4/5 – La tiranía de lo urgente

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Primero lo primero

4/5 – La tiranía de lo urgente

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Annamarie Sauter: ¿En ocasiones te has encontrado a ti misma pensando, “Si no tuviera todas estas personas a mi alrededor, entonces pudiera trabajar un poco?” Nancy Leigh DeMoss dice que es difícil realizar nuestro trabajo aun cuando estamos solas.

Nancy Leigh DeMoss: No necesito otras personas a mi alrededor para distraerme. Puedo proveer mis propias distracciones. Puedo distraerme con la tiranía de lo urgente sin tener que salir de casa, sin siquiera salir de mi habitación o de mi estudio en la mañana. Puedo hallar innumerables cosas que hacer que son buenas —pero descuidando las que son importantes.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín¿Qué cosa o cosas se interponen a nuestras prioridades —llamadas telefónicas, correos electrónicos, tareas, conducir, un día de compras en la tienda por departamento u otra pequeña interrupción urgente? Hoy, Nancy nos ayudará a decir NO a algunas buenas cosas para decir SÍ a las mejores. Actualmente estamos en la serie titulada “Lo primero es lo primero”.

Nancy: Durante esta semana hemos estado hablando en esta serie sobre como ordenar nuestras prioridades de modo que podamos obtener el mayor beneficio de nuestro tiempo y poder cumplir con la agenda que Dios tiene para nuestras vidas. Hemos estado echando un vistazo a la palabra P-R-I-O-R-I-D-A-D-E-S que en inglés es priorities, y a cada letra de esta palabra le hemos puesto una frase o una palabra que son elementos que nos ayudan a comprender y a recordar cuales deben ser nuestras prioridades.

Hace un par de días iniciamos hablando de la letra «P»—persevera en oración. Pídele a Dios sabiduría. Debemos cada mañana iniciar nuestro día, y continuar a través de este y finalizarlo diciéndole “Señor, necesitamos que nos ayudes a ordenar nuestras prioridades”.

Luego seguimos con la letra «R»— revisa las prioridades de Dios para tu vida basada en la Palabra de Dios. Ve a las Escrituras y descubre lo que la Palabra de Dios tiene que decirte como mujer al presente en tu vida. ¿Cuáles son las cosas importantes, las primeras cosas que debes mantener en primer lugar en tu vida?

Seguimos con la letra «I»—hablamos de hacer un inventario, evaluar, calcular ¿cómo estoy utilizando mi tiempo? ¿Qué hay en mi lista de cosas para hacer? ¿Qué hay en tu lista de responsabilidades? ¿Son estas las cosas que caen dentro del renglón de prioridades de lo que he descubierto para mi vida en la Palabra de Dios? Si no, tendremos que eliminar cosas; deshacernos de algunas cosas hasta que sepamos que las cosas que estamos haciendo son las que realmente son importante en nuestras vidas.

Y ayer hablamos de la letra «O»— ordena tu horario, tus actividades, tu involucramiento diario de acuerdo con las prioridades de Dios para tu vida. Tú determinas cuales son las prioridades para el presente estado de tu vida, entonces mientras abordas tus responsabilidades diarias ordena tus pasos, ordena tus decisiones, tu horario de acuerdo a esas prioridades.

Y decimos que es muy importante poner las primeras cosas primero en el día. Si no lo hacemos, veremos cómo nuestro día es devorado por todo tipo de cosas que pueden ser buenas. Entonces cuando llegamos al final del día decimos “no hice las cosas que realmente tenía que hacer, las cosas que debieron ser mis prioridades”. Mientras que si iniciamos nuestro día poniendo las cosas más grandes, las más difíciles, las más importantes, entonces nos damos cuenta que aquellas otras cosas pueden encajar alrededor de las cosas mayores en nuestras vidas.

Ahora, hemos llegado a la letra «R»— aquí queremos aprender a resistir lo que alguien ha llamado “la tiranía de lo urgente”. Resistir la tiranía de lo urgente. Reconocerás esa frase del pequeño libro escrito por un hombre llamado Charles Hummel. Ha sido de mucha ayuda para mí y es algo que encuentro que tengo que volver y volver a leer otra vez periódicamente.

En ese libro, el cual es un clásico, Hummel dice que el problema no es tanto la falta de tiempo; aunque a veces desearíamos que nuestro día tuviese treinta horas. Él alega que si tu día tuviera treinta horas, de todas formas tendrías los mismos problemas. Él dice que el problema no está en que no tenemos suficiente tiempo; el problema realmente es un problema de prioridades.

En su libro él habla de la tensión existente entre las cosas que son urgentes y las cosas que son importantes. Él dice, “las tareas importantes rara vez deben ser hechas hoy, o aun esta semana, pero las tareas urgentes requieren atención instantánea”. De modo que desde el momento en que me levanto en la mañana hay cosas urgentes que me presionan y llaman mi atención. Sin embargo, lo que sucede es que frecuentemente, en el proceso de atender esas tareas urgentes voy ignorando las tareas que realmente son importantes—cosas que no son para esta semana pero si no comienzo a trabajar en ellas no las realizaré a tiempo.

Ahora, debo decir que la tecnología ha sido de gran bendición en muchos aspectos, pero en otros no nos ha ayudado en esto de las prioridades. La tecnología ha incrementado el sentido de que todo es urgente. Los correos electrónicos tienen que ser respondidos de inmediato; las llamadas telefónicas, los correos de voz tienen que ser respondidos inmediatamente; así también las computadoras —todo tiene que ser atendido rápida e inmediatamente.

Pero, ¿qué hacíamos antes de que existiera FedEx? ¿Qué hacíamos antes de los faxes? ¿Qué hacíamos antes de los correos electrónicos? O qué hacíamos antes de la mensajería instantánea. Los jóvenes de ahora no recuerdan cuando no existían los correos electrónicos. Bueno yo pienso que muchas personas que vivieron antes de que existieran los correos electrónicos hacían muchas cosas importantes. Conté que yo recibí cerca de 1200 correos el mes pasado. Para muchos esto no es mucho, pero es sorprendente como puedo pasarme el día solo respondiendo correos que vienen y van. Y he descubierto que he hecho muchas cosas urgentes pero no he hecho las verdaderamente importantes.

Así que debemos aprender a diferenciar lo urgente de lo importante. Hay un pasaje en Mateo capítulo 23 donde Jesús habló a los fariseos, y pienso que a manera de aplicación práctica este es el punto que él está trayendo: Los fariseos eran culpables de enfocarse en lo inmediato, en las responsabilidades obvias, pero en el proceso ellos olvidaban las responsabilidades importantes y de mayor peso.

Escuchen lo que Jesús dijo en Mateo capítulo 23 versículo 23: “¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino”. Están diezmando las cosas pequeñas de sus vidas (eso es lo urgente). “Pero han descuidado los asuntos más importantes de la ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad”. Ahora Jesús les dice: Debían haber practicado esto sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito—un pequeño mosquito; le ponen atención y se aseguran de quitarlos del camino (eso es lo urgente) — pero se tragan el camello (eso es lo importante). Y lo que Él está diciendo, debes hacer lo importante. Pon lo importante primero.

Ahora, no hay nada malo con diezmar las especias. Jesús, en realidad, dice que debieron haber hecho aquello, pero debieron haber hecho primero lo primero. Debes asegurarte que en el proceso de hacer lo inmediato y lo obvio no estás pasando por alto las cosas que realmente son importantes.

Solo por el hecho de estar ocupadas no necesariamente significa que estemos siendo productivas o que estemos ocupadas con las cosas correctas. Leí una cita de un escritor del siglo XVII la semana pasada. Él decía, “hay algunos hombres que están ocupados, pero atrapando moscas”. Están ocupados y todas nosotras aparentamos estamos ocupadas. Rara vez te encuentras con alguien que no aparente estar ocupado. La pregunta no es ¿estamos ocupadas? Estar ocupadas en sí mismo no es una virtud. La pregunta es: ¿estamos ocupadas haciendo las cosas importantes?

A propósito, permítanme decirles, existen algunas madres que se quedan en sus casas quienes han dicho: “Quiero que el estar en casa sea mi prioridad—quiero que mi hogar sea mi prioridad”, pero ellas no están en casa. Están ocupadas haciendo cualquier otra cosa. Han reemplazado su carrera, su trabajo fuera de casa, por muchas otras cosas actividades y cosas que aún las mantienen, en muchos casos, lejos de esa prioridad importante que son sus esposos y sus hijos.

En el libro de Nehemías tenemos la historia de Nehemías guiando al pueblo en un esfuerzo por reconstruir las murallas de Jerusalén. Habían llegado a un punto en donde algunos de los enemigos de la obra venían a Nehemías y trataban de distraerlo. Trataban que la obra se detuviera.

De modo que estos enemigos vinieron a Nehemías y le dijeron: “Baja de la muralla, tenemos que reunirnos contigo”. Esto es una distracción, una interrupción. Ahora, debemos saber discernir cuáles interrupciones provienen de parte de Dios y cuáles no provienen del Señor. Mas Nehemías les contestó en el capítulo 6 versículo 3: “Estoy ocupado en una gran obra, y no puedo ir”.

Esto es lo que debemos hacer con aquellas distracciones e interrupciones que discernimos que no son del Señor. Realmente no necesito que otras personas a mi alrededor creen distracciones. Yo puedo crear mis propias distracciones. Puedo distraerme con la tiranía de lo urgente sin siquiera salir de mi casa, sin siquiera salir de mi habitación o de mi estudio en la mañana. Yo puedo hallar un sinnúmero de cosas que hacer que son buenas, pero a costa de descuidar las realmente importantes.

Necesito aprender a decir: “Lo que estoy haciendo es importante. No puedo detenerme; no puedo ir”. Ahora, debemos ser sensibles cuando hay cosas provenientes del Señor que son oportunidades a las que necesitamos responder.

Jesús entendió la diferencia entre lo urgente y lo importante. Pienso que una ilustración excelente es aquella que se encuentra en Juan capítulo 11 cuando Jesús recibió la noticia de que Lázaro estaba enfermo de muerte. Las Escrituras dicen que él era el que Jesús amaba. Lázaro era uno de sus amigos. Jesús amaba la familia de Lázaro. Estoy segura que como hombre él quería ir inmediatamente y hacer algo, lo que pudiera ser, para ayudar en esta situación.

Pero las Escrituras dicen que cuando él escuchó que Lázaro estaba enfermo dijo: “No iré ahora mismo”. Él esperó cuatro días y pasado el tiempo fue a Betania donde Lázaro vivía. ¿Qué sucedió? Lázaro había muerto.

Ahora, parecería como si Jesús hubiese cometido un error de planificación. No quiero ser irrespetuosa, pero si observas las cosas a un nivel superficial, como usualmente vemos las cosas, parecería como si Jesús hubiera cometido un error. Pero desde luego que no. El hecho es, que lo urgente era ir inmediatamente a Lázaro e impedir que muriera. ¿Podía Jesús haber hecho esto? Claro que sí; pudo haber impedido que Lázaro muriera. Eso habría sido lo urgente.

Pero Jesús sabía que Dios tenía algo en mente que era más importante que lo urgente. Lo urgente era impedir que Lázaro muriera; lo importante era levantar a Lázaro de los muertos.

¿Puedes ver la diferencia? Si Jesús hubiese hecho lo urgente, no hubiera hecho lo importante. De modo que él fue sensible a la voluntad del Padre. Él escogió esperar, no hacer lo urgente.

Puedo imaginar que las personas habrían estado criticándole. “Tu mejor amigo, o uno de tus mejores amigos ¿no vas a cuidar de él? ¿Qué pensará su familia? Jesús no era guiado por lo que otros pensaban. Él era guiado por la voluntad de Su Padre. Como resultado, él podía escuchar a Dios, podía esperar en Él y arriesgarse a lo que otros pudieran pensar cuando decidió no ceder ante la tiranía de lo urgente. Como resultado Él fue capaz de hacer lo que era realmente importante.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss continuará sus enseñanzas en un momento.

¿No te parece que las necesidades urgentes excluyen las tareas importantes de cada día? Espero que la presente serie te esté ayudando a establecer prioridades importantes. Esperamos que hagas del estudio de la Palabra de Dios una prioridad y leas porciones de ella diariamente. Es como comer alimentos o cepillarse los dientes. Haces estas cosas día a día. ¿Por qué no comprometerte a leer la Biblia cada día?

Podrías llevar un programa de lectura u obtener un programa de lectura de un año…

Nancy Leigh DeMoss ha estado desarrollando un punto para cada letra de la palabra prioridades. Aquí está ella para retomar el tema.

Nancy: Ahora tenemos la letra es “I” Información aportada. Dile a otras personas que colaboren contigo, que te ayuden. Pídeles a otras personas a tu alrededor que te conocen y te aman —preferiblemente personas que conozcan y amen al Señor— que te ayuden a determinar cómo ordenar tu horario.

A la primera persona que debes ir, después del Señor, si eres una mujer casada es a tu marido. Pídele a tu marido: “Ayúdame a ordenar mi día. Ayúdame a pensar en mi lista de prioridades, a través de esta lista de cosas—porque todas parecen importantes ahora mismo. ¿Cuáles son las realmente importantes? ”

Ahora, claro, le has pedido al Señor primero, y le estás pidiendo al Señor que te de buen consejo a través de tu marido. ¿Sabías que Dios puede dar buen consejo a través de esposos que no son creyentes? Dios puede dar a tu esposo entendimiento que será útil para ti. Pregúntale a tu marido cuáles son sus prioridades para tu familia.

Puedes decir a tu marido: “No veo cómo puedo hacer todas las cosas que hay que hacer en este lugar. ¿Qué cosas son importantes para ti?” Es por esto que debes convertirte en una estudiante de tu marido y de tus hijos y descubrir las cosas que le importan más a él.

Puede ser importante para tu esposo que cuando él llegue a casa después del trabajo haya por lo menos un pasillo libre de obstáculos desde la puerta de entrada a la sala por el cual el pueda caminar sin tropezarse con algo. Quizás no sea eso lo importante para tu marido. Pero descubre lo que realmente le importa y haz de esas cosas tu prioridad.

Busca al Señor junto a tu marido. Oren juntos respecto a tus prioridades y busca que Dios te de entendimiento a través de tu marido

Ahora, hay otros que pueden darte consejos piadosos. Querrás quizás preguntar a una mujer mayor, piadosa que sea tu mentora en esta área que te ofrezca ayuda práctica y sugerencias acerca de cómo ordenar tu horario.

Hace unos días estuve en una cena con otras seis mujeres que estaban en diferentes etapas de sus vidas, nos sentamos a la mesa por largo rato y hablamos acerca de las prioridades. Fue de mucha ayuda para mí escuchar algunas de estas mujeres—algunas de ellas mayores que yo—hablar de lo que Dios les ha enseñado acerca de cómo ordenar sus prioridades. Estaba yo allí sentada pensando no solo en esta sesión, sino acerca de mi propia vida y sobre algunas cosas prácticas, atesorando toda esta sabiduría que podía obtener de estas mujeres.

A propósito, algunas de ustedes que son mayores, tomen seriamente su responsabilidad de animar a las más jóvenes que están realmente luchando con ordenar sus prioridades. Estén dispuestas y disponibles para ofrecer ayuda, ánimo y también oración.

Puede ser solo asunto de acercarse a aquellas que están agotadas, mujeres más jóvenes y decirles: “Solo quiero que sepas que estoy orando por ti. Quiero que sepas que lo vas a lograr; no siempre tendrás tres niños pequeños ellos crecerán.” Pero el punto aquí es busca al Señor para ver cómo puedes ser un medio de motivación.

En los primeros días en que estábamos lanzando Aviva Nuestros Corazones, descubrí que mis días estaban repletos de plazos que me presionaban, y en algunos períodos resultaban ser implacables. Llegue al punto en que me di cuenta que debía buscar ayuda. Necesitaba consejo y rendir cuentas a personas piadosas a mí alrededor para ayudarme a entender —porque estas cosas no encajaban en aquellos días.

Me acerqué a dos hombres piadosos que estaban al frente de nuestro ministerio y nos sentamos con mi lista de cosas por hacer, mi lista de responsabilidades y les dije: “Necesito que oren por mí. Necesito que me ayuden a pensar en las cosas de esta lista y me den consejo de lo que es realmente importante”.

Y ellos lo hicieron y Dios les dio a estos hombres mucha sabiduría. Me ayudaron a sortear la lista que parecía abrumadora para mí. Ellos dijeron: “Estas son las cosas en que necesitas enfocarte ahora, estas cosas son las que debes delegar para que alguien más se enfoque en ellas por algún tiempo”.

Somos parte de una familia; somos parte de un cuerpo, así que disponte a escuchar consejo y a rendir cuentas a otros en tanto te aportan información.

Ahora la letra “T”—toma ventaja del tiempo que Dios te da. Aprende a redimir el tiempo o como dicen las Escrituras: “Aprovechando bien el tiempo”. Hay un excelente pasaje en Efesios capítulo 5 que relata este punto muy bien.

El apóstol Pablo dice: “Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor…Sean llenos del Espíritu” (Versos 16-18 NVI).

Existe en este pasaje un contraste entre los necios y los sabios. Los necios viven para el momento sin pensar en el futuro, mientras que los sabios siempre toman decisiones a la luz de la eternidad, o de su efecto a largo. ¿Importará esto en cinco años? ¿Importará esto en la eternidad?

Los necios viven para sí mismos , pero los sabios viven para la gloria de Dios y para otras personas. Los necios son descuidados con su tiempo—simplemente reaccionan ante las cosas de la vida, pero los sabios son concienzudos e intencionales con propósitos en cómo usar su tiempo.

El Señor me está ayudando a encontrar algunas formas prácticas para derivar ventaja de mi tiempo a cada oportunidad. A propósito, cuando hagas tu inventario de tiempo, encontrarás que probablemente hay segmentos de tu tiempo que se desperdician, estos pueden ser utilizados más efectivamente. Es por esto que es importante que veamos ese inventario y observemos lo que realmente estamos haciendo con nuestro tiempo.

Si eres madre con niños pequeños, quizás nunca tengas una hora completa sin interrupciones. Pero tendrás cinco minutos en que estás sentada en el carro esperando a que tu hija salga de la escuela.

Puedes pasar un largo rato mientras estás sentada esperando en la oficina del doctor. En realidad, he adoptado el hábito de siempre llevar conmigo cosas que necesitan ser hechas y a las que puedo dedicar tiempo en esos pequeños momentos. Usualmente tengo notas de gratitud, tarjetas en blanco que puedo utilizar cuando tengo tiempos aquí y allá para llenarlas.

Generalmente cuando voy a la oficina del doctor, llevo conmigo algún proyecto que tenga que editar, porque sé que tendré que esperar. Puedo recordar unas cuantas ocasiones, sentada, esperando largos períodos de tiempo en que realicé proyectos que necesitaban ser hechos. El doctor vino y se disculpó por haberme hecho esperar tanto y le he contestado: “Por favor no se disculpe. Ha sido maravilloso. Este es el único lugar en que no recibo llamadas telefónicas. Este es el único lugar en donde no me interrumpen. Pude hacer muchas cosas mientras estuve aquí sentada esperando”.

Así que en vez de sentarte en la oficina del doctor y leer las revistas que ellos seleccionan para ti, ¿por qué no llevar contigo material de lectura que realmente necesitas terminar, las cosas que son verdaderamente importantes?

Si nos vamos a beneficiar del tiempo que Dios nos da, si vamos a redimir el tiempo y vamos a aprovechar cada oportunidad ¿significa esto que no podemos descansar; ni divertirnos; nos aseguramos que siempre de estar haciendo siempre algo importante en cada tiempo libre? Para mí esto es algo importante, porque crecí en un hogar donde mi padre enfatizaba el peligro de perder el tiempo.

En realidad, en nuestra casa no teníamos televisor y no recibíamos el periódico. Su razón más poderosa era que las personas desperdiciaban mucho tiempo con los periódicos. Encontramos otras formas de recibir las noticias importantes, pero él enfatizaba la importancia de no desperdiciar el tiempo.

Bueno, ¿significa eso que no debemos hacer nada que sea divertido o descansar? No, no significa eso. Pero sí significa que cuando descansemos, cuando nos recreemos— debe ser intencional. Debe ser con un propósito con la prioridad más elevada. Puede ser que te des cuenta que necesitas un tiempo de descanso con tus hijos. Para ti sentarte en el piso y colorear con tus niños por una hora no es un desperdicio de tiempo si estás cuidando y cultivando esa pequeña vida.

Es por eso que debes saber — ¿Cuál es la etapa de la vida en que estás y cómo puedes tomar ventaja de los momentos que Dios te ha dado en la vida?

Annamarie: Esta es Nancy Leigh DeMoss con un importante mensaje que todas necesitamos escuchar no importa la etapa de la vida en que nos encontremos. La Palabra de Dios es muy práctica y cuando Nancy la enseña, se pueden extraer todo tipo de aplicaciones muy relevantes. Si aprecias el tipo de enseñanza que escuchas en Aviva Nuestros Corazones, ¿nos ayudarías a continuar orando por este ministerio? Aquí tenemos a Nancy.

Nancy: Quiero decirles lo agradecida que estoy por cada persona que ha participado con nosotros ayudándonos a cubrir nuestras necesidades financieras y a través de la oración. Oyentes como tú han estado orando y dando sacrificialmente para ayudarnos a enfrentar los desafíos.

Queremos pedirte que ores para que podamos hablar a los oyentes las verdades bíblicas que necesitan. ¿Orarías para que Dios provea para las necesidades de este ministerio? La oración es una forma importante en la que cada oyente puede participar.

Muchas gracias por tus oraciones y por tus aportes financieros para Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Puedes hacer tus ofrendas al visitar AvivaNuestrosCorazones.com o puedes hacerlo por teléfono desde EEUU y Canadá. Llámanos al 1-800-569-5959 y tan solo déjanos saber que deseas aportar para el ministerio de alcance hispano.

¿Sabías que podrías estar siendo robada? Nancy identificará los ladrones de tiempo que pueden estar atacando tu efectividad. Eso será mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries… Y quiero ser una mujer verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

3/5 – Haciendo un inventario

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Primero lo primero

3/5 – Haciendo un inventario

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Annamarie Sauter: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Ya estamos muy cerca de celebrar nuestra primera conferencia Mujer Verdadera en América Latina. ¿Ya te inscribiste?

Esta conferencia viene a Santo Domingo, República Dominicana los días jueves 26 al sábado 28 de febrero.

Espero que puedas asistir y que traigas a muchas mujeres contigo.

La conferencia Mujer Verdadera está diseñada para mujeres que tienen un corazón para alcanzar otras mujeres con la verdad de la Palabra de Dios.

Estaré en esta conferencia Mujer Verdadera, junto a los maestros bíblicos, Crawford & Karen Loritts y Mary Kassian.

Dannah Gresh les estará hablando a las mujeres jóvenes el jueves en la noche.

Josh Davis, Jonathan & Sarah Jerez y Dámaris Carbaugh estarán dirigiéndonos en tiempos especiales de adoración.

Visita AvivaNuestrosCorazones.com y sé parte de lo que Dios estará haciendo durante ese fin de semana. ¡Espero que puedas acompañarnos!

Annamarie Sauter: Piensa por un momento ahora con Nancy Leigh DeMoss sobre la forma en cómo inviertes el tiempo.

Nancy: Si analizáramos cómo usas tu tiempo, ¿cuáles diríamos que son tus verdaderas prioridades? ¿Son las correctas? ¿Crees que necesitas hacer algunos ajustes? De hecho, esto algo que todas debemos hacer periódicamente —hacer ajustes.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Durante los últimos programas Nancy ha estado enseñando una serie sobre establecer prioridades y sobre cómo usar el tiempo sabiamente para la gloria de Dios. En una serie como esta, hay una pregunta que naturalmente muchas mujeres se hacen: ¿Está bien que trabaje fuera de la casa? Nancy tiene algunas ideas al respecto en esta serie que hemos titulado “Lo primero es lo primero”.

Nancy: Hemos estado hablando toda esta semana sobre algo donde todas necesitamos ayuda, y es el asunto de nuestras prioridades. ¿Cómo establecemos y vivimos las prioridades de Dios para nuestras vidas? ¿Cómo ordenamos nuestras vidas de acuerdo a esas prioridades?

Estamos revisando cada una de las letras de la palabra prioridades en inglés. Empezamos hace un par de días a hablar de la letra «P»- perseverando en la oración, orar; pedir a Dios sabiduría. Luego la letra «R»-revisar las prioridades de Dios para nuestras vidas basándonos en la Palabra de Dios.

Hoy veremos la letra «I.» En inglés, prioridades se deletrea: P-R-I-O-R-I-T-I-E-S. La palabra de hoy es Inventario. Hacer inventario. Esto requiere que nos detengamos y pensemos cuáles son realmente nuestras prioridades y cómo luce en realidad nuestra agenda.

Hicimos algunas preguntas difíciles de responder:

¿Estoy viviendo fuera de las prioridades de Dios para mi vida?

¿Estoy llenando las prioridades de Dios para mi vida?

¿Hay prioridades o responsabilidades que estoy descuidando?

Sobre este punto, permítanme sugerir dos ejercicios prácticos que me han resultado útiles en diferentes etapas de mi vida.

Número uno: Haz una lista de tus responsabilidades actuales. Incluye todas las actividades en las que estás envuelta en esta etapa de tu vida— todo lo que se encuentre en tu lista de «cosas por hacer».

Y otro ejercicio pequeño que será útil para hacer el inventario es mantener un registro de cómo usas el tiempo durante una semana específica. Lleva un registro de cómo estás usando realmente tu tiempo —por períodos de 15 a 30 minutos como máximo. Bueno, si eres madre, quizás puedes utilizar períodos de tres minutos porque podrían variar así de rápido. Lleva un registro durante una semana, usando medidas cortas de tiempo, de modo que refleje lo que realmente estás haciendo con tu tiempo.

Lo que encontrarás puede sorprenderte. Puedes estar pensando que usas la mayor parte de tu tiempo en ciertas áreas de responsabilidad y encontrar que realmente estás invirtiendo más tiempo de lo que pensabas en áreas en que no te habías ni percatado.

En la medida en que haces estos ejercicios, y cuando tengas esta lista de tus responsabilidades —de cosas por hacer— frente a ti, así como la manera como estás usando tu tiempo realmente, entonces podrás empezar a evaluar. Estarás haciendo inventario estarás evaluando. Si nos basamos en cómo estás usando tu tiempo, ¿cuáles son tus verdaderas prioridades? ¿Son las correctas? ¿Crees que necesitas hacer algunos ajustes?

Aquí es donde empiezas a hacerte algunas preguntas difíciles sobre las actividades que están consumiendo tu tiempo así como las actividades que están consumiendo el tiempo de tus hijos, pues eso también carga mucho tu propio tiempo.

En la medida en que miras tu lista pregúntate: ¿cómo está cada una de estas actividades contribuyendo a, o ayudándome a cumplir las prioridades que Dios ha establecido para mi vida y la vida de mi familia?

Hablamos acerca de las prioridades de nuestra relación con Dios, con el esposo, con los hijos, así como del cuidado de tu hogar. ¿Cómo están cada una de estas responsabilidades —estas tareas de mi lista de «cosas por hacer»— ayudándome a llenar esas prioridades en esta etapa de mi vida?

Luego pregúntate en la medida en que estudias la lista —pregúntate sobre todo lo que encuentras en esa lista: ¿ Es esto algo que Dios quiere que mi familia y yo hagamos en esta etapa de la vida? Pudiera ser algo que estaría bien en una etapa diferente de la vida, pero quizás no sea algo apropiado, ni mejor, ni necesario durante esta etapa de tu vida.

Pregúntate cuando estudies tu lista: ¿ Estoy actualmente involucrada en actividades que no están en la agenda de Dios para mí en esta etapa de mi vida? ¿He aceptado responsabilidades a las que simplemente he dicho «sí» sin preguntar primero al Señor? No he ido a Él para descubrir si realmente quiere que haga esto.

Puede que en mi lista se encuentren tareas que son buenas, pero que Dios ha diseñado que las haga otra persona. Sobre este punto, si estás llenando la descripción de puesto de alguien más, o haciendo el trabajo de otra persona no solo estarás frustrada, sino que además impedirás que esa otra persona llene el propósito para el cual Dios la creó.

Pregúntate además: ¿Estoy haciendo esto por los motivos correctos? ¿Por qué hago estas actividades? ¿Cuáles son mis motivaciones? ¿Lo estoy haciendo por culpa?¿Lo estoy haciendo por presión de grupo porque quizás hay una que otra madre que dice «Esto es lo que estás supuesta a hacer con tus hijos»?

