2/5 – Llena tu mente con la Palabra de Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: (Salmo 37) Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento

2/5 – Llena tu mente con la Palabra de Dios

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: ¿Qué llena tu mente cuando te vas a dormir?  Aquí esta Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Me encanta tener la Escritura en mi mente cuando me voy a dormir en la noche y cuando despierto en la mañana —también si  despierto durante la noche.  Te diré que las veces cuando no lo hago  y pienso en las cosas que me perturbaron durante el día en lugar de meditar en la Escritura, esas cosas se vuelven muy grandes.

Leslie Basham: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Ahora tienes acceso a las noticias 24 horas al día de múltiples maneras, pero no tan solo porque puedes hacerlo quiere decir que debas hacerlo.  En un mundo donde las malas noticias tratan constantemente de captar tu atención, Nancy te ayuda a enfocarte.

Nancy: Estamos viendo los primeros once versículos del Salmo 37 durante unas cuantas sesiones.  Quiero animarte a que vayas leyendo estos versículos.  Han sido de gran bendición en mi vida.  Me encuentro regresando a esos versículos una y otra vez, particularmente cuando me enfrento con cosas inquietantes en este mundo. Y hay mucho en este mundo que nos inquieta.  No puedes vivir con otros seres humanos y no ser confrontado por la maldad —en nuestros corazones— pero también en las vidas de otros.

Nuestra tendencia natural cuando somos confrontados con el mal que otros hacen es irritarnos.  Como vimos en la última sesión, eso quiere decir “airarse, enojarse, estar desconcertado, molestarse, el tener nuestra paz perturbada.”  Estamos viendo en este pasaje que la Escritura nos dice que lo único que no debemos hacer es lo que estamos más propensos a hacer— no debemos irritarnos.  Tres veces se nos dice eso: en el versículo 1, en el versículo 7, y en el versículo 8.  No te irrites.  No dejes que te moleste.  No te irrites.

Mientras vemos estos versículos, hoy vamos a ver que hay unas cosas que debemos hacer cuando nos enfrentamos con los hacedores de maldad.  Debemos mantenernos calmadas.  La pregunta es: ¿Cómo nos mantenemos calmadas?  Tú dirás “Me molesta. El comportamiento de esa persona –—de esa persona que trabaja en el cubículo justo a mi lado me irrita; el de esa persona que vive en mi casa que tiene un hábito tan irritante, o que está tomando decisiones incorrectas.  ¿Cómo puedo mantenerme calmada?”

Solo déjame resumir estos próximos versículos diciendo que la cura para la irritabilidad y para el enojo es el mirar hacia arriba.  ¿Hacia arriba? ¿Hacia dónde? Mira hacia Dios.  Dirige tu respuesta hacia Dios en lugar dirigirla hacia los malhechores.  Lo que nos lleva a impacientarnos, a enojarnos, es que estamos muy enfocadas en la gente a nuestro alrededor y en lo que están haciendo mal.  Tu enfoque está en el lugar incorrecto.  Redirige tu respuesta; redirige tu enfoque.  Escoge el mirar hacia arriba en lugar de mirar hacia los malhechores.  Orienta tu vida alrededor del Señor.  Amarra tu corazón a Él.  Ancla tus emociones en Él.

Vamos a ver cinco exhortaciones en el Salmo 37 que nos dicen cómo mirar hacia arriba.  Déjame enseñártelas en orden, y luego iremos una por una.

La primera la encontramos en el versículo 3: “Confía en el SEÑOR.”

Luego el versículo 4: “Pon tu delicia en el SEÑOR”

Versículo 5: “Encomienda al SEÑOR tu camino.”

Versículo 7: “Confía callado en el SEÑOR” o, como una de las traducciones dice, “guarda silencio ante JEHOVA” (RV).

Luego también en el versículo 7: “Y espérale” — espera en el Señor.  Verás esa frase tres veces en este salmo: en el versículo 7 y luego en los versos 9 y 34.

Confía en el Señor; deléitate en el Señor; encomienda tu camino al Señor;  guarda silencio ante el Señor, y espera pacientemente en el Señor.  ¿Cuál es el denominador común en cada de esas cinco exhortaciones?  En el Señor.  Orienta tu vida alrededor de Él.  ¿Dónde está el hacedor de maldad aquí? Ni siquiera lo estás viendo; estás viendo al Señor.  Estás atando tu corazón al Señor, estás atando tus emociones al Señor por lo tanto tus emociones no suben ni bajan basadas en lo que los malos estén haciendo.

Ahora, vamos a verlo uno por uno estos versículos.

Número uno: “Confía en el Señor, y haz el bien; habita la tierra, y cultiva la fidelidad” (v.3). Confía en el Señor.  La fe es el punto de partida para cualquier relación con Dios.  No puedes tener una relación con Él si no estás ejercitando la fe: “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” Hebreos 11:6(RV).

Tienes que confiar que hay un Dios en esta circunstancia y que el malhechor no tiene la última palabra. Hay un Dios y  ese Dios es soberano, ese Dios reina sobre todo, y ese Dios está sobre todos los hacedores de maldad. Tienes que confiar que Dios es sabio, que Él lo conoce todo.

Tienes que confiar que Él es bueno, que Dios está obrando Sus propósitos en este mundo, que Él tiene un plan, y que el plan de Dios no ha sido coartado por este malhechor, por esta persona que está haciendo tu vida o este mundo imposible.  Tienes que confiar que Dios conoce tu situación, que Él no está ciego a ella, que Él no te ha abandonado, y que Dios tiene cuidado de ti.

Así que mientras ves lo que este malhechor está haciendo –quizás la persona en cuestión tiene un mal temperamento, o está siendo inmoral, o está tomando decisiones imprudentes  o poco éticas, y está haciendo tu vida imposible. Quizás dirás, “Mi esposo está llevando nuestra familia a la deuda financiera,” o “mi jefe está llevando este negocio al suelo y haciendo mi vida miserable.”  Pero no te enfoques en el malhechor.

No estoy diciendo que el malhechor no existe, sino que Dios todavía sigue siendo Dios, y Dios está bien –— más que bien. Él está allí; Él está en control; a Él le importa.  Así que confía en el Señor. Confía en Él.  Pon tu enfoque en Él.

Esta fe que debemos tener no es una fe pasiva, o algo como, “solamente pretenderé que no está pasando nada malo.”  Es una fe activa, la fe siempre se presenta a sí misma con buenas acciones, si estás confiando en el Señor, entonces no te vas a comportar como una necia cuando estés tratando con un necio que te está haciendo la vida imposible. El incrédulo, el hacedor de maldad – él hace maldad.  Y eso es porque su corazón es malo.  Su inclinación es a lo malo.

Así que no te sorprendas cuando los pecadores actúan como pecadores.  Lo que debe sorprendernos es cuando los cristianos actúan como pecadores.  Nosotros somos los que debemos estar haciendo el bien porque tenemos un nuevo corazón, una nueva naturaleza.  Tenemos la capacidad de hacer el bien porque Cristo vive en nosotros.  Nos hizo nuevas criaturas.  No tenemos que hacer lo malo para responder a los malos. Podemos hacer el bien.  Podemos hacer lo bueno porque Cristo vive en nosotras.

Así que, “Confía en el SEÑOR, y haz el bien; habita en la tierra y cultiva la fidelidad.”  Habita en la tierra.  Permanece allí.  Establécete en el lugar donde Dios te ha puesto, y no siempre andes corriendo en búsqueda de pastos más verdes.  Muchas de nosotras pasamos mucha de nuestras vidas tratando de escapar circunstancias difíciles, pero Dios nos dice, “No trates de huir.  Quédate allí.”  Habita en la tierra donde Dios te puso.

Ahora, esta verdad tiene que ser balanceada con otros principios de la Escritura que dicen que a veces es apropiado removernos de la presencia del mal.  Pero si Dios te ha puesto en una situación, entonces quédate allí hasta que Dios te saque.  Quédate allí hasta que Dios te deje ver claro que es tiempo de irte.  Habita en la tierra; quédate allí.  No siempre andes buscado maneras de escapar.

La gente cambia de trabajos, cambia de iglesias, cambia de matrimonios, y lo que hacen es que se encuentran con más hacedores de maldad. Dondequiera que vayas, los vas a encontrar.  Así que Dios dice que habites allí — establécete, habita en la tierra — y luego está esa frase “cultiva la fidelidad.”  La versión Reina Valera  dice, “te apacentarás de la verdad,” y a mí me gusta la versión Reina Valera-Antigua;  que dice, “en verdad serás alimentado.”

Habita en la tierra. ¿Cómo no morir de hambre en esta tierra pecadora?  Alimentándote de Su fidelidad.  Permite que sea Su fidelidad la que te satisfaga.  Permanece donde estás, y satisfácete con el pensamiento de la fidelidad de Dios.  Confía en el Señor y haz el bien.

Número dos, y encontramos este en el versículo 4: “Pon tu delicia en el SEÑOR, (dos veces) y Él te dará las peticiones de tu corazón.”  Deléitate en el Señor.  El diccionario Strong dice que esa palabra deleite significa “estar feliz, tomar deleite exquisito.”  Deléitate en Jehová.

Toma en cuenta el contexto aquí.  Estamos tratando con hacedores de maldad; estamos tratando con maleantes.  Estamos tratando con una situación donde nuestra tendencia es de molestarnos, de exaltarnos, de enojarnos, de preocuparnos.  En esa situación, él dice, “Pon tu delicia en el Señor.”

Deja que Él sea tu premio.  Él es la perla de gran precio.  Deja que Él sea tu posesión amada, tu anhelo, eso que tú buscas.  Atesora a Cristo.  Atesóralo a Él. Dí, “Señor, a pesar de lo que está pasando a mi alrededor, a pesar de lo necias que son estas personas en mi vida, a pesar de las dificultades que me provocan, levanto mis ojos. Y Te  veo a Ti, y Tú eres asombroso.  Eres maravilloso.”  Deléitate en Él.

He estado memorizando y meditando en el libro de Apocalipsis en los últimos meses, y me encanta el capítulo 1— esa increíble, asombrosa  imagen del Cristo resucitado.  Deléitate en eso.  Deléitate en Él.  Él está en su trono.  Él es el León de la tribu de Judá; Él es el Cordero de Dios.  Sus ojos son como llamas de fuego.  Habla acerca de lo hermoso que Él es, de lo poderoso, y de lo majestuoso que Él es.  Él nos ama; Él nos ha libertado de nuestros pecados por Su sangre.  Deleita tus ojos y tu corazón en Él.  Deléitate en Él.  Deja de estar mirando a la gente, y deléitate en el Señor.

El problema con nosotras es que pasamos mucho tiempo meditando en lo que los  malhechores están haciendo, allí es donde está nuestro enfoque.  Es lo único en lo que podemos pensar, y eso es lo que nos hace enojar.  Eso es lo que nos calienta la cabeza y nos molesta.  Eso es lo que nos exalta.  Al irte a dormir en la noche, en lugar de meditar en lo que esa persona te hizo ese día que te hirió  —haciéndolo más grande de lo que es–— quita tus pensamientos de eso  y conscientemente e intencionalmente pon tus pensamientos en el Señor.  De paso, allí es donde aprenderse la Escritura es de mucha ayuda: medita en el Señor.

Me encanta tener la Escritura en mi mente cuando me voy a dormir en la noche y cuando despierto en la mañana — también si despierto durante la noche, tener la Escritura en mi mente.  Te diré que las veces cuando pienso en las cosas que me perturbaron durante el día en lugar de meditar en la Escritura, esas cosas se vuelven muy grandes.  Es como si se me olvidara que Dios está allí, y entonces se me empieza a calentar la cabeza con pensamientos en lugar de deleitarme en el Señor.

Él dice que si nos deleitamos en Él, Él nos concederá los deseos de nuestro corazón.  ¿Qué quiere decir eso?  Si nos deleitamos en Él, Él mismo se dará a nosotros, porque Él será lo único que verdaderamente vamos a querer.  Él será lo que vamos a desear, lo que anhelamos, lo que atesoramos, por lo que vivimos.  No hay lugar para perder. Es como si te elevaras a un plano donde puedes vivir por encima de las luchas, por encima de los malhechores, para encontrar deleite en el Señor.

Confía en el Señor, deléitate en el Señor, y luego para el número tres, mira el verso 5: “Encomienda al Señor tu camino.”  Esa frase “encomienda tu camino” significa “que muevas tu camino hacia Dios, que lo traslades a Él, transfiérelo a   Él.”  Un escritor dice que significa “trasladar la carga de tus hombros para entregársela a Dios.”  “Señor, esto no es mío para cargar; es Tuyo para que Tú lo cargues.”

Encomienda tu camino. “Señor, Tú ves mi camino. Tú sabes con lo que estoy tratando.  Tú conoces esta persona difícil; Tú conoces esta circunstancia difícil.”

Nosotros nos enfrentamos con eso en Aviva Nuestros Corazones. Nosotros tenemos una posición firme sobre algo.  Y tratamos de exponerla con amor y con gracia,  lo más agradablemente que se puede, pero en ocasiones recibimos correos electrónicos diciendo, “estoy disgustada con ustedes.”  Hemos tenido algunos de esos durante los últimos dos días, diciendo, “No puedo creer que dijiste eso. No puedo creer que fuiste tan fría y poco amorosa al decir eso.”  Si tú conciencia está limpia, ¿Qué haces?  Tú encomiendas tu camino al Señor.  Tú dices, “Señor, este correo electrónico es para Ti.  Tú trata con eso.  Te lo estoy pasando a Ti.”

Yo creo que el apóstol Pedro probablemente estaba pensando en este versículo cuando él dijo en 1 Pedro capitulo 5, en el versículo 7, “echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.” No tiene sentido que me quede despierta toda la noche preocupándome sobre esto, o que me turbe por ello, o me ponga nerviosa por ello. Porque Dios tiene cuidado de mi.  Deja que Dios trate con eso.

Ríndete completamente a Él.  Encomienda tu reputación a Él: “Señor, mira lo que ellos dicen —y la gente esta creyendo lo que están diciendo, y otra gente cree que es verdad.”  No te defiendas.  No protejas tu reputación.  Encomienda tu camino al Señor.  Encomienda tu senda al Señor.  Traslada toda tu situación a Él, cuando lo hagas, ya no te vas a estar quejando por la carga.

Así es como te liberas del enojo.  Así es como te liberas de la irritación. Tú confías en el Señor, tú te delitas en el Señor, y encomiendas tu camino al Señor.  Tú le trasladas tu camino al Señor.  Dice, “Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en El” —y allí está de nuevo— confía en Él “y Él actuará”.  Permítele a Dios actuar.  Él hará lo que sea necesario hacer en esa situación.

Yo creo que una de las razones por las que somos tan propensas a molestarnos, a dejar que se nos caliente la cabeza, y a enojarnos es porque sentimos que Dios no está actuando; sentimos como si Dios no estuviera haciendo nada.  Como mujeres, no podemos aguantar ver que nada suceda. Es como, “Alguien tiene que intervenir.  Alguien tiene que hacer algo, y si nadie más lo hace, yo lo haré.”  Empezamos a cargar todo el peso del mundo sobre nuestros hombros.  Amigas, no es nuestra responsabilidad arreglarlo todo.  Un comentarista dijo, “Él cumplirá todo lo que tu fe haya puesto sobre Él.”  Dáselo, y deja que Dios obre.

Ahora bien, tienes que dejar que Dios actúe a Su manera y a Su tiempo.  Uno de nuestros problemas es que nos frustramos cuando Dios no actúa a la manera que nosotros pensamos que Él debe actuar, y cuando Dios no arregla las cosas al momento que nosotras pensamos que Él debe hacerlo.  Pero ten en cuenta que Dios tiene más cosas en mente que solo arreglar tus problemas.  Dios quiere cambiarte; Dios quiere cambiar a esa persona; Dios quiere exhibir Su gloria en este mundo.  Y a veces Dios recibe más gloria al dejar que ese problema permanezca en tu vida que si lo removiese de ella.

Así que tienes que decir, “¿Es mi meta final cambiar esta situación, o es mi meta que Dios sea glorificado?  ¿Estoy dispuesta a quedarme en esta situación si eso es lo que le agrada al Señor para Su gloria?  Entonces estoy dispuesta a hacerlo.”

“Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en Él, y Él actuará.”  Él actuará — en Su tiempo y a Su manera.  Quizás no lo resolverá en los próximos 28 minutos, como pasa en programas de televisión.  Quizás no lo resolverá en la forma que tú lo hubieras hecho.  Pero dale gracias a Dios que es Él quien escribe el guión — que Él no actúa en la manera en que yo pienso que Él debe de actuar. Mi visión es muy corta. Yo no sé cuál es el panorama completo.  Dios si tiene la imagen completa en Su mente.  Él sabe lo que realmente se necesita.  Confía en Él, y Él actuará.

Algunas veces pienso qué haría Dios en nuestras circunstancias y en nuestras situaciones de la vida si realmente confiásemos en Él, y le encomendáramos nuestros caminos a Él, y si se lo permitiéramos.  Yo creo que Dios quiere hacer milagros en algunas de nuestras vidas — quizás en nuestras finanzas, quizás en esa pareja incrédula, quizás en ese hijo o en esa hija rebelde, quizás en ese jefe imposible, quizás en esa situación difícil en la iglesia.  Dios quiere hacer algo verdaderamente maravilloso y grandioso como Él mismo.

Me imagino que a veces que Dios está sentado arriba en el cielo diciendo, “¿Tú quieres tratar con esto? Está bien, hazlo tú.”  A veces pienso si Dios no se pondrá a sí mismo en un estado de inactividad —por así decir— porque somos tan intencionales en actuar por nosotras mismas.

“Sigue adelante; hazlo.  ¿Tú quieres ser Dios?”

“Bueno, no, no Señor.  No puedo.”

“Yo solo estaba esperando a que dijeras eso.  ¿Quieres que Yo actúe?”

“Sí, Señor, necesito que actúes.”

“Está bien, encomiéndame tu camino,  confía en Mi, y yo actuaré.”

Dios actuará.  ¿Qué es lo que Dios quiere hacer en tu mundo que quizás no está haciendo porque tú estás actuando, porque tu estas tomando el asunto con tus propias manos?  Confía en Él, y el hará.

Tenemos que ver el versículo 6: “hará resplandecer tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía.” Esa es una cosa que Dios hará.  Él hará brillar luz en la situación; El hará todo claro como la luz del día.  Él vindicará al justo.

Todos verán la verdad.  Si tú eres la parte inocente pero nadie más lo sabe o lo cree, encomienda tu camino al Señor.  Confía en Él.  Deja que Él vindique tu inocencia.  No te defiendas.  No trates de probar tu punto.  “Hará resplandecer tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía”.  Él hará todo claro.  Todos, con el tiempo, verán quien estaba en lo correcto.

¿Entonces, qué debes hacer?  Hay dos más en la lista.  Los tocaremos en la próxima sesión, pero mira los primeros tres: Confía en el Señor y haz el bien.  Deléitate en el Señor.  Encomienda tu camino al Señor; confía en Él, y Él actuará.

Oh Señor, te pido que hagas que nuestros corazones se aten a Ti, que orientemos nuestras vidas alrededor de Ti en vez de orientarlas alrededor de los hacedores de maldad; de los malvados.  Te pido que en lugar de enfocarnos en el mal que hay en el mundo y el mal que nos arropa y nos perturba —en vez de molestarnos, llenarnos de ansiedad e irritarnos— Señor, que podamos tener paz en nuestros corazones, calma; tener corazones firmes, y gozo durante este peregrinaje mientras nos deleitamos en Ti, mientras confiamos en Ti, mientras encomendamos nuestros caminos a Ti.

Gracias, Señor, que Tú eres Dios y eres bueno.  Aun en este momento, aunque haya cosas que nos halen; cosas que quieren robar nuestra paz y nuestro gozo, solo queremos decir intencionalmente, “nosotros escogemos confiar en Ti, oh Señor.”  En el nombre de Jesús, amén.

Leslie: Observarás a algunos malhechores hoy, sea en persona o en las noticias. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando cómo responder bíblicamente. Es el tipo de programa que esperas escuchar de Aviva Nuestros Corazonesaplicación práctica de las verdades bíblicas.

Podemos proveer ese tipo de programa por oyentes que creen en el ministerio y que quieren compartirlo contigo.

Quiero decirle “hola” a Noemí, quien está escuchando desde Sídney, Australia.  Ella nos mandó un correo electrónico para decirnos que ella descarga los programas todos los días y ella los escucha después de su tiempo de devoción, mientras saca a su perro a caminar.  Ella le escribió a Nancy, “He estado orando por ti. Como esposa de pastor yo sé cuánto trabajo mi esposo le pone a cada sermón. ¿Cómo haces para preparar un mensaje diario? Continuaré orando por ti.“

Nancy, ¿Cómo lo haces?

Nancy: Preparar mensajes para Aviva Nuestros Corazones toma mucho tiempo, y tiene sus retos.  Me he visto, día tras día, semana tras semana, por los últimos diez años, pidiendo al Señor con desesperación que me de las fuerzas, la sabiduría y la habilidad para hacerlo. Por eso me anima saber que personas como Noemí están orando—orando por mí, orando por el ministerio.  Así que necesito las oraciones de todos nuestros oyentes.

Cuando la gente pregunta cómo puede orar por nosotros, yo les digo, “primero que nada, por favor ora que el ministerio sea un desbordamiento del trabajo que Dios está haciendo en mi propio corazón, de mi tiempo con el Señor, en Su Palabra, y que en mi vida yo pueda estar viviendo el mensaje que estamos compartiendo con otros.”

Yo le pido a las personas que oren también por “aceite fresco”, por el trabajo del Espíritu en mi corazón, en mi vida, y a través de mi ministerio, porque el Espíritu puede hacer un trabajo que es más grande, más poderoso que cualquier cosa que yo pueda hacer, apartada de Él.

Ora por vigor, físico, espiritual, mental y emocional; ora que Dios me mantenga perseverando y manteniéndome firme en este ministerio.  Finalmente, ¿podrías orar por nosotros que Dios provea los recursos que necesitamos para continuar transmitiendo este programa en tu comunidad?

Muchas gracias por orar y por asociarte con nosotros en este ministerio. Tus oraciones y tu apoyo significan mucho para mí y para este ministerio.. Más de lo que yo pudiera expresar.  ¡Muchas gracias!

Leslie: No dejes de visitar nuestra página y déjanos saber cómo estos programas han sido de beneficio para ti. Visítanos en www.AvivaNuestrosCorazones.com.

A ninguno de nosotros nos gusta esperar, pero el aprender a esperar en Dios puede ser una experiencia que nos llene de profunda satisfacción. Para aprender más de eso… bueno… tendrás que esperarte hasta el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

 

 

1/5 – No te impacientes

Aviva Nuestros Corazones

Serie: (Salmo 37) Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento

1/5 – No te impacientes

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Si tu mundo está en crisis, Nancy Leigh DeMoss te ofrece buenas noticias.

Nancy Leigh DeMoss: El capítulo final no se ha escrito. Dios está aún en Su trono. Dios está venciendo sobre el mal de este mundo. Y cuando la última palabra sea dicha, Dios habrá obtenido la victoria.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Da la impresión de que siempre estamos oyendo de algún tipo de villano. Puede que sea un terrorista, un dictador, un magnate del entretenimiento de dudosa reputación o un ejecutivo de la Bolsa de Valores tras las rejas. Nancy te va a ayudar a pensar, desde el punto de vista bíblico, sobre aquellos que hacen lo malo en una serie llamada Salmo 37: Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento.

Nancy: ¿Eres de las personas que en ocasiones quiere lanzarle algo al televisor cuando ves las noticias? O sea, ¿te encuentras discutiendo, debatiendo o gritando a la persona que está del otro lado de la pantalla?

Quizás no seas de las que reaccionan visiblemente, pero cuando escucho acerca de inmoralidades, violencia, crimen, abuso, terrorismo y corrupción en el mundo de hoy —muchas veces me siento abrumada.

Y pienso “¡Detengan eso! ¿Cómo puede ser? ¡Eso está mal! y quieres hacer algo al respecto. Dondequiera que miras te encuentras con autores, gente de la farándula y con políticos que —contrario a lo que dice la Palabra— promueven las atrocidades que ellos comenten. Promueven estilos de vida impíos: abortos, inmoralidad, la cultura del divorcio, filosofías feministas. Te das cuenta de que vivimos en un mundo caído que no mejora y que va cada vez de mal en peor. La oscuridad parece intensificarse cada día más.

Y no solo es en la cultura de allá afuera o en los asuntos internacionales. También a nivel personal, tenemos que lidiar con esto regularmente ya sea en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo y —lamentablemente— dentro de nuestras iglesias. Déjenme leerles algunas cosas que mujeres nos han escrito vía correos electrónicos; quizás te identifiques con algunas de estas. Una mujer dijo,

“Estoy comprometida con un hombre que está luchando con su ira. Al menos una vez a la semana peleamos intensamente y —usualmente— todo empieza cuando no lleno alguna de sus expectativas. Nunca me ha golpeado, pero me maldice y trata de justificarlo con un ‘todos nos quedamos cortos.’

Por cierto, después de haber leído ese correo, me comuniqué con nuestro departamento de correspondencia y le mandé a decir que terminara la relación. No te comprometas en un tipo de relación como esa. Ahora bien, si ya estás en un matrimonio, la solución no es tan fácil. ¿Qué haces en el caso de estar casada con un hombre iracundo, comprometida con un hombre iracundo?

Cuando oímos estas cosas, cuando vemos lo que está pasando en el mundo — algunas veces vivimos con ellas en nuestro entorno — ¿cuáles son algunas de las respuestas y emociones naturales que sentimos ante las personas que hacen lo malo, los malhechores, o lo que está mal hecho?

Esas cosas son las que nos pueden hacer sentir desamparadas, fuera de control, sepultadas, inundadas en la cultura que nos rodea. Podemos sentirnos abandonadas. Pienso que muchas veces aflora en nosotras un sentimiento de ira y agitación. Nos podríamos sentir —como dijo esa señora— asustadas, descorazonadas, desilusionadas. Todas esas son respuestas naturales al darnos cuenta de que vivimos en un mundo caído y desastroso, y todo esto nos llega por todas partes.

Por eso quiero que en los próximos días quiero que veamos un pasaje de la Escritura que nos dice qué hacer acerca de lo mal hecho en nuestra cultura, lo mal hecho en nuestros hogares, lo mal hecho en nuestras iglesias, lo mal hecho en nuestros lugares de trabajo; nos dice qué hacer al respecto.

Me refiero al Salmo 37. Es un salmo familiar para la gran mayoría. No vamos a ir con detalle por todo el salmo, pero he estado meditando en los primeros once versículos.

Me he detenido ahí y he estado morando en estos versículos, memorizándolos, citándolos, repitiéndomelos a mí misma, y aplicándolos a las diferentes circunstancias de la vida. Quiero que nos tomemos un tiempo meditando estos versículos, no tan profundamente como pudiéramos, pero si echarles un vistazo general a lo que debemos hacer cuando nos rodea intensamente la maldad.

