Dos maneras de nacer y de vivir

Jueves 30 Julio
El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
Dos maneras de nacer y de vivir

Todos hemos entrado al mundo de la misma manera, por medio del nacimiento, saliendo del seno materno. Sin embargo, la Biblia también nos habla de la necesidad de un nuevo nacimiento, el cual es producido por el Espíritu Santo. Se trata del momento en el cual una persona recibe la vida eterna y entra en la familia de Dios. ¿Qué se debe hacer para obtener esa vida? Simplemente aceptarla como un regalo de Dios. El que confiesa sus pecados y cree en Jesús el Salvador, quien murió en la cruz para expiarlos, recibe ese don.

La Biblia solo reconoce dos maneras de vivir.

1. Puedo considerar mi vida como un bien personal, como un capital del cual puedo disponer y gastarlo según mi conveniencia, sin tener en cuenta a nadie. Esta es la historia del hijo rebelde que dejó el hogar paterno para vivir su vida (Lucas 15:12-32).

2. Puedo creer en Jesucristo y aceptar la invitación de Dios a vivir para él. En adelante vivo para Aquel que me amó y a quien amo. Vivo de otra manera, para complacerlo. Jesús me amó al punto de morir para salvarme, y ganó el primer lugar en mis afectos. Si antes mi propia voluntad me alejaba de Dios, ahora Su voluntad buena y sabia conduce mi vida. Esto no será una penosa servidumbre, sino la feliz respuesta de mi amor al suyo.

“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16).

Esperanza

Miércoles 29 Julio

El Señor es mi pastor; nada me faltará… Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.Salmo 23:14

El justo en su muerte tiene esperanzaProverbios 14:32

Sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús.2 Corintios 4:14

Esperanza

Poco antes de su muerte, un filósofo ateo estaba profundamente desesperado. Estas palabras son atribuidas a él: «Sé que debería morir con la esperanza de obtener algo mejor, pero la esperanza debe tener un fundamento…». Desgraciadamente, aquel filósofo no lo tenía.

En contraste con esto, el patriarca Job tenía una esperanza sobre la cual fundaba su fe. Mientras sufría intensamente debido a su enfermedad, y sin saber si sanaría, podía decir: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26). Aunque el sufrimiento lo agobiaba y traía preguntas que permanecían sin respuesta, él esperaba y creía en su Redentor.

Muchos creyentes pueden sentir angustia frente a la muerte. Pero incluso si temen ese momento final, el Señor Jesús les da la paz y la esperanza de la resurrección. Así, a la hora de partir con el Señor, tienen la certidumbre de estar para siempre con él.

En efecto, el que cree en Jesucristo sabe que su Salvador murió en la cruz por sus pecados, y que venció a la muerte, resucitando al tercer día. Esta es la base de su fe. Sabe que como su Redentor resucitó, él también resucitará para vivir eternamente con él. Su futuro y su esperanza son una realidad viva, alcanzada ya por la fe.

¿Posee usted esa fe que da la seguridad más allá de la muerte?

Jeremías 2 – Lucas 11:29-54 – Salmo 89:15-18 – Proverbios 20:12-13©

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Cuál fue el resultado?

Martes 28 Julio
Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.
… Simiente… incorruptible… la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.
¿Cuál fue el resultado?

En noviembre de 1989, cuando el muro de Berlín cayó, muchos soldados soviéticos aún estaban en Alemania del Este. Antes de partir hacia Rusia, algunos cristianos les distribuyeron ejemplares del Nuevo Testamento en ruso. No era fácil entrar en los cuarteles, y algunas veces esos distribuidores de la Palabra de Dios eran amenazados por los oficiales, con revólver en mano.

Quince años más tarde, un cristiano alemán de Meerane fue a Siberia para animar a los creyentes de la región. Uno de ellos le contó cómo había conocido a Jesucristo como su Salvador.

«En 1990 estaba en Alemania como soldado, y en la localidad de Meerane me ofrecieron un Nuevo Testamento. Cuando lo leí, reconocí mis pecados ante Dios, y Jesús vino a ser mi Salvador. Ahora soy feliz de presentar el Evangelio a todos los que encuentro».

