¿Ama usted a Dios?

Martes 8 Septiembre


Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
Deuteronomio 6:5

(Jesús dijo:) Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
Juan 15:9

¿Ama usted a Dios?

Desde hace dos años soy profesora de ciencias naturales en un instituto. Al comienzo del año académico cada alumno debe llenar una ficha de presentación que contiene, entre otras, la siguiente pregunta: «¿Qué le gusta?». Esto me permite conocer un poco a los alumnos y saber qué les interesa. A veces las respuestas me parecen divertidas: me gusta el deporte, la televisión, ir de compras, la música, la vida, los automóviles… Este año hay una respuesta que me preocupa: ¡no me gustan las ciencias! Pero de repente otra respuesta me llega al corazón: «Me gusta Dios».

¡Qué felicidad leer este testimonio! Me emociona esta respuesta valiente de una alumna; esto me alegra mucho el resto del día. Entre estos adolescentes, quizás algunos creen en Dios, pero esta joven va más allá, es decir, ¡cree en Dios, lo ama y da testimonio de ello!

Entonces me surge una pregunta: ¿Y yo? ¿Puedo escribir que amo a Dios?

Desde mi infancia mi madre me enseñó la fe en Jesucristo, y la acompañé a reuniones cristianas. Cuando era muy joven creí en el Señor Jesús; le entregué mi vida. Pude amarlo desde que era pequeña. Sabía que era salva, que pertenecía al Señor.

Los años han pasado, he tenido altibajos, pero en el fondo de mi corazón formo parte de los que aman a Dios. Cada día pongo mi vida en sus manos. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Jeremías 40 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tú eres mío

Lunes 7 Septiembre


Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.
1 Pedro 1:18-19

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿… y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.
1 Corintios 6:15, 19-20

Tú eres mío

Bruno es cristiano desde hace algún tiempo. Es salvo y vive tranquilo. Tiene un carácter independiente y le gusta hacer sus cosas y organizar su vida como le parece, sin pedir la opinión de nadie.

Pero cierta noche, una expresión de la Biblia llamó su atención: “No sois vuestros… habéis sido comprados por precio”.

Pensativo, Bruno miró el bolígrafo que tenía en la mano. Él había comprado ese bolígrafo, por lo tanto le pertenecía y podía utilizarlo.

Súbitamente Bruno se dio cuenta de lo que significa la expresión “comprados por precio”: Jesús lo había comprado, había pagado un precio por él. ¡Y qué precio!: su preciosa sangre, por lo tanto su propia vida. Bruno concluyó que él no era dueño de sí mismo, sino que era propiedad de Jesús. A partir de entonces tomó conciencia de que Jesús tiene derecho sobre su vida y sobre todos los detalles de su existencia. Se acostumbró a pedirle su opinión en cada situación. Esto no era una penosa obligación. Jesús había demostrado su amor al dar su propia vida en la cruz para redimirlo.

Usted es feliz de ser salvo, tiene la vida eterna, pertenece a Jesús: escuche su voz en cada circunstancia, pequeña o grande. Siga las directrices de ese Maestro en un mundo difícil donde hay que vivir contra la corriente. ¡Y no olvide que nada nos puede separar de él!

Jeremías 39 – 1 Corintios 14:1-19 – Salmo 104:5-13 – Proverbios 22:26-27
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El Evangelio, poder de Dios para dar vida

Domingo 6 Septiembre
Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas…
El Evangelio, poder de Dios para dar vida

Para los primeros discípulos, el mensaje del Evangelio era el cumplimiento de la promesa mucho tiempo esperada: la venida de Dios a su pueblo. Este cumplimiento fue proclamado primero por Juan el Bautista: “El reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Era el “principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (cap. 1:1).

El Evangelio no es, pues, primeramente una enseñanza, sino la proclamación de un acontecimiento. Dios visitó a su pueblo enviándole a su Hijo Jesucristo. De este modo, el reino de Dios se hizo presente entre los hombres en la persona de Jesús y en su servicio. Dios «entró» en la historia para cumplir su plan redentor, y Jesucristo lo llevó a cabo.