Muchas de ustedes están familiarizadas con el Salmo 37 como dije. Trata con un asunto que el pueblo de Dios en cada generación ha tenido que enfrentar, y es la presencia activa de la maldad y de los hacedores de maldad en nuestro mundo; una maldad que no es pasiva. Una maldad que es activa. Que va en aumento. Que se mueve hacia adelante a nuestro alrededor. La pregunta es, “¿cómo debe responder el pueblo de Dios?”.

Más aún, este pasaje lucha con el hecho de que no solamente nos rodea fuertemente el mal, sino que misteriosamente o de una forma difícil de explicar, las personas que viven vidas piadosas sufren aflicciones mientras que las que viven vidas impías muchas veces prosperan. ¡Vaya usted a ver! ¿Por qué es eso? ¿Cómo podemos lidiar con esa realidad?

¿Y qué tal el gerente que miente, con ética profesional dudosa que pisotea a la gente y entonces, él es promovido? ¿Por qué prosperan los impíos?

¿Y qué del hombre casado que vive una relación adúltera abiertamente, sin preocuparse, divirtiéndose —y que aparentemente le va bien en la vida o por lo menos eso parece— mientras que su esposa y sus hijos sufren en la casa?

¿Y qué me dices de la gente que vive endeudada, que no paga sus facturas, que tienen de todo mientras que tú, siendo responsable con tus finanzas, con dificultad logras llegar a fin de mes? Hay muchas cosas que son inexplicables cuando miras a tu alrededor.

Ahora bien, el Salmo 37, no provee una explicación para esas aparentes injusticias, pero si reta a los creyentes a ver esta realidad bajo una luz distinta.

¿Cómo debemos verlo? Tenemos que verlo a la luz de la eternidad.  Este salmo nos reta a que respondamos ante estas injusticias a la luz de la voluntad y los propósitos soberanos de Dios.

No me cabe duda de que Jesús estuvo muy familiarizado con este salmo. Es posible que lo tuviera presente en medio del Sermón del Monte, cuando Él dijo “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5)

Cuando Jesús dio esas bienaventuranzas, Él puso la sabiduría convencional de cabeza. Las cosas que dijo fueron diametralmente opuestas a nuestra forma natural de pensar.

¿Felices son los pobres en espíritu? ¿Dichosos son los que lloran? ¿Bienaventurados son los mansos? O sea, el mundo piensa totalmente lo opuesto. Pero Jesús dijo que los mansos son bienaventurados porque ellos van a heredar la tierra.

Creo que Él con toda probabilidad estaba pensando en el Salmo 37 cuando dijo esas palabras porque —como algunos comentaristas han señalado— porque el Salmo 37 es una exposición de la tercera bienaventuranza. “Bienaventurados son los mansos”. El Salmo 37 es uno de ocho salmos acrósticos incluidos en el libro de los Salmos. Salvo unas pocas excepciones, a lo largo de este salmo, cada estrofa o copla empieza con una sucesión de letras del alfabeto hebreo.

Las Escrituras nos dicen, al inicio de este salmo, que fue escrito por David, un David ya maduro. ¿Cómo sabemos eso?

Mira el verso 25. David dice “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.”

Por lo que ya David es un hombre mayor. Ha vivido mucho. Ha visto mucho. Ha estado en muchos lugares y reflexiona acerca de lo que ha visto a lo largo de los años. Ha visto mucha maldad. De hecho, David muchas veces fue víctima de esa clase de opresión: el hijo que trató de quitarle su reino; Simei quien lo maldijo; gente traidora que lo traicionó. Él ha sido el receptor de todo esto.

Pero el también reconoce, con humildad de corazón, que él ha sido el causante de algunas de esas cosas. Él fue el hombre que tomó a la esposa de otro hombre traicionando la confianza de dicho hombre.

Por lo que David ha sido el receptor y el que ha causado maldad en el mundo. Pero a medida que mira hacia atrás y reflexiona, piensa en cómo trata Dios con los justos y cómo trata con los malvados.

David piensa en el rey Saúl y en cómo por años él lo persiguió,  trataba de atacarlo y cómo parecía que Saúl ganaba— y cómo que tenía todas las de ganar. Pero entonces él mira hacia atrás, con la experiencia que le han dado los años, y se da cuenta de cómo Dios venció sobre todo, cómo Dios cuidó de él, de cómo Dios lo guió en medio de los ataques y lo protegió en medio de la oposición.

Se da cuenta de que la última palabra no se ha escrito.

•       El capítulo final no se ha escrito.

•       Dios está aún en Su trono.

•       Dios está venciendo sobre el mal de este mundo.

•       Y cuando la última palabra sea dicha, Dios habrá obtenido la victoria.

A David no le quedan dudas al mirar hacia atrás.

Ahora bien, a medida que avanzamos en este salmo, vamos a ver —ante la maldad de este mundo— algo que no debemos hacer y es en lo que nos vamos a enfocar el día de hoy. Luego, en los días siguientes, ya veremos lo que debemos hacer en respuesta a estos malhechores.

El pasaje empieza en cómo no debemos responder. Vas a ver ese mandato o exhortación tres veces, empezando en el versículo 1 y, luego  en el versículo  7 y en el 8. Y lo que no podemos hacer ante la maldad —ya sea cuando hablamos de algo de gran magnitud o algo pequeño—¿qué no debemos hacer? La única cosa que no debemos hacer es precisamente la que, por naturaleza, somos más propensos a hacer, y pienso que por eso lo dice tres veces. Salmo 37:1 “No te irrites a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que practican iniquidad.” Luego en el versículo 7: “No te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.” Y, en el versículo 8: “Deja la ira y abandona el furor.”

No te irrites. Ahora bien, cuando usamos la palabra “irritación” pensamos de inmediato en preocupación. “No te preocupes. No te impacientes,  No te pongas ansiosa.” Y ese es un significado de la palabra “irritar”.

Pero la palabra “irritación”, como la vemos en el hebreo original, como la he estudiado, sugiere algo más que simplemente el estar preocupada o molesta. Sugiere  más que eso.

Esta palabra en hebreo significa literalmente “No te acalores.” La palabra significa “quemarse; encenderse; enrojecerse de furia; indignarse.” Significa “el encenderse o enfurecerse; el incomodarse; el resabiar.” No te irrites. No te enfurezcas ante lo mal hecho. No te agites ni te enojes. No dejes que te hierva la sangre.

De hecho, en el versículo 8, se aprecia la conexión entre la ira y el enojo. Mira el verso 8 dice: “¡Deja la ira y abandona el furor! No te enfurezcas.”

En la poesía hebrea, tiene lo que se llama paralelismo, y eso implica que una frase se dice de manera ligeramente distinta, pero con el mismo significado—una detrás de la otra. Por eso dice: “deja la ira” y “abandona el furor”. Lo que se traduce en “no te irrites; no te incomodes.” En el diccionario dice “cesa la ira”. Significa, “déjalo; suéltalo.” Deja la ira significa “déjala atrás; aléjate de ella.” No te aferres a tu enojo. Suéltalo. Déjalo pasar. Apártate de él. Cesa. No te incomodes con eso.

Esa ira, creo, está dirigida primeramente a Dios. Aunque no lo hagamos conscientemente.

Dirás, “No, no yo estoy molesta con Dios. Es mi hijo de ocho años. O es mi marido que se comporta como un niño de ocho años. O es mi jefe que está siendo totalmente irracional.” “Estoy incómoda con la persona”. Pero, invariablemente, encontramos que nuestra ira —en cierta medida— va dirigida a Dios porque lo que estamos pensando (aunque sea a nivel del subconsciente) es “Si Dios está en control y Él es tan grande y Él es tan maravilloso, ¿por qué no está haciendo algo al respecto? ¿Por qué está pasando esto? ¿Por qué no lo cambia? ¿Por qué no me saca de esta circunstancia? ¿Por qué no derrota a ese malvado dictador?”

Por lo que primero y ante todo, es ira hacia Dios y a Sus caminos. Ira debido a nuestras circunstancias.

Luego, el enojo se enfoca en otros, es cómo impactan nuestras vidas. Tendemos a incomodarnos porque vemos que nuestra obediencia y nuestro esfuerzo de vivir correctamente no parecen darnos ningún beneficio.

¿Para qué ser una mujer de Dios, para qué ser una mujer verdadera? No parece estar proveyendo alivio para mi dolor o para seguir viviendo en este mundo caído. Todavía tengo que darle la cara a esa gente. Somos propensas a incomodarnos. Tendemos a enfurecernos. Tendemos a hervir. Tendemos a ponernos tensas y a agitarnos. Pero la Escritura dice “¡Deja la ira, y desecha el enojo! No te enfurezcas; solo conduce a hacer lo malo.”

En algunas de sus Biblias la traducción dice “al mal” (NVI).  Pienso que en la Nueva Versión Internacional dice “conduce al mal” En hebreo es la misma palabra que se usa donde dice “no te irrites a causa de los malhechores.”

Verás, si miramos a nuestro alrededor y vemos a los hacedores de maldad. Y si reaccionamos agitadas, enojadas o enfurecidas a causa de los malignos, ¿sabes lo que pasa? Nos convertimos nosotras mismas en hacedoras de maldad. “Solo haríamos lo malo”.

Si te irritas y te incomodas con quienes te provocan o quienes provocan a Dios, terminas siendo el mismo tipo de persona que los que te están provocando. Y todas hemos visto eso en nosotras.

Quizás no lo externemos. Aunque algunas sí, pero la mayoría de nosotras lo hacemos internamente. Pero te conviertes en esa persona que te está llevando la contra. Si nos irritamos terminamos siendo hacedoras de maldad. Eso solo nos llevará a hacer lo malo.

De manera que las Escrituras dicen “No dejes que los malvados y aquellos que hacen lo mal hecho, te hagan pecar.” Es por eso que comienza con “No te impacientes. No te enojes. No te enfurezcas. No te abandones a la ira.” por eso debemos ser cuidadosas en no dejar que esta ira desarrolle raíces en nuestros corazones. Si hace raíz invariablemente nos llevará a pecar.  Por lo que ¡córtalo de raíz!

“No te irrites”. Habla de la actitud y condición del corazón. Antes de que se te zafe, antes de que explotes de ira, antes de que digas algo cruel o hagas algo  malo, trata con el enojo en tu corazón.

“No te irrites”. No dejes que florezca en tu corazón. No lo dejes echar raíces. No te incomodes”  Nuestra reacción ante los pecadores, ante las circunstancias y las providencias de la vida, esas respuestas revelan lo que hay dentro de nuestros corazones. Si empezamos a decir groserías, y si empezamos a hiperventilar o a hacer (lo que a veces hago yo) “¡Oh, no! ¡No puedo creer lo que está pasando!”

Si empezamos a proferir palabras, palabras llenas de ansiedad, eso refleja el hecho de que nos estamos incomodando en el interior de nuestro corazón. Nos hemos enfureciendo. Hemos llegado a estado de ebullición. Santiago capítulo  1 versículo 20 dice “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” Nunca vas a triunfar sobre lo malo, haciendo lo malo. Y cuando te impacientas y te incomodas te conviertes en una hacedora de maldad.

La razón por la que no tenemos que irritarnos es porque no somos Dios. Dios está en control. Él puede manejar este mundo. Él puede controlarlo. Él puede cambiar a los malhechores y lo va a hacer en Su tiempo. Eso es lo que vamos a ver en este Salmo.

Chambers dijo, “Toda nuestra irritabilidad y preocupación se debe a que calculamos sin tener en cuenta a Dios.” Y, podría añadir que —nuestra irritación, preocupación y furia— se debe a que tratamos de ser Dios, tratamos de tomar las riendas de algo que no nos corresponde. Dios es quien está a cargo.

Entonces, ¿cómo aplicamos esto cuando vemos la maldad en nuestra cultura— en nuestros políticos, en las noticias mundiales, las celebridades haciendo alarde de inmodestia e de inmoralidad? Y lo vemos, no solamente en la cultura, sino en nuestros hogares, en las iglesias y en los lugares de trabajo. Vemos cosas que sabemos están mal. ¿Qué se supone que hagamos?

Debemos contristarnos por el pecado. No nos debemos hacer inmunes ni enterrar nuestras cabezas en la arena —como el avestruz— y pretender que no existe. No dejes que te salga una úlcera. No te enojes. No dejes que lo mal hecho del otro te robe tu gozo y tu paz.

Si le respondemos a los hacedores de maldad con ira, nos convertimos en hacedoras de maldad nosotras también. Más aún, perdemos la oportunidad que Dios quiere darnos para influenciar e impactar a otros y para ayudarles a redimir sus vidas.

Escúchenme, amigas, las cristianas no debemos ser conocidas como personas reaccionarias y airadas. Hay muchas cosas en este mundo que son muy, muy graves y muy pecaminosas. Pero el mundo no debe mirarnos y pensar “Siempre están perdiendo los estribos por todo. Son personas reaccionarias y malhumoradas.”

No te irrites. No pierdas los estribos.  ¿Hay alguna situación en este momento que te tenga en ese estado? ¿Hay algo en tu vida que te está siendo problemático? Estás furiosa. A punto de estallar. Estás hirviendo por dentro y sientes la temperatura subir.

Es como cuando coces algo a fuego lento, pero si no lo retiras del fuego y dejas que se siga calentando. Va a llegar a punto de ebullición y —cuando llega a ese punto— se desborda.

¿Estás irritada con algo? ¿Te has enfurecido en tu interior al punto de exteriorizarlo agitadamente? ¿Te has convertido o te estás convirtiendo en el hacedor de maldad que te está abrumando tanto?

Piensa por un momento en tu matrimonio. Piensa en la dinámica, la química de ese hijo para quien nunca se ha  escrito un libro de texto. ¿Te estás poniendo a su nivel? ¿En tu lugar de trabajo, en esa relación tan tensa, has llegado al punto de ebullición?

Si ese es el caso, antes de que continuemos con este Salmo, el punto de partida es ponerte de acuerdo con Dios y decir.  “Si señor, tienes razón. Estoy equivocada. Me he estado incomodando. Hay furia en mi corazón. Me está devorando por dentro. Lo he dejado que me afecte. Estoy furiosa. Estoy rabiosa. He pecado contra ti al estar de resabiosa.”

Confiésalo. Arrepiéntete. Luego, durante los próximos días, veremos no solamente lo que no debemos hacer — perder los estribos por causa de los hacedores de maldad— sino que veremos lo que Dios nos manda a hacer de una forma positiva y redentora.

Leslie: El irritarse es un hábito arraigado en muchas de nuestras oyentes. Pero Nancy Leigh DeMoss te ha estado invitando a que te liberes de las preocupaciones en la serie llamada Salmo 37: Un corazón en calma en medio de un mundo turbulento.

Ella te estará enseñando cómo evitar la tentación de preocuparte e incomodarte en los próximos programas y espero que nos sigas acompañando.

Podemos traerte este tipo de enseñanzas bíblicas y prácticas gracias a las oyentes que contribuyen con Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: De hecho, hay personas como esas escuchando el programa en el día de hoy. Esposas y esposos teniendo dificultades en sus matrimonios y con la necesidad de la intervención divina; mujeres descorazonadas que necesitan dirección, apoyo, ánimo y —algunas veces— ser confrontadas con la Palabra de Dios.

Escucha, estamos en una batalla espiritual y es por eso que tus oraciones son tan importantes para ayudarnos a llevar la verdad a estos corazones y para verlos responder a esa verdad diciendo “Sí, Señor.”

En adición a tus oraciones, también necesitamos el apoyo financiero del pueblo de Dios, de aquellos que tienen un corazón para este mensaje y que deseen ver cómo hacer una diferencia en las vidas de miles de radioescuchas en nuestro país y alrededor del mundo.

Por lo que gracias por sus oraciones, gracias por el apoyo financiero que el Señor les dirija a hacer para ayudarnos, para ayudarnos a continuar haciendo una diferencia en los corazones y en los hogares de su comunidad.

Leslie: Visita nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ser de tu interés y hacer una donación. También puedes llamarnos al 1-800-569-5959 desde EEUU y Canadá.

¡Tenemos buenas noticias para ustedes! Nuestros amigos de la casa de publicación Moody recientemente nos dieron una maravillosa noticia. El libro “Buscándole a Él” (“Seeking Him”, como se le conoce en ingles) está disponible en formato electrónico, justo a tiempo para el inicio de la serie que comienza la semana próxima. Estará disponible en tres módulos: lecciones 1-4, 5-8, y 9-12. Visita www.AvivaNuestrosCorazones.com para más informes sobre cómo adquirirlo.

No te pierdas la oportunidad de hacer este estudio junto con nosotros durante las siguientes 12 semanas. ¡Compra tu copia hoy y preparémonos para un avivamiento!

Visita nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ser de tu interés y hacer una donación. También puedes llamarnos al 1-800-569-5959 desde EEUU y Canadá.

Bueno, cuando tu mente está llena de las Escrituras, tus días y noches van a ser diferentes. Entérate por qué en nuestra próxima entrega cuando Nancy continúe con el Salmo 37. Te esperamos en Aviva Nuestros  Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Su gracia es suficiente – 3/3

Aviva Nuestros Corazones

 El Shaddai – El Todo Suficiente

Su gracia es suficiente – 2/3

Nancy Leigh DeMoss

 

Leslie Basham: El apóstol Pablo dijo que a él le alegraban sus debilidades.  Nancy Leigh DeMoss dice, “Nosotros no podemos entender esto desde nuestra perspectiva humana”.

Nancy Leigh DeMoss: “¡Suena como un loco! ¿Encontrar placer en las pruebas y en los problemas?… ¿Por qué? Porque él sabe que en medio de todo esto la gloria de El Shaddai será manifestada, y esta no puede ser vista de ninguna otra forma.

“Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Co 12:10)

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss  en la voz de Patricia de Saladín.

Si las plantas pudieran hablar, probablemente te dirían que les proveas mucha agua y sol, pero que seas cuidadosa con la poda.  Pero si te importa la planta cortarás las ramas secas para que las nuevas puedan crecer.

Estamos por escuchar como Dios hace las mismas cosas en nuestra vida.  Nancy está  en la serie El Shaddai: El Todo Suficiente.

Nancy: El nombre del Señor es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo  (Prov. 18 10).  Aquellos quienes conocen Tu nombre ¡oh  Señor! pondrán su confianza en Ti porque Tú no has olvidado a los que Te buscan.

El conocer el nombre de Dios es conocer a Dios.  Y conocer a Dios es confiar en Él.  Hemos visto que el nombre del Señor es un lugar al cual podemos correr y estar protegidos.

En las últimas sesiones hemos estado viendo un nombre de Dios en particular el cual ha sido una torre fuerte de refugio en mi propia vida.  Es el nombre de El Shaddai.

El —todopoderoso, fuerte, omnipotente Dios quien todo lo puede.  Nada es muy difícil para Él.

Hemos visto que El Shaddai, este Dios, fuerte, todopoderoso, fue capaz de darle a Abraham y a Sarah un hijo cuando era humanamente y físicamente imposible para ellos tener un hijo.

Hemos visto que Dios esperó, o los hizo esperar a ellos veinticinco años desde la primera vez que les dio la promesa de un hijo, hasta que esa promesa fue cumplida.

Esperar por el Señor es algo muy difícil de hacer, ¿no crees?  Para nosotros veinticinco años parecen ser una eternidad, pero en realidad no lo son.  A la luz de la eternidad es solo un momento.

Entonces necesitamos la perspectiva de Dios, y aprender a esperar en el Señor aun  cuando parece ser que Él no cumplirá sus promesas.

Ahora, hay tantas implicaciones prácticas de este nombre para nuestras vidas.  Hemos visto que El-Shaddai… Shaddai—Dios como una madre que amamanta—el pecho de Dios. Esta palabra viene de la palabra hebrea para seno.  Él es como una madre que amamanta; quien se derrama a Sí mismo en nuestras vidas.

Entonces no solo Él es poderoso y capaz, sino que también es tierno y proveedor.  Él es Todo Suficiente.  Hemos visto que el nombre de El-Shaddai, Dios Todopoderoso, El Todo Suficiente, a menudo en las Escrituras está unido con el Dios que nos bendice. Él nos colma de bendiciones.  Pero quiero que en esta sesión veamos otra implicación de este nombre El Shaddai, y es que Él es el dador de frutos.

Desde la primera página de las Escrituras hasta el libro de Apocalipsis, verás un tema, y es que Dios quiere que Su pueblo sea fructífero, productivo.

En las primeras páginas del Génesis, Dios les dijo a Adán y a Eva: “Sed fecundos y multiplicaos” (Gen 1:28).  Ahora, obviamente Dios estaba hablando de que se unieran físicamente para procrear hijos y de esta forma poblar el mundo. Pero hay muchas formas en las que Dios quiere que seamos productivos o fructíferos mientras vivimos en unión y comunión con Él.

Es El Shaddai quien nos hace fructificar y multiplica nuestras vidas. Abram empezó con ser Abram (padre exaltado) a ser Abraham (el padre de multitudes).

Dios se agrada cuando somos fructíferos en extremo. Él quiere que seamos fructíferas.

En Génesis capítulo 28, el hijo de Abraham, Isaac, dice a su hijo “Y el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y te multiplique…” (v.3) El Shaddai es quien nos hace fecundos.

En Génesis capítulo 35, Dios le dice a Jacob, “Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate…” (v.11).   El Shaddai es quien nos hace multiplicar.

Ahora también aprendemos en Juan capítulo 15, cuando Jesús le dijo a Sus discípulos que nuestro Padre que está en los cielos es glorificado cuando nosotros como sus discípulos traemos mucho fruto.  (Ver v. 8)

Él quiere que seamos fructíferas en extremo. Nuestro propósito en esta vida es traerle gloria  a Dios, y  ¿cómo traemos gloria a Dios?  Siendo fructíferas, trayendo mucho fruto.

¿Qué clase de fruto espera Dios que produzcamos?  Necesitamos saber cuál es el fruto esperado para que acudamos a El Shaddai, nuestro Todo Suficiente, para que Él produzca el fruto a  través de nosotras.

Bueno, Dios quiere producir en nosotras el fruto de justicia, de una vida santa.  Dios quiere producir en nosotras el fruto de Su Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, bondad… Yo no tengo nada de esto en mí.

Por mi misma, nunca podría tener el fruto de la bondad. Es por eso que tengo que contar con Su suficiencia.  Él es el dador de frutos.  Él es quien produce el fruto del Espíritu en nuestras vidas.

El fruto que Él quiere producir en nosotras es el fruto de Cristo viviendo y expresándose a través de nosotras, el fruto del carácter de Cristo formado en nosotras, el fruto de ser una bendición para otros que vienen de tener la vida de Cristo en nosotros, el fruto de hijos—de hijos naturales.

Tú que eres madre, Dios está complacido cuando tú tienes hijos, pero no sólo dar a luz hijos, sino que quiere que estos hijos tengan un corazón para Dios.  Querrás que esos hijos sean espiritualmente fructíferos.

¿Quién es el dador de los frutos?  Es Dios, El Shaddai, quien te capacita para guiar y entrenar a tus hijos para andar en los caminos de justicia.  Es El Shaddai en ti quien será tu suficiencia mientras discípulas esos niños pequeños.

Ahora, algunas de ustedes tal vez sean solteras como yo, y no tengan hijos naturales. Pero les digo algo—tengo, hijos espirituales en diferentes lugares y alrededor de todo este país.  Un par de ellas están hoy sentadas aquí en esta grabación—son mujeres que no sólo han influenciado mi vida, sino que Dios también me ha permitido ser productiva en sus vidas, animándolas en su caminar con el Señor.

¿Qué nos capacita para producir fruto en la vida de otras personas?  ¡Es El Shaddai! Él es mi suficiencia.  Él es quien produce el fruto en nosotras.

Y es que Dios no tenía en mente que tú y yo, como Sus hijas, simplemente existamos en este planeta, o que sólo sobreviviéramos… que simplemente vayamos por la vida, lidiando con la cotidianidad. Dios quiere que produzcamos fruto en abundancia.

Yo creo que Dios quiere hacer todo esto en mi vida.  Quiero tener el mismo tipo de fe de Abram, quien era de noventa y nueve años de edad y aún no había señal alguna de que la promesa de Dios se cumpliría, de que él sería el padre de multitudes, pero las Escrituras dicen que él le creyó a Dios  (Ro. 4:30).

Él le creyó a El Shaddai, al Todo Suficiente. Amo a Dios y quiero glorificarlo con mi vida. Quiero ser muy productiva para Su gloria pero yo no tengo la capacidad de producir fruto por mí misma. Y tú tampoco.

Aparte de Dios lo único que tenemos son estos cuerpos estériles. Es por esto que Jesús dijo, “es crucial que permanezcan en Mí y Yo en ustedes, que se mantengan conectadas a la vid.” (Ver Juan 15:1-18)

Ese pequeño bebé no será alimentado por su madre a menos que el infante se acerque a su madre y se una a ella.  Ahí se produce una unión, una unidad que capacita a la madre para derramarse en ese bebé. A medida que permanecemos en Cristo y en la medida que Su Palabra habita en nosotros, Dios derrama Su suficiencia en nosotros para que no simplemente existamos, sino para que seamos fructíferas.

Verás, es El Shaddai quien también castiga y disciplina Su pueblo para que podamos ser más productivas.

Es interesante ver que a través de las Escrituras, El Shaddai, Dios Todopoderoso, está relacionado no sólo con las bendiciones de Su pueblo, sino también en hacernos dar fruto; como también está conectado con el Dios que disciplina a Su pueblo para que pueda ser más productivo.

Porque para experimentar la suficiencia de Dios, el Todo Suficiente, El Shaddai, primero debemos experimentar nuestra propia insuficiencia. Para experimentar Su plenitud, debemos primero vaciarnos totalmente.

Dios no va a venir a llenarnos si estamos llenas de nosotras mismas, con nuestros propios recursos, nuestro propio orgullo. En ocasiones Dios nos disciplinará para vaciarnos y para erradicar de nosotras el orgullo y el egoísmo, para que podamos ser llenas con Él mismo.

Mientras más orgullo y autosuficiencia haya en nuestras vidas, menos fruto daremos para la gloria de Dios. Él quiere que seamos más fecundas, que demos mucho fruto, de manera que Él trae disciplina a nuestras vidas para que podamos ser más productivas.

Entonces ¿Cómo debemos responder a El Shaddai?  Hemos visto las implicaciones que Su nombre tiene en nuestras vidas, y sólo quiero terminar esta sesión meditando brevemente sobre cómo debemos responder al Dios Todo Suficiente.

Yo creo que lo primero, y obviamente es la respuesta adecuada, es responder en adoración. Mientras Dios se revela a Si mismo con todos Sus diferentes nombres y revela Su carácter, nuestra primera respuesta debe ser adorar a Dios.

Me encanta ese pasaje en Génesis capítulo 17 donde Dios se aparece a Abraham a la edad de noventa y nueve  años para decirle, “Yo soy  [El Shaddai]” [la primera vez que ese nombre fue usado] anda delante de mí y se perfecto” (v. 1).