¿Será por desempeño —tratando de ganar el favor de Dios, tratando de impresionar a alguien, o tratando de complacer a la gente antes que a Dios? ¿Será por compararme con los demás?

Durante Su vida terrenal, Jesús rendía cuentas a una sola persona: a Su Padre Celestial. Su única motivación era agradar a Dios. Pudo vivir con malos entendidos y ser rechazado por otros porque todo lo que a Él le importaba era: ¿Está Dios complacido?

Cuando sabes que Dios está complacido con lo que estás haciendo, con tus prioridades y con tu agenda, entonces podrás relacionarte con personas que quizás no lo entiendan como tú. Puede ser que tu madre no entienda algunas prioridades de las cosas que estás haciendo con tus hijos. Ahora, escucha su consejo, pero recuerda que en última instancia a quien rendirás cuentas es al Señor.

Permítanme volver atrás de nuevo y repetir en una forma un poco diferente algo que dije en el programa anterior -y es que una de las razones mayores de la tensión y la presión en la vida de las mujeres hoy en día es que son esposas y madres que están tratando de hacer malabares con una carrera o con un trabajo fuera de sus hogares.

Yo sé que tan pronto digo esto, algunas sentirán que las estoy atacando, pero en realidad mi deseo no es atacar a nadie. Amo a las mujeres que Dios ha traído a mi vida, Él me ha dado el privilegio de ministrar a muchas mujeres.

Pero me parece poder escuchar a estas mujeres; escuchar el grito de sus corazones, escuchar sus historias, y me doy cuenta que una de las mayores razones de que tantas esposas y madres están tensas es debido a que están llenando algunas responsabilidades que Dios no ha diseñado para ellas.

En primer lugar el plan de Dios es que sea el hombre el principal proveedor de su familia. Algunas mujeres podrán decir, «pero mi esposo no provee para la familia». Reconocemos que hay situaciones en las cuales el esposo no puede proveer para la familia. Dios te dará la gracia para sobrellevar esa situación. Pero en algunas situaciones pienso en mujeres que quizás no han descubierto lo que Dios podría hacer motivando a sus esposos a proveerles si la esposa no estuviera adelantándose a él para llenar el vacío.

Hay tiempos en que no vemos lo que Dios podría hacer porque no actuamos en fe y no le damos la oportunidad de probar cuán grande es Él. Hemos comprado la mentira de que podemos hacerlo todo. La verdad es, Dios no nos creó para hacer todas las cosas que hay que hacer. Y Él nos da gracia solo para hacer aquello que Él nos ha llamado a hacer.

Por lo tanto, necesito hacer inventario y decir, «¿son mis actividades, mis decisiones, las que Dios tiene para mí en esta etapa de mi vida?» Las mujeres que inconscientemente creen que necesitan hacer malabares con todos estos trabajos, todos estos roles, terminarán exhaustas, abrumadas y frustradas debido a todas estas demandas.

Ninguna mujer puede colocarse todos estos sombreros de manera efectiva. ¡Y lo mejor es que no tienes que hacerlo! Dios no te creó para usar todos esos sombreros.

Esas no son palabras sencillas para ser escuchadas por mujeres que están viviendo bajo tensión pero que tienen miedo de hacer los ajustes necesarios. No son solamente las personas famosas que atraviesan tal tensión.

Recibí una nota recientemente de una mujer que decía «Este mes es una locura para mí. Tengo un hijo de dos años y otro de un año. Estoy haciendo un post-grado me siento abrumada. No estoy haciendo nada bien. Por favor ayúdenme a volver a encaminarme».

Lo más útil que pude decirle a esa mujer a quien no conocía —lo tengo aquí en una nota, es: Haz un inventario. Pregúntale a Dios «¿Debo hacer un post-grado cuando tengo un niño de dos años y otro de un año en mi casa?»

Ahora, yo no puedo responder esa pregunta para ella, pero creo que sé cómo Dios la respondería. Haz inventario y hazte la misma pregunta: «¿Estoy viviendo las prioridades y la agenda que Dios tiene para mí en esta etapa de mi vida?»

Algunas personas podrían estar diciendo, «Bueno, quiero regresar a la casa. No quiero estar fuera en el mercado laboral. Quiero estar en mi casa con mi familia, pero mi esposo no está de acuerdo. ¿Qué hago? Simplemente le digo empieza con la letra «P» de la palabra pray en inglés que es orar, persevera en oración.

Somete tu petición al Señor. Cuéntale al Señor lo que hay en tu corazón.

Pídele a Dios que mueva el corazón de tu esposo. Pídele a Dios que te muestre algunas formas creativas de apelar a tu esposo sin que sea de una forma molesta ni insistente.

Pídele a Dios que te muestre formas creativas como ese ingreso que estás haciendo fuera del hogar pudiera recuperarse si decides quedarte en la casa.

Como mujer, hay recursos que te ayudarán a pensar cómo puedes volver a tu hogar. Si es que tu esposo no quiere que permanezcas en la casa, entonces, preséntaselo al Señor y espera que Dios actúe. Confía que, mientras tanto, Dios te dará la gracia hasta que cambie el corazón de tu esposo.

Reconozco que vivimos en un mundo caído, y existen algunas situaciones donde el ideal no es posible por múltiples decisiones equivocadas. Puede que se hayan tomado decisiones equivocadas. Una de las razones por las cuales hay muchas familias con dos ingresos en estos tiempos es debido a las deudas. Estas pueden haber sido producto de decisiones equivocadas del pasado que han forzado a una mujer a salir al mercado de trabajo.

La realidad de esas situaciones extremas y la prevalencia del divorcio y de madres que trabajan y de madres solteras no debe hacernos abandonar el ideal de Dios. Esto lo que debe hacer es concientizarnos de cuán deseable es el plan y el ideal de Dios. Lo que debemos hacer es resistirnos a ceder ante la cultura.

Sé que es un tema que nos puede poner a la defensiva. Sólo te estoy diciendo, llévalo al Señor. Dile, «Señor, cuáles son tus prioridades». Debes estar dispuesta a dar un paso de fe en la medida en que haces el inventario. Dile «Señor, estoy dispuesta a caminar por fe a través de esto que no tiene sentido para mí. No puedo imaginar cómo podremos subsistir con solo un ingreso en esta etapa de nuestras vidas, pero si esto es Tu voluntad y Tu manera, sé que me darás la gracia para vivir estas prioridades».

Annamarie: Esta es Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín mostrándonos por qué vivir conforme a las prioridades de Dios puede requerir un cambio sustancial en nuestro estilo de vida. Ya volverá con más de esta serie Lo primero es lo primero. Un tópico como el de hoy va a generar muchos comentarios. Ora para ver lo que Dios quiere decirte a ti a través de este estudio.

Volvamos con Nancy.

Nancy: Puede que hayas escuchado esta historia. La recibí por correo electrónico hace poco y dice así:

Un día un hombre llegó de su trabajo para encontrar un caos en su casa. Sus tres hijos estaban afuera, aún en sus pijamas, jugando en el lodo con cajas de alimentos vacías y envolturas, todas desparramadas en el frente de la casa. La puerta del carro de su esposa estaba abierta, así como la puerta delantera de la casa.

Continuando hacia la entrada, encontró un desorden aún mayor. Había una lámpara tirada y una alfombra amontonada contra la pared. En la habitación del frente, una televisión estruendosamente mostraba un canal de tiras cómicas, y la sala de estar tenía juguetes esparcidos y varias prendas de vestir.

En la cocina, los platos llenaban el fregadero, había alimentos del desayuno sobre la meseta, el alimento para el perro estaba desparramado en el suelo, había un vaso roto debajo de la mesa, y una pequeña pila de arena estaba desplegada en la puerta trasera. [¿Captas la idea?]

Rápidamente él se dirigió a las escaleras, pisando sobre los juguetes y más pilas de ropa, buscando a su esposa. Estaba preocupado de que ella estuviera enferma o de que algo serio le hubiera ocurrido.

La encontró holgazaneando en su habitación, aún en su cama leyendo una novela. Ella lo miró, sonrió, y preguntó cómo había sido su día. Él la miró, desconcertado y le preguntó «¿Qué pasó hoy aquí?»

De nuevo ella sonrió y le respondió «¿Tú sabes cómo cada día cuando llegas a la casa de tu trabajo me preguntas en qué me pasé el día?»

«Sí» fue su respuesta incrédula.

Ella respondió «Bien, hoy decidí no hacerlo».

Estamos hablando sobre prioridades y sobre cómo ordenar nuestros días —cómo ordenar nuestro tiempo— según la descripción de funciones que Dios ha diseñado para nuestras vidas. Una vez que descubres tu descripción de trabajo, tu descripción de puesto, entonces necesitamos asegurar que, de hecho, eso es lo que estamos haciendo.

Ahora vamos a la letra «O.» P-R-I-O. Queremos aprender a ordenar nuestra agenda y nuestras actividades de acuerdo a las prioridades de Dios para nuestras vidas. Las prioridades de Dios para una determinada etapa de nuestras vidas. Ordenar nuestra agenda de acuerdo a las prioridades que hemos descubierto en la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios no te dirá específicamente lo que tienes que hacer en un día determinado. Te dirá cuáles son tus prioridades. Entonces necesitas que Dios te dé sabiduría para ordenar tu agenda de acuerdo a esas prioridades.

Determina qué es realmente lo importante y luego vive de acuerdo a esto. Elige tus prioridades de acuerdo a la Palabra de Dios y luego vive por ellas.

Pienso que es importante que permitamos que nuestras prioridades definan nuestra agenda, pues, de lo contrario, nuestra agenda determinará nuestras prioridades. Entonces al final del día —o al final de la semana o del año o de toda una vida— diremos «He hecho muchas cosas buenas pero no cumplí el propósito para el cual Dios me puso en esta tierra».

La frustración en nuestras vidas será el resultado de tratar de cumplir responsabilidades que Dios no tenía en Sus Planes que lleváramos a cabo.

Y me encanta la oración del versículo 133 del Salmo 119 donde el salmista dice «Ordena mis pasos con Tu Palabra». No solamente necesito que Dios ordene los asuntos mayores en mi vida —aquellos que son mis prioridades más importantes— sino que necesito que Él ordene mis pasos cada día, mi agenda diaria.

Cuando se trata de nuestra agenda —nuestra agenda diaria, semanal, las actividades de nuestras vidas— necesitamos siempre tratar de poner primero lo primero.

Hemos hablado de cuáles son esas prioridades: Nuestra relación con Dios. Si estás casada, la relación con tu esposo es la próxima prioridad. Luego viene la responsabilidad como madre, el cuidado del hogar. Luego el ministerio, en actos de misericordia donde Dios pueda colocarte para ayudar a los pobres y necesitados. Esas son tus prioridades. Pon las primeras cosas primero.

Mantente firme al revisar tu lista de actividades —tu lista de «cosas por hacer» —preguntándote «¿satisfacen estas cosas mis primeras prioridades?» Una vez que satisfagas estas prioridades, puedes poner otras cosas en tu lista.

Recibí un correo electrónico la semana pasada enviado por una amiga. Ella había escrito un párrafo y abruptamente terminó diciendo «Tengo que irme.» No decía por qué. Al siguiente día recibí otro correo remitido por ella. Donde me decía «Lamento haber tenido que finalizar el mensaje tan rápido, pero mi hija adolescente entró y necesitaba a su madre». Esa es una mujer que está aprendiendo a ordenar su día de acuerdo a sus prioridades —primero lo primero.

Algunas se estarán preguntando qué tengo sobre la mesa. Para aquellas que no se encuentran aquí y nos escuchan, tengo dos recipientes vacíos y un paquete de guisantes. Luego tengo otra funda con unas bolas más grandes.

Al pensar sobre este asunto de ordenar nuestra agenda —ordenar nuestros días— y tratar de hacerlo en torno a nuestras prioridades, quise demostrar dos formas de ordenar nuestra agenda.

La primera es la forma en que me encuentro durante muchos días. Voy a tomar esta bolsa de guisantes y voy a vaciarla en el envase vacío. Me levanto por la mañana y enfrento el día corriendo con todas las responsabilidades y demandas pequeñas y asuntos usuales en mi vida: llamadas telefónicas, correos electrónicos, reorganizando mi escritorio, quitando el desorden de mi escritorio.

Llegan las dos o tres de la tarde habiendo hecho todas esas cosas pequeñas todo el día, realmente son cosas buenas y las cuales en el momento entiendo que son importantes. Pero luego a las tres de la tarde, me doy cuenta que hay varios asuntos realmente importantes que necesito hacer en ese día.

Estoy tomando las bolas más grandes ahora. Como pueden ver las arvejas, los guisantes han llenado el jarrón hasta la mitad, y estoy a mitad de mi día. Me percato de que hay asuntos muy importantes que no he hecho en este día —tales como pasar tiempo con el Señor, leer Su Palabra. Así que digo «Tengo que tomar algún tiempo para cultivar mi relación con Él hoy. Después de todo, esa es mi primera prioridad: mi relación con Él».

Así que tomo esa bola que representa mi tiempo con El Señor, mi prioridad número uno de mi día también pienso, «tengo programas de radio por preparar para la próxima semana. Tengo que estudiar sobre el asunto de las prioridades». En este momento, ya son las cuatro de la tarde, estoy exhausta de todas esas cosas pequeñas con las que he estado llenando todo mi día. Pero me digo «Tengo que hacer esto porque estamos grabando la semana próxima».

Así pongo otra bola en mi día. Y como pueden observar, ahora esa jarra de vidrio está bastante llena. Luego me doy cuenta de que hay una fecha límite de entrega para mañana. Tengo un artículo que terminar de escribir. Es otra de mis prioridades importantes en la lista de cosas que Dios me ha dado para hacer, pero ya no hay tiempo en mi día. No tengo más espacio mi jarra está llena, se llenó de todas esas arvejas abajo y luego de estas pocas bolas grandes arriba.

Qué tal si cuando me levanto en la mañana —pensando, como somos todas tentadas a pensar: «No hay manera de que pueda hacer todo lo que tengo que hacer en este día» —empiezo diciendo «Señor organiza mis pasos en Tu Palabra. ¿Me mostrarías cuáles son las prioridades y me ayudarías a poner primero lo primero?»

Así que ¿cómo voy a empezar mi día? Quiero empezar mi día con mi relación con el Señor. Por eso voy a poner esta bola grande en la jarra que está vacía. Tengo un día vacío. Estoy empezando el día y lo empiezo diciendo «Señor, necesito pasar tiempo en Tu Palabra, tiempo en Tu Presencia, tiempo en oración buscándote y recibiendo Tus órdenes de marcha para mi día». Eso es primero lo primero.

Luego digo, «Tengo programas de radio para preparar la semana próxima, por eso debo poner primero lo primero». Pongo otra bola que es bien fuerte en mi día —el tiempo de estudio, las horas que eso requiere.

Entonces puede que haya otros asuntos grandes en mi vida. Alguien en mi familia que tiene una necesidad. Necesito tomar tiempo para cultivar esa relación, para ministrarles— en la medida en que hacía una llamada a mi madre, sabiendo que habían transcurrido varios días desde que habíamos hablado por última vez. Esa es otra de las grandes cosas en mi vida: cultivar nuestra relación, honrar a mi madre. Pongo esa bola en mi día primero lo primero.

Luego puede que haya otras cosas grandes en mi día: una carta que necesito escribir. He estado relegándolo pero necesito hacerlo. Ahora, en esta otra jarra solamente pude poner dos bolas grandes. Pero para este día ya hay cuatro de las grandes. ¿Cómo podría ajustar todas esas otras cosas pequeñas en este día?

Bueno, tomaré este paquete de arvejas, representando todas las otras cosas que requieren mi atención. No son lo primero, pero son cosas buenas. Son cosas que entran dentro de las prioridades de mi vida —aunque no son las más importantes. Empiezo a verterlas en mi día. Observen cómo encajan en el envase que ya tenía las bolas adentro —las cuatro más grandes—. Y todavía queda espacio, para colocar todas esas cosas pequeñas que necesitan estar en mi día.

¿Qué está sucediendo? Están acomodándose alrededor de las cosas mayores. Están acomodándose alrededor de las cosas grandes.

Poner primero lo primero. Señor, ordena mis pasos conforme a Tu Palabra.

Annamarie: Esa es Nancy Leigh DeMoss señalando la mejor fuente para establecer prioridades: la Biblia.

Esperamos que hagas de la lectura de la Biblia una prioridad en este año. Nancy quiere motivar a nuestra audiencia a leer la Biblia cada día. Si puedes cepillarte los dientes todos los días y vestirte cada día puedes leer la Palabra todos los días, también.

¿Te comprometerías a leer por lo menos una pequeña porción de la Palabra todos los días durante este año? Si quieres puedes usar un plan de lectura de la Biblia y esto puede ayudarte aún más.

¿Cuáles cosas se interponen a las prioridades? Llamadas, correos electrónicos, tareas del hogar, servir de chofer, especiales en una tienda por departamentos y otras pequeñas interrupciones.

Nancy Leigh DeMoss nos ayudará a tener victoria sobre algunos de los ladrones del tiempo con una enseñanza sobre la tiranía de lo urgente, en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. Y mi mamá es una mujer verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

2/5 – Revisa las prioridades de Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Primero lo primero

2/5 – Revisa las prioridades de Dios

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/revisa-las-prioridades-de-dios/

Annamarie Sauter: ¿Has completado las tareas que Dios te asignó para hoy? Con nosotros Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: La libertad en la vida viene cuando cumplo con el trabajo que me ha sido asignado. La frustración viene de tratar de hacer el trabajo de otro.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¡Qué bueno sería tener una cita con Dios para pedirle una descripción de «tareas» para toda una vida! Puede que Dios no se comunique de esta forma exactamente, pero Él si quiere que sepas el propósito para el cual Él te creó, Nancy explicará esto en una serie llamada Lo primero es lo primero.

Nancy: En esta semana hemos estado hablando sobre el tema de las prioridades —un tema que toda mujer está interesada en profundizar porque muchas nos sentimos que de alguna manera perdemos el tiempo en lo relativo a nuestras prioridades. ¿Cómo manejamos las demandas que vienen a nuestras vidas día tras día sin sentirnos sin aliento y jadeando en el proceso?

Tocamos este tema de las prioridades primero examinando la palabra PRIORIDADES. Iniciamos en el programa anterior con la letra «P» que en inglés es prayer y en español nos lo recuerda la frase: perseverando en la oración. Busca al Señor. Pídele al Señor sabiduría. Y pídele que dirija tus pasos.

Hoy vemos la letra R de prioridades, P-R-I-O-R-I-D-A-D-E-S. Y junto a la R diría que necesitamos REVISAR y recibir las prioridades de Dios para nuestras vidas. Ahora bien, hay un lugar donde encontramos cuáles son esas prioridades: en las Escrituras. Es tan importante que vayamos al «Manual de vida» para encontrar la descripción de nuestro trabajo.

En las 24 horas que tenemos cada día, jamás sabremos lo que se supone que debemos hacer con esas horas si no vamos al lugar donde Dios nos ha dado ya la descripción de nuestro trabajo»—en Su Palabra— a descubrir cuál es el propósito de nuestras vidas. ¿Qué se supone que debo estar haciendo con mi vida?

Ahora bien, aunque hemos estado hablando de prioridades en plural, realmente hay una sola prioridad en la vida. De hecho, he aprendido que hasta hace unos cien años, no había tal palabra en plural, no existía la palabra PRIORIDADES. Solo existía la palabra PRIORIDAD. Por definición solo una cosa puede ir primero. Solo puede haber una persona en primer lugar en la fila. Una sola cosa puede estar en el primer lugar de la lista. Y la palabra prioridad significa «lo que es primero».

Es esta última generación agitada que ha hecho prioridades de muchas cosas pero realmente, en un sentido, solo hay una prioridad. Uno de los legados del último siglo es que ahora tenemos múltiples prioridades —alternativas que compiten— todas ávidas por nuestra atención. Pero la prioridad número uno —LA prioridad de Dios para nuestras vidas— es la misma para cada hija de Dios, para cada hijo de Dios, ya sea que estés casada o que seas soltera, que seas mayor o seas joven, hombre o mujer (bueno, todas somos mujeres, pero ya sea que se trate de hombres o mujeres). En cada etapa de nuestras vidas, nuestra prioridad como hijas de Dios —nuestra prioridad número uno — es la misma.

Aquí es que debemos empezar con este asunto de revisar las prioridades de Dios para nuestras vidas. Esa es la prioridad número uno, nuestro caminar con Dios. Es la primera cosa en nuestra descripción de trabajo como hijas de Dios. Es importante tener esto en el lugar correcto porque todo lo demás en mi vida fluirá de esa prioridad número uno. Cuando mi relación con Dios está en orden, otras cosas estarán en orden. Y cuando mi relación con Dios está fuera de orden, todo lo demás en mi vida tarde o temprano estará en desorden.

Cuando hablo de tener una relación con Dios, permítanme iniciar diciendo que no estamos hablando de agregar más cosas a una vida repleta. No hablamos de algo en nuestra lista de «pendientes», hablamos del foco central de nuestras vidas. Hablamos de que la vida se constituye por una relación con Dios. Él no es algo en la lista de mi vida. Él ES mi vida.

He pensado en diferentes pasajes de las Escrituras que nos hablan de lo que es primero o de lo que es principal o sobre qué es esa cosa en particular. Algunos versículos me vienen a la mente. Jesús dijo que el primer y más grande mandamiento es… ¿Cuál? «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Mateo 22:37). Ese es el primer mandamiento.

Si no he guardado ese mandamiento, no seré capaz de guardar los demás mandamientos. Eso es lo primero. Lo más importante en mi vida es amar a Dios. Eso no una verdad espiritual cualquiera. No es solo una frase piadosa. Esa es la vida —amar a Dios con todo mi corazón.

Jesús dijo en Mateo capítulo 6, en el versículo 33 «Buscad primero el reino de Dios y su justicia».

Busca Sus caminos.

Busca Sus formas.

Busca Su reino.

Busca lo que a Él le importa.

Y todas las otras cosas de la vida que no son LA prioridad —las que necesitas se darán por añadidura.

Proverbios capítulo 4, versículo 7: «Lo principal es la sabiduría; adquiere sabiduría,» ¿De dónde viene la sabiduría? ¿Qué es sabiduría? Sabiduría es mirar toda la vida desde la perspectiva de Dios. Proverbios dice que la sabiduría es lo principal. Busca a Dios. Busca una relación con Dios. Busca Su perspectiva en la vida.

En Colosenses capítulo 1, versículo18: Pablo nos dice que, «La meta,» «es que en todas las cosas Cristo tenga la preeminencia» (parafraseado). Pre-eminencia. ¿Qué significa esta palabra? La busqué esta mañana. Significa ser El primero— que Cristo sea el primero. Él es la cabeza de todas las cosas. El manantial de todas las cosas. La fuente de toda la vida. La supremacía de Cristo. Esta es mi prioridad.

El Salmo 27, el versículo 4, el salmista dice,

«Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en su templo».

El salmista dijo: «Mi prioridad en la vida es vivir en la presencia de Dios, aprender de Él, amarlo a Él con todo mi corazón».

Jesús le dijo a la apurada Marta, ocupada haciendo algo muy importante, pero que perdió de vista lo prioritario. Jesús le dijo «Marta, una sola cosa es necesaria en la vida y esa es tu relación conmigo» (Lucas 10:22, parafraseada). Esto es lo que importa por encima de todo.

Ahora, si vamos a tener primero lo primero, si vamos a tener las prioridades de Dios en nuestras vidas (y la primera de esas cosas para cada creyente es tener una relación con Dios), debemos recordar la necesidad de la Palabra de Dios y pasar tiempo con Él en Su Palabra. Jesús dijo, «NO SOLO DE PAN VIVIRÁ EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS.» (Mateo 4:4).

Job capítulo 23, versículo 12, Job dice, «Del mandamiento de sus labios no me he apartado, he atesorado las palabras de su boca más que mi comida». ¿Quieres cumplir con esa prioridad en tu vida? Es imposible apartada de la comida espiritual, y esa comida espiritual la obtenemos de la Palabra de Dios. Esto significa que debo tener un tiempo en mi día donde estoy en la Palabra, en la presencia de Dios, escuchando a Dios, respondiendo a Dios.

Para mi papá eso fue una prioridad no negociable. Los 28 años que pasaron desde que conoció a Cristo hasta el momento en que se fue con el Señor, empezó cada día en la Palabra y en sus rodillas. De hecho el tenía una frase que decía «Sin lectura de la Biblia no hay desayuno» Y así vivió. Más aun, no leería ningún otro material de lectura hasta tanto no había leído la Palabra.

Y anoche hablaba con una esposa y madre y decía, «que pasaban días en que criando a los pequeños le era imposible tener ese tiempo a primera hora en la mañana». Ella dijo «Dios usó a mi esposo para hacerme ver que si no podía tenerlo en la mañana lo tuviera en la noche, en la tarde pero en algún momento debía tenerlo».

Y ella decía, «Cuando no lograba tenerlo en las mañanas no sacaba luego el tiempo y así iba desgastándome en mis propias fuerzas». Pero nos dijo, «Me di cuenta que era mejor tener algún tiempo con el Señor en algún momento del día más que decir que como no podía tenerlo en la mañana no lo tendría más adelante».

La relación con Dios significa que necesito tiempo en Su Palabra, tiempo de oración, tiempo en meditación y tiempo con el pueblo de Dios . El usar los medios de la gracia debe ser una prioridad para mi cada día.

Ahora, he aquí el concepto que me ha retado a lo largo de años, y al que tengo que volver cada día de mi vida. Si estoy tan ocupada que no cultivo una relación con Dios a través de los medios de la gracia que Dios ha provisto para mí, eso significa que estoy demasiado ocupada. Algo anda mal y algo tiene que cambiar.

Ahora, yo sé que esto suena muy básico, pero realmente es profundo. Si no tengo tiempo para conocer a Dios algo necesita cambiar. Puede que ese cambio sea el ajuste del «carburador» del que hablaremos en los siguientes días. O puede que sean pequeños cambios en nuestros horarios que hagan una gran diferencia, o puede que tengamos necesidad de hacer un gran cambio del paradigma de nuestros horarios— un drástico reordenamiento de nuestras prioridades.

Al revisar las prioridades de Dios para tu vida, siendo la primera igual para todos nosotros —nuestra relación con Dios.

¿Cuál dirías tú que es tu primera prioridad de vida?

¿Qué dirían otros que es la primera prioridad en tu vida?

Basados en las conversaciones que tú sostienes, en los temas que disfrutas compartir, en la forma en que pasas tu tiempo, lo que haces cuando tienes tiempo libre, ¿cuál es tu primera prioridad en la vida?

¿Acaso es tu relación con el Señor? ¿Cuál es la evidencia? ¿Cómo se demuestra esto?

Te animo a que pienses en tu horario actual, en esta etapa de tu vida, y que identifiques cualquier actividad que obstaculice esa primera prioridad que debe tener tu relación con el Señor. Puede que tengas algún desorden obvio en tu vida que necesites proponerte deshacer de el – es cuestión de ver y de limpiar eso. Y no hay tiempo para esas cosas ahora mismo. Hablaremos más sobre ese abarrotamiento en tu horario en los próximos días, pero iniciemos preguntándonos: ¿qué cosas claramente me impiden tener una relación significativa con el Señor? Eso no significa que vayas a la casa y te deshagas de tus hijos. Porque no hablamos de eso. Pero lo cierto es que puede que tengas cosas en la vida que realmente no son tan necesarias.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss ha estado ofreciéndonos buenos consejos que probablemente no encontraremos en la mayoría de los libros de manejo del tiempo. Espero que puedas pasar tiempo evaluando las prioridades que Dios te ha dado. Nancy regresa con la segunda parte del programa en un momento.

Si acabas de conectarte con este mensaje el mismo es parte de una serie llamada Lo primero es lo primero. Puedes escuchar el mensaje de ayer si visitas nuestra página de AvivaNuestrosCorazones.com. Puedes descargar o escuchar el audio de los programas y leer las transcripciones de los mismos a tu propio paso.

Volvamos a la serie Lo primero es lo primero.

Nancy: La limitación de tiempo no nos permite hablar de cada persona en cada etapa de la vida, así que iniciaré diciendo que si quieres saber la descripción que Dios tiene para tu trabajo en esta vida debes sumergirte en Su Palabra. Tengo en mis manos un ejemplar de las Escrituras… y debes convertirte en una estudiante de este Libro.

Al leerlo, busca mandamientos, busca instrucciones, direcciones que apliquen a ti particularmente. Pídele a Dios que te muestre mediante Su Palabra cual es la descripción del trabajo que Él tiene asignado para ti en esta etapa de la vida. Todas vivimos en diferentes etapas.

