¿Qué es el libre albedrío?

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¿Qué es el libre albedrío?

R.C.Sproul

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Quiero llamar su atención a una evaluación de lo que entendemos al decir las palabras ‘libre albedrío’. ¿Qué significa tener libre albedrío? ¿Qué significa ser un agente moral libre, una criatura volitiva bajo la soberanía de Dios?

En primer lugar, déjenme decir que hay distintos puntos de vista en cuanto a lo que incluye el libre albedrío que se usan en nuestra cultura, y creo que es importante que reconozcamos estos puntos de vista.

Al primero lo voy a llamar el punto de vista ‘humanista’, el cual diría que es la posición más ampliamente aceptada de la libertad humana que encontramos en nuestra cultura. Y me entristece decir, en mi opinión, que es la postura más difundida dentro de la iglesia, así como fuera de ella.

 

En este esquema, el libre albedrío es definido como nuestra capacidad para elegir de forma espontánea; las elecciones que hacemos no están de ninguna modo condicionadas o determinadas por prejuicios, inclinaciones o disposiciones previas.

Permítanme repetirlo: tomamos decisiones de forma espontánea, sin antecedentes previos a la decisión que determinen nuestra elección, sin prejuicio, sin preferencias o inclinaciones previas; viene literalmente por sí misma como una acción espontánea de la persona.

Ahora, desde el principio puedo ver dos problemas serios que enfrentamos como cristianos con esta definición de libre albedrío. El primero es un problema teológico o moral, el segundo es un problema racional. Y en realidad debería decir que hay tres problemas ya que todo el tema se centrará en el tercero, pero empecemos viendo, en este momento, dos problemas.

El primero es, como dije, un problema teológico, moral. Si nuestras elecciones son hechas meramente de forma espontánea, sin inclinación previa, sin preferencias, en cierto sentido lo que estamos diciendo es que no hay razón alguna para tal elección.

No hay motivación o motivo para la elección. Solo sucede de forma espontánea. Y si así operan nuestras elecciones entonces enfrentamos inmediatamente este problema: ¿cómo podría tal acción tener algún significado moral?

Porque, una de las cosas, por ejemplo, que la Biblia se preocupa en cuanto a las elecciones que hacemos, no es solo lo que elegimos, sino cuál fue nuestra intención al hacer esa elección. Recordamos, por ejemplo, la historia de José cuando fue vendido como esclavo por sus hermanos. Cuando él se reúne con ellos años más tarde, y ellos se arrepienten de ese pecado, ¿qué le dice José a sus hermanos? Cuando los acepta y los perdona, él dice: “Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien.”

Así que Dios hizo una elección al respecto. Dios había elegido, al menos al permitir que esto pasara y que le sucediera a José. Sus hermanos tomaron una decisión en cuanto a qué hacer con José. Su inclinación al hacerla fue perversa.

Dios también hizo una elección al permitir que esto suceda, pero la razón de Dios, la intención de Dios en este acto, era completamente justa y santa. Entonces, Dios, al considerar una buena obra, por ejemplo, no solo examina la acción externa en sí (el hecho), sino que también considera ¿el qué? las motivaciones internas, la intención detrás del hecho.

Pero si no hay motivaciones internas, si no hay intenciones, no hay intencionalidad real, usando el término filosófico, entonces ¿cómo podría la acción tener algún significado moral? Solo sucede. Pero incluso más profundo que este problema, nos enfrentamos de inmediato a la pregunta de si en realidad se podría o no hacer tal elección, no simplemente si sería moral si se hiciera, sino que, ¿podría incluso una criatura sin ninguna disposición previa, inclinación, preferencia o razón hacer una elección?

Veamos esto con un par de ejemplos. Si no tengo una inclinación o disposición previa, lo atractivo de esta idea es que eso significaría que mi voluntad es neutral. No está inclinada ni a la izquierda ni a la derecha.

No está inclinada hacia la rectitud ni hacia el mal, sino que es simplemente neutral. No hay inclinación o preferencia previa. Pienso en la historia de Alicia en el país de las maravillas, cuando en sus viajes llega a una bifurcación de caminos y ella no puede decidir si escoger hacia la izquierda o la derecha. Y levanta la vista y está el gato Risón en el árbol sonriéndole y le pregunta al gato: “¿Qué camino debería yo tomar?”

Y el gato Risón responde diciendo: “Eso depende.  ¿A dónde vas?” Y ella responde: “No sé”. Entonces, ¿qué le dice él? “Entonces supongo que no importa”.  Si no tienes intención, no tienes plan, no deseo de llegar a algún sitio, ¿qué más da si vas a la izquierda o a la derecha?

Bueno, en este caso, lo vemos y pensamos: “Ahora Alicia tiene dos opciones. Ella puede ir a la izquierda o puede ir a la derecha.” Pero, en realidad, ella tiene cuatro opciones. Ella puede ir a la izquierda, puede ir a la derecha, ella puede regresar por donde vino o ella puede quedarse parada y no hacer nada, lo cual es también una opción, quedarse ahí hasta que perezca de inactividad.

Así que tiene cuatro opciones. Y la pregunta que nos haremos es: “Por qué tomaría alguna de esas cuatro opciones? Si no tuviese razón alguna, o inclinación detrás de la elección, si su voluntad fuera completamente neutral, ¿qué le sucedería a ella en realidad? Si no hay razón para preferir la izquierda o derecha, permanecer ahí hasta el punto de regresar, ¿qué opción ella elegiría? Ella no haría una elección.  Ella estaría paralizada.

Entonces el problema que tenemos con la noción humanista de libertad es que se trata del mismo problema del conejo fuera del sombrero que se queda sin sombrero y sin mago.

Es algo que sale de la nada, un efecto sin una causa. Una elección espontánea, en otras palabras, es una imposibilidad racional. Tendría que ser un efecto sin una causa.

Ahora, solo de paso, añadiría que, desde una perspectiva bíblica, desde una perspectiva cristiana, el ser humano en su caída, no se ve como estando en un estado de neutralidad con respecto a las cosas de Dios.

Él tiene un prejuicio, él tiene un sesgo. Él tiene una inclinación y su inclinación es hacia la maldad y lejos de las cosas de Dios. Pero permítanme decirlo, de paso, al observar varios puntos de vista cristianos sobre la libertad de la voluntad.

Personalmente pienso que el mejor libro que se haya escrito en este tema, se titula simplemente: “La libertad de la voluntad” escrito por el más grande erudito de Estados Unidos, Jonathan Edwards. (Y dicho sea de paso, esa designación de “el mejor erudito de Estados Unidos” no es mía. Viene de la Enciclopedia Británica, que ha votado a Jonathan Edwards como la más grande mente erudita que los Estados Unidos jamás haya producido; y su obra: “La libertad de la voluntad”, creo que es la evaluación más profunda y el análisis de esta espinosa pregunta que yo haya leído.)

Por supuesto, la famosa obra de Martin Luther sobre la esclavitud de la voluntad es también uno muy importante, que creo que los cristianos tienen que leer. Pero veamos por un momento la definición de Edwards acerca de la libertad de la voluntad.

Edwards dice que: “La libertad o libre albedrío es la elección de la mente”. Ahora, lo que dice es que, aunque él distingue entre la mente y la voluntad, está diciendo que los dos están relacionados de forma inseparable.

No hacemos elecciones morales sin que la mente apruebe la dirección de nuestra elección. Esa es una de las dimensiones que está muy relacionada con el concepto bíblico de conciencia: que en las elecciones morales está– la mente está involucrada en esas elecciones.

Me doy cuenta de ciertas opciones y si prefiero una sobre la otra, para hacerlo tengo una preferencia, antes de poder hacer la elección, tengo que tener una idea de cuáles son esas opciones para que sea una decisión moral. De modo que la voluntad no es algo que actúa de forma independiente de la mente, sino que actúa en conjunción con la mente.

Cualquier cosa que la mente considere como deseable, es lo que la voluntad está inclinada a elegir. Ahora, además de las definiciones, Edwards nos da una especie de regla de oro a la que llamo: “Ley de libre albedrío de Edwards” y creo que esta es quizá su contribución más importante a la discusión en cuanto a la libertad humana.

Edwards declara esto: que “los agentes morales libres siempre actúan de acuerdo con la inclinación más fuerte que tienen en el momento de la elección”.Para decirlo de otra manera, siempre elegimos según nuestras inclinaciones y siempre elegimos según nuestra inclinación más fuerte en un momento dado.

Déjenme decirlo de forma simple. Cada vez que pecas, lo que esa acción indica es que al momento de pecar, tu deseo de cometer el pecado es mayor en ese momento que tu deseo de obedecer a Cristo.

Si tu deseo de obedecer a Cristo fuera mayor que tu deseo de cometer el pecado, ¿qué harías?
¡No pecarías! Pero al momento de la elección, siempre seguimos nuestra inclinación más fuerte, nuestra disposición más fuerte o nuestros deseos más fuertes.

Ahora, nos parece, sin embargo, en este tema de la elección, que hay muchas veces que elegimos cosas sin alguna razón aparente en lo absoluto. Por ejemplo, si tuviera que preguntarte: “Por qué estás sentado en la silla en la que estás sentado en este momento?

¿Podrías analizar tus propios procesos de pensamiento interno y las respuestas a las opciones que tenías delante cuando entraste a esta sala y decir con claridad: “La razón por la que estoy sentado aquí es porque siempre me gusta sentarme en la última silla” o “porque quería sentarme junto a Carmen” o “quería estar en primera fila para salir en la cámara” o “era la única silla que quedaba libre y no que quería quedar de pie y prefiero sentarme que estar de pie; y entonces, mi deseo por sentarme era mayor que mi deseo por estar de pie”.

Lo que les estoy diciendo es que hay una razón por la que están sentados donde están sentados y pudo haber sido una decisión muy rápida. Puede ser que simplemente seas perezoso y no te guste caminar y que la silla que viste vacía era la más cercana que estaba disponible.

Es probable que las razones sean más profundas que eso. Hay algunos que si caminas con ellos al parque donde hay una banca desocupada con espacio para tres personas, entonces esas personas, si los llevas a una banca del parque, o los llevas a un parque y hay una banca vacía y se sientan en la banca, cien de cada cien se sentarán en el extremo de la banca en vez de sentarse en el medio de la banca.

De hecho, generalmente se sentarán en el extremo izquierdo o en el derecho, donde otras personas siempre elegirán el medio. ¿Por qué? A algunos les gustan las multitudes. Les gusta estar en medio de la acción. Ellos tienen una personalidad gregaria. A otras personas les gusta estar seguros donde puedan tener una salida segura, se quedarán en el extremo de la banca.
Y permítanme decir, no siempre estamos sentados allí analizando con sumo cuidado el por qué hacemos las elecciones que hacemos, pero hay una razón para cada elección y siempre actuamos de acuerdo con la inclinación más fuerte del momento.

 

Ahora, hay dos cosas que Podemos plantear de inmediato para objetar la ley de elección de Edwards. La primera es: “Bueno, puedo decirte que muchas veces he hecho cosas que en realidad no quería hacer y he experimentado coerción.”

Bueno, la coerción involucra fuerzas externas que entran en nuestras vidas y buscan obligarnos a hacer las cosas que, en igualdad de condiciones, no elegiríamos hacer. Pero, en la mayoría de los casos, el poder de la coerción puede generalmente reducir nuestras opciones a dos: pueden reducir drásticamente nuestras opciones.

El pistolero se acerca a mí en la calle, me pone una pistola en la cabeza y dice: “Tu dinero o tu vida”.  Él acaba de reducir mis opciones a dos. ¿Cierto? Por fuerza externa y coerción.

Ahora, al ser todas iguales, no estaba buscando a alguien a quien darle mi billetera esa noche, así que no tenía ningún deseo de darle mi dinero a ese hombre. Pero cuando el arma está en mi cabeza y mis opciones son mi sangre en la acera o mi billetera en el bolsillo, de repente tengo un deseo fuerte de vivir y perder mi dinero, en vez de morir y también perder mi dinero.

Y entonces, en ese momento, mi nivel de deseo de vivir podría ser más fuerte que mi nivel de deseo de resistir a ese hombre, por eso le doy mi billetera. Ahora, podría haber personas en esa misma situación que dirían: “prefiero morir antes que ceder a la coerción, aunque sé que si me niego a darle la billetera, me matará de todos modos y se llevará mi dinero. Aún así, de ninguna manera voy a ayudarlo”.

Entonces dicen: “Dispárenme”. Pero aún ahí, su deseo de resistir es mayor que su deseo de no resistir y entonces se resisten. ¿Está claro? Por lo que incluso cuando nuestras opciones se reducen severamente y las fuerzas externas cambian nuestros niveles de deseo, porque este es el otro punto del que tenemos que estar conscientes, es que los deseos humanos fluctúan y son muchos.

En situaciones donde hacemos elecciones, es raro que solo elijamos entre dos opciones, o incluso solo entre una buena opción y una mala. Una de las elecciones morales más difíciles para un cristiano es entre cosas buenas. “Tenemos dos oportunidades, pero no estoy seguro con cuál es con la que puedo servir mejor a Cristo.”

Y eso resulta muy difícil. Sabemos que nuestros niveles de deseo cambian y fluctúan. Pero la segunda objeción que puedo escuchar es la declaración del apóstol pablo cuando dice: “lo bueno que quiero no lo hago, y lo que no quiero es lo que hago.” Y pareciera sugerir allí mismo que el apóstol Pablo, mediante autoridad apostólica, nos está diciendo que, de hecho, es posible que una persona elija en contra de sus deseos, elegir en contra de sus anhelos.

Solo puedo decir en respuesta a eso que no creo que haya sido la intención del apóstol el darnos un tratamiento técnico de las complejidades del funcionamiento de la facultad de elegir; pero lo que él está expresando es algo que todos experimentamos, que tengo dentro de mí un deseo de agradar a Cristo, pero ese deseo presente no siempre triunfa cuando llega el momento de la verdad.

Todo es igual como cristiano, si me dijeras: “RC, ¿te gustaría liberarte del pecado? Yo diría: “Por supuesto que me gustaría ser libre del pecado”.  Sin embargo, lo digo ahora hasta que la tentación del pecado me presione y mi deseo por ese pecado se intensifique: y luego me rindo a él, libremente.

Porque cuando obro y actúo según mis deseos, estoy obrando y actuando libremente.
Bien, déjenme continuar.  Calvino, al examinar el asunto del libre albedrío, dijo: “si queremos decir por libe albedrío que el hombre caído tiene la capacidad de elegir lo que quiere, entonces por supuesto, el hombre caído tiene libre albedrío.

Si queremos decir con ese término que el hombre en su estado caído tiene el poder moral y la capacidad de elegir la rectitud, entonces Calvino dijo, “el libre albedrío es un término demasiado grandioso como para aplicarlo al hombre caído.”

Y con esa opinión, yo estaría de acuerdo. Hemos visto el punto de vista de Edwards, el punto de vista de Calvino, ahora veremos el punto de vista Sprouliano del libre albedrío, apelando a la ironía o a una forma de paradoja.

Me gustaría hacer esta afirmación: que en mi opinión, cada elección que hacemos es libre y cada elección que hacemos está determinada. Cada elección que hacemos es libre y cada elección que hacemos está determinada.

Ahora, eso suena completamente contradictorio porque normalmente vemos las categorías de “determinar” y “libre” como categorías mutuamente excluyentes. Decimos que si algo está determinado por otra cosa, quiere decir que es causado por otra cosa, pareciendo indicar que no puede ser libre.

Pero a lo que me refiero aquí, de lo que estoy hablando, no es determinismo.  El determinismo significa que las cosas me pasan estrictamente en virtud de fuerzas externas. Pero además de las fuerzas externas, que son factores determinantes en lo que nos pasa, también hay fuerzas internas que son factores determinantes.

Lo que hemos estado diciendo todo este tiempo, junto con Edwards y Calvino, es que si mis elecciones fluyen de mi disposición y de mis deseos, y si mis acciones son un efecto que tienen causas y razones detrás de ellas, entonces mi deseo personal, en un sentido muy real, determina mi elección personal.

Ahora, si mis deseos determinan mi elección, ¿cómo puedo ser libre? ¿Recuerdan que dije que en cada opción, nuestra elección es libre y determinada? Pero lo que la determina soy yo, y a esto llamamos ‘auto’, tú la completas con determinación. Auto-determinación, lo cual no es la negación de la libertad, sino la esencia de la libertad.

Para que mi yo pueda determinar sus propias elecciones es de lo que se trata el libre albedrío. Ahora, de manera simple trato de plantear que no solo podemos elegir de acuerdo con nuestros propios deseos, sino que de hecho siempre elegimos según nuestros deseos; y llevaré esto al grado superlativo y diré que, de hecho, debemos elegir siempre según la inclinación más fuerte en ese momento. Y esa es la esencia de la libre elección: poder elegir lo que quieres.

Ahora, el problema con el pecador, obviamente, no es que el pecador en su caída haya perdido la facultad de elección. Los pecadores todavía tienen mentes, pueden pensar, todavía tienen deseos, tienen voluntades. Y la voluntad sigue siendo libre en la medida que sea capaz de hacer lo que el pecador desea hacer.

¿Dónde radica el problema? El problema está en la raíz de los deseos del corazón del ser humano caído porque tiene una inclinación al mal, un deseo por el pecado, él peca.

Los pecadores pecan porque ellos quieren pecar.  Por lo tanto, pecan libremente. Los pecadores rechazan a Cristo porque ellos quieren rechazar a Cristo. Por lo tanto, lo rechazan libremente.

Y antes de que una persona pueda responder positivamente a las cosas de Dios y elegir a Cristo y elegir la vida, debe tener un deseo de hacer eso. Ahora, la pregunta es: ¿conserva el hombre caído algún deseo en su corazón por Dios y por las cosas de Dios? Rápidamente presentaré nuestro siguiente tema, es la visión bíblica del carácter radical de la caída del hombre con respecto a su deseo por las cosas de Dios.

Pero antes de llegar a ese tema, vamos a concluir hablando de otra distinción que Jonathan Edwards ha hecho famosa. Él hace una distinción entre habilidad moral y habilidad natural.

La habilidad natural tiene que ver con habilidades que tenemos por naturaleza. Como ser humano tengo la habilidad natural de pensar. La habilidad de hablar. Puedo caminar erguido.

No tengo la capacidad natural de volar por el aire sin ayuda de máquinas. Los peces tienen la capacidad de vivir bajo el agua por largos periodos de tiempo sin tanques de oxígeno ni equipos de buceo, porque Dios les ha dado aletas y branquias.

Les ha dado el equipo natural necesario para que puedan vivir en ese entorno. Por lo tanto, tienen una habilidad natural que yo no tengo. Dios ha dado a las aves habilidades naturales que yo no tengo. ¿Correcto? Pero estamos hablando de habilidad moral; estamos hablando de la capacidad de ser rectos, así como de ser pecadores.

El ser humano fue creado con la habilidad de ser recto o ser pecador, pero el hombre ha caído. Y lo que Edwards está diciendo es que, en su estado caído, ya no tiene la capacidad en sí mismo de ser moralmente perfecto porque ha nacido en pecado, en pecado original.

Tiene una naturaleza caída, una naturaleza pecaminosa, lo que hace que sea totalmente imposible para él alcanzar la perfección en este mundo. Todavía tiene la facultad de pensar, la facultad para tomar decisiones.

Pero lo que le falta es la inclinación o la disposición hacia la piedad. Ahora vamos a ver si eso concuerda o no con lo que la Biblia enseña acerca de la condición caída del ser humano, pero solo te lo estoy dando a manera de adelanto. Hasta ahora, Edwards simplemente está repitiendo lo que Agustín había enseñado siglos antes con una distinción similar.

Agustín dijo que el hombre tenía un “liberum arbitrium” o un libre albedrío, pero que el hombre perdió en la caída era “libertas” o libertad, lo que la biblia llama libertad moral. La biblia habla de los humanos caídos como esclavos del pecado. Y aquellos que están en esclavitud han perdido alguna dimensión de libertad moral.

Todavía toma decisiones, todavía tiene libre albedrío, pero esa voluntad ahora se inclina hacia el mal y no se inclina hacia la rectitud. No hay quien haga el bien. No hay justo. No hay quien busque a Dios, ni aún uno. Eso indica que algo nos ha sucedido en el interior.

Jesús habla de que el fruto del árbol proviene de la naturaleza del árbol; la higuera no produce naranjas. No obtienes un fruto corrupto de un árbol recto. Hay algo malo dentro de nosotros, en donde residen nuestros deseos, nuestras inclinaciones. Es eso lo que está en esclavitud.

Pero incluso esa caída no elimina la facultad de elegir. Así que realmente no hay diferencia entre lo que Agustín llama cuando dice: “Todavía tenemos libre albedrío, pero no libertad”, que es la misma distinción que Edwards hace entre la habilidad moral y la habilidad natural.

Bueno, necesito parar porque mi tiempo se está acabando y solo quisiera decir que en nuestra próxima sesión veremos esto desde una perspectiva bíblica para ver lo que la Biblia dice de la capacidad moral del ser humano o la falta de ella con respecto a las cosas de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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La soberanía de Dios

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La soberanía de Dios

R.C.Sproul

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En esta sesión de nuestro estudio de la predestinación, quisiera enfocar nuestra atención en la soberanía de Dios. Una de las razones por las que creo que es importante empezar con esto en nuestro estudio de esta doctrina es porque es un área en la que casi todos los cristianos están de acuerdo. Concordamos en que Dios es soberano.

