Daniel

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Daniel

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/36600527

Notamos que la pregunta a la que se enfrentaban esos judíos que habían sido deportados a Babilonia era la siguiente: ¿Cómo cantaremos el cántico del Señor en tierras extrañas y lejanas? Ahora, lo que estos judíos estaban experimentando en este punto de la historia había sido experimentado mucho antes en su historia, en el caso de un hombre que había sido exiliado y deportado a otra tierra, pero en su caso, él estaba solo.

Él no tuvo la comunión de los santos para apoyarlo en su cautiverio. Y estoy pensando, por supuesto, en la vida de José, en el Antiguo Testamento, cuando fue enviado a la tierra de Egipto y terminó en la cárcel por muchos, muchos años.

Y lo que fue capaz de lanzarlo desde una posición de impotencia en el exilio y ser elevado a la esfera de Primer Ministro de la tierra de Egipto fue el don que Dios le dio para interpretar los sueños.

Recordemos que lo que liberó a José de su condición fue la ocasión en que faraón tuvo un sueño que lo perturbaba y que él no podía entenderlo y todos sus magos y consejeros no fueron capaces de dar una interpretación, hasta que José fue llamado, y José develó el misterio a faraón.

Ahora, el mismo tipo de evento sucede al principio del libro de Daniel. El rey conquistador de los babilonios era Nabucodonosor, y Nabucodonosor tuvo un sueño que le molestaba y le molestaba, y quería saber lo que significaba, pero él no contó el contenido del sueño a los que eran parte de su corte para que lo interpretaran, y nadie fue capaz de revelar el secreto de este sueño.

Leemos en el libro del profeta Daniel, en el segundo capítulo, sobre el sueño de Nabucodonosor y sobre la explicación que da Daniel sobre esto. En el versículo 24 del capítulo 2 leemos esto, «Después fue Daniel adonde estaba Arioc, a quien el rey había designado para dar muerte a los sabios de Babilonia.

Fue y le habló así: No des muerte a los sabios de Babilonia; llévame ante el rey, y declararé al rey la interpretación. Entonces Arioc se apresuró a llevar a Daniel ante el rey, y le dijo así: He hallado a un hombre entre los deportados de Judá que dará a conocer al rey la interpretación».

El rey respondió, y dijo a Daniel, a quien llamaban Beltsasar: ¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que he visto y su interpretación? Respondió Daniel ante el rey, y dijo: En cuanto al misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, encantadores, magos ni adivinos que puedan declararlo al rey.  Pero hay un Dios en el cielo que revela los misterios, y El ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días».

Y luego él procede a decirle el contenido del sueño. En el versículo 31, él dijo: “Tú, oh rey, tuviste una visión, y he aquí había una gran estatua; esa estatua era enorme y su brillo extraordinario; estaba en pie delante de ti y su aspecto era terrible. La cabeza de esta estatua era de oro puro, su pecho y sus brazos de plata, y su vientre y sus muslos de bronce, sus piernas de hierro, sus pies en parte de hierro y en parte de barro.” (Aquí es de donde obtenemos la imagen de pies de barro).

“Estuviste mirando hasta que una piedra fue cortada sin ayuda de manos, y golpeó la estatua en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados, todos a la vez, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro; quedaron como el tamo de las eras en verano», etcétera.

Ahora, en el verso 36: “Este es el sueño; ahora diremos ante el rey su interpretación. Tú, oh rey, eres rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado el reino, el poder, la fuerza y la gloria; y dondequiera que habiten los hijos de los hombres, las bestias del campo o las aves del cielo, El los ha entregado en tu mano y te ha hecho soberano de todos ellos; tú eres la cabeza de oro. Después de ti se levantará otro reino, inferior a ti, y luego un tercer reino, de bronce, que gobernará sobre toda la tierra.

Y habrá un cuarto reino, tan fuerte como el hierro; y así como el hierro desmenuza y destroza todas las cosas, como el hierro que tritura, así él desmenuzará y triturará a todos éstos”.

Él continúa explicando sobre la venida de cuatro reinos específicos. Ahora, ha habido mucha controversia y debate para determinar exactamente los cuatro reinos que se mencionan aquí. Estoy a favor de la posición que sostienen muchos estudiosos sobre los cuatro reinos: el primero está claro. Es el reino de Babilonia. Segundo, después del reino de Babilonia viene el reino llamado medo-persa, ya que los persas conquistaron a los babilonios. El tercer reino que sigue después del reino medo-persa en la civilización antigua fue la conquista griega, el mundo antiguo, que a su vez fue seguido por el imperio romano.

Como dije, hay algunas variaciones sobre este tema que los demás han inventado, pero en su mayor parte, esto parece ser lo que estos cuatro reinos representan. Así que el rey de Babilonia, Nabucodonosor tiene este sueño en el cual se le reveló que su reino iba a caer, e iba a ser seguido por reinos inferiores que serían controlados por la providencia de Dios para llevar a cabo sus propósitos futuros. Sabemos que poco después de la interpretación de este sueño, Daniel, al igual que José antes que él, fue ascendido a una posición de autoridad en el reino, junto con algunos de sus amigos, Sadrac, Mesac y Abed-nego.

Y todos estamos familiarizados, creo, con esa historia, cómo después de eso Nabucodonosor hizo esta magnífica estatua dorada de sí mismo, y exigió que la gente mostrara su reverencia a él inclinándose ante la estatua del rey.

Sadrac, Mesac y Abed-nego no podían hacer eso. Recordemos que una de las principales razones por las cuales vino el juicio de este exilio sobre el pueblo fue debido a que la gente había caído en la práctica de la idolatría.

Ellos habían dado culto a otros dioses y a las imágenes paganas. A pesar de que están en el exilio y que están rodeados de una cultura que no comparte su fe, Sadrac, Mesac y Abed-nego no se comprometen.

Y si hay un mensaje aquí para nosotros, hoy en día, es sobre la devoción y la lealtad de estos hombres al Dios vivo. Entonces, algunos de los babilonios hicieron acusaciones contra los judíos. Ellos halagaban a Nabucodonosor.

Le dijeron: “¡Oh rey, vive para siempre! Tú, oh rey, has proclamado un decreto de que todo hombre que oiga el sonido del cuerno, la flauta, la lira, el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, se postre y adore la estatua de oro, y el que no se postre y adore, será echado en un horno de fuego ardiente.

Pero hay algunos judíos a quienes has puesto sobre la administración de la provincia de Babilonia, es decir, Sadrac, Mesac y Abed-nego, y estos hombres, oh rey, no te hacen caso».

¿Puedes ver lo que está pasando aquí? Algunos de los babilonios están ferozmente celosos de que estos extranjeros hayan sido exaltados a posiciones de estima y autoridad en el reino, y están tratando de ser rigurosos, así que estas personas envidiosas vienen y dicen: ‘Oye, rey, hiciste un decreto para que cualquier persona que se niegue a inclinarse ante la imagen de oro sea echada en el horno de fuego ardiendo, y hay tres de estos extranjeros que no lo están haciendo.’

«Entonces, Nabucodonosor, enojado y furioso, dio orden de traer a Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos hombres, pues fueron conducidos ante el rey.

Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad Sadrac, Mesac y Abed-nego que no servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he levantado?

¿Estáis dispuestos ahora, para que cuando oigáis el sonido del cuerno, la flauta, la lira» y demás, «os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adoráis, inmediatamente seréis echados en un horno de fuego ardiente; ¿y qué dios será el que los libre de mis manos?”

Quiero que recuerdes eso. En su ira y furia y rabia, Nabucodonosor dijo, ‘Yo voy a ponerlos en ese horno, y ¿quién es el dios que podría librarlos a ustedes de eso?’.

Guarda eso en tu memoria, para lo que le sucederá, un par de capítulos más tarde, con Nabucodonosor mismo.

Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron al rey: «No necesitamos darte una respuesta acerca de este asunto. Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has levantado».

Esta es una de las respuestas más heroicas en toda la historia redentora. Lo primero que estos hombres dicen al rey es: ‘Rey, nuestro Dios nos librará de tu horno de fuego, pero si no lo hace, aún así no vamos a inclinarnos ante tu imagen, o violar los términos de nuestro pacto con Dios.

Si Dios nos rescata, bien. Pero no somos seguidores de Dios solo cuando todo anda bien. Estamos preparados a entregar nuestras vidas para serle fieles a Él’. Bueno, eso no hizo exactamente feliz a Nabucodonosor, pues leemos que, «Entonces Nabucodonosor se llenó de furor, y demudó su semblante contra Sadrac, Mesac y Abed-nego.

Respondió ordenando que se calentara el horno siete veces más de lo que se acostumbraba calentar. Y mandó que algunos valientes guerreros de su ejército ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego, y los echaran en el horno de fuego ardiente.

Entonces estos hombres fueron atados y arrojados con sus mantos, sus túnicas, sus gorros y sus otras ropas en el horno de fuego ardiente. Entonces, debido a que el mandato del rey era urgente y el horno extremadamente caliente, la llama del fuego mató a aquellos hombres que tomaron a Sadrac, Mesac y Abed Nego; y estos tres cayeron atados en medio del horno de fuego ardiendo”.

Así que calentaron el horno tan caliente que el calor que emanaba de él mató a los guardias que ataron y arrojaron a Sadrac, Mesac y Abed-nego y los arrojaron a esta llama devoradora. Versículo 24, «Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantándose apresuradamente preguntó a sus altos oficiales: ¿No eran tres los hombres que echamos atados en medio del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Ciertamente, oh rey.

El rey respondió y dijo: ¡Mirad! Veo a cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin sufrir daño alguno, y el aspecto del cuarto es semejante al de un hijo de los dioses”. Tengo que pensar que esto es una Cristofanía del Antiguo Testamento.

Esta es una aparición pre-encarnada de la segunda persona de la Trinidad, que vino, no a la cruz, sino al horno, y estaba de pie en la prueba junto con su pueblo fiel y los rescató de la ira de este rey.

«Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y los sátrapas, los prefectos, los gobernadores y los altos oficiales del rey se reunieron para ver a estos hombres, cómo el fuego no había tenido efecto alguno sobre sus cuerpos, ni el cabello de sus cabezas se había chamuscado, ni sus mantos habían sufrido daño alguno, ni aun olor del fuego había quedado en ellos.

Habló Nabucodonosor y dijo: Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego que ha enviado a su ángel y ha librado a sus siervos que, confiando en El, desobedecieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes de servir y adorar a ningún otro dios excepto a su Dios.

Por tanto, proclamo un decreto de que todo pueblo, nación o lengua que diga blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego sea descuartizado y sus casas reducidas a escombros, ya que no hay otro dios que pueda librar de esta manera».

¿Recuerdas lo que dijo antes? » ¿Y qué dios será el que os libre de mis manos?”.  Incluso el rey se da cuenta del carácter de Dios. Una vez más, Nabucodonosor tiene un sueño, y de nuevo Daniel es llamado para interpretarlo, y esta interpretación es del juicio sobre Nabucodonosor.

El texto de la interpretación se encuentra en el capítulo 4, verso 31: «Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando una voz vino del cielo: ‘Rey Nabucodonosor, a ti se te declara: El reino te ha sido quitado, y serás echado de entre los hombres, y tu morada estará con las bestias del campo; te darán hierba para comer como al ganado, y siete años pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y que lo da a quien le place».

Esta es una contienda de reyes. Así como lo vimos anteriormente en la contienda entre Moisés y Dios, y el poder de Egipto y faraón; ahora Dios está diciéndole al rey más poderoso de la época: ‘Veamos quién tiene el poder’.

“El Altísimo domina sobre el reino de los hombres y que lo da a quien le place. En aquel mismo instante se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor: fue echado de entre los hombres, comía hierba como el ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo hasta que sus cabellos crecieron como las plumas de las águilas y sus uñas como las de las aves”. ¿Eso te recuerda a alguien?

Howard Hughes en la demencia de sus últimos años, con las uñas de varias pulgadas de largo; uno de los hombres más poderosos del mundo, reducido a vivir como un animal. Y así Nabucodonosor es humillado en extremo: “Pero al fin de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y recobré mi razón, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su dominio es un dominio eterno, y su reino permanece de generación en generación”.

“Nadie puede detener su mano, ni decirle: ‘¿Qué has hecho?” “Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, porque sus obras son todas verdaderas y justos sus caminos: El puede humillar a los que caminan con soberbia”.

Cuando Nabucodonosor murió, el reino fue transferido y pasaron décadas, y los judíos estaban todavía bajo la opresión de los babilonios, y los judíos estaban todavía bajo la opresión de los babilonios; y luego una de las historias más fascinantes se encuentra en el capítulo 5 de Daniel.

La historia de un rey posterior cuyo nombre es Belsasar. Leemos en el capítulo 5: «El rey Belsasar dio un gran banquete a mil de sus nobles, y en presencia de los mil se puso a beber vino.

Mientras saboreaba el vino, Belsasar ordenó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre había sacado del templo que estaba en Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas.

Entonces trajeron los vasos de oro que habían sido sacados del templo, la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas bebieron en ellos. Bebieron vino y alabaron a los dioses de oro y plata, de bronce, hierro, madera y piedra». ¿Ves lo que está pasando aquí?

Belsasar está lleno de arrogancia y orgullo, y decide tener este gran banquete. Él es el rey de Babilonia y tú debes comprender que la ciudad de Babilonia, de todas las ciudades de la antigüedad, era claramente la fortaleza más inexpugnable de la época.

Sus murallas eran tan gruesas y tan altas, que no tenía puntos aparentes de vulnerabilidad. Y, según los historiadores seculares, incluso durante la celebración de esta fiesta los ejércitos de los persas marchaban hacia Babilonia y pensaban en una forma de sitiar a la ciudad. Eso no le molestaba a Belsasar, porque sabía que no había nada que los persas pudieran hacer para derrotarlos. Ellos tenían suficientes provisiones en esta gran ciudad para muchos años, y podían simplemente esperar a los ejércitos persas; y como dije, las paredes eran inexpugnables.

Así que decide tener un banquete y él tiene a todos sus duques y duquesas, señores y príncipes, y consigue miles de personas para este banquete. Y mientras este banquete continúa y están bebiendo el mejor vino, él ordena que, del botín de la destrucción de Jerusalén, las vasijas sagradas de Dios omnipotente sean utilizadas en esta celebración orgiástica.

Y él toma los vasos sagrados de Dios, los llena con el mejor vino para que puedan brindar por los ídolos paganos, los dioses de oro y de plata. Y mientras que él está en medio de esta celebración arrogante, de repente se da vuelta y ve lo que nadie más en la habitación está mirando, ve una mano que parece estar desprendida, una mano que escribe en la pared.

Palabras extrañas aparecen delante de él, y escuchen el relato de lo que sucede. «De pronto aparecieron los dedos de una mano humana y comenzaron a escribir frente al candelabro sobre lo encalado de la pared del palacio del rey, y el rey vio el dorso de la mano que escribía. Entonces el rostro del rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, las coyunturas de sus caderas se le relajaron y sus rodillas comenzaron a chocar una contra otra».

Es decir, aquí está este poderoso rey desmoronándose. Sus rodillas le tiemblan. Él no sabe lo que significa esto, y llama a sus adivinos para que interpreten la inscripción y no pueden. Las palabras dicen, «Mene, mene, tekel, ufarsin. «Una vez más, finalmente es Daniel, quien es traído para que interprete la inscripción. Daniel le dice al rey: «Esta es la interpretación del escrito. Mene: Dios ha contado tu reino y le ha puesto fin. Tekel: has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso. Peres: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y persas».

Y luego leemos al final del capítulo: «Aquella misma noche fue asesinado Belsasar, rey de los caldeos». No sabemos cómo sucedió. No sabemos cómo los persas conquistaron Babilonia, pero los historiadores seculares de la época dicen que había un arroyo subterráneo que corría bajo el muro de Babilonia, que suministraba el agua a la ciudad y que el comandante persa entendió eso y cerró el paso del río aguas arriba para que tan pronto como el agua dejara de fluir, este gran viaducto bajo la muralla se hiciera transitable.

Y mientras la fiesta continuaba esa noche, el ejército persa se dirigió sin obstáculos bajo los muros de Babilonia y sorprendió al rey y a sus nobles, mientras estaban en estado de ebriedad y estupor; y fueron conquistados.

Esta es la historia de la providencia de Dios, que otorga reinos y los hace desaparecer, eleva reyes y los hace caer. Y Daniel dice que el futuro del pueblo de Dios no está en manos de los babilonios, sino en las manos de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

Ezequiel

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Ezequiel

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/36350022

¿Cómo cantas los cánticos del Señor en tierra extraña y lejana? Esa fue la pregunta que atormentó a los judíos que fueron llevados al cautiverio en Babilonia. Recuerdo que en el tiempo de los derechos civiles, durante esa lucha, Martin Luther King hizo la observación de que Estados Unidos, en su desarrollo fundamental, fue considerado una fusión de culturas y etnias donde la gente de todo el mundo huyó de diversos tipos de persecución para buscar la libertad en las costas de este país, pero había un grupo, un solo grupo, que llegó a este país en cadenas.

Ellos fueron el único grupo que no vino por su propia voluntad, sino que fueron forzados, ya que traficantes de esclavos allanaron pueblos de África y destruyeron familias y, literalmente, robaron gente, los amontonaron en los pequeños barcos que se usaron en ese comercio, y los trajeron y los vendieron como esclavos. Para esas personas, su llegada a los Estados Unidos fue una esclavitud y eso es algo que nunca debemos olvidar. Pero en el mundo antiguo, ese tipo de cosas: robar gente de una nación y deportarlos y esclavizarlos en la nación que conquistaba fue algo común.

Y después de que los babilonios conquistaron la nación judía, tomaron lo mejor de lo mejor de los judíos y los llevaron a servir en esta tierra extranjera. Y estas personas que habían conocido a su Dios de pacto y habían conocido sus tradiciones, sus historias y las promesas, ahora se preguntaban: ¿Cómo pudo Dios permitir que esto pase? Entonces, es importante que cuando leamos los libros de Ezequiel y Daniel, entendamos que estos libros son escritos en un momento en que el pueblo de Dios estaba en cautiverio y que estaba luchando con el tema de la presencia de Dios: ¿Nos ha abandonado Dios?

Y una de las cosas que se dice sobre el libro de Ezequiel es que en gran parte el libro funciona como una teodicea. Esa palabra puede ser una palabra nueva para algunos de ustedes. En el griego podemos dividirla en theos, que es la palabra para Dios, y dikaios, que es la palabra para rectitud o justicia. Entonces una teodicea es un intento de justificar a Dios por ciertos problemas con los que nos encontramos en este mundo, por ello, una de las tareas que Ezequiel tenía que realizar era dar una teodicea, una justificación de la justicia de Dios en este período oscuro de la historia judía, y en cierto sentido Ezequiel estaba especialmente calificado para esta tarea.

