El ciclo de los jueces

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El ciclo de los jueces

R.C.Sproul

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Recuerdo que cuando era un estudiante universitario, durante el verano trabajaba como consejero en un campamento de niños judíos y era muy celoso al comunicar las Escrituras a mis campistas, pero estaba también limitado por los encargados del campamento en cuánto a lo que podía decir. Así que adopté la costumbre, antes de dormir, de leer historias a mis pequeños campistas cada noche. Y su libro de historias favorito era el libro de Jueces. Ellos se ponían al borde de sus camas mientras leíamos acerca de las aventuras que se registran en ese libro.

Realmente es una secuencia de la historia judía emocionante, de ritmo acelerado que fluye con rapidez. El libro de Jueces, tan corto como es, cubre más o menos un período de 350 años; desde la muerte de Josué hasta el final del período de los jueces, el cual culmina con la vida de Samuel, cuya vida, por cierto, está registrada en 1 Samuel y no en el libro de los Jueces.

Pero cuando pienso en la condensación de la historia judía en ese pequeño libro de cerca de 350 años, me remonto a la mitad del siglo XVII en Norteamérica. Piensen en toda la historia que ha ocurrido en Estados Unidos desde un período de 125 años antes de la guerra de la independencia hasta la época actual. Si lo miramos de esa manera, vamos a tener cierta luz de la gran extensión de tiempo que se encuentra en el libro de Jueces.

El libro se llama el libro de los Jueces porque describe el período transicional en la historia judía, desde el tiempo de deambular por el desierto hasta el momento del establecimiento de la monarquía. Y a este período se le llama la anfictionía. Ahora la palabra “anfictionía” imagino que jamás la hemos escuchado en español ya que tiene su origen en la antigua Grecia. Esta palabra describía en Grecia su situación, que en vez de tener un rey sobre toda la nación, tenías un grupo federado flexible de pueblos o ciudades que estaban algo conectados por un centro religioso; Y en el período griego temprano, ese centro religioso fue el oráculo de Delphi, del que hemos oído hablar en la historia.

Y así, ese período de la civilización griega se le llamó la anfictionía y ese término han usado los académicos para volver a describir este tiempo transitorio, interino en la historia judía. Y la anfictionía es simplemente una palabra que describe una forma de gobierno donde no hay un solo centro de poder, sino que el gobierno existe sobre la base de una federación flexible de tribus y líderes tribales.

Así que, para este período de más o menos tres siglos y medio no había rey en Israel y no había un solo líder, tal como había sido el caso bajo el liderazgo de Moisés y más tarde bajo el liderazgo y la dirección de Josué; Sino más bien, el liderazgo de la nación estaba comprometido con individuos únicos que eran, en el total sentido de la palabra, líderes carismáticos. Ahora, usamos ese término “carismático” de forma un tanto vaga en nuestra cultura actual y proviene de la palabra griega que significa “don de gracia” y se refiere, en la jerga contemporánea, a aquellos que creen en ser ungidos por el poder y la influencia del Espíritu Santo.

Pues bien, en el período del Antiguo Testamento, vemos la charismata o los dones carismáticos que eran dados a individuos específicos para tareas específicas. Recordamos que los primeros carismáticos, por así decirlo, en el Antiguo Testamento fueron los responsables del diseño y de la construcción de los muebles para el Tabernáculo, para lo cual Bezaleel y Aholiab fueron ungidos por Dios Espíritu Santo y capacitados por Dios para esta tarea.

Sabemos que el Espíritu del Señor vino sobre Moisés y le permitió realizar las proezas que realizó. Recordamos en Números 11, donde después de que Moisés fue reprendido por su suegro por asumir toda la responsabilidad de todos los detalles de la organización, administración, gobierno y ser el líder espiritual de la nación, su suegro Jetro le dijo: “Las cosas que estás haciendo, no están bien”.

Y Dios ordenó a Moisés a que reúna 70 hombres, a quienes él conociera como ancianos sobre el pueblo, y Dios dijo que tomaría el espíritu que estaba en Moisés y lo pondría sobre los 70 ancianos. Y cuando Dios hizo eso, tal como está registrado en Números 11, empezaron a profetizar, indicando que habían sido objeto de esta influencia directa e inmediata del Espíritu Santo. Además, en el Antiguo Testamento, los profetas eran ungidos por el Espíritu Santo de una forma carismática y les daba poder para ser portavoces de Dios.

La unción de los reyes más adelante, cuando fueron ungidos con aceite, esta ceremonia de la unción simbolizaba la venida del Espíritu Santo sobre el rey para dotarlo para la misión particular a la que Dios le había asignado. Entonces, lo que tenemos ahora durante este período de federación tribal en el libro de Jueces es el registro de individuos excepcionales que, en tiempos de crisis, son levantados por Dios y facultados por el Espíritu santo para realizar las grandes hazañas y tareas que llevaron a cabo.

Pensamos, por ejemplo, que quizás el más famoso de los jueces en términos de ser carismáticamente dotado por Dios para grandes hazañas, fue Sansón. Pensamos en Sansón y su pelo y la historia con Dalila y todo eso, y su fuerza Hercúlea con la que derribó el templo filisteo y mató a todas estas personas con la quijada de un asno y estas hazañas que no tenían paralelo en la historia judía. Pero lo hizo bajo el poder del Espíritu Santo.

Ahora bien, hay un patrón que se nos presenta en el libro de los Jueces que creo que es muy importante que lo comprendamos y porque es muy ilustrativo e instructivo. No sólo de este período de la historia judía, sino de toda la historia del Antiguo Testamento e incluso, podríamos decir, de toda la historia de la redención. Y ese patrón se observa en un estribillo que aparece una y otra y otra vez en el libro de Jueces, y empieza así: “Entonces los israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor”. Y después de leer este nefasto prefacio, vemos que Dios levantaría a los enemigos de Israel y los usaría como una herramienta de castigo contra su propio pueblo.

Dios levantaría a los madianitas o a los filisteos o a los amalecitas o quien sea, y estas naciones, estos pueblo paganos vendrían y oprimirían a los judíos, y cuando el pueblo estuviera bajo opresión, clamarían a Dios por socorro y liberación, y ellos se arrepentirían de sus pecados. Y era solo después de que se arrepentían, que Dios levantaba a uno de los jueces, como Otoniel o Aod, el juez zurdo que mató al rey Eglón y que tomó su espada y se la hundió en su gran barriga hasta que la gordura cubrió la empuñadura de la espada.

Pensamos en las proezas de Débora y de Barak y de Gedeón, a quien veremos en un momento, y de Sansón y de Jefté y de otros después, terminando con Elí y finalmente Samuel. Pues bien, estos individuos, bajo el poder del Espíritu Santo, vencían a los enemigos del pueblo judío y traían liberación. De hecho, a veces los jueces eran llamados por el nombre moshiam que significa “libertadores”. Pienso en Moshi Diane, quien fue el general heroico de la guerra de los Seis Días en 1967, que tenía el nombre que a menudo era usado por estos pueblos en el Antiguo Testamento a quienes Dios usó como libertadores o salvadores de la nación.

William Hendricksen usa un poco la aliteración para describir este ciclo repetitivo en el libro de los Jueces y usa esta aliteración con cuatro palabras con el sonido de “RR”. La primera es para REcaída, la segunda es para REtribución, la tercera para, aRREpentimiento y la cuarta es para REscate. Este es el patrón cíclico que leemos una y otra y otra vez en el libro de los Jueces. En primer lugar, el pueblo comete apostasía y en su apostasía, la palabra “apostasía” significa que se alejan de su fidelidad a Dios y empiezan a adorar a los dioses de las naciones extranjeras y a entregarse a la idolatría.

Y eso es lo que quiere decir cuando dice: “E Israel hizo lo malo ante los ojos del Señor”. Y lo que sigue a cada recaída, según está registrado en el libro de Jueces, es la justicia retributiva de Dios por medio de la cual viene el derramamiento del juicio y la ira de Dios contra su propio pueblo. Y bajo el peso de la justicia retributiva de Dios, el pueblo es llevado a un estado de arrepentimiento en el que lamentan su situación y esperan su rescate cuando Dios es movido a redimirlos a través de la intervención de los jueces.

Veamos uno de esos ejemplos, lo encontramos en el segundo capítulo del libro de Jueces empezando en el verso 11. ‘Entonces los Israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor y sirvieron a los Baales; ellos abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto y siguieron a otros dioses de entre los dioses de los pueblos que estaban a su alrededor y se postraron ante ellos y provocaron la ira del Señor’. “Dejaron al Señor y sirvieron a Baal y a Astarot.”

Permítanme una pausa en este punto. Esta es una recapitulación sombría, sombría de la historia de este pueblo. Recuerdas al final del libro de Josué cuando Josué reunió al pueblo para para renovar el pacto y les dijo: “pero yo y mi casa, serviremos al Señor.” Y llamó al pueblo de Israel a renovar su promesa de obediencia al pacto que tenían con Dios. Y el pueblo se comprometió a dos cosas: una positiva y otra negativa.

Prometieron obedecer a Dios (esa es la positiva) y prometieron que no lo abandonarían. Pero no pasó mucho tiempo antes que la nación empezara a olvidar al Señor. Y esto es importante, porque si recuerdas la promesa que Dios hace una y otra vez a los patriarcas, cuando Dios promete su compromiso para con su pueblo, Él dice: ‘Nunca te dejaré y nunca te abandonaré’. Eso inmediatamente nos señala a la cruz donde Cristo grita en la agonía de su pasión: “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?”

Y algunos han sentido que esta es la angustia de la pasión de Jesús en la cual se sentía simplemente tan solo, tan desolado, que tenía la sensación de haber sido abandonado. Pero, por supuesto, Dios realmente no lo abandonó. Pero amados, él sí lo abandonó porque ese era el castigo por el pecado: ser abandonado por Dios. Y para que seamos redimidos, debemos ser librados del abandono divino, y para que eso suceda, Cristo tuvo que asumir sobre sí el verdadero abandono. Ahora, finalmente Él no fue abandonado porque Dios lo levantó de los muertos y como dice el libro de Hechos: era imposible que la muerte lo retuviera porque era imposible que el Padre abandonara a su Hijo por mucho tiempo; Pero toda la idea del abandono es un tema muy importante en la Escritura: que la promesa del pacto de Dios para aquellos que están en una relación con él es “Nunca te dejaré y nunca te abandonaré”. Y el libro de Jueces da testimonio de que aunque Dios castiga a su pueblo, está castigando a sus hijos, a quienes ama.

Y aunque se sientan abandonados por un tiempo, Dios no los abandona a ellos. Sin embargo, el registro es que el pueblo sí lo abandonó; esa es la gran diferencia entre el Dios de Israel y el Dios del pacto y su pueblo. Dios no nos abandona, pero estamos inclinados a abandonarlo. Y otra vez, lo que provoca aquí el abandono de Dios en este libro es el gran deseo del pueblo judío de ser como sus vecinos. Dios los había llamado a no conformarse. Dios los había llamado a ser una nación santa. Dios los había llamado a ser santos y a huir de la idolatría, pero eso era impopular en esos días. Y es impopular hoy también.

Sin embargo vemos este ciclo que se produce cuando el pueblo hacía lo correcto antes sus propios ojos, abandonaron la ley de Dios y comenzaron a imitar las prácticas de sus vecinos paganos; Y ese ciclo no dura simplemente 350 años. Ese es el ciclo que el pueblo de Dios ha vuelto ha vivir una y otra vez a través de la historia de la iglesia. Leemos, entonces, en el versículo 14 que “Se encendió la ira del Señor contra Israel”. Y los entregó en manos de los saqueadores que los despojaron; los vendió en manos de sus enemigos por todas partes, de modo que ya no pudieran enfrentarse a sus enemigos.

Y cada vez que salían, la mano del Señor estaba contra ellos para mal, tal como el Señor había dicho y como el Señor les había jurado a ellos. Y se angustiaron en gran manera. El Dios de Israel es un Dios que promete tanto bendiciones como maldiciones, tanto prosperidad como calamidad. Y los juicios de Dios sobre los rebeldes son calamitosos. Tenemos la tendencia a tener una Biblia expurgada en la vida de la iglesia hoy en día, donde queremos eliminar estas cosas que son un patrón recurrente de las acciones de Dios y que Dios traerá calamidad sobre una nación y sobre un pueblo que lo abandona.

Sin embargo, leemos en el versículo 16: “Entonces el Señor levantó jueces que los libraron de la mano de los que los saqueaban.” Pero no escucharon a sus jueces, sino que se prostituyeron con otros dioses y se inclinaron ante ellos. Se apartaron pronto del camino en que sus padres habían andado en obediencia a los mandamientos del Señor. No hicieron como sus padres. Y cuando el Señor les levantó jueces, el Señor estaba con el juez y los libraba de manos de sus enemigos todos los días del juez; porque el Señor se compadecía por el gemido a causa de los que los oprimían y afligían. Pero este pasaje que acabo de leer se repite tantas veces como el estribillo de una canción en este libro. De nuevo: REcaída, REtribución, aRREpentimiento y REscate.

Ahora, el carácter y el perfil de cada uno de los jueces que se describen aquí en este libro es un estudio fascinante de individuos piadosos, pero en el breve tiempo que nos queda, quiero que presten atención a uno de ellos que creo que es particularmente excepcional y uno de mis favoritos: Gedeón. Nos encontramos con Gedeón en el capítulo seis de Jueces y el sexto capítulo empieza con estas palabras: “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del Señor, y el Señor los entregó en manos de Madían”.

Luego en el verso once: El ángel del Señor vino a Gedeón, “y el ángel del Señor se le apareció, y le dijo: El Señor está contigo, valiente guerrero”. Imagina eso como un saludo, como el ángel que fue enviado a María posteriormente con este saludo. Aquí el saludo de Gedeón, quien es simplemente un agricultor, no es un soldado y Dios le habla a través de este ángel y le llama valiente guerrero. Lo distingue como un hombre de extraordinaria valentía. Ahora, creo que Gedeón estaba un poco confundido por este saludo.

Sospecho que miró a su alrededor para ver a quién hablaba el ángel, y él respondió: “Ah señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha ocurrido todo esto?” ¿Cuántas veces los cristianos hacen esta pregunta? “¿Y dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado, diciendo: “¿No nos hizo el Señor subir de Egipto? Pero ahora el Señor nos ha abandonado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y el Señor lo miró, y dijo: Ve con esta fuerza, y libra a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te he enviado yo?” Él dijo: “Ah Señor, ¿cómo libraré a Israel? He aquí que mi familia es la más pobre en Manasés” y yo soy el menor de mis hombres.

Y aún así, Dios solo le dijo que fuera en su fuerza y que lo usaría a él y a su valor para librarlos. ¿Cómo lo puedo hacer? Soy el más débil de mi familia. Y es como si Dios estuviera diciendo a Gedeón: ‘¡Precisamente!’ Gedeón está tan aterrado por este encargo que no puede creer que Dios le está hablando a él. Por eso leemos la historia del vellón de lana y la confirmación milagrosa de Dios de su llamado a él.

Y así, Gedeón es obediente y reúne un ejército para enfrentarse a los madianitas y tiene 32,000 soldados a su cargo; y Dios se acerca a él y le dice: “Tienes demasiados”. Y él dijo: “Mira quien tiene miedo entre ellos y envíalos a casa.” Y Gedeón dijo: “Cualquier persona que tenga miedo de este conflicto, se puede ir a su casa”. Y 22,000 se fueron a casa. 22,000 abandonaron, pasaron la colina, dejándolo a él con un ejército de 10,000; un núcleo de élite de soldados que se enfrentarán a toda la nación de los madianitas.

Y entonces Gedeón dijo: “Está bien, estoy listo”. Dios mira a su ejército y dijo: “Es demasiado Gedeón, porque si pongo la victoria en tus manos con este tamaño de ejército, vas a pensar que lo hiciste con tu propia fuerza”. Y luego esa historia extraordinaria de cómo Gedeón reduce su ejército a solo 300 hombres y luego con 300 hombres Gedeón logra derrotar a todo el ejército madianita durante la batalla nocturna.

Y esa historia de la redención de Dios ilustra nuevamente el punto que leemos una y otra vez en el Antiguo Testamento: la salvación es del Señor.

 

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Salomón y el Templo

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Salomón y el Templo

R.C.Sproul

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Nosotros hemos visto que fue durante el gobierno del rey David, que Israel entró en su edad de oro. Ahora, se ha dicho de la historia de Israel que, bajo David tuvo lugar el apogeo de esa edad de oro, y que bajo su hijo, Salomón, ese oro empezó a oxidarse un poco y luego de la muerte de Salomón, el reino se empezó a oxidar.

Pero, pasemos algún tiempo, hoy, considerando la relación entre David y los hijos de Salomón, cuando el reino de los judíos se fraccionó en dos y el Reino Unido se desintegró en lo que se denominó el Reino Dividido. Al final de la vida de David, cuando estaba muy enfermo, al parecer su hijo mayor que estaba vivo, de nombre Adonías, supuso que recibiría el trono y que él reemplazaría a su padre en la sucesión dinástica; y así él mismo se declaró rey mientras David aún estaba vivo.

Esta historia se encuentra en el primer capítulo del libro de Reyes, del primer libro. Permítanme leer un breve pasaje al respecto. El versículo 1 del capítulo 1: «El rey David ya era viejo, entrado en días, y lo cubrían de ropas pero no entraba en calor» y luego leemos la historia de Abisag, la sunamita que lo atendía y calentaba.

Después en el versículo 5 leemos: «Entretanto Adonías, hijo de Haguit, se ensalzaba diciendo: “Yo seré rey.” Y preparó para sí carros y hombres de a caballo y cincuenta hombres que corrieran delante de él. Su padre nunca lo había contrariado preguntándole: ¿Por qué has hecho esto? Era también hombre de muy hermoso parecer, y había nacido después de Absalón.  Y había consultado con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar, que respaldaban a Adonías. Pero el sacerdote Sadoc, Benaía, hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y los valientes que tenía David, no estaban con Adonías».

¿Ves ahora lo que está pasando aquí? Es posible afirmar que el hijo mayor de David, que estaba vivo, el hermano menor de Absalón, (Absalón, el que previamente se había rebelado contra su padre y trató de tomar la corona) y después que Absalón murió, ahora su hermano parece estar siguiendo sus pasos.

Lo que Adonías hace es reclamar el reino para sí mismo y conseguir que ciertas personas sean sus aliados, entre ellos Joab, quien es el general de mayor confianza de David.

Y él convence a algunos otros para esta conspiración; pero aquellos que son notablemente eliminados y no contados en este golpe, están personas como Abiatar, el sacerdote, y Natán, el profeta, y muchos otros que habían sido muy leales a David. Es decir, esto es algo trágico, pero es el tipo de cosas que se ven en los golpes de estado a lo largo de la historia, donde hay intentos de tomar el poder para uno mismo.

Entonces tenemos una lucha de poder de la mayor magnitud, que enfrenta David en los últimos días de su vida. Pero él ya había hecho un juramento a su esposa Betsabé, que su hijo Salomón recibiría el trono.

Y así, David se entera sobre esta conspiración de Adonías y en la última parte del capítulo 1 del primer libro de Reyes, versículo 32, leemos estas palabras: «Entonces el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc al profeta Natán y a Benaía, hijo de Joiada. Ellos entraron a la presencia del rey, y el rey les dijo: Tomad con vosotros a los siervos de vuestro señor, haced montar a mi hijo Salomón en mi propia mula y bajadle a Gihón. Que allí el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo unjan como rey sobre Israel; y tocad trompeta y decid: ‘¡Viva el rey Salomón!’».

Así que al final de su vida, David toma estas medidas para asegurar la sucesión dinástica de su trono, que está de acuerdo con sus deseos. Así que, después de que Salomón es anunciado como el sucesor de David, David llama a Salomón a su presencia.

