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Continuando con nuestro estudio del drama de la redención, es importante que recordemos que nuestra comprensión de cómo se desarrolla la redención en la historia debe verse a la luz tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento. Hemos visto cómo el propósito del reino de Dios impregna ambos testamentos.

Recientemente en el curso de Teología Sistemática que enseño en el seminario, estábamos viendo la doctrina de la expiación de Cristo y, por supuesto, el símbolo mismo del cristianismo es la cruz. Recordamos las palabras de Pablo, él estaba comprometido a no predicar más que a Cristo y a Cristo crucificado; y vemos que la cruz contiene un elemento muy importante de la fe neotestamentaria.

Aquí estamos hablando de la expiación. Y mencioné a mis alumnos que no hay una sola definición de expiación en el Nuevo Testamento, pero hay varias maneras en que el Nuevo Testamento habla de la obra expiatoria de Cristo.

Se usan diferentes metáforas, imágenes, y dije, nuevamente estas son interpretaciones que la Biblia nos da del concepto y significado de este evento de la muerte de Cristo. Miras al Nuevo Testamento, y dices, por ejemplo: ‘Si fueras un testigo ocular de la crucifixión, me pregunto: ¿cómo hubieras interpretado el significado de ese evento?”

Los que estaban allí lo vieron desde distintas perspectivas. Para Caifás fue una labor de conveniencia política. Él dijo: ‘Es bueno para la nación que este hombre muera’. No estaba pensando en términos de una redención de la ira de Dios, pero estaba pensando en términos de apaciguar la ira de los romanos; y entonces dijo: ‘No podemos involucrarnos en estas controversias políticas con personas que demandan mesías que los liberarán de Roma, así que probablemente sea mejor para nosotros si este hombre muera.’

Y así interpretaría él la cruz, como una acción de conveniencia política, como lo hizo Poncio Pilato, quien después de anunciar a las multitudes: ‘No encuentro ninguna falta en Él’, sin embargo, aceptó dar la sentencia de ejecución a alguien que ya había declarado inocente de cualquier cargo. Pero lo hizo por pragmatismo político. Esa era su preocupación.

Ahora, mi pregunta es esta: si estuvieras de pie en el Gólgota y mirases este evento de un hombre que es clavado en una cruz, entre dos ladrones, con un título burlón sobre su cabeza que dice: Rey de los Judíos, ¿cómo sabrías o llegarías a la conclusión que esto se trata de una expiación?

Ahora bien, otorgo el hecho de que si una persona extremadamente bien versada en todo el Antiguo Testamento enseña acerca de la venia del Mesías, hubiera dominado los matices de Isaías 53, quizá esa persona hubiera observado a Cristo y su crucifixión y hubiera dicho: ‘Ajá, Este es el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento. La muerte del Mesías, lo cual es una expiación’. Pero no estaría muy claro para el espectador simple de este evento.

Por eso, cuando vamos al Nuevo Testamento, no solo tenemos los Evangelios, sino que tenemos las Epístolas; y aunque esa no es la única función de las Epístolas, una de las funciones principales de la Epístola es interpretarnos el concepto y significado de las narrativas históricas y los eventos históricos.

Pablo ve como central a su enseñanza de la iglesia en tiempo del Nuevo Testamento, la importancia central de la muerte de Cristo y describe la muerte de Cristo en distintas ilustraciones. Habla de ello como un rescate. Lo menciona como una obra de redención donde algo que se pierde se redime o se rescata o se compra.

También está el elemento que llamaos el elemento “Christus victor” de la expiación donde Cristo en la cruz manifiesta su victoria sobre Satanás y sobre los poderes de la oscuridad. Entonces, tienes la idea de Cristo como el Cordero sufriente, como nuestro sustituto que satisface las demandas de la justicia de Dios, y es por eso que, la iglesia históricamente abrazó lo que se llama la “satisfacción sustitutoria” de la expiación, donde Cristo satisface las demandas de la lira de Dios por su pueblo.

Y todos estos motivos coexisten en el patrón de expiación del Nuevo Testamento. Pero hay un patrón y una imagen que usa Pablo en la que quiero pasar el tiempo hoy, y encontramos eso en el capítulo tres de Gálatas, donde en el versículo 10 Pablo dice: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.”

Nadie está justificado por la ley a los ojos de Dios. Eso es evidente, porque los justos vivirán por fe. Sin embargo, “la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.” Luego el verso 13 dice esta cosa extraordinaria: “Cristo nos remidió de la maldición de la ley”. Ahora, recuerda que lo que estamos estudiando en esta serie es el drama ¿de qué? El drama de la redención.

Hace unos años hablé en la Convención de Librerías Cristianas y me lancé con algo. Había entre cinco a seis mil personas allí y me atreví a insultar su inteligencia hablando de algo que era tan básico y tan elemental para la fe cristiana. Dije: ‘Como cristianos evangélicos, todos siempre hablan de ser salvos’.

Y primero hice esta pregunta: ¿Salvados por quién? Ellos dijeron: Salvados por Cristo, pero finalmente salvados por Dios porque la Biblia dice que la salvación es del Señor. Y así la salvación viene a nosotros de la mano y por la obra de Dios.

Dije: ‘Está bien, ahora la segunda pregunta es esta: ¿de qué somos salvos? Cuando la gente se acerca a ti en la calle y te detiene y te pregunta: ¿Eres salvo?, ¿No te sientes tentado a decir: ¿Salvado de qué? ¿Salvado de una enfermedad? ¿Salvado de un desastre financiero?

Ciertamente no salvo de ser interrumpido en la calle en medio de mis ocupaciones, eso se nota –pero cuando la Biblia habla de ser salvo en el sentido supremo, ¿de qué se trata esta salvación? Bueno, en los términos más simples posibles, la salvación en la Biblia es la salvación de Dios. No solo somos salvos por Dios, somos salvos de Dios y Jesús es el Salvador designado que Pablo nos dice que salva a su pueblo de la ira que está por venir.

¿La ira de quién? La ira de Dios porque lo central de las enseñanzas que Jesús proclama donde sea que va, es que habrá un día designado por Dios para juzgar a cada ser humano y todos los que no estén cubiertos por la redención, tendrán que comparecer delante de Dios y ser juzgados por la ley de Dios, y todos pasarán por ese juicio.

Y para aquellos que han desobedecido la ley de Dios, las sanciones o pena por no cumplir con las estipulaciones de nuestro pacto con Dios, será la ira de Dios. Recordamos en el Antiguo Testamento que cuando la ley fue entregada al pueblo, Dios prometió que todos los que obedecían la ley recibirían bendición, pero aquellos que rechazaban la ley y desobedecían la ley, recibirían maldición.

Esas fueron las sanciones de las estipulaciones del antiguo pacto, por lo que cualquiera que haya violado la ley de Dios, ahora es vulnerable y está expuesto a la ira de Dios, al juicio de Dios que se expresa en términos de maldición.

Ahora, déjame recordarte el significado de la palabra “maldición”. Recordamos una de las bendiciones hebreas, creo que se llama la número seis entre los judíos, dice así: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia;” Y sigue: “Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.”

Ahora, ya hemos mencionado brevemente de esto en una serie anterior sobre la literatura de la sabiduría, y vemos aquí un ejemplo del dispositivo literario que los judíos usaban llamado paralelismo, donde estas tres declaraciones en la bendición hebrea son sinónimos, es decir, las tres líneas significan exactamente lo mismo.

Simplemente usan distintas palabras para expresarlo y hay dos partes en cada línea. “Jehová te bendiga, o vayamos al final: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro… tenga de ti misericordia.. alce sobre ti su rostro y ponga en ti paz”.

La idea aquí es que estos tres conceptos: ser preservados por Dios, recibir la gracia de Dios y recibir la paz de Dios, se refieren básicamente a la misma cosa, y esta es la oración, esta es la esperanza de un judío, que Dios en su bondad y en su misericordia guardaría a su pueblo, les daría gracia y les daría la paz que era tan importante que se convirtió en la palabra para su saludo: “Shalom”.

Ahora estoy interesado en la primea parte de cada una de estas líneas: “Jehová te bendiga…. Jehová haga resplandecer su rostro…Jehová alce su rostro sobre ti.”

La razón por la cual esto es significativo es que la primera línea simplemente usa la palabra “bendecir”, pero ¿cómo entiende el judío la bendición? Bien, cuando el judío usa imágenes concretas para describir lo que significa ser bendecido por Dios, regresa a alguna experiencia de la presencia de Dios, delante de su propio rostro.
La mayor esperanza de un judío es restaurar la intimidad de la comunión que Adán y Eva experimentaron en el paraíso, donde estaban en comunión diaria con Dios, y Dios estaba cerca de ellos.

Y se emocionaban al escuchar a Dios caminando por el jardín. Pero, después de la caída, la comunión con Dios se rompió. Se colocó una cortina en el templo para separar a las personas de acercarse demasiado a la presencia de Dios, y la prohibición absoluta fue ordenada por Dios, “Nadie verá mi rostro y vivirá”.

Incluso a Moisés no se le permitió ver el rostro de Dios, pero la mayor esperanza de los judíos era que algún día tendremos la visión beatífica, la visión de Dios, que hará que su rostro brille sobre nosotros, que alce la luz de su rostro sobre nosotros. Una de las imágenes más vívidas de una película que he visto, vino de Ben-Hur, donde Charlton Heston, interpretando a Ben-Hur, había sido degradado a esclavo y estaba encadenado, estaba hambriento y sediento.

En eso, a los esclavos se les permitió hacer una parada en el camino y estaban yendo a este pozo. Pero Ben-Hur estaba tan débil y cansado, que estaba en el suelo y no pudo encontrarla manera de llegar al pozo para poder obtener agua, y de repente mientras se retorcía en el suelo en su agonía y en su condición sedienta, ves en la pantalla la imagen de una sombra que pasa, proyectando esta sombra sobre Ben-Hur.

Y luego ves la mano de esta persona que ha aparecido tomando la taza y obteniendo agua del pozo y luego se inclina para darle agua a Ben-Hur. Y Ben-Hur está de rodillas y mira directamente a quien sea que le está dando esta agua fría, y nunca se llega a ver la cara de la persona que estaba dando el agua.

Pero cuando miras la cara de Ben-Hur, y ves esta transformación instantánea de su semblante, donde de repente, en lugar de mirar en abyecta desesperación, su rostro se vuelve radiante al recibir este tierno gesto de compasión de ese extraño que le ofrece agua.

No hay duda en la mente de nadie que está viendo la película de quién es el que dio el agua. Es Cristo obviamente que se ve reflejado en la película. Y vemos lo que le sucede a Ben-Hur cuando mira el rostro de Jesús, y ves esta expresión instantánea de beatitud, de bendición sobre él.

Recuerdo esa imagen debido a la esperanza de los judíos que dijeron que su mayor esperanza sería que recibirían la bendición de Dios en términos de que Él haría resplandecer su rostro sobre ellos y alzaría sobre ellos su rostro.

Pero he visto esto no solo para entender la bendición, sino para entender lo que la Biblia quiere decir con “maldición”. Debes entender que el concepto de la maldición en la Biblia es el opuesto directo: la antítesis, el otro lado de la moneda. La maldición está en marcado contraste con la bendición.

Y si esto no fuera una bendición que puse en la pizarra sino una maldición, diría algo como esto: ‘Jehová te maldiga, Dios te maldiga’, es lo que eso estaría diciendo, y es por eso que no deberíamos hablar así en un lenguaje frívolo porque desear que Dios maldiga a alguien—es lo más duro que se puede desear.

Esto sería: ‘Dios te maldiga y no te guarde – te eche fuera. Que él esconda su rostro de ti y no te conceda gracia alguna, solo justicia e ira. Y que Dios apague la luz de su semblante y te dé la espalda y no te dé paz en absoluto, sino tormento y problemas eternos’.

¿Ves? Así como la bendición se entiende en términos de proximidad a Dios: de cercanía a Dios, de gozar en la presencia de Dios, vivir “coram deo” ante su rostro, lo opuesto, la maldición, la sanción negativa del pacto es perder toda esa bendición. Aquí Pablo dice algo extraordinario en Gálatas, él dice: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición.”

Pero luego dice en el verso 13: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero.” Pablo en su búsqueda de darnos la interpretación del significado de la cruz, el significado de la expiación de Cristo, lo hace en términos de este lenguaje de la maldición, y debemos tomarlo en serio, porque cuando miras la cruz en el Nuevo Testamento, ¿qué ocurre?

En primera instancia vemos una duplicidad de la ceremonia de expiación del Antiguo Testamento. En la ceremonia del antiguo pacto en el día de la expiación, se usaron dos animales. Uno fue el cordero o el toro que fue sacrificado y ofrecido a Dios para satisfacer su ira –para propiciar a Dios—y rociaron la sangre el cordero en el propiciatorio del templo en el lugar santísimo; Pero además del cordero que se sacrifica y se ofrece como sacrificio ante Dios, también hay otro animal, que es un macho cabrío. Es la idea del ‘chivo expiatorio’, donde el sumo sacerdote pone su mano en el lomo del macho cabrío, transfiriendo simbólicamente los pecados de la gente a él, y ¿qué le sucede al macho cabrío? No lo sacrifican. El macho cabrío es expulsado del campamento, enviado a la oscuridad exterior, enviado al desierto solo.

Eso simboliza el destierro de la presencia de Dios donde se centran sus bendiciones. En el Nuevo Testamento, Juan Saluda a Jesús cuando aparece para su bautismo con el agnus dei –“He aquí, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Y en realidad, en la expiación, Jesús cumple el papel tanto del cordero que es sacrificado como del macho cabrío. Él no solo se ofrece a sí mismo como el sacrificio perfecto a Dios para satisfacer la justicia de Dios, sino que también quita nuestro pecado como el cabro expiatorio. Él es enviado bajo la maldición en todos los aspectos, y me parece increíble lo detallado que está en el Nuevo Testamento. En primer lugar, las Escrituras señalan mucho de que Jesús no ha sido condenado a muerte por el tribunal judío, sino por el tribunal romano.

Para cumplir las Escrituras, Jesús es entregado a los gentiles que fueron extranjeros y advenedizos en el pacto. Están fuera del campamento, y Jesús es juzgado por paganos, por gentiles. ¿Dónde lo matan? Es llevado fuera de la ciudad santa, llevado al desierto para ser ejecutado, no por lapidación, que era el método judío de ejecución, sino por crucifixión. Y Pablo recuerda Deuteronomio y dice: “porque está escrito: Maldito el que es colgado en un madero”.

Y así, incluso su modo de ejecución se ajusta íntimamente al concepto de maldición del Antiguo Testamento. Y mientras está en la cruz, Jesús clama con horror al Padre: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” ¿Por qué hace eso Él? Porque se siente abandonado. Tiene que ser abandonado si va a tomar sobre sí el castigo dirigido a su pueblo. Él debe volverse maldito.

También hay algunos fenómenos extraños que acompañan a la crucifixión. A mediados de la tarde, de repente surge este fenómeno natural, ya sea un eclipse total de sol que no conocemos, pero el lugar se vuelve tan oscuro como la medianoche. Dios apaga las luces.

En el mismo instante en que Dios ponía su maldición sobre su hijo a causa de nosotros, Él no permitiría que resplandezca su rostro sobre su hijo. Él apaga las luces y deja a Cristo y al mundo en la oscuridad; y Mateo también nos dice que hay un terremoto violento.

Una vez un misionero me dijo que le gusta pensar que lo que sucedió en ese momento cuando Dios derramó su maldición sobre su propio hijo, es que Dios bajó del cielo y agarró la tierra en su mano y la sacudió en su furia.

Pero el punto es que toda la comprensión de la cruz como maldición debe ser entendida a la luz de todo lo que el Antiguo Testamento predijo en términos del pacto de la redención. No sé cuán profundamente has contemplado la cruz o la expiación de Cristo.

He estado estudiando teología por mucho tiempo, y tengo esta vergüenza y una sensación de que no he comenzado a siquiera arañar la superficie de las profundidades y las riquezas que están contenidas en ese único acto redentor.

Todo lo que hemos hablado en términos del drama de la redención, llega a su clímax allí en la cruz. No sé lo que significa, por experiencia, ser completamente maldecido por Dios, ser separado de su presencia y ser enviado a un reino de absoluta oscuridad tal como lo experimentó Jesús.

He escuchado muchas, muchas prédicas acerca de la cruz y muy a menudo los ministros entran en los detalles sangrientos del dolor fisiológico y el estrés que se impone sobre la víctima de la crucifixión; y en el caso de Jesús, la corona de espinas y clavos en sus manos y la espada en su costado y toda esa agonía que Él soportó; Pero en realidad dudo que Jesús siquiera haya sentido todo eso ya que no es comparable al dolor que debe haber sentido en el momento en que estaba recibiendo el castigo del infierno que tú y yo merecemos.

Lo que estoy diciendo es que los clavos y la espada no se comparan a estar bajo la maldición de Dios y te pido que pienses en eso, que pienses en lo que sería para ti estar bajo la maldición de Dios, lo cual de hecho será así si no recibes y crees en aquel que ha tomado esa maldición en tu lugar.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El último sermón del Dr. R.C. Sproul: Una salvación tan grande

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El último sermón del Dr. R.C. Sproul: Una salvación tan grande

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“Por tanto, debemos prestar mucha atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos. Porque si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después que fue anunciada primeramente por medio del señor nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, tanto por señales como por prodigios, y por diversos milagros y por dones del Espíritu Santo según su propia voluntad.”

A lo que el autor de Hebreos se está refiriendo aquí es al matrimonio perfecto entre la doctrina y la práctica. Si creemos en las cosas que él ha declarado en el primer capítulo, entonces eso tiene implicaciones radicales sobre cómo vivimos nuestras vidas. Y empieza a mostrar eso ahora al decir: “Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención.” Hay un pequeño problema gramatical en las palabras de es traducción en particular. La tensión de estas palabras se debe a que no hay seguridad, gramaticalmente, si el autor está usando un comparativo o un superlativo.

Y entonces, preferiría que simplemente dijera que, por tanto, debemos prestar la mayor atención posible a lo que hemos escuchado, no sea que nos desviemos.

Piensa en esa imagen de desvío. Hay algunas personas que van a pescar en botes y no hacen uso del ancla, solo dejan que el bote se mueva con la corriente. Simplemente van a la deriva. Y a donde terminan es de alguna manera problemático. La escritura usa esta clase de lenguaje figurativo en otras partes cuando habla del “ancla para nuestra alma”, que es la esperanza que tenemos en Cristo. Y aquí dice negativamente: “No vayan a la deriva lejos de lo que han escuchado aquí.”

De nuevo, él está hablando acerca de esta maravillosa comparación que él ha hecho acerca de la superioridad de Jesús sobre los ángeles y sobre todas las cosas creadas. Ya lo oíste. No te alejes a la deriva, sino que presta la mayor atención posible a esto. “Porque si la palabra hablada por medio de ángeles”, se refiere otra vez al Antiguo Testamento y la idea insinuada en Deuteronomio 33, de la ley mediada por los ángeles.

Cuando Moisés recibió la ley de Dios, hubo miríadas de miríadas de ángeles que estuvieron presentes en esa ocasión. Entonces él dice: “si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución.” Otra vez, la comparación continúa. Si la ley que vino por los ángeles fue ignorada por gente en el Antiguo Testamento y recibió una justa retribución, un castigo, ¿cuánto más responsables somos nosotros con lo que nos ha llegado directamente de Cristo?

Ahora, amados, el tema central de este capítulo, o al menos de esta parte del capítulo, es el tema del escape. Cuando piensas en escapar, piensas en algún tipo de liberación de una situación de vida calamitosa y amenazante: escapar de un secuestrador, o soldados siendo rodeados en una batalla y encuentran un medio seguro de retirarse. Eso es un escape.

Pero la idea más común con la que asociamos el escape es el encarcelamiento. No solo de una simple cárcel sino de aquellas prisiones imposibles de escapar, como la condición antigua de Alcatraz en Estados Unidos, o La Isla del Diablo, y (tal vez) la más terrible de todas las prisiones de Francia, el Chateau d’If.

¿Se acuerdan de la historia? Es mi segunda novela favorita, de Edmond Dantes, quien fue falsamente acusado de un crimen e injustamente condenado por ese crimen y luego enviado de inmediato a la prisión más temida, el Chaetau d’If.

