Adoración en crisis | Peter Masters

Adoración en crisis

By Dr Peter Masters

Nuestro enfoque en la adoración es, sin duda alguna, el problema más importante que confrontan las iglesias bíblicas de hoy en día, y aquí esta el porqué.

La adoración está realmente en crisis. Un nuevo estilo de alabanza se ha filtrado en la vida evangélica, sacudiendo hasta las mismas bases, conceptos y actitudes tradicionales. El estilo de adoración seguido a través de toda la historia de las iglesias que sí creen y obedecen la Biblia ha sido dejado al margen; y ¿por qué no?, preguntan algunos jóvenes. ¿Qué problema hay con las bandas de música contemporáneas? ¿Acaso no hay todo tipo de instrumentos, incluyendo los de percusión, en los Salmos? ¿Acaso no se bailaba en la adoración en los tiempos bíblicos? ¿Acaso Dios no es el mismo ayer, hoy y por los siglos? ¿Por qué tendríamos que estar atados a una cultura victoriana triste en nuestra alabanza a Dios?

El propósito de este artículo es contestar tales preguntas y también enfocarse en los cuatro grandes pilares de la adoración, que son principios que la Biblia enfatiza. ¿Tenemos en cuenta estos principios cuando consideramos detenidamente nuestro estilo de adoración?

Muchos cristianos hoy en día quedan estupefactos cuando se les muestra lo que realmente pasaba en el Antiguo Testamento y se sienten engañados acerca de las ideas superficiales que les han sido vendidas. Se vuelven muy serios y profundamente pensativos al escuchar las definiciones de adoración dadas por el Salvador y al ver todas las instrucciones prácticas de las epístolas.

Nuestro enfoque en la adoración es indudablemente la cuestión más importante a la que se enfrentan las iglesias bíblicas hoy en día y aquí está el porqué. Se pueden observar seis nuevas maneras de adoración, sumamente erróneas y que normalmente están todas mezcladas. Existe la adoración de placer personal que pone el placer del que adora en primer lugar en vez de la voluntad de Dios. Existe también la adoración con lenguaje del mundo que toma prestada la música actual de entretenimiento del mundo incluyendo sus ritmos, instrumentos, acciones y también sus presentaciones de la farándula, haciendo caso omiso a todas las advertencias que la Biblia hace con respecto a amar el mundo. Existe la adoración estética que imagina que orquestas, bandas y solos instrumentales son expresiones reales de adoración como si Dios fuera adorado a través de estas cosas, mientras que Cristo dijo: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. Existe también la adoración extática en la que la gente se lleva a sí misma a estados altamente emocionales y hasta semi-hipnóticos, mientras que las Escrituras dicen que siempre debemos orar y cantar con el entendimiento. Está también la adoración superficial que reduce los himnos a coros que transmiten una o dos ideas elementales porque no se desean temas espirituales. Existe la adoración informal en la que líderes casuales, bromistas y banales transforman las iglesias en salas de estar, privando así al Señor de dignidad, reverencia, grandeza y gloria.

Es como si las iglesias evangélicas hubieran contraído seis virus al mismo tiempo. ¿Cómo pueden sobrevivir las iglesias si su más grande ocupación está enferma? ¿Cómo puede el pueblo de Dios guardarse sin mancha del mundo, si el mundo se ha apoderado de la adoración? ¿Cómo podemos llamar almas perdidas fuera de este mundo, si somos iguales al mundo? La adoración es ciertamente el tema más importante del momento.

En este artículo me gustaría dirigirme con gran respeto a pastores, y oficiales de iglesia que puedan tender a adoptar algunos de los elementos de la nueva adoración. Hay numerosos obreros del Evangelio con gran dedicación que han llegado a sentir que deben dar una aceptación cuidadosa parcial a esta tendencia. Tal vez no les llame la atención a ellos personalmente, pero se les ha persuadido de que su reserva es meramente una cuestión de gusto y cultura. Según la sabiduría de hoy en día, para atraer gente a reuniones de jóvenes y a las iglesias tenemos que emplear canciones contemporáneas de adoración.

Otra sugerencia es que deberíamos introducir algo de la nueva adoración junto con la vieja y así preservar lo mejor de la adoración tradicional bíblica. El problema con esta propuesta es que la vieja y la nueva representan conceptos de adoración opuestos, tal y como estas páginas mostrarán. La nueva viola todos los principios bíblicos recuperados en la Reforma. Aún en la historia de la adoración nueva se ven señales de alarma y eso demuestra el abismo entre la vieja y la nueva.

Ahora es bien conocido el desarrollo de la nueva adoración y puede ser aquí esbozado en unos cuantos enunciados. Comenzó principalmente en California a finales de la década de 1960, cuando muchos hippies vinieron a Cristo y llegaron a ser conocidos como “la gente de Jesús”. Adoraban con exactamente el mismo estilo de música que habían conocido como hippies. Varios movimientos cristianos fueron formados para motivarles, entre ellos los “Calvary Chapels”. Su adoración consistía mayoritariamente en un coro de una línea que se repetía sin fin. Las letras eran simples, mucho más simples que la de los coritos tradicionales para niños y los temas eran elementales también. Casi no había confesión de pecado o doctrina alguna. Por más bien intencionado que haya podido ser, la nueva adoración no fue moldeada o influenciada por ningún modelo bíblico de adoración, ni por las prácticas generales de iglesias bíblicas de aquella época.

Era una forma de adoración hecha y concebida en la matriz de la meditación mística, en la cual cientos y miles de hippies se sentaban en las laderas de California con los ojos cerrados, balanceándose hasta llegar a un estado extático que hacía eco a sus previas experiencias con drogas. Los ex-hippies llevaron a su nueva lealtad cristiana la misma búsqueda por emociones sensoriales a las cuales estaban acostumbrados y lamentablemente, ninguno de sus mentores cristianos les enseñó ninguna cosa mejor.

Este nuevo enfoque de la adoración avanzó rápidamente fusionándose con otra nueva corriente de música “cristiana” escrita por aquellos que simplemente querían que la música de adoración fuera como la música secular de rock. En otras palabras, estos últimos querían “divertirse” en un sentido mundano. Necesitamos estar conscientes de que esta nueva adoración se extendió a partir de estas dos bases, es decir el misticismo hippie y el “cristianismo” mundano.

Y esto fue inmediatamente incorporado al movimiento carismático, de donde han venido la gran mayoría de las canciones de adoración nuevas. Tal información de su contexto debería llevarnos a tener gran precaución, pero los principios bíblicos de las siguientes páginas deberían ser el factor decisivo en la cuestión de aceptar o rechazar estas nuevas alternativas. Ciertamente no podemos mezclar conceptos opuestos.

Fuente: https://metropolitantabernacle.org/articles/adoracion-en-crisis/?lang=es

Lo que Satanás puede y no puede hacer | Peter Masters

Lo que Satanás puede y no puede hacer

By Dr Peter Masters

Con el Calvario ante Él, el Señor pronunció estas notables palabras – “Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera”. Se refería a su inminente sufrimiento en la cruz del Calvario, que llevaría a cabo de inmediato para la salvación de su pueblo y el juicio de Satanás. Desde el momento del Calvario Satanás sería frenado en su poder, un enemigo derrotado, todavía capaz de obrar mucha maldad hasta el día final, pero severamente limitado.

Pero, ¿cómo fue exactamente expulsado Satanás por la muerte de Cristo? Sabemos que la muerte de Cristo salvó a un gran número de personas de la muerte eterna, y al hacerlo, salvó a la raza humana de extinguirse. Desde la Caída del hombre en el jardín del Edén ni una sola persona viviría una vida perfecta, ni nada que se le pareciera. Por lo tanto, toda la raza humana estaría condenada, dejando a Satanás triunfante y victorioso. Al tentar a Adán y Eva habría frustrado totalmente el propósito de Dios al crear la raza humana, y Dios parecía haber fracasado en su designio. Satanás podría alardear a través del tiempo como el asesino y conquistador de la raza humana, y, en cierto sentido, el conquistador de su Creador.

Pero Cristo vino como representante de Su pueblo, y de todas las maneras concebibles obedeció a Su Padre, incluso hasta la muerte de cruz. Y a través de esa obediencia perfecta que culminó en el Calvario, Su pueblo (y por lo tanto la raza  humana) fue salvado de la condenación. Por Su justicia y expiación, una raza humana constante fue comprada, para que una tierra glorificada pudiera ser atestada por personas rescatadas. La raza humana ya no sería un concepto fallido, y el diseño de Dios sería restaurado y redimido.

El aparente triunfo de Satanás fue aplastado, dejándolo susceptible de juicio y freno. Ya no podría alejar a la gente de la Verdad.

El freno del poder de Satanás después del Calvario se revela claramente en el Nuevo Testamento. El Salvador habló, por ejemplo, de cómo “por el dedo de Dios ” expulsó a los demonios, para señalar que el reino había llegado (Lucas 11.20). Este era un lenguaje de juicio, que se refería a una limitación del poder satánico que operaba desde ese momento.

Los propios demonios sabían que Cristo pondría fin a su libertad, y esto se ve en sus gritos angustiados cuando el Señor los expulsó. La posesión era común en tiempos de Cristo, pero Su ministerio marcó el fin de la libertad demoníaca para ocupar las almas humanas a voluntad. Somos conscientes de que hoy en día todavía hay algunos informes de posesión demoníaca al estilo del Nuevo Testamento, pero solo cuando las personas han invitado voluntariamente (y enérgicamente) a los demonios a sus vidas mediante una profunda participación en prácticas ocultas. (Ignoramos las afirmaciones no auténticas de posesión demoníaca hechas dentro del movimiento carismático). Satanás a través de sus demonios ya no puede entrar sin invitación en las almas humanas para poseerlas desde la obra de Cristo, siendo éste un aspecto de la “expulsión” de Satanás.

