La oración de su hija

Miércoles 10 Junio
Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.
La oración de su hija

Un orador ateo hablaba ante una numerosa audiencia. Atacaba la fe cristiana y ridiculizaba a las personas ingenuas que todavía creen en la oración. De repente, un hombre entre los asistentes se levantó y pidió la palabra.

–Tiene usted enfrente a un hombre que antes era uno de los más miserables de toda la ciudad. Adicto a la bebida y al juego, golpeaba a mi mujer. No era más que un canalla. Mi esposa y mi hija se aterrorizaban cada vez que me oían llegar a la casa. Sin embargo, mi esposa oraba por mí desde hacía años; y también le enseñó a nuestra pequeña a orar por su papá.

Una noche regresé a casa más temprano de lo acostumbrado. Ese día no estaba ebrio. Mi esposa acababa de llevar la niña a la cama. Me acerqué sin hacer ruido y presté atención. Mi hija oró: «Señor Jesús, salva a mi papá. Por favor, Señor Jesús, libera a mi querido papá».

Ellas no sabían que yo estaba escuchando. Dejé la casa sin hacer ruido. Me sentía fulminado. Un «querido papá», ¡yo no merecía ese apelativo, no lo era!… Creo que nunca la había abrazado. Me sentí avergonzado. Con desesperación clamé: «¡Señor, ayúdame! ¡Responde la oración de mi hija!». Y realmente el Señor lo hizo.

Hoy agradezco a Dios la fuerza que me da para ser un buen marido y un verdadero padre. Ahora somos una familia feliz. Por eso creo en Dios, porque él verdaderamente escucha las oraciones y las responde.

Se podría preguntar a ese orador ateo a cuántas personas ayudó con sus palabras a cambiar de vida, como fue el caso de ese padre. El ateísmo es completamente impotente en eso. Solo la fe en Jesucristo puede cambiar a alguien.

Poner su confianza en Dios

Martes 9 Junio
En ti, oh Señor, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme.
Poner su confianza en Dios

En la Biblia, David es un ejemplo notable de alguien que confía en Dios. En los salmos describe sus experiencias con Dios: “El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré” (Salmo 28:7). “Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:14-15).

¿Cómo manifestamos diariamente nuestra confianza en Dios?

–Creyendo lo que él nos dice en la Biblia. Todos podemos constatar la sabiduría con la que la Palabra de Dios dice la verdad sobre todos los interrogantes que surgen en nuestro espíritu. ¡Qué fuente de paz cuando nuestra vida está basada en una plena confianza en el plan de Dios, en sus promesas y sus liberaciones!

–Poniendo nuestra confianza en su amor. Dios nos amó más allá de toda medida cuando entregó a su Hijo Jesús para que muriera en la cruz por nuestros pecados. Lo hizo para salvarnos, para hacer de nosotros sus hijos.

Hoy Dios nos ama con el mismo amor. No importa cuáles sean las circunstancias de nuestra vida, él siempre desea nuestro bien. Es un Padre lleno de bondad, aun cuando a veces no comprendemos por qué permite que pasemos por momentos difíciles. Si confiamos en el amor de Dios, su paz reinará en nuestro corazón.

“Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré” (Salmo 91:2).

Habiendo sigo ciego, ahora veo

Lunes 8 Junio
(El ciego sanado respondió:) Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.
Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
Habiendo sigo ciego, ahora veo

He aquí un hombre ciego que recuperó la vista de una manera inexplicable. Después de su sorprendente curación, algunos vecinos y conocidos lo llevaron ante las autoridades. Los fariseos, guías religiosos de aquellos tiempos, lo interrogaron dos veces con cuidado. Pero como las respuestas eran tan sencillas, no les satisfacían para nada. Este hombre estaba totalmente seguro de que “aquel hombre que se llama Jesús” lo había sanado, y declaró: “Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”.