Y allí sufrió por años en con confinamiento solitario. Hasta que, un día, conoció a un compañero de prisión que era un anciano sacerdote que había estado allí durante décadas y había pasado tanto tiempo tratando de cavar un túnel, un posible escape, pero no hizo bien los cálculos y terminó simplemente entrando a la celda de Dantes.

Así que, al menos, los dos se conocieron y fueron compañeros y el sacerdote anciano se convirtió en el consejero de Dantes. Le enseñó todas las cosas sobre ciencia, filosofía y teología y también le contó sobre este mapa que lleva hacia un vasto tesoro que estaba escondido bajo las aguas del mar.

Y luego el viejo sacerdote murió y a través de una serie extraordinaria de circunstancias, la muerte del sacerdote llevó al posible escape de Edmond Dantes del Chateau d’If. Donde al fin encontró el gran tesoro que financió todo el resto de su vida con su nom de plume (seudónimo), El Conde de Montecristo. Qué historia de escape es esa.

Pero a pesar de lo terrible y temibles que fueron las circunstancias en el Chateau d’If, existe aún un punto de cautiverio mayor y más terrible de lo que cualquier ser humano podría imaginar. Y el autor aquí se refiere a escapar de eso. Y él hace la pregunta: “¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?”

Amados, esta es una pregunta retórica. Y la respuesta a esta pregunta es simple. ¿Cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande? La respuesta es: no podemos. Tal vez de Alcatraz se pueden escapar o de la Isla del Diablo o aún del Chateau d’If, pero la única prisión de la que nadie escapa es el infierno. No hay ruta de escape. No puedes hacer un túnel. No puedes escalar. No puedes sobornar la guardia. La sentencia no puede disminuirse.

Así que el autor de Hebreos está diciendo: “¿Te das cuenta de lo que has oído? Que hemos oído de la palabra de Dios mismo acerca de una gran salvación.” Usamos esa palabra todo el tiempo en la iglesia. ¿Qué significa eso? Saben, cuando alguien me dice: “¿Eres salvo?” la primera pregunta que quiero hacer es: “¿Salvado de qué?”

La idea de salvación sugiere la idea de algún tipo de escape o liberación de una circunstancia grave y el verbo sozomai, allí en el Nuevo Testamento se usa en una variedad de formas. Si te salvan de una enfermedad amenazante, como le pasó a la gente en el Nuevo Testamento al tocar a Jesús, Jesús podría comentar: “Su fe los ha salvado.” Él no está refiriéndose a la salvación eterna, él está hablando de su rescate de la terrible enfermedad.

En el Antiguo Testamento vemos que el pueblo de Israel iba a la batalla y Dios intervenía a su favor y salvaba a su pueblo. Él los salvaba de la derrota militar. Ese fue un rescate de un peligro claro y presente.

Así que, este verbo salvar se usa en todo tipo de tiempos y en toda clase de (tiempos y toda clase de) formas y prácticamente en todos los tiempos verbales del griego. Había un sentido en el cual fuiste salvo, estabas siendo salvado, has sido salvado, eres salvo, estás siendo salvado y serás salvado. La salvación toma todos estos tiempos distintos del verbo.

Pero hay salvación en el sentido general que tiene sus múltiples aplicaciones. Pero cuando la Biblia se refiere a la salvación en el sentido supremo, se trata del escape final de la condición humana más grave. ¿Qué significa ser salvo? Significa tal como las Escrituras nos dicen: ser rescatados de la ira que está por venir.

La ira de Dios, como se nos dice en Romanos, se revela al mundo entero. Pero estamos tranquilos en Sión. No le tememos a su ira porque se nos ha dicho una y otra vez y otra vez, que Dios no está enojado. Que Dios no está enojado. No necesitamos preocuparnos por Dios.

Dios va a salvar a todos. Todo lo que necesitas hacer es morir para entrar al cielo. Y todo lo que necesitas hacer para entrar al infierno es morir. Y desearía que todos los que muriesen fueran al cielo, pero la Biblia deja muy en claro que ese no es el caso y allá espera un juicio. Y la mayor calamidad que cualquiera pudiera imaginarse es ser sentenciado al infierno. El Chateau d’If es un hotel de 5 estrellas comparado al infierno.

Y entonces, ahora que el autor plantea esta pregunta, ¿Cómo escaparemos? Si descuidan esa salvación, amados, no hay escapatoria. La pregunta es: ¿a quién está hablando el autor de Hebreos? Él no dice: “¿Cómo escaparán si descuidan una salvación tan grande?”

No está hablando del pagano corriente que pasa por la vida, quien no solo descuida el evangelio de la salvación, sino que está completamente desinteresado y puede ser hostil a ello.

Y tenemos multitudes de personas que viven en este país y en todo el mundo que desprecian el evangelio. Ellos no solo lo descuidan. Pero el autor de Hebreos no está hablando de esas personas. Él usa la palabra: ‘nosotros’. Esos somos nosotros. ¿Cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande? Y otra vez, la respuesta a la pregunta retórica es que no podemos. Y no lo haremos.

¿Sabían que en el (introito) el antifonal de esta mañana las jóvenes del coro cantaron? ¿Prestaron atención a las palabras que escucharon? Déjenme refrescar sus memorias acerca de esas palabras. Escucha lo que dice:

“Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua. Déjame verte en tu santuario y te alabaré. Y estaré satisfecho mientras viva”.

Escucha estas palabras. ¿Suenan como palabras que vendrían de alguien que descuida el evangelio? ¿Qué significa ser negligente? Descuidar algo es pasarlo por alto. Tomarlo a la ligera. Ciertamente no dedicarte firmemente a ello.

Saben, alguien me hizo una pregunta hace un par de semanas. Estábamos hablando de diferentes congregaciones y le estaba diciendo cuánto amo a la congregación de St. Andrew’s Chapel, yo dije: “Es una congregación fantástica”.

Y él me dijo: “Bueno, ¿cuántas personas crees que en esa congregación son realmente cristianos?” Respondí: “No sé”. No puedo leer los corazones de las personas. Solo Dios puede hacer eso. Sé que todos los miembros de la iglesia han hecho una profesión de fe visible. Así que el 100% de nuestra gente ha profesado su fe.

Y él dijo: “¿Pero cuántos crees que realmente lo son en serio? Y respondí: No sé, 70%, 80%. Tal vez puedo estar seriamente sobre-calculando o sub-calculando eso. Pero una cosa que sí sé con certeza es que no todos en esta sala son cristianos.

¿Cómo sabes si tú eres? ¿Puedes cantar las palabras de esta canción: “Dios mío, eres mi Dios y te anhelo, todo mi ser te anhela”? ¿Cómo puedes ser cristiano y descuidar una salvación tan grande? ¿La salvación no es suficiente?

Tal vez piensas que está bien, es bueno, pero realmente no genial. ¿La descuidas? No puedo responder esa pregunta. Si la descuidas y la tratas a la ligera, probablemente significa que nunca has sido convertido. Que Dios nunca ha reavivado o despertado tu alma de la muerte espiritual.

Porque esta salvación es fantástica, es genial. Merece nuestra diligencia, nuestra búsqueda enérgica de ella. Ciertamente no su descuido. Pero creo que el autor de Hebreos tiene en mente lo que sucedió en el Antiguo Testamento, donde la gente en el Antiguo Testamento tuvo su mayor momento de salvación en el éxodo cuando eran prisioneros.

Donde fueron esclavos, donde Faraón no les dio paja por sus ladrillos y fueron brutalmente golpeados y prácticamente encarcelados por Faraón. Y ellos lloraron. Y ellos gimieron. Y ellos oraron. Y Dios escuchó los gemidos de su pueblo y envió a Moisés a Faraón y le dijo: “Deja ir a mi pueblo”. Y el caballo y el jinete fueron arrojados al mar.

Ellos salieron, la multitud de personas que huían del cautiverio. Y llegaron a Migdal y frente a ellos estaba el mar y detrás de ellos estaban los carros de Egipto. Y un viento poderoso apareció donde su camino parecía sin esperanza, no había escapatoria. Y el viento sopló y el viento secó el Mar Rojo. E Israel escapó. Pero los carros de Faraón no.

Esa fue una gran salvación. Pero tan pronto fueron rescatados de esta tiranía, empezaron a quejarse del maná que Dios les había provisto. “Oh, desearía haber vuelto a Egipto. Sí, podríamos haber sido esclavos pero tendríamos nuestro ajo y ese tipo de cosas para comer: los puerros, las cebollas y el ajo. Ellos cambiarían su libertad como alguien en el Chateau d’If que quisiera ir de regreso a la cárcel. Y el autor de Hebreos tiene en mente a lo largo de este libro, cómo el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento descuidó su salvación.

Así que había pocos que alguna vez llegaron al paraíso. Y ahí es donde estamos ahora. Hemos oído la palabra de Dios. Es un mensaje de buenas nuevas, no solo buenas noticias, grandes noticias, no solo grandes noticias, la mejor de todas las noticias posibles: que aquellos que creen en Cristo serán salvados de la ira que está por venir. ¿Cómo puedes descuidar esto en primer lugar?

Esa no es la pregunta que el autor está haciendo aquí. Él dice: ¿cómo puedes escapar? La pregunta es: ¿cómo puedes descuidar una gran salvación? “La cual, después que fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, tanto por señales como por prodigios, y por diversos milagros y por dones del Espíritu Santo según su propia voluntad.”

Dios no te pidió que creyeras en su evangelio dando un salto de fe en la oscuridad y esperando que Jesús te agarre. Nicodemo vino de noche y dijo: “Maestro, sabemos que eres enviado por Dios sino no podrías hacer las obras que haces.” La teología de Nicodemo era sólida. No tratamos de probar la existencia de Dios mediante milagros.

No podría haber milagros si no entendieras primero que Dios existe. El propósito de los milagros no es probar la existencia de Dios, el propósito de los milagros de probar y dar fe de la verdad de aquellos que están declarando el evangelio.

Dios avaló a Moisés por Milagros. Él afirmó a Jesús por Milagros. Él avaló a sus apóstoles por milagros y poderes y señales maravillosas e incluso los dones espirituales que se le dio a la iglesia pristina, para mostrar una salvación tan grande. Que Dios anunció al mundo: esta es la buena noticia. Jesús lo declaró no solo a los ángeles. Y si descuidas lo que dice Jesús y descuidas lo que Dios aprueba, volvemos al tema. No hay escapatoria.

Amado, si vienes a la iglesia todos los domingos, todos los domingos de tu vida, y vas a la escuela dominical todas las semanas de tu vida, es posible que aún estés descuidando esta gran salvación.

¿Está tu corazón en eso? Eso es lo que te estoy preguntando. Y sabes, yo no puedo responder esa pregunta por ti. Tú sabes si estas descuidando tu salvación. Tú lo sabes. No tengo que decírtelo. Solo tengo que decirte cuáles son las consecuencias si continúas en esa negligencia.

Así que pido con todo mi corazón que hoy Dios nos despierte a cada uno de nosotros a la dulzura, la hermosura, la gloria del evangelio declarada por Cristo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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La venida del Reino

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Mientras continuamos con el estudio del drama de la redención, una de las cosas que he estado tratando de darles a entender es la manera en que ese patrón armonioso y unificado fluye a través del Antiguo Testamento hacia el Nuevo Testamento. Recuerden la famosa frase de Agustín cuando dijo que, “El Nuevo estuvo oculto en el Antiguo, y el Antiguo está revelado en el Nuevo”.

Lo que San Agustín estuvo diciendo es que si los cristianos van a entender el contenido de su fe, no pueden ignorar el Antiguo Testamento porque toda la preparación para la venida de Cristo toma lugar en esa historia, y el Antiguo Testamento anuncia la venida de Cristo, predice la venida de Cristo, y establece el marco de referencia para la venida de Cristo. Además, el Antiguo Testamento nos revela el carácter del Padre y el carácter de la ley del Padre, por la cual entendemos el ministerio de Jesús y el evangelio. Sin la ley como marco de referencia, el evangelio no podrá ser nunca entendido propiamente como evangelio.

Y les digo esto porque quizás estamos viviendo un tiempo de descuido sin precedentes del Antiguo Testamento. Ahora, si observamos ambos testamentos y vemos los patrones que se entrelazan a través de todo el tejido de las Escrituras, uno que se destaca como el motivo central en todo el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento es este concepto singular: Es un concepto que llamamos “El Reino de Dios”. El Reino de Dios. John Bright, el famoso arqueólogo y erudito del Antiguo Testamento, una vez escribió un libro con este simple título, “Reino de Dios”.

En el libro mostró cómo este motivo corre a lo largo de toda la Escritura y unos de los temas recurrentes de la Biblia que no debiéramos olvidar en términos del entendimiento del drama de la redención. Sabemos, por ejemplo, que en el Antiguo Testamento, al principio el rey sobre este mundo era Dios mismo, y cuando Él estableció a Adán y Eva en el Paraíso, les dio dominio sobre todo el resto de las criaturas en el planeta.

Pero ellos eran delegados, o lo que conocemos como “vice-regentes” “vice-reyes” “reyes vasallos”, pero el rey supremo sobre el cielo y la tierra era Dios mismo. Y uno de los títulos para Dios en el Antiguo Testamento es el título «Melek”, una palabra hebrea para “rey”. Y así al principio, Dios es visto y es glorificado como el Rey de la Creación. El Dios de los ejércitos. Él es el Señor Todopoderoso quien gobierna sobre su creación de forma soberana, y este rey en el drama de la redención creó una nación única con los judíos y les dio como destino y obligación el ser un real sacerdocio.

Un real sacerdocio—que es uno que estuvo al servicio del monarca, quien era Dios. Y Dios iba a ser su Señor sobre ellos, y los sacerdotes iban a dar testimonio de su realeza—realeza divina—al resto del mundo. Pero lo que pasó muy al principio fue de que después que Dios creó esta nación—sacándolos de la servidumbre y la esclavitud en Egipto y llamándolos su propio pueblo escogido, dándoles su ley en el Monte Sinaí—el pueblo deambuló en el desierto por 40 años antes de que fueran capaces de entrar en la Tierra Prometida.

Y luego hubo un largo período de conquista en Canaán. Ahora, durante ese período, tenemos lo que es llamado como la “anfictionía” o “el período de los jueces”. Y la anfictionía en Israel era la manera en la cual la nación estaba estructurada políticamente. No había parlamento, no había un presidente, no había un rey—o un rey terrestre—sino que Israel estuvo organizada por un tipo de federación libre de tribus—la tribu de Dan, la tribu de Rubén, la tribu de Leví y las demás.

Y algunas veces ellos recibirían el llamado de ir de una tribu a otra cuando necesitaban ayuda debido a que alguna estaba siendo invadida por un poder extranjero. Y ellos actuarían juntos. Y durante ese tiempo, el líder nacional sería alguien que habría sido levantado por Dios y consagrado por el Espíritu Santo con un poder y dones extraordinarios. Ellos eran llamados “jueces”. Gente como Débora, Sansón y Gedeón, por ejemplo, en el libro de los Jueces estuvieron ejerciendo ese tipo de liderazgo. Y luego vemos que finalmente el tiempo de los jueces llegó hasta Elí, y luego de Elí a Samuel.

Ahora, cuando Samuel estuvo juzgando al pueblo, ellos empezaron a ponerse impacientes y fueron a Samuel con un pedido, que era el siguiente: “Queremos tener un rey, así como todas las otras naciones tienen reyes”. En otras palabras, lo que pasó fue que el pueblo judío empezó a despreciar su singularidad. Empezaron a rechazar su vocación singular—ser un pueblo especial consagrado por Dios para ser diferente entre las otras naciones.

Ahora, tuvieron el deseo de copiar a las otras naciones, conformarse a lo que estuviera de moda, al patrón político en el mundo antiguo. Y ellos dijeron, “queremos un rey. Todos tienen un rey. ¿Por qué no podemos tener un rey?”

Y Samuel llevó su pedido a Dios; y si lo recuerdas Dios estaba furioso y dijo que el pueblo lo había rechazado a Él como rey. Y Samuel estaba sintiendo como si ellos lo habían rechazado a él, y Dios le dijo que ellos no lo rechazaban a él, Samuel, como su juez. Que lo rechazan a Él como su rey.

Esto era de lejos mucho más serio que el ser solo sediciosos y rebeldes contra un juez en particular que estuviera sobre ellos—es decir, Samuel—sino que en vez de eso había un completo rechazo de Dios como su monarca y como su rey. Ahora vamos a dejar que ellos tengan un rey, y les daremos un rey. Dile al pueblo que ellos pueden tener su rey, pero que sus reyes los oprimirán, les impondrán impuestos pesados, tomarán sus carruajes, tomarán los caballos, y peor aún, ellos reclutarán a sus hijos para sus ejércitos.

Y ellos que pensaban que iban a tener una vida mucho mejor, pero van a tener una vida mucho peor tan pronto como ellos empiecen a imitar los patrones de vida que encuentran en las naciones paganas alrededor de ellos. Y con eso la monarquía fue establecida, y fue un gran problema desde el mismo inicio.

El primer rey que fue ungido fue Saúl, y sabemos que Saúl llegó a ser terriblemente malo. Y luego, finalmente, David fue elevado al trono de Israel luego de años y años de lucha. Él fue amigo de Dios y se nos dice que fue un hombre conforme al corazón de Dios. Pero aun David cometió toda clase de atrocidades, pero al menos condujo a una edad de oro para Israel, y estuvo consagrado al Dios del Pacto tal como lo revela tan claramente el Libro de los Salmos.

Pero tan pronto como David murió, su hijo Salomón subió al trono y él instituyó la “leva”, que era una norma que esclavizaba a su propia gente con el fin de tener mano de obra barata para ser usada en los inmensos proyectos de construcción de Salomón.

Y la ironía de todo esto es que el pueblo judío tenía la llave de la cerradura cuando ellos habían sido todos rescatados y liberados de la esclavitud en la que habían estado por el Faraón en Egipto. El faraón los usó como mano de obra esclava para construir las ciudades almacén del antiguo Egipto.

Salomón hizo lo mismo, y luego después de Salomón, podrían decir que el reino—la monarquía judía—alcanzó su pináculo durante su segundo rey. La edad de oro de Israel fue durante David. El período dorado empezó a perder brillo y empezó a tener serios defectos ya con el reinado de Salomón. Y después del reino de Salomón, el oro se oxidó completamente mientras el reino es dividido entre el hijo de Salomón, Roboam, y el líder de Israel, Jeroboam.

Y luego hubo un conflicto y una guerra civil sin fin entre las dos partes de la nación, el reino del norte y el reino del sur, hasta que finalmente el reino del norte cae, y el pueblo es tomado y llevado a la cautividad. Y luego más tarde, el reino del sur cae, y ellos son tomados y llevados a la cautividad. Y durante ese período de desintegración, los profetas estuvieron dando un buen mensaje acerca del futuro junto con un mensaje de juicio.

Ellos decían que algún día el lugar caído de David sería restaurado—que la gloria regresaría con un rey como David, y aquí es donde tenemos el desarrollo total de las profecías del mesías que vendría. Esto tenía intrigado al pueblo de Israel porque ellos esperaban la recuperación de esos buenos días antiguos, la restauración de la unidad de la nación, de la fortaleza de la nación, de la grandeza de la nación, la gloria de la nación, tal como fue bajo el reinado del rey David.

Y así ellos anhelaban la venida del Mesías que restauraría la monarquía en toda su gloria. Luego la voz de la profecía termina en el Antiguo Testamento con la muerte de Malaquías, y entre las páginas finales de la profecía de Malaquías y las primeras páginas del Nuevo Testamento, un período de tiempo de 400 años han pasado.

Ahora, necesitamos pensar en esto porque tenemos la tendencia a comprimir la historia antigua y pensar en ese pueblo que podría estar separado por 300 o 400 años como si fueran contemporáneos, cuando, de hecho, el Antiguo Testamento cubre un par de miles de años de historia judía. Y luego tenemos este paréntesis de 400 años donde no hay una palabra de Dios. Ninguna profecía es escuchada en la tierra. Dios está callado a su pueblo.

Ellos habían estado acostumbrados a las profecías de Jeremías y de Isaías, Miqueas y Nahúm, Joel y todos los demás, y ahora, de repente, Dios está callado por ¡400 años! Piénsalo. Vayamos atrás 400 años. Estamos de vuelta en el siglo XVI. Estás de vuelta en los 1590s.