Otra de las limitaciones de Satanás es que no se le permite revelarse o mostrarse, viéndose obligado a trabajar totalmente en secreto y con sigilo. Es un enemigo despiadado de todas las almas humanas, pero la no aparición es una contención significativa de su poder. Aprendemos en 2 Tesalonicenses 2 que Satanás debe contentarse con una persona designada, el hombre de pecado, que aparecerá en su nombre al final de los tiempos, solo para ser inmediatamente destruido por el resplandor de la venida de Cristo.

Satanás es ahora un vagabundo espiritual, poderoso, sí, con una vasta hueste de ángeles caídos a sus órdenes, pero debe tentarnos desde “fuera”, y asegurarse de tener nuestra cooperación para todo lo que quiere que hagamos. Ciertamente es el príncipe de este mundo, pero un príncipe sin palacio ni derechos, un príncipe desposeído y condenado.

Esta limitación de Satanás también se menciona en el libro del Apocalipsis, capítulos 12 y 20, el último de los cuales nos dice que Satanás sería atado durante la era cristiana para que no pudiera engañar más a las naciones manteniéndolas en una oscuridad espiritual total. Todas las naciones serían penetradas por el Evangelio de Cristo.

Leemos en Efesios 4.8 que en el Calvario Cristo llevó cautiva la cautividad, atando a una multitud de cautivos: el diablo y sus demonios. En Colosenses 2.15 se nos dice que Cristo “despojó a los principados y a las potestades”, exhibiéndolos públicamente y triunfando sobre ellos. En otras palabras, les quitó poderes y los contuvo, términos usados para describir el freno o limitación del diablo y sus huestes. Sin embargo, repetimos que sigue siendo hasta el último día un enemigo peligroso y maligno de las almas, y por esta razón necesitamos saber todo lo que podamos sobre sus poderes y limitaciones.

Poderes de los ángeles

Sabemos mucho de Satanás por el hecho de que es un ángel, aunque caído. Como tal, fue creado sin cuerpo ni aspecto físico, pues los ángeles no tienen cuerpo, a menos que Dios los revista de una apariencia temporal para enviarlos como mensajeros o testigos al mundo, como en el caso de los ángeles que se sentaron en la tumba de Cristo. Es evidente que los ángeles tienen una apariencia en el Cielo, pero normalmente no son visibles a los ojos humanos en la Tierra.

Los ángeles son inmortales solo por el permiso y el poder sustentadores de Dios. Leemos en las Escrituras que tienen misteriosas diferencias de “rango”, por lo que hay ángeles superiores. Aunque son espíritus, actúan en dimensiones de tiempo y espacio, pues no son infinitos ni están fuera del tiempo, como Dios.

Es evidente que los ángeles tienen una inteligencia poderosa, y aunque llegará el día en que los creyentes, como personas glorificadas en el Cielo, serán mayores que los ángeles, mientras estemos en la Tierra no tenemos sus poderes mentales. Ellos ‘sobresalen en fuerza’, dice la Escritura, lo que los coloca por encima de las personas en la Tierra en capacidad.

Los ángeles tienen un gran conocimiento, pero éste tiene un límite. Así, por ejemplo, se nos dice en Efesios 3.10 que contemplan maravillados desde el Cielo la conversión y santificación de los hombres en la Tierra, maravillándose de cada caso y aprendiendo acerca de la “multiforme sabiduría de Dios”. La era del Evangelio ha sido una inmensa educación para los ángeles más elevados.

Esto demuestra también que los ángeles no pueden adivinar el futuro, aparte de conocer la Palabra de Dios, como también nosotros podemos conocerla. Cuando las profecías del Antiguo Testamento comenzaron a cumplirse con la venida de Cristo, observaron con asombro estos acontecimientos, cosas que “anhelan mirar los algeles” (1 Pedro 1.12). En esto no se parecen a Dios, cuyo conocimiento es infinito, y que conoce continuamente todas las cosas que suceden a lo largo de la historia eterna.

Está claro que los ángeles tienen poder para comunicarse entre sí. No pueden crear nada ni matar a nadie a voluntad, aunque a veces pueden ser designados por Dios como Sus agentes para poner fin a la vida. Incluso Satanás se muestra buscando el permiso expreso de Dios para infligir enfermedades y quitar la vida en el libro de Job. Los ángeles no pueden hacer estas cosas por sí mismos. Los ángeles no pueden cambiar las sustancias terrenales, alterando un elemento en otro, ni pueden alterar o anular las leyes de la naturaleza, excepto bajo la dirección de Dios. Están sujetos a estas limitaciones. De esto se deduce que los ángeles no pueden hacer milagros a menos que Dios les dé poder para ello.

Como ángeles caídos, Satanás y sus huestes demoníacas comparten todas estas limitaciones. Y aquí hay otra limitación, común tanto a los ángeles buenos como a los malos, y que es de gran importancia para nosotros en nuestra batalla contra el diablo. Los ángeles no pueden escudriñar nuestros corazones ni leer nuestros pensamientos. No pueden entrar en lo más recóndito de nuestros pensamientos. Un viejo adagio cristiano dice: “Los demonios pueden hablar al alma, pero no escudriñar el corazón”. Más adelante hablaremos de la incapacidad de Satanás para leer los pensamientos.

Todas estas limitaciones quedan claras en la Biblia, que atribuye solo a Dios inteligencia y conocimientos infinitos, poder para crear y poner fin a la vida, obrar milagros y escudriñar los corazones. Estas cosas son exclusivas de Él. De hecho, el diablo y sus demonios son más limitados que los ángeles buenos, porque Dios nunca nombraría o delegaría en ellos su propio poder de hacer maravillas. Se nos enseña en 2 Tesalonicenses 2.9, que cuando el hombre de pecado sea revelado, quien operará bajo el gobierno de Satanás, sus milagros y maravillas serán ‘maravillas mentirosas’, o engaños, falsedad. Satanás y sus demonios no pueden realizar verdaderos milagros.

Satanás, no hace falta decirlo, es totalmente malvado. Se le describe como un espíritu inmundo y el jefe de la vasta hueste de espíritus inmundos y caídos. Sin embargo, después de el Calvario, no puede determinar irresistiblemente las acciones de los seres humanos, anulando su libertad y responsabilidad, a menos que se hayan sometido totalmente a él y hayan cooperado con él en oposición a Dios, de modo que estén “cautivos a la voluntad de El” (2 Timoteo 2.26). E incluso tales personas no están más allá de la redención.

Satanás no puede obligarnos a hacer nada. No puede dictarnos de tal manera que estemos obligados a cumplir sus órdenes, sino que debe obrar mediante el engaño y la persuasión. Por lo tanto, es erróneo decir: “Satanás me obligó a hacerlo”. Puede instarnos, sugerirnos cosas, presionarnos y mentirnos sobre el resultado, pero no puede obligarnos a hacer nada. Nunca debemos atribuir a Satanás poderes que pertenecen exclusivamente a Dios Todopoderoso; y aunque debemos ser muy conscientes de su poder, nunca debemos temerle como si fuera invencible.

Los propósitos de Satanás

En el Nuevo Testamento, Satanás recibe varios nombres que arrojan luz sobre su forma de actuar y sus objetivos. Satanás significa adversario, y también se le llama acusador de los hermanos, enemigo de las almas de los hombres y diablo, que significa calumniador. Se le llama Abadón y Apolión, nombres que significan destructor de almas, y se le describe como dragón, indicando su gran ferocidad, y también como serpiente, expresando su astucia y sutileza.

Se le denomina padre de la mentira, indicando el método que siempre ha empleado, y también asesino de almas, príncipe de los demonios y príncipe de este mundo que guía las mentes de los incrédulos abiertas al ateísmo y dispuestas a mostrar hostilidad a Dios. Se le llama el tentador, y un ángel de luz que hace que el mal parezca bueno, y sugiere la justificación de acciones egoístas, codiciosas y otras acciones equivocadas.

Satanás fue expulsado del Cielo por desafiar a Dios, y le odia con todo su ser, oponiéndose y frustrando Sus planes si puede, y alejando a las almas de Él. Satanás es intensamente celoso de los seres humanos y también los odia. Actúa para tentar a pecar tanto a los perdidos como a los salvos, esforzándose especialmente por llevar al pueblo de Dios al error y al fracaso. Si Satanás puede entrar en las iglesias, insertando falsas enseñanzas y hundiendo a los creyentes en el pecado, ¡cómo triunfa! Por lo tanto, busca constantemente desacreditar a la iglesia y al Evangelio a los ojos del mundo, y también frustrar y obstaculizar la obra del Evangelio tentando a los creyentes a la mundanalidad, la pereza y la indiferencia ante la difícil situación de las almas perdidas.

Satanás está siempre trabajando para erosionar la fe de los creyentes y echar a perder su seguridad, paz y alegría. Lo hace mediante un proceso de desgaste, haciendo que los creyentes cedan poco a poco a las dudas y tentaciones, hasta que ha obtenido la victoria sobre ellos. También inspira a los falsos profetas y a los obreros del mal, poniendo en sus mentes ideas que no son bíblicas, y triunfando allí donde no justifican todas las cosas por la Palabra.