En el capítulo 2, verso 1 leemos esto: «Y acercándose los días de la muerte de David, dio órdenes a su hijo Salomón, diciendo: Yo voy por el camino de todos en la tierra. Sé, pues, fuerte y sé hombre.

Guarda los mandatos del Señor tu Dios, andando en sus caminos, guardando sus estatutos, sus mandamientos, sus ordenanzas y sus testimonios, conforme a lo que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas, para que el Señor cumpla la promesa que me hizo, diciendo: ‘Si tus hijos guardan su camino, andando delante de mí con fidelidad, con todo su corazón y con toda su alma, no te faltará hombre sobre el trono de Israel’».

Esto es prácticamente lo último que hizo David antes de morir. Una vez vi un programa de entrevistas en la televisión, en el que la persona entrevistada era Burt Reynolds, y el conductor del programa hablaba sobre la Transición, el pasar de la juventud a la adultez.

Y preguntó a Burt Reynolds, «¿Cómo sabes cuando te has convertido en un hombre?»  Y Burt Reynolds respondió a esa pregunta en la televisión nacional diciendo: «Tú sabes que eres un hombre cuando tu papá dice que tú eres un hombre».

Nunca he olvidado eso porque mostró un supuesto tácito que tiene raíces profundas en los hombres. Y lo que está pasando aquí al final de la vida de David, es que le dice a su hijo Salomón, «Sé un hombre». Y en el traspaso a Salomón, cuando le entrega el trono, él centra su atención en la solemne responsabilidad que conlleva el reinado: que debe ser obediente a la ley del rey, que debe seguir todos los mandamientos de Dios, todos los estatutos de Moisés, entre otras cosas.

Así es cómo el reino pasa de las manos de David a las manos de Salomón. La rebelión es pulverizada, los enemigos de Salomón son eliminados, y Salomón ahora tiene el camino despejado para ser el rey indiscutible sobre la nación. Ahora, para tener una idea de Salomón, tenemos que ir al tercer capítulo del primer libro de Reyes, donde leemos en el versículo 1: “Salomón se emparentó con Faraón, rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón y la trajo a la ciudad de David mientras acababa de edificar su casa, la casa del Señor y la muralla alrededor de Jerusalén.

Sólo que el pueblo sacrificaba en los lugares altos, porque en aquellos días aún no se había edificado casa al nombre del Señor. Salomón amaba al Señor, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos».

Lo que tenemos en esta declaración introductoria del capítulo 3 es una especie de presagio siniestro de lo que el futuro tiene reservado para Salomón.

Es evidente en nuestra cultura comprender que el nombre de Salomón esté vinculado proverbialmente con la sabiduría. Si vemos a alguien hoy que es particularmente sagaz, podemos decir acerca de esa persona: “Esa persona tiene la sabiduría de Salomón». Nadie en toda la sagrada Escritura se destaca con poseer tal don de sabiduría como este personaje, Salomón.

Su nombre se asocia íntimamente con una gran parte del Antiguo Testamento llamada la literatura sapiencial. Tradicionalmente, se considera a Salomón como el autor del Cantar de los Cantares, el autor de muchos, si no de la mayor parte de los proverbios contenidos en ese libro, y también el autor de una porción de los salmos que perduran hasta nuestros días.

De modo que él era famoso por su extraordinaria manifestación de sabiduría que veremos un poco más profundamente en un par de minutos. Pero fue Aristóteles quien dijo que en el cerebro del más sabio de los hombres siempre se encuentra el rincón del necio.

Ten presente que cuando leemos de estos héroes y heroínas del Antiguo Testamento, la Biblia no teme hacer los retratos de sus héroes y heroínas, con todos sus defectos. Por eso a menudo estas personas que emergen como gigantes de liderazgo y de la fe tienen características que nos recuerdan a una tragedia de Shakespeare, donde hay algún tipo de defecto mortal o imperfección que los lleva a la ruina, tarde o temprano. Y este es el caso de la persona de Salomón. Al inicio de su reinado, él manifiesta una sabiduría extraordinaria y una profunda devoción a las cosas de Dios.

Y como dije, David llevó a Israel a su edad de oro, extendió sus fronteras desde Dan hasta Beerseba y, en realidad, lo que hizo David en lo administrativo fue superado por Salomón, pues Salomón fortaleció los tesoros, se embarcó en ambiciosos programas de construcción y proyectos de obras públicas, e incluso fortaleció el poder militar del reino que heredó de su padre; por una temporada.

Pero lo que empezó con un espíritu de humilde dependencia de Dios empezó a desmoronarse y desintegrarse conforme pasaban los años. Pero una vez más consideremos por un momento esta extraordinaria dimensión de la sabiduría de Salomón.

Leemos en el capítulo 3, verso 6 o verso 5 debería decir: «Y en Gabaón el Señor se apareció a Salomón de noche en sueños, y Dios le dijo: Pide lo que quieras que Yo te dé. Entonces Salomón dijo: Tú has usado de gran misericordia con tu siervo David mi padre, según él anduvo delante de ti con fidelidad, justicia y rectitud de corazón hacia ti; y has guardado para él esta gran misericordia, en que le has dado un hijo que se siente en su trono, como sucede hoy.

Y ahora, Señor Dios mío, has hecho a tu siervo rey en lugar de. mi padre David, aunque soy un muchacho y no sé cómo salir ni entrar. Tu siervo está en medio de tu pueblo al cual escogiste, un pueblo inmenso que no se puede numerar ni contar por su multitud.

Da, pues, a tu siervo un corazón con entendimiento para juzgar a tu pueblo y para discernir entre el bien y el mal. Pues ¿Quién será capaz de juzgar a este pueblo tuyo tan grande?”

Este pasaje huele a un espíritu de humildad de un joven que ahora recibe esta gran carga de gobernar a una nación que había sido organizada con grandeza por su propio padre.

Ocupar el lugar de David era algo poco envidiable por decir lo menos. Es un hombre joven, al parecer ya casado, y su matrimonio fue un matrimonio de diplomacia internacional. Se casó con la hija de faraón por lo tanto, cimentó las relaciones políticas entre el gran imperio de Egipto y la nación de Israel.

Pero, ¿recuerdas que vimos ese toque siniestro anteriormente en el capítulo? Volvamos a donde dice que ‘Salomón la trajo’ que es la hija de Faraón, a la ciudad de David, hasta que terminó la construcción de su propia casa, la casa del Señor, y el muro alrededor de Jerusalén. Entre tanto, es decir, hasta que se construya el templo, no hay un santuario central para que la gente adore, por lo que participan en la creación de sus propios sitios sagrados en los lugares altos

Y leemos mucho en el Antiguo Testamento sobre los “lugares altos”, porque los lugares altos se convirtieron en sinónimo de santuarios paganos y altares paganos. Y el pueblo de Israel ya anda corriendo, haciendo sacrificios en estos lugares altos y Salomón participa en esto también.

Y leemos al final de esta sección, que: “Salomón amaba al Señor, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos”. Esto será su perdición.

Y hay algo más que se insinúa aquí, que será su perdición: que su primer matrimonio es con una mujer pagana de una cultura pagana, lo que ya es en sí un acto de desobediencia puesto se le había ordenado al pueblo judío no casarse con los paganos alrededor de ellos, pero Salomón hace eso.

Pero él es aún joven, es idealista, está abrumado con la enorme responsabilidad que tiene ante él y Dios le dice, «Pide lo que quieras que yo te dé».

Y él no pide por dinero, no pide por fama, no pide por poder. No busca de Dios esos regalos o bendiciones que, tan a menudo, son la pasión que consume a otros jóvenes que buscan la fama y la fortuna.

Salomón lo que más desea es un corazón entendido. Él quiere la sabiduría para poder ser un buen rey. Él quiere sabiduría para poder resolver los conflictos y las diferencias que se producen dentro de la nación; que pueda ser un juez como Samuel, que pueda ser piadoso como su padre.

Esto es lo que él pide de Dios. Ahora leamos la respuesta de Dios a esto. Dice el versículo 10 del capítulo 3: «Y fue del agrado a los ojos del Señor que Salomón pidiera esto. Y Dios le dijo: Porque has pedido esto y no has pedido para ti larga vida, ni has pedido para ti riquezas, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que has pedido para ti inteligencia para administrar justicia, he aquí, he hecho conforme a tus palabras.

He aquí, te he dado un corazón sabio y entendido, de modo que no ha habido ninguno como tú antes de ti, ni se levantará ninguno como tú después de ti. También te he dado lo que no has pedido, tanto riquezas como gloria, de modo que no habrá entre los reyes ninguno como tú en todos tus días. Y si andas en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos como tu padre David anduvo, entonces prolongaré tus días. Salomón se despertó.» Esto es extraordinario.

Su petición fue humilde y Dios dijo: ‘Porque tu petición fue esto, que es tan humilde, estoy muy contento y voy a acceder a dicha petición; pero no solo voy a darte eso, sino que voy a darte todas las cosas que no pediste. Voy a darte poder y fama y ​​gloria y riquezas».

¿Recuerdas la historia sobre las minas del rey Salomón que revelan la fabulosa riqueza que se acumuló durante el reinado de este rey? Su reino llegó a ser tan opulento que la reina de Sabá vino de lejos para contemplar la gloria del reino que pertenecía a Salomón.

Incluso Jesús, hace referencia a ese episodio en el Nuevo Testamento. Bueno, la primera gran tarea de Salomón era cumplir el sueño de su padre y la voluntad del Señor en la construcción de la casa que sería la casa de Dios. Es bajo el reinado de Salomón que el templo del Antiguo Testamento se construye.

Y se construye a través de un tratado que Salomón hace con el rey de Tiro, cuyo nombre es Hiram, el cual proporcionó todos los materiales de construcción necesarios y este programa masivo se completa. Y al momento de la culminación del templo, una vez más vemos a Salomón en su rigurosa dedicación por las cosas de Dios cuando dedica el templo, el templo que su padre quería construir, pero Dios dijo: «No, esto se dejará a la próxima generación”

Y en la dedicación del templo, Salomón sigue manifestando una vida de devoción y obediencia. Pero luego en el capítulo 11 del primer libro de Reyes, empezamos a ver el triste declive de la integridad del hombre. El capítulo 11 inicia con estas palabras: «Pero el rey Salomón, además de la hija de Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras, moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas, de las naciones acerca de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel:

No os uniréis a ellas, ni ellas se unirán a vosotros, porque ciertamente desviarán vuestro corazón tras sus dioses. Pero Salomón se apegó a ellas con amor. Y tuvo setecientas mujeres que eran princesas y trescientas concubinas, y sus mujeres desviaron su corazón.

Pues sucedió que cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre.»

Ciertamente vemos la depravación en la que se hundió en el versículo 5: “Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como le había seguido su padre David.”

Luego construyó un lugar alto, edificó un altar a un dios pagano e hizo esto para complacer a sus esposas extranjeras. Entonces leemos en el verso 9: “Y el Señor se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado del Señor.” Luego, “Y el Señor dijo a Salomón: Porque has hecho esto, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que te he ordenado, ciertamente arrancaré el reino de ti, y lo daré a tu siervo.”

Lord Acton dijo, ‘el poder corrompe. Y el poder absoluto corrompe absolutamente’.  Esto no es exactamente cierto ya que solo Dios tiene poder absoluto y no hay corrupción en él. Pero humanamente parece ser cierto con mucha frecuencia.

Junto a este incidente, hay otro que no he mencionado. La Biblia pone gran énfasis en el pecado de Salomón al excederse con las peticiones de sus mujeres extranjeras de construir altares y santuarios a deidades paganas y esta fue su perdición.

Pero también en su afán de hacer el reino grande, para embarcarse en un proyecto de construcción masiva, Salomón instituyó el corvée, un término usado para referirse al trabajo de esclavo. Y lo más terrible de esto es que Salomón esclavizó una parte de su propio pueblo como algo esencial para completar la construcción de sus proyectos de obras públicas. Y eso, incluso más que la apostasía religiosa, provocó la división del reino, como veremos en el próximo segmento.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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David

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Nunca olvidaré la primera vez que tuve la oportunidad de visitar Tierra Santa. Habían estado tras de mí por años para ir a ese viaje diciéndome que me ayudaría mucho y que lo disfrutaría, yo decía: «No, yo no quiero ir, no quiero». Finalmente fui; y nunca lo olvidaré.

Nos quedamos en un hotel en el Monte de los Olivos, con vistas al valle del Cedrón, mirando justo de frente la ciudad vieja de Jerusalén. Y recuerdo una noche, saliendo al patio detrás del hotel, allí de pie, tarde en la noche, mirando las paredes iluminadas por los reflectores, y luego a la izquierda de las paredes que quedaban de Jerusalén esa pequeña parcela de tierra que era la ciudad vieja, la ciudad donde David estableció la capital.

Y allí, en la penumbra y la oscuridad, solo cerré mis ojos y me imaginé a David huyendo de su palacio con su familia, debido al avance de la horda rebelde que marchaba contra él bajo el liderazgo de su propio hijo Absalón.

Y la Biblia nos dice que esa noche cuando David huyó, se dirigió hacia el valle de Cedrón lamentándose mientras él iba. Y cuando me paré allí en ese lugar imaginando a David, me invadió una sensación única de la historia, porque han pasado poco más de 3.000 años desde que David fue ungido rey de Israel.

Recuerdo otra ocasión, muchos años después, que alguien me dijo, «RC, cuando vayas al cielo, aparte de tus familiares y seres queridos fallecidos ¿cuáles son las cinco personas que más te gustaría ver en el cielo, de la historia de la iglesia?»

No puedo recordar ahora mismo cuales cinco enumeré en esa ocasión, pero sé que uno de los cinco era David. Simplemente no puedo pasar por alto a David. Si alguna vez hubo un hombre renacentista antes del Renacimiento, sería David. Herbert Marcuse, un filósofo que revolucionó en el siglo XX cuyo libro más famoso se tituló «El hombre unidimensional».

Nunca este título se aplicaría a David, porque este era un hombre que tenía múltiples facetas, extremadamente complejo. Él era un conjunto desenfrenado de contradicciones que demostró el adagio de los que dicen que cuando era bueno, era muy, muy bueno, y cuando era malo, era terrible.

Entonces, vemos la grandeza de la humanidad manifestada en la vida de este hombre, así como las profundidades de la corrupción. Y esa es una de las razones, supongo, por las que me gusta David, porque es tan real.

Recuerdo que Kierkegaard una vez hizo la observación, «Mi queja no es que mi edad sea mala, sino que es insignificante; que carece de pasión». Él dijo: «Cada vez que me deprimo”, dijo, “vuelvo a las páginas del Antiguo Testamento, porque cuando leo la Biblia, allí’, dijo, “encuentro gente que miente, que mata, que engaña, que roba y comete adulterio».

Él dijo: «En una palabra, se trata de gente con pasiones igual que nosotros, no santos de papel o héroes de cartón». Y precisamente así era David. Nos quedamos la última vez con la aparición de la monarquía y el primer rey que fue Saúl.

Y vimos cómo Saúl empezó con un ascenso meteórico de esplendor, pero pronto degeneró en corrupción de todo tipo donde no solo fue invadido por la locura, por los celos y por la rabia contra David, sino que recurrió a la consulta de hechiceros, visitando a la adivina de Endor y cosas así.

Y Saúl, quien había sido muy distinguido como guerrero, finalmente, murió en batalla y tenemos el registro de eso en el primer capítulo de 2 Samuel. Y leemos del mensaje que le traen a David, que este hombre que había tratado de matarlo una y otra vez había sido herido en batalla.

Y leemos estas palabras en el versículo 17 del capítulo 1 de 2 Samuel: «David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán, y ordenó que enseñaran a los hijos de Judá el cántico del arco; he aquí, está escrito en el libro de Jaser.

Tu hermosura, oh Israel, ha perecido sobre tus montes. ¡Cómo han caído los valientes! No lo anunciéis en Gat, no lo proclaméis en las calles de Ascalón; para que no se regocijen las hijas de los filisteos, para que no se alegren las hijas de los incircuncisos.

Oh montes de Gilboa, no haya sobre vosotros rocío ni lluvia, ni campos de ofrendas; porque allí fue deshonrado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, no ungido con aceite. De la sangre de los muertos, de la grosura de los poderosos, el arco de Jonatán no volvía atrás, y la espada de Saúl no volvía vacía. Saúl y Jonatán, amados y amables en su vida, y en su muerte no fueron separados; más ligeros eran que águilas, más fuertes que leones.” “¡Cómo han caído los valientes, y perecido las armas de guerra!”

Esto, de un hombre que lo había perseguido sin descanso, que lo había tratado de matar, Incluso David, quien había tenido más de una oportunidad para matar a Saúl, se negó a poner su mano sobre él, porque Saúl era el rey y Saúl era el ungido del Señor.

Ahora David escribe una elegía por la muerte del rey. Bueno, como dije, la historia de David es una historia llena de contradicciones y complejidades. David era muchas cosas; en primer lugar, era un niño prodigio. Siempre me han fascinado las historias de los grandes músicos como Mozart y otros, que a una edad muy temprana alcanzaron niveles de logro tan notables en su campo y en su arte.

Pero David era solo un muchacho que había cuidado de las ovejas de su padre en los campos y las había defendido de leones y de osos, cuando lo vemos aparecer en la escena donde el pueblo de Israel ha sido acorralado por el campeón de los filisteos, Goliat.

Los ejércitos de Israel acampaban a un lado de un barranco, y los ejércitos de los filisteos, al otro, y cada día de la semana, semana tras semana, el campeón de los filisteos llegaba al valle y este gigante, Goliat, desafiaba a los ejércitos de Israel a que enviaran un campeón para que pudieran resolver su conflicto en un combate de hombre a hombre.

Pero no se encontró a nadie en todos los ejércitos de Israel que asumiera el desafío. Y el rey se sentó en su tienda y tembló hasta que Isaí envió a su hijo menor David al campamento para llevar algo de comida a sus hermanos mayores y asegurarse de que estuvieran alimentados.

Y este muchacho llega y ve a este gigante desafiando a Israel para que presente a un luchador que pelee contra él. Y él, en su idealismo juvenil, está completamente confundido por esto, ¡ustedes saben!

Él mira a su alrededor, ¿dónde están sus hermanos?, ¿dónde está el rey? ¿por qué no se presenta alguien? ¿no se supone que los soldados están para luchar por el honor y la defensa de su pueblo? Y David, no puede soportar que este filisteo no solo avergüence al pueblo de Israel, sino que se atreve a hacerlo con la arrogancia de burlarse del Dios de Israel.

Él va donde el rey, y le dice, «Déjame ir». El rey dijo: ‘Eres un muchacho, no puedo dejarte ir’. David dijo: ‘¿Por qué?’, ‘yo puedo contra este gigante’. Él dijo: ‘Dios me ha librado del león, Él me ha librado del oso. Déjame ir a la batalla’. Finalmente, ya que nadie más aceptaba el desafío, y Saúl estaba harto de escuchar estas burlas día tras día y semana tras semana, finalmente llamó al que llevaba su armadura y le pusieron a David esta enorme armadura, pero David no podía ni moverse con todo eso.

Y dijo: ‘Quítenme estas cosas. No puedo usar esto. No necesito armadura. Tomaré mi honda, y mis cinco piedras lisas y el Señor Dios de los ejércitos entregará este hombre en mis manos’.
Y David caminó hacia el valle de la muerte solo. Como un joven, no un joven contra un hombre, sino un joven contra un gigante. Y cuando Goliat vio que venía este muchacho, se enfureció, él se sintió insultado. Y dijo: «¿Qué? ¿Me tratas como un perro?»