Eso es más o menos 30 años antes de que los peregrinos pongan pie en Norteamérica. Hay un montón de historia que toma lugar en los últimos 400 años en el mundo. Y por todo ese período de tiempo, Dios está absolutamente callado hasta que el rol y el oficio de profeta es instituido nuevamente en medio del pueblo judío. Cuando este hombre sale del desierto—el cual era el lugar de encuentro tradicional entre Dios y sus profetas—como Elías en el Antiguo Testamento. Este es un hombre con una gran auto-denuncia.

Él ha vivido de miel y vegetales silvestres, langostas y miel. Su nombre era Juan el Bautista. Él era un asceta y sale del desierto con un anuncio. Primero hay un llamado solemne. Él es el nuevo procurador del pacto, y el primer llamado al pueblo es, ¿cuál? ¡Arrepiéntanse! Ese es su mensaje. Antes de nada, Arrepiéntanse. Y luego les da una razón para el arrepentimiento. Él dice, “Arrepiéntanse porque el reino de los cielos se ha acercado”.

Juan está diciendo ahora que hay un tiempo de crisis, un tiempo de juicio que ha caído sobre el pueblo y que todos están llamados a arrepentirse debido a este momento crítico en el drama de la redención. Y tal momento que él está anunciando es la apertura, la llegada del reino de Dios prometido—la restauración del reino de Dios sobre su pueblo. Y él hace una cosa extraordinaria. Él llama a todo el pueblo de la nación al río Jordán para ser bautizados. Hay mucha confusión al respecto. El bautismo de Juan no es el mismo del bautismo de Jesús y el bautismo del Nuevo Testamento.

Era un bautismo preparatorio, específicamente diseñado para que los judíos estén limpios cuando el rey venga. Es un período inter-testamentario, una práctica desarrollada entre los judíos. Si un pagano o un gentil deseaba convertirse al judaísmo, tal persona tenía que pasar por una ceremonia de purificación ritual que era llamado algo así como el “bautismo del prosélito”. Ahora, los judíos no tenían que ser bautizados porque ellos no eran considerados inmundos; pero los gentiles eran considerados inmundos.

Y si un gentil quería llegar a ser judío, no solo tenía que abrazar las doctrinas del judaísmo y lo demás, sino que tenía que tomar un baño porque estaba inmundo. Él era extranjero y un extraño para con el pacto. Y por eso tal ceremonia tomaba lugar cuando en el período inter-testamentario los convertidos fueron llamados al bautismo.

Bueno, aquí viene saliendo Juan el Bautista del desierto, y no está llamado a los paganos y a los gentiles al bautismo; está llamando a los judíos a ser bautizados. Y las autoridades religiosas en Jerusalén están enfurecidos. Están disgustados. “¿Qué quieres decir con que tenemos que ser bautizados? ¡Somos los hijos de Abraham!” Estaban indignados.

Se sentían insultados ante la sola sugerencia de que necesitaban tener un rito de limpieza ceremonial. Pero había una razón para eso. Juan estaba diciendo que vean que hay un nuevo capítulo siendo escrito en ese momento en la historia de redención. El reino de Dios está cerca.

Nuestro rey está por aparecer, y ellos no están listos para Él. Necesitaban tomar un baño porque ellos, como pueblo de Dios, están inmundos. Y él anuncia la llegada del reino de Dios. Ahora, el énfasis en su anuncio, amados, está en su cercanía radical. Observen que los profetas en el Antiguo Testamento hablaron acerca de la venida del reino en el futuro, pero éste era indefinido. Era vago—en algún momento nuestro príncipe volverá. En algún momento en el futuro, Dios va a enviar su Mesías.

En algún momento en el futuro, el rey de Dios como David vendrá a la tierra. Y lo que Juan estaba diciendo es, ¡Está cerca! No solo en algún momento en el futuro indefinido, sino que está por pasar. Y él usa dos metáforas para describirlo.

Él dice, por un lado, “El hacha está puesta a la raíz de los árboles”. No es como si el leñador estuviera cortando la parte exterior de la corteza, sino que ha penetrado hasta el centro mismo del árbol. Esa imagen sugiere que un golpe más del hacha y el árbol terminará derrumbándose.

Y también dice, “El bieldo está en su mano—esto es que el momento de la cosecha está por producirse. El instrumento que el granjero utiliza para separar la paja del trigo ya ha sido completamente hundido en la pila donde está la mixtura de paja y trigo.

Y él está a punto de tirarlo al aire y dejar que el viento se lleve la paja consigo. Es un período de profunda crisis. Entonces viene Jesús, y Él está predicando el evangelio. Ahora, la palabra “evangelio” que ya hemos observado en otros contextos, pero déjenme decir esto de ella. En el Nuevo Testamento hay diferentes maneras en las que el término “evangelio” es usado. Si le pregunto hoy a una persona, “¿qué es el evangelio?” De seguro diría, “Bueno, el evangelio es uno de los cuatro libros que enseñan de la vida de Jesús—el evangelio de Mateo, Marcos, Lucas y Juan”.

Los llamemos evangelios porque son un género literario particular, una forma de presentar una biografía mostrando a la persona y obra de Jesús. Cuando leemos a Pablo, cuando Pablo habla del evangelio, habla del “evangelio de Jesucristo” porque para Pablo el contenido del evangelio es la vida y la obra de Jesús. Esas son las Buenas Noticias—cómo ha cumplido este drama de redención en su propia persona y a través de su propia obra.

Pero cuando Jesús predica el evangelio, él no habla de un libro, y Jesús no dice, “estoy por predicarte el evangelio de Jesucristo”. El evangelio que Jesús proclama es el evangelio del reino. Puedes notar eso mientras lees la Biblia; de forma particular mientras lees los evangelios y mientras escuchas las enseñanzas de Jesús.

Mucho de su enseñanza se centra alrededor de parábolas—muchas clases de parábolas. Pero, ¿cuál es el motivo principal de las parábolas de Jesús? Vean si esto les suena. Mientras Jesús enseña a sus oyentes, les diría: “El Reino de los Cielos es semejante a…” o “El reino de los cielos es como esto…”. O en su ministerio de sanidad diría, “Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros”. Él está anunciando el principio y la intromisión del Reino de Dios.

En Mateo 22 leemos esta parábola. “Tomando la palabra, les habló otra vez en parábolas, diciendo: El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un banquete de bodas para su hijo. Y envió a sus siervos a llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero no quisieron venir…”

Ustedes saben cómo continúa la parábola. El rey está invitando al pueblo a la fiesta de bodas y la llegada del matrimonio del hijo del rey, pero todo el mundo está muy ocupado. Nadie quiere ir, y ellos están ignorando esta celebración del clímax del reino de Dios. Y así Dios dice que está bien, que ellos no vengan. Que ahora vayan por los caminos y los senderos y que traigan esos extranjeros y esos extraños, gente que no tenga dinero. Que los lleven porque su hijo será honrado. El rey va ser reconocido con propiedad.

Y toda esta parábola está enfocada en la venida del rey, el rey que es rechazado por su propia gente. Y así, si es que vamos a entender todo el patrón de la Escritura, no nos atrevemos a pasar por alto esta idea central e importante del reino de Dios que comienza en las primeras páginas de la Biblia y se extiende hasta el libro del fin, o el Apocalipsis, donde se celebra la entronización de Cristo, y los ángeles del cielo cantan, “El cordero que fue inmolado digno es de recibir el poder, las riquezas… el honor, la gloria y la alabanza… [porque su reino será] por los siglos de los siglos”. Cuán a menudo has pensado en términos de esta idea central del Nuevo Testamento—el reino de Dios? No vivimos en una monarquía en Estados Unidos.

De hecho, le tenemos una establecida alergia a los monarcas. Sin embargo, cada cristiano vive en una monarquía donde Cristo es llamado el Rey de reyes y el Señor de señores. Creo que uno de los errores más tristes que se ha difundido a través de una teología defectuosa es la idea de que el reino de Dios ya ha llegado a su plenitud. Hay quienes enseñan lo que se llama «escatología realizada», que dice que ya no nos queda esperar nada en términos de la consumación del reino de Dios.

Creo que esto corre de forma contraria al Nuevo Testamento, el cual promete todavía un futuro para el pueblo de Dios, donde el reino de Cristo se manifestará visiblemente a su regreso. Pero hay otra seria distorsión, y es una posición que enseña—y ha sido muy difundido—que el reino de Dios es completamente futuro, que el reino de Dios no ha llegado de ninguna manera, estado o forma hasta el momento.

Y creo que esa posición no tiene el anuncio fundamental de Jesús mismo, el evangelio del reino de Dios, el cual ya ha empezado. El reino de Dios ha empezado, y nuestro rey ya ha sido coronado. Él ya fue coronado e investido. Y mientras estoy hablando, Jesucristo es ya el Rey de reyes y Señor de señores. Eso es una realidad. Y el pueblo de Dios debe vivir como súbditos en una monarquía, sujetos a nuestro Rey.

 

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El contrato roto

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El contrato roto

R.C.Sproul

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En nuestra última sesión, vimos la estructura básica de los Pactos, tal como se realizaban en el antiguo cercano oriente y cómo el formato de los Pactos que encontramos en el Antiguo Testamento sigue de cerca la misma estructura literaria que se encontró, por ejemplo, entre los heteos del mundo antiguo. Y luego mencioné en esa ocasión que nosotros celebramos todo tipo de contratos en nuestra sociedad actual, contratos de negocios, contratos de empleo, contratos matrimoniales, etc.

Bueno, ¿qué sucede cuando se viola el contrato? En la cultura estadounidense, lo que pasa en general, cuando se viola un contrato, es que las partes se reúnen y si no encuentran solución, una de las partes iniciará un litigio. Lo que seguirá es una demanda para que un juez imparcial dé su veredicto en cuanto a quién fue el que violó el contrato. Ahora, esta idea de pleitos en los tribunales es algo que también encontramos en el mundo antiguo.

Recuerda que parte del trabajo de Moisés como mediador del antiguo pacto fue el de atender casos en la puerta de la ciudad. Solemos oír de las personas que se reunían a la ‘puerta’, porque ahí a la entrada era como estar en la plaza de armas de la ciudad. Y las personas que tenían agravios entre sí vendrían y las presentarían delante de Moisés y luego ante los jueces de Israel. Ellos presentarían su queja, el juez escucharía el caso en medio del proceso y luego daría un veredicto.

Unos de los casos más famosos, es el caso de las dos mujeres que alegaban ser madre de un niño, y el caso fue presentado al Rey Salomón.¿Recuerdas cómo resolvió Salomón esta disputa? Él dijo algo así: ‘Cortaremos al niño por la mitad y le daremos una mitad a cada madre.’ Y una de las mujeres dijo: ‘está bien’; y la otra dijo: ‘No, no, no, no’, “dad a ésta el niño vivo”.

Y Salomón de inmediato supo que la que no quería que el niño muriera era de seguro la verdadera madre, y por lo tanto le dio la custodia a ella del bebe en disputa. Pero la audiencia de casos como este, en especial cuando se viola contratos, involucraba demandas, litigios y juicios.

Ahora, hemos mencionado que en el pacto que Dios hace con Israel, Dios es el soberano en estos tratados. Ahora, ¿qué sucede cuando la gente, que debía cumplir las estipulaciones del tratado, no cumplía con esas estipulaciones?

Bueno, lo que sucedía era esto: Dios entra en juicio con ellos y Dios, por así decirlo, instituye una demanda contra su propio pueblo. Una vez más, en nuestros tribunales de hoy, tenemos citaciones donde el tribunal solicita la presencia para dar testimonio y tú tienes por un lado la defensa y por otro lado, la fiscalía.

¿Quiénes fueron los fiscales en Israel? Esto es algo que muchos de nosotros no reconocemos con facilidad, pero una gran parte del Antiguo Testamento está dedicada a esta función particular, la función del fiscal, el que acusa, los mensajeros de Dios, quienes hacen la demanda contra el pueblo de Dios, por violar los términos del pacto.

¿Y quiénes fueron estos fiscales? En el Antiguo Testamento se les conocía como profetas. Esto puede sonar nuevo para ti, porque normalmente cuando pensamos en los profetas del Antiguo Testamento, pensamos que su tarea principal era hacer promesas futuras, predicciones de lo que Dios dice que sucedería en el futuro y las bendiciones prometidas del cumplimiento del pacto y cosas así.

A menudo se ha dicho que los profetas no solo predecían, sino que también anunciaban. No solo hablaban del futuro, sino que estaban profundamente preocupados por el pasado y por la forma en que la fe histórica, la religión clásica que Dios había instituido con su pueblo, estaba siendo transformada, pervertida y corrompida. Y Dios llamaría a su pueblo a una prueba solemne por medio de la obra de los profetas. Los profetas fueron reformadores, no fueron revolucionarios.

Y, lo que hicieron en su labor de reformar la iglesia, fue llamar al pueblo de Israel a una fidelidad y obediencia a los términos principales del pacto original. Oyes a Jeremías, por ejemplo, en su famoso discurso en el templo, diciendo: “Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este.”

Él dijo algo así: “Tú confías en palabras de mentira, que no aprovechan… Anda ahora a mi lugar en Silo y mira eso porque así se verá Jerusalén”. Silo estaba en ruinas y Jeremías predice que la ciudad, la ciudad santa de Jerusalén, será devastada como un acto de juicio de Dios sobre el pueblo por no cumplir con los términos del pacto. Y muchas de las profecías de los profetas tienen que ver con ese juicio inminente, ese día de tinieblas, el día del Señor.

Originalmente, el pueblo de Israel esperaba el día prometido del Señor porque vieron ese día del Señor como un tiempo de redención. Pero cuando el profeta Amós le habla a su pueblo, dijo que el día del Señor será como un día de oscuridad sin luz.

Dijo que será un tiempo de juicio sobre la nación porque han ignorado los estatutos de Dios y han violado los términos del pacto. Solo para tener una idea de cómo funciona esta misión profética en la historia de la redención, voy a dirigir su atención ahora a un breve pasaje en el libro del profeta Oseas.

Estaremos viendo Oseas 4. El capítulo empieza con estas palabras: “Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel”. Ahora, no vayamos tan rápido con esto. A menudo, cuando los profetas estaban a punto de dar un oráculo, una declaración de Dios al pueblo, lo que se hacía primero era una convocatoria de una asamblea solemne, el anuncio de una asamblea solemne, como una reunión del pueblo; el profeta anunciaba o llamaba al pueblo para que venga a escuchar.

Y esto es lo que justo está haciendo Oseas aquí. “Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel”. Los está llamando a una asamblea solemne porque hay una audiencia judicial que está por empezar. Es como, “Atención, escuchen”, cuando el secretario da inicio al proceso judicial, aún aquí en Estados Unidos, y anuncia: “El estado de Florida contra Elena Peña, o quien sea el acusado del caso; y así, entonces, la asamblea solemne continúa. Ahora, escucha lo que dice Oseas: “Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra.”

¿Ves cómo usa lenguaje jurídico? Otras traducciones dicen: “…porque el Señor tiene querella contra los habitantes de la tierra.” Así que, Dios está ahora llamando a la gente, no para una pequeña charla o para confraternizar, los está convocando para esta audiencia debido a una querella. Y la querella es entre Dios y su pueblo; la querella se basa en que Dios, a través de los profetas, está presentando cargos, cargos formales, contra su pueblo del pacto porque han violado los términos del acuerdo. Ahora, ¿cuáles son los cargos que trae Oseas, por ejemplo?

Escucha esto: “porque Jehová contiende con los moradores de la tierra: porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Estos son los cargos. No es que aquí exista un cargo específico contra la violación de un punto en particular del código de la ley mosaica, sino que ahora es mucho más amplio que eso, mucho más serio.

El profeta viene y Dios ha dicho a través del profeta: ‘estoy mirando a mi pueblo y “no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra.”’ Otras traducciones dicen: “pues no hay fidelidad, ni misericordia ni conocimiento de Dios en la tierra.” De modo que la primera preocupación que los profetas expresan aquí en los cargos que están siendo presentados por Dios, es la corrupción del sistema de justicia de la nación.

Dios había llamado a su pueblo a ser un pueblo que promovía, exhibía y mantenía la justicia. Recordamos a Miqueas, cuando le preguntaron, cuando Miqueas dijo: “¿y qué pide Jehová de ti?” Y él contestó—redujo todos los requisitos de la ley a tres declaraciones: “solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” Esas son las tres responsabilidades principales del pueblo de Dios: la promoción de la justicia, de la misericordia –en un momento hablaré de eso—y caminar humildemente con Dios.

Ahora, lo que Oseas hace aquí es decir que el pueblo de Israel ha fallado en los tres cargos. Cargo número uno: No hay justicia en la tierra. Si lees el libro del profeta Amós, por ejemplo, verás que Amós es quien dice: “Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.”

La queja es contra la explotación de la gente, de que los ricos y poderosos, y particularmente los gobernantes del gobierno han oprimido a su propia gente. Los pobres se venden por un par de zapatos en el mercado; y gran parte de la profecía de Amós va contra los problemas de justicia en la nación. Pero, ¿qué de “no hay piedad”?

La razón por la cual hay diferentes interpretaciones o traducciones de este texto es porque la palabra que se traduce por misericordia es la palabra “hesed”, la cual es una de las palabras más importantes en todo el vocabulario del Antiguo Testamento; Y puede traducirse a veces por “misericordia” o por “fidelidad”.

Lo que ‘hesed’ es, es la palabra que usan los judíos para expresar cómo Dios se relaciona con su pueblo, que Dios es leal a su pueblo. Contiene la idea de un patrón de lealtad firme. Dios siempre es leal a su pueblo y a su pacto, y demuestra su lealtad a ellos a través de su afable y tierna misericordia que derrama sobre ellos. Pero cuando Dios es afable, tierno y misericordioso y leal a su pueblo, espera que la gente lo refleje y proyecte en términos de sus propias relaciones interpersonales.

Ahora Dios viene, y Él mira a la nación, y Él dice: ‘No solo no hay justicia aquí, sino que no encuentro lealtad. No encuentro misericordia personal ni compromiso entre el pueblo de Dios. Pero luego, el tercer juicio es este: “No hay conocimiento de Dios en la tierra.”

Me voy a dar una pequeña licencia aquí, a algunos no les va a gustar lo que voy a decir, pero, en este punto, Dios está acusando a su pueblo, llevando a juicio a esas personas que se supone que son parte de su comunidad del pacto, debido a su pésima teología, porque ¿qué es el conocimiento de Dios sino la teología? ¿Qué es teología sino un estudio de las cosas de Dios?

Y lo que sucedió en Israel, esta nación elegida que gozó de abundante revelación especial de Dios, a quienes Dios reveló su carácter, su identidad, su naturaleza, la verdad sobre quién es él, y sin embargo con toda esta revelación especial que se le dio a Israel, la ignorancia teológica empezó a ser común. Las personas se confundieron en religiones falsas y en puntos de vista que eran completamente inconsistentes con la verdad de Dios.

De Nuevo, si miras cuidadosamente las escrituras y las enseñanzas de los profetas del antiguo Testamento, verás que una de sus preocupaciones centrales es la verdad, tal como lo era para Jesús en el Nuevo Testamento, cuando frente a Pilatos, éste le dice: ‘¿quién eres tú? ¿Eres un rey? ¿Qué has hecho?’

Y Jesús dijo: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.” En la enseñanza de Jesús, la verdad es primordial. En el Antiguo Testamento, la verdad es primordial. En nuestra cultura, la verdad es asesinada en las calles. La gente quiere unidad, quiere relaciones, quiere compañerismo, sin importar lo que sea o no verdad.

La mayor amenaza para Israel en su historia, de nuevo si lees con atención los escritos de los profetas, no fue la amenaza militar de las naciones vecinas como los filisteos y los asirios, etc; La mayor amenaza para Israel fue el falso profeta en medio de ellos. Porque lo que el falso profeta hace es distorsionar la verdad de Dios y alejar a las personas de la vida piadosa, alejándolas del fundamento mismo de la vida piadosa, es decir, un conocimiento apropiado de Dios mismo.
Y ahora, esta acusación del profeta Oseas es severa. Dios le dice a su pueblo: ‘He mirado a largo de toda la tierra y no hay conocimiento de Dios en ella’. Me pregunto ¿cuál sería su juicio sobre Estados Unidos? Luego continua y dice: “Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden. Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán. Y luego continúa: “Ciertamente hombre no contienda ni reprenda a hombre, porque tu pueblo es como los que resisten al sacerdote. Caerás por tanto en el día, y caerá también contigo el profeta de noche; y a tu madre destruiré.”