Tenemos la tendencia de hacer una clara distinción en el Antiguo Testamento entre los sacerdotes y los profetas. Los sacerdotes eran los que intercedían en nombre del pueblo a Dios. Ellos eran los intermediarios que, de algún modo, servían al pueblo, mientras que los profetas eran voceros de Dios y a menudo tenían la misión de reprender al pueblo, amonestarlo, corregirlo y llamarlo al arrepentimiento, lo cual dista mucho de ser una tarea envidiable.

Entonces piensas que el profeta como alguien es un hombre duro y severo y fuerte, que no pedía ni tenía misericordia, en que hay un mayor sentido aparente de compasión asociado con el sacerdote. Pero la singularidad de Ezequiel fue que nació en una familia de sacerdotes y que estaba destinado al sacerdocio, pero a los 30 años, Dios interrumpió su llamamiento de sacerdote y lo consagró para ser un profeta.

Creo que podemos ver en su misión la mezcla de los dos elementos: el elemento sacerdotal y el elemento profético. Ahora, la teodicea de Ezequiel realmente empieza en el segundo capítulo del libro que lleva su nombre. «Y me dijo:” (ese es Dios) “Hijo de hombre, ponte en pie para que yo te hable. Y el Espíritu entró en mí mientras me hablaba y me puso en pie; y oí al que me hablaba.

Entonces me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a una nación de rebeldes que se ha rebelado contra mí; ellos y sus padres se han levantado contra mí hasta este mismo día. A los hijos de duro semblante y corazón empedernido, a quienes te envío, les dirás: Así dice el Señor Dios. Y ellos, escuchen o dejen de escuchar, porque son una casa rebelde, sabrán que un profeta ha estado entre ellos.

Y tú, hijo de hombre, no temas; no temas ni a ellos ni a sus palabras aunque haya contigo cardos y espinas y te sientes en escorpiones. No temas sus palabras ni te atemorices ante ellos, porque son una casa rebelde. Les hablarás mis palabras, escuchen o dejen de escuchar, porque son rebeldes. Y tú, hijo de hombre, escucha lo que te hablo; no seas rebelde como esa casa rebelde. Abre tu boca y come lo que te doy».

Ahora bien, este es el contexto. El libro de Ezequiel empieza con un evento que se describe de forma tan extraña y enigmática que ha sido motivo de toda clase de especulaciones insólitas. En la película «Encuentros cercanos del tercer tipo», se especuló que lo que Ezequiel vio en su visión inicial del Merkaba giratorio, esta cosa extraña que volaba sobre el aire con ruedas dentro de ruedas y todo eso, que quizás lo que realmente vio fue una antigua visita de una nave espacial de Marte o algo por el estilo.

La gente pierde por completo el significado de las imágenes descriptivas de ese evento porque lo que esa rueda dentro de la rueda, lo extraño e insólita que fue la manifestación que vio Ezequiel, fue una manifestación visible del carro del trono de Dios. Recordarás en el Antiguo Testamento que cuando el pueblo de Israel estaba en movimiento, el arca del Señor iba delante de ellos. Era cargada, y la gente iba a pie cargando estos postes que se insertaron a través de los anillos a ambos lados del arca, y que representaban el trono de Dios y la dirección de Dios que iba delante del pueblo.

Pero recuerda que todo el simbolismo de lo que estaba sucediendo en la tierra, en el tabernáculo, más tarde en el templo, fue para dirigir la atención más allá de sí mismo a la realidad trascendente, a la realidad celestial de la cámara interior, el inner sanctum de Dios, donde la gloria de Dios estaba por encima de los cielos y Dios fue exaltado y fue el rey de toda la tierra.

Y hay veces en que Dios se manifiesta en un carro de fuego, el cual es su trono móvil de juicio. Y esto fue lo que vio Ezequiel. Vio la visión externa del trono celestial de Dios, mientras giraba y se movía con rapidez, descendía del cielo, lleno con la gloria de la presencia de Dios.

Y Ezequiel dijo: Cuando lo vi, caí rostro en tierra’. Y es Dios quien habla con él desde esta visión del trono de juicio, y el mensaje es un mensaje de juicio. Y se dirige a Ezequiel con la frase, «Hijo de hombre», que es un título, por supuesto, que más tarde es dado a Jesús.

Y la teodicea es esta: que lo que está pasando en el cautiverio es el juicio providencial de Dios sobre su pueblo a causa de su rebelión. Y ahora, después de que esta mala noticia es anunciada a Ezequiel, Dios le pide algo muy extraño que leemos en el capítulo tres: «Entonces miré, y he aquí, una mano estaba extendida hacia mí, y en ella había un libro en rollo. El lo desenrolló delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y en él estaban escritas lamentaciones, gemidos y ayes».

Esto ya evoca la imagen que encontramos en Apocalipsis del Nuevo Testamento, del rollo que estaba sellado por todos lados que nadie en el cielo ni en la tierra era digno de abrir hasta que el Cordero de Dios prevaleciera para romper los sellos y para mirar el mensaje oculto de la palabra de Dios.

Esto es propio de lo que se llama literatura apocalíptica, y gran parte de Ezequiel, así como Daniel están incluidos en la literatura apocalíptica, que es literatura que está oculta de muchas maneras, misteriosa, enigmática, y utiliza muchas imágenes un tanto extrañas.

En el Nuevo Testamento, el Apocalipsis del Nuevo Testamento se llama el libro de Apocalipsis y ese es el tipo de cosas que encontramos aquí en el libro de Ezequiel donde Dios le muestra este rollo que está escrito por delante y por detrás y luego le dice al profeta que se lo coma, literalmente, que coloque el rollo en su boca. Y mira lo que se dice sobre el rollo: «en él estaban escritas lamentaciones, gemidos y ayes».

De manera que el rollo que Ezequiel debe comer es un rollo cuyo mensaje es solo un mensaje de fatalidad y de juicio, de dolor y de luto. “Y él me dijo: Hijo de hombre, come lo que tienes delante: come este rollo, y ve, habla a la casa de Israel. Abrí, pues, mi boca, y me dio a comer el rollo. Entonces me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu estómago y llena tu cuerpo de este rollo que te doy».

Ahora, noten lo que Dios está diciendo. Él dijo: ‘Yo no quiero que solo mastiques mi palabra. Quiero que la tragues. La quiero en tu estómago. Quiero que la digieras de manera que penetre todo tu cuerpo’.

Esto no es solo un mordisco a la palabra de Dios, sino que es consumir la palabra de Dios para que se convierta en parte de su sangre. Pero recuerda que las palabras que él está llamado a comerse son palabras de muerte, llanto y lamentación. Pero Ezequiel hace lo que Dios le manda a hacer, y leemos estas palabras. «Y lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel».

¿Ves la ironía discordante de esto? ¿Cómo podían estas palabras, que estaban llenas de tales significados negativos, ser tan dulces como la miel? Bueno, creo que esto es lo que realmente explica la psicología del profeta en Israel.

A pesar de que el mensaje que el profeta era llamado a entregar a menudo era terrible y distaba mucho de ser apetecible; sin embargo, había algo en él que lo hacía dulce. Y creo que la dulzura puede encontrarse en que era la palabra de Dios, y cada palabra que sale de la boca de Dios, incluso su palabra de juicio debe ser dulce para el hijo de Dios.

En nuestra propia historia, probablemente el predicador que más se aproxima a ser como un profeta del Antiguo Testamento es Jonathan Edwards. Y Edwards es conocido por su tristeza y pesimismo predicando el juicio y la ira de Dios, pero alguien revisó los escritos de Edwards y revisó sus sermones y contó las palabras, los adjetivos, que usó con más frecuencia que cualquier otro término en su predicación, y la palabra número uno que apareció en términos de la frecuencia de uso en el corpus de Edwards fue la palabra «dulzura» y la segunda palabra fue «excelencia», porque él siempre estaba hablando de la dulzura y la excelencia de Cristo y de su palabra.

Y así Ezequiel es obediente y Dios lo pone como un guardián sobre las personas en el exilio. Él está trabajando en el exilio, mientras que Jeremías todavía está profetizando en Jerusalén y anuncia las malas noticias de lo que vendrá. Pero la explicación final que da sobre por qué ocurre todo esto se encuentra en esta frase que se repite en el libro de Ezequiel: “Para que sepan que yo soy el Señor.» Sesenta veces en el libro de Ezequiel el profeta anuncia esa frase que viene de Dios. Estoy haciendo esto “para que sepan que yo soy el Señor.» Nos recuerda la declaración en los salmos, donde el salmista escribe: «Estad quietos, y sabed que yo soy Dios».

Ese es uno de los pasajes menos comprendidos en toda la Biblia, porque tendemos a pensar que cuando dice, «Estad quietos, y sabed que Yo soy Dios» significa algo como: ‘Guarden silencio, estén tranquilos y en calma, y contemplen la gloria de Dios, y tengan la seguridad de que Dios es Dios’.

Pero las palabras «estad quietos» en hebreo son un mandato poderoso, que podría traducirse mejor como: ¡Calla!, ¡Cierra la boca!, ¡Deja de quejarte! ¡Calla y conoce quién es Dios!

Y eso es lo que se repite en este libro, y ese es el mensaje que Ezequiel entrega a su pueblo. Ahora bien, en todo el libro, la promesa de juicio se repite, pero Ezequiel no deja a la gente sin esperanza.

Una de las partes más famosas de su libro se encuentra en el capítulo número 37, que veremos brevemente. En el capítulo 37, leemos estas palabras. «La mano del Señor vino sobre mí, y me sacó en el Espíritu del Señor, y me puso en medio del valle que estaba lleno de huesos. Y El me hizo pasar en derredor de ellos, y he aquí, eran muchísimos sobre la superficie del valle; y he aquí, estaban muy secos. Y El me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?”

Él lo lleva a su valle que está lleno de esqueletos, esqueletos que han sido expuestos al calor y al desierto árido, y han estado expuestos durante tanto tiempo que se han blanqueado por el sol. Y no estamos hablando de alguien que acaba de tener un paro cardíaco que necesita reanimación, sino que esto es un cementerio abierto lleno de miles y miles de huesos de las personas que una vez vivieron. Y Dios ve este cementerio de esqueletos y le dice a Ezequiel: «Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?»

¿Y cuál esperarías que fuera su respuesta? ¡Por supuesto que no! «Y yo respondí: “Señor Dios, tú lo sabes». Esa es una buena manera de responder cuando Dios te hace una pregunta así: ‘Yo no sé, pero estoy seguro de que tú sí’. «Entonces me dijo: Profetiza sobre estos huesos, y diles: ‘Huesos secos, oíd la palabra del Señor’”. ‘Quiero que ahora empieces a predicar a los esqueletos, Ezequiel, que no tienen oídos, no tienen ojos, no tienen carne, no tienen corazón, pero quiero que les prediques a ellos, y les digas: «Oíd la palabra del Señor». “Así dice el Señor Dios a estos huesos: ‘He aquí, haré entrar en vosotros espíritu, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros haré crecer carne sobre vosotros, os cubriré de piel y pondré espíritu en vosotros, y viviréis; y sabréis que yo soy el Señor.’”

Entonces Ezequiel dijo: «Profeticé, pues, como me fue mandado; y mientras yo profetizaba hubo un ruido, y luego un estremecimiento y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí, había tendones sobre ellos, creció la carne y la piel los cubrió, pero no había espíritu en ellos.

Y El dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: ‘Así dice el Señor Dios: “Ven de los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.”’ Y profeticé como El me había ordenado, y el espíritu entró en ellos, y vivieron y se pusieron en pie, un enorme e inmenso ejército. Entonces El me dijo: Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel».

Entonces el final del libro de Ezequiel viene acompañado con la gloriosa promesa de que Dios no va a dejar a su pueblo en el exilio. Él espera una nueva vida, un nuevo aliento, una nueva respuesta a su palabra, el fin del cautiverio y la regeneración de su pueblo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

El exilio

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

El exilio

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/36072165

Cuando vemos la historia del Antiguo Testamento, nos damos cuenta que el tiempo que está documentado en la Biblia no es el de un caudal ininterrumpido de paz, unidad y estabilidad, sino que hay grandes crisis que se presentan, y hay, de tiempo en tiempo, en que vemos una pausa en la secuencia de esa historia.

Lo más significativo, por supuesto, es el exilio. De hecho, cuando examinamos la historia del Antiguo Testamento tendemos a dividirla en sus diversas partes y hablamos del período pre-exílico y el período post-exílico; de modo que en cierto sentido nuestra comprensión de la historia del Antiguo Testamento se define en el contexto del exilio.

Hemos visto que el reino del norte cayó en el año 722, cuando fue conquistado por los asirios; y el reino del sur no cae por completo sino hasta el año 586 a.C. Ahora bien, entre el año 722 y el año 586 hay un período de volatilidad extrema.

Ahora, recuerden que cuando empezamos nuestro panorama general del Antiguo Testamento hablamos sobre la importancia geopolítica estratégica de Palestina, que ahí, a la orilla del mar Mediterráneo en la “Media Luna Fértil” está esta pequeña nación que funcionaba como un puente de tierra entre tres continentes, Asia, Europa y África.

Y el diminuto Israel se convirtió en un balón de fútbol político en esos siglos, los siglos VIII y VII a.C. porque las grandes potencias mundiales de la época estaban luchando entre sí por el dominio.  Y esas potencias mundiales incluían a los asirios, los sirios, los egipcios, más tarde a los babilonios, y más tarde aún a los persas.

Entonces tenemos todas estas naciones que compiten entre sí por el dominio del mundo y justo en medio de ellos está esta pequeña tierra de Palestina. Después que el reino del norte cae, dejando solo a Judá por sí mismo, ahora Judá queda expuesta al poder de Asiria, porque la zona de contención del reino del norte de Israel había sido conquistada y ahora las fronteras del dominio asirio vienen directamente contra Judá.

No solo eso, sino que en el mismo período, los asirios conquistan a los sirios, por lo que Judá no podía ver a los sirios como sus aliados. Y ya para el año 705, Senaquerib, de Asiria (y si no puedes recordar su nombre, uno de mis estudiantes solía llamarlo “cena quiero”). Senaquerib se embarcó en una marcha para conquistar las ciudades de Judá; y él, de hecho, conquistó muchas de las ciudades y pueblos de Judá y puso sitio a Jerusalén.

Esto fue en el 705, lo que es un tiempo muy corto después de la caída del reino del norte. Podríamos decir que si no fuera por la gracia de Dios, en la providencia de la intervención de Dios, el reino del sur habría caído rápidamente justo después de la caída del reino del norte; porque el pueblo judío en sí mismo y por ellos mismos no tenían el poder militar para resistir la invasión de las fuerzas de Senaquerib.  (4:28)

De hecho, si alguna vez tienes la oportunidad de leer Las guerras de los judíos de Josefo, que narra la invasión de Israel siglos después por los romanos, llevando a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., verás en detalle, cómo los poderes conquistadores vendrían a la tierra y sistemáticamente destruirían ciudad tras ciudad, cobrando impulso, reuniendo fuerzas antes de iniciar el asedio a los grandes centros de población. (5:15) Es como si Senaquerib se estuviera adelantando a la invasión posterior de los romanos que culminó con la destrucción de Jerusalén en el 70 d.C.

Cuando pienso lo que sucedió en el 586, cuando Jerusalén cayó finalmente, me refiero a eso (los historiadores no lo hacen) pero me refiero a eso como el primer Holocausto. La destrucción de la ciudad judía de Jerusalén. Yo llamaría el segundo Holocausto a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Pero Dios intervino y, bajo el rey Ezequías, Jerusalén no cayó ante las fuerzas de Senaquerib; y el rey Ezequías introdujo reformas espirituales a la nación.

Como ya he dicho, este período fue un período volátil; Israel era como un subibaja en esta época. Más de una reforma importante se llevaría a cabo en el pueblo entre el 722 y el 586, pero estas reformas, o avivamientos, o despertares cuando Dios visitó a su pueblo, fueron en cada caso de corta duración.

No duraron y las personas volvieron una y otra vez a la clase de impiedad que provocó el juicio de Dios sobre ellos en primer lugar. Por ejemplo, cuando vemos al rey Ezequías, él introduce una reforma y hay esta renovación espiritual, pero al mismo tiempo hizo un acuerdo, pacto con el rey de Babilonia, de modo que Babilonia estuviera comprometida a la defensa de Judea, o los judíos, Judá, contra la amenaza de la invasión de los asirios.

Otra vez, si lees el libro de 2 Reyes y Crónicas, verás cuán tenuemente  Dios vio estas actividades, porque lo que ocurrió es, en primer lugar, que Dios rescata a su pueblo cuando lo buscaba, pero ni bien los rescata ellos corren a hacer tratados y alianzas militares.

Tenían su OTAN, UNESCO y todas esas distintas alianzas con las naciones paganas y en vez de confiar en Dios, trataron de crear vínculos con sus vecinos paganos con el fin de garantizar su propia seguridad.

Y los profetas, Jeremías, Isaías y los otros que profetizaron en esos días, hablaron la palabra del Señor, de su juicio y condena por poner su confianza en el poder de las alianzas militares y políticas. Entonces la reforma de Ezequías no duró mucho tiempo y le sucedió su hijo, Manasés, quien fue, durante su reinado, uno de los reyes más malvados en el reino del sur. No solo erigió imágenes paganas en todos los pueblos y zonas de Judá, sino que tuvo la audacia de poner una imagen pagana en el mismo templo de Jerusalén.

Ahora, un comentario interesante sobre Manasés es que en su vejez, este malvado rey fue movido al arrepentimiento. Eso es algo que no suele verse entre los reyes del reino dividido. Pero su hijo, Amón, que llegó al poder después de que Manasés murió, fue tan malvado como su padre había sido antes de su arrepentimiento y no duró mucho tiempo antes de que fuera asesinado.

Luego en el 637 (mientras seguimos con la cuenta regresiva hasta llegar al 586), Josías llega al trono. El reinado de Josías sobre Judá está marcado por el más grande período de reforma que llegó a la tierra en todo el tiempo del reino dividido.

Y quisiera leer una porción de 2 Reyes que nos dice un poco sobre el reinado de Josías. El capítulo 22 de 2 Reyes empieza con la siguiente nota: » Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén”.

Y se nos dice en el versículo 2 que: «hizo lo recto ante los ojos del Señor y anduvo en todo el camino de su padre David; no se apartó ni a la derecha ni a la izquierda”.

Y sucedió que: “en el año dieciocho del rey Josías, el rey envió al escriba Safán, hijo de Azalía, de Mesulam, a la casa del Señor, diciendo: Ve al sumo sacerdote Hilcías” (el sumo sacerdote) para que cuente el dinero traído a la casa del Señor, que los guardianes del umbral han recogido del pueblo, y que lo pongan en mano de los obreros encargados de supervisar la casa del Señor, y que ellos lo den a los obreros que están asignados en la casa del Señor para reparar los daños de la casa».

¿Ven lo que está pasando aquí? Que el templo había sido dañado por el asedio y la guerra que soportaron anteriormente, así que ahora, bajo el reinado de Josías, se da este esfuerzo para reconstruir y restaurar el templo; y mientras los trabajadores se dedican a su tarea, encuentran un rollo, un rollo pequeño, el cual no está identificado en la Biblia, pero la mayoría de los historiadores y estudiosos creen que era un rollo olvidado del libro de Deuteronomio.