Él controla a las personas que se oponen al Evangelio, cegando sus mentes y, a través de ellas, moldeando la sociedad. Cuando vemos el mundo de hoy, gobernado por un humanismo secular agresivo y vengativo, con la inmoralidad legalizada y fomentada, y leyes aprobadas para castigar a los que se oponen a estas cosas, vemos la mano orquestadora de Satanás. ¡Cuán similar es el “guion” que justifica estas cosas en todas partes del mundo! Satanás es “el príncipe de la potestad del aire”.

Contra los cristianos utiliza estrategias y trampas astutas, llamadas “asechanzas del diablo” y “lazo del diablo”. Esto último significa que sorprenderá a los creyentes con tentaciones repentinas, si es capaz de hacerlo.

Hay tres fuentes de tentación, pues el diablo no es el único tentador. Según la Escritura, el mundo nos atrae con hábitos, prácticas y galas pecaminosas. Luego nos tienta nuestro propio corazón: nuestros apetitos y deseos pecaminosos siempre deseosos de hacer o poseer cosas. Y luego nos tienta el diablo, que también aprovecha y amplifica las dos primeras formas de tentación.

Las limitaciones de Satanás

¿Cómo vencer al diablo? Dice Santiago: “Someteos, pues, a Dios. Resistid al diablo, y huirá de vosotros “. Es asombroso que este ser poderoso y maligno huya de los creyentes débiles. Es poderoso e invisible para nosotros; nos tentará y sugerirá cosas malas constantemente, y está armado con una astucia inimaginable. Sin embargo, si sabemos cómo resistirle, huirá de nosotros. Antes de esbozar el modo de resistirle, podemos animarnos comparando sus poderes con sus limitaciones.

Satanás puede acusarnos, pero no condenarnos. A veces nos recordará nuestros pecados, y nos hará caer muy bajo para que casi perdamos nuestra seguridad, pero entonces corremos a Dios confiando solo en la gracia, y Él nos fortalece. Satanás ciertamente puede acusar, pero no puede condenar al que está en Cristo, porque él no tiene poder ni voz en cómo el Señor ve a Su pueblo.

Puede tentarnos a pecar, como hemos dicho, pero no puede hacernos pecar. Puede incitarnos y presionarnos, pero nunca obligarnos. Puede quitarnos el gozo y la paz dándonos pensamientos perturbadores, pero no puede quitarnos la salvación, ni poseernos jamás. Los maestros carismáticos dicen que el diablo puede poseer, u oprimir a un creyente, pero ambos vervos en su uso significan virtualmente la misma cosa, y ambos son equivocados. Satanás puede molestarnos, pero nunca poseernos, porque el principio de 2 Corintios 6.15 y otras escrituras nos enseñan que Cristo y Satanás no pueden coexistir en un alma.

Satanás puede hacerse pasar por un ángel de luz, y citar las Escrituras en nuestro oído, como intentó hacer incluso con el Señor en Su tentación. Pero no puede resistir que sustituyamos el pensamiento citando una promesa de las Escrituras.

Puede oírnos y vernos, pero no leer nuestros pensamientos. Por su profundo conocimiento de la naturaleza y el comportamiento humanos, y por observarnos de cerca, es capaz de discernir o adivinar muchas de nuestras reacciones ante la tentación, y de interactuar aparentemente con nosotros, pero no puede ver nuestros corazones. Si le hablamos (y no deberíamos hacerlo), ya sea de palabra o de pensamiento, nos “oirá”, y algunos de nuestros pensamientos pueden ser muy “fuertes” y obvios para él, como el odio a alguien, y un gran orgullo, pero de la manera ordinaria no puede leer nuestras mentes. Si el temperamento de una persona está subiendo, o si está mirando las cosas con lujuria, el diablo es muy astuto, y leerá las señales y sabrá lo que está pasando. Pero nunca pienses que puede entrar en la mente y leer nuestros pensamientos desde dentro. Muchos cristianos profundamente introspectivos y de mente seria han sido dolorosamente atormentados por la idea de que el diablo tiene un telescopio justo en sus pensamientos. 

Puede introducir pensamientos en nuestra cabeza desde el exterior, pero no puede hacer que se queden, a menos que se lo permitamos albergando esos pensamientos. Satanás puede provocar rupturas entre esposos y esposas y entre amigos, y no estamos pensando aquí en faltas graves como el adulterio, sino en asuntos cotidianos.

Él puede disparar en la mente pensamientos hostiles, y por esto romper temporalmente las relaciones, pero no puede hacer nada para impedir la reconciliación piadosa en respuesta a la oración. Puede llevarnos a la cuneta si se lo permitimos, pero solo si se lo permitimos, porque no puede obligarnos a una caída desastrosa.

Satanás nos vigila, por medio de su hueste de demonios asignados para seguirnos y notar cada omisión del deber espiritual, cada oración descuidada, cada lectura perdida de la Palabra de Dios, cada ignorar un sermón, cada demora en llevar a cabo una buena obra, y cada acto de mundanalidad o de conducta no comprometida. Bajo escrutinio estarán las cosas que miramos y en las que nos ocupamos, y por estas cosas el tentador determinará nuestra vulnerabilidad a la tentación, y planificará el próximo asalto contra nosotros.

Cada día Satanás, por medio de sus demonios, obstaculizará nuestro trabajo espiritual poniendo distracciones en nuestro camino. Cuando comenzamos a orar, nuestra atención puede ser atraída por cualquier número de asuntos, interesantes, preocupantes o seductores, para desviarnos del trono de la gracia. Pero, una vez más, no puede tener éxito a menos que se lo permitamos.

Resistir al diablo

“Resistid al diablo, y huirá de vosotros”, dice Santiago. Cuando el diablo obstaculiza nuestras oraciones, o inunda nuestras mentes con beneficios mundanos, o con ideas deprimentes, o con pensamientos negativos sobre otras personas o nuestra iglesia, entonces debemos resistirle activamente. El negativismo crítico debe ser siempre rechazado enérgicamente. Cuando él llena nuestros pensamientos con ensoñaciones de deseo, o con un amor por la facilidad, estas escenas de autoindulgencia deben ser resistidas y expulsadas. Debemos cambiar nuestro pensamiento, pidiendo ayuda a Dios.

Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que el diablo huirá? ¿Es débil? Al contrario, es muy poderoso. ¿Es cobarde? Claro que no; no nos tiene miedo. ¿Es que yo soy fuerte y puedo vencerle? No, desde luego que no. Entonces, ¿por qué huirá si me resisto a él? ¿Es porque no tiene resistencia y solo puede molestarme durante unos minutos? No, él y sus hordas tienen tenacidad para resistir hasta el último día.

Huirá de nosotros porque si nos sometemos a Dios, y oramos pidiendo ayuda, y realmente deseamos hacer lo correcto, entonces Cristo lo alejará. Si Dios está por nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? Basta una mirada del poderoso Salvador del mundo, y Satanás se acobardará y se irá. Si dependemos de Cristo, Él lo alejará. Para los creyentes probados y azotados por la tormenta, las palabras de Isaac Watts describen perfectamente el acto decisivo de Cristo al rechazar al maligno:

Pero el infierno volará ante Tu reprensión,
Y Satanás esconderá la cabeza;
Conoce los terrores de Tu mirada,
Y oye Tu voz con pavor.

Es el Salvador Quien lo derrotó en el Calvario, y Quien lo ha sometido a juicio, remitido al día final. Por medio de Cristo, que ha expulsado al príncipe de este mundo, podemos resistir la tentación, estar a salvo y ver cómo Satanás huye de nosotros. Es poderoso, odioso y astuto, pero también está atado, limitado y sometido a Cristo, ya sea ahora o cuando regrese el Salvador.

De nuevo, las palabras de Watts son perfectas para animarnos en los mares de la tentación:

Aunque todas las huestes de la muerte,
Y poderes del infierno desconocidos,
Pongan sus más espantosas formas
De furor y malicia,
Estaré a salvo; pues Cristo despliega
Superior poder y gracia guardiana.

El “nuevo calvinismo”: La fusión del calvinismo con la mundanalidad | Peter Masters

El “nuevo calvinismo”: La fusión del calvinismo con la mundanalidad
By Dr Peter Masters

Una nueva forma de calvinismo tomó forma de movimiento a partir del 2005 aproximadamente, pero se diferenciaba del original en su aceptación del “mundo”. Esta crítica escrita en el 2009 fue duramente atacada por los nuevos predicadores calvinistas pero fuertemente respaldada por los predicadores conservadores de todo el mundo.

Cuando era joven y recién convertido, parecía como si el principal objetivo de todos los cristianos comprometidos, ya fueran calvinistas o arminianos, fuera la consagración. Sermones, libros y conferencias enfatizaban esto en el espíritu de Romanos 12.1-2, donde el apóstol suplicante llama a los creyentes a presentar sus cuerpos en sacrificio vivo, y a no conformarse a este mundo. El corazón se sentía interpelado y conmovido. Cristo debía ser el Señor de la propia vida, y el “yo” debía entregarse en el altar de su servicio.

Pero ahora, al parecer, hay un nuevo calvinismo, con nuevos calvinistas, que ha barrido los viejos objetivos. El reciente libro Young, Restless, Reformed, (Joven, inquieto, reformado) de Collin Hansen cuenta la historia de cómo un llamado resurgimiento calvinista ha capturado la imaginación de miles de jóvenes en los EE.UU., y este libro ha sido reseñado con gran entusiasmo en conocidas revistas del Reino Unido, como Banner of Truth, Evangelical Times y Reformation Today.

Este escritor, sin embargo, se entristeció profundamente al leerlo, porque describe el Nuevo Calvinismo como un calvinismo gravemente distorsionado que se queda muy, muy lejos de una auténtica vida de obediencia a un Dios soberano. Si este tipo de calvinismo prospera, entonces la genuina piedad bíblica estará bajo ataque como nunca antes.