Tenemos, y lo hemos dicho, diversos estados civiles. Algunas son madres de preescolares. Esta es la etapa de preescolar para algunas de ustedes. Otras tienen el nido vacío. Y algunas tienen hijos mayores y nietos. Están en una etapa diferente de la vida.

Al ver la Palabra de Dios, hay instrucción para las mujeres mayores. Hay instrucción para las mujeres solteras, necesitamos consultar con Dios acerca de lo que serán las prioridades para cada etapa de la vida.

En lo que nos resta, quiero enfocarme en una etapa particular de la vida solo porque muchas están en esa etapa. Aquellas que son esposas y madres. Algunas de ustedes, sé bien que no están en esa etapa, pero igual deben estar conscientes de lo que bíblicamente es parte de la descripción de ese rol de madres y esposas porque algunas de ustedes tienen hijas que son esposas y madres.

Algunas tienen amigas que son esposas y madres y vienen a ti como mujer madura y te dicen «No puedo hacer tantas cosas en mi vida. ¿Cómo lo hago?» Debes estar capacitada para apuntarles a las Escrituras y a partir de la Palabra de Dios mostrarles cuál es su rol. Así que quiero que nos enfoquemos en esa etapa de la vida. Aplicará más a algunas que a otras, pero todas debemos estar conscientes de ello.

Al ver las Escrituras, hay tres claves, una en el Antiguo Testamento, y dos en el Nuevo Testamento, que nos dan instrucción muy clara y específica acerca del rol que Dios tiene para aquellas que son esposas y madres. No podremos entrar en profundidad en estos pasajes, pero quiero que demos un repaso amplio a estos para que puedan ver que realmente todos dicen lo mismo.

El primer pasaje es muy familiar. Estamos hablando de Proverbios capítulo 31. La última frase de este capítulo nos da una lista de cosas que la mujer virtuosa hace. Y siempre me pone algo nerviosa leerlo porque siento que jamás seré una mujer como esta. Sin embargo cuando lo reduces, cuando tomas el pasaje y lo divides por categorías, no es tan complejo como suena.

Es muy claro que las prioridades en la vida de esta mujer están en este orden. Primero su carácter— su carácter y su relación con Dios. Ella es una mujer virtuosa. Ella es una mujer que teme al Señor. Esa es su prioridad, el foco central y lo que controla su vida.

Número dos es su relación con su esposo. Esa es su primera relación mencionada en el pasaje— el corazón de su marido está en ella confiado. Su tercera prioridad es su hogar. Están ahí sus hijos y su hogar. Toda esa lista de cosas que hace —ella está llenando todas estas prioridades.

Como esas prioridades están bien puestas ella tiene tiempo para alcanzar a otros, para ministrar . Es interesante que su ministerio se relaciona con actos de misericordia hacia los pobres y los necesitados, es un llamado distintivo que Dios nos ha dado a nosotras las mujeres. Actos de misericordia hacia los pobres y necesitados. Así que tenemos su corazón, su andar con Dios, su esposo, su hogar, que incluye sus hijos y su casa, y luego su ministerio hacia los pobres y necesitados.

Si estás pensando, “Bueno eso es solo un pasaje”, permíteme mostrarte otros dos pasajes en esta misma secuencia. Tito capítulo 2, los versículos 4 y 5. Este es un currículo para las jóvenes. Es un currículo que se supone deben enseñar las ancianas, las mujeres maduras. Pablo dice que las prioridades están claras.

Primero, las jóvenes deben amar a sus esposos, luego deben amar a sus hijos. Deben ser discretas y castas. Eso habla de su carácter o de su corazón. Deben ser amas de sus casas —buenas, obedientes a sus esposos para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.

En vez de entrar en detalle en todo eso mira el conjunto de prioridades. ¿Quién debe ser la primera responsabilidad de la mujer en su relación con los demás? Es su esposo. Su esposo viene antes que sus hijos. Algunas de ustedes que están criando, si tus hijos tienen prioridad por encima de tu esposo, el día vendrá en que tus hijos crezcan y se vayan y descubrirás que no tienes una relación con tu esposo.

Lo que sigue en esta descripción de los roles, después del esposo, son los hijos. Luego habla de su carácter. Ella es discreta y casta. Y también viene el tema de la casa. Ella será una ama de casa, trabajadora en su casa, guardadora de su casa. Esposo, hijos, luego la casa.

Mira el otro pasaje 1ra a Timoteo capitulo 5, versículos 9 y 10. Específicamente está hablando de las viudas pero Pablo especifica aquí cómo podemos saber si una iglesia debiera ocuparse de una viuda o no. Estas viudas deben cumplir con ciertas condiciones. Las condiciones son que cuando ellas no eran aún viudas, cuando eran más jóvenes, debían haber cumplido con el rol de Dios para sus vidas.

Y aquí es donde él da esta descripción de roles: 1ra a Timoteo capítulo 5 los versículos 9 y 10. Dice:

Que la viuda sea puesta en la lista solo si no es menor de sesenta años, habiendo sido la esposa de un solo marido, que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraños, si ha lavado los pies de los santos, si ha ayudado a los afligidos y si se ha consagrado a toda buena obra.

Continúa diciendo en el versículo 14,

«Por tanto, quiero que las viudas más jóvenes se casen que tengan un esposo, que tengan hijos, [sus hijos], que cuiden su casa, [la casa] y no den al adversario ocasión de reproche».

A pesar de que vaya contra toda nuestra cultura, incluyendo a la cultura evangélica hoy, si queremos tener éxito como mujeres de Dios debemos abrazar las prioridades de Dios para nuestras vidas.

Paso innumerables horas escuchando y aconsejando y respondiendo cartas y correos y pedidos de mujeres que se sienten frustradas, que están fuera de sí con ira e irritación, y están resentidas. Las diversas áreas de sus vidas no están bien encajadas. Sus vidas están desmoronándose. Invariablemente esto tiene que ver con que no han abrazado las prioridades de Dios para sus vidas.

Las Escrituras son claras en cuanto a que la vida y el ministerio de una mujer casada debe tener su eje en el hogar. Esto hace que surja la pregunta obvia… ¿Significa esto que está mal que tenga un trabajo fuera de mi casa? Permítanme sugerirles que esa es la pregunta equivocada… La pregunta no es si está bien que tenga un trabajo fuera de mi casa o si está mal. La pregunta es si al tener un trabajo fuera de mi hogar en algún modo competiría este o disminuiría mi capacidad de cumplir efectivamente mi primer llamado que es mi hogar.

Si puedes sostener tu relación con el Señor, cultivarla, crecer espiritualmente; si puedes mantener tu relación con tu esposo, llenar sus necesidades, servir como su ayuda, llenar las necesidades de tus hijos, manteniendo tu hogar en orden y ministrando a los pobres y a los necesitados a tu alrededor y en adición a eso tener un trabajo, ¡adelante! Hazlo.

Pero si no puedes, pon primero lo primero. Di «Señor, las prioridades que TÚ me has dado para mi vida son las prioridades que acepto para esta etapa». Así que te pregunto, «¿Te has rendido ante las prioridades de Dios para tu vida en esta etapa?»

Dios no te llamó para hacer y ser todo lo que existe para hacer y ser. Si eres casada, si tienes hijos, las prioridades de Dios para ti en términos de trabajo, ministerio son tu esposo, tus hijos tu hogar. Entiendo que a partir de ese ministerio Dios te dará oportunidades de tocar las vidas de otros en formas que ministrarán gracia a los demás.

¿Estás de acuerdo con las prioridades de Dios para tu vida?

Annamarie: Esta es una importante pregunta que Nancy Leigh DeMoss nos deja en esta serie Lo primero es lo primero. Esa es una pregunta crucial que todas debemos hacernos, incluyendo a Nancy.

Nancy: El recordatorio de hoy de revisar y abrazar las prioridades de Dios para nuestras vidas es tan valioso para mí. Es tan fácil dejar que las presiones y las ocupaciones de la vida diaria nos distraigan de las cosas que son verdaderamente importantes.

Y hablando de misericordia ¿cuáles prioridades debemos seguir? Primero, antes de que dones algo a alguien, a este o a otro ministerio, asegúrate de haberte dado a ti misma al Señor. Esa es la ofrenda que Dios realmente quiere. Voy más lejos aun, si retienes algo de Dios, si tu corazón no está diciendo «Sí, Señor» a Él, por favor no trates de darle «propina» a Dios haciendo una donación de dinero. Dios quiere tu corazón; Él quiere tu vida, antes que todo.

Si eres casada, te animo a que hables con tu esposo acerca de las donaciones que quieras hacer. Sería una excelente práctica que orasen y buscaran al Señor juntos para asegurarse que están en la misma página.

Entonces asegúrate que estás contribuyendo con tu iglesia local. Si no lo estás haciendo, ahí es donde debes iniciar. Antes de apoyar a ningún otro ministerio quiero decirte que apoyar los ministerios y los proyectos de tu iglesia local es aun más importante. Si solo puedes dar en un lugar, es ahí donde tu enfoque debe estar.

Y tenemos también la prioridad de la oración. Más que nada Aviva Nuestros Corazones necesita de tus oraciones. Necesitamos que el Señor nos de sabiduría para hacer frente a decisiones difíciles que tenemos por delante. Necesitamos sabiduría sobre como priorizar las muchas oportunidades que se nos presentan.

Finalmente, si consideras hacer una ofrenda a Aviva Nuestros Corazones te invito a hacerlo. Será una inversión eterna que Dios está usando para hablar verdad a los corazones de mujeres en todo el mundo. Responde a la guía del Espíritu Santo. Haz aquello que Dios pone en tu corazón. Y gracias de todo corazón.

Annamarie: Puedes donar llamando al 1-800-569-5959, o a través de nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com. Si optas por llamar, asegúrate de especificar que deseas donar para el ministerio de alcance hispano.

Y si visitas nuestra página, no dejes de informarte de todo acerca de nuestra conferencia Mujer Verdadera a celebrarse los días 26-27-28 de febrero en Santo Domingo, República Dominicana. Si eres esposa de pastor, líder de ministerio, consejera, maestra o líder de grupo, esta conferencia es para ti. Visita AvivaNuestrosCorazones.com y únete al movimiento.

¿Qué descubrirías si semanalmente pudieras tener un cuadro impreso de cómo invertiste tu tiempo cada día? ¿Estarías agradablemente sorprendida o asombrada de ver cuánto tiempo se va en actividades no esenciales?

Retomaremos este tema en nuestra próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda las Escritura fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

1/5 – Un estado de cautiverio

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Primero lo primero

1/5 – Un estado de cautiverio

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Annamarie Sauter: En estas primeras semanas del año estamos emocionadas, contando los días y anticipando lo que Dios hará durante nuestra primera conferencia de Mujer Verdadera para América Latina, que se celebrará en Febrero. ¿Ya aseguraste tu entrada? Asegúrate de hacerlo pronto. Visita AvivaNuestrosCorazones.com

¿Consideras que es importante la manera como usas tu tiempo?

Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Nosotros tenemos un enemigo y ese enemigo nos ha engañado. Nos ha mentido acerca de nuestras prioridades; acerca de lo que es realmente importante en la vida, y como resultado de esto, ha esclavizado a la mayoría de nosotras.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

El diccionario define esclavitud como: un estado de atadura, estar bajo un sistema de seguridad, servidumbre involuntaria, esclavitud y cautiverio. Es posible que puedas cambiar la forma en que inviertes tu tiempo… Nancy te enseñará cómo.

Nancy: Hace algunas semanas estuve en una conferencia para mujeres. La primera noche le preguntamos cómo podíamos orar por ellas. Con esto en mente les pedimos que escribieran sus peticiones en unas tarjetitas de oración. Hubo varias peticiones sobre una misma categoría en particular. Me di cuenta de que es un tema que afecta muchas mujeres hoy en día. Les voy a leer lo que escribieron en algunas de esas tarjetitas.

Una de las mujeres dijo, “Yo me siento que estoy corriendo en 16 direcciones distintas y sin poder resolver mucho”.

Otra mujer escribió. “Yo tengo tres niños pequeños, y estoy educando mis hijos en el hogar. Me siento cargada con las responsabilidades diarias, además de tener que lavar los platos, lavar la ropa, y la limpieza de la casa.

Otra mujer, la esposa de un pastor, nos dijo, “Batallo entre el trabajo en la iglesia y las ocupaciones del cuidado de mi familia, aparte de tener que cuidar de mi cordura. Hay mucho que hacer. Constantemente estoy cansada, y siempre tengo la sensación de no poder lograr nada.

Y aquí vemos esta otra etapa de la vida. Esta mujer escribió,

“Mi suegro, tiene Alzheimer, vive con nosotros, con mi esposo y con mis cuatro hijos, sus edades oscilan entre seis meses y 16 años. Siento que alguien siempre necesita algo de mí las 24 horas del día, los siete días de la semana. No sé cómo mantenerme física y espiritualmente viva”.

Otra escribió,

“Acabo de cambiar de trabajo, por lo que estoy trabajando muchas horas. No sé cómo salir de mis compromisos. Por favor oren de manera que pueda tener la sabiduría necesaria, ya que esto está afectando las mujeres que ministro en la iglesia – y es que no tengo tiempo suficiente”.

Nosotros tenemos un enemigo, y ese enemigo nos ha engañado. Nos ha engañado con respecto a nuestras prioridades; con lo que realmente es importante en la vida, y como resultado de esto, nos hemos sido esclavizadas.

La mayoría de nosotras estamos viviendo vidas que son más agotadoras y frenéticas de lo necesario, si solo hubiéramos entendido la verdad.

Cuando pienso en los horarios y las demandas del tiempo, en las prioridades, en sentirme abrumada; agradezco tanto que tengamos un Salvador que se identifica con nuestra situación. En esta tierra no pudo haber nadie que durante toda su existencia tuviera más cosas que hacer que el Señor Jesucristo.

Piensa esto —a Él solo se le dieron 33 años en esta tierra, y tres años y medio de esos años fueron dedicados al ministerio público. En esos tres años y medio, Su descripción de trabajo era llevar a cabo el plan de redención de todo el mundo. Así que estamos hablando de una lista larga de “cosas por hacer”. Jesús supo durante esos años lo que significó tener presión, demandas, necesidades por resolver. Es por eso que Él nos comprende.

Hace algunos días, comencé a leer de nuevo el Evangelio de Marcos. Mientras leía este Evangelio, comencé a anotar cada vez que Jesús tenía personas a Su alrededor presionándolo con diferentes situaciones.

Escucha algunas de estas frases de estos episodios comenzando en el Evangelio de Marcos capítulo uno, este es un día en la vida de Jesús.

Él comenzó el día enseñando en la sinagoga. Mientras estaba ahí, entró un hombre con un espíritu inmundo que interrumpía el servicio. Jesús echa fuera el espíritu inmundo, y luego, después de un día de ministerio, se va a casa con dos de Sus discípulos, Pedro y Andrés. Entonces, en lugar de recostarse y descansar, tuvo que resolver la situación de la enfermedad de la suegra de Pedro, que necesitaba ser sanada.

Entonces llegamos al versículo 32 del capítulo 1, que dice, “A la caída de la tarde, después de la puesta de sol, le trajeron todos los que estaban enfermos y los endemoniados; y toda la ciudad se había amontonado a la puerta” (versículos 32-33). ¿Alguna vez has sentido que tienes a todo el mundo demandando algo de ti?

Luego, muy temprano la próxima mañana, el pasaje nos dice cómo Él salió a orar, y en el versículo 33 dice que, “Y Simón y sus compañeros salieron a buscarle; le encontraron y le dijeron: “Todos te buscan” (versículo 37).

Jesús va al siguiente pueblo al final del capítulo 1. Sana al leproso y le dice, “No se lo digas a nadie”. Pero claro el leproso le dice a todo el mundo. La noticia del poder de Jesús corre y en el versículo 45 nos dice que, “Jesús ya no podía entrar públicamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera en los lugares despoblados; y venían a Él de todas partes”.

Capítulo 2, versículo 1 dice, “Habiendo entrado de nuevo en Capernaúm varios días después, se oyó que estaba en casa. Y se reunieron muchos, tantos que ya no había lugar ni aun a la puerta… (Versículos 1-2). Versículo 13, capítulo dos: “Y Él salió de nuevo a la orilla del mar; y toda la multitud venía a Él”. También, en el capítulo 3, Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió una gran multitud de Galilea.

Capítulo 3, versículo 31- Vemos que Jesús también tenía relaciones familiares; responsabilidades familiares que le presionaban. “Entonces llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, le mandaron a llamar. Y había una multitud sentada alrededor de Él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan”.

Que tú haces cuando la multitud te busca, tu madre te busca, tus hermanos te buscan, tu esposo te busca, tus hijos te buscan.

En el capítulo 6, vemos otro momento. Jesús acababa de perder a su primo Juan el Bautista, quien había sido decapitado por el rey Herodes. Los discípulos acababan de llegar de una excursión ministerial, y Jesús les dice, en el versículo 31 del capítulo 6 de Marcos: “Venid, apartaos de los demás a un lugar solitario y descansad un poco. (Porque habían muchos que iban y venían, y ellos no tenían tiempo ni siquiera para comer). Y se fueron en la barca a un lugar solitario, apartado. Pero la gente lo vio partir, y muchos los reconocieron y juntos corrieron allá a pie de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos”. (Versículos 32-33).

Cuando Jesús se retiró para sus vacaciones, se encontró con una gran multitud. Él nunca pudo escapar de la multitud, de las personas, los enfermos, los poseídos, de Su familia y de los discípulos— sin embargo, la noche antes de Su crucifixión, Él oró y dijo a Su Padre, “Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera”. (Juan 17:4)

Si yo pudiera expresar la meta de mi vida en un solo un versículo, probablemente sería este; el poder decir “Oh Dios, te he glorificado aquí en la tierra. He acabado el trabajo que me diste que hiciera”.

Ahora bien, ¿cómo es posible que Jesús pudiera decir eso con tanta certeza? Todavía había personas que necesitaban ser sanadas. No todos los enfermos, no todos los endemoniados, no todos los perdidos se habían convertido al Evangelio de Jesucristo; no habían encontrado lo que necesitaban. Y aun así Jesús podía decir,

“Yo he terminado el trabajo que Tú me diste para hacer.”

Difícilmente ha habido un día— es más, no puedo pensar en el día que yo pueda irme a la cama pensando, “yo he terminado todo el trabajo que hay que hacer”.

Pues bien, la clave está en la próxima frase: “…el trabajo que Tú me diste para hacer”. No el trabajo que todos los demás me dieron para hacer; no lo que yo pensé que yo debía hacer; no todo lo que tenía que hacerse; sino, “Dios, yo he terminado el trabajo que Tú me has dado para que hiciera”. Es un gran alivio para mi saber que:

● No tengo que hacer todo lo que hay que hacer.

● No tengo que hacer todo lo que yo quiero hacer.

● No tengo que hacer todo lo que yo creo que necesita hacerse.

● No tengo que hacer todo lo que tú y todos los demás piensan que yo debo hacer.

Lo único que tengo que hacer es saber cuál es el trabajo que Dios me ha dado para hacer y hacerlo.

Quizás lo que yo deba hacer no es lo mismo que tú debas hacer en esta etapa de la vida en que te encuentras. Su “lista de cosas por hacer” para mi vida en esta etapa es diferente a la lista que Él tenía hace diez años atrás para mí. En los próximos diez años, es muy probable que también esté en otra etapa.

Es por esto que en cada etapa de nuestras vidas tenemos que detenernos y decir, “Señor, ¿qué es lo que Tú quieres que yo haga hoy? ¿Durante esta etapa? ¿En este periodo de mi vida? La verdad que me hará libre es reconocer que en las próximas 24 horas que tiene el día solo tendré tiempo para hacer aquello que está en Su lista, en la lista de Dios para mí; en la lista particular que Él ha confeccionado para mí, para mi vida, para ese día.

Anteriormente les he dicho esto a las mujeres, y esas palabras vuelven a perseguirme. Tengo que continuamente ministrar mi corazón conforme a las verdades de la Palabra de Dios. Tengo tiempo hoy para hacer todo el trabajo que Dios me ha dado para hacer HOY. Tendré tiempo, a lo largo de toda mi vida, ya sea que esta breve o que esta sea larga, para hacer todo lo que Dios me ha asignado.

Aquí está la otra verdad que te hará libre: y esto es que yo glorifico a Dios cuando hago el trabajo que Él me ha dado para hacer. Esa es mi meta en la vida. Para esto fuimos creadas para traer gloria a Dios. Jesús dijo, “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”.

¿Tú quieres que tu vida traiga gloria a Dios? ¿Tú quieres cumplir el propósito para el cual tú fuiste creada? La verdad es que tú glorificas a Dios cuando haces el trabajo que Él te ha dado para hacer. Él ha ordenado trabajo para que tú hagas. Él ha ordenado trabajo para que yo haga. Nosotros reflejamos la grandeza y la gloria de Dios cuando hacemos lo que Él nos ha diseñado para hacer, lo que Él nos ha asignado para hacer. Estaremos hablando acerca de cómo descubrir cuál es ese trabajo.

Pero ahora hablemos por un momento acerca del significado de la palabra, prioridad. Viene del Latín prior, que quiere decir “primero”. El diccionario dice que prioridad es: ‘algo que amerita la primera atención; algo que merece la atención antes de otras alternativas que se presenten”. Esto sugiere que hay algunas opciones. Hay alternativas en competencia, pero la prioridad es esa cosa que requiere la atención antes que esas otras alternativas.

Otro diccionario dice que “tiene que ver con precedencia, aquello que se establece por orden de importancia”. Algunas cosas son más importantes que otras. Ahora bien, el hecho es que todas vivimos de acuerdo a prioridades. Tenemos tiempo, dinero y energías limitadas. Así que tenemos que elegir cómo utilizamos estos recursos. Debemos saber si gastar el dinero en esto y no en lo otro; así también tenemos que elegir lo que haremos con nuestro tiempo, si usarlo en esta o aquella actividad.

La pregunta no es, si estamos viviendo de acuerdo a prioridades. Ciertamente todas vivimos de acuerdo a un conjunto de prioridades. La pregunta es: ¿Estamos viviendo de acuerdo a las prioridades correctas? ¿Estamos viviendo de acuerdo a las prioridades que Dios tiene para nuestras vidas y para el uso de nuestro tiempo? ¿Estamos usando nuestro tiempo con propósitos definidos, o de manera intencional?

¿O será que simplemente estamos haciendo lo que la mayoría de las personas hacen al pasar por la vida, andar sin un rumbo fijo? Hay personas que solamente reaccionan a las demandas a su alrededor, reacción ante sus circunstancias, reaccionan según vaya su día, en lugar de tener un propósito y ser intencionales en cómo van a utilizar esos momentos.

Vivir una vida basada en las prioridades verdaderamente significa poner primero lo primero. Lo primero es primero. Lo que realmente importa. De todas las opciones que tengo delante de mí— ¿Qué es lo que realmente importa? ¿Qué es lo que más importa ahora mismo? Esta es otra pregunta que tengo que hacerme. Mirando toda la situación en general, ¿Qué es lo que más importa en este momento? Continuamente encuentro que en mi propia vida hay una constante y es que tiendo a darle más valor a las cosas pequeñas en vez de darle valor a la más importante.

La semana pasada alguien me dijo que estaba camino a una de sus clases de maestría. Ella tiene un trabajo de tiempo completo, y aún no se había preparado, es decir, no había leído o escrito todo lo que se le había asignado la semana anterior; algo que debía haber terminado para esta clase. Ella me comentó, “Esta semana todo se ha convertido en prioridad menos lo verdaderamente prioritario. De forma que tenemos la tendencia a enfocarnos en las cosas menos importantes mientras descuidamos aquellas que verdaderamente importan.

Tenemos la tendencia a invertir las prioridades de Dios. Por ejemplo, El orden de Dios es que lo eterno es más importante que lo temporal o que lo inmediato. Pero ¿cuál es nuestra tendencia? Tendemos a invertir las prioridades y le damos más importancia a lo inmediato y temporal; lo hacemos más importante que lo eterno.

Lo que vamos a estar haciendo es tomando la palabra prioridades-p-r-i-o-r-i-d-a-d-e-s– y haremos un acrónimo con cada una de las letras (siguiendo la palabra en inglés: priorities) como forma de ayudarnos a poner en orden nuestras prioridades.

Ahora bien, en primer lugar, quisiera aclarar que no estoy enseñando este material porque entiendo que he alcanzado un gran éxito en el área de mis prioridades o de las prioridades.

Me he encontrado realmente luchando para poder vivir algunos de los aspectos que yo sé que son ciertos acerca de las prioridades. Estoy compartiendo algunos temas que aun me han servido para ministrar a mi propio corazón, debido al proceso que Dios me tiene a mí, en lo particular, aun en este mismo momento.

P-R-I-O-R-I-D-A-D-E-S. Comencemos con La letra “P”- es en esta letra en la que nos queremos enfocar en el día de hoy: perseverando en la oración. La oración.

Orar. Seguramente algunas de ustedes se imaginaban que comenzaríamos por ahí; con la oración. Quizás pensaron que debí haber escogido algo más práctico. Honestamente yo no les hubiera podido recomendar comenzar con algo más práctico que la oración. Porque orar demuestra humildad, y Dios le da gracia a los humildes. ¿Qué es lo que necesitamos cuando sentimos las presiones porque estamos en contra del tiempo y comenzamos a sentirnos abrumadas? Necesitamos de Su gracia.

Cuando yo oro, lo que le estoy diciendo a Dios es, “Yo no puedo manejar esto sin Ti”. El problema está en que nosotras queremos ser capaces de controlar y manejar nuestras vidas, nuestro tiempo, y nuestros horarios. Queremos que todo se ajuste perfectamente, de manera que trabaje a la perfección. Nosotras no queremos pasar por etapas de nuestras vidas cuando estamos siendo estiradas, o cuando estamos siendo presionadas más allá de lo que sentimos que somos capaces de soportar. Pero son precisamente esas presiones, y esos tiempos de estiramiento lo que nos obligan a reconocer nuestra impotencia y nuestra dependencia de Dios. Todo lo que me obligue a ir de rodillas es una gran bendición.

Cuando oramos, estamos pidiéndole a Dios varias cosas. Primero le estamos pidiendo a Dios sabiduría. Estamos diciendo, “Señor, yo necesito sabiduría.” Las Escrituras dicen: “Si tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” (Santiago 1:5, parafraseado). Y lo que estamos diciendo es, “Señor, yo necesito sabiduría para manejar mis prioridades, necesito saber cómo ordenar mi tiempo y mi agenda.”

Proverbios capítulo 2 dice, “Porque si clamas a la inteligencia, y alzas tu voz al entendimiento, si la buscas como a plata, y la procuras como a tesoros escondidos, entonces entenderás el temor del Señor, y descubrirás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría, de su boca vienen el conocimiento y la inteligencia. (Versículos 3-6)

Así que cuando oro, estoy diciendo, “Señor, yo no sé cómo llevar a cabo todas estas cosas que me están presionando ahora mismo. Ni siquiera sé con certeza cuáles son las que debo lograr. ¿Me darías la sabiduría que proviene de Ti? Porque del Señor viene la sabiduría —el Señor da la sabiduría.

Al orar estoy pidiendo a Dios que me muestre Su agenda y Sus prioridades para mi vida. Le digo: ¿Señor, que es lo que Tú consideras importante para mi vida? ¿Qué es lo que me has dado para hacer? ¿Qué es lo que quieres que yo haga?»

Pablo dice en Hechos capítulo 20, “Toda mi meta en la vida [lo que importa para mí] es poder terminar la carrera y completar la tarea que el Señor Jesús me ha dado: la tarea de dar testimonio acerca del Evangelio de la gracia de Dios”. (Versículo 24, parafraseado)

Pídele a Dios que te de una declaración de la misión de tu vida, para esta etapa que estás viviendo. Pídele que te muestre para que fuiste creada. ¿Cuál es Su agenda para tu vida?

Efesios capítulo 2 nos dice que: “somos hechura de Dios, y fuimos creadas en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas » (versículo 10, paráfrasis). En la eternidad pasada, Dios ordenó una serie de obras, buenas obras, para mi vida. No son el mismo paquete que Él ordenó para tu vida. Cuando estoy orando, estoy diciendo: «Señor, ¿me podrías mostrar qué es lo que has ordenado para mi vida?»