El siguiente versículo nos dice que Abraham se postró sobre su rostro. Él reconoció  que estaba en la presencia de la grandeza, la suficiencia, la toda suficiencia de Dios. Abraham ya había visto su propia insuficiencia y la insuficiencia de cualquier otra persona o cosa para proveer el hijo del pacto, el hijo de la promesa que le sería dado.

De manera que, a la luz de este Dios todo suficiente y omnipotente—antes de ver la respuesta de la promesa de Dios—él adora. Ahora bien, algunas de nosotras pensamos,   “Una vez que vea la respuesta de Dios, una vez que Dios me saque de este desastre, una vez que Dios me saque de este tiempo de aflicción, entonces lo alabaré.”

¡Claro, por supuesto que lo harás!  Pero el reto es—y esta es una evidencia de tu fe: ¿Lo adorarás ahora cuando no puedes ver el resultado de Su provisión?  Cuando todo lo que tienes es la fe que te dice que Dios es todo suficiente, ¿lo alabarás?  ¿Te postrarás sobre tu rostro delante de Él en adoración?

Mientras alabamos a El Shaddai, necesitamos reconocer nuestra propia insuficiencia.  Somos incapaces de cumplir con lo que Dios quiere hacer dentro de nosotras y a través de nosotras.  No puedes criar esos hijos tú sola. No puedes amar a ese esposo en tus fuerzas. No puedes testificar de Dios de la forma que Él lo espera dentro de tu lugar de trabajo en tus propias fuerzas.

No puedes producir el fruto del Espíritu en tu vida por ti misma.  Reconoce tu propia insuficiencia. ¡Pero no te quedes ahí!  ¡No continúes con la mirada en ti misma!

Ahora, algunas de nosotras tan solo sustituimos nuestra insuficiencia con otros. Nos damos cuenta de que no somos suficientes, y entonces buscamos a alguien más—como lo hizo Abraham cuando buscó su siervo y cuando buscó a Agar para proveer una solución a su problema de falta de hijos.

Y Dios dice, “Hazlo a tu manera—Yo lo haré a la Mía”.

No te conformes con menos de lo que Dios quiere para tu vida, No te conformes con la suficiencia de otras personas para proveerte, cuando Dios quiere darte toda Su suficiencia.

Entonces necesitamos dejar de enfocarnos en nosotras mismas y en nuestra propia suficiencia—necesitamos quitar los ojos de los demás y de su suficiencia parcial. Dejar de mirar hacia adentro, dejar de buscar afuera y empezar a mirar hacia arriba.

Mantén tu mirada siempre en Dios, El Shaddai, quien es toda nuestra suficiencia.  Él solamente Él es nuestra suficiencia.

Cantamos muy fácilmente ese pequeño coro que dice “Cristo es todo lo que necesito”.  Pero ¿En verdad creemos eso?

Alguien dijo que nunca sabrás que Cristo es todo lo que necesitas hasta que Él sea todo lo que tengas. Cuando Él es todo lo que tienes entonces llegarás a entender que realmente Él es todo lo que necesitas.  

En lugar de buscar adentro y afuera, mira hacia arriba y confía en toda Su suficiencia.  Esto significa, como lo hemos visto en la vida de Abraham, estar dispuestas a esperar en Dios.

Ahora, estoy dispuesta a esperar mientras Él se de prisa.  Puedo esperar por cinco minutos o cinco días o tal vez cinco meses, si es necesario, pero es en la espera cuando ya no hay esperanzas cuando vemos lo mejor de Dios; es ahí cuando vemos la mayor expresión de Su Suficiencia.

No tomes los asuntos en tus propias manos.  Tomó veinticinco años desde la primera vez que Dios le prometió un hijo a Abraham hasta que Abraham sostuvo su hijo Isaac en sus brazos… ¡veinticinco años!

Pero Dios no tenía prisa, y ciertamente no estaba retrasado. Dios espera, muchas veces hasta que está claro que ya no hay salida alguna para esta situación a menos que Él intervenga.

Confía en Su suficiencia y mientras esperas acércate a Él.  Como ese niño que se acerca al seno de la madre para ser alimentado por su madre, acércate a Dios y permite que Él se derrame en tu vida y llene cada una de tus necesidades.

Esta fue la experiencia que tuvo el apóstol Pablo.  Él habla acerca de esto en 2da a los Corintios, en el capítulo 12.  Recuerda como le fue dado este aguijón en la carne. No sabemos de qué se trataba, pero sabemos que era un tipo de aflicción.  Y Él dijo “Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí” (v.8).

No hay nada de malo con pedirle a Dios que remueva la situación, pero cuando Dios no la remueve, ¿qué es lo que haces?  Escucha las palabras de Dios a Pablo, en el versículo 9 de 2da a los Corintios, en el capítulo 12: “Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”.

Entonces, ¿qué dijo Pablo?  Está bien, El Shaddai.  Tu fuerza es suficiente.  Entonces, ¿qué hago? “Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades…” (v. 9-10).

De eso me gloriaré en lugar de ser fuerte en mí misma. Me gloriaré en mis debilidades porque es allí cuando puedo ver la mayor expresión de la gracia de Dios, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en mis debilidades.

¡Suena como un loco!  ¿Encontrar placer en las pruebas y los problemas?  Pero  ¿por qué? Porque Él sabe que en medio de todo esto la gloria de El Shaddai será manifestada, y esta no puede ser vista de ninguna otra forma.

“Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (v. 10)

Nathan Stone escribió un libro clásico hace muchos años sobre los nombres de Dios. El resumió este nombre de El Shaddai, “Dios Todopoderoso”, como está traducido en nuestras biblias.  Él dijo,

“El nombre Dios Todopoderoso, El Shaddai, nos habla de la inagotable fuente de Su abundancia.”

Me encanta la palabra “inagotable”. Dios, como el Todo Suficiente nos provee de lo que Él tiene y lo que nos da es interminable. Continúa diciendo,

“Nos habla de Sus riquezas y de la plenitud de Su gracia, manifestada en Su amor sacrificial que se entrega a favor de los demás. Nos habla de que toda buena dádiva viene de Dios, y de que Él nunca se cansa de derramar Sus misericordias y Sus bendiciones sobre Su pueblo.”

“Pero no debemos olvidar”, nos continúa diciendo él, “que la fortaleza de Dios es perfecta en nuestras debilidades.  Su suficiencia es manifestada más aún en nuestra insuficiencia, Su plenitud en nuestra escasez.  Nos llena para que de nosotros fluyan ríos de agua viva para la humanidad que está sedienta y necesitada”.

¡Me gusta esto!  Necesito recursos y tú también.  En mi vida diaria y en el rol que desempeño en el cual Dios me ha llamado a ministrar la Palabra de Dios, y a ti también, mientras desempeñas tu rol de madre  o de esposa en casa. Yo necesito, tú necesitas, esas reservas frescas, esa provisión de cada día para  poder dar a otros.

Cuando se nos terminan las provisiones, como el viejo dicho dice “Las dádivas de nuestro Padre apenas comienzan”. (Él da más gracia”)

No hay límite para Su provisión. Él nos ofrece una fuente inagotable de Suficiencia. Entonces Dios se dio a conocer a Sí mismo a Abraham como El Shaddai, Porque yo soy El Todo Suficiente y luego Dios dijo,  “anda delante de mí y sé perfecto”.

Si Dios no se hubiera dado a conocer a Sí mismo a nosotros como El Shaddai no tendríamos esperanza para caminar delante de Él y estar sin falta alguna.

Hemos visto como El Shaddai es quien nos bendice. Él es quien nos hace productivas.  Él quiere que seamos fecundas en abundancia, y nos corrige para ayudarnos a producir más fruto para Su gloria.

En el libro de Job el nombre de El Shaddai es mencionado treinta y una vez, y mientras el siervo de Dios estaba sufriendo él reconoció que en última instancia la corrección venía de la mano de El Shaddai, no como castigo, no como juicio, pero como una forma de purificación, de poda, de limpieza, fruto de la obra de Dios para que la vida de Job pudiera traer mucho fruto para la gloria de Dios.

Señor, te damos gracias por la persona que en este momento está experimentando la corrección de Tu mano y por todas nosotras que hemos ya experimentado Tu corrección, y por las que en algún momento de su vida experimentarán Tu corrección.  Gracias porque Tú eres nuestro El Shaddai, en quien podemos confiar, que nos estás corrigiendo y podando para erradicar el egoísmo y el orgullo para vaciarnos de nosotras mismas para ser llenas de Ti para que nuestras vidas lleguen a ser productivas en extremo.

Ayúdanos a aceptarte y aceptar la corrección de Tu mano y produce oh Dios en nuestras vidas, te rogamos, el apacible fruto de justicia para que Tú y solo Tú seas glorificado, te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Leslie: ¿Hay algo difícil que te está preocupando o que te pone nerviosa?  Nancy Leigh DeMoss te ha estado ayudando a recordar que puedes superar esto con la fortaleza que  te da Dios.

En Aviva Nuestros Corazones, hemos estado pidiéndole al Señor que supla nuestras necesidades para poder continuar adelante con nuestro ministerio a la mujer de habla hispana, y hemos visto como su gente ofrenda y ora para ayudar a proveer.  Espero que tú también te unas a ellas y puedas contribuir.

Estas donaciones ayudarán a Aviva Nuestros Corazones a continuar con el ministerio actual en los meses venideros.   Por favor pídele al Señor que te guíe acerca de cuánto puedes donar y luego contáctanos.  Puedes llamar al 1-800-569-5959, desde los EE. UU. O Canadá, o también puedes visitar AvivaNuestrosCorazones.com y hacer tu donación en línea.

La semana que viene estaremos celebrando un acontecimiento muy especial. Se trata de la llegada de nuestro salvador Jesucristo al mundo.

No te pierdas en siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.  Nancy estará comenzando una serie titulada, “María de Nazaret”.  En esta serie nos presentará a María, una mujer joven ordinaria que le dijo «sí» a Dios, y nos la presenta como un ejemplo del tipo de mujer que Dios elige para cumplir Sus propósitos.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

El único recurso – 2/3

Aviva Nuestros Corazones

 El Shaddai – El Todo Suficiente

El único recurso – 2/3

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Nuestro mundo nos dice que debemos ser autosuficientes.  Muchos de los libros de autoayuda que conseguimos en las librerías te dirán cómo puedes lograr hacer las cosas por ti misma.

Pero si quieres una relación, una relación íntima con Dios, tendrás que llegar a conocerlo partiendo de tu debilidad y de tu necesidad, diciéndole, “Señor, no tengo ninguna fuente de bendición fuera de ti”.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer Nancy inició una serie muy útil, titulada El Shaddai: El Todopoderoso.  Ella habló acerca de cómo confiar en el Señor cuando has sido llamada a esperar.  Si te perdiste el programa de ayer puedes escucharlo en AvivaNuestrosCorazones.com.  Nancy continuará esta serie hablando acerca de la asombrosa provisión de Dios.

Nancy: El nombre del Señor es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo (Prov. 18 10).  Aquellos que conocen tu nombre, oh Señor, pondrán su confianza en ti.  Porque tú, oh Señor, nunca has olvidado a los  que te buscan.

Hemos estado hablando acerca de los nombres de Dios y cómo estos son un refugio y un lugar seguro para nuestros corazones. En estas sesiones estamos enfocándonos, particularmente, en el nombre de Dios El Shaddai.

Hemos estado viendo  la vida de Abraham y estuvimos viendo que Dios se reveló a Sí mismo como El Shaddai a Abram, cuando este tenía noventa y nueve años.

Estamos en Génesis capítulo 17, continuando con esta historia.  Hemos visto que Dios le dijo a Abram.  Tendrás descendientes, tendrás una simiente.  Y a través de esa simiente, Jesucristo, sabemos, que todo el mundo será bendecido.

Pero Abram tenía que enfrentar el hecho de que su esposa era estéril.  Ella no podía tener hijos.  Él se vio  a sí mismo y vio a Sarah; y vio que ambos eran insuficientes para cumplir lo que Dios había prometido.

Entonces desde su propia insuficiencia decidieron mirar hacia afuera.  Vimos en la sesión de ayer que Abram se dirigió a su sirviente Eliezer.  Se dirigieron a Agar la esclava egipcia y dijeron, “Señor ¿podríamos ayudarte?” Estaban buscando ser suficientes en ellos mismos, pero ninguno de estos planes era lo que Dios tenía en mente.

Porque Dios quería que Abram viera que Él no quería ni necesitaba ninguna ayuda de parte de nosotros cuando de cumplir Sus promesas se trata. Dios es completamente capaz de cumplir Sus promesas y de llevar a cabo Sus propósitos sin nuestra ayuda.  

Como mujeres nacemos con la tendencia de arreglarlo todo.  Si algo no está funcionando, o si creemos que Dios quiere cumplir algo en la vida de nuestra pareja o de nuestro hijo, o en la vida de nuestras amigas, nuestra tendencia es correr a ver si podemos hacer algo al respecto… Y me imagino que estás de acuerdo conmigo en esto.

Abram y Sarai eran tal como nosotros en ese aspecto.  Pero Dios quería que ellos vieran que Él nos capacita para lo que Él nos manda a hacer. Él es completamente capaz de cumplir lo que promete. Entonces llegamos ahora al capítulo 17 de Génesis.  Abram tiene ahora noventa y nueve años de edad y ahora no solo su esposa es estéril, sino que Romanos nos dice que el cuerpo de Abram era tan bueno como un muerto.  (Ro 4:19)

Ahora ninguno de los dos es capaz de concebir hijos. Los dos están incapacitados para procrear hijos.  Y leyendo el contexto te das cuenta de que Dios estaba esperando hasta que no hubiera ninguna sombra de duda de que esto—el cumplimiento de esta promesa— era imposible. Era totalmente imposible.

A veces Dios espera hasta que estemos justo al final de nuestra propia suficiencia antes de revelarse a Sí mismo como El Shaddai.

Capítulo 17, versículo 1

Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció, y le dijo Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto. Y yo estableceré mi pacto contigo, y te multiplicaré en gran manera.”

“Te multiplicaré en gran manera”. Ten presente que Él le está hablando a un esposo y su esposa, quienes son incapaces de procrear hijos. Entonces en el versículo 3 dice,

“Entonces Abram se postró sobre su rostro y Dios habló con él, diciendo: En cuanto a mí, he aquí, mi pacto es contigo, y serás padre de multitud de nacionesY no serás llamado más Abram; sino que tu nombre será Abraham [Padre Exaltado]; porque yo te haré padre de multitud de naciones.” (vv. 3-5)

Acaso no es así como Dios viene y se encuentra con nosotros en medio de nuestra situación imposible para decirnos, “Tú creíste que era imposible.  Ahora te digo que  voy a hacer  algo excesivamente más abundante y más allá de cualquier cosa que tú hayas podido imaginar”.

La diferencia entre Abram y Abraham es una letra hebrea.  Y sucede que esta es la letra principal que se usa en el nombre de Dios, Jehová.  ¿Cuál es la diferencia entre Abram y Abraham? Es el mismo aliento de Dios.  Es la presencia de Dios exhalando Su aliento en nuestras vidas, Su abundancia, Su suficiencia, Su poder, Su habilidad, que llena nuestras vidas vacías y que cumple las promesas de Dios en y a través de nosotros.

Dios dice, en el versículo 6, “Te haré fecundo en gran manera”.

Si quieres ver el final de la historia—bueno, no exactamente el final—pero ve al siguiente capítulo, hasta Génesis, capítulo 21. “Entonces el Señor visitó a Sarah como había dicho, e hizo el Señor por Sarah como había prometido.” (v.1)

Dios cumple Sus promesas.  Él nunca está de prisa, y nunca llega tarde.  Él siempre llega a tiempo.  Ahora, Él no siempre llega en nuestro tiempo pero siempre llega a Su tiempo—el tiempo perfecto.

“Entonces el Señor visitó a Sarah como había dicho, e hizo el Señor por Sarah como había prometido.  Y Sarah concibió y dio a luz un hijo a Abraham en su vejez, en el tiempo señalado que Dios le había dichoY Abraham le puso el nombre de Isaac al hijo que le nació, que le dio a luz Sarah.” (Gen. 21:1-3) versículo 5 “Ahora bien, Abraham tenía cien años de edad cuando su hijo nació”.

Por cierto ¿Qué edad tenía Sarah?  Noventa años de edad.

Algunas de ustedes tal vez estén un poco preocupadas acerca de tener hijos a edad avanzada, pero Dios quiere mostrarnos que cuando llegamos al final de nuestra propia suficiencia, la suficiencia de Él apenas comienza.

Dios está diciendo, “Yo soy quien suple todas tus necesidades.”  Ahora, para un mejor entendimiento de esto queremos indagar acerca de este nombre, El Shaddai. ¿Qué significa? ¿Qué significó para Abraham, y qué significa para nosotros?

Este es un nombre maravilloso de Dios que nos muestra el cuidado tierno y compasivo y la gracia de Dios a nuestro favor.

El nombre El es una forma corta, como muchas de ustedes saben, del nombre de Dios Elohim.  Este es el nombre de Dios que habla de Su poder, Su omnipotencia, Su fuerza, Su grandeza.  Me encanta ese nombre porque dice que Dios es capaz de hacer cualquier cosa que Él desee hacer.

Pero Él no solo es El, Él es El-Shaddai. Esta palabra Shaddai es una palabra muy tierna, formada de una palabra hebrea, shad (s-h-a-d), que es realmente la palabra hebrea para seno. Habla de una madre que amamanta a su hijo, que lo toma en su pecho y que suple a ese niño de todo lo que él necesita.

Es una ilustración de Dios que  lo compara con  una madre tierna y compasiva; una madre que amamanta. Ahora si pones esa palabra junto a la palabra El, y tienes el poderoso, omnipotente, todopoderoso Dios que también es un Dios tierno, que nutre, cuida y protege a Su pueblo. Él es quien suple, Él es quien alimenta, Él es quien satisface.

Así que vemos a Dios, entonces, no solo como el Dios todopoderoso. En la mayoría de las Biblias se traduce como Dios todopoderoso o el Dios que todo lo puede. Pero a medida que estudias esta palabra, verás que muchos comentaristas están de acuerdo en que una mejor traducción sería “El Todo Suficiente”. ¡El Todo Suficiente!  ¡El Shaddai!

Este es el Dios que se deleita cuando nosotros estamos en un lugar de necesidad. Así como lo estaban Abram y Sarai. Sin esperanza alguna para suplir su propia necesidad. Sin esperanza para cumplir la promesa de Dios.  Pero mientras más necesitadas estemos, más nos vemos forzados a depender de El Shaddai.

Cuando dependemos de Él, entonces se cumplen las promesas. Lo maravilloso de todo esto es que nosotras no podemos llevarnos el crédito. Dios se lleva toda la gloria.

Todas las personas sabían que Abraham y Sarah no podían tener hijos.  Entonces cuando el pequeño Isaac nació todos sabían que era un milagro; Dios había hecho esto. Dios es el proveedor.

Abraham tuvo que conocer su propia insuficiencia, lo inútil de depender de sus propios esfuerzos, y la necedad de adelantársele a Dios de manera impaciente. ¿Hay hoy alguna necesidad en tu vida para la cual El Shaddai es tu solución? ¿Alguna necesidad física? ¿Alguna necesidad financiera? ¿Alguna necesidad emocional? O ¿Relacional?  ¿Alguna necesidad vocacional? o  ¿Espiritual?

Dios dice, “Para todas tus necesidades yo soy El Shaddai.  Yo soy tu proveedor.  Yo soy quien te alimenta, Yo soy El Todo Suficiente.”  Hemos visto que Dios a veces espera hasta que estamos al final de nuestros propios recursos y no hay absolutamente nada más que nosotros podamos hacer para resolver la situación.  Entonces en desesperación dejamos de mirar hacia fuera y hacia adentro, y vemos hacia arriba y decimos, “Oh Señor te necesito” .

Yo creo que estas son palabras que a Dios le encanta escuchar de Sus hijos, de la misma forma que te gusta escuchar a tus propios hijos diciendo, “Te necesito”.  Cuando la cosa no se pone difícil es cuando tu niño de dos años te dice, “¡mami, yo puedo hacer esto solo!” Entonces no te sientes muy necesitada.

Bueno, pues Dios como nuestro Padre celestial, desea que nosotros estemos en una posición en la que reconozcamos cuán desesperadamente lo necesitamos—y que solo Él puede suplir nuestras necesidades.

Ahora bien, el nombre El Shaddai nos revela un número de cosas acerca de Dios, a medida que lo vemos a través de toda las Escrituras. El nombre El Shaddai aparece cuarenta y ocho veces en el Antiguo Testamento.  Como ya hemos dicho, generalmente es traducido como Dios Todopoderoso o El Dios que Todo lo Puede.

Esto comunica parte del significado de la palabra, pero tal vez sea mejor traducido como El Todo Suficiente.  Él es poderoso, esta es la palabra El, pero la palabra Shaddai dice que Él es nuestra suficiencia.

Como quien nos alimenta y quien nos da fuerza y satisfacción vemos en las Escrituras que Dios es quien nos colma de bendiciones.  Él colma de bendiciones las vidas de Sus hijos.  Él es toda abundancia, Él es el Dios quien bendice ricamente, el que enriquece a Su  pueblo con todo lo que necesitan.

Como podemos ver, este nombre aparece en varias ocasiones a través del Antiguo Testamento, vemos esta conexión entre El Shaddai y  la bendición.

En Génesis capítulo 28 Isaac le dice a su hijo Jacob (él está dando la bendición de un padre), “El Dios Todopoderoso, (El Shaddai), te bendiga“(ver. 3).

Ahora, ¿cómo crees tú que Isaac supo acerca de El Shaddai?  Bueno, me parece, que es obvio que lo conoció a través de su padre. ¿Y quién era su padre?  Abraham, quien cuando tuvo a su hijo Isaac, Abraham tenía noventa y nueve años de edad después de veinticinco años de esperar que Dios cumpliera la promesa de darle un hijo.

Y es que Abraham sabía que Dios era su suficiencia porque él tuvo un hijo cuando era absolutamente imposible tener un hijo.  Ese hijo era Isaac.

Yo creo que mientras Isaac crecía, su padre Abraham le enseñó acerca de El Shaddai, acerca del Todo Suficiente diciéndole, “Isaac, Dios no solo suplió mi necesidad y la de tu madre cuando no podíamos tener hijos, sino que naciste tú, un hijo milagroso, nacido como bendición de El Shaddai, El Todo Suficiente.

Yo no llegué a conocerlo hasta mi edad de noventa y nueve años pero quiero que tú lo conozcas a través de toda tu vida.  Él es El Todo Suficiente para ti también”.

Al parecer Abraham pasó este conocimiento a Isaac quien ahora se lo estaba pasando a su hijo, Jacob.

“Jacob, quiero que conozcas acerca del Dios de mi padre, El Shaddai”.

Por cierto, ¿estás pasándole a tus hijos, y a la siguiente generación, el conocimiento de quién es Dios?  Mientras Dios se te revela a Si mismo a través de Su Palabra, mientras prueba con  hechos que Su nombre es grande y confiable, mientras caminas con Él y Él va demostrando en tu vida Su poder, Su grandeza, Su suficiencia; ¿le estás enseñando a tus hijos a través del mensaje de tu vida quién es Dios?

Así es como una generación debe  aprender los caminos de Dios—escuchando a las generaciones previas. Por eso las mujeres mayores deben enseñar a las mujeres jóvenes. Todas nosotras somos mujeres mayores para alguien.  Debemos enseñar a la siguiente generación en nuestros hogares, en nuestra comunidad de fe, en nuestras iglesias, enseñar los caminos de Dios, enseñar los nombres de Dios.

Pues bien, Isaac pasó a Jacob el nombre de Dios, El Shaddai.  Y cuando Jacob murió, él le pasó el nombre a su hijo, José.

Al leer en Génesis capítulo 48,  “Entonces Jacob dijo a José: El Dios Todopoderoso se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán; y me bendijo.” (V.3)  ¿Ves la conexión de Su nombre con la bendición?   El Shaddai es el que bendice a Su pueblo. Él llena de bendiciones nuestras vidas.

En el siguiente capítulo, en Génesis capítulo 49, Jacob le da su bendición a su hijo José.  Y le dice, “… El Todopoderoso que te bendice con bendiciones de los cielos de arriba, bendiciones del abismo que está abajo.” (V. 25)

Él está diciendo “No solo bendijo Dios Todopoderoso, El Shaddai, a mí a mis padres y a mi abuelo, pero José, Él también es tu Dios. El Todo Suficiente te bendecirá con bendiciones celestiales de arriba”. ¿Qué le estaba diciendo Jacob a José?

Él le estaba diciendo “José, Dios es tu fuente”.

José tuvo muchas dificultades en su vida y necesitó conocer que Dios era su fuente, que todas las bendiciones que él necesitaba vendrían de la mano de Dios.

Esta mañana estaba  leyendo en Santiago en el capítulo 1 y fui recordada que toda buena dádiva y todo don perfecto viene ¿de dónde?  ¡De arriba!  (v. 17)

Todas las cosas que necesitamos, todas las bendiciones que tenemos en nuestras vidas no vienen de nosotros mismos, tampoco de otros, sino de Dios.

Estoy muy agradecida por mi padre y mi madre quienes me enseñaron esta lección como un estilo de vida mientras yo iba creciendo.

Recuerdo a mi padre enseñándonos que Dios es la fuente de todas las bendiciones en nuestras vidas y que cualquier cosa buena que tenemos viene de Dios.  Por eso, no debemos esperar que sea un empleador o un sueldo o ninguna persona quien llene nuestras necesidades, porque todas las bendiciones vienen de la mano de Dios.

No existe otra fuente a menos que Dios abra Sus manos y derrame Sus bendiciones sobre nosotros.

Ahora, lo que implica este nombre de Dios, El Todo Suficiente quien nos bendice, es que como recipientes, estamos necesitados y estamos dependiendo de Él.  Tenemos necesidades que nosotras mismas no podemos llenar, y por lo tanto dependemos de Él.  Toda Su suficiencia implica nuestra insuficiencia, que nos dice que hay necesidades que nosotras no podemos llenar.  Por supuesto, el mundo nos dice que debemos ser  autosuficientes.

Muchos de los libros de autoayuda que conseguimos en las librerías te dirán cómo puedes lograr hacer las cosas por ti misma.

Pero si quieres una relación, una relación íntima con Dios, tendrás que llegar a conocerlo partiendo de tu debilidad y de tu necesidad, diciéndole, “Señor, no tengo ninguna otra fuente de bendición fuera  de ti”.

Pablo dice en 2da a los Corintios capítulo 3, “no que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios para esta tarea”. (v.5, parafraseado)

Jesús enseñó a sus discípulos y nos dice a nosotros, “Apartados de mi, nada podéis hacer”. (Juan 15:5)  “No pueden tener bendición ni suficiencia apartados de Mi”.