El autor del libro es un joven (tenía unos 26 años cuando lo escribió) que creció en una familia cristiana y se formó en periodismo secular. Estamos en deuda con él por el estudio ameno y de gran alcance que ofrece de este nuevo fenómeno, pero el escenario ciertamente no es feliz.

El autor comienza describiendo la conferencia “Pasión”, celebrada en Atlanta en 2007, en la que 21.000 jóvenes se deleitaron con música contemporánea y escucharon a oradores como John Piper proclamando sentimientos calvinistas. Y esta imagen se repite muchas veces a lo largo del libro: se describen grandes conferencias en las que el sincretismo de la música mundana, agitadora de sensaciones, de altos decibelios y rítmica, se mezcla con la doctrina calvinista. Esto da una imagen clara de lo que es el Nuevo Calvinismo.

Se nos habla de música atronadora, de miles de manos levantadas, de letras de hip-hop y rap “cristianos” (los ejemplos parecen inútiles y torpes en su construcción) que unen las doctrinas de la gracia con las formas musicales inmorales inducidas por las drogas de la cultura mundana.

Collin Hansen sostiene que el calvinismo estadounidense se derrumbó a finales del siglo XIX y que sólo lo mantuvieron un puñado de personas hasta este gran avivamiento juvenil, pero su trasfondo histórico es, francamente, absurdo. Como alguien que visitaba regularmente los seminarios estadounidenses para dar conferencias desde principios de los años setenta, me encontré constantemente con muchos predicadores y estudiantes que amaban las doctrinas de la gracia, predicando también en iglesias de sólida persuasión calvinista. Pero una prueba más fehaciente de la amplia presencia del calvinismo es el hecho de que grandes editoriales enviaran una gran cantidad de literatura reformada después de la guerra y durante la década de 1980. La poderosa Eerdmans (Casa distribuidora de literatura estadounidense) fue sólidamente reformada en el pasado, por no mencionar Baker Book House, Kregel y otras. ¿A dónde fueron a parar todos esos libros, miles y miles de ellos, incluyendo las frecuentes reimpresiones de los comentarios de Calvino y otras muchas obras clásicas?

En los años setenta y ochenta también hubo editoriales calvinistas más pequeñas en EE.UU., y en esa época comenzó el fenómeno de las librerías cristianas de descuento calvinistas, con abultadas listas de catálogos y un considerable número de seguidores. La afirmación de que el calvinismo prácticamente desapareció es totalmente errónea.

De hecho, un calvinismo de mucha mejor calidad todavía florece en muchas iglesias, donde se ganan almas y se santifican vidas, y donde la verdad y la práctica están ambas bajo la regla de las Escrituras. Tales iglesias no simpatizan en absoluto con la variedad de adoración mundana del reportero Collin Hansen, que busca construir iglesias usando exactamente los mismos métodos de entretenimiento que la mayoría de los carismáticos y el movimiento arminiano Calvary Chapel Association (Asociación capillas del calvario)

Los nuevos calvinistas ensalzan constantemente a los puritanos, pero no quieren rendir culto ni vivir como ellos. Una de las “muy mencionadas” nuevas conferencias se llama Resolved, por las famosas Resoluciones juveniles de Jonathan Edwards (setenta decisiones de búsqueda). Pero la cultura de esta conferencia habría recibido sin duda la condena rotunda de ese gran teólogo.

La cultura mundana proporciona los sentimientos corporales y emocionales, en el que se infunden pensamientos cristianos…
Resolved es una idea original de un miembro del equipo pastoral del Dr. John MacArthur, que reúne a miles de jóvenes cada año y presenta la habitual mezcla de calvinismo y adoración extrema de estilo carismático. Se anima a los jóvenes a sentir el mismo impacto nervioso y sensacional de la música rítmica a todo volumen en el cuerpo que experimentarían en un gran concierto de pop mundano, con iluminación y ambiente reproducidos. Al mismo tiempo, reflexionan sobre la predestinación y la elección. La cultura mundana proporciona los sentimientos corporales y emocionales en los que se infunden y flotan los pensamientos cristianos. Los sentimientos bíblicos se aprovechan para el entretenimiento carnal. (Las imágenes de esta conferencia en su página web delatan el ambiente totalmente mundano y de espectáculo creado por los organizadores).

En tiempos de desobediencia los judíos de antaño sincretizaban yendo al templo o a la sinagoga el sábado, y a los templos de los ídolos en días laborables, pero el nuevo calvinismo ha encontrado la manera de unir cosas espiritualmente incompatibles al mismo tiempo, en la misma reunión.

C J Mahaney es un predicador muy aplaudido en este libro. Carismático en creencia y práctica, parece ser totalmente aceptado por los otros grandes nombres que figuran en las conferencias de los “nuevos calvinistas”, como John Piper, John MacArthur, Mark Dever y Al Mohler. C. J. Mahaney, un hombre muy agradable y simpático, es el fundador de un grupo de iglesias que combinan el calvinismo con ideas carismáticas, y tiene fama de haber influido en muchos calvinistas para que abandonen las ideas cesacionistas.

Fue un protegido de este predicador llamado Joshua Harris quien inició la conferencia New Attitude (nueva actitud) para jóvenes. Nos enteramos de que cuando un rapero secular llamado Curtis Allen se convirtió, su recién nacido instinto cristiano le llevó a renunciar a su vida pasada y a su estilo de cantar. Pero el pastor Joshua Harris evidentemente le convenció de que no lo hiciera, para que pudiera cantar para el Señor. El movimiento del Nuevo Calvinismo o Los Nuevos Calvinistas no dudan en anular la conciencia cristiana instintiva, aconsejando a la gente que se haga amiga del mundo.

Una de las mega-iglesias admiradas en el libro es la Mars Hill Church de Seattle, con seis mil fieles, fundada y pastoreada por Mark Driscoll, que mezcla las ideas de la iglesia emergente (que los cristianos deben utilizar la cultura mundana) con la teología calvinista [véase la nota final 1].

Este predicador también es muy admirado por algunos hombres reformados del Reino Unido, pero su iglesia ha sido descrita (por un simpatizante) como la que tiene la música más estridente de todas, y ha sido reprendido por otros predicadores por el uso de un lenguaje muy “atrevido” y un humor gravemente impropio (incluso en televisión). Se le ve en vídeos predicando con una camiseta de Jesús, simbolizando el nuevo compromiso con la cultura, al tiempo que propugna la enseñanza calvinista. Demasiado para abrazar la doctrina puritana despojada del estilo de vida y culto puritanos.

La mayoría de los conocidos predicadores que promueven y alientan este “renacimiento” del calvinismo (o nuevo calvinismo) tienen en común las siguientes posturas que contradicen una genuina perspectiva calvinista (o puritana):

  1. No tienen ningún problema con el culto carismático-ético contemporáneo, incluidas las formas extremas de heavy metal.
  2. Son blandos en la separación de la mundanalidad [véase la nota final 2].
  3. Rechazan la preocupación por la guía personal de Dios en las grandes decisiones de los cristianos (verdadera soberanía), asestando así un golpe mortal a la consagración de todo corazón.
  4. Sostienen puntos de vista contrarios al cuarto mandamiento, teniendo una visión baja del Día del Señor, y así infligiendo otro golpe a un estilo de vida consagrado.

Cualesquiera que sean sus puntos fuertes y sus logros (y algunos de ellos son hombres brillantes según cualquier criterio humano), o cualquiera que sea su calvinismo teórico, la pobre postura de estos predicadores en estas cuestiones cruciales sólo fomentará una versión fatalmente defectuosa del calvinismo que llevará a la gente a estar cada vez más casada con el mundo, y a un estilo de vida egoísta. Verdaderamente proclamada, la soberanía de Dios debe incluir consagración, reverencia, obediencia sincera a su voluntad y separación del mundo, y el Nuevo Calvinismo tiene muy poco de eso.

No se puede tener una soteriología puritana sin una santificación puritana. No se debe atraer a la gente a la predicación calvinista (ni a ninguna otra) utilizando cebos mundanos. Esperamos que los jóvenes de este movimiento comprendan las implicaciones de las doctrinas mejor que sus maestros, y se alejen de los compromisos. Pero hay un desastre inminente en la promoción de esta nueva forma de calvinismo (también conocido como El Nuevo Calvinismo).

¿Por qué algunos cristianos británicos que sostienen las doctrinas de la gracia dan críticas entusiastas a un libro como éste? Ha habido ocasiones en el pasado en las que un gran número de jóvenes se han entusiasmado intelectualmente por una doctrina cristiana sólida, para abandonarla casi con la misma rapidez. Uno piensa en la tremenda respuesta que la singular oratoria de Francis Schaeffer obtuvo en los campus universitarios en la década de 1960, y sin duda algunos jóvenes fueron verdaderamente salvados y establecidos, pero muchísimos más se apartaron. Atrapados por la superioridad de una cosmovisión bíblica, despreciaron momentáneamente las ideas ilógicas y flácidas de este mundo, pero la impresión en numerosos casos fue más natural que espiritual. El nuevo y embriagador calvinismo actual, despojado de la obediencia práctica, resultará sin duda efímero, dejando la causa comprometida y cicatrizada.