Cuando oramos estamos pidiéndole a Dios que dirija nuestras agendas, que dirija nuestro proceso de toma de decisiones, y que ordene nuestros pasos. Creo que una de las frases más importantes en las Escrituras que se refiere a este tema de las prioridades es una que leemos varias veces en el Antiguo Testamento. Aprenda “a consultar al Señor; y a inquirir en Su trono». Consultar al Señor. Una y otra vez, en la vida de David, vemos que él inquiría al Señor, y le preguntaba a Dios: «¿Cómo puedo dirigir mi agenda? ¿Debo aceptar esta obligación o no? ¿Debo aceptar esta responsabilidad o no? ¿Debo hacer frente a este proyecto o a este otro primero? »

Pidiéndole que ordene mis pasos. . . Una vez que he inquirido, que he estado en su Palabra y en mis rodillas, buscando su corazón y creo que me ha dirigido, entonces puedo confiar en que tendré la gracia para hacer frente a la presión, incluso si esa decisión me abruma.

Cuando fui retada a hacer un ministerio radial dirigido a mujeres, lo que ahora se ha convertido en Aviva Nuestros Corazones, tengo que decirles que me tomó cerca de 18 meses de oración y ayuno. Bueno, yo no ayuné durante 18 meses, pero durante ese período de 18 meses busqué al Señor, estuve en Su Palabra; busqué consejos piadosos durante esos 18 meses. Porque tenía que saber, antes de decir que “SI», que esto era lo que Dios quería que yo hiciera.

Tuve que llegar al punto de estar segura de que este era el plan de Dios para mi vida; que no se trataba del plan de otra persona para mí, sino que era el plan de Dios. Solo así podría estar segura de que cuando las presiones vinieran—como de hecho vinieron y siguen llegando—que yo podía saber a ciencia cierta que habría la gracia para hacer frente a esas presiones, porque estaba segura de que esto era lo que Dios había ordenado para mi vida.

Al mirar la vida de Jesús, vemos a un hombre que era totalmente dependiente de Su Padre celestial, que buscaba a Su Padre para la toma de dirección, para dirección y que se tomaba el tiempo temprano en la mañana para orar, para escuchar a Dios; para preguntarle a Dios lo que debía hacer. Así fue como supo decirles a Sus discípulos en Marcos capítulo 1 “vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos”, cuando ellos le dijeron: «Todo el mundo te está buscando». (Versículo 37).

¿Cómo lo supo? Porque Él había estado en oración. Había estado buscando la voluntad de su Padre —había estado recibiendo la dirección de Su Padre. Esto permitió que el Espíritu le guiara en lugar de ser conducido y empujado y tirado por otras personas hacia un centenar de diferentes direcciones.

Cuando oramos, estamos pidiendo a Dios que nos ayude a ser prudentes y disciplinadas y obedientes en la forma en que usamos nuestro tiempo. «Señor, ayúdame a ser diligente, ayúdame a no ser perezosa». Le pedimos que nos dé sabiduría en cuanto a cómo usamos nuestro tiempo.

También le pedimos a Dios que nos muestre cómo hacer malabares con las demandas de cada etapa de la vida, de forma práctica. Debemos pedirle al Señor creatividad. Él no promete que Él hará que sea fácil el hacer frente a esas demandas, pero Él nos promete que Él dará la gracia. A veces pienso que la gracia significa que Dios nos da nuevas ideas y nuevas formas de hacer las cosas que de otra manera nos hubiesen llevado mucho más tiempo. Pídele al Señor que te muestre cómo hacer esto.

El apóstol Pablo nos dice en 2da a los Corintios capítulo 1, «Estábamos bajo una gran presión, más allá de nuestra capacidad de soportar. Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios. En Él hemos puesto nuestra esperanza y Él nos librará, en la medida que ustedes nos ayudan con sus oraciones. Entonces muchas personas darán gracias por la gracia concedida a nuestro favor, en respuesta a las oraciones de muchos» (versículos 8-11, parafraseado).

Esto me recuerda una estrofa de este himno:


Oh la paz no encontraría, quien comparta mi dolor, 
 Todo porque no llevamos, todo  a Dios en oración.

Annamarie: La verdad bíblica es increíblemente práctica. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a entender el uso del tiempo a la luz de las prioridades bíblicas. Este mensaje es parte de la serie Primero lo primero, que hemos venido escuchando.

¿No sería maravilloso si pudiéramos hacer una cita con Dios, y que en esa reunión Él nos señalara nuestra descripción de trabajo para el resto de nuestra vida? Bueno, quizás Dios no se comunique con nosotros de esta forma, pero Él sí puede mostrarte Sus prioridades. Nancy nos explicará esto en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. Y mi mamá es una mujer verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

9/9 – Mansedumbre en las relaciones

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

9/9 – Mansedumbre en las relaciones

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/mansedumbre-en-las-relaciones/

Annamarie Sauter: Si no hubiera Dios, aprender a ser mansas no tendría ningún sentido. Pero hay un Dios que nos da poder para aprender esta importante cualidad. Con nosotras Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Creo que la mansedumbre es lo que nos permite descansar en los brazos de un Dios que está ahí, quien es bueno, y quien sabe lo que está haciendo.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy nos ha estado llevando a través de la serie, “La hermosura de la mansedumbre” y hemos aprendido la importancia de esta área del carácter, la dificultad para desarrollarla y cómo nos afecta de manera tan especial a nosotras las mujeres.

Escucharemos de Nancy en unos segundos. Primero, algunas mujeres de la audiencia nos contarán cómo han estado aplicando la mansedumbre.

Dorothy: Para mí la palabra mansedumbre significa sumisión. Significa ser sumisa a lo que Dios quiere. He llegado a un lugar en mi vida que sumisión significa renunciar a todas las cosas que me gustaría hacer, siento con el deseo de hacer

Tengo un esposo en un albergue médico por su salud. La enfermera nos dijo esta última vez que no cree que va a mejorar y que probablemente tenga Alzheimer. Tengo otro hijo el cual tampoco está bien padece diabetes, y él está llegando a cierto punto de su etapa final muy difícil. Se suponía que tendría cirugía hoy pero la pospusieron para la próxima semana.

Para mí, eso significa que estaré en casa la mayor parte del tiempo y no soy una enfermera de profesión ni de corazón. Para mí este es el lugar donde estoy y donde tengo realmente que aprender a decir “Sí Señor” y mientras camino por el valle de sombra de muerte, hacerlo con gozo.

Nancy Leigh DeMoss: Dijimos que mansedumbre es decir “Sí, Señor” es someterse a la Palabra de Dios, pero también es someterse a la providencia de Dios, a las decisiones de Dios, a las circunstancias que Él trae a nuestras vidas y también en diferentes etapas de nuestras vidas. La Sra. Dorothy está en sus ochenta y está enfrentando algunas circunstancias en su vida que algunas de ustedes como madres más jóvenes no conocerían, sus circunstancias son totalmente diferentes.

Pero la mansedumbre dice, “Sí, Señor. Recibo esto de tu mano sin importar la etapa, sin importar la circunstancia”. No se resiste ni se resiente, no huye de ella, sino que abraza la cruz. Es recibirlo y aceptarlo, sabiendo que no es tu esposo, no es tu hijo, no son las circunstancias las que son tu enemigo o tu problema. Ellas son solo instrumentos en las manos de Dios.

Dios tiene un propósito con todo esto. Dios tiene un propósito en sus vidas. Dios tiene un propósito en tu vida. Dios está formando, moldeando tu vida. Él está cumpliendo Sus propósitos eternos. Y mucho de esos propósitos no los podremos ver jamás de este lado del cielo, de este lado de la eternidad.

Así que mansedumbre es confiar en que Dios sabe lo que está haciendo y doblar la rodilla, inclinar mi cabeza, inclinar mi corazón, inclinar mi voluntad y decir, “Sí, Señor. Esto lo recibo y si esto te agrada a Ti, me agrada a mí”.

Y como Dorothy dijo—aquí es donde comienza el reto, hacerlo con gozo. Digo, muchas de nosotras lo haríamos pero con un cierto apretar la mandíbula, solo sobreviviendo. Dios quiere que lo hagamos más que con un espíritu de supervivencia.

Ahora, eso no significa que todas las circunstancias son alegres o felices. Pero significa que hay una capacidad sobrenatural gracias al tesoro que tenemos en la vida de Cristo en nosotras para recibir y para responder a esas circunstancias con gozo.

Pero tú sabes que el gozo es una decisión. Ahora, también es parte del fruto del Espíritu, algo que no podemos fabricar. Es algo que Dios produce en nosotras. Pero podemos escoger decir: “Recibo el gozo del Señor para esto, y en medio de esto puedo tener Su plenitud, Su dulzura, Su gracia, Su poder vencedor en mi vida.

Joetta: Como dijo la Sra. Dorothy, es algo como un progreso en general que ha ocurrido estos tres años de mi vida. Se le diagnosticó cáncer a mi madre. La tuvimos que traer desde San Antonio. Al mismo tiempo a mi esposo le informaron que solo tendría trabajo por un año más.

Fue como si inmediatamente pasara mi vida, de una vida ordenada donde sabía perfectamente lo que pasaría a no tener idea de lo que pasaría el siguiente día, o qué llevaría. Mi madre falleció en octubre, así que he estado viviendo eso.

Tengo que admitir que había ocasiones esos últimos días de su vida donde yo estaba sentada con ella y pensaba, Señor, no quiero estar aquí. No quiero estar haciendo esto. No es algo que disfruto Señor. Esto no es divertido. Es difícil. Duele. No quiero hacer esto.

Y lo que me ayudaba a seguir adelante era recordar a Elisabeth Elliot, cuando ella estuvo en una situación similar. Dijo:

Solo tienes que llegar a un punto que estás contra la pared, y es allí donde dices, “Oh Dios es Dios o no lo es. O es bueno o no lo es”.

Es como decir que el Señor me obligó a esta circunstancia donde solo tenía que decir “Bueno Dios, sé que eres Dios. Sé que eres bueno. No me agrada nada de esto, pero confío en eso”.

Ayer platicaba con mi esposo y me preguntaba, ¿no te molesta? ¿No te preocupa?”

Y pienso, ¿sabes? La verdad no. Creo que después de tres años, el Señor me ha llevado a un lugar donde puedo decir, “No” porque realmente puedo confiar en el Señor que Él está en control y Él sabe. Algo va a pasar. No sé qué, pero algo pasará, y Él cuidará de mí.

Nancy: Así es Joetta y tú usaste la palabra control. Creo que para la mayoría de nosotras como mujeres, esto es un gran problema. Queremos tener el control, queremos estar en control. Tenemos miedo de que las cosas salgan de control. Tenemos miedo de que alguien más tenga el control o que alguien no maneje mi vida apropiadamente.

Perdemos de vista, y pensamos en el jefe, en el trabajo, el esposo, los hijos, en las cosas que pensamos que controlan nuestra vida. Así que decimos, “No, mi vida sería un caos si les dejo que me controlen, así que yo tengo el control”.

Pero tarde o temprano nos enteramos de que realmente no podemos controlarla. Digo, no puedes controlar a tus hijos, no puedes controlar a tu esposo. No puedes controlar el clima, no puedes controlar tu salud. No podemos controlar nuestras circunstancias.

Así que muchas de nosotras gastamos mucha energía y esfuerzo tratando de mantener las riendas, y eso nos pone en un manojo de nervios. Nos mantiene frustradas y angustiadas. Y eso no cambia nada, ¿no es cierto?

Así que la alegría viene cuando abandonamos las riendas y nos damos cuenta de que Dios está en control. Él nunca se queda dormido. Él nunca se baja de su trono. Él nunca ésta ajeno a lo que está sucediendo en mi vida, ni a un solo detalle. Él lo sabe. Él es soberano. Él está orquestando todas las cosas según el designio de Su voluntad y para la gloria de Su gracia.

Estamos a salvo. Creo que la mansedumbre es lo que nos permite descansar en los brazos de Dios quien está ahí, quien es bueno, quien sabe lo que está haciendo.

Joeatta decía mientras nos compartía: “Ellos no lo saben” por mucho tiempo no sabían lo que pasaría con su madre o cuándo o cómo. Ahora con la situación del trabajo de su esposo tampoco saben.

Puede que tu esposo tenga un gran trabajo, pero no sabes si lo tendrá mañana. Creemos saber, pero en realidad no sabemos. No sabemos.

Jeannie: Bueno hace un momento dijiste que el gozo era una opción. Para mí la mansedumbre ha sido una opción. La historia que me acaba de llegar a la mente cuando hiciste la pregunta fue una que sucedió hace ya varios años atrás. He estado casada por veintiséis años y adoro a mi esposo, pero hubo un tiempo cuando no lo amaba.

Creo—si no recuerdo mal—que para el quinto o sexto año de matrimonio, recuerdo despreciar a ese hombre tan intensamente que usar la palabra odio ni siquiera refleja la realidad. Él y yo llegamos a un punto de un divorcio espiritual. Vivíamos en la misma casa pero solo co-existíamos. Ciertamente no estábamos luchando por nuestra relación.

Así que para cualquier mujer joven que esté escuchando esto, cuando estés experimentando esto y te des cuenta que no estás enamorada como la primera vez o como el primer año de matrimonio… Creo que aún en los mejores matrimonios puede pasar esto.

Fíjate para nosotros, la mansedumbre jugó un rol importante cuando tuvimos que decidir o cada uno tomaba su camino o nos inclinábamos ante el creador de las relaciones. Literalmente nosotros hicimos esto. Nos arrodillamos, no queriendo hacerlo, no queriendo tomarnos de las manos, mucho menos orar juntos, ciertamente no teniendo ninguna relación nuestros sentimientos con que nuestras acciones.

Eso no tenía nada que ver con obediencia porque ciertamente no sentía la necesidad de obedecer a Dios. Solo sabía que estaba en un punto de mi vida crucial, tanto en mi vida como en la vida de nuestro matrimonio.

Pero esta fue la mejor decisión que pudimos haber tomado porque Jesucristo nos recordó que como individuos no tenemos esperanza de tener una relación duradera o sana sin Él. Para nosotros, la mansedumbre en ese momento significó, aplastar nuestro propio orgullo, diciendo, “estoy segura fue tu culpa, pero permitiré por un momento que Dios tome estas circunstancias y las arregle”.

Y Él lo hizo, y lo ha hecho muy bien, y lo continúa haciendo. Pero para mi esposo y para mí, fue un punto de darnos cuenta que nuestra relación está hecha de tres—Él, yo y nuestro Señor.

Nancy: Gloria a Dios por eso Jeannie, eso fue obviamente un tremendo punto de cambio y un punto de entrega y un punto de mansedumbre. ¿Las cosas cambiaron de inmediato? ¿Qué ocurrió al día siguiente?

Jeannie: Bueno mira en realidad pasó en un fin de semana de San Valentín. Habíamos decidido irnos juntos hacer un esfuerzo para nosotros mismos, con nuestro propio poder. Así que continuamos con nuestro plan. Fue un poco forzado, nada milagroso cambió en mis sentimientos.

Sin embargo, mi esposo y yo empezamos a estar conscientes y concentrar nuestro esfuerzo en ser amables mutuamente. Ese fin de semana fue cuando decidimos nunca más hablarnos mal el uno al otro. No nos permitimos nunca cosas como, “Oh deja que te cuente lo que hizo”. Y hemos mantenido esa decisión por unos veintiún años ya, y Dios nos ha bendecido por eso.

Nada milagroso ocurrió en nuestros sentimientos. Pero definitivamente en nuestra manera de pensar cambió.

Nancy: Pero ¿En qué punto empezaron a cambiar los sentimientos?

Jeannie: Bueno no pasó mucho tiempo, no recuerdo exactamente. Pero si te digo que después de seis meses (al finalizar los seis meses) mirando atrás puedo ver que, él y yo lo único que pudimos hacer fue ponernos de rodillas. Estábamos muy sorprendidos del cambio que se produjo en nosotros, como individuos y como pareja.

Nancy: Este es un testimonio verdaderamente poderoso. Gracias Jeannie, y gracias Señor. “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Mateo 5:5 (RV60)

Crees que estás renunciando a todo. Crees que estás perdiendo. Crees que rendirte en la batalla sugiere que la otra persona está ganando. ¿Y a quién le gusta perder? Rendirse sugiere perder, a menos que se trate de la economía de Dios.

En la economía de Dios la manera de subir es bajar, el camino a la resurrección es a través de la cruz. Das tu vida y la ganas. Entregas tus derechos y Dios te bendecirá.

Esta no es usualmente la forma como nosotras escribiríamos el guión. Pero que gran ilustración de los principios de Dios.

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. (Mateo 5:3-5)

Me pregunto si no habrá una mujer… Realmente no sé lo que está ocurriendo en sus casas; no puedo saber que está pasando en sus hogares. No sé qué está pasando en tu matrimonio.

Y quizás eres de las personas que nos escuchan a través de la radio. Puede que estés en un punto como en el que estuvo Jeannie. Desprecias al hombre con el que vives. Lo único en lo que puedes pensar es en las maneras en que te ha lastimado, y piensas en las formas en que no son compatibles.

Puede que sea un tiempo donde Dios esté hablándote y te diga, “Tienes que rendir tus derechos. Tienes que arrodillarte, no esperes hasta tener el deseo. No esperes hasta que él cambie”.

Y quizás tú me digas, “Bueno él aún no está dispuesto a venir y tomarme de la mano y orar”. Entonces, te tomas de la mano del Señor, y vas a Él y le dices, “Señor, aún cuando mi esposo nunca dobla su rodilla, estoy dispuesta a doblar la mía. Estoy dispuesta a tomar el camino de la humildad”.

Y como un acto de fe, como un acto de obediencia, dices, Sí, Señor”, reconociendo, como lo hizo Jeannie que la opción es perder el matrimonio, hacer las cosas a tu manera y tomar tu camino, o decir “sí” al Señor y ver lo que Dios puede hacer en restaurar esos años que la langosta ha devorado.

Ahora, Dios restauró milagrosamente el matrimonio de Jeannie, y voy a decir rápidamente que hay casos donde esto no pasa, pero si te digo una cosa, nunca sucederá si ninguno de los dos en ese matrimonio está dispuesto a tomar el camino de la humildad y decir, “Cedo mis derechos. Seré fiel a ti”.

Son las cosas pequeñas. La mansedumbre dice:

Vamos a dejar de decirnos cosas horribles.

Vamos a dejar de decir comentarios que denigran.

Vamos a dejar de hablar mal uno del otro delante de los demás. Es por eso que continuamos ofreciendo el reto de 30 días a las esposas para animar a sus maridos. Qué gran diferencia ha hecho en la vida de los matrimonios cuando toman esos treinta días para enfocarse en su esposo y animarlo y exaltarlo en lugar de denigrarlo.

Déjame decirte, por cierto, tu matrimonio pueda que no esté en crisis ahora. Pero si no tomas los pequeños pasos de mansedumbre a diario en tu relación, estás encaminándote a una crisis. Puedes evitar la crisis al dar esos pasos de mansedumbre. Repito, no esperes a que la otra persona lo haga para hacerlo tú.

Lo que decimos aquí acerca del matrimonio puede ser verdad en otras relaciones—con tus hijos adultos, con tus adolescentes, con tus padres, con tus suegros con ese jefe. Es el camino de la mansedumbre. No es un lugar de debilidad. Es en realidad una mayor fortaleza y poder porque Cristo es fuerte en y a través de esa relación.

Mujer: Necesitaba escuchar esto. No estoy en un punto de crisis pero lo estuve hace tres años. Dejé mi matrimonio emocionalmente y de cierta manera físicamente por algún tiempo. Pero Dios usó ese tiempo para realmente redimir mi alma. Me ayudó a darme cuenta que no conocía a Dios cuando jugué a ser cristiana durante toda mi vida; realmente solo crecí en un hogar cristiano.

Si estás casada, habrá problemas. Hay conflictos. Suceden. Y odio el conflicto. Lo odio. Por mucho tiempo lo evitaba. Ahora he aprendido enfrentar los conflictos, a permanecer involucrada y a no huir, como me recomendaba una amiga; ella me decía todo el tiempo, “Mantente involucrada y trabaja a través de los problemas”.

Justo ayer cuando estaba sentada en la mañana, aún estaba tranquila en mi casa, me levanté temprano. Una amiga me había exhortado, me dijo, “Solo ve a los pasajes acerca de marido y mujer, léelos y ponlos en tu mente en lugar de constantemente lograrlo.

Así que fui a Efesios 5. La frase que realmente se destacó fue que antes que Pablo hablara a las esposas, él dice: “Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo”. Y después cuando le dice a la esposa, “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor…” esto nos facilita la sumisión, cuando sabemos que es al Señor al que nos estamos sometiendo—no necesariamente a la persona que nos …

Nancy : … irrita.

Mujer: A la gente que me irrita. El Señor realmente me habló a través de eso. Es bueno saber que Él me tiene en Su mano y Él desea que me someta a los demás como si fuera a Él.

No puedo decir q ue amo al Señor si no estoy amando a mi esposo. Eso me trastorna cuando batallo al amar a mi esposo. Digo, “Si amo al Señor, y quiero amar al Señor con todo mi corazón”. tengo que rendirme a Él y a Su plan para mí porque sé que Él usa los problemas para lijar mi carácter y hacer de mí lo que Él quiere que yo sea.

María: Lo que me pasó a mi fue que el 4 de julio pasado cuatro de nuestros hijos se mudaron de estado. Ahora tengo cuatro hijos en cuatro estados diferentes, lo cual significa ni un nieto cerca. Lo que quiero decir es que… Ahora todo es diferente. Había escuchado por otra persona acerca de un programa que asiste a gente discapacitada donde los ayudan a estar en un lugar comunitario porque muchos de ellos, sus padres, por supuesto morirán antes que ellos.

Se lo mencioné a mi esposo, “¿No es una manera buena para los fondos del seguro? Es un programa maravilloso”.

 

Y él dijo, “Eso suena a algo que te gustaría hacer”.

En mi mente estoy pensando, no, no lo es, no he tenido que trabajar fuera del hogar. Soy un ama de casa, una mamá que enseñó a sus hijos en casa. Me gusta mi vida. Tengo cuatro hijos en cuatro estados diferentes. Y estoy lista para viajar.

L a segunda vez que lo mencionó, Al dijo, ¿Has revisado ese programa que asiste a los discapacitados?”

Y le dije, “No”.

La tercera vez que lo mencionó, el Señor estaba, como .. “ding, ding, ding, ding, el quiere que averigües esto”.

Entonces pregunté, “¿Quieres que investigue y adquiera información?”

Y lo hice.

Me presenté sin cita previa. Tenía puesto unos capris. Hice todo lo que no debía de hacer para conseguir el trabajo. Y había orado. “Señor, permíteme que esto no sea un trabajo para la carne. No quiero que sea esto solo por el dinero. Quiero que mi vida cuente para la eternidad. No quiero un trabajo de medio tiempo”.

Resulta que estoy asistiendo a una mujer joven de veinticuatro años quien no tiene ningún historial de haber ido a la iglesia. He conocido a varios de su familia. Nadie parece tener un conocimiento de Dios. Tiene veinticuatro años pero es como una niña de cinco o de seis. Sabe leer…

Pero he tenido el gozo más hermoso solo enseñándole cómo hacer cositas simples como lavarse la cara, cepillarse los dientes y lavarse el pelo. Como a nietecitas, que les enseñas, “Empiezas de aquí, y haces esto después”. No tienes que hacerlo, pero instruyes.

Un día mientras la estaba ayudando, noté que sus pies estaban muy sucios porque es un poco robusta y no puede verse los pies. Y escuché al Señor decirme, “Lava sus pies.” Así que me arrodillé en la bañera y le lavé sus pies.

Y dije, “Señor voy a lavar tus pies.” Digo, para ser honesta estaba asqueada. Pero ahora es algo hermoso.

Le he enseñado a orar. Empezamos a leer La Biblia Ilustrada para Niños. Leo una página; ella lee otra. Le hago preguntas; ella me hace preguntas.

Ya terminamos eso, y ahora estamos en “Cada día con Dios”. Cuando uno de nuestros hijos, quien es un bombero de la Marina, que estuvo ahí combatiendo el fuego de San Diego… Por supuesto, tenía la televisión prendida. Estaba hablando con él (él está en la torre) y digo “¿Dónde está mi nuera?” esta joven estaba escuchando.

Cuando se altera, le digo, “Bueno, vamos a decirle a Dios porque le importa. Te ama y me ama.” Así que estábamos orando por algo que le alteraba (yo digo las palabras y ella solo sostiene mi mano.)

Y me dice, “No olvides a tu hijo”.

Yo estoy en medio de la oración y dije “¿Qué dices?

Ella dijo, “Tu hijo está en el fuego, no olvides tu hijo. Dile a Dios que tu hijo está en el fuego”.

Y dije, “Sí, le diremos a Dios y le pediremos que ayude a protegerlo”.

Así que esto ha ido evolucionado. Esta primavera me enfermé por un largo tiempo, y ella estaba preocupada de que me hubiese muerto; porque muchas personas han muerto. “Uno va al hospital y se muere”.

Así que la persona que me cubría me ´llamó y me dijo, “Ella está realmente muy asustada de que tú no estés aquí.”

Vino a verme y me dijo, “Estoy orando por ti.”

Annamarie Sauter: Un espíritu manso tiene un gran efecto en aquellos que están observando. María Johnson ha estado aprendiendo esto junto con las demás que somos parte de la serie, La hermosura de la mansedumbre. También ha estado aprendiendo en las interacciones que tiene en su casa.

Espero que desarrolles un espíritu de mansedumbre al aprender .Mucho más acerca de esta y que puedas vivirlo a través del poder de Dios.

Para ayudarte, hemos recomendado el libro de Matthew Henry, “La búsqueda de la mansedumbre y la quietud de espíritu”. Solo está disponible en inglés.

El lenguaje puede ser algo extraño para algunas de nosotros pero vale la pena leerlo. Nancy lo ha considerado como uno de los mejores libros que ha leído, y lo ha citado bastante durante esta serie llamada, La hermosura de la mansedumbre.

Hoy Nancy mencionó el reto de 30 días que ha recomendado a mujeres a través de los años. Puedes descargar este reto cuando visites AvivaNuestrosCorazones.com

Espero regreses mañana a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

8/9 – Pon guarda a mi boca

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

8/9 – Pon guarda a mi boca

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/pon-guarda-mi-boca/

Annamarie Sauter: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de nosotras no tenemos con un botón de pausa en nuestras lenguas, y vaya que necesitamos poder pausar, poder parar. “Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios.” (Salmo 141:3)

Annamarie : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy nos ha retado profundamente durante la última semana y media en su serie llamada, La hermosura de la mansedumbre. Pregunto, ¿Es sabio para la mujer adquirir mansedumbre en nuestros días?, ¿No será que se dispondría a sufrir abusos? Escuchemos.

Nancy : Permítanme leer algunos correos electrónicos que hemos recibido de parte de nuestras oyentes; son correos que muestran tanto la falta de mansedumbre, como lo que esto produce en nosotras y en nuestras relaciones. Esta mujer dice,

Soy, por naturaleza, la mujer más polémica que quizás llegues a conocer.

Ya habíamos dicho en la última sesión que ser honestas es la línea de partida en nuestra carrera para desarrollar mansedumbre, así que yo aprecio la honestidad de esta mujer. Ella siguió diciendo,

Si siento que algo necesita ser dicho o debatido, yo seré quien lo haga. A lo largo de la semana, y por medio de esta serie, Dios me ha dejado sentir convicción en mi corazón. Normalmente no considero los sentimientos de quienes hiero cuando hablo. En mi mente yo solo decía las cosas como son, porque necesitan ser dichas, así que, ¿Por qué no yo?

Me he dado cuenta que esto es parte de mi falta de paciencia con la gente en general. He estado trabajando con “callarme la boca” más a menudo. Creo que hoy me reuniré con una de mis amigas parlanchinas para comenzar a rendirnos cuentas mutuamente en cuanto a este cambio.

Por favor continúen exponiendo las verdades como son, para que las personas como yo dejemos de hablar como lo hacemos.

Bueno, agradezco el hecho de que esta mujer tiene un espíritu enseñable, y ella ilustra lo que percibo como clave para desarrollar la mansedumbre y la quietud de espíritu, y esto es, involucrar a otros creyentes en tu vida, vivir esta vida juntamente con otros. Dios nunca planeó que llegaremos a ser creyentes maduros sin la ayuda de otros. Nos necesitamos los unos a los otros. Ella dijo, “me reuniré con una de mis amigas que también batalla con la mansedumbre para comenzar a rendirnos cuentas mutuamente en cuanto a este cambio”.

Ahora, yo sugiero que no solo busquen reunirse con personas que batallan con la misma debilidad pecaminosa, sino que también busquen reunirse con personas que evidencian la gracia en esta área de sus vidas, quienes evidencian humildad y un espíritu manso. Júntense con ellas. Pasen tiempo con ellas, y pídanles que oren por ustedes. Pídanles la oportunidad de ser responsables ante ellas en este propósito de mostrar mansedumbre.