La manera en que entendemos la soberanía de Dios puede diferir de un cristiano a otro, pero en sí, todos nos adherimos a la confesión de que Dios es soberano. El tercer capítulo de la Confesión de Westminster empieza con estas palabras, “Dios desde toda la eternidad, por el sapientísimo y santísimo consejo de su propia voluntad, ordenó libremente e inmutablemente” (es decir sin ninguna posibilidad de cambio) Dios “ordenó libremente y de forma inmutable todo lo que acontece;”

Hagamos un alto aquí en el punto y coma. Dios, desde la eternidad, según su propio y santo consejo ordenó de forma libre e inalterable, o predeterminó todo lo que iba a pasar. Hice un alto en esa parte en la clase del seminario y le dije a mis estudiantes, “¿Cuántos de ustedes creen en esta declaración?”

Ahora, ustedes tienen que saber que se trataba de un seminario presbiteriano, por lo que esos estudiantes estaban bien anclados en la tradición agustiniana, y por eso obtuve como el 70% de los votos, una gran mayoría lo creía.

Luego dije, “OK, ¿cuántos de ustedes no creen en esa declaración? Y más o menos 30 manos se levantaron, y les dije, “Está bien, ahora déjenme hacerles otra pregunta”. Sin temor a recriminaciones, nadie los va a señalar, solo quisiéramos saber, tengan la libertad de presentar su posición — ¿cuántos de ustedes se llamarían a sí mismos “ateos”?

Y nadie levantó su mano. Y empecé a hacer uso de mis dotes de Sherlock Holmes: “Solo hay una cosa que no entiendo”, les dije –Miré a esos 30 que habían levantado sus manos, y les dije, “¿Les molestaría si les hago una pregunta personal?”

Les dije, “No puedo entender por qué los que levantaron su mano diciendo que no creen en esta afirmación, no levantaron su mano cuando pregunté si eran ateos”. Y ellos me miraron con una mezcla de perplejidad y desconcierto—la misma clase de mirada que estoy viendo en sus ojos ahora—y les decía, “porque si ustedes no creen en esa declaración, está claro que, en esencia, al final, son ateos”.

Y es posible que fue la frase más desconcertante que ellos jamás oyeron en sus vidas.

Les dije, “Bueno, entendamos que esta declaración que acabo de leer, de que Dios ha pre-ordenado todo lo que pasará, no es una declaración que es única al calvinismo o al presbiterianismo.

No distingue a la tradición reformada de otras tradiciones; ni siquiera distingue a los cristianos de los judíos o de los musulmanes. Esta declaración distingue a los teístas de los ateístas. Ahora, ellos seguían desconcertados mientras continuaba con mi arenga, y les dije,

“¿No ven que si hubiera algo que pasa en este mundo fuera de la pre-determinación de Dios, que si no hay un sentido por el cual Dios está ordenando todo lo que va a pasar, entonces, en cualquier momento algo sucede fuera de la pre-determinación de Dios; y, por lo tanto, está pasando fuera de la soberanía de Dios?”

Porque entendemos que cuando hablamos acerca de Dios ordenando las cosas, hay diferentes maneras en las que Dios ordena que pasen; esto no necesariamente significa que Dios se lanza al planeta y hace que algo pase a través de un involucramiento directo e inmediato de su parte. Pero la clave, yo creo, en esta declaración, tiene que ver con la palabra “ordenar”. Todo lo que esta declaración expresa es que Dios es soberano sobre todo lo que pasa.

Todo lo que pasa en este mundo no puede suceder separado de la soberanía divina. Algunas veces distinguimos entre lo que se conoce como la voluntad eficaz de Dios y su voluntad permisiva. De seguro has oído esas distinciones.

Permítanme trabajarlas y definirlas en los términos más fáciles. Si algo pasa en este mundo, por el poder de los humanos, por el poder de la naturaleza, por el poder de las máquinas, Dios siempre tendrá el poder y la autoridad para evitar que al menos suceda, ¿no es cierto?

Y si Él no evita que eso pase, entonces significa al menos lo siguiente: que Él ha escogido que eso suceda. Eso no significa que lo aplauda; no significa que esté a favor, como si Él le diera su consentimiento divino, pero lo permite, no en el sentido, una vez más, de aprobarlo todo el tiempo, sino que Él permite que suceda, y al permitirlo, Él está tomando una decisión, y la está tomando de forma soberana.

Y Él conoce por adelantado lo que va a pasar, y si Él decreta que esto llegue a pasar, Él está reteniendo su soberanía sobre eso. Ahora, si las cosas pasan en este mundo fuera de la soberanía de Dios, entonces eso simplemente significa que Dios no es soberano.

Y la razón por la que hice la pregunta del ateísmo es, por supuesto, que si Dios no es soberano, entonces Dios no es, ¿qué? Dios.  Así de simple. Si Dios no es soberano, Dios no es Dios, y si el dios en el que tú crees no es un dios soberano, entonces no crees realmente en Dios. Puedes tener una teoría de Dios, puedes tener un teísmo teórico, pero al final, para todo propósito práctico, no es diferente del ateísmo porque estás creyendo en un dios que no es soberano.

Ahora, ¿Cuáles son las consecuencias prácticas de un Dios que no es soberano? Piensa en esto desde la perspectiva de aquellos que se profesan cristianos. Me gusta explicarlo de esta manera: Si hay una molécula en el universo corriendo, fuera del control de la soberanía y el control de la soberanía de Dios, a lo que llamo, “una molécula suelta”, entonces, lo que esto implica en forma práctica para nosotros como cristianos es que no tenemos ninguna garantía de que alguna promesa futura que Dios ha hecho a su pueblo se llegue a cumplir.

Hay una vieja rima infantil estadounidense que dice: ‘a falta de un clavo, el zapato se perdió; a falta de un zapato, el caballo se perdió; a falta de un caballo el jinete se perdió, a falta de un jinete la batalla se perdió, ¿se perdió la guerra?’ Una bacteria pulmonar se llevó a Simón Bolívar a los  47 años, y la historia de Sudamérica ya no fue la misma. Algo minúsculo como eso puede cambiar el curso de la historia.

Una bala en la cabeza de John Kennedy cambió el curso de la historia de Estados Unidos. Ahora, si tenemos una molécula suelta andando por allí, no tendremos la más mínima seguridad de que esa sola molécula no se convertiría en el grano de arena que dañe la maquinaria del plan eterno de Dios.

Podría ser que lo que está desbocado haga que, finalmente, sea imposible el retorno de Cristo a este planeta. Podría ser lo que destruye cualquier esperanza para la consumación del reino de Dios, y deja todas las promesas de Dios sin cumplirse.

¡No existen moléculas sueltas en un universo donde Dios es soberano! Ahora necesito continuar con lo que dice la Confesión de Fe de Westminster.

¿Recuerdan que paramos en un punto y coma? Después de ese punto y coma, la Confesión rápidamente añade, “que aunque Dios ordena todo lo que va a pasar, sin embargo, lo hace de tal manera que, “Él no es el autor del pecado, ni violenta la voluntad de las criaturas, ni quita la libertad o contingencia de causas secundarias, sino que, más bien, las establece”.

Entonces no estamos hablando de un determinismo rígido que elimina criaturas libres. Sino que estamos afirmando a un Dios soberano que es soberano aun sobre criaturas libres. Ese es el punto que hace la confesión. Ahora, esto nos lleva al espinoso problema que surgió, al menos brevemente, en uno de nuestros momentos de discusión.

“Si Dios es totalmente soberano y si la gente está caída y algunos perecen, ¿cómo puede Dios, que es soberano, permitir el mal en el mundo? ¿cómo puede Dios permitir que la gente perezca?

Si Dios sabe de antemano, por ejemplo, que tal persona va a nacer y va a vivir su vida y que perecerá eternamente en el infierno, ¿cómo puede un Dios bueno permitir que eso suceda?”

Para presentarles el problema de una forma más gráfica, consideremos por un momento la relación de un Dios soberano con un mundo que está caído, porque hay dos cosas con que todo cristiano concuerda: 1) que Dios es soberano y 2) que el mundo está caído.

¿No coincidimos todos en eso? De hecho, no hay discusión en ese punto entre Calvinistas y Arminianos o Agustinianos y Semi-Pelagianos.Todos afirmamos que Dios es soberano y todos afirmamos que el hombre está caído.

Es el tema de la relación entre el Dios soberano y un mundo caído el que ahora capta nuestra preocupación y nuestra atención. En esencia hay cuatro maneras en las que Dios puede relacionarse, como Dios soberano, con un mundo caído. Número 1, Dios pudiera decidir no darle a ningún caído la oportunidad de salvación.

Su amor es un amor justo y santo y un Dios justo y santo no- ‘tie-ne’ que amar a una creación rebelde al punto de extenderle misericordia. Él podría amar al hombre caído y castigar al hombre caído, a quien Él ama, como una expresión de su justicia. (Veremos eso después).

Enfoquémonos por ahora en las cuatro cosas que Dios puede hacer. Él puede decidir eso, “No daré oportunidad a persona alguna para que sea salva.” Ahora, antes de seguir, déjenme preguntar lo siguiente: Si Dios decidiera no salvar a nadie, ¿habría algo de malo con eso?

Si Dios decidiera castigar a la raza humana entera debido al rechazo a Dios y la rebelión a Dios por parte de la raza humana, la única objeción que pudiéramos señalar es que Dios es justo.

¡Y eso no llega a ser una objeción!

Es decir, pueden imaginarse a un abogado levantándose en una sala de juzgado y diciendo: “Objeción su Señoría. No estoy de acuerdo con esa decisión porque es justa”.

¿Qué tan lejos podría llegar eso? Es decir, Dios estaría perfectamente justificado para ejercer justicia contra una creación injusta.

Pero saben qué, acechando detrás de esto, está de alguna manera, la suposición de que Dios, si en efecto va a ser un Dios bueno, tiene que ser misericordioso.

Y como siempre he dicho a mis estudiantes, ese es uno de los grandes peligros del pensamiento cristiano. Tan pronto tu mente te dice que Dios tiene que ser misericordioso o que Dios tiene que ser amable, tan pronto pienses por un segundo que Dios está obligado a ser misericordioso, una alarma debería sonar en tu cabeza y alertarte de que ya no estás pensando más en misericordia.

Porque, por definición, la gran diferencia entre misericordia y justicia es que la misericordia nunca, nunca, nunca es obligatoria. La misericordia, por definición, es algo que Dios no tiene que hacer. Es algo que Dios hace de forma voluntaria, libre.

Pero tan pronto como pienses que Él nos debe misericordia, tú ya dejas de pensar en misericordia. La justicia se puede deber, pero la misericordia nunca es obligatoria.

¿Entendemos eso? Tenemos que entender ese principio. Bueno, esa es una opción.

Dios podría haber dicho: nadie en este planeta, ya que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios –y Él percibe desde la eternidad, Él nos ve, Él ve nuestra caída— Él dice que pudiera decidir no dar ninguna oportunidad para salvación.  ¿Cierto? Lo Segundo es que Él podría brindar una oportunidad para que todos sean salvos. (En realidad, hay seis cosas que podríamos hacer aquí y estoy tratando de acortar por efectos del tiempo, y voy a poner entre paréntesis aquí –o Él podría crear una oportunidad para que algunas personas sean salvadas).

Pero, a fin de cuentas, Dios podría darle al mundo una oportunidad de salvación y establecerlo de tal manera que todos, o algunas personas, al menos tuvieran la oportunidad de ser salvos;

Pero no hay garantía de que alguien podría salvarse. ¿Estamos? A eso nos referimos con ‘oportunidad’. Dios es un redentor de igualdad de oportunidades en este esquema. La tercera opción es que Dios, haciendo ejercicio de su poder y soberanía, pudiera inmiscuirse en la situación humana, no solo brindando una oportunidad de salvación, sino obrando en los corazones de la gente caída, para asegurar la salvación de algunos.

O pongámoslo de esta manera: asegurar la salvación de todos. Es decir, Dios puede intervenir a favor de todos, asegurando su salvación. Es decir, en su soberanía, Él podría guiar los pasos de una persona y así influenciar internamente sus corazones para llevarlos en efecto a la fe.

Ahora, de nuevo, ¿Tiene Dios es poder de hacer eso? Sí. Ahora, Él podría hacer eso por algunos o podría hacer eso por todos. Estas son distintas opciones que Dios tenía o tiene.

A lo que queremos llegar en esta serie es: ¿Qué es lo que en realidad ha hecho? Ahora, ¿revela la Biblia que Dios no ha provisto oportunidad para que alguien sea salvo?

Como cristianos, esa la podemos eliminar de inmediato. No hay discusión allí. Todos concordamos que este no es un punto de vista bíblico, que Dios no haya hecho provisión alguna para la salvación.

Ahora, ¿qué hay de la idea de que Dios intervenga en la vida de todos y asegure la salvación de todos? ¿Cómo llamamos a este enfoque? Universalismo. Y hay cristianos que creen en el universalismo.  Pero, históricamente, el debate entre el semipelagianismo y el agustinianismo no es un debate alrededor del universalismo.

En esos dos puntos de vista ambos concuerdan, ¿en qué? Que solo algunas personas, finalmente, son salvadas. Ellos son particularistas en lugar de universalistas.

Pareciera que la Biblia enseña, creo claramente, que hay quienes están perdidos, finalmente perdidos y que en el día del juicio final se perderán. Como nuestro Señor señala: algunos serán enviados a la oscuridad exterior para siempre, llorando y crujiendo los dientes.

Entonces, creemos que hay algunas personas que nunca serán redimidas.  Entonces esto debe ser eliminado. Ahora lo que nos queda son estas alternativas: o Dios da la oportunidad a todos o solo a algunos; o Dios hace más que simplemente poner a disposición una oportunidad.

Él realmente interviene y se asegura de que algunas personas sean salvadas. Ahora, esto es lo que llamamos (eso debería ser algo en que Dios asegura que algunos sean salvos)

Ahora, esta es la posición del agustinianismo: que Dios garantiza la salvación de los elegidos o de aquellos que están predestinados a ser salvos. Las opiniones no-agustinianas caen bajo esta categoría, una u otra. Sea que Dios haga posible para todos o para algunos el ser salvos.

Todos tienen la oportunidad, o algunos tienen la oportunidad. Ahora, antes de debatir sobre cuál es realmente el caso, permítanme hacer esta pregunta: ¿Podría Dios garantizar la salvación de todos, si así Él lo decide? ¿Él tiene el poder soberano para hacerlo?

Ahora, ten presente que una de las objeciones más frecuentes a la postura agustiniana de la predestinación es que Dios interviene en la vida de ciertas personas y garantiza su salvación, pero no lo hace por todos. Y la objeción para la postura no agustiniana es: “¡Hey Dios! ¡Eso no es justo! Si lo vas a hacer por algunos, entonces tú lo tienes que hacer, ¿por quién? ¡Por todos!

Pero ¿te das cuenta que la persona tiene el mismo problema? Si esta persona cree que Dios tiene el poder de otorgar a todos la salvación, y no lo hace, realmente ese argumento se derrumba porque todo lo que Dios hace en ese caso es dar la oportunidad a humanos caídos para ser salvos.

En este caso, Dios hace más que dar la oportunidad; Él asegura que algunas personas serán salvadas. En este esquema, no hay seguridad de que alguien sea salvado.

De hecho, como creo que veremos luego, nos asegura que si tomamos en serio el punto de vista bíblico del ser humano caído, su actitud hacia Dios y la gracia de Dios, al menos garantizaría en mi mente que nadie sería salvo.

En otras palabras, a lo que me refiero es que una de las principales objeciones a la posición reformada o agustiniana es que no es lo suficientemente benévola, cuando de hecho, es más que benévola. Porque Dios no solo dice: “Está bien, aquí está la cruz. Elígela si quieres”, y deja a las personas a su decisión. Pero Dios aplica la obra de Cristo. El Espíritu Santo obra en personas que están muertas en delitos y pecado para llevarlos a la fe y para asegurar que la muerte de Cristo nunca sea en vano, que Cristo verá la angustia de su corazón y quedará satisfecho.

Las Escrituras hablan de Dios entregando personas, Dios el Padre entregando personas a Dios el Hijo. Entonces, lo que vemos aquí es que el único esquema, en el que al menos nos favorece, teóricamente, la oportunidad se da a todos. Cualquiera que crea en el Evangelio puede ser salvo. Sin embargo, hay millones, millones y millones de personas que nunca escuchan el Evangelio, que de hecho no tienen la oportunidad.

La única oportunidad real, de lo único que realmente podemos hablar aquí es que algunos tienen la oportunidad; algunos que no están predestinados tienen la oportunidad de ser salvos.

Es decir, este argumento sería que todos los que escuchan el Evangelio, al menos tienen la oportunidad de ser salvos. Pero Dios no ha garantizado que todos en el mundo escucharán el Evangelio.

¿Podría Dios asegurarse de que todos en el mundo escuchen el Evangelio? ¿Podría anunciarlo en las nubes si así lo quisiera? Sí, pero Él no lo hace. Y entonces nos quedamos con el problema de que Dios no hace todo lo que Dios, posiblemente, podría hacer.

Dentro de los límites de su propia rectitud, Él no hace todo lo posible para asegurar la salvación del mundo. Ahora, ¿por qué no? No lo sé. No tengo idea por qué no. Sé que él no lo hace. Eso sí está claro. Y sé que no hay sombra de variación alguna en Él.

Sé que Dios no tiene la menor obligación de salvar a nadie, y sé que Dios salva a algunos. Pero Dios es Dios, y Dios le recuerda a su pueblo un principio crucial de la soberanía divina.

Lo veremos de cerca más adelante en esta serie, donde Dios le recuerda a Moisés y luego a la iglesia a través de Pablo, de su prerrogativa divina. “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia.” Dios nunca debe misericordia.

Rápidamente, si Dios solo salva a algunas personas, tenemos que entender que hay dos grupos de personas en el mundo: los salvos y los no salvos. Pero todos son parte de un grupo de pecadores. Todos han caído; todos están en rebelión contra Dios. Lo que Dios hace, según la posición agustiniana, es que soberanamente elige, escoge y redime a algunos y al resto los pasa por alto.

Entonces, lo que tienes en este esquema es que de un grupo tiene misericordia. ¿Qué obtiene este grupo? Justicia. ¿Quién obtiene injusticia? Nadie obtiene injusticia.

Ahora, misericordia no es justicia. Misericordia es no-justicia e injusticia es no-justicia. Pero injusticia y misericordia no son lo mismo. Ambos están fuera de la categoría de justicia. Aquí está la justicia, y aquí tenemos la no-justicia y la no- justicia es de dos formas: misericordia e injusticia.

Una forma de no-justicia es la misericordia. ¿Hay algo pecaminoso o perverso en la misericordia? No, la misericordia es totalmente buena. ¿Hay algo pecaminoso o perverso en la injusticia? Sí, la injusticia es una violación de la justicia. La injusticia es pecado; la injusticia es malvada.

Ahora, si Dios le mostró Misericordia a este grupo, e injusticia a este grupo, entonces Dios vería comprometida su integridad. Pero Dios le da justicia a un grupo, misericordia a otro grupo. Nadie ha sido víctima de injusticia en manos de Dios.

Bueno, tengo que parar en este punto y decirles que en nuestra próxima sesión consideraremos dónde entra en juego el libre albedrío del ser humano en todo esto.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Todos creen esta doctrina

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Renovando tu Mente

Todos creen esta doctrina

R.C.Sproul

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De seguro conocen ese dicho que tenemos en Estados Unidos, una máxima, un principio de nuestro legado nacional: nunca discutimos de religión ni política, pero cada vez que dos norteamericanos se sientan a conversar, terminan hablando de religión y política.

Y cada vez que hay una discusión sobre religión, tarde o temprano, y a menudo es más temprano que tarde, la discusión se enfoca en algún punto de la doctrina de la predestinación. Es una de las cosas que nos desconcierta, pero que a la misma vez estimula nuestras mentes. Y la perplejidad que experimentamos a causa del concepto de la predestinación, a veces nos inducirá a profundizar más en la teología, y esto es solo uno de esos temas que generan mucho interés y discusión, y también controversia.

Cuando observo la historia de la erudición cristiana, puedo notar que cada gran maestro cristiano, cada teólogo que alguna vez la iglesia haya producido, en algún momento u otro; cada uno de ellos ha tenido que enfrentar este tema de la predestinación; y aunque hay una amplia divergencia en la interpretación de la doctrina de la predestinación, hay algo en común que he podido identificar en cada teólogo que he examinado, cada uno está de acuerdo: y es que esta doctrina debe tratarse con sumo cuidado.

Es un tema peligroso ya que cuanto más lo estudiamos, la tendencia es que haya más preguntas que respuestas. Y estoy convencido de que de todas las doctrinas con las que lidiamos en el cristianismo, no hay otra que esté más llena de malentendidos y confusiones que la doctrina de la predestinación.Así que eso ya amerita cierto tipo de sobria precaución cuando tratamos este tema.

Yo agregaría a la advertencia de precaución que hacen los teólogos, algo que creo que esta doctrina también requiere, y es una medida extra de generosidad al ser tratada ya que necesitamos ser pacientes con los demás y con aquellos que difieren de nuestra posición en este punto en particular ya que como dije, hay mucho en juego aquí.

Los ánimos pueden caldearse cuando discutimos el tema de la predestinación y debemos ser cuidadosos en manifestar el fruto del Espíritu Santo entre nosotros cuando tocamos este tema. He mencionado todo esto sabiendo que podría no funcionar porque una vez que nos metamos en esta doctrina, quién sabe lo que puede pasar. Déjenme decirles al inicio, a manera de introducción, y también deben saber que vamos a tener seis sesiones sobre este tema, y puede parecer una gran cantidad de tiempo dedicado a una doctrina como la predestinación, pero les aseguro desde ya, que en seis sesiones de aproximadamente media hora solo lograremos dar un vistazo a vuelo de pájaro.