La maravillosa verdad es que lo que encontramos en El Shaddai no es solo el Dios del Antiguo Testamento, el Dios de Abraham, Isaac, y Jacob. Sino que  Él es Jesús quien vino a este mundo y quien nos da provisiones infinitas para cualquiera de nuestras necesidades.  Por eso Pablo pudo decir en Filipenses capítulo 4, en el versículo 19, con tanta confianza, “Mi Dios, [El Shaddai, El Todopoderoso, El Todo Suficiente], proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Jesucristo es nuestro El Shaddai.  Él es nuestra suficiencia, Él es quien nos bendice.  Todo lo que necesitamos lo encontramos en Él.  Entonces ¿qué necesitas? ¿Fortaleza?  ¿Paz? ¿Descanso?  ¿Gozo?  ¿Consuelo? ¿Sabiduría?  ¿Dirección?  ¿Perdón?  Todas estas bendiciones y  más vienen de la mano de El Shaddai.

Me encanta ese versículo en 2da a los Corintios donde Pablo dice,  “Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra”. (2 Cor 9:8)

Ves, Dios no quiere que simplemente sobrevivas; Él quiere darte abundancia de bendiciones.

Ahora, a veces Sus bendiciones son diferentes a lo que nosotras llamamos bendiciones.  No siempre son bendiciones materiales.  No siempre es salud física.  Pero Él provee para nosotras bendiciones en abundancia las cuales Él sabe que necesitamos para llegar a ser las mujeres que Él quiere que seamos.

¿Cómo podemos, entonces, ser llenas de Su provisión?  Tenemos que implorar y decir, “Señor te necesito”.  Luego nos acercamos a Él como un bebé que necesita ser alimentado por su madre.

Venimos con confianza ante Su trono de gracia para así obtener misericordia y encontrar gracia para ayudarnos en tiempos de necesidad.  Entonces nosotras simplemente recibimos Su provisión, así como ese pequeño niño recibe su alimento de su madre. Después le damos gracias recordando que si lo tenemos a Él tenemos todas las bendiciones necesarias.  Tenemos todo lo que necesitamos.

Entonces ¿Dónde hay lugar para las quejas? ¿Dónde hay lugar para el lloriqueo? ¿Dónde hay lugar para la murmuración? No hay ningún lugar para esto si reconozco que en El Shaddai soy bendecida con toda buena dádiva.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado abriendo nuestros ojos a las evidencias de la bondad de Dios.  Los oídos que te permiten escuchar este programa vienen de Dios, la radio o el computador que  usas para escuchar, también vienen de Él.

Estamos tan agradecidas por todas las formas en las que podemos presentar las enseñanzas de Nancy a las mujeres. Gracias a la generosidad de los radioescuchas que ofrendan para que puedas escuchar a Aviva Nuestros Corazones en la radio. También puedes escucharlo en el internet. Puedes leer o descargar la transcripción gratis.  Podemos traer Aviva Nuestros Corazones a tu hogar a través de estos medios gracias a la audiencia que apoya el ministerio financieramente.

Si este ministerio ha sido de bendición y de gran ayuda para ti te animamos a hacerlo ahora. Llama al 1-800-569-5959 desde los EE. UU. Y Canadá o visita nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com y haz allí tu donación. Muchas mujeres te lo agradecerán.

Esto nos lo escribe Carol sobre un mensaje de nuestra serie de Tito 2: El hermoso diseño de Dios para la mujer

“Gracias, hermoso mensaje lo necesitaba, siempre había sido como Marta; lucho con muchas cosas, y actuaba de la manera que tú dices, daba instrucciones pero peleando, gritando y no había la paz que tanto quería; me envolvía tanto dando las instrucciones que se me olvidaba ser guiada por el Espíritu, no es fácil; son cuatro hijos, tres jóvenes y uno de nueve, además de mi esposo. Todo lo que publicas me ha ayudado mucho. Estoy muy contenta ya que todo es basado en la Palabra; no será rápido y fácil pero ya estoy comenzando a permitirle al Espíritu Santo trabajar en mí. Gracias he sido muy bendecida, y espero que pueda bendecir a otras. ¡Amén! Estoy gozosa”.

Puedes ser parte de este ministerio apoyándonos en oración y con tus aportes financieros. Agradecemos también tus oraciones por este ministerio, que Dios supla de Sus riquezas en gloria para llenar nuestras necesidades para llevarle esperanza a tantas mujeres alrededor del mundo.

Si amas tus plantas, les provees la luz del sol y agua. Y  a ellas probablemente les gusta mucho eso. También las podas y eso quizás no les guste tanto. Conoce cómo  nosotras podemos ser como plantas y cómo Dios es el perfecto jardinero; mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Los años de silencio – 1/3

Aviva Nuestros Corazones

 El Shaddai – El Todo Suficiente

Los años de silencio – 1/3

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Digamos que has estado orando por algo que está muy cercano a tu corazón, pero parece ser que no hay respuesta.  Nany Leigh DeMoss dice que hay algo que puedes hacer.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Qué haces? Esperas en el Señor. Dios promete a todos los que esperan en Él que jamás serán decepcionados. 

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Imagínate que estás al final de una fila muy, muy larga o que has estado en la sala de espera del doctor toda la tarde o bien que el tráfico no se mueve y no sabes por qué te está ocurriendo esto. Todos estos escenarios probablemente te provocarían frustración porque no es fácil esperar.

Te guste o no, esperar es parte de la vida. Nancy te dará perspectivas bíblicas acerca de la espera, mientras empieza una serie titulada El Shaddai: El Todo Suficiente.

Nancy: Una de nuestras mayores necesidades como mujeres, creo yo, es conocer a Dios; saber cómo es Él, conocer Su nombre, Su corazón, Su carácter, Sus caminos. De hecho, creo que la mayor razón de nuestras luchas y del estrés que enfrentamos muchas de nosotras como mujeres es que realmente no conocemos a Dios, porque si le conociéramos, confiaríamos en Él. Sabríamos cómo responder en medio de las presiones, ante las situaciones en las que nos encontramos.

Todo este asunto de tener victoria sobre el pecado… muchas de nosotras—todas nosotras —tenemos aún pecado remanente, algo que aún nos deprime, que nos abruma. En cada una de estas situaciones, creo que tenemos que volver al principio: conocer a Dios, quién Él es y permitir que realmente Él cambie nuestras vidas.

Entonces la pregunta es ¿Cómo podremos conocer a Dios?  ¿Cómo podremos saber realmente cómo es Él y de qué forma podemos permitir que ese conocimiento cambie nuestras vidas? Algo maravilloso es que Dios se ha revelado a Sí mismo en Su Palabra, en la creación, en Cristo. Él se ha revelado a nosotros.

Yo creo que una de las maneras más asombrosas en las que Dios se ha revelado a nosotros es a través de Su nombre. Su nombre nos dice cómo es Él. Nos lo describe.  Me han dicho—y nunca he verificado pero me han dicho que hay aproximadamente mil nombres para Dios en las Escrituras. Esto ya nos dice mucho acerca de Dios.

Ahora, no vamos a listar todos estos nombres aquí, pero ¿cuáles son algunos de esos nombres que vienen a tu mente cuando hablamos sobre los nombres de Dios en las Escrituras? Jehová Rapha, el cual, para aquellos que no hablan hebreo, significa el sanador— el Dios que sana.  Otro sería, Rey de Reyes.  Jehová Jireh—el Señor proveerá.  El RedentorYo Soy, el Creador, la Roca, El-Shaddai, el cual significa Dios Todopoderoso.   Otros nombres: Eterno—Su nombre es Eterno.  Nuestro Estandarte.  Emmanuel—Dios con nosotros y Dios en nosotros.  Salvador. Libertador—El Señor quien nos santifica.

¿No te alegra saber que no depende de ti el ser santa?  ¿No te alegra saber que es Dios quien hace todo esto en nosotros y por nosotros?  Él es nuestra fortaleza.  Jehovah Shalom—Dios es nuestra paz.  Jehová Nissi—Él es nuestra Victoria.  Las Escrituras dicen que  “El nombre del Señor es torre fuerte. A ella corre el justo y está a salvo”.  (Pro. 18:10)

Yo no sé tú, pero muchas veces durante el día yo necesito un lugar de seguridad.  Cuando estoy abrumada, cuando estoy confundida, cuando estoy exhausta y las demandas son mayores que mis fuerzas, o exceden a las horas de mi día, necesito un lugar seguro. Necesito un lugar hacia dónde correr para ser protegida. Las Escrituras dicen que ese lugar es el nombre del Señor.  Podemos correr hacia Su Nombre.  Es una torre fuerte, es un lugar de protección y podemos estar seguras.

Ya seas una mujer soltera enfrentando la soledad o asuntos de horario que tal vez otras no entiendan, o ya seas una madre soltera lidiando con los retos de ser papá y mamá al mismo tiempo para esos niños. O quizás seas una mujer con el nido vacío y estás en esa etapa de la vida; quizás seas viuda; o quizás has pasado por el dolor de un divorcio.

Cualquiera que sea la situación de tu vida—trabajando fuera del hogar, o siendo madre en el hogar—cualquiera que sea la circunstancia o la situación en tu vida, necesitas un lugar de seguridad.  Necesitas un lugar hacia donde correr.  Ese lugar para ti y para mí es el Nombre del Señor.

El Salmo 9 el versículo 10 nos dice que aquellos que conocen Su nombre pondrán su confianza en Él.  Aquellos que conocen Su nombre pondrán su confianza en Él, porque “Tú, oh Señor, no abandonas a los que te buscan”. El conocer el nombre de Dios es sinónimo de ser capaz de confiar en Él.

Todas nosotras hemos conocido personas que pensábamos eran confiables; y al pensar en el nombre de esa persona, piensas, “en esa persona se puede confiar”. Pero el hecho es que, sin importar quien sea esa persona, jamás podrás confiar totalmente en ella. Habrá momentos en los que esa persona te defraude, o quizás no esté ahí para ti cuando más la necesites. Pero conocer a Dios es conocer a Alguien en el que puedes confiar absoluta y totalmente, en todas las circunstancias y situaciones de tu vida.

El conocer el Nombre de Dios es conocerle a Él, es conocer Su corazón, Sus caminos, Su carácter. Entonces si queremos confiar más en Dios, necesitamos conocer más acerca de Él porque todo lo que llegues a conocer acerca de Dios te llevará a confiar aún más en Él.

Luego la Escritura dice en esa promesa que Él nunca ha olvidado aquellos que le buscan. Si todos los creyentes de todos los tiempos fuesen a dar sus testimonios, no hay uno que pueda decir Dios me falló, Dios se olvidó de mi.  Ahora bien, hay veces cuando sentimos que nos ha olvidado, pero el hecho es que Él nunca olvida aquellos que le buscan, aquellos que esperan en Él, y aquellos que confían en Su nombre.

En las siguientes sesiones deseo explicar un poco del significado de uno de esos nombres de Dios. Uno de los nombres que ha sido una torre fuerte, un lugar seguro, un refugio para mí. Ha sido un gran gozo para mí estos últimos días en preparación para esta sesión, mientras he estado estudiando este nombre de nuevo en la Palabra de Dios. Es un nombre hacia el cual yo misma corro, un nombre que busco, un nombre que ha impactado verdaderamente mi vida de forma muy especial.

La primera vez que este nombre de Dios aparece es en el libro de Génesis, en el capítulo 17. En el libro de Génesis, capítulo 17, en el versículo 1 se nos dice, “Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.” A los noventa y nueve años de edad, Abram, quien había caminado con Dios por muchos años, recibe una nueva revelación, algo que él nunca antes había conocido acerca de Dios.

Este nombre de Dios, traducido en la mayoría de nuestras Biblias como El Dios Todopoderoso o Dios Todopoderoso, es el nombre por el cual Dios mismo se le reveló a Abram a la edad de noventa y nueve años. Ese nombre, Dios Todopoderoso o el Dios que lo puede todo, sienta las bases para lo que Dios le pide a Abram después, “anda delante de mí y se perfecto.”

La mayoría de nosotras tenemos un deseo profundo en nuestros corazones de caminar con Dios y de ser perfectas delante de Él. Quiero decirte que nunca tendrás el poder o la habilidad de caminar delante de Dios, viviendo una vida que sea intachable si tú no conoces a Dios quien se ha revelado a sí mismo por Su nombre.

En el lenguaje Hebreo que está traducido aquí como Dios Todopoderoso, o el Dios que Todo lo Puede es … ¿Cuál es el nombre?  El-Shaddai.  Él y luego la segunda palabra Shaddai,  (S-H-A-D-D-A-I).  El-Shaddai.  Dios Todopoderoso es la forma en la que está traducida en la mayoría de nuestras Biblias en español, pero vamos a ver que ese nombre significa mucho más que lo que la palabra ‘Todopoderoso’ indica. Y es El-Shaddai quien nos va a ayudar a caminar hacia Dios siendo perfectos delante de Él.

Abram no conocía a Dios por Su nombre hasta que él tuvo la edad de noventa y nueve años, pero la historia que nos lleva hasta este punto empieza cerca de veinticinco años antes. Entonces si  tienes tu Biblia, te voy a pedir que vayas conmigo atrás algunos capítulos, hasta Génesis, capítulo 12.  Empezaremos veinticinco años  antes cuando Abram, a su joven edad de setenta y cinco años, inicia su peregrinaje; un peregrinaje que sería cumplido en nombre de El Shaddai.

Génesis capítulo 12 versículo1

“Y el Señor dijo a Abram [el cual, por cierto, su nombre significa padre exaltado; Dios llamaba a Abram ‘padre exaltado’]: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré, haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”.

Por cierto, recuerda que cuando Dios nos bendice, no es para que retengamos todas esas bendiciones para nosotras.  Es para que nosotras seamos canales de bendición para otros. Todas las cosas buenas que Dios hace por nosotros y en nosotros son para que podamos ser de bendición para otros.

En diferentes ocasiones he tenido gente joven, aun niños y adolescentes, hospedándose en casa por un período extendido de tiempo. Cuando salían de la casa en la mañana les decía, “Ahora, recuerden, sean bendecidos y sean una bendición.” Esto fue lo que Dios le dijo a Abram.  Te voy a bendecir para que tú seas una bendición”.

Luego, en el versículo 4, al final del versículo 4 nos dice, ¨Y Abram tenía setenta y cinco años cuando partió de Harán”. Entonces Dios le dijo a Abram, “te voy a dar una simiente.  Te voy a dar descendientes, ¡oh, padre, exaltado!  Tú serás el padre de una descendencia que será bendecida y será una bendición para todo el mundo”.  Sin embargo, mientras Dios le daba esta promesa a Abram, había un problema mayor.

Acabamos de leer que Dios le dice a Abram.  “Quiero que dejes tu casa.”  Pero si solo nos movemos hacia arriba unos cuantos versículos, al capítulo previo, el capítulo 11 el versículo 30, leeremos sobre las circunstancias que hacen que esa promesa luzca un tanto imposible de ser cumplida. Tan solo unos versículos antes, el versículo 30 del capítulo anterior, dice que Sarai, la esposa de Abram, era estéril. Ella no tenía hijos.  No solo que no tenía hijos, sino que no podía tener hijos. Ella era incapaz de concebir.

En ese contexto, Dios viene a Abram y le dice: “Tú serás padre. Tú serás un padre exaltado.  Tú serás bendecido y tú serás una bendición para el mundo a través de tus descendientes”.  Ahora Abram tiene una opción.  ¿Creerá en sus circunstancias que le dicen que no puede tener hijos—que no puede tener descendientes—o le va a creer a Dios?  ¿Creerá en las promesas de Dios?

Me alegro que las Escrituras nos dejan saber que aunque Abram le creyó a Dios, hubo momentos en los que dudó. Hubo momentos cuando él pensaba, “¿Cómo puede ser esto?  Y hubo momentos cuando buscó la forma de ayudar a Dios para que esas promesas fuesen cumplidas.

¿No te alegra que Dios no solamente nos dice de la fe de Abram sino que también nos habla acerca de algunas de las luchas que tuvo para creer? Esto me ayuda en mis batallas.  Cuando veo  las promesas de Dios, pienso, “hombre, esas son grandes promesas pero mis circunstancias están diciéndome lo contrario.” ¿Cómo puedo aferrarme a las promesas de Dios cuando todo parece estar en contra?

Habiéndole dicho Dios que él iba a ser padre, Abram pensó entonces, “¿Qué puedo hacer para ayudar a Dios a cumplir Su palabra?  Él empieza a buscar hacia adentro primero, confiando en su suficiencia. Se mira a sí mismo y mira a Sarai, pero hay un problema.  Ellos no pueden tener, hijos.  Sarai es estéril.  Entonces él llega a estar tristemente consciente de su propia insuficiencia para tener hijos.

¿No es esto lo que tendemos a hacer cuando Dios nos llama a hacer algo?  Él nos da una promesa.  Nos dice que Él quiere cumplir una promesa en nuestras vidas.  Pero nosotros primero miramos y decimos, “¿Qué tengo que pueda ofrecerle a Dios?  ¿Cuáles son mis recursos naturales?  ¿Cómo puedo hacer que esto suceda? Y muchas veces nos vemos a nosotras mismas y encontramos que no podemos hacerlo. Nos sentimos insuficientes para llenar esa necesidad.

Entonces en el capítulo 15, Abram regresa a Dios comprendiendo que su esposa Sarai no puede tener un hijo, y Abram ofrece quizás otras solución.  Capítulo 15 de Génesis, versículo 1.

“Después de estas cosas [recuerda, Abram tiene setenta y cinco años de edad] la palabra del Señor vino a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram, yo soy un escudo para ti; tu recompensa será muy grande”.

Para mí es muy grandioso que Abram, en medio de su caminar con Dios, Dios continuó revelándose a Si mismo, revelándole a Abram que Él era Aquél que podía llenar sus necesidades.

Versículo 2 “Y Abram dijo: Oh Señor Dios, ¿qué me darás, puesto que yo estoy sin hijos, y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco?”

Abram dice, “No tengo un hijo, así que mi siervo—el mayordomo fiel de mi casa, Eliezer—ese es mi heredero.” Y él le pide a Dios, “¿pudiera Eliezer ser ese hijo? ¿Será él la persona por medio de la cual se cumplan Tus promesas?”

Versículo 3 “Dijo además Abram: He aquí, no me has dado descendencia, y uno nacido en mi casa es mi heredero.”

En esta cultura, la costumbre era que el sirviente podría ser el que recibiera la promesa.

Versículo 4 “Pero he aquí que la palabra del Señor vino a él, diciendo: Tu heredero no será éste, sino uno que saldrá de tus entrañas, él será tu heredero.

Esto se ve muy imposible, y de hecho lo es. Entonces en el versículo 5, Dios lleva a Abram afuera— ¿no te ha ocurrido esta experiencia cuando te sientes muy pequeña e insuficiente y miras hacia arriba, el cielo estrellado? Eso fue lo que Dios hizo con Abram. Él le dijo,

“Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas.” (v.5)

Claro, obviamente el punto es que jamás podrías contarlas. Hay un Dios en los cielos que es más grande y mayor que cualquier limitación, que cualquier circunstancia, que cualquier imposibilidad, que cualquier insuficiencia que puedas estar enfrentando. Cuenta las estrellas. Y Dios le dijo a Abram,

“Así será tu descendencia. Y Abram creyó en el Señor”. (v.6)

De manera que, una vez más, él tuvo este momento de incredulidad. “Señor, ¿podrías aceptar un sustituto? No parece ser que Sarai y yo podamos tener hijos.  ¿Permitirías que mi sirviente sea la persona a través de la cual se cumpla esa promesa?” Y Dios le dice, “no, esa no es la forma en que esto va a acontecer. Este hijo saldrá de tu propio cuerpo.  Tendrás un heredero y así es como serás una bendición para el mundo”.

Pero pasaron once años, Abram no está rejuveneciendo y Sarai tampoco lo estaba. Sarai es diez años más joven que Abram.  Ella ha sido estéril todos estos años.  Ahora llegamos al capítulo 16 de Génesis, y Abram y Sarai—ya te lo puedes imaginar——se están poniendo un poco tensos acerca de esta situación, están un poco preocupados.  Una vez más, tenemos este lapso de incredulidad.

El versículo 1, del capítulo 16 de Génesis, dice:

“Y Sarai, mujer de Abram, no le había dado a luz hijo alguno…” El punto es: Nada ha cambiado.  Abram tiene ahora ochenta y seis años de edad.  Sarai tiene setenta y seis años de edad.  Ellos han estado casados por años.  Por once años han tenido una promesa de parte de Dios, y no hay evidencia que nada ha cambiado en sus circunstancias para hacer esta situación posible.  Sarai no ha concebido hijos.

“…y tenía ella una sierva egipcia que se llamaba Agar. Entonces Sarai dijo a Abram: He aquí que el Señor me ha impedido tener hijos. Llégate, te ruego, a mi sierva; quizá por medio de ella yo tenga hijos.” (Gen 16:1-2)

Ella solo estaba recurriendo a la costumbre pagana de esos tiempos, que consistía en que si eras estéril podías, como mujer estéril, hacer que una de tus siervas concibiera un hijo de tu marido y este hijo entonces sería considerado tuyo. Así que de nuevo los vemos aquí tratando de ayudar a Dios a resolver esta difícil situación. Lo que ellos no entendían era que no era Dios el que estaba en una situación difícil. Eran ellos los que estaban en esa situación, no Dios.

Y la Escritura dice que “Abram escuchó la voz de Sarai”.

Y al cabo de diez años de habitar Abram en la tierra de Canaán, Sarai, mujer de Abram, tomó a su sierva Agar la egipcia, y se la dio a su marido Abram por mujer. Y él se llegó a Agar, y ella concibió.” (Gen. 16 3-4)

Ahora, ve hasta el final de ese capítulo, al versículo 15,

“Y Agar le dio a luz un hijo a Abram; y Abram le puso el nombre de Ismael al hijo que Agar le había dado”. Abram tenía 86 años de edad cuando Agar le dio a luz a Ismael.

Es interesante que Dios continúa dándonos referencias acerca de la edad de Abram. Creo que Él desea que veamos que aunque las cosas lucen cada vez más imposibles, con Dios todas las cosas son posibles.

Lo que sigue a continuación son trece años de total y absoluto silencio desde el cielo. El final del capítulo 16 nos dice: “Y Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar le dio a luz a Ismael.” (v. 16)  El versículo inmediatamente después, capitulo 17, versículo 1, dice, “Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció…”  No hay ninguna sugerencia de que él haya recibido palabra del Señor durante estos trece años.  ¿Qué supones que él estaba pensando y sintiendo y experimentando durante esos trece años?

Algunas de ustedes tal vez se encuentran en un matrimonio difícil, por no decir imposible, por años, y no hay ninguna evidencia de que algo esté cambiando.  Tal vez es un hijo obstinado por el cual has estado orando y llorando por largo tiempo para que Dios cambie su corazón.  Durante años no has visto la evidencia de que Dios esté interviniendo en esta situación.

Tal vez es el anhelo por un hijo y has estado esperando y esperando en el Señor.  Por años has estado esperado y aún no hay evidencias frescas de que Dios esté interviniendo en tu situación.  ¿Qué haces?  Esperas en el Señor.  Tú esperas en el Señor.  Porque Dios promete que aquellos que esperan en Él nunca serán defraudados.

¿Hay alguna situación por la que has estado esperando en el Señor y no estás viendo el cumplimiento de Sus promesas? Te has encontrado a ti misma tratando de ayudar a Dios y Dios te ha estado diciendo, “No, esa es tu forma, pero no es lo que Yo tengo en mente”. ¿Qué haces entonces?  Esperas en el Señor.

Leslie: Si tuvieras que esperar hoy, espero que este mensaje, de Nancy Leigh DeMoss te haya ayudado a mantener las cosas en perspectiva. Este es el primer día de las serie titulada “El-Shaddai: El Todo Suficiente”.

¿Alguna vez has considerado apoyar este ministerio económicamente? Tus donaciones nos ayudarán a hablar con mujeres como Estela.  Ella nos escribió después de descubrir los recursos que están disponibles en AvivaNuestrosCorazones.com. Después de visitar nuestro portal, nos dijo, “No me preguntes cómo lo encontré”.  Parecía como si Dios la hubiese guiado en estos recursos que ella necesitaba. Ella dijo,

“En ese tiempo estaba tan desesperada le clamaba a Dios para que me ayudara.  Estaba en lágrimas y clamando, pidiéndole ayuda y encontré AvivaNuestrosCorazones.com. Comencé a escuchar los mensajes de Nancy. Me di cuenta que Dios todavía me amaba a pesar de todas las dificultades y retos por los que había atravesado.

Nancy, ¿qué te vino a la mente cuando escuchaste esta historia?

Nancy: Oh Leslie, me encanta leer estas historias y testimonios de la obra de Dios.  Estoy muy agradecida de que Aviva Nuestros Corazones esté disponible para las mujeres como Estela, y que encuentren ayuda justamente cuando la necesitan.

Nuestra página de internet y el programa de radio están disponibles debido al apoyo financiero de personas que aman el ministerio. Las enseñanzas a través de la radio podrán continuar solo mientras la audiencia apoye nuestro ministerio Aviva Nuestros Corazones.

Ayúdanos a llevar estas enseñanzas a mujeres alrededor del mundo. Si Dios te mueve a donar, puedes hacerlo visitando nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com. ¿Podrías orar a Dios para que Él te guíe sobre cómo y cuánto donar?

Leslie: Nuestro número es 1-800-569-5959 o visita Aviva Nuestros Corazones.com. Si llamas, asegúrate de decir que tu donación debe ir hacia Aviva Nuestros Corazones, el ministerio en español.

Hay una gran satisfacción que viene después de arreglar cosas, pero a veces en lugar de tratar de arreglar el problema necesitas detenerte y ver qué es lo que Dios está por hacer.  Mañana, Nancy hablará de esto.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Una audiencia celestial – 2/2

Aviva Nuestros Corazones

El ministerio de los ángeles en la vida de los creyentes

Una audiencia celestial – 2/2

Nancy Leigh DeMoss

Nancy Leigh DeMoss: Cuando haces algo tan sencillo como esto…

Mujer al teléfono: ¡Hola! Me gustaría hacer una donación para Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: Esto hace una enorme diferencia. Nos permite hacer conexiones como esta…

Joyce: Mi esposo acaba de dejarnos. Recuerdo haber tenido compasión de mí misma. Solo pensaba: “Él acaba de abandonarme aquí”.

Me encontraba escuchando Aviva Nuestros Corazones, y Nancy estaba hablando específicamente ese día de los esposos. Estaba invitando a las mujeres para que oraran por ellos durante 30 días. Dentro de mí pensé: “no tienes idea de lo horrible que es mi esposo”. Y tan pronto dije eso, entonces Nancy dijo, “Y no me digan que no entiendo qué tan horrible es su situación”. Yo pensé, “¡¿Qué es esto?!” “¡¿Nancy está metida en mi cabeza?!”. Pero era el Señor usando a Nancy, usando Aviva Nuestros Corazones para anclarme una vez más a la Palabra de Dios, porque eso era siempre lo que Dios me estaba diciendo, “Joyce, deja de mirar a tu esposo y vamos a echar una mirada dentro de ti”.