Aquí hay otra oyente que dijo,

Nos mudamos hace siete meses, ambos hemos sufrido un pesado estrés financiero. Continuamente molesto a mi esposo, pues quiero administrar hasta en lo más mínimo, y le guardo resentimiento porque pienso que hacerlo a mi manera es mejor. [¿Pueden notar lo opuesto a un espíritu manso?]. Al haberme comportado así no solo le he faltado el respeto a mi esposo, sino además le he faltado el respeto al Señor y tampoco he confiado en Él. Ahora me doy cuenta que yo soy quien ha hecho miserable mi matrimonio.

Gracias a Dios los ojos de esa mujer están siendo abiertos. Ella está aceptando la responsabilidad, y ya no culpa a su esposo. Es honesta con respecto a la actitud nefasta que tenía hacia su esposo, era fastidiosa y obsesiva al detalle y resentía que no se hicieran las cosas a su manera; su orgullo, su arrogancia la hizo pensar, “mi manera es mejor”. Ella también se ha percatado de que al hacer eso ella no está confiando en El Señor. Ella trataba de controlar, y de ahí procede la falta de mansedumbre.

De manera que la honestidad de la que estuvimos hablando en la última sesión está perfectamente ilustrada en el correo de esta mujer. Sé honesta en cuanto a cómo la falta de mansedumbre se está manifestando en tu vida.

Creo que es importante que nosotras, las mujeres, estemos dispuestas a escuchar de los hombres en cómo nuestra falta de mansedumbre les afecta a ellos. Aquí tenemos un correo de un hombre que derramó su corazón de una manera muy honesta:

Aunque amo a mi esposa, el deseo de demostrárselo ha disminuido. (Hace diez años solía comprarle flores al menos una vez a la semana). [Hubo expresiones prácticas de amor.] Aún la amo, pero ya no estoy tan motivado a mostrarlo. ¿Por qué?

Los constantes “no” a todo lo que yo pudiera sugerir, las discusiones por cualquier cosa, el querer imponerme su agenda, sus críticas sobre mi manera de conducir el auto por una ruta buena por sobre otra igual de buena. Estas cosas me han dejado abatido, desalentado y solitario.

Amigas, Dios no hizo el corazón del hombre de manera que pudiera resistir bajo nuestra crítica que desanima que desgasta siendo controladoras, fastidiosas y manipuladoras. Pudieran decirme, bueno pues también debieras hablar sobre lo que los hombres hacen”. No, eso sería material de otro programa radial. Esa no es mi tarea. Ese no es mi llamado. Mi trabajo consiste en hablar a nosotras las mujeres, y aquí tenemos a un esposo que dice honestamente, “Amo a mi esposa, pero su actitud me agota. He perdido la motivación.”

Ahora, él sigue siendo responsable de amar a su esposa, y no hay excusa alguna que le libere de tal responsabilidad, pero mujeres, nosotras podemos facilitarles o dificultarles a las personas a nuestro alrededor el trabajo con nosotras, el vivir con nosotras y el amarnos.

Y, ¿qué decides hacer?

Hablamos de algunas cosas en específico durante la última sesión.

Permíteme mencionar otras más aquí.

Creo que algo grandioso es simplemente aprender a guardar nuestra lengua—aprender a proteger nuestra lengua. Ser lentas para hablar.

En el transcurso de esta serie de enseñanzas he citado múltiples veces el libro La búsqueda de la mansedumbre y la quietud de espíritu. He recomendado este libro varias veces a lo largo de esta serie, y quiero animarlas a obtener una copia del mismo, (está solo disponible en inglés), pero les voy a decir, no es de fácil lectura. Tienes que leer despacio, con cuidado. Es posible que desees leerlo con una amiga para ayudarte con la responsabilidad y para ayudarse una a la otra. En ese libro, dice, «Aprende a hacer una pausa».

Pausa cuando algo te irrita, cuando una circunstancia no va de acuerdo a tu manera, cuando llegue una noticia que no esperabas. Haz una pausa antes de responder.

Algunas de nosotras no poseemos ni siquiera un botón para PAUSA en nuestras lenguas, y vaya que lo necesitamos. Pausa. Alto. “Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios” (Salmos 141:3).

Proverbios capítulo 14, el versículo 29 dice: “El lento para la ira tiene gran prudencia, pero el que es irascible [o impaciente de espíritu] ensalza la necedad”.

Eclesiastés capítulo 5, versículo 2: “No te des prisa en hablar, ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra; por tanto sean pocas tus palabras.

Proverbio capítulo 19 versículo 11: “La discreción del hombre le hace lento para la ira, su gloria es pasar por alto una ofensa”.

Déjalo pasar. No es necesario que te involucres—no es necesario que me involucre en cada asunto que surge. Déjalo pasar. Esa es la gloria del hombre que pasa por alto la ofensa.

Ahora, si hay un patrón en la vida de algún hijo tuyo o en tu esposo, o en una amiga; entonces en el espíritu de Gálatas 6:1 nos acercamos a ellos, tratamos de restaurarles en un espíritu de mansedumbre, pero no necesitamos señalar cada vez que alguien haga algo indebido

Haz una pausa y piensa,

¿Es ahora mismo el tiempo apropiado para decir lo que siento?

¿Soy yo la persona indicada para decirlo?

¿Es realmente necesario que sea señalado?

¿Es mi propuesta amable?

¿Es verdadera?

¿Es absolutamente necesario decirlo?

Entonces, simplemente por haber hecho una pausa, la mansedumbre tendrá una oportunidad para entrar en acción y así lo que lleguemos a decir reflejará un maravilloso espíritu de mansedumbre.

Permíteme nuevamente leer otros dos correos electrónicos de nuestros oyentes que muestran la importancia de esto. Una mujer nos escribió,

Necesito cambiar. Me estoy dando cuenta de que yo he estado enojada y he sido áspera con mi esposo y con mi hija. Ahora entiendo la razón de su pregunta: “¿Por qué eres tan mala?” Yo no pretendo ser

mala con ellos.

Crecí en un hogar donde mamá era muy severa con mi hermana y conmigo. Las palabras que nos decía en ocasiones parecían cortar como cuchillo. Lo más triste es que yo me había prometido a mí misma que no sería así con mi hija, pero véanme ahora.

DIOS ha usado Aviva Nuestros Corazones para abrirme los ojos y el corazón a este problema. con la ayuda de DIOS, haré un esfuerzo por dar respuestas suaves.

Es muy difícil para mí permanecer en calma y no decir algo cuando veo a un hombre hacer algo incorrecto, pero desde que escuché en Aviva Nuestros Corazones, el mensaje sobre el discernimiento y el poder de una lengua bajo control, he estado implementando estos consejos en mi vida. Veo cómo se sorprenden los hombres de mi nueva manera de ser más flexible con mis opiniones, y como tomo en cuenta y espero sus respuestas, como afirmo su manera de pensar y sus sugerencias. Ahora la gente ya no teme a los latigazos de mi lengua, pues han disminuido dramáticamente.

Ha sido un camino difícil, y aún batallo por permanecer en él, pero es muy satisfactorio y me trae paz saber que esto es actuar en la voluntad del Señor .

Solo dos pensamientos más sobre el cultivar la mansedumbre y la quietud de espíritu y luego quiero leerles un testimonio.

Matthew Henry, escribió en el último capítulo de su libro, una lista de sugerencias de cómo cultivar la mansedumbre. Él da una clave que jamás se me hubiera ocurrido a mí, pero ahora pienso que es muy poderosa, y deseo compartirla con ustedes. Él lo pone en estas palabras:

Conversa mucho en tu mente con una tumba oscura y silenciosa. Piensa en la muerte.

Nunca hubiera pensado en esto como una llave hacia la mansedumbre y la quietud de espíritu, pero él lo dice, y escuchemos las razones que nos da para ello.

A diario te encuentras con muchas cosas que te distraen e inquietan, no obstante el alboroto debes soportarlas. [Te estresan, te vuelven ansiosa y agitada, todas esas cosas que te perturban y te inquietan.] Piensa cuán silenciosa la muerte te volverá y que tan incapaz te hará para sentir resentimiento o de resistir alguna herida.

Si reposas en un féretro en tu funeral, y alguien se acerca a ti y te dice, “Nunca me simpatizaste. Siempre pensé siempre que eras una. . . .” y se suelta diciendo horrendas cosas de ti, ¿qué harás? Nada. Estás muerta. Él nos dice,

Piensa cómo será cuando estés muerta, y no puedas resistir o resentir heridas. Pronto estarás fuera del alcance de la provocación. Y que acaso ¿no es un espíritu quieto la mejor preparación para ese estado de quietud? [Prepárate a morir viviendo correctamente al responder cuando eres provocada a la ira.]

Piensa en cómo parecerán todas estas cosas que ahora nos inquietan, cuando estemos cara a cara con la muerte. Que pequeñas e insignificantes parecerán a quien está por entrar en la eternidad.

Si ya encaminadas hacia la eternidad pudiéramos experimentar el pesar o el arrepentimiento, creo que al mirar atrás veríamos los incidentes de los que hicimos toda una conmoción. ¿Por qué reaccioné así? ¿Por qué exploté tan horrible? ¿Por qué no lo dejé pasar? ¿Por qué no respondí en mansedumbre en vez de enfurecer?” Dijo él,

Piensa qué pequeñísimas parecerán, piensa qué pequeñísimos parecerán estos asuntos al pasar a la eternidad. La muerte nos aquietará dentro de poco. Permitamos que la gracia nos aquiete ahora.

Sabias palabras, ¿no?

Ahora este otro pensamiento: “Pon tus ojos en Jesús. Aprende de Él. Pasa tiempo con Él. Que nos contagie de sí. Permite que su carácter, Su mansedumbre se vuelvan tuyos”.

Isaías capítulo 42, en el versículo 1, describe a manera profética la mansedumbre de Cristo. Dice, “He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre Él; Él traerá justicia a las naciones”. ¿Pero cómo lo hace?

Los versículos 2 y 3 responden: “No clamará ni alzará su voz, ni hará oír su voz en la calle. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino, con fidelidad traerá justicia”.

Jesús es gentil. Jesús es manso, y es amable, y es así como trae justicia al mundo. Tal como lo hemos venido diciendo, Él es Cordero

 

de Dios que ha sido inmolado desde antes de la fundación del mundo, el que conquista.

El resumen de la historia es que el Cordero gana. el Cordero vence, y a través de la mansedumbre, también podremos nosotras. Enfoca tu atención en la cruz.

Matthew Henry dice,

Piensa a menudo cómo y de qué manera sufrió; piensa cómo fue llevado como un cordero al matadero, y ármate del mismo pensamiento.

De eso leemos en 1era de Pedro en el capítulo 2 los versículos 21-23

“Porque para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca; y quien cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a aquel que juzga con justicia”.

Ese es el espíritu de mansedumbre.

Así que, mira a Cristo. Celebra en Él. Aprende de Él. Vive en Su presencia. Permanece en la cruz, y permite que la imagen de Él en la cruz conforme Su imagen de mansedumbre en ti.

Quiero cerrar esta sesión compartiendo la historia que una mujer escribió y compartió con nosotros no hace mucho, ilustra justamente algunos de los aspectos de lo que hemos hablado en general sobre la mansedumbre, ella dice,

Al graduarme del Instituto Bíblico me casé con un hombre con quien yo creía que tenía una buena relación con nuestro Señor, alguien que se dirigía en la misma dirección que yo. No tardé mucho en darme cuenta que no era así. Me encontré orando sola y leyendo mi Biblia sola. Mi esposo discutía conmigo por mis creencias bíblicas. Qué impresión fue darme cuenta que nos dirigíamos por dos sendas totalmente diferentes.

Había una gran agitación en nuestro hogar. Mi esposo tiene muy mal carácter, por alguna razón yo me convertí en el objeto de su ira la mayoría de las veces. Poco a poco me fui amargando contra él, por la forma en que me hería y por la sensación de haber sido engañada. Yo pensaba que él era otra persona, y al darme cuenta de que me equivoqué, acumulé resentimiento contra él.

Mi esposo aceptó una oferta de parte de su padre, una oferta de trabajo para mudarnos a otro estado y empezar de nuevo. Él estaba placenteramente emocionado. Yo no. Ambas familias estaban aquí, yo era muy allegada a mis padres, y ellos eran muy cercanos a nuestro hijo. Así que esa decisión fue muy difícil de tomar, pero al final, tratando de ser una “buena esposa,” accedí. Nos mudamos muy lejos, estábamos sin amigos, sin familia—excepto su padre, quien no era creyente— yo estaba delicada de salud y embarazada con nuestro segundo hijo; sin el respaldo de alguna de iglesia o grupo cristiano.

Conforme avanzó el tiempo, las cosas empeoraron. La separación que había entre mi esposo y el Señor solo se incrementó, luego descubrí la horrenda verdad. Por dos años él había estado viendo pornografía a mis espaldas. Me sentí abrumada por las tinieblas y el horror que me rodeaban. Esta niña que había sido tan protegida por sus padres, educada en casa, estudié en una universidad cristiana; y ahora me parecía estar en medio del infierno.

Pasé mucho tiempo en amargura y sintiendo lástima por mí misma. Vivía con un esposo que se suponía ser salvo, pero que vivía como si no lo fuese, y me trataba con gran crueldad. Con frecuencia llegué a pensar: Ya me colmó. Tomaré a mis hijos y lo abandonaré. Ciertamente Dios no quiere que yo sufra tanto así. Pero en medio de ello, mi madre, mujer piadosa y de oración [Gracias al Señor por las madres piadosas dadas a la oración] me mantuvo en mi posición diciéndome, “No veas la situación con los ojos de la carne, pero cree que todas las cosas son posibles para Dios.”

Claro eso es más fácil decirlo que hacerlo, pensaba entonces. Tú vives con mi padre, un hombre piadoso, uno de los más maravilloso del mundo, y en cambio yo con la peor pesadilla que una mujer pudiera tener.

Las cosas se encaminaban a un estallido nuclear cuando una amiga de antaño me sugirió empezar a escuchar Aviva Nuestros Corazones, y me dijo que encontraría gran aliento al hacerlo. Tan desesperada estaba por recibir ayuda, que lo hice. Ustedes estaban iniciando la serie de enseñanzas sobre la mujer de Proverbios 31. Las primeras tres veces que sintonicé el programa, pensé, “Esto es una locura. Otras podrán hacer esto porque viven con hombres buenos, que las tratan bien y que son hombres piadosos, cabezas espirituales de sus hogares, pero ¡Nancy no puede esperar que yo siga sus consejos cuando estoy viviendo con clase de esposo que tengo!”

A pesar de todo lo que mi corazón ha atravesado, sigue siendo sensible al Espíritu Santo, no pasó mucho tiempo para que una gran convicción descendiera sobre mí. Repentinamente, empecé a ver todas las maneras en que yo había contribuido al desastre en casa. En vez de confiar y esperar en el Señor para que cambiara a mi esposo, permití que la amargura y la autolástima entraran a mi corazón y me cambiaran, me hicieran enojar en contra de él, sin deseo alguno de amarlo o de servirle como el Señor nos ha mandado hacerlo. Yo solía decir, ¿Por qué debería yo hacerlo? Todo lo que has hecho es lastimarme y causarme dolor, ¿Por qué debería yo de hacer un esfuerzo extra por ti? Lo trataba más como a un enemigo que como a mi esposo.

Vi cómo se enfrió mi corazón. [Honestamente—ése es el punto de partida.] Qué impresión me causó darme cuenta que yo no era la perfecta esposa cristiana que pensé ser.

[Cuando observas a la otra persona—y ahora soy yo, Nancy, quiero agregar algo aquí— cuando estamos viendo a la otra persona y observamos sus faltas, fracasos y defectos, somos ciegos a los asuntos de nuestro propio corazón y a nuestras necesidades.]

Ella sigue diciendo:

Empecé a ver que en mi “celo santo” le faltaba el respeto y por lo tanto traía vergüenza al Señor. Desde el fondo de mi corazón herido y amargado lloré largo y tendido. Me arrepentí de la multitud de maneras en que yo pude haber mostrado el amor y el perdón de Cristo a un esposo extraviado, y no lo hice. Al empezar a escuchar la descripción de lo que es una esposa y madre piadosa, me di cuenta de cuán lejos estaba yo de serlo. Las semanas recientes han sido de las más duras que he vivido. El cambio nunca viene fácil o sin un precio a pagar, pues nada que valga la pena se obtiene fácilmente. También me di cuenta que la mejor determinación por amar a un esposo nada amoroso, era insuficiente; pero por el poder de nuestro precioso Señor viviendo en mí, yo sí puedo amarlo.

[Permíteme añadir que tampoco la más fuerte de tus determinaciones logrará hacer de ti una mujer mansa y de espíritu quieto. Es solo a través de la fe en Cristo, en lo que Él ha hecho a nuestro favor y en permitirle ser Cristo en nosotras que hace lo sobrenatural posible.]

Empecé a ver que si yo cambiaba, realmente cambiaba, él notaría que Dios verdaderamente estaba trabajando en mí. He tenido muchas pequeñas victorias a través de estas semanas. Cada una de ellas me alienta a seguir adelante. Cuando él me maltrata, ahora respondo con un espíritu amable en vez de la manera irritada de antes, que denotaba una actitud de Ya-no-te-soporto.

Esta mujer está cambiando el paso del vals que baila con su esposo, y eso requiere que él cambie. No es porque ella lo obligue a cambiar, sino porque el movimiento es diferente a lo usual. Cuando una persona cambia el paradigma, cambia el movimiento; entonces es maravilloso cuán frecuentemente Dios mueve el corazón de la otra persona hacia un cambio.

Y ella sigue diciendo:

Dios me ha estado ayudando a servirlo en formas que yo no había ni imaginado hacerlo antes. Alabo a Dios porque tengo fuerzas y visión renovadas. Por la gracia de Dios aún en medio de un matrimonio difícil, puedo ser la mujer de Proverbios 31. Puedo criar a mis hijos para que conozcan y amen al Señor aun cuando mi esposo no respalda esas creencias. Tengo tanta esperanza en mi corazón. Hacía años que no me sentía así.

Estoy tan agradecida por la gracia de Dios en la vida de esta mujer. Estoy tan agradecida por la esperanza que Él le ha concedido dentro de lo que parece una circunstancia de desesperanza. Nosotras caemos en esas circunstancias, donde pensamos que la única esperanza posible es que la otra persona cambie. Pero. . . ¿Notaste cuándo se llenó esta mujer de esperanza? ¡Fue cuando ella le permitió a Dios cambiarla!

Ahora, no estoy diciendo que si tus circunstancias son malas es porque has respondido mal. Pudiste haber respondido de manera correcta y aun así tener circunstancias difíciles. De eso se trata el Calvario —el justo sufriendo por el injusto para que Él nos pueda traer a DIOS. Pero asegúrate, como nos recomienda Pedro, que no sea porque tienes una boca sin freno, por tu arrogancia, o por tu falta de mansedumbre. Asegúrate de que no sufras por tu mal proceder.

Toma el espíritu de Cristo. Mantente enfocada en la Cruz. Pon tus ojos en Cristo, y permítele, por Su gracia transformarte en una mujer mansa y gentil con un espíritu en quietud. Las Sagradas Escrituras dicen en 1era de Pedro capítulo 3 que hay esposos que no están obedeciendo La Palabra de Dios que serán ganados a la manera de pensar de Dios mientras atestiguan esa conducta mansa, casta y pura —ellos ven a Cristo en ustedes— y la convicción llegará a ellos, y sus vidas serán transformadas también.

La Palabra de Dios dice, “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra”. (Mt. 5:5) Tal como Dios me ha estado animando a mí, quiero animarte para que en estos días por venir, busques desarrollar mansedumbre.

Padre, oro para que como mujeres reflejemos la humildad, la mansedumbre, la gentileza y el Espíritu de quietud del Señor Jesús, que no seamos de espíritu turbulento, que no seamos agitadas, arrogantes, resentidas por las circunstancias o por la gente, sino mujeres rendidas a Ti, diciendo “Sí, Señor,” recibiendo las circunstancias o a las personas que Tú mandes a nuestras vidas como de parte tuya para nuestro bien.

Oh Padre, cámbianos de adentro hacia afuera. Haznos como a Jesús, que nuestras vidas provoquen sed y hambre de conocerte y de seguirte en quienes nos rodean.

Oro en el Nombre de Jesús, Amén.

Annamarie : Solamente a través de ese nombre es que podemos desarrollar la clase de mansedumbre que Nancy Leigh DeMoss nos ha descrito.

Muchas mujeres están siendo retadas por medio de la serie de enseñanzas llamada, La hermosura de la mansedumbre, porque este tema es rara vez compartido. Espero que las palabras de este programa sean el principio de toda una exploración sobre la mansedumbre.

Y hablando de mansedumbre, esta es una actitud que se resalta en una Mujer Verdadera. ¿Ya conoces todo acerca de nuestra próxima conferencia en Santo Domingo, República Dominicana? Visítanos en

www.AvivaNuestrosCorazones.com y aprende cómo puedes ser parte de este evento.

Nuestro estudio sobre la mansedumbre ha sido muy práctico. Escucha el testimonio de las mujeres que están en situaciones que requieren de una mansedumbre como la de Cristo. Esto es mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda las Escrituras fueron tomada de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

7/9 – ¿Pueden las mujeres darse el lujo de ser mansas?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

7/9 – ¿Pueden las mujeres darse el lujo de ser mansas?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/pueden-las-mujeres-darse-el-lujo-de-ser-mansas/

Annamarie Sauter: La única manera en que puedes mostrar mansedumbre es si Cristo vive a través de ti. Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: No estamos hablando de moralismo hoy, ni de autocorrección o de hacernos mejores personas de lo que en realidad somos. Estamos hablando de Cristo, quien vive en nosotras y ha pagado el precio por nuestros pecados y mora en nosotras. Por el poder del Espíritu Santo, Él derrama Su gracia en nuestras vidas para crear algo sobrenatural que nosotras nunca hubiésemos logrado estando alejadas de Él.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy nos ha estado guiando a través de una serie que ha traído convicción a nuestras vidas llamada, La hermosura de la mansedumbre. En los días recientes, hemos obtenido un panorama bíblico, general, sobre la mansedumbre, ahora veremos lo mismo aplicado a las mujeres de hoy día. ¿Pueden hoy en día las mujeres darse el lujo de ser mansas? Aquí está Nancy.

Nancy: Siempre han existido mujeres insensatas, desde el jardín del Edén, según leemos en Génesis 3. Sin embargo, nuestra cultura se ha propuesto promover y respaldar características en las mujeres totalmente alejadas a la mansedumbre y a la quietud de espíritu, características de las que hemos estado hablando durante estos

Hace unos años apareció un artículo en el periódico de EEUU, USA Today, que decía,

La tendencia de moda para el personaje de las heroínas en las películas ya no es la dama en peligro o aflicción; sino la dama que ocasiona peligro o aflicción. Las actrices más cotizadas como Angelina Jolie, Keira Knightley, Jennifer Garner, Jessica Alba, y Jessica Biel han cultivado una reputación como símbolos sexuales un poco rudas y marimachos; pero, por su delicado físico y hermosa cabellera son consideradas símbolos sexuales que desarmarían a cualquier fortachón fácilmente con una mirada seductora o con una patada en el cuello.

Así que tenemos en esta 3ª ola del feminismo, como se le conoce, esta cultura obscena entre mujeres, donde se entrena a las mujeres a ser atrevidas, agresivas, y sueltas de lengua. La mansedumbre y la quietud de espíritu son denigradas y menospreciadas. De hecho, me topé con un blog en internet, donde el escritor, no cristiano, se oponía a los padres que entrenan a sus hijos con diferencias de género—aquellos que quieren que las niñas sean niñas y los niños sean niños. El título del blog era, “Socializando a nuestras niñas para ser mujeres mansas y aburridas o poco interesantes”.

De modo que se piensa que si uno es manso, uno es aburrido, poco interesante sin gracia, debilucho o falta algo, o quizás no eres lo suficientemente interesante como mujer de hoy.

Uno puede aprender mucho del consenso de la cultura al navegar por la esfera de los blogs. He aquí otro blog, esta mujer cristiana dijo—“fui criada en una era cuando se podía ver en las noticias de la televisión a las mujeres arrojando sus sujetadores a fogatas para luego marchar en demostraciones públicas, en busca de igualdad de derechos. Estas son mujeres que encontraron su voz para expresarse y no temieron hacerlo con gran frecuencia. La discreción salió por la borda, hacer un espectáculo público de sí mismas estaba a la orden del día”.

Los programas de televisión reiteraban este mensaje de ser escandalosas, repulsivas, prepotentes en los papeles femeninos estelares. El mensaje era aún más impuesto en nosotras a diario por parte de nuestras maestras de escuela básica, media y superior.

En el momento que muchas de nosotras llegamos a ser adultas jóvenes, teníamos este mensaje de la feminidad y de lo que se trataba el ser una mujer tan firmemente grabado que muchas de nosotras sentíamos la presión de “convertirnos” en una especie de superheroína capaz de hacerlo todo, tenerlo todo, decirlo todo y de no tolerar algo en contra de nuestro derecho a hacerlo.

¿Alguna de ustedes sabe lo que es haber sido criada en esta época?

Ella continúa diciendo,

 

“Para aquellas de nosotras que no crecimos dentro de una iglesia con ejemplos fuertes de mujeres piadosas y gentiles. . . Y carecimos del efecto que estas mujeres ejercen sobre otras muchas que se han convertido a Cristo; para nosotras ha sido un largo camino cuesta arriba para despojarnos de estos atributos mundanos de feminidad, y encontrar el balance entre defender lo que es correcto y hacerlo con gracia de manera que traigamos honra a Dios.”1

Ella nos introduce el reto que implica haber sido influenciadas por este tipo de cultura muy feminista, escandalosa, atrevida y prepotente y desde ahí, aprender a ser una mujer de Dios, especialmente si has crecido sin haber tenido un entrenamiento, instrucción o un modelo a seguir.

Aquí leemos de otra mujer que se encuentra dentro de un matrimonio difícil, ella nos escribió diciendo, “constantemente permito que mis emociones me derriben en picada ante las molestias cotidianas”. Dudo que haya alguien aquí que no pueda identificarse con tal situación de alguna forma. Le permitimos a nuestras emociones dominarnos y agitarnos en un torbellino en medio de situaciones que nos molestan e irritan. ¿Alguna otra le sucede lo mismo? ¿O soy yo acaso la única que se irrita? ¿Verdad que no?

Entonces, ¿qué puede hacer una mujer? ¿Cómo lidiamos con estas preguntas? Las respuestas a estas preguntas no son tan sencillas como las opciones A, B, C, D. No hay una fórmula única. La piedad es todo un proceso. La santificación es también un proceso. Es Cristo en nosotras formando la justicia de Dios en nosotras. En esta sesión y en la próxima deseo hablar de algunos aspectos prácticos que cultivan un espíritu de mansedumbre y gentileza. Pero, para empezar, necesito decirles que no hay una fórmula. Si la hay, yo no la he encontrado.

Me gustaría que hubiese tres o cuatro pasos bien fáciles o un libro de Matthew Henry que yo pudiera leer como, La búsqueda de la mansedumbre y la quietud del espíritu. Hemos estado hablando del mismo a lo largo de esta serie. Pero bueno, yo he leído el libro, y aún no soy mansa. ¡¡Tal vez si lo colocara debajo de mi almohada. . .!!

Alguien me dijo hace rato, “debo obtener ese libro,” y en verdad deseo que lo haga. Pero quiero decirte que, no hay atajos rumbo a la piedad. Será una batalla diaria. Humillandonos a nosotras mismas. Reconociendo nuestra necesidad. Permitiendo que Dios forme a Cristo en nosotras.

Así que esta sesión y la próxima son sesiones que dentro de diez años espero poder compartir de manera más efectiva de cómo lo hago hoy. Quiero compartir contigo unos pensamientos, un tanto al azar, para cultivar un espíritu de mansedumbre y humildad.

La Escritura nos dice: “Busca la mansedumbre.” Lo encontramos en Sofonías capítulo 2, en el versículo 3 en la versión Reina Valera. “dice buscad mansedumbre”.

Persiguela. Proponte desarrollar un corazón manso. La pregunta es

¿Cómo? ¿Cómo la buscamos? ¿Cómo nos revestimos de mansedumbre y de dulzura, tal como dice Colosenses capítulo 3? ¿Cómo nos vestimos de mansedumbre? ¿Qué hacemos?

