Desaliento

Lunes 20 Julio


¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios.
Salmo 42:5

Así dice el Señor:… Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo.
Isaías 66:12-13

Desaliento

Isabel, viuda por segunda vez, no hallaba consuelo ante la pérdida de su marido. No veía ninguna razón para continuar viviendo. Un día llevó a su nieto en automóvil al parque. Después de ubicar al niño en su silla y ajustarle el cinturón, se sentó al volante e iba a poner el vehículo en marcha, sin ponerse su cinturón de seguridad. El niño exclamó: –¡Abuela, no te has puesto el cinturón! Ella respondió con tristeza: –¡Oh, Lucas, mi seguridad no es importante! Quisiera más bien ir al cielo donde está el abuelo.

Indignado, el niño de cinco años exclamó: –Pero, ¡entonces me dejarías solo!

De repente Isabel tomó consciencia de que su vida no carecía de sentido. Por medio de ese niño Dios le daba una nueva razón para seguir viviendo, para ser útil, y le mostró que podía hacer un servicio para él.

El profeta Elías también deseaba morir cuando su misión con el pueblo de Dios no había tenido los resultados que él esperaba (1 Reyes 19). Entonces Dios le mostró que, en su gracia, no consideraba sin esperanza la situación del país, y que aún tenía una tarea para el profeta. Elías tenía, pues, una razón válida para continuar viviendo.

¡No nos dejemos desanimar nunca! Dios siempre tiene un proyecto para nosotros mientras nos deje en la tierra. Pidámosle que nos abra los ojos, si ya no logramos ver lo que él espera de nosotros. Entonces el desaliento dará lugar nuevamente a la confianza. La gracia y el amor de nuestro Padre celestial nos acompañarán cada día.

Números 30 – Lucas 7:24-50 – Salmo 86:1-6 – Proverbios 19:24-25
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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El único Salvador

Domingo 19 Julio
El Señor, (es) tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión.
El único Salvador

La Biblia nos presenta a Dios como el Creador, infinito, inescrutable, majestuoso, llamado también “el Señor”: “grande en misericordia y verdad… que perdona la iniquidad… y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éxodo 34:6-7). ¿Y quién podría pretender ser inocente?

Él también es el “Dios bendito” (1 Timoteo 1:11) que quiere salvar a los hombres y darles la vida eterna. Para ello envió a Jesucristo. Pero los hombres no quisieron recibir ese don de Dios. Crucificaron a Jesús, mostrando así toda su maldad. Dios permitió que lo hicieran, pues era necesario que su justa ira se ejerciera sobre nuestros pecados. Jesús tomó nuestro lugar en la cruz para que Dios pudiera perdonarnos. De esta manera demostró el amor que tiene por nosotros.

Lector, usted también necesita ser perdonado. Aunque sus semejantes lo tengan en alta estima, usted ha desobedecido a Dios muchas veces. Entonces la justicia de Dios lo condena. Si todavía no lo ha hecho, crea en el Señor Jesús y en su sacrificio, por medio del cual Dios se complace en perdonar. Así usted sabrá que Jesús es su Salvador. Si no lo hace, a los ojos de Dios usted está perdido, condenado a soportar su justa ira eternamente. Sin Jesús como su Salvador, usted no puede ser liberado. Pero si lo acepta, tendrá el perdón de Dios, quien dijo: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25). Así descubrirá que Dios también es un Padre amoroso, y que Jesús es un amigo en quien se puede confiar sin temor.

Del Corán al Evangelio

Sábado 18 Julio
Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras… fue sepultado, y… resucitó al tercer día.
(Jesús) puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios.
Del Corán al Evangelio

«Cuando era niño jugaba bajo las palmeras datileras a orillas del río Nilo. Más tarde estudié el Corán y terminé siendo un buen musulmán. Oraba cinco veces al día, postrado en tierra en dirección a la Meca, y respetaba el ramadán.