Hay tantas preguntas afines que surgen de cualquier estudio de la predestinación, que estoy convencido que esto requiere de un estudio profundo que podría tomar años y años y años antes de siquiera tener la esperanza de llegar al fondo. Por eso veo este curso más como una introducción a la doctrina de la predestinación.

Ahora, vengo diciendo ‘la’ doctrina de la predestinación como si hubiera una sola doctrina de la predestinación o como si existiera tal cosa como ‘una doctrina posible de la predestinación. Hay quienes miran al tema de la predestinación y la expresan en categorías tales como: Ellos dirían (una discusión entre cristianos sería así): “¿Tú crees en la predestinación?

Algunos responderán a esa pregunta, ya sea diciendo: “Sí, yo creo en la predestinación”, o dirán: “No, yo no creo en la predestinación” como si todos entendieran de lo que estamos hablando cuando nos referimos a la doctrina de la predestinación.

Algunos se llegan a sorprender al saber que cada iglesia, que yo sepa históricamente, cada denominación de la que esté al tanto, en su historia, ha formulado una declaración doctrinal de algún tipo, ha precisado alguna doctrina de predestinación.

Hay una doctrina católica romana de la predestinación, una doctrina luterana de la predestinación, una doctrina presbiteriana de la predestinación, una doctrina metodista de la predestinación y podemos continuar. Así que hay que estar claros desde el principio de que existen muchas, muchas doctrinas distintas de la predestinación.

No hay tal cosa como ‘la’ doctrina de la predestinación; aunque sospecho que cuando la gente la reduce a ‘una’, generalmente lo que tiene en mente es: ¿cuál es la doctrina de predestinación?

La variedad presbiteriana en el tema, o la que usualmente se llama la doctrina calvinista de la predestinación, porque Juan Calvino y la predestinación parecen ser casi sinónimos en la cultura, como si el primer teólogo en la historia que haya hablado acerca de la predestinación fue Juan Calvino.

Pero veremos en un breve análisis histórico que, en realidad, ese no es el caso. Pero lo que nos interesa en este estudio es observar y tratar de discernir la doctrina bíblica de la predestinación.

La razón por la que tantas denominaciones distintas y diversas iglesias tienen doctrinas de la predestinación es porque la Biblia habla de la predestinación, y todos los cristianos que toman la Biblia en serio son, por lo tanto, llevados a tomar en serio el concepto de la predestinación porque es un concepto y una palabra que está en el Nuevo Testamento.

Tomemos un momento y permíteme leer un par de pasajes, para refrescar la memoria y que nos presentan esta idea de la predestinación. Leamos ahora el primer capítulo de la carta de Pablo a los Efesios, donde Pablo en su saludo inicial dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad.”

Y luego, si seguimos avanzando en el capítulo uno de Efesios, el verso 11: “En El también hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad.”

Ahora, por supuesto, este no es el único lugar en la Biblia donde encontramos este concepto de la predestinación, pero acabo de leer este pasaje para que todos vean que la palabra ‘predestinación’ es una palabra bíblica.

Y debido a que es una palabra bíblica, todos aquellos que han sido estudiantes diligentes de la Biblia han intentado comprender lo que la Biblia quiere decir por predestinación divina. Antes de ver esto de cerca, permítanme darles un poco más de antecedentes históricos.

Hay muchas, muchas, muchas, muchas teologías diferentes en la historia de la iglesia cristiana, así como hay muchas denominaciones que ya hemos mencionado, pero creo que es prudente decir que  hay históricamente tres tipos genéricos de teología.

Los teólogos hacen referencia a esto en tres categorías generales: Una es conocida como pelagianismo. La segunda es conocida como Semi-pelagianismo y la tercera es el Agustinianismo.

Ahora, la razón para estas tres designaciones de tipos básicos de teología tiene sus raíces en el siglo IV, cuando la iglesia pasó por una controversia titánica debido a varios temas serios de la teología.

Y el único, el hombre que fue reconocido y generalmente aclamado como el mejor teólogo, al menos en los primeros mil años de historia cristiana, sino el más grande teólogo de toda la historia cristiana, quien defendió la fe en ese período, fue por supuesto, San Agustín.

Y su principal oponente en distintos debates en ese período de la historia cristiana fue un monje llamado Pelagio. Y uno de los puntos álgidos que estaba en debate era cuán importante o necesaria era la gracia de Dios para la salvación humana.

Pelagio opinaba que la gracia de Dios ayuda a los humanos a ser salvos, pero que de ninguna manera era necesaria. Su hipótesis primaria era que el hombre, en su estado natural, tiene dentro de sí la capacidad de guardar los mandamientos de Dios hasta el punto de poder ser redimido sin ayuda alguna de la gracia divina.

Agustín hacía hincapié en la dependencia absoluta del pecador caído en la gracia de Dios para su salvación, y rechazó al pelagianismo como una forma primitiva de simple humanismo. El pelagianismo fue visto no solo como una subdivisión del pensamiento cristiano, sino más bien como un pensamiento sub-cristiano; es decir, ni siquiera calificaba para ser cristiano.

Ahora, cuando digo que hay tres líneas básicas de pensamiento que han llegado históricamente a través de la iglesia, concuerdo con esta configuración. Yo no inventé esta categorización, pero concuerdo con ella. Estos son los tres tipos genéricos principales que han influenciado en la historia de la iglesia y veo al pelagianismo como el padre del liberalismo.

El socinianismo surgió en el siglo XVI, el liberalismo en el siglo XIX, y para que conozcan de dónde vengo, consideraría el pelagianismo como no-cristiano; para ser más exacto, como claramente anticristiano; no como una opción para el pensador cristiano. Ahora, los debates que se han llevado a cabo dentro de la iglesia entre el semipelagianismo y el agustinianismo, los que se reflejaron después, más adelante, en la historia entre los Remonstrantes en el siglo XVI y los Calvinistas, y los Metodistas. Esto lo consideraría como debates dentro de la familia de la fe.

Los argumentos entre el semi-pelagianismo y el agustinianismo; el semi-pelagianismo señala que el hombre no puede ser salvo fuera de la gracia de Dios, pero hay algo que el hombre debe hacer, aún en su condición caída, para cooperar con la gracia divina y asentir a ella, antes que Dios lo salve.

Es decir, tú no puedes ser salvo fuera de la gracia de Dios, pero, en el análisis final es en el hombre en quien recae, ya sea el cooperar con la gracia de Dios o el rechazar la gracia de Dios, y ese es el punto decisivo de si una persona es salva o no.

El agustinianismo dice que el hombre está tan severamente caído que depende totalmente de la gracia de Dios, incluso para su respuesta inicial al evangelio, aún para su cooperación y asentimiento al evangelio de Cristo, en primer lugar.

Así que puedes ver desde el principio que el debate tiene sus raíces en el tema de la capacidad del ser humano para responder al evangelio en su estado caído. Y yo diría que, mientras entramos a cualquier discusión sobre la predestinación, siempre estará acechando tras bambalinas de estas discusiones sobre la predestinación, este debate fundamental, entre los semi-pelagianos y los agustinianos.

Ahora, también debo advertirles desde ya que estoy convencido del punto de vista agustiniano de la predestinación y estaré exponiendo la postura agustiniana de la predestinación en estas sesiones.

Intentaré explicarlo, aclarar malentendidos que creo que abundan al respecto, y trataré de responder a las objeciones levantadas por los hermanos y hermanas semipelagianos; y trataré de convencerte y persuadirte de que la postura agustiniana es la postura paulina y por lo tanto es la postura bíblica y por consiguiente la correcta.

Pero, por supuesto, no todos lo creen, no todos están de acuerdo con esto; y creo, una vez más, que tenemos que ser honestos desde el principio y reconocer que algunos líderes cristianos muy importantes y que han tenido una enorme influencia positiva en el reino de Dios, no han abrazado la postura que voy a exponer en esta serie.

Permítanme dibujarles un cuadro de posiciones y tratar de ser justo, de mente abierta y todo eso; y voy a enumerar en este lado de la pizarra a los teólogos de la historia de la iglesia, quienes, en este tema de la predestinación, a mi juicio, se agruparían en el lado de la postura agustiniana.

Y luego para balancear, trataré de mencionar los nombres de los teólogos que están en el otro lado. Así que primero veremos la postura pro-agustiniana. Recuerden que aún no hemos definido en sí la postura agustiniana. Esto es todavía el contexto. Veremos qué es lo que dice esta postura.

Entre aquellos que siguen a Agustín en la doctrina de la predestinación, incluiría (y esto puede sorprenderte y aún ser cuestionado por otros). Pero empecemos con Agustín mismo ya que él creyó lo que él mismo enseñaba. Así que pongamos a Agustín al inicio de la lista.

 

Luego yo diría que el discípulo quizá más eminente de Agustín con respecto a la teología en general, e incluso a estas doctrinas en particular, a mi juicio el hombre que pertenece a este lado de la columna es Santo Tomás de Aquino.

Casi puedo oír a Francis Schaeffer gritándome desde el cielo ahora mismo porque de seguro no estaría de acuerdo con tener a Aquino en esta categoría. Pero recuerda que el propio Aquino habló de su deuda para con Agustín más que con cualquier otro teólogo en la historia de la iglesia.

Pero como Santo Tomás de Aquino es el teólogo por excelencia de la iglesia romana y dado que la teología católica romana contemporánea no abraza la postura agustiniana de la predestinación, los protestantes generalmente suponen que, por lo tanto, Santo Tomás tampoco lo hizo. Puedes objetar eso si quieres. Dejaré eso abierto para debate y discusión.

Con el próximo nombre, no hay debate. El siguiente definitivamente es del equipo de Agustín. Es el reformador de los reformadores, el hombre que más enfatizó la predestinación en el siglo dieciséis durante la Reforma, ¿quién fue? No, no era Juan Calvino. Juan Calvino era su subordinado.

El hombre que más rigurosamente defendió la postura agustiniana de la predestinación fue Martín Lutero. Ahora, eso es una sorpresa porque, en el mundo de hoy, el luteranismo se alinea en el lado opuesto del presbiterianismo en esta doctrina particular.

Eso se debe a una pequeña peculiaridad en la historia de la iglesia, donde poco después de la muerte de Lutero, el grupo luterano, bajo el liderazgo de Felipe Melancthon tomó un rumbo distinto y no siguió a Martín Lutero en su articulación de la postura de la predestinación.

 

Pero creo que se puede decir que Lutero escribió más sobre predestinación de lo que Calvino jamás pudo soñar y que no hay nada en la doctrina de la predestinación, que me venga a la mente, que Juan Calvino alguna vez enseñó y que Lutero no lo haya enseñado antes y más fuerte. Entonces, ahora podemos poner a Calvino como un compañero menor – Juan Calvino.

Luego, agregaría en este lado de la columna a Jonathan Edwards. Ahora, ¡Recuerda! Vamos a ser honestos justos y comprensivos en cuanto a todo esto. Ahora, si tú me hicieras la pregunta: “RC, ¿quiénes crees que son los cinco teólogos más importantes que hayan existido?

No tendría problema alguno en identificar a los cinco teólogos más importantes que hayan existido. Ellos serían: Agustín, Aquino, Lutero, Calvino y Edwards. Ahora, te digo algo, ellos están muy por arriba de los próximos cinco, quienes quiera que sean.

Ahora, por más parcializado que esto esté, creo que se puede decir que si preguntáramos a cien teólogos de distintas denominaciones quiénes fueron los diez mejores teólogos de la historia, al menos 98 de los 100 mencionarían a estos cinco entre los diez.

Es decir, aquí se está reconociendo a cinco titanes y gigantes de la fe cristiana y si todos ellos concuerdan en exponer la postura agustiniana de la predestinación, ¿eso quiere decir que la postura agustiniana de la predestinación es la correcta?

Por supuesto que no, porque estos cinco hombres no estaban de acuerdo en muchas cosas y aunque concordaron en la esencia de este tema particular, no hay garantía de que sus puntos de vista individuales o colectivos sean la versión correcta.

No apoyamos la infalibilidad de la tradición humana o de la infalibilidad de Agustín, Aquino, y los demás, Lutero, Calvino, Edwards; ni uno de esos o todos juntos. Pero les digo algo, cuando esos cinco están de acuerdo en algo, a eso le presto atención.

Y desarrollo este punto por esta razón, que muy a menudo, la así llamada postura “Reformada” de la predestinación es ligeramente desestimada como una aberración calvinista única en la historia de la iglesia y eso es históricamente falso. Ahora vayamos al otro lado y veamos los grandes teólogos que calzan en esta columna.

Bueno, tenemos a Pelagio, también a Erasmo, allí está Finney, a Wesley y también a Arminio, estos son algunos de los nombres importantes en la historia de la iglesia. Puedo escuchar en este momento a alguien que no está convencido de la postura agustiniana gritando a todo pulmón en protesta diciendo: “¡No es justo poner a estos cinco contra los otros cinco!”

Así que estoy listo para escribir el nombre de otra persona en este lado si quieres darme algunos grandes teólogos que tomaron esta otra posición. Ten presente que la abrumadora mayoría de cristianos evangélicos hoy en día están de este lado.

Este es un grupo minoritario en la escena contemporánea. Lo que más me llama la atención de este lado es que, en términos de absoluto poder de erudición bíblica, no se encuentran los titanes de ese lado. Los encuentras aquí. Pero tal vez si miramos la escena contemporánea, sería un poco diferente.

Si yo digo hoy: postura pro-agustiniana de la predestinación, incluiríamos allí (no tomaré tiempo para escribirlos, pero tú puedes ponerlos en el lado pro), incluiríamos a Francis Schaeffer, Gordan Clark y Cornelius Van Til y todos esos teólogos presbiterianos, así como algunas figuras anglicana y episcopales como J.I. Packer, Roger Nicole y otros por el estilo (Roger Nicole siendo bautista, por supuesto).

Al otro lado estarían los que no creen en la postura agustiniana, entre ellos estarían figuras como Clark Pinnock, John Warwick Montgomery y Norman Geisler del Seminario Teológico de Dallas.

Estos son algunos líderes formidables en el mundo evangélico contemporáneo que no han – Billy Graham, a pesar de no ser un teólogo, sin embargo es un líder cristiano muy influyente y que estaría del lado de los no-agustinianos, aunque confío en que su esposa Ruth estaría en la columna correcta.

Pero, en todo caso, lo que intento mostrarles aquí es que los cristianos están divididos y quiero que le demos la atención necesaria. Si te opones a la postura agustiniana de la predestinación, a la luz de aquellos exponentes de la iglesia que lo han presentado, creo que debemos considerarla muy seriamente antes de descartarla por completo.

Creo que los exponentes se merecen el respeto debido como para escuchar lo que han intentado enseñar a la iglesia sobre este punto. Bueno, tomemos algunos minutos para señalar algunas definiciones básicas.

La palabra ‘predestinación’ en español se compone de un prefijo y una raíz. El prefijo ‘pre’ significa ‘antes’, y la palabra ‘destino’ es una palabra que todos conocemos en el idioma español. Muchos llegaron a Ligonier esta semana ya que Ligonier era su destino; era el lugar donde tenían que ir. Cada vez que tú haces una reserva de vuelo con un agente de viajes, lo primero que quiere saber es cuál es tu destino, hacia dónde te diriges, el lugar dónde esperas llegar.

Ahora, cuando hablamos de la doctrina de la predestinación, no estamos hablando específicamente de si Dios causó directamente un accidente automovilístico o si se determinó de antemano que estés sentado en la silla donde te encuentras sentado ahora mismo. La doctrina de la predestinación se preocupa específicamente del tema de nuestro destino final.

Solo tenemos dos destinos disponibles como seres humanos; finalmente están: el cielo o el infierno; es decir, estar en un estado de salvación o estar en un estado de condenación. Y la predestinación propiamente dicha no se refiere a las preguntas diarias sobre si dejo o no esta tiza en el suelo, si eso estaba predestinado.

Eso caería bajo el título teológico de la providencia. Y esas interrogantes son preguntas legítimas para la teología: ¿cuánto de la soberanía de Dios está involucrada en nuestras acciones y actividades cotidianas, etc.

Pero la doctrina de la predestinación propiamente dicha se preocupa del tema de la salvación, y la predestinación se refiere a algo que ocurre antes que lleguemos a ese destino. La predestinación tiene que ver con la participación de Dios en el resultado final de nuestras vidas.

Ahora, esto te puede sonar extraño, pero tanto los agustinianos como los semi-pelagianos concuerdan en que la predestinación es algo que Dios hace. La predestinación tiene que ver con la elección de Dios con respecto a la salvación de las personas.

Y esto también puede sorprenderte, que ambas partes concuerden que Dios hace esa elección sobre nuestro destino final antes que nazcamos, de hecho, en la fundación del mundo, como acabamos de leer en Efesios, que Dios escogió a ciertas personas en la fundación, antes de la fundación del mundo.

Ahora, esto puede sorprenderte. Juan Wesley creía eso. Felipe Melancthon creía eso (Quise poner a Felipe Melancthon en esa lista hace un momento, también, pero no lo hice). En todo caso, dónde está el punto de división es en esta coyuntura crítica: ¿sobre qué base Dios elige para salvarte antes de la fundación del mundo?

¿La elección de Dios para salvarte está basada en su conocimiento previo de algo que Él mira por los corredores del tiempo y ve que tú vas a hacer? Y por lo tanto, mirando por los pasillos del tiempo sabe, por ejemplo, que Diego va a responder positivamente al Evangelio, que tú vas a elegir a Cristo cuando te llegue la oportunidad de escoger.

Sabiendo que vas a elegir a Cristo, entonces Dios te elige para salvación. Pero Él basa esa elección en su conocimiento previo de la decisión de Diego. ¿Estamos claros? De modo que Dios te está eligiendo para salvación, pero Él te escoge por algo que Él prevé en tu vida.

La postura agustiniana, por el contrario, diría que lo que Dios prevé en tu vida no tiene nada que ver con tu elección, que su elección es puramente por el puro placer de su voluntad, sin contemplar algo que tú puedas o no puedas hacer en el futuro. Eso es básicamente el meollo del asunto, de si la elección es o no con respecto a lo que haces, o sin una vista previa de lo que haces o qué harás con respecto a la proclamación del Evangelio.

Hay otras cosas que todos tenemos en común, pero luego al coincidir en ciertos puntos, surgen las divergencias. Y lo primero en lo que todo cristiano está de acuerdo es en que el Dios que adoramos es un Dios soberano. Cómo se desarrolla la soberanía en los asuntos de la salvación, eso es lo que nos divide; así que en nuestra próxima sesión veremos el concepto de la soberanía de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Job

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Cuando pensamos en las obras del teólogo Juan Calvino, el reformador suizo, pensamos en sus comentarios, pensamos en las Instituciones y, en todos aquellos grandes volúmenes de teología que salían de su pluma.

Pero creo que una de las cosas más maravillosas que Calvino jamás haya producido fue un volumen de sermones basados en el libro de Job.

Es magnífico y aquellos de ustedes que luchan por comprender este importante libro sapiencial en el Antiguo Testamento, creo que estarían encantados de estudiar las ideas que son proporcionadas por Calvino en ese libro. El libro de Job es un libro que nos afecta a todos, ya que toca la interrogante: «¿Por qué hay sufrimiento en este mundo?»

Esta es quizás la pregunta más profunda que tenemos que enfrentar como cristianos. ¿Por qué es que vivimos en un universo que se rige y es gobernado y ha sido creado por un ser que es absolutamente perfecto y sin embargo, este mundo está lleno de imperfecciones y de dolor y de fatiga?

¿Dónde está Dios en todo esto? Ese es el motivo central del libro de Job. El escenario donde Job se lleva a cabo, es en el período patriarcal, en la antigüedad; es decir, si entendemos a Job como un verdadero personaje histórico, asumiríamos que vivió en algún momento cerca del tiempo de Abraham o Isaac o Jacob, en aquellos días de la antigüedad.

Muchos estudiosos creen que el Libro de Job nunca, nunca tuvo la intención de ser un relato histórico de una persona real porque hay tanta naturaleza poética en el libro; y algunos lo ven como una parábola extendida o una fábula o algo por el estilo.

Pero la tradición está a favor de la creencia de que el libro de Job está tratando de comunicar la historia de una persona histórica real que tuvo un encuentro real con Dios. De nuevo, una de las razones por las que la gente piensa que es ficción es que parte de esa forma literaria de Job sigue la de un drama, una obra con escenas y actos y demás.

Hay prolongados soliloquios y diálogos, etc – y la historia. En el primer capítulo después de darnos una breve introducción al personaje principal, Job, abre el telón más o menos dentro de los cielos mismos. Y desde aquí tenemos un vistazo de las cámaras interiores de la residencia de Dios, lo que también ha llevado a la gente a pensar que nunca fue la intención el ser una biografía histórica.

Pero veámoslo desde el principio. En el capítulo uno del libro de Job leemos esto: «Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job; y era aquel hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas.  Su hacienda era de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísima servidumbre; y era aquel hombre el más grande de todos los hijos del oriente”.

Lo que se está describiendo aquí en este libro, en el vívido retrato del personaje principal, es un hombre de enorme riqueza. Se le representa como el hombre más próspero de su tiempo. Abraham fue uno de los hombres más ricos de su época, pero la descripción aquí parecería indicar que incluso la riqueza de Abraham fue empequeñecida por la prosperidad que poseía este hombre, Job.

Leemos: «Sus hijos solían ir y hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos. 5 Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones. Así hacía Job siempre».

Ven que él es descrito no sólo como el hombre más rico de la era sino también como el hombre más piadoso de la época, y eso puede ser chocante para nosotros porque Jesús nos dice en el Nuevo Testamento lo difícil que es para aquellos que poseen riquezas el entrar en el reino de Dios.

