La pregunta de las preguntas

Viernes 18 Septiembre


Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Mateo 16:15-16

Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Juan 6:68-69

La pregunta de las preguntas

¿Qué dice usted de Jesucristo? Esta es una pregunta muy seria, ¡la más importante de todas! Reflexione antes de contestar. Dependiendo de si usted deposita su confianza en él o no, si le ama o no, usted tendrá o no tendrá comunión con Dios. Muchas personas que dicen ser cristianas solo ven en Jesucristo a un hombre mejor que otros, un mártir por la causa de Dios, un gran modelo, el fundador de la religión del amor. ¡Pero esto no es lo que realmente dice la Biblia!

Otros lo llaman Salvador, pero tratan de añadir sus propias obras a la suya. Esperan que cuando hayan hecho todo lo que son capaces de hacer, Jesús hará el resto. Estas opiniones tampoco tienen en cuenta la obra de Jesús. Fue él quien hizo todo para salvarnos, él es un Salvador perfecto.

Otros reconocen a Jesús como el único autor de la salvación, como el Salvador del mundo, pero no tienen una relación personal con él, y su vida lo demuestra. ¿De qué servirán estas opiniones o palabras el día en que haya que rendir cuentas a Dios?

Un cristiano convencido de lo que cree no teme responder: Jesús es mi Salvador, mi Señor, mi poderoso Amigo, mi Pastor. A la pregunta que Jesús hizo a su discípulo Pedro, él respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Esta respuesta es mucho más que una opinión, es la base misma de la fe, que descansa en la persona y en la obra de Jesús.

Jeremías 49:23-39 – 2 Corintios 7 – Salmo 106:13-18 – Proverbios 23:19-21
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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La escuela de Dios

Jueves 17 Septiembre


Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.
Salmo 32:8

La escuela de Dios

Jesucristo me buscó y me salvó. Desde ese momento le pertenezco y estoy en su escuela. Él me dijo: “Aprended de mí” (Mateo 11:29), y lo necesito. “¿Qué enseñador semejante a él?” (Job 36:22). “Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Juan 9:25).

Día tras día, leyendo su Palabra, descubro lo que soy y mi ignorancia, pero sobre todo aprendo a conocerlo a él, su dulzura, su paciencia. Si a veces puedo decir: “sé…”, entonces oigo su voz: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17). Él sabe ponerme a prueba.

Por ejemplo, es posible que hoy deba superar un examen de paciencia. Poco importa el problema que se me presente o el medio que el Señor emplee. Quizá sea un contacto con una persona que tiene un carácter difícil, un niño inquieto o una serie de pequeñas contrariedades. Si no estoy lo suficientemente preparado mediante la oración y la simple confianza en Dios, ni siquiera me daré cuenta de que se trata de un examen. Solo veré las circunstancias adversas y no la mano divina y sabia que desea hacerme experimentar sus liberaciones.

Dios es fiel, él es quien mide la dificultad de la prueba y da la fuerza para sobrellevarla. Él sabe cuándo se aprendió la lección (1 Corintios 10:13).

Una razón por la cual el cristiano es dejado en la tierra es porque está en la escuela de Dios. Fue el motivo por el cual Israel –pueblo terrenal de Dios– tuvo que errar cuarenta años antes de entrar en un país que estaba tan solo a once días de camino. El significado de este camino errante es: aprender a conocerse a sí mismo y a conocer a Dios. Esta doble lección dura toda la vida.

Jeremías 49:1-22 – 2 Corintios 6 – Salmo 106:6-12 – Proverbios 23:17-18
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Elegir ser agradecido

Miércoles 16 Septiembre


(El) Dios de toda consolación… nos consuela… para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.
2 Corintios 1:3-4

Elegir ser agradecido

Testimonio

«Estoy en silla de ruedas porque soy tetrapléjica desde que tenía diecisiete años. Para cada gesto de la vida diaria, hay muchas personas a mi alrededor que me ayudan… Con un corazón agradecido me apresuro a decirles gracias…

Si tuviésemos la misma actitud hacia el Señor Jesús, expresándole nuestro agradecimiento a lo largo del día…

Desde que quedé paralítica doy gracias a Dios la mayoría del tiempo, no solo “en todo” (1 Tesalonicenses 5:18), sino “por todo… en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5:20).

