Cantad al Señor de todo corazón

Viernes 12 Mayo

Cantad al Señor cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Salmo 98:1
Su alabanza sea en la congregación de los santos.
Salmo 149:1

Cantad al Señor de todo corazón

Cada uno de los 150 salmos de la Biblia fue compuesto por un autor en una etapa particular de su vida. Los pensamientos y las reflexiones expresadas en ellos nos ayudan a comprender las situaciones que atravesamos hoy. También nos llevan a tener confianza en Dios y a alabarlo. Pero a veces leemos muy superficialmente expresiones como: “Señor, la habitación de tu casa he amado” (Salmo 26:8), o “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado” (Salmo 16:1).

De hecho, muchos salmos o incluso partes de salmos expresan los pensamientos del hombre perfecto: Jesucristo. Si bien es cierto que solo él puede expresarlos y vivirlos absolutamente, cada uno de nosotros puede leerlos ante Dios con una actitud de adoración. Pero ante estos absolutos, ante estas expresiones que sobrepasan nuestra vida de fe, detengámonos para escuchar a Jesús, el Único. Guardemos silencio, apartemos la mirada de nosotros mismos y volvámonos a lo que Jesús sentía en lo profundo de su ser, especialmente en sus sufrimientos, pero también en su vida de hombre y de adorador perfecto.

Seguramente ciertos salmos puestos en su boca resonarán entonces de forma nueva, más fuerte y más real. Retomemos cada salmo, lentamente, redescubriéndolos uno a uno a la luz de Cristo, y cantemos a Dios de todo corazón. Cantemos su alabanza (Salmo 149:1). Así Jesús nos invita a entrar en sus pensamientos, en sus oraciones e intercesiones.

¡Sin duda alguna, los salmos también son para nosotros!

1 Reyes 9 – Marcos 11:1-19 – Salmo 56:8-13 – Proverbios 15:11-12

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Saulo de Tarso

Jueves 11 Mayo

(Saulo) oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

Hechos 9:4-5

En seguida (Saulo) predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios.

Hechos 9:20

Saulo de Tarso

Para Saulo de Tarso la situación era clara: los que hablaban de Jesús formaban una secta peligrosa. Había que detenerlos, aunque fuese con violencia. Saulo pensó que había encontrado la solución, pero no había previsto un punto muy importante: Jesús estaba vivo. Saulo había oído a Esteban, el primer mártir, afirmar que veía a Jesús en el cielo, pero no había comprendido y seguía persiguiendo a los cristianos.

Un día, cuando iba camino a Damasco para arrestar a los cristianos, repentinamente se vio rodeado por un resplandor de luz del cielo, y cayó a tierra. Entonces una voz lo interpeló: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. En ese instante comprendió y aceptó que Jesús estaba vivo y que era el Señor (ver Hechos 25:19). ¡Toda su vida fue transformada inmediatamente!

Sin tardar anunció que Jesús era el Mesías anunciado por los profetas, el Hijo de Dios. Luego, progresivamente, se apropió el mensaje cristiano y, sobre todo, comprendió que Jesús había muerto para llevar sus pecados.

Amigo lector, ¿está convencido de que Jesús vive? Él no le ha hablado directamente, como a Pablo, pero le interpela mediante este mensaje bíblico. Lo que vivió Saulo, quien se convirtió en el apóstol Pablo, está escrito en la Biblia, para que usted aprenda de su experiencia y crea. ¿Qué hizo Saulo? Oró al Señor. Esto es lo que usted puede hacer, y así, teniendo un encuentro con el Salvador, nacerá a la fe. Luego su voz se añadirá a la de los testigos de Jesús.

1 Reyes 8:31-66 – Marcos 10:32-52 – Salmo 56:1-7 – Proverbios 15:9-10

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El tiempo de Dios y el nuestro

Miércoles 10 Mayo

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Eclesiastés 3:1

Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Hebreos 10:36

El tiempo de Dios y el nuestro

Raramente el tiempo de Dios corresponde al nuestro. A menudo estamos afanados, mientras Dios nunca tiene prisa. En la vida del Señor Jesús aquí en la tierra nunca vemos un momento de agitación o de retraso. Él era el Señor del tiempo y servía perfectamente a su Padre.

