singular

Martes 6 Junio
Yo te he conocido por tu nombre.
Éxodo 33:12
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo.
Hechos 16:31
Un editorialista amante de las frases provocadoras escribió: «El Evangelio no se lee en la tercera persona del plural, sino en la segunda del singular». ¿Qué quiso decir con esto?

El Evangelio no es un relato histórico ni una doctrina religiosa, sino una noticia prodigiosa que Dios anuncia a todos. Habla al hombre a nivel personal. Se dirige a él de forma directa. ¿Qué atención presto a este mensaje divino? Cuando Dios me habla de su amor, ¿me siento incluido? ¿Puedo afirmar, como el apóstol Pablo, que el “Hijo de Dios” (una persona tan grande) “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (una persona tan insignificante)? (Gálatas 2:20). Por mí, como si yo estuviera solo entre millones de mis contemporáneos. Por mí, cuya historia conoce, una historia que está lejos de ser siempre brillante. Por mí, que he cerrado mis oídos a su voz durante tanto tiempo…

Sí, abramos nuestros oídos, y sobre todo nuestro corazón. Sintámonos interpelados. Leamos los versículos más asombrosos de la Escritura, por ejemplo, Juan 3:16, e introduzcamos nuestro nombre: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que ( … …) en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Dejemos que la Palabra de Dios actúe, experimentando que ella es viva y penetrante como una espada. ¡Dejémonos atravesar por ella! “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia” (Hebreos 4:12-13).

2 Reyes 7 – Romanos 12 – Salmo 68:15-20 – Proverbios 16:27-28

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Bajo los escombros

Lunes 5 Junio
El Hijo del Hombre (Jesús) vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Lucas 19:10
Bajo los escombros
Durante un terremoto en Armenia (Asia), una escuela se derrumbó como un castillo de naipes. Parecía que no había sobrevivientes. Sin embargo, un hombre comenzó a buscar en las ruinas. Era el padre de un niño enterrado bajo los escombros. Con frecuencia había prometido a su hijo: «Siempre estaré a tu lado cuando me necesites, pase lo que pase».

No escuchó a otros padres que le decían que sus esfuerzos serían inútiles, sino que siguió buscando. ¡Era más fuerte que él, amaba tanto a su hijo que no podía abandonarlo! Después de más de 36 horas de búsqueda, cuando acababa de remover con gran dificultad un enorme bloque de cemento, oyó varias voces. Entonces llamó a su hijo, y la respuesta llegó de inmediato: «¡Papá, soy yo! ¡Ayúdanos!». Poco después logró rescatar a su hijo y a otros trece niños totalmente agotados, que estaban en un hueco, milagrosamente protegidos bajo los escombros. ¡Qué alegría, estos niños se salvaron!

Esta historia nos hace pensar en el amor de Dios por nosotros los seres humanos. Dios está cerca de nosotros y quiere salvarnos. Por supuesto, no estamos enterrados bajo las ruinas, sino bajo el inmenso peso de nuestros pecados, los cuales nos separan de Dios y nos cierran el camino al cielo. Su Hijo Jesucristo vino a nosotros como nuestro Redentor. Murió por nosotros en la cruz; todo el que cree en él recibe el perdón de los pecados y la vida eterna.

“Pacientemente esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Salmo 40:1-2).

2 Reyes 6 – Romanos 11:25-36 – Salmo 68:7-14 – Proverbios 16:25-26

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