Todo lo que la Biblia nos dice es que bajo el reinado de Josías se encontró un libro de la ley entre los escombros de una sección del templo que estaba en reparación. Y así, quienes lo encuentran se lo dan al sumo sacerdote, quien se lo que se lo da al escriba y así sucesivamente, y finalmente, el libro es llevado al rey.

Y leemos en el versículo 11 del capítulo 22: «Y sucedió que cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestidos. Entonces el rey ordenó al sacerdote Hilcías, a Ahicam, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Micaías, al escriba Safán y a Asaías, siervo del rey, diciendo: Id, consultad al Señor por mí, por el pueblo y por todo Judá acerca de las palabras de este libro que se ha encontrado; porque grande es la ira del Señor que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no han escuchado las palabras de este libro, haciendo conforme a todo lo que está escrito de nosotros».

Ahora, Josías se siente tan conmovido al leer otra vez los términos del antiguo pacto que presenta la palabra de Dios y la ley, de nuevo, a la vista del pueblo, y el elemento principal de la reforma que él instituye según la instrucción del libro de la ley, tiene que ver con la adoración.

Esto nos puede parecer extraño hoy en día, pero como vemos en el Antiguo Testamento, desde los días de Abraham hasta la entrega de la ley a Moisés, y durante toda la crónica que hemos visto hasta ahora, que Dios es celoso y celosamente preocupado por la pureza de la adoración; y que el paganismo que corrompió al pueblo de Dios en el Antiguo Testamento siempre empezó con corrupción en la adoración.

Ahora vemos la invasión de la moral y valores seculares en la iglesia, y la influencia del llamado secularismo en la moralidad de los creyentes cristianos en nuestros días. Pero en un sentido muy real, el colapso o la degeneración de la conducta, de la moral, se desprende de un colapso anterior de la verdadera adoración.

Y dudo, francamente, si la iglesia de Cristo alguna vez ha sido más arrogante acerca de la dimensión solemne de la adoración correcta en la presencia de Dios de lo que es hoy.  Y eso me aterroriza, porque el patrón de la historia bíblica, una y otra vez, es que cuando la gente juega con la forma en que se comportan en la presencia de Dios, en su adoración, en su reverencia y en la ofrenda de los sacrificios de alabanza es que la iglesia se hace añicos; y ahora la renovación de la fe empieza aquí con una renovación de la adoración.

Pero lamentablemente, incluso esta gran reforma bajo Josías es de corta duración y solo representa una especie de retraso, le da un poco de tiempo al pueblo. Ahora, hay algunas otras fechas aquí que quiero ver a fin de que aprendamos algunas cosas.

En el año 637, como ya he dicho, Josías llega al trono. En el 608 se lleva a cabo una batalla que se llama la batalla de Meguido. Algunas personas han visto esto como algo que precede a la Batalla de Armagedón, debido a la similitud de los nombres.

La batalla de Meguido se refiere a una batalla que tuvo lugar en un paso de extrema importancia militar, de manera  estratégica. Y muchos, muchos, muchos enfrentamientos importantes se han librado en esa zona; en lo que incluso es el Meguido actual; pero allí en el 608, hay una batalla en la que Josías se levanta contra el rey egipcio Necao o el faraón Necao, donde resultó muerto Josías.

Echemos un vistazo al registro de esto. En 2 Crónicas capítulo 35: leemos:  «Después de todo esto, cuando Josías había reparado el templo, Necao, rey de Egipto, subió para combatir en Carquemis junto al Eufrates, y Josías salió para enfrentarse a él. Pero él le envió mensajeros, diciendo: “¿Qué tenemos que ver el uno con el otro, oh rey de Judá? No vengo hoy contra ti, sino contra la casa con la que estoy en guerra, y Dios me ha ordenado que me apresure. Por tu propio bien, deja de oponerte a Dios, que está conmigo, para que El no te destruya».

Aquí está el faraón egipcio diciéndole a Josías: ‘Dios me dijo que no pelee contra ti. ¿Por qué estás aquí? Sal del camino. Solo estoy pasando.’

“Sin embargo, Josías no quiso retirarse de él, sino que se disfrazó para combatir contra él; tampoco escuchó las palabras de Necao que venían de boca de Dios, sino que vino a entablar batalla en la llanura de Meguido.

Y los arqueros hirieron al rey Josías, y el rey dijo a sus siervos: Llévenme, porque estoy gravemente herido. Sus siervos lo sacaron del carro y lo llevaron en el segundo carro que él tenía, y lo trajeron a Jerusalén donde murió, y fue sepultado en los sepulcros de sus padres.  Y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías.”

Y escucha esto, Jeremías también se lamentó por Josías. Tenemos que poner esto bajo su punto de vista. Jeremías estaba encantado de ver al menos la breve reforma que ocurrió durante su ministerio profético bajo el liderazgo de Josías, pero ahora, Josías muere y su reino se supone que su reinado pasará a Joacaz, pero este faraón conquistador Necao depone a Joacaz y lo sustituye con Joacim. Y Joacim es malo.

De hecho, él se destaca por quemar uno de los rollos de Jeremías para mostrar su desprecio por los juicios proféticos traídos por Jeremías.  En el 605, (estoy quedándome sin espacio en la pizarra y voy a tener que poner el 586 un poco más abajo). En el 605 tenemos lo que se llama la batalla de Carquemis.

Esta es una batalla entre los babilonios, bajo Nabucodonosor, y los egipcios, bajo el faraón Necao. Y en esta batalla, que se lleva a cabo en lo que al menos había sido suelo judío, se ve la victoria de Nabucodonosor; y los babilonios, como parte del botín de su victoria sobre los egipcios, los toman como esclavos así como a algunos del pueblo judío.

Y en el 605 se da la primera etapa, por así decirlo, del exilio; puesto que ahora algunos de los judíos capturados son llevados a Babilonia. Y entre los que son llevados en esta primera deportación había un joven llamado Daniel y escucharemos sobre Daniel más adelante.

Luego, en el 597, (vayamos al 597, Joaquín, a diferencia de Joacim, fue deportado junto con los nobles, artesanos, y un gran grupo de la élite. Y eso fue lo que sucedió en el exilio, que la gente pobre y los campesinos se quedaron atrás, pero la crema y nata del pueblo judío fue llevada a la cautividad.

Y en esa deportación en el 597 fue incluido el profeta Ezequiel. Así que ahora, en el 597, Daniel y Ezequiel están cautivos en Babilonia. Finalmente, el Rey Sedequías llega al trono y él es el último rey y gobierna básicamente como un rey vasallo de Nabucodonosor y de los babilonios.

Esta era la costumbre en aquellos días cuando un rey conquistaba una nación, se llevaba el botín y todo lo que quería, y luego él dejaría que el monarca que había sobrevivido fuera su rey vasallo.

Y mientras el hombre se comportara y pagara el tributo y siguiera las reglas, podría seguir existiendo como el rey. Y este fue el caso de Sedequías hasta que Sedequías empieza a sentirse confiado y se levanta en rebelión contra el rey.

Y así, Nabucodonosor marcha contra Jerusalén y esto nos queda registrado en el capítulo 25 del 2 libro de Reyes: «Y aconteció que en el noveno año de su reinado, en el décimo mes, el día diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, él y todo su ejército contra Jerusalén, acampó contra ella y construyó un muro de asedio alrededor de ella”.

Verso 4: “Y al ser abierta una brecha en la ciudad, todos los hombres de guerra huyeron de noche por el camino de la puerta entre las dos murallas,” y luego, el rey se fue “por el camino del Arabá. Pero el ejército de los caldeos persiguió al rey y lo alcanzó en los llanos de Jericó”.

“Entonces capturaron al rey y lo trajeron al rey de Babilonia en Ribla, y éste lo sentenció. Y degollaron a los hijos de Sedequías en su presencia, y a Sedequías le sacó los ojos, lo ató con cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia».

Y así, el último rey sobreviviente de Judá, después de que lo último que vieron sus ojos fue el asesinato de su familia, ahora es llevado en cadenas, ciego, como el prisionero del rey de Babilonia y Jerusalén; Jerusalén ha caído.

Desde el 586 al 536, los judíos permanecieron en el exilio, cautivos en Babilonia, y no volverían hasta que los babilonios fueran derrotados por los persas. Y bajo un decreto del rey Ciro, 50.000 judíos en el año 536 regresaron para reconstruir su país.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

Jeremías

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Jeremías

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/35728128

Recuerdo que cuando estudiaba un postgrado en Holanda llevaba una vida súper estricta, me levantaba a la misma hora todos los días y había un pequeño dormitorio en el lugar que alquilábamos que tenía un lavabo chico y solo había espacio para poner una mesa pequeña de trabajo entre la pared y el lavabo, y la parte posterior de la silla estaba contra la cama.

Solía sentarme en esa mesa por 12 horas todos los días. Y tenía que hacer todos estos estudios teológicos y me dije a mí mismo, «Si voy a tener que estudiar toda esta teología, hay algo que quiero agregar a esto. Quiero estudiar la Biblia, mientras estoy haciendo esto».

Por eso, tenía esta rutina todos los días antes de empezar con mi carga académica, estudiaba cuidadosamente el texto de un libro de la Biblia, y mi compañero por un año fue el profeta Jeremías.

Y desde entonces, en cierto modo siento como si Jeremías es mi amigo. Pasé mucho tiempo con él, estudiando sobre el contenido de su libro y siempre quedé deslumbrado por el valor, la fidelidad y la devoción de Jeremías, pues a Jeremías también se le dio la difícil tarea, al igual que a Isaías, de anunciar el juicio de Dios sobre su propio pueblo y sobre su propia iglesia.

Y a veces tenemos este retrato del profeta del Antiguo Testamento como una especie de persona seria, mala e irascible que le da placer anunciar estos juicios terribles, devastadores que estaban a punto de caer sobre el pueblo.

Recordemos que el sobrenombre de Jeremías era «el profeta llorón», porque Jeremías no disfrutaba en dar malas noticias.

Era un hombre con un corazón quebrantado que lloró por su pueblo y que lloró por la ciudad de Jerusalén. Nosotros también, en aquellos días, solíamos ir con frecuencia al Rijksmuseum  de Ámsterdam para ver pinturas maravillosas.

El museo nacional, quizás, era superado sólo por el Louvre en París, en términos de su colección de grandes obras de arte. Tiene esta gran sala enorme, que era la sala de Rembrandt, la colección más grande de Rembrandt que se pueda encontrar en todo el mundo.

Y solíamos ir y mirar con detenimiento todas estas pinturas de Rembrandt, pero mi favorita era la pintura titulada en holandés, “Jeremias per rord het onderhong fon Jerusalem” – “Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén.”

Si has visto esa pintura, notarás que el profeta está apoyándose como recostado sobre las Escrituras y en el fondo, se entremezclan la luz y la oscuridad en un estilo clásico de Rembrandt. Si miras con mucha atención la pintura verás la ciudad de Jerusalén en llamas. Para pintar sus cuadros, Rembrandt hizo algo similar a lo que hicieron Miguel Ángel y otros.

Si estuviera haciendo personajes bíblicos, él haría 30 ó 40 bocetos de la vida de la persona, antes de elegir uno para pintar. Y lo que buscaba era un momento crítico, un momento provechoso que pudiera capturar a todo el hombre y toda su misión en una escena, y esa sería su elección del Jeremías: Jeremías llorando sobre la ciudad de Jerusalén.

Jeremías tenía 20 años aproximadamente, cuando fue llamado para ser profeta y el registro de su llamado se encuentra en el primer capítulo de su libro. Es importante entender que Jeremías fue el último profeta de Judá antes de la destrucción de Jerusalén y el exilio, del pueblo de Dios, a Babilonia.

Leemos en los versículos 4 y 5 del primer capítulo, «Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré; te puse por profeta a las naciones».

Es interesante que ha sido llamado el profeta a las naciones o el profeta a los gentiles, cuando la mayor parte de su profecía fue dada a los judíos en Jerusalén y sus alrededores. Su ministerio duraría aproximadamente 50 años desde esta fecha.

Él era de la tribu de Benjamín y muchos, muchos siglos después, otro descendiente de la misma tribu de Benjamín sería ordenado, no como un profeta, sino como la contraparte del profeta del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento, un apóstol.

Este hombre benjamita en el Nuevo Testamento también fue llamado «el apóstol a los gentiles». Y en un sentido real el ministerio de Jeremías en el Antiguo Testamento anticipa el ministerio del apóstol Pablo en el Nuevo Testamento.

«Entonces dije», este es Jeremías hablando, por supuesto, “¡Ah, Señor Dios! He aquí, no sé hablar, porque soy joven». Se ha dicho de Jeremías, como veremos en breve, que no solo al principio, sino a lo largo de su ministerio, fue un profeta reacio y vemos la resistencia al principio cuando dice: «No sé hablar, porque soy joven.»

Y el Señor me dijo: ‘Oh, lo siento, Jeremías, debo haber llegado a la casa equivocada. No debes ser el Jeremías que ordené desde la fundación del mundo o el que santifiqué en el vientre de tu madre’. Eso no fue lo que Dios dijo. Cuando Jeremías protestó que era demasiado joven, el Señor le dijo: «No digas: ‘Soy joven’ porque adondequiera que te envíe, irás, y todo lo que te mande, dirás. No tengas temor ante ellos, porque contigo estoy para librarte, declara el Señor.

Entonces el Señor extendió su mano y tocó mi boca. Y el Señor me dijo: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira, hoy te he dado autoridad sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y para derribar, para destruir y para derrocar, para edificar y para plantar».

Y ahora ves lo mismo que ocurrió con Isaías, cuando se le dio a Isaías la penosa tarea de anunciar malas noticias por todas partes. Sin embargo, Isaías es conocido hoy por ser un profeta del evangelio en el Antiguo Testamento.

De igual manera, cuando Dios viene y pone sus palabras en la boca de Jeremías, él le dice: Él dijo: ‘Quiero que vayas y arranques y derribes y rompas’. ¿Por qué? ‘Para que puedas plantar y para que puedas construir’. Pero antes de que Dios reconstruya su nación y reconstruya su pueblo, en primer lugar, tenía que derribar las estructuras que se habían vuelto tan corruptas.

Y estas fueron las circunstancias del llamado de Jeremías y para tener una idea de la dificultad de su tarea, Dios envió a Jeremías no tanto a ministrar a los reyes como había sido el caso de Isaías, sino al núcleo religioso de la nación, a los sacerdotes y a los profetas en esos días.

El capítulo 7 nos da una idea de esta misión y a partir del versículo 1 de este capítulo, leemos esto: «Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo:  Párate a la puerta de la casa del Señor y proclama allí esta palabra, y di: ‘Oigan la palabra del Señor, todos los de Judá, los que entráis por estas puertas para adorar al Señor.’ Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Enmendad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar. No confiéis en palabras engañosas, diciendo: ‘Este es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor’”.

¿Qué está pasando aquí? Hemos dicho que una de las cosas, una de las funciones del profeta en el Antiguo Testamento era la de ser reformador.

Ahora, el profeta como reformador no era un revolucionario. Hay una diferencia. Los profetas no trataban de ser innovadores y lanzar todas las cosas que Dios había instituido en el pacto y en la vida religiosa del pueblo.

He dicho muchas veces que lo que sucedió con el culto de Israel en el Antiguo Testamento es que degeneró en ritualismo, externalismo, y formalismo, donde las personas solo seguían con las costumbres, pero sus corazones estaban muy lejos de las cosas de Dios.

Todavía tenían su actividad religiosa, pero era puramente externa y superficial. No penetraba en sus corazones. Ahora, lo que los profetas hicieron no fue eliminar las formas o los rituales o las cosas externas, sino que buscaron que el pueblo entendiera la realidad interna a la cual se suponía que debían apuntar y llamarlos a que se arrepientan de permitir que su religión sea solo ritos externos.

Dios le dice a Jeremías: ‘Quiero que vayas directo al centro de la ciudad de Jerusalén, al templo y le digas al pueblo que cambie sus formas y que no confíe en palabras engañosas’. Las palabras engañosas estaban en estas fórmulas que recitaban: «Este es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor». En otras ocasiones he recalcado lo importante que es cuando vemos la repetición en la literatura hebrea, porque la repetición significa énfasis y por lo general cuando se menciona algo de gran importancia se repite; es decir, se dice dos veces. Pero aquí se repite tres veces.

Estas personas están siendo hipócritas en grado superlativo, diciendo que este es “el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor”. Y Jeremías es enviado a decirles: ‘Están confiando en palabras engañosas, palabras que no tienen provecho’, y más adelante, dice: «id a mi lugar en Silo». Silo había sido un lugar temporal que había servido como el santuario central en la antigüedad y ahora estaba en ruinas.

Jeremías dice: ‘vayan a Silo y véanlo porque así es como lucirá Jerusalén, cuando Dios haya finalizado con la visitación de su juicio’.

¿Pueden imaginar alguna profecía que fuera más incendiaria que esta? ¿Pueden imaginar la furia y la ira de los sacerdotes y los líderes religiosos de aquel día, que este hombre tenía la audacia de decir que Dios iba a destruir Jerusalén?

Era difícil para Jeremías. Fue odiado y perseguido por los sacerdotes, por los falsos profetas de su tiempo. Y siendo un hombre sensible como lo era, era muy difícil continuar de esta forma. Y creo que uno de los capítulos más conmovedores que describen su lucha es el capítulo 20 de su libro.

«Me persuadiste, oh Señor, y quedé persuadido; fuiste más fuerte que yo y prevaleciste».  Me gusta más esta otra traducción: «Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido» porque captura el espíritu de esta discusión que parece ser un ejercicio de redundancia porque, si Dios seduce a un hombre, nada podría ser más claro que el hombre está seducido. Y si Dios lo agobió, entonces, por supuesto que está agobiado.

Pero ahora Jeremías está diciendo: ‘¿qué posibilidades tengo, Dios? No puedo luchar contra ti. Eres demasiado fuerte para mí. Me has seducido aquí en esta tarea’.

Jeremías dice: «He sido el hazmerreír cada día; todos se burlan de mí». Soy una persona non grata en todo Jerusalén. Soy el hombre más odiado entre mi propia gente. ¿Esto es lo que significa serte fiel a ti y a tus palabras? Que si te soy fiel ¿tengo que ser odiado por todos? “Porque cada vez que hablo, grito; proclamo: ¡Violencia, destrucción! Pues la palabra del Señor ha venido a ser para mí oprobio y escarnio cada día». Cada día, todos los días. Jeremías soporta el reproche y la burla de su pueblo porque él está tratando de ser fiel a la palabra de Dios.

Cada pastor en cada iglesia debe revisar este texto con regularidad. Luego el texto sigue: “No Lo recordaré ni hablaré más en su nombre». ¿Ven la profundidad en la que Jeremías ha caído aquí? No puedo soportarlo más. No puedo aguantar esta hostilidad, este odio, esta burla, y por eso ¡renuncio!