¡Qué diferencia con nuestra vida, a menudo llena de estrés, de premuras y de tiempo perdido! El momento de Dios no siempre es el nuestro, pues sus pensamientos no son nuestros pensamientos, y sus caminos no son los nuestros (Isaías 55:8). Entonces, cuando oremos, no le pidamos una respuesta prematura, ni le pongamos ultimátum. Nuestra fe también progresa a través de las luchas, de largas pruebas y períodos de sufrimiento. Dios nunca se equivoca, y sus demoras no son retrasos… Él utiliza todo el curso de nuestra vida a fin de prepararnos para la eternidad. Podemos estar seguros de que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28). Si a menudo pensamos en lo que nos hace falta -algo totalmente natural-, hagamos la lista de todo lo que hemos recibido por la gracia divina y estaremos maravillados y agradecidos.

A nuestra falta de paciencia e impetuosidad natural, Dios responde mediante su Palabra: “La prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna… Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 1:3-45:11).

1 Reyes 8:1-30 – Marcos 10:1-31 – Salmo 55:16-23 – Proverbios 15:7-8

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¿Hastiado de la vida?

Martes 9 Mayo
Tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.
Santiago 5:11

¿Hastiado de la vida?
La Biblia nos cuenta la historia de Job, un creyente rico y feliz, pero que perdió todo en muy poco tiempo: sus bienes, sus hijos, la salud… Abrumado por tantas desgracias, Job declaró: “Está mi alma hastiada de mi vida; daré libre curso a mi queja…” (Job 10:1). Si atravesásemos las mismas pruebas, seguramente también estaríamos desanimados. En tales circunstancias, a menudo la primera reacción es acusar a Dios. Job, quien al principio soportó todo de manera ejemplar (Job 2:10), terminó diciendo: “Te has vuelto cruel para mí; con el poder de tu mano me persigues” (Job 30:21). Deseaba comprender por qué le habían sobrevenido tantos sufrimientos. Se consideraba como alguien de bien, que había hecho lo mejor para agradar a Dios. “¡Ojalá pudiese disputar el hombre con Dios, como con su prójimo!” (Job 16:21).

Durante mucho tiempo Job esperó la respuesta de Dios, y esto puso a prueba su paciencia. Pero Dios tenía un plan para bendecir a Job, así como tiene uno para cada uno de nosotros. Podemos estar seguros de que Dios siempre quiere bendecir a su criatura: “Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres” (Lamentaciones 3:32-33).

Contrario a las apariencias, fue el corazón de Dios, lleno de amor por Job, el que permitió tales dificultades, pues Dios sabía que eso llevaría a Job a hacer progresos esenciales en su vida espiritual. Pero, sobre todo, entraría en una relación mucho más estrecha con Dios.

1 Reyes 7:23-51 – Marcos 9:30-50 – Salmo 55:8-15 – Proverbios 15:5-6

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El corazón del hombre piensa su camino; más el Señor endereza sus pasos. Proverbios 16:9

Lunes 8 Mayo

El corazón del hombre piensa su camino; mas el Señor endereza sus pasos.

Proverbios 16:9

Espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.

1 Samuel 9:27

Dios me buscaba

Testimonio

Era un joven peluquero e iba a mi trabajo en bicicleta. Una mañana iba demasiado rápido, tomé mal una curva y caí fuertemente. Fui llevado al hospital, a la misma habitación donde se hallaba uno de mis vecinos, un cristiano paralizado a raíz de un accidente. Mi vecino me dijo: «Fernando, lo que te falta es un Salvador personal. ¡Tienes que creer en el Señor Jesús!».

Esto me molestó, e incluso me irritó en el momento. ¡Yo estaba totalmente seguro de mí mismo y de mi importancia!

Pero Dios velaba sobre mí. Me sentí movido a abrir una Biblia que había recibido como regalo de cumpleaños. Leí: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9). Además del pecado, debía confesar, sobre todo, la superficialidad de mi manera de vivir (1 Pedro 1:18). ¡El amor divino fue más fuerte! Días después me rendí y me arrodillé ante Dios llorando, confesando mi culpabilidad e invocando su perdón: ¡pasé por el nuevo nacimiento! Al recibir a Cristo como Salvador, ¡nací una segunda vez a los dieciocho años!

Algunos años más tarde Dios me mostró que quería que dejara mi trabajo para predicar su Palabra. Con las fuerzas que me da para seguir y servir a mi divino Maestro, trato de mantener siempre la mirada fija en él, mi único modelo. Jesucristo siempre ha sido fiel y lo será hasta el fin. ¡Su gracia me basta, con tal que se haga su voluntad!.