Para entrar en el reino de Dios es necesario creer en el Señor Jesús, a fin de recibir la nueva vida mediante el poder de Dios. Recibir el Evangelio conduce al arrepentimiento, es decir, a reconocer nuestro pecado y volvernos a Dios. Él quiere producir un cambio moral completo en nosotros, ahora, y darnos la vida nueva.

El Evangelio tampoco es un acontecimiento del pasado. Es la proclamación de que hoy Dios todavía obra en todos los que creen. Él los libera del poder del mal para que vivan según los caracteres de su reino, que “no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).

El combate cristiano (1): sus armas

Sábado 5 Septiembre
Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
El combate cristiano (1): sus armas
Lectura propuesta: Efesios 6:10-20

El cristiano está en un país enemigo en el mundo, pues Satanás es el príncipe del mundo. Él debe estar listo para enfrentarse a las “huestes espirituales de maldad” que se manifiestan permanentemente en su vida cotidiana.

Tres actitudes son indispensables para vencer:

1. Fortalecerse “en el Señor”, sabiendo que él obtuvo la victoria sobre todas las fuerzas del mal y que tiene el poder para guardarnos. Debemos “estar firmes” en todo lo que sabemos que es bueno según Dios.

2. Vestir “toda la armadura de Dios”. Las seis piezas de esta armadura son necesarias para mantener un buen estado moral en el creyente. Evocan seis cualidades espirituales:

–fundar sus pensamientos en las verdades bíblicas (el cinturón),

–ser justo, honesto y recto en la vida cotidiana (la coraza),

–estar preparado para andar en paz en medio del desasosiego del mundo (el calzado),

–tener fe en Dios, quien está por encima de todo y nos ama (escudo),

–saber que Jesús nos salvó y nos librará (el casco o yelmo),

–conocer la Palabra de Dios para poder citarla y resistir al mal (la espada).

3. Estar unido al Señor mediante la oración, nuestro sostén en el combate. La oración, séptimo elemento de la armadura, debe ser manejada con celo. Debemos orar con discernimiento, por “el Espíritu”, estando atentos a la voluntad del Señor. Por último, es necesario perseverar, es decir, “orar siempre, y no desmayar” (Lucas 18:1).

(continuará el próximo sábado)

 

El gozo, un canto que atraviesa la Biblia

Viernes 4 Septiembre
Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
El gozo, un canto que atraviesa la Biblia

El gozo es un canto, una luz, un resplandor que emana del Evangelio. Desde su nacimiento, el cristianismo fue la proclamación del gozo. Los primeros cristianos ardían de este gozo de tal manera que incluso las persecuciones no podían apagarlo. El apóstol Pablo escribió: “Sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 7:4). ¿De dónde venía este gozo? De la vida divina que cada creyente recibe gratuitamente. Es la vida de Cristo, la vida eterna. Animado por esta vida, el mismo apóstol podía decir: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21). Este gozo era un testimonio poderoso, como una antorcha que brilla en la noche. Así debería ser nuestra alabanza al Cristo resucitado. Luz para aquellos con quienes nos encontramos y que, a la vez, experimentan el verdadero gozo al ir a Jesús por medio de la fe.

En nuestra época de ocio y de consumo desenfrenado, muchos corazones sordos a la voz de Dios están insatisfechos, llenos de tristeza e indiferentes a los demás. Por el contrario, cuando el mensaje del Evangelio llena el corazón, la vida de Cristo recibida por el creyente es una vida abundante que desborda hacia los demás. Jesús incluso nos dice que es más bie?naventurado dar que recibir (Hechos 20:35). Es el gozo del amor. Como la estela de un barco, nuestra vida debería dejar un rastro del amor y del gozo. Al dejarnos amar por Dios, experimentaremos el gozo de ser amados, pero también el de amarlo sirviéndole y haciendo bien a todos.