Generalmente damos gracias a Dios por su gracia, por su consuelo y su sostén en la prueba. Pero, ¿le agradecemos por la prueba en sí? La prueba nos acerca a él. Durante los decenios que he pasado en silla de ruedas, he aprendido a no separar a mi Salvador de los sufrimientos que permite.

Aprendí a no considerar un cuello roto (o en su caso personal, quizás un corazón, un hogar) simplemente como «algo que sucede», una desgracia de la que el Señor, no sé muy bien cómo, sacará algo bueno. No, el Dios de la Biblia es mucho más grande que eso…

Esta dolorosa bendición, «ese regalo envuelto en papel negro», me empuja y me lleva a los brazos del Salvador. ¡Ahí es donde encuentro el gozo!».

(Jony E. T.)
Jeremías 48:28-47 – 2 Corintios 5 – Salmo 106:1-5 – Proverbios 23:15-16
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La paciencia

Martes 15 Septiembre


La paciencia (produce) prueba; y la prueba, esperanza.
Romanos 5:4

Os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.
Hebreos 10:36-37

La paciencia

Todos los jardineros saben que las malas hierbas parece que siempre crecen más rápido que las buenas. Con paciencia hay que escarbar, sacar los brotes inútiles, podar, para al final obtener buenos resultados. La impaciencia no permite apreciar los encantos de un jardín o de un huerto. Después de haber sembrado es necesario esperar para disfrutar la belleza de las flores o una buena cosecha de frutas y verduras.

Muy a menudo, nuestro orgullo nos impide soportar las situaciones o las personas que son como un estorbo en nuestro camino. Nos gustaría que las cosas fueran en el sentido que hemos previsto, ¡y rápido! No nos tomamos el tiempo para esperar que los obstáculos desaparezcan.

Y yo, ¿he aprendido la paciencia?

¿Qué paciencia? La de la fe que deja a Dios el tiempo para actuar. Cuando confío en él, él interviene y a menudo da una solución mejor que todas las que yo hubiese podido obtener por mis propios medios. Al contrario, una reacción precipitada puede generar conflictos y producir efectos dolorosos para mí mismo y para los demás. En las situaciones difíciles, solo a través de la paciencia haré la voluntad de Dios.

Poniendo mi confianza en el Señor, con una actitud paciente, aprenderé a soportar las pruebas. Las mayores lecciones de la vida del cristiano a menudo son aprendidas en los días difíciles. La Biblia declara: “La prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:3). ¿Soy consciente de la paciencia que Dios, mi Padre, tiene conmigo?

Jeremías 48:1-27 – 2 Corintios 4 – Salmo 105:37-45 – Proverbios 23:13-14
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Dios existe

Lunes 14 Septiembre


Busqué al Señor, y él me oyó.
Salmo 34:4

El Señor es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno.
Jeremías 10:10

Dios existe

En Odessa (Ucrania), en los años 1960, Irina, una joven rusa, estaba en clase. Se aburría mucho, nos cuenta, pues el tema de la clase una vez más era el ateísmo. Decían: «Dios no existe. Solo hay un par de idiotas que creen en él».

–Si esto fuera verdad, se dijo, bastaría con que nos lo dijesen dos o tres veces, y el problema estaría resuelto. Esta insistencia llena de odio, ¿no esconde la realidad?

Al principio esto la enojaba: si Dios no existe, ¿por qué estamos obligados a escuchar estas clases tan aburridas de propaganda atea? Irina no podía dejar de pensar que debía haber un Dios y este debía ser fuerte. Ella no lo conocía, pero lo buscaba, y empezó a orarle. En la literatura rusa no encontró la ayuda que buscaba, pero alguien le regaló una Biblia, ese libro prohibido por los adeptos del ateísmo. Su lectura atenta le reveló a Jesucristo, el Hijo de Dios, su vida, su sacrificio. Y para ella, como para innumerables personas antes y después de ella, este fue el camino que la condujo a Dios.

¡Sí, Dios existe! Él no se esconde de su criatura. Incluso si le hemos dado la espalda y hemos vivido sin él, él se reveló. La vida santa de Jesucristo, su amor, su sacrificio en la cruz y su resurrección nos muestran la grandeza de Dios, su eterno amor y su santidad. Jesucristo, quien vino “a buscar y a salvar lo que se había perdido”, siempre responde a todo el que sinceramente desea tener un encuentro con él y conocerlo.

“Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

Jeremías 47 – 2 Corintios 3 – Salmo 105:23-36 – Proverbios 23:12
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Jesús venció en la cruz

Domingo 13 Septiembre


(Ellos) escarneciéndole (a Jesús)… decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar.
Mateo 27:41-42

(Jesús) es la cabeza de todo principado y potestad… Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
Colosenses 2:10, 15

Jesús venció en la cruz

Contrariamente a lo que niegan algunos, Jesús venció en la cruz, a pesar de que a primera vista pareciese lo contrario. Desde su nacimiento fue rechazado por su pueblo. Vivió en la pobreza, sufrió, fue traicionado y abandonado. El primer versículo del día muestra el desprecio con el que los adversarios de Cristo hablaban de él. Finalmente Jesús fue crucificado y murió. Sin embargo, esta derrota solo es aparente. Cuando estuvo en la tierra, Jesús sanó a los enfermos, los demonios huyeron ante su palabra, los ciegos vieron y los sordos oyeron. Satanás mismo fue vencido cuando trataba de tentar a Jesús en el desierto.

Pero en la cruz, la victoria sobre el pecado, la muerte y todos los poderes del mal fue definitivamente ganada. Este triunfo se demuestra por el hecho de que el Señor Jesús no quedó en la tumba, ¡sino que resucitó! Después de su muerte, muchos testigos vieron a Jesús vivo. Luego subió al cielo, prueba de que la obra estaba perfectamente cumplida para la gloria de Dios.

Hoy es necesario creer en él para estar con el Vencedor eternamente. Jesús nos dice: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). El Señor Jesús volverá pronto para reinar en la tierra, para destruir definitivamente a todos sus enemigos; y sus redimidos reinarán con él. Jesucristo es el Vencedor por la eternidad.

Jeremías 45-46 – 2 Corintios 2 – Salmo 105:16-22 – Proverbios 23:9-11
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El combate cristiano (2): el modelo perfecto

Sábado 12 Septiembre


Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
Mateo 4:10

Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
1 Juan 3:8

El combate cristiano (2): el modelo perfecto

Cuando Jesús estaba en la tierra, el poder de Satanás se desencadenaba. Pero el Hijo de Dios echaba fuera los demonios.

En su condición de hombre, Jesús, después de haber ayunado cuarenta días, fue tentado por el diablo en el desierto. Pero no cedió a sus ataques frontales ni a sus insinuaciones enmascaradas. En tres ocasiones Satanás lo incitó a desobedecer a Dios, pero Jesús respondió mediante la Palabra de Dios, diciendo: “Escrito está”. No solo las trampas del diablo quedaron desbaratadas, sino que él mismo se retiró cuando Jesús le dijo con autoridad: “Vete, Satanás”.

Este es un ejemplo para nosotros. Jesús obtuvo la victoria sobre Satanás mediante su obediencia a la Palabra de Dios. Nos maravillamos ante la sabiduría y el discernimiento de Jesús para anular, bajo todas sus formas, este poder de maldad. Nosotros solo podemos ser fuertes mediante el poder del Señor, al colocarnos bajo su protección. Como él, debemos utilizar la Palabra de Dios citándola con propiedad, por medio del Espíritu, en sumisión al Señor. Satanás huye ante la presencia y la autoridad del Señor. Estamos del lado del vencedor cuando estamos en comunión con él. El cristiano no debe ignorar ese poder del diablo en el mundo; puede verlo en acción en todas partes, desde el momento en que hay confusión, desánimo, conflicto, pecado… Pero el origen de estas cosas está simplemente en el corazón humano (Marcos 7:21-23), pues el creyente tiene además otro adversario, un enemigo interior, animado por Satanás, y por lo tanto otro combate que enfrentar.

(continuará el próximo sábado)

Jeremías 44 – 2 Corintios 1 – Salmo 105:7-15 – Proverbios 23:6-8
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Solo una mirada

Viernes 11 Septiembre


El Señor dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.
Números 21:8

Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:14-15

Solo una mirada

Lea Números 21:4-9

En el curso de su viaje por el desierto, el pueblo de Israel se encontró con serpientes “ardientes”, cuya mordedura era mortal. Pero Dios dio un remedio: una serpiente de bronce alzada en una vara bien visible. El que era mordido solo tenía que mirar la serpiente de bronce para ser curado. ¿Qué nos enseña este pasaje?