Fernando

1 Reyes 7:1-22 – Marcos 9:1-29 – Salmo 55:1-7 – Proverbios 15:3-4

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La necesidad de un Salvador

Domingo 7 Mayo
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.
2 Corintios 5:19
Nuestro Salvador Jesucristo… quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.
2 Timoteo 1:10

La necesidad de un Salvador

La complejidad extraordinaria del cuerpo humano muestra la inteligencia del Creador que lo formó. Dios creó a los seres humanos, los ama y quiere tener comunicación con ellos. Sin embargo, esta obra prodigiosa, notable demostración de lo que es la vida, está destinada a morir un día. La Palabra de Dios lo declara, la sentencia de muerte pesa sobre el ser humano desde que desobedeció a su Creador y así el pecado entró en el mundo (Romanos 5:12). Debido al pecado, ¿la única perspectiva para el hombre será entonces la muerte? ¡No! Es cierto que el pecado creó una separación entre Dios y el hombre (Isaías 59:2), pero “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9).

Era necesario que Jesús muriese para borrar nuestros pecados y darnos una vida nueva, eterna. Jesús permitió, pues, que lo clavasen en la cruz. Y el Padre recibe con amor a todo aquel que por la fe acepta esa salvación perfecta, ofrecida gratuitamente. ¿Comprendemos el valor que nuestra vida tiene para Dios? Es infinito: no hay amor más grande que dar su vida por los que amamos (Juan 15:13). Arrepentirse reconociendo que somos pecadores ante Dios, y aceptar el sacrificio de Jesús por nosotros, es suficiente para obtener el perdón y la vida eterna.

“¿Quiero yo la muerte del impío? dice el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Echad de vosotros todas vuestras transgresiones… y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ezequiel 18:23, 31).

1 Reyes 6 – Marcos 8:22-38 – Salmo 54 – Proverbios 15:1-2

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El primer sabor del fruto del Espíritu es el amor.

Sábado 6 Mayo
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas… si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
1 Corintios 13:1-3
El fruto del Espíritu (2)

El amor
El primer sabor del fruto del Espíritu es el amor

La palabra griega empleada aquí es «ágape». Se refiere al amor que da en lugar de recibir, el amor que desea el bien del otro. Este amor no depende de los méritos del otro para expresarse, sino que resplandece en cualquier circunstancia. Un amor así es dado por Dios. “Ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Romanos 5:5), y es el fruto del Espíritu.

Sin duda podemos testificar que nuestros mejores recuerdos están marcados por el amor que dimos o recibimos. Recordemos también que Jesús resume las muchas páginas de la ley en un solo verbo: AMAR (leer Marcos 12:29-31). Él dio la medida perfecta, suprema, cuando dio su vida para salvar a sus enemigos.

Amigos cristianos, es el Espíritu Santo, y no la observancia de reglas y leyes, lo que debe inspirar nuestra vida, nuestras acciones y actitudes. La vida cristiana no se resume, pues, en una comprensión justa de la doctrina bíblica, ni siquiera en su puesta en práctica. Es una realidad ferviente y bienhechora que abarca todo nuestro ser, nuestra inteligencia, voluntad, emociones, y nos lleva a amar “de hecho y en verdad” (1 Juan 3:18). El amor “se goza de la verdad” (1 Corintios 13:6).

(continuará el próximo sábado)
1 Reyes 5 – Marcos 8:1-21 – Salmo 53 – Proverbios 14:35

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He aquí tu madre

Viernes 5 Mayo

En esto hemos conocido el amor, en que él (Jesús) puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

1 Juan 3:16

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Juan 13:35

He aquí tu madre

Jesús estaba clavado en la cruz. Junto con algunas mujeres estaba allí su madre ¡cuyo dolor era inmenso! Juan, el “discípulo a quien él amaba”, también estaba presente (Juan 19:26). Entonces Jesús dijo a su madre: “Mujer, he ahí tu hijo”, y a Juan: “He ahí tu madre”. Y al momento el discípulo la recibió en su casa.

Juan y María estaban unidos por su amor a Jesús. A causa de él se cuidarían el uno al otro. Juan conocía de forma personal el amor de Jesús y lo amaba profundamente. Su amor por su Maestro hacía que Juan fuese apto para esa hermosa obra: recibir a esa madre en duelo.