Y ahora escucha la acusación realmente demoledora y devastadora que viene: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” ¡Qué anuncio! ¿Puedes imaginarte a Dios saliendo en televisión nacional en los Estados Unidos o entrando al edificio de la Corte Suprema y diciendo: ‘Ahora me hago cargo’ y dice: ‘El pueblo estadounidense está pereciendo. Están siendo destruidos por falta de conocimiento.

No saben quién soy. Son ignorantes de mi ley y debido a todo eso, toda la tierra llorará. Y porque has rechazado el conocimiento de mí, yo te rechazaré. Rechazaré a tus sacerdotes, rechazare a tus madres, rechazaré toda la tierra.’ Qué tan extraño es eso para nuestro pensamiento hoy en día, cuando lo último que alguien quiere ejercitar es la precisión y solidez teológicas.

Pero miren, para Israel y para los profetas, la teología no fue un ejercicio abstracto: cuando la comprensión de una nación de Dios se desintegra, la gente es destruida. La gente muere y lo que inunda la cultura, en lugar de una cultura comprometida con la devoción a Dios y la obediencia a su ley –ahora, lo que viene en gran medida es mentiras, robo, violencia, adulterio; y por lo tanto, toda la nación languidece.

Debería haber una lección en alguna parte para nuestra propia nación, porque nuestra nación está languideciendo a causa de la violencia, a causa de la inmoralidad, porque la nación no tiene conciencia de la ley de Dios. Nos hemos resistido y hemos rechazado la ley de Dios, y Dios simplemente dice: ‘Cuando rechaces mi ley, cuando rechaces mi verdad, yo te rechazaré’.

Esa es una gran carga devastadora que se impondrá a cualquier nación. Y así el resto de este capítulo habla de los planes de Dios para castigar a su pueblo. Él los envía al exilio. Les quita el templo y, en una palabra, los entrega a su propio pecado y a su propia corrupción al caer el martillo de su juicio sobre ellos. Y entonces tenemos que entender que, en el drama de la redención, en el corazón de ese drama se encuentra el pacto, las promesas que Dios hace y esas promesas incluyen tanto las bendiciones y los beneficios como las maldiciones por desobedecer los términos de esa ley.

Y cuando esas leyes se quebrantan y se viola el tratado, Dios unge a los profetas, quienes son enviados como sus fiscales para llamar a la gente a una reforma, para devolverles los términos originales de su acuerdo con Dios. ¿Y cómo reacciona la gente ante los profetas? Los rechazan, los excluyen y finalmente los matan hasta que llega el último profeta que traerá crisis a la tierra con su aparición, con la aparición de Cristo. Me pregunto cómo te sentirías si fueras a tu buzón de correo y descubrieras que acabas de recibir una citación para presentarte y testificar en un juicio; o incluso peor, si acabas de ser convocado para comparecer como acusado en un caso en el que alguien ha presentado cargos formales contra ti.

Esto no es algo muy grato de contemplar. Ahora bien, una cosa sería que el estado de Florida, o cualquier ciudad donde vivas, presente cargos contra ti, pero ¿cómo te sentirías si recibieras una citación de parte de Dios, si te citan ante Su tribunal y te llaman para comparecer ante Él?

¿Qué harías? ¿Cómo responderías? La única respuesta que tenemos como cristianos es consultar con nuestro abogado defensor, Jesús, y rogar para que él defienda nuestro caso ante el tribunal de Dios. Pero ciertamente, estaríamos temblando si supiéramos que Dios nos acusó y dijo: ‘RC Sproul, miro tu vida. No veo ninguna preocupación por la justicia. No veo lealtad o misericordia, y no posees verdad porque has rechazado el conocimiento de mí. Por razones políticas, por conveniencia, le has dado la espalda a mi verdad.’ ¡Qué terrible acusación sería para mí, para ti o para cualquiera!

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El contrato ancestral

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El contrato ancestral

R.C.Sproul

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Continuando con nuestro estudio acerca del drama de la redención, quiero recordarles que ya hemos visto varios de los distintos Pactos que Dios estableció con Su pueblo, y mencioné al inicio que, la estructura misma del pacto es ese vínculo que une el Antiguo y el Nuevo Testamento. De hecho, cuando los llamamos el Antiguo y el Nuevo Testamento, lo que estamos diciendo es el antiguo y nuevo pacto. También mencioné que tomaría un tiempo para explicar el formato literario y las estructuras del pacto.A mediados del siglo XX, un profesor de la Universidad de Michigan llamado Mendenhall escribió una monografía muy breve que apareció en el periódico casi como un ensayo titulado simplemente: “La ley y el pacto en el antiguo cercano oriente”.

Ahora, lo que el profesor Mendenhall hizo en ese trabajo fue resumir algunos descubrimientos extremadamente importantes del siglo XX, particularmente en este caso ya que se relacionaban con el antiguo pueblo heteo. Mendenhall notó que en los documentos –algunos documentos que se habían descubierto, que habían sobrevivido desde la antigüedad–notó que había una cierta estructura en los tratados que se hicieron en el mundo antiguo entre lo que se llamó el rey soberano y sus reyes vasallos.

Es decir, tienes un gran rey y él hace alianzas o un pacto con reyes menores, y en este arreglo o en este tratado soberano, como se le denomina, ciertas facetas aparecen regularmente en estos tratados. Voy a enumerar los elementos que encontramos en estos tratados antiguos. El primero es que estos tratados siempre contenían un preámbulo, tal como lo tiene la Constitución de Estados Unidos, y luego lo que siguió después del preámbulo fue lo que llamamos el prólogo histórico, y luego el prólogo histórico es seguido por las estipulaciones –o los términos del acuerdo—y luego esas estipulaciones son seguidas por sanciones y juramentos.

También tenemos ceremonias de ratificación y disposiciones para la renovación. Ahora bien, lo que este hombre notó en este análisis fue que este mismo formato se encuentra con frecuencia en las escrituras del Antiguo Testamento. Meredith Kline, profesora de Antiguo Testamento, ha escrito al menos dos libros que amplían este análisis de la estructura de los convenios que encontramos en la Biblia.

Esos dos libros se titulan en primer lugar, Tratado del Gran Rey y el segundo se llama Por juramento consignado, donde la Dra. Kline se explaya sobre el trabajo de Mendenhall para mostrar cómo se puede encontrar esta estructura de tratados en los documentos del Antiguo Testamento. Permítanme comenzar entonces con una breve introducción al capítulo veinte del libro de Éxodo. Creo que todos sabemos que Éxodo 20, uno de los capítulos más famosos del Antiguo Testamento, es muy conocido porque es en ese capítulo que encontramos el Decálogo, o los Diez Mandamientos, que forman la base fundamental o la base legal para la formación de la nación que Dios instituyó con su pueblo Israel. Y empieza así: “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí.”

Lo que vemos aquí en esta breve introducción en el primer versículo de Éxodo 20 es un preámbulo y un prólogo histórico. El preámbulo es la situación en la cual el miembro soberano de este tratado, porque los tratados soberanos no eran pactos o convenios entre iguales. El soberano era el gran rey, como mencioné, y los otros reyes que se aliaron con él eran reyes menores, y entonces la soberanía descansaba en el soberano.

Y eso es lo que encontramos aquí en el Antiguo Testamento, que el socio soberano de este pacto es Dios; y Dios, en el preámbulo, se identifica a sí mismo. Él se presenta a sí mismo por su nombre, al igual que en el mundo heteo, el nombre del gran rey se declara primero. “Yo soy Yajabibi, rey de todos los heteos” y así por el estilo. Aquí notamos que en Éxodo 20, comienza con esta declaración: “Yo soy Yahweh, tu Dios”,

De tal manera que Dios se identifica por su nombre como el soberano en el tratado, y luego sigue el prólogo histórico. Una de las cosas fascinantes en el Antiguo Testamento es que encontramos estos prólogos históricos frecuentemente, en especial cuando hay ceremonias de renovación del pacto. Entonces el prólogo histórico actualizará la historia de la relación entre Dios y su pueblo.

De nuevo, es importante que comprendamos que el Dios al que servimos es un Dios personal. Él tiene un nombre y hay una historia de la relación entre Dios y su pueblo. Inicialmente, Dios se identifica aquí como el Señor del pueblo –Yahweh, su Señor—el que ha hecho…¿qué? “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto”.

Anteriormente, cuando Dios le hablaba a José, por ejemplo, decía: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Al decir eso, él se estaba identificando a sí mismo con la historia pasada de su relación con su pueblo. Ahora se está expandiendo. No solo es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, sino que ahora se lo conoce como el Dios que ha actuado en la historia para provocar el Éxodo. “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto”. Ahora, todo esto, todo este preámbulo y prólogo, antes de llegar a los términos del pacto.

Ahora, lo que Mendenhall llamó las estipulaciones, se refiere a esos artículos, ese contenido del tratado por el cual se hacen ciertas promesas o acuerdos. Esos son los términos del acuerdo. Así como cuando tenemos un contrato laboral hoy en día –si tú tienes un contrato donde trabajas, puedes estar bajo contrato con un empleador y tener una descripción de funciones. Y la descripción de funciones, especifica o establece las estipulaciones y los términos de tu empleo; eso incluye tanto tus responsabilidades como tus beneficios.

Por ejemplo, en el mundo heteo, el rey decía: “Yo soy Yajabibi, rey de todos los heteos y ahora prometo que protegeré tus tierras de reyes extranjeros. Mis ejércitos se mantendrán a tu disposición y actuarán cada vez que te sientas amenazado, y al mismo tiempo, es tu responsabilidad entregar a mis almacenes tantos costales de grano por año y tanto dinero de impuesto por año.” Esos son los términos del acuerdo.

En el contrato nupcial que tenemos hoy, tenemos ciertas promesas que se hacen, en la que nos comprometeos mutuamente, y decimos que prometemos amarnos y ser fieles y todas esas cosas que prometemos, en cualquier circunstancia, sea que estemos en enfermedad o en salud, en abundancia o en escasez, ya saben, hasta que la muerte nos separe.

Esas partes de la ceremonia nupcial incluyen las estipulaciones del acuerdo o del pacto. Ahora, la razón por la que menciono estas estipulaciones es porque tenemos que entender que el Decálogo, los diez mandamientos, implicó un resumen de las estipulaciones básicas del pacto con el que Dios hizo con y a través de Moisés.

Moisés es llamado el mediador del antiguo pacto. Es a través de Moisés que la ley ahora se le da a la nación, la ley que se expande mucho más allá de las obligaciones que Dios le impuso con anterioridad a Abraham, Isaac, Jacob y demás. Ahora tenemos esta codificación formal de todas las estipulaciones para que Israel sea una nación, para ser el pueblo de Dios en esta situación histórica redentora.

Y no solo tienes los diez mandamientos, o el decálogo, sino que lo que sigue a los diez mandamientos se llama el código de santidad, que se expande con mucho más detalle sobre las obligaciones que se establecen en los diez mandamientos. Este es otro aspecto que espero que encuentres interesante: que hay dos tipos distintos de leyes que son parte de este pacto que Dios establece con Moisés en el monte Sinaí.

A veces se conoce como el pacto Sinaítico porque fue dado a través de Moisés en el monte Sinaí. Y los dos tipos distintos de leyes que encontramos aquí en el libro de Éxodo y en todo el Pentateuco son lo que se llama ley casuística y el segundo se llama ley casuística. Ahora bien, estos términos pueden no ser familiares para todos, en especial el primero, apodíctico.

Ahora, ese es un término que casi nunca escuchamos, pero lo que se entiende por ley apodíctica son las leyes que se otorgan como universales, como principios universalmente vinculados que forman la base misma de todo el código legal de la nación.
En nuestra situación actual, podríamos ver un paralelo entre los diez mandamientos y su función en Israel y la declaración de derechos de nuestra Constitución estadounidense, porque todas las otras leyes de la tierra, de las cuales existen miles de leyes en las legislaciones, todas ellas siempre se juzgan de conformidad con, o en relación con, las leyes presentes en la Declaración de derechos en la Constitución.

Ahora, la razón por la que se llaman apodícticos es por la forma en que son dados y que son referidos. Siguen una fórmula determinada y esa fórmula aquí es: “Tú harás…” o “No lo harás…” Esa es la fórmula que no es una situación hipotética condicional, sino que es lo que hoy llamaríamos leyes absolutas. Quiero decir, esto es totalmente extraño para una cultura como la nuestra, donde hay personas que abrazan el relativismo y dicen que no hay nada absoluto excepto el absoluto de que no hay nada absolutamente nada absoluto.

Así que la ley apodíctica son los principios universales que definen todas las otras leyes específicas que vienen después. Ahora, la ley casuística, a diferencia de la ley apodíctica es la que comúnmente llamamos “jurisprudencia”. Jurisprudencia: ley que surge de situaciones de vida específicas y casos específicos.

Sabemos que cuando los abogados presentan casos en el tribunal de nuestro país, siempre están preocupados por encontrar precedentes para situaciones similares e intentar alentar al tribunal a aplicar una decisión previa a una situación que tal vez ahora es un poco diferente pero que, sin embargo, tiene suficientes similitudes con los hechos anteriores que fueron resueltos por el tribunal, que examinamos todo el cuerpo de la jurisprudencia para dar pautas a futuras decisiones.

Ahora bien, la fórmula de la jurisprudencia en el Antiguo Testamento es la siguiente: generalmente sigue este tipo de formato literario: si tal o cual, tal y tal cosa sucede, entonces tal o tal cosa y tal y tal debería ser la respuesta de la corte. Y estas leyes son ejemplares. Es decir, sería algo como esto. La jurisprudencia diría: si su buey aplasta el campo de otra persona, entonces se aplicarán ciertas penalidades o sanciones en ese caso. ¿Vieron? Hay un caso.

Ahora, si la Biblia cubriera todos los casos imaginables de jurisprudencia, entonces la Biblia sería un libro tan grande que se necesitaría una grúa para levantarla. Por eso existe la jurisprudencia como modelo o ejemplo de cómo debe administrarse la justicia. Supongan que ahora mi problema no es que mi buen haya pisoteado tu jardín de rosas, sino que mi cabra ha devorado tus gladiolos.

Es posible que la Biblia no hable específicamente acerca de las cabras comiendo gladiolos, pero vemos si hay un caso, una instancia, un ejemplo de algo similar en la Biblia de donde podemos sacar conclusiones. Y así es como funciona la jurisprudencia. Entonces, tienes tanto la ley apodíctica como la ley casuística, todas incluidas en este concepto que llamamos estipulaciones. Y así las estipulaciones del pacto que Dios hace con Moisés comienzan con declaraciones tales como: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza”… y así sucesivamente a través de los diez mandamientos.

Ahora, luego de que se dan las estipulaciones, y tenemos que recordar, de paso, que la ley en el Antiguo Testamento no es algo abstracto que desciende del cielo aislado de cualquier contexto real. El contexto de esta ley es un pacto, y sigue siendo parte del pacto de gracia.

Entonces, no podemos decir que las leyes de Dios son contrarias a su gracia, pero sí, que vienen a nosotros como parte de la expresión de su bondad y misericordia, que Él incluso haría un trato con nosotros, que incluso Él sería nuestro Señor del pacto.

Es un acto completamente amable de parte de Dios. Y también tenemos que entender que las leyes de Dios, nuevamente, no son principios abstractos, sino que son las leyes de nuestro Dios personal. Obedecemos la ley no solo porque sean leyes, sino porque son leyes de Dios y queremos ser obedientes a Él, y queremos agradarle.

Y Él expresa su placer al darnos estas leyes para decirnos cómo vivir. Ahora, estas estipulaciones son seguidas por juramentos y sanciones, se toma juramento y en el caso que ya hemos visto, el caso de Abraham, Dios hizo un pacto con él y juró por Sí mismo.

Hizo un juramento, y ese juramento es una promesa solemne en donde promete cumplir los términos del pacto. Dios hizo ciertas promesas a Adán, hizo promesas a Noé, hizo promesas a Abraham, y ahora hace estas promesas al pueblo de Israel. Y la promesa que se genera en el antiguo pacto es la promesa de bendición.

Leemos, por ejemplo, en el capítulo 28 de Deuteronomio, y dice: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”. Y luego obtenemos esta larga lista de bendiciones prometidas.

“Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.” ¿Oyes lo que está diciendo? Él dice: “Si obedeces la ley de Dios, la bendición te acompañará en todas tus empresas. Serás bendecido en la cocina, serás bendecido en el dormitorio. Serás bendecido en tu morada; serán bendecido en la sala.

Serás bendecido en el país; serás bendecido en la ciudad. Cuando te levantes, cuando te acuestes, a donde sea que vayas, todo lo que hagas, recibirás la bendición que viene de Dios por cumplir las estipulaciones del pacto. Por otro lado, si no mantienes la bendición, o si no cumples con las estipulaciones del pacto, entonces habrá sanciones contra ti, y esas penas se expresan en el Antiguo Testamento en términos de maldiciones,

Leemos en el capítulo 27 de Deuteronomio estas declaraciones: “Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Maldito el que redujere el límite de su prójimo. Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino”. Y la idea general aquí es que si rompes la ley de Dios, entonces la maldición te seguirá a todos lados.

“Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas”. Maldiciones por doquier. Esa es la pena o las sanciones, sanciones negativas, por no cumplir con las estipulaciones. Y luego, como ya hemos visto en el caso de Abraham, estos pactos son ratificados generalmente por algún tipo de ceremonia de corte, como la circuncisión, indicada entre los judíos.

Y, por último, había una disposición en estos antiguos pactos para tenerlos actualizados y lo vemos con frecuencia en el Antiguo Testamento, donde al final de la vida de Moisés, él reúne a todas las personas y realizan una renovación del pacto donde Moisés pasa la posta de su liderazgo a Josué.

Y luego en la vida de Josué, él realiza una ceremonia de renovación del pacto: “escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Estas declaraciones son parte de toda esta amplia estructura de pacto, que veremos más en nuestra próxima sesión. La mayoría de nosotros somos muy cuidadosos con el entendimiento de los términos de los contratos que hacemos.

Recuerdo que el año pasado la asociación de acreditación de seminarios hizo su revisión de nuestro seminario en Orlando y todos los profesores fueron entrevistados por los funcionarios. En ese momento, yo era el decano de la institución; y me llamaron para una entrevista y estaban muy preocupados porque la facultad de nuestro seminario solo tiene contratos de un año. No tenemos tenencia en nuestra institución académica, y esta asociación de acreditación tuvo una mala impresión de eso.

Entonces me preguntaron de inmediato: “R.C., ¿cómo te sientes respecto a los términos de tu contrato? Y comencé a reír. Y dijeron: “Por qué te ríes?” Y dije: “Porque no tengo un contrato.” Dijeron: “Qué quieres decir con que no tienes un contrato?” Dije: “Bueno, no tengo un contrato escrito”. Le dije: “Salgo a cenar una vez al año con el presidente del seminario y nos sentamos y él me dice lo que quiere que se haga el próximo año y cuál será la compensación, y disfrutamos la comida, nos damos la mano al despedirnos y ambos olvidamos lo que acabamos de decir.”

Dije: “Tenemos una relación muy amistosa e informal. No me molesta en absoluto. Me alegra hacerlo”. Ellos pensaban que estaba siendo explotado y era terrible, por lo que dije: “No”. Les dije: “Estoy muy contento con esto porque entendemos cuáles son mis obligaciones y cuáles son los términos de nuestra relación”.

Entiendo la importancia de tener las cosas detalladas en los contratos y todos nosotros debemos ser cuidadosos y diligentes, en especial si tenemos un rol de superintendentes en un contrato industrial o algo por el estilo, que seamos diligentes en mantener los términos y las obligaciones de cualquier acuerdo que hayamos celebrado porque esto tiene su base en la misma relación que Dios tiene con su pueblo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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La redención prometida a Abraham

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La redención prometida a Abraham

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A veces, en las conferencias y reuniones cristianas donde me toca hablar, la gente se me acerca con un pedido muy inusual, y la primera vez que esto sucedió, me quedé anonadado; Pero ahora veo que es una costumbre popular y por eso ya no me choca tanto. Ellos traen sus biblias y me piden un autógrafo, y yo pienso: “Una cosa es que firme un libro que escribí yo mismo, pero amigos, yo no escribí la Biblia.” Simplemente me resulta extraño que la gente me pida esto.