Te devuelvo mi credencial de profeta. No hablaré más en tu nombre. Y agrega, pero tu palabra “se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos” no puedo detenerla. Eso es lo que me gusta de Jeremías, que era un profeta que tenía fuego en sus huesos y era un fuego que estaba encendido por la palabra de Dios.

«Hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo». Verso 11: «Pero el Señor está conmigo como campeón temible; por tanto, mis perseguidores tropezarán y no prevalecerán.

Quedarán muy avergonzados, pues no han triunfado, tendrán afrenta perpetua que nunca será olvidada». Verso 13: «Cantad al Señor, alabad al Señor». Verso 14: «Maldito el día en que nací». Habla de la ambivalencia, habla de vacilar entre el júbilo y la alegría de la alabanza de Dios y luego maldice el día de su nacimiento debido a la miseria que debe soportar.

Capítulo 23, verso 9: «En cuanto a los profetas: quebrantado está mi corazón dentro de mí, tiemblan todos mis huesos; estoy como un ebrio, como un hombre a quien domina el vino, por causa del Señor y por causa de sus santas palabras.

Porque la tierra está llena de adúlteros; porque a causa de la maldición se ha enlutado la tierra, se han secado los pastos del desierto. Pues es mala la carrera de ellos y su poderío no es recto. Porque tanto el profeta como el sacerdote están corrompidos; aun en mi casa he hallado su maldad».

Así que Jeremías se queja, le dice a Dios, mira, me dices que llame a estas personas al arrepentimiento porque el juicio viene a esta ciudad santa, y cada vez que predico hay 15 profetas, que vienen detrás de mí y dicen al pueblo: ‘Paz, paz, Dios está con nosotros.

No hagan caso a Jeremías, él perturba la unidad de la iglesia. Dios te ama exactamente como eres. Paz, paz’. Y Jeremías clama a Dios, diciendo: ‘Oh Dios, el mensaje de estos profetas, curan las heridas de la hija de Sion, solo ligeramente.

¿Cómo puedo hacer para que la gente escuche tu palabra cuando ahogan mi voz todos los días estos falsos profetas que están diciendo a la gente exactamente lo que quieren oír? Gritan paz, paz, cuando no hay paz.

¿Qué le dice Dios a Jeremías? Verso 25, «He oído lo que dicen los profetas que profetizan mentira en mi nombre, diciendo: ‘¡He tenido un sueño, he tenido un sueño!’ ¿Hasta cuándo? ¿Qué hay en los corazones de los profetas que profetizan la mentira, de los profetas que proclaman el engaño de su corazón, que tratan de que mi pueblo se olvide de mi nombre con los sueños que se cuentan unos a otros, tal como sus padres olvidaron mi nombre a causa de Baal?».

Ahora escuchen esto, Dios dice: «El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra, que hable mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? declara el Señor. ¿No es mi palabra como fuego, declara el Señor, y como martillo que despedaza la roca?”.

Jeremías, deja de preocuparte por los falsos profetas. Yo me haré cargo de los falsos profetas. Si son soñadores que sueñen, y que cuenten su sueño, pero deja que el hombre de Dios predique la palabra de Dios fielmente y vea el poder de esa palabra.

Justo antes de este reproche leemos este mensaje al inicio del capítulo 23: “He aquí, vienen días, declara el Señor, en que levantaré a David un Renuevo justo; y El reinará como rey, actuará sabiamente, y practicará el derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel morará seguro; y éste es su nombre por el cual será llamado: ‘El Señor, justicia nuestra’».

Jeremías dijo al pueblo que Dios le prometía un nuevo pacto y un nuevo comienzo. Y aunque dijo que el templo sería destruido y el pueblo sería desechado en cautiverio, una de las últimas cosas que hizo Jeremías antes de ser llevado a Egipto fue comprar un campo.

Él invirtió en bienes raíces en Jerusalén como una señal para su pueblo que Dios levantaría esta ciudad una vez más desde las cenizas.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

Isaías

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Isaías

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/35404928

Ahora vamos a centrar nuestra atención en las obras de los profetas canónicos y los profetas canónicos son llamados canónicos porque son los profetas que han escrito libros que se encuentran dentro del canon del Antiguo Testamento.

Cuando vemos estos profetas, por lo general distinguimos entre los profetas mayores y los profetas menores. Ahora bien, es importante que entendamos lo que esa distinción no quiere decir.

Esto no quiere decir que los profetas mayores eran importantes y los profetas menores no lo eran. La única relevancia de esa distinción entre mayores y menores tiene que ver con el tamaño de los libros que escribieron. Entonces cuando nos fijamos en la obra de Isaías y Jeremías, Ezequiel y Daniel, se les puede llamar profetas mayores porque sus libros son bastante largos, mientras que los libros de Oseas, Miqueas, Nahúm, Joel y otros son mucho más pequeños, pero todos estos profetas tuvieron un papel muy importante que desempeñar en la historia de la nación judía.

La mayoría de los profetas que vamos a estudiar ministraron durante siglos VIII y VII antes de Cristo. Algunos de ellos, por supuesto, vinieron después de eso, pero la razón por la que los siglos VIII y VII fueron tan importantes para la era de la profecía es que este era el tiempo en que el juicio de Dios sobre su pueblo era inminente.

Entonces Dios envió a sus profetas para advertir al pueblo del juicio inminente, primero al reino del norte (como recordarán, la capital de Samaria cayó en el año 722), y más tarde las advertencias vinieron para Judá, el reino del sur De los profetas del Antiguo Testamento que son llamados profetas mayores, sin duda uno de los más importantes, si no el más importante fue el profeta Isaías.

Sabemos poco sobre la vida de Isaías en contraste directo con Jeremías. Sabemos más de Jeremías por la Escritura que de cualquiera de los otros profetas. Pero Isaías se distingue porque de todos los profetas de la antigüedad, Isaías fue el hombre más refinado.

Era un hombre sofisticado, probablemente de una familia acomodada, cosa que era inusual porque la mayoría de los profetas vinieron del desierto o de la comunidad agrícola de la época.

Pero Isaías tuvo un papel en Judá que sería similar al de un embajador. Tenía acceso a la casa del rey y fue consejero de al menos cuatro reyes importantes en el reino del sur.

Recibió su llamado como profeta alrededor del año 740 antes de Cristo, lo que, irónicamente, fue quizás exactamente el mismo año en que la ciudad de Roma fue fundada.

Siempre me sorprende la intersección de estos eventos en la historia. En el mismo momento en que Dios llama a su profeta para anunciar el juicio venidero sobre la nación judía, algo más está empezando allí en esa parte del mundo en todo el Mediterráneo, este pequeño pueblo que apenas se está estableciendo, que en pocos siglos va a tener un importante encuentro con los descendientes del pueblo de Israel.

Pero, en cualquier caso, leemos del llamado de Isaías en el capítulo 6, donde él tiene la visión de la santidad de Dios y él mismo se siente abrumado por el esplendor de la majestad de Dios y al final de esta experiencia, Dios lo envía y lo designa para ser un profeta. Dios le encarga: «Ve y di a este pueblo: ‘Escuchad bien, pero no entendáis; mirad bien, pero no comprendáis.’ Haz insensible el corazón de este pueblo, endurece sus oídos y nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado».

¡Qué terrible misión Dios le da a Isaías desde el principio! Le dijo, te voy a enviar a este pueblo y voy a poner mis palabras en tu boca, pero me voy a asegurar de que nadie escuche.

Haré insensible el corazón de estas personas; voy a cerrar sus oídos y sus ojos para que sean ciegos y sordos a mi verdad, pues los estoy preparando para el juicio.

Cuando Isaías oye esto, él clama: “¿Hasta cuándo, Señor?  Y El respondió: Hasta que las ciudades estén destruidas y sin habitantes, las casas sin gente, y la tierra completamente desolada; hasta que el Señor haya alejado a los hombres, y sean muchos los lugares abandonados en medio de la tierra».

Ahora, con este resumen del mensaje que Dios da a Isaías, que es un mensaje de pesimismo, de juicio y destrucción, pensarías que no queda nada positivo; sin embargo, cuando consideramos el tesoro que se encuentra en el libro de Isaías para la vida del pueblo de Dios, casi nos olvidamos que el motivo central de su profecía era de juicio, porque en el próximo aliento Dios dice que a pesar de que las ciudades van a quedar indefensas, desoladas y sin habitantes; sin embargo, Él va a guardar para sí mismo un diezmo, un décimo del pueblo o lo que se hace famoso en la literatura judía, ya que se le conoce como el remanente.

Dios va a preservar para sí una semilla santa en la que, a pesar de toda esta fatalidad que se prevé, más allá de las nubes y más allá de la tormenta de juicio que está a punto de caer sobre este pueblo, está la promesa futura de la redención.

Por eso es que Isaías es recordado hasta este día principalmente como el profeta del redentor. No hay profeta en el Antiguo Testamento que sea citado con más frecuencia que Isaías.

Y también, nuestro Señor mismo a menudo citó a Isaías porque en Isaías se obtiene la imagen más completa de la venida del Mesías, el cordero de Dios, que llevará el pecado del mundo, quien es llamado el Siervo del Señor; y este siervo llevará el pecado del pueblo y será el instrumento de su redención.

Estas profecías futuras de la venida del Mesías se encuentran a lo largo de todo el libro de Isaías, pero miremos un par de ellas que nos son más conocidas. Veamos el capítulo 7 de Isaías, empezando en el versículo 10, y leemos esto: «El Señor habló de nuevo a Acaz, diciendo: Pide para ti una señal del Señor tu Dios que sea tan profunda como el Seol o tan alta como el cielo. Pero Acaz respondió: No pediré, ni tentaré al Señor.

Entonces Isaías dijo: Oíd ahora, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que también cansaréis a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. Comerá cuajada y miel hasta que sepa lo suficiente para desechar lo malo y escoger lo bueno».

Esta es una de las profecías más controversiales en todo el Antiguo Testamento, pues Isaías registra la promesa de que Dios enviará a uno nacido de una virgen, cuyo nombre será Emmanuel, que quiere decir «Dios con nosotros».

Leemos más de esta clase de profecía en el capítulo 9, versículo 2 que dice: «El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos.

Multiplicaste la nación, aumentaste su alegría; se alegran en tu presencia como con la alegría de la cosecha, como se regocijan los hombres cuando se reparten el botín. Porque tú quebrarás el yugo de su carga, el báculo de sus hombros, y la vara de su opresor, como en la batalla de Madián.

Porque toda bota que calza el guerrero en el fragor de la batalla, y el manto revolcado en sangre, serán para quemar, combustible para el fuego».  y, antes de leer el siguiente pasaje, quería leer esa sección introductoria de la misma, porque no estamos tan familiarizados con él, tanto como con lo que sigue.

Pero ustedes ya ven este rayo de esperanza que prevé el profeta Isaías, al igual que leemos en otros lugares: «Consuelen, consuelen a Mi pueblo,” dice su Dios».

Él continúa diciendo que la visita del Señor ha terminado, que habrá una nación reestructurada después de que este periodo de purificación y juicio sea llevado a cabo».

En el versículo 6 leemos estas palabras: «Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros: y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre».

La última línea de “esta profecía dice lo siguiente: El celo del Señor de los ejércitos hará esto”. Así que, en medio de la predicción de guerra y de cautiverio viene la promesa de un príncipe que es el príncipe de la paz, cuyo gobierno estará sobre sus hombros.

Él será la misma presencia del poder de Dios en medio del pueblo. Él restaurará el trono de David, y ese trono permanecerá por todas las generaciones. Y lo que me entusiasma de esto es que aunque no hay razón inmediata para esperar que tal profecía pueda llegar a cumplirse en estos días amargos, la profecía termina con esta declaración.

«El celo del Señor de los ejércitos hará esto». Dios es celoso de mantener su palabra y asegurará que la profecía se cumpla. Una vez más, en el capítulo 11, leemos al inicio del capítulo 11, esta profecía: «Y brotará un retoño del trono de Isaí, y un vástago sobre Él es Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor.

Se deleitará en el temor del Señor, y no juzgará por lo que vean sus ojos, ni sentenciará por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío. La justicia será ceñidor de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.»

Así que, ahora, la idea de la venida del Mesías, este niño que será rey será uno que gobernará y reinará con rectitud, con justicia, y con equidad.

Luego se nos dice, «El lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito: el becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, y un niño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja».

Ahora bien, esto está escrito en un estilo poético y sería fácil para nosotros ignorar las imágenes y perder el significado de estas formas particulares de descripción gráfica, pues lo que Isaías está profetizando aquí es la venida del redentor quien no solo redimirá a Israel, sino que la redención que traerá será cósmica en su alcance.

Que Dios está prometiendo no sólo renovar este pueblo, sino renovar toda la tierra, tal como Pablo nos dice en el Nuevo Testamento:  «La creación entera a una gime y sufre dolores de parto” esperando la manifestación de los hijos de Dios, y esta redención será efectuada por este justo que vendrá.

Ahora, para aprender más sobre los planes o la misión del Mesías que vendrá, volvemos al capítulo 61, ya que en el capítulo 61 encontramos el texto que revela en gran medida la propia consciencia de Jesús sobre su papel y su misión.

Recordarán que cuando Jesús fue bautizado en el río Jordán inmediatamente después de su bautismo, el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto, para ser tentado.

Allí, el hijo de Dios se preparó para su vocación, para su ministerio público, para su misión como el Mesías. Después de soportar la tentación de Satanás y salir del desierto, comienza su ministerio público. Y cuando empieza su ministerio público, entra en la sinagoga, y sucede que en ese día que Jesús visita la sinagoga, la lectura prevista para ese día es Isaías capítulo 61.

Y Jesús, luego que se leyera la  Escritura, es tratado como un rabino que está visitando, y este rabino visitante debía dar la exposición del texto; y este es probablemente el sermón más breve de la historia porque Jesús se sienta, lo cual es asumir la postura de enseñanza, y cuando hablamos, o cuando enseñamos, nos ponemos de pie, pero en la antigüedad el predicador se sentaba como en una silla y todo el mundo se sentaba en el suelo a sus pies.

Así que, cuando Jesús se sentó, él estaba asumiendo la postura del rabino que explicaría el texto y su sermón fue simplemente esto: ‘Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído’. Lo cual es decir, ‘yo soy el que Isaías está describiendo. Yo soy al que le ha sido dada esta misión’.

Ahora, leamos el texto de Isaías 61 para recolectar su significado. Inicia con estas palabras: «El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor”. El Señor me ha ungido. Recuerden que la palabra «Mesías» significa «ungido», y la palabra del Antiguo Testamento para Mesías se traduce de la palabra griega «christos» y que el título “Cristo” significa «el Mesías», o más específicamente «el ungido».

Así que aquí, Isaías está hablando del que dirá: «El Espíritu del Señor me ha ungido para traer buenas nuevas a los afligidos o para predicar el evangelio a los pobres.

“Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros; para proclamar el año favorable del Señor, y el día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran, para  conceder que a los que lloran en Sion se les dé diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido; para que sean llamados robles de justicia,

plantío del Señor, para que Él sea glorificado. Entonces reedificarán las ruinas antiguas». Como vemos, Dios no ha terminado con su pueblo, con la destrucción de Jerusalén en el año 586. La promesa de la redención futura está aquí y se centra en que Dios enviará a uno que será ungido por su Espíritu para dar buenas nuevas a los pobres.

Esta es la descripción de la cual Jesús dice: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído».

Y luego, recordarán, cuando Juan el Bautista estaba en prisión y él estaba preocupado. Y se pregunta: «¿Qué pasa? ¿Por qué Jesús no ha proclamado su poder? ¿Por qué no ha tomado el control de la situación mientras que Juan languidece en la cárcel? Juan envía un mensaje a Jesús desde su celda, y el mensaje es una breve pregunta: «¿Eres tú el que ha de venir, o esperaremos a otro?» Qué crisis de fe. El mismo hombre que había anunciado la llegada del Mesías, quien era el heraldo del rey, quien cantó el Agnus Dei, quien dijo: «he aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo», ahora está pasando por una crisis de fe. Y él dijo: «Jesús, eres realmente el que esperamos, o debemos esperar a otro?»

Jesús envía una respuesta, «Ve a decirle a Juan que los ciegos ven, los sordos oyen, y al pobre se le predica el evangelio». ¿Qué está haciendo Jesús aquí? Está diciendo: «Ve y dile a Juan que lea Isaías 61, para que pueda comprender la vocación que tengo».

Sin duda, la dimensión más conmovedora de esa vocación es la que se registra en Isaías capítulo 53, que es la canción del siervo, el Siervo del Señor. Esto es tan fundamental en el Nuevo Testamento para la comprensión de la obra de Cristo en la cruz.

Versículo 4: «Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados».

Este pasaje, la totalidad de Isaías 53 se lee casi como el informe de un testigo ocular de la crucifixión de Cristo. Una de las profecías más asombrosas de toda la palabra de Dios es esta profecía, sobre la venida de uno que va a cargar los pecados de su pueblo, y este mensaje de la redención se cumple en todo detalle, por la venida de Cristo predicha por Isaías.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

Elías

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Elías

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/35066712

En esta sesión estamos empezando el cuarto volumen de «Del polvo a la gloria» y dirigiremos nuestra atención al surgimiento de los profetas importantes del Antiguo Testamento. Pero, para poder hacerlo, quiero adelantarme, solo por un momento, a través los siglos hasta el final del registro del Antiguo Testamento,  porque sabemos que el Antiguo Testamento está literalmente lleno de declaraciones proféticas y oráculos que se ocupan de los eventos futuros.

Pero quiero que presten atención a la última profecía que se registra en el Antiguo Testamento. Se encuentra en el último libro del Antiguo Testamento, el libro de Malaquías, en el último capítulo de Malaquías, el cual es el capítulo cuatro. Leemos en el versículo 4 del capítulo 4 estas palabras: «Acordaos de la ley de mi siervo Moisés, de los estatutos y las ordenanzas que yo le ordené en Horeb para todo Israel. He aquí, yo os envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que venga yo y hiera la tierra con maldición».

La última profecía del Antiguo Testamento es una profecía sobre el día que vendrá el Señor. Y el contenido de esta profecía es que antes del día que venga el Señor, Dios enviaría a su profeta Elías. Ahora bien, creo que es significativo que aún el día de hoy, según las costumbres del judaísmo moderno, durante la celebración de la Pascua, cuando la mesa está puesta, siempre queda una silla vacía a la cabecera de la mesa.

Nadie debe sentarse en esa silla durante la celebración de la Pascua, porque esa silla está reservada para Elías, ya que el judaísmo moderno no cree que el Mesías ha venido. Ellos aún están a la espera del Mesías y no creen que esta profecía se haya cumplido.

Sin embargo, el registro del Nuevo Testamento inicia con la aparición de una figura muy extraña, algunos incluso la han llamado figura extravagante: Juan el Bautista. Donde la voz de la profecía había estado en silencio durante 400 años en Israel, de repente sale del desierto, el lugar de encuentro tradicional entre Dios y sus profetas. Sale esta figura extraña usando las prendas y viéndose, para efectos prácticos, como el profeta Elías del Antiguo Testamento.