David dijo: ‘Vengo en el nombre del Señor Dios de Israel’ jujujuju con la honda y la piedra golpeó al gigante en su sien y el gigante cayó muerto, y en ese momento, David corrió hasta allá y tomó la espada de Goliat y le cortó la cabeza y la sostuvo en alto la cabeza de Goliat.

Esto es material de los cuentos de hadas, pero está registrado aquí en la Escritura como historia seria. No es de extrañar que este joven se convirtiera de inmediato en un héroe para el pueblo de Israel. Este fue solo el inicio de las hazañas militares de David.

Podríamos discutir sobre quién fue el guerrero más grande en la historia del Antiguo Testamento. Algunos podrían votar por Josué, pero ciertamente en términos de leyendas militares y hazañas, nunca nadie superó a David.

Él fue el Napoleón Bonaparte, Julio César, Aníbal de Cártago, Alejandro Magno, todos ellos en un solo guerrero de su época. De hecho, si algo nos muestra la imagen de los primeros días de David es a un hombre que a veces llega a ser casi un bárbaro. A veces no se parece tanto un general respetado como Julio César, se parece más a Atila el Huno: un bárbaro.

Cuando se encuentra con esta banda itinerante de merodeadores cerca del Mar Muerto y en Siclag y cómo se enfrenta a ellos … es como un Robin Hood. Él mismo es un fugitivo de la ira de Saúl, y tiene a su alrededor un puñado de soldados improvisados y se convierte en un guerrillero merodeador que saquea y asalta; sanguinario, cruel, despiadado. Si leemos solo esta porción de la vida de David, uno se pregunta cómo la Biblia podría afirmar que este era un hombre conforme al corazón de Dios.

Sin embargo, además de ser un guerrero, y un bandido, descubrimos que también era un hombre extremadamente sensible, que tenía el espíritu y el corazón de un poeta y de un músico. David tendría que ser el poeta con laureles de Israel. Y el fruto de su producción literaria llega hasta nosotros en los salmos. No hay literatura en toda la Sagrada Escritura que revele una sensibilidad más profunda, que nos permita ver con claridad el alma de un hombre de Dios, que suspira por Dios como el ciervo anhela las corrientes de agua, como vemos en los poemas de David.

Y no sólo tenía este don literario, de la creatividad, sino que se distingue como un músico. De hecho, es tan competente como músico que este es el único lugar donde fue recibido en el palacio por el trastornado rey Saúl, porque cuando Saúl tenía sus ataques de depresión, melancolía y delirio, enviaría por David y David vendría a tocar su lira, y mientras tocaba, la música era tan hermosa que tranquilizaba al demonio enfurecido dentro de Saúl. David compuso canciones para la música de la vida religiosa de su época.

Pero además de ser un prodigio, un guerrero, un bandido, un poeta y un músico, quizá David es más recordado por ser el rey. De hecho, el símbolo supremo de la realeza en el Antiguo Testamento y qué rey que él era. A pesar de que su ascenso al trono fue a través de una ruta tortuosa, y hubo una fuerte resistencia por parte de las personas que seguían a Saúl y que buscaban que el reinado de Saúl fuese una dinastía a través de la herencia biológica, sin embargo, Dios había hablado a través de la obra de la unción de Samuel, que Samuel había ungido a David como rey, de modo que David era elección de Dios para ser rey de Israel.

Y finalmente, cuando pudo acabar con la guerra civil y llevar al pueblo a la unidad, su monarquía empezó a prosperar. Recuerdo que cuando estaba haciendo un doctorado en Holanda, en los años 60, y vivía en las afueras de Ámsterdam, e iba a la escuela en la ciudad allí, a los holandeses les gustaba hablar sobre el siglo XVII.

Quiero decir que parecía que nunca dejaban de hablar del siglo XVII y tenían a todos los guías turísticos de la casa de Rembrandt, y contaban las historias de la magnífica producción de arte que salió de ese pequeño país.

En un breve período de tiempo en el siglo XVII, este pequeño país que siempre era amenazado con ser cubierto por el mar, gobernó el mundo con comercio y con la fuerza del transporte marítimo. Por eso, los holandeses llaman a ese período su edad de oro.

Hubo una edad de oro en Grecia, una edad de oro en Roma, una edad de oro en Holanda, pero también hubo una edad de oro en esta pequeñísima nación que era una franja de tierra uniendo los tres continentes en el Medio Oriente.

La edad de oro de Israel fue durante la monarquía davídica. Pues David, cuando llegó al poder, conquistó todas las naciones alrededor de Israel que amenazaban su seguridad. Él extendió las fronteras por primera vez desde Dan hasta Beerseba. Instituyó el período de mayor prosperidad en su historia, y no solo fue un rey fuerte, y un rey benévolo, sino que fue un administrador extremadamente capaz, lo cual es muy inusual cuando tienes a estos luchadores poéticos y carismáticos. Era un diplomático maestro.

En realidad, fue una idea genial tomar esta ciudad recién conquistada, que había pertenecido a los jebuseos, y que después de haberla conquistado, en lugar de mover su capital al Norte o al Sur para satisfacer las partes que rivalizaban, el “Real Madrid y el Barcelona” de Israel, decidió situar su capital en un lugar nuevo, y estableció la sede de su gobierno, la sede de su monarquía, en Jerusalén. Jerusalén. Jerusalén, la ciudad de la paz, la llamó así.

Había sido llamada la ciudad de pan, y ahora esta ciudad se convierte en el símbolo de la presencia de Dios. Es en esta ciudad que se establecerá el templo. Es en esta ciudad a la que el redentor vendrá y será crucificado. Este es el monte de Sion. Esta es la ciudad que los judíos todavía dicen, todo el tiempo, «El otro año en Jerusalén».
Esta es la ciudad que es el pedazo de tierra más disputado en el mundo de hoy y llegó a tal lugar prominente bajo la monarquía de David. Me refiero a que él sería famoso en la historia secular por sus logros como rey en el mundo antiguo, incluso si no fuera tan importante en las Escrituras.

Pero creo que quizás, lo que más recordamos de David, fueron sus extraordinarias hazañas como pecador. Lo que sea que David hizo, lo hizo a lo grande. Él no bromeaba cuando se involucró con esta mujer, Betsabé. Se enamoró locamente, fue cegado por su deseo, rebajándose no solo al adulterio, sino que rebasa los límites y usa su poder de rey para colocar a uno de sus fieles soldados en el frente de batalla para asegurarse que quede expuesto al fuego enemigo y lo maten.

Eso es lo que hace con el marido de Betsabé. Y toma a Betsabé para sí mismo y la embaraza. Pero Dios envió a David el profeta Natán y Natán le contó una parábola inolvidable.
Él le dijo a David: ‘Había un hombre que en el reino era leal al rey. Era pobre y desamparado, pero tenía una oveja pequeña, una corderita que era una oveja hembra y él amaba a esta oveja. Permitió que la oveja viviera en su casa y comiera de su mesa. Su vida estaba dedicada a esta pequeña oveja. Y había otro agricultor en la tierra que tenía enormes rebaños de ovejas, y vio la belleza de esta pequeña corderita que pertenecía al hombre pobre y en su arrogancia él entró y robó la pequeña corderita del hombre pobre’.

Cuando David escuchó esa historia dijo: ‘No en mi reino. Encuentra quién es ese hombre’ y añadió, ‘y haré caer toda la ira de mi reino sobre él y se hará justicia al respecto’. En ese momento Natán pronuncia la declaración inmortal, «Tú eres ese hombre». Verás que la caída de David fue más violenta que la caída de Goliat, porque la suya era una caída espiritual.

En muchos sentidos, parecía que él estaba a punto de repetir la degeneración y corrupción que había manifestado el reinado de su predecesor Saúl. Pero la gran diferencia entre Saúl y David se encuentra en el arrepentimiento de David.

David se convierte, en el Antiguo Testamento, en el modelo supremo del despertar piadoso a la propia bancarrota espiritual y moral y la absoluta necesidad de confiar en la gracia de Dios y nada más para la salvación.

En esta ocasión la profundidad del arrepentimiento de David se manifiesta en el Salmo 51. Cada estudiante del Antiguo Testamento debe leer el Salmo 51 con mucho cuidado para tener una idea de lo que realmente significa estar desnudo ante un Dios santo y justo, y confiar en su misericordia y solo en su misericordia. Por eso, en ese sentido, David era un hombre conforme al corazón de Dios.

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Esta es una de las cosas que me frustra cuando veo a la gente que empieza a estudiar el Antiguo Testamento; como dije antes, ellos inician bien su lectura de Génesis y Éxodo y luego empiezan a perder entusiasmo cuando se atascan con Levítico y Números y lo demás.

Y me decepciono porque quiero que lleguen a Primera y Segunda de Samuel. Me encantan los libros de Samuel. Hay tanto contenido en estos libros, ya que las Escrituras nos revelan la vida de algunos personajes más importantes del Antiguo Testamento.

Pero no son solo las vidas de los santos del Antiguo Testamento que se destacan en los libros de Samuel, sino que también vemos un retrato tan magnífico de Dios. Ahora, ya hemos mencionado el período de los Jueces, y dije que el período de los Jueces se extiende hasta incluir Samuel, pero, por supuesto, la historia de Samuel no se da hasta el libro de 1 Samuel y Samuel es presentado como el hijo de la mujer Ana, quien no había tenido hijos

Y quien había orado y orado y orado para que Dios escuchara su oración y le concediera un hijo. Y, de hecho, la oración de Ana, que se encuentra al principio de 1 Samuel, prácticamente se repite en el Nuevo Testamento en la oración de María, llamada el Magnificat.

Y si hay alguna persona en este período de la historia judía que tipifica la venida de Cristo, es Samuel, porque cuando nace, su madre, en gratitud tan profunda por la respuesta de Dios a su oración, dedica a Samuel a una vida de servicio a Dios y lo presenta al entonces juez de Israel, el venerable Elí; Samuel ahora queda bajo el cuidado de Elí.

Y recordamos esa historia de cómo en medio de la noche cuando Samuel estaba durmiendo, escuchó una voz que lo llamaba por su nombre: “Samuel”. Y se despertó y corrió y sacudió a su mentor, Elí; y le dijo: ‘¿Me llamaste?’ Y Elí respondió: ‘No, debes estar oyendo cosas. Vuelve a la cama’.

Y Samuel regresa a dormir. Y otra vez Dios lo llama en medio de la noche: “¡Samuel!” Samuel se levanta de nuevo y corre hacia Elí y dice: ‘¿Me llamaste?’ Y él dijo: ‘No’. Entonces Elí empieza a pensar que tal vez es Dios que le está hablando a Samuel y le da instrucciones a Samuel.

Así que Samuel regresa a dormir de nuevo y ahora por tercera vez Dios viene y le habla en la forma íntima de dirigirse a otro: “¡Samuel, Samuel!” y Samuel responde a Dios diciendo: “Habla, que tu siervo escucha”. Entonces Dios le revela a Samuel que su juicio está por venir a la casa de Elí; porque, aunque Elí mismo había juzgado a Israel con un espíritu de piedad, sus hijos eran malos y Elí no los había disciplinado; y así Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre una familia, Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre la familia de Elí.

A la mañana siguiente Elí le preguntó a Samuel ‘¿Te habló Dios?’ Y él dijo: Sí. Y Elí dijo: ‘¿Qué te dijo?’ y Samuel no quería decirle. Estaba aterrado de darle a Elí las malas noticias. Y Elí trata de sacarle la información, pero Samuel no dice nada hasta que al fin Elí dice: ‘Bueno, lo que Dios te haya dicho, lo que sea que Él haya dicho, te puede pasar a ti si no me lo dices’.

Entonces Samuel dijo: ‘está bien, te lo diré’. Y le dijo a Elí que Dios iba a juzgarlo a él y a su familia. Y una de las cosas más significativas de ese momento fue que cuando Elí escuchó la profecía de su propia condena y del juicio de Dios sobre su propia familia, miró a Samuel y dijo: “El Señor es”. Y poco después el juicio vino. Llegó con una vergonzosa derrota de los soldados israelitas en la que murieron los hijos de Elí.

Y cuando Elí recibió el informe de esto, cayó muerto, pero el momento más oscuro de Israel hasta este punto, tuvo lugar en este contexto porque en esa batalla, el Arca de la Alianza, el trono de Dios mismo, fue capturado por los filisteos y fue llevado y puesto como un trofeo en el templo de Dagón, el dios filisteo.

Y, por supuesto, la nuera sobreviviente de Elí dio a luz a un niño ese día, y ella misma murió como resultado del esfuerzo para dar a luz. Pero antes de morir, llamó a su hijo Icabod o Ajikabod, que significa la gloria se ha ido, puesto que el trono de Jehová, el arca sagrada había sido capturada y puesta en manos de sus enemigos acérrimos: los filisteos.

La gloria se había apartado de Israel. Y es en ese contexto que Samuel emerge como el líder espiritual de la nación. Él tiene que asumir el papel que tenía Elí, en un momento en que la fe y la esperanza nacional habían tocado fondo.

Sin embargo, conocemos sobre los acontecimientos extraordinarios a partir de entonces, como cuando los filisteos trajeron el trono de Dios a su templo para burlarse y usarlo como un trofeo. Lo que sucedió fue que la gente era afligida por plagas y la estatua de su dios se rompió en mil pedazos; Y los cinco reyes de los filisteos empezaron a jugar ping-pong, enviando el arca de una ciudad a otra, de Asdod a Gat, luego a Ecrón y así por el estilo, y a donde fuera el arca, la plaga iba, hasta que finalmente entendieron el mensaje de que no era una buena idea quedarse con el arca de Jehová en cautiverio y la devolvieron en un carro de bueyes.

Esta es otra historia extraordinaria que no tengo tiempo para contar ahora; pero en este caso el carro, tirado por los bueyes, que llevaba el Arca no lo conducía nadie. Estaba siendo conducido simplemente por el Espíritu de Dios y cruzó la frontera, de vuelta a Israel exactamente al lugar donde Dios había ordenado que debía llegar.

Y cuando el pueblo de Israel vio el Arca viniendo, a la distancia, se regocijaron. Y no sé lo que dijeron, pero podría sugerir que dijeron: Kabowd, “La gloria ha vuelto”.

Y durante la vida de Samuel hubo gran bendición sobre la nación, como lo había sido durante los mandatos de otros jueces, pero al final de su vida, o casi al final de su vida, otra vez los corazones de Israel se endurecieron e hicieron lo malo ante los ojos del Señor.

Pero esta vez su abandono de Dios tomó toda una nueva dimensión, una que no tiene precedentes en la historia del Antiguo Testamento, y la leemos en el capítulo ocho de 1 Samuel.

Leemos: “Y aconteció que cuando Samuel era ya viejo, puso a sus hijos como jueces sobre Israel. El nombre de su primogénito era Joel, y el nombre del segundo, Abías; éstos juzgaban en Beerseba. Pero sus hijos no anduvieron por los caminos de él, sino que se desviaron tras ganancias deshonestas, aceptaron sobornos y pervirtieron el derecho.”

Estamos viendo la repetición de lo mismo que sucedió con los hijos de Elí. Han oído que se dice, como un tipo de axioma que Dios no tiene nietos; que solo porque alguien sea una persona piadosa y tiene hijos, eso no garantiza automáticamente que los hijos van a seguir los pasos de los padres. Porque cada generación necesita conversión y tan pronto como pensamos que podemos embotellar y vender y controlar y manipular los dones del Espíritu de Dios, hemos perdido toda la realidad de la redención. “Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones.”

Hemos vistos a lo largo del período de los jueces que lo que mete a Israel en problemas una y otra y otra vez es su incesante afán de querer conformarse a las naciones paganas y a la cultura pagana que le rodea.

Primero fue adoptar la religión pagana y ahora quieren que las instituciones políticas que observan a su alrededor sean importadas para que ellos puedan ser igual que los demás.

Y todas las otras naciones estaban gobernadas por reyes. Israel no tenía un rey, es decir no tenía un rey terrenal. Se habían olvidado de quién era su Rey, porque no se trataba de una democracia, ni de una oligarquía, ni una aristocracia, ni una monarquía.

Esto iba a ser una teocracia donde Dios era el rey de su pueblo. Pero ahora el pueblo dice: ‘queremos un rey como todo el mundo que nos rodea’.

Ahora, cuando Samuel escucha esto, está muy disgustado. Dice: “Pero fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró al Señor. Y el Señor dijo a Samuel: Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos.”

Permítanme hacer una pausa aquí. Samuel entendió eso. Sabía que esto no era solo un rechazo de él o de su familia, que era un rechazo de todo lo que él representaba. Fue un rechazo a todo por lo cual trabajaba. Fue un rechazo de todo su ministerio.

No sé cuántas veces he hablado con clérigos o pastores jubilados, que dedicaron sus vidas al cuidado de los santos en una iglesia, luego ese pastor se jubila y ve cómo esa iglesia se viene abajo y se seculariza, y qué desgarrador es esto para cualquier pastor piadoso o cualquier ministro piadoso.

Ahora, obviamente, Samuel estaba sintiendo esto de sí mismo, pero también comprendió que lo que estaba ocurriendo aquí era un rechazo del Dios que representaba para el pueblo, y me pregunto si se sorprendió cuando Dios le dijo: “Samuel, escúchalos. Me han rechazado a mí, deja que tengan su rey.” En ese sentido, Dios es como el padre pródigo en el Nuevo Testamento, que cuando su hijo quiere rebelarse e ir a una tierra pagana y desperdiciar la riqueza de la herencia de su propio padre, que es lo que todos hacemos. Una de las cosas que creo que son heroicas del padre pródigo de esa parábola es que lo deja ir.

Él no deja de preocuparse por el hijo. Él no deja de orar por el hijo. Él no deja de amar al hijo, pero lo deja ir. Él entrega a su hijo a sus propias inclinaciones pecaminosas y así es como Dios trata a Israel. De hecho, el juicio final de Dios es que el que es malo siga siendo malo.

El peor tipo de juicio que Dios puede mandar a alguien es darle rienda suelta, para entregarlo a sus propias inclinaciones malas. Pero aquí Él está diciendo a Samuel: ‘Si el pueblo no quiere que yo sea su rey, dales un rey’.

Esa es la base pecaminosa para la monarquía, y aún en esto, donde se da y se concede el deseo de un rey, en un sentido muy real, es un acto de juicio divino. Sin embargo, en el consejo secreto de Dios, como se manifiesta más adelante, Dios va a obrar a través de esta institución de la monarquía para poner a su rey elegido para Su reino, que será de la tribu de Judá y cuyo reino será eterno. Quien será el Rey de los reyes y el Señor de los señores.

Y aunque la monarquía de Israel empieza con una serie vergonzosa de circunstancias, la monarquía, en un sentido, prefigura la venida del reino de Dios. Vamos a tomar un momento más para considerar la palabra “monarca”.

Cuando iniciamos nuestro estudio, observamos el primer versículo de Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. En la traducción griega para la palabra “principio” en Génesis 1 es la misma palabra que aparece en el primer capítulo del evangelio de Juan, “en arche”, en el principio.

La palabra griega “arche” significa “principio, jefe o gobernante”. Y la palabra “arche” como se interpreta en el sentido de jefe, el preeminente, llega a nuestro propio idioma.

Hablamos de los enemigos y los archienemigos, rivales y archirrivales, obispos, arzobispos, ángeles y arcángeles, herejes y herejiarcas o arc-herejes, que significa que son los principales, los grandes.

Y la idea de la palabra “monarquía” significa “un jefe, un gobernante, un soberano”. Y la razón por la que este es un momento tan dramático en la historia judía es que hasta este punto solo había un gobernante para Israel y era Dios.

Y así dios ve en este deseo por un monarca terrenal, un intento de suplantar su reinado. “Me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos. Así como todas las obras que han hecho desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así lo están haciendo contigo también. Ahora pues, oye su voz. Sin embargo, les advertirás solemnemente y les harás saber el proceder del rey que reinará sobre ellos.”