Pero hay otra parte en esta tradición o costumbre. Me piden que escriba junto a mi nombre, el versículo de mi vida, y de nuevo, la primera vez que alguien me pidió eso, estaba un poco desconcertado. Dije: “Qué quieres decir con el versículo de mi vida?” “Bueno, tú sabes, el versículo que define tu vida”.

Y dije: “Bueno, nunca he pensado en eso, tomando un versículo de las Escrituras. Se supone que debemos tratar de vivir de acuerdo con cada palabra que aparece en las Escrituras, no solo con una de ellas”. Pero lo que realmente estaban preguntando era: “¿Cuál es tu versículo favorito en la Biblia, y escríbelo allí, y quiero leerlo por mí mismo y ver por qué lo has escogido?”.

Me imagino que no hay nada de malo en eso. Así que nos divertimos un poco haciéndolo. A menudo he dicho que si me metieran en la cárcel en confinamiento solitario y solo pudiera tener un libro para leer mientras estoy encarcelado, el libro que quisiera, obviamente, sería la Biblia porque nunca me cansaré de ella.

Nunca tendría suficiente tiempo en la cárcel para agotar las riquezas que se encuentran en el texto bíblico. Pero dicen: “Esperen un momento. La Biblia es una colección de libros. Es como obtener una biblioteca completa: tiene 66 libros. Si solo pudiera tener un libro de la Biblia en su celda, ¿qué libro le gustaría tener?

Por lo general no dudo al respecto y digo: “Me gustaría tener el libro de Hebreos”, y eso a menudo sorprende a la gente. Y dicen: “Pensábamos que usted, R.C. era un teólogo y que seleccionaría Romanos. Y yo digo: “Bueno, no. He visto tanto con Romanos, que si estuviera en la cárcel de seguro podría recordar casi todo sin necesidad de tener el libro frente a mí. Pero Hebreos da tal vasto resumen de toda la historia redentora en términos de sus múltiples alusiones al Antiguo Testamento y la manera en que el Antiguo Testamento se cumple en la persona y obra de Cristo en el Nuevo Testamento. Creo que ese es el único libro de la Biblia que elegiría si tuviera solo una opción.” Bueno la gente fue más específica aún. “¿Qué capítulo te gustaría tener? ¿El capítulo 14 de Juan o el 13 de 1 de Corintios? ¿Cuál es tu favorito? Y así…

Finalmente llegan al versículo de la vida. Ellos dicen: “¿Cuál es tu versículo favorito?” Si solo pudieras tener un solo verso para leer una y otra vez en la cárcel, ¿qué versículo elegirías?

Bueno, para mí esa elección es fácil. El versículo que elegiría es Génesis 15 verso 17, y quiero leer este versículo hoy, porque cuando escuches este versículo, quedarás impresionado. Vas a tener escalofríos de arriba abajo en la columna vertebral. Esto va a ser tan emocionante, tan alucinante, que no querrás esperar hasta poder salir e ir volando a subrayarlo en tu propia Biblia. Génesis 15:17 – escucha lo que dice este verso: “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.”

¿No es increíble? Ahora, aquellos de ustedes que están escuchando, tienen que entender que hay personas frente a mí que me están mirando como si hubiera perdido mi muy querida razón. Sus ojos revelan una sensación de perplejidad e incertidumbre y dicen: “¿Qué clase de locura es esta que llamas a eso tú versículo favorito de todas las Escrituras?

Déjame asegurarte, que no te estoy tomando el pelo. Estoy hablando en serio. Este sería el verso que quisiera oír y leer todos los días si es que fuera a prisión. Permíteme leerlo otra vez. “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.” Ahora, creo que la razón por la que tengo tantas miradas extrañas cuando digo esto es porque no estamos familiarizados con algunas de las costumbres y prácticas que se realizaban en el Antiguo Testamento, y no entendemos el significado, el simbolismo, de lo que se está comunicando en Génesis 15:17;

Y para entender esto, tenemos que retroceder un poco hasta el comienzo del capítulo y ver el contexto, el contexto histórico, en el que aparece este verso. Hagamos esto. Veamos el capítulo 15 de Génesis, empezando en el verso 1. Leemos: “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.” Ahora, escuchen, si estoy nuevamente en mi celda, qué feliz y aliviado me sentiría si Dios se me apareciera en medio de mi celda, y Dios me mirase y dijera: “R.C., no tengas miedo porque Yo soy tu escudo, y yo soy tu gran recompensa”.

¿Cómo te sentirías si estuvieras solo y perdido como José, encerrado en la prisión, y estuvieses solo en prisión, sin nadie que te visite ni que te preste atención, y de repente Dios apareciera en medio y te dijera: “No tengas miedo”? Bueno, una de las peores maldiciones de la vida humana es el miedo, pero si Dios viene y dice: “No tengas miedo”, el miedo desaparece.

Si Dios dice: “Yo soy tu escudo”, ¿qué hace un escudo? ¿Por qué tenemos miedo? Tenemos miedo al daño. Tenemos miedo de una tragedia o catástrofe que sobrevenga –sean lesiones personales o a algún ser querido, o la pérdida de propiedades, de un trabajo, o lo que sea.

Tenemos estos miedos porque no estamos completamente seguros como seres humanos frágiles y finitos. Pero, ¿y si entendiéramos que Dios es nuestro escudo? ¿Quién podría penetrar ese escudo? ¿Qué cosa sería capaz de penetrar ese escudo? Y Dios le dice esto directamente a Abraham. Abraham tiene una visión, y Dios dice: “Abraham, no temas, yo soy tu escudo y yo soy tu gran recompensa”. Ahora, Abraham quedó desconcertado por esto, y dijo: “Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?

Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.” El que habla aquí es un judío del mundo antiguo o al menos un semita, y está diciendo algo así: “Señor, si soy el hombre más rico del mundo en este momento” –porque Abraham era una de las personas más ricas de todo el mundo antiguo—“¿y estás hablando de una recompensa? ¿Qué le das a una persona que tiene todo?”

Y ahora Dios viene, y Abraham siente que Dios se burla de él. Él estaba diciendo algo como esto: “Oye, Dios, gracias por todos los beneficios que me has dado, pero lo que quería más que cualquier otra cosa que nunca he tenido. No tengo un hijo. Mi esposa es estéril.

No tenemos hijos, y uno nacido en mi casa, Eliezer de Damasco, mi siervo, él recibirá mi herencia. Todas estas cosas que me has dado, no tengo a nadie a quien darla, excepto a un extranjero. ¿De qué es esta recompensa que hablas? “Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.”

Entonces Abraham sale y mira hacia el cielo en el antiguo medio oriente donde la atmósfera es menos densa de lo que es aquí, donde las estrellas son tan brillantes, tan puntillosas en detalles, en términos de lo que se puede ver a simple vista en una noche estrellada en el medio oriente.

Y mira hacia arriba y la Vía Láctea se ve como una nube, densa con estrellas. Y Dios le dice a Abraham: «Cuenta las estrellas”. Estoy seguro de que Abraham entendió que Dios le estaba dando una tarea imposible. Estaba recibiendo un mensaje aquí, pero no creo que Abraham saliera y mirara las estrellas… ‘uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…’

Todavía estaría contando. Porque si puedes contar las estrellas del cielo, “si las puedes contar… así será tu descendencia”. Una promesa fue hecha. Un pacto está naciendo aquí, donde Dios promete a Abraham, que no tiene hijos, descendientes que serán más innumerables que las estrellas del cielo.

Y leemos el verso 6: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” Cuando hablamos de cómo somos redimidos en el plan de redención, la doctrina de la justificación por fe, que Pablo elabora tan magistralmente en Romanos – allí Pablo hace referencia a este pasaje cuando articula la doctrina de nuestra redención, donde somos redimidos no por las obras de la ley, sino por la fe en las promesas de Dios y por la fe en Cristo.

Pablo plantea la pregunta: “No fue Abraham justificado antes de hacer alguna de las obras de la ley? ¿No dice la Escritura: “y Abraham creyó a Jehová, y le fue contado por justicia?” Ahora analizaremos eso con más detalles más adelante cuando tengamos una serie acerca de la doctrina de la justificación, pero por ahora solo quiero que lo vean al paso, que aquí está la justificación de Abraham.

Dios le da una promesa y Abraham cree en Dios. No es que Abraham simplemente cree en Dios; Él le cree a Dios. Esa es la diferencia entre la conciencia teológica y la fe verdadera. No es suficiente creer que Dios es, la fe verdadera es creerle a Dios, confiar en Dios, vivir tu vida “coram deo” –delante de Su rostro, ante Su presencia—confiando en Él como tu redentor. Pero Abraham ahora es considerado justo por Dios debido a su expresión de fe, y ¿qué ocurre? Inmediatamente le asaltan las dudas.

Versículo 7: “Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.” Le ha prometido tierra, y le ha prometido descendencia. Ahora, ¿qué dice Abraham? –el mismo Abraham que hace un momento creyó a Dios y por lo cual fue considerado justo.

Y Abraham dijo: “Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?” Lo creo, estoy confiando, pero en este momento Dios, mi fe….—y me estás pidiendo que crea algo grande aquí: mi esposa es estéril y no puede tener hijos.

Soy un hombre viejo. Sí, ¿cómo vamos a tener una descendencia que sea más grande que el cielo, que las estrellas en el cielo? Creo en ti Dios, ayuda mi incredulidad. Me aferro con las uñas. –y casi me acerco a la pizarra y paso las uñas por el tablero, pero te ahorraré eso. Pero ¿sabes lo que es aferrarse a la fe con uñas y todo? Eso es lo que Abraham está haciendo aquí mismo.

Pero ¿ves lo que le está pidiendo a Dios? Él está diciendo: Dios, ¿cómo puedo estar seguro? ¿cómo puedo tener esta fe tan débil y tan frágil? ¿Cómo puedo estar seguro de que vas a hacer lo que prometiste hacer? ¿Te das cuenta de cómo cambiaría tu vida hoy, inmediata y dramáticamente, si realmente crees en la palabra de Dios?

Cada vez que tengo miedo, y mi miedo siempre llega a mi estómago. Sé cuándo tengo ansiedad porque la siento físicamente y detesto eso porque digo: Cada vez que tengo esos dolores y punzadas cuando el temor asalta mi alma, sé que esto pone en evidencia la debilidad de mi fe. Entonces, todos, como cristianos, tenemos esas debilidades y todos anhelamos una mayor seguridad porque si realmente creyéramos a Dios, no tendríamos miedo de nada y estaríamos haciendo su obra día y noche ¿cierto? Pero de todos modos, él es el padre de los fieles, pero también es el padre de los dudosos porque él dice: “Dios, ¿cómo puedo saberlo con certeza?”

Y escucha cómo Dios le responde. Dios le dijo: “Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino”. ¿Es esto extraño o no? Es decir, Dios dice: ¿quieres estar seguro? Bueno, entonces anda y consígueme una novilla, pero asegúrate que tenga tres años – trae su certificado de nacimiento—y consigue el carnero y la tórtola de tres años, y todos estos animales, le dice.

Y entonces él trajo todo esto y lo partió por la mitad, y colocó cada pieza opuesta a la otra. Ahora, fíjate que estos animales son traídos y Abraham los corta por la mitad, pero no los corta a la mitad por la cintura. Él corta estos cuerpos por el centro mismo, de pies a cabeza, y luego coloca estas piezas separadas unas de otras, pero de punta a punta.

Trajo todo esto, lo cortó en dos, por el medio, colocó cada pieza opuesta a la otra, pero no cortó las aves en dos. Y cuando los buitres bajaron sobre los cadáveres, Abraham los separó. ¿No es esto significativo? Dios le dice que pase por este ritual tan elaborado, esta extraña ceremonia de cortar estos animales por la mitad y luego tumbarlos uno frente al otro en el suelo.

Ahora, ¿qué va a pasar? Tan pronto como esto se haga, ¿quién viene? Los buitres. Pero lo que estamos viendo aquí, lo que estamos leyendo aquí es una ceremonia de alianza donde Dios responderá la pregunta de Abraham: “¿Cómo puedo estar seguro? Dios ahora está dramatizando con una señal externa y sella la garantía de Su promesa a Su siervo.

Y tan pronto como comienza la ceremonia, los buitres están en camino. ¿No es ese el caso siempre? Cada vez que Dios hace una promesa, incluso antes de que tengamos esa promesa en nuestra alma, los buitres están allí para arrebatarla, para comerla, destruirla, devorarla. Pero Abraham se los llevó.

Ahora, el versículo 12 dice: “Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él. Y en medio de esta horrible oscuridad, Dios habla de nuevo y le dice a Abraham: Sé con certeza que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, les servirán, los afligirán 400 años, y también a la nación a quien ellos sirven, Yo juzgaré. Esto es sobre la esclavitud en Egipto, Esto es acerca de una futura profecía del Éxodo.

Y después saldrán con grandes posesiones. Y en cuanto a ti, irás a tus padres en paz. Serás sepultado en una buena vejez. Pero en la cuarta generación, ellos regresarán aquí, por la iniquidad de los amorreos aún no está completa. Ahora, aquí viene. Escucha. “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.” ¿Qué significa esto? Lee el siguiente verso. “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram,” Esta es una ceremonia de pacto.

El concepto de pacto en el Antiguo Oriente era que un pacto no estaba escrito, sino que estaba cortado. Los convenios fueron ratificados por algún tipo de rito de corte. La circuncisión era una señal, un ritual de corte. Bueno, en este caso lo que se está cortando son los animales, y cuando se ponen uno frente al otro, separados, Abraham está en este profundo sueño; Y he aquí en su visión nocturna, ve esta olla humeante y esta antorcha encendida moviéndose entre las piezas. Lo que tenemos aquí es una teofanía.

Una teofanía es una manifestación externa y visible del Dios invisible –ese mismo Dios que se manifiesta en la teofanía de la zarza ardiente, que arde pero que no se consume cuando aparece frente a Moisés. Es el Dios que manifiesta su presencia en la columna de humo y en la columna de nube. Es el mismo Dios que la Biblia dice que es fuego consumidor.

Esta era la manera normal de Dios de revelar su presencia de una manera en que los seres humanos podían contemplarlo. Lo que Abraham está viendo aquí, amados, es Dios moviéndose entre los pedazos de estos animales muertos. Pero ¿por qué lo está haciendo? Él no está acá realizando un ritual de tortura corporal para probar su masculinidad, sino que, lo que Dios le está diciendo a Abraham es esto:

Abraham, te prometí algo. Me creíste, pero no estabas seguro. Querías saberlo con certeza, y dijiste, ¿cómo puedo estar seguro? Y te dije que cortaras estos animales, y ahora me he movido entre los pedazos porque lo que te estoy diciendo Abraham, es que, si esta promesa no se hace realidad, si mi palabra no se cumple, lo que le has hecho a estos animales aquí en el suelo me suceda a mí. Que yo sea cortado. Que el Dios inmutable sufra una mutación. Que el Dios que existe por sí mismo deje de existir.

Es por eso que el autor de Hebreos, más tarde cuando cuenta este incidente en la vida de Abraham, dijo: “Como Dios no podía jurar por nada mayor, juró por sí mismo.” Dios no dice: “Mira Abraham, para estar seguros que mi palabra se cumplirá, que me caiga un rayo y me parta en dos esto no es cierto” o “juro por el templo en Jerusalén” o “juro por el cielo” o “juro por la tumba de mi madre.” No, no.

Dios hace un juramento aquí y dice: Juro por mi deidad. Pongo en peligro mi ser y si no cumplo esta promesa a Abraham, puedo dejar de ser Dios. No hay nada más elevado a lo que Dios pueda apelar como un voto, como un juramento a la verdad, que su propio ser. Eso es lo que comunica este verso, que cuando Dios hace el pacto y la promesa de la redención de las personas y de la tierra a Abraham, Él lo confirma con un juramento. Él jura por sí mismo. Él pone su propia deidad en riesgo a fin de dar certeza a su promesa.

Es por eso que cuando estoy en mi punto más bajo de mi vida y mi fe tambalea, quiero leer este texto una y otra vez. Ya he mencionado la observación de que seguramente nuestras vidas diferirían mucho de cómo son ahora si nuestra fe en Dios fuera perfecta.

La duda desgarra nuestras almas y cualquier fe que tengamos es una fe vacilante. Es una fe que se puede aumentar. Es una fe que puede ser disminuida, y anhelamos más seguridad. Anhelamos una mayor certeza de la que ahora disfrutamos y poseemos. Hice la declaración de que nuestras vidas serían diferentes, si es que realmente creyéramos perfectamente en las promesas de Dios.

Hoy quiero pedirte prácticamente que pienses sobre esto, específicamente con esto en mente. ¿Cómo sería tu vida diferente si estuvieras absolutamente seguro de cada una de las promesas de Dios que Él te da en las páginas de las Escrituras? ¿Cómo cambiarías tu vida? ¿Qué diferencia, específicamente, haría en tu vida?

Quiero que pienses en esto y que reflexiones al respecto. Es algo muy importante en lo cual pensar porque es casi como tomar nuestra temperatura espiritual y también nos inclinará y nos llevará a leer más profundamente sobre estas promesas de Dios para que podamos tener nuestras almas fortalecidas.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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La redención de Noé

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Renovando tu Mente

La redención de Noé

R.C.Sproul

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Creo que todos nosotros tenemos una cosa en común, y es que sin importar cuánto disfrutemos nuestro trabajo y labores (nuestras vocaciones) también disfrutamos de algunas formas de recreación. No sé lo que te guste hacer para recrearte, pero a mí me gusta tocar música, me gusta jugar golf, y hay algunas actividades que disfruto como recreación.

Pero ¿que quiero decir con “recreación”? y ¿Por qué la “recreación” es llamada “recreación”? Voy a escribir esta palabra en la pizarra como para que algunos de ustedes no puedan verla, y solo tendrán que imaginarla. Es la palabra “recreación” y el prefijo “re” ¿qué significa? “Otra vez” o “Nuevo”. Y la raíz de la palabra “creación” tiene que ver con que el mundo fue creado y formado por Dios.

Génesis uno nos habla acerca de la obra de creación de Dios, pero también hay una especie de recreación que, en primera instancia, se refiere bíblicamente al fin del tiempo del plan de redención de Dios cuando renovará este universo caído. Recuerda cómo Pablo nos dice en Romanos que toda la creación gime a una con dolores de parto, esperando por la redención de los hijos de los hombres.

Esto quiere decir que nosotros hemos llevado a toda la naturaleza a la ruina. Aun los animales y las plantas están, en su propia forma, anhelando la perfecta renovación, la restauración del cosmos—incluso todo el reino animal cayó mientras caíamos bajo él. Me es interesante que cuando la maldición es pronunciada sobre Adán y Eva, y cómo aparece la enemistas que existe no solo entre el ser humano y Satanás, sino también entre humanos y otros humanos y también entre los humanos y la naturaleza y también entre la persona consigo misma.

Pero la mayor enemistad es entre nosotros y Dios. Pero la ruptura de la camaradería entre nosotros y Dios también distorsionó y arruinó nuestras relaciones interpersonales. Una vez que el pecado entra en los seres humanos, afecta las relaciones. Obviamente afecta tu relación con Dios. Afecta tus relaciones con otras personas y las de otras personas contigo.

También afecta tu relación contigo mismo. Existe ese concepto de auto distanciamiento. No estamos en paz ni aun con nosotros mismos. Pero más allá de eso, las Escrituras hablan de un distanciamiento, o una alienación, entre nosotros mismos como pecadores y todo el reino animal, del cual se suponía que íbamos a tener dominio y debíamos cuidar con amor y nutrir. Algunas veces me paró frente a una ventana y veo a un ave aterrizar en el patio y la observo buscar comida por sí misma, pero por todo el tiempo que anda buscando comida, pareciera como si tuviera un espasmo de terror.