Prueba y tentación

Jueves 3 Septiembre
Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas… Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida.
Velad y orad, para que no entréis en tentación.
Prueba y tentación

Hay una gran diferencia entre «soportar la prueba» y «entrar en tentación».

–Soportar la prueba conduce a progresar en la fe. Es, en el fondo, un honor que Dios nos concede. Abraham había dejado todo para responder al llamado de Dios, y creyó a Dios cuando todo podría haberlo hecho dudar. Entonces Dios lo puso a prueba y le pidió que sacrificase a Isaac, su hijo único (Génesis 22:1-2). Abraham sabía que Isaac era el hijo prometido por Dios, y se basaba en esta certeza: “pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos” (Hebreos 11:19). Soportar la prueba también significa salir victorioso, por medio de la fe, en una situación difícil.

–Al contrario, entrar en tentación es dejarse vencer por el mal y ceder a lo que Satanás pide. Es dejarnos llevar por nuestras malas inclinaciones, y esto nos conduce a hacer lo opuesto a la voluntad de Dios. ¡Entonces la derrota es inevitable! Ese fue el caso del apóstol Pedro cuando se sentó en medio de los enemigos del Señor: dejó su lugar de testigo y luego negó a su Maestro (Lucas 22:55-62).

El Señor nos pide que velemos y oremos. Permaneciendo en la presencia de Dios y alejando los malos pensamientos, no entraremos en tentación, no cederemos al mal. Todos los días tenemos que enfrentar diversas pruebas o tentaciones. Por gracia, Dios nos permitirá salir vencedores si confiamos en sus promesas y en su poder.

Las delicias de Capua

Miércoles 2 Septiembre
Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.
Las delicias de Capua

La historia cuenta que en el año 216 antes de Jesucristo, el general y jefe de los ejércitos de Cartago, Aníbal, derrotó a los romanos cerca de la ciudad de Cannas, en el sur de Italia. Hubiera podido avanzar hasta Roma y sitiarla, pero viendo llegar el invierno, prefirió establecerse en Capua, ciudad vecina, para descansar y esperar refuerzos. Mientras sus tropas se acostumbraban al ocio, el ejército romano se fortaleció, de modo que la situación militar se invirtió. Así Roma nunca fue tomada por Aníbal.

De este episodio histórico viene la expresión: «Dormirse en las delicias de Capua», para designar a alguien que deja de esforzarse tras haber conseguido triunfos.

Es bien sabido que después de alcanzar algunos éxitos, tras un periodo de tensión y esfuerzos, la atención se relaja. Para el cristiano, el fin de una prueba superada con la ayuda del Señor puede acarrear una falta de vigilancia que el diablo aprovechará para tomar ventaja. Tengamos cuidado. No descansemos en las victorias alcanzadas, no creamos que los progresos espirituales pasados nos hacen menos vulnerables a las tentaciones de Satanás. Busquemos constantemente junto a Dios la fuerza para mantenernos firmes, y sigamos peleando “la buena batalla de la fe” (1 Timoteo 6:12). Cobremos ánimo pensando en el perfecto reposo que nos espera en la compañía de nuestro Señor.

Éxito y felicidad

Martes 1 Septiembre
(Jesucristo dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.
La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Éxito y felicidad

Convertirse en un deportista de alto nivel es el sueño de muchos jóvenes, pero este rara vez se cumple. Y cuando se logra, no siempre produce la felicidad esperada.

Alistair Taylor, deportista náutico, da su testimonio: «Participé en torneos durante 5 o 6 años seguidos y tuve mucho éxito. La gente esperaba verme como campeón del mundo en esta especialidad. Yo tenía muchas razones para ser feliz, pero no lo era. Cuando carecía de toda motivación y dejaba que mi vida se consumiese, Kelvin, un cristiano, me condujo a entregar mi vida al Señor Jesucristo. En ese momento tenía 18 años, y hoy sigo viviendo con Dios. Encontré una paz nueva y me siento colmado como solo un verdadero creyente puede comprenderlo. La relación que ahora tengo con Jesús es algo que no podría cambiar por nada. La fe es un camino en el que no cesamos de crecer.