Creo que un buen punto de partida es ser honestas con nuestras debilidades. Detengámonos y evaluemos nuestro coeficiente de mansedumbre. Resulta fácil compararnos con algunas de las mujeres del mundo, como las que hemos mencionado, que son atrevidas, exageradas, escandalosas, y decimos, “Bueno, yo no soy así.” Pero en realidad nos debemos comparar con la Palabra de Dios y preguntarnos, “¿Cómo estoy en cuanto a la mansedumbre?”

Permíteme hacerte algunas preguntas. No trates de anotarlas todas. Las tendremos, para ti, en la transcripción que puedes obtener si visitas nuestra página. Pensando en dónde creemos estar en relación a la mansedumbre, contéstate. . .

¿Eres fácilmente provocada?

¿Te irritas o te molestas con facilidad cuando las circunstancias no te complacen?

¿Tienes la tendencia a perder los estribos?

¿Tienes un mal genio?

¿Te enojas fácilmente?

¿Arremetes en contra de tus hijos cuando ellos cometen errores?

¿Eres a menudo impaciente con los demás que no ejecutan a tu nivel de expectativas o no se presentan a tiempo o no son tan conscientes como tú?

¿Tus amistades te provocan a la impaciencia, o quizás lo hagan los amigos adolescentes de tus hijos, quienes se comportan como si tuvieran dos años? Les dices ¡Maduren! Y lo haces de manera impaciente.

¿Tienes un espíritu de crítica? Esto no significa que nunca les señalas a tus hijos las cosas que deben ser corregidas. La pregunta es, ¿Tienes un espíritu que busca cosas negativas? ¿Ves las cosas con ojos negativos y un espíritu crítico?

¿Te encuentras frecuentemente resentida con la gente o las circunstancias que atraviesas? Por no hacer o ser como tú quisieras que fuesen.

¿Eres una mujer controladora? La mansedumbre es un espíritu de humildad que declara, Dios está en control. No yo. ¿Te encuentras controlado, tratando de tener las riendas de tu propia vida y la de los demás a tu alrededor? ¿Estás controlando tu hogar, tu matrimonio, tu área de trabajo, hasta controlando al grupo de mujeres de tu iglesia? ¿Sientes que debes estar en control? ¿Sientes que debes tener la última palabra? ¿Se tienen que hacer las cosas a tu manera?

¿Eres bocona y ruidosa? No estoy hablando de un asunto de personalidad. Agradezco al Señor el hecho de que hizo diferentes tipos de personalidades. Algunas de ustedes son muy extrovertidas, pueden fácilmente platicar con extraños, son el alma de la fiesta. Nada malo hay en ello. Pero si tienes un espíritu que al entrar en una habitación te hace dueña de ella con tu lengua, tus palabras, tu boca. Sabes a lo que me refiero cuando digo “bocona”. Mujeres que hablan demasiado, que hablan muy fuerte, de manera muy escandalosa. Llamando la atención sobre ellas mismas, sin ser sensibles a otros a su alrededor. Sin ser capaces de escuchar, solo siendo una parlanchinas.

“Rápida para hablar”. ¿Eres tú “rápida para hablar”? Cualquier cosa que cruza por tu mente simplemente tiene que salir por tu boca. Con frecuencia terminamos teniendo que confesar pecado simplemente porque hablamos demasiado apresurado. Proverbios 10:19 dice, “En las muchas palabras no falta pecado. . .” Pecaremos si hablamos demasiado.

¿Tiendes a ser muy franca? Cualquier cosa que pienses, tus opiniones, son conocidas por todo mundo. Obstinada, dogmática. Por cierto, uno de los sitios donde veo esto muy a menudo es en los medios electrónicos, a través de correos electrónicos, en el internet, en las páginas web, o en los blogs. La gente simplemente dice lo que piensa sin frenar o limitar sus palabras. Estoy hablando de gente cristiana.

Hoy en día escucho y ustedes lo pueden ver en el internet, un debate en curso sobre el derecho de los cristianos a usar desde vulgaridad limitada hasta descarada; y algo de ella hasta en los púlpitos. Este asunto de no ser puro y cuidadoso con nuestras palabras, sino que decimos lo que sea que nos pase por la mente. Si se me ocurre, tengo el derecho de decirlo. Eso no es un espíritu de mansedumbre. ¿Cómo te encuentras tú ante esta tendencia?

¿Eres terca?

¿Te aferras a una postura?

¿Debes ser siempre la que dice la última palabra?

¿Siempre debes tener la razón?

¿Eres pronta para corregir a otros, para señalar sus errores, sus fracasos y sus fallas?

¿Tienes un espíritu perfeccionista? Eso no es un espíritu manso.

¿Demandas mucho de los demás? ¿Eres rigurosa? Con eso quiero decir que tienes un pequeñito mundo donde todo debe quedar acomodado a tu deseo o te saca de tus casillas.

Déjame decir, que sé que estoy hablando con mujeres solteras mayores de edad. Creo que este es un detalle del que nosotras las mujeres solteras mayores debemos estar muy conscientes. Para las que no tenemos espejos en nuestras vidas, cuando no vives con alguien que rete tus límites, es muy fácil desarrollar ese criterio tan estrecho, negativo y riguroso; donde no toleras el ruido de otros. No manejas adecuadamente los cambios. No eres flexible. No te adaptas. Como soltera, y ya merecedora del calificativo “mayor”, siento necesidad de rodearme de niños en mi vida, así como de familias y cosas que entran en mi mundo y chocan con mis deseos. Lo hago porque no quiero volverme una mujer muy rígida, gruñona, para quien toda cosa debe salir a su manera.

¿Eres dada a los argumentos?

¿Eres alguien que prueba a los demás?

¿Eres temperamental?

¿Tomas la defensiva cuando eres criticada?

Pudiéramos incrementar la lista de preguntas, pero éstas son las que me vienen a la mente ahora que hemos estado conversando sobre la mansedumbre. Si tomaste esta pequeña prueba de tu corazón, ¿dónde te encuentras? El primer paso para cultivar un espíritu de mansedumbre es ser honesta en cuanto a las áreas donde no eres mansa. Sin hacer excusas para ello, sin defenderte o racionalizar tu conducta. “Bueno, esa es mi personalidad”, o “Si tuvieras que vivir con este adolescente, con este esposo, con este jefe, entenderías”. Sin excusa alguna, simplemente siendo honesta ante Dios en cuanto a nuestra falta de mansedumbre.

Mientras estudiaba para esta serie, Dios usó un montón de simples circunstancias cotidianas, nada espectacular, pero suficientes para sacar de mí y exponer mi falta de mansedumbre, la falta de mansedumbre que hay en mi corazón. Evidenciada en ocasiones a través de mis palabras. En ocasiones a través de mi espíritu o en mi tono voz, en mis ojos al voltearlos.

Si tú no estás aún convencida de necesitarlo en tu vida, pregunta a la gente que vive contigo. Pídeles que respondan a estas características y que te califiquen. ¿Dirían ellos que tienes un corazón quieto y manso? ¿Qué sueles responder de manera humilde, calmada y paciente a la gente que te provoca en las circunstancias ordinarias? Recuerda que el punto de partida es ser honesta con respecto a las áreas donde no tienes un espíritu manso.

Entonces cultiva un espíritu agradecido—un espíritu agradecido. Digo eso desde varios puntos de vista. Antes que todo, toma conciencia de las misericordias de Dios, y date cuenta que todas las misericordias de Dios en tu vida, son inmerecidas. No mereces ninguna de Sus bondades o Su benevolencia. Muéstrate agradecida por la misericordia de Dios. Eso nos ayudará a ser mansas con otros al tratar con sus fallas y debilidades.

Como parte de tu agradecimiento, busca enfocarte en las buenas cualidades de los demás. Busca evidencias de gracia en sus vidas. La persona que te molesta, te fastidia, o te irrita es muy probable que ni sea cristiana, pero fue hecha a imagen de Dios. Busca indicios, pistas, de la imagen de Dios en esa persona. Busca evidencias de gracia divina en la vida de ese esposo, de esa hija adolescente, y concéntrate en esas cosas con un espíritu de gratitud.

Luego vístete con humildad. Esto es parte de la mansedumbre. La humildad es el estado cuando reconocemos nuestra pecaminosidad y nuestra necesidad de misericordia. Nos percatamos de que merecemos la ira de Dios y Su juicio, pero, Él nos ha mostrado Su misericordia. El apóstol Pablo nunca pudo entender el hecho de que Dios lo hubiera salvado cuando él era enemigo de Cristo y lo hubiera puesto en el ministerio. Pablo dice en 1era a Timoteo capítulo 1: «Es increíble para mí, es asombroso para mí que Dios en su misericordia hiciera esto por mí» (véanse los vers. 12-16).

Nunca dejes de asombrarte del estado en que estabas cuando Dios te encontró ni dejes de maravillarte de lo que ha hecho en ti y a través de ti. Éramos hacedores de maldad. Cuando estemos muy molestas con otros hacedores de maldad, muy fastidiadas con ellos, recordemos que también nosotras fuimos malvadas. A no ser por la misericordia de Dios, aún lo seríamos.

Tengo una amiga que está lidiando con una situación difícil con un hijo adulto un joven rebelde. Ella me contaba por teléfono el otro día, “Debo ver mi propio corazón, y debo permitirle a Dios que me muestre dónde estaría yo de no haber sido por Su gracia”. Es casi imposible ofenderse e irritarse tanto por los pecados de otros cuando vemos nuestra propia necesidad a través de ojos de humildad.

Entonces, si deseamos cultivar un espíritu humilde, es muy importante que consciente y consistentemente rindamos nuestros derechos. Si, rendimos nuestros derechos. ¿Qué nos enfurece? ¿No es acaso que sentimos que nuestros derechos han sido violados? Alguien pisoteó nuestros derechos. Alguien no nos ha tratado como pensamos que debimos haber sido tratadas. Pero entonces, si recapacitamos en cómo realmente merecemos ser tratadas, cualquier cosa que nos venga menor que el infierno es mucho mejor que lo que en verdad merecemos.

Si conscientemente cedes tus derechos antes de entrar en una situación. . .Cede tus derechos a la felicidad. Cede tus derechos para obtener un esposo que te ame y se preocupe por ti y supla para tus necesidades. Cualquier cosa que obtengas será una bendición. Lo considerarás un privilegio. Estarás agradecida por ello.

Si quieres cultivar un espíritu manso, Matthew Henry dice en su maravilloso libro, “Arrepiéntete con frecuencia.” Sé alguien que se arrepiente continuamente. Déjame leer una cita, Él dice,

Proponte arrepentirte con frecuencia de tu pasión pecaminosa y renovar tus pactos en contra de ella. Si al reflexionar sobre nuestros arranques de cólera sintiéramos un sabor amargo, no seriamos tan prestos a caer en ellos tan fácilmente.

En otras palabras, si nos damos cuenta de que cuando respondemos con enojo, irritación o ira, y estamos seriamente determinadas a arrepentirnos y si lo viéramos como el pecado que realmente es, entonces no estaríamos tan predispuestas a caer tan rápidamente a la siguiente provocación. Él dijo,

El arrepentimiento eficaz, es serio, profundo, está anclado en una humillación y contrición verdadera, nos deja mansos y dispone el alma a soportar heridas con una abundancia de paciencia. Todos los que viven una vida de arrepentimiento continuo—como cada uno de nosotros tiene razones suficientes para hacer—no puede evitar vivir su vida de manera callada y mansa. Pues nadie podrá decir o hacer algo que lo humille más allá de lo que él mismo dice de sí mismo.

Si estás siendo honesta en confesar tus propios pecados, entonces cualquier cosa que otro diga acerca de ti, que te critique o vitupere; sabrás que la verdad acerca de ti es mucho peor. Así que sé pronta en confesar tus pecados y tus faltas a Dios, y a otros y pronta a humillarte tú sola cuando no has respondido en mansedumbre.

Tan solo durante las semanas en que hemos estado estudiado esta serie tuve muchas ocasiones en que supe que mis respuestas, ya sea por correo electrónico, por teléfono o en alguna reunión no fueron mansas. Tuve que volver y decirle a los involucrados, “Eso no fue una respuesta mansa”. ¿Pudieras perdonarme? Humíllate como una pecadora arrepentida.

Luego pídele a Dios mansedumbre. Matthew Henry dice,

Ora a Dios, pídele que Su Espíritu obre en ti la gracia excelente de la mansedumbre y la quietud de espíritu. En cualquier momento que empecemos a comportarnos retadores y ruidosos, debemos elevar una oración a Él quien aquieta el estruendo del mar, pidiéndole esa gracia que acalla el corazón.

Dile “Señor, Tú puedes calmar las aguas tormentosas, ¿pudieras ahora mismo calmar mi corazón? Aquieta mi corazón. Calma la tempestad. Concédeme un espíritu manso y tranquilo”.

Luego toma la decisión de responder en mansedumbre. Matthew Henry dice,

Debemos comprometernos con una resolución firme, por medio de la fuerza de la gracia de Cristo, a ser más gentiles y amables.

Dice que con gran frecuencia deberíamos examinar nuestro crecimiento y nuestra capacidad en esta gracia. Deberíamos preguntarnos cada noche, si mantuvimos la paz durante todo el día.

Date tiempo para reflexionar. No estoy hablando de vivir bajo la ley, o de algún precepto legalista. Estoy hablando de cuando el Espíritu Santo nos trae convicción de que no estamos caminando en gracia, humildad o mansedumbre, de que no estábamos revestidas de mansedumbre, sino de orgullo o de ira o dimos rienda suelta a un espíritu irritable. Tómate el tiempo para reflexionar en ello y luego confiésalo.

La mayoría de nosotras vive vidas sin auto-examinarnos. Solo andamos por el día. Reaccionamos airadamente. Dejamos en claro nuestra opinión desaprobadora. Perdemos nuestra paz cuando ciegamente creemos defenderla. Y seguimos como si nada grave hubiese sucedido. Y todo ello se va acumulando sobre nuestro corazón. Haz una pausa y toma inventario de tus fallas y observa el corazón de nuestro Dios, tan misericordioso, perdonador y lleno de gracia y di, “Oh Dios, gracias por Jesús que murió en la cruz para pagar por este pecado”.

Llámalo pecado. No lo llames un rasgo de tu carácter. Y por lo que más quieras no culpes a la persona que te sacó de tus casillas. No cargues a otro con tu responsabilidad. Tómala tú y di, “Oh Dios, ten misericordia de mí”. Y luego por la gracia de Dios, levántate al día siguiente. Créele a Dios, Su gracia es suficiente, te viste de mansedumbre y de un espíritu de quietud.

Recuerda que es un proceso. No pienses o digas que, “De ahora en adelante seré mansa y humilde hasta el resto de mis días. Nunca más estaré involucrada en alguna discusión. Nunca más hablaré duramente a mis pequeños”. Lo más probable es que lo vuelvas a hacer antes de que termine el día, si en tu corazón crees y dices, “Yo puedo lograrlo”.

No estamos hablando de moralismo ni de una auto-corrección o de hacernos ver mejores de lo que somos. Estamos hablando de Cristo, quien mora dentro de nosotras, quien ha pagado el precio por nuestros pecados y vive en nosotras por el poder del Espíritu Santo. Él derrama de Su gracia en nuestras vidas para transformarnos en algo sobrenatural, en algo que nosotras jamás pudiésemos ser alejadas de Él.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss se encuentra compartiendo una serie llamada La hermosura de la mansedumbre. Ella nos ha estado hablando del único verdadero poder que nos permite aprender mansedumbre. Cristo en cada una de nosotras.

Durante esta serie, Nancy ha estado citando con frecuencia de una fuente que Dios puede usar para enseñarte mansedumbre. Aquí está Nancy para contarte más al respecto.

Nancy: Bueno, a lo largo de esta serie, he estado citando bastante un libro de Matthew Henry. Se llama “La búsqueda de la mansedumbre y la quietud de espíritu” y por el momento sólo está disponible en inglés.

Matthew Henry fue un autor puritano, su estilo es un tanto diferente a lo que estamos acostumbradas a leer hoy en día. Te diré que no es un libro para los débiles de corazón. Es algo pesado, no es de lectura ligera. Pero no es un libro grande, y sí confieso que es un libro que me ha ayudado mucho. Lo consulto a menudo. Creo que ya habrás notado, por las citas que he mencionado en esta serie, que es un recurso rico para quienes quieren mejorar su entendimiento del concepto que Dios tiene de un corazón manso.

Annamarie: Gracias Nancy. Te invitamos a AvivaNuestrosCorazones.com, si necesitas contactarnos o revisar algunos de nuestros materiales de estudio y recursos.

¿Alguna vez deseaste que tu lengua tuviese un botón de pausa? Nancy Leigh DeMoss te ayudará a explorar esa pregunta mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

http://carlarolfe.blogspot.com/2008/03/culture-v-christ-godly-women.html

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

6/9 – Una confrontación mansa

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

6/9 – Una confrontación mansa

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/una-confrontacion-mansa/

Annamarie Sauter: Aquí está Nancy Leigh DeMoss .

Nancy Leigh DeMoss : El Salmo 85 dice que en Cristo la misericordia y la verdad se encontraron. La justicia y la paz se besaron. Cristo es el que encarna a la perfección la gracia y la verdad.

Annamarie Sauter : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Es posible ser mansos y aun confrontar a alguien acerca del pecado en su vida? Nancy explora esto en la serie, La hermosura de la mansedumbre.

Nancy Leigh DeMoss : He oído acerca de un grupo de apoyo para las personas sumisas que se llama DOORMATS (que en español se puede traducir como limpiapies). Estas son las siglas en para «Organización dependiente de almas verdaderamente mansas y humildes”, sin objeciones. Su lema es: «Los mansos heredarán la tierra, si todos están de acuerdo con ello».

Estas personas no enfatizan ni siquiera que los mansos heredarán la tierra, es si todos están de acuerdo con ello.

Y su símbolo es la luz amarilla del semáforo, está bien si te detienes, está bien si sigues conduciendo no es rojo ni verde es amarillo.

 

Bueno, no tengo que decirte que esta es una perversión no saludable, antibíblica de la mansedumbre. Y, sin embargo, creo que cuando la gente habla acerca de la humildad esta es uno de las ideas más comunes. Ellos piensan que debilidad es ser tímido, ser cobarde. Ellos piensan que la mansedumbre es igual a debilidad.

Ahora

• La mansedumbre no significa que tú no hablarás la verdad.

• La mansedumbre no significa que tú no confrontas el error.

• La mansedumbre no significa que tú estarás parada pasivamente y dejarás que el mal triunfe.

En ese punto es donde necesitamos todo el consejo de Dios.

No hay manera de obtener todo el consejo de Dios en un programa de veinticinco minutos. Así que estamos tratando de equilibrar esta enseñanza en el día a día. Hay situaciones en la Biblia y vamos a ver algunas de ellas en el día de hoy, donde se necesita coraje y audacia, donde se necesita la confrontación. Pero cuando lo hacemos, tenemos que hacerlo siempre con un espíritu de humildad, con un espíritu de amabilidad, un espíritu de mansedumbre.

Y quiero hablar de varias de esas situaciones hoy, donde se necesita audacia y hablar de cómo lo hacemos con un espíritu de mansedumbre. La primera es cuando se trata de amonestar a un hermano o a una hermana en Cristo que ha pecado.

La Escritura dice: “Fieles son las heridas del que ama” (Pr. 27:6 ) Tú no eres un amigo, si tú no hablas la verdad. Si alguien está jugando con fuego, si están tomando decisiones en sus vidas que son decisiones insensatas, que son decisiones pecaminosas, no estás siendo un amigo, no estás siendo fiel al Señor, si no intervienes en la situación.

En realidad puedes llegar a ser un facilitador del pecado en la vida de otras personas—si no las amonestas. Pero a medida que amonestamos, reprendemos, reprobamos a los que están pecando, tenemos que hacerlo con un espíritu de mansedumbre y humildad.

El texto que resume todo esto en un solo versículo, es por supuesto, Gálatas capítulo 6, versículo 1.

Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.

Un espíritu de mansedumbre, un espíritu de humildad.

 

En esta serie he estado citando extensamente un libro de uno de los puritanos, el comentarista Matthew Henry, que fue escrito hace más de 300 años, titulado, La búsqueda de la mansedumbre y la quietud de espíritu.

En este libro de Matthew Henry dice:

Las tres cualidades que se requieren en un buen cirujano también se requieren en el que reprende: ella o él debe tener ojo de águila, corazón de león, y la mano de una dama, en otras palabras, debe ser dotado de sabiduría, coraje, y de mansedumbre. A veces, sin embargo, es necesario reprender con seriedad.

Piensa por un momento en tus hijos. Hay momentos en que necesitas mirarlos a los ojos con seriedad y reprenderlos.

Sin embargo, nunca debemos reprender con ira, “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. (Santiago 1:20 )

Ahora, debemos balancearnos aquí como sobre un hilo muy fino. Es un equilibrio difícil. Es la verdad con amor. Matthew Henry dice:

Debemos tratar a los que están enfrentando alguna falta con la misma ternura y compasión que nos gustaría que nos trataran si se tratara de nuestro propio caso.

¿Cómo queremos que la gente nos confronte? Queremos que sea con amabilidad, con amor, con cuidado. No queremos que nos maltraten o que nos golpeen en la cabeza. Nosotros queremos que sean gentiles, amables, pacientes y compasivos cuando nos confronten.

Bueno, entonces tenemos que reprender a los demás con el mismo espíritu que nos gustaría ser reprendidos.

He escuchado decir a través de los años que si haces una pregunta, traes convicción a la conciencia, pero si acusas a alguien, la voluntad se endurece. De manera que no debes hacerlo con un espíritu acusador. Porque eso solo los va a endurecer, va a endurecer la voluntad.

Así que haces una pregunta. “Puedo haber estado a un millón de millas de distancia,” solía decir un amigo—que ahora está con el Señor. Pero él decía: “Puedo haber estado a un millón de millas de distancia, pero ¿es posible que. . .?” Y luego hacía una pregunta sobre algo que había observado en mi vida.

¿Y sabes?, casi siempre tenía la razón. Pero cuando lo decía, lo hacía con un espíritu de mansedumbre y humildad, que lo hacía más fácil de recibir.

Ahora, eso es particularmente importante cuando estamos llamadas a decir la verdad sobre un tema o un pecado en la vida de una autoridad, de tu esposo, de tu padre, de un jefe, tal vez de un pastor o un anciano, o quizás de una persona mayor. Se nos dice que debemos hablar con ellos con todo respeto y humildad.

Pienso en 1era a Timoteo capítulo 5 en el versículo 1 que dice: “No reprendas al anciano, sino exhortale como a padre”. Eso no quiere decir que nunca le señales un pecado. Sino que hables con la forma y el espíritu con el que lo debes hacer.

En esta última semana me he sentido dirigida por el Señor a escribirle una carta a alguien que respeto mucho, una persona mayor, un hombre, un anciano, que yo tenía en mi corazón. Quería hacerle una pregunta sobre un curso de acción que había sido tomado. Oré al respecto. Esperé.

No lo hice rápido y abruptamente porque muchas veces creemos que sabemos exactamente lo que es correcto y no nos detenemos a pensar, ¿Es esto realmente algo que Dios quiere que yo diga en esta situación? Pero el Señor no me dejaba actuar al respecto.

Pasé mucho tiempo redactando la carta, en la edición, en la reedición, re-re-edición, queriendo asegurarme de que el tono, el espíritu fuera humilde, gentil, ameno, que no estuviera atacando a la persona. Y me dediqué a mirar cada palabra con cuidado. ¿Podría parecer como un ataque? ¿Podría poner a esta persona a la defensiva?

Yo no le tenía miedo a la persona. No estaba siendo cobarde. Estaba tratando de ser compasiva, tierna, mansa y humilde en mi enfoque. Fue muy bueno ver a esa persona venir y decirme: “Gracias por compartir esto, pero aun mas gracias por el espíritu con que lo compartiste”.

Y esa persona me dijo: “Voy a llevar esto al Señor y le preguntaré si hay algo que tengo que confesar, si hay algo con lo que tengo que lidiar”.

Así que la respuesta fue una respuesta humilde. Muchas veces no obtenemos una respuesta humilde porque hacemos las cosas en un modo de ataque en lugar de con un espíritu de humildad y mansedumbre. Así que cuando sea necesario amonestar a un hermano o a una hermana en Cristo debemos hacerlo, pero con un espíritu de mansedumbre.

Ahora déjame decirte algo; déjame hacer un paréntesis aquí. Quiero enfatizar algo aquí acerca de cuando se recibe la reprensión, no de cuando se hace. Es también muy importante recibirla con un espíritu de mansedumbre.

Si somos mansas, recibiremos bien la corrección, la crítica, la reprensión o la amonestación. La recibiremos con la tranquilidad con la que mi amigo lo hizo en respuesta a esta carta. La vamos a recibir con humildad y con gratitud.

Cuando recibimos cartas críticas en el correo—lo cual sucede en ocasiones—le digo a nuestro personal… Algunas vienen con un espíritu dulce pero otras no… y yo le digo al equipo de trabajo: “Siempre, siempre, siempre denle las gracias por escribir”.

El reproche, la confrontación, la corrección puede no venir de la forma más sabia. Puede ser exagerada. Es posible que incluso seamos totalmente inocentes de aquello por lo cual estamos siendo criticadas o reprobadas.

Estoy pensando en un incidente que tuvo lugar hace muchos años, cuando una persona que era un líder para mi llegó un día y me dijo algunas cosas muy fuertes; señaló algunos problemas en mi vida, y tenía toda una lista. Quiero decir— era toda una letanía. Esta era una persona que yo respetaba, alguien a quien yo admiraba; era una autoridad en nuestro ministerio. Sin embargo, esta persona dijo cosas muy fuertes y con un espíritu áspero.

Y yo no reaccioné con un espíritu de mansedumbre. Estaba herida. Estaba devastada. Yo solo me lo repetía una y otra y otra vez.

Mi reacción interna – no sé si esa persona lo notó, pero mi reacción fue de enojo. Era una actitud defensiva. Llena de orgullo. Me sentí rechazada. Estuve molesta con esta persona durante mucho, mucho tiempo. Por muchos, muchos meses, más o menos durante un año y medio, reflexionaba sobre esto en mi mente y aún le resentía esto a esta persona.

Cuando Dios comenzó a trabajar en mi corazón, en esa área, me di cuenta de que había algo más que una pizca de verdad en lo que se me había dicho. Ahora, hay circunstancias que mirando hacia atrás puedo ver por qué esta persona actuó en esta situación con dureza. Yo he perdonado hace mucho tiempo esta situación y a esta persona.

Pero de igual forma yo le dije: “Nada de eso es verdad”. Yo había mantenido esa posición durante meses. Pero una vez que mi corazón fue humilde, me di cuenta de que había algo de verdad en todo esto.

¿Qué había pasado? Yo reaccioné a su exageración, y por ello había perdido la verdad que Dios quería que yo viera, que era necesario que viera, solo por haber reaccionado a la manera como él lo expresó.

De manera que debemos responder con humildad. Pudiera ser exagerado. Puede incluso no ser verdad. Pero Dios puede usar algo que han dicho, una crítica, fea y falsa para ayudarte a ver algo en tu corazón que es verdad, para ayudarte a desarrollar un espíritu de mansedumbre. Nunca te va a ir mal en el camino de la humildad.

Así que volvamos a las situaciones en las que nosotras tenemos que confrontar; debemos tener la valentía y la audacia, pero debemos hacerlo con un espíritu de mansedumbre. En primer lugar está el amonestar a un hermano o a una hermana que está pecando.

Una segunda área es la corrección de aquellos que se oponen a la verdad. Hay un tiempo para reprender, para exponer, para oponerse al pecado y a la falsa doctrina. Sabemos que Jesús era manso y humilde, pero se enfrentó a los fariseos. Lo hizo de una manera sencilla pero directa.

Pero Él no lo hizo en defensa propia ni por autopromoción. Él no lo hizo por enojo pecaminoso. Fue la justicia de Dios en Él lo que lo provocó a defender la gloria y la verdad de Dios.

Anteriormente hemos hablado de cómo la Escritura dice que Moisés era el hombre más manso y humilde sobre la faz de la tierra. Y sin embargo, se le ve de pie frente a Faraón, rey de Egipto, diciendo: “Tienes que quitarte del camino de Dios. Estás equivocado”.

Vemos a Moisés enojarse con el pecado del pueblo de Dios en el incidente del becerro de oro y reprenderlos por su idolatría. Él llama a una acción disciplinaria. Y, sin embargo, se trata de la acción de un hombre manso.

Ahora, hubo otra situación en la vida de Moisés, ¿te acuerdas?, donde él permitió que la ira justa ardiera para convertirse en ira pecaminosa. A veces nos oponemos a aquellos que se oponen a la Verdad con ira que no es santa.

