Muestre diligencia

Muestre diligencia

7/13/2018

En lo que requiere diligencia, no perezosos. (Romanos 12:11)

La diligencia se aplica a todo lo que usted hace en su vida cristiana. Cualquier cosa que se haga en el servicio del Señor es digna de entusiasmo y
cuidado.

Jesús sabía que su tiempo de ministerio terrenal era limitado y que tenía que aprovechar cualquier oportunidad para servir a su Padre celestial. También nosotros tenemos que hacer “las obras… entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4). Y otros cristianos sin duda apreciaran nuestras diligentes buenas obras, como exhortó Pablo: “Hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10).

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La esclavitud (1)

Viernes 13 Julio

En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.

Efesios 1:7

Si vosotros permaneciereis en mi palabra… conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Juan 8:31-32

La esclavitud (1)

Harriet Beecher-Stowe nació en Estados Unidos en 1811 y quedó huérfana desde muy joven. Cuando tenía veinte años se fue a vivir en Ohio; allí se casó, y luego tuvo la inmensa tristeza de perder un hijo a causa del cólera. Pidió al Señor que permitiese que esa prueba la hiciera capaz de hacer el bien a otros.

En esa época el país estaba dividido entre los partidarios de la esclavitud y los que, como ella y su familia, la denunciaban. Como su casa estaba ubicada en la vía que conducía a la libertad, hacia Canadá, Harriet tuvo la oportunidad de alojar a varios fugitivos. Indignada por el tráfico de esclavos y sus condiciones de vida inhumanas, escribió varios artículos en un periódico, luego dedicó un libro a esta causa: «La cabaña del tío Tom». Esta obra, que describe con realismo la triste condición de los esclavos, tuvo gran éxito en el año 1852.

Cuando los esclavos lograban llegar a Canadá, eran libres, y sus amos ya no podían hacer valer ningún derecho sobre ellos.

Todos los hombres, conscientes o no, son esclavos de sus deseos, e incluso del diablo. Pero el que cree en el Señor Jesús halla la libertad, porque Jesús lo redimió al precio de su sangre vertida en la cruz.

¡Nos compró para él! Por gracia estamos libres de aquel que nos tenía cautivos. ¡Somos realmente libres! Aún más, pertenecemos a Cristo quien nos amó, ¡pertenecemos a nuestro poderoso Redentor!

Números 23 – Lucas 4:1-15 – Salmo 83:1-8 – Proverbios 19:11-12

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Honrarse los unos a los otros

Honrarse los unos a los otros

7/12/2018

En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (Romanos 12:10)

Si usted está consagrado al amor fraternal, es obvio que usted les dará preferencia a los demás creyentes. Eso quiere decir que usted tendrá una genuina humildad y no tendrá “más alto concepto de sí que el que debe tener” (Ro. 12:3; vea también Fil. 2:3). También significa que usted dará honra a sus hermanos en Cristo y tomará la iniciativa de ponerlos en primer lugar.

No halagará a otro creyente simplemente con la esperanza de que lo halague a usted también o para congraciarse con él. Más bien le expresará sincero aprecio, respeto y amor como un hermano en la fe y miembro de la familia de Dios.

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El amor fraternal

El amor fraternal

7/11/2018

Amaos los unos a los otros con amor fraternal. (Romanos 12:10)

El amor fraternal revela el carácter de los cristianos. Por eso Pablo les recuerda a los creyentes que pongan en práctica esa virtud: “Acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros” (1 Ts. 4:9).

El verdadero discípulo de Jesucristo intuitivamente sabe que debe amar a sus hermanos y hermanas en Cristo. Como tienen el mismo Padre celestial, el amor entre los creyentes es tan normal como el afecto entre los miembros de una familia. Si es un verdadero discípulo, tal amor será verdaderamente suyo.

Aferrándose a lo que es bueno

Aferrándose a lo que es bueno

7/10/2018

Seguid lo bueno. (Romanos 12:9)

Como siervo de Jesucristo, Dios quiere que usted se comprometa con todo lo bueno, con todo lo que sea justo y digno. Esa tarea requiere el uso de discernimiento. Con la ayuda de Dios y su Palabra, usted debe evaluarlo todo con cuidado y decidir qué debe rechazar y qué debe seguir (1 Ts. 5:21-22).