La cabeza nunca está fija, siempre está subiendo y bajando, zigzagueando y sus ojos mirando alrededor buscando depredadores—un gato, buscando un halcón—pero sobretodo, buscando seres humanos. Yo acostumbraba a cazar en las montañas de Pensilvania, me metía por el bosque solo, y cada vez que entraba al bosque, lo que me llamaba más la atención era ese silencio absoluto. Disfrutaba el silencio al caminar entre los árboles. No oías el escándalo de la gente o los autos o ninguna de esas cosas similares o maquinarias. Solo camina por un bosque y verás cuán silencioso es. Y luego tomaría algún tiempo para adentrarme en el bosque, luego me sentaría sobre un tronco o aun sobre un árbol en pie, y no haría ningún ruido por 15, 20 o 30 minutos, uniéndome al silencio del bosque.

Y luego algo extraordinario tomaría lugar. De repente, empiezas a escuchar ruidos. Escuchas el rasguño de una pequeña pata, escuchas el piar de las aves y es como si el bosque cobrara vida y la fauna empieza a aparecer y congregarse para empezar sus actividades normales, siempre y cuando ellos sepan que no estás por allí. Pero tan pronto como la presencia humana se manifiesta, todo cambia. Lo puedes llamar instinto—o como quieras llamarlo—pero hay un temor básico que los animales nos tienen y ellos tienen razones fundadas para temernos porque hemos contaminado el ambiente.

Le hemos hecho daño a su experiencia de vida diseñada bajo la agencia creativa de Dios. Y así, toda la creación espera con ansias el día final de la recreación final, el descanso final, la renovación y una nueva página. Pero aun la idea de redención, del redimir no solo a la gente, sino a todo el cosmos, de la creación es anunciada muy temprano en el libro del Génesis, y se encuentra en la historia del diluvio donde, como sabemos, Dios visitó con juicio sobre la tierra.

Pero Él salva pares de criaturas de la tierra que son puestas a salvo en el arca, y bajo la familia de Noé. Y después de que las lluvias cesan y las inundaciones retroceden, Noé envía una paloma que regresa, y vemos que la tierra se está secando, y los habitantes de arca desembarcan sobre el monte Ararat en tierra seca. Ahora, Dios renueva su pacto con los seres humanos, y llamamos a ese nuevo pacto que Dios hace en ese momento como Pacto Noénico—esto es el pacto que Dios hace con Noé.

En un sentido muy real, Noé está repitiendo a Adán. Él es la nueva cabeza de la raza humana porque todo el resto de la raza humana ha sido aniquilada por su maldad. Y así Dios reinstaura y reinstituye su pacto de creación. Y éste es importante porque los términos de tal pacto de creación que Dios hace con Noé han de ser vistos como parte de las ordenanzas de la creación. Ahora, permítanme recordarles una vez más de lo que estamos hablando cuando hablamos de las ordenanzas de la creación.

Justo esta semana recibí una carta de un abogado que ha estado trabajando con líderes nacionales en un esfuerzo para llamar al pueblo de los Estados Unidos, los abogados, los legisladores y la rama ejecutiva del gobierno de los Estados Unidos y también el poder judicial del país de regreso a las raíces norteamericanas. Y la tesis que este abogado ha escrito sobre dice que la constitución no debe ser entendida como un documento de nova o nuevo que de repente apareció al final del siglo dieciocho, sino que este fluye de las afirmaciones hechas en la declaración de la independencia, donde en ese documento esa idea es afirmada, de que somos hechos por un Creador, y que se nos ha investido, por nuestro Creador, con ciertos derechos inalienables.

Ahora, por supuesto, lo que esta persona está escribiendo en el ensayo es que Dios—que realmente creemos, antes que nada, que hay un Dios que establece el gobierno en primer lugar y que, en segundo lugar, creemos que Él—como Creador—ha dotado a la gente con derechos. ¿Existe tal cosa como la Ley Natural? Recordemos todas las trifulcas que se levantaron cuando en Estados Unidos Clarence Thomas fue nombrado para ser miembro de la Corte Suprema de Justicia y cuando en una de las audiencias Joe Biden interrogó a Thomas sobre el tema de la Ley Natural porque hay muy pocas instituciones que siquiera enseñan Ley Natural.

Esta es una idea que ahora es considerada pasada de moda por la cultura. Pero Clarence Thomas era una especie de reliquia, un apéndice de una era pasada y extraña porque todavía seguía sosteniendo la idea de que la naturaleza misma revela ciertas leyes básicas que se aplican a todos—lo que los filósofos llaman la “igualdad general”—que si estudias todas las culturas del mundo y observas sus códigos legales, verás toda clase de diferencias y tonalidades que hacen cada cultura distinta de las otras y cada sociedad distinta.

Pero al mismo tiempo, verás ese compromiso básico y fundamental con ciertas leyes. Y esas leyes de las naciones, el “jus Gentium” o la ley internacional, como es llamada—la igualdad general es entendida como un reflejo de las leyes que no son dadas a cristianos por ser cristianos o a judíos por ser judíos, sino que son dadas a los seres humanos por ser seres humanos. Así como recordamos que cuando Dios creó a Adán y Eva, tuvimos el pacto de creación que fue hecho entre Dios y todos los seres humanos.

Y yo dije en ese momento que cuando lo observamos estamos de forma inexorable atados a tal pacto de creación, que todos nosotros estamos aquí como resultado de la actividad del Creador, y todos nosotros rendimos cuentas al Creador. Y todos nosotros estamos bajo pacto con Dios ya sea que queramos estar o no, sea que nos guste o no, o sea que creamos en Él o no.

Lo que dije en ese momento es que si dices, “No creo en Dios y no soy responsable de mantener esas leyes de las que dices que están en la creación”, de seguro querrás abandonar el pacto, pero no puedes hacerlo. Cada persona está en una relación de pacto con Dios.

Podríamos no estar todos en el Nuevo Pacto—en el Pacto Cristiano—o en el Pacto Judío o algo como eso, pero todos sí estamos en el Pacto de Creación. Y la pregunta final es, ¿Somos guardadores o quebradores del pacto? Bueno, por naturaleza rompemos el pacto, pero lo que quisiera que entendamos es que después del diluvio, el Señor renovó el pacto de creación con Noé.

Ahora, veamos algunas de las cosas que aprendemos cuando Dios le dice a Noé en el capítulo ocho, “Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra”.

¿Puedes notar la repetición del mandamiento original de ser fructífero, multiplicarse y poblar la tierra? Aquí está otra vez. “Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca.

Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar”. ¿Lo ves? Inmediatamente después de la redención de Noé, él adoró a Dios. Él ofreció sacrifico de alabanza en honor a Dios. Un sacrificio de acción de gracias. “… Y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.

Y mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche”. ¿No es increíble? Dios dijo que no iba a destruir a la creación más, y mientras su creación perdura, va a haber estaciones. Va a haber tiempo para plantar y tiempo para cosechar. Voy a gobernar este mundo a través de mi providencia y voy a asegurarme que esta tierra es preservada y que la tierra dé su fruto para ti. “Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra”.

Ahora escuchen esto, “El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar…”

De esto es lo que estaba hablando hace un minuto—como nos temían los animales, aunque muy pocos son domados. Animales salvajes huyen ante la aparición de seres humanos. “… en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre”.

Y ahora tenemos esta ley de la creación: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Mas vosotros fructificad y multiplicaos…” Aquí tenemos la institución bíblica de la pena capital por asesinato. Recuerdo cuando el estado de Pensilvania en Estados Unidos estaba discutiendo el tema de la pena capital. El gobernador de Pensilvania tenía que lidiar con un proyecto de ley que había pasado por el legislativo que restauraba la pena capital en el estado de Pensilvania, y el gobernador vetó la ley.

Él habló públicamente sobre eso diciendo: “No tenemos pena capital en este estado. Estoy vetando esta ley porque Dios dijo, No Matarás”. Y yo pensé que era extraño porque cuando Dios dijo, “no matarás” hizo la provisión para con aquellos que quebrantan este mandamiento, para aquellos que matan, en donde Dios requería que el asesino sea ejecutado.

¿Por qué? Lo dice aquí, “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada”. Esta no es una profecía. No está diciendo, “Aquellos que vivan por la espada, morirán por la espada”. Ese no es el punto aquí. El punto en este texto es que Dios está promulgando un mandamiento. ¿Por qué? Porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios; y el más grande asalto contra la dignidad humana es tomar con maldad una vida humana—asesinar.

No estamos hablando de homicidio involuntario. Estamos hablando de premeditación maliciosa, asesinato de primer grado, y Dios ve el asesinato no solo como un ataque contra una criatura que tiene la imagen de Dios, sino que Él considera esto como un ataque contra Dios mismo porque Dios está diciendo que puso su imagen en cada ser humano y la vida humana es tan sagrada que no tolerará el asesinato. Por eso es que era tan interesante para mí el escuchar los debates sobre la pena capital porque aquellos que se oponían a la pena capital tendían a hacerlo sobre la base de que la pena capital denigraba la santidad de la vida humana.

Estaban diciendo que la vida humana es tan sagrada que nunca debiéramos tomarla intencionalmente, como en una ejecución o un asesinato. Aun la vida de una asesina es sagrada. Aun la vida de un asesino es valiosa; y estoy de acuerdo con que la vida del asesino es valiosa. Pero el punto en el debate es cual punto de vista tiene una visión más alta de la vida.

Si el motivo para la pena capital es la venganza o la revancha, entonces Dios lo odia; pero la justificación moral para la pena capital que Dios da aquí en el texto es porque Dios dice que la vida humana es tan importante, tan sagrada, que si alguien más, voluntariamente, con malicia va y asesina a otro ser humano, él o ella pierden su derecho a vivir.
Y no es solo que ellos podrían ser ejecutados. Es un mandamiento de Dios en la creación de que sean ejecutados.

Ahora, yo no conozco nada en ningún lugar de la Biblia que posteriormente lo haya abolido. Podemos hablar de las leyes de Moisés, donde algunas de esas han sido anuladas, pero las ordenanzas de la creación son aquellas ordenanzas que Dios da a la raza humana que se levantan en la creación. Eso debería ser parte de nuestro entendimiento de la igualdad general.

“Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con todo ser viviente…” Y luego dice, “… y no exterminaré ya más toda carne con aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra”.

¿Te das cuenta que Dios está haciendo un pacto con Noé y con los descendientes de Noé—una vez más con la raza humana—y que ese pacto incluye una promesa una sagrada? Y tal promesa es luego representada por una señal exterior—por un sacramento, si lo quieres, en el Antiguo Testamento.

Y tal señal que Dios establece es la señal del arcoíris. Y lo que Dios está diciendo es que toma las cosas ordinarias, como en la Cena del Señor donde toma el pan y el vino y les da un significado especial en la celebración del sacramento. En el bautismo, Él toma el agua—un líquido ordinario—y le conecta con un significado especial en términos de ser una señal de la promesa de Dios.

Bueno, aquí es donde vemos esto, donde el Señor toma el arcoíris y Dios dijo: “Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra… y me acordaré del pacto mío…y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne”. Entonces, cada vez que llueve y miramos hacia el cielo, vemos literalmente la escritura de Dios en el cielo.

Vemos una señal visible, tangible y concreta de la promesa del Dios invisible. Y cada vez que veamos el arcoíris, deberemos recordar la promesa de Dios de preservar ese mundo en que Él está dramáticamente involucrado en su redención. Cuando has estado leyendo la Biblia, ¿alguna vez te has preguntado acerca de los mandamientos que se encuentran en las Escrituras y te has preguntado, ¿ellos se aplican hoy?

Todos nos damos cuenta que hay ciertos mandamientos que están escritos en las Escrituras que no podrían realmente tener ninguna aplicación significativa para el día de hoy. Por ejemplo, cuando Jesús envía a los 70 y les dice que no tomen sandalias para sus pies, ¿significa que es una regla para todos los ministros y todos los predicadores que ellos deben predicar descalzos? Obviamente, no.

Vemos que hay ciertas cosas que están relacionadas con la cultura y las costumbres—estilos de vestimenta, tipos de dinero. Por ejemplo, no tenemos que dar nuestros diezmos con denarios, usamos nuestra moneda local. Ustedes saben, el medio o la moneda precisa es un tema de costumbres. Lo principal se mantiene, pero lo relacionado con las costumbres cambia de cultura a cultura.

Bueno, hay un gran peligro, por supuesto, de imponer leyes sobre cada cultura que no tuvieron la intención de estar en cada cultura. Pero el otro lado es aún más peligroso. Cuando tomamos un mandamiento de Dios y decimos, “Bueno, esto está solo para ser aplicado en ese tiempo. No tiene relevancia para nosotros hoy”. Eso es peligroso.

La carga de la prueba siempre tiene que estar sobre aquellos que reducen una ley de Dios a una costumbre en lugar de volverla un mandato principal. Pero sin ir más allá, déjenme decirles esto: Que cuando estás leyendo la Biblia, y te encuentras con una de estas cosas de las que no estás seguro, toma nota que, si hay en ellos una apelación en el texto a la creación, puedes estar seguro de que no es cultural porque las leyes que Dios da en la creación se aplican en cualquier lugar en que la creación está presente.

Mantén eso en mente cuando estás estudiando la Palabra de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Un diluvio de maldad

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Un diluvio de maldad

R.C.Sproul

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Creo que todos estamos familiarizados con los programas que forman parte de nuestro sistema penal de justicia. Hay personas que cometen crímenes y que son conocidas como “delincuentes primerizos” y algunas veces, en el caso de alguien que comete por primera un delito, los jueces son indulgentes con ellos y les otorgan la suspensión de la pena o los multan en vez de mandarlos a la cárcel.

Y hay una segunda categoría de personas, conocidas como “delincuentes reincidentes”, ellos están fichados y tienen un largo historial. Pero, más allá de esto, tenemos una categoría conocida como “delincuentes profesionales”. No hacen nada más que delinquir. Así es como se gana la vida y esas son las personas que la sociedad busca con ansias sacar de las calles.

Entonces, vemos estos distintos grados de maldad. Podríamos pensar que, en el caso de las personas que cometen una vez un delito y que son puestos aparte y juzgados y que se les da una segunda oportunidad con una suspensión de la sentencia, pensaríamos que la mayoría de ellos aprenderían la lección y tratarían de cambiar y dejar la actividad delictiva.

Tal vez esa es la expectativa que tendríamos después del terrible trauma de la caída en el Edén. Adán y Eva están totalmente desnudos. Están totalmente avergonzados. Se arrepienten cuando Dios los reprende. Han recibido la maldición de Dios sobre ellos y, lo que es peor, son expulsados del jardín del Edén, y un centinela está de guardia a la entrada del paraíso: un ángel con una espada encendida, que he mencionado antes.

Pero volveré a mencionar de pasada que este ángel con la espada encendida representa el primer ejemplo en las Escrituras de que Dios da armas como medio de fuerza coercitiva de gobierno. Este es el primer ejemplo de fuerza gubernamental. La espada se le da al ángel y la espada se da… ¿por qué razón? Para la aplicación de la ley. La espada está allí para detener a la humanidad de apoderarse una vez más del paraíso que habían perdido, de irrumpir y entrar en el Edén.

Entonces, se coloca al guardia en la puerta y se le da un arma para usar, un arma de fuerza, que será usada, de ser necesario, para hacer cumplir la ley. Recuerdo haber tenido una reunión inusual de almuerzos en el comedor del Senado en Washington hace unos años atrás con un Senador que es muy conocido, y si mencionara su nombre todos ustedes lo reconocerían.

Así que no lo mencionaré para proteger a los culpables en este caso. Estábamos teniendo una discusión sobre el gobierno, y fue una discusión general sobre la teoría del gobierno, y este Senador en particular me dijo durante el almuerzo –Nunca lo olvidaré—dijo: “R.C., no creo que cualquier gobierno tiene el derecho moral de coaccionar a su gente.” Casi me atraganté con la sopa que estaba tomando ese día. Y le dije: “Senador, la verdadera esencia del gobierno es el derecho a coaccionar”.

Si le quita al gobierno el derecho a coaccionar, le estaría quitando al gobierno el derecho a gobernar, porque el gobierno no solo se dedica a hacer sugerencias.” Pasan leyes, y cuando pasan esas leyes, tienen instituciones que han sido establecidas y diseñadas para… ¿hacer qué? Para hacer cumplir esas leyes.

Ahora, si todos los ciudadanos cumplieran voluntariamente con las leyes, no habría necesidad de hacer cumplir la ley, y no habría necesidad del uso de la fuerza para que las personas cumplan con la ley. Es por eso que Dios instituyó el gobierno civil, entre otras razones, y lo vemos aquí en el Génesis, donde este ángel con la espada encendida está a la puerta. Ahora, podríamos pensar con todo esto que los hijos de Adán y Eva recibirían el mensaje y que dirían: “Bueno, de seguro no queremos hacer el mismo tipo de cosas que hicieron nuestros padres. Mira la etiqueta del tremendo precio por el pecado de ellos.

Solo podemos oír acerca del paraíso. Solo podemos oír acerca del Edén. No podemos entrar al Edén. Tenemos que vivir en Nod. Tenemos que vivir al este del Edén,” y uno pensaría que esa restricción mantendría bajo control cualquier inclinación de los seres humanos hacia el pecado. Una vez más, esa es una de las propiedades y principios del gobierno en el mundo, ejercer moderación sobre la proclividad de la raza humana hacia el mal.

Tenemos señales de límites de velocidad en las carreteras, por ejemplo, un límite de velocidad es de 90 kms por hora. ¿Por qué el gobierno pone un límite a la velocidad y por qué sanciona si se viola este límite? Porque no están dispuestos a confiar la seguridad de sus ciudadanos a la discreción individual de las preferencias de estilo de conducir de cada persona.

Ellos saben que sin esos límites las personas conducirán de una manera salvaje, ofensiva y hasta destructiva. De hecho, conducen así aún con los límites. ¿Puedes imaginar cómo sería si los límites fueran diferentes? Recuerdo cuando la mayoría de ciudades tenían el límite de 100 kms por hora, y luego, durante la crisis energética, los límites nacionales de velocidad fueron reducidos a 90.

Pero la gente seguía recibiendo multas por exceso de velocidad; y la velocidad a la que iban en promedio cuando eran multados, era más baja que el límite anterior de 100 kms por hora. Si las personas tienen el límite de 90, ellos conducen a 100. Si el límite es 110, ellos van a 120. Si lo ponen en 120, ellos van a 130. No tienes límites allí y ya se pueden imaginar cómo serían las carreteras y la carnicería que las pistas serían.

Pero la idea aquí es que estas restricciones están diseñadas para restringir nuestros impulsos pecaminosos. Pero ¿Qué vemos en Génesis? En los capítulos que siguen el registro de la caída de Adán y Eva, lo que vemos es la proliferación del pecado.

No vemos la disminución del pecado.  En cambio, vemos una expansión radical del mal. Casi de inmediato leemos sobre el primer asesinato, no un homicidio normal, pero es un tipo especial de homicidio llamado “fraticidio”, donde Caín se levanta y mata a su hermano.

Ahora, si pasamos al capítulo seis de Génesis, al principio, nos topamos con un pasaje difícil, uno que suena extraño a nuestros oídos y otro que ha provocado todo tipo de desacuerdo y controversia entre los intérpretes y comentaristas del Génesis. Leemos en el capítulo seis esto –al comienzo del capítulo seis: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; más serán sus días ciento veinte años. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.”

Ahora, veremos esta terrible descripción del clima moral que ha sucedido en el versículo cinco. “Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal. Y le pesó al Señor haber hecho al hombre en la tierra, y sintió tristeza en su corazón. Y el Señor dijo: Borraré de la faz de la tierra al hombre que he creado, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo, porque me pesa haberlos hecho. Mas Noé halló gracia ante los ojos del Señor.” ¿Qué es esto que vemos aquí? ¿Quiénes son estas personas a las que se hace referencia en este texto como: “los hijos de Dios” y “las hijas de los hombres”?

Es un pasaje extraño ya que hace referencia a este brote y expansión radical del mal, y habla de esta raza de gigantes que surge como resultado de la unión entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres. Ahora, uno de los enfoques más comunes de este texto es interpretarlo para sugerir que lo que sucedió después de la caída fue que había una mezcla de seres angelicales con seres humanos, casi como algunos de los mitos griegos, de la violación de mujeres por parte de los dioses que viven en el Olimpo, que bajan a la tierra y arrastran a los seres humanos –como la violación de Perséfone, etc.—leemos sobre esas historias en la mitología griega; y esta es una de las razones por las cuales algunas personas piensan que hay mitología en el Antiguo Testamento. Y van al Nuevo Testamento, donde Pablo les dice a las mujeres, por ejemplo, en Corinto, que se cubran la cabeza cuando están orando en la iglesia y cosas así, y todo ese asunto de cubrirse la cabeza.