La Palabra sembrada con perseverancia había llevado fruto a más de 3000 kilómetros de distancia. Dios es quien hace germinar su Palabra, quien implanta la vida divina en los corazones y multiplica su acción. A menudo no sabemos si la Palabra de Dios que ha sido distribuida produjo resultados o no. Sin embargo, “no dejes reposar tu mano”. Pidamos a Jesús, nuestro Maestro, que nos ayude a no descuidar ninguna ocasión: una palabra que testifique sobre nuestra esperanza, un folleto en el bolsillo listo para entregar, etc. Sembremos con la convicción de que Dios tiene el poder para hacer fructificar esa semilla.

Un jugador de rugby transformado

Lunes 27 Julio
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios… Os es necesario nacer de nuevo.
Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.
Un jugador de rugby transformado

Va’aiga Tuigamala, nacido en 1969, y conocido por el nombre de Inga, se hizo célebre en todo el mundo como jugador de rugby internacional por Samoa y Nueva Zelanda. Criado en una familia cristiana, Inga asistía regularmente a los oficios religiosos. En su adolescencia llegó a ser un deportista apasionado, y los temas de la fe pasaron a segundo plano. En la escuela, algunos de sus amigos tenían una conducta inmoral. Su formación cristiana le impedía unirse a ellos, pero finalmente la influencia de su entorno fue la más fuerte, y dio la espalda a la enseñanza que había recibido.

Sin embargo, en el transcurso de los años, esos jóvenes, uno tras otro, pusieron su fe en Cristo. Inga casi no podía creerlo. «Vi un cambio en sus vidas. Eran muchachos traviesos, siempre listos a hacer tonterías y a crear problemas… ¡Pero qué transformación!». Inga los observó durante semanas, creyendo que no resistirían. «Nunca creí que esto fuera posible, pero constaté algo totalmente nuevo: vi la paz, el gozo y el amor en ellos». Entonces Inga quiso tener lo que sus amigos poseían. Una de sus profesoras, que era cristiana, le explicó que debía confesar sus pecados a Dios y entregar su vida a Jesucristo. Le dijo que necesitaba “nacer de nuevo”. Esto sucedió en el año 1986.

Esta transformación también fue auténtica y duradera en Inga. Por medio de su testimonio, varios compañeros suyos conocieron al Señor Jesús, y tuvieron la paz y el gozo de vivir con él.

Sin ley, por la fe

Domingo 26 Julio
Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (Dios)… Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia.
Sin ley, por la fe

–¿Qué es “la ley” en la Biblia? Esta palabra tiene varios sentidos. Con ella se designa comúnmente a los diez mandamientos dados por Moisés; pero a veces también a los cinco primeros libros de la Biblia, e incluso a todo el Antiguo Testamento. Sin embargo, más a menudo, nos remite a todos los mandamientos morales que Dios dio antes de la venida de Jesucristo, incluidos los diez mandamientos. Esta ley está destinada a todos los hombres, pues muestra los criterios según los cuales Dios aprecia sus actos. Pero estos criterios son tan exigentes que nadie puede cumplirlos. Así la ley muestra a los hombres que ellos no pueden ser justos ante Dios por sus propios méritos. Nadie escapa a esta constatación. En particular, ¿quién se atrevería a afirmar que siempre ha obedecido el mandamiento: “No codiciarás”? (Éxodo 20:17).

–¿Qué es “la fe” en la Biblia? Es poner nuestra confianza en Dios para ser perdonados y justificados ante él. En lugar de tratar, sin éxito, de establecer nuestra propia justicia, pretendiendo obedecer la ley, podemos recibir la justicia que Dios nos da sobre la base del sacrificio de Cristo, quien murió en nuestro lugar. Entonces somos liberados de la esclavitud del pecado y de la maldición de la ley pronunciada sobre nosotros.