Porque el inicio de la monarquía es el inicio de la corrupción radical de la nación judía. “Entonces Samuel habló todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido rey. Y dijo: Así será el proceder del rey que reinará sobre vosotros: tomará a vuestros hijos, los pondrá a su servicio en sus carros y entre su gente de a caballo, y correrán delante de sus carros”.

Es decir, él va a planear la estrategia y va a reclutar a sus hijos y usarlos para el avance de sus conquistas. Nombrará para su servicio comandantes de mil y de cincuenta, y a otros para labrar sus campos y recoger sus cosechas, y hacer sus armas de guerra y pertrechos para sus carros.”

Ahora empezarán a trabajar para el estado en vez para ustedes. En lugar de comer lo que ustedes producen, tendrán que utilizar el trabajo de su granja para alimentar al gobierno. Miren, eso es lo que va a pasar. Tomará también a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará lo mejor de vuestros campos, de vuestros viñedos y de vuestros olivares y los dará a sus siervos.”

“Tomará también vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes y vuestros asnos, y los usará para su servicio. De vuestros rebaños tomará el diezmo, y vosotros mismos vendréis a ser sus siervos. Ese día clamaréis por causa de vuestro rey a quien escogisteis para vosotros, pero el Señor no os responderá en ese día.

No obstante, el pueblo rehusó oír la voz de Samuel, y dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros, a fin de que seamos como todas las naciones, para que nuestro rey nos juzgue, salga delante de nosotros y dirija nuestras batallas.”

Y así, después de esta solemne advertencia, Dios les dijo que un héroe saliente del pueblo, un hombre con grandes dotes de poder militar, un hombre de gran estatura, guapo y orgulloso, de la tribu de Benjamín.

Esto debería haber sido un indicio, porque volviendo a la bendición patriarcal de Génesis, fue a la tribu de Judá que se le prometió el reino de Dios. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”.

Pero este hombre, quien es el primer rey de Israel, no es de la tribu de Judá, es de la tribu de Benjamín.Es muy curioso, porque, más tarde, unos siglos después, otro de la tribu de Benjamín, con el mismo nombre llegó a ser muy importante en la historia de redención, porque ambos hombres fueron llamados Saúl.

El rey Saúl y Saúl (Saulo) de Tarso; el primer Saúl termina en desgracia, el segundo Saúl llega a ser el apóstol a los gentiles. Entonces Saúl es ungido por Samuel como el primer rey de Israel y su reinado empieza en gloria.

Él tiene tremendas victorias militares y se vuelve enormemente popular entre el pueblo, pero había un defecto fatal en el hombre. Había una especie de arrogancia que afectaba a Saúl. En una ocasión, Saúl estaba esperando a Samuel para que le bendijera antes de ir a la batalla y para ofrecer los sacrificios a Dios a fin de preparar los ejércitos para esa ocasión, y Samuel no se presentó exactamente a tiempo.

Y Saúl se impacientó y entonces él mismo se encargó de hacer los sacrificios. Sí, había una separación entre la iglesia y el estado, en el sentido de que había una división de trabajo aquí, y no era la responsabilidad del rey atribuirse para sí los derechos, el privilegio y la autoridad del juez. Pero Saúl tomó sus manos sucias y profanó las cosas santas y en ese momento llegó Samuel y lo vio y le dijo: ‘Por esto, Saúl, Dios te ha rechazado y ha reservado para sí un hombre conforme a su corazón, a quien levantará para sustituir a ti y tu casa.’

Y Saúl se vuelve loco. Se retira de su responsabilidad como comandante en jefe cuando es enfrentado por el campeón de los filisteos, el gigante Goliat; se hace a un lado mientras que un muchacho se acerca y libera a la nación de la opresión de los filisteos.

Y la gente empieza a cantar en poco tiempo: ‘Saúl ha matado a sus miles, y David ha matado a sus diez miles.’ Y Saúl enfurecido y lleno de celos, y hasta el final de su vida, persigue a David, a quien ahora Samuel ha ungido para ser el rey; un inicio desfavorable para una monarquía tan notable.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El ciclo de los jueces

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Recuerdo que cuando era un estudiante universitario, durante el verano trabajaba como consejero en un campamento de niños judíos y era muy celoso al comunicar las Escrituras a mis campistas, pero estaba también limitado por los encargados del campamento en cuánto a lo que podía decir. Así que adopté la costumbre, antes de dormir, de leer historias a mis pequeños campistas cada noche. Y su libro de historias favorito era el libro de Jueces. Ellos se ponían al borde de sus camas mientras leíamos acerca de las aventuras que se registran en ese libro.

Realmente es una secuencia de la historia judía emocionante, de ritmo acelerado que fluye con rapidez. El libro de Jueces, tan corto como es, cubre más o menos un período de 350 años; desde la muerte de Josué hasta el final del período de los jueces, el cual culmina con la vida de Samuel, cuya vida, por cierto, está registrada en 1 Samuel y no en el libro de los Jueces.

Pero cuando pienso en la condensación de la historia judía en ese pequeño libro de cerca de 350 años, me remonto a la mitad del siglo XVII en Norteamérica. Piensen en toda la historia que ha ocurrido en Estados Unidos desde un período de 125 años antes de la guerra de la independencia hasta la época actual. Si lo miramos de esa manera, vamos a tener cierta luz de la gran extensión de tiempo que se encuentra en el libro de Jueces.

El libro se llama el libro de los Jueces porque describe el período transicional en la historia judía, desde el tiempo de deambular por el desierto hasta el momento del establecimiento de la monarquía. Y a este período se le llama la anfictionía. Ahora la palabra “anfictionía” imagino que jamás la hemos escuchado en español ya que tiene su origen en la antigua Grecia. Esta palabra describía en Grecia su situación, que en vez de tener un rey sobre toda la nación, tenías un grupo federado flexible de pueblos o ciudades que estaban algo conectados por un centro religioso; Y en el período griego temprano, ese centro religioso fue el oráculo de Delphi, del que hemos oído hablar en la historia.

Y así, ese período de la civilización griega se le llamó la anfictionía y ese término han usado los académicos para volver a describir este tiempo transitorio, interino en la historia judía. Y la anfictionía es simplemente una palabra que describe una forma de gobierno donde no hay un solo centro de poder, sino que el gobierno existe sobre la base de una federación flexible de tribus y líderes tribales.

Así que, para este período de más o menos tres siglos y medio no había rey en Israel y no había un solo líder, tal como había sido el caso bajo el liderazgo de Moisés y más tarde bajo el liderazgo y la dirección de Josué; Sino más bien, el liderazgo de la nación estaba comprometido con individuos únicos que eran, en el total sentido de la palabra, líderes carismáticos. Ahora, usamos ese término “carismático” de forma un tanto vaga en nuestra cultura actual y proviene de la palabra griega que significa “don de gracia” y se refiere, en la jerga contemporánea, a aquellos que creen en ser ungidos por el poder y la influencia del Espíritu Santo.

Pues bien, en el período del Antiguo Testamento, vemos la charismata o los dones carismáticos que eran dados a individuos específicos para tareas específicas. Recordamos que los primeros carismáticos, por así decirlo, en el Antiguo Testamento fueron los responsables del diseño y de la construcción de los muebles para el Tabernáculo, para lo cual Bezaleel y Aholiab fueron ungidos por Dios Espíritu Santo y capacitados por Dios para esta tarea.

Sabemos que el Espíritu del Señor vino sobre Moisés y le permitió realizar las proezas que realizó. Recordamos en Números 11, donde después de que Moisés fue reprendido por su suegro por asumir toda la responsabilidad de todos los detalles de la organización, administración, gobierno y ser el líder espiritual de la nación, su suegro Jetro le dijo: “Las cosas que estás haciendo, no están bien”.

Y Dios ordenó a Moisés a que reúna 70 hombres, a quienes él conociera como ancianos sobre el pueblo, y Dios dijo que tomaría el espíritu que estaba en Moisés y lo pondría sobre los 70 ancianos. Y cuando Dios hizo eso, tal como está registrado en Números 11, empezaron a profetizar, indicando que habían sido objeto de esta influencia directa e inmediata del Espíritu Santo. Además, en el Antiguo Testamento, los profetas eran ungidos por el Espíritu Santo de una forma carismática y les daba poder para ser portavoces de Dios.

La unción de los reyes más adelante, cuando fueron ungidos con aceite, esta ceremonia de la unción simbolizaba la venida del Espíritu Santo sobre el rey para dotarlo para la misión particular a la que Dios le había asignado. Entonces, lo que tenemos ahora durante este período de federación tribal en el libro de Jueces es el registro de individuos excepcionales que, en tiempos de crisis, son levantados por Dios y facultados por el Espíritu santo para realizar las grandes hazañas y tareas que llevaron a cabo.

Pensamos, por ejemplo, que quizás el más famoso de los jueces en términos de ser carismáticamente dotado por Dios para grandes hazañas, fue Sansón. Pensamos en Sansón y su pelo y la historia con Dalila y todo eso, y su fuerza Hercúlea con la que derribó el templo filisteo y mató a todas estas personas con la quijada de un asno y estas hazañas que no tenían paralelo en la historia judía. Pero lo hizo bajo el poder del Espíritu Santo.

Ahora bien, hay un patrón que se nos presenta en el libro de los Jueces que creo que es muy importante que lo comprendamos y porque es muy ilustrativo e instructivo. No sólo de este período de la historia judía, sino de toda la historia del Antiguo Testamento e incluso, podríamos decir, de toda la historia de la redención. Y ese patrón se observa en un estribillo que aparece una y otra y otra vez en el libro de Jueces, y empieza así: “Entonces los israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor”. Y después de leer este nefasto prefacio, vemos que Dios levantaría a los enemigos de Israel y los usaría como una herramienta de castigo contra su propio pueblo.

Dios levantaría a los madianitas o a los filisteos o a los amalecitas o quien sea, y estas naciones, estos pueblo paganos vendrían y oprimirían a los judíos, y cuando el pueblo estuviera bajo opresión, clamarían a Dios por socorro y liberación, y ellos se arrepentirían de sus pecados. Y era solo después de que se arrepentían, que Dios levantaba a uno de los jueces, como Otoniel o Aod, el juez zurdo que mató al rey Eglón y que tomó su espada y se la hundió en su gran barriga hasta que la gordura cubrió la empuñadura de la espada.

Pensamos en las proezas de Débora y de Barak y de Gedeón, a quien veremos en un momento, y de Sansón y de Jefté y de otros después, terminando con Elí y finalmente Samuel. Pues bien, estos individuos, bajo el poder del Espíritu Santo, vencían a los enemigos del pueblo judío y traían liberación. De hecho, a veces los jueces eran llamados por el nombre moshiam que significa “libertadores”. Pienso en Moshi Diane, quien fue el general heroico de la guerra de los Seis Días en 1967, que tenía el nombre que a menudo era usado por estos pueblos en el Antiguo Testamento a quienes Dios usó como libertadores o salvadores de la nación.

William Hendricksen usa un poco la aliteración para describir este ciclo repetitivo en el libro de los Jueces y usa esta aliteración con cuatro palabras con el sonido de “RR”. La primera es para REcaída, la segunda es para REtribución, la tercera para, aRREpentimiento y la cuarta es para REscate. Este es el patrón cíclico que leemos una y otra y otra vez en el libro de los Jueces. En primer lugar, el pueblo comete apostasía y en su apostasía, la palabra “apostasía” significa que se alejan de su fidelidad a Dios y empiezan a adorar a los dioses de las naciones extranjeras y a entregarse a la idolatría.

Y eso es lo que quiere decir cuando dice: “E Israel hizo lo malo ante los ojos del Señor”. Y lo que sigue a cada recaída, según está registrado en el libro de Jueces, es la justicia retributiva de Dios por medio de la cual viene el derramamiento del juicio y la ira de Dios contra su propio pueblo. Y bajo el peso de la justicia retributiva de Dios, el pueblo es llevado a un estado de arrepentimiento en el que lamentan su situación y esperan su rescate cuando Dios es movido a redimirlos a través de la intervención de los jueces.

Veamos uno de esos ejemplos, lo encontramos en el segundo capítulo del libro de Jueces empezando en el verso 11. ‘Entonces los Israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor y sirvieron a los Baales; ellos abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto y siguieron a otros dioses de entre los dioses de los pueblos que estaban a su alrededor y se postraron ante ellos y provocaron la ira del Señor’. “Dejaron al Señor y sirvieron a Baal y a Astarot.”

Permítanme una pausa en este punto. Esta es una recapitulación sombría, sombría de la historia de este pueblo. Recuerdas al final del libro de Josué cuando Josué reunió al pueblo para para renovar el pacto y les dijo: “pero yo y mi casa, serviremos al Señor.” Y llamó al pueblo de Israel a renovar su promesa de obediencia al pacto que tenían con Dios. Y el pueblo se comprometió a dos cosas: una positiva y otra negativa.

Prometieron obedecer a Dios (esa es la positiva) y prometieron que no lo abandonarían. Pero no pasó mucho tiempo antes que la nación empezara a olvidar al Señor. Y esto es importante, porque si recuerdas la promesa que Dios hace una y otra vez a los patriarcas, cuando Dios promete su compromiso para con su pueblo, Él dice: ‘Nunca te dejaré y nunca te abandonaré’. Eso inmediatamente nos señala a la cruz donde Cristo grita en la agonía de su pasión: “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?”

Y algunos han sentido que esta es la angustia de la pasión de Jesús en la cual se sentía simplemente tan solo, tan desolado, que tenía la sensación de haber sido abandonado. Pero, por supuesto, Dios realmente no lo abandonó. Pero amados, él sí lo abandonó porque ese era el castigo por el pecado: ser abandonado por Dios. Y para que seamos redimidos, debemos ser librados del abandono divino, y para que eso suceda, Cristo tuvo que asumir sobre sí el verdadero abandono. Ahora, finalmente Él no fue abandonado porque Dios lo levantó de los muertos y como dice el libro de Hechos: era imposible que la muerte lo retuviera porque era imposible que el Padre abandonara a su Hijo por mucho tiempo; Pero toda la idea del abandono es un tema muy importante en la Escritura: que la promesa del pacto de Dios para aquellos que están en una relación con él es “Nunca te dejaré y nunca te abandonaré”. Y el libro de Jueces da testimonio de que aunque Dios castiga a su pueblo, está castigando a sus hijos, a quienes ama.

Y aunque se sientan abandonados por un tiempo, Dios no los abandona a ellos. Sin embargo, el registro es que el pueblo sí lo abandonó; esa es la gran diferencia entre el Dios de Israel y el Dios del pacto y su pueblo. Dios no nos abandona, pero estamos inclinados a abandonarlo. Y otra vez, lo que provoca aquí el abandono de Dios en este libro es el gran deseo del pueblo judío de ser como sus vecinos. Dios los había llamado a no conformarse. Dios los había llamado a ser una nación santa. Dios los había llamado a ser santos y a huir de la idolatría, pero eso era impopular en esos días. Y es impopular hoy también.

Sin embargo vemos este ciclo que se produce cuando el pueblo hacía lo correcto antes sus propios ojos, abandonaron la ley de Dios y comenzaron a imitar las prácticas de sus vecinos paganos; Y ese ciclo no dura simplemente 350 años. Ese es el ciclo que el pueblo de Dios ha vuelto ha vivir una y otra vez a través de la historia de la iglesia. Leemos, entonces, en el versículo 14 que “Se encendió la ira del Señor contra Israel”. Y los entregó en manos de los saqueadores que los despojaron; los vendió en manos de sus enemigos por todas partes, de modo que ya no pudieran enfrentarse a sus enemigos.

Y cada vez que salían, la mano del Señor estaba contra ellos para mal, tal como el Señor había dicho y como el Señor les había jurado a ellos. Y se angustiaron en gran manera. El Dios de Israel es un Dios que promete tanto bendiciones como maldiciones, tanto prosperidad como calamidad. Y los juicios de Dios sobre los rebeldes son calamitosos. Tenemos la tendencia a tener una Biblia expurgada en la vida de la iglesia hoy en día, donde queremos eliminar estas cosas que son un patrón recurrente de las acciones de Dios y que Dios traerá calamidad sobre una nación y sobre un pueblo que lo abandona.

Sin embargo, leemos en el versículo 16: “Entonces el Señor levantó jueces que los libraron de la mano de los que los saqueaban.” Pero no escucharon a sus jueces, sino que se prostituyeron con otros dioses y se inclinaron ante ellos. Se apartaron pronto del camino en que sus padres habían andado en obediencia a los mandamientos del Señor. No hicieron como sus padres. Y cuando el Señor les levantó jueces, el Señor estaba con el juez y los libraba de manos de sus enemigos todos los días del juez; porque el Señor se compadecía por el gemido a causa de los que los oprimían y afligían. Pero este pasaje que acabo de leer se repite tantas veces como el estribillo de una canción en este libro. De nuevo: REcaída, REtribución, aRREpentimiento y REscate.

Ahora, el carácter y el perfil de cada uno de los jueces que se describen aquí en este libro es un estudio fascinante de individuos piadosos, pero en el breve tiempo que nos queda, quiero que presten atención a uno de ellos que creo que es particularmente excepcional y uno de mis favoritos: Gedeón. Nos encontramos con Gedeón en el capítulo seis de Jueces y el sexto capítulo empieza con estas palabras: “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del Señor, y el Señor los entregó en manos de Madían”.

Luego en el verso once: El ángel del Señor vino a Gedeón, “y el ángel del Señor se le apareció, y le dijo: El Señor está contigo, valiente guerrero”. Imagina eso como un saludo, como el ángel que fue enviado a María posteriormente con este saludo. Aquí el saludo de Gedeón, quien es simplemente un agricultor, no es un soldado y Dios le habla a través de este ángel y le llama valiente guerrero. Lo distingue como un hombre de extraordinaria valentía. Ahora, creo que Gedeón estaba un poco confundido por este saludo.

Sospecho que miró a su alrededor para ver a quién hablaba el ángel, y él respondió: “Ah señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha ocurrido todo esto?” ¿Cuántas veces los cristianos hacen esta pregunta? “¿Y dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado, diciendo: “¿No nos hizo el Señor subir de Egipto? Pero ahora el Señor nos ha abandonado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y el Señor lo miró, y dijo: Ve con esta fuerza, y libra a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te he enviado yo?” Él dijo: “Ah Señor, ¿cómo libraré a Israel? He aquí que mi familia es la más pobre en Manasés” y yo soy el menor de mis hombres.

Y aún así, Dios solo le dijo que fuera en su fuerza y que lo usaría a él y a su valor para librarlos. ¿Cómo lo puedo hacer? Soy el más débil de mi familia. Y es como si Dios estuviera diciendo a Gedeón: ‘¡Precisamente!’ Gedeón está tan aterrado por este encargo que no puede creer que Dios le está hablando a él. Por eso leemos la historia del vellón de lana y la confirmación milagrosa de Dios de su llamado a él.

Y así, Gedeón es obediente y reúne un ejército para enfrentarse a los madianitas y tiene 32,000 soldados a su cargo; y Dios se acerca a él y le dice: “Tienes demasiados”. Y él dijo: “Mira quien tiene miedo entre ellos y envíalos a casa.” Y Gedeón dijo: “Cualquier persona que tenga miedo de este conflicto, se puede ir a su casa”. Y 22,000 se fueron a casa. 22,000 abandonaron, pasaron la colina, dejándolo a él con un ejército de 10,000; un núcleo de élite de soldados que se enfrentarán a toda la nación de los madianitas.

Y entonces Gedeón dijo: “Está bien, estoy listo”. Dios mira a su ejército y dijo: “Es demasiado Gedeón, porque si pongo la victoria en tus manos con este tamaño de ejército, vas a pensar que lo hiciste con tu propia fuerza”. Y luego esa historia extraordinaria de cómo Gedeón reduce su ejército a solo 300 hombres y luego con 300 hombres Gedeón logra derrotar a todo el ejército madianita durante la batalla nocturna.