Este humilde testimonio no fue recibido por los fariseos, porque ellos odiaban a Jesús. Y se atrevieron a decir: “Nosotros sabemos que ese hombre es pecador”. Y cuando le oyeron afirmar: “Si este no viniera de Dios, nada podría hacer”, no soportaron más y echaron fuera al ciego con desprecio, diciéndole: “Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros?”.

Este hombre ciego era un pecador delante de Dios, como todos nosotros, pero estos religiosos que lo menospreciaron también lo eran, y permanecieron en sus pecados (v. 41). La continuación del relato es notable. Jesús no dejó solo a este hombre, más tarde lo encontró y le preguntó: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”. Ya no se trataba de las circunstancias de su curación, sino de lo que había en su corazón. “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”, respondió el ciego sanado. Jesús le dijo: “Pues le has visto, y el que habla contigo, él es”.

Como este ciego, preguntemos a Jesús: “¿Quién eres, Señor?”. Él nos responderá.

Dios se hizo hombre

Domingo 7 Junio
A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos.
Dios se hizo hombre

Un libro recientemente publicado tiene por título: «Cómo Jesús se hizo Dios». Este título presenta a Jesucristo de una manera completamente falsa. La Biblia dice lo contrario: Dios se hizo hombre en Jesús, su Hijo unigénito. Efectivamente, “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Este versículo, base de la fe cristiana, contiene una verdad sorprendente y misteriosa: Jesucristo fue designado como siendo “la Palabra” (“el Verbo”), porque él es la expresión de los pensamientos de Dios (Juan 1:2). Él es la “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Él era la Palabra.

Él es Dios y se hizo hombre, concebido por el Espíritu Santo. Jesús, quien existe eternamente, tomó un cuerpo. Este es un misterio revelado a la humanidad: “Grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16).

Verdaderamente se hizo hombre y vivió entre nosotros. En Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9Verdaderamente se hizo hombre y vivió entre nosotros. En Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Esta gloria divina brilla con tal resplandor en la vida de Jesucristo hombre, que desde hace más de 2000 años lleva pecadores, como somos todos, a la convicción de que Jesús es mucho más que un hombre.

Perfectamente Dios y perfectamente hombre, él es el Hijo unigénito de Dios, el Salvador que vino a traer el perdón divino, la salvación y la vida eterna. Él quiere revelarse a usted, como lo hizo con su discípulo Pedro, quien exclamó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

La sorpresa que me esperaba

Sábado 6 Junio
El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.
La sorpresa que me esperaba

«Nunca me atrajo ninguna religión: ni el islam, ni el cristianismo, ni ninguna otra creencia. Estaba convencido de que había que aprovechar la vida lo mejor posible, porque luego vendría la muerte; y después la nada. Esa era mi divisa. Vivía tomando y fumando; les hacía la vida insoportable a mi esposa y a mi pequeño hijo.

Cierto día me encontré con un viejo compañero del servicio militar, quien me invitó a su casa. Fui con mi esposa y mi hijo sin pensar para nada en la gran sorpresa que me esperaba. En efecto, este hombre era cristiano. Me habló de Jesús y me propuso acompañarlo a un encuentro de cristianos. Sin dudarlo, asistí con mi mujer y mi hijo. Desde entonces nuestra familia empezó a cambiar para bien. Doy gracias al Señor porque los tres aceptamos a Jesús en nuestra vida, con una fe muy simple. Conocemos ahora la felicidad y el gozo de estar en Cristo, y me doy cuenta de que inconscientemente y desde hacía mucho tiempo, era el camino que había deseado tomar.

Muy a menudo, en la iglesia, derramamos lágrimas durante la alabanza. Pero no son lágrimas de tristeza, sino de gozo. Mi deseo es que usted conozca la maravillosa comunión que uno tiene con el Dios todopoderoso, por medio de Jesús, en su Iglesia, la asamblea de hermanos y hermanas en Cristo».

Lounis

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones” (Santiago 4:8).