¿Ha llegado ya el Nuevo Calvinismo a Gran Bretaña? Por desgracia, sí; basta con echar un vistazo a los “blogs” de algunos pastores reformados más jóvenes que se presentan como mentores y consejeros de otros. Cuando uno echa un vistazo a sus ‘películas favoritas’, y a su ‘música favorita’, los encuentra nombrando sin pudor a los principales grupos, pistas y entretenimientos de la cultura degradada, y está claro que el mundo sigue en sus corazones. Hace años, estos hermanos no habrían sido bautizados hasta que estuvieran limpios del mundo, pero ahora se puede ir al seminario, sin hacer preguntas, y asumir un pastorado, con ídolos no combatidos y no rendidos en la sala del trono de su vida. ¿Qué esperanza hay para las iglesias que tienen pastores cuyas lealtades están tan divididas y distorsionadas?

El calvinismo bíblico y evangélico moldea la conducta, y especialmente el culto, es un sistema muy humilde y hermoso de la Verdad
Aparte de los pastores, conocemos a algunos “nuevos” jóvenes calvinistas que nunca se asentarán en una iglesia dedicada y trabajadora, porque sus puntos de vista sólo viven en sus cabezas y no en sus corazones. Sabemos de algunos cuyas vidas no son limpias. Sabemos de otros que van a discotecas. Cuanto mayores son sus proezas doctrinales, mayor es su hipocresía.

Son palabras duras, pero me llevan a decir que donde el calvinismo bíblico y evangélico modela la conducta, y especialmente el culto, es un sistema de Verdad muy humilde y hermoso, pero donde se limita a la cabeza, infla el orgullo y la autodeterminación.

El nuevo calvinismo no es un resurgimiento, sino una fórmula totalmente novedosa que despoja a la doctrina de su práctica histórica y la une al mundo.

¿Por qué los principales predicadores de este movimiento se han comprometido tan fácilmente? No han sido amenazados por un régimen soviético. Nadie les ha puesto una pistola en la cabeza. Esta es una capitulación vergonzosa, y debemos orar fervientemente para que lo que han alentado no se apodere del calvinismo y arruine a una generación de jóvenes cristianos alcanzables.

Un último triste espectáculo relatado con entusiasmo en el libro es la conferencia Coalición por el Evangelio, que se celebra desde 2006. Un asunto más adulto convocado por respetados calvinistas, que sin embargo reúne a cesacionistas y no cesacionistas, exponentes del culto tradicional y contemporáneo, y que, al tiempo que mantiene una predicación sólida, condiciona a todos los asistentes a relajarse en estos asuntos controvertidos, y a aprender a aceptar todos los puntos de vista. En otras palabras, se mata el ministerio de advertencia, para que todos los errores de la nueva escena puedan avanzar sin control. Son días trágicos para la auténtica fidelidad espiritual, el culto y la piedad.

El verdadero calvinismo y la mundanalidad son opuestos. Es necesaria la preparación del corazón si queremos escudriñar las maravillas y sondear las profundidades de la gracia soberana. La encontramos en la llamada desafiante y convincente de Josué:

Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.

Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

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Notas finales

1 Sin embargo, su resolución de la cuestión de la soberanía divina frente al libre albedrío humano se acerca mucho más al punto de vista arminiano.

2 Un libro reciente titulado Worldliness: Resisting the Seduction of a Fallen World (Mundanalidad: Resistiendo a la seducción de un mundo caído) de C J Mahaney y otros, infraequipa sin remedio a los jóvenes creyentes para separarse del mundo, especialmente en el ámbito de la música, donde, aparentemente, el Señor ama todos los géneros, y la aceptabilidad se reduce a dos cuestiones engañosas y subjetivas.

Para una consideración más detallada del culto, véase el libro del autor (Peter Masters) “Adoración en Crisis”; Véase también “Los nuevos Calvinistas” del Dr. E.S. Williams. Ambos se pueden adquirir en la Librería del Tabernáculo. Los cuatro primeros capítulos de Adoración en Crisis se muestran como artículos en este sitio.

Cesacionismo – Probando que los dones carismáticos han cesado | Peter Masters

Cesacionismo – Probando que los dones carismáticos han cesado
By Dr Peter Masters

¿Están realmente inspiradas por el Espíritu Santo las profecías carismáticas de hoy en día o los dones han cesado? ¿Verdaderamente hablan en lengua las personas? ¿Se puede probar el cesacionismo? Aquí analizaremos lo que la Palabra de Dios revela.

¿Enseña la Biblia de manera definitiva que los dones carismáticos han cesado? ¿Puede el cesacionismo (la opinión que sostiene que los dones de revelación y de señales han cesado) ser demostrado?

Algunos dicen que el cesacionismo (la cesación de los dones) no puede ser absolutamente demostrado basándose en la Palabra de Dios. Creemos, sin embargo, que la cesación de los dones de revelación y señales (que estaban presentes en los tiempos apostólicos) se enseña claramente en la Palabra de Dios, y de hecho tan claramente que opiniones contrarias al respecto solo han surgido de forma seria alrededor de los últimos cien años.

El término cesacionismo procede de las grandes confesiones de fe del siglo XVII, como la de Westminster y la Bautista. Ambas confesiones de fe usan la misma palabra. Al hablar de cómo Dios ha revelado su voluntad y ha permitido que quedase registrara en las Escrituras, las confesiones dicen: “… las Santas Escrituras [son] muy necesarias, habiendo cesado ya las maneras anteriores por las cuales Dios revelaba su voluntad a su pueblo”. La palabra “cesación” no viene de la Biblia, pero la doctrina sí.

No solo la revelación está completa y ha cesado, sino que también han cesado las señales que avalaban que la revelación está en progreso. He aquí un corto resumen de seis pruebas bíblicas que nos muestran que los dones de revelación han cesado (las visiones, las palabras de ciencia, las palabras de sabiduría y las profecías) al igual que los dones de señales (las sanaciones y el hablar en lenguas). Dios aún sana, por supuesto, pero en respuesta a la oración, y no a través de las manos de algún supuesto sanador.

El pasaje controversial de 1 Corintios 13:8-10 no será usado en este artículo para probar la cesación de estos dones. Solo nos referiremos a los pasajes que consideramos irrefutables.

  1. No ocurren desde los tiempos de los apóstoles
    La primera prueba del cesacionismo (la terminación de los dones de revelación y de señales) es que las sanaciones y prodigios solo podían ser hechas por los apóstoles, y que estas eran señales especiales que les autentificaban como apóstoles. En 2 Corintios 12:12 Pablo dice:“Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros”.

Hubo algunas personas en la iglesia de Corintio que desafiaron la validez del apostolado de Pablo. Para defenderse, Pablo les pide que miren su don de sanación y de otras señales milagrosas que fueron hechas entre ellos, afirmando que solo los apóstoles podían ejecutar tales cosas.

El libro de Hechos afirma de manera específica que las sanaciones y otros prodigios eran exclusivos de los apóstoles, quienes obviamente ya no existen.

Un apóstol era alguien que había acompañado al Señor Jesucristo, que lo había visto después de su resurrección y quien había sido personalmente nombrado por Él. Como testigo especial de la resurrección, se le otorgó el poder de sanar. Él también era alguien a quien el Espíritu Santo le mostraría “toda la verdad” (Juan 14:26 y 16:13) y quien escribiría los escritos inspirados o los ratificaría.
Los creyentes necesitaban saber quiénes eran los verdaderos apóstoles, para así respetar su autoridad especial y única. Ellos los reconocerían por sus sanaciones y otras señales. Las personas que no pertenecían al grupo de los apóstoles (el cual incluía dos ayudantes designados) no podían hacer estas señales. Si ellos las hubiesen podido hacer, entonces nadie habría podido tener la certeza de quiénes eran los verdaderos apóstoles.

En Hechos 2:43 y 5:12 se vuelve a dejar claro una vez más que los milagros eran realizados por “las manos de los apóstoles”. Esta eran señales exclusivas de los apóstoles. También, en Hebreos 2:3-4 los dones de sanación estaban firmemente vinculados a los apóstoles.

Pablo era un apóstol debido a que vio al Señor resucitado y a que fue directamente nombrado por Él. El hecho de que no recibió entrenamiento directo de parte de Cristo, fue compensado al recibir revelaciones únicas y especiales. Pablo aclara en 1 Corintios 15:8 que a él, “al último de todos, y como a un abortivo, me apareció”, indicando que él fue el único apóstol fuera del grupo original y que, por lo tanto, era el último. (Las personas que hoy en día dicen ser apóstoles no cumplen con los requisitos y sus afirmaciones son inapropiadas y erróneas).

Cuando algunas personas dicen que la cesación de los dones de los apóstoles no puede ser probada basándose en las Escrituras, se les olvida que el libro de Hechos afirma de manera específica que las sanaciones y otros prodigios eran exclusivos de los apóstoles, quienes obviamente ya no existen.

Cuando las iglesias habían crecido y se habían multiplicado, Pedro fue a Lida y luego a Jope, donde notablemente sanó a Eneas y levantó a Dorcas de entre los muertos. Comunidades enteras se quedaron asombradas porque ninguno de los otros creyentes en dichos lugares podía hacer tales cosas.

Cuando un joven se cayó de una ventana en Troas, solo había una persona allí que lo podía resucitar; ese era Pablo. La idea carismática de que numerosos cristianos realizaban sanaciones no se puede encontrar en el Nuevo Testamento. Se narra que solo los apóstoles sanaban, incluyendo a dos ayudantes o delegados apostólicos, Esteban y Felipe, y probablemente Bernabé.

La única ocasión en la cual alguien fuera del grupo mencionado anteriormente ejecutó una sanación fue cuando el Señor le ordenó a Ananías que sanase a Pablo. No hay ninguna otra sanación aparte de estas en la Iglesia primitiva. Las ideas pentecostales y carismáticas que argumentan que los cristianos constantemente y de manera indiscriminada llevaban a cabo sanaciones simplemente no se enseñan en la Biblia. De ahí que el registro infalible de las Escrituras muestre que el punto de vista carismático de la sanación es un error basado en un mito. El registro bíblico prueba que las sanaciones y obras poderosas estaban restringidas a un grupo de personas quienes ya, por supuesto, han dejado de existir.