El pecado es comparable a la mordedura de una serpiente, nos conduce a la muerte eterna. “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Jesús se compara a esta serpiente de bronce. ¡Él es el remedio ofrecido a todos los hombres! Una mirada de fe a Jesús levantado en la cruz basta para curar la terrible mordedura. El que mira hacia Jesús es salvo del justo juicio de Dios. ¡Tiene la vida eterna!

Dios no le pedía al israelita mordido por una serpiente que se desplazara hasta la serpiente de bronce para tocarla. El remedio estaba a su alcance: ¡bastaba una sola mirada!

Y usted, ¿piensa que Dios le pide grandes esfuerzos para merecer su salvación? ¿Debe hacer una penosa peregrinación, infligirse sufrimientos como señal de penitencia para obtener su perdón? Aunque usted tuviese la fuerza para dar la vuelta a la tierra de rodillas, con eso no podría obtener de Dios el perdón de uno solo de sus pecados. Pero una sola mirada de fe a la cruz de Jesús es suficiente. Desde el momento en que uno reconoce que es pecador, y cree en Jesucristo, recibe el perdón.

Jeremías 43 – 1 Corintios 16 – Salmo 105:1-6 – Proverbios 23:4-5
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Bienaventurados los pobres en espíritu

Jueves 10 Septiembre


Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Mateo 5:3

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
1 Pedro 5:5

Bienaventurados los pobres en espíritu

Las estadísticas revelan que el abismo entre los más ricos y los más pobres ha crecido estos últimos diez años, tanto en los países cristianizados como en los otros.

La Biblia reconoce que siempre habrá pobres en la sociedad (Deuteronomio 15:11). Jesús lo confirma (Juan 12:8) y nos exhorta enérgicamente a ser generosos (Mateo 5:42).

Pero existe otra pobreza que Jesús nos presenta como una virtud que debemos cultivar: la pobreza en espíritu. Esta consiste en ser conscientes de que no conocemos todo y permanecer humildes como un hijo al que Dios revela sus secretos (Lucas 10:21). Podemos acumular conocimientos bíblicos, históricos, lingüísticos, científicos, así como amontonamos bienes materiales. Pero esto no ayuda a comprender la Biblia, pues no podemos acercarnos a Dios solo mediante la inteligencia.

Para nosotros los cristianos, el simple conocimiento de la santa Escritura sin el amor divino no sirve de nada. Pues este amor divino no busca su propio interés, no se envanece y echa fuera el orgullo (1 Corintios 13:4). Los fariseos, aunque eran conocedores del Antiguo Testamento, rechazaron al Señor Jesús, la Palabra viva. Solo tenían un conocimiento intelectual de estos textos. ¡Confundían el conocimiento y la fe! Pero la fe no debe descansar “en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:5). La fe viene por escuchar y obedecer la Palabra de Dios (Romanos 10:17), y conduce a confiar en él.

Jeremías 42 – 1 Corintios 15:29-58 – Salmo 104:27-35 – Proverbios 23:1-3
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Una gran incoherencia

Miércoles 9 Septiembre


Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Juan 17:3

Una gran incoherencia

Es sorprendente ver que muchas personas pasan su vida sin preocuparse por Dios o, incluso, negando su existencia. Sin embargo, consideran la posibilidad de ir al cielo después de su muerte porque dicen que no le hicieron mal a nadie. Esta actitud es la prueba de que hay un gran malentendido. El cielo es la morada, “el trono de Dios” (Mateo 5:34). ¿Cómo puede uno imaginar ser feliz en el cielo con un Dios al que ignoró durante toda la vida?

A menudo el hombre es incoherente, pero Dios no. Él es “Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:3-4). Pero si usted no quiere saber nada de él ahora, estará lejos de él durante la eternidad.

Para ir al cielo es necesario tener contacto con el que vive allá, hay que conocerlo personalmente. Recibimos este conocimiento mediante la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27).

Jesús nos lo reveló. Para ello aceptó dejar su condición gloriosa en el cielo y venir a la tierra. Al final de una vida de servicio, de sufrimiento y rechazo, pagó la deuda por nuestros pecados. Cada persona que cree en él entra en una relación filial con su Padre. Dios forma parte de su vida actual; así puede esperar con certeza el día en que será recibida en el cielo.

¡Seamos coherentes! Si queremos vivir un día con Dios en el cielo, ¡aprendamos desde ahora a conocer al Dios salvador por medio de Jesucristo!

Jeremías 41 – 1 Corintios 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Proverbios 22:29
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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