Estudié en Alemania, y allí escuché hablar de Jesús. Para mí, Jesús no era más que un profeta. Conocí a un cristiano con quien me gustaba hablar; yo estaba convencido de que lo convertiría al Islam.

–¿Qué pasa con tus pecados?, me preguntó.

–Oro, y me serán perdonados.

–Entonces Dios no es justo. ¿Sobre qué base puede él cerrar sus ojos?

No supe qué responder. Los musulmanes hacen un peregrinaje a la Meca una vez en su vida. Corren siete veces alrededor de la Piedra Negra y creen que serán liberados de sus pecados. Yo no creía realmente esto.

Compré un Nuevo Testamento y lo leí. ¡Qué mensaje tan diferente del que había recibido! Un mensaje de amor, pero también de justicia. Dios amó tanto a los hombres que dio a su Hijo unigénito. Sí, el “Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Mis pecados fueron borrados. ¿A qué precio? Al precio de la muerte de Jesús en la cruz. Todos los fundadores de religiones son pecadores. Jesús es el Hijo de Dios. Él murió para expiar los pecados de todos los que creen en él, y ahora yo soy uno de ellos».

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Mártires

Viernes 17 Julio
Teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos… corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual… sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Mártires

Cerca del Foro, en Roma, se pueden ver las ruinas de un calabozo donde los prisioneros de los emperadores pasaban sus últimas horas antes de su ejecución. Aún se ve un fragmento de la cadena que los ataba a un pilar de hierro. Para más de un cristiano, sin duda este calabozo fue la última etapa antes del reposo junto a Jesús.

Ellos dieron su vida por amor a su Salvador, su Maestro. Sin embargo, Jesús los amó primero. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Él dio su vida por nosotros, cuando aún éramos pecadores, malos. Esos creyentes sufrieron en las prisiones, en las arenas, en las hogueras, pero no llevaban más el peso del pecado que agobia la conciencia. Su Salvador expió sus pecados. Fueron sostenidos por el sentimiento de la aprobación de su Señor. Tenían ante sí la perspectiva de estar con él en la casa del Padre (Juan 14:2-3).

Ellos son mártires, pero Jesús es su Salvador. Son discípulos, y él es el Maestro. Esos hombres y mujeres de fe son testigos, después de Jesús, el gran y perfecto Testigo. Cristo era Dios, el Justo, y sufrió el suplicio de un mártir. Sin embargo, durante las tres sombrías horas de la crucifixión, soportó además la ira de Dios y su castigo debido a nuestros pecados. Su sacrificio redentor reparó la ofensa hecha a Dios por el pecado del hombre culpable. Nosotros tenemos a esos fieles de todos los tiempos en una alta estima, pero adoramos al Único digno de toda adoración: Jesús, “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

¿Qué tesoro buscamos?

Jueves 16 Julio
No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo… donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
¿Qué tesoro buscamos?

Un escritor cristiano contó que él quería ser campeón de tenis de su escuela. Se sintió muy orgulloso el día que puso su trofeo de mejor tenista en la vitrina de la universidad. Años más tarde alguien se lo envió por correo. Lo había encontrado en la basura cuando se remodeló el edificio. Entonces él concluyó: «¡Tarde o temprano todos nuestros trofeos serán echados a la basura por alguien!». Los récords terminan siendo batidos, y la celebridad va desapareciendo poco a poco. Dios nos invita a poner la mira en las cosas de arriba y a invertir para la eternidad. Cristo nos dice que acumulemos tesoros en el cielo, pues tienen un valor eterno. Escuchemos su consejo.

¿Existe un tesoro inalterable?

Nuestra respuesta es: ¡sí! El tesoro más precioso que se puede poseer es “la dádiva de Dios… vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Es un don divino, una gracia totalmente inmerecida, porque estábamos lejos de Dios, moralmente muertos a causa de nuestros pecados.