Y esa historia de la redención de Dios ilustra nuevamente el punto que leemos una y otra vez en el Antiguo Testamento: la salvación es del Señor.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Josué y la conquista de Canaán

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Josué y la conquista de Canaán

R.C.Sproul

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Por tradición llamamos a los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, de Génesis a Deuteronomio, el Pentateuco. A menudo también se le conoce, en especial entre los judíos, como la Torá o el Libro de la Ley. Pero se le llama el Pentateuco debido al prefijo penta que, por supuesto, significa cinco, como el pentágono. Pero algunos han argumentado que, originalmente, el antiguo testamento fue organizado distinto y que los primeros seis libros del antiguo testamento estuvieron agrupados juntos y por lo tanto se les llamó, no el Pentateuco, sino el Hexateuco, nombre que significa los primeros seis libros de la Biblia incluyendo el libro de Josué.

Ahora, creo que el peso de la evidencia dice lo contrario y que hay una línea clara de demarcación entre el libro de Deuteronomio que finaliza con el Pentateuco y el libro de Josué. Pero solo menciono ese pequeño detalle de manera casual para llamar la atención sobre la idea de que a pesar de que Josué empieza con una nueva dimensión de la historia del antiguo testamento, todavía se ve la gran continuidad que existe entre el período de Moisés y el final del Pentateuco con el inicio del libro de Josué, ya que el libro de Josué registra los datos de la conquista de Canaán.

Es la historia de la entrega que Dios hace en manos de Israel de sus enemigos y la primera dimensión del cumplimiento de las promesas de una tierra prometida a los patriarcas. Y aquí vemos la transición de vagar en el desierto a la conquista y el establecimiento en la tierra de Canaán.

Pero como dije, hay una cierta continuidad que existe entre el Pentateuco y este capítulo nuevo en la historia redentora de la conquista de Canaán. Josué es un personaje cuya aparición es prominente en el Pentateuco. Él se desempeña como el ayudante de Moisés y recordamos a Josué por ser uno de los dos espías fieles que habían sido enviados para espiar la tierra prometida, el resto de los espías regresaron y dijeron: “Oh, hay gigantes en la tierra y la tierra es difícil y si intentamos ir, seremos aniquilados” y así por el estilo, y estaban muertos de temor ante los obstáculos que se interponían en su camino para poseer esta tierra;

En cambio, lo único que Caleb y Josué ven es la oportunidad y regresan y dicen: “Es una tierra donde mana leche y miel” y trajeron muestras de los frutos que encontraron en ella. Y recordamos que después de todos estos años de vagar por el desierto, esta poderosa hueste de judíos, o israelitas, quienes habían sido redimidos por el Éxodo, mueren todos en el desierto sin poseer la tierra prometida e incluso a Moisés se le prohíbe entrar a Canaán por golpear la piedra con su vara.

Ahora, Dios le da la oportunidad de pararse en la montaña y contemplar la tierra prometida. Moisés tiene una visión para el futuro de su gente, pero a él mismo no se le permite entrar. Y los únicos sobrevivientes del núcleo original que pueden ingresar a la tierra prometida son Caleb y Josué.

Así que, una de las cosas que vemos al final del Pentateuco es un registro de la renovación del pacto que Dios había hecho con Moisés en el momento de la muerte inminente de Moisés, y hay una dinámica que se desarrolla aquí la cual tiene un nombre en teología, se llama la sucesión dinámica.

Disculpen, no se llama una sucesión dinámica, sino dinástica (fue dinámica también) pero sucesión dinástica es el tipo de cosas que se ve en las monarquías donde la autoridad real se pasa de padre a hijo o de madre a hijo o de padre a hija, en donde la corona es un asunto de herencia biológica.

Y hablamos de las distintas dinastías que han surgido en las naciones a lo largo de la historia. Lo vimos con la casa de Omri en la monarquía de Israel. Lo vemos con la casa de David donde el reino se transfiere a su hijo Salomón y luego al hijo de este y así sucesivamente. A esto es lo que llamamos sucesión dinástica.

Ahora, esto pasa en el antiguo testamento, no solo con respecto a los reyes, sino también con respecto a la sucesión del personaje principal que está en autoridad. Y el principio de la sucesión dinástica se lleva a cabo al final del Pentateuco cuando Moisés está a punto de morir y él reúne a la gente y le hace jurar a todo el pueblo lealtad para con su sucesor y su sucesor es Josué.

Sé que esto es una exageración y que pocos lo han visto pero, se puede argumentar que nuestro Señor mismo, en el aposento alto, la noche anterior a su muerte, celebró la renovación del pacto (muy similar a la que ocurrió en Moab y luego en Siquem en el antiguo testamento) donde reúne a sus discípulos y da el discurso más largo que haya dado en su vida (que sepamos) sobre el ministerio del Espíritu Santo; reúne a sus amigos y dice: “Un poco más, y ya no me veréis”; y “adonde yo voy, vosotros no podéis ir”, pero no los dejaré solos. Les enviaré otro consolador, el Espíritu Santo.

Y creo que en cierto sentido, cada vez que celebramos la Cena del Señor, celebramos, entre otras cosas, la presencia del Espíritu Santo como representante de Cristo en medio nuestro; Y cada vez que nos sentamos y celebramos la Cena del Señor, renovamos las promesas del pacto.

De modo que todo este principio de renovación y continuidad fluye como un hilo a lo largo del antiguo testamento. El libro de Josué trata sobre el sucesor de Moisés al cual ahora Dios ha ordenado y designado para guiar al pueblo desde el desierto hacia la tierra prometida. Y se nos da una pista de lo que sucederá en el primer capítulo del libro de Josué cuando el capítulo uno empieza con estas palabras: “Sucedió después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, que el Señor habló a Josué, hijo de Nun, y ayudante de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Todo lugar que pise la planta de vuestro pie os he dado, tal como dije a Moisés.”

Y luego en el verso cinco: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo.”

Una vez más, en la bendición patriarcal, regresa hasta Abraham y luego a Isaac y después a Jacob, una parte integral de esa promesa patriarcal era el juramento solemne de Dios de que Él estaría con ellos. Y se lo prometió a Moisés, y ahora esa bendición patriarcal está pasando a Josué con la promesa de que Dios estará con él. ‘No te dejaré ni te desampararé. Se fuerte y valiente para este pueblo a quien dividirás, como herencia, la tierra que juré a sus padres que se las daría’. “Solamente sé fuerte y muy valiente; cuídate de cumplir toda la ley que Moisés mi siervo te mandó”.

Y así, con este solemne pedido, Josué recibe la promesa de victoria, la promesa de la presencia de Dios, la promesa de que Dios continuará ejerciendo su papel como el guerrero divino que lucha por su pueblo y que va delante de su pueblo para asegurar la victoria y asegurar la conquista contra este país extranjero; Pero con esa promesa de bendición siempre viene el llamado a la responsabilidad de guardar los términos del pacto, a guardar las leyes que Dios había hablado al pueblo a través de Moisés.

Ahora, el libro de Josué se lee como una historia militar porque eso es lo que es y es emocionante. Tiene el interés y el drama de una novela cuando leemos todos estos episodios tan vibrantes que se desarrollan en la conquista.

Uno de mis capítulos favoritos es el capítulo cinco, donde en el quinto capítulo de Josué, Josué se está preparando para la batalla, y de repente, sin previo aviso y de la nada, este guerrero increíble aparece en el camino de Josué.

Josué lo mira y solo con mirarlo puede darse cuenta de que es un guerrero formidable, y Josué no sabe si es uno de sus propios hombres o si es uno de los enemigos.

Entonces Josué se le acerca y le dice: “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?” Ahora, esta es una conjunción disyuntiva. Él dice: ‘O tú estás luchando por ellos o tú estás luchando por nosotros. Es lo uno o lo otro. Ahora, ¿estás por nosotros o contra nosotros?”

Y, por su puesto, este guerrero mira a Josué y le dice: “No”. Espera un minuto, ¿“No”? Pero tiene que ser uno o el otro. Él dijo: “Yo vengo ahora como capitán del ejército del Señor”.

Entonces, ¿cuál es el significado de este encuentro? Josué se encuentra con el capitán del Señor de los Ejércitos. Cuando él dice: “¿Estás con ellos o estás con nosotros? La respuesta es No. Lo que está diciendo es ninguna de las dos Josué. La pregunta no es si estoy contigo sino más bien si tú estás conmigo, puesto que yo estoy a cargo.

Recordándole a Josué que todo el poder de esta conquista estará en manos de Dios y no en manos de Josué; que Josué, aunque es el general sobre todo el ejército y que ahora tiene la autoridad investida en él durante el traspaso de Moisés, sin embargo, él está luchando para el Señor y es el capitán del Señor de los Ejércitos el que lleva la nación a la batalla.

Ahora, algunos eruditos creen que el capitán del Señor de los Ejércitos era simplemente un ángel que le estaba hablando la Palabra de Dios a Josué, pero otros ven el título de “capitán del Señor de los Ejércitos” como que no se refiere simplemente a un arcángel, sino al capitán supremo del Señor de los Ejércitos, Cristo mismo.

Y muchos ven en este texto lo que llamamos una cristofanía, una manifestación del Cristo pre-encarnado en el antiguo testamento. En lo personal, yo estoy a favor de esa interpretación de este evento.

Bien, luego leemos la historia de la conquista y la victoria poderosa que Dios le concede al pueblo de Israel en la batalla de Jericó. La batalla de Jericó tiene la historia de Rahab, quien esconde a los espías y se gana un lugar en la conocida lista de héroes en el libro de Hebreos y la manera cómo Dios se impone sobre esta ciudad, demuestra otra vez su poder. La ciudad de Jericó cae, no por el poder del ejército israelita; sino, por el poder de Dios. Pero luego leemos ese capítulo triste de la derrota de los israelitas en la ciudad de Hai. ¿No había prometido Dios que todos los enemigos que estaban contra ellos serían vencidos? ¿Cómo podían perder? ¿Por qué perdieron?

Por culpa del pecado de Acán que fue registrado ahí, en donde vemos que después de la batalla de Jericó, él robó parte del botín de la conquista y escondió estos artículos valiosos en su tienda y violó las leyes de Dios en cuanto a la conquista, y como resultado de eso Dios retuvo su favor y dejó que su pueblo perdiera.

Ahora, toda la historia de la conquista de Canaán ha sido objeto de gran controversia. Recuerdo haber leído un plan de estudios escrito para muchachos de secundaria en una denominación ‘x’, hace varios años y el directorio de la iglesia que me invitó me pidió que revisara el sílabo para ver cómo estaba.

Y mientras leía las secciones del antiguo testamento del sílabo, encontré que este tema se repetía una y otra vez: que la literatura del antiguo testamento no revela el carácter de Dios en su amor y gracia, sino que es el registro de un pueblo primitivo, quienes, desde su perspectiva arcaica, atribuyeron a Dios la fuerza causal de su propia mentalidad guerrera sedienta de sangre.

Y específicamente, lo que se menciona es la conquista de Canaán como ejemplo de una actividad en la que Dios no podría haber estado involucrado; y el sílabo continuaba diciendo que “A la luz de nuestra comprensión de Dios, deducida del nuevo testamento, sabemos que Dios nunca autorizaría una conquista tan sangrienta como lo hace aquí,” en la cual Él instituye esta práctica, la más ofensiva de todas.

Esta práctica a la que se le llama el herem o la prohibición, donde Dios llama al pueblo judío en esta conquista no solo a capturar la tierra y destruir las ciudades, sino también a matar a todos los habitantes: hombres, mujeres y niños. Parece, una vez más, completamente despiadado.

¿Cómo podía llamarse a esa guerra, Guerra Santa cuando era tan brutal? Esa fue la objeción planteada en ese plan de estudios y es planteada por muchas personas hoy en día porque simplemente no pueden entender lo que está sucediendo aquí en el libro de Josué y cómo algo como esto podría llamarse Santo.

Bueno, recordamos de nuestro estudio del Éxodo que una y otra vez Dios le dice a su pueblo: ‘Mi gracia es derramada sobre ti, no porque te lo mereces, no porque seas mejor que esos pueblos que están entregados al paganismo, a la idolatría, a la inmoralidad y a la máxima impiedad’.

Los habitantes de Canaán eran todos igual de malos y se oponían a las cosas de Dios, y Dios dijo: ‘Voy a darte esta tierra que prometí a Abraham, no porque tú eres mejor que ellos, pero para que recibas mi gracia y aprendas de mí’. Anteriormente Dios había manifestado su juicio de una manera más brutal, cuando eliminó a todo el mundo con el diluvio.

Y Él deja claro a lo largo de las Escrituras que llegará un día de juicio donde su ira se derrame contra toda forma de paganismo y toda forma de impiedad. Y lo que él está diciendo aquí es: “Josué, vas a ser un instrumento de mi justicia contra los cananeos.

Los cananeos van a recibir justicia. Tú vas a recibir misericordia y voy a limpiar esta tierra porque es un lugar profano y esta es una Guerra Santa para recuperar mi gloria por medio de la exterminación de todos los principios y poderes de contaminación ya existentes. Y cuando entres allí, quiero que destruyas ese lugar, porque estoy construyendo una nueva nación, un pueblo santo y no quiero que esta nación esté contaminada por el paganismo y la impiedad existentes allí.”

Y recuerdas que Josué y sus soldados no obedecieron, en su totalidad, con estos requisitos de Dios, puesto que hicieron alianzas impías y demás tratos con la gente de allí.

Ahora, hay una razón por la que todo esto se lleva a cabo con tanto detalle y es para proteger a Israel quizás de la enfermedad más aterradora que les pudiera afectar a lo largo de toda su historia, y ese fue el problema del sincretismo. En un sentido, la historia de Israel del antiguo testamento es la historia del sincretismo. Y, ¿qué es el sincretismo? El sincretismo implica una mezcla o mezclas de elementos dispares de distintas fuentes. Tan pronto como el pueblo judío ocupó la Tierra Prometida, empezaron a incorporar en sus propias prácticas religiosas, elementos paganos.

Pensamos en las disputas que se dan entre los profetas y Acab y Jezabel, y todo eso, porque incluso el rey estaba involucrado en el establecimiento de altares paganos y adoración a Baal; y todas esas disputas que continúan en el antiguo testamento están diseñadas para detener el ingreso de elementos paganos (magia, hechicería, idolatría y ese tipo de cosas) en la nación de Israel.

Israel debe practicar la separación étnica para que no se mezclen con otras culturas y se contaminen, porque serán luz para las naciones. Pero, una vez más, la historia de Israel es el fracaso de Israel para llevar al herem a su plenitud.

En cambio, hacen amistad con los paganos y empiezan a construir puentes que llevan hacia los paganos y es un camino de doble sentido. Y muy pronto el paganismo se estaría moviendo más fuertemente a través del puente hacia Israel, entonces la luz de Dios se está moviendo a través del puente hacia las naciones antiguas.

Es así que la Guerra Santa se diseñó para minimizar la influencia del paganismo en Israel. Al final del libro de Josué hay una recapitulación fantástica, una vez más, de las promesas del pacto que se habían hecho.

Otra sucesión dinástica se realiza, en la que Josué reúne a todo el pueblo para renovar el pacto que Dios había hecho con sus padres una vez más, por ahora Josué es viejo y está a punto de morir. Y es en esa ocasión que él le dice al pueblo de Israel: “Escoged hoy a quién habéis de servir”. Si Dios es Dios, entonces servidle, y continúa diciendo: “pero yo y mi casa, serviremos al Señor.”

Y el libro termina en este contexto, donde todas las personas que se reúnen allí, que ahora poseen la Tierra Prometida, dicen ante Dios y sus testigos en presencia de Josué: “Serviremos al Señor”. Y juran y juran guardar las ordenanzas de Dios y los mandamientos de su pacto. Y Josué dice algo siniestro para ellos que presagia el resto de la historia del antiguo testamento.

Después que estas personas juraron públicamente que cumplirían la ley de Moisés y que cumplirían los términos del pacto, Josué les dijo: ‘No puedes cumplir este pacto porque Dios es santo.

No puedes hacer estas cosas porque Dios es santo”, alertándonos de este mensaje que llega a todas las páginas del antiguo testamento: que no importa cuánto logre la carne, no importa cuánto hagan estos seres humanos, nadie, ni Moisés, ni David, ni José, ni Abraham, ni nadie hace todas las cosas contenidas en la ley de Dios porque es santa.

Y de nuevo, preparándonos para la venida del Santo de Israel, quien es nuestro archegos, nuestro campeón, el capitán del Señor de los ejércitos, quien es el único que guarda las leyes del pacto.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Fue hace como 30 años atrás, cuando estaba trabajando como profesor de Teología filosófica en la Escuela de Teología de Conwell en Pensilvania, que fui invitado a ir a una de las iglesias locales de Filadelfia para exponer una charla sobre el significado del Nuevo Pacto.

Y la forma en que esta serie de charlas fue organizada por la iglesia era que la semana anterior ellos recibirían la charla de un rabino acerca de los principios del Antiguo Pacto. Y yo recibí una llamada antes de ir a la iglesia y me dijeron que el rabino había enfermado y que no podía dar su mensaje así que me pidieron que cambiara mi tema por el de la relación entre el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto; y traté de hacerlo enfocando mi atención a la forma en que Cristo en la cruz, al hacer una expiación, cumplió con el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento.

Y algo pasó en medio de esa conferencia que nunca me había ocurrido antes en un lugar de reunión pública. Estaba hablando de la cruz y de cuando Cristo se convirtió en una maldición por nosotros, en eso alguien en la audiencia, que estaba muy turbado por lo que yo enseñaba, gritó: “Eso es primitivo y muy ofensivo”, justo en medio de mi conferencia, y había cientos de personas allí. No estaba seguro de qué hacer, pero me detuve ahí mismo.

No puede evitar detenerme y decir: “¿Qué dijiste?” Sabía muy bien lo que él dijo, pero estaba ganando tiempo para pensar. Y dije: “¿Qué dijiste?” Él dijo: “dije que eso es primitivo y ofensivo.” Y yo dije: “Tienes toda la razón y no podría estar más de acuerdo contigo, en que todo el drama de la cruz es primitivo y ofensivo.”

Para empezar, me gusta en especial la palabra “primitivo” porque cuando vemos el sistema ritual del Antiguo Testamento y el sistema de sacrificios donde las personas matan animales y ofrecen la sangre y la sustancia de esos animales en los altares de la ofrenda quemada, y ves todos esos ritos que involucra la aplicación de sangre y demás,

Esto es el tipo de cosas que suena, en la superficie, como bárbaro y salvaje; y ciertamente el término “primitivo” describe muy bien todo el proceso. Pero una de las cosas que debemos entender acerca del judeocristianismo histórico es que la fe que nos ha sido entregada por los padres no es una religión esotérica que solo puede ser entendida por un grupo gnóstico, una élite de intelectuales altamente capacitados.

Dios se preocupa por comunicar su mensaje de redención a la persona más sencilla de este planeta y la manera en que se dramatiza esta redención en el Antiguo Testamento es primitiva, y eso es porque somos primitivos y necesitamos entender con claridad este mensaje completo de la redención. Y dije; “Pero particularmente me agrada la palabra ‘ofensivo’ porque de eso se trata todo el drama de la expiación”.

Se trata de la ofensa de la rebelión humana contra Dios. Y dudo que haya algo; de hecho, estoy seguro de que no hay nada en este planeta que fuera más ofensivo que Jesús de Nazaret cuando estaba colgado en la cruz, puesto que en ese momento, en tiempo y espacio, Cristo había reunido en Él y estaba cargando sobre sí mismo la suma total de todos nuestros pecados. Y después que Él había tomado sobre sí nuestros pecados, cada inmundicia que alguna vez hicimos fue imputada a Él; Él era la ofensa en su máxima expresión.