Y menciona de paso esta declaración un tanto enigmática de que debemos hacer esto, las mujeres deben hacer esto, por el bien de los ángeles. Entonces, ¿qué significa eso? He visto un sinfín de tipos de especulaciones acerca de esto, el más usual es que las mujeres deben cubrirse la cabeza en la iglesia porque los ángeles siempre están observando la comunión de los santos en la iglesia, y los ángeles tienen esa extraña atracción por las mujeres hermosas.

Y por eso se supone que las mujeres deben ser modestas cuando van a la iglesia, no sea que causen algo de tentación a los ángeles, tal como sucedió en Génesis seis. Ahí es donde vemos el enlace. Ellos dicen: Bueno, ¿ven lo que pasó? La razón por la cual Dios trajo un diluvio sobre la tierra, el diluvio del que solo Noé y su familia se salvaron fue porque estos ángeles, los hijos de Dios, porque la Biblia se refiere, a veces, particularmente en poesía hebrea a seres angelicales, llamándolos “los hijos de Dios”—aquellos que cantaron al principio de la creación y así sucesivamente—los hijos de Dios cantaron juntos, es decir, las huestes angélicas.

Y entonces, ¿qué más podría significar este texto? Que los hijos de Dios son ángeles que descienden y tienen relaciones sexuales con mujeres mortales, y eso es lo que produce esta raza de personas extremadamente malvadas que son gigantes en términos de una grotesca distorsión de su humanidad normal. Esa es una teoría muy popular. Creo que tiene muy poca base y apoyo en los datos bíblicos en sí, pero, aun así, el texto es problemático.

Lo que vemos en la estructura del Génesis, desde Génesis tres en Adelante, es que vemos una breve recapitulación de la genealogía de los descendientes de Adán y Eva. Recuerda que después de que Caín se levanta y mata a Abel, Adán y Eva tienen otro hijo, y su nombre es Set.

Y Set tiene muchos descendientes, pero también Caín. Y obtenemos una breve muestra de los descendientes de estos dos hijos de Adán: Caín, el hijo malo y Set, el hijo posterior que viene después de la promesa del Evangelio. Y si miras en los capítulos cuatro y cinco del Génesis, y escuchas a los descendientes de Caín, suena como la galería de los más buscados.

Parece que todos están aquí menos Jack el destripador, tienes a Lamec, quien es el primer polígamo, y lees sobre su “canción de espada” donde celebra la violencia; y ves la depravación creciente de los descendientes de Caín. Pero luego también tenemos un breve resumen de los descendientes de Set, ¿quién proviene de esa línea de Set? Personas como Enoc, quien caminó con Dios y no pasó o sufrió por la muerte; él fue llevado directamente al cielo.

Luego tenemos a Matusalén, quien tenía 969 años, y quien era del linaje de dónde venía Noé. Y tenemos esa referencia críptica “en los días de Matusalén”, y su solo nombre sugiere que algo va a suceder al final de sus días. Hace poco escuché hablar de esto a un predicador, diciendo que el chisme más obvio en la tierra en ese momento era que todos querían saber el día a día –querían reportes diarios—en cuanto a cómo iba el viejo Matusalén ya que tenían el terrible temor de que cuando él muriera, literalmente todo el infierno se iba a desatar.

Y, de hecho, esto sucedió. Inmediatamente después de la muerte de Matusalén, vino el diluvio por el cual Dios destruyó la tierra. Ahora, volvamos al tema de este matrimonio entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres. Recuerda que, con frecuencia, en la Escritura, la filiación se explica no tanto en términos de generación biológica, sino en términos de obediencia.

Jesús habló a los fariseos, cuando afirmaron ser hijos de Abraham. Él dijo algo como esto: “No son hijos de Abraham. Son hijos de vuestro padre el diablo. Son hijos de ira. Son hijos de aquel a quien obedecen”, por lo que, era familiar para el pueblo judío definir, con frecuencia, la filiación en términos de obediencia.

Incluso el título “Hijo de Dios” para Jesús, no se refiere solo a su deidad, sino también a su perfecta obediencia en su humanidad. Él es aquel en quien Dios está complacido. Está muy contento porque obedece al Padre en todo sentido.

Ahora, no hay razón alguna para suponer en este texto que los “hijos de Dios” se refiere a los ángeles. De hecho, los mejores estudiosos del Antiguo Testamento, los que yo confío, están de acuerdo en que se trata de una referencia a los hijos obedientes de la línea de Adán, que implica la línea de Set. Tienes dos líneas una al lado de la otra: Set y Caín.

La familia de Caín aumenta radicalmente en el mal, en la violencia y en el pecado.  Como dije, es como una galería de prontuariados. Ésta es la expansión del mal en la familia de Caín. Pero en la línea de Set, tenemos a aquellos que han encontrado una gracia especial delante de Dios y que, por así decirlo, son justos delante de él.

Éstas son las personas que agradan a Dios, está Enoc y otros. Así que ellos son llamados los hijos de Dios. Y lo que sucede es que los descendientes de Set, los descendientes varones empiezan ja casarse con las descendientes de Caín, las hijas de los hombres, así, ahora los justos se unen con los injustos. Y lo que resulta no es solo la destrucción de la línea de rectitud, sino una mezcla grotesca que produce gigantes, o monstruos por así decirlo, que ahora tienen una mayor capacidad para el mal.

Y la contaminación se vuelve mundial, y Dios ve la violencia en toda la tierra y que el corazón de todos está lleno de maldad, y todos están haciendo lo correcto ante sus propios ojos. Entonces ya no existe este sentido de obediencia o compromiso con el Dios del pacto de la creación, y entonces Dios dijo algo como esto: “No más. No voy a luchar más contigo. No voy a tratar de enviar a mi Espíritu para que obre en tu santificación; voy a retirar mi Espíritu y el martillo del juicio caerá sobre ustedes.”

Y así, de nuevo, esto prefigura todo el resto del Antiguo Testamento, donde uno de los mayores problemas en la historia de Israel es el problema del sincretismo, donde Dios separa a su pueblo y lo llama a ser una nación santa, un real sacerdocio y para mantenerse sin mancha del paganismo; e incluso, cuando les da la tierra prometida, les dice que expulsen a todos los paganos que están allí.

Pero, en cambio, Israel hace tratos con ellos.  Ellos entran en convenios con ellos y permiten que los paganos permanezcan allí. Y lo siguiente que sabes es que se están casando con los paganos. Lo siguiente que sabes es que mezclan la religión pagana con la religión de Dios y ese es quizá el desastre más grande que alguna vez haya golpeado a Israel.

Pero está prefigurado aquí en este matrimonio mixto entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres, de modo que ahora la maldad se vuelve universal. Esta no es la evolución de la raza humana, amados. Esta es la devolución de la raza humana, de la cual todos somos herederos y socios.

Si usáramos los conceptos de hijos de Dios e hijas de hombres tal como lo acabo de hacer, donde nos referimos a “los hijos de Dios” como personas que son piadosas en su orientación, que tenían un corazón para la obediencia a las cosas de Dios y cuyas vidas reflejaban algo de la belleza de Dios; Y que “las hijas de los hombres” se refiere a personas que no tienen a Dios en su pensamiento.

Si esas categorías se usaran hoy, ¿dónde encajarían ustedes? ¿Te miraría Dios y diría: “tú eres mi hijo, hijo mío, hija mía”? o Dios te miraría y diría: “eres un hijo de hombre, una hija de hombre o un hijo de hombre en el sentido de que estás viviendo una disposición humana que está en conflicto con Dios.

Dicho de otra manera, si Dios decidiera destruir el mundo de nuevo por inundación, lo cual no sucederá, pero si lo hiciera, ¿tú serías rescatado? ¿Te invitarían a entrar en el arca o te dejarían perecer afuera? Solo quedaba una familia en el momento de la inundación; e incluso más tarde en la vida de Noé, vemos la caída de Noé en el pecado.

Pero tenemos que entender que el pecado no es solo algo que está en los aspectos periféricos de nuestras vidas, sino que es algo que se planta profundo, profundo, profundo en el corazón de toda la humanidad. Recuerdo la gran novela de Joseph Conrad titulada “El corazón de las tinieblas”, donde las intenciones de nuestro corazón en la carne solo son perversas de continuo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El primer anuncio del evangelio

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El primer anuncio del evangelio

R.C.Sproul

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Hemos estado estudiando juntos el drama de la redención, y ya hemos visto que el plan de Dios para la redención no fue una añadidura—no fue una respuesta o reacción—a la catástrofe del universo por la entrada del pecado, sino que el plan de Dios de redención está enraizado y basado por toda la eternidad.

Ahora, la ocasión por lo que la redención vino a ser necesaria para nosotros, por supuesto, es la Caída—la caída de la humanidad en pecado. Hemos visto un poco de esas circunstancias. Y hemos hablado acerca de la difícil y extremadamente espinosa pregunta acerca de cómo fuimos relacionados, de una manera real, a la prueba de Adán allá en el Jardín del Edén, y hemos explorado algunas de las teorías más populares para poder explicarlo. Pero después de haber hecho esa exploración, todavía nos quedamos con lo que los teólogos llaman “El Misterio de la Iniquidad”—esto es, cómo el pecado es transferido de una generación a otra y esto tiene un grado de misterio.

Y un misterio aún mayor es cómo una criatura que fue creada como inocente, recta y buena, termina en realidad inclinándose hacia el mal. Ese es quizás el problema difícil que tenemos en teología. Pero algo que no es un misterio y que es muy real es el pecado, y éste es universal.

Y es axiomático que para que la gente conceda y esté de acuerdo con que nadie es perfecto y que todos los seres humanos, al menos en algún grado, no alcanzan el estándar de perfección y rectitud que es ordenada por nuestro Creador.

Ahora vamos a dirigir nuestra atención de regreso a la narración de la Caída en el Génesis, no para revisar una vez más lo que pasó en términos del pecado, otra vez recordando que el concepto del pecado original no se refiere al primer pecado, sino que, en vez de eso, al resultado del primer pecado. Y hemos visto que el resultado del pecado de Adán es esta naturaleza caída y corrupta que todos poseemos.

Pero esa no fue la única consecuencia de la Caída. Vemos en el libro del Génesis que Dios responde a la intrusión del mal en el mundo al manifestar su juicio, y Él lo expresa contra el hombre, Él habla en contra de la mujer, y habla en contra de la serpiente. Veamos este juicio otra vez brevemente. En el capítulo tres del Génesis, en el verso 14, Adán y Eva confiesan que ellos han violado el mandamiento de Dios de no comer del árbol. Leemos en el verso 14, “Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya…”

Aquí vemos el juicio de Dios sobre Satanás, quien asumió la forma de una serpiente y ejecutó el rol de la tentación en el Jardín del Edén. Así el primer juicio de Dios cae sobre la serpiente y dice que de ahora en adelante será una criatura que se arrastrará sobre su vientre; será una criatura deslizándose en el polvo. Pero más allá de la forma de la maldición, la afirmación más poderosa que tenemos y que es tan importante para nuestro entendimiento del drama de la redención es la afirmación de Génesis 3:15: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya…”. ¿Qué es la enemistad, sino odio, alejamiento, oposición y conflicto?

Cada vez que nos involucramos en una contienda, hablamos de las fuerzas opuestas como nuestros enemigos. Ahora el enemigo supremo de la raza humana desde el Jardín del Edén es la serpiente que representa la figura de Satanás, y Dios dice voy a infundir un espíritu de hostilidad entre esta mujer y tú, entre su simiente y la tuya. Ahora, esto lo podemos tomar de más de una manera. Afirmado de forma simple, Dios podría estar diciendo que habría enemistad entre Eva y Satanás, pero obviamente si incluimos toda la información bíblica sobre esto, que esa enemistad no está limitado a una mujer, sino que aun Eva se levanta como nuestro representante—que esta enemistad será transferida a la progenie de Adán y Eva, así como a los seguidores de Satanás.

Ahora, Él—es Dios quien dice que esta enemistad entre ti y la mujer, que también será entre tu simiente y la suya. Hay una pregunta acerca de la consecuencia plural o singular de la palabra “simiente”. Algunas veces usamos “simiente” en un sentido singular, aun cuando se refiere a las múltiples manifestaciones de la simiente.

La palabra “simiente” tiene la misma raíz para “semilla”. Cuando sembramos no tiramos semillas, sino que arrojamos “la semilla”. En cualquier caso, hay un vínculo entre la “simiente” o la “semilla” de la mujer y la “simiente” o “semilla” de la serpiente. Y recibimos lo que ya hemos mencionado brevemente al pasar—la primera promesa de redención en la Escritura, a la que se le denomina, “Proto Euangelión” viene de “Proto”—cuando decimos que algo es un prototipo, por ejemplo, nos suena familiar.

La palabra “proto” significa “primero en el orden, en una serie”. Y así, cuando llamamos a este texto en Génesis, el “proto-eungelión” estamos diciendo que tenemos en Génesis 3, el primer anuncio del evangelio, el primer anuncio de la promesa de redención. No es ciertamente el último anuncio o declaración de parte de Dios porque la Biblia realiza muchos anuncios del evangelio, pero este se levanta como el primero entre muchos.

Ahora, la palabra “euangelión” es una palabra que es tomada directamente del griego. Vemos que las primeras dos letras que pronuncio, “Eu”. Cuando pensamos en nuestro propio lenguaje, el español, tenemos algunas palabras que empiezan con ese prefijo “Eu”. Trata de pensar en algunas. Pienso en una declaración, por ejemplo, o un mensaje que es dado durante un funeral. ¿Cómo es que lo llamamos? Un “Eulogio” “E-U-L-O-G-I-O”.

Y si recordamos la información básica en el Nuevo Testamento, Cristo es llamado el “Logos” en el primer capítulo de Juan, y es traducida como “palabra o verbo”. Entonces la palabra griega para “palabra” es “logos”. Entonces un “eu-logos”—un “Eulogio” ¿Qué es? Es una buena palabra.

También tenemos la palabra “eufemismo”, de seguro la has oído. Vas a la consulta del dentista, te sientas en la silla, y el dentista toma ese pequeño taladro, nos mira y dice, “Esto te podría causar un poco de incomodidad”. Él no nos dice, “Esto te hará daño” o “Esto será doloroso”.

Por el contrario, él nos dice, “Esto será un poco incómodo”. A eso le llamamos “eufemismo” porque suavizamos la fuerza con alguna palabra que hace que suene mejor o pareciera una mejor descripción de eso. También tenemos otro término que no es tan conocido “eufonía”. ¿Qué es lo que significa? Un sonido placentero o agradable.

Ya estamos familiarizados con el prefijo E-U en español.  Viene directamente a nosotros del griego. Ya tenemos el “Eu” del “euangelión” y quizá hasta sean capaces de percibir la raíz de la palabra. Además, tenemos una palabra en español que viene directamente de ella, esa es la palabra “ángel”. Ahora, ¿Por qué los ángeles son llamados ángeles?

Bueno, en el Nuevo Testamento, el “angelós” o el “ángel” es uno cuya principal tarea en el reino de Dios es ser el portador del mensaje de Dios. Es el ángel Gabriel quien viene y anuncia el nacimiento de Juan el bautista a Zacarías. Es el ángel Gabriel quien visita a María y le anuncia el futuro nacimiento del Mesías.

Fueron ángeles que se pusieron a la entrada de la tumba en el día de la resurrección para anunciar a los discípulos la resurrección de Cristo. Entonces es típico en el rol de un ángel el ser un mensajero. Hablamos entonces del “euangelión” y no estamos hablando de un “buen ángel”, sino que hablamos de un “buen mensaje”. Y esa es la razón por la que, algunas veces, la palabra “evangelio” es traducida al español como “buenas nuevas”. De lo que estamos hablando aquí es llamado el “proto-euangelión”, esto es, el primer anuncio de las Buenas Nuevas, o del evangelio.

Esto se encuentra en Génesis 3 donde se maldice a la serpiente y Dios dice, “Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Aquí el punto no es hacia todos los descendientes de Adán y Eva, sino hacia una persona específica, una manifestación específica de la simiente de Adán, una persona humana en particular que participará en algún tipo de conflicto de lucha a muerte con la serpiente.

Y, por supuesto, los escritores del Nuevo Testamento observan esto como mirando hacia un futuro distante, el gran conflicto que emerge cuando Cristo entra en este mundo, se encarna y es hostigado, embestido atacado por Satanás durante todo su ministerio.

Algunas veces pensamos que la exposición de Jesús a las fuerzas del infierno estuvo limitada al período de 40 días de tentación en el desierto. Recordamos que inmediatamente después de su bautismo, el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto donde fue tentado por 40 días por el maligno.

Y el maligno lanzó todo lo que le pudo tirar a Jesús, tratando de duplicar su proeza de seducir a Jesús tal como lo hizo, de hecho, con Adán y Eva. Pero este nuevo Adán, este nuevo representante nuestro, no se sujetó o falló en la prueba, sino que, por el contrario, triunfó sobre todas las astucias y engaños con las que Satanás trató de seducirlo.

Y él salió triunfante de los 40 días de prueba. Algunas veces tenemos la tendencia a pensar, “Bueno, uf, Jesús pudo pasar la prueba. Satanás es derrotado. Satanás huyó con el rabo entre las piernas, y esa es la última vez que Jesús tuvo que preocuparse de Satanás”.

Por el contrario, cuando el Nuevo Testamento nos dice que la prueba de los 40 días terminó, leemos, casi como un pie de página que, “se apartó de él…” ¿qué? “… por un tiempo…” Aquí hay un tipo de presagio literario. Hay una nota ominosa asociada, no está allí, que Satanás está yéndose, pero no para siempre. Es por un tiempo. Él regresará. No ha renunciado en su asalto a Jesús. Jesús estaba muy consciente que ese asalto continuaría. Recordamos la maravillosa ocasión de la gran confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, donde Jesús les preguntó a sus discípulos, “¿quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”.

Y Pedro termina dando la respuesta, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Y Jesús reconoce que Él es, pero luego inmediatamente dice—primero le dice a Pedro, “…que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”.  Le da un nuevo nombre, llamándole la roca, y luego en los siguientes breves momentos, Jesús le explica a Pedro y al resto de los discípulos que su misión requiere que Él vaya a Jerusalén a sufrir y a morir.

¿Cómo reacciona Pedro, la roca, a eso? La roca dice, “¡Nunca!” Nosotros no lo vamos a permitir, Jesús. Tú eres el Mesías. No puedes ir a Jerusalén a sufrir y morir. Y así Pedro se opone al anuncio de Jesús de que está yendo a la cruz. Y con tal oposición, reprende a Jesús por aún tener tales pensamientos.

¿Qué es lo que Jesús le dice a Pedro? “Discúlpame Pedro. Supongo que me dejé llevar por mi misión. Realmente no necesito ir a Jerusalén. ¿Por qué no haces unas reservas para volver a Capernaúm y nos vamos mejor para allá? No, no. Jesús le dice a Simón Pedro, “¡Quítate de delante de mí, Satanás!”

El hombre que solo hace poco tiempo había sido nombrado como la roca, ahora se le llama Satanás. ¿Por qué es que hizo esto? Porque él ve que esa sutil y astuta seducción viene en última instancia de Satanás. Pero Satanás está usando a Pedro para tratar de imponerle una nueva tentación, para desanimar a Jesús de su misión. Y también me acuerdo de Lutero. Cuando lees la vida de Martín Lutero, la gente en estos días tiende a maravillarse con la sensibilidad que Martín Lutero tenía con la presencia de Satanás.

Sus escritos y sus memorias están llenas de alusiones a un conflicto personal con Satanás, y cuando él tenía esas tremendas luchas, a veces, Lutero se refería en alemán a esos ataques de Satanás como el “anfechtung” de Satanás. La palabra alemana “anfechtung” es más que un término—significa más que simplemente “ataque” o “conflicto”.

El “anfechtung” de Satanás del que Lutero hablaba era un asalto implacable y profundo, una lucha constante, una batalla continua. Y la razón no es sorprendente. Ya que Lutero había consagrado toda su vida a la lucha por la defensa del evangelio. Y tan pronto como Lutero hizo eso, tuvo que lidiar con las fuerzas del infierno que odian el evangelio.