Juan el Bautista crea una gran consternación e interés, por lo que los líderes religiosos salen de Jerusalén y empiezan a interrogarlo y le preguntan quién es y qué hace. Y le preguntan directamente, “¿Eres Elías? Y él dijo: No soy”. Pero luego, más tarde, nuestro Señor identifica a Juan el Bautista, de una manera un tanto enigmática, con la manifestación de Elías, cuando Jesús dijo: “Y si queréis aceptarlo,” (refiriéndose a Juan) “él es Elías, el que había de venir.”

Luego se nos dice en la Escritura que Juan el Bautista viene en el espíritu y en el poder de Elías y por eso se le ha llamado, “Elías redivivus” es decir, el renacimiento del ministerio de Elías. Bueno, ¿por qué toda esta importancia asociada con Elías? Bueno, creo que hay varias razones para ello y una de ellas es la que recordamos del registro del Antiguo Testamento sobre la vida y el ministerio de Elías.

Elías no muere. Elías asciende al cielo. Todos estamos familiarizados con la famosa película Carros de fuego y este título fue tomado del registro de la ascensión de Elías, cuando al final de sus años, estaban de pie junto a su discípulo Eliseo y al contemplar el cielo vieron carros de fuego y Eliseo gritó, «Padre mío, padre mío, los carros de Israel».

Y Elías fue levantado en un torbellino y llevado al cielo, lo que presumiblemente fue el símbolo del tribunal móvil de Dios. Pero debido a que no muere, existe esta expectativa de que algún momento en el futuro lejano llegaría como el heraldo del Mesías venidero. Y ese es el papel que se le asigna a Juan el Bautista.

Es también significativo en el Nuevo Testamento que cuando Jesús está en el monte de la transfiguración, viene una nube y lo envuelve, y los discípulos ven su transfiguración ¡Y he aquí! Aparecen dos hombres que tienen una conversación intensa con Jesús justo antes de que Jesús inicie su viaje final a Jerusalén y a la cruz.

Y los dos hombres que aparecen en el monte de la transfiguración con Cristo son Moisés y Elías. Ahora, ¿Qué significa esto? Al igual que Moisés, en un verdadero sentido, personifica la ley del Antiguo Testamento, así que la personificación suprema del profeta del Antiguo Testamento era el profeta Elías.

Cuando los judíos hablaban en forma resumida de todo el Antiguo Testamento simplemente decían: “La ley y los profetas”. Ahora, eso puede mal interpretarse porque Moisés, quien es el dador de la ley, es también descrito en el Antiguo Testamento como profeta y él funge en maneras distintas como el profeta.

Él es el vocero de Dios. Y entre Moisés y Elías hay muchas apariciones de profetas de menor rango; pero con la aparición de Elías es como si una institución totalmente nueva emergiera en la escena de Israel. Es decir que, al menos, es elevada a un nuevo grado de significado e importancia.

Y cuando pensamos en los profetas canónicos, es decir, aquellos cuyos libros son parte del canon del Antiguo Testamento, gente como Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, etc., todos ellos van después de la introducción pionera de esta institución hecha por el profeta Elías y por eso es importante cuando Elías aparece en escena.

Él es enviado por Dios al reino del norte, al reino de Israel, tal vez en su hora más oscura, durante el reinado de Acab y Jezabel. Ahora, antes de decir un poco más sobre Elías, en particular, permítanme hablar por un momento sobre algunas de las funciones de los profetas del Antiguo Testamento.

A menudo los cristianos ven a los profetas del Antiguo Testamento y los consideran tan solo videntes o personas que dieron profecías futuras. Es decir, que vemos o tendemos a ver la función primaria del profeta del Antiguo Testamento como la de un adivinador. Es decir, alguien que hace predicciones sobre el futuro.

Sin duda los profetas hacen eso. Y no quiero subestimar o devaluar la suprema importancia de esta tarea y la función de la profecía predictiva en el Antiguo Testamento, pero yo diría que la predicción de eventos futuros, si vamos a ponerlos en la escala de importancia, eso estaría en el segundo lugar en su misión.

Su tarea principal, el primer trabajo que Dios les da es ser lo que llamamos, heraldos. Si alguien inventó la idea de decir las cosas como son, fue el profeta del Antiguo Testamento. Los profetas eran solitarios, despreciados, maltratados, perseguidos, y en muchos casos, asesinados. Individuos que eran llamados de forma excepcional por Dios y capacitados por Dios para la tarea específica de ser la conciencia del pueblo de Dios.

Algunos han descrito la función del profeta en Israel en términos legales. Recuerdan que la nación había sido creada por Dios en términos de un acuerdo, un pacto, un pacto que tenía estipulaciones o leyes, y sanciones o castigos impuestos si es que las estipulaciones del pacto eran quebrantadas.

Y cuando Israel quebrantó el acuerdo que había hecho con Dios, fueron infractores de la ley de Dios, Entonces Dios envió a sus fiscales a la nación.  Y una de las funciones del profeta del Antiguo Testamento era ser el agente divino de Dios que acusaba.

Él presentaba una demanda contra su propio pueblo por quebrantar los términos de su acuerdo y los que entregaban la citación judicial en contra de Israel eran los profetas. Así que pueden imaginar cuán populares eran en el Antiguo Testamento. Habiendo dicho esto sobre los profetas en general, veamos algunos de los destellos que captamos en la Escritura sobre la vida de Elías.

Elías fue descrito por Acab como el «perturbador de Israel». Cuando las transgresiones de Acab llegaron a ser tan severas, Elías oró para que Dios actuara y en medio de la maldad de Acab, Dios maldice a Israel con una sequía que destruye sus cultivos y que duró tres años, como resultado de la oración de Elías.

Y Acab sabe que es este Elías el que está detrás de todos los juicios de los que él es objeto ahora. Entonces leemos en el Antiguo Testamento sobre el último enfrentamiento entre los seguidores de Acab y los seguidores de Elías en el combate que se realiza en el monte Carmelo. Esto se registra en el Capítulo 18 del primer libro de Reyes.

El versículo 17 dice: «Y sucedió que cuando Acab vio a Elías, Acab le dijo: ¿Eres tú, perturbador de Israel?” Y él respondió, es decir, Elías respondió: “Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, porque habéis abandonado los mandamientos del Señor y habéis seguido a los baales. Ahora pues, envía a reunir conmigo a todo Israel en el Monte Carmelo, junto con 450 profetas de Baal y 400 profetas de Asera que comen a la mesa de Jezabel».

¿Ves lo que está pasando aquí? Jezabel había importado a todos estos profetas y sacerdotes de las religiones paganas. Así que ahora están 850 de ellos en el complejo del palacio y Elías lanza un desafío al rey, pues le dice que busque a todos sus profetas y todos los líderes religiosos del culto de Baal y Asera y los traiga aquí y así resolverán sus diferencias.

«Acab envió mensaje a todos los hijos de Israel y reunió a los profetas en el monte Carmelo. Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: ¿Hasta cuándo vacilaréis entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, seguidle; y si Baal, seguidle a él.»

Algunos del pueblo, se acercaron a Elías, y le dijeron: ‘Elías, cálmate’.  He hecho una costumbre en mi vida de nunca discutir sobre religión y política, porque asuntos de este tipo tienen una tendencia a dividir.

Esto no es parte del registro, pero era inevitable porque ocurre cada vez que la verdad de Dios está en riesgo. Y Elías lo puso tan conciso como pudo. Reunió al pueblo de Israel, y dijo: “¿Hasta cuándo vacilaréis” o dudaréis “entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, seguidle a él; y si Baal, seguidle a él».

Recuerden que les dije antes que lo que haría fracasar a la nación de Israel sería el sincretismo, la mezcla, la fusión, la combinación de elementos de la verdadera piedad con elementos de la religión pagana.

Lo que estaba ocurriendo era que la verdad de Dios había sido secularizada y paganizada, así que la verdad de Dios ahora estaba borrosa y las peculiaridades del gobierno del pacto de Dios estaban ahora confusas a los ojos del pueblo.

Y Elías dijo: ‘decídanse’. No traten de jugar para ambos equipos. No se queden sentados en la banca. Si van a seguir a Dios, entonces sigan a Dios y eso significa que tienen que dejar de ir en pos de Baal y de Astarot; y si van a ser discípulos de Baal, entonces, sean discípulos de Baal y dejen de tratar de justificarlo con una pizca de religión bíblica.

Ese es el desafío que Elías da al pueblo. «Pero el pueblo no le respondió ni una palabra. Entonces Elías dijo al pueblo: Solo yo he quedado como profeta del Señor, pero los profetas de Baal son 450 hombres.

Que nos den, pues, dos novillos; que escojan un novillo para ellos y lo despedacen, y lo coloquen sobre la leña, pero que no le pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro novillo y lo colocaré sobre la leña, y no le pondré fuego. Entonces invocad el nombre de vuestro dios, y yo invocaré el nombre del Señor; y el Dios que responda por fuego, ése es Dios”. Y el pueblo dijo: “La idea es buena».

Luego leemos la narrativa de cómo los profetas de Baal tomaron su novillo y lo prepararon y leemos que: “invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: Oh, Baal, respóndenos. Pero no hubo voz ni nadie respondió.

Y danzaban alrededor del altar que habían hecho. Y sucedió que ya al mediodía, Elías se burlaba de ellos y decía: Clamad en voz alta, pues es un dios; tal vez estará meditando o se habrá desviado, o estará de viaje, quizá esté dormido y habrá que despertarlo. Y gritaban a grandes voces y se sajaban, según su costumbre, con espadas y lanzas hasta que la sangre chorreaba sobre ellos».

Ustedes hablan de fervor religioso. Estas personas son religiosas hasta la médula. Ellos están tan comprometidos y dedicados a su religión que se cortan así mismos, se arrancan la carne, saltan y corren por todo el lugar, invocan durante horas cada vez, pero por mucho que invoquen, por mucho que llamen a su dios, no hay respuesta.

Cuando pasó el mediodía profetizaron hasta la hora de la ofrenda del sacrificio de la tarde; pero no hubo voz. Nadie respondió. Nadie prestó atención, hasta que finalmente Elías dijo a todo el pueblo: “Acercaos a mí.” Y él “reparó el altar del Señor que había sido derribado.  Elías tomó doce piedras conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, a quien había venido la palabra del Señor, diciendo: Israel será tu nombre. Y con las piedras edificó un altar en el nombre del Señor». Y también en nombre de la nación en la que está hablando.

«E hizo una zanja alrededor del altar, suficientemente grande para contener dos medidas de semilla. Dispuso después la leña, cortó el novillo en pedazos y lo colocó sobre la leña. Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Después dijo: Hacedlo por segunda vez; y lo hicieron por segunda vez. Y añadió: Hacedlo por tercera vez;” y lo hicieron por tercera vez. El agua corría alrededor del altar, y también llenó la zanja de agua.

Y sucedió que, a la hora de ofrecerse el sacrificio de la tarde, el profeta Elías se acercó y dijo: Oh Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel.” Él está diciendo esto en la presencia de personas que eran descendientes y que fueron juramentados por lealtad del pacto para seguir al Señor, Dios de Abraham, de Isaac, y no en este caso Jacob, sino de Israel.

«Que se sepa hoy que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu siervo y que he hecho todas estas cosas por palabra tuya. Respóndeme, oh Señor, respóndeme, para que este pueblo sepa que tú, oh Señor, eres Dios, y que has hecho volver sus corazones.

Entonces cayó el fuego del Señor, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y lamió el agua de la zanja. Cuando todo el pueblo lo vio, se postraron sobre su rostro y dijeron: El Señor, Él es Dios; el Señor, Él es Dios».

Ahora bien, ¿qué creen que pasó? Algunos de ellos se levantaron y dijeron a Elías: ‘Bueno, Elías, eso fue una magnífica demostración de la verdad de Dios, pero espero que no te importe que continúe como miembro en la iglesia de Baal porque quiero ser de influencia allí y quiero crear vínculos con estas personas que se han extraviado.’

No, este era el momento, no para dividirse por pequeñas diferencias, no me refiero a eso, pero aquí la verdad central de Dios mismo está en juego y esto es lo que Elías hizo con el poder de Dios.

Los milagros rodean su vida. Él levanta una persona de entre los muertos. Él viene y se enfrenta a Acab en otras ocasiones. Pensemos cuando Acab se apodera de la viña de Nabot y otra vez, Elías viene y lo reprende y lo amonesta por su injusticia, porque lo que ocurre ahora en Israel es que las personas se alejan de Dios y se desvían de la ley de Dios.

¿No es esto lo que hizo Juan el Bautista cuando viene y, antes que nada, llama al pueblo al arrepentimiento y a la verdadera religión? “Arrepentíos, porque el reino de Dios se ha acercado”. Ese fue el mensaje de Juan el Bautista. Y entonces, ¿qué es lo que hace él? Él apunta con su dedo al rey y reprende al rey por su comportamiento impío.

Ahora bien, esto es importante porque a veces hoy en día se nos dice que la iglesia nunca debe comentar sobre las prácticas paganas del ámbito civil o del estado secular. Aunque la iglesia hoy en día no está llamada a ser el estado, la iglesia en cada generación está llamada a ejercer la crítica profética cuando los gobiernos se vuelven injustos.

Es por eso que Elías fue un hombre perseguido, acosado ​​implacablemente por el odio y la furia de Jezabel y Acab hasta que el juicio de Dios cayó sobre la casa de Acab. Y como lo había profetizado, cuando estos murieron, su sangre fue lamida por los perros de la calle.

Lean toda la historia de Elías. Es rica en drama e ilustra lo que era típico en la vida de todos los profetas piadosos en el Antiguo Testamento. Porque el mensaje de Elías debe ser escuchado hoy y en cada generación.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

El reino dividido

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

El reino dividido

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/34748952

Hemos titulado esta serie «Del polvo a la gloria” y obviamente las imágenes que usamos de polvo y gloria se refieren a la vista panorámica de la historia de de la redención, empezando con la creación y avanzando inexorablemente hacia las promesas que encontramos en Apocalipsis, que hablan de la venida de la gloria de Cristo.

Pero en un sentido más estricto, podemos considerar este período de tiempo que estamos viendo ahora, en términos de: “Del polvo a la gloria en miniatura”. El reino empieza en el polvo de los llanos del desierto de Sinaí, cuando Dios crea para sí una nación bajo el liderazgo de Moisés y este pueblo, luego, deambula por el polvo a través de la experiencia del desierto y luego a través del período de los jueces.

Y el polvo empieza a convertirse en gloria con el reino de David, pero en muy poco tiempo, la gloria se vuelve polvo otra vez y este regreso al polvo se lleva a cabo al final de la vida de Salomón.
Leemos sobre esto en el capítulo 11 del primer libro de Reyes, empezando en el verso 26. Allí leemos: «Y Jeroboam, hijo de Nabat, un efrateo de Sereda, cuya madre, una mujer viuda, se llamaba Zerúa, era siervo de Salomón y se rebeló contra el rey”.

Bueno, así como David tuvo que soportar numerosas revueltas y conspiraciones en su reino, ahora Salomón tiene que soportar un levantamiento contra sí mismo. Ahora bien, el verso 27 es significativo porque leemos estas palabras: «Y ésta fue la causa por la cual se rebeló contra el rey: Salomón había edificado el Milo y cerrado la brecha de la ciudad de su padre David. Este Jeroboam era guerrero valiente, y cuando Salomón vio que el joven era industrioso, lo puso al frente de todo el trabajo forzado de la casa de José».

Ahora, recordarán que dije en nuestra última sesión que una de las cosas que llevó al colapso del reino unido fue el gran error necio de Salomón de esclavizar a una parte de su propio pueblo para ser el instrumento del gobierno para aumentar el esplendor de su reino.

Irónicamente, fue a Jeroboam a quien Salomón seleccionó debido a su coraje, su valentía y su espíritu esforzado; poniendo a Jeroboam al frente de la tarea de dirigir esta fuerza laboral humana. Pues bien, a continuación leemos que, «cuando Jeroboam salió de Jerusalén, el profeta Ahías silonita lo encontró en el camino. Ahías se había puesto un manto nuevo y los dos estaban solos en el campo.

Entonces Ahías tomó el manto nuevo que llevaba sobre sí, lo rasgó en doce pedazos, y le dijo a Jeroboam: “Toma para ti diez pedazos; porque así dice el Señor, Dios de Israel: ‘He aquí, arrancaré el reino de la mano de Salomón y a ti te daré diez tribus’».

Ahora, permítanme hacer una pequeña pausa. Jeroboam sale y se encuentra con este hombre, que es un profeta y los dos están solos, y el profeta tiene esta hermosa túnica nueva. Y una de las cosas características que encontramos en el Antiguo Testamento, con los profetas, es que a menudo comunican la palabra del Señor a sus oyentes por medio de un “ejemplo práctico” donde alguna acción concreta se lleva a cabo de forma gráfica simboliza o representa una inminente acción de Dios, y esto es lo que ocurre en este encuentro pues el profeta toma esta bella prenda de vestir, y la rasga en 12 partes.

Sin duda, el significado del número 12 no es difícil de entender. Las 12 piezas se refieren a las 12 tribus de Israel. Y ahora el profeta le dice a Jeroboam: «Toma para ti diez pedazos» de esta prenda, y luego le explica que Dios le ha hablado, que Él estaba juzgando a Salomón por su pecado y como resultado de la desobediencia de Salomón, el juicio de Dios está viniendo sobre la nación, y que él va a partir el reino unido en dos; y que va a dar 10 tribus a Jeroboam y las va a quitar del control de Salomón.

Bueno, continuemos entonces. El dijo: «(pero él tendrá una tribu, por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén, la ciudad que he escogido de entre todas las tribus de Israel)». Ahora bien, parece que tenemos un problema aquí porque él tiene 12 piezas de tela, y dice que solo dará una tribu a Salomón. Bueno, todo se reduce a que los levitas no fueron considerados como una de las tribus, y más tarde se divide la herencia entre Efraín y Manasés, los hijos de José.

El punto es que la tribu que va a quedar bajo el control de Salomón es la tribu de Judá, la cual nos recuerda la bendición patriarcal de Jacob siglos antes, cuando dijo: «El cetro no se apartará de Judá,» hasta que venga Siloh”. De modo que la dinastía que Dios crea con David es una sucesión real que se da a la tribu de Judá y la única razón que podemos imaginar por la cual Dios no le quita toda la nación a Salomón, sino que conserva un trozo de tela para Salomón, es por respeto a la promesa patriarcal y por el amor de Dios hacia David y la promesa a David, la promesa que Dios hizo a David que él tendría a alguien en su trono para siempre.

Ahora veamos lo que ocurre como resultado de estas cosas. Versículo 36, «Y a su hijo daré una tribu», es decir, al hijo de David, «para que mi siervo David tenga siempre una lámpara delante de mí en Jerusalén, la ciudad que yo he escogido para poner allí mi nombre. Y a ti te tomaré, y reinarás sobre todo lo que desees, y serás rey sobre Israel».