  1. El propósito temporal de las lenguas
    La segunda prueba de que el cesacionismo puede ser probado basándose en la Biblia (los dones de señales han cesado) hace referencia al don de hablar en lenguas. La Biblia declara que Dios dio el hablar en lenguas específicamente como una señal para los judíos, lo cual les señalaba que la era del Mesías había llegado.

En 1 Corintios 14:21-22 Pablo dice: “En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor. Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos”.

En otras palabras, el don de hablar en lenguas fue una prueba milagrosa, para los judíos que se resistían a creer en Cristo, de que una nueva era y orden en la Iglesia había llegado. El don no fue para el beneficio de los judíos que habían creído sino que fue una advertencia y una promesa para aquellos que no creían. No era una señal y advertencia para los gentiles sino para los judíos.

Pablo citó porciones de Isaías 28:11, un capítulo en el cual Isaías profetiza la venida de Cristo. Como una señal para los judíos, Isaías dice que aquellos de lengua tartamuda y de lengua extraña hablarían a los judíos. Los idiomas de los gentiles les retarían, algo sumamente humillante para el pueblo judío. Al mismo tiempo, era una señal de que la era Mesiánica traería a los gentiles dentro de la Iglesia, y que el Evangelio sería predicado en otros idiomas.

Esta sería una señal de la nueva era o época cuando Dios bajaría la bandera de la Iglesia judía y subiría la de la Iglesia judío-gentil de Jesucristo. Los judíos incrédulos que resistían a Cristo y se aferraban a los vestidos de Moisés tendrían la Palabra de Dios predicada a ellos en idiomas bárbaros o gentiles.

Todo esto se cumplió, comenzando en el día de Pentecostés. A los judíos se les llamó y advirtió debidamente, pero las lenguas no se mencionan fuera de los Hechos de los Apóstoles y de 1 Corintios 12:14, lo que muestra que habían logrado su propósito de advertir a los judíos de que la nueva era o época había llegado.

La anunciación de la era de la Iglesia se logró mientras los apóstoles vivieron, y la señal ha sido retirada. Lo que hoy se conoce como hablar en lenguas no es llevado a cabo en presencia de judíos incrédulos, y no tiene nada que ver con la señal bíblica del Nuevo Testamento. La señal de que la era de la Iglesia había llegado cumplió su propósito y ha sido sobrepasada por la realidad.

El evangelio ahora se predica prácticamente en todos los idiomas del mundo, y la señal de que esto sucedería hace mucho que desapareció. El propósito del hablar en lenguas (de acuerdo con las enseñanzas de Pablo) fue cumplido en los tiempos apostólicos, lo que prueba su cesación desde aquel entonces.

  1. Las lenguas eran idiomas reales
    La tercera prueba del cesacionismo se suma a la segunda, y es esta: El don de hablar en idiomas reales fue dado en el día de Pentecostés (y por un breve periodo de tiempo después de eso), y nunca se ha visto desde entonces. Debería sernos obvio que los idiomas milagrosos del libro de Hechos y de 1 Corintios nunca han ocurrido desde aquellos días.

El hablar en lenguas de la actualidad no trata ningún idioma humano conocido sino que, por el contrario, se trata solo de repeticiones incoherentes y sin sentido. Nada milagroso sucede. En los tiempos del Nuevo Testamento, la persona que hablaba en lenguas recibía del Espíritu Santo la habilidad para hablar en un idioma real que no había aprendido antes, y personas que habían crecido con tal persona se quedaban maravilladas y sorprendidas al presenciar tal cosa.
Los judíos estarían presentes (pues era una señal específica para ellos). En el día de Pentecostés muchos judíos que vivían en tierras extranjeras escuchaban cómo otros que no hablaban sus idiomas ahora lo hacían y dichos judíos corroboraban la veracidad de quienes hablaban. Después de Pentecostés, el Espíritu Santo daría el don milagroso del entendimiento a intérpretes, de forma que siempre se pudiese corroborar la autenticidad del idioma hablado. No se ha visto cosa similar desde los tiempos de la Biblia.

Quienes en la actualidad defienden el hablar en lenguas, siempre señalan 1 Corintios 13:1 donde Pablo, hablando hipotéticamente, dice que aun si el hablase lenguas angélicas, pero sin amor, no contaría para nada. Desesperados por encontrar un texto, los maestros carismáticos toman las palabras de Pablo como justificación para lenguas extáticas y no lingüísticas, pero es claro para cualquier persona que piense, que este es un uso terriblemente incorrecto del versículo.

Al describir idiomas reales, la Biblia, en efecto, nos advierte que estos dones han sido retirados. Estos simplemente no han ocurrido en ningún momento de la historia, en ninguna parte del mundo, desde los tiempos de los primeros días de la Iglesia. Lo que sucede hoy es que las personas (quienes pueden ser cristianos sinceros) en su deseo de hacer lo que sus líderes insisten es correcto, buscan “hablar” fuera de las normas del lenguaje. Sin embargo, ni hablan un idioma real ni entienden lo que están diciendo.

El cesacionismo es algo que se enseña claramente en las Escrituras en virtud de la descripción precisa que la Escritura hace acerca de los idiomas reales, la cual no se puede aplicar a nada de lo que ha sucedido desde entonces.[1]

Desde los tiempos de la Biblia hemos presenciado los gloriosos eventos de reformación, al igual que poderosos avivamientos cuando al Espíritu de Dios le ha placido obrar con poder excepcional. A pesar de esto, no se ha reportado o registrado ni siquiera un caso de alguien que clame tener la habilidad de hablar en un idioma real que nunca haya aprendido. Esta es una prueba certera de que el genuino don bíblico de lenguas ha cesado.

  1. No existen instrucciones para el nombramiento de profetas
    La cuarta prueba de la cesación del don de la revelación y de señales es esta: en el Nuevo Testamento no existen instrucciones para el nombramiento de apóstoles, profetas, sanadores o de ningún otro oficio por el estilo. Esto es algo de tremenda importancia porque Dios ha establecido un patrón detallado para la Iglesia en el Nuevo Testamento. Es cierto que algunos cristianos no creen que la Biblia provea los planos o el modelo a seguir para la iglesia, pero la mayoría de personas quienes poseen creencias bíblicas bautistas sí lo creen.

El apóstol Pablo nos manda repetidamente a ser los más cuidadosos imitadores suyos en el sistema de gobierno de la iglesia y en conducta, y las epístolas pastorales establecen cómo deberíamos comportarnos y trabajar en la iglesia de Dios. Se nos es dado un modelo preciso para la iglesia en todo tiempo.

Desobedecemos el patrón perfecto de Dios si llevamos a cabo nombramientos en la iglesia que no han sido prescritos o mandados

Tenemos instrucciones que con sumo cuidado indican cómo seleccionar predicadores, ancianos y diáconos, pero no existen instrucciones para el nombramiento de apóstoles (porque estos oficios no habrían de perpetuarse) o de cómo reconocer o acreditar a un profeta (porque los dones de revelación cesaron cuando la Biblia fue completada). Tampoco existen instrucciones para el nombramiento de sanadores.

Este no es simplemente un argumento basado en la falta de instrucciones al respecto, sino una prueba firme de que estos oficios y funciones no habrían de continuar. Las instrucciones para todos los asuntos pertinentes a la organización de la iglesia han sido detalladas y están completas, y son suficientes y autoritativas para la iglesia hasta que Cristo venga de nuevo. Si llevamos a cabo nombramientos en la iglesia que no han sido prescritos o mandados, estamos desobedeciendo el patrón perfecto de Dios. Estamos desobedeciendo la Escritura.

¿Cómo se puede decir que no hay pruebas certeras en las Escrituras para probar que los dones han cesado, cuando el modelo para la iglesia no provee instrucciones para la continuación de portavoces inspirados hacedores de señales? Esta es una prueba contundente del cesacionismo, a menos que no creamos en la suficiencia de las Escrituras y no creamos que Dios ha provisto un modelo para su iglesia.

  1. La revelación ha sido completada
    La quinta prueba del cesacionismo es que la Biblia claramente enseña que la revelación está ahora terminada. No puede haber nuevas revelaciones después del tiempo de los apóstoles. Ya hemos señalado que en Juan 14:26 y en Juan 16:13 el Señor Jesucristo les dice dos veces a sus discípulos que el Espíritu Santo, cuando venga, los guiará a toda verdad.

Los apóstoles serían los autores de los libros del Nuevo Testamento y quienes autentificarían los libros inspirados del Nuevo Testamento que no fuesen escritos por ellos. Toda la verdad sería revelada, y después de la era apostólica no habría más revelación de las Escrituras. La Palabra estaría finalizada.

¡Cuán gozosos estamos debido a esto! En qué estado estaríamos si personas pudieran surgir aquí y allá (como sucede en el mundo carismático) dándonos nuevas revelaciones. ¿Quién podría saber lo que es correcto y lo que es verdad? Pero la Escritura es el estándar de medida para todo, y ya está finalizada, y completa, y es perfecta, suficiente y confiable.