Cuando usted se da cuenta de que Dios no solo controla su vida sino todo el universo, que él lo ama más que todo lo que uno puede imaginar… solo tiene que dejar de lado sus inquietudes, sus miedos, sus dudas en cuanto al futuro. ¡Esto lo supera, pero Dios no se ve superado! Entonces usted puede comprender lo que la Biblia dice: la paz de Dios, que sobrepasa todo lo que podemos comprender, guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Sí, tenemos la seguridad de que Dios se ocupa de todo, y especialmente de nosotros».

Echemos el ancla

Lunes 31 Agosto
En ti, oh Señor, me he refugiado… Tú eres mi roca y mi fortaleza.
La roca de mi corazón y mi porción es Dios.
Echemos el ancla

El arte de la navegación ha progresado mucho desde que nuestros lejanos ancestros lanzaron la primera balsa en el mar. Todas las partes de una embarcación y los aparatos que la conforman han sufrido continuas innovaciones. Una pieza, sin embargo, ha cambiado poco: el ancla. Ella se hunde en lo invisible para buscar el suelo firme y fijarse sólidamente. El barco puede ser sacudido, pero si el cable es sólido y el ancla está bien fijada, ninguna tempestad se lo llevará…

Dondequiera que usted esté, en todo su vigor o en el ocaso de la vida, eche el ancla de su esperanza hacia esa roca siempre accesible: ¡Jesucristo, el Hijo de Dios! El cable representa las promesas divinas que nos unen a Cristo; él es esa roca segura e inquebrantable, cualquiera que sea nuestra situación.

Qué consuelo para todos los que, por la fe, se han aferrado a esas promesas y a la esperanza de estar pronto y para siempre con el Señor en el cielo, esperanza que “tenemos como segura y firme ancla del alma” (Hebreos 6:19).

A mis pies el océano ruge,
El viento sopla a mi alrededor,
Sobre Cristo, mi roca, se funda
Mi sola esperanza y mi fe.

En medio de fuertes tempestades,

Ese abrigo, ¿lo has hallado?
¡Agarra la mano poderosa
De Jesús que quiere salvarte!

 

Aviso de tempestad

Domingo 30 Agosto
Tiemblan y titubean como ebrios, y toda su ciencia es inútil.
Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré.
Aviso de tempestad

«A donde quiera que uno mire, las nubes oscuras se acumulan en el horizonte de todos los continentes. La economía mundial tambalea en todas partes», escribía un periodista.

El mundo anda mal, es verdad. Y la crisis no se limita a la economía. Los valores morales desaparecen porque hemos perdido –o rechazado– las referencias que constituyen el fundamento de nuestra sociedad. Se preconiza un siglo progresista promulgando leyes que arruinan las bases de la familia. Se confunde la conciencia y la inteligencia, se reemplaza la verdad por la subjetividad. Se habla de un gobierno mundial del cual Dios es excluido. En la Biblia Dios nos dice que él pondrá un término a esta presunción mediante los juicios.

Pero incluso si la tierra tiembla, el trono de Dios en los cielos es inquebrantable (Salmo 11:4). Dios es el fundamento sólido sobre el cual los creyentes se pueden apoyar. Aún hoy él dice a todos los que buscan socorro: “Volveos a mí” (Malaquías 3:7). “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras –dijo Jesús– y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24). Las tempestades se abatirán contra el mundo, pero nada puede destruir al que construye su vida en Dios. Él dice a cada uno: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15). Los verdaderos cristianos serán raptados: “Vengo en breve”, dijo Jesús. “Yo… te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero” (Apocalipsis 22:203:10). Luego será demasiado tarde para volverse a él.