Obviamente, en sí y por sí mismo, Él era irreprensible y puro, sin mancha ni arruga, pero una vez que nuestro pecado le fue imputado y transferido, Él se convirtió en una maldición por nosotros, esto fue ofensivo, que incluso los cielos se oscurecieron y Dios, por así decirlo, le dio la espalda. No podía mirar esta ofensa.

Ese es el evangelio: que Dios ha condescendido para cubrir nuestras ofensas, para cubrir nuestra pecaminosidad; y todo eso se representa dramáticamente en todo el sistema de sacrificios que se instituye en el Antiguo Testamento.

Vemos todo tipo de sacrificios, todo tipo de ofrendas: ofrendas de restitución, ofrendas por el pecado, por la transgresión, ofrendas quemadas, de cereales y todas esas distintas clases de ofrendas y sacrificios que son parte integral de la religión del Antiguo Testamento.

Y de Nuevo, los capítulos iniciales del libro de Levítico brindan detalles específicos que regulan estas distintas ofrendas, pero lo que quiero ver hoy es el corazón y el alma de todo este sistema de sacrificios ya que, fundamentalmente, hay dos cosas que subyacen a estos sacrificios que Dios ordena y manda a su pueblo. Uno es la expiación y el otro es la consagración.

Por un lado, tienes la ofrenda del sacrificio, que al mismo tiempo se entrega como un regalo. Si nos hacemos la pregunta fundamental, “¿Qué es la adoración?” e hiciéramos esa pregunta a un santo del Antiguo Testamento, estoy seguro que la respuesta sería algo así: que el elemento principal de la adoración en la vida del creyente es hacer una ofrenda o un sacrificio de alabanza. Y eso empieza muy temprano en el Antiguo Testamento.

Recordamos la historia de los sacrificios y de las ofrendas que fueron traídas por Caín y Abel y cómo Dios se deleitó en la ofrenda que trajo Abel, pero que rechazó la ofrenda que le trajo Caín; y por eso Caín se llenó de furia, envidia y celos contra su hermano y se levantó contra él y le quitó la vida. Pero el sacrificio de Abel fue un sacrificio rendido a Dios en una actitud de fe y con una disposición de alabanza y agradecimiento.

Pero a partir de esa forma primitiva de sacrificio, todo el sistema de sacrificios creció y se amplió adquiriendo un significado cada vez más profundo, de modo que los sacrificios que se traían empezaron a indicar el principio de expiación, y la expiación, como digo, está en el corazón del sacrificio antiguo testamentario.

Ahora, hay dos palabras que oímos a menudo en teología y que a veces nos hacen tambalear: expiación y propiciación. Y el término expiación tiene que ver con la eliminación de la contaminación o la eliminación del pecado. Entonces, cuando vemos el Nuevo Testamento, se nos dice que en la cruz, Cristo hizo expiación por su pueblo. Él les quitó sus pecados y los tomó sobre sí mismo.

Recordamos en el día de la expiación, que dos animales se usaban en el Antiguo Testamento. Estaba el cordero sin mancha que se ofrecía en el altar del sacrificio y el macho cabrío expiatorio.

Y cuando se presentaba el macho cabrío expiatorio, el sacerdote apoyaba las manos en la parte posterior del animal, simbolizando la transferencia de los pecados del pueblo a la parte posterior del animal. Por eso se le llamaba un macho cabrío expiatorio y usamos el término de “chivo expiatorio” para alguien a quien se le hace culpable o responsable de algo que sale mal.

Él se convierte en el culpable, aunque no hizo nada. Entonces, en el día de la expiación, los pecados de la gente fueron transferidos sobre las espaldas del macho cabrío y luego este animal era expulsado fuera del campamento, hacia la oscuridad exterior lejos de la presencia de Dios, al lugar de la penumbra, al lugar de la contaminación;

Y los pecados eran quitados simbólicamente de la presencia del pueblo de Dios. Eso es lo que se entiende por expiación.

Esto es lo que Juan el Bautista tenía en mente cuando cantó el Agnus Dei en el Nuevo Testamento, cuando vio a Cristo acercarse, y dijo: “He ahí”, ya sabes, “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

Dado que Cristo es tanto el cordero, como el macho cabrío expiatorio cuando lleva nuestros pecados sobre su propia persona, o en su propia persona, Él expía nuestros pecados. Pero también está el concepto de propiciación y la diferencia se encuentra en el prefijo.

“Ex” significa “fuera de” o “de” y tiene la dimensión horizontal de eliminación o remisión de pecado: el pecado se envía a la oscuridad exterior. El Señor dice: “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones.”

La propiciación tiene una dimensión vertical y tiene que ver con estar delante o en frente de Dios. De ahí obtenemos la palabra “propicio”. Y en este caso, una propiciación es un sacrificio ofrecido a Dios para satisfacer las demandas de su santidad y para satisfacer las demandas de su justicia.

Es así, que los sacrificios en el Antiguo Testamento simbolizaron esta idea de satisfacer las demandas de la santidad y de la justicia de Dios para que su ira fuera apartada; así tenemos la dimensión vertical y horizontal.

Por un lado, la justicia de Dios queda satisfecha; por el otro, nuestros pecados son removidos de nosotros, todos los cuales encuentran su culminación en la obra de Cristo en la cruz. Ahora, la clave de todo este sistema de sacrificio en el Antiguo Testamento es la idea de la sustitución.

A veces hablamos de la expiación sustitutiva en el Nuevo Testamento con respecto a la muerte de Cristo. Bueno, esta idea de sustitución está arraigada y fundamentada en el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Ahora, cuando el pueblo de Israel traía los sacrificios y pasaban por los rituales de culto que se prescribieron en el libro de Levítico, los sacrificios principales tenían seis actos distintos o seis pasos diferentes a seguir en el procedimiento.

Los primeros tres pasos fueron llevados a cabo por los mismos israelitas comunes y los últimos tres pasos fueron realizados en manos del sacerdote, entonces lo que pasaba es que cuando se traía el sacrificio (por ejemplo: un sacrificio animal o un sacrificio quemado) se requería que la persona trajera una ofrenda de entre sus posesiones personales. Es decir, si era un sacrificio animal, tenía que ser un animal de su propiedad.

Si era una ofrenda de cereal o grano también tenía que proceder de su propiedad. Y esta propiedad personal se convertía en una extensión o representación suya. Y así, el judío traería el cordero o el macho cabrío o el carnero o lo que fuera que él trajese para esta ofrenda; y él, antes que nada, pondría las manos sobre el animal, tal como lo hizo el Sumo Sacerdote en el día de la expiación con respecto al macho cabrío expiatorio.

Ahora, el individuo israelita pondría sus manos sobre esta oveja o sobre este carnero o cualquier otro, simbolizando la transferencia de su culpa personal hacia este animal. Luego la ofrenda, perdón, el dueño era el que tenía que matar al animal.

Y luego de que matara al animal, el tercer paso era que él tenía que llevarlo al sacerdote. Y luego los sacerdotes tomaban la sangre del animal y la rociaban en los lugares sagrados, luego ofrecían el animal en el altar del sacrificio, y después, en ciertas condiciones el sacerdote comía la porción restante que, como resultado, ya era comestible.

Pero todo el proceso involucraba matar, quemar y comer. Ahora, el principio del Antiguo Testamento era este: que la vida estaba en la sangre, no porque los judíos tuvieran una forma primitiva de anatomía o una comprensión del sistema circulatorio.

No hicieron una identidad absoluta entre la sangre y la vida. Aquí había una relación simbólica. Recuerdo que el evangelista anglicano John Guest, comentó una vez en una conferencia, él dijo: “Siempre estamos hablando de la sangre de Jesús y de la sangre de Cristo aquí y la sangre de Cristo allá”, él continuó: “Piensen por un momento.

Supongamos que Jesús vino a este mudo y se raspó su dedo con un clavo; ¿hubiera sido suficiente? Habrías tenido la sangre de Cristo, ¿pero eso hubiera sido suficiente para satisfacer las demandas que Dios había establecido para la expiación definitiva? ¡Por supuesto que no!

La idea del derramamiento de sangre está simbolizando el perder la vida porque la pena por el pecado es la muerte, y por consiguiente, la muerte del sustituto es lo que se necesita para que se cumpla esa pena. Así que no se trataba simplemente de cortar a los animales y tomar un poco de sangre y rociarla, la idea de la sangre era un símbolo de la entrega de la vida completa del animal.

Ahora, también entendimos que estas ofrendas y sacrificios que se hicieron en el Antiguo Testamento eran típicos; es decir, anunciaban la expiación suprema que iba a venir en el evento final de redención cuando Cristo se ofreciera a sí mismo como el perfecto sacrificio, una vez y por siempre.

Y tal como el autor de Hebreos enfatiza el punto haciendo la pregunta: “¿Es posible que la sangre de los toros y machos cabríos quite los pecados?” ¡No! Es evidente que estos animales no son suficientes para ser sustitutos adecuados de la vida de una persona que era culpable delante de Dios, pero tomaron su valor, como dije, simbolizando al redentor prometido que sería el cordero sin mancha que daría su vida como el sacrificio definitivo una vez y por siempre.

Ahora, mencioné que en el ritual había, en primer lugar, la muerte en sí y luego estaba la incineración y la incineración en el altar del sacrificio que era parte de ser una ofrenda o regalo para Dios.

Obviamente Dios no podía consumir a estos animales y Él no los necesitaba, pero la idea en Israel era que Dios consideraba que el aroma que se elevaba al cielo al incinerar estos sacrificios, era, eran considerados por Dios dulces, agradables y placenteros; es decir, si es que los sacrificios eran ofrecidos con un espíritu debido de penitencia y fe verdadera.

Sabemos que lo que pasó más tarde en Israel es que la nación degeneró en ostentación y ritualismo, donde simplemente realizaban las acciones externas sin fe y sin ningún deseo genuino en sus corazones de arrepentirse ante Dios o de ofrecerle el regalo de alabanza, y así llegó el momento en que los profetas anunciaron el juicio de Dios, los profetas decían: “Así dice el Señor”, “Aborrezco, desprecio vuestras fiestas, tampoco me agradan vuestras asambleas solemnes.” “vuestras ofrendas de grano no los aceptaré”.

Basta con mirar las imágenes y el simbolismo del aroma. Saca tu concordancia y mira con qué frecuencia se encuentra esta idea en el Nuevo Testamento, donde las ofrendas de los santos se consideran un aroma dulce y agradable para Dios. Todas estas cosas fueron simbolizadas en esta estructura elaborada del sacrificio.

Finalmente, la sangre fue rociada. Lo vemos de manera suprema, como en otra sesión, en el rociar de la sangre en el propiciatorio en el día de la expiación, y fue el rociar de la sangre en el altar o en el propiciatorio que se hizo para simbolizar aun un concepto más vinculado al sacrificio, y ese era la idea de la cobertura.

Este es un tema magnífico que recorre todo el Antiguo Testamento. Si recuerdan, en el jardín del Edén, en la caída de Adán y Eva, la primera sensación que la humanidad tuvo del pecado y de la culpa, fue el estar conscientes de la desnudez.

Dios había hecho a Adán y Eva de tal manera que, según dijo, los creó hombre y mujer y ambos estaban desnudos y sin avergonzarse, pero tan pronto violaron la ley de Dios, tan pronto transgredieron su mandamiento, de pronto se ven envueltos en una sensación de vergüenza y en una sensación de pudor por su desnudez.

Y si vas y buscas ese tema en todo el Antiguo Testamento, encontrarás todo tipo de riquezas que están asociadas con esto, y he presentado algunas veces ese punto donde el primer acto de redención en el Antiguo Testamento es cuando Dios se inclina y cubre el vergonzoso y bochornoso pecado de nuestros primeros padres, al hacerles ropa con pieles.

Nos acordamos de la historia de Noé, cuando su hijo único se burló de él cuando descubrió su desnudez y sus otros hijos cubrieron la desnudez de su padre y recibieron la bendición de Dios por hacerlo. Entonces, a lo largo de la Escrituras, el simbolismo del sacrificio, el simbolismo de la sangre es obrar como una cubierta, una cubierta que protege nuestro pecado y nuestra maldad de la mirada santa de Dios.

Es por eso que Cristo es llamado vestidura de nuestra justicia ya que su sangre es derramada en el acto de consumación final de cubrir el pecado de su pueblo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Aarón y el sacerdocio

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Aarón y el sacerdocio

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He mencionado que he conocido a varias personas que prometieron leer la Biblia completa desde Génesis hasta Apocalipsis y que comenzaron con una gran resolución y leyeron el libro de Génesis, luego pasaron por el libro de Éxodo, pero una vez que llegaron al libro de Levítico, empezaron a perder algo de su celo por leer toda la Biblia, y muchos desertaron a la mitad del libro de Levítico.

Algunos soportan Levítico y llegan al libro de Números, pero luego cogen su mochila y se van a casa. Son pocos los que leen todo el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.. Y la razón de esto es simple, se debe a que en Génesis y Éxodo tenemos material histórico con el cual estamos, al menos, algo familiarizados y hay mucha acción e interés en la información que se encuentra allí; pero tan pronto como llegamos a Levítico, encontramos información y material en la Biblia que, en muchos aspectos, es completamente ajeno a nosotros porque el libro de Levítico contiene discusiones largas y detalladas de reglas específicas y regulaciones para el comportamiento del pueblo que celebra la religión en Israel.

Hay descripciones detalladas de cómo una persona puede discernir la diferencia entre una erupción cutánea normal inofensiva versus el reconocimiento de la lepra; y la gente queda estancada con esto porque es algo extraño. Es por eso que a menudo recomiendo a los que están en su viaje inaugural por las Escrituras, a que primero lean un resumen breve de los libros históricos y luego regresen y llenen los vacíos con estas piezas de literatura más difíciles.

Y eso es lo que estamos tratando de hacer en este panorama introductorio del Antiguo Testamento, a fin de proporcionar una visión general de un marco, o la estructura de toda las Escrituras; Y luego, esperamos que regreses y leas los capítulos individuales y los versículos de cada libro de la Biblia.

Y tengo que decir esto: por más que podamos luchar al inicio con libros como Levítico, Números y Deuteronomio, esos tres libros del Pentateuco son un virtual depósito de riqueza de información detallada que tiene un significado profundo para nuestra comprensión del Nuevo Testamento, Y a menudo nos perderemos la primera vez ya que no tenemos esa estructura básica en la cual colocar los detalles de esos libros.

Pero el libro de Levítico se llama Levítico, en la historia de la iglesia, porque da todas las reglas y regulaciones para las actividades de la tribu de Leví. Era de la tribu de Leví de donde se estableció el sacerdocio en el Antiguo Testamento.

Aarón y sus descendientes fueron llamados a servir en lo que llamamos el culto de Israel. Ahora, casi me aterra el usar esa palabra en las clases de esta serie, porque tan pronto como escuchamos esa palabra “cultus”, evoca en nuestras mentes la idea de algo terrible, es decir, un culto.

Vinculamos los cultos con estas sectas marginales radicales y extremas que están involucradas en cosas como las de Jonestown y otras, pero este es realmente un término técnico que describe la vida y la actividad de cualquier comunidad religiosa, e Israel tiene un culto elaborado establecido ya que es una comunidad religiosa y no tiene la connotación negativa que la palabra ‘culto’ tiene. Pero el libro de Levítico está muy interesado en los principios levíticos y en lo que llamamos la “ley ritual”.

Y debido a que los rituales del Antiguo Testamento son tan extraños e inusuales, a veces nos aburrimos o nos intimidamos con el material que se encuentra en el libro de Levítico, pero si nos detenemos por un momento y recordamos que cada ritual, es decir todo rito que Dios instituyó entre su pueblo en el Antiguo Testamento, tuvo un significado que apunta más allá de sí mismo, hacia el cumplimiento de la redención que se produce en la persona y obra de Cristo.

Entonces, al observar cuidadosa y meticulosamente algunos de estos rituales detallados del Antiguo Testamento, hay un sentido en el que simplemente abre nuestro entendimiento de la profundidad y las riquezas de lo que encontramos en el Nuevo Testamento.

El libro de Números se llama así porque básicamente se refiere a la numeración de las tribus, su ubicación y al reparto de los diversos lugares que ocuparían en la tierra prometida. Y el libro de Deuteronomio, el prefijo “deutero” significa “segundo”, y la palabra griega “nomos” significa “ley”, por lo que el libro de Deuteronomio simplemente se refiere al segundo libro de la Ley, que en cierto sentido es una recapitulación de toda la ley que encontramos, particularmente en Éxodo, y más tarde en los otros libros del Pentateuco.

Pero lo que vamos a hacer hoy es ver principalmente el significado del libro de Levítico para el sacerdocio del Antiguo Testamento. Si hay un tema general que encontramos en Levítico, es el tema de la santidad.

Es el tema de la santidad de Dios tal como se manifiesta en los rituales y en los patrones de comportamiento de las personas que Él ha llamado a sí mismo y les dice: “Sed santos, porque Yo soy santo”. Así que todos estos ritos y leyes que gobiernan la vida cúltica de Israel están abocados a mantener la santidad de la nación y esto empieza, en realidad, temprano en Éxodo con la institución y ordenación del sacerdocio porque, en primera instancia, el propósito fundamental del sacerdote en el Antiguo Testamento era ser el ministro de Dios de lo santo.

Ahora, uno de mis pasajes favoritos que lo ilustra en el Antiguo Testamento se encuentra en el capítulo 10 del libro de Levítico. Es uno de esos incidentes dramáticos que se registran allí, pero que arroja una luz enorme sobre el significado y el papel del sacerdocio levítico. Cuenta de la historia de Nadab y Abiú, los hijos de Aarón. El capítulo 10 de Levítico empieza así: “Nadab y Abiú,” en hebreo algunos lo llamam “Abijú”, yo lo voy a llamar Abiú. “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus respectivos incensarios, y después de poner fuego en ellos y echar incienso sobre él, ofrecieron delante del Señor fuego extraño, que Él no les había ordenado. Y de la presencia del Señor salió fuego que los consumió, y murieron delante del Señor”.

Ahora, estos dos versículos nos dan una pequeña y breve descripción de lo que sucede. Es decir, esto es muy característico del Antiguo Testamento, el sobrepasar ligeramente eventos importantes y profundos y casi hacerlos parecer como posdata de la historia del Antiguo Testamento, pero, ciertamente para Aarón, este fue un momento dramático en su vida ya que sus dos hijos, quienes seguían sus pasos, quienes habían sido ordenados y consagrados al sacerdocio, se presentaron ante el altar y ofrecieron lo que la Biblia llama “fuego extraño”.

Es decir, estos sacerdotes jóvenes estaban experimentando con ciertas innovaciones en el proceso de adoración que no habían sido consagradas o prescritas por Dios. A simple vista parece algo simplemente inofensivo, pero la respuesta de Dios a su innovación y al cambio del modo de adoración divinamente estipulado, fue su muerte instantánea.

Ahora vamos a leer lo que sucede como resultado: “Entonces Moisés dijo a Aarón: ‘Esto es lo que el Señor habló, diciendo: Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado.’ Y Aarón guardó silencio.” Permítanme aquí la libertad y licencia por un momento, para leer entre líneas.

Cuando Aarón descubre que sus hijos han sido matados instantáneamente por el Dios que los consagró para servir, el Dios a quien Aarón está dedicando su vida; no solo debió haber quedado profundamente afligido por la muerte de sus hijos, sino que debió haber quedado totalmente desconcertado y molesto de que Dios hiciera esto. Y muchos de nosotros hoy en día, cuando leemos historias como esta en el Antiguo Testamento, nos ofenden.