De manera que Aviva Nuestros Corazones se convirtió en algo clave en mis pensamientos; se convirtió en mi ancla, ayudándome a alinearme con la Palabra de Dios.

Nancy: ¿Harías algo sencillo para ayudarnos a hacer una diferencia y potenciar nuestra habilidad de hablar la verdad de Dios en la vida de mujeres durante los próximos 12 meses? Haces una gran diferencia al llamar al 1-800-569-5959 para hacer una donación. Una vez más, el número es 1-800-569-5959 o puedes donar a través de AvivaNuestrosCorazones.com  Gracias por estar con nosotros y estar dispuestas a hacer la diferencia en este momento.

Leslie Basham: Las decisiones que tomes hoy para escoger hacer lo que es correcto están siendo reconocidas. Aquí está Nancy Leigh DeMoss

Nancy: A medida que obedecemos a Dios, a medida que vamos ejercitando nuestra fe, a medida que sufrimos algunas veces por hacer lo que es correcto, estamos montando una actuación que, en cierto sentido, los ángeles están observando.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia  de Saladín.

Durante las pasadas dos semanas, a algunos niños se les ha dicho sobre cierta persona que vive en el Polo Norte que les ha estado observando para saber si se han comportado bien o mal. Bueno, eso es ficción, por supuesto, pero ¿sabías que todos nosotros estamos siendo observados?

Las cosas que hacemos pueden traer gozo o tristeza a los seres angelicales que nos cuidan. Acompáñanos a medida que continuamos un estudio sobre los ángeles en la vida de los creyentes.

Nancy: Hablamos de los ángeles de Dios, los mensajeros santos de Dios. Los siervos invisibles de Dios, y cómo estos ángeles nos ministran como hijos de Dios, como creyentes en Cristo. En la última sesión aprendimos cómo los ángeles se regocijan cada vez que un pecador se arrepiente.

Hemos visto que los ángeles acampan a nuestro alrededor. Ellos forman un límite, una protección, alrededor de los que temen al Señor. Hemos visto como esos ángeles nos protegen del daño y cómo son enviados en muchos casos para liberarnos o rescatarnos de situaciones imposibles.

Ahora  me gustaría que veamos otra forma en que los ángeles ministran en la vida de los creyentes. Las Escrituras enseñan que los ángeles nos asisten en la batalla espiritual contra las fuerzas de Satanás,contra las fuerzas del mal.

Sabemos por el libro de Efesios, capítulo 6, que nos encontramos en una batalla, y que la batalla no es contra personas. El enemigo no es tu esposo o tus hijos o tus padres o tu prójimo. Nos encontramos en una batalla que es espiritual, y estamos batallando contra fuerzas espirituales de maldad, contra el poder de Satanás y el mal de este mundo.

Pero las Escrituras nos dicen que no tenemos nada de que temer. Tan fuerte como esas fuerzas del mal pueden ser, ellas no podrán contra Dios y Sus ejercitos celestiales. Estamos protegidas y ayudadas por un ejército poderoso de ángeles, quienes nos ayudan en esta batalla contra las fuerzas de Satanás y del mal.

Hay varias ilustraciones sobre este tema en las Escrituras. Una que viene a mi mente se encuentra en el libro del Génesis, capítulo 19. ¿Recuerdas cómo una muchedumbre de hombres violentos rodearon la casa de Lot en Sodoma? Ellos querían hacerle daño a Lot y a su familia, pero Dios envió dos ángeles para ayudarle.

En medio de ese ataque, los ángeles golpearon a los atacantes con la ceguera de modo que ellos no pudieran encontrar la puerta. Si no hubiese sido por la presencia de esos ángeles en ese momento, Lot hubiese estado en aprietos. Los ángeles fueron enviados para asistirle en la batalla espiritual contra las fuerzas de Satán y del mal que estaba motivando a esa muchedumbre.

Luego venimos al libro de Daniel, capítulo 10. Daniel ha estado orando a Dios por varios días. Dios ha enviado a un ángel para entregar un mensaje a Daniel, que es la respuesta a las oraciones de Daniel. De hecho, las Escrituras dicen que en el momento, el día, que Daniel empezó a orar, Dios envió el ángel con un mensaje.

Pero de alguna forma, de una manera que no podemos comprender porque no podemos ver estas realidades invisibles, durante 21 días, se nos dice que el ángel mensajero de Dios fue resistido y detenido por ángeles caídos. Los agentes de Satanás retuvieron al ángel de Dios durante 21 días para que él no pudiese entregar el mensaje a Daniel.

Ahora bien, Daniel continuó orando durante todo ese tiempo. A veces me pregunto qué hubiese sucedido si Daniel hubiese parado de orar en el día 20, o el día 19 o el 18.

¿A veces te has encontrado en una situación donde estás orando por algo durante un largo periodo de tiempo, quizás por un hijo que está lejos de Dios o en rebelión contra Dios, quizás por un compañero que no conoce a Dios; y has orado y orado? Quizás para ti no sean solo 21 días. Quizás sean 21 semanas o 21 años, y no hay evidencia de que Dios te haya escuchado o de que esté contestando tu oración.

Este pasaje debe darte esperanza de que Dios oye, y Él está trabajando en los cielos para enviarte una respuesta y cumplir Sus propósitos. No sabemos exactamente cuál es la respuesta, de qué manera Dios te responderá, o cuándo Su respuesta llegará. Pero es tan importante que perseveremos en la oración. Que no nos rindamos antes de que Dios envíe Su respuesta.

Mientras la historia se va desarrollando aquí en Daniel capítulo 10, el ángel finalmente llega a la presencia de Daniel y le explica que durante 21 días había estado tratando de entregar el mensaje, y que Dios finalmente había enviado al ángel Miguel —Miguel era llamado el arcángel, el ángel principal— para ayudar a este ángel anónimo que trataba de entregar un mensaje a Daniel.

Entonces Dios tenía, en este caso, dos ángeles que estaban involucrados en asistirle en este asunto de la batalla espiritual que se estaba llevando a cabo en los cielos, una batalla de la cual Daniel no tenía ni siquiera conocimiento.

Ahora bien, a veces nosotros estamos conscientes que se está librando una batalla cuerpo a cuerpo contra las fuerzas del mal y contra los poderes de la oscuridad. Pero considero que muchas veces nosotras no estamos conscientes de que estamos lidiando con esto.

El punto importante es que Dios sabe sobre esto. Él sabe y Él ve lo que está sucediendo en los cielos, y Él está en control de todo eso. Aun los ángeles caídos no pueden hacer más de lo que Dios les permite que ellos hagan. Ellos están bajo Su control y bajo Su poder. Y Dios envía a menudo ángeles para asistir en la batalla espiritual contra las fuerzas de Satanás y del mal.

Existe también otra manera en que los ángeles ministran nuestras vidas. Las Escrituras nos enseñan que los ángeles nos ministran o nos sirven, y que ellos proveen fuerza y sustento para nosotros cuando estamos débiles. Otra vez, vamos a las Escrituras y encontramos varias ilustraciones de este tipo de ministerio de parte de los ángeles.

¿Recuerdan en el libro de 1ra. de Reyes cuando el profeta Elías había ganado su gran batalla en el nombre de Dios? Fue Dios Quien obtuvo la victoria, pero Elías era un siervo de Dios. Él se dirigió al Monte Carmelo y se mantuvo en pie defendiendo la causa de Dios contra 850 falsos profetas —este  es el profeta solitario y sin esperanza  que había superado en número, por mucho.

Pero Elías creyó en el poder de Dios, quien era el Dios del fuego. Él sabía que los falsos dioses, estos falsos profetas, no tenían poder en absoluto. Entonces el  aceptó el desafío. Él enfrentó los poderes del mal y de la oscuridad, y Dios ganó una gran victoria,  vindicando Su nombre y Su poder.

Ahora vemos el siguiente capítulo, 1 Reyes 19, y encontramos que el profeta victorioso Elías estaba ahora exhausto. Él está agotado. Él está desalentado después de este enfrentamiento, y corre por su vida huyendo de la malvada reina Jezabel, quien había amenazado con matarlo antes del final del día. Ella estaba enojada por lo que había sucedido.

De manera que él está desalentado, y se sienta bajo un árbol y le pide a Dios que tome su vida, para que le deje morir. Luego, se recuesta bajo el árbol y se duerme. Él estaba exhausto.

Quizás te relaciones con este momento cuando te sientes desgastada. Para ti puede que no sea ese gran encuentro en el Monte Carmelo. Puede ser un encuentro con tres niños pequeños que has cuidado todo el día, y estás agotada. Bien, en esas ocasiones podemos estar desalentadas, y todo lo que queremos hacer es dormir y tal vez hasta morir.

Las Escrituras dicen,»De repente un ángel tocó a Elías y le dijo, ‘Levántate y come’» (versículo 5). ¿Ahora, no es eso práctico? “Él miró alrededor, y allí en su cabeza había una torta de pan horneada sobre carbones calientes y una jarra de agua”.

¿Cómo llegó aquello ahí? No creo que hubiera una cocina cerca en este desierto. Dios, en su obrar sobrenatural, intervino y proveyó exactamente lo que se necesitaba en ese momento.

Las Escrituras dicen, “Elías comió y bebió y luego se acostó otra vez” Él todavía estaba cansado. Y otra vez el ángel del Señor vino por segunda vez, le tocó y le dijo “Levántate y come, ya que el viaje es demasiado para ti” (versículo 7). Dios envió Su ángel, un mensajero, para fortalecer a su siervo en su tiempo de necesidad.

Cuando nos adentramos al evangelio de Marcos, encontramos a Jesús en el medio del desierto. Las Escrituras dicen que en ese tiempo de tentación Jesús estaba con los animales salvajes, y que los ángeles lo asistían (Marcos 1:13). Ahora, lo que me encanta de ese versículo no es solo que los ángeles servían a Jesús, sino que también a medida que profundizamos más en el Nuevo Testamento, nos damos cuenta que esos mismos ángeles cuidan de nosotras.

El libro de Hebreos nos dice en Hebreos 1:14 que “Todos los ángeles son espíritus ministradores para atender…” Encontramos la misma palabra: atender, servir, esperar —no solo a Jesús, sino “aquellos que heredarán la salvación…” Los hijos de Dios.

De la misma forma en que los ángeles ministran a Jesús en medio de ese desierto rodeado de animales salvajes, así mismo Dios, en los momentos claves de nuestras vidas, tal vez aun sin el conocimiento de nosotros, envía Sus ángeles para fortalecernos, animarnos, ministrarnos y conocer nuestras necesidades.

Existe también otro momento crucial en la vida de Jesús donde es ministrado por un ángel. Es justo al final de Su vida aquí en la tierra. En Lucas capítulo 22 encontramos a Jesús en el Huerto de Getsemaní, orando a Su Padre de los cielos justo antes de ir a la cruz, donde Él llevaría todo el peso de nuestros pecados sobre Él.

Jesús ora, en Su humanidad, “Padre, si es posible, aparta de mí esta copa. Sin embargo, Yo me rindo. Que no se haga mi voluntad, sino la tuya (verso 42, paráfrasis).

Las Escrituras nos dicen que en ese preciso momento un ángel del cielo se le apareció a Jesús y le fortaleció (véase versículo 42). La palabra aquí en el lenguaje original significa “hacer fuerte interiormente”. Lo hizo fuerte por dentro. El ángel lo fortaleció en medio de esta gran batalla espiritual.

Lo que me intriga es que en este momento de la vida de Jesús donde Él estaba completamente solo, humanamente hablando, Sus discípulos estaban durmiendo, y Él necesitaba fortaleza interna para hacer la voluntad de Dios. Y en ese momento tan crucial de Su vida el ángel Lo fortaleció. Pero los versículos siguientes nos dicen que ese no era el final de la batalla.

Continúa diciendo, “estando en angustia Él oró más intensamente y Su sudor era como gotas de sangre que caían a la tierra” (versículo 44). Y tú dirás, “Si el ángel le fortaleció… ¿no lo libraría entonces de la batalla? ¿Sabes lo que hizo? Por el contrario, le dio la fortaleza para seguir adelante en la batalla.

Si tienes esos tres niños de los que acabamos de hablar, no solo necesitas liberación de la batalla. Tú necesitas liberación para mantenerte en la batalla. Necesitas fortaleza interior para poder afrontar el día siguiente, y el siguiente, y el siguiente…

Fue el ministerio de los ángeles que le dio a Jesús la fortaleza interna y el ánimo necesarios para seguir adelante y orar más intensamente. Él fue fortalecido por los ángeles para hacer la voluntad de Dios.

En la medida que miramos a Dios, vemos que Dios es el Único que nos fortalece. Pero creo que muchas veces Él envía a Sus ángeles como instrumentos de Su misericordia y de Su gracia. Puede que muchas veces no estemos conscientes que son los ángeles que nos alcanzan en determinado punto. Ellos vienen de Dios, así que no creo que debamos orar a los ángeles para que vengan y nos fortalezcan.

Debemos orar a Dios y decirle, “Dios, soy demasiado débil. Estoy muy necesitada. ¿Pudieras venir a fortalecerme en este momento de debilidad para no defraudarte? ¿Me pudieras dar valor y coraje para continuar? Y cuando Dios responde, considero que en algunos casos Él contesta a través de Sus ángeles.

Las Escrituras nos enseñan que los ángeles nos están observando. Pablo dice a Timoteo en 1ra de Timoteo 5, “Te encarezco delante de Dios, del Señor Jesucristo y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas” (versículo 21). Jesús está observando. Dios está observando. Y, Pablo dice, los ángeles escogidos están observando, así que asegúrate de obedecer estas instrucciones.

Luego continua Pablo y dice, en 1 Corintios 4, que nuestra forma de vivir es un espectáculo para los ángeles. A medida que obedecemos a Dios, a medida que ejercitamos nuestra fe, a medida que sufrimos por hacer lo correcto, somos un espectáculo. Estamos haciendo, en cierto modo, una representación que los ángeles observan.

Pienso en el libro de Job y como este siervo de Dios, este hombre justo, fue probado sin saber lo que nosotros sabemos acerca de la historia completa, acerca de lo que estaba sucediendo en los cielos entre Dios y Satanás. Todo lo que él sabía era que estaba sufriendo increíblemente.

En un solo día Job enfrentó la pérdida de todas sus posesiones y de todos sus hijos y luego se encontró luchando con sus bien intencionados —aunque no muy provechosos— amigos, (y su esposa, debo añadir), quienes no  fueron capaces de animarle y confortarle.

Pero las Escrituras dicen, “En todo esto no pecó Job ni atribuyó a Dios despropósito alguno” Él no acusó a Dios falsamente. En su lugar dijo, “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (1:21-22).

Ahora, desconozco, porque las Escrituras no lo dicen, y no podemos estar seguros de nada que las Escrituras no nos digan. Pero solo puedo imaginarme que en ese momento quizás los ángeles en el cielo estaban observando qué sucedería, tal vez echando un vistazo desde un balcón, por así decir. Ellos sabían lo que estaba sucediendo en el cielo y observaban para ver cómo el siervo de Dios respondería, el siervo de Dios que no sabía cuál sería el resultado. Él no sabía que Dios estaba en control, a diferencia de los ángeles que sí lo sabían.

Cuando Job dice, “bendito sea el Nombre del Señor”, me pregunto si esos ángeles no habrán empezado a aplaudir. Dios había sido vindicado. Su siervo había confiado en Él y dijo luego, “Aunque Él me mate, aunque pierda no solo mis bienes, no sólo mis hijos, pero aun mi misma vida, “aún yo confiare en Él” (Job 13:15). Los ángeles están observando.

Las Escrituras dicen en Hebreos capítulo 12 que hay “una gran nube de testigos” (versículo 1) juntos, en una especie de tribuna en el cielo. Ellos nos observan en la carrera que tenemos por delante aquí abajo. Considero que los ángeles forman parte de ese equipo anfitrión que está en el cielo observando si seremos fieles en correr la carrera que Dios nos ha puesto por delante.

Ahora bien, el hecho de que los ángeles nos estén observando, de que nos estén observando desde el cielo, debe ser para nosotros una increíble fuente de ánimo y de motivación y, me permito añadir, una responsabilidad también, a medida que caminamos aquí en esta tierra.

En su libro “Aunque camine por el valle”, el Dr. Vance Havner nos habla de un viejo predicador que trabajaba durante la noche en un sermón para su pequeña congregación. Su esposa le preguntó sobre el porqué estaba empleando tanto tiempo en un mensaje que sería escuchado por tan pocas personas, a lo cual el ministro le respondió, “Te olvidas, mi querida, lo extensa que será mi audiencia”.

Cuando recuerdas que tu audiencia es el cielo, eso te dará mucho más valor para continuar adelante cuando piensas que nadie está viendo lo que estás haciendo aquí en la tierra. Dr. Havner añadió, 
“Nada es trivial aquí si el cielo está mirando. Debemos jugar un mejor partido si recordamos quién está en las gradas”.

Así que madres, cuando piensen que nadie les ve y que nadie aprecia todos esos pequeños detalles que tienes cada día para con tu familia, recuerda que los ángeles las están observando.

Cuando te sientas tentada a tirar la toalla —cuando te canses, cuando te sientes débil en tu corazón, cuando te canses de hacer las cosas correctamente—sé fiel, porque los ángeles están observando.

Cuando te sientes sola y tentada a caer en ese pecado que tan fácilmente te acosa. Dios está observando, y los ángeles están observando.

Finalmente, los ángeles nos ministran de otra forma. Las Escrituras nos enseñan que en el momento de nuestra muerte, los ángeles nos toman y nos escoltan hacia el cielo. Hay un versículo en Lucas capítulo 16 que nos indica esta afirmación.

¿Recuerdas la historia que Jesús dijo sobre el mendigo Lázaro que había estado pidiendo en la puerta del hombre rico hasta su muerte? Cuando ellos murieron, la Escritura dice que el mendigo fue llevado (la palabra aquí es escoltado) por los ángeles en la presencia de Dios.

Creo que nos da una idea sobre lo que pasa en ese momento de nuestra muerte. Normalmente no podemos ver este acontecimiento cuando alguien muere. Quizás no podamos verlo cuando muramos nosotros. Pero Dios envía a Sus ángeles santos para escoltar a Sus siervos, a Sus hijos, de esta vida a la siguiente.

Hace muchos años, fui responsable de dirigir un campamento para niños; niños en edades tempranas —primero, segundo y tercer grados—venían cada día. Teníamos consejeros en el campamento y los niños se iban a la casa en la noche.

Bien, ese verano en particular, el 4 de julio resultó ser miércoles, así que tomamos el día libre en el campamento. Nuestros consejeros, quienes eran estudiantes en una universidad cristiana local, se fueron a escalar a las montañas Blue Ridge. Ese día me encontraba en la casa estudiando y preparando la lección que ensenaría a los niños al día siguiente.

Como el Señor iba disponiendo, me preparaba para enseñar un mensaje sobre el momento en que Jesús levantó a Lázaro de la muerte. Así que estaba pensando en todo este tema de la resurrección y cómo les enseñaríamos a los niños sobre la resurrección.

Recibí una llamada en la casa de uno de los consejeros, quien me dio la noticia que mientras estaban en la excursión una de las jóvenes había resbalado en el camino, se había caído y había fallecido de forma instantánea.

Al día siguiente tuvimos campamento. Tuvimos que regresar y decirles a los niños lo que había sucedido con Miss Vicki, su consejera de campamento. Compartí con esos niños, pensando en este pasaje de los ángeles escoltándonos al cielo y sobre otros pasajes como el que nos dice que Dios envía Sus ángeles para sostenernos, para guardarnos no sea que tropecemos contra una piedra.

Le dije a los chicos que nosotros no podíamos ver lo que había sucedido aquella mañana, pero que Dios le había dicho a uno de Sus ángeles, “Quiero que vayas y tomes a Miss Vicki, y quiero que la traigas a Mí hoy”. Entonces cuando nos toca ver lo sucedido a Miss Vicki que se resbaló y en esa caída , lo que realmente pasó es que los ángeles la tomaron y la llevaron a Dios en los cielos.

Cuando enfrentas la muerte, como todos lo haremos temprano o tarde, y cuando enfrentas la muerte de aquellas personas que amas, si son hijos de Dios, creyentes en Jesucristo, sabes que ellos no se fueron solos a su siguiente vida; ellos fueron escoltados. ¡Solo imagínate esa escolta de ángeles en la presencia de Dios para vivir con Él para siempre!

Leslie: ¿Sabías que los ángeles te escoltarán un día a la presencia de Dios? Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando lo que las Escrituras nos dicen acerca del ministerio de los ángeles. Ella estará de vuelta para orar y concluir esta serie, El ministerio de los ángeles en la vida de los creyentes.

Si te has perdido alguna de estas series, todavía es fácil escucharlas. Visita AvivaNuestrosCorazones.com.  Puedes leer el texto o descargar el audio.

Por favor, quédate con nosotros, para Aviva Nuestros Corazones en nuestro próximo programa..

Mañana tendremos con nosotros a Barbara Rainey, quien nos animará a cultivar un estilo de vida de gratitud, una buena exhortación para comenzar un nuevo año.

Ahora vamos a orar con Nancy.

Nancy: Gracias Dios, por Tus santos ángeles y por como ellos nos ministran como Tus mensajeros, como ellos traen gracia a nuestras vidas en tiempos de necesidad. Señor, mientras vivamos aquí en la tierra, recuérdanos que estamos siendo observados, que en nuestros momentos privados, en nuestros momentos de lucha, en nuestros momentos de debilidad y de cansancio, los ángeles nos están observando. Queremos vivir el tipo de vida que haga que ellos te aplaudan.

Señor, a medida que enfrentamos la muerte —ya sea nosotros o de alguien que amamos— lo que es el momento de la muerte, permite que no temamos si somos Tus hijos y hemos colocado nuestra fe en Jesucristo, sabiendo que Tú caminas con nosotros por el valle de sombra de muerte y que cuando llegue el momento Tu mandarás a Tus ángeles para escoltarnos a Tu presencia. ¿Qué más gozo que este?

Gracias a Ti, Señor, por el regalo de esos ángeles. Oramos en el Nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Enviados a rescatar – 1/2

Aviva Nuestros Corazones

El ministerio de los ángeles en la vida de los creyentes

Enviados a rescatar – 1/2

Nancy Leigh DeMoss

Nancy Leigh DeMoss: Déjenme contarles de una mujer llamada Imelda. Un día, ella hizo una búsqueda en Internet sobre el control de la lengua. Eso la llevó a AvivaNuestrosCorazones.com donde comenzó a devorar los artículos y las transcripciones diarias.

Imelda: Yo estaba buscando mensajes prácticos sobre la lengua. Busqué en Internet y me encontré con la página web de Nancy.

Nancy: Es realmente difícil enviar los recursos a Imelda. Esto es porque ella vive en los Emiratos Árabes Unidos. En caso de que no estés seguro de dónde se encuentra, eso está en el Medio Oriente. Así que Imelda descarga el audio del programa de Aviva Nuestros Corazones cada día y hace copias en CD para las mujeres de su iglesia. Imelda se presentó en una de las conferencias de True Woman en el 2010, haciendo el viaje largo desde el Medio Oriente. Cuando nos reunimos en esa conferencia, me entregó unas fotos de un grupo de mujeres de su iglesia en los Emiratos Árabes Unidos. Ella ha formado un grupo de 60 mujeres, un grupo que ellas han llamado la Hermandad de la Feminidad Verdadera.

Tu donación permite que Aviva Nuestros Corazones esté disponible en Internet en sitios como los Emiratos Árabes Unidos y en gran parte del resto del mundo.

Imelda: Estoy agradecida de que otras estén escuchando, porque quiero que experimenten los cambios que Dios trajo a mí vida a través de los mensajes de Nancy.

Nancy: Eso es solo una pequeña ilustración de la multiplicación que ocurre en todo el mundo cuando las mujeres escuchan Aviva Nuestros Corazones y lo comparten con otras en su esfera de influencia.

Leslie Basham: Al entrar en una tienda de regalos de hoy, uno pensaría que el propósito de los ángeles es la venta de calendarios, placas y baratijas. ¿Cuál es el verdadero propósito de los ángeles? Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Los ángeles tienen una función principal, una ocupación, un llamado eterno, que es servir a Dios y hacer Su voluntad.

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Todos sabemos que los ángeles juegan un papel destacado en la historia de la Navidad. Pero, ¿te has percatado de que los ángeles juegan un papel importante en otros relatos bíblicos también?

Nancy va a ayudarte a entender lo que dice la Escritura acerca de estos seres misteriosos en una serie llamada El ministerio de los ángeles en la vida de los creyentes.

Nancy: Cuando miras alrededor hoy, vemos que hay un enorme interés en el tema de los ángeles. Entras en una librería y encuentras libros acerca de los ángeles,  poesía sobre los ángeles o historias de supuestos o reales encuentros con los ángeles.

Tenemos programas de televisión que destacan a los ángeles. Entras en una tienda de regalos y verás imágenes y estatuillas y joyas y tarjetas y  a los ángeles por todas partes.

Creo que sabes que mucho de lo que escuchamos acerca de los ángeles hoy en día simplemente no es verdad. Y ¿cómo sabemos si es verdad o no? Pasamos toda esta información por el filtro de las Escrituras, a través de la red de la Palabra de Dios, y evaluamos la información por lo que leemos en la Palabra de Dios.

Pero el hecho de que la gente esté diciendo hoy un montón de cosas acerca de los ángeles, todas producto de su imaginación, no nos debe llevar a pasar por alto lo que es cierto acerca de los ángeles;  lo que la Escritura nos revela sobre este tema tan importante.

Existen aproximadamente 300 referencias sobre los ángeles en las Escrituras, mucho más, por cierto, que sobre Satanás y los demonios.

Como quizás ya sabes, la palabra ángel significa «mensajero». Los ángeles son mensajeros de Dios. Ellos son seres creados. Es por eso que no deben ser adorados. Solo el Creador ha de ser adorado. Ellos son inmortales. Pero ellos no son eternos, porque tienen un punto de partida. Dios los creó, pero son inmortales. Ellos viven para siempre.

Quizás te preguntes ¿cuántos ángeles hay? No lo sabemos. Pero sí sabemos que hay un gran número de ángeles. Apocalipsis, capítulo 5 habla de miles y miles de ángeles. Puedes hacer la multiplicación y saber que hay un montón de ellos (ver versículo 11). En Hebreos, capítulo 12 se nos dice que hay ángeles innumerables, más de los que podríamos contar (ver versículo 22).

Y como hemos dicho, los ángeles no deben ser adorados. No debemos dirigirnos a ellos en oración. Ellos son siervos de Dios que cuidan de Sus asuntos en el mundo. Los ángeles tienen una función principal, una ocupación, un llamado eterno, y es servir a Dios y hacer Su voluntad.