Este es el primer indicio del reino dividido, y cuando hablamos de reino dividido, esta nación que anteriormente había sido llamada Israel, ahora está partida en dos; y entonces el reino del norte se llama, desde entonces, el reino de Israel, y el reino del sur, el cual contiene la ciudad de Jerusalén, se llama el reino de Judá.

De modo que ahora este reino del sur lleva el nombre de la tribu que se reservó para los descendientes de David y de Salomón. Luego, se nos narra la muerte de Salomón y la respuesta de su hijo Roboam. En el capítulo 12, esto a veces es confuso porque estamos hablando de Jeroboam y Roboam.

Ellos no son hermanos. Jeroboam no era hijo de Salomón. Roboam era hijo de Salomón.Y esto es lo que leemos sobre Roboam en el capítulo 12: «Entonces Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había ido a Siquem para hacerlo rey».

Entonces, cuando lo supo Jeroboam, «enviaron a llamarlo, entonces vino Jeroboam con toda la asamblea de Israel, y hablaron con Roboam, diciendo: tu padre hizo pesado nuestro yugo; ahora pues, aligera la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que puso sobre nosotros y te serviremos. Entonces él les dijo: Idos por tres días, después volved a mí. Y el pueblo se fue.

El rey Roboam pidió consejo a los ancianos que habían servido a su padre Salomón cuando aún vivía, diciendo: ¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?

Ahora, ¿ven lo que está pasando? Hay una gran reunión en Siquem y Jeroboam viene con todo su ejército, y él tiene ahora el poder para mover a todas estas tribus contra el sucesor de Salomón, cuyo nombre es Roboam, pero él le da Roboam la oportunidad de preservar la unión, de preservar la nación. Él dice, «la mano de tu padre era dura sobre nosotros».

¿A qué se refiere esto? Se refiere a la misma empresa en la que el mismo Jeroboam estaba envuelto: al trabajo forzado de su propio pueblo; Y debido a eso, el pueblo está impaciente y está listo para escapar. Están listos para una guerra civil.

Pero Jeroboam le dice a Roboam, ‘Si nos prometes que pondrás fin a este tipo de opresión, seremos leales a tu reinado y no habrá ninguna división. No habrá ninguna separación’. Así que, básicamente, Roboam dice, ‘Déjame pensar al respecto’. Él dice: ‘Váyanse por tres días, vamos a reunirnos y veremos que pasa’. Mientras tanto, Roboam consulta a los ancianos en búsqueda de su consejo y dijo, «¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?»

“Y ellos le respondieron, diciendo: Si hoy te haces servidor de este pueblo, y les sirves y les concedes su petición y les dices buenas palabras, entonces ellos serán tus siervos para siempre»
Vaya, es eso gran sabiduría ¿Qué le están diciendo a Roboam? ‘¿Quiere que este pueblo te sirva? Bueno, si quieres que te sirvan, tú tienes que servirles porque el rol del rey no es oprimir a su pueblo, sino servir a su pueblo.

El rey debe ser un siervo de Dios, estando al servicio de las personas que gobierna’. Como dijimos antes, cuando se estableció el reino por primera vez, el rey de Israel nunca tuvo la autoridad de autonomía.
Cada rey en la nación era responsable ante la ley del rey, para estar al servicio de Yahvé, quien solo él era el único rey supremo del pueblo.

Pero el registro que encontramos aquí es el registro de un rey y reina, uno tras otro, quienes se atribuyeron para ellos mismos la autoridad y el respeto que le pertenecen solo a Dios. Así que ahora, el consejo de los ancianos para Roboam es ‘sirve al pueblo y ellos te servirán’.

Bueno, escucha su respuesta: “Pero él abandonó el consejo que le habían dado los ancianos, y pidió consejo a los jóvenes que habían crecido con él y le servían. Y les dijo: ¿Qué aconsejáis que respondamos a este pueblo que me ha hablado, diciendo: ‘Aligera el yugo que tu padre puso sobre nosotros’?

Y los jóvenes que se habían criado con él le respondieron, diciendo: Así dirás a este pueblo que te ha hablado, diciendo: ‘Tu padre hizo pesado nuestro yugo; pero tú hazlo más ligero para nosotros.’
Así les hablarás: ‘Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre. Por cuanto mi padre os cargó con un pesado yugo, yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con látigos, pero yo os castigaré con escorpiones’”.

Los jóvenes están llenos de ellos mismos, y crecen y comparten y disfrutan del poder de Roboam. Ellos le dicen: ‘No escuches a los ancianos que son débiles y que quieren reducir y disminuir el poder que tienes. Déjanos estar contigo. Toma el poder. No cedas ni un milímetro de ese poder, y di a estas personas, «Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre”.

Si piensan que estaban en problemas con él, entonces sométanse o realmente se las voy a poner como nunca se lo imaginaron». Entonces, él hizo este anuncio a Jeroboam, y les habló conforme al consejo de los jóvenes y cuando esto sucedió, el pueblo le respondió, diciendo: “¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia con el hijo de Isaí. ¡A tus tiendas, Israel! ¡Mira ahora por tu casa, David! Y todo Israel se fue a sus tiendas. Pero en cuanto a los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá, Roboam reinó sobre ellos”.

Así que ahora empieza la guerra civil, y la nación se divide y la división de este pueblo duraría siglo tras siglo, tras siglo. Y la historia posterior de las condiciones tanto en el norte como en el sur parece un prontuario criminal, sobre todo en el norte.

Tan pronto como Jeroboam asume el poder y el control en el reino del norte, Israel, va y crea dos sitios sagrados especiales y consagra un becerro de oro diciendo: ‘Este es el dios que te sacó de la tierra de Egipto’. Tan pronto él asume el poder del reino del norte, dirige a la gente hacia la práctica de la idolatría, lo que se convierte en un microcosmos de la historia futura del reino del norte.

Permítanme decir un par de cosas acerca de este período del reino dividido que se describe aquí, tanto en el primer y segundo libro de Crónicas como en los libros de Reyes. Y sé que le gente se estanca al leer este período, pero la historia que se desarrolla en los días siguientes es absolutamente crucial para comprender todo el alcance de la fe del Antiguo Testamento.

El reino del norte después del tiempo de la división dura unos 200 años, y en ese período de 200 años hay 20 reyes. Ahora, hagan el cálculo: la duración promedio de la monarquía en el reino del norte por el resto de su historia fue de 10 años. Ahora, algunos de ellos no duraron ni 10 semanas, pero el promedio es de 10 años y en ese período de 200 años, hay 20 reyes, 9 familias. Nueve dinastías diferentes que compiten por la supremacía en el reino del norte.

Ahora, hablamos en la historia británica, de los Tudor y los Windsor, y así por el estilo, y se habla de distintas casas o familias, de donde proceden los monarcas. Pues bien, en el reino del norte hay tanta interrupción, tanta división, tanta intriga, tanta rivalidad fratricida que no hay estabilidad, 20 reyes, 9 familias distintas.

Una de las familias más importantes en el reino del norte fue la denominada casa de Omri. Omri, fue importante por establecer una capital central rival y un lugar central de adoración para Judá y Jerusalén. El hizo que la capital del reino del norte fuera la ciudad de Samaria. Ahora, tal vez no has oído mucho acerca de Omri.

Era tan capaz como administrador y gobernante, pero a la vez despreciablemente malo en su comportamiento religioso. Omri realmente acentuó el cambio del reino del norte a la práctica idolátrica.
Tal vez el más ilustre descendiente de la dinastía de Omri fue uno tipo del que has oído hablar (que se ha inmortalizado, como en ningún otro lugar, como el capitán del Pequod en la novela «Moby Dick» por Herman Melville, Acab, quien se convierte en el rey del reino del norte.

Acab es sinónimo de maldad, este se casa con una mujer que sigue con vehemencia sus costumbres paganas y cuyo deseo es que el reino del norte adore a sus dioses, que haya un renacimiento de la idolatría en la tierra. Y su nombre, por supuesto, es Jezabel. Ella se ha asociado tanto con la maldad que incluso hoy, si una mujer es conocida por su extraordinaria maldad se dice de ella, «Ella es una Jezabel.»

Fue la maldad en el reino del norte que provocó en primer lugar el levantamiento de toda una nueva línea de profetas encabezada por Elías, a quien vamos a ver más adelante. Mientras tanto en la tierra del sur, el reino del sur mantiene cierta estabilidad, aunque, sin duda, no fue una época de gran piedad, aparecen entre algunos de los reyes del sur algunos hombres de Dios. Y hubo reformas que se realizaron ocasionalmente durante este período. Pero el reino del sur, a diferencia del reino del norte, duró aproximadamente 350 años.

Ahora bien, esto es lo que creo que es fascinante: Que el reino del norte, el cual solo duró 200 años, tuvo 20 reyes y 9 familias. Pero, el reino del sur tuvo 20 reyes durante un período de 350 años, casi el doble que el reino del norte, pero el mismo número de reyes.

Y como había sido ordenado por Dios y de acuerdo con su providencia: solo una familia; de modo que permaneció intacta la sucesión dinástica de David por 350 años después de la división del reino, por lo que la casa de David se conserva, de generación en generación, en honor de Jerusalén y de la Casa de Dios.

En el año 722, el reino del norte cayó ante los invasores asirios, y la gente del norte fue llevada cautiva. En el 586 y 587 antes de Cristo, Jerusalén cayó ante los babilonios. Y así, a partir de este período de la división viene el gran cautiverio, donde vemos, finalmente, la caída de los dos reinos, el norte y el sur.

Primero, el reino del norte con la caída de Samaria en el 722 a.C.; luego en el año 586, la caída de Jerusalén y la caída del reino de Judá. La desolación y la oscuridad se apoderaron de las personas, pues habían perdido su patrimonio y como el profeta Amós más tarde declaró que la casa de David había caído y el trono de David se enredó en insidias y malas hierbas, con óxido, y al parecer condenado al olvido eterno, sino fuera por la promesa de Dios a su siervo David que establecería su trono para siempre; Y como diría Amós en el futuro próximo, «En aquel día levantaré el tabernáculo caído de David».

Todo eso apunta a gritos hacia el futuro, a la venida del hijo de David, que es mayor que David, a quien el reino se da por los siglos de los siglos.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

Salomón y el Templo

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Salomón y el Templo

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/34469144

Nosotros hemos visto que fue durante el gobierno del rey David, que Israel entró en su edad de oro. Ahora, se ha dicho de la historia de Israel que, bajo David tuvo lugar el apogeo de esa edad de oro, y que bajo su hijo, Salomón, ese oro empezó a oxidarse un poco y luego de la muerte de Salomón, el reino se empezó a oxidar.

Pero, pasemos algún tiempo, hoy, considerando la relación entre David y los hijos de Salomón, cuando el reino de los judíos se fraccionó en dos y el Reino Unido se desintegró en lo que se denominó el Reino Dividido. Al final de la vida de David, cuando estaba muy enfermo, al parecer su hijo mayor que estaba vivo, de nombre Adonías, supuso que recibiría el trono y que él reemplazaría a su padre en la sucesión dinástica; y así él mismo se declaró rey mientras David aún estaba vivo.

Esta historia se encuentra en el primer capítulo del libro de Reyes, del primer libro. Permítanme leer un breve pasaje al respecto. El versículo 1 del capítulo 1: «El rey David ya era viejo, entrado en días, y lo cubrían de ropas pero no entraba en calor» y luego leemos la historia de Abisag, la sunamita que lo atendía y calentaba.

Después en el versículo 5 leemos: «Entretanto Adonías, hijo de Haguit, se ensalzaba diciendo: “Yo seré rey.” Y preparó para sí carros y hombres de a caballo y cincuenta hombres que corrieran delante de él. Su padre nunca lo había contrariado preguntándole: ¿Por qué has hecho esto? Era también hombre de muy hermoso parecer, y había nacido después de Absalón.  Y había consultado con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar, que respaldaban a Adonías. Pero el sacerdote Sadoc, Benaía, hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y los valientes que tenía David, no estaban con Adonías».

¿Ves ahora lo que está pasando aquí? Es posible afirmar que el hijo mayor de David, que estaba vivo, el hermano menor de Absalón, (Absalón, el que previamente se había rebelado contra su padre y trató de tomar la corona) y después que Absalón murió, ahora su hermano parece estar siguiendo sus pasos.

Lo que Adonías hace es reclamar el reino para sí mismo y conseguir que ciertas personas sean sus aliados, entre ellos Joab, quien es el general de mayor confianza de David.

Y él convence a algunos otros para esta conspiración; pero aquellos que son notablemente eliminados y no contados en este golpe, están personas como Abiatar, el sacerdote, y Natán, el profeta, y muchos otros que habían sido muy leales a David. Es decir, esto es algo trágico, pero es el tipo de cosas que se ven en los golpes de estado a lo largo de la historia, donde hay intentos de tomar el poder para uno mismo.

Entonces tenemos una lucha de poder de la mayor magnitud, que enfrenta David en los últimos días de su vida. Pero él ya había hecho un juramento a su esposa Betsabé, que su hijo Salomón recibiría el trono.

Y así, David se entera sobre esta conspiración de Adonías y en la última parte del capítulo 1 del primer libro de Reyes, versículo 32, leemos estas palabras: «Entonces el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc al profeta Natán y a Benaía, hijo de Joiada. Ellos entraron a la presencia del rey, y el rey les dijo: Tomad con vosotros a los siervos de vuestro señor, haced montar a mi hijo Salomón en mi propia mula y bajadle a Gihón. Que allí el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo unjan como rey sobre Israel; y tocad trompeta y decid: ‘¡Viva el rey Salomón!’».

Así que al final de su vida, David toma estas medidas para asegurar la sucesión dinástica de su trono, que está de acuerdo con sus deseos. Así que, después de que Salomón es anunciado como el sucesor de David, David llama a Salomón a su presencia.

En el capítulo 2, verso 1 leemos esto: «Y acercándose los días de la muerte de David, dio órdenes a su hijo Salomón, diciendo: Yo voy por el camino de todos en la tierra. Sé, pues, fuerte y sé hombre.

Guarda los mandatos del Señor tu Dios, andando en sus caminos, guardando sus estatutos, sus mandamientos, sus ordenanzas y sus testimonios, conforme a lo que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas, para que el Señor cumpla la promesa que me hizo, diciendo: ‘Si tus hijos guardan su camino, andando delante de mí con fidelidad, con todo su corazón y con toda su alma, no te faltará hombre sobre el trono de Israel’».

Esto es prácticamente lo último que hizo David antes de morir. Una vez vi un programa de entrevistas en la televisión, en el que la persona entrevistada era Burt Reynolds, y el conductor del programa hablaba sobre la Transición, el pasar de la juventud a la adultez.

Y preguntó a Burt Reynolds, «¿Cómo sabes cuando te has convertido en un hombre?»  Y Burt Reynolds respondió a esa pregunta en la televisión nacional diciendo: «Tú sabes que eres un hombre cuando tu papá dice que tú eres un hombre».

Nunca he olvidado eso porque mostró un supuesto tácito que tiene raíces profundas en los hombres. Y lo que está pasando aquí al final de la vida de David, es que le dice a su hijo Salomón, «Sé un hombre». Y en el traspaso a Salomón, cuando le entrega el trono, él centra su atención en la solemne responsabilidad que conlleva el reinado: que debe ser obediente a la ley del rey, que debe seguir todos los mandamientos de Dios, todos los estatutos de Moisés, entre otras cosas.

Así es cómo el reino pasa de las manos de David a las manos de Salomón. La rebelión es pulverizada, los enemigos de Salomón son eliminados, y Salomón ahora tiene el camino despejado para ser el rey indiscutible sobre la nación. Ahora, para tener una idea de Salomón, tenemos que ir al tercer capítulo del primer libro de Reyes, donde leemos en el versículo 1: “Salomón se emparentó con Faraón, rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón y la trajo a la ciudad de David mientras acababa de edificar su casa, la casa del Señor y la muralla alrededor de Jerusalén.

Sólo que el pueblo sacrificaba en los lugares altos, porque en aquellos días aún no se había edificado casa al nombre del Señor. Salomón amaba al Señor, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos».

Lo que tenemos en esta declaración introductoria del capítulo 3 es una especie de presagio siniestro de lo que el futuro tiene reservado para Salomón.

Es evidente en nuestra cultura comprender que el nombre de Salomón esté vinculado proverbialmente con la sabiduría. Si vemos a alguien hoy que es particularmente sagaz, podemos decir acerca de esa persona: “Esa persona tiene la sabiduría de Salomón». Nadie en toda la sagrada Escritura se destaca con poseer tal don de sabiduría como este personaje, Salomón.

Su nombre se asocia íntimamente con una gran parte del Antiguo Testamento llamada la literatura sapiencial. Tradicionalmente, se considera a Salomón como el autor del Cantar de los Cantares, el autor de muchos, si no de la mayor parte de los proverbios contenidos en ese libro, y también el autor de una porción de los salmos que perduran hasta nuestros días.

De modo que él era famoso por su extraordinaria manifestación de sabiduría que veremos un poco más profundamente en un par de minutos. Pero fue Aristóteles quien dijo que en el cerebro del más sabio de los hombres siempre se encuentra el rincón del necio.

Ten presente que cuando leemos de estos héroes y heroínas del Antiguo Testamento, la Biblia no teme hacer los retratos de sus héroes y heroínas, con todos sus defectos. Por eso a menudo estas personas que emergen como gigantes de liderazgo y de la fe tienen características que nos recuerdan a una tragedia de Shakespeare, donde hay algún tipo de defecto mortal o imperfección que los lleva a la ruina, tarde o temprano. Y este es el caso de la persona de Salomón. Al inicio de su reinado, él manifiesta una sabiduría extraordinaria y una profunda devoción a las cosas de Dios.

Y como dije, David llevó a Israel a su edad de oro, extendió sus fronteras desde Dan hasta Beerseba y, en realidad, lo que hizo David en lo administrativo fue superado por Salomón, pues Salomón fortaleció los tesoros, se embarcó en ambiciosos programas de construcción y proyectos de obras públicas, e incluso fortaleció el poder militar del reino que heredó de su padre; por una temporada.

Pero lo que empezó con un espíritu de humilde dependencia de Dios empezó a desmoronarse y desintegrarse conforme pasaban los años. Pero una vez más consideremos por un momento esta extraordinaria dimensión de la sabiduría de Salomón.

Leemos en el capítulo 3, verso 6 o verso 5 debería decir: «Y en Gabaón el Señor se apareció a Salomón de noche en sueños, y Dios le dijo: Pide lo que quieras que Yo te dé. Entonces Salomón dijo: Tú has usado de gran misericordia con tu siervo David mi padre, según él anduvo delante de ti con fidelidad, justicia y rectitud de corazón hacia ti; y has guardado para él esta gran misericordia, en que le has dado un hijo que se siente en su trono, como sucede hoy.

Y ahora, Señor Dios mío, has hecho a tu siervo rey en lugar de. mi padre David, aunque soy un muchacho y no sé cómo salir ni entrar. Tu siervo está en medio de tu pueblo al cual escogiste, un pueblo inmenso que no se puede numerar ni contar por su multitud.

Da, pues, a tu siervo un corazón con entendimiento para juzgar a tu pueblo y para discernir entre el bien y el mal. Pues ¿Quién será capaz de juzgar a este pueblo tuyo tan grande?”