Acumular tesoros en el cielo también es vivir cada día con la certeza de que Dios tiene un porvenir eterno para cada uno de nosotros. Es un lugar con Cristo, quien murió y resucitó, quien está en el cielo a la diestra de Dios. El que cree en Jesús posee esta herencia que nadie le puede quitar. Además, tiene la recompensa personal prometida a todos los que hayan cumplido fielmente el servicio que Dios les confía en la tierra (1 Corintios 3:14).

Pequeña causa, grandes efectos

Miércoles 15 Julio
El corazón del justo piensa para responder; mas la boca de los impíos derrama malas cosas.
¡Cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego.
Pequeña causa, grandes efectos

Cuando llega el verano, casi diariamente se produce un incendio devastador en un lugar u otro. A pesar de las campañas de concientización fomentadas por los medios de comunicación, ¡cuántas imprudencias llevan a la destrucción de centenares de hectáreas de bosques, y quizá también de vidas humanas! Una simple colilla arrojada por la ventana del automóvil puede ser el origen de una catástrofe.

La Biblia emplea la imagen del incendio de un bosque para exhortarnos a velar sobre nuestras palabras. Sin duda todos hemos comprobado los efectos opuestos que ellas pueden tener: se puede hacer mucho mal con la maledicencia o la calumnia, pero también se puede llevar consuelo y paz. “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor… La palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” (Proverbios 15:123).

Cristianos, nuestras palabras son escuchadas, repetidas, a veces mal comprendidas o deformadas, y no podemos medir las consecuencias. Una «pequeña» palabra puede hacer un «gran» estrago. Prestemos atención y recordemos lo que el apóstol dijo: “Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo” (Santiago 3:2).

Velemos también para no ser un medio de propagación del fuego. No prestemos atención a todo lo que escuchamos, sobre todo cuando se trata de críticas o comentarios negativos. “Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, cesa la contienda” (Proverbios 26:20).

Libertad

Martes 14 Julio
Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
Libertad

Todos aspiramos a la libertad. Pero en el fondo, ¿qué es la libertad? ¿Será la ausencia total de prohibiciones, como a veces se piensa? ¿Es hacer lo que uno desea? Los que sin restricción se entregan a sus inclinaciones a menudo terminan solos e infelices. Se creen libres, pero deben aprender que desde su nacimiento son esclavos del pecado e incapaces de liberarse a sí mismos. No todos estamos bajo la esclavitud del alcohol, de la droga, del dinero, del juego, del sexo u otras adicciones. Sin embargo, Jesús dice algo que se aplica a cada uno de nosotros: “Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez” (Marcos 7:20-22). La fuente del mal que hacemos, cualquiera que este sea, está en nuestro corazón.

Por medio de su vida ejemplar, Jesús mostró lo que era la verdadera libertad. Él encontraba su gozo en practicar el bien, haciendo lo que agrada a Dios.

Sin embargo, su vida pura y santa no podía librar al hombre de la esclavitud del pecado. Para salvarnos, Jesús tuvo que dar su vida. Pagó un precio muy alto: en la cruz sufrió el castigo de Dios por nuestros pecados. ¡Jesús es nuestro gran libertador! Pongamos nuestra confianza en él. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

El tiempo y la eternidad

Lunes 13 Julio
Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
El tiempo y la eternidad

Esa noche, siete jóvenes estaban felices porque salían a bailar. No pensaron que para cinco de ellos sería la última vez, después de un accidente fatal. En el año 2015, ciento cincuenta pasajeros de un avión iban rumbo a Alemania. ¿Qué pensaron cuando se dieron cuenta de la caída del aparato que los precipitó en la eternidad? Hoy muchas personas partirán de esta tierra. A veces la muerte llega bruscamente, sin advertencias.

Con respecto a esto, la Biblia nos enseña: “No sabéis lo que será mañana… ¿Qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14).