Judas pudo hablar acerca de la fe que “ha sido una vez dada a los santos”. Su epístola posiblemente fue escrita veinticinco años antes del último libro de la Biblia, pero lo suficientemente “tarde” para afirmar que todas las doctrinas principales e instrucciones para la iglesia habían sido reveladas. En esta etapa avanzada de la revelación, Judas habla de la fe que ha sido una vez dada, o mejor dicho, que de una vez por todas ha sido dada. Esta ha sido prácticamente finalizada; pronto (desde la perspectiva de Judas) no habrá más revelación.

Los versículos finales de la Biblia advierten que nada puede ser añadido o sustraído de las palabras del libro de Apocalipsis, pero esto ciertamente aplica a la Biblia entera, no solo al último libro. Lo sabemos porque esta advertencia refleja la advertencia dada por Moisés en el primer libro de la Biblia (los primeros cinco libros fueron originalmente uno), es decir, Deuteronomio 4:2: “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (Palabras que Moisés repitió en Deuteronomio 12:32).

La finalización de la revelación también se prueba por el hecho de que los apóstoles y los profetas son descritos como la etapa fundacional de la Iglesia.

En Efesios 2:20 la Iglesia es descrita como que está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas [es decir, los profetas del Nuevo Testamento] siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. Un fundamento es algo completo y estable, mientras que el edificio continúa siendo construido.

¿Qué hay acerca de la profecía de Joel, que Pedro cita en el día de Pentecostés, que decía que cuando el Espíritu fuese derramado, todos los creyentes, hombres, mujeres, viejos y jóvenes profetizarían? ¿No está implícito que esto continuaría literalmente hasta el regreso del Señor? No, porque la manera de entender esta profecía debe estar de acuerdo con la irrefutable enseñanza de la Biblia de que pronto la revelación sería completada, y entonces, habiendo ya sido completada, la revelación cesaría.

Es esta revelación completada (particularmente el Evangelio) la que será testigo a los creyentes de todas las épocas, hombres y mujeres, alrededor del mundo hasta el final. Los creyentes continuarán viendo visiones y soñando sueños en este sentido: ellos adoptarán, meditarán y proclamarán las infalibles “visiones y sueños” dados a ellos en la Biblia. No “profetizarían” en el sentido de recibir una nueva revelación. Ellos también soñarán sueños acerca de los planes y conquistas del Evangelio. En este sentido, la profecía de Joel está aún siendo cumplida.

Las extraordinarias manifestaciones como el hablar en lenguas claramente se habían desvanecido para el tiempo en el cual Pedro escribió sus dos epístolas, pues no sugiere en absoluto que esas señales de los primeros tiempos de la Iglesia continuaban aún ocurriendo.

Ya que la revelación fue completada en el tiempo de los apóstoles, podemos ver que la tarea de los apóstoles y profetas se acabó. Y si los dones de revelación han terminado, entonces han terminado también las señales que autentificaban a los autores inspirados. Recordemos lo que Pablo dijo en 2 Corintios 12:12: “Entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol […] por medio de señales, prodigios, y milagros” (LBLA).

¿Cómo puede decirse entonces que no hay pruebas bíblicas del cesacionismo cuando la Escritura afirma enfáticamente que la revelación ha sido completada, como un fundamento en el comienzo de la era de la Iglesia?

  1. Las Escrituras testifican acerca del final de los dones
    La sexta prueba acerca del final del cesacionismo es esta: las Escrituras muestran que estos dones estaban en el proceso de ser retirados en ese tiempo específico. Pablo, por ejemplo, quien poseía poder apostólico para ejecutar señales y prodigios y obras poderosas, no pudo, en el transcurso del tiempo, sanar a Timoteo o a Trófimo o a Epafrodito.

Podemos ver también la retirada de los dones de sanación en el libro de Santiago (que según entendemos escribió Jacobo el medio hermano del Señor) capítulo 5, donde se dan instrucciones específicas acerca de orar por los enfermos, y de cómo los ancianos pondrían sus manos sobre los que estaban postrados en cama. Es obvio en este pasaje que no se tiene en mente a sanadores talentosos, sino solo a ancianos de la iglesia que oran.

La palabra unción es mencionada, pero el término griego que denotaba la unción religiosa no es usado aquí. El griego usa una palabra muy práctica que significa “frotar” con aceite, como a manera de alivio para las úlceras ocasionadas por estar postrado en cama. Lo que Jacobo en realidad afirma es algo como esto: “Cuidado con que tu mente sea tan celestial que no seas de uso terrenal, sino que presta alivio físico a aquellas personas que sufren”.

Podemos, y debemos, orar por la sanidad de quienes están enfermos, pero puede ser que la voluntad de Dios sea que un enfermo testifique de la gracia de Dios en su enfermedad

Lo que más importa es la oración. Es cierto que teniendo en cuenta las instrucciones de Jacobo, ningún “talentoso sanador” es traído a casa del enfermo para dar la “orden” de ser sanados o para darle al enfermo “un toque sanador”. La imposición de manos de los ancianos es un acto simbólico, que comunica el amor de la iglesia, su cuidado y responsabilidad.

El pasaje en Santiago contiene cuatro exhortaciones para orar y es una continuación de su enseñanza acerca de lo que debemos decir: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”. Podemos, y debemos, orar por la sanidad de quienes están enfermos, pero puede ser que la voluntad de Dios sea que un enfermo testifique de la gracia de Dios en su enfermedad.

El punto principal para nosotros en este artículo es que nadie posee un poder especial para sanar en Santiago 5. La sanación es hecha por Dios en respuesta a oraciones. Se puede ver que la actitud continua de la iglesia es la de orar por sanación, recordando que algunos son llamados a vivir “como ejemplo de aflicción y de paciencia” (Santiago 5:10).

El hecho de que Jacobo no mencione los dones de sanación muestra de manera inequívoca que el don de sanación fue retirado bastante pronto durante el curso de la era apostólica.

¿Asumiría un lector neutral de la Biblia que los dones serían para todos los tiempos?

Se ha sugerido que si un nuevo convertido, sin experiencia alguna en lo que respecta a la vida como parte de una iglesia, fuese encerrado en una habitación solo con su Biblia, nunca se le ocurriría que los dones carismáticos hubiesen cesado. Lo contrario es cierto. Hay mucha gente (nosotros conocemos varios) que habiendo tenido otra otras religiones, han sido convertidos a Cristo a través de la lectura privada de las Escrituras, y subsecuentemente han encontrado una iglesia. A partir exclusivamente de la lectura de la Biblia no han recibido ningún tipo de expectativa acerca de los dones carismáticos. De manera más frecuente —y esto incrementa con el paso del tiempo— los creyentes abandonan las iglesias carismáticas habiendo entendido claramente que lo que ocurre allí no es lo que ellos leen en la Biblia.

Al leer de manera cuidadosa el libro de Hechos, descubren que solo el grupo apostólico sanaba y sienten que han sido engañados por la noción carismática y pentecostal de que numerosas personas lo hacían.

Algunos se preguntan cuál era el significado o propósito original del hablar en lenguas y cuando aprenden de Pablo que era una señal específica para los judíos, sienten una vez más que han sido engañados por sus maestros.

Igualmente, sienten que han sido instruidos de manera equivocada cuando llega a ser evidente para ellos que las “lenguas” fueron idiomas reales, algo infinitamente más milagroso que simples sonidos incomprensibles y desarticulados.

Entonces, tan pronto como los creyentes entienden la importancia del modelo bíblico para la iglesia, a veces la siguiente pregunta surge en sus mentes: “¿Dónde están las instrucciones en la Biblia para el nombramiento de apóstoles, profetas y sanadores hoy en día?”. Se dan cuenta de que no hay ninguna en absoluto y se vuelven aún más críticos de las falsas enseñanzas que han recibido.

Entonces la pregunta acerca de la autoridad y suficiencia de la Escritura irrumpe y piensan: “¿Acaso la revelación de la Palabra de Dios no ha sido finalizada? ¿Cómo pues, las profecías modernas pueden ser válidas e inspiradas?”. Es obvio para ellos que todas las profecías “autoritativas” que ellos han escuchado son simplemente un gran error y engaño.

Muchos creyentes pensantes entienden por ellos mismos que para las personas carismáticas, las Escrituras ocupan un segundo lugar después de la imaginación humana y las experiencias misteriosas.

Finalmente, cuanto más estudian la Palabra de Dios, más ven la evidencia de que las señales desaparecieron poco después de su espectacular inicio.

Nada de esto significa que el Señor no inste a su pueblo a recordar deberes o verdades, o a hacer ciertas cosas, o que no les advierta de peligros inminentes. Estas son intimaciones divinas, no revelaciones o dones.

En la historia de la Iglesia, se han registrado ocasiones en las que algunas personas han tenido intimación de parte de Dios acerca de situaciones o personas peligrosas, pero nunca fueron revelaciones de doctrinas. Encontramos tales ocasiones en tiempos de grave persecución. Por ejemplo, antes de la caída de la antigua Unión Soviética, hemos escuchado relatos fidedignos donde siervos clave de Dios fueron maravillosamente librados de arrestos porque el Señor había fijado en ellos una firme convicción de no ir a cierto lugar en particular. Se descubrió tiempo más tarde que la policía KGB había tendido una trampa para ellos. Sin embargo, a ninguno de los que recibió tal intimación se le otorgó un don constante, y menos aún una revelación autoritativa de verdad doctrinal. Dios puede hacer toda clase de cosas para librar y bendecir a su pueblo, pero esto no implica que los dones apostólicos o proféticos estén siendo otorgados a ninguna persona.

El daño que la enseñanza carismática ha causado

Muchos carismáticos han comenzado a notar la enorme diferencia entre la Biblia y lo que se les ha enseñado. Las personas con tales dudas a menudo se preocupan por el hecho de que un elevado número de católicos que dependen de María, que van a misa y practican las buenas obras para alcanzar la salvación también pueden hablar en lenguas y profetizar. Muchos católicos adoran exactamente de la misma manera en la que lo hacen los protestantes carismáticos.