El matrimonio (2): Una unión definitiva y exclusiva

Viernes 5 Junio
¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Jesús respondiendo les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo:… los dos serán una sola carne?… por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.
El matrimonio (2): Una unión definitiva y exclusiva

Lamentablemente nuestros primeros padres escucharon la voz del diablo que ponía en duda lo que Dios les había dicho. La duda y la desobediencia destruyeron su confianza en Dios y los condujo a acusarse mutuamente, mientras Dios deseaba su bien. Actualmente muchos matrimonios terminan en divorcio. Sin embargo el plan de Dios no ha cambiado. Hoy como antes, Dios desaprueba los divorcios y las parejas que se forman y se deshacen según sus propios caprichos.

Para Dios, además, las palabras fornicación (relaciones sexuales sin estar casado) y adulterio (infidelidad hacia el cónyuge) no han perdido su sentido, aun cuando no las utilicemos mucho. Recordemos que Dios reservó la sexualidad en el marco del matrimonio, y cualquier desborde es pecado (1 Corintios 6:9-10).

“Cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer” (1 Corintios 7:2-4).

El hombre, ¿es más feliz dando libre curso a sus fantasías? No, al contrario, siembra sufrimiento donde Dios desea su felicidad. Pero ninguna situación es demasiado difícil para Dios. Él perdona a quien reconoce sus errores pasados. Las consecuencias quizá subsistan, pero Dios le dará la fuerza para adaptar su vida a la voluntad divina.

(continuará el próximo viernes)

¡Ella no dijo eso!

Miércoles 3 Junio


No inclinasteis vuestro oído.
Jeremías 35:15

Mirad, pues, cómo oís.
Lucas 8:18

Samuel dijo (a Dios): Habla, porque tu siervo oye.
1 Samuel 3:10

¡Ella no dijo eso!

Jonatán estaba listo para salir. Con la mano en el picaporte de la puerta, le gritó a su mamá, quien estaba ocupada en el piso de arriba:

–Mamá, ¿puedo ir a jugar con Máximo, por favor?

–Primero termina tus deberes, luego puedes ir, le respondió ella.

Cosa extraña, el oído del niño solo captó el final de la frase: «Puedes ir». Y se fue a la casa de su amigo… ¿Terminó sus deberes? Para nada, ni siquiera los había comenzado. Sin embargo su madre había utilizado el mismo tono de voz cuando dijo: «Primero termina tus deberes». Pero Jonatán solo prestó oídos a medias, y ¡entendió lo que le convenía! La forma en que comprendió la respuesta fue falseada por su deseo de ir a la casa de su amigo. Hizo bien en pedir permiso, pero desobedeció a su madre…

Cristianos, ¿cómo escuchamos lo que Dios nos dice? A veces solemos elegir los textos bíblicos que nos convienen, evitando aquellos que no encajan en nuestros planes. Como Jonatán, practicamos una «escucha selectiva», a menudo inconscientemente.

Le pedimos a Dios que nos muestre lo que le agrada, pero, ¿estamos siempre dispuestos a escuchar su respuesta, cualquiera que sea? Escuchamos como «a distancia» y comprendemos «lo que nos conviene». En realidad, ya hemos decidido por nuestra cuenta…

Si queremos escuchar bien Su respuesta, comencemos acercándonos a él por medio de la oración. Si buscamos su voluntad con rectitud, él nos la dará a conocer.

Levítico 14:1-32 – Romanos 10 – Salmo 67 – Proverbios 16:21-22
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Descansen un poco

Martes 2 Junio
Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco.
Descansen un poco

Jesús envió a sus discípulos a anunciar la Palabra de Dios y a sanar enfermos (Marcos 3:13-15). Volvieron muy entusiasmados. Su primera experiencia de servicio fue positiva. Sin embargo, aunque había una gran multitud de la cual ocuparse, Jesús los llamó a dejar todo para seguirlo. “Y se fueron solos (con Jesús) en una barca a un lugar desierto” (Marcos 6:32). Quizá no comprendieron la orden de su Maestro, pero le obedecieron.