Estando en gran angustia, Job exclamó: “Mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza” (Job 7:6). ¿Estamos preparados para el más allá? El cristiano tiene una esperanza, la cual está fundada sobre la obra de amor de Jesucristo, quien murió para darnos la vida eterna. Esta esperanza es una certeza.

Lector, si este tema aún no lo ha inquietado, sepa que Dios se preocupa por usted y desea que se vuelva a él. Él tiene proyectos para usted, no solo para su vida en la tierra, sino para la eternidad. Dios se acercó a cada uno de nosotros en la persona de su Hijo Jesucristo. Él le dará a conocer todo lo “que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9). Reciba su gracia creyendo en el Hijo de Dios, quien hizo todo para darle la felicidad eterna.

Mariposa, no quemes tus alas

Domingo 12 Julio
En los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias.
El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Mariposa, no quemes tus alas

La mariposa no imagina el poder destructor de la llama. Fascinada por su luz, se acerca y muere quemándose las alas.

Y el hombre, ¿se detiene para reflexionar sobre las consecuencias de vivir sin Dios, lo cual lo conduce al juicio? ¿No se deja atraer por una falsa idea de libertad, con la ilusión de que puede hacer todo lo que quiere mientras la justicia de los hombres no lo atrape? Más grave aún, prefiere creer que nunca tendrá que vérselas con la justicia de Dios. ¡Qué riesgo insensato, pues la Biblia afirma que tendremos que dar cuentas a Dios! (Hebreos 9:27).

Sin embargo, el Señor es paciente. Ve a todos los que, prisioneros de sus pensamientos, van hacia la perdición. Y les suplica que sinceramente den media vuelta. Crea que el Señor Jesús lo ama y desea evitar que el juicio de Dios caiga sobre usted. En ese juicio cada uno, frente a sus pecados puestos en evidencia por la luz divina, cerrará la boca y será condenado (Apocalipsis 20:12). Pero Dios lo ama, por eso Jesucristo aceptó ser juzgado y condenado en su lugar. Jesucristo llevó en la cruz el castigo por todo pecado con el cual usted ofendió a Dios. Es un mensaje de amor, de gracia y de perdón, un mensaje de libertad que debemos recibir simplemente.

Amigo, no espere más, recíbalo ahora mismo. Con el perdón de Dios, usted también tendrá su paz. Jesucristo le dará una nueva vida y certezas para la eternidad.

Dios no nos abandona

Sábado 11 Julio
Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá.
Él (Dios) dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.
Dios no nos abandona
Testimonio

«Habiendo sido abandonado por mis padres, fui criado por mi abuela y luego por mi tía. Mi padre y mi madre me sacaron de sus vidas. ¡Pero Dios no me abandonó!

Entre los 20 y los 30 años, varias veces estuve en la calle, y fui albergado en diferentes hogares. Durante esos años de vagabundeo encontré a una persona que me habló, oró por mí y me dio un saco de dormir para protegerme del frío. Esta atención me conmovió. Por primera vez, desde hacía mucho tiempo, me sentí apoyado. Más tarde encontré una persona cristiana que me dio una Biblia. Poco a poco comprendí que tenía un tesoro en mis manos. Mientras leía ese libro, el Señor se reveló a mí. En un momento sentí la necesidad de ir a él y abrirle mi corazón. La Biblia fue el único remedio para mi situación, me habló, y estoy convencido de que Dios me hablará por medio de ella hasta mi último suspiro. No hay tema más hermoso que el del amor de Dios. Descubrí que Jesucristo es mi única esperanza, mi único recurso. Dios llenó el vacío afectivo que había en mí, me adoptó y le dio un sentido a mi vida. Deseo alabarlo por lo que él es y por lo que hizo por mí».

André

Quizás usted también fue abandonado por sus padres, o no tiene familia. Sepa que Dios no lo olvida, y le dice: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo (Dios) nunca me olvidaré de ti” (Isaías 49:15).