Recuerdas cómo Moisés, al final de su vida antes de que los Hijos de Israel llegaran a la tierra prometida, en Números capítulo 20, cuando no había agua. El pueblo murmuró como lo habían hecho muchas veces antes. Y Dios le dijo a Moisés: “Habla a la roca y saldrá agua” (véase el versículo 8).

Y en un ataque de ira y de impaciencia, Moisés golpeó la roca dos veces en lugar de hablar con ella. Esto no fue mansedumbre. Moisés no fue humilde en ese momento. La ira del hombre no obra la justicia de Dios.

Segunda a Timoteo capítulo 2 habla de aquellos a quienes debemos confrontar, los que se oponen a la verdad. Se nos dice el espíritu con el que debemos hacerlo. Dice:

Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen altercados. Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen… ( vv. 23-25).

Por cierto, la mejor arma contra el error doctrinal es enseñar la verdad. La luz es lo que expone y disipa las tinieblas.

Así que el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable, apto para enseñar, debe soportar pacientemente el mal, corregir a sus oponentes con mansedumbre y amabilidad.

Y ¿cuál es el objetivo? Quizá Dios les conceda el arrepentimiento que conduce a un conocimiento de la verdad. El punto no es simplemente atacarlos. El punto es ver que vengan al arrepentimiento.

Estamos no solo para hacer frente a los que son los adversarios de la verdad. Hemos de advertir a los creyentes acerca de los falsos maestros, acerca de la falsa doctrina.

Si lees la 2da carta de Pedro, si lees el libro de Judas, ambas hablan claramente sobre estos falsos maestros, los cristianos deben ser advertidos sobre ellos. Y Pedro y Judas utilizan un lenguaje muy fuerte en la descripción de estos falsos maestros, pero lo están haciendo con un espíritu de humildad y mansedumbre. Sin embargo, ellos están diciendo que esto no puede ser tolerado en la iglesia.

En Apocalipsis, capítulo 2 Jesús mismo dice a la iglesia,

‘Pero tengo esto contra ti: que toleras a esa mujer Jezabel, que se dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos..’ (vv. 20-21).

Jesús les dice: “El hecho de que la toleres en la iglesia, a esta mujer que trajo falsas enseñanzas, está mal. No se puede tolerar. Debes ser mansa, pero no puedes tolerar la falsa doctrina”.

Y luego Jesús dice—y es aquí donde se ve su espíritu de mansedumbre: “Yo le di tiempo para arrepentirse. Le di tiempo para arrepentirse”.

Y ahora Él dice, “Ella se rehúsa arrepentirse de su inmoralidad sexual”. Por tanto, la juzgaré. Al final, Dios juzgará a los que se niegan a arrepentirse. Pero el corazón de Cristo es que expongas el asunto, que lidies con eso, que lo confrontes y al mismo tiempo que le des tiempo para arrepentirse.

Ese debes ser siempre el deseo del corazón cuando estamos enfrentando un error, cuando estamos confrontando a aquellos que se oponen a la verdad. Queremos que ellos se arrepientan, y nos preocupamos por la gloria de Dios y la iglesia, y nos preocupamos por que los creyentes estén completos y protegidos en Cristo. Esa es la motivación del corazón humilde.

Ahora, aquí tenemos otra situación en la que tenemos que tener un espíritu de mansedumbre y es cuando estamos defendiendo nuestra fe con aquellos que no son creyentes, la defensa de nuestra fe con los no creyentes.

 

Primera de Pedro capítulo 3 empezando en el versículo 15 dice:

Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros ( vv. 15-16) .

• Haz la defensa, defiende tu fe.

• Explica por qué la Palabra de Dios es la verdad y el error es el error.

• Da una razón. Da una explicación.

• Ofrece una apología; esto es, defiende tu fe. Pero hazlo con mansedumbre y respeto.

Si sales y preguntas a la gente en la calle lo que piensan los cristianos de hoy, podrás escuchar un montón de gente que dice que los cristianos son argumentativos, que son contenciosos, que son poco amables o que tienen un espíritu áspero. Y si vas al Internet y ves algunos de los diferentes debates que se están produciendo sobre la teología y cuestiones doctrinales y espirituales, podrás ver un montón de gente, un montón de llamados cristianos, que hacen esto con un espíritu que no es manso y humilde.

Y eso no obra la justicia de Dios. Los cristianos no deben ser conocidos por ser argumentativos y contenciosos en su espíritu.

Ahora, eso no quiere decir que no debemos hablar. Esto no significa que dejamos que las personas que están promoviendo falsas religiones hagan lo suyo y digan lo suyo. Eso es cobardía. Tenemos que ser valientes y confiadas en la defensa de nuestra fe, pero siempre haciéndolo con delicadeza y respeto.

Esto también es cierto a la hora de lidiar con asuntos culturales o con la justicia social; asuntos que deben abordarse en nuestra sociedad. Hay quienes dicen que no debemos involucrarnos en estas cosas; sino que debemos permanecer en nuestras “fortalezas santas» y ser buenos cristianos, cristianos santos. Se supone que debemos ser sal y luz. La luz debe exponer la oscuridad. Hay cosas en nuestra cultura y nuestra sociedad que irritan a Dios. Hay cosas que atacan el nombre de Dios y Su gloria, y Sus caminos, y que deben molestarnos. Tenemos que estar dispuestas a hacer frente a esas cosas.

Pienso en el tema del aborto. En Proverbios capítulo 24 dice: «Libra a los que son llevados a la muerte, 
y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza» (v.11). Tenemos que armarnos de valor e involucrarnos en estos temas según Dios nos dirija, pero tenemos que hacerlo con gracia, con gracia.

Yo soy la primera en decir que a menudo es difícil saber dónde está esa línea. Pero esta tiene que ser la meta: sin atacar, sin descargas de ira, sin ser arrogante u orgullosa o una sabelotodo.

El llamado aquí es a tener un balance—un balance entre gracia y verdad. Ahora algunas de nosotras tendemos a irnos hacia la verdad, por lo que necesitamos que Dios nos equilibre con la gracia. Algunas tienden a ser más fuertes en la gracia, y es posible que necesiten que Dios te equilibre con la verdad.

Por supuesto, eso solo se cumplió perfectamente en Cristo. El Salmo 85 dice que en Cristo la misericordia y la verdad se encontraron. La justicia y la paz se besaron. Cristo es el que encarna a la perfección la gracia y la verdad (véase el versículo 10).

Me encanta ese pasaje en el Salmo 45. Donde ves este equilibrio en esta imagen de Cristo del Antiguo Testamento. Dice:

Eres el más hermoso de los hijos de los hombres. [Este es un salmo mesiánico que habla acerca de Cristo.] La gracia se derramó en tus labios, por lo que Dios te ha bendecido para siempre.

Ciñe tu espada sobre el muslo, oh valiente, en tu esplendor y tu majestad! [La gracia está en tus labios. Ciñe tu espada sobre el muslo.] Y en tu majestad cabalga victoriosamente, por la causa de la verdad y la mansedumbre y la justicia.» (vv. 2-4 NVI) .

Me recuerda a esa imagen del hombre en Apocalipsis 19, el hombre que vendrá en el caballo blanco. Su nombre es «Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra » (v. 11). Él está lleno de gracia y Él está lleno de verdad. Él está lleno de misericordia, y sin embargo, justamente hace la guerra contra el pecado.

En Cristo vemos mejor que en ningún otro lugar en la Escritura el poder de la mansedumbre. La mansedumbre no es debilidad. La mansedumbre es poder de Dios bajo control liberado en y a través de nuestras vidas. Puedes Ver esto en el libro de Apocalipsis, en el capítulo 5, donde vemos esa ilustración doble de Cristo.

¿Te acuerdas de ese libro que tenía siete sellos que nadie en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir? Y Juan dice: «Yo sollocé, yo lloré mucho, porque nadie era digno de hacerlo. Porque nadie era digno de hacerlo. Nadie tenía el poder de abrir estos sellos» (véase el versículo 4). Y uno de los ancianos dijo:

No llores más, he aquí el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para que pueda abrir el libro y desatar sus siete sellos (v. 5).

Así que ves a Aslan, la imagen de Cristo, el León de la tribu de Judá, la raíz de David, el rey conquistador.

Y entonces Juan ve, en el versículo siguiente,

Miré, y vi entre el trono (con los cuatro seres vivientes) y los ancianos, [¿qué vio?] vio a un Cordero, de pie, como inmolado (v. 6).

¿Quién es el cordero? El cordero es el león. ¿Quién es el león? El león es el cordero. ¿Quién es el león y el cordero? Es Cristo, lleno de gracia y de verdad.

“Y vino, [el Cordero] y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del cordero; cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos. Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos..” ( vv. 7-9)

Nadie más podía hacerlo. Tú no podías pensar ni esperar que un cordero conquistara. Pero es el cordero que conquista. ¿Cómo lo hizo? “Porque tú fuiste inmolado”.

El manso, humilde, Hijo de Dios sin pecado va a la cruz y lleva sobre sí toda la ira de un Dios santo contra todos los pecados de todas las personas que alguna vez han vivido. El hijo de Dios sin pecado va a la cruz y lleva sobre sí toda la ira de un Dios santo, contra todos los pecados de todas las personas que alguna vez han vivido.

“…porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán para siempre”. (vv. 9-10)

La cruz es el acto supremo de humildad. Y sin embargo, es el más poderoso acto en la historia del universo. Es a través de la cruz que los cautivos han sido puestos en libertad, que los pecadores han sido rescatados. El cordero fue inmolado y Él reinará por los siglos de los siglos.

Annamarie Sauter : Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando el equilibrio entre la fuerza y ​​la mansedumbre. Es posible manifestar los dos por el poder de Dios. El programa de hoy es parte de una serie llamada, La hermosura de la mansedumbre.

A través de estos programas, Nancy ha estado citando a Matthew Henry, un escritor puritano que entendía bien el concepto de la mansedumbre. Él pudo compartir estas ideas de forma bien profunda; y espero que lean el libro—aunque solo está disponible en inglés.

Bueno, hemos explorado la mansedumbre en varias sesiones. En el próximo programa vamos a ver específicamente cómo la mansedumbre se aplica a nosotras como mujeres en el siglo XXI. Por favor, vuelve a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries. Y yo quiero que mi mamá asista a la conferencia de Mujer Verdadera.

Toda la Escritura fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Aviva Nuestros corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

5/9 – Vístete de Mansedumbre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

5/9 – Vístete de Mansedumbre

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/vistete-de-mansedumbre/

Annamarie Sauter: Cuando tienes un espíritu manso, se revela de maneras prácticas. Aquí Nancy Leigh DeMoss con un ejemplo.

Nancy Leigh DeMoss: El correo electrónico puede ser un lugar en el que realmente mostramos falta de mansedumbre. Necesitamos aprender a esperar, detenernos y pensar, antes de presionar el botón de enviar. Necesitamos preguntarnos ¿Es esto realmente lo que Dios quiere que yo diga?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Te resulta difícil estar tranquila, poder pausar, rehusar defenderte cuando alguien está enojado contigo? Estas son características de la mansedumbre que Dios puede desarrollar en tu vida. Acompañaremos a Nancy en esta serie, La hermosura de la mansedumbre.

Nancy: Después de nuestro último día de grabación, una pareja de amigos y yo estábamos cenando juntos esa noche. Una de las mujeres que había estado en la grabación se volteó hacia mí y me dijo, “Estas sesiones sobre la mansedumbre me trajeron mucha convicción”.

Mientras la miraba le pregunté con toda sinceridad, “¿Cuáles puntos en particular tú encontraste que especialmente te dieron convicción de pecado?”

Ella me miró y me dijo, “¡cada palabra que salió de tu boca!”

Ella lucía una mujer muy mansa. Pero Dios le estaba mostrando en su corazón que sus respuestas iniciales no son mansas.

Ella me dio la siguiente sugerencia, “quizás ayudaría que tú le dejes saber a las mujeres, cuando hables de nuevo sobre este tema que la mansedumbre no es algo que se produce de la noche a la mañana en tu corazón, que es un proceso de santificación. Dios nos toma donde nosotras nos encontramos y por el poder de Su Espíritu, nos conforma, nos moldea y nos da forma”.

Así que aquí estoy yo para decirte que hay un proceso involucrado, y yo ciertamente sé esto por experiencia propia en mi propia vida, yo estoy muy agradecida de que esta amiga me lo recordara.

A través de esta serie, he estado refiriéndome en múltiples ocasiones a un libro, que yo espero que puedas conseguir, La búsqueda de la mansedumbre y la quietud del Espíritu, escrito por Matthew Henry, disponible está solo en inglés. Fue escrito hace más de 300 años.

No es un libro largo pero no puedes leerlo rápido. Las citas que he resaltado siguen trabajando en mi vida con el paso del tiempo.

En la última sesión nosotras hablamos acerca de cómo Matthew Henry dice que la mansedumbre nos permite gobernar y controlar nuestro enojo cuando hemos sido provocadas, cuando otros hacen cosas que nos irritan y nos molestan.

Años atrás yo escuché una ilustración acerca de George Whitefield, quien fue uno de los evangelistas británicos grandemente usado por Dios durante el avivamiento del siglo XVIII. En un momento de su ministerio, Whitefield recibió una carta cruel, donde era acusado de mala conducta.

George Whitefield respondió mostrando un espíritu de mansedumbre. Él dijo,

Le doy las gracias de todo corazón por su carta. [Esta es su respuesta por escrito.] En cuanto a lo que usted y mis otros enemigos están diciendo contra mí, yo conozco peores cosas acerca de mí mismo que lo que ustedes jamás podrían decir.

Con amor en Cristo, George Whitefield. 

Yo pensé, eso es un espíritu de mansedumbre. Él no trató de defenderse. No tomó represalias. Él dijo, “Mira, si tú supieras lo que yo verdaderamente soy, hubieras hecho una lista aún más larga”. Eso es un espíritu manso. Así que la mansedumbre nos permite gobernar y controlar nuestro enojo cuando somos provocadas.

Pero la mansedumbre, de acuerdo a Matthew Henry, también nos permite soportar pacientemente la ira de los demás hacia nosotros. Es en esto en lo que me quiero enfocarme en el día de hoy—cuando otros están enojados contra nosotras, ¿cómo debemos responder?

Matthew Henry sugiere que hay dos respuestas bíblicas. La primera es, algunas veces la respuesta correcta, la mansa respuesta, que es no decir nada. Algunas veces dice George Whitfield la mansedumbre requiere de nosotros, quedarnos en silencio. Proverbios capítulo 26 versículo 4 nos dice “No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él”.

Tú, al igual que yo, seguro puedes pensar en momentos, o en relaciones—quizás en tu matrimonio o con tus hijos o con tus compañeros de trabajo, con un amigo—donde alguien dice algo. Están molestos contigo; te lo dicen. Tu respuesta natural es a igualar su tono, ¿no es así? Responder acaloradamente.

Recuerda que nosotros dijimos que la mansedumbre no es botar humo, calentarte. Algunas veces la mejor manera de manejar esto es no decir nada.

No hay mayor ilustración de mansedumbre, que la respuesta que vemos en Jesucristo mismo, quedarte callada, en silencio, bajo los ataques de los demás. ¿Recuerdas lo que dice el pasaje en Isaías 53? Dice que:

Él fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió Él su boca. (v.7)

Hay momentos cuando la mansedumbre nos dirige a mantenernos calladas, a no decir nada. Ahora, vamos a estar viendo en el resto de esta serie que hay momentos cuando la mansedumbre nos guía a decir algo.

Hay momentos cuando el camino de la mansedumbre nos lleva simplemente a callar, a no decir nada, a estar en silencio, a estar quieta, a dejar que sea Dios que venga en nuestra defensa y a no defendernos a nosotras mismas.

Permíteme leerte algunas citas del libro de Matthew Henry. En lo relativo a este asunto de quedarnos en silencio cuando otros están enojados con nosotras. Él dice,

Es mejor no decir nada que decir algo que provoque. Cuando nuestros corazones están acalorados dentro de nosotras, es mejor mantenernos en silencio y abrazar la paz. Aquellos que se sienten agraviados piensan que ellos tienen permiso de hablar, pero es mejor estar en silencio que hablar mal y obrar mal y luego tener que arrepentirnos.

En otras palabras, mejor es no decir nada que decir algo que luego vas a tener que recoger y pedir perdón a Dios y a la otra persona a la que le hablaste.

Él dice,

Nosotros, muchas veces, hemos sido lo peor por nuestro hablar, pocas veces por nuestro silencio.

En otra cita, él dice,

Las cosas pueden ser mejor dichas cuando la pasión ha cedido.

En otras palabras, si tú vas a hablar, no hables mientras estés enojada. A propósito, esto se relaciona con la disciplina de tus hijos, ahora, tú debes decir algo en el momento porque la situación así lo requiere. Pero si es posible, mejor espera, espera hablar cuando puedas manejar el enojo interno, porque la Escritura dice, en Proverbios capítulo 22 versículo 8 “, y la vara de su furor perecerá”.

Luego aquí una cita que es tan poderosa. Él dice,

Es mejor ceder ante nuestro hermano en silencio, quien es, o será o pudiera ser, nuestro amigo, en lugar de ceder al diablo a trav é s de hablar con ira, quien ha sido, y es, y siempre ser á , nuestro enemigo ac é rrimo.  

Así que algunas veces la respuesta correcta y mansa ante la ira de los demás es no decir nada.

Luego, en otras ocasiones, la respuesta correcta es hablar. La mansedumbre nos dirige a dar una respuesta suave—algunas veces a no decir nada —pero cuando sí hablamos, debemos dar una respuesta suave y mansa.

Como he dicho, varias veces en las semanas pasadas mientras he estado trabajando en esta serie, me he encontrado a mí misma siendo provocada. Yo no sé si yo lo estoy notando más o si realmente me está pasando más, porque quizás Dios está creando justamente las circunstancias para mí para poder practicar lo que estoy enseñando aquí.

Pero un día en particular mientras estaba trabajando en esta serie, recibí un correo electrónico de una amiga que estaba molesta, ella estaba enojada. Se podía percibir el tono del correo, ¿sabes? Los correos pueden transmitir un tono, y el tono era acusatorio. Realmente, a mi manera de verlo, era un ataque injusto. Era como, ¿De dónde vino esto?, me encontró fuera de guardia.

Pero yo estaba estudiando este tema y pude medir y sopesar mi respuesta. Ahora, mi impulso natural—como quizás el tuyo en una

situación como ésta, sería si eres honesta—mi impulso natural fue responderle el correo. Y cuán rápido y fácil es hacer eso -muy fácil –solo pulsar la tecla de enviar.

El correo electrónico puede ser un lugar donde nosotras realmente demostramos nuestra falta de mansedumbre. Es necesario esperar antes de presionar la tecla de enviar y detenernos a pensar, ¿es esto realmente lo que Dios quiere que yo diga?

Mi impulso natural fue defenderme, devolver el ataque y mostrarle a ella sus deficiencias. Pero la respuesta mansa me llamaba a esperar. No respondas inmediatamente, deja que se enfríe. Déjame enfriarme, deja que las cosas se calmen, y asegurarme de no responder con ira. Me di cuenta de que cuando finalmente respondí—y en este caso esperé varios días . . .

Dadas las circunstancias, eso era lo correcto. Yo necesitaba esperar, dejar que las cosas se calmaran. Y cuando respondí, tuve que asegurarme que no le estaba respondiendo de la misma manera, sino que le respondía suavemente.

Matthew Henry usa un par de ilustraciones que muestran lo que pasa cuando tú respondes con palabras suaves al enojo. Él dice que cuando nosotros respondemos con una respuesta suave, es como derramar agua sobre la situación. «Mientras que el mal humor y la provocación solo sería como echar aceite sobre la llama”.

Si tú hablas precipitadamente o de manera airada… Solo haces que las cosas . . . es como echar líquido para encender sobre carbones calientes, hace que se enciendan rápidamente. En vez de esto, es mejor derramar agua sobre estos… Amortigua el calor, y amortigua la llama.

Luego el usa esta otra imagen. Él dice, “cuando la ola del mar choca contra una roca, golpea y produce sonido”. Tú puedes escucharlas chocando contra esas rocas y produciendo este sonido fuerte y alto. “Pero la arena suave recibe esas mismas olas quietamente, y las retorna sin dañarlas”.

Tú puedes ver esas olas viniendo hacia la orilla, pero sobre una arena suave, y no hay nada contra las que ellas golpeen. Así que las olas solamente se devuelven. Es una imagen de lo que sucede cuando nosotras respondemos con mansedumbre a las personas enojadas.

Eclesiastés capítulo 10 versículo 4 dice, “Si la ira del gobernante se levanta contra ti, no abandones tu puesto, porque la serenidad suaviza grandes ofensas”.

Proverbios capítulo 25 versículo 15 , “Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
y la lengua suave quebranta los huesos”. Suavidad, bondad, paciencia.

Desde luego, nos hemos referido a Santiago capítulo 1 los versículos 19-20: “Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira; 20 pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios”.

Ahora, en el libro de Matthew Henry del que hemos venido hablando, él habla acerca de la evidencia de la falta de mansedumbre y cómo ésta se manifiesta en las relaciones diarias. Solo voy a mencionar tres de ellas, y mientras, dejemos que Dios escudriñe nuestros corazones y nos muestre—“¿tengo yo un espíritu manso?”—he aquí algunas cosas que nos ayudarán a ver esto.

Primeramente, en lo relativo a aquellos que están por debajo de nosotros—esto es, nosotros como padres o maestros o empleados tenemos personas que están reportándose a nosotros o personas que estamos dirigiendo, personas que están bajo nuestra autoridad—Si no somos mansas, tendremos la tendencia a corregirlos rápidamente y seremos muy rápidas para encontrar sus faltas.

Nosotras somos más conscientes de las deficiencias de los demás que de las evidencias de gracia en sus vidas. Entonces lo que sucede es que las personas que están por debajo de nosotras piensan que nunca pueden complacernos. De seguro algunos de tus hijos se siente así.

Si no somos mansas, vamos a ser rápidas para corregir y rápidas para encontrar faltas en aquellos que están por debajo de nosotras. Matthew Henry dice,

Cada pequeño fracaso no necesita ser censurado [o señalado o corregido]. En vez de esto debe ser pasado por alto, y si la falta debe ser reprobada y corregida, pudiera ser hecho sin enojo. No necesita ruido y algarabía. Mientras estás gobernando a otros, aprende a gobernarte a ti mismo. 

Esta es una buena palabra para padres, maestros, líderes.

Y luego la falta de mansedumbre se muestra a sí misma cuando nosotros nos molestamos con otros que están por encima de nosotros, y comenzamos a desahogarnos contra esas autoridades, contra nuestros líderes. Esto fue lo que hicieron Miriam y Aarón contra Moisés. Ellos estaban molestos y se desahogaron. Ellos expresaron rápidamente su hostilidad, su desacuerdo con Moisés.

Matthew Henry dice aquí,

Si todo no está como ellos pensaban [si todo no está como nosotras pensamos que debe estar], se irritan, y se molestan y sus corazones se acaloran, encuentran falta en todo lo que les dicen o les hacen.

Un espíritu en quietud nos reconciliará con la posición en la cual estamos y en todas las dificultades que podamos enfrentar, lo cual repercutirá para bien en nuestro estado actual, aunque nos encontremos con muchos inconvenientes.

Es la falta de mansedumbre que hace que los que han sido colocados por la Providencia divina bajo el yugo se impacienten debajo del yugo.

Así que cuando nosotras nos encontremos en circunstancias donde estamos bajo autoridad, la falta de mansedumbre nos va a hacer rápidas en desahogarnos, rápidas en enojarnos, en vez de recibir la circunstancia y la situación.

Y luego generalmente la falta de mansedumbre nos hará contenciosas con nuestros iguales. Matthew Henry dice,

Es por la falta de mansedumbre que somos tan impacientes con las contradicciones de nuestras opiniones, nuestros deseos, nuestros planes.

Tiene que ser a nuestra manera y somos impacientes si las cosas no van de la manera que nosotros queremos. Él dice: “tenemos que tener la última palabra, correcto o incorrecto, y todo debe hacerse a mi manera”. Esto nos hace contenciosas y personas con las que es difícil convivir.

Hay una gran ilustración de esto en Génesis capítulo 13 en la vida de Abraham ¿tú recuerdas como Abraham subió (su nombre en ese momento era Abram) pero tú recuerdas como Abraham subió de Egipto, él y su esposa y todo lo que él tenía y Lot, su sobrino, iba con él al Neguev?

Y dice la Escritura,

Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro. 3 5 Y también Lot que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no podía sostenerlos para que habitaran juntos, porque sus posesiones eran tantas que ya no podían habitar juntos. [Así que la prosperidad creo tensión entre ellos].

Había tensión. Había contienda entre los dos grupos de hombres. Así que qué hace Abram? Versículo 8:

Hubo, pues, contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot. . 8 Y Abram dijo a Lot: Te ruego que no haya contienda entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos.» (vv. 1–8)

 

Lo que Abram está diciendo es, “yo no me voy a remangar las mangas. Yo no me voy a colocar mis guantes de pelea. Yo me voy a retirar. Yo no voy a entrar en esta batalla. Yo no voy a dejar que haya contienda.”

Él tomó un rol de pacificador. Él toma la posición del manso.

“Y Abram dijo a Lot (versículo 8): Te ruego que no haya contienda entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos.»

¿No es esto lo que deberíamos estar haciendo en nuestros hogares? ¿No es esto lo que deberíamos estar haciendo en nuestras iglesias? ¿Por qué nos estamos dividiendo? ¿Por qué estamos teniendo estas contiendas? ¿Por qué estamos teniendo estos desacuerdos?

“Nosotros somos hermanos. No voy a permitir que haya contienda”. Y entonces él valida sus palabras con sus acciones.

“¿No está toda la tierra delante de ti? Te ruego que te separes de mí: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si a la derecha, yo iré a la izquierda.” (v. 9)  

¡Qué espíritu de humildad! ¡Qué espíritu de mansedumbre! “Mira, toda la tierra está delante de ti. Elige la parte que quieras y yo tomaré lo que sobre”. Y Lot eligió la parte que parecía la mejor, porque Lot no tenía un espíritu manso. Lot era un hombre arrogante y orgulloso.

Y Abram dijo, “Bien. Yo tomaré lo que sobre.” ¿Pero, quién obtuvo la bendición? Abram obtuvo las promesas de Dios, la tierra de Dios, el linaje a través del cual vendría el Mesías.

La Escritura nos dice en 1era a los Corintios capítulo 6 que es terrible que los cristianos vayan a la corte unos contra otros. Puede ser una corte de divorcio. Puede ser todo tipo de causas. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio?

¿Por qué vamos a los tribunales? ¿Por qué están litigando entre ustedes ante la ley?

Yo estuve hablando con una pareja de amigos que se involucraron en un trato comercial, un negocio donde había toda clase de promesas y cosas que ellos esperaban en el proceso pero que no se llevaron a cabo no se realizaron. Era un material perfecto para una demanda legal. Y estos dos hombres profesaban ser creyentes.

Pero mi amigo dijo que él quería ir; que él quería demandar. Y habría obtenido un buen dinero si él demandaba, y podría haber obtenido lo que se le había prometido. Pero la esposa de mi amigo le dijo a él sabiamente, «yo no me siento bien acerca de esto. Esta no es la manera de Dios. No es bíblico». Y este hombre tomó la posición de humildad, escuchó a su esposa, pero lo más importante, escuchó al Señor, y le dijo, «Estás en lo correcto. No vamos a demandar»

Ellos perdieron una gran cantidad de dinero que pudo haber sido potencialmente ganado de vuelta en la demanda. Pero Dios honra la mansedumbre. “Bienaventurados los mansos”. Aquellos que han tomado el camino más difícil, el camino más bajo, el camino de la humildad. «Porque ellos heredarán la tierra» (Mateo 5:5).

Algunas de ustedes saben que cada día en AvivaNuestrosCorazones.com nosotros tenemos la transcripción del programa del día; y luego al final de la transcripción hay un espacio donde los radioescuchas pueden escribir sus comentarios a lo que escucharon. Espero que tú puedas ir a la página web y puedas escribir tus comentarios acerca del programa de hoy.

No hace mucho tiempo, una mujer escribió en el blog acerca de una dificultad, un matrimonio conflictivo en el que ella se encontraba. Otra oyente vio el comentario y escribió en respuesta a esta persona lo siguiente, yo pienso que ilustra bellamente el poder de la mansedumbre. Esta oyente escribió, «una cosa que te puede ayudar»— y recuerda que ella está escribiendo a la oyente que se encuentra en el matrimonio difícil.