El evangelio de Satanás y sus subalternos no son buenas nuevas, son malas noticias—son las peores de las noticias. Y aquí, en su forma inicial, leemos esto en el verso—Génesis 3:15, donde la enemistad entre “tu simiente y su simiente…” llega hasta el punto de decir, “…ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

Recuerden que Dios está hablando a la serpiente, y Él está diciéndole, “estás muy entusiasmada con lo que has sido capaz de lograr con esta mujer, con Eva y con Adán. Pero el día viene cuando la simiente de esta mujer va a aplastar tu cabeza”. Y la imagen que viene a nosotros con este texto es, ¿qué? Ves esa serpiente en la tierra que es venenosa, que es ofensiva—malvada—que puede causar toda clase de daño.

¿Cómo es que esa serpiente, que se arrastra sobre su vientre, va a ser destruida? La imagen no es de alguien que viene con una vara y la golpea en la cabeza hasta que muere, o que queda presa en un tipo de trampa o red, sino que, por el contrario, la imagen es de alguien que viene con su pie desnudo y pisa fuerte la cabeza de la serpiente hasta el punto de aplastarle la cabeza.

Eso es doloroso, es violento, es dañino para aquel que va a aplastar la cabeza de la serpiente. Y vemos esto en esta metáfora simple en Génesis—una alusión a la futura actividad de redención que apunta a la cruz, donde Cristo en esa cruz aplasta el poder de Satanás.

Él hiere su cabeza en la cruz, pero para poder hacer esa obra de destrucción, Él paga con su propia sangre. Paga con su propia vida. Él mismo es el siervo del Señor que sufre seriamente las heridas en su propio cuerpo mientras cumple la promesa de conquista. Ahora, el resto del texto del Génesis habla acerca de las maldiciones que le son dadas a la mujer—el dolor extra en el parto—y la maldición que es puesta en el hombre—no que sea llamado a trabajar por primera vez, sino que ahora su trabajo será llevado a cabo con gran dificultad.

La tierra que cultiva estará llena de espinas, cardos y zarzas. La tierra resistirá sus esfuerzos por producir una cosecha excelente, y todo eso prepara el escenario para el despliegue completo del futuro de la redención. Una contienda es dolorosa. No hay nada glorioso, realmente, con una guerra; aunque una contienda usualmente viene a ser la ocasión para manifestar actos audaces—actos osados, de valentía, de auto-sacrificio—donde la gente que va a la guerra, cuando pensamos en los soldados que regresan victoriosos de una batalla, a menudo los imaginamos como que regresan heridos.

Los norteamericanos recordamos una imagen que es parte de la herencia nacional llamada el “Espíritu del 76”. Allí vemos la flauta y los tambores, viendo a los soldados revolucionarios marchando, llevando la bandera. Pero ellos tienen vendajes en sus cuerpos que indican que, aunque la victoria ha sido ganada, ésta fue costosa.

Y deja que esta imagen, donde sea que la veas, te recuerde de la primera promesa del Evangelio—la promesa de que la cabeza de la serpiente será aplastada, pero no sin pagar un precio.  Y considera que el precio que ha sido pagado por esa victoria, que no es una victoria nacional. Se trata de una victoria cósmica. Es la victoria más importante de la que jamás has oído.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Adán, nuestro representante

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Continuamos con el drama de la redención. Ya hemos visto que la redención es algo necesario debido a la caída de la raza humana en el pecado. Mencioné que son solo los dos primeros capítulos de las Escrituras los que están dedicados al registro del acto creador de Dios, y luego el resto de la Biblia es un drama en desarrollo acerca de cómo Dios rescata o redime a esa creación y humanidad caída.

Pero, con lo que estamos lidiando ahora es con la pregunta que se planteó con tanta severidad en la controversia Pelagiana con San Agustín a inicios de la historia de la iglesia: el tema del pecado original. ¿Tenemos una naturaleza pecaminosa con la que nacemos o todos nacemos en un estado de neutralidad moral y de inocencia?

Recuerdo una ocasión en la que se le pidió al Dr Gerstner, mi profesor y mentor, predicar en una iglesia rural como expositor invitado un domingo en la mañana. Cuando llegó al lugar, antes del servicio, los ancianos se le acercaron y le dijeron: “Oh, Dr Gerstner, olvidamos decirle que esta mañana tenemos bautismo de niños y nos preguntábamos si podría realizar la ceremonia como parte de su intervención en esta visita. Y él dijo: “Me encantaría hacer eso”. Y dijeron: “Bueno, en ese caso, tenemos una costumbre en nuestra iglesia que realizamos con el bautismo”. Y Gerstner dijo: “¿Cuál es? Le dijeron: “Bueno, colocamos una rosa blanca en cada niño antes de ser bautizado, ¿le colocaría usted esa rosa al niño antes de su bautizo? El Dr. Gerstner dijo: “Y díganme, ¿qué significa la rosa? Le dijeron: “Bueno, la rosa blanca simboliza la inocencia del niño que está siendo llevado al bautizo.  Y el Dr. Gerstner dijo: “Ya veo, o sea ¿tendría que ponerles esa rosa blanca y luego tendría que bautizarlos?” Y ellos le contestaron: “sí, así es”. “Y, ¿Se supone que usaré agua para el bautismo?”, preguntó. Le dijeron, “Sí, por supuesto”. Luego les preguntó, “¿Cuál es el significado del agua?” Los ancianos dijeron, “Bueno, significa el lavamiento, la limpieza”. Y Gerstner replicó, “¿El lavamiento de qué?”.  Dijeron, “El lavamiento del pecado”. Y Gerstner solo sonrió. “¿Qué es lo que me dijeron que representaba la rosa?” Y de repente, los ancianos tragaron saliva, y él les dijo: “Creo que ahora tenemos un problema”.

Ustedes habrán notado que la suposición de esa pequeña iglesia era que los bebés, por supuesto, son inocentes. Ellos son inocentes en el sentido de que no todavía no han desarrollado un sentido moral y una capacidad moral para cometer lo que llamamos “pecado como tal”, pero la pregunta es, ¿Han nacido en un estado corrupto—en un estado de corrupción moral, en un estado de pecado?

Y creo que la Escritura enseña de forma uniforme que la respuesta es sí. Pero, una vez más, enfrentamos un problema. ¿Cómo puede ser? Solo porque Adán y Eva pecaron, ¿Cómo puede ser que todo el resto de la humanidad que viene desde los primeros padres esté infectada por esta naturaleza de pecado? ¿Cómo Dios puede transferir la culpa, o la naturaleza de pecado, de una persona a otra? Eso no parece justo.

Por eso en nuestra última sesión estuvimos viendo una de las maneras populares que tratan de explicar esta dificultad. Se trata de la teoría llamada Realismo, que dice, en resumen, que la única forma que sería justo para Dios el causar que yo nazca en una situación corrupta sería si, de alguna manera, he estado realmente allí con Adán y Eva.

Que quizás mi alma existió antes que mi cuerpo, y en la presencia de mi alma yo participé, y todos los demás participamos, en la caída en el Jardín del Edén. Esa fue la teoría que consideramos. Ahora, otra teoría que es muy frecuente en nuestros días es aquella en donde toda la historia es, al final, un mito y que no hay tal cosa como la Caída en la historia—es una parábola que nos representa a todos—y que todos pasamos por nuestra caída personal; y esto significa que nacimos justos.

Una vez más, esta es una re-ocurrencia del pelagianismo. Es solo una repetición moderna de la idea de que no fue la Caída, y que si hubo una caída, ésta solo afectó a Adán y no a nosotros. Pero para sustentar tal enseñanza, uno tiene que sacrificar la enseñanza bíblica.  En el corazón de esta dificultad existe una protesta enérgica de nuestros corazones en contra de la idea de la imputación de culpa de una persona a otra.

Dicen, “¡Eso no es justo!” Y cuando escucho esa objeción contra el pecado original, la escucho desde dos fuentes o perspectivas.  La escucho de gente que no ha hecho ninguna profesión cristiana. No tienen idea del cristianismo, y están argumentando en contra de la fe cristiana desde una posición secular, y ese es uno de los temas que ellos traen como argumento. Y tengo que responderles de acuerdo a esa realidad.

Pero lo más asombroso es, cuán a menudo escucho esta objeción de gente que profesa ser cristiana y ese es un problema completamente diferente, ¿no es cierto? Y les digo a esas personas, “ustedes son cristianos, ¿verdad?” Y ellos dicen, “¡Claro!”.

Pero ustedes están levantando una objeción de principio contra la imputación de la culpa de una persona a otra. Y ellos dicen, “Cierto, ¡eso no es correcto!” Y les digo, “Bueno, ustedes son cristianos. ¿Qué es lo que Cristo hizo por ustedes?”

Y ellos dicen, “Bueno, él murió en la cruz por mis pecados”. “Bueno, ¿Cómo lo hizo a menos que Dios transfiriera tu culpa, o imputara tu culpa en Él?”. “Oh sí, Él lo hizo. Está bien”, dicen ellos. “Si Dios imputa la culpa de una persona a otra en aras de la redención, pero no está bien…”

Entonces, tienes que ser cuidadoso al levantar tales objeciones ya tu argumento podría ser demasiado y puede destruir toda la fe cristiana, porque todo el drama cristiano de redención está basado en la imputación. Está basado en el principio de la transferencia de culpa de una persona a otra. Pero esto no alivia por completo este problema de tener la culpa de una persona (un pecador que peca) transferida a mí, siendo que no estuve allí.

Y así, la segunda explicación más popular del pecado original, aparte del realismo que ya examinamos, es una teoría—o un punto de vista o doctrina—que se denomina Federalismo. Ahora, la idea de “federación” tiene que ver con alguna clase de agrupación o poner juntos grupos o individuos en toda una mezcla. Tenemos la Federación Americana de Trabajadores Eléctricos, y tenemos sindicatos que usan siempre ese término “federación”.

Aun nuestro concepto estadounidense de gobierno está dividido entre gobierno local y estatal al que llamamos–¿Cómo? —Gobierno federal, que incluye una federación de cincuenta estados individuales unidos entre sí para crear una nueva entidad.

E Pluribus Unum (de muchos, uno). Es una federación, y tenemos alguien que se levanta como el Director Ejecutivo de toda la federación, el Presidente de los Estados Unidos, alguien que puede hablar en ciertos foros internacionales en nombre de toda la nación. Él es investido con esa clase de poder.

Ahora, el federalismo es llamado así porque trae la idea de que cuando Adán fue creado—y su nombre significa “humanidad”—que Dios lo creó no solo para actuar y funcionar como un individuo singular, sino que Dios lo seleccionó para que represente a toda la raza humana—que era la cabeza de la humanidad—y, en consecuencia, sus actos fueron hechos, no solo para sí mismo, sino para él y para todos a los que representaba, así como cuando Cristo vivió una vida de perfecta rectitud, no solo vivió para sí mismo, sino que la vivió para y en nombre de todos a los que representaba.

Esa es la razón por la que este paralelo entre Adán y Cristo es tan popular en el apóstol Pablo. Él habla de eso a los Corintios. Habla de eso a los Romanos. “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Ro. 5:19). Como ven, él habla acerca de la representación negativa del primer Adán y la representación positiva de Cristo, quién es el segundo Adán, o el nuevo Adán.

Pero la idea de representación se levanta de forma bastante clara. Entonces, esta teoría dice que Adán actuó como nuestra cabeza federal, o como nuestro representante en el Jardín del Edén. Ahora, hay personas que gritan con ira, “¡Sin representación no habrá salvación!” Así como escuchamos a los que protestan en las huelgas gritando, “¡Sin solución, la huelga continúa!”

Ellos han presentado sus demandas y no querrán pactar hasta que no se les escuche. De eso trata muchas de las protestas cuando reclaman por aquello que consideran que deben tener. Ahora, no hay mayor carga que la culpa delante de un Dios santo por tu pecado, y ese es un terrible peso al tener la culpa de Adán sobre tus hombros, más aún si uno no tiene una representación adecuada. Ahora, todo este asunto de la representación ha llegado a ser un poco difícil.

En Estados Unidos tenemos una Cámara de Representantes, y son llamados así porque esas personas han sido elegidas por nosotros con el propósito de representarnos. Ahora, y ésta es una respuesta directa a la protesta colonial en contra del Rey Jorge que quería imponer impuestos sin permitir que los colonos estuvieran representados. Supongan que el Rey Jorge le dijera a los colonos del siglo XVIII, “¿Quieren representante en el programa de pago de impuestos? Me aseguraré que lo tengan. Voy a nombrar a mi hermano para que los represente”.

No les gustaría eso, ¿cierto? Entonces ustedes dirían, “Espera un minuto. Ese hermano te representaría más a ti que a nosotros. No queremos esa clase de representante”. ¿Qué queremos de nuestros representantes? Queremos representantes que de forma certera y verdadera nos representen. Esa es la razón por la que sostenemos, casi de forma sagrada, el derecho al voto.

No quiero que tú me escojas un representante. Quiero ser capaz de escoger mi propio representante. ¿Por qué debo ser capaz de escoger mi propio representante? Porque quiero ser capaz de hacer todo lo que pueda para estar seguro que tal persona, que me representa, realmente me representa de forma certera y consistente.

Ahora, el problema en la forma de gobierno de un representante humano, en nuestro sistema, es que nuestros representantes no siempre votan de la manera que quisiéramos que voten y no siempre actúan de la manera que quisiéramos que actúen.

Hay muchas veces que hemos escuchado sus promesas de campaña donde dicen que van a hacer tal o cual cosa y por eso votamos por ellos para que nos representen. Pero luego de que han sido nombrados, actúan de otra manera. Eso nos enoja porque nuestros representantes no nos representan. Ahora, lo central en el concepto de federalismo es esto: que Adán fungió como nuestro representante en el drama del período de prueba delante de Dios en el Jardín del Edén, pero tenemos que admitir que no lo escogimos para que nos represente. Fue Dios el que escogió nuestro representante.

Ahora, antes que continuemos con este pensamiento, permíteme tomar prestada otra ilustración o analogía del sistema de justicia norteamericano. ¿Podrías ser convicto y sentenciado por un asesinato en primer grado si es que tú no apretaste el gatillo? Supongamos que yo contrato a un mafioso para que asesine a alguien que no me agrada y luego me voy a Europa para asegurarme que estoy fuera del país cuando el asesinato se efectúe. Así tengo la mejor coartada.

No tengo los medios o la oportunidad para cometer tal asesinato porque estaba a 3,000 kilómetros del suceso. Pero supongan que la policía descubre que negocié o que tengo vínculos con el que contraté para que lo haga por mí. ¿Podré ser juzgado por asesinato de primer grado? Si, por supuesto, aun cuando no lo hice yo mismo, escogí un representante para hacerlo por mí y por eso hay una culpabilidad moral que se me asigna por esa acción. Eso está muy claro.

Lo entendemos, y no vemos que sea algo injusto. Pero la razón por la que yo soy culpable es porque yo lo escogí. Esa fue mi intención, mi objetivo, era mi deseo el que se cometa tal pecado. Y cuando tiene que ver con Adán y Eva, yo no solo no los contraté, sino que tampoco voté por ellos, ni tuve que ver con ese asunto.

Eso es completamente diferente. La única analogía entre eso y la mafia contratada es ésta: en ambos casos, soy tenido por responsable por las acciones de alguien más que actuó como mi representante. Ahora, el problema es éste: ¿Adán y Eva, como tus representantes, de forma certera y perfecta hicieron tu voluntad?

¿Adán te representó bien o Adán te representó mal? Podemos quejarnos y decir, “No es justo, Dios, que nos castigues por lo que Adán hizo, porque nosotros no lo escogimos”. Y Dios va a decir, “¿Por qué querrías escogerlo?” “¿Por qué?”

Porque quisieras estar absolutamente seguro de que lo que Adán haga, lo haga de forma certera como tu representante. Esa es la razón por la que queremos escoger nuestros propios representantes. Pero ya hemos visto que cada vez que escogemos un representante, estamos corriendo un riesgo.

Podemos estar comprando “gato por liebre” porque nunca sabremos con certeza que nuestro elegido, el representante seleccionado nos representará con certeza. Pero, ¿qué si es que nuestro representante elegido es la elección perfecta e infalible? Verás, si Dios escogió alguien para representarnos—recuerda quién es el que está haciendo la elección. No es el Rey Jorge quien tiene un interés malsano. No soy yo, en mi finitud y mi carencia de omnisciencia, sino que es una selección hecha por un ser omnisciente que es absolutamente justo y santo, y cuya elección de mi representante es perfecta.

Esa es la base de esta teoría del federalismo—que Dios ordenó que Adán y Eva nos represente. Dios los seleccionó para representarnos en esta prueba, y que la selección de Adán y Eva era infalible.  Nunca en tu vida has sido mejor representando que cuando fuiste representando por Adán y Eva en el Jardín; y protestamos porque todavía decimos, “¡Espera un minuto! La suposición que tengo es ésta, si hubiera estado allí, y la elección hubiera sido mía, de seguro no hubiera hecho lo que Adán y Eva hicieron”.

¿Qué es lo que estoy diciendo?” Lo que estoy diciendo es, “Dios, estoy siendo castigado como resultado de un representante que no me representó bien”. Y, ¿qué dirá Dios? “El hecho de que estés sentado aquí diciéndome eso de que yo hice algo equivocado al tener a Adán como tu representante, cuando, de hecho, te representó perfectamente y ahora estás argumentando, gritando y rebelándote contra mi juicio solo prueba mi punto”, dice el Señor.

“Tú misma protesta contra mi soberanía, la santa decisión de que Adán te represente, muestra cuán bien representado estás porque tu actitud es una de corrupción. Tu berrinche contra mí está revelando la naturaleza complicada de tu propio corazón”.

Por supuesto, el pecador dirá, “Bueno, quizás eso es, pero lo obtuve de Adán”. Y Dios va a decir, “No, realmente no lo obtuviste de Adán. Lo recibiste de mí, en tanto que yo transferí la naturaleza caída de Adán a ti. Pero lo hice como un juicio”.

Allí está el punto. Ese es el punto más difícil, el entender que nosotros ya—cuando nacimos, ya estamos bajo la condenación de Dios. Ya somos culpables delante de Dios debido a lo que nuestro representante hizo por nosotros cuando nos representó perfectamente en el Jardín del Edén. Y eso sí que es difícil.

Y lo que hemos hecho hoy es deslizarnos por la superficie del tema. Por eso te recomiendo que tengas una lectura más profunda y que estudies con más diligencia y trabajes a través de toda esta pregunta del pecado original. Estudia más acerca del realismo y la teoría de la identidad personal de Jonathan Edwards y de la teoría del federalismo.

Pero entiende que algo que la Biblia señala con absoluta claridad es que tenemos una naturaleza caída y ésta llegó al mundo entero como resultado directo de la caída de Adán y Eva. En nuestro pensamiento Coram Deo para el día de hoy—Recordemos que Coram Deo significa “Delante del rostro de Dios”—que no hay lugar donde nos ubiquemos en que nuestra corrupción sea más evidente que cuando estamos delante del rostro de Dios.

Podemos argumentar al infinito acerca de cómo es que obtuvimos nuestra disposición y deseos pecaminosos, pero amados, hay algo de lo que estamos seguros, no importa que ya sea que te guste alguna de esas teorías que hemos revisado, o que estés en desacuerdo con todas—lo cierto es que tienes un problema en lo más profundo de tu corazón.

Sabes que tienes una naturaleza corrupta, y una de las cosas más extrañas de la vida cristiana es que mientras más aprendemos de las cosas de Dios, y, de hecho, mientras más santificados nos volvemos en nuestro caminar con Cristo, más conscientes somos de las profundidades de nuestra caída. Por eso clamamos con el Apóstol Pablo, “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Ro. 7:14)

El otro día estaba hablando con mi pastor durante un desayuno. Estábamos sentados hablando y le estaba contando acerca de algunas ansiedades y temores. Y le dije: “Sabes Miguel. Cuando me entra temor por algunas cosas, me avergüenzo. Tengo que caer de rodillas y decir, Oh Dios, perdóname mis temores porque son una prueba de que realmente no confío en ti”.

Y Miguel, con lágrimas en los ojos me dijo, “Bueno, yo tengo el mismo problema”. Y añadió, “¿No es el corazón humano engañoso? El mío lo es”. El de mi pastor lo es, y tengo la sospecha que también el tuyo lo es.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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