Si bien, tenemos ejemplos en las Escrituras de personas que fueron fabulosamente ricas quienes no permiten que su riqueza corrompa su devoción a Dios, eso hace que sea aún más sorprendente que el libro describa a un hombre que, a pesar de su abrumadora riqueza, sigue siendo santo y dedicado y justo delante de Dios.

Pues bien, el escenario está listo para el conflicto del drama. Versículo 6 del capítulo 1, “Hubo un día cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor, y Satanás vino también entre ellos.

Y el Señor dijo a Satanás: ¿De dónde vienes? Entonces Satanás respondió al Señor, y dijo: De recorrer la tierra y de andar por ella. Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.

Respondió Satanás al Señor: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra.

Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, verás si no te maldice en tu misma cara. Entonces el Señor dijo a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu poder; pero no extiendas tu mano sobre él”.

Así que, en esta escena del drama que tiene lugar en el cielo, Satanás entra a la presencia de Dios después de caminar de un lado a otro sobre la tierra, mirando su dominio.

Él es el príncipe del poder del aire y Dios dice, «¿Qué has estado haciendo?». Él dijo, «He estado mirando la tierra». Es como si Satanás tuviera una alegría diabólica en reportar, ya sabes.

Es como si estuviera diciéndole a Dios: ‘He estado mirando mi dominio y todo está en mis bolsillos’. Todos me siguen. Y Dios dijo, «¿Has considerado a mi siervo Job?» Y el cinismo de Satanás brota de sus labios cuando dice, ‘Sí, Job. Claro que he considerado a tu siervo Job.

Le has dado a él toda bendición que un hombre puede recibir y le construiste un cerco a su alrededor, lo has protegido de enfermedad y de ladrones saqueadores. Le has dado una familia que es maravillosa. Le has dado posesiones y poder y prestigio, todas estas cosas. ¡Ah!

¿Sirve Job a Dios en vano? Él conoce las buenas cosas». ¿Qué está diciendo Satanás? Él dijo: «La única razón por la que Job es devoto a ti es por todo lo que él recibe».

Él dice, «Déjamelo a mí. Quítale el cerco, y este supuesto hombre recto te maldecirá en la cara».

Ahora recuerden que lo que sucede en una obra o en el teatro tiene que ver con conflicto. De eso se trata el drama, resolver conflictos, y aquí el conflicto empieza en el principio. Hay una competencia aquí entre los poderes del cielo y los poderes del infierno y puede parecer, en la superficie, que el pobre Job es un peón en esta disputa entre Dios y Satanás.

Así que, el libro se desarrolla y vemos que Satanás lanza su ataque y primero Job pierde su propiedad. Versículo 13 del capítulo 1, «Y aconteció que un día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa del hermano mayor, vino un mensajero a Job y le dijo: Los bueyes estaban arando y las asnas paciendo junto a ellos, y los sabeos atacaron y se los llevaron. También mataron a los criados a filo de espada; sólo yo escapé para contártelo”.

Y luego se nos dice que – más tarde se nos dice que los Caldeos vinieron y robaron el ganado. Así que, primero sus sirvientes son asesinados y luego su ganado es robado por sus enemigos.

Ahora una de las cosas más importantes que esta parte de la historia revela es la relación de Dios con el humano malvado y con la malicia. Esto es muy importante para nuestro entendimiento de la providencia de Dios.

Algunos de ustedes recordarán que cuando vimos las vidas de los patriarcas y pensamos en José, por ejemplo, quien fue encarcelado y tratado injustamente por sus hermanos; y sin embargo cuando hubo la reunión al final del libro y los hermanos temían que José se fuera a vengar de ellos, José los miró a ellos y les dijo, «Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien».

Así que el punto es que incluso en las malas acciones y las malas elecciones y las malas decisiones del ser humano, como en el caso de los hermanos de José, sus decisiones, hubo un tipo de concurrencia donde corriendo lado a lado estaban las acciones y las voluntades de más de un grupo. La voluntad de Dios estaba siendo mostrada en la vida de José y la voluntad de Dios para José fue completamente recta.

Y aún así, al mismo tiempo la voluntad de los hermanos de José era destruir a José. Así que su intención era malvada.

Entonces, tenemos dos actores distintos aquí, Dios y los hermanos, y ambos están involucrados en la misma acción pero por motivos completamente distintos.

Ahora hacemos la pregunta: ¿quién es responsable de la muerta de los siervos de Job y de la pérdida de su propiedad? ¿Fueron los sabeos, los caldeos, el diablo o Dios? Bueno, solo puedo responder esa pregunta diciendo: sí, que todos estos son actores del drama.

Y puedes ver a los sabeos y los caldeos viniendo ante el trono de juicio de Dios y Dios dijo: ‘Sí, robaste el ganado de Job, sí, mataste a sus sirvientes.

¿Qué tienes que decir a tu favor? ¿Y cuál será su excusa? «El diablo nos hizo hacerlo’.  Y luego, cuando Satanás es traído delante del tribunal de Dios, Satanás puede temblar y decir: ‘Solo hacía la voluntad de Dios. Porque después de todo, Él tiene más autoridad y más poder que yo’. Y vemos aquí de nuevo el concepto de la concurrencia. No es como si Satanás obligó a los caldeos a que robaran el ganado de Job.

Eran ladrones de ganado desde el principio. Codiciaron la propiedad de Job toda su vida pero no podían conseguirlo porque Dios había puesto el cerco a su alrededor.

Y el minuto que el cerco fue quitado, Satanás los incitó, ellos están de acuerdo con eso y por tanto ayudaron y apoyaron al príncipe de la oscuridad con todo el corazón.  Así que las acciones de los caldeos, las acciones de los sabeos, y las acciones de Satanás son completamente malvadas. Ahora, ¿y Dios qué? De nuevo, vemos teodicea. El libro de Job en parte es una teodicea, un intento de justificar a Dios por la presencia del mal.

Pero los propósitos de Dios son traídos para pasar por el dolor y el sufrimiento de Job. Y de hecho, si hay una respuesta más simple para el tema básico del libro y la respuesta a la pregunta: ¿Por qué sufrimos?, la respuesta es para la gloria de Dios.

Ahora, recuerden que esta pregunta surge de nuevo en el Nuevo Testamento, en el noveno capítulo del evangelio de Juan, cuando hay un hombre que nació ciego y es traído a Jesús y los discípulos vienen con una pregunta teológica profunda para Jesús.

La pregunta es, ‘¿Por qué este hombre nació ciego? ¿Fue por su pecado o por el de sus padres?’ Ahora, Jesús responde eso tajantemente, y dice: ‘Ninguno. Sino para que el hijo de Dios sea manifiesto o glorificado en estas circunstancias’.

Pero noten que la pregunta que surge de parte de los discípulos asume que alguien debe haber pecado para que este hombre haya nacido ciego.

Porque lo que asumieron fue que el sufrimiento y el dolor en este mundo siempre son causados por el pecado. Y Jesús, en esta ocasión. tiene que explicarles que han hecho una suposición falsa.

Han cometido la falacia del falso dilema; o la falacia de uno u otro, o es el pecado de los padres o el pecado del niño. Jesús dice: ‘No, no es ninguno de esos’. Pero podemos entonces llegar a la conclusión, ‘Ah, bueno, entonces no hay relación entre el pecado y el sufrimiento’.

No, la Biblia lo dice muy claro, si no hubiera pecado en el mundo, no habría sufrimiento. El dolor, la muerte y el sufrimiento son todos parte de las consecuencias del mundo caído sobre el cual Dios permanece soberano.

Pero el error que los discípulos cometieron fue el de asumir que siempre habrá una correspondencia de uno a uno entre el sufrimiento de una persona y su culpa. Y es mejor no suponer eso.

Hay muchas razones por las cuales la gente sufre. En el Nuevo Testamento, algunas veces la gente sufre por amor a la rectitud, no por su propia culpa sino como consecuencia de su fidelidad a Dios es que sufren.

Algunas veces son llevados al sufrimiento por la mano de Dios para su propia santificación, ya que el dolor se convierte en el crisol para la santidad. Sin embargo, a veces Dios trae sufrimiento a las vidas de las personas, aún en la vida de los creyentes como escarmiento divino, como desaprobación y corrección, porque él nos ama. Así que no podemos asumir que el sufrimiento que encontramos está exactamente relacionado a mi pecado, pero tampoco puedo asumir que no tiene nada que ver con mi pecado.

Así que cuando estoy sufriendo miro al cielo y digo: ‘¿Por qué Dios, si esto es por algo que he hecho, me arrepentimiento’.

Pero esto es lo que pasa con Job. El sufrimiento se amontona, él pierde todo. Su cuerpo está lleno quemaduras, y está sentado sobre una colina de estiércol, y se está rascando su piel con pedazos de cerámica y está en total miseria.

Y así los amigos de Job vienen a él para darle guía y consejo. Y básicamente en este drama, la guía y el consejo de los amigos es esta: ‘Job, estás sufriendo más de lo que jamás hemos visto a alguien sufrir.

Eso solo puede suponer una cosa, eres el pecador más grande del mundo. Lo que necesitas hacer es confesar tus pecados y arrepentirte delante de Dios’.

Y Job está allí quebrantado y abatido y sangrando, y dice: ‘No sé qué confesar. No sé qué he hecho para merecer esto’.

Ellos dicen: ‘¡Ah!, ¿ves? eres orgulloso, eres arrogante, eres presumido, tiene que haber algo que estás escondiendo aquí porque ¿de qué manera podemos explicar estas calamidades?’

Y así, los amigos de Job son de poco consuelo. Entonces Eliú viene y solo predica muchos clichés a Job, muchos de los cuales son ciertos, pero las da de manera insensible y farisaica, y ahora hasta la esposa de Job tiene algo que decir. ‘Job, no soporto verte sufrir así. Maldice a Dios, y muere.

Te amo Job, pero prefiero verte muerto que teniendo que quedarte aquí sufriendo todas estas cosas. Así que, terminemos con esto, maldice a Dios’.

Recuerden la historia: «Quítale el cerco», dijo Satanás, «y haré que te maldiga en la cara». Dios dijo, «Adelante».

Y su propia esposa, ahora, ¿no es así cuando tratas de hacer las cosas bien? que las personas que más te aman y que tú más amas son precisamente quienes tratan de sacarte de ahí, porque no quieren verte sufriendo las consecuencias.

¿Quiénes trataron de detener a Jesús para no ir a la cruz?  ¿No fueron sus amigos más cercanos? “Maldice a Dios y muere”.  Job se rehúsa a hacerlo. Aunque me mate, aún confiaré en Él.

Eso no lo detiene de preguntar por qué; y él levanta su puño al cielo y exige una respuesta de Dios y el diálogo que se da entre Job y Dios al final del libro, el cual no es tanto un diálogo, sino que es más un monólogo o un soliloquio, donde Dios es el que habla más.

Capítulo 38, «El Señor respondió a Job desde el torbellino y dijo: ¿Quién es éste que oscurece el consejo con palabras sin conocimiento? Ciñe ahora tus lomos como un hombre, y yo te preguntaré, y tú me instruirás».

Aquí está Job diciendo, ‘¿Por qué, por qué, por qué, por qué?’ Y Dios se da vuelta y dijo, ‘¿Quién es este que oscurece mi consejo con ignorancia? Job, no sabes lo que estás diciendo’.

Y luego continúa humillándolo por así decirlo. Job, “¿Dónde estabas tú cuando yo echaba los cimientos de la tierra? ¡Dímelo!” ‘¿Dónde estabas cuando establecí el curso de las estrellas, el cauce de los ríos?’

Y Job está escuchando esta interrogación y finalmente no puede soportarlo. Y leemos en el capítulo 40, Dios dice: «¿Podrá el que censura discutir con el Todopoderoso? El que reprende a Dios, responda a esto».  Y aquí está la respuesta de Job. Job le responde a Dios diciendo: «Yo soy insignificante”. “Mi mano pongo sobre la boca. Una vez he hablado, y no responderé; aun dos veces, y no añadiré más».

Está bien, Dios, lo entiendo. Soy pecador, soy vil, tomaré mi mano y taparé mi boca y me callaré.  Y Dios dice: ‘Así está mejor, así es como debe ser. Ahora seré tierno’. No, Dios dijo: ‘Así es. Cállate. No he terminado contigo’. Y el interrogatorio continúa. ‘Prepárate y responde mis preguntas. ¿Anularás mi juicio? ¿Me condenarás para que seas justificado?’

Esa es la pregunta que todo cristiano tiene que enfrentar en la casa del sufrimiento. Para justificarte, ¿estás preparado para condenar a Dios? Luego Él dice: ‘¿Puedes pescar un Leviatán con una simple caña de pescar? Yo puedo. ¿Puedes quitar el cinturón de Orión? Yo puedo. ¿Puedes poner las estrellas en su lugar? Yo puedo.

Y finalmente, Job habla en el capítulo 42: «Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado”. “He sabido de ti sólo de oídas pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto y me arrepiento en polvo y ceniza».

Él no se arrepiente de los pecados que lo trajeron a la calamidad en primer lugar. Se arrepiente de su falta de confianza en medio del dolor. Sabes, Dios nunca responde la pregunta de ‘por qué’. La única respuesta que le da a Job, realmente, es la manifestación de Él mismo.

‘Job, ¿olvidaste quién soy? Si supieras quién soy, entonces deberías confiar en mí’. Job dijo: “Sí”. La escena final es la escena de la restauración. Dios triunfa sobre las artimañas y burlas de Satanás, y restaura las posesiones y la casa de Job por mucho más de lo que era originalmente.

Este es el mensaje del Nuevo Testamento; es el mensaje de Cristo: ‘que a menos que estés dispuesto a ser enterrado conmigo y a sufrir conmigo y mi pasión, nunca participarás de mi exaltación; pero los que se unen a mí en mi muerte participarán en mi resurrección’.

Esto nos trae al final de esta sección en nuestro estudio del Polvo a la Gloria. Hemos cubierto ahora un panorama y le hemos dado un vistazo al Antiguo Testamento.

No vimos cada libro, saltamos Cantar de los Cantares y un par de porciones pequeñas de los profetas menores, pero recuerdo la práctica de Lutero durante su vida, donde hizo un compromiso de leer toda la Biblia cada año.

Y él dijo, «Hago esto porque es como el bosque y los árboles». Él dijo, «Para mí, mi gran gozo es tomar un libro particular de la Biblia y hacer exégesis cuidadosa y minuciosa, viendo cada capítulo, cada párrafo, cada oración, y cada palabra. Es como examinar los puntos finos de una sola hoja de un hermoso árbol».

Él dijo, «Pero a veces, puedes enfocarte tanto en el detalle de esa sola hoja que te perdiste de cómo esa hoja no solo está en el árbol, sino en el bosque. Así que quiero mantener los vientos de toda la sustancia de las Escrituras soplando por mi mente, ya que me ayuda a comprender todos y cada uno de los detalles».

Así que mi desafío para ustedes es que al terminar este estudio del Antiguo Testamento tomen y lean, lean todo, y digiéranlo.

Aprendan de la dulzura de la Palabra de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Eclesiastés

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Eclesiastés

R.C.Sproul

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Uno de mis libros favoritos en el Antiguo Testamento es el libro corto de Eclesiastés. Puede sonar extraño para la gente, pero mi trabajo en mi posición como profesor de filosofía y de apologética, es parte de la razón por la cual este libro es tan importante para mí, porque expresa la sabiduría de Dios contra una reinante atmósfera cultural de escepticismo.

Otra razón por la que amo este libro es personal. Este es el libro de la Biblia que Dios utilizó en mi propia conversión personal. De hecho, el único texto de la escritura que la persona que me habló acerca de Cristo mencionó de pasada fue una extraña referencia del libro de Eclesiastés que decía: «Y caiga el árbol al sur o al norte, donde cae el árbol allí se queda».

Y yo, soy quizás la única persona en la historia de la iglesia que se convirtió a Cristo por ese versículo, pero fue una experiencia profunda de iluminación cuando me senté y escuché eso; y cuando se aplicó a mi vida, me vi a mí mismo yendo a ninguna parte, tirado en el suelo del bosque en el que había caído y me estaba pudriendo y desintegrando.

Y esa es la visión que vi de mi propia alma cuando este texto me fue presentado. Así que, mi amor personal por el libro es infinito por esa razón. Pero el libro de Eclesiastés es enigmático para muchas personas, porque en su mayoría es pesimismo y tiene un aire de cinismo en ocasiones y escepticismo; Y es uno de los libros más difíciles en el Antiguo Testamento de interpretar, por esta razón.

Y hay todo tipo de interrogantes sobre quién exactamente escribió el libro. Se atribuye al predicador o el Koheleth de Israel y hay alusiones a Salomón; y la tradición entiende que Salomón escribió todo el libro, pero hay dudas al respecto.

Y una de las teorías es que hay una especie de diálogo que se da en este libro y el Koheleth es más o menos una contraparte del creyente.

Y así las acusaciones del escéptico se levantan y luego la respuesta de la sabiduría de Dios responde. Y ese tipo de acercamiento a la literatura sapiencial no tiene precedentes en el mundo antiguo, pero por estas y otras razones, el libro es un poco difícil de entender de vez en cuando.

Pero es, es casi como leer a un filósofo existencial del siglo veinte y descubrir esas filosofías milenios atrás. En ocasiones es como leer a Sartre y Camus o Kierkegaard o algunos de los otros pensadores ateos de nuestro tiempo.

Pienso, por ejemplo, en Ernest Hemingway quien a veces ha sido descrito en la literatura norteamericana como uno que adoptó el naturalismo pesimista. Él vio la futilidad de la existencia humana y se quejó de los problemas sin significado que atacaron su propia alma.

Él acabó con su propia vida, como saben, suicidándose. Uno de los libros por lo que es famoso se traduce del inglés como ‘El sol sale’. El título de ese libro se toma directa y literalmente del texto del libro de Eclesiastés.

Pues bien, el libro empieza con una sensación de una visión cíclica de la vida que era común en el mundo antiguo, sobretodo en elementos de la filosofía griega, donde la idea era que todo en este mundo simplemente va dando vueltas y vueltas en un círculo sin fin.

Y no hay un comienzo definitivo para la experiencia humana ni un punto final de triunfo, sino que todo está encerrado en este círculo sin fin que va a ninguna parte. ¿Dónde inicia y termina un anillo?

Pienso en la famosa película que comunicó esta idea hace años, donde Jane Fonda actuó en esta película llamada «Baile de ilusiones».

En esa película toda la historia estaba centrada en la pobreza durante la gran depresión de Estados Unidos y se ofreció un premio a aquellos que tenían dificultad económica, a quien pudiera ganar un maratón de baile. Así que todas estas parejas entraron a esta maratón y bailaron durante horas y horas y algunos se cansaron y se retiraron, algunos duraron más de un día y en el segundo día, con el fin de acelerar el evento, el maestro de ceremonias en la película aceleraba de vez en cuando el ritmo de la danza.

Y mientras la gente corría alrededor bailando en un círculo, él gritaba en el micrófono «vueltas y vueltas y vueltas dan y dónde pararán, nadie lo sabrá”.

Y toda la trama de esa película era comunicar el principio existencial de la falta de sentido. Bien, el libro de Eclesiastés empieza con estas palabras: «Vanidad de vanidades, dice el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad».

Ahora, entiendan la frase «vanidad de vanidades» o «vanidad de vanidad – vanidades», es una forma literaria común en el mundo antiguo. La encontramos en el Nuevo Testamento cuando Jesús es llamado el Señor de señores, o el Rey de reyes.

Es una forma de expresar el grado superlativo de alguna cosa. Por eso, con lo que el libro inicia es una declaración en el grado superlativo de una idea, y la idea en la que se hizo hincapié aquí es la idea de la vanidad.

Ahora, usamos el término “vanidad” en referencia al egoísmo o al orgullo. Recuerdo que teníamos en casa un pequeño mueble que estaba en la habitación de mi abuela, donde se sentaba en la mañana y se miraba en el espejo y se ponía maquillaje, y ese pequeño mueble se llamaba tocador y se usaba para retocar la vanidad de una persona con respecto a su apariencia o sea su vanidad; pero esa no es la connotación de vanidad aquí.

Aquí, el término vanidad no se refiere al orgullo sino a lo que se hace en vano, lo que es inútil. Y así podríamos traducir la idea aquí, “la futilidad de futilidad, todo es fútil”.

Ahora esa es la trama central que el libro aborda y nos damos cuenta que en el libro de Eclesiastés, poéticamente, existen dos puntos distintos de referencia.  Por un lado, existe la frase «debajo del sol, o debajo del cielo». Ahora, «debajo del sol», según muchos comentaristas, se refiere a la esfera de este mundo.

Debajo del cielo, se refiere a la esfera del dominio de Dios. Y así lo que está pasando aquí es el conflicto entre dos reinos, el reino de este mundo y la perspectiva de este mundo. Este sería el reino de Dios, el reino eterno que da una perspectiva completamente diferente.

Saben, se nos dice que vivimos en la era del secularismo y siempre oímos hablar del humanismo secular o secularismo humanista. Coloca ese pequeño «ismo» al final de la palabra secular y cada vez que veas un ismo, estás hablando de una ideología, una filosofía, un sistema de pensamiento.

La palabra «seculum» es una de las palabras latinas que se refiere a este mundo y difiere de la palabra «mundus». «Mundus» en latín describe este mundo, espacialmente. «Seculum» describe este mundo con respecto al tiempo o temperamento y el motivo básico del secularismo es que vivimos en el aquí y ahora, en este «seculum», en lo temporal, y estamos separados de lo eterno.