Me encanta ese pasaje en el Salmo 103, donde se llama a toda la creación a bendecir al Señor, pero al final de ese pasaje, el salmista dice,

“Bendecid al SEÑOR, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su mandatos obedeciendo la voz de su palabra. Bendecid al SEÑOR, vosotros todos sus ejércitos,  que le servís haciendo su voluntad.” (vv. 20-21).

En ese texto podemos ver que los ángeles son criaturas poderosas. Son poderosos, no tan poderosos como Dios, de ninguna manera, pero sí hacen Su voluntad. Obedecen Su Palabra, y hacen Su voluntad. Ellos son siervos obedientes de Dios, y existen para agradarle a Él.

Ahora, como sabes, la Escritura dice que Dios nos creó para ese mismo fin. Fuimos creados para Su beneplácito. Apocalipsis, capítulo 4, el versículo dice 11 dice que Dios nos ha creado para que le sirvamos, para que le demos placer. Mientras estudiaba este asunto de los ángeles, me preguntaba. ¿Qué tal estoy cumpliendo con mi llamado?

Sabemos que los ángeles hacen lo que fueron creados para hacer. Ellos fueron creados para servir a Dios y para darle placer, y eso es exactamente lo que ellos hacen. Pero la pregunta es: ¿Estoy yo cumpliendo con el propósito para el cual fui creada? ¿Estás cumpliendo tú con el propósito para el cual fuiste creada; el de servir a Dios y agradarle?

Cuando oramos el Padre Nuestro, la oración que el Señor enseñó a sus discípulos a orar decimos: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.» (Mateo 6:10), en un sentido lo que  realmente estamos orando es poder hacer aquí en la tierra lo que los ángeles hacen en el cielo. ¿Qué hacen los ángeles en el cielo? Ellos adoran a Dios, le bendicen, le sirven, y le obedecen.

Estamos orando: «Señor, ayúdanos a ser tan fieles en el cumplimiento de nuestro llamado aquí en la tierra, como los ángeles lo son en el cielo». Cuando y hacemos esta oración, estamos expresando nuestro deseo, nuestra intención, de obedecer a Dios, de adorarle, como sus santos ángeles en el cielo.

Los ángeles cumplen su función en la creación, su función de servir a Dios y hacer Su voluntad, de tres maneras primordiales.  Al estudiar las Escrituras, la mayor parte de los ángeles caen en una o más de estas categorías.

(1) Ellos cumplen su propósito en la creación a través de la adoración y la alabanza a Dios en el cielo.

¿Recuerdas ese pasaje maravilloso en  Apocalipsis, capítulos 4 y 5 donde se nos permite dar un vistazo al trono en los cielos? (4:8; 5:12-13). Escuchamos  estos a ángeles que están alrededor del trono de Dios —de día y de noche— y claman: «¡Santo, santo, santo, Señor Dios Todopoderoso»! (4:8; 5:12-13).

Adoran a Dios por Su grandeza, por Su poder, Su esplendor, Su majestad, por Su plan de redención. Adoran a Dios en el cielo.

El profeta Isaías vio esta misma visión en el cielo en Isaías capítulo 6, cuando se le permitió ver dentro cielo un trono. Allí vio a los serafines, una clase particular de ángeles, cuya ocupación a tiempo completo era adorar y alabar y bendecir al Señor. Ellos sirven a Dios y le agradan por medio de la alabanza y de las bendiciones.

(2) En segundo lugar también encontramos a lo largo de la Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que los ángeles están involucrados en ayudar a Dios a ejecutar sus juicios, aquí en la tierra.

Esto ha sido cierto en el pasado y será cierto al final de los tiempos en esta tierra, cuando Dios mande a sus ángeles. Puedes leer sobre esto en el libro de Apocalipsis cuando habla de cómo se llevará a cabo el juicio de Dios. Muchas veces son los ángeles los que vemos ejecutando los juicios de Dios sobre la tierra.

Y luego hay una tercera forma en que los ángeles cumplen su propósito en la creación, y es donde quiero que nos centremos en estas próximas sesiones.

(3) Los ángeles son mensajeros de Dios, enviados por Dios para ministrar a los creyentes aquí en la tierra.

De manera que ellos adoran y alaban a Dios en el cielo. Ellos ejecutan Sus juicios sobre la tierra cuando Él les ordena hacerlo —lo llevan a cabo y lo cumplen. Y luego también Dios envía a sus ángeles a ministrar a los hijos de Dios; a servir a los creyentes aquí en la tierra.

Quiero que veamos varias formas específicas en que los ángeles están involucrados en las vidas de los creyentes. Creo que esto te animará —tal y como me ha animado a mí, al darme cuenta de que estos mensajeros invisibles de Dios participan diaria y activamente en mi vida y en la tuya, si eres una  hija de Dios.

Cuando nos arrepentimos, la Escritura dice que los ángeles se regocijan.

Recuerda el pasaje de Lucas capítulo 15, cuando Jesús estaba contando algunas historias acerca de personas que habían perdido cosas que eran muy importantes para ellos. Luego encontraron lo que se les había perdido, lo que habían buscado con tanta diligencia. Volvieron a su casa y se regocijaron, y llamaron a sus amigos y a sus vecinos para regocijarse con ellos.

Y Jesús dijo en Lucas capítulo 15, versículo 10, » De la misma manera, os digo, hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.»  Cuando un pecador se arrepiente, los ángeles hacen una fiesta. Celebran. Cada vez que un pecador se arrepiente en la tierra, se llenan de emoción porque Dios es exaltado, a Quien ellos adoran y aman, y Su voluntad se está haciendo aquí en la tierra como se hace en el cielo.

Ahora bien, existe un momento de arrepentimiento que tiene lugar en el momento de la conversión, pero también después de la conversión, Dios quiere que continuemos arrepintiéndonos. Ese es el Espíritu Santo dentro de nosotros que nos convence de que hemos pecado contra Dios. Deberíamos tener un estilo de vida de arrepentimiento ante Dios mientras Él va revelando algunos asuntos y necesidades en nuestras vidas. Y cuando nos arrepentimos, creo que cada vez que nos arrepentimos, los ángeles se regocijan.

Al meditar sobre el tema de los ángeles regocijándose cuando nos arrepentimos, me hice la siguiente pregunta: si los ángeles se regocijan cuando nos arrepentimos, ¿será posible que también se contristen cuando nuestros corazones se endurecen y nos negamos a arrepentirnos?

Nosotros sabemos que Dios se lamenta. Sabemos que el Espíritu Santo se contrista. No sé. La Escritura no nos dice si los ángeles se apenan o no, pero al ver cómo aman y adoran al Señor Jesús, me parece que bien podrían estar tristes cuando rechazamos el derecho que Él tiene de gobernar sobre nuestras vidas.

Así que al meditar sobre este asunto de que los ángeles se regocijan cuando los pecadores se arrepienten: ¿Estamos dándoles a los ángeles motivo de celebración, o estamos causándoles dolor debido a la falta de arrepentimiento de nuestros corazones?

Entonces yo también me pregunto: ¿Me emociono tanto como los ángeles cuando veo a los pecadores arrepentidos? ¿Tengo ese tipo de alegría y de celebración en mi corazón cuando veo a los pecadores llegando a conocer a Jesús, viendo a las personas arreglar sus cuentas con Dios? Este es un tema de gran regocijo para ellos, y es una de las formas en las cuales los ángeles están involucrados en nuestras vidas como creyentes.

Hay otra manera en que los ángeles nos ministran a nosotros como creyentes. La Escritura enseña que los ángeles acampan alrededor de nosotros. El Salmo 34 el versículo 7 dice que: «El ángel del SEÑOR acampa alrededor de los que le temen, y los rescata.”  Cuando pienso en la palabra acampar, estoy imaginando una barrera, un cerco de protección.

Posiblemente puedes recordar el pasaje de 2da de Reyes el capítulo 6, cuando en medio de la noche, el rey de Siria envió un ejército con caballos y carros para rodear la ciudad donde vivía el profeta Eliseo. Sus instrucciones fueron capturar a Eliseo y llevarlo de regreso al rey.

Cuando llegó la mañana, el siervo de Eliseo salió y vio a este gran ejército y comprensiblemente, él estaba aterrorizado.» Él le dijo a Eliseo: «¿Qué debemos hacer?»

El profeta le dijo a su siervo: «No tengas miedo. Los que están con nosotros son más que los que están con ellos. «Y oró Eliseo y dijo: Dios, por favor abre los ojos de mi siervo para que vea» (Cf. versículos 15-17).

El siervo no era ciego, Él podía ver, pero solo podía ver con sus ojos naturales. Solo podía ver lo visible, lo físico, la realidad de ese ejército alrededor de ellos.

Lo que Eliseo estaba orando era: «Señor, abre sus ojos espirituales para que pueda tener una visión de lo que ha estado allí todo el tiempo, pero que no podía ver con su vista natural. Permítele ver la realidad invisible que nos rodea.» Cuando el Señor abrió los ojos al siervo, miró y vio que las colinas estaban llenas de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo”.

Ves, el enemigo que había rodeado la ciudad no podía llegar hasta Eliseo. Aunque no parecía haber un obstáculo en su camino, si había un gran obstáculo que les impedía pasar. Eliseo fue rodeado por los ángeles de Dios, que formaron una barrera protectora a su alrededor.

Tenemos la tendencia de mirar la realidad visible que nos rodea, a la gente airada, la gente hostil, la gente con problemas, el vecindario peligroso donde tal vez vivimos, y nos preocupamos por algo que pudiera sucederle a nuestros hijos. A la luz de las realidades visibles es fácil ver que hay gente peligrosa alrededor; hay circunstancias peligrosas. Es fácil sentir miedo y ansiedad y empezamos a preocuparnos e inquietarnos porque tenemos nuestra mirada en las cosas que podemos ver.  En las realidades visibles.

Pero si solo nos detuviéramos para darnos cuenta de cuán cerca están Sus ángeles que nos ministran, y de cómo acampan a nuestro alrededor y en torno a nuestros seres queridos, si son creyentes, entonces nunca daríamos cabida al temor.

Piensa en tus hijos, cuando los lanzas al mundo. No hay manera de que puedas estar con ellos en todas partes. Incluso si estás con ellos en todas partes, no  les puedes proteger de toda la maldad de este mundo.

Pero si tus hijos tienen fe en Cristo, Dios protege a esos niños, enviándoles Sus ángeles para que vengan y acampen alrededor de ellos.

Nunca tendríamos miedo, y enfrentaríamos todas las circunstancias de nuestra vida con paz y con fe, si nos detuviésemos y recordáramos que hay una gran multitud de ángeles invisibles que nos rodean.

Ves, el enemigo es muy real, pero no puede llegar a nosotros sin pasar por medio de un ejército de ángeles que acampan alrededor de nosotros. La única manera de conseguir pasar por medio de este ejército es si Dios les da permiso. Eso significa que podemos confiar. No tenemos que temer porque los ángeles acampan a nuestro alrededor.

Hay otra manera como los ángeles ministran a los creyentes y está relacionada a lo anterior. Esto es: y esto es que los ángeles nos protegen del mal. En el libro del Génesis, Jacob al final de su vida habla de «el ángel que me ha rescatado de todo mal» (48:16). Él mira hacia atrás a su vida, y él está consciente de que Dios ha enviado a un ángel para librarlo de todo mal.

El Salmo 91 nos habla de estos ángeles que nos protegen. La Escritura dice en ese pasaje: «Pues Él dará órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos. En sus manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.» (Versículos 11-12). Ellos nos protegen, nos levantan en momentos de daño o de peligro.

En Isaías en el capítulo 63 nos dice que «en todas sus aflicciones [las aflicciones de los Hijos de Israel], Dios fue afligido» (versículo 9). Dios se preocupaba de ellos.  Sentía su dolor, y ¿qué hizo? Él envió el ángel de Su presencia para salvarlos, para liberarlos, para protegerlos de cualquier mal.

Ahora, permítanme sugerir otra manera en la que los ángeles nos ministran a nosotros. Y de nuevo, algunas de estas actividades están estrechamente relacionadas. Los ángeles son enviados no solo para protegernos del mal, sino también para rescatarnos de situaciones imposibles.

Tenemos una serie de ilustraciones de esto a través de las Escrituras, cuando Dios envió a sus ángeles para rescatar a su pueblo de situaciones imposibles. Dos de estos incidentes tienen lugar en la vida de la iglesia primitiva en el libro de los Hechos.

En Hechos capítulo 5 recordarás que los apóstoles fueron arrestados por la predicación del Evangelio, y fueron arrojados a la cárcel. Esa fue una situación imposible. Estaban atados, fueron encarcelados, no podían salir de esa circunstancia.

La Escritura dice que «durante la noche un ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y los sacó» (versículo 19). ¿Cómo abrió el ángel las puertas? No lo sé. Ellos son servidores poderosos de Dios. No tienen tanto poder como Dios, sino más poder que nosotros sobre las fuerzas naturales.

«Pero un ángel del Señor, durante la noche, abrió las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: Id, y puestos de pie en el templo, hablad al pueblo todo el mensaje de esta Vida. «(Versículo 20). Dios envió a un ángel para rescatar a sus apóstoles de aquella situación imposible.

Ahora, unos capítulos más adelante llegamos a Hechos, capítulo 12. Una situación similar, pero se nos dan más detalles en relación con este pasaje. El rey Herodes arrestó al apóstol Pedro, y lo puso en la cárcel. La noche antes de su juicio. . .  Ahora piensa en el tiempo preciso en el que Dios intervino, lo sabio que es Dios en conocer cuándo exactamente debe enviar a Sus ángeles.

La Escritura habla de la noche antes de su juicio: «… Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas; y unos guardias delante de la puerta custodiaban la cárcel». (v. 6) No había ninguna manera —aparte de una intervención divina—  en que Pedro pudiera salir de esa situación.

Entonces dice la Escritura en Hechos, capítulo 12, «Y  he aquí, se le apareció un ángel del Señor, y una luz brilló en la celda; y el ángel tocó a Pedro en el costado, y lo despertó diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas cayeron de sus manos.  Y el ángel le dijo: Vístete y ponte las sandalias. Y así lo hizo. Y le dijo* el ángel: Envuélvete en tu manto y sígueme». (vv. 7-8).

El pasaje continúa diciendo que Pedro no tenía idea de lo que realmente estaba sucediendo. Ya te podrás imaginar —quizás un poco aturdido por haberse despertado de su sueño en ese momento. Pensó que estaba viendo una visión. La Escritura dice que «Cuando habían pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrió por sí sola; y salieron y siguieron por una calle, y enseguida el ángel se apartó de él».(Versículo 10).

Entonces la Escritura dice, “Cuando Pedro volvió en sí, dijo: Ahora sé en verdad que el Señor ha enviado a su ángel, y me ha rescatado de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos.» (Versículo 11). Pedro reconoció que esto era obra de Dios y que un ángel había sido el instrumento de Dios para llevar a cabo el rescate.

Ahora bien, déjenme decir esto: Los ángeles no siempre rescatan a los hijos de Dios. No nos rescatan de todo problema o de toda situación difícil. Recuerda que, ellos son siervos de Dios, y solo pueden hacer lo que Dios les manda a hacer. No pueden salir corriendo por su cuenta y hacer su propia voluntad. Existen para hacer la voluntad de Dios.

Pienso, por ejemplo, en ese oscuro momento en la cruz cuando el Hijo de Dios estaba muriendo por los pecados del mundo. Solo puedo imaginar, aunque no se nos dice en la Escritura, que los ángeles anhelaban venir a rescatar a Jesús de la cruz, pero Dios les prohibió intervenir. No era el momento de Dios. No era el tiempo de Dios.

Sí, Jesús pudo haber sido rescatado. Pero si Él se hubiese rescatado a sí mismo, o si los ángeles lo hubiesen rescatado antes de tiempo, nunca podríamos haber sido rescatadas de nuestros pecados. Así que Dios permitió que Su Hijo pasara a través de todo ese proceso en la cruz, sin permitir que los ángeles intervinieran.

No mucho tiempo después de esto los primeros cristianos comenzaron a experimentar persecución por predicar el Evangelio. Creo que durante todo ese tiempo los ángeles estaban observando, con deseos de correr a rescatarlos, como un ejército de liberación.

En ocasiones Dios sí los envió a intervenir, para detener las bocas de los leones, para rescatar a sus siervos de algunas de esas situaciones imposibles. Pero en otras ocasiones, por razones que solo Dios conoce, no se les permitió hacerlo. Ellos no tienen la libertad de liberar a quien ellos quieran; solo pueden rescatar cuando Dios les ordena hacerlo.

Entonces te preguntas: «¿Enviará Dios un ángel para rescatarme en medio de mi situación imposible?» Tal vez sí, tal vez no. Sabes, es el misterio de Dios. Tenemos que aprender a estar contentas con este misterio y decir: «Señor, si quieres en este momento sacarme de esta situación, yo sé que puedes, y yo sé que lo harás. Y podrás utilizar los ángeles como Tus instrumentos para ayudar con la liberación. Pero si no lo haces, entonces yo sé que tienes propósitos que son mayores que mi comodidad y mi liberación inmediatas. »

¿Puedes confiar en la decisión que Dios tomará? Di: «Señor, lo dejo en Tus manos.» Y cuando venga el rescate, recuerda mirar hacia arriba y darle gracias a Dios y saber que Él bien pudo haber enviado un ángel, para llevar a cabo ese rescate.

Leslie: El propósito de los ángeles no es inspirar las decoraciones de Navidad. Los ángeles podrían estar protegiéndonos en el día de Navidad de forma que ni siquiera conocemos. Si te perdiste algo del programa de hoy, puedes escucharlo visitando AvivaNuestrosCorazones.com

¿Quién te anima cuando estás deprimida? Es probable que tengas amigas o compañeras de trabajo que te animen de vez en cuando. ¿Sabes que los ángeles nos animan también?  Aprende lo que dice la Biblia acerca de esto, en nuestro próximo programa. Regresa, por favor, regresa con nosotros.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Voz adicional: Imelda, en la voz de Daiana Martínez.

Gregarios de Lujo, Marcos Vidal, Pescador ℗ 2001 Nuva Music.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Una ilustración de contentamiento – 5/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

Una ilustración de contentamiento – 5/5

Carmen: Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: El contentamiento no se fundamenta en un cambio en mis circunstancias, sino que se basa en un cambio en mí. Es la voluntad de aceptar las elecciones de Dios.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín. Nancy ha venido desarrollando una serie llamada, Cultiva contentamiento en el corazón.

Nancy: Una de las cualidades más hermosas que cualquiera de nosotras puede tener como mujer cristiana es el contentamiento. Hemos visto que un corazón satisfecho es un corazón agradecido. Es un corazón que expresa gratitud. Se trata de un corazón confiado, un corazón rendido a la voluntad de Dios. Es un corazón que está libre de sí mismo, es un corazón que está lleno de Dios, un corazón que está centrado en Dios.

Y doy gracias al Señor por las personas que Él me ha permitido conocer a lo largo de mi vida que son personas con contentamiento. Algunas de las mujeres más hermosas y llenas de gracia que he conocido son así porque tienen un espíritu satisfecho. Han cultivado el contentamiento en sus corazones. Y permíteme decir, por cierto, que esto no es algo natural. Es algo que Dios tiene que desarrollar en nosotras, pero es algo que tenemos que permitir que Él desarrolle en nosotras.

Tengo una pequeña placa en mi casa que tiene solo esas tres palabras: «Dios es suficiente». Y es un recordatorio que necesito constantemente. Que Dios realmente es suficienteLa pregunta es, «¿Realmente creemos eso?» ¿O creemos que necesitamos a Dios más algo o alguien más? Que necesitamos a Dios, más una casa más grande. O necesitamos a Dios más un coche mejor. Necesitamos a Dios, más las nuevas modas y estilos de la ropa. Necesitamos a Dios, más a los niños, que además estén caminando con Dios. Necesitamos a Dios, más un marido. O necesitamos a Dios más un marido que sea un líder espiritual.

Ahora bien, esto ha sido un reto para mi aprenderlo y aún estoy aprendiendo, para experimentar esa realidad en mi propia vida. Y creo que Dios nos ama tanto, que Él está tan comprometido con nuestro aprendizaje, y Él es tan suficiente, que a veces nos presiona en circunstancias en las cuales encontramos que las cosas de las que hemos dependido simplemente ya no están ahí, o no son suficientes, o no nos satisfacen. Y de estas decepciones a veces se desprende la más grande convicción de que Dios es suficiente, de que Dios es bondadoso.

A comienzo de la década de mis 20, me uní a un ministerio del cual todavía tengo la bendición de ser parte. Pero en aquellos primeros años, comencé a viajar a tiempo completo ministrando a mujeres en conferencias en seminarios. Pasé muchos años viajando a tiempo completo, todo el año, doce meses al año. Los primeros ocho años de viajar los pasé viviendo exclusivamente en habitaciones de hoteles.

Ahora, para aquellas de ustedes que no tienen que viajar mucho, esto puede sonar atractivo o exótico. Y les puedo decir que así fue durante las primeras ocho semanas de esos ocho años. Yo amaba lo que hacía. Me encantaba el ministerio. Me encantaba la gente, servir a las personas y servir al Señor, pero después de ocho años, este asunto del hotel empezó a afectarme. Y me encontré desarrollando un gran cansancio por la constante rutina. Comiendo en restaurantes, viviendo en hoteles, viviendo en ciudades diferentes, aeropuertos, aviones. Y los viajes empezaron a afectarme realmente.

Y me encontré sintiéndome muy desorientada. Me despertaba en medio de la noche tratando de recordar dónde estaba. A veces mientras hablaba en una ciudad diferente, y en la mitad de una conferencia quería recordar el nombre de la ciudad y simplemente me quedaba en blanco. Me encontraba desorientada. Entonces se añadían los asuntos prácticos de viajar. Volvía a dejar un par de zapatos en alguna ciudad y una caja de libros en esta otra ciudad. Y en un momento pude darme cuenta de que estaba resintiendo lo que en un momento era motivo de gratitud, como lo era la provisión de Dios de un lugar donde pasar la noche.

Y en medio de este tiempo me encontraba enfocada en lo que tenía que yo no quería, y lo que quería que yo no tenía. Como hemos visto en las sesiones anteriores, la falta de un espíritu agradecido nos lleva invariablemente a cometer otros pecados. Yo tenía descontento en mi corazón, y luego comencé a expresar ese descontento —a murmurar, a quejarme, a reclamar. Me encontré a mí misma haciendo comparaciones entre lo que otros tenían que yo no tenía y que yo creí que quería.

En este caso, algunos de mis colegas en el ministerio, algunas de estas personas que me acompañaban en el ministerio tenían remolques en los que viajaban. Vehículos recreativos, que si vives en ellos no son tan recreativos. Pero empecé a codiciar estos remolques y a pensar: «Si tan solo pudiera tener un nido, un lugar en el que pudiera poner mis cosas y dejarlas ahí, entonces yo sería feliz». Y sentí envidia de los que tenían algo que yo no tenía.

Como es el caso del descontento, centrarme en lo que no tenía me hizo más miserable, y estoy segura de que hice a algunas otras personas miserables también durante este tiempo. Un verano en particular casi ocho años después de esta vida de hotel, estaba pasando parte del verano en una propiedad que poseía nuestro ministerio que es para campamentos. Me estaba quedando en el remolque de alguien a orillas de aquella propiedad.

En mi tiempo de quietud, una mañana pude ver cómo yo había albergado este espíritu de descontento, lo había alimentado y estaba creciendo. Sabía que era hora de volver a la rutina, entonces estaría de vuelta a la vida de hotel, y yo estaba realmente refunfuñado de todo esto en mi espíritu. Y llegué en mi lectura diaria al libro de Números capítulo 11, versículo 1. La Escritura dice: «Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento » (RV). Y yo que estaba sentada en el extremo de este campamento en un tráiler prestado. Ni siquiera tenía que ir al versículo 2. Todo lo que necesitaba era ese versículo 1 de Números capítulo 11.

Y de pronto, el temor del Señor vino sobre mí, y me di cuenta de lo que había estado haciendo. Me di cuenta de que desde hacía meses había tenido la semilla del descontento creciendo, arraigándose en mi corazón y produciendo frutos muy feos. Me di cuenta de que Dios había oído esto: que Él no estaba agradado. Tuve la sensación de que si Dios decidiera en ese momento enviar fuego en aquél lugar y yo quedara atrapada en él, Dios estaría justificado. Ahora, Dios también es muy misericordioso, y Él no actuó de esa manera en ese momento. Pero me acerqué al Señor quebrantada, con convicción y arrepentimiento.

Y le dije: «¡Oh Señor! He pecado tanto contra ti, tan grandemente. Por favor, perdóname. Por favor, perdóname por no tener un espíritu agradecido, por comparar lo que otros tienen que yo no tengo, y por exigir de Ti que cumplas con mis deseos y mis expectativas, por no estar satisfecha con lo que me has provisto».

Hice un pacto con el Señor en ese momento que por los próximos—creo que dije treinta días—no habría murmuraciones, ni expresaría descontento. Ahora, esa sería una gran manera de vivir durante toda la vida. Pero no pensé que estaría preparada para hacer ese compromiso de por vida, pero hice un esfuerzo consciente por los próximos treinta días—y es algo que ahora se ha convertido más bien en un estilo de vida—de estar agradecida sin importar las circunstancias.

Y no voy a entrar en todos los detalles, pero dentro de los próximos meses, Dios me proveyó un vehículo recreativo, una casa rodante, en la que viví en los años siguientes. Y te voy a decir, cuando esa casa rodante fue puesta en el terreno por primera vez, pensé que estaba en el paraíso. ¡Estaba tan emocionada! Posteriormente, tuve la oportunidad de construir una casa mucho más grande que la casa rodante, pero ninguna casa nunca ha sido tan especial para mí como esa casa rodante.

Quizás yo pude haber obtenido ese tráiler muchos meses antes. Yo hubiera podido exigir y hallar la manera. Porque de hecho cualquier cosa en la que insistamos, muy frecuentemente podemos encontrar la manera de conseguirla, pero nunca la hubiera podido disfrutar. Si Dios no me hubiera llevado primero al punto de rendirme y decirle: «Señor, si quieres que viaje por el resto de mi vida viviendo en habitaciones de hotel, comeré en los restaurantes, y haciendo todo lo que conlleve viajar, Tú eres suficiente. Voy a elegir el camino del contentamiento”.

Porque llegué a ese punto primero, luego Dios proveyó la casa rodante. . . No era algo que yo estaba pidiendo. No era algo que estaba esperando. Fue un regalo increíble, asombroso, lleno de la gracia de Dios. Yo tenía una capacidad mucho mayor para disfrutarla porque había llegado al lugar donde dije: «Señor, Tú eres suficiente. Yo ya no necesito una casa rodante para ser feliz. Todo lo que necesito es a Ti. Dios es suficiente».