Este pasaje huele a un espíritu de humildad de un joven que ahora recibe esta gran carga de gobernar a una nación que había sido organizada con grandeza por su propio padre.

Ocupar el lugar de David era algo poco envidiable por decir lo menos. Es un hombre joven, al parecer ya casado, y su matrimonio fue un matrimonio de diplomacia internacional. Se casó con la hija de faraón por lo tanto, cimentó las relaciones políticas entre el gran imperio de Egipto y la nación de Israel.

Pero, ¿recuerdas que vimos ese toque siniestro anteriormente en el capítulo? Volvamos a donde dice que ‘Salomón la trajo’ que es la hija de Faraón, a la ciudad de David, hasta que terminó la construcción de su propia casa, la casa del Señor, y el muro alrededor de Jerusalén. Entre tanto, es decir, hasta que se construya el templo, no hay un santuario central para que la gente adore, por lo que participan en la creación de sus propios sitios sagrados en los lugares altos

Y leemos mucho en el Antiguo Testamento sobre los “lugares altos”, porque los lugares altos se convirtieron en sinónimo de santuarios paganos y altares paganos. Y el pueblo de Israel ya anda corriendo, haciendo sacrificios en estos lugares altos y Salomón participa en esto también.

Y leemos al final de esta sección, que: “Salomón amaba al Señor, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos”. Esto será su perdición.

Y hay algo más que se insinúa aquí, que será su perdición: que su primer matrimonio es con una mujer pagana de una cultura pagana, lo que ya es en sí un acto de desobediencia puesto se le había ordenado al pueblo judío no casarse con los paganos alrededor de ellos, pero Salomón hace eso.

Pero él es aún joven, es idealista, está abrumado con la enorme responsabilidad que tiene ante él y Dios le dice, «Pide lo que quieras que yo te dé».

Y él no pide por dinero, no pide por fama, no pide por poder. No busca de Dios esos regalos o bendiciones que, tan a menudo, son la pasión que consume a otros jóvenes que buscan la fama y la fortuna.

Salomón lo que más desea es un corazón entendido. Él quiere la sabiduría para poder ser un buen rey. Él quiere sabiduría para poder resolver los conflictos y las diferencias que se producen dentro de la nación; que pueda ser un juez como Samuel, que pueda ser piadoso como su padre.

Esto es lo que él pide de Dios. Ahora leamos la respuesta de Dios a esto. Dice el versículo 10 del capítulo 3: «Y fue del agrado a los ojos del Señor que Salomón pidiera esto. Y Dios le dijo: Porque has pedido esto y no has pedido para ti larga vida, ni has pedido para ti riquezas, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que has pedido para ti inteligencia para administrar justicia, he aquí, he hecho conforme a tus palabras.

He aquí, te he dado un corazón sabio y entendido, de modo que no ha habido ninguno como tú antes de ti, ni se levantará ninguno como tú después de ti. También te he dado lo que no has pedido, tanto riquezas como gloria, de modo que no habrá entre los reyes ninguno como tú en todos tus días. Y si andas en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos como tu padre David anduvo, entonces prolongaré tus días. Salomón se despertó.» Esto es extraordinario.

Su petición fue humilde y Dios dijo: ‘Porque tu petición fue esto, que es tan humilde, estoy muy contento y voy a acceder a dicha petición; pero no solo voy a darte eso, sino que voy a darte todas las cosas que no pediste. Voy a darte poder y fama y ​​gloria y riquezas».

¿Recuerdas la historia sobre las minas del rey Salomón que revelan la fabulosa riqueza que se acumuló durante el reinado de este rey? Su reino llegó a ser tan opulento que la reina de Sabá vino de lejos para contemplar la gloria del reino que pertenecía a Salomón.

Incluso Jesús, hace referencia a ese episodio en el Nuevo Testamento. Bueno, la primera gran tarea de Salomón era cumplir el sueño de su padre y la voluntad del Señor en la construcción de la casa que sería la casa de Dios. Es bajo el reinado de Salomón que el templo del Antiguo Testamento se construye.

Y se construye a través de un tratado que Salomón hace con el rey de Tiro, cuyo nombre es Hiram, el cual proporcionó todos los materiales de construcción necesarios y este programa masivo se completa. Y al momento de la culminación del templo, una vez más vemos a Salomón en su rigurosa dedicación por las cosas de Dios cuando dedica el templo, el templo que su padre quería construir, pero Dios dijo: «No, esto se dejará a la próxima generación”

Y en la dedicación del templo, Salomón sigue manifestando una vida de devoción y obediencia. Pero luego en el capítulo 11 del primer libro de Reyes, empezamos a ver el triste declive de la integridad del hombre. El capítulo 11 inicia con estas palabras: «Pero el rey Salomón, además de la hija de Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras, moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas, de las naciones acerca de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel:

No os uniréis a ellas, ni ellas se unirán a vosotros, porque ciertamente desviarán vuestro corazón tras sus dioses. Pero Salomón se apegó a ellas con amor. Y tuvo setecientas mujeres que eran princesas y trescientas concubinas, y sus mujeres desviaron su corazón.

Pues sucedió que cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre.»

Ciertamente vemos la depravación en la que se hundió en el versículo 5: “Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como le había seguido su padre David.”

Luego construyó un lugar alto, edificó un altar a un dios pagano e hizo esto para complacer a sus esposas extranjeras. Entonces leemos en el verso 9: “Y el Señor se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado del Señor.” Luego, “Y el Señor dijo a Salomón: Porque has hecho esto, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que te he ordenado, ciertamente arrancaré el reino de ti, y lo daré a tu siervo.”

Lord Acton dijo, ‘el poder corrompe. Y el poder absoluto corrompe absolutamente’.  Esto no es exactamente cierto ya que solo Dios tiene poder absoluto y no hay corrupción en él. Pero humanamente parece ser cierto con mucha frecuencia.

Junto a este incidente, hay otro que no he mencionado. La Biblia pone gran énfasis en el pecado de Salomón al excederse con las peticiones de sus mujeres extranjeras de construir altares y santuarios a deidades paganas y esta fue su perdición.

Pero también en su afán de hacer el reino grande, para embarcarse en un proyecto de construcción masiva, Salomón instituyó el corvée, un término usado para referirse al trabajo de esclavo. Y lo más terrible de esto es que Salomón esclavizó una parte de su propio pueblo como algo esencial para completar la construcción de sus proyectos de obras públicas. Y eso, incluso más que la apostasía religiosa, provocó la división del reino, como veremos en el próximo segmento.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

David

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

David

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/34176876

Nunca olvidaré la primera vez que tuve la oportunidad de visitar Tierra Santa. Habían estado tras de mí por años para ir a ese viaje diciéndome que me ayudaría mucho y que lo disfrutaría, yo decía: «No, yo no quiero ir, no quiero». Finalmente fui; y nunca lo olvidaré.

Nos quedamos en un hotel en el Monte de los Olivos, con vistas al valle del Cedrón, mirando justo de frente la ciudad vieja de Jerusalén. Y recuerdo una noche, saliendo al patio detrás del hotel, allí de pie, tarde en la noche, mirando las paredes iluminadas por los reflectores, y luego a la izquierda de las paredes que quedaban de Jerusalén esa pequeña parcela de tierra que era la ciudad vieja, la ciudad donde David estableció la capital.

Y allí, en la penumbra y la oscuridad, solo cerré mis ojos y me imaginé a David huyendo de su palacio con su familia, debido al avance de la horda rebelde que marchaba contra él bajo el liderazgo de su propio hijo Absalón.

Y la Biblia nos dice que esa noche cuando David huyó, se dirigió hacia el valle de Cedrón lamentándose mientras él iba. Y cuando me paré allí en ese lugar imaginando a David, me invadió una sensación única de la historia, porque han pasado poco más de 3.000 años desde que David fue ungido rey de Israel.

Recuerdo otra ocasión, muchos años después, que alguien me dijo, «RC, cuando vayas al cielo, aparte de tus familiares y seres queridos fallecidos ¿cuáles son las cinco personas que más te gustaría ver en el cielo, de la historia de la iglesia?»

No puedo recordar ahora mismo cuales cinco enumeré en esa ocasión, pero sé que uno de los cinco era David. Simplemente no puedo pasar por alto a David. Si alguna vez hubo un hombre renacentista antes del Renacimiento, sería David. Herbert Marcuse, un filósofo que revolucionó en el siglo XX cuyo libro más famoso se tituló «El hombre unidimensional».

Nunca este título se aplicaría a David, porque este era un hombre que tenía múltiples facetas, extremadamente complejo. Él era un conjunto desenfrenado de contradicciones que demostró el adagio de los que dicen que cuando era bueno, era muy, muy bueno, y cuando era malo, era terrible.

Entonces, vemos la grandeza de la humanidad manifestada en la vida de este hombre, así como las profundidades de la corrupción. Y esa es una de las razones, supongo, por las que me gusta David, porque es tan real.

Recuerdo que Kierkegaard una vez hizo la observación, «Mi queja no es que mi edad sea mala, sino que es insignificante; que carece de pasión». Él dijo: «Cada vez que me deprimo”, dijo, “vuelvo a las páginas del Antiguo Testamento, porque cuando leo la Biblia, allí’, dijo, “encuentro gente que miente, que mata, que engaña, que roba y comete adulterio».

Él dijo: «En una palabra, se trata de gente con pasiones igual que nosotros, no santos de papel o héroes de cartón». Y precisamente así era David. Nos quedamos la última vez con la aparición de la monarquía y el primer rey que fue Saúl.

Y vimos cómo Saúl empezó con un ascenso meteórico de esplendor, pero pronto degeneró en corrupción de todo tipo donde no solo fue invadido por la locura, por los celos y por la rabia contra David, sino que recurrió a la consulta de hechiceros, visitando a la adivina de Endor y cosas así.

Y Saúl, quien había sido muy distinguido como guerrero, finalmente, murió en batalla y tenemos el registro de eso en el primer capítulo de 2 Samuel. Y leemos del mensaje que le traen a David, que este hombre que había tratado de matarlo una y otra vez había sido herido en batalla.

Y leemos estas palabras en el versículo 17 del capítulo 1 de 2 Samuel: «David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán, y ordenó que enseñaran a los hijos de Judá el cántico del arco; he aquí, está escrito en el libro de Jaser.

Tu hermosura, oh Israel, ha perecido sobre tus montes. ¡Cómo han caído los valientes! No lo anunciéis en Gat, no lo proclaméis en las calles de Ascalón; para que no se regocijen las hijas de los filisteos, para que no se alegren las hijas de los incircuncisos.

Oh montes de Gilboa, no haya sobre vosotros rocío ni lluvia, ni campos de ofrendas; porque allí fue deshonrado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, no ungido con aceite. De la sangre de los muertos, de la grosura de los poderosos, el arco de Jonatán no volvía atrás, y la espada de Saúl no volvía vacía. Saúl y Jonatán, amados y amables en su vida, y en su muerte no fueron separados; más ligeros eran que águilas, más fuertes que leones.” “¡Cómo han caído los valientes, y perecido las armas de guerra!”

Esto, de un hombre que lo había perseguido sin descanso, que lo había tratado de matar, Incluso David, quien había tenido más de una oportunidad para matar a Saúl, se negó a poner su mano sobre él, porque Saúl era el rey y Saúl era el ungido del Señor.

Ahora David escribe una elegía por la muerte del rey. Bueno, como dije, la historia de David es una historia llena de contradicciones y complejidades. David era muchas cosas; en primer lugar, era un niño prodigio. Siempre me han fascinado las historias de los grandes músicos como Mozart y otros, que a una edad muy temprana alcanzaron niveles de logro tan notables en su campo y en su arte.

Pero David era solo un muchacho que había cuidado de las ovejas de su padre en los campos y las había defendido de leones y de osos, cuando lo vemos aparecer en la escena donde el pueblo de Israel ha sido acorralado por el campeón de los filisteos, Goliat.

Los ejércitos de Israel acampaban a un lado de un barranco, y los ejércitos de los filisteos, al otro, y cada día de la semana, semana tras semana, el campeón de los filisteos llegaba al valle y este gigante, Goliat, desafiaba a los ejércitos de Israel a que enviaran un campeón para que pudieran resolver su conflicto en un combate de hombre a hombre.

Pero no se encontró a nadie en todos los ejércitos de Israel que asumiera el desafío. Y el rey se sentó en su tienda y tembló hasta que Isaí envió a su hijo menor David al campamento para llevar algo de comida a sus hermanos mayores y asegurarse de que estuvieran alimentados.

Y este muchacho llega y ve a este gigante desafiando a Israel para que presente a un luchador que pelee contra él. Y él, en su idealismo juvenil, está completamente confundido por esto, ¡ustedes saben!

Él mira a su alrededor, ¿dónde están sus hermanos?, ¿dónde está el rey? ¿por qué no se presenta alguien? ¿no se supone que los soldados están para luchar por el honor y la defensa de su pueblo? Y David, no puede soportar que este filisteo no solo avergüence al pueblo de Israel, sino que se atreve a hacerlo con la arrogancia de burlarse del Dios de Israel.

Él va donde el rey, y le dice, «Déjame ir». El rey dijo: ‘Eres un muchacho, no puedo dejarte ir’. David dijo: ‘¿Por qué?’, ‘yo puedo contra este gigante’. Él dijo: ‘Dios me ha librado del león, Él me ha librado del oso. Déjame ir a la batalla’. Finalmente, ya que nadie más aceptaba el desafío, y Saúl estaba harto de escuchar estas burlas día tras día y semana tras semana, finalmente llamó al que llevaba su armadura y le pusieron a David esta enorme armadura, pero David no podía ni moverse con todo eso.

Y dijo: ‘Quítenme estas cosas. No puedo usar esto. No necesito armadura. Tomaré mi honda, y mis cinco piedras lisas y el Señor Dios de los ejércitos entregará este hombre en mis manos’.
Y David caminó hacia el valle de la muerte solo. Como un joven, no un joven contra un hombre, sino un joven contra un gigante. Y cuando Goliat vio que venía este muchacho, se enfureció, él se sintió insultado. Y dijo: «¿Qué? ¿Me tratas como un perro?»

David dijo: ‘Vengo en el nombre del Señor Dios de Israel’ jujujuju con la honda y la piedra golpeó al gigante en su sien y el gigante cayó muerto, y en ese momento, David corrió hasta allá y tomó la espada de Goliat y le cortó la cabeza y la sostuvo en alto la cabeza de Goliat.

Esto es material de los cuentos de hadas, pero está registrado aquí en la Escritura como historia seria. No es de extrañar que este joven se convirtiera de inmediato en un héroe para el pueblo de Israel. Este fue solo el inicio de las hazañas militares de David.

Podríamos discutir sobre quién fue el guerrero más grande en la historia del Antiguo Testamento. Algunos podrían votar por Josué, pero ciertamente en términos de leyendas militares y hazañas, nunca nadie superó a David.

Él fue el Napoleón Bonaparte, Julio César, Aníbal de Cártago, Alejandro Magno, todos ellos en un solo guerrero de su época. De hecho, si algo nos muestra la imagen de los primeros días de David es a un hombre que a veces llega a ser casi un bárbaro. A veces no se parece tanto un general respetado como Julio César, se parece más a Atila el Huno: un bárbaro.

Cuando se encuentra con esta banda itinerante de merodeadores cerca del Mar Muerto y en Siclag y cómo se enfrenta a ellos … es como un Robin Hood. Él mismo es un fugitivo de la ira de Saúl, y tiene a su alrededor un puñado de soldados improvisados y se convierte en un guerrillero merodeador que saquea y asalta; sanguinario, cruel, despiadado. Si leemos solo esta porción de la vida de David, uno se pregunta cómo la Biblia podría afirmar que este era un hombre conforme al corazón de Dios.

Sin embargo, además de ser un guerrero, y un bandido, descubrimos que también era un hombre extremadamente sensible, que tenía el espíritu y el corazón de un poeta y de un músico. David tendría que ser el poeta con laureles de Israel. Y el fruto de su producción literaria llega hasta nosotros en los salmos. No hay literatura en toda la Sagrada Escritura que revele una sensibilidad más profunda, que nos permita ver con claridad el alma de un hombre de Dios, que suspira por Dios como el ciervo anhela las corrientes de agua, como vemos en los poemas de David.

Y no sólo tenía este don literario, de la creatividad, sino que se distingue como un músico. De hecho, es tan competente como músico que este es el único lugar donde fue recibido en el palacio por el trastornado rey Saúl, porque cuando Saúl tenía sus ataques de depresión, melancolía y delirio, enviaría por David y David vendría a tocar su lira, y mientras tocaba, la música era tan hermosa que tranquilizaba al demonio enfurecido dentro de Saúl. David compuso canciones para la música de la vida religiosa de su época.

Pero además de ser un prodigio, un guerrero, un bandido, un poeta y un músico, quizá David es más recordado por ser el rey. De hecho, el símbolo supremo de la realeza en el Antiguo Testamento y qué rey que él era. A pesar de que su ascenso al trono fue a través de una ruta tortuosa, y hubo una fuerte resistencia por parte de las personas que seguían a Saúl y que buscaban que el reinado de Saúl fuese una dinastía a través de la herencia biológica, sin embargo, Dios había hablado a través de la obra de la unción de Samuel, que Samuel había ungido a David como rey, de modo que David era elección de Dios para ser rey de Israel.

Y finalmente, cuando pudo acabar con la guerra civil y llevar al pueblo a la unidad, su monarquía empezó a prosperar. Recuerdo que cuando estaba haciendo un doctorado en Holanda, en los años 60, y vivía en las afueras de Ámsterdam, e iba a la escuela en la ciudad allí, a los holandeses les gustaba hablar sobre el siglo XVII.

Quiero decir que parecía que nunca dejaban de hablar del siglo XVII y tenían a todos los guías turísticos de la casa de Rembrandt, y contaban las historias de la magnífica producción de arte que salió de ese pequeño país.

En un breve período de tiempo en el siglo XVII, este pequeño país que siempre era amenazado con ser cubierto por el mar, gobernó el mundo con comercio y con la fuerza del transporte marítimo. Por eso, los holandeses llaman a ese período su edad de oro.

Hubo una edad de oro en Grecia, una edad de oro en Roma, una edad de oro en Holanda, pero también hubo una edad de oro en esta pequeñísima nación que era una franja de tierra uniendo los tres continentes en el Medio Oriente.

La edad de oro de Israel fue durante la monarquía davídica. Pues David, cuando llegó al poder, conquistó todas las naciones alrededor de Israel que amenazaban su seguridad. Él extendió las fronteras por primera vez desde Dan hasta Beerseba. Instituyó el período de mayor prosperidad en su historia, y no solo fue un rey fuerte, y un rey benévolo, sino que fue un administrador extremadamente capaz, lo cual es muy inusual cuando tienes a estos luchadores poéticos y carismáticos. Era un diplomático maestro.