El corazón del secularismo enseña que no hay eternidad. Sólo hay temporalidad; y cualquier propósito que encontremos en este mundo tiene que ser descubierto en este mundo, y el axioma es: ‘tú sólo vives una vez, luego mueres. Así que, mejor hacerlo con gusto. Ese es el credo del hombre moderno, y ese credo es tan viejo como la gente. Y lo que, lo que el autor está haciendo es explorar las implicancias de la vida en este mundo cuando es cortado de lo eterno o de lo trascendente.

Por eso dice, «Vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho recibe el hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el sol?»

Ves, él está haciendo la pregunta: «¿De qué sirve todo el dolor y esfuerzo y el trabajo de mis manos? Toda la vida es hierba, trabajamos tan duro como podemos, pero en el análisis final, perecemos y nuestro trabajo perece con nosotros».

«Una generación va y otra generación viene, mas la tierra permanece para siempre. El sol sale y el sol se pone, a su lugar se apresura, y de allí vuelve a salir. Soplando hacia el sur, y girando hacia el norte, girando y girando va el viento; y sobre sus giros el viento regresa. Todos los ríos van hacia el mar, y el mar no se llena; al lugar donde los ríos fluyen, allí vuelven a fluir. Todas las cosas son fatigosas, el hombre no puede expresarlas. No se sacia el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír. Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol.»

Esta es información extremadamente pesimista y cada ser humano ha experimentado la amenaza de eso, del pesimismo y de la duda que aparece cuando uno se despierta y se mira en el espejo y dice, «¿Por qué estoy haciendo esto?»

A mi edad, me encuentro con personas que son mis contemporáneos, y muchos de ellos han pasado por crisis al entran en sus últimos años. Y ellos me miran y dicen, «R.C., tiene que haber algo más que esto». Y yo digo, «Hay mucho más que esto». Y de eso se trata este libro.

Así que, al inicio vemos este llanto de futilidad, y en la medida que avanza el libro, varias cosas se examinan, las cuales la gente persigue con el fin de encontrar la felicidad, significado e importancia para sus vidas. Buscan el placer. Se evalúa el hedonismo. El hedonismo es esa filosofía que dice que el propósito de la vida es el de maximizar el placer y minimizar el dolor.

Oímos a nuestra propia generación ser descrita como los buscadores de placer, aquellos que andan buscando de fiesta en fiesta, de droga en droga, de embriaguez en embriaguez, de entretenimiento o diversión a más diversión. El placer físico se convierte en el narcótico de elección para las personas que no tienen esperanza.

El apóstol Pablo entiende eso en el Nuevo Testamento cuando escribe a los Corintios, quienes estaban convencidos de que no había vida después de la muerte, o algunos que hacían esa pregunta, y Pablo les estaba contestando. Él cita uno de los axiomas de los filósofos epicúreos: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”. Ahora, Pablo no está diciendo a la comunidad cristiana, «Vamos a comer, beber y ser felices».

Él introduce eso al decir: ‘Si Cristo no resucita…. entonces vamos a comer, beber y ser felices pues mañana moriremos. Porque si Dios no es nuestro hogar, si estamos atados a la experiencia secular y eso es todo lo que hay, entonces tiene sentido ser un hedonista, comer, beber y ser feliz pues mañana morirás.’

Pero siempre hay un precio, lo que los filósofos llaman la paradoja hedonista: Que si tú persigues el placer y tienes éxito en la búsqueda, tú estarás aburrido. Si buscas el placer y no tienes éxito en la búsqueda, estarás frustrado, así que el final del hedonista es el aburrimiento o la frustración. Y lo que está exponiendo aquí, en esta literatura sapiencial es el sinsentido del hedonismo, la locura de tratar de encontrar el significado de su existencia por el simple hecho de tener una gran fiesta.

Y entonces va y dice en el capítulo 3: «Hay un tiempo señalado para todo». Para mí es sorprendente e inclusive increíble, increíble cómo en esta era de pesimismo, aún nuestra música popular ha sido influenciada por algo tan antiguo como el Libro de Eclesiastés. «Hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo». Ya ves, ahora vemos el motivo distinto que se opone a ello, el motivo de la importancia de las diversas cosas que experimentamos en este mundo.

Aquí lo temporal – tiempo- le es dado propósito debajo del cielo, y no hacemos lo mismo todo el tiempo. En algunas ocasiones ciertas cosas son apropiadas, otras veces no lo son. No reímos en un funeral, nosotros lloramos. No nos lamentamos en un nacimiento. Hay un tiempo para reír, hay un tiempo para llorar.

Hay un tiempo para plantar, hay un tiempo para cosechar. Hay un tiempo para llorar, hay un tiempo para bailar, y la persona sabia que evalúa su vida en este mundo desde la perspectiva de Dios, tiene la sabiduría para diferenciar entre qué tiempo es, y lo que es apropiado en un momento dado.

Herman Melville en su libro Red Burn, hizo esta observación: Él dijo, «Hasta que no entendamos que un duelo es mayor que 1,000 alegrías nunca entenderemos lo que el cristianismo está tratando de hacer con nosotros».

Y en ese momento sus observaciones se basaban en un texto de este libro, «Mejor es ir a una casa de luto que pasar su tiempo con los tontos”.  Ves, Dios es un Dios que está íntimamente involucrado con el sufrimiento humano y el evangelio es un evangelio que es proclamado a las personas que han experimentado el duelo del sufrimiento humano; y el pueblo de Dios ha de ser de personas que están allí en el dolor.

Buscamos bajo el sol y parece que la injusticia prevalece. Versículo 16 del capítulo 3, «Aun he visto más bajo el sol: que en el lugar del derecho, está la impiedad, y en el lugar de la justicia está la iniquidad».

Y así va, a lo largo de todo el libro, la locura de buscar el significado a través de la riqueza, a través del conocimiento, a través de la fortuna, a través de la fama, y todo lo demás.

Y entonces llegamos a la conclusión de que la muerte nos llega a todos, pero Dios es la respuesta a todas las preguntas que las personas sufren.

Capítulo 12, el capítulo final, empieza con esta advertencia: «Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: No tengo en ellos placer; antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y las nubes vuelvan tras la lluvia».

Y luego en el versículo 9, «El Predicador, además de ser sabio, enseñó también sabiduría al pueblo; y ponderó, investigó y compuso muchos proverbios. El Predicador trató de encontrar palabras agradables, y de escribir correctamente palabras de verdad.

Las palabras de los sabios son como aguijones, y como clavos bien clavados las de los maestros de colecciones, dadas por un Pastor». Y luego dice en el verso 13, «La conclusión, …., es ésta».

Eso es lo que siempre buscas cuando estás estudiando cualquier filosofía. ¿Cuál es el fin del asunto? ¿Cuál es el principio concluyente? Así que venimos al libro. El libro inicia con la declaración: “Futilidad de futilidad, todo es fútil”.

Bien, ¿cuál es la conclusión? «Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona. Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo».

Esa es la conclusión. Él está diciendo: ‘es la conclusión de tu trabajo, es la conclusión de tu dolor, es la conclusión de tu alegría. Teman a Dios, obedezcan sus mandamientos, porque lo que está diciendo es que tu vida será evaluada, no en los términos de este mundo o en el seculum del aquí y ahora, o del patrón cíclico de este mundo, sino que nuestras vidas, su importancia, su valor y lo que valen serán juzgados por el que juzga desde una perspectiva eterna; y quién nos dirá: «Apártense de mí, nunca los conocí», o dirá: «Bien hecho, siervo bueno y fiel».

Y cuando Él diga eso, hasta la última gota de sudor que ha caído de la frente de tu cabeza por su obra, cada dolor en tu corazón, cada dolor en tu alma, encontrará su plenitud de sentido y significado y tú descubrirás que todo … las experiencias que experimentaste en tu vida cuentan.

Nada es fútil bajo el cielo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Salmos

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Salmos

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La última cosa en el mundo que quisiera hacer sería cuestionar la sabiduría de Jesús, pero tengo que hacer una pregunta que siempre me ha intrigado y es esta: Que cuando los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «Señor, enséñanos a orar». Él respondió esa pregunta, por supuesto, dando la oración modelo llamada el Padre Nuestro, diciendo ‘cuando ores, ora así’.

Pero su respuesta me sorprende porque lo que yo habría pensado que haría, y estoy seguro que tenía buenas razones para no hacerlo, es que él hubiera dicho a sus discípulos: «Si realmente desean aprender cómo orar, sumérjanse en los Salmos”, porque en el libro de los Salmos tenemos una colección de 150 oraciones que fueron inspiradas originalmente por el Espíritu Santo.

Así que si quieres saber cómo se complace y se honra a Dios en oración, ¿por qué no te sumerges en las oraciones que él mismo inspiró en un momento dado?

Realmente el salterio, el libro de los Salmos, es uno de los más grandes tesoros de la iglesia cristiana. Los historiadores de la iglesia han dicho que, en esos períodos de la historia cristiana, donde una renovación, un avivamiento y un despertar apareció, y la iglesia estaba en su punto más fuerte, simultáneamente con esos períodos en la historia de la iglesia, hubo un fuerte enfoque en los Salmos en la vida del pueblo de Dios, sobre todo en la adoración del pueblo de Dios.

Martín Lutero, por ejemplo, llamó al Libro de los Salmos “la pequeña Biblia” porque vio en él un microcosmos de todo el contenido, no sólo del Antiguo Testamento, sino en su anticipación de algunos de los temas del Nuevo Testamento, que estaban ocultos, por así decirlo, dentro de ese cuerpo de literatura.

El libro de los Salmos es el libro del Antiguo Testamento más citado en el Nuevo Testamento y es muy rico en su variedad de contenido y temas. Ahora históricamente, en la vida de la iglesia, cuando hablamos de la oración, con frecuencia hemos hecho uso del acróstico ACTS (CASA en español) como una guía para esos elementos esenciales de la oración que debemos incluir cuando venimos delante el Padre.

Lo he encontrado muy útil ya que la tendencia es que cuando vamos a orar nos pasamos todo el tiempo suplicando, diciéndole a Dios lo que queremos de Él, expresando nuestras necesidades, nuestros sentimientos y cosas así, delante de Él.  Tenemos una tendencia a saltar los asuntos más importantes de la oración. Y este pequeño acróstico sirve para recordarme, por lo menos, de otros elementos cruciales en la oración, siendo el primero la adoración.

Ahora, menciono esto por la razón de que voy a dar cuatro elementos de la oración, pero cuando nos fijamos en el libro de los Salmos, los estudiosos históricamente han visto el salterio y han designado varios tipos o grupos distintos de Salmos, y por supuesto, ese listado es de más de cuatro en número, pero quiero ver algunos de los paralelismos entre este acróstico y esas distinciones de clasificación que hacemos en el Libro de los Salmos.

La “C” en la palabra CASA -al igual que en palabra inglesa ACTS, es la palabra confesión, la A representa la acción de gracias, y la S la súplica.

El apóstol en el Nuevo Testamento nos dice que debemos hacer nuestras peticiones ante Dios siempre con acción de gracias; para que la expresión de un corazón agradecido sea parte integral de la respuesta correcta del pueblo de Dios a Él en la oración.

Y, por supuesto, todas nuestras oraciones en algún punto deben incluir el elemento de la confesión de nuestros pecados. Ahora, como dije, cuando leemos los Salmos a veces casi me siento culpable porque tengo la sensación de que estoy escuchando a escondidas a un santo durante una conversación personal con Dios.

Pero a pesar de que los Salmos, en su mayor parte, fueron escritos por personas como David, y reflejan el sentido más profundo de la expresión personal de entrega, adoración y acción de gracias y alabanza y todo lo que involucra, también tenemos que entender que la función de los Salmos era corporativa en la historia de Israel.

En el verdadero sentido, el Libro de los Salmos era el himnario de Israel; o fue llamado libro de oraciones para el pueblo del pacto de Dios. Pero veamos ahora por un momento algunos de los diversos tipos de salmos que se designan en el Libro de los Salmos.

Como dije, tenemos la palabra adoración al comienzo de nuestro acróstico y cuando los estudiosos diferencian entre los distintos géneros encontrados en los Salmos, uno de los elementos más importantes podría encontrarse en lo que se conoce como salmos de alabanza.

La alabanza es un elemento importante de los Salmos. Y si recuerdas, en el Antiguo Testamento el punto esencial de la adoración era ofrecer un sacrificio a Dios, pero el sacrificio mayor que Dios deseaba era el sacrificio de alabanza.

Así que si quieres aprender a alabar a Dios correctamente, cómo expresar tu sentido de reverencia y temor y adoración ante Él, de nuevo sumérjanse en los Salmos. Salmo 8 empieza, por ejemplo, «Oh, Señor, Señor nuestro, cuán excelente”, o en nuestra traducción, “Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra”. Y en otro lugar leemos, «Te alabaré de todo corazón». Salmo 150, «Todo lo que respira alabe al Señor».

Una vez más, la idea de que Dios ha establecido su gloria y la puso arriba en los cielos y que por esta razón es muy digno de ser alabado, resuena en todo el libro de los Salmos.

Una segunda clasificación que encontramos es la clasificación que habla de los Salmos de sabiduría. Ahora, ustedes recuerdan que en nuestro último segmento hicimos una distinción entre la literatura de sabiduría y la literatura poética.

Ahora, los Salmos caen en ambas categorías. El libro de los Salmos es tanto sabiduría como poesía. Y así hay varios salmos en el libro de los Salmos que nos instruyen en los caminos de la sabiduría; y, obviamente, el más conocido de ellos es el primer salmo que pronuncia la bendición de Dios sobre la persona sabia: «¡Cuan bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite y en su ley medita de día y de noche!»

Y se dice del hombre sabio en Salmo 1 que será como árbol plantado junto a corrientes de agua fresca, que da su fruto a su tiempo; Pero el impío, por contraste, lo cual es un tema común en la sabiduría del Antiguo Testamento, no son así, sino que “son como paja que se lleva el viento», no tiene raíces, no tiene firmeza, no tiene sustancia en su vida.

Entonces el salterio empieza con esta instrucción para aquellos que quieren ser bendecidos y ser sabios para meditar día y noche en la palabra de Dios.

Ahora, un tercer tipo de salmos que encontramos con mucha frecuencia, que para algunos les resulta a veces un poco extraño, pero te pido que recuerdes que cuando hice el comentario hace unos mensajes atrás sobre el filósofo danés Kierkegaard, quien dijo que cada vez que se deprimía por la mezquindad de su propia generación, que a su juicio carecían de pasión, él centraba su atención en el Antiguo Testamento donde la gente mentía, mataba y robaba y cosas por el estilo.

Y decía: “porque al menos no es aburrido, y estas personas están apasionadamente comprometidas, existencialmente involucradas en todos los ámbitos de la vida y la existencia humana”. Bueno, una de las cosas que se nota en los Salmos es la expresión de dolor de la gente.

Dolor que se deriva de persecución, enfermedad, pérdida de seres queridos, pena, y todos esos escenarios en los cuales el dolor se levanta. Entonces, esta forma de Salmos se llama lamento.

Es interesante, no lo hemos mencionado todavía, pero uno de los libros cortos del Antiguo Testamento, presumiblemente escrito por el profeta Jeremías es el libro de las Lamentaciones. Y tenemos una tendencia a pensar en la comunidad cristiana que hay algo no espiritual al expresar el dolor o lamentar por lo que está pasando, pero la idea de expresar dolor delante de Dios está muy arraigado en el Antiguo Testamento y Jesús mismo es llamado, “varón de dolores y experimentado en aflicción”.  E incluso encontramos la forma literaria de lamento en los labios de Jesús cuando se lamenta por Jerusalén, ‘Oh, Jerusalén, Jerusalén, has apedreado a los profetas’ y a todos los enviados del Señor… “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos… y no quisiste!”

Entonces, en el libro de los Salmos del Antiguo Testamento, tenemos a escritores de Salmos derramando sus corazones, llorando delante de Dios; como David diría, Oh Dios, “… todas las noches inundo de llanto mi lecho”.

Y encontramos este tipo de Salmos repetidamente en el Antiguo Testamento; de hecho, me gustaría dar sólo un ejemplo de ello en el salmo 102. Salmo 102 se titula: “Oración de un afligido”.  «Oh Señor, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor. No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; inclina hacia mí tu oído; el día en que te invoco, respóndeme pronto.

Porque mis días han sido consumidos en humo, y como brasero han sido quemados mis huesos. Mi corazón ha sido herido como la hierba y se ha secado, y hasta me olvido de comer mi pan. A causa de la intensidad de mi gemido mis huesos se pegan a la piel. Me parezco al pelícano del desierto; como el búho de las soledades he llegado a ser. No puedo dormir; soy cual pájaro solitario sobre un tejado. Mis enemigos me han afrentado todo el día”.

Aquí el salmista se siente desconectado de la comunidad, despreciado por sus contemporáneos; y este es un tema importante en los salmos de lamentación, la sensación de soledad que experimentan las personas cuando sus relaciones se desmoronan y se rompen.

Pero el elemento más fuerte de lamento que encontramos es cuando el salmista siente que Dios se ha retirado y ha retirado su gloria de su presencia. ‘Oh, Señor, ¿hasta cuándo clamaré y no oirás?’ A veces, cuando leo los Salmos pienso en Lutero la noche antes de su fatídica reunión ante el emperador y ante los representantes de la iglesia en el el concilio o la Dieta de Worms en Alemania.

Cuando estaba en agonía y arrodillado ante Dios, y clamó, «Oh Dios, ¿dónde estás Tú? ¿Te estás escondiendo? Necesito tu presencia en este momento crítico». él estaba atravesando por lo que algunos han llamado la noche oscura del alma.

Por lo que, él expresó su lamento ante el Señor y al final de su oración se levantó de sus rodillas, refrescado en su espíritu y alentado en su fe y preparado para resistir al mundo por la causa de Cristo.

Y uno incluso puede percibir mientras lee la oración de Lutero, que el mismo Lutero había sido sumergido en los Salmos. Y ese lenguaje de lamento que era tan familiar para él, ya que enseñó el libro de los Salmos a sus estudiantes universitarios en Wittenberg, y uno puede ver cómo esa literatura había permeado tanto su propia vida de oración.

Como dije, cuando las personas realmente pasan mucho tiempo en los salmos, estos empiezan a salir por sus propias bocas y sus labios en sus propias oraciones.

Otro tipo de Salmos muy importante que encontramos se llama usualmente Salmos mesiánicos. Hay varios de estos en el Antiguo Testamento.

A veces son vinculados a lo que ha sido llamado Salmos Reales o Salmos de Entronización, porque gran parte de la celebración en la vida del pueblo de Israel se centró en la promesa del reino de Dios.

Y el pueblo buscó al rey ungido que habría de venir, que subiría a Sion y allí manifestaría el reino de Dios sobre su pueblo. Y hubo celebraciones en Israel cada vez que un rey era coronado, ese sería un momento religioso en su historia y los salmos especiales fueron compuestos en la antigüedad para celebrar esos acontecimientos mientras ocurrieron.

Y luego más tarde, se le dio un significado futuro a la expectativa de aquellos que buscaron la reconstrucción de la casa de David y temas similares.

Como ya he dicho, el libro de los Salmos es el libro más citado en el Antiguo Testamento. Un salmo es el pasaje que más frecuentemente se cita del Antiguo Testamento. Se trata del Salmo 110. «Dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra».

Y eso tiene el elemento de entronización, la promesa de la entrega de autoridad real a aquel, que es a la vez el hijo de David y el Señor de David. Salmo 110, como dije, es el verso del Antiguo Testamento más citado o aludido en el Nuevo Testamento.

El salmo dos nos da un poco de sabor de la expectativa mesiánica. Veamos eso brevemente, y luego uno más. En Salmo 2, leemos de la conspiración internacional de los reyes de este mundo.

«¿Por qué se sublevan las naciones, y los pueblos traman cosas vanas? Se levantan los reyes de la tierra, y los gobernantes traman unidos contra el Señor y contra su Ungido, diciendo: ¡Rompamos sus cadenas y echemos de nosotros sus cuerdas! El que se sienta como Rey en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos. Luego les hablará en su ira, y en su furor los aterrará, diciendo: Pero yo mismo he consagrado a mi Rey sobre Sion, mi santo monte.  Ciertamente anunciaré el decreto del Señor que me dijo: ‘Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy».

Y al final leemos «Ahora pues, oh reyes, mostrad discernimiento; recibid amonestación, oh jueces de la tierra. Adorad al Señor con reverencia, y alegraos con temblor.

Honren al Hijo para que no se enoje y perezcáis en el camino, pues puede inflamarse de repente su ira. ¡Cuán bienaventurados son todos los que en El se refugian!”

Salmo 22 es uno de los Salmos más notables en todo el libro. Empieza con un grito de agonía. Las palabras que dan inicio al Salmo 22 son las palabras: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Este salmo es sorprendente porque estas palabras, literalmente, son pronunciadas por nuestro Señor en medio de su expiación.

Y es difícil no llegar a la conclusión de que él estaba totalmente consciente al momento en que tomó sobre sí mismo la maldición del antiguo pacto por su pueblo y se expuso al abandono de Dios para redimir a su pueblo. No es de extrañar que las palabras de este Salmo vinieran a su mente mientras estaba en la cruz.

Y continúa, «¿Por qué estás tan lejos de mi salvación?» Y el verso 6: «Pero yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven, de mí se burlan; hacen muecas con los labios, menean la cabeza, diciendo: Que se encomiende al Señor; que El lo libre; que El lo rescate, puesto que en El se deleita».

El verso 12, «Muchos toros me han rodeado; toros fuertes de Basán me han cercado. Ávidos abren su boca contra mí, como un león rapaz y rugiente. Soy derramado como agua, y todos mis huesos están descoyuntados; mi corazón es como cera; se derrite en medio de mis entrañas.