Y Dios me ha enseñado algunas lecciones muy importantes que sigo aplicando en mi vida diaria. Una de las cosas más importantes que aprendí fue que si tengo un corazón descontento, no hay nada, ninguna circunstancia que puede hacerme feliz. Si hay una raíz de descontento en mi corazón, no hay ningún lugar, ninguna cosa, o ninguna persona que me pueda hacer feliz.

Por otro lado, si tengo en esencia un corazón satisfecho, no hay ninguna circunstancia o persona que puede hacerme infeliz. Ves, la clave de mi felicidad no está en manos de mis circunstancias o de las personas en mi vida. La clave de mi felicidad y mi gozo se encuentra en mi corazón y en mis decisiones para con Dios.

Si tengo un corazón descontento y vivo en un palacio, no voy a ser feliz. Pero si tengo un corazón satisfecho, puedo vivir como lo hizo el apóstol Pablo en la cárcel y nada me puede quitar o robarme el gozo.

Otra de las cosas que Dios me mostró a través de esa experiencia fue que si yo no me conformo con lo que tengo, nunca voy a estar satisfecha con lo que quiero. Si no estoy satisfecha con lo que tengo, con lo que Dios ya ha provisto, entonces todas las cosas que creo que quiero o necesito no tendrán el poder de hacerme feliz. Oigo a las mujeres solteras, las mujeres que nunca han estado casadas, expresar, «Si solo pudiera tener un marido, entonces yo sería feliz». El hecho es que si una mujer que nunca ha estado casada no está satisfecha solo con Dios, entonces no hay ningún marido que pueda hacerla feliz.

Ahora, eso no quiere decir que no pueda ser el plan de Dios darte un marido. Esto no quiere decir que es pecado tener un anhelo insatisfecho. Lo que es pecaminoso es cuando demandamos que Dios cumpla ese anhelo a mi manera y en mi tiempo. Dios puede cumplir ese anhelo o puede permitir que yo le ofrende a Él ese anhelo como sacrificio. Pero no puedo llegar al punto donde le exija a Dios hacer lo que yo quiero que haga en mi tiempo. Porque si no estoy satisfecha con lo que Dios ya ha provisto, no hay nada que me puede hacer realmente feliz.

Y en este lugar hay mujeres que están casadas que tal vez piensan que si tuvieran un marido diferente, o que si el marido que tienen fuera diferente de alguna forma en particular, entonces tendría una vida más feliz. Déjame decirlo de nuevo, si no estás satisfecha con el esposo que Dios te ha dado, no hay ningún marido o ningún tipo de hombre que pueda hacerte realmente feliz porque, de nuevo, la felicidad no es el fruto de mis circunstancias. No está determinada por las personas o circunstancias que entran en mi vida. Es el resultado de la rendición a la elección de Dios para mi vida.

Y hay otra cosa que Dios me ha enseñado de una manera práctica acerca de todas las áreas del contentamiento, y es que el contentamiento es una opción. Es una elección, y puede ser aprendida. No es algo natural que algunas personas tengan más contentamiento. Pueden lucir como personas más contentas, pero están más satisfechas, porque han hecho la elección de estar satisfechas.

Quizás has podido reconocer durante las últimas tres sesiones que de hecho tienes un corazón descontento. Estás viendo algunas de las características de la   murmuración, la queja, el reclamo, un corazón insatisfecho.

Déjeme decirte, que puedes aprender a estar satisfecha. No importa cuál sea tu pasado, no importa lo mucho que puedas haber fallado en esta área en el pasado, por el poder del Espíritu de Dios, si eres una hija de Dios, puedes aprender el camino del contentamiento, porque la satisfacción no se basa en un cambio en mis circunstancias. Por el contrario, se basa en un cambio en mí, en la voluntad de aceptar las elecciones de Dios. El contentamiento está basado en un fiel y amoroso Dios que nunca cambia.

En el cuarto capítulo del libro de Filipenses, Pablo dijo: «He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación.»He aprendido. Ahora bien, si vamos a aprender el contentamiento, eso significa que vamos a tener que experimentar algunas circunstancias en las que nuestra respuesta natural va a ser murmurar, estar insatisfecha acerca de lo que esperamos, ¡así que espéralo! Si quieres desarrollar esta hermosa y rara joya de un espíritu de contentamiento, espera a que Dios te lleve a la escuela con relación a este tema y provea circunstancias en tu vida que no serán fáciles de aceptar.

Pablo experimentó muchas de esas circunstancias mientras estaba fuera sirviendo al Señor, pero dijo: » ¡He aprendido! ¡He aprendido! He ido a la escuela en este tema. He aprendido a estar satisfecho en cualquier circunstancia. Sé lo que es vivir en la pobreza, y sé lo que es vivir en la abundancia. He aprendido el secreto de estar contento en cualquier situación. Ya sea bien alimentado o con hambre, ya sea que viva en la abundancia o en necesidad «(ver Fil. 4:12).

Y en el versículo siguiente, en Filipenses capítulo 4, versículo 13, uno de esos versículos muy conocidos de la Biblia que fue escrito acerca del tema del contentamiento. Y tú lo conoces. Que dice: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» Yo puedo hacerlo todo. Y ¿Qué es eso todo? El todo del que Pablo está hablando allí es: «Yo puedo elegir el contentamiento en medio de cualquier situación y toda circunstancia, porque Cristo es quien me fortalece».

Ya ves, algunas de nosotras podemos escuchar una sesión como esta y nos marchamos pensando: «¡Voy a cultivar el contentamiento aun me lleve a la muerte!» Y puede ser, porque no es natural. Tenemos que reconocer que, naturalmente, yo no soy una persona contenta. Mi respuesta natural a las pruebas de la vida será el quejarme, murmurar, reclamar al igual que los hijos de Israel lo hicieron una y otra vez.

Pero Pablo dice: «Yo tengo un poder viviendo dentro de mí, la vida de Cristo, que me puede permitir y me va a permitir, si lo dejo, dar gracias, estar contenta en cualquier circunstancia y situación.»

Y hablamos hace varias sesiones sobre Fanny Crosby, la escritora de himnos ciega, y cómo expresaba gratitud porque Dios le había permitido llegar a ser ciega a la edad de seis semanas como resultado de un error, por un descuido médico. Tengo en mi casa una pequeña placa que tiene estas primeras palabras escritas por Fanny Crosby. Simplemente, «Toma el mundo, pero dame a Jesús».

Algunas de ustedes conocen esta antigua canción, y así es como dice la primera estrofa,

Toma el mundo, pero dame a Jesús. Todos los gozos del mundo no son más que palabras. Pero Su amor dura para siempre. A través de la eternidad es el mismo.

Las personas van y vienen. Las circunstancias cambian, suben y bajan. Habrá tormentas en la vida, pero hay una realidad inmutable en medio de todo eso. Es que Dios es. Solo eso: Él es, y Él es suficiente. Su amor es eterno. Él nunca cambia. Por eso, cuando estés en medio de la tormenta, no te desanimes, anímate, deja que tu espíritu esté en reposo. Deja que Dios cultive en ti la rara joya del contentamiento cristiano, sabiendo que verdaderamente Dios es suficiente.

Y a medida que llegamos al final de esta serie sobre el contentamiento, permíteme preguntarte: «¿Dónde te encuentra Dios?» ¿Te ha encontrado Él con un corazón descontento? ¿Murmurando sobre Su disposición? ¿Descontenta con la situación en la que te encuentras? O por lo contrario, ¿Tienes un corazón satisfecho? ¿Estás contenta con la provisión de Dios? ¿Podrías decir?: «Es suficiente. Lo que Dios me ha dado es suficiente. Dios ha prometido suplir todas mis necesidades, y si hay algo que no tengo, entonces debe ser algo que no es necesario— por lo menos en este preciso momento. Y si Dios sabe que es una necesidad, entonces Él lo suplirá».

¿Estás satisfecha con la presencia de Dios en tu vida? ¿Es Él suficiente para ti? ¿Estás contenta con el plan de Dios para tu vida? Ya sea que puedas verlo y entenderlo, resolverlo o no, ¿estás satisfecha de saber que Él sabe? ¿Estás satisfecha de vivir con incertidumbre, si fuera necesario? Pero contenta de saber que Él tiene un plan en la que Él está trabajando y decir: «Señor, ¡Sí! Lo acepto. Lo abrazo le doy la bienvenida a Tu plan en mi vida. Tu eres suficiente”.

Gracias Señor por lo que nos has mostrado sobre Tu corazón y Tus propósitos. Gracias por la grandeza de Tu provisión. Señor, confesamos que muchas veces caemos en el pecado del descontento. Que te probamos necia y malvadamente, que dudamos, murmuráramos contra ti.

Señor, te pedimos perdón por nuestro descontento, por nuestra murmuración y manera de quejarnos. Te pedimos que verdaderamente nos transformes por el poder de Tu Espíritu Santo, que Tú cultives en nosotras un corazón satisfecho, un corazón agradecido, un corazón confiado, un corazón rendido y sumiso, un corazón abnegado y un corazón que reconoce que Tú eres nuestro mayor bien. Teniéndote a Ti, lo tenemos todo, tenemos suficiente.

Gracias Padre por lo que nos has dicho, y por el cambio que se producirá en nuestras vidas a medida que te permitamos hacer ese trabajo. Y yo oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Este mensaje de Nancy Leigh DeMoss concluye una serie llamada, Cultiva contentamiento en el corazón. Durante la serie hemos visto que quejarse es un pecado grave, con consecuencias duraderas. También hemos visto el poder y el gozo de la satisfacción divina. Si te has perdido algunas de las series, espero que visites www.AvivaNuestrosCorazones.com para escuchar los mensajes. Para dar hace falta cultivar el contentamiento. Si no estás contenta con lo que tienes, podrías usar tu dinero para obtener siempre más cosas para ti misma en lugar de invertir en otros.

Nancy: Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a las vidas de personas que la necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y a ministrarles en las diversas situaciones en las que se encuentran.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com o llamando al 1-809-569-5959, desde EEUU y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Pero más que nada necesitamos de tus oraciones. ¿Te comprometerías a orar por nuestro ministerio? Si estos mensajes han sido de bendición para tu vida, ¿por qué no los compartes con otras de tus amigas? Ayúdanos a contribuir a discipular a otras mujeres con este mensaje, ayudándoles a formar la imagen de Cristo, y conviértete en una de nuestras embajadoras. ¡Contamos contigo!

Carmen: Esta semana vimos que debemos cultivar el contentamiento en el corazón… pero ¿qué pasa cuando lo que vemos a nuestro alrededor es pérdida? Acompaña a Nancy en nuestra próxima serie, a partir del lunes.

Por favor, regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Cultiva contentamiento en el corazón

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Un corazón confiado y libre de egoísmo – 4/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

Un corazón confiado y libre de egoísmo – 4/5

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que cuando manifiestas contentamiento….

Nancy DeMoss de Wolgemuth:. . . no solo estas mostrando tu propio nivel de paz, en vez de frustración, sino que estás en gran medida afectando las vidas de tus hijos que están aprendiendo cómo responder a las dificultades de la vida y sus desafíos.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

No puedes quejarte y estar agradecida al mismo tiempo. Esperamos que cada una de nosotras pueda cultivar el contentamiento para quejarnos menos y mostrar más gratitud. Aquí está Nancy para explicar por qué esto es tan importante.

Nancy: Estamos pensando en cómo cultivar contentamiento en el corazón, y estamos viendo las características de un corazón que lo ha experimentado. En la última sesión, vimos que un corazón satisfecho es un corazón agradecido, que aprende a reconocer y expresar su agradecimiento por las bendiciones de Dios.

Solo te animo de nuevo a tomar tiempo cada día para decir: «Gracias, Señor», y para enumerar, delante de Dios, las bendiciones específicas que Él ha traído a tu vida y que tantas veces damos por sentadas o ignoramos.

A veces me pregunto si Dios solo me diera las bendiciones por las que yo le agradezco, ¿cuántas bendiciones tendría en el futuro? Si Él no hace nada por mí más que lo que le he agradecido, tendría mi vida bendición o estaría deprivada de sus bendiciones?

Un corazón satisfecho es un corazón agradecido, un corazón con gratidud. Queremos ver a continuación que un corazón satisfecho es también un corazón confiado. Es un corazón que confía en el carácter de Dios, confía en la providencia de Dios, confía en el plan de Dios y sabe que todo lo que Dios hace es bueno.

Una señora me escribió y me dijo: «He estado descontenta con mi vida familiar, en especial con mi marido y con lo que creo que él debería estar haciendo en nuestra familia».

Esta es un área, por cierto, de descontento entre muchas mujeres. Es una trampa peligrosa en la cual caer. Es un hábito peligroso que muchas mujeres desarrollan y no se dan cuenta de que lo han desarrollado—el tener expectativas insatisfechas en el hogar.

Déjame decirte, por cierto, no hay marido creado por Dios que sea el marido perfecto. No hay marido que pueda satisfacer todas las expectativas de su esposa. Y, por cierto, no hay tampoco algo como la esposa perfecta, que puede satisfacer todas las expectativas de su marido tampoco.

Así que Dios sabía lo que necesitabas cuando eligió ese marido para ti, y Dios tiene la intención de utilizar incluso sus asperezas para ayudarte, darte forma y moldearte. Pero cuando te centras en las formas en que tu marido o tus hijos o tus padres no cumplen tus expectativas, te vas a encontrar frustrada.

Esta señora llegó a decir: «Mi falta de satisfacción muestra que no confío en Dios y Su provisión. He recordado que mi marido es la elección perfecta de Dios para mí, y tengo que confiar en que Él sabe lo que está haciendo en mi vida».

Esa es una declaración simple, pero es de eso de lo que se trata la vida—el creer que Dios conoce lo que está haciendo en nuestras vidas.

Alguien ha dicho que la voluntad de Dios es exactamente lo que elegiríamos si supiéramos lo que Dios sabe. Ahora, no sabemos lo que Dios sabe. Eso es lo que lo hace a Él Dios y a nosotros no. Pero cuando estemos en la eternidad con el Señor y miremos hacia atrás, hacia esta vida, tendremos una perspectiva que no podemos tener ahora. Veremos desde esa perspectiva celestial eterna, «¡Sí! Dios sabía exactamente lo que estaba haciendo. No cometió ningún error. Él estaba tejiendo un tapiz. Había un sendero adelante por el cual Él me estaba llevando, y era lo correcto. Era bueno. Y, sí, si yo hubiera sido Dios, habría tomado exactamente esas mismas decisiones, si yo hubiera sabido entonces lo que sé ahora».

Ahora no podemos ver todo eso. No tenemos esa perspectiva total, y no la vamos a tener en esta vida. Así que tenemos que confiar en lo que no podemos ver, y esa es la fe que agrada a Dios. ¿Quieres agradar a Dios con tu vida? Entonces Dios te pondrá en circunstancias donde no podrás ver el resultado, no podrás ver la razón, cosas que no tienen sentido. Solo tienes que confiar, y un corazón confiado será en última instancia, un corazón contento.

Me llamó mucho la atención hace unos años una serie de artículos que salieron en el periódico local. Un artículo en especial de esta serie tenía el siguiente titular. Decía: «Amor, Honor, Compromiso: Nace el bebé amenazado de cancer”.

Todd Stilson es un médico que vive en nuestra área. Su esposa Jane era farmacéutica. Al principio de su segundo embarazo, ella fue diagnosticada con una forma mortal de cáncer de mama. Los médicos le aconsejaron abortar al bebé con el fin de que pudiera luchar contra el cáncer de Jane. Ella sabía que si no abortaba al bebé, luego sus esperanzas de vida serían muy cortas.

La pareja dijo que la decisión más fácil a la que se enfrentaban en todo este proceso fue la decisión de que no podrían abortar el bebé. Se negaron a pesar de los consejos médicos que les habían dado. Ambos, sabiendo el resultado, probablemente, creyeron que tanto el embarazo como el cáncer eran de Dios, y ellos aceptarían los dos. Este artículo en particuar, escrito justo después de que su bebé naciera, expresó la confianza de esta pareja en la voluntad de Dios y Su plan para sus vidas.

Permítanme leerles algo de lo que decían. El artículo decía:

Esta pareja ora para que Dios intervenga ya sea a través de la ciencia o del poder sobrenatural, pero están preparados a aceptar un No por respuesta.

«Nosotros confiamos en la providencia del Señor», dijo Todd en voz baja.

La pareja ha tenido sus momentos de miedo y de tristeza, pero «en medio del dolor y del sufrimiento, puede haber una verdadera paz «, decía. «Esta historia es mucho más grande que nosotros», dijo Todd. «Esta historia es sobre lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Mi deseo es que cuando la gente nos vea, esto haga que quieran conocer al Dios que servimos. Jane y yo iremos y vendremos», dijo Todd. «Las personas van y vienen. Pero el Señor no lo hace. Él es eterno. Él es para siempre».

Siete meses más tarde, poco antes de que Jane se fuera a estar con el Señor, en otro artículo publicado Todd dijo:

«Creemos que Dios está en control y Él no comete errores. No fue un error que Jane estuviera embarazada, y no fue un error que tuviera cáncer de mama. Nosotros vamos a confiar en Él».

«Dios tiene promesas», dijo Jane. «Él nunca ha abandonado a Su pueblo».

Los Stilsons tienen buen ánimo y siguen siendo muy optimistas al hablar de la vida. La depresión, como el aborto, para ellos no parece ser una opción.

«Cuando nos enteramos de que el cáncer se había extendido a los huesos, ese fue un golpe muy grande», dijo Jane. «Los médicos no pueden curarme. Esa fue la mayor decepción, pero no estoy deprimida. El Señor ha sido mi fortaleza».

Ella admite: «Estábamos muy decepcionados, y lloramos [cuando recibimos este informe], pero yo sabía que tenía que seguir adelante. Clamé la Palabra de Dios, y eso me dio mucha paz. Él está en control total de la situación «, dijo. «Esto está realmente fuera de mis manos, y me obliga tener una total dependencia de Él».

¿Sabes cuál es el hecho? De todos modos todo está fuera de nuestras manos. Tú y yo nos esforzamos para tener el control, y las mujeres nacemos controladoras. Queremos tener todo arreglado y funcionando correctamente bajo nuestra dirección y control, pero el hecho es, que no podemos controlarlo. Puedes mantener a tu hijo a tu alcance, pero no puedes controlar la salud de ese niño, el desarrollo de ese niño, su temperamento y carácter. En última instancia, dependemos de Dios para nuestro próximo aliento.

Un corazón satisfecho es un corazón que   confía en que Dios sabe lo que está haciendo, y en que Dios no comete errores. Como el salmista dijo: «Dios es bueno, y todo lo que Él hace es bueno».

Así que un corazón satisfecho es un corazón agradecido, es un corazón confiado, y es un corazón rendido y sumiso.

Ahora, esas no son palabras que vienen fácilmente a nosotras, pero si queremos tener contentamiento, entonces tenemos que tener un corazón rendido, sumiso. Ese es el corazón que dice: «Señor, esto no es lo que yo hubiera elegido si hubiera sido Dios, pero yo no soy Dios. Reconozco que, si te complace, me complacerá. ¿Es esto lo que crees que es mejor? Entonces solo digo: «Sí, Señor. Me rindo. No se haga mi voluntad, sino la tuya».

Es ahí realmente cuando vamos a la cruz, cuando nuestra voluntad se alinea con la voluntad de Dios. Sacrificamos nuestra propia voluntad, y decimos: «No tengo que hacerlo a mi manera. En lo profundo de mi corazón, lo que realmente quiero es hacerlo a la manera de Dios».

He aprendido mucho acerca de la belleza de un corazón rendido y sumiso a través de algunos de los escritos de Elisabeth Elliot. Permíteme que te lea de su libro, Mantén un corazón en quietud (Keep a Quiet Heart, en inglés) lo que ella tiene que decir acerca de todo este asunto de la queja frente a la sumisión. Ella dice:

Aquellas cosas que nos llevan a la queja pudieran ser esas mismas cosas que el Alfarero desea usar para moldear la arcilla a la imagen de Su Hijo. Esas cosas que nos llevan a la queja pudieran ser la respuesta a nuestras oraciones de ser conformadas a la imagen de Jesús.

Luego hace una lista de cuáles pudieran ser esas cosas:

Un dolor de cabeza, un insulto, una larga fila en la caja, [te darás cuenta de que no hace falta gran cosa para que lo hagamos]. Rudeza de alguien o fallar en no dar las: «Gracias», la incomprensión, la decepción, la interrupción.

Como lo dijo Amy Carmichael: «Mira en todo esto una oportunidad para morir», es decir la posibilidad de renegar de ti misma y decir «sí» a la voluntad de Dios, para ser semejante a Él en Su muerte—no un morboso complejo de mártir, pero sí un apacible y feliz contentamiento con la certeza de que la bondad y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida.

Luego, sigue con este pequeño, pero creo que muy importante punto:

¿No podrían nuestros niños aprender piedad si vieran en nosotros el ejemplo del contentamiento en lugar de la queja, la aceptación en lugar de la rebeldía y la paz en lugar de la frustración?

Recuerda, cuando eliges confiar, someterte, dar gracias, estás, no solo determinando tu propio nivel de paz frente a la frustración, estarás en gran medida afectando las vidas de tus hijos que están aprendiendo cómo responder a las dificultades y los desafíos de la vida.

Quiero que veamos otras dos características de un corazón satisfecho. Si queremos ser personas satisfechas, necesitamos un corazón desinteresado—un corazón abnegado—llegar a un punto en nuestras vidas donde lo único que nos importe es que Dios sea glorificado

La disposición a renunciar a este impulso que tengo de querer ser feliz, de que todo en la vida me salga bien… claro, es un sentimiento natural. Esa es una manera natural de pensar. Pero la manera sobrenatural de vivir de los hijos de Dios es la muerte del yo, la muerte de mis propios impulsos, ideales, aspiraciones y esperanzas.

El apóstol Pablo entendió y aprendió lo que era tener un corazón desprovisto de egoismo, abnegado. Un corazón abnegado es un corazón que puede ser llenado con Cristo, y que trae gloria a Dios.

Filipenses capítulo 4, es un pasaje familiar, pero cuando leí este versículo, me sorprendió que Pablo pudiera hacer una declaración como ésta. Él dice: «he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad» (v. 12) ¿Te imaginas poder decir que «he aprendido el secreto de estar satisfecho en cualquier situación? Bien alimentado o con hambre, ya sea que vivas en la abundancia o en necesidad. «Pablo sabía mucho de todo eso. Él sabía mucho sobre el hambre, de querer y de necesitar.

Estaba leyendo esta mañana 2 Timoteo capítulo 2 en mi tiempo de quietud, donde Pablo habla de todas las aflicciones que tuvo que soportar, pero ahora le dice a los Filipenses, escribiendo desde una celda de la cárcel romana, «He aprendido un secreto que me ha enseñado cómo puedo estar contento en cualquier circunstancia. . . incluyendo en esta miserable cárcel romana».

¿Cuál era el secreto de Pablo? Bueno, si nos remontamos al capítulo 1 del libro de Filipenses, te das cuenta de que Pablo había entendido por qué razón estaba vivo.

En Hechos capítulo 20, Pablo dijo que hay una manera diferente. Este era uno de los versículos favoritos de mi papá, y oímos mucho citar este verso a medida que crecíamos. Pablo dijo: «considero que mi vida carece de valor para mí si tan solo acabo la carrera y completo la tarea que el Señor Jesús me ha dado, la tarea de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (v. 24 parafraseado).

Ves, Pablo llegó a un lugar, y tenemos que llegar al mismo lugar, donde dijo: «Vivo o muerto, hundido o nadando, en palacio o en la prisión, con comida o con hambre, con amigos o—como leí esta mañana en mi tiempo de quietud—aunque todos me abandonen, no importa. Todo lo que importa—he resuelto el problema—lo único que importa es que Cristo sea magnificado”.

¿Has llegado a ese lugar en tu vida? Ahora, en cierto modo no es algo que debes resolver, de una vez por todas y ya. Es algo que tiene que ser vivido todos los días, pero en un sentido, hasta que no llegues a esa convicción fundamental, vas a estara luchando contra esto toda tu vida.

¿Has resuelto el problema de “Cristo es mi vida”, que yo no estoy viviendo esta vida para mí? No se trata de mí. Se trata de Cristo, de lo que le agrada y de lo que le trae gloria.

Una vez que tengas ese corazón generoso, entonces podrás llegar a tener contentamiento en cualquier circunstancia y en cualquier situación.

Aquí en el público veo a una mujer sonriendo, cuya familia sé que vive en un remolque—un pequeño y estrecho remolque— mientras construyen una casa. Hemos hablado un poco acerca de los desafíos que esto ha representado para su familia. He visto la respuesta de su corazón, aunque ha sido difícil, aunque hemos tenido que derramar algunas lágrimas por esta circunstancia, yo sé que en el corazón de esta mujer existe esa conviccion fundamental de que lo que realmente importa es que Cristo sea magnificado.

Eso te da perspectiva, si vives en un remolque, en un palacio o en una prisión —esto te da perspectiva sobre las circunstancias que enfrentas el día de hoy.

Ahora hay otra característica de un corazón satisfecho que quiero que veamos, y es que un corazón satisfecho es un corazón centrado en Dios —un corazón centrado en Dios, es un corazón que se centra en la bondad de Dios, en Su fidelidad y Su amor .

Una mujer me escribió y compartió conmigo algo que Dios le estaba mostrando acerca de este tema del contentamiento. Ella dijo: «Mi marido acaba de salir de la cárcel y ahora está en rehabilitación. Anoche me sentía tan enojada y amargada por lo que no tenemos y lo que hubiéramos podido tener si tan solo él no se hubiera extraviado».

¿Oíste eso «si tan solo»? Allí estaban las circunstancias que sentía se estaban escapando a su control, pero luego dijo: «Dios me habló a través de tu charla acerca del descontento. A pesar de mi situación, yo sé que Dios me ama, y ​​Él es mi todo».

Ella ilustra algo que veo muy poderosamente escrito en el Salmo 73. Vamos allí. Solo vamos a darle un vistazo rápido, pero quiero darles una visión general de un hermosa porción acerca de un corazón centrado en Dios. Si pudiera resumir este texto—hay dos portalibros: el primer verso y el último verso. Ambos hablan de la bondad de Dios.

El primer verso dice: «Ciertamente es bueno Dios para con Israel. Para con los limpios de corazón».

Esa es la línea de fondo. Esa es la declaración de un hecho. Esto es cierto ya sea que lo creas o no. Es cierto sin importar a qué circunstancias   estés enfrentando hoy en tu vida. Dios es bueno, y el último verso nos recuerda eso.

«Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien.» O, como otra traducción dice: «La cercanía de Dios es mi bien.» Ese es mi mayor bien —el hecho de que Dios exista y que Él esté involucrado en mi vida.

Ahora bien, entre esos dos portalibros hay tres grandes párrafos en este salmo. Permíteme resumirlos para ti.