En realidad, fue una idea genial tomar esta ciudad recién conquistada, que había pertenecido a los jebuseos, y que después de haberla conquistado, en lugar de mover su capital al Norte o al Sur para satisfacer las partes que rivalizaban, el “Real Madrid y el Barcelona” de Israel, decidió situar su capital en un lugar nuevo, y estableció la sede de su gobierno, la sede de su monarquía, en Jerusalén. Jerusalén. Jerusalén, la ciudad de la paz, la llamó así.

Había sido llamada la ciudad de pan, y ahora esta ciudad se convierte en el símbolo de la presencia de Dios. Es en esta ciudad que se establecerá el templo. Es en esta ciudad a la que el redentor vendrá y será crucificado. Este es el monte de Sion. Esta es la ciudad que los judíos todavía dicen, todo el tiempo, «El otro año en Jerusalén».
Esta es la ciudad que es el pedazo de tierra más disputado en el mundo de hoy y llegó a tal lugar prominente bajo la monarquía de David. Me refiero a que él sería famoso en la historia secular por sus logros como rey en el mundo antiguo, incluso si no fuera tan importante en las Escrituras.

Pero creo que quizás, lo que más recordamos de David, fueron sus extraordinarias hazañas como pecador. Lo que sea que David hizo, lo hizo a lo grande. Él no bromeaba cuando se involucró con esta mujer, Betsabé. Se enamoró locamente, fue cegado por su deseo, rebajándose no solo al adulterio, sino que rebasa los límites y usa su poder de rey para colocar a uno de sus fieles soldados en el frente de batalla para asegurarse que quede expuesto al fuego enemigo y lo maten.

Eso es lo que hace con el marido de Betsabé. Y toma a Betsabé para sí mismo y la embaraza. Pero Dios envió a David el profeta Natán y Natán le contó una parábola inolvidable.
Él le dijo a David: ‘Había un hombre que en el reino era leal al rey. Era pobre y desamparado, pero tenía una oveja pequeña, una corderita que era una oveja hembra y él amaba a esta oveja. Permitió que la oveja viviera en su casa y comiera de su mesa. Su vida estaba dedicada a esta pequeña oveja. Y había otro agricultor en la tierra que tenía enormes rebaños de ovejas, y vio la belleza de esta pequeña corderita que pertenecía al hombre pobre y en su arrogancia él entró y robó la pequeña corderita del hombre pobre’.

Cuando David escuchó esa historia dijo: ‘No en mi reino. Encuentra quién es ese hombre’ y añadió, ‘y haré caer toda la ira de mi reino sobre él y se hará justicia al respecto’. En ese momento Natán pronuncia la declaración inmortal, «Tú eres ese hombre». Verás que la caída de David fue más violenta que la caída de Goliat, porque la suya era una caída espiritual.

En muchos sentidos, parecía que él estaba a punto de repetir la degeneración y corrupción que había manifestado el reinado de su predecesor Saúl. Pero la gran diferencia entre Saúl y David se encuentra en el arrepentimiento de David.

David se convierte, en el Antiguo Testamento, en el modelo supremo del despertar piadoso a la propia bancarrota espiritual y moral y la absoluta necesidad de confiar en la gracia de Dios y nada más para la salvación.

En esta ocasión la profundidad del arrepentimiento de David se manifiesta en el Salmo 51. Cada estudiante del Antiguo Testamento debe leer el Salmo 51 con mucho cuidado para tener una idea de lo que realmente significa estar desnudo ante un Dios santo y justo, y confiar en su misericordia y solo en su misericordia. Por eso, en ese sentido, David era un hombre conforme al corazón de Dios.

 

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

La monarquía

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La monarquía

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/33899507

Esta es una de las cosas que me frustra cuando veo a la gente que empieza a estudiar el Antiguo Testamento; como dije antes, ellos inician bien su lectura de Génesis y Éxodo y luego empiezan a perder entusiasmo cuando se atascan con Levítico y Números y lo demás.

Y me decepciono porque quiero que lleguen a Primera y Segunda de Samuel. Me encantan los libros de Samuel. Hay tanto contenido en estos libros, ya que las Escrituras nos revelan la vida de algunos personajes más importantes del Antiguo Testamento.

Pero no son solo las vidas de los santos del Antiguo Testamento que se destacan en los libros de Samuel, sino que también vemos un retrato tan magnífico de Dios. Ahora, ya hemos mencionado el período de los Jueces, y dije que el período de los Jueces se extiende hasta incluir Samuel, pero, por supuesto, la historia de Samuel no se da hasta el libro de 1 Samuel y Samuel es presentado como el hijo de la mujer Ana, quien no había tenido hijos

Y quien había orado y orado y orado para que Dios escuchara su oración y le concediera un hijo. Y, de hecho, la oración de Ana, que se encuentra al principio de 1 Samuel, prácticamente se repite en el Nuevo Testamento en la oración de María, llamada el Magnificat.

Y si hay alguna persona en este período de la historia judía que tipifica la venida de Cristo, es Samuel, porque cuando nace, su madre, en gratitud tan profunda por la respuesta de Dios a su oración, dedica a Samuel a una vida de servicio a Dios y lo presenta al entonces juez de Israel, el venerable Elí; Samuel ahora queda bajo el cuidado de Elí.

Y recordamos esa historia de cómo en medio de la noche cuando Samuel estaba durmiendo, escuchó una voz que lo llamaba por su nombre: “Samuel”. Y se despertó y corrió y sacudió a su mentor, Elí; y le dijo: ‘¿Me llamaste?’ Y Elí respondió: ‘No, debes estar oyendo cosas. Vuelve a la cama’.

Y Samuel regresa a dormir. Y otra vez Dios lo llama en medio de la noche: “¡Samuel!” Samuel se levanta de nuevo y corre hacia Elí y dice: ‘¿Me llamaste?’ Y él dijo: ‘No’. Entonces Elí empieza a pensar que tal vez es Dios que le está hablando a Samuel y le da instrucciones a Samuel.

Así que Samuel regresa a dormir de nuevo y ahora por tercera vez Dios viene y le habla en la forma íntima de dirigirse a otro: “¡Samuel, Samuel!” y Samuel responde a Dios diciendo: “Habla, que tu siervo escucha”. Entonces Dios le revela a Samuel que su juicio está por venir a la casa de Elí; porque, aunque Elí mismo había juzgado a Israel con un espíritu de piedad, sus hijos eran malos y Elí no los había disciplinado; y así Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre una familia, Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre la familia de Elí.

A la mañana siguiente Elí le preguntó a Samuel ‘¿Te habló Dios?’ Y él dijo: Sí. Y Elí dijo: ‘¿Qué te dijo?’ y Samuel no quería decirle. Estaba aterrado de darle a Elí las malas noticias. Y Elí trata de sacarle la información, pero Samuel no dice nada hasta que al fin Elí dice: ‘Bueno, lo que Dios te haya dicho, lo que sea que Él haya dicho, te puede pasar a ti si no me lo dices’.

Entonces Samuel dijo: ‘está bien, te lo diré’. Y le dijo a Elí que Dios iba a juzgarlo a él y a su familia. Y una de las cosas más significativas de ese momento fue que cuando Elí escuchó la profecía de su propia condena y del juicio de Dios sobre su propia familia, miró a Samuel y dijo: “El Señor es”. Y poco después el juicio vino. Llegó con una vergonzosa derrota de los soldados israelitas en la que murieron los hijos de Elí.

Y cuando Elí recibió el informe de esto, cayó muerto, pero el momento más oscuro de Israel hasta este punto, tuvo lugar en este contexto porque en esa batalla, el Arca de la Alianza, el trono de Dios mismo, fue capturado por los filisteos y fue llevado y puesto como un trofeo en el templo de Dagón, el dios filisteo.

Y, por supuesto, la nuera sobreviviente de Elí dio a luz a un niño ese día, y ella misma murió como resultado del esfuerzo para dar a luz. Pero antes de morir, llamó a su hijo Icabod o Ajikabod, que significa la gloria se ha ido, puesto que el trono de Jehová, el arca sagrada había sido capturada y puesta en manos de sus enemigos acérrimos: los filisteos.

La gloria se había apartado de Israel. Y es en ese contexto que Samuel emerge como el líder espiritual de la nación. Él tiene que asumir el papel que tenía Elí, en un momento en que la fe y la esperanza nacional habían tocado fondo.

Sin embargo, conocemos sobre los acontecimientos extraordinarios a partir de entonces, como cuando los filisteos trajeron el trono de Dios a su templo para burlarse y usarlo como un trofeo. Lo que sucedió fue que la gente era afligida por plagas y la estatua de su dios se rompió en mil pedazos; Y los cinco reyes de los filisteos empezaron a jugar ping-pong, enviando el arca de una ciudad a otra, de Asdod a Gat, luego a Ecrón y así por el estilo, y a donde fuera el arca, la plaga iba, hasta que finalmente entendieron el mensaje de que no era una buena idea quedarse con el arca de Jehová en cautiverio y la devolvieron en un carro de bueyes.

Esta es otra historia extraordinaria que no tengo tiempo para contar ahora; pero en este caso el carro, tirado por los bueyes, que llevaba el Arca no lo conducía nadie. Estaba siendo conducido simplemente por el Espíritu de Dios y cruzó la frontera, de vuelta a Israel exactamente al lugar donde Dios había ordenado que debía llegar.

Y cuando el pueblo de Israel vio el Arca viniendo, a la distancia, se regocijaron. Y no sé lo que dijeron, pero podría sugerir que dijeron: Kabowd, “La gloria ha vuelto”.

Y durante la vida de Samuel hubo gran bendición sobre la nación, como lo había sido durante los mandatos de otros jueces, pero al final de su vida, o casi al final de su vida, otra vez los corazones de Israel se endurecieron e hicieron lo malo ante los ojos del Señor.

Pero esta vez su abandono de Dios tomó toda una nueva dimensión, una que no tiene precedentes en la historia del Antiguo Testamento, y la leemos en el capítulo ocho de 1 Samuel.

Leemos: “Y aconteció que cuando Samuel era ya viejo, puso a sus hijos como jueces sobre Israel. El nombre de su primogénito era Joel, y el nombre del segundo, Abías; éstos juzgaban en Beerseba. Pero sus hijos no anduvieron por los caminos de él, sino que se desviaron tras ganancias deshonestas, aceptaron sobornos y pervirtieron el derecho.”

Estamos viendo la repetición de lo mismo que sucedió con los hijos de Elí. Han oído que se dice, como un tipo de axioma que Dios no tiene nietos; que solo porque alguien sea una persona piadosa y tiene hijos, eso no garantiza automáticamente que los hijos van a seguir los pasos de los padres. Porque cada generación necesita conversión y tan pronto como pensamos que podemos embotellar y vender y controlar y manipular los dones del Espíritu de Dios, hemos perdido toda la realidad de la redención. “Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones.”

Hemos vistos a lo largo del período de los jueces que lo que mete a Israel en problemas una y otra y otra vez es su incesante afán de querer conformarse a las naciones paganas y a la cultura pagana que le rodea.

Primero fue adoptar la religión pagana y ahora quieren que las instituciones políticas que observan a su alrededor sean importadas para que ellos puedan ser igual que los demás.

Y todas las otras naciones estaban gobernadas por reyes. Israel no tenía un rey, es decir no tenía un rey terrenal. Se habían olvidado de quién era su Rey, porque no se trataba de una democracia, ni de una oligarquía, ni una aristocracia, ni una monarquía.

Esto iba a ser una teocracia donde Dios era el rey de su pueblo. Pero ahora el pueblo dice: ‘queremos un rey como todo el mundo que nos rodea’.

Ahora, cuando Samuel escucha esto, está muy disgustado. Dice: “Pero fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró al Señor. Y el Señor dijo a Samuel: Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos.”

Permítanme hacer una pausa aquí. Samuel entendió eso. Sabía que esto no era solo un rechazo de él o de su familia, que era un rechazo de todo lo que él representaba. Fue un rechazo a todo por lo cual trabajaba. Fue un rechazo de todo su ministerio.

No sé cuántas veces he hablado con clérigos o pastores jubilados, que dedicaron sus vidas al cuidado de los santos en una iglesia, luego ese pastor se jubila y ve cómo esa iglesia se viene abajo y se seculariza, y qué desgarrador es esto para cualquier pastor piadoso o cualquier ministro piadoso.

Ahora, obviamente, Samuel estaba sintiendo esto de sí mismo, pero también comprendió que lo que estaba ocurriendo aquí era un rechazo del Dios que representaba para el pueblo, y me pregunto si se sorprendió cuando Dios le dijo: “Samuel, escúchalos. Me han rechazado a mí, deja que tengan su rey.” En ese sentido, Dios es como el padre pródigo en el Nuevo Testamento, que cuando su hijo quiere rebelarse e ir a una tierra pagana y desperdiciar la riqueza de la herencia de su propio padre, que es lo que todos hacemos. Una de las cosas que creo que son heroicas del padre pródigo de esa parábola es que lo deja ir.

Él no deja de preocuparse por el hijo. Él no deja de orar por el hijo. Él no deja de amar al hijo, pero lo deja ir. Él entrega a su hijo a sus propias inclinaciones pecaminosas y así es como Dios trata a Israel. De hecho, el juicio final de Dios es que el que es malo siga siendo malo.

El peor tipo de juicio que Dios puede mandar a alguien es darle rienda suelta, para entregarlo a sus propias inclinaciones malas. Pero aquí Él está diciendo a Samuel: ‘Si el pueblo no quiere que yo sea su rey, dales un rey’.

Esa es la base pecaminosa para la monarquía, y aún en esto, donde se da y se concede el deseo de un rey, en un sentido muy real, es un acto de juicio divino. Sin embargo, en el consejo secreto de Dios, como se manifiesta más adelante, Dios va a obrar a través de esta institución de la monarquía para poner a su rey elegido para Su reino, que será de la tribu de Judá y cuyo reino será eterno. Quien será el Rey de los reyes y el Señor de los señores.

Y aunque la monarquía de Israel empieza con una serie vergonzosa de circunstancias, la monarquía, en un sentido, prefigura la venida del reino de Dios. Vamos a tomar un momento más para considerar la palabra “monarca”.

Cuando iniciamos nuestro estudio, observamos el primer versículo de Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. En la traducción griega para la palabra “principio” en Génesis 1 es la misma palabra que aparece en el primer capítulo del evangelio de Juan, “en arche”, en el principio.

La palabra griega “arche” significa “principio, jefe o gobernante”. Y la palabra “arche” como se interpreta en el sentido de jefe, el preeminente, llega a nuestro propio idioma.

Hablamos de los enemigos y los archienemigos, rivales y archirrivales, obispos, arzobispos, ángeles y arcángeles, herejes y herejiarcas o arc-herejes, que significa que son los principales, los grandes.

Y la idea de la palabra “monarquía” significa “un jefe, un gobernante, un soberano”. Y la razón por la que este es un momento tan dramático en la historia judía es que hasta este punto solo había un gobernante para Israel y era Dios.

Y así dios ve en este deseo por un monarca terrenal, un intento de suplantar su reinado. “Me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos. Así como todas las obras que han hecho desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así lo están haciendo contigo también. Ahora pues, oye su voz. Sin embargo, les advertirás solemnemente y les harás saber el proceder del rey que reinará sobre ellos.”

Porque el inicio de la monarquía es el inicio de la corrupción radical de la nación judía. “Entonces Samuel habló todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido rey. Y dijo: Así será el proceder del rey que reinará sobre vosotros: tomará a vuestros hijos, los pondrá a su servicio en sus carros y entre su gente de a caballo, y correrán delante de sus carros”.

Es decir, él va a planear la estrategia y va a reclutar a sus hijos y usarlos para el avance de sus conquistas. Nombrará para su servicio comandantes de mil y de cincuenta, y a otros para labrar sus campos y recoger sus cosechas, y hacer sus armas de guerra y pertrechos para sus carros.”

Ahora empezarán a trabajar para el estado en vez para ustedes. En lugar de comer lo que ustedes producen, tendrán que utilizar el trabajo de su granja para alimentar al gobierno. Miren, eso es lo que va a pasar. Tomará también a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará lo mejor de vuestros campos, de vuestros viñedos y de vuestros olivares y los dará a sus siervos.”

“Tomará también vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes y vuestros asnos, y los usará para su servicio. De vuestros rebaños tomará el diezmo, y vosotros mismos vendréis a ser sus siervos. Ese día clamaréis por causa de vuestro rey a quien escogisteis para vosotros, pero el Señor no os responderá en ese día.

No obstante, el pueblo rehusó oír la voz de Samuel, y dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros, a fin de que seamos como todas las naciones, para que nuestro rey nos juzgue, salga delante de nosotros y dirija nuestras batallas.”

Y así, después de esta solemne advertencia, Dios les dijo que un héroe saliente del pueblo, un hombre con grandes dotes de poder militar, un hombre de gran estatura, guapo y orgulloso, de la tribu de Benjamín.

Esto debería haber sido un indicio, porque volviendo a la bendición patriarcal de Génesis, fue a la tribu de Judá que se le prometió el reino de Dios. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”.

Pero este hombre, quien es el primer rey de Israel, no es de la tribu de Judá, es de la tribu de Benjamín.Es muy curioso, porque, más tarde, unos siglos después, otro de la tribu de Benjamín, con el mismo nombre llegó a ser muy importante en la historia de redención, porque ambos hombres fueron llamados Saúl.

El rey Saúl y Saúl (Saulo) de Tarso; el primer Saúl termina en desgracia, el segundo Saúl llega a ser el apóstol a los gentiles. Entonces Saúl es ungido por Samuel como el primer rey de Israel y su reinado empieza en gloria.

Él tiene tremendas victorias militares y se vuelve enormemente popular entre el pueblo, pero había un defecto fatal en el hombre. Había una especie de arrogancia que afectaba a Saúl. En una ocasión, Saúl estaba esperando a Samuel para que le bendijera antes de ir a la batalla y para ofrecer los sacrificios a Dios a fin de preparar los ejércitos para esa ocasión, y Samuel no se presentó exactamente a tiempo.

Y Saúl se impacientó y entonces él mismo se encargó de hacer los sacrificios. Sí, había una separación entre la iglesia y el estado, en el sentido de que había una división de trabajo aquí, y no era la responsabilidad del rey atribuirse para sí los derechos, el privilegio y la autoridad del juez. Pero Saúl tomó sus manos sucias y profanó las cosas santas y en ese momento llegó Samuel y lo vio y le dijo: ‘Por esto, Saúl, Dios te ha rechazado y ha reservado para sí un hombre conforme a su corazón, a quien levantará para sustituir a ti y tu casa.’

Y Saúl se vuelve loco. Se retira de su responsabilidad como comandante en jefe cuando es enfrentado por el campeón de los filisteos, el gigante Goliat; se hace a un lado mientras que un muchacho se acerca y libera a la nación de la opresión de los filisteos.

Y la gente empieza a cantar en poco tiempo: ‘Saúl ha matado a sus miles, y David ha matado a sus diez miles.’ Y Saúl enfurecido y lleno de celos, y hasta el final de su vida, persigue a David, a quien ahora Samuel ha ungido para ser el rey; un inicio desfavorable para una monarquía tan notable.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es