Como un tiesto se ha secado mi vigor… Porque perros me han rodeado… Me horadaron las manos y los pies. Puedo contar todos mis huesos… reparten mis vestidos entre sí, y sobre mi ropa echan suertes».

Lees todo el Salmo 22 y suena como un relato de un testigo ocular de la crucifixión de Jesús, que tendrá lugar siglos más tarde. Así que los Salmos mesiánicos son muy importantes para el libro del Antiguo Testamento. Otra dimensión que llena la C en nuestro acróstico es el segmento llamado Salmos Penitenciales. Hay varios de estos. Si alguna vez quieres saber cómo confesar tus pecados ante Dios, entonces sumérgete en este grupo de salmos, los salmos de confesión; de los cuales el mayor es, por supuesto, Salmo 51, escrito por David después que fue llevado al arrepentimiento por la declaración profética de Natánen donde él clama a Dios para que Dios trate con él no de acuerdo con la justicia, sino de acuerdo con la misericordia, y que borre sus transgresiones;  y clama: «Mi pecado está siempre delante de mí».

Es un magnífico registro de la verdadera contrición en la vida del creyente. El siguiente grupo es uno de los más controversiales y sólo vamos a verlo rápidamente. Estos son los así llamados salmos imprecatorios, salmos de imprecación; y estos son los Salmos en que los santos, bajo la inspiración del Espíritu, están pidiendo maldiciones sobre sus enemigos.

Y parece ser confuso y sacude nuestra sensibilidad a la luz de la ética del Nuevo Testamento de amar a tus enemigos y versos similares. Pero recuerda que estos Salmos de imprecación están inspirados por Dios.

Y cuando David dice, «Odio a mis enemigos con un odio perfecto», lo que él está diciendo no es que él tiene esa mala voluntad, por así decirlo, un espíritu vengativo, sino ¿qué es un odio perfecto?

El odio perfecto es el tipo de odio que reproduce y refleja el odio de Dios. Creo que el pueblo de Dios que padeció bajo Hitler durante el Holocausto siempre tuvo derecho a presentarse ante Dios y orar para que Dios elimine ese flagelo del poder y de la autoridad. Me refiero de nuevo a que hay un realismo que se encuentra en las oraciones de estas personas en el Antiguo Testamento.

Finalmente, están las oraciones de acción de gracias y las que involucran una exaltación de la belleza y la maravilla y la majestad del amor de Dios o de la ley de Dios, Salmo 19, por ejemplo, y Salmo 119, el cual es un panegírico, que es el más largo de los Salmos y por completo celebra la dulzura y la excelencia de la ley de Dios.

Ese es el Salmo en el que el salmista dice: Oh, “cuánto amo tu ley». Porque, recuerden que para el judío, para el creyente, la oración fue una forma de comunicación de dos vías, y que gran parte de lo que estaban provocando estas oraciones era el resultado de meditar en la palabra de Dios, en la ley de Dios, día y noche.

Y como escuchaban la voz de Dios, entonces, expresaban con sus voces la dulzura y la maravilla de las cosas que se encuentran en su Palabra.

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La pregunta que oigo con frecuencia, aunque debo confesar que no con tanta frecuencia hoy en día como antes, debido a los cambios en las traducciones populares de la Biblia, pero la pregunta que solía escuchar todo el tiempo era, «RC, ¿Dios crea el mal?» Y usualmente respondía rápido y decía: «No, Dios no crea el mal”.

Ese es el a priori bíblico, que Dios no es el autor o el creador del mal. Y luego, de inmediato ellos respondían: ‘Pero la Biblia dice que lo hace’. E iban al capítulo 45 del libro del profeta Isaías y citaban el texto en el que Dios dice que ‘causa bienestar’ o ‘crea bienestar’ y “crea calamidades” . Y entonces ellos decían: ‘Aquí mismo, en la Escritura dice que Dios crea el mal’.

Y luego eso provocaba una larga discusión en relación a algunos de los principios que necesitamos tener a nuestra disposición para interpretar la Escritura donde podamos reconocer ciertas formas de escritura, o formas literarias o géneros literarios que se usan con frecuencia a lo largo de la Biblia.

Otro ejemplo similar es una declaración que proviene del contenido del Padre Nuestro, donde cada vez que decimos la oración, repetimos las palabras: «Y no nos metas en tentación”.

Y personas me dicen: «Bueno, ¿no dice Santiago que cuando uno es tentado no digas que es tentado por Dios?  Dios nunca tienta a nadie, pero las tentaciones surgen de los deseos de tu propio corazón.

Y si ese es el caso, según Santiago, entonces ¿por qué deberíamos orar? o ¿por qué Jesús nos enseñó a orar, diciendo a Dios: «Y no nos metas en tentación “, como si Dios fuera a hacer tal cosa de tratar de llevarnos o tentarnos a pecar?

Bueno, de nuevo, si reconociéramos la forma literaria en la que aparecen esas palabras, no nos perderíamos en las falsas conclusiones que podríamos sacar. Bueno, ¿de qué forma literaria estoy hablando? Estoy hablando de una forma literaria que es muy importante en la literatura de la Biblia, que se encuentra mucho y más ampliamente, pero de ninguna manera exclusivamente, en los libros del Antiguo Testamento que llamamos los libros poéticos.

Ahora, en el mundo judío antiguo, los judíos se referían a tres libros en el Antiguo Testamento como los libros poéticos. Y esos libros eran Salmos, Proverbios, y el libro de Job, por la sencilla razón de que en la forma que ellos aparecen, es la forma de poesía hebrea.

Ahora en nuestros días, cuando dividimos los diversos grupos o clasificaciones de los libros en el Antiguo Testamento, tenemos una categoría que usamos más amplia, hablamos en términos de la llamada “literatura sapiencial”.

Y la literatura sapiencial en el Antiguo Testamento contiene los tres libros poéticos que acabo de mencionar, Salmos, Proverbios, y Job, pero también hay otros dos libros que suelen incluirse normalmente bajo esta Literatura Sapiencial, aunque a veces debatible.

Pero esos otros dos libros que usualmente son incluidos en este grupo son los libros: el Cantar de los Cantares y el libro de Eclesiastés.

En el Nuevo Testamento, el libro que a menudo se pone en la categoría de literatura sapiencial es la epístola de Santiago, escrita probablemente por el hermano de nuestro Señor.

Ahora, la literatura sapiencial del Antiguo Testamento se centra en filosofía. Pero esto es un poco engañoso porque cuando piensas en la palabra “filosofía” estoy seguro que piensas en la especulación abstracta caracterizada por la búsqueda metafísica de los antiguos griegos y de los pensadores teóricos occidentales.

Pero en su forma rudimentaria, la palabra filosofía en el griego significa ‘fileo’ amor, como en Filadelfia, amor fraternal; el amor de Sofía, el amor por la sabiduría.

Muy a menudo, en nuestra comprensión de la filosofía estamos hablando de especulación abstracta. Pero para el judío, el énfasis y el punto central de la filosofía judía, tal como se encuentra en el amor judío por la sabiduría o en la literatura sapiencial no es, “¿cómo podemos discernir respuestas a preguntas fundamentales a través de la especulación abstracta?”, sino que la principal preocupación de la filosofía judía era, ¿cómo puedo vivir una vida piadosa día a día, que es agradable a Dios?”

Es decir, era una orientación mucho más práctica de la que normalmente solemos encontrar en la filosofía tradicional de occidente. Es por eso que la literatura sapiencial declara una y otra vez que “el temor del Señor es el principio de la sabiduría”.

Puesto que el tipo de sabiduría no es un simple sentido común o sagacidad que asociamos con personas que son inteligentes, sino, más bien, la sabiduría es la sabiduría de conocer lo que agrada a Dios y cómo debemos vivirlo. Y eso no puede conocerse, sino hasta que el alma está primero en una actitud de reverencia y adoración delante Dios.

Eso es lo que se entiende por “el temor del Señor”; es el prerrequisito previo, el fundamento necesario para acumular sabiduría. Ahora, para entender la literatura sapiencial, los proverbios, por ejemplo, y los salmos, tenemos que entender, ante todo, algo acerca de la naturaleza de su contenido poético. Nosotros tenemos poesía en el idioma español y tenemos distintas maneras de escribir poesía y recordar poemas, y una de las cosas a la que prestamos atención es a la métrica y la estrofa y el ritmo del lenguaje; y es algo común en nuestra literatura poética usar la técnica de la rima. Aunque no toda la poesía en español rima.’, gran parte de nuestra poesía rima.

Pero la rima no era parte importante de la poesía hebrea. Pero la métrica y el ritmo, sí eran importantes para la poesía hebrea y esa es una de las cosas más difíciles de traducir por los traductores.

También encontrarás en la poesía hebrea juegos de palabras y modismos que son parte de su riqueza poética, lo cual no siempre puede ser traducido de un idioma a otro. Recuerdo que cuando vivía y estudiaba en Holanda, haciendo un posgrado que tenía que hacerlo en otro idioma.

Hay un libro pequeño que apareció llamado “La dificultad de un irlandés con el idioma holandés” que devoré y me reí como loco porque pude identificarme con el libro por todos los errores que cometí y todos los problemas que tuve.

Vivíamos en un pueblo a unos 40 kilómetros fuera de Ámsterdam y la dueña de casa no hablaba inglés. Recuerdo que un día bajé a la cocina después de estudiar, y ella me preguntó qué estaba haciendo. Yo le contesté: «Estoy tomando un descanso», que es una expresión idiomática que no se puede traducir directamente al holandés.

Y ella me miró desconcertada y perpleja porque dije que estaba tomando un descanso.  Y ella dijo: ¿qué significa en holandés? Eso no significa nada en holandés. Y entonces, “ah, ya recuerdo”, la palabra holandesa para ‘tomar’ o el concepto para ‘tomar un descanso’ es la palabra ‘pauze’, como ‘pause’ en inglés; pero la palabra en holandés para pausa, es igual como pause en inglés, con la diferencia que la “e” no es muda. Uno dice “pauz -e”.

Pero ya que esta fue una de esas palabras que era la misma en inglés, yo dije “Oh” en holandés, dije: «Usted sabe, parece que estoy tomando una ‘pause’».

Solo que no pronuncié la E, entonces P-A-U-S en holandés es la palabra para “Papa”. Y la palabra que yo traduje para ‘descanso’ fue la palabra holandesa para ‘hernia’. Yo solo estaba tratando de decirle a esta señora que estaba tomando un descanso de mi trabajo y terminé diciéndole que el Papa tenía una hernia y ella se preocupó mucho.

Así que esos son los problemas que tenemos al pasar de un idioma a otro. Podría contarles de algunos otros que también fueron solo graciosos y muy vergonzosos. Pero en cualquier caso, el recurso literario principal que encontramos en la poesía hebrea es un recurso llamado paralelismo. — Paralelismo. Veamos si puedo deletrear esto. Esta es una palabra que a menudo la tengo que repetir dos veces cuando la digo. Parece un trabalenguas entre la ‘r’ y la ‘l’. Pero creo que lo digo bien.

‘Paralelismo’, como la palabra lo indica, describe una forma escrita en la que dos o más segmentos, versos o pares, o lo que sea, se enuncian en algún tipo de relación paralela. Así que si solo miras a una línea de una declaración paralela e ignoras el resto de lo que está dicho en ella y alrededor de ella, puedes fácilmente llegar a un entendimiento erróneo de lo que se dice, porque el segmento paralelo amplifica y explica, hasta cierto punto, lo que se dice en la declaración inicial.

Por ejemplo, cuando volvemos al problema de si Dios crea el mal, en Isaías 45, permítanme leerles cómo se traduce en La Biblia de las Américas.  Al final del versículo 6 leemos: «Yo soy el Señor, y no hay otro; el que forma la luz y crea las tinieblas, el que causa bienestar y crea calamidades».

Bueno, esto puede ser confuso, pero esto es lo que se llama paralelismo sinónimo, donde los dos segmentos están diciendo básicamente lo mismo con diferentes palabras. Ahora, es confuso, ya que cada uno de estos segmentos indica un contraste. En la primera parte de Dios está diciendo: ‘Yo soy el Dios que crea la oscuridad y soy el Dios que crea la luz’.

Así que la oscuridad y la luz están puestas una frente a la otra. En la traducción original, el segundo verso dice: “Yo hago o creo el bienestar y creo la calamidad”.

Y de aquí es donde salen todas estas preguntas, donde el texto dice Dios: “crea la calamidad”. Bueno, la palabra hebrea para calamidad tiene al menos ocho matices distintos y estamos infiriendo la idea del mal moral. Y básicamente lo que Dios está diciendo es “Yo traigo la paz, también traigo perturbación. Traigo prosperidad, también traigo calamidad”.

Y si hubiéramos visto al principio que esa frase se encuentra en términos de paralelismo, si hubiera alguna confusión sobre lo que una parte significaba, entonces podríamos haberla descubierto al ver su relación con sus otras partes.

«Y no nos metas en tentación, sino líbranos del mal». Ahora hay más ambigüedad porque la palabra que se traduce en español «mal» sugiere algo genérico, algo abstracto o neutro, donde la palabra en el texto griego del Padre Nuestro no es «poneron», lo cual sería el mal en general o el mal en abstracto, sino que es «ponerós», la cual es la forma nominativa singular masculina de la palabra que suele traducirse como «el maligno».

Entonces, lo que Jesús está diciendo es que cuando oren, díganle a Dios: ‘No nos metas en tentación, sino líbranos del maligno’. ¿Qué está diciendo? De nuevo, la palabra “tentar” también puede usarse para “probar”. Y Jesús está diciéndole a su pueblo: ‘tuve que soportar el ataque desenfrenado de Satanás en la soledad del desierto.

Voy a orar y pedirles que oren por ustedes para que Dios no les ponga a prueba, sino que Él los mantenga alejados del ataque del enemigo. Que incluso como lo hizo con Job, Él puso un cerco a su alrededor y lo protegió de los dardos del enemigo, así deberías estar orando, ‘Señor, no nos dirijas al lugar de prueba, sino líbranos del maligno’. Y eso se hace evidente cuando nos familiarizamos con el paralelismo.

Como ya dije, el paralelismo es la característica principal de la poesía hebrea y lo encontramos de forma prominente y generalizada en los libros poéticos, pero no solo en los libros poéticos. Encontramos usos extensos de poesía entre los profetas: en Isaías, Jeremías, incluso en la oración de Jonás, cuando le pide a Dios que lo libere y Dios lo rescata al enviarle un gran pez para salvarlo del mar.

Y encontramos intercalados en los evangelios y las epístolas, pequeñas porciones de escritos poéticos. Y casi en todas partes donde encuentres poesía, encontrarás paralelismo. Así que es una herramienta muy importante para entender y les mostraré más ejemplos mientras vemos un breve panorama de entre la literatura sapiencial misma.

Pero antes de hacer eso, de nuevo, la primera clase es paralelismo sinónimo, donde se repite el mismo pensamiento.  Les daré un ejemplo. “Oíd esto, pueblos todos; escuchad, habitantes todos del mundo”. Ahora, “oíd esto”, “escuchad”, es lo mismo. “Pueblos todos”, “habitantes todos del mundo”, lo mismo es dicho en ambos versículos.

Ahora, este fue simple. Una de las que más me ha llamado la atención es la bendición hebrea, que también es muy reveladora para nosotros y extremadamente rica cuando vemos el paralelismo.

Y voy a tomar un momento para poner esto aquí. “El Señor te bendiga y te guarde”. ¿correcto?

Esa es la primera línea donde pedimos que Dios bendiga a la gente y la guarde. Luego la misma idea es repetida en la línea siguiente. “El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti” ¿Bien? “haga resplandecer” y “tenga de ti misericordia”. Bueno, esas no son las mismas palabras. Pero ¿qué quiere el judío de la gracia de Dios, sino ser preservado, ser guardado? Y ¿qué significa ser bendecido en Israel? Bendición, la bienaventuranza es identificada en términos de la proximidad que uno disfruta del rostro de Dios.

“El Señor te bendiga”, “El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, que el Señor levante la luz de su rostro sobre ti y te conceda paz”.

Lo mismo se dice en las tres líneas, solo que con un lenguaje diferente, pero donde es tan enriquecedor es, si quieres entender la idea judía de la gracia, es que sin duda está vinculado a la idea de shalom, paz.

Es una paz benévola. Es una paz que experimentamos cuando sabemos que somos guardados o preservados por Dios. ¿Quieren saber lo que es la bienaventuranza? Es mirar al rostro de Dios, para que la luz de su rostro brillando sobre ti. Si quieren buscar en la antítesis decimos, ¿cuál es la maldición? La maldición de Dios es ¿Qué? Cuando Él apaga las luces, cuando Él aparta su rostro, cuando ya no nos preserva, cuando Él retiene su gracia y nos quita nuestra paz. Entonces, con este tipo de evaluación, podemos encontrar las profundidades y riquezas que están contenidas en estos pasajes.

La segunda forma de paralelismo que encontramos con frecuencia se llama paralelismo antitético, donde, en este caso, después de que el primer segmento hace una declaración, una declaración positiva, su opuesto es indicado a continuación, en el segundo segmento por contraste o antítesis.

“La suave respuesta aparta el furor, mas la palabra hiriente hace subir la ira”. ¿Ves? Si usas un tipo de lenguaje, eso quita el furor, lo calma, ves, y trae paz. Si usas otro tipo de lenguaje, eso exacerba la situación y genera conflicto.

Esto lo lees con frecuencia en Proverbios. El sabio hace tal y tal, pero el necio hace otra cosa. Y entonces encuentras allí un ejemplo de paralelismo antitético.

El tercer tipo de paralelismo es lo que se conoce como “sintético”, al igual que los materiales sintéticos, orlón, rayón, y otros. El paralelismo sintético es cuando el segundo segmento o la segunda parte de la declaración, o bien se basa en la primera, o completa lo que dejó sin terminar en el primer segmento.

Y verás esto con frecuencia sobre todo en Proverbios donde tendrás la primera línea, luego la segunda línea se basará en la primera línea, luego la tercera línea te llevará al siguiente grado y a la cuarta y puede seguir por varios versos. Y a eso se le llama síntesis porque algo es nuevo.

Algo nuevo es añadido en el segundo segmento que no se encuentra en el primer segmento, pero lo que es nuevo no es antitético o establece un contraste con lo que ya se dijo.

«Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida».

Vieron que en ese segundo segmento, no hay un contraste ni es sinónimo, sino que introduce una nueva declaración en este componente básico o construcción. Ahora, hay otras formas de poesía algo más oscuras y esotéricas a las que no voy a entrar debido a que no es necesario tratar con ellas en su viaje inaugural por la Escritura, pero, solo estén alertas cuando estén leyendo la Escritura y estén teniendo problemas para interpretarla por ustedes mismos, busquen el género, busquen la forma literaria en la que aparece porque puede ser una declaración poética y la poesía tiene sus propias reglas de interpretación que difieren de nuestra prosa normal. Y no solo eso, como una guía para evitar errores, pero también para ver eso que es tan hermoso en términos de la revelación de Dios cuando Dios usa este medio particular de comunicación para expresar su Palabra.

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Como dije antes, es habitual que hagamos una distinción entre los profetas mayores del Antiguo Testamento y los profetas menores. Los profetas mayores son Jeremías, Isaías, Ezequiel y Daniel, y luego tenemos 12 profetas menores. Y como dije, la distinción no es entre los que son importantes y los que no lo son. La única diferencia que vemos aquí es entre el tamaño o la longitud de los libros de estos profetas que llevan su nombre.

Ezequiel, Daniel, Jeremías e Isaías son libros muy extensos, mientras que los escritos de los profetas menores son más cortos. No tenemos suficiente tiempo para cubrir todos los profetas menores, por lo tanto, solo les estoy dando breves pinceladas.

Pero, espero despertar el interés para que examinen más de cerca todo el contenido que se encuentra en los libros de los profetas menores, porque cada vez que Dios pone su palabra en la boca de un profeta y esa persona se convierte en un agente de revelación y habla la palabra de Dios, no hay nada de menor importancia en ello.

Y por eso, digo esto, mientras estudiamos brevemente algunos de los otros profetas menores. El primero que quiero ver es el profeta Joel. Como ya mencionamos en el caso de Amós, dijimos que el tema del día del Señor era un tema que se presenta como un tapiz en toda la literatura del Antiguo Testamento.

En el segundo capítulo de Joel, leemos sobre el día del Señor. Verso 1: «Tocad trompeta en Sion, y sonad alarma en mi santo monte. Tiemblen todos los habitantes de la tierra, porque viene el día del Señor, porque está cercano; día de tinieblas y lobreguez, día nublado y de densa oscuridad.

Como la aurora sobre los montes, se extiende un pueblo grande y poderoso; nunca ha habido nada semejante a él, ni tampoco lo habrá después por años de muchas generaciones. Delante de él consume el fuego, y detrás de él abrasa la llama. Como el huerto del Edén es la tierra delante de él; y detrás de él, un desierto desolado, y de él nada escapa».

Aquí, se nos relata los términos gráficos de las personas que sufren, que se retuercen de dolor y todas las manifestaciones espantosas del terremoto y el temblor de los cielos y el oscurecimiento del sol y la luna. Al final de esta terrible descripción del día del Señor, hay un llamado al arrepentimiento en el verso 12: “Aun ahora, declara el Señor volved a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios, porque El es compasivo y clemente».

Luego el profeta anuncia la promesa de Dios de traer una lluvia tardía que refrescará la tierra y causará un nuevo crecimiento, nueva salud y una nueva prosperidad.

Así tenemos, junto con esta imagen terrible de juicio, la imagen positiva de restauración y de gloria; y alcanza su clímax en el capítulo 2, verso 28: «Y sucederá que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones.

Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en esos días. Y haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas”. Y así por el estilo: “antes que venga el día del Señor, grande y terrible».

Ahora, hay una profecía en este segundo capítulo de Joel que creo que muchos de ustedes ya conocen, porque ocupa un lugar destacado en un acontecimiento crucial que está registrado en el Nuevo Testamento en el libro de Hechos.

Cuando la iglesia se reúne para celebrar la fiesta de Pentecostés y, en el día de Pentecostés, repentinamente un viento recio sopla y lenguas de fuego descienden del cielo sobre aquellos que estaban reunidos en ese lugar y empiezan a hablar en otras lenguas.

Y mientras la gente está observando lo que sucede, empiezan las acusaciones contra los creyentes reunidos diciendo que debían estar borrachos por comportarse de esa manera extraña.

Y Pedro se levanta y da su famoso discurso en el día de Pentecostés y dice: «Porque éstos no están borrachos como vosotros suponéis… sino que esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel” que Dios derramaría su “Espíritu sobre toda carne».

Y luego Pedro cita directamente de este pasaje que, al menos, esta parte de la profecía futura de la venida del día del Señor, en cuanto a la frescura y la novedad de vida y el poder que estará presente en el día de la visita del Señor, se cumple de manera espectacular en el día de Pentecostés. Y podemos ver a lo largo de los profetas menores y ver otros pasajes que tienen importancia significativa para el cumplimiento del Nuevo Testamento.

Pensemos, por ejemplo, en el profeta Miqueas. Miqueas es uno de los libros más pequeños de los profetas menores; y, no es muy conocido en la iglesia moderna el libro de Miqueas, pero Miqueas tiene algunas cosas muy importantes que decir, y una de ellas es la profecía que está contenida en el capítulo 5 del libro que lleva su nombre.

El capítulo 5 inicia con estas palabras: “Agrúpate ahora en tropas, hija de guerreros; han puesto sitio contra nosotros. Con una vara herirán en la mejilla al juez de Israel”. Una vez más, vemos esta sombría profecía de destrucción; sin embargo, hay un «pero» aquí.

“Pero tú Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel.  Sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad. Por tanto, Él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel.

Y El se afirmará y pastoreará su rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del señor su Dios. Y permanecerán, porque en aquel tiempo El será engrandecido hasta los confines de la tierra. Y Él será nuestra paz».

Cada año en Navidad, oímos alguna referencia al pequeño pueblo de Belén. Al parecer, pequeño e insignificante entre las ciudades de la nación judía, sin embargo, de este pueblo saldrá el Único al que Dios ungirá como su rey.

A menudo cuando me encargo de la educación de adultos y me sumerjo en algunos de los temas más profundos ​​de la teología sistemática, recibo esta respuesta de la congregación, ellos dicen: “¿No podemos hacerlo más simple?» «¿No honra Dios una fe como la de un niño?» Y yo les digo: ‘Sí, pero no una fe aniñada.

Y Dios nos llama a ser como niños en cuanto al mal, pero maduros en nuestro entendimiento, así que a veces el estudio de las cosas de Dios requiere un uso riguroso de nuestra mente y un estudio a fondo». Pero, vivimos en un mundo consumista que quiere todo establecido en tres lecciones fáciles y no hay forma de que tomemos todo el contenido de la palabra de Dios y la reduzcamos a tres lecciones fáciles.

Pero en un sentido, en una ocasión, Dios en su misericordia, se dignó a hacer precisamente eso y encontramos tres lecciones fáciles en el libro de Miqueas. Si dirigimos nuestra atención al capítulo 6, verso 8, esta famosa porción de Miqueas. «El te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?».

Cada vez que tenemos la sensación de llegar al fondo de esto, a cuál es el núcleo esencial de la fe ¿Qué es lo que a Dios más le interesa que se manifieste en nuestras vidas? Una vez más, ¿Qué demanda el Señor de ti? Y el pasaje responde de esta manera. En primer lugar, hacer justicia. Él no está dirigiéndose aquí solo a los administradores de justicia en los tribunales; ciertamente, ellos están incluidos dentro de lo que Dios requiere.

Pero de nuevo, mira la relación estrecha entre la palabra justicia y la palabra rectitud en el Antiguo Testamento, porque la justicia no está determinada por el precedente jurídico o la conveniencia política. En Israel, la justicia siempre se define en términos de rectitud.

Recuerdo haber estado involucrado muchos años atrás en el ámbito de las relaciones laborales en Pittsburgh, cuando trabajaba con un hombre llamado Wayne Alderson, quien era absolutamente incansable en su deseo de trabajar con personas que estaban enemistadas en el lugar de trabajo.

Y solía ir de un lado a otro con él, dando seminarios en varias sedes de varias compañías de Fortune 500,  trabajadores y directivos trabajando juntos en este campo.

Recuerdo que una vez me hizo ir hasta la mitad del estado de Pensilvania para uno de estos seminarios en una fundidora de acero. Y se fue todo el día y estaba agotado y nos dirigíamos a casa por la autopista Turnpike de Pennsylvania; y era como las 2 de la mañana y Wayne estaba manejando.

Y pude ver cuán cansado él estaba y le dije: «Wayne, ¿por qué haces esto?». Esa fue una pregunta directa en medio de la noche cuando nuestras defensas estaban bajas y él no tenía un micrófono delante de él, ni la prensa estaba allí para grabar sus palabras, por lo que no tenía la necesidad de dar algún tipo de respuesta heroica o respuesta altruista a mi pregunta.

Solo dije: «¿Por qué haces esto?» Y él respiró profundamente por el cansancio y me miró y dijo, «Porque eso es lo correcto por hacer». No era lo más popular para hacer, no era lo más rentable, pero era lo que se debía hacer.

Y, francamente, su respuesta me avergonzó porque yo estaba pensando: «¿Por qué estoy haciendo esto?» No puedo imaginar por qué lo estoy haciendo. Bueno es porque es lo correcto por hacer. Y esa es la primera cosa que Dios requiere de nosotros, que en tanto esté en nosotros hagamos lo que es correcto.

Y la rectitud nos es revelada en toda la Escritura: aquellas cosas que Dios nos las define como las cosas correctas. Y así, Miqueas dice ¿qué haces tú? ¿Qué requiere Dios? Dios exige que hagas justicia, que practiques la rectitud, que haga lo correcto.

A continuación, la segunda cosa es amar la misericordia. Eso es un poco confuso y, probablemente, si tienen más de una traducción diferente del texto en su grupo, obtendrán más de una versión diferente de esta palabra ya que la palabra que se usa aquí es una palabra que está en hebreo y es la palabra “hesed”. Y la he visto traducida de muchas muchas maneras distintas en inglés.

A menudo se traduce con la palabra “misericordia”, pero la traducción más común en inglés es una frase de dos palabras “steadfast love”. Creo que la interpretación que es mucho más precisa para esta frase es “amar con lealtad”.

“Hesed” es el término que se utiliza en la Escritura una y otra vez para describir el carácter del amor de Dios por nosotros. Es su amor del pacto. Es su amor fiel, leal a su pueblo. Su misericordia fluye de su lealtad personal hacia su pueblo amado.

Entonces, lo que Miqueas dice aquí es que lo que Dios requiere de nosotros no es solo hacer lo que es correcto, sino que nuestras relaciones en este mundo han de ser marcadas por la lealtad, por el tipo de amor que cubre una multitud de pecados, por una especie de amor que en su naturaleza es misericordioso, sufrido.

En un sentido, la totalidad de 1 Corintios 13 se resume en esta palabra “hesed”, este es el amor del que habla el Nuevo Testamento: El amor que es fiel, el amor que es amable, el amor que persevera.

Y finalmente, la tercera cosa que Miqueas menciona es andar humildemente con tu Dios. En Ligonier, tenemos nuestra pequeña revista Table Talk, y si tú conoces sobre Table Talk, sabes que nosotros constantemente tenemos unas pequeñas porciones en la parte inferior de la página llamadas Coram Deo, Coram Deo.

Y la razón para ello es que hace varios años, uno de nuestros miembros del consejo se me acercó y me dijo, «RC, ¿cuál es la gran idea?» Eso sonó como cuando mi madre con las manos en la cadera me preguntaba: ‘¿cuál es la gran idea?’

Le dije: «¿Qué quiere decir con cuál es la gran idea?» Él dijo: «Quiero saber en pocas palabras, la gran idea de lo que estás tratando de comunicar en esta enseñanza». Y le dije: «Bueno, si quiere que la reduzca a una simple declaración, sería la frase latina “Coram Deo».

El preguntó: «¿Qué es eso? «, y le dije, «Esa fue una frase muy importante para Lutero y Calvino y los reformadores magistrales del siglo 16, para encapsular la esencia de lo que estaban enseñando».

Significa literalmente “delante del rostro de Dios” y el concepto es que como cristianos debemos vivir nuestras vidas enteras como si estuviéramos plenamente conscientes de vivir nuestras vidas ante los ojos de Dios, delante de su rostro, en su presencia y que hemos de hacer todas las cosas en sujeción a su soberanía y a su autoridad.

Es por eso que usamos esa frase y eso es lo que Miqueas está diciendo. ¿Qué demanda el Señor de ti? Demanda que ames la justicia y la rectitud, que manifiestes misericordia como Dios lo hace, un amor leal y que andes humildemente delante de Él en cada aspecto de tu vida.

El profeta Habacuc, es uno de mis favoritos. Habacuc fue una persona persistente. Él es una especie de mini Job en el Nuevo Testamento. Él empieza con una declaración de una carga. Leemos al inicio del capítulo 1 de su libro la carga que tenía el profeta Habacuc:

» ¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión?

La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia…» y demás. Él está diciendo que la nación está desmoronándose, los paganos han tomado el control, ¿cómo puedes dejar que estas cosas pasen?

¿Cómo puedes permitir que triunfe el mal sobre la justicia? Él clama oh Dios, tú eres demasiado santo para mirar al pecado pero pareciera que toleras esas calamidades que están sucediendo.  ¿Qué está pasando?

Así que en el capítulo 2, dice: «Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondré; velaré para ver lo que Él me dice, y qué he de responder cuando sea reprendido». ¿Has oído de la torre de vigilancia? Eso está asociado con Habacuc.

Habacuc dice que ha sacudido su puño en el rostro de Dios, que ha exigido una respuesta para su teodicea, para que Dios le explique por qué Él tolera todo este mal y voy a subir a mi torre de vigilancia y no me voy a mover.

Voy a ser como alguien que se sienta en una cabina de teléfono y me voy a quedar allí hasta que reciba una respuesta de Dios. Es por eso que digo que este es un tipo persistente, Habacuc.

Y, por último, Dios habla y responde y dice: “Escribe la visión y grábala en tablas, para que corra el que la lea. Porque es aún visión para el tiempo señalado; se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará». Vean.  Esto es lo que sucede con la palabra de Dios. Nos encanta escuchar las promesas de Dios, pero cuando Dios es lento para cumplir las promesas que Él da a su pueblo y cuando el Señor tarda, nos impacientamos, nos inquietamos, y a veces nos molestamos con Dios.

Y Dios le dice a Habacuc que se calme, que él ha dado su palabra, que puede tardar, pero que sin duda las cosas ocurrirán. Luego, en el capítulo 3, leemos en el verso 16, la reacción de Habacuc a la palabra de Dios. «Oí, y se estremecieron mis entrañas; a tu voz temblaron mis labios. Entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy”.

Me encanta esta descripción porque se ajusta perfectamente a la descripción de las personas en el Antiguo Testamento cuando se encuentran con el Dios vivo. Habla de temblar en la presencia de Dios, de sus labios temblorosos.

¿Alguna vez has visto a un niño que ha estado a punto de llorar y que hace todo lo posible para no hacerlo y tú sabes que es una batalla perdida cuando los labios inferiores empiezan a moverse y a temblar y tú sabes que en cualquier momento la fuente empezará a salir a borbotones?

Bueno, esto es lo que él dice que le pasó. ‘Cuando Dios habló, yo temblé, mis labios empezaron a temblar y un sentido de podredumbre entró en mis huesos’. Y entonces hace la declaración que se cita tres veces en el Nuevo Testamento, «Mas el justo por su fe vivirá». Es decir, el justo vivirá por la confianza.

Baja de tu torre de vigilancia Habacuc y confía en mí, es lo que Dios está diciendo. Y, por último, su himno de la fe en el capítulo 3, versículo 17, «Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del redil, y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación».

Este es el mensaje de fe. Traducido en lenguaje moderno, se estaría diciendo algo como esto: Aunque mi negocio fallé por completo, caigan los mercados de valores, la economía esté en ruinas, la nación sea conquistada por invasores extranjeros, pierda mi auto, pierda mi casa, pierda todo, aún así, me regocijaré en el Dios de mi salvación pues Él «ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar».

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Amós y Oseas

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Amós y Oseas

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En realidad, el texto de Amós ha sido por largo tiempo el favorito para todos los que participan en activismo social, porque de todos los profetas menores, Amós se destaca como la voz de Dios a favor del pobre y del oprimido.

A menudo hay muchos conceptos falsos que salen del texto de Amós, pero la mayor preocupación de Amós fue que la justicia estuviera presente en la tierra. Su preocupación por la justicia no era solo un asunto de procedimientos de justicia penal sino del comportamiento de las personas y particularmente del gobierno con respecto a las relaciones interpersonales.

Cuando consideramos a Amós, este parece ser un tipo de profeta sombrío y triste; y él pasa tanto tiempo hablando de la justicia de Dios que apenas podemos ver algo de la misericordia de Dios en su libro. Es por eso que hoy vamos a dar un vistazo a Amós y Oseas, quienes son como los profetas gemelos del siglo VIII a.C.

El énfasis de Amós es la justicia y el énfasis de Oseas es la misericordia, pero sería incorrecto suponer que todo lo que preocupaba a Amós era la justicia y que todo lo que le preocupaba a Oseas era la misericordia.

Solo estamos hablando aquí de la diferencia en el énfasis. En el libro de Amós, al principio del capítulo 1, leemos esta declaración, capítulo uno, verso tres: «Así dice el Señor: ´Por tres transgresiones de Damasco, y por cuatro, no revocaré su castigo´».

Luego, lo que sigue es un anuncio profético del juicio de Dios sobre la ciudad de Damasco. Luego en el verso 6: «Por tres transgresiones de Gaza, y por cuatro, no revocaré su castigo». Verso 9: «Por tres transgresiones de Tiro, y por cuatro, no revocaré su castigo». Versículo 11; «Por tres transgresiones de Edom, y por cuatro, no revocaré su castigo».

Y lo que ocurre aquí es una serie de oráculos entregados por Amós mediante los cuales Dios habla a través de su profeta y anuncia su juicio sobre las naciones impías y ciudades que rodean a Israel. Me gusta imaginar este escenario en el que Amós está rodeado por gente de Israel.

Él mismo es del reino del sur, de Judá, pero está profetizando ahora en el norte y lo veo reuniendo a todas estas personas a su alrededor y anunciando que Dios va a juzgar a Damasco, y cuando dice: “Por tres transgresiones” “y por cuatro, no revocaré su castigo” sobre Damasco, el pueblo está gritando y vitoreando: ‘¡Esas son buenas noticias!’

Y luego dice: “Por tres transgresiones” “y por cuatro”, va a juzgar Gaza y la gente vitorea de nuevo. Y voy a juzgar a Edom y voy a juzgar a esta nación, y a aquella nación. Y podemos ver un aumento creciente de la emoción entre la gente cuando se anuncia el juicio de Dios sobre los vecinos paganos.

Pero entonces en la cúspide de su entusiasmo, Amós dice: «Por tres transgresiones y por cuatro Oh Israel, yo no revocaré mi castigo».

Y es como si le hubiera puesto una trampa a su audiencia pues, de repente, su alegría se vuelve en amarga tristeza y hostilidad hacia la voz de este profeta. Uno de los temas más importantes que encontramos en Amós tiene que ver con una idea que está profundamente arraigada en la fe del Antiguo Testamento.

Es anterior a los profetas y era la expectativa de lo que se llamó el día del Señor. A veces es llamado el día de Jehová, y otras veces el día de la visitación de Dios. En la antigüedad, el pueblo judío anhelaba ese futuro cuando Dios mismo visitaría a su pueblo y con claridad se manifestaría y el pueblo esperaba esto con muy gran gozo.

Sin duda era su esperanza escatológica. De hecho, cuando llegamos al Nuevo Testamento y recordamos la enunciación del ángel Gabriel, no en el caso a María, sino a Zacarías, sobre el inminente nacimiento de Juan el Bautista, vemos que, bajo la influencia del Espíritu Santo, Zacarías canta el Benedictus y menciona en su cántico de alabanza su gran gozo porque Dios estaba visitando a su pueblo, y que ellos esperaban este día de la visitación.

Pero como dije, en la tradición, el día del Señor, que se esperaba, era un tiempo de la visita de la misericordia, la gracia y la salvación de Dios.  Sin embargo, veamos brevemente lo que Amós hace con esta esperanza favorita del pueblo. En el capítulo 5 verso 16, Amós dice: «Por tanto, así dice el Señor, el Señor Dios de los ejércitos: En todas las plazas hay llanto, y en todas las calles dicen: ¡Ay! ¡Ay! Llaman a duelo al labrador, y a lamentación a los que saben plañir. En todas las viñas habrá llanto, porque pasaré por en medio de ti, dice el Señor».

No dice: “pasaré por encima de ti” como lo hizo en Egipto, sino, “pasaré por en medio de ti”.  Y luego da este oráculo de condenación: «¡Ay de los que ansían el día del Señor! ¿De qué os servirá el día del Señor? Será tinieblas, y no luz; como cuando uno huye de un león, y se encuentra con un oso, o va a casa, apoya la mano en la pared, y lo muerde una culebra.

¿No será tinieblas el día del Señor, y no luz; oscuridad, y no resplandor? En otras traducciones se lee de la siguiente manera: “El día del Señor será de oscuridad, y no de luz”. Esta es la presentación más pesimista del concepto del día del Señor que encontramos en todo el Antiguo Testamento.

Pues Amós dijo: ‘¡Ay de ustedes que esperan impacientes y desean el día de la visita del Señor!; porque lo que esperan con anticipación gozosa, va a ser una tremenda sorpresa para ustedes’.

Serán como aquellos que huyen de un león y justo cuando piensan que han escapado del león, se encuentran de frente con un oso, y escapan del oso y regresan a toda prisa a la seguridad y refugio de su casa, corren dentro de la casa, cierran la puerta, suspiran de alivio, apoyan su mano en la pared y una serpiente venenosa los muerde.

Esa es la imagen que usa Amós para estas personas. Y ahora está hablando del juicio venidero sobre Jerusalén. Ahora, veremos en unos momentos que Oseas suaviza la idea del juicio que está asociada con el día del Señor y ofrece una esperanza futura para el remanente de Israel para quien el día del Señor será una bendición.

Y si seguimos este tema a través de los profetas Isaías, Sofonías por ejemplo, Joel, y en el Nuevo Testamento, veremos que el día del Señor se vuelve un concepto que es muy importante para la teología bíblica, que es una espada de doble filo.

Para aquellos que no están preparados para la venida del Señor, es un día de oscuridad, sin luz. Pero para aquellos que están esperando ansiosamente su llegada y su aparición, para ellos es un tiempo de bendición sin igual y de gracia.

En el Nuevo Testamento, la encarnación de Jesús se describe de varias formas por el término “visitación”. Incluso allí su visita a este mundo es un tiempo de excesivo gran gozo para aquellos que son fieles al pacto y dan la bienvenida a su venida.

Pero su venida también es una crisis, ya que trae juicio sobre aquellos que lo rechazan. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”.

Incluso en los últimos días de su ministerio, Él se lamenta, el domingo de Ramos, por la ciudad de Jerusalén y les dice que la destrucción vendrá sobre la ciudad porque no estaban listos en el día de su visita.

Ahora Amós, como digo, siendo del sur incurre en la ira de los que viven en el reino del norte. El sacerdote de Betel, Amasías, acusó a Amós de conspirar en contra de Israel y él dice en el capítulo 7 verso 10: «la tierra ya no puede soportar todas sus palabras».

Y en el versículo 12, dice Amasías a Amós: «“Vete, vidente”, o tú, profeta, “huye a la tierra de Judá, come allí pan y allí profetiza; pero en Betel no vuelvas a profetizar más, porque es santuario del rey y residencia real».

Y Amós responde a Amasías con algunas palabras extrañas, pero creo que son importantes para entender este libro. Amos respondió y dijo: «Yo no soy profeta, ni hijo de profeta, sino que soy boyero y cultivador de sicómoros. Pero el Señor me tomó cuando pastoreaba el rebaño, y me dijo: Ve, profetiza a mi pueblo Israel».

Lo que está pasando aquí es que Amós niega que sea un profeta, sin embargo, aquí lo tenemos, célebre como uno de los profetas canónicos más importantes del Antiguo Testamento. ¿Por qué le anunciaría públicamente al sacerdote de Betel que él no era un profeta? «Yo no soy profeta, ni hijo de profeta.»

Bueno, la palabra que Amós usa aquí en hebreo es la palabra ‘nabi’ y nabi hizo referencia a eso. Es por eso que la versión que leí hace un rato, lo traduce vidente.

En Israel había, además de los profetas canónicos, los que fueron carismáticamente dotados por Dios para ser agentes de la revelación divina, para ser sus voceros ante la nación. También había profetas profesionales, profetas institucionales, profetas de culto que eran contratados. Y cuando Amasías rechaza a Amós, le está diciendo que él es un vidente ordinario, de culto, profesional.