En los versículos 3-12, lees la palabra «ellos» o «suyo» trece veces. Aquí el salmista está mirando hacia el exterior, y está centrado en la gente. Él dice: «Sentí envidia de los arrogantes. Vi la prosperidad de los impíos. Ellos no tienen ningún problema, sus cuerpos están sanos y fuertes. Ellos están libres de las cargas comunes al hombre, ya que no se ven afectadas por los males humanos. Por lo tanto, el orgullo es su collar, se cubren con la violencia”.

Él mira a otras personas, y compara su situación a la de ellos. Ellos escapan de todo tipo de cosas, y luego prosperan. Ellos pecan, y no parecen cosechar las consecuencias. Cuando el escritor de este Salmo observa a los demás, se ve a sí mismo siendo celoso y estando descontento.

Y, comenzando en el versículo 13, él cambia su enfoque. Ya no está mirando hacia el exterior. Ahora él está mirando hacia adentro, y ves las palabras «yo» o «mí» o «mío» dieciséis veces en el párrafo. Él dice: «Porque en vano—verso 13 —guardé mi corazón puro. En vano he lavado mis manos en inocencia. Durante todo el día me golpean. He sido azotado todo el día, etc. «(parafraseado).

Y continúa, y su atención se centra en sí mismo. Cuando mira hacia el interior, el resultado es la autocompasión y la amargura. De hecho, él describe la amargura en los versículos 21 y 22. Él dice: «Se llenó de amargura mi alma,
y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti».

Ahora, en el último párrafo, comenzando en el versículo 23, él torna su enfoque hacia arriba, se enfoca en Dios, y seis veces en ese párrafo, habla acerca del Señor, Tú. “Yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo».

¿Ves? Él pone de nuevo su perspectiva en lo eterno, y el resultado es un corazón satisfecho, confiado y seguro. Dice en el versículo 25: » ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre».

¿Qué está diciendo? Dios es suficiente. Tú eres suficiente. La cercanía de Dios es mi verdadero bien.

Gene y Sherry Foltz son dos amigos que han sido misioneros por muchos años en Tailandia. Sirven con una misión de fe. Levantan su sustento financiero. Ellos no tienen salario garantizado.

Hace algún tiempo, su familia estaba en necesidad de un vehículo, y en un momento de precariedad, llamaron a nuestro ministerio para compartir esta necesidad y nos pidieron que oráramos con ellos sobre eso. Dos meses más tarde, recibí esta carta de Gene y Sherry, que comenzaba haciendo referencia a esa llamada en la que habían compartido esta necesidad con nosotros. Esto fue lo que Gene compartió en esa carta. Él dijo:

Supongo que en el fondo yo estaba dudando de la bondad de nuestro Dios. Tendemos a veces a esperar ciertas cosas del Señor, casi como si las mereciéramos. Después de todo, he estado en el ministerio por veinte y tantos años, y me he sacrificado mucho en nombre de Dios. Lo interesante es que lo vi venir. Yo sabía que estaba mal. Yo sabía lo que quería decir cuando le dije al Señor que caminaría por fe, pero todavía lucho con confiar en Él completamente cuando las cosas se ponen difíciles. Satanás trata continuamente de erosionar la confianza en las promesas de la Palabra de Dios.

Hemos pasado tres meses sin un vehículo a excepción de una moto, y estamos bien. Hemos tenido algunos percances, nos hemos quedado en la lluvia un par de veces, y me canso de usar cascos con este calor asiático, pero en general estamos contentos.

No comparto esto para hacerles sentir lástima por nosotros. En realidad, sentimos todo lo contrario. Dios nos ha bendecido ricamente con bendiciones espirituales. Tenemos paz no importa si tenemos o no un vehículo. Dios nos lo puede dar, y estaríamos agradecidos. Y podría no hacerlo. Una cosa sí sabemos: Dios nos ama entrañablemente, y Él cuida de sus ovejas. Estamos siendo cuidados.

Carmen: Si te quejas, esto puede tener un gran efecto en tus compañeros de trabajo o en la familia, y al mostrar gozo, afectas también a los demás. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando por qué en la serie, Cultiva contentamiento en el corazón. Ella estará de regreso.

Queremos invitarte a visitar nuestra página de internet www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí puedes encontrar recursos que te ayudarán en tu caminar con Dios.

¿Quieres aprender a ser agradecida y a cultivar el contentamiento para poder contagiar a los que te rodean? Aquí tienes el primer paso: Obten una copia del libro de Nancy “Sea Agradecido: Tu Camino al Gozo”.

¿Es posible tener contentamiento aun cuando sufres reveses increíbles? Vamos a escuchar algunas historias de gente que dice, “Sí. Es posible”.

Ahora, para concluir este programa aquí está Nancy.

Nancy: Quizás el dia de hoy no es un día perfecto y hay dias que son de mayor gozo que otros. Tambien hay días que son dolorosos y quizas hoy estés haciéndole frente a algunas dificultades financieras o a algunas situaciones familiares difíciles.

Bueno, no importa lo que este día tiene para ti, quiero asegurarte que tienes un Padre celestial que te ama y que está atento a tus circunstancias. Quiero recordarte que en todas las vueltas y revueltas y los valles de la vida, nuestra perspectiva puede ser transformada por una auténtica gratitud. Dios ha derramado bendiciones sobre todos nosotros, incluyendo aquellas situaciones dolorosas que se convierten en regalos cuando nos acercan a Él.

Espero que tomes el tiempo para agradecer de todo corazón al Señor por todo lo que Él ha hecho en tu vida, e incluso si tus ojos se llenan de lágrimas, levanta los ojos hacia Él y dale gracias por Su fidelidad y Su pacto de amor.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Cultiva contentamiento en el corazón

Los resultados del descontento – 3/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

Los resultados del descontento – 3/5

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: La vida es dura, y nos da muchas oportunidades para estar descontentas. Pero el corazón satisfecho, el corazón contento, dice: «Reconozco que aun en medio de estas circunstancias dolorosas y difíciles,  hay un Dios que sigue siendo bueno.»

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia  de Saladín.

Nancy continúa la serie, Cultiva contentamiento en el corazón.

Nancy: Hemos estado hablando de este tema del descontento —murmuraciones, quejas, lamentos. Muchas de nosotras vivimos en el mundo de «y si tan solo». Si tan solo tuviera esto, o si solo no tuviera esto. Si solo me hubiera pasado esto a mí, o si solo no me  hubiera pasado esto a mí.

Creo que fue Elisabeth Elliot, quien definió el sufrimiento como tener lo que no queremos y querer lo que no tenemos, y realmente esto podría aplicarse también a todo este asunto del descontento.

¿Cuáles son algunas de las cosas acerca de las que nosotras como mujeres estamos descontentas, sobre cuáles cosas  murmuramos? Las  Posesiones—no son suficientes o no son suficientemente agradables, demasiado viejas o no están al día. Podemos aplicar esto a la ropa, a la casa, a los muebles, a  los electrodomésticos. Algunas de nosotras estamos apenas terminando de redecorar una habitación antes de querer comenzar con la siguiente, solo para mantener todo siempre luciendo actualizado.

Algunas de nosotras ni siquiera tenemos espacio para lo que tenemos, así que construimos espacios para almacenamiento, más closets, o conseguimos una casa con más armarios para poder guardar estas cosas que ni siquiera  usamos.

Es fácil quejarse y lamentarse acerca de nuestra ubicación geográfica, sobre el clima, donde nos ha tocado vivir, acerca de la comunidad en que vivimos, el tamaño de la ciudad.

Muchas de nosotras murmuramos acerca de asuntos relacionados con nuestra situación familiar, nuestro estado civil. Las mujeres solteras se quejan de que desean casarse, y he escuchado tantas mujeres casadas que se quejan de que desearían no estar casadas, o estar casadas con un tipo diferente de marido.

He oído numerosas mujeres expresar descontento con maridos que no son muy expresivos, que son poco comunicativos, a los que no les es fácil expresar afecto físico.

¿Y qué acerca del asunto de los niños? Demasiados niños, o los niños no son suficientes. ¿Ves?, la tendencia es que, no importa lo que tengamos, pensamos que nos sentiríamos más felices si tuviéramos algo diferente.

He tenido una especie de resfriado durante las últimas semanas. Se me acaba de quitar. Y probablemente no pueda contar el número de veces que me detuve a expresarle a alguien lo mal que me sentía. Me encontré murmurando y quejándome incluso de los problemas del resfriado.

Otra son las cuestiones de la apariencia física nos dan material para quejarnos. Características que no cambian— yo mido  5’1”. Mi altura no ha variado desde que tenía doce años. Hay desventajas en ser pequeña, hay algunas ventajas, pero también hay desventajas. Cualquier cosa que compres tendrás que hacerle ruedo o subirle las mangas, y eso se convierte en algo de lo que puedo quejarme. Entonces veo a las mujeres que son muy altas, y tienen problemas diferentes que también son motivos de queja.

Tal vez sea una cuestión de tu trabajo, de tu trabajo o del trabajo de tu marido,  el deseo de un trabajo, o el deseo insatisfecho de tener un trabajo en particular. Quejas relacionadas con: el pago, o las personas con las que trabajamos, la carga de trabajo, las exigencias o las expectativas.

Cada etapa tiene sus retos la madre que tiene como algunas de ustedes niños pequeños  en edad preescolar pero luego como otras que están en la temporada del nido vacío, cuando sus hijos ya están grandes dispersos y en la que desearían poder verlos más.  Algunas de ustedes tal vez están cuidando a sus padres ancianos con problemas físicos difíciles.

En cada una de estas etapas de la vida podemos llegar a estar descontentas e infelices podemos empezar  a murmurar y a quejarnos y el peligro es que siempre vamos a estar buscando algo distinto a lo que tenemos y que siempre estaremos esperando la próxima etapa de la vida.  

Para algunas de ustedes en este momento la vida es una sucesión constante de recoger juguetes y de cambiar pañales y para algunas de ustedes en esta etapa de la vida sus maridos están viajando mucho, algunas de ustedes pueden estar deseando que sus maridos viajaran un poco más y espero que esto no sea cierto de ninguna de las que están aquí.  El peligro es que siempre estaremos “pensando si tuviera algo diferente, si algo cambiara,  podría ser una persona feliz.» Como vimos con los hijos de Israel en las últimas sesiones, murmurar tiene consecuencias serias, graves y a veces mortales.

¿Qué  hace la  murmuración? Cuando miramos a los hijos de Israel, vemos también algunas de las consecuencias que podemos experimentar. Como hijos de Dios, la murmuración nos mantendrá fuera de la Tierra Prometida, como  hizo con los israelitas. Toda una generación nunca entró en la tierra que “fluye leche y miel” que Dios había preparado para ellos, porque no podían estar contentos con el lugar donde se encontraban. Dios no les permitió experimentar lo que realmente querían.

El descontento les robó a ellos el gozo, y nos roba a nosotros el gozo. Hace que la  conciencia de la presencia de Dios se aparte, que huya de nosotros. Uno de los ejemplos de las murmuraciones de los hijos de Israel que no tomamos en cuenta, tiene lugar en el libro de Números, cuando Miriam y Aarón, los hermanos de Moisés, murmuraron contra Moisés.

Y uno pensaría que si había alguien que podría tener  derecho a quejarse a murmurar, serían el hermano de Moisés y su hermana. Pero las Escrituras dicen que cuando se quejaron, la ira del Señor se encendió  contra ellos y  Dios se alejó.  La nube de la gloria de Dios Shekinah se apartó del tabernáculo.

¿Quieres la presencia de Dios en tu casa? ¿Quieres  el sentido de cercanía de Dios en tu vida? ¿En el ambiente en que te mueves? Dios dice: «Yo no me voy a quedar en un lugar donde hay quejas». Perdemos el sentido de la conciencia de la presencia de Dios cuando nos quejamos.

El descontento y la murmuración llevan al desaliento, a la depresión, a la desesperación. Creo que, en muchos casos, la depresión crónica es el fruto de un corazón ingrato, descontento, quejoso y alimentamos nuestra propia desesperación y nuestro propio desaliento murmurando sobre lo que no tenemos o lo que tenemos que nos hubiera gustado no tener.

Entonces, como hemos visto con los hijos de Israel, cuando murmuramos esto no solo nos afecta a nosotros, sino que envenena a todos los que nos rodean. Afecta  todo el entorno que nos rodea. Es contagioso. Como resultado, hace que sea difícil para los que están en  nuestro entorno. Otras personas quizás no nos digan esto, pero cuando nos andamos quejando, la gente no va a querer estar cerca de nosotros. Le haremos la vida difícil o miserable a todo el que nos rodea.

Todos hemos conocido personas así, pero me pregunto si alguna de nosotras se mirara en el espejo o tuviéramos amigos cercanos que sean lo suficientemente honestos con nosotras me pregunto si encontraría que nos hemos convertido  en quejosos  igual que la persona de la que no queríamos estar cerca.

Hemos visto que la murmuración nos hace vulnerables a otros pecados— incluso pecados tan graves como la inmoralidad, la rebelión. Porque cuando estamos insatisfechos,  nos encontramos justificando otros pecados —pecados, como el comer en exceso, o el gastar en exceso. Muchas veces  un corazón insatisfecho es el que nos lleva a estos  excesos.

Y al ver a los hijos de Israel, hemos visto que cuando murmuramos quizás terminemos con lo mismo que veníamos exigiendo en nuestros momentos de  murmuración. Las Escrituras dicen que Dios les dio a los hijos de Israel lo que ellos pedían, pero envió fragilidad a sus almas. Otras traducciones dicen que Él envió una enfermedad devastadora entre ellos. Así que ten cuidado con lo que dices cuando  murmuras porque Dios  puede decir: «Voy a dejar que  tengas lo que  insistes en tener».

Y vimos también que la murmuración tiene graves consecuencias no solo en nuestras vidas, sino en la de nuestros hijos, en la de la siguiente generación. Dios dijo a los hijos de Israel: «No solo van a morir en este desierto, sino que sus hijos se verán obligados a vagar en este desierto durante cuarenta años a causa de su infidelidad.»

Detente y piensa acerca de eso por un momento. Si no estás satisfecha con la provisión de Dios, pudieras estar de alguna manera dándole  forma a las circunstancias de tus hijos en el futuro. Dios les dará gracia para responder y hacerle frente a esas circunstancias, pero podrías estar creando un clima y un ambiente que conducirá a tus hijos a ser culpables de los mismos pecados, y los conducirá a sufrir las  consecuencias  como resultado de tu insatisfacción con Dios.

John Wesley dijo que nuestro trabajo consiste en darle al mundo una opinión correcta de Dios. Cuando murmuramos le damos al mundo una opinión equivocada de Dios. Guiamos al  mundo a creer que Dios no es realmente bueno y que Él no es suficiente.

Jeremías Burrows era un pastor puritano del siglo XVII. Él escribió un libro maravilloso llamado “La rara joya del contentamiento cristiano”. Y me encanta ese título. En ese libro él da esta definición de contentamiento. Él dice, «El contentamiento cristiano es ese espíritu lleno de gracia, dulce, reflexivo, callado, que libremente se somete, y se deleita en la sabia paternidad de Dios en cualquier condición.»

Es una frase larga pero déjenme repetirla «El contentamiento cristiano es ese espíritu lleno de gracia, dulce, reflexivo, callado, que libremente se somete, y se deleita en la sabia paternidad de Dios en cualquier condición.»

Ahora, eso no quiere decir que las circunstancias o las condiciones en las que nos encontremos sean necesariamente de por sí buenas o fáciles. Lo que significa es que confiamos en que Dios es soberano, que Él es un Padre sabio y amoroso, y que Él se preocupa por nosotros, y que incluso cuando nos enfrentamos a estas circunstancias difíciles o dolorosas, Él sigue siendo bueno.

Pienso en algunas amigas que tengo que en este momento están pasando por dificultades matrimoniales increíbles, difíciles,  mujeres que viven con maridos muy difíciles. Pienso en unos amigos que están enfrentando  algunas situaciones importantes en relación con sus hijos. Pienso en una pareja que se acaba de enterar que su hijo de dos años de edad tiene una enfermedad terminal importante, y es posible que en cuestión de años vean a este niño morir. La vida es dura y la vida nos da muchas oportunidades de estar descontentos.

Pero un corazón que ha cultivado el contentamiento, dice: «Reconozco que aún en medio de estas circunstancias dolorosas y difíciles hay un Dios que sigue siendo bueno. Él sigue siendo soberano. Él todavía está en control.»

Leemos en el libro del Deuteronomio que Dios causó hambre a los hijos de Israel, que los condujo a veces a lugares donde las aguas eran amargas. ¿Esto ocurrió porque Dios era malo, vengativo o descuidado con  sus hijos? ¿Se quedó dormido en medio de su trabajo? No, nunca. «El que te guarda nunca se adormecerá nunca dormirá». Él está despierto. Él está atento. Él te está escuchando. Él te está mirando. Él te está cuidando.

Pero Dios tiene un plan en mente que es más grande que nosotros. Porque, verás, no se trata de nosotros. No se trata de nuestra felicidad, en última instancia. Se trata de la gloria de Dios. Se trata de darle al mundo una opinión correcta de Dios. Para que Dios cumpla Sus propósitos, hay momentos en los que Él nos permite pasar por situaciones que no podemos entender, que no tienen sentido para nosotros, y que hacen que nuestros ojos se llenen de lágrimas. Tú has estado allí.

Y mientras hablo de estas circunstancias quizás algunas de ustedes en este salón estarán pasando por estas situaciones de las que estamos hablando hoy en día. Algunas de ustedes  han pasado por ellas en el pasado reciente. Hay una imagen que les viene a la mente. Quizás hay un individuo. Hay una circunstancia, y  dicen: «Es muy difícil atravesar por esto». Pero el contentamiento cristiano es ese espíritu interno, dulce, reflexivo, tranquilo, lleno de gracia, que libremente se somete y se deleita en la sabiduría paternal de Dios en cada situación.

Y ahora quiero que veamos por encima en las próximas sesiones, cinco características de un corazón satisfecho. Vamos a tomarlos una a la vez. Quiero que veamos, en primer lugar, que un corazón satisfecho, un corazón contento,  es un corazón agradecido.

A medida que los hijos de Israel se preparaban para entrar en la Tierra Prometida, Moisés les recordó todo lo que Dios había hecho por ellos a través de sus años en el desierto. En Deuteronomio capítulo 2, Moisés mira hacia atrás. Él reflexiona. Les recuerda lo que Dios ha hecho. Y él les dice: » Por cuarenta años el SEÑOR tu Dios ha estado contigo; nada te ha faltado» (v. 7).

Eso era cierto. Sus zapatos ni siquiera se desgastaron durante cuarenta años. Tenían comida que comer todos los días. Contaron con la presencia de Dios para conducirlos, para guiarlos. Sí, ellos andaban errantes. Sí, estaban dando vueltas en círculos, pero Dios estaba allí. Dios estaba satisfaciendo sus necesidades. Dios proveyó para dos millones de judíos— mujeres, hombres y niños—en ese desierto. No había centros comerciales. No había supermercados. ¡Durante cuarenta años!  ¡Todo fue milagroso!

Pero te das cuenta al leer los pasajes del Antiguo Testamento, una cosa que brilla por su ausencia. Nunca oyes a los hijos de Israel, diciendo: «Gracias». No les oímos decirlo. Cuando Dios les dio, lo daban por sentado. Y la próxima vez que tuvieron una necesidad, vuelven a murmurar y a quejarse. Insistieron en murmurar acerca de lo que no tenían más que estar agradecidos por lo que tenían. De manera que un corazón satisfecho es un corazón agradecido.

Necesitamos  aprender a expresar gratitud por las bendiciones de Dios. Creo que este es uno de los grandes remedios para la depresión, para la desesperación, el desaliento, la frustración, uno de los remedios más grandes para un corazón descontento.

No se puede murmurar y dar gracias al mismo tiempo. Simplemente no puedes hacerlo. Yo  encuentro, básicamente, que en cada circunstancia y situación de la vida, tengo una de dos alternativas. Puedo adorar o puedo quejarme, pero no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo.

Que hago para aprender a reconocer las bendiciones—bueno contarlas,  nombrarlas una por una. Contar mis muchas bendiciones y nombrarlas una por una es una gran cura para tantas luchas emocionales crónicas y mentales que tenemos como hijos de Dios. Aprender a decir «gracias».

Ahora, a veces nos duele, cuando haces cosas por los demás, cuando haces cosas por tus hijos, y ellos no te lo agradecen. Ellos no se dan ni cuenta de todas esas cosas que estás haciendo detrás de la escena sólo para que la vida se les mantenga en marcha. Hay veces que, como mamá, sientes, «si alguien por aquí expresara agradecimiento, eso haría mi trabajo un poco más fácil.»  Veo que algunas sonríen y  algunas asienten.

Pero a medida que me encuentro siendo herida a veces por la ingratitud de los demás, Dios me lleva de nuevo a esta pregunta: «¿Me diste las gracias por las cosas que he estado haciendo tras bambalinas para ti?»  Me parece que muchas veces Dios ha hecho decenas y decenas y tal vez cientos de cosas por mí que no me he detenido a reconocer y mucho menos a apreciar.

¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a contar tus bendiciones? A nombrarlas una por una. Algunas de esas bendiciones son obvias. Es fácil dar gracias a Dios cuando se tiene dinero en el banco, cuando el sol está brillando, cuando tus hijos están locos por ti, cuando tu marido piensa que eres maravillosa. Pero también hay algunas otras cosas difíciles de agradecer a Dios.

Una mujer escribió y me dijo: «He aprendido cuán grave es murmurar contra Dios. Me he quejado de no tener una lavadora y una secadora, me he quejado de mi pelo (que era rizado antes del embarazo y ahora es lacio), me he quejado sobre mis estrías, etc. Pero he aprendido a dar gracias a Dios porque tengo ropa, tengo pelo, y un bebé hermoso. Me ha dado una perspectiva celestial y eterna para sustituir lo temporal”.

Fue en 1820, por un error por un descuido médico dejó a una bebé de seis semanas de edad ciega de por vida. Durante los años siguientes, sin embargo, se hizo evidente que a pesar de su discapacidad, tenía una capacidad inusual para escribir poesía y  música. Desde el principio, su vida y su poesía revelaban la belleza y la fragancia de un corazón lleno de contentamiento, de un corazón agradecido.

Su primer poema, escrito a los ocho años de edad, decía así. Ella dijo:

¡Oh, qué niña tan  feliz soy, aunque no puedo ver! Estoy decidida que en este mundo contenta estaré. ¡Cuántas bendiciones disfruto que otras personas no tienen!  ¡Llorar o suspirar porque soy ciega, no podré, ni lo haré!

Puede que no sea una gran poesía, pero es una gran teología. Esa niña, como muchas de ustedes saben, se llamaba Fanny Crosby. Ella creció y se convirtió en la compositora amada de los Estados Unidos. Escribió más de 9,000 himnos.  Y más tarde en su vida Fanny escribió en su autobiografía, «parecía destinada por la providencia del Dios bendito que yo fuera ciega toda mi vida, y le doy gracias por la dispensación».

El médico que le destruyó la vista nunca se perdonó. Se mudó lejos de la zona, pero Fanny se negó a  sentir amargura hacia él. Ella escribió esto de nuevo en su autobiografía. Ella dijo:

Si pudiera encontrarlo ahora, le diría: «Gracias, gracias», una y otra vez por convertirme en ciega. A pesar de que pudo haber sido un error por parte del médico,  no fue un error de Dios. Sinceramente, creo que era Su intención que debía vivir mis días en la oscuridad física con el fin de estar mejor preparada para cantar sus alabanzas e incitar a otros a hacerlo.

Un corazón agradecido.

Y es que, el no dar gracias a Dios  lleva a una serie de otros pecados y problemas. De hecho, creo que el pecado de la ingratitud es el primer paso para muchos otros pecados más graves.

Si vamos al libro de Romanos al capítulo 1, donde tienes esta larga lista de características de una cultura caída de una cultura  depravada (y gran parte de ella  describe nuestra cultura de hoy en día, con su exceso moral o inmoralidad excesiva), y si lees a través de esta larga lista de grandes pecados, ¿sabes qué pecado encabeza esa lista? Ellos se olvidaron de ser agradecidos. Se olvidaron de ser agradecidos.

El olvidarnos de dar gracias a Dios conducirá a la amargura, a la desesperación y a la esclavitud. Pero el dar gracias a Dios conducirá a la libertad, al gozo y a una  mayor bendición.

¿Tienes tú un corazón agradecido? ¿Has dado las gracias a Dios por las bendiciones obvias que están a tu alrededor día tras día, que tendemos a dar por sentadas? ¿Hay algunas cosas en tu experiencia que requieran dar un sacrificio de alabanza, algo por lo que Dios está esperando que tú puedas decir: «Gracias, recibo esto, yo te presento esto,  lo recibo de tu amor y de tu mano»? Cultivar una actitud de gratitud creo que  realmente es el primer paso para desarrollar un corazón con contentamiento.

Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss. Ella ha te ha estado invitando a reemplazar la queja por la gratitud. Esta es una manera eficaz de dar ese primer paso: obtener una copia del libro Sea Agradecido de Nancy: Tu camino al gozo. Puedes realmente aprender a dar gracias en todas las situaciones. Eso es lo que las mujeres han aprendido al leer este libro. Nancy ha oído de una mujer tras otra que ha sido afectada por este libro.

Nancy: Una mujer escribió y nos dijo: «Tu libro me estaba mirando directamente a la cara cuando entré en la librería.» Ese libro fue Sea Agradecido. Ella compró un ejemplar y dijo: «Tengo 63 años y he aprendido mucho de tu libro. He sido desafiada con temas que nunca antes había considerado.

Bueno, tal vez tú al igual que esta mujer  nunca has considerado lo importante que es el tema de la gratitud. Realmente creo que todo el mundo luce diferente cuando  lo ves a través de los ojos de la gratitud. La actitud de gratitud puede transformar tu perspectiva y tus relaciones.

Permítanme decirles «gracias», «gracias» por su apoyo a este ministerio. Significa personalmente mucho para mí, y eso significa mucho para aquellos cuyas vidas se verán afectadas en los próximos días como resultado de su generosidad.  Muchas gracias.  Te invitamos a conseguir una copia de este libro Sea Agradecidoque tenemos en españoles un libro que podrá cambiar tu vida y tu perspectiva desarrollando en ti un corazón agradecido.

Leslie: ¿Ya visitaste nuestra página de www.AvivaNuestrosCorazones.com? Allí podrás encontrar recursos, leer e interactuar en el blog y escuchar algunos programas que aún no  has escuchado.  Entra a la página y dinos cómo te están ayudando estos programas de radio.  También puedes seguir nuestra página de Facebook, Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss y mantenerte al tanto de noticias del ministerio, así como ser edificada con las publicaciones.  Y recuerda, comparte con otras sobre este programa y ayúdanos a propagar el mensaje de esperanza, libertad, abundancia y plenitud que encontramos en  Cristo.

No se puede abrazar totalmente el contentamiento a menos que confíes en el Señor para  todo. Descubre el  porqué cuando Nancy continúe con la serie Cultiva contentamiento en el corazón. Eso será mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Cultiva contentamiento en el corazón