A medida que se aparta de las cosas del mundo y que se satura de las Escrituras, lo que es bueno irá sustituyendo lo que es malo. Entonces usted hará realidad el mensaje de Pablo a los creyentes de Roma: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (12:2).

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La pureza necesaria

Martes 10 Julio

Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

2 Corintios 7:1

La pureza necesaria

La falta de higiene a menudo contribuye al desarrollo de enfermedades. Del mismo modo, una buena salud espiritual necesita una «higiene» regular. El Señor Jesús explicó a Pedro que si no le lavaba los pies no podía tener comunión con él (Juan 13:8). Los pies limpios nos hablan de la pureza moral de nuestra conducta, dondequiera que vayamos. Las «impurezas» estropean nuestra comunión con el Señor y nos impiden servirle de forma útil.

Insistimos para que nuestros hijos se laven las manos antes de comer. Del mismo modo, no soportemos tener el corazón o la conciencia sucios; así mantendremos una buena relación con el Señor, sobre todo cuando nos reunimos en torno a él para recordar su muerte en el culto dominical. ¿Pasaremos más tiempo cuidando nuestra apariencia física que preparándonos espiritualmente? ¿Para quién estamos allí reunidos? “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

Cuanto más tiempo el mal esté en nosotros, tanto más difícil será deshacernos de él. En el aspecto físico empleamos el agua para lavarnos. En el espiritual, la Palabra de Dios nos purifica. Jesucristo ama a su Iglesia y la purifica “en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:26).

Leyendo la Biblia cada día podremos ser purificados de “toda contaminación de carne y de espíritu”, visible o invisible, presente en nuestros pensamientos o acciones.

“Desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Santiago 1:21).

Números 20 – Lucas 2:1-20 – Salmo 81:1-10 – Proverbios 19:5-6

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Negarse a ser seducido

Negarse a ser seducido

7/9/2018

Absteneos de toda especie de mal. (1 Tesalonicenses 5:22)

El aborrecimiento del mal lleva a la abstinencia de él. No se puede tener algún interés en el pecado y evitar caer en él. Negándose a ser seducido por la tentación, el justo sabe que “en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Sal. 1:2).

No se puede buscar la justicia y al mismo tiempo tolerar el mal. Por eso Pablo dio a Timoteo y a todos los creyentes este mensaje: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Ti. 2:22).

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Los creyentes aborrecen el mal

Los creyentes aborrecen el mal

7/8/2018

Aborreced lo malo. (Romanos 12:9)

El mal es la antítesis de la santidad y por tanto la antítesis de la piedad. Así que el hijo de Dios aborrece lo malo porque Dios aborrece el mal (paráfrasis de Pr. 8:13).

Si verdaderamente usted ama a Dios aborrecerá toda forma de maldad. Como amaba tanto a Dios, David resolvió que “corazón perverso se apartará de mí; no conoceré al malvado” (Sal. 101:4). El fiel cristiano no debe comprometerse con lo malo.

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El don más importante

El don más importante

7/7/2018

 

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1 Corintios 13:13)

Si usted es cristiano, el amor es más importante que cualquier don espiritual que tenga. Por lo tanto, no es nada sorprendente que la Biblia diga que el primer “fruto del Espíritu es amor” (Gá. 5:22). Y tiene sentido que por nuestro amor a los demás cristianos “conocerán todos que sois mis discípulos” (Jn. 13:35).

El amor genuino es tan importante para la vida cristiana que, si usted dice que sigue a Jesucristo, debe mostrar tal amor para que sea válida su profesión de fe (1 Jn. 3:14).

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La mayor virtud

La mayor virtud

7/6/2018

El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. (1 Juan 4:16)

La mayor virtud de la vida cristiana es el amor. El Nuevo Testamento proclama el amor ágape como la virtud suprema bajo la cual deben alinearse las demás virtudes. Se concentra en las necesidades y el bienestar de los seres amados y paga el precio necesario para satisfacer esas necesidades y fomentar ese bienestar.

Jesús dijo con toda claridad que los dos más grandes mandamientos de la Biblia son: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:37-39).

¿Es esa la mayor de todas las virtudes bíblicas en su vida?

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