La ley es santa, justa y buena (Romanos 7:12), pero no puede librarnos de nuestra culpabilidad. Al contrario, la pone en evidencia. Pero “el fin de la ley es Cristo” (Romanos 10:4), para que la justicia sea recibida por todos los que creen.

Mentira y verdad

Sábado 25 Julio
No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos.
La ciudad era de oro puro… No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.
Mentira y verdad

«Es una falta moral», declaró el conjunto de la clase política refiriéndose a las mentiras de un ministro. ¿De qué moral se trata? Por un lado, se ve bien burlarse de la moral, rechazando toda referencia cristiana, y por el otro, de repente se toma conciencia de la utilidad de una moral reconocida. Se la invoca como una fórmula mágica. Sí, una mentira parece molesta solo debido a su magnitud, mientras es moneda corriente en política y en la vida cotidiana, ¿serían algunas mentiras faltas y otras no?

“He aborrecido todo camino de mentira” (Salmo 119:104), dice el creyente que desea vivir según el pensamiento de Dios. En efecto, Dios condena la mentira. “El Señor es el Dios verdadero” (Jeremías 10:10). Él se reveló en Jesucristo, quien dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). También declaró ante Pilato: “Para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad (es decir, a todo lo que Dios comunica). Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37). “Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis” (Juan 8:45). Los hombres influyentes de esa época no creyeron en él, y como la verdad revelaba sus «faltas morales», condenaron a muerte al mensajero de Dios. Aún hoy, la Biblia nos dice que “el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).

Al volver de Jerusalén

Viernes 24 Julio
Sabéis cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes… porque Dios estaba con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén.
Al volver de Jerusalén

El escritor Pierre Loti (1850-1923) decía ser incrédulo. No obstante, había ido a Israel a buscar huellas de Jesús. Estas son algunas frases extraídas de su libro «Jerusalén», escrito después de su viaje.

«Cristo decía cosas maravillosas. Hablaba de perdón, de misericordia y de amor. Los eruditos que en nuestros días han tratado de explicar humanamente su misión, no lo han logrado.

Quienes adoran sin comprender han escogido la buena parte. Y hacer como ellos quizá no sería del todo imposible a espíritus más lúcidos, pero también más complicados como los nuestros».

Loti confiesa haber vuelto con «la imaginación decepcionada, el corazón cerrado, aunque también lleno de deseos insatisfechos, y de angustia ante el más allá».

Aparentemente, él no escogió “la buena parte” (Lucas 10:42) ofrecida a los que con sencillez y rectitud se sienten pequeños ante el maravilloso mensaje de Cristo y son conscientes de ser pecadores frente a Dios. Aceptar humildemente el perdón que Jesús ofrece mediante su obra en la cruz está al alcance de todos, del que tiene dificultad para razonar como del sabio más grande. El alma humana que no se entregue a Jesús siempre estará llena de angustia frente al más allá. Jesús cumplió todo y nos dice: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí” (Juan 14:1). Sí, en él hay perdón, pues hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20).

¿Qué se puede esperar?

Jueves 23 Julio
Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina… y no escaparán.
(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
¿Qué se puede esperar?

El 19 de julio de 1992, el juez Paolo Borsellino, actor principal en la lucha contra la mafia de Palermo, fue asesinado junto a sus escoltas. Este crimen fue condenado en los más severos términos. Sin embargo, esa condena unánime no borra el sentimiento de impotencia frente a los ataques dirigidos contra las personas encargadas de defender la justicia y la seguridad. Esta impotencia ante el mal muestra que el equilibrio de la sociedad es frágil: puede evolucionar y desembocar en formas extremas de violencia.

La Biblia nos dice que, próximamente, esta inestabilidad llevará a gran parte de la humanidad a someterse a un poder político y religioso directamente ligado a Satanás. A partir del momento en que sea erigido, de todas partes se levantarán voces que digan: “Paz y seguridad”. Sin embargo, dicha paz solo será aparente. Reposará sobre una organización que excluirá a Dios, y será impuesta por un dictador despiadado y cruel que llevará a la muerte a todos los que se le opongan. Esta escena es evocada en Apocalipsis 13. No obstante, Dios no permanecerá indiferente, e intervendrá en juicio.