“¿Qué clase de Dios ejecutaría arbitrariamente sacerdotes por lo que parece ser una cosa tan pequeña e insignificante?” Y puedo oír a Aarón corriendo hacia la tienda de Moisés porque, después de todo, Aarón, a pesar de que está consagrado como sumo sacerdote y como sacerdote principal de Israel, todavía no es el líder de Israel.

El líder de Israel en ese momento de la historia sigue siendo Moisés. Él es el mediador del antiguo pacto y la autoridad de liderazgo ha sido investida en Él. Entonces Aarón va directo a Moisés y asumo que lo que hace es decir: “¿Qué está haciendo Dios aquí? Moisés, tienes que hablar con Dios. Protesta esta manifestación injusta de Su ira”.

Y Moisés, aparentemente, trata de calmar a Aarón. Moisés no tiene que ir a la montaña y preguntar a Dios del por qué ocurriría tal cosa. Él le dice a Aarón: “Aarón, Aarón: esto es lo que el Señor dice. ¿No te acuerdas? Cuando estableció el sacerdocio y le dio a los sacerdotes su verdadero propósito de ser, dijo: “Por aquellos que se acercan a mí, debo ser tratado santo y ante toda la gente, debo ser glorificado.”

Ahora, en esta respuesta sucinta que Moisés le da a Aarón, creo que encontramos el motivo principal de todo el libro de Levítico, y de hecho la cristalización cardinal de la esencia de la adoración para todo el pueblo de Dios de todos los tiempos.

Desde la primera ofrenda que fue dada por Abel en los primeros días del Génesis, hasta la adoración que se ofrece en el cielo por los ángeles, tal como está registrado en el libro de Apocalipsis, Dios, en el centro de la adoración, debe ser considerado santo, y el punto central de toda adoración y de toda vida religiosa es la gloria de Dios.

Es por eso que vimos con el Tabernáculo que solo el sacerdote podía entrar en el lugar santo, y los levitas estaban situados alrededor del Tabernáculo para asegurar que toda la actividad que rodeaba la adoración del pueblo de Dios, manifestara su Santidad y declarara Su gloria. Entonces, creo que esa es la clave para entender el libro de Levítico y todo el sacerdocio del Antiguo Testamento.

A lo que estos rituales, que regían las leyes que se exponen en Levítico, se refieren, es a la eliminación de la impureza o la eliminación de lo profano de aquello que es sagrado, Y esa es la tarea del sacerdocio: mantener ante el pueblo su vocación santa, su llamado a evidenciar y reflejar el carácter de Dios en toda su vida de pacto.

Así que tenemos estas listas, aparentemente interminables, de rituales de purificación y limpieza, llegando directamente hasta el punto de qué alimentos podía comer el pueblo de Israel. Vemos las leyes dietéticas de Israel y se permite que ciertos animales se consuman como alimento y otros están prohibidos. Del mismo modo, ciertas formas de producción que cultivan los agricultores de la época podían consumirse mientras que otras no.

Ahora, muchísima gente mira esas leyes dietéticas de Israel en el Antiguo Testamento y asume que la única preocupación que Dios tiene en esta legislación de dieta, es medicinal o terapéutica, porque incluso desde el punto de vista actual, miramos hacia atrás y vemos que ciertos alimentos que fueron prohibidos en la mesa de Israel, son alimentos que aún en nuestros días son capaces de transmitir enfermedades.

Aún somos muy cuidadosos, así que no comemos, por regla general, animales carroñeros que se banquetean de cadáveres y pueden ser fácilmente huéspedes de parásitos y transmitir enfermedades graves. Y ciertamente, había una dimensión terapéutica. La prohibición de comer carne de cerdo, por ejemplo, en el Antiguo Testamento, probablemente esté relacionada con la facilidad con que la carne de cerdo puede contaminarse con triquinosis y cosas así.

Pero si miramos un poco más profundo en las regulaciones del Antiguo Testamento con respecto a la dieta y a la comida, vemos que no solo es terapéutico o medicinal porque algunos de los alimentos que están prohibidos a Israel en el Antiguo Testamento, más tarde obtiene su aprobación en el Nuevo Pacto, donde todavía eran una cultura antigua que no contaba con las medidas sanitarias disponibles que tenemos hoy en nuestra cultura.

Pero, más importante aún, se hizo una distinción entre lo que estaba limpio y lo que estaba inmundo y esa es la distinción fundamental. No solo limpio con respecto a la limpieza medicinal, sino limpio con respecto a los tipos de animales que estuvieron involucrados.

Por ejemplo, a los israelitas se les restringió, en su dieta alimenticia, a comer solo animales domesticados, no animales salvajes. Y los granos y las sustancias alimenticias de los productos que formaban parte de la dieta permitida señalaban, en su mayor parte, aquellos alimentos que eran resultado directo de la cosecha de las personas.

Y, por lo tanto, a las personas de les permitía, en cierto sentido, comer del fruto de su trabajo, pero tenían que tener cuidado de comer cosas extrañas y raras fuera del campamento. Es decir, aún hasta estos puntos, aparentemente inofensivos de la consideración dietética, está este deseo de evitar la contaminación del pecado.

Son simbólicos en su dimensión para decir que Dios ordenó a esta nación, la llamó a estar separada y consagrada, ser diferente de todas las otras naciones, porque Dios mismo es Santo. Dios mismo, es otro. Dios mismo es distinto a nosotros. Y la diferencia fundamental entre Dios y su pueblo es la diferencia entre el que es absolutamente puro y santo y sus criaturas que se han vuelto pecadores.

Ahora, todo el mundo se ha sumido en el pecado, pero Dios, en sus propósitos de redención, para redimir a su pueblo del pecado, crea una nación y dice: “voy a hacerte diferente. Te voy a hacer mi representante. Serán santos, así como Yo soy santo. Y hasta el último detalle, voy a legislar una visión no conformista para que la gente te mire y vea que tú eres diferente”.

Y esto se convirtió en un asunto de gran compromiso moral para el pueblo escogido de Israel, de modo que cuando fueron llevados en cautiverio y se les ordenó comer de la comida de las naciones extranjeras, ellos se negaron a hacerlo porque no querían violar estas leyes y contaminarse ante la presencia de Dios. Así el tema de la santidad de Dios y la pecaminosidad del ser humano se repite a lo largo del libro de Levítico.

Ahora, los sacerdotes, además de ser responsables de todas estas leyes rituales, eran también responsables, hasta cierto punto, de ser administradores civiles; tenían el papel que más tarde se les otorgaría a los jueces y eran los médicos de la época. Mencioné esa larga sección en el Antiguo Testamento donde la gente tiene que pasar por esta lista detallada de chequeos con el propósito de diagnóstico, para ver si es una erupción cutánea inofensiva o para ver si es lepra,

Y fueron los sacerdotes los responsables de hacer el diagnóstico final en casos como esos. Recuerdas en el Nuevo Testamento que cuando Jesús sanó a los leprosos, cuando terminó de sanarlos les dijo: “Id y mostraos a los sacerdotes”.

Es como decir: “Ahora acude a tu médico y haz que el médico confirme que en verdad estás curado de esta horrible enfermedad”. Uno de los aspectos importantes del sacerdocio en el Antiguo Testamento es el cuidado con que Dios designa y diseña sus vestimentas.

Eso lo encontramos a principios del libro de Éxodo, en Éxodo 28. Éxodo 28 empieza con estas palabras, Dios está hablando y Él dice: “Entonces harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aarón, y con él sus hijos, para que me sirvan como sacerdotes: Aarón, con Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón. Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y para hermosura.

Y luego lo que sigue es una detallada descripción del diseño del efod, el pectoral y el manto y los nombres que están inscritos en las túnicas de los sacerdotes, ya que ellos han de ser santos para el Señor. Pero nos preguntamos por qué este detalle en las túnicas y vestiduras de los sacerdotes.

Y Dios da la respuesta. Él dice: “Yo quiero que estos sacerdotes sean distintos. Quiero que estén apartados y que las vestiduras que usen sean para gloria y para hermosura.” A menudo, esto es pasado por alto: que en el diseño del Tabernáculo, en el diseño del sacerdocio, la gloria de Dios está en el centro del interés, y el vínculo que se encuentra aquí entre la gloria y la hermosura divinas.

A menudo obviamos eso y esa belleza en sí misma llama la atención sobre la naturaleza y el carácter de Dios. Es por eso que, en resumen, podemos decir que estas instrucciones para la adoración en el Pentateuco son para adorar a Dios en la belleza de la santidad.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El tabernáculo

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En el Nuevo Testamento, el Evangelio de Juan comienza con las conocidas palabras del prólogo, «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Y sigue por varios versículos más y el prólogo llega a una conclusión más adelante en el capítulo, cuando Juan escribe: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad,».

Y esta frase, “el Verbo se hizo carne”, se refiere al gran misterio de la encarnación. Pero cuando Juan describe ese acontecimiento de la encarnación, dice: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros». Esa es una especie de traducción libre del texto original.

Literalmente, las palabras que se usaron son: «Y el Verbo se hizo carne, y asentó su tienda entre nosotros», o aun más exacto, «El Verbo se hizo carne, y ‘tabernaculizó’ entre nosotros». Cuando vemos el libro de Éxodo, vemos tres grandes temas de importancia para nuestra comprensión del alcance de la historia redentora: El éxodo mismo con la celebración de la Pascua, la promulgación de la ley, y en tercer lugar, el establecimiento de la casa de Dios, la tienda de reunión o el tabernáculo.

Dios da instrucciones súper detalladas a Moisés en cuanto a cómo construir el tabernáculo en el Antiguo Testamento. Y este es un momento decisivo en el desarrollo de la religión del Antiguo Testamento porque anterior al tabernáculo no había un santuario central firmemente establecido para el pueblo de Dios.

Si nos remontamos al período patriarcal, sabemos que está marcado por momentos importantes de adoración. Cada vez que ocurría un evento significativo en la vida de estas personas, ellas respondían en adoración a Dios ofreciendo sacrificios o con la construcción de un altar.

Si vuelves a revisar todo el período patriarcal, verás, por ejemplo, a Noé, después que salió del arca, cuando bajaron las aguas del diluvio y que disminuyeron, él expresó su gratitud a Dios construyendo un altar.

Abraham construyó un altar. Isaac construyó un altar. Jacob, después de haber luchado con un ángel, y de tener su visión de la escalera que llegaba al cielo, recuerdas que durante la noche soñó y vio que los ángeles de Dios subían y bajaban en su escalera y cuando despertó por la mañana, dijo: «Ciertamente, el Señor está en este lugar y yo no lo sabía». “Y tomó la piedra que había puesto de cabecera, la erigió por señal y derramó aceite por encima.” Y después de que la ungió con aceite, marcó ese lugar y nombró aquel lugar “Betel, o la casa de Dios. “Y esta es”, dijo, “la (entrada) o la puerta del cielo”.

Ahora, lo que es significativo en estos incidentes que encontramos en el período patriarcal es que vemos la sacralización del tiempo y del espacio. Recordarás que en la Pascua Dios dijo: ‘quiero que ustedes recuerden este día para siempre’. Y así Dios tomó los días ordinarios de ese período y los hizo sagrados, los consagró mediante el memorial de la Pascua.

De la misma manera, en el Antiguo Testamento, vemos con frecuencia ejemplos donde se consagraron lugares o donde cosas se apartan como algo sagrado. Recuerda cuando Dios se le apareció a Moisés en la zarza ardiente, y Él lo llamó, y le dijo: ¡Moisés! ¡Moisés! “Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa.”

Ahora es importante entender que en la fe bíblica y en la religión bíblica, el dominio de Dios está en toda la tierra. Como Él le dice a Moisés en el conflicto con Faraón, «Dios es el Dios de toda la tierra». Su presencia es ubicua; es decir, Él es omnipresente. No hay lugar donde Dios no esté.

El salmista clamó después: “¿Adónde me iré de tu Espíritu” Oh Señor, “Si subo a los cielos, he aquí, allí estás tú; si en el Seol preparo mi lecho, allí estás tú». Y esa idea de la presencia universal de Dios tiene raíces profundas en el Antiguo Testamento, y toda la tierra es sagrada; todo el planeta es santo ya que es posesión suya, pero a pesar de estos principios, aún existen estas intromisiones en el tiempo y espacio donde Dios se da a conocer de una manera peculiar y en un sentido particular adquieren un significado especial.

Entonces durante el período patriarcal, cuando Dios se iba a reunir con Su pueblo, el lugar a donde él llegaba era sagrado. Aun hoy nos referimos a Palestina como Tierra Santa y hacemos peregrinaciones y queremos caminar por donde Jesús caminó, y pararnos donde él se paró y nos llegamos a impresionar. Aun sabiendo que la tierra es común y corriente, se santifica por la visitación de Dios.

Ahora, todo el propósito de la creación del tabernáculo era ilustrar a Israel la promesa de Dios: «Yo estaré contigo». Él le había prometido eso a Abraham. ‘Abraham, Yo nunca te dejaré ni te desampararé’. La misma promesa le dio a Isaac. La misma promesa, en Betel, en el sueño de la medianoche, fue repetida a Jacob: “Nunca te dejaré ni te desampararé”. Cuando Cristo vino al mundo, es llamado Emmanuel que significa: “Dios con nosotros”.

Y la manera en que la presencia de Dios se marca y es simbolizada exteriormente en la experiencia del desierto en el Antiguo Testamento, es en la construcción del tabernáculo, el tabernáculo, como la tienda de reunión, el lugar donde Dios dice que vendrá y estará con su pueblo.

Por eso Dios le ordena a Moisés que construya esta enorme estructura, es una tienda. Y la razón por la que es una tienda es porque el pueblo de Israel aun no se había establecido en la tierra prometida. Aun están en transición.

Es un pueblo semi-nómada, yendo de un lugar a otro, deambulando por el desierto, pero el punto es que donde quiera que vayan, es Dios quien los lleva y es Dios quien promete estar con ellos. El pueblo mismo está viviendo en tiendas y se le manda construir una tienda para Dios.

Ahora, cada vez que el pueblo de Israel tenía que trasladarse de un lugar a otro y llegaba a una nueva ubicación o sitio para permanecer por un tiempo, tenía que acampar, básicamente, en forma circular y cada segmento del arco del círculo estaría ocupado por una tribu en particular.

Y las tribus acamparían alrededor del perímetro. Pero en el centro matemático exacto del campamento tendría que estar el tabernáculo, la tienda de reunión, la casa de Dios. Esto simboliza muchas cosas. Como ya he mencionado, indicaba el recordatorio visible de la promesa de Dios de estar en medio de su pueblo.

Recuerdo tiempo atrás durante el movimiento de los derechos civiles, en la historia de Estados Unidos, una canción se compuso que se hizo popular sobre todo para aquellos que participaron en las marchas por los derechos civiles. La gente cantaba al unísono: “A nosotros no nos moverán.” Decía, “A nosotros no, no, no nos moverán” y continuaba.

Y esas palabras fueron tomadas directamente de los salmos del Antiguo Testamento, específicamente del Salmo 46, que habla de la amenaza de destrucción y de catástrofe que podría sobrevenir a las naciones: ‘El mar ruge y está agitado. El mar golpea contra los lados de la montaña y la tormenta es tan fuerte que quizás hasta las montañas serán arrojadas en medio del mar’.

Pero, en contraste con las imágenes amenazantes de la tormenta y el mar, está la imagen pacífica y tranquila de un río. En la tradición de la poesía hebrea, el mar era símbolo del poder amenazante, mientras que el río era símbolo de vida. Debido a que el salmista continúa diciendo: “Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios”, porque “Dios está en medio de ella, no será sacudida”.

En otras palabras, la razón de la confianza del salmista para perdurar, estar estable y permanecer fue la promesa de que Dios estaría en medio de su pueblo; por tanto, ese es el primer y más importante significado de la ubicación del tabernáculo cuando el pueblo se reunía mientras avanzaban.

El segundo significado es este: que Israel no fue el único pueblo semi-nómada de la antigüedad. La mayoría de las naciones semitas de ese tiempo eran pueblos que pastoreaban y recorrían las regiones desérticas.

Y aun otras naciones que tenían asentamientos permanentes, a menudo marchaban para lograr una conquista militar, y la costumbre en la antigüedad era que cuando las naciones se movían y vivían en tiendas, la tienda central del campamento estaba siempre ocupada por el rey.

Ese era el lugar para el rey y el simbolismo del tabernáculo ocupando el centro del campamento era que el pueblo judío en este momento no tiene más rey que Dios. Dios es su rey y Él es un rey que no está remoto o distante, sino que Él es un rey que habita en medio de su pueblo. Ahora veamos parte de la estructura del tabernáculo mismo.

La entrada a la tienda mira hacia el este. Así que allí es el este, allí es el norte, allá es el sur y allí es el oeste, de hecho voy a… no lo haré, lo dejaré como está por ahora—la tienda era portátil. Podía ser armada y desarmada. Cuando la desarmaban y la trasladaban debía ser transportada por una subdivisión de levitas. Recuerda que los levitas fueron apartados para tareas sacerdotales.

Y en la tribu de Leví había una familia o un clan de la casa de Coat, y los coatitas eran los encargados de transportar los utensilios sagrados que eran parte del tabernáculo, a nadie más se le permitió manejar estas cosas.

Ellos fueron entrenados toda su vida para el manejo apropiado de cómo trasladar, desarmar y colocar los utensilios del tabernáculo. Vemos después que con la destrucción repentina de Uza cuando tocó el arca del pacto ya que había violado los preceptos que se dieron en la antigüedad con respecto al manejo de los utensilios sagrados especiales del Arca.

El tabernáculo en sí, o el santuario, tenía 1,003 metros cuadrados de tamaño, 1003 metros cuadrados. Esa es una tienda gigante. Pero el santuario mismo, la porción de espacio más grande de esta tienda estaba ocupada por el atrio exterior;

Y luego venía el atrio interior, conocido como el Lugar Santo y después venía el espacio más interno llamado el Lugar Santísimo, o Santuario interno, o el Sanctus sanctórum, lo más santo de lo santo. Es importante notar que el perímetro exterior estaba protegido por los levitas y la gente del pueblo no tenía acceso—ellos podían llegar hasta el tabernáculo, pero no podían entrar al tabernáculo.

Ciertas cosas que se llevaban a cabo dentro del santuario. Les repito, el santuario interior incluyendo tanto el Lugar Santo como el Lugar Santísimo, tenía casi 17 por 4 ½ metros, y en el atrio exterior había dos muebles que se encontraban allí: estaban la fuente de bronce y el altar del holocausto.

La fuente de bronce como su nombre lo indica estaba hecha principalmente de bronce, y era el lugar donde el sacerdote venía para el rito de purificación. Antes de que pudieran realizar sus deberes sacerdotales, tenían que purificarse a sí mismos. Tenían que lavarse.

La palabra ‘fuente’ en el original, es de donde sale la palabra ‘baño’, así que ellos lo hacían simbólicamente, tomaban un baño limpiándose con el agua que estaba en la fuente de bronce. Ahora, el altar del holocausto era el lugar donde se quemaba el sacrificio de animales y se ubicaba en el atrio exterior; tenía cuatro postes, uno en cada esquina, que se llamaban los cuernos del altar.

A veces se sujetaban a los animales a los cuernos del altar a fin de facilitar todo el proceso de matarlos y quemarlos. Recuerdas cuando Adonías buscó refugio corriendo y agarrándose de los cuernos del altar.

Lo interesante para mí es que a medida que te acercas al Lugar Santísimo, hay un nivel progresivo de lo sagrado, el cual se ve reflejado por el aumento en el nivel de materiales preciosos usados en los utensilios y en el mobiliario que había adentro.

De nuevo, volvamos al panorama general. Está este círculo que describe todo el campamento y todo lo que estaba fuera del campamento era considerado inmundo.