Una cosa que te puede ayudar a pacificar esta situación es solamente decir «lo siento». Muy a menudo le arrojamos muchas palabras a esta frase, cuando con tan solo una disculpa humilde pudiéramos hacer que las cosas vuelvan a estar bien. Con menos palabras y más amor, tratar de encontrar lo que aprecias de tu esposo y enfócate en eso. Él está herido, y ésta es la razón de su mal temperamento y de sus luchas.

Tú no puedes arreglarlo todo por él. Pero si tú te niegas a pelear, él va a tener que calmarse eventualmente. Puedes ofrecerle un masaje en el cuello cuando su temperamento no esté tan explosivo. Y trata de relajarlo. Él probablemente esté asustado de perder el control.

Pero él necesita conocer la paz. Ora por él en tu corazón mientras tratas de calmar su tensión.

¿Puedes ver aquí el camino de la mansedumbre? “Yo verdaderamente creo –dijo ella– que en la mayoría de los casos el ciclo puede ser roto por uno de los dos”, esto es lo que Abraham hizo con Lot. Él rompió el ciclo diciendo, “mira, nosotros no vamos a luchar con relación a esto. Toma todo lo que quieras”.

Ella continúo diciendo en actitud de oración,

Escucha sus necesidades y haz lo que tú puedas. Nuestro matrimonio es totalmente diferente ahora que hace un año atrás. Pero fue después de 16 años de pelear. Seguro, yo pensaba que estaba en lo correcto en la mayoría de las circunstancias, pero tuve que madurar y ver que hay una mejor manera. Me tomó mucha oración y humildad y leer buenos materiales que me enseñaron que yo estaba errada en la manera en cómo estaba manejando las cosas. Pero valió la pena No hay manera de ser como Cristo aparte del sufrimiento. En Hechos capítulo 14 versículo 22 dice que “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Muchos ejemplos pueden ser dados, tanto de la Biblia como en biografías, de hombres y mujeres de Dios. Dios refina sus joyas a través del fuego de la prueba del sufrimiento. Yo me encogía ante la idea del sufrimiento. Ahora he empezado a ver la belleza de esta herramienta del Señor para perfeccionarnos como nada más puede hacerlo.

A través del sufrimiento y de las personas difíciles, mi corazón ha sido hecho mejor por Su gracia. 

Existe verdaderamente una belleza producida través del fuego que nada más puede producir. Estoy orando por ti y espero que esto te ayude. 

Estas son buenas palabras. Estas son palabras sabias. Vístete de humildad. Vístete de mansedumbre. Esto va a involucrar fuego algunas veces, sufrimiento, dificultad, privación, personas difíciles. Pero es la manera en que Dios nos forma, nos moldea y hace que como el oro cuando es probado, nuestra fe sea hallada en alabanza para que Dios pueda ser glorificado en nuestras vidas.

Annamarie: Si todas nosotras pudiéramos crecer en mansedumbre, ¿te imaginas la alegría que esto traería a los hijos, a los esposos en todo lugar? Nancy Leigh DeMoss está en medio de una serie llamada, La hermosura de la mansedumbre, muchos hogares serían transformados si las mujeres aprendiéramos a ser mansas de espíritu.

Nancy, pienso que muy probablemente pocas de nosotras nos hemos expuesto anteriormente a una serie que nos hablara acerca de la mansedumbre.

Nancy: Estás en lo correcto, éste no es exactamente el tema más popular que nosotros pudiéramos tratar. Al principio cuando comenzamos Aviva Nuestros Corazones, yo hice un compromiso de enseñar toda la Palabra de Dios —fuera ésta popular o no.

Cuando nosotros transmitimos programas con temas prácticos o de necesidad—programas acerca del matrimonio o de cómo ser padres— las personas inevitablemente responden. Ellos ordenan los recursos. Ellos apoyan nuestro ministerio financieramente. Pero cuando nosotros profundizamos en la Palabra de Dios sobre un tema como la mansedumbre, que no todo el mundo está preguntando o pidiendo querer saber sobre esto, usualmente no tenemos mucha respuesta particularmente en el aspecto financiero.

Es por eso que estoy tan agradecida por las personas que aportan financieramente cada mes para Aviva Nuestros Corazones pueda poder llegar a tantas mujeres. Estas personas oran por el ministerio, comparten el mensaje de Aviva Nuestros Corazones con otras personas y proveen apoyo financiero cada mes. De manera que este apoyo nos permite continuar en el aire y enseñar toda la Palabra de Dios y no solamente los temas que se consideran más populares.

¿Has considerado tú el ser parte de este grupo de personas? Puedes contactarnos en AvivaNuestrosCorazones.com y conocer más acerca de lo que puedes hacer para comenzar a ser una patrocinadora regular.

Annamarie: ¿Es posible poder confrontar a alguien y ser mansa al mismo tiempo? Nancy va a discutir sobre esto la próxima vez. Por favor acompáñanos en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

4/9 – Piensa antes de reaccionar

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

4/9 – Piensa antes de reaccionar

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/piensa-antes-de-reaccionar/

Annamarie Sauter: ¿Quieres aprender a ser mansa? Nancy Leigh DeMoss dice: prepárate para algunas relaciones desafiantes.

Nancy Leigh DeMoss : Dios usa a esas personas que nos ofenden, que nos hieren, que nos desafían, que nos enfrentan, que nos molestan, que nos fastidian y que nos irritan. Dios usa a esas personas, Él quiere usarlas para formarnos, moldearnos y corregirnos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando la belleza de la mansedumbre. Hemos estado explorando cómo se ve una actitud de mansedumbre ante Dios. Pero para algunas personas, la mansedumbre se hace más difícil cuando hay otras personas involucradas. Unámonos a Nancy.

Nancy: Vivimos en una época en la que no es nada que una persona demande a otra por razones insignificantes o por ninguna razón en absoluto.

Leí acerca de algunas de esas demandas recientemente en un periódico de Detroit en la Prensa Asociada. Había un titular que decía: “Empleada de Detroit demanda a la ciudad por el perfume de un compañero de trabajo, diciendo que la fragancia fuerte no la dejaba trabajar.”1 Ahora, yo sé que algunas personas son sensibles a las fragancias, pero, ¿en serio?, ¿demandar a la ciudad de Detroit? Eso me parece demasiado.

Este otro encabezado apareció en LA Times, (un periódico que circula en la ciudad de Los Ángeles): “Mujer demanda por falta de aguacate en la salsa”. 2 Este era un tipo particular de salsa que fue anunciado como una salsa de aguacate, y esta persona se dio cuenta que casi no tenía aguacate. No decía que eran aguacates, era solo una salsa con sabor a aguacate, pero porque no tenía las palabras “con sabor a” en el anuncio, ella estaba demandando a esta compañía.

La Prensa Asociada de Pittsburg publicó lo siguiente: una mujer demandó a Kmart que es una tienda por departamentos por supuestamente cobrar el 7% de impuestos en un artículo exento de impuestos –un paquete de doce rollos de papel higiénico. “Mary [tal y tal…no voy a decir el apellido] alega que la tienda de departamentos Kmart en el suburbio de Pittsburg, Monroeville de forma inapropiada cobro impuestos en un artículo, y en vez de cobrarle $3.99, le cobro $4.27 – veintiocho centavos más,” así que ella demandó a Kmart.

No se trata solo del tema de las demandas. Vemos este tipo de expresiones de enojo que la gente tiene hacia otros en todo tipo de situaciones, día tras día.

Estamos hablando del tema de la mansedumbre. Es algo que no abunda en nuestra cultura o en esta era. Hemos visto el hecho que la mansedumbre afecta nuestra actitud hacia Dios, nuestro sometimiento a Su Palabra – recibimos Su Palabra con mansedumbre – y también nuestra actitud hacia las circunstancias que Él trae a nuestras vidas, de las cuales no tenemos ningún control.

La mansedumbre dice, “Yo recibo mis circunstancias. No me molesto, ni me resisto, no pataleo contra ellas. Si es algo que no puede ser cambiado, entonces supongo que Dios tiene un propósito con ellas, y las recibo”. Eso es mansedumbre hacia Dios.

Ahora queremos dar la vuelta y hablar acerca de la mansedumbre en la medida que afecta nuestras relaciones con los demás.

Una referencia bíblica que usé mientras investigaba acerca de este tema de la mansedumbre decía que,

La mansedumbre se demuestra hacia nuestro prójimo que nos maltrata, nos insulta, nos trata injustamente; en que el que está siendo herido aguanta pacientemente y sin ningún espíritu de represalia por las provocaciones que son impuestas sobre él.

Ahora, no puedes vivir en este mundo sin que la gente te provoque. Simplemente es una forma de vida. Es un hecho en la vida.

La pregunta no es: ¿Te provoca la gente? ¿Se mete la gente en tu vida? ¿Se mete la gente en tu camino? ¿Te hace la gente cosas malas?

La pregunta es: ¿Cómo respondes tú?

El hijo de Dios tiene la capacidad de responder con mansedumbre porque Cristo vive en él y por el requisito de responder en un espíritu de mansedumbre— esto lo capacita para cuando es tratado injustamente soportar el mal pacientemente y sin ningún espíritu de represalia ante esas provocaciones.

He estado citando, a través de esta serie, un libro de un antiguo amigo, Matthew Henry. Espero poder conocerlo cuando llegue al cielo. Él era un pastor y comentarista Puritano. Él escribió este fabuloso libro y mi amiga, Kim Wagner, dice que es uno de los mejores libros que jamás haya leído. Yo también diría que es uno de los mejores libros que he leído. Se llama, La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de espíritu, [The Quest for Meekness and Quietness of Spirit , está disponible en inglés] y en esta serie estoy leyendo algunas partes de este libro. Estoy tratando de darles una idea de lo que significa la mansedumbre.

La mansedumbre, de acuerdo a Matthew Henry, trata y se relaciona con nuestros sentimientos de ira. La mansedumbre tiene que ver con cómo lidiamos con esos sentimientos de ira. Él dice que la mansedumbre no erradica totalmente la ira, ya que hay ocasiones

justificadas bíblicamente para la ira, pero la función de la mansedumbre es dirigir y controlar nuestra ira para que podamos airarnos y no pecar, como nos dice Efesios capítulo 4. Efesios 4:26 “Airaos pero no pequéis”.

Entonces, es la mansedumbre que pone un freno a nuestra ira y nos ayuda a airarnos de maneras apropiadas sin que se convierta en pecado.

Matthew Henry señala que la mansedumbre nos permite gobernar o controlar nuestra ira cuando somos provocadas por otros. En ese sentido, la mansedumbre es como un freno.

¿Cómo funciona esto?

Un espíritu de mansedumbre nos motiva a detenernos y pensar antes de reaccionar.

Ahora el problema con muchas de nosotras, y es ciertamente mi propia naturaleza, es que tiendo a reaccionar antes de detenerme y pensar. Ahí es donde nos metemos en problemas. Ahí es donde herimos y lastimamos a tantas personas y tantas relaciones, pero la mansedumbre nos lleva a detenernos y a pensar antes de reaccionar. Nos detiene.

Matthew Henry dice,

Deja que la mansedumbre sea centinela [deja que sea un guardia sobre tu corazón y tu lengua, en tus respuestas], sobre el avance de la provocación [cuando somos provocadas] examinemos con quién nos vamos a enojar, y por qué. ¿Cuáles son los méritos de la causa?, ¿cuáles son las probables consecuencias de nuestros resentimientos, y qué daño habría si los reprimimos, si no los dejamos salir?

Así que él está diciendo que la mansedumbre se pone de pie como un centinela. Antes de dejar salir todo esto, antes de arrojar esas palabras, antes de que digas las palabras a tu esposo o a tus hijos: “Por qué…por qué no puedes…no puedo creer que tú…” Antes de que cualquiera de esas salgan, tú te detienes y piensas: “¿A quién le estoy hablando? Él es mi esposo. Él no es mi enemigo o él es mi hijo y Dios me lo dio. Yo amo a este niño,” o “Esta es una persona que fue creada a imagen de Dios”. Te detienes y piensas, “¿Con quién voy a hablar?” Y entonces piensas, “¿Qué hizo esta persona?”

Ahora, en el fragor del momento, eso puede parecer completamente intolerable. Pero muchas veces si nos detenemos y pensamos y ponemos las cosas en perspectiva, nos damos cuenta, que en realidad no es tan grave. ¿Vale la pena perder mi gozo, mi paz, y mi relación con esta persona para decirle que estoy molesta porque dejó sus pisadas en el piso de mi cocina?

¿Vale la pena irritarse?

¿Vale la pena mandar palabras como flechas al corazón de ese

niño o de ese amigo para poder desahogar mi enojo o mi reacción en el momento?

¿Qué daño es causado si suelto esas palabras como puñales al corazón de esa persona? ¿Qué daño podría hacer?

¿Habría algún gran daño si no digo lo que estoy pensando, si lo guardo?

Ahora, hay un balance en todo esto porque hay cosas que guardamos que necesitamos decir, y hay cosas que decimos que necesitamos guardar. El discernimiento y control del Espíritu nos ayudan a conocer la diferencia. Hay algunas cosas que deberíamos estar diciendo que no las estamos diciendo, y hay algunas cosas que no deberíamos estar diciendo que sí estamos diciendo. Ahí es donde necesitamos la mansedumbre; para que esta nos ayude a detenernos y a pensar.

Matthew Henry continúa diciendo que:

El trabajo de la mansedumbre es calmar al espíritu para que la paz interna no sea perturbada por ninguna provocación externa.

Quiero decirte, que la mayoría de nosotras somos personas que reaccionamos muy fácilmente. Quizás esté hablando por mi propia experiencia aquí. Pero yo sé que esto es cierto de mí. Me tocas, y yo brinco. Tenemos reacciones reflejo muy rápidas. Es como cuando el doctor te pega ligeramente con ese martillo en la rodilla y tu pierna patea hacia arriba. Así es casi como vivimos la vida.

Alguien nos toca ligeramente, y nosotras pateamos.

Él dice que la mansedumbre controla esto. Pone un freno sobre eso, y nos damos cuenta que nuestra paz interna no tiene que ser perturbada por estas provocaciones externas. Hay un lugar donde Cristo vive dentro de nosotras donde podemos librarnos de la perturbación que nos provocan estas cosas que la gente dice.

Henry sigue diciendo,

No permitas que tu desagrado contra las [injusticias] de los demás te provoquen a que tu propia alma esté en apuros. La mansedumbre es la gracia que preserva el gobierno del hombre sobre sí mismo.

Eso es lo que te mantiene en control, bajo el control del Espíritu Santo de Dios.

Cuando alguien perturba tu paz, hacen algo que te fastidia, que te irrita, que te enfada, y tú simplemente reaccionas. Tú simplemente dices lo que estás pensando. Arrojas todo lo que piensas. Ahora, somos más cuidadosas con los invitados y amigos que no conocemos muy bien. Es con la gente que conocemos bien con la que nos aprovechamos. Lo soltamos todo.

A menudo es con los que vivimos en nuestras propias casas que les arrojamos todo. Decimos esas cosas, y terminamos siendo controladas por el comportamiento de otras personas en lugar de dejar que el Espíritu Santo controle nuestras respuestas, nuestra forma de pensar, no sé si realmente él quería decir eso o no – probablemente no – pero aún si fue intencional, no voy a dejar que arruine mi día. No voy a permitir que me convierta en una arpía. No voy a permitir que perturbe mi paz.

Así que la mansedumbre nos lleva a detenernos y pensar antes de reaccionar.

Luego Matthew Henry señala que, “La mansedumbre frenará la lengua y mantendrá la boca callada como con un freno cuando el corazón está encendido”. Cuando nuestro corazón está encendido dentro de nosotras, y con eso no me refiero a un corazón espiritualmente encendido. Quiero decir cuando estamos enojadas, la mansedumbre sirve como un freno para mantener nuestra lengua y nuestra boca de pecar, no permite que aquello salga; nos impide decirlo en esa situación.

Él dice, “Aun cuando somos llamados a reprender a alguien firmemente” – y a veces somos llamados a hacer eso; veremos eso más adelante en esta serie. Aun cuando somos llamados a reprender a alguien por hacer algo malo, “la mansedumbre prohíbe toda furia y lenguaje indecente, y todo lo que se escuche como ‘gritería y maledicencia’.”

A veces sí necesitamos hablar en la situación. A veces sí necesitas decirle a tu hijo, “Ese comportamiento es inaceptable. Eso está mal”.

Puede ser apropiado en ocasiones hablar una verdad como esa a tu pareja. Pero él está diciendo que cuando tú hablas verdad, como eres llamada a hacerlo por el Señor, la mansedumbre te ayudará a hacerlo sin un corazón enojado y sin decir cosas degradantes, sin expresiones indecentes, sin profanar, sin cosas de las que seguramente te arrepentirás después.

Así que la mansedumbre te ayuda a detenerte y pensar antes de que salga eso y te guarda de meterte en griterías y maledicencias cuando eres provocada.

Él sigue diciendo,

La mansedumbre es para la lengua como el timón es para un barco, no para callarla, sino para guiarla, para conducirla sabiamente, especialmente cuando el viento está fuerte.

Cuando somos provocadas, la mansedumbre nos ayuda a recordar que nosotras también, somos pecadoras y en necesidad de la misericordia de Dios. Por eso es que la mansedumbre y la humildad van de la mano una con la otra. El corazón humilde es un corazón manso; el corazón manso es un corazón humilde. Cuando somos provocadas, somos más inclinadas a estar conscientes de los pecados de los demás que de nuestros propios pecados. De hecho, eso es simplemente la naturaleza humana.

Tendemos a ver las fallas de los demás a través de un microscopio pero las nuestras a través un telescopio. ¿No es verdad? La mansedumbre nos lleva a darnos cuenta que nosotras, también, somos pecadoras, y que estamos desesperadamente necesitadas de la misericordia de Dios.

Una referencia bíblica dice que, “Aquél que es manso en verdad se conocerá a sí mismo como un pecador entre pecadores”.

Escucha, será más difícil soltar tonterías y rezongar y estar enojadas en nuestro hablar hacia otros pecadores si nos detenemos y recordamos lo pecadoras que somos.

Aquél que es manso en verdad se verá así mismo como un pecador entre pecadores, y este conocimiento de su propio pecado lo enseñará a soportar mansamente las provocaciones con las cuales pueden provocarlo.

Es más fácil responder con compasión, ternura y gentileza a una persona si nos damos cuenta de que ellos no son los únicos pecadores en ese lugar. Quizás yo no he pecado en esta situación, pero igual soy una pecadora que desesperadamente necesita la gracia, la misericordia y el perdón de Dios cada día de su vida.

De hecho, en su libro, Matthew Henry nos desafía a pensar acerca de esto: Él dice, “Piensa entonces, ¿Si Dios estuviera tan enojado conmigo por cada provocación como yo estoy por las provocaciones de los demás, que sería de mí?” Algo en qué pensar, ¿no es cierto?

 

¿Si Dios estuviera enojado conmigo por cada provocación [cada vez que peco contra Él, cada vez que lo provoco] como estoy yo con los que me provocan a mí, que sería de mí? Nosotras tenemos necesidad de que los demás nos soporten, y ¿por qué nosotras no podemos soportarlos a ellos?

Es la mansedumbre de espíritu que nos permite pensar de esa forma. Es la mansedumbre de espíritu que nos permite ver la mano de Dios en la provocación y poder ver a aquellos que nos provocan como instrumentos en la mano de Dios. Mira, pensamos que nos estamos enojando con la persona que nos está provocando, pero no nos estamos dando cuenta de que esa persona es un instrumento en las manos de Dios para moldearnos y formarnos y santificar nuestras vidas. Así que si estoy enojada, en realidad estoy enojada con el que está sosteniendo el instrumento –con Dios mismo. Es la mansedumbre la que me ayudará a pensar correctamente.

Matthew Henry dice,

Los reproches de los hombres son las reprensiones de Dios, y cualquiera que sea quien me afrente, debo ver y decir que mi Padre me corrige a través de esto.

Dios está tratando con mi vida. Por eso es que tus hijos son la lija celestial de Dios. Tú dirás, “Sí, en realidad es una lija de alta calidad que Él está usando aquí”. ¿Sabes qué significa eso? Significa que hay bordes afilados, que hay bordes ásperos que necesitan esa lija de alta calidad. Dios sabe exactamente lo que necesita tu vida, la mía, y Dios usa a esas personas que nos ofenden, que nos hieren, que nos desafían, que se ponen en nuestra cara, que nos molestan, que nos enfadan y que nos irritan. Dios usa a esas personas, o Él quiere usarlas para formarnos y moldearnos y corregirnos.

Luego necesitamos recordar que cualquier provocación puede ser usada por Dios para nuestro bien si estamos dispuestos a recibirla y a aprender de ella.

¿Cómo respondes cuando eres provocada por otros?

¿Cómo respondes cuando eres malinterpretada? ¿Cuando alguien te critica injustamente?

¿Cómo respondes cuando alguien te insulta o malinterpreta a tu hijo o malinterpreta a tu pareja?

La provocación puede haber sido intencional, o no pudo haber sido intencional pero, ¿cómo respondes? ¿Rápidamente se te escapan palabras de enojo o de molestia o de frustración? ¿Rápidamente te defiendes? “Bueno, deberías ver lo que hizo tu hijo. Tu hijo tampoco es un angelito”.

Ahora, quizás solo piensas esas cosas. Recuerda, la mansedumbre es primeramente un asunto del corazón, y luego sale a la superficie en nuestras palabras y en nuestras acciones.

¿Cómo respondes cuando tu autoridad es desafiada?

¿Cómo respondes cuando, como una mujer nos escribió recientemente a Aviva Nuestros Corazones, a su esposo se le olvidó su cumpleaños?

Ella estaba compadeciéndose de sí misma por eso, pero ella se aconsejó a sí misma con un espíritu de mansedumbre, se recordó a sí misma el gran hombre que él es, cuánto la ama, cuántos años habían luchado juntos, y ella tomó una decisión consciente, “No voy a hacer un caso federal de esto”.

¿Cómo respondes cuando tu hija de catorce años te recuerda a las 10 de la noche que ella tiene que llevar brownies para la venta de repostería de la escuela al día siguiente, y tú no tienes nada en la casa, nada para hacerlo, así que tienes que salir a la tienda. ¿Cómo respondes?

“Si tan solo hubieras pensado antes… si tan solo hubieras planeado…” Ahora, quizás tú necesitas entrenar a tu hija en cómo pensar y planear de antemano. La pregunta no es: “¿Es este el momento para instruir?” La pregunta es: “¿Cuál es tu espíritu al hacerlo?” ¿Es porque tus planes se arruinaron, se te arruinó tu noche? Estabas lista para irte a dormir. No tenías ninguna intención de hacer esos brownies esa noche, y tú pudiste haberlos hecho al mediodía. Hubieras estado feliz en hacerlo pero… ¿ves el espíritu allí? ¿Alguien más aparte de mi ha reaccionado de esta manera?

¿Cómo respondes cuando tu jefe te corrige por un error que otra persona hizo? ¿Sientes como que tienes que señalarlo, que debes defenderte y decir que no fue tu error?

¿Cómo respondes cuando alguien más recibe crédito por una gran idea que tú tuviste?

¿Cómo respondes cuando alguien comete un error que te cuesta a ti?

Tengo una querida amiga que está lidiando con una situación en su casa ahora mismo y es una situación muy costosa. Pagaron mucho dinero, y probablemente van a perder como $150,000 dólares por un constructor que no ha cumplido; es una situación desastrosa. Ha sido muy hermoso ver a esta amiga que ha sido muy…obviamente, toda su familia ha sido afectada por esto. Porque ha sido un gran golpe. Todavía no ha terminado. No sé cómo va a terminar, pero he visto su espíritu manso al responder.

Fuimos y nos sentamos en esa casa y oramos por la situación, y escuché a esta amiga decirles a sus hijos, “Necesitamos darle gracias al Señor que tenemos una casa en donde vivimos ahora. Tenemos un techo sobre nuestras cabezas, y si Dios nunca nos da esta casa, eso está bien.” Ahora, no están siendo pasivos acerca de la situación, pero están siendo mansos en su espíritu hacia la provocación, hacia este insulto, hacia esta herida.

¿Cómo respondes cuando alguien te rebasa en el tráfico? Manejando sin control.

O con la persona que se mete en la línea rápida en el supermercado, pero que tiene 37 artículos en su carrito.

¿Cómo respondes? ¡uf!

Podemos responder con un suspiro, o con un movimiento de los ojos, o con nuestra conducta. Nosotras sabemos cómo responder sin mansedumbre. La mayoría de nosotras tenemos bastante experiencia en eso, pero, y ¿qué de la respuesta mansa?

¿Cómo respondes cuando alguien se aprovecha de ti, cuando te roban financieramente?

¿Cómo respondes cuando no recibes el aumento que tú sientes que mereces?

¿Cómo respondes cuando la autoridad toma lo que tú consideras es una decisión pobre o imprudente, y te afecta a ti y a tu familia?

¿Cómo respondes cuando alguien toma una decisión que te afecta a ti, y ni siquiera piden tu opinión; no te consultan al respecto?

¿Cómo respondes cuando alguien toma algo prestado de ti y te lo devuelve roto?

Es decir, todo tipo de circunstancias y situaciones de la vida real, y si tú no sabes de lo qué estoy hablando, probablemente antes que el día de hoy termine, y a través de los próximos días, vas a estar viendo situaciones y circunstancias como éstas.

Yo quiero que le pidas al Señor que te muestre, “¿Qué tipo de respuesta tengo? ¿Es mi respuesta mansa? ¿O es mi respuesta con enojo? ¿Estoy recibiendo estas provocaciones que los demás traen a mi vida como si fueran

 

de la mano del Señor para mi bien y para Su gloria? ¿O estoy reaccionando con resentimiento o con represalia? ¿Hay mansedumbre en mi espíritu?”

Annamarie: La próxima vez que alguien te haga enfadar, espero que recuerdes este mensaje de Nancy Leigh DeMoss. Es parte de una serie llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Recientemente Nancy habló con algunas oyentes de Aviva Nuestros Corazones que han estado aprendiendo a mostrar la belleza de la mansedumbre. Nancy las conoció durante una estadía ministerial en Chicago. Escuchemos a una de ellas.

Mujer: Vivimos y ministramos en el centro de la ciudad, en el corazón del centro de la ciudad, con mujeres que crecieron en hogares sin padres, con madres solteras. La mayoría de nosotras somos latinas o afroamericanas. Donde crecimos es un lugar muy difícil, así que fuimos enseñadas a ser fuertes e independientes y a tomar el control. El escuchar un mensaje de que Dios quiere que seamos “suaves” y “permitir ser dirigidas” y ser “dóciles”… y permitir a un hombre que nos dirija y nos guíe y que nos proteja fue difícil escucharlo porque no es algo a lo que estamos acostumbradas. En nuestra iglesia hablamos mucho acerca de dar honor a los hombres y permitirles que tomen el rol que Dios les ha dado – permitirles que dirijan y no quitarles eso. Muchas de las mujeres en nuestro ministerio, lo tomaron y lo aplicaron en sus matrimonios, sus hogares, y aun con sus hijos – varones. Realmente ha cambiado la cultura de nuestra iglesia.

Nancy: Yo fui tan alentada al escuchar cómo Dios le está enseñando a esta esposa la belleza y el poder de la mansedumbre.

A medida que apoyas este ministerio, queremos darte todo lo que esté a nuestro alcance para apoyarte en tu caminar con el Señor. Si tu corazón late por las mujeres que necesitan descubrir, abrazar, y deleitarse en Cristo, ¿Te unirías al equipo de patrocinadores de Aviva Nuestros Corazones?

Si visitas nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com podrás encontrar más detalles acerca de cómo donar para nuestro ministerio. Y mientras estás allí, asegúrate de informarte acerca de todos los detalles de nuestra primera conferencia Mujer Verdadera para América Latina, a celebrarse muy pronto.

Annamarie: Gracias Nancy. Piensa en esto: ¿Exhibes mansedumbre al mandar un correo electrónico? El programa de mañana se referirá a esa pregunta. Escucha esta discusión práctica acerca de la mansedumbre, la próxima vez, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda Escritura fueron tomdas de La Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

1. http://abcnews.go.com/US/wireStory?id=3346995

2.Articulo por Jerry Hirsch: http://seattletimes.nwsource.com/html/nationworld/2003454425_guacamole30.html

3. http://www.breitbart.com/article.php?id=D8S3CVOG0&show_article=1

4 Aug 14 10:05pm US/Eastern; http://www.breitbart.com/article.php?id=D8JGINJG1&show_article=1

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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