Así la muerte de Jesús creó un vínculo de amor entre los que lo amaban. Todos los que creen en él están unidos unos a otros mediante la misma vida, es decir, su vida. Y Jesús espera que esos vínculos de amor sean cultivados entre nosotros.

Es cierto que hay cristianos con un carácter menos amable o menos agradable que otros. Pero cada cristiano, amable o no, está unido a Jesús. Para mí es “el hermano débil por quien Cristo murió” (1 Corintios 8:11). Solo por ello merece mi estima y cuidado. ¡No lo amo porque tiene la misma cultura, la misma educación o los mismos centros de interés que yo, sino porque Jesús lo ama! Al cuidar de él expreso mi amor por Aquel que nos une el uno al otro.

¡Cuanto más conozca el amor de Jesús por mí, mejor sabré cuidar de los que él ama!

1 Reyes 4 – Marcos 7:24-37 – Salmo 52 – Proverbios 14:33-34

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La oportunidad de su vida

Jueves 4 Mayo
Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios.
Jeremías 7:23
El que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal.
Proverbios 1:33

La oportunidad de su vida

Tres grandes personajes dejaron «pasar la oportunidad»:

– Pilato: entregado por los jefes de su pueblo, Jesús compareció ante el gobernador romano. Durante el interrogatorio, Pilato hizo una pregunta a Jesús: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38). Tenía la verdad en persona frente a él (Juan 14:6). ¡Si alguien podía dar a esta pregunta esencial una respuesta fiable, ese era Jesús! Pero Pilato salió sin esperar la respuesta. Luego entregó a Jesús a sus enemigos…

– Félix quiso escuchar al apóstol Pablo, quien estaba prisionero. Pero cuando este empezó a hablar “de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero”, Félix tuvo miedo, y en vez de preguntar a Pablo cómo podía ser salvo, respondió: “Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré” (Hechos 24:25).

– El rey Agripa, de paso por Cesarea, oyó hablar del prisionero Pablo y también quiso escucharlo. Pablo le contó cómo él, el terrible enemigo de los cristianos, pasó a ser un feliz “prisionero de Jesucristo”. Su discurso tocó el corazón del rey, quien le dijo: “Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28).

No leemos que estos tres hombres de alto rango hayan tenido nuevamente la oportunidad de escuchar el Evangelio. En un momento decisivo de su vida dieron marcha atrás ante las consecuencias inmediatas de la elección que debían tomar, elección que determinaría su eternidad…

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15).

1 Reyes 3 – Marcos 7:1-23 – Salmo 51:13-19 – Proverbios 14:31-32

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El amor por Jesucristo (2)

Miércoles 3 Mayo
Jesús (le) dijo: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?… Le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.
Juan 21:16-17
Si alguno ama a Dios, es conocido por él.
1 Corintios 8:3
El amor por Jesucristo (2)

Jesús hablaba a sus discípulos de su amor por él. Después de haberles dicho: “El que me ama”, y “si me amáis” (ver la hoja de ayer), continuó diciendo:

– “Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre” (Juan 14:28).

Los discípulos, afligidos al pensar en su partida, eran incapaces de olvidarse de sí mismos para pensar en el gozo del Señor al ir “al Padre”. Este tierno reproche nos hace sentir la imperfección de nuestro amor por él y la pobreza de nuestro corazón.

– “El Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado” (Juan 16:27).

Jesús no los dejó con este reproche, pues sabía que sus discípulos lo amaban realmente, incluso si eran débiles. El Padre los amaba precisamente porque ellos lo amaron a él, en contraste con tantos hombres de quienes Jesús dijo: “Han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre” (Juan 15:24).

– “Simón… ¿me amas?”.

Esta pregunta hecha tres veces tocó el corazón de Pedro. Jesús se dirigió personalmente a él, quien lo había negado tres veces. Pedro se arrepintió de su conducta, y se encomendó a aquel que conocía su amor por él: “Tú sabes que te amo”. ¡Jesús no lo contradijo! Al contrario, le encomendó la tarea de cuidar de sus corderos y ovejas.

Es cierto que nuestro amor por el Señor nunca estará a la altura del suyo, pues nuestro amor es imperfecto, fluctuante. Pero Jesús ve este amor en el corazón de los suyos; fue él quien lo produjo, en respuesta a su amor perfecto. No lo desprecia, sino que lo valora y trabaja día tras día para que crezca (Filipenses 1:9).

1 Reyes 2:26-46 – Marcos 6:30-56 – Salmo 51:6-12 – Proverbios 14:29-30

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