Este era el lugar de los gentiles. Esto era lo que simbolizaba la oscuridad exterior que estaba siendo removida desde el centro donde Dios derrama los dones de su misericordia y gracia; y cuanto más te acercas al centro, más te acercas a la presencia directa de Dios. Entonces, ellos entendieron que Dios en realidad estaba en todas partes, pero en su actividad redentora, donde se enfocaron los medios de su gracia, estaba el más sagrado de todos los lugares, el Lugar Santísimo, y cuanto más te alejabas del Lugar Santísimo, más te acercabas hacia el lugar que era inmundo y que simbolizaba la oscuridad exterior.

Este simbolismo se usa en toda la enseñanza de las Escrituras, en los escritos de los profetas y también en el Nuevo Testamento. Se ha dicho, por ejemplo, que el evangelio de Juan sigue en su contenido, así como el libro de Apocalipsis, se basan mucho en el mobiliario que se encontró, primero, en el tabernáculo y posteriormente en el Templo, donde estaban los candelabros y todas esas cosas repetidas.

Y que Cristo, en el evangelio de Juan, es llamado la “Luz del mundo” porque en el Lugar Santo, estaba el candelabro, el candelabro de siete brazos, la menorá con la luz encendida de forma permanente, simbolizando, una vez más, la presencia eterna de Dios.

En el Lugar Santo también estaba el altar del incienso, era más pequeño que el altar del holocausto, pero estaba hecho de materiales más preciosos, Pero el propósito del altar del incienso era ilustrar la obra de la oración. Los sacerdotes iban allí y ofrecían sus oraciones por el bienestar del pueblo y el significado del incienso era que cuando este era quemado en el altar, esparcía un aroma agradable en el ambiente. Y eso era importante porque recordarán que están sacrificando animales dentro y alrededor del santuario y eso era algo muy oloroso de vez en cuando,

Y así, el olor que provenía del centro religioso de Israel resultaba más dulce y agradable por la presencia del altar del incienso. Cabe resaltar también que este altar nos dice mucho sobre el lenguaje del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. Por ejemplo, cuando el pueblo de Israel obedecía a Dios y Dios se complacía con ellos, Él decía que la fragancia de sus oraciones era “un aroma agradable para el Señor”, pero cuando el pueblo se corrompió y su adoración degeneró en una rutina externa y cosas así, Dios les habló en juicio diciendo: “desprecio vuestras fiestas, tampoco me agradan vuestras asambleas solemnes” ‘tus sacrificios me son abominación. Son un hedor en mi nariz’.

De nuevo, en el Nuevo Testamento, la obra de Cristo se describe como un aroma dulce y fragante a Dios, ya que no solo cumplió con todo lo del tabernáculo, sino que, en sentido real, con cada una de sus partes. Él es la luz del mundo. Él es el pan de vida.

Otro mobiliario en el Lugar Santo era la mesa de los panes –y Él es el pan de vida—ahí hay una hogaza de pan por cada una de las 12 tribus, indicando así la provisión de Dios para con su pueblo en sus necesidades de este mundo y en el desierto.

Cristo es la fuente de nuestra regeneración. Él es quien limpia a su pueblo de sus pecados. Y Él es el que ha sido sacrificado por ellos. Toda la obra personal de Cristo está simbolizada en estos diversos elementos del tabernáculo, pero nada como lo que sucede en el Lugar Santísimo donde se encuentra el mobiliario más sagrado de toda la religión judía: El Arca o el Cofre; que es llamado el Arca del Pacto. Es un cofre que está hecho de madera de acacia y cubierto con oro puro. Tenia unos grandes querubines esculpidos con sus alas ocultando y cubriendo el cofre.

El cofre contenía ciertos artículos. Los artículos que estaban en el cofre eran: las tablas de piedra, los diez mandamientos, la vara de Aarón que floreció y una vasija con el maná que se recogió y se preservó de la provisión que Dios dio a su pueblo en el desierto. Pero lo más resaltante del arca era que la tapa del cofre se llamaba propiciatorio ya que el Arca del Pacto era el símbolo del trono de Dios, su trono de autoridad y lugar de juicio.

Así que era en el Lugar Santísimo donde el Sumo Sacerdote, y solo el Sumo Sacerdote, podía entrar, y solo una vez al año en el día de Yom Kippur; y aún así, solo después de un elaborado ritual de limpieza; y entraba y rociaba la sangre del cordero en el propiciatorio. En griego se llama ‘hilasterion’ o la reconciliación porque con esa acción la sangre del sacrificio se convierte en una cobertura del Tribunal de Dios que nos protege de su juicio. Y así, toda la obra de redención—su juicio, su misericordia—se encuentra en el simbolismo viviente del Tabernáculo de Reunión que Dios visita a su pueblo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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La entrega de la Ley

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Renovando tu Mente

La entrega de la Ley

R.C.Sproul

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Recuerdo cuando era estudiante en el Seminario, y me preocupaba por lo que estaba sucediendo en la iglesia y en la cultura de ese tiempo; yo tuve la oportunidad de hablar en privado con el Dr. Gerstner, quien era mi mentor. Y le dije: «Dr. Gerstner, ¿Cómo evalúa usted la situación actual del mundo y de la iglesia?»

Lo pensó por un segundo, frunció el ceño, levantó las cejas y dijo: «Estamos parados entre Migdol y el mar” (Éx.14:2). Y lo que necesitamos en nuestros días, es que Dios envíe un Moisés que levante la mano para separar el mar, y así podamos atravesar por tierra seca».

El Dr. Gerstner era un teólogo ortodoxo. No estaba pidiendo la recapitulación del éxodo del Antiguo Testamento, y suponiendo que realmente quisiéramos otro Moisés, cuando ya hemos tenido el segundo Moisés, quien era más grande que Moisés, que vino, y que levantó sus manos y abrió las mismas puertas del Cielo para que podamos entrar, por lo que Gerstner estaba hablando metafóricamente.

Pero me pareció interesante que eligiera una metáfora sacada del Antiguo Testamento, del libro de Éxodo, porque después que comieron la Pascua, y que hubo luto y gemido y lamentos en la casa de Faraón y en todos los hogares en la tierra de Egipto, y que la Escritura se cumplió de que ‘ni siquiera un perro le ladraría a los hijos de Israel (Éx. 11:7).

Ahora Faraón no sólo dijo: «Se pueden ir», sino que dice que los sacó de la tierra. Salgan de aquí tan rápido como puedan. Y tan pronto él dejó ir al pueblo judío para que fuera al desierto a servir a su Dios, otra vez cambió su corazón y otra vez su corazón se endureció; y ordenó a sus soldados en sus carros que fueran tras los esclavos judíos que huían, que los detuvieran y que los capturaran, antes de que escaparan por completo.

Y todo esto se lleva a cabo cuando esta multitud de cientos de miles de personas, bajo el liderazgo de Moisés, llega al borde del Mar Rojo, y ante ellos está ese intransitable cuerpo de agua.

Miraron a su alrededor para ver si había lugar para una retirada y lo que vieron venir detrás de ellos desde Migdol, fue una multitud de carros de Faraón. Y en ese momento de crisis, toda la nación de Israel estaba parada entre Migdol y el mar. Fue en ese momento que Moisés levantó su mano, y Dios hizo que un gran viento soplara, levantara las aguas y las separara, y secara así el lecho del mar, para que el pueblo judío pudiera caminar a través del mar en tierra seca.

Y tan pronto como entraron al mar e iban pasando por la tierra seca, fue que llegaron los carros de los egipcios y el ejército egipcio los persiguió mar adentro. Pero cuando el ejército se encontraba dentro del corredor que Dios había provisto para su pueblo como una vía de escape, Él dejó que las olas se juntaran y los destruyó, para que su pueblo se salvara.

Sé que algunos académicos críticos son escépticos con el evento del éxodo, y argumentan que lo que la Biblia llama Red Sea, Mar Rojo, en realidad es Reed Sea, Mar de Juncos. Una parte poco profunda de agua que la gente podría simplemente cruzar sin la necesidad de un milagro. Algunos han argumentado que tenía solo de diez a quince centímetros de profundidad en determinados momentos del año. E incluso el viento normal sería suficiente para bajar el nivel de agua, haciéndolo seguro para cruzar.

Y ahora recuerdo la historia de un niño que fue a la escuela dominical y su maestro tenía todas estas teorías críticas modernas; y el maestro de escuela dominical les explicó a los niños que no era el Mar Rojo, sino el mar de los juncos. Así que el niño llegó a casa después de la iglesia y su padre le dijo «¿Qué aprendiste en la escuela dominical?» El niño dijo: «Oh, aprendí que Dios es realmente poderoso».

Y le dijo: «Bueno, ¿cómo es eso?». El niño dijo: «Aprendí hoy que Dios ahogó a todo el ejército de Faraón en 15 centímetros de agua». Pero la realidad de este momento fue registrada para nosotros en los anales del Antiguo Testamento. Es un momento cumbre que es seguido por un período de seguridad.

Durante tres meses, el pueblo judío vaga por el desierto bajo el liderazgo de Moisés y Dios los guía con la columna de nube y con la columna de fuego, hasta que llega el siguiente momento decisivo, donde Dios reúne a su pueblo al pie del monte Sinaí con el propósito de hacer de ellos una nación, con la finalidad de entregarles la ley de su pacto. Ahora, si le pregunto a la gente «¿dónde encuentras los Diez Mandamientos del Antiguo Testamento?» Muchos cristianos se apresuran a responder y dicen: «Bueno, los encontramos en Éxodo 20». Y eso es cierto.

Pero muy a menudo, leemos Éxodo 20 de forma aislada al contexto en el que fue entregado. Éxodo 21 es muy importante porque Éxodo 21 va más allá de los Diez Mandamientos para dar el contenido ampliado de la ley que es entregada por Dios a su pueblo.

Pero creo que es más importante, para lo que nos concierne en este momento, lo que se encuentra en el capítulo 19 del libro del Éxodo, que nos da una imagen de la situación histórica en la que la ley del decálogo o los Diez Mandamientos fue entregado.

Leemos en el capítulo 19, versículo 1: «Al tercer mes de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, ese mismo día, llegaron al desierto de Sinaí. Partieron de Refidim, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon en el desierto; allí delante del monte, acampó Israel. Y Moisés subió hacia Dios, y el Señor lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os he traído a mí. Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.”

Tuve una conversación hace poco con John Piper. Estábamos cenando, y él estaba sentado frente a mí. Y comenzó a decirme de su sentido de urgencia al predicar los domingos en la mañana. Y se emocionó más mientras me iba explicando su pasión. Él dijo, «RC, lo que quiero que mi gente comprenda es que me esfuerzo tanto como me sea posible para comunicarles, el mismo motivo, la misma idea, una y otra vez, y otra vez».

Y le dije: «Pero John, ¿qué es eso?» Y él dijo: «Lo que estoy tratando de comunicar es la supremacía de Dios». Y eso es lo que está pasando aquí. Dios ha demostrado su supremacía al mostrar su poder y su victoria sobre Faraón y la nación de Egipto. Y ahora reúne a su pueblo para sí mismo, e instruye al mediador del Antiguo Testamento, Moisés, diciendo: «Mira lo que he hecho por ustedes. Yo los he llevado sobre las alas de las águilas. Te he traído a este lugar. Y ahora voy a hacer de ti mi tesoro. Voy a hacer de ti una nación que es santa, una nación de sacerdotes que sirva en mi nombre a todo el mundo».

Y así leemos luego en el verso 10 que Moisés habló al pueblo del Señor y el Señor le dijo a Moisés: ‘Ve al pueblo y conságralos hoy y mañana, y que laven sus vestidos y que estén preparados para el tercer día, porque en el tercer día el Señor descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí. Y pondrás límites alrededor del pueblo, y dirás: Guardaos de subir al monte o tocar su límite; cualquiera que toque el monte, ciertamente morirá. Ninguna mano lo tocará, sino que será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. Cuando suene largamente la bocina ellos subirán al monte.”

Una de las razones por las que empecé en el Capítulo 19 en vez de solo sumergirnos directamente en el decálogo tal como está registrado en Éxodo 20, es que tenemos hoy una tendencia a tomar los Diez Mandamientos y extrapolarlos del contexto histórico y teológico en el que fueron dados reduciéndolos a una lista abstracta de reglas de qué hacer y qué no hacer, hablando de ellos simplemente en términos de ley.

Y somos incapaces de entender que el contexto en el que fueron dados fue el contexto de la redención y el contexto del pacto que Dios estaba haciendo con su pueblo. Y la respuesta apropiada a la ley de Dios era una respuesta de adoración. De hecho, Dios ni siquiera les dará su ley hasta que pasen tres días en un ritual de purificación y de limpieza para que las personas sean separadas y consagradas antes de que Dios pronuncie el primer mandamiento.

Él establece todo tipo de parámetros. Él le dice a Moisés: ‘Moisés, puedes subir al monte y allí me reuniré contigo y te hablaré y te daré la ley de mi pacto. Y después de tres días de consagración y purificación, la trompeta sonará y todos los hijos de Israel se reunirán al pie de la montaña; pero, aclárales bien que ninguno de ellos tiene permitido poner un pie en este monte, ni siquiera tocarla, porque si alguien toca este monte santo, esa persona será ejecutada, ya sea por lapidación o con una flecha; e incluso si sus perros o su ganado se acercan y topan contra el lado de la montaña, serán ejecutados al instante porque este es un momento santo’.

¿Pueden verlo? todo el drama del Antiguo Testamento tiene que ver con la reunión de un Dios que es santo con un pueblo que no lo es. Desde la caída en el paraíso, desde el momento en que Dios envió al ángel con la (fuerza encendida), espada encendida a custodiar, a evitar la entrada al Edén, se nos ha mantenido lejos de la presencia inmediata de Dios. Y ese tema central lo vemos aquí con la promulgación de la ley.

Y luego leemos este relato: «Y aconteció que al tercer día …» verso 16 del capítulo 19. «cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un fuerte sonido de trompeta; y tembló todo el pueblo que estaba en el campamento. Entonces Moisés saco al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y ellos se quedaron al pie de la montaña. Y todo el monte Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en fuego.”

Fíjense en las imágenes que se utilizan para describir este evento. En la mañana del evento hay esta nube espesa, esta niebla densa, que cubre toda la cima del Sinaí para que la gente no vea nada más que este vapor, esta neblina y destellos ocasionales de relámpagos y el rugir de truenos.

Y así, con la niebla, el trueno y el relámpago, las personas que se acercan al pie de esta montaña están temblando, el pueblo que se acerca a las faldas de la montaña está temblando.No quiero que pierdan eso de vista porque la religión en nuestros días es casual. Es despreocupada. No pensamos en nada al acercarnos a la presencia de Dios de la forma más despreocupada posible.

Hablamos de Dios como si fuera uno de nosotros, un buen amigo con el que podemos pasar el rato. De alguna manera, en la iglesia, hemos perdido el sentido de reverencia, el sentido de asombro ante el Dios viviente. Señores, presten atención a estos momentos de encuentro en la historia del Antiguo Testamento, porque el Dios que se manifiesta aquí en el Monte Sinaí no ha cambiado en nada su naturaleza desde entonces.

Y es aún apropiado, incluso para aquellos que están cubiertos con la justicia de Cristo, aun para aquellos que son invitados a acercarse confiadamente al lugar celestial, aun para los que experimentan la redención, que tengan todavía un sentido de temblor delante Dios. Hay una vieja canción que dice: «¿Estabas allí cuando crucificaron a mi Señor?» y el coro que sigue dice una y otra vez: “Algunas veces, me hace temblar.”

Entonces Dios desciende y aparece en su teofanía normal. Una teofanía es la manifestación externa, la manifestación visible del Dios invisible. Y la teofanía que se usa con más frecuencia que cualquier otra en la Escritura, es la manifestación de algún tipo de fuego.

Así como Dios se le apareció a Moisés al principio en la zarza ardiente, la zarza que no se consumía, ahora desciende como fuego, y la nube se convierte, no en una nube de bruma y niebla, sino en una densa nube de humo desde la presencia de Dios.

El Sinaí estaba humeando por completo, su humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía con violencia. Y cuando el sonido de la trompeta aumentaba, y sonaba más y más fuerte, Moisés habló y Dios le respondió de forma audible.

Y el Señor descendió al Monte Sinaí, a la cima del monte y el Señor llamó a Moisés a la cima del monte. Y Moisés subió. Y el Señor habló a Moisés y le dijo: “Desciende, advierte al pueblo, no sea que traspasen los límites para ver al Señor y perezcan muchos de ellos. También que se santifiquen los sacerdotes que se acercan al Señor, no sea que el Señor irrumpa contra ellos». ¿No es una frase interesante? «No sea que el Señor irrumpa».

Hablamos de la irrupción de la guerra. Irrupción de epidemias o alguna enfermedad infecciosa. Pero aquí, la Biblia habla de un irrumpir del Señor. Si Dios irrumpe, el pueblo perece. “Y Moisés dijo al Señor: El pueblo no puede subir al Monte Sinaí, porque tú nos advertiste, diciendo: ‘Pon límites alrededor del monte y santifícalo’”.

Y es en este contexto que leemos el versículo 25 del capítulo 19: «Descendió, pues, Moisés y advirtió al pueblo. Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. No tendrás otros dioses delante de mí». Una vez más, antes de que se pronuncie el primer mandamiento, se le recordó al pueblo quién era aquel cuya ley se estaba dando. ‘Yo soy el que te sacó de la tierra de Egipto. Yo soy el que te sacó de la esclavitud.”

Y luego Él da las 10 palabras, el decálogo que escribe con su propio dedo en tablas de piedra.Pero quiero que comprendamos que, aunque gran parte del contenido de los Diez Mandamientos se refiere a cómo debemos relacionarnos unos con otros como seres humanos en una comunidad: No robar, no codiciar, no dar falso testimonio, no matar, no cometer adulterio, etcétera; al comienzo de la ley, el enfoque del mandato divino está en la adoración y en cómo las personas deben relacionarse con Él: No tener otros dioses delante de ti. No hacer imágenes esculpidas, no tomar su nombre en vano, guardar el día de reposo, y santificarlo.

Ahora, también tenemos una tendencia a pensar que eso es toda la ley; sin embargo, los Diez Mandamientos son solo la ley fundamental para un todo al que se llama el Libro del Pacto, o el código de santidad del antiguo Israel. Capítulo tras capítulo, después de Éxodo 20, obtenemos una lista de otros principios de la legislación y la diferencia radica principalmente en la forma literaria en la que se nos presenta.

Los Diez Mandamientos se expresan en términos de lo que se llama la ley apodíctica. Ley apodíctica es la ley que se comunica en forma literaria o que se dirige directamente a la persona. Tú harás o tú no harás. Estas son las categorías absolutas que Dios requiere en cuanto a la obediencia de su pueblo.

Luego, lo que sigue a la ley apodíctica es lo que se llama la ley casuística, o la jurisprudencia de Israel, que se expresa en la fórmula literaria de una declaración condicional, o lo que se llama «si…entonces». ‘Si tu buey embiste el asno de tu prójimo, tales y tales sanciones tienen que ser pagadas’.

Esto es jurisprudencia que son ejemplos de aplicaciones particulares de la ley universal del decálogo, mostrando que la ley de Dios se aplica concretamente a cada situación humana concebible.Y así no solo se tiene absolutos morales en el decálogo, sino que se da una lista de ejemplos concretos de cómo esa ley absoluta debe seguirse en la vida de las personas.

Así que las leyes que continúan en Israel son leyes que determinan las ceremonias, la legislación civil, médica, los principios del diagnóstico; pero lo más importante, como lo vemos en el Antiguo Testamento, y vimos en el Sinaí mismo, la ley de Dios es dada para enseñarnos cómo adorarle.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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