Este pedido de Jesús puede sorprendernos, pero nos enseña a no dejarnos absorber por una actividad desbordante, aun cuando esta es para el Señor. «El arco cuya cuerda nunca se afloja, no tardará en romperse», manifestó Juan Crisóstomo.

“Venid vosotros aparte”, les dijo Jesús. El llamado a ser sus discípulos es ante todo una invitación a tener comunión con el Señor, a buscar lo que le agrada, en su presencia. ¡Es tan fácil dejar que las exigencias del servicio cristiano ahoguen los momentos de comunión con él! No podemos trabajar para él sin haber estado, ante todo, “con él”.

“Descansad un poco”. Un cristiano escribió: «Es el ritmo natural de la vida cristiana. Ella consta, en efecto, de idas y venidas entre la presencia de Dios y la de los hombres. La vida cristiana alterna los encuentros con Dios en un lugar tranquilo y el servicio del hombre en la plaza de la ciudad», pero siempre bajo su mirada.

¿Cuánto tiempo duró ese reposo con el Maestro en la barca? Quizás poco tiempo, pero siempre es de gran valor estar con él.

Dios responde

Lunes 1 Junio
Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.
Dios responde

El piloto de una estación misionera nos comparte así su experiencia:

«En el transcurso de un vuelo de entrenamiento, decidí volar hacia el norte, hasta una pista de aterrizaje aislada y poco frecuentada. Así mi alumno tendría la posibilidad de realizar algunas maniobras de aterrizaje allí. Tan pronto llegamos, algunas personas se precipitaron a nuestro encuentro. Nos contaron que el día anterior, un joven se había herido gravemente una pierna y que no lograban detener la hemorragia.

Como el herido había perdido mucha sangre, lo instalamos rápidamente en el avión y lo transportamos enseguida al hospital de la misión. El vuelo duró 25 minutos. Por tierra o por agua, el mismo trayecto hubiese tomado 4 días, y el paciente no hubiese sobrevivido. De esta forma, en menos de una hora después del despegue, estaba en la sala de operaciones, donde se le pudo hacer una ligadura en la arteria para detener la hemorragia y curar la herida.

Pero lo más emocionante fue que la gente de esa aldea aislada, creyentes sin recursos médicos, habían orado por la vida del joven. Y poco después de sus insistentes oraciones, el avión apareció en el cielo de forma imprevista. ¡Para ellos fue, sin lugar a dudas, la respuesta de Dios a sus oraciones!».

Sí, nuestro Dios oye “la oración” (Salmo 65:2).

“Mas el Señor me ha sido por refugio, y mi Dios por roca de mi confianza” (Salmo 94:22).

“Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14).

El Espíritu Santo desde Pentecostés

Domingo 31 Mayo
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos… Y fueron todos llenos del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo desde Pentecostés

Antes de que el Señor Jesús volviera al cielo, dijo a sus discípulos: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7). Estas palabras se cumplieron cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en Pentecostés.

Desde entonces, el Espíritu Santo habita personalmente en cada creyente. Todo aquel que cree en el Evangelio lo recibe. “Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo” (Gálatas 4:6): Poseemos el Espíritu como sello, como garantía (arras), como unción y como testimonio (Efesios 1:13144:301 Juan 2: 20275:72 Corintios 1:21-22).

Pero el Espíritu Santo habita también en la totalidad de todos los creyentes, es decir, en la Iglesia en su conjunto. El Señor Jesús murió no solo para salvar a los pecadores, sino también “para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:52). Esto sucedió a través del Espíritu Santo. Él es el vínculo por el cual cada creyente está unido al Señor en el cielo y con los demás creyentes.

El Nuevo Testamento relaciona claramente la verdad de la Iglesia con el Espíritu Santo. Cuando la Iglesia es vista como la casa de Dios, es una “morada de Dios en el Espíritu”. Cuando se trata de ella como la esposa de Cristo, el Espíritu la guía a esperar a su esposo. Si se la considera como el cuerpo de Cristo, leemos: “Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). Este bautismo del Espíritu Santo tuvo lugar en Pentecostés, cuando se formó la Iglesia.