Los carismáticos que comienzan a dudar también llegan a escuchar que en sectas no cristianas también se habla en lenguas. Usted no necesita ser un cristiano salvo para hablar en lenguas al estilo carismático, porque estas no son un verdadero don del Espíritu.

Hay muchos cristianos sinceros en el movimiento carismático, pero aseveramos que el intentar restablecer el don de señales y de revelación es un error con consecuencias extremadamente dañinas. Podemos ver el daño cuando vemos la aparición de inmensas secciones del movimiento en el que el Evangelio prácticamente ha desaparecido al ser enterrado bajo extravagancias no bíblicas.

En la actualidad existen grupos carismáticos grandes que niegan la sustitución penal de Cristo, e incluso algunos niegan la Trinidad. (Uno de los más famosos predicadores y escritores de carácter carismático niega la doctrina de la Trinidad).

La música de entretenimiento de estilo mundano domina las iglesias carismáticas, aun la música más extrema y de carácter totalmente impío. Las artimañas teatrales de la mayoría de los líderes carismáticos, que lo único que quieren es dinero, pueden ser vistas en cualquier momento en los canales religiosos de la televisión, y, al parecer, la herejía del “evangelio de la prosperidad” está en todas partes. Numerosos charlatanes y bribones han logrado cautivar a un gran número de seguidores llevando a cabo supuestas “sanaciones” en lugares alrededor del mundo. Aún más, técnicas de adivinación del teatro de variedades se presentan como prodigios espirituales en iglesias que una vez fueron respetables.

La poderosa corriente que constantemente aleja la “circunscripción” carismática más y más de la Biblia, es evidencia de un error serio y fundamental, es decir, la idea de que los dones de señales y de revelación son válidos para todo los tiempos. El experimentarlos implica un doble error: primeramente reducir los dones a algo no milagroso (por ejemplo, convertir idiomas reales en palabrerías de tipo no lingüístico) y, en segundo lugar, menoscabar las Escrituras, que ahora se tendrían que rendir ante experiencias imaginarias de sueños, visiones, “palabras del Señor” y revelaciones similares. También se hace daño a cristianos cuya fe es desviada de Cristo y su Palabra, a fenómenos y sensaciones.
Sinceramente oramos para que Dios libre a quienes son sus verdaderos hijos del creciente daño causado por el descabellado error de abandonar las Escrituras. Es perfectamente posible probar que el cesacionismo es una verdad bíblica.

Referencia

[1] Las personas que falsamente hablan en lenguas hoy en día ni siquiera intentan seguir las reglas bíblicas para el ejercicio de tal don de aquellos días: que no más de dos o tres personas podían hablar al mismo tiempo en un servicio (1 Corintios 14:27).

Ladrones del alma | Peter Masters

Ladrones del alma
By Dr Peter Masters

Jesús, hacia el final del discurso más famoso que jamás dio, dijo estas asombrosas e importantes palabras: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”.

El discurso más famosos que jamás se ha dado ha sido el Sermón del Monte, el cual fue dado a miles por Jesucristo en la ladera de una montaña de Galilea. Hacia el final del discurso, Jesús pronunció estas asombrosas e importantes palabras: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15).

“¡Guardaos!” significa estar atento a los peligros. Nos insta o exhorta a vigilar inteligentemente. ¿Acaso analizamos las ideas que hoy en día se nos imponen acerca de la vida? ¿Acaso analizamos los diferentes estilos de vida y valores que se nos ofrecen?

 Lo que Cristo realmente está diciendo es: “No seas descuidado con respecto a la vida, e indiferente a su propósito. No seas ingenuo y aceptes sin cuestionar todas las ideas con las que nos topamos y más bien piensa hacia dónde te diriges en la vida”. ¿Qué es lo que creemos acerca de esta vida, o acerca de la naturaleza humana o de los valores morales, o respecto de Dios?

La gente que promueve ideas erróneas al respecto de la vida viene con vestidos de ovejas, lo cual significa que su mensaje no es amenazante. Nos ofrecen cualquier cosa que queramos.

Cuando Cristo advirtió acerca de los falsos profetas, no solo se refería a maestros religiosos, sino también a no religiosos. Incluyó gente que hoy en día reta y contradice la moral y el mensaje de la Biblia. Dijo que la gente que promueve ideas erróneas al respecto de la vida viene con vestidos de ovejas, lo cual significa que su mensaje no es amenazante. Nos ofrecen cualquier cosa que queramos.

Cristo dijo que las falsas ideas son como una puerta ancha y un camino espacioso. Son ideas populares que llaman multitudes, como lo son un estilo de vida tratando de obtener cosas materiales y satisfaciendo cada pasión o cosa que codiciemos. Muchas falsas ideas nos dicen que nos olvidemos acerca de Dios y de la moral, que olvidemos que tenemos que saldar cuentas ante Dios al final de nuestra vida. Se dice: “Haz todo para complacerte. Libera tu naturaleza animal y haz lo que quieras en la vida”.

¿Quiénes son las personas que enseñan estas cosas? Pues son aquellos que hoy en día guían la sociedad, controlan los medios de entretenimiento, y promueven y legislan la abolición de los valores morales.

Pero ¿cómo podemos reconocer quiénes son estos falsos maestros? Cristo dio esta regla infalible: “Por sus frutos los conoceréis”, lo cual quiere decir sus resultados. Mira los resultados de las ideas populares de hoy en día acerca de la vida. ¿Hacia dónde nos han llevado y qué han producido?

 Se nos dice que nos deshagamos de estándares morales con excepción de algunos que protegen a otras personas de daños y pérdidas, tales como el asesinato, la violencia interpersonal, abuso de menores y robo. Todos los demás estándares deben desaparecer. Las distinciones de género son ridiculizadas, la homosexualidad es aprobada (en la mayor parte de la Unión Europea pronto será un crimen desaprobarla) y el sexo libre fuera del matrimonio es fuertemente promovido (con anticonceptivos regalados a adolescentes con objeto de eliminar las consecuencias y el aborto ofrecido como remedio si las cosas salen mal).

 El orgullo está bien visto (la idea de sentirse bien acerca de uno mismo), la codicia, la avaricia, la embriaguez y otros excesos también son aceptados. Esto es “disfrutar”. La televisión está saturada de lenguaje bajo al por mayor y de ropa ligera que incita a la sexualidad y sensualidad. El egoísmo (llamado hoy en día “cuidarse a uno mismo”) es el estilo de vida ideal.

 Pero ¿qué han logrado los promotores y defensores (principalmente humanistas anticristianos) de estas ideas? ¿Han producido la sociedad sofisticada y liberal que clamaban resultaría? !El resultado es que no ha habido tanto engaño, robo, fraude, violencia, crueldad, vulgaridad, falta de respeto, pornografía, abortos, lujurias, adicciones, separaciones y divorcios, embriaguez, vandalismo, egoísmo, y miseria en la sociedad como lo hay hoy en día! ¡Qué desastre! Y la sociedad empeora cada día. Esto no se dice por el placer de quejarse, sino porque prueba que los oponentes de la moralidad se han equivocado y sus ideas han fallado.

 No hace mucho leí en un artículo de un periódico que decía que las cosas siempre han estado así de mal. El autor mencionaba una banda de criminales de Elephant de los cincuenta con sus navajas, cadenas de bicicleta y puños de hierro. Noté por la fotografía del autor que no era lo suficientemente viejo como para haber estado en el tiempo de esa banda, pero todos los que si estuvimos, decimos que las cosas no estaban tan mal, ni siquiera una décima parte de lo que hoy es. Los atracos, por ejemplo, eran raros en esos días, y eran “llamados robos con violencia” y traían al infractor duras sentencias en prisión. Ahora es algo tan habitual que los malhechores casi nunca son atrapados. La sociedad se ha deteriorado de una manera irreconocible.

Las personas que han destruido los estándares bíblicos han producido una ola de matrimonios rotos, caos y dolor y las cosas empeorarán mucho más.

Las personas que han destruido los estándares bíblicos han producido una ola de matrimonios rotos, caos y dolor y las cosas empeorarán mucho más. En su arrogancia han desechado los estándares centenarios y la sociedad está cosechando las consecuencias.

 Cristo dice que esas personas son como “espinos y abrojos”, pero son tan orgullosos que no aceptan su fallo, y son tan egoístas que no les importa el daño que eso hace a la gente. Parecen ser llevados por una pasión irracional de promover el pecado y atacar la fe cristiana.

No hace mucho tiempo, le fue dado a un ateo eminente una serie de televisión para presentar su odio hacia la fe en Dios. Dijo que la religión es la causa de todas las guerras y que se debería deshacer de ella. ¿Es que nunca escuchó de los millones que Stalin asesinó y de todas las otras matanzas por ideologías comunistas? ¿Acaso no sabía acerca de la larga lista de guerras territoriales que han dominado la historia y que no tienen nada que ver con religión? ¿Acaso era ignorante de las dos tan terribles guerras mundiales? ¿Qué lo obligó a decir esa tontería tan grande e incorrecta? A pesar de ser un científico muy capaz, parecía haber olvidado la historia, y su prejuicio contra Dios fue llevado a tal extremo como para decir cosas tan tontas. 

 De hecho las guerras prueban las enseñanzas Bíblicas acerca de la depravación humana, que mientras todos son capaces de hacer algún bien, todos son débiles y pecaminosos al mismo tiempo. Las constantes guerras crueles sólo