Hoy, antes de que estos acontecimientos tengan lugar, Dios nos invita a aceptar a Jesucristo como Salvador. Por su bondad, anima a todos a ponerse al abrigo del juicio, aceptando la salvación que él ofrece. El que cree en el Señor Jesús recibe el perdón y la paz. La verdadera paz… pues espera la venida de Jesús quien llevará a todos los que le pertenecen para que estén siempre con él.

Part-Dieu» (la parte de Dios)

Miércoles 22 Julio
Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.
Por Dios

Mientras iba en el tren al trabajo, mis ojos se detuvieron en el panel electrónico de anuncios: «Este tren va con destino a Lyon Part-Dieu», seguido por la traducción en inglés: «This train is going to Lyon by God», que puede traducirse como: «Este tren llegará a destino a Lyon por Dios». Los pasajeros a mi alrededor hicieron comentarios divertidos por la mala traducción: la expresión Part-Dieu» (la parte de Dios) fue traducida: «por Dios». Yo también reconocí el error y me uní a la conversación: «Pero en el fondo, la idea no está mal», dije, «solo por la gracia de Dios podemos llegar a nuestro destino». Los demás viajeros me miraron sorprendidos, un poco incómodos, pero atentos. Fue una buena ocasión para hablarles del Dios que nos ama.

Nuestra época se caracteriza, al menos en Europa, por olvidar a Dios, quien a menudo es el gran ausente en nuestras vidas. Algunos niegan su existencia, otros lo ignoran o huyen de él. Pero Dios no nos ignora. Fue él quien nos llamó a la existencia y quiere revelarse a cada uno de nosotros. Su amor siempre está en actividad y es personal, se dirige a cada humano en particular. Él quiere salvarnos del mal y del infortunio. Él tiene un proyecto de amor y libertad para usted.

Amigo lector, si usted se vuelve sinceramente a él y le dice qué es lo que lo aleja de la fe cristiana, Dios le responderá, pues él lo ama.

Aunque olvidemos a Dios, él no se olvida de su criatura, como lo dice esta escritura:

“No quisieron oír… Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste” (Nehemías 9:17).

El yugo liberador

Martes 21 Julio
(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
El yugo liberador

El yugo es esa fuerte pieza de madera que une por la cabeza los dos bueyes de la yunta. Con este yugo se tiran los carros, los arados… Moralmente, describe una carga pesada.

Es interesante ubicar estas palabras de Jesús en su contexto. El pueblo de Israel se hallaba sometido bajo el peso de la ley y de las tradiciones impuestas por los guías religiosos (Éxodo 20-23Mateo 23:4). Nadie podía encontrar la liberación y el reposo para el alma. Pero Jesús lo ofrecía a todos: “Venid a mí”. Sin él no hay reposo. El hombre se fatiga en vano “debajo del sol” (Eclesiastés 2:22). Jesús vino para dar ese reposo de la conciencia y del corazón a todos los que están atormentados bajo un yugo de servidumbre: el peso de nuestros pecados, de nuestra naturaleza enemiga de Dios, de un mundo que nos esclaviza y cuyo príncipe es Satanás.

Por medio de su muerte en la cruz, Cristo obtuvo para nosotros una completa liberación de todo lo que nos esclavizaba. “La libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 5:1). A todo el que va a Jesús, él le quita esa agobiante carga y le ofrece su yugo liberador. ¿Cuál es ese yugo? El que Jesús, el hombre perfecto, tomaba sobre sí, en una total sumisión a la voluntad de su Padre, en una obediencia paciente a través de las pruebas del camino, con la dulzura y la humildad del siervo perfecto.

Cristo ayuda a aquellos que se inclinan y se sienten cómodos bajo ese yugo. Él lleva con ellos el cansancio y las cargas. ¡Dichosos los que han recibido el descanso del alma, adquirida para siempre por Jesús su Salvador!