¿Son israelitas? Yo también
6 de junio

«¿Son israelitas? Yo también»
2 Corintios 11:22
Aquí tenemos una declaración personal que requiere pruebas. El Apóstol sabía que su pretensión era indisputable; pero hay muchas personas que no tienen derecho a ese título y que, sin embargo, pretenden pertenecer al Israel de Dios. Si estamos diciendo con confianza: «Yo también soy israelita», digámoslo solo después de haber escudriñado nuestro corazón en la presencia de Dios. No obstante, si podemos aportar pruebas de que estamos siguiendo a Jesús, si podemos decir de corazón: «Yo confío en él enteramente, confío en él solamente, confío en él sencillamente, confío en él ahora y confío en él para siempre», entonces, la postura que sostienen los santos de Dios nos pertenece también a nosotros y todos sus goces son nuestros. Tal vez seamos los últimos en Israel —»menos que el más pequeño de todos los santos»—; sin embargo, ya que las misericordias de Dios pertenecen a todos los santos como tales y no como santos aventajados o bien instruidos, podemos introducir nuestro argumento y decir: «¿Son israelitas? Yo también». Por tanto, las promesas son mías, la gracia es mía y la gloria será mía». Esta declaración, debidamente pronunciada, proporcionará un aliento indecible. Cuando el pueblo de Dios se regocija porque le pertenece a él, ¡qué dicha supone poder decir: «Yo también»! Cuando ellos hablan de haber sido perdonados, justificados y aceptados en el Amado, ¡qué alegría da responder: «Por la gracia de Dios, yo también lo estoy». Sin embargo, esta declaración no solo conlleva deleites y privilegios, sino también condiciones y deberes. Debemos compartir con el pueblo de Dios tanto la sombra como el sol: cuando oímos hablar de los cristianos con desprecio y burla, hemos de adelantarnos valientemente y decir: «Yo también lo soy». Cuando los vemos trabajar por Cristo dando su tiempo, sus talentos y todo su corazón a Jesús, debemos estar en condiciones de poder decir: «Yo también hago lo mismo». Demostremos nuestra gratitud por medio de la devoción, y vivamos como aquellos que, habiendo declarado que tienen un privilegio, desean también asumir la consiguiente responsabilidad.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 166). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.