Así que le dice que vaya a ejercer su profesión a otro lugar. Y Amós le responde: ‘Yo no soy esa clase de profeta. No soy un profeta con «p» minúscula. Yo soy un profeta con «P» mayúscula, porque estoy hablando la palabra del Señor’.

Así que espero que eso explique esta porción enigmática. Luego leemos que Dios va a traer juicio sobre el pueblo y él dice anteriormente en el capítulo 7: Dios mostró a Amós una plomada, y el Señor dijo: “He aquí, pondré una plomada en medio de mi pueblo Israel. Ya no volveré a dejarlos sin castigo”.

Esta plomada es una de varias visiones, está la visión del fuego, está la visión de la cesta de fruta de verano y otras, que ilustra una cosa común que encontramos en los profetas.

Los profetas son conocidos por dar ejemplos prácticos, por patrones extraños de comportamiento que muestran la verdad de Dios, como corriendo por las calles desnudo o Ezequiel acostado de lado durante muchos meses.

Y en este caso, teniendo visiones que tienen un significado simbólico para la gente que comunica la palabra de Dios. Y todas estas visiones que encontramos en el capítulo 7 y 8 tienen que ver con las visiones del juicio venidero de Dios sobre el pueblo.

Ahora, en el libro de Amós, terminaré con esto, como dije, el tema central es la rectitud o justicia social, pues lo que le preocupa a Dios sobre Israel es la inmoralidad, la injusticia social y la apostasía religiosa.

Así que Dios dice al pueblo, ‘desprecio tus fiestas; aborrezco tus asambleas solemnes; tus sacrificios se han convertido en un hedor en mi nariz, porque, aunque tienes los adornos exteriores de la religión, se están tratando unos a otros de forma opresiva, pues los pobres son vendidos por un par de zapatos’.

Luego dirige su atención a la clase rica de personas que, en su mayor parte, formaba parte, en ese tiempo, del gobierno de turno de ese tiempo, y dice que las mujeres habían llegado a ser como las vacas gordas de Basán.

Ahora imagina un profeta que se levanta hoy ante una congregación y le dice a las señoras ricas y a la iglesia: ‘ustedes vacas gordas de Basán que descansan en camas de marfil, pero venden al pobre por un par de zapatos, y no hay justicia en las puertas’.  Y cuando se habla de la justicia en las puertas, se refiere al sistema judicial que se supone debe ser imparcial y no hacer diferencia entre el pobre y el rico.

Y lo que está sucediendo en este momento es que los jueces están aceptando sobornos y están distorsionando los principios de la ley de Dios que eran una parte de su pacto.

Como ya lo mencioné, el profeta Amós hace hincapié en esta preocupación por la justicia social. Oseas, su homólogo en aquellos días, es quizás el más famoso para nosotros por lo que ocurre al principio del libro que lleva su nombre.

Oseas es elegido por Dios y le manda salir y casarse con una ramera, al parecer una prostituta profesional. Demos un vistazo a este relato que se encuentra al principio del libro de Oseas donde leemos en el primer capítulo, verso 2.

Leemos: «el Señor le dijo: Anda, toma para ti a una mujer ramera y engendra hijos de prostitución; porque la tierra se prostituye gravemente, abandonando al Señor».

Ahora, esto es importante. Como dije, los profetas usan constantemente ejemplos prácticos, y aquí tenemos el ejemplo máximo que Dios estaba tratando de demostrar a su pueblo al decirle a Oseas que se casara con una prostituta.

La razón para ello es obvia: ‘Porque mi pueblo se ha convertido en una ramera. Mi novia me ha sido infiel, pero me he mantenido casado con esta novia por tanto tiempo y he tolerado y he sido paciente con sus infidelidades; pero ahora el tiempo del juicio está cerca’.

Y así leemos en el primer capítulo: Oseas fue “y tomó a Gomer, hija de Diblaim; y ella concibió y le dio a luz un hijo. Y el Señor dijo a Oseas: Ponle por nombre Jezreel, porque dentro de poco castigaré a la casa de Jehú por la sangre derramada en Jezreel, y pondré fin al reino de la casa de Israel. Y sucederá que en aquel día quebraré el arco de Israel en el valle de Jezreel».

Una vez más prediciendo la derrota militar de Israel, que tendrá lugar en el valle de Jezreel. Y así, al primer hijo de Oseas se le da un nombre que comunica y encarna la profecía de Dios.

Luego él continúa diciendo que su esposa concibió otra vez y dio a luz una hija, y Dios le dijo: “Ponle por nombre Lo-ruhamá, porque ya no me compadeceré de la casa de Israel». El nombre significa ‘no más misericordia’.

¿Cómo te llamas pequeña? Mi nombre es ‘no más misericordia’. Dios me dio ese nombre porque le ha dicho a su pueblo y a su novia infiel: ‘Ya no lo toleraré más y no daré más misericordia. Pero la aflicción más profunda de esta interminable lección práctica creo que es el nacimiento del tercer hijo.

«Después de haber destetado a Lo-ruhamá, ella concibió y dio a luz un hijo. Y el Señor dijo: Ponle por nombre Lo-ammí”, que traducido significa “no mi pueblo”.

Y Dios está diciendo a Israel: ‘Ustedes, a quienes llamé a ser mi pueblo del pacto, ustedes con quienes me casé en el desierto y les dije que serían una luz para los gentiles, que sería su Dios y que serían mi pueblo y que los apartaría y los consagraría para ser una nación santa. ¡No más! Ahora ustedes son para mí Lo-ammi, no mi pueblo’.

Es fascinante en el Nuevo Testamento, cuando el apóstol habla del injerto de los gentiles como nosotros en la iglesia y en el reino de Dios.

Se dice de nosotros que Dios tomó un pueblo que no era su pueblo y nos hizo su pueblo, pero eso no significa que el rechazo de Dios a su pueblo del pacto, en este punto de la historia, fuera total o definitivo.

Como dije, Oseas es el profeta de la esperanza y de la misericordia. Hasta ahora, ha habido muy poca esperanza y muy poca misericordia en este texto. En el capítulo 2, Dios ordena a Oseas que se divorcie de Gomer, de nuevo para simbolizar la sentencia de Dios de divorcio contra Israel.

Pero, luego, en el capítulo 2 verso 14, leemos lo siguiente: “Por tanto, he aquí, la seduciré, la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón. Le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza. Y allí cantará como en los días de su juventud, como en el día en que subió de la tierra de Egipto. Y será en ese día, dice el Señor, que me llamarás ‘mi esposo’ y ya no más ‘mi maestro’.

Y “Te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en misericordia y en compasión; te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás al Señor». Y luego en el versículo 23: «Y tendré compasión de la que no recibió compasión, y diré al que no era mi pueblo: (ammí) Tú eres mi pueblo.”

Una vez más, Dios restaurará a su novia para sí mismo y llamará a su pueblo por su nombre.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Esdras y Nehemías

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Esdras y Nehemías

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Terminamos nuestro breve estudio sobre los profetas mayores y antes de empezar a ver los profetas menores y un breve estudio de la literatura sapiencial del Antiguo Testamento, quiero hacer un pequeño paréntesis para dar un vistazo veloz a dos libros pequeños que son parte del registro histórico del Antiguo Testamento; son los libros de Esdras y Nehemías.

Porque estos libros cubren algo de la historia después del exilio y narran los acontecimientos que rodean el retorno del exilio. Y en un sentido muy real, en términos de un resumen cronológico del Antiguo Testamento, nos llevan al final de ese período registrado en el Antiguo Testamento.

Ahora bien, en nuestras biblias, los libros de Esdras y Nehemías son dos libros distintos. Sin embargo, hay grandes probabilidades que en el mundo antiguo estos libros se fusionaron en uno solo, Esdras-Nehemías, porque ambos estaban interesados en el mismo tipo de iniciativa.

Pero vamos a tratarlos por separado, ya que así es como están hoy. Tanto Esdras como Nehemías estaban involucrados en un importante punto del avivamiento nacional.

Te puedes imaginar cómo fue para los judíos exiliados pasar más de una generación de historia en cautiverio en una tierra extraña. Puedes imaginar la esperanza que nació en ellos cuando les llegó la noticia de la caída de sus opresores, los babilonios, y podían esperar que el nuevo imperio reinante, el de los medos y persas, los fuera a liberar a ellos.

No sé si alguien ha pasado alguna vez tiempo en un país extranjero donde te encuentras lejos de casa por un período temporal, y aun cuando tratas de ajustarte y aclimatarte en esa tierra extraña, todavía hay algo del viejo dicho que dice: “no hay nada como estar en casa”.

Cuando vivíamos en Europa y asistía a la universidad y tratábamos de adaptarnos a la cultura holandesa, una de las pequeñas frases o expresiones que aprendimos fue esta, “Ost, vest taus is best”, que significa este u oeste, el hogar es mejor.

Entonces, cuando les llega la noticia a estos refugiados en el exilio que un decreto ha sido emitido por el nuevo rey que les permite regresar a su tierra natal, esta debe haber sido una de las ocasiones más felices en todo el Antiguo Testamento.

El primer capítulo de Esdras nos da panorama de esto, a partir del verso 1: «En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, y éste hizo proclamar por todo su reino y también por escrito».

Observa cómo es presentado este libro. No es solo una historia secular de los asuntos del rey de Persia, sino que empieza recordando a los lectores que lo que está a punto de pasar tiene lugar, en primer lugar, en el cumplimiento de la profecía futura de la restauración dicha por Jeremías.

Y que este poderoso rey Ciro es movido a actuar por la obra de Dios. Ustedes saben que el pueblo judío no conoce de un Dios al que no se le permite entrar en las decisiones de los seres humanos o inclinar sus corazones en una dirección o en otra.

Yo podría decir en este punto que, el Dios de Israel se está revelando así mismo como un calvinista competente que tiene el poder de inclinar los corazones de sus criaturas en la dirección que Él quiere que vayan para cumplir su voluntad providencial y sus decretos soberanos.

Y así desde el principio, en lugar de permitir que la gente se regocije en la benevolencia de un rey pagano, se le recuerda al pueblo quién es el que los está librando del cautiverio.

Continúa el texto, “diciendo: Así dice Ciro, rey de Persia: ‘El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y El me ha designado para que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá. El que de entre vosotros pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él.

Que suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa del Señor, Dios de Israel; El es el Dios que está en Jerusalén. Y a todo sobreviviente, en cualquier lugar que habite, que los hombres de aquel lugar lo ayuden con plata y oro, con bienes y ganado, junto con una ofrenda voluntaria para la casa de Dios que está en Jerusalén’”.

Así que como resultado de este decreto que ahora es la ley de los medos y persas, Esdras conduce a un grupo de personas desde esa tierra hacia Jerusalén y emprende la tarea de reconstruir el templo que había sido destruido por Nabucodonosor y los babilonios.

Y así empieza la primera parte del retorno del exilio y el capítulo 3 de Esdras habla sobre los inicios de esta restauración del templo y quiero detenerme aquí por un momento.

Leemos en el verso 10 del capítulo 3: «Cuando los albañiles terminaron de echar los cimientos del templo del Señor, se presentaron los sacerdotes en sus vestiduras, con trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, con címbalos, para alabar al Señor conforme a las instrucciones del rey David de Israel.

Y cantaban, alabando y dando gracias al Señor: Porque El es bueno, porque para siempre es Su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba a gran voz alabando al Señor porque se habían echado los cimientos de la casa del Señor».

Es decir, este es un tiempo sin inhibiciones de celebración, cuando ellos pusieron los cimientos del nuevo templo en Jerusalén. Pero hay una nota de tristeza en este texto. En el versículo 12 leemos estas palabras: «Pero muchos de los sacerdotes y levitas y jefes de casas paternas, los ancianos que habían visto el primer templo, cuando se echaban los cimientos de este templo delante de sus ojos, lloraban en alta voz mientras muchos daban gritos de alegría.»

Hay una diferencia entre las generaciones. Las personas más jóvenes que vendrían ahora están encantadas de haber salido del cautiverio y participar en este proyecto de construcción para restaurar el templo de su nación.

Sin embargo, para los ancianos de la comunidad, para los sacerdotes y los levitas, fue un momento agridulce, ya que todavía tenían el recuerdo vivo del esplendor del templo que fue construido por Salomón; e incluso, aunque este templo estaba siendo reconstruido en este momento, no había manera de que se pudiera comparar con el esplendor y la gloria del templo de Salomón, que fue construido durante la Edad de oro de Israel.

En vez de regocijarse y aplaudir, lloraron y clamaron. Pero volvieron en sí después de un rato. Y el trabajo empezó en el templo solo para ser interrumpido cuando Ciro salió de escena y la oposición llegó a este proyecto durante los reinados de Jerjes y Artajerjes y el trabajo se suspendió y paró temporalmente.

Hasta que llegamos al capítulo 6 del libro de Esdras donde leemos sobre la culminación de este trabajo de reconstrucción del templo, la dedicación del mismo y la celebración de la pascua.

En este momento, Esdras instituye reformas importantes en el pueblo porque todavía están practicando muchos de los rituales paganos que habían aprendido durante su cautiverio. Y ellos vienen con sus esposas paganas y esposos paganos, y así, van de vuelta al problema.

Y entonces pasamos al libro de Nehemías, que no describe la reconstrucción del templo, sino la reconstrucción de los muros de la ciudad sagrada misma. Dirijamos nuestra atención, entonces, al libro de Nehemías. Leemos el pasaje inicial de este libro en el capítulo 1, y dice: “Aconteció que en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en la fortaleza de Susa, vino Hananí, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá, y les pregunté por los judíos, los que habían escapado y habían sobrevivido a la cautividad, y por Jerusalén.”

Así es como comienza Nehemías, quien es descrito como un copero del rey, una posición de gran confianza en la corte real. Pero ahora recibe la visita de uno de los que ha ido a Judá y a Jerusalén y le pregunta acerca de la condición de la ciudad.

«Y me dijeron: El remanente, los que sobrevivieron a la cautividad allí en la provincia, están en gran aflicción y oprobio, y la muralla de Jerusalén está derribada y sus puertas quemadas a fuego».

Aunque se encuentra en el palacio del rey, Nehemías es consumido por su gran preocupación por el bienestar de la ciudad de Dios. El no ha olvidado el santuario central y el lugar donde Dios había reunido a su nación.

Por eso está preguntando sobre la situación en Jerusalén; y cuando recibe este reporte sombrío de la ciudad que había sido quemada y las paredes derribadas, su primera reacción fue deprimirse. Leamos lo que dice: «Cuando oí estas palabras, me senté y lloré; e hice duelo algunos días».

Nehemías es apresado por la tristeza. Entonces su primera reacción a las malas noticias es llorar, pero su segunda reacción es orar. «Y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo». Ahora tomemos un momento para considerar la oración de este hombre. Recuerda que él ha estado ayunando, ha estado de luto, ha estado lleno de dolor, porque las noticias han sido malas noticias. Escucha lo que dice en su oración.

«Y dije: “Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman y guardan Sus mandamientos, que estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche por los israelitas tus siervos, confesando los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado».

¿Oyes lo que está pasando aquí? Él empieza esta oración que sale, que brota de un corazón quebrantado, de un corazón temeroso, con pena y de luto; y no  se parece a las oraciones que hacemos en situaciones como esta. Él no está diciendo, «¿Cómo dejaste que esto pase, oh Dios?». Sino que el contenido de su oración es una oración de adoración, una oración de reverencia por la majestad de Dios.

Está de rodillas en medio de esta destrucción y él dice: “Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman».

No dice: “Oh Dios cuya ira y justicia es arbitraria, ¿por qué nos ha tratado injustamente? O ¿cómo puedes dejar que estas cosas nos sucedan? Sino, oh Dios, tú eres un Dios “que guarda el pacto”.

Él entendió el mensaje de Ezequiel y el mensaje de Daniel. Él comprendió que la razón de la calamidad que había caído sobre su amado país y su amada ciudad: era que Dios estaba cumpliendo su promesa, la cual era una promesa de juicio si las personas continuaban en su maldad.

Como dice la Escritura, “aunque todo hombre sea hallado mentiroso”, Dios es hallado verás. Lo que sigue inmediatamente después de su oración de adoración es una oración de contrición, una oración de arrepentimiento en la que confiesa no solo los pecados de sus padres, sino los pecados de su propia generación y de él mismo.

El dijo: «Hemos procedido perversamente contra ti y no hemos guardado los mandamientos, ni los estatutos, ni las ordenanzas que mandaste a tu siervo Moisés. Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste a tu siervo Moisés, diciendo: Si sois infieles, yo os dispersaré entre los pueblos; pero si volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los cumplís, aunque sus desterrados estén en los confines de los cielos, de allí los recogeré y los traeré al lugar que he escogido para hacer morar allí mi nombre’. Y ellos son tus siervos y tu pueblo, los que Tú redimiste con tu gran poder y con tu mano poderosa.

Te ruego, oh Señor, que tu oído esté atento ahora a la oración de tu siervo y a la oración de tus siervos… Has prosperar hoy a tu siervo…». Lo siguiente que hace Nehemías es ir al magistrado civil, a las autoridades gobernantes de su época. No fue donde ellos primero.

A donde fue primero es a donde Dios, y buscó el permiso de Dios, y el don de Dios para hacer algo sobre esta condición. Y entonces leemos en el capítulo 2: «Aconteció que en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, estando ya el vino delante de él, tomé el vino y se lo di al rey. Yo nunca había estado triste en su presencia, y el rey me dijo: ¿Por qué está triste tu rostro? Tú no estás enfermo; eso no es más que tristeza de corazón. Entonces tuve mucho temor, y dije al rey: Viva para siempre el rey. ¿Cómo no ha de estar triste mi rostro cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, está desolada y sus puertas han sido consumidas por el fuego?».

¿No es interesante que el rey se da cuenta de la tristeza de Nehemías? Pues el rey le dice: ‘¿Qué problema tienes? Siempre estás risueño y alegre cuando estás sirviendo aquí en el palacio, pero veo que tienes algún problema por tu semblante y en mi opinión no es una enfermedad física, sino una enfermedad del alma. Tú estás angustiado por algo, ¿qué es, Nehemías?’

Y Nehemías tiene mucho miedo de dar la respuesta por temor a que el rey pueda pensar que es ingrato por la posición maravillosa que tiene allí y que no está satisfecho con su situación presente.

Así que prepara su respuesta diciendo: “Viva para siempre el rey” ‘y no se ofenda por lo que estoy a punto de decir, pero ¿cómo puedo estar feliz cuando la ciudad donde están los sepulcros de mis padres, la ciudad de Dios, está en ruinas?

«El rey me dijo: ¿Qué es lo que pides? Entonces oré al Dios del cielo». El rey dijo: “qué es lo que pides?” y antes de contestar, Nehemías ora a Dios.

«Y respondí al rey: Si le place al rey, y si su siervo ha hallado gracia delante de ti, envíeme a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique. Entonces el rey me dijo, estando la reina sentada junto a él: ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y le agradó al rey enviarme, y yo le di un plazo fijo».

Lo que sigue es el registro de todo este episodio dramático en la historia judía sobre la construcción de los muros de Jerusalén. El rey dio un salvoconducto a Nehemías y a su pueblo para emprender este programa de reconstrucción del templo, para llevar los materiales al sitio y pasar a través de diversas satrapías del imperio persa.

Pero como había sucedido antes, a funcionarios menores en el reino y en el imperio no les gustó este trato especial que se le estaba dando a Nehemías y empezaron a conspirar para obstaculizar este trabajo de reconstrucción. Y estaban, en ese sentido, actuando contra el decreto del rey. Pero a pesar de toda esta intriga, los muros y la construcción son defendidos contra las incursiones de los enemigos hacia ellos, en particular Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los asdoditas que querían evitar que la construcción fuera terminada.

Así que aquí hay un proyecto de construcción que se está llevando a cabo en medio de la guerra, en verdad, en medio de estos ataques todos los días. Así que, en ese sentido, tienen una lanza en una mano y una pala en la otra pues los que trabajan en el muro también tienen que lidiar con los ataques de los enemigos. Y por si fuera poco, mientras están pasando por esto, algunas de las personas mismas comenzaron a murmurar y a quejarse, y decían que era una recapitulación del pueblo de Israel y la experiencia en el desierto, y decían: ‘¿Qué estamos haciendo aquí? Estamos sufriendo’ y cosas así. Y lo que Nehemías entiende es que no solo tiene que reconstruir los muros, también tiene que reconstruir la nación. Tiene que reconstruir al pueblo.

Y después de que terminen el muro, la tarea no estará aun completa ya que Nehemías se embarca en una reforma profunda de la vida de su pueblo para que detengan todo esto de matrimonios mixtos con infieles; dejaran de profanar las cosas sagradas de Dios con los rituales paganos.

Y hay un punto interesante con el que me gustaría terminar. Ocurre más adelante en el libro de Nehemías, hacia el final, en el capítulo 13 donde establece los principios de la reforma y de la separación. En el versículo 28, en el mismo final del libro leemos: «Aun uno de los hijos de Joiada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat Horonita, y lo eché de mi lado».

¿No es interesante? Tenía un sacerdote trabajando aquí, que era parte de la familia de los enemigos que estaban destruyendo este trabajo, o tratando de destruir esta obra, y entonces se deshizo de él.

Y en el versículo 29, dice: “Acuérdate de ellos, Dios mío, porque han profanado el sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas. Así los purifiqué de todo lo extranjero».

Los limpié de todo lo pagano. Si la nación iba a comenzar de nuevo y tener una nueva visión de su misión para la que fue establecida y creada en primer lugar, no solo tenían ellos que reconstruir el templo, tenían que limpiar el templo, tenían que limpiarse ellos mismos y tenían que purificar su iglesia, para que la iglesia pudiera ser la iglesia que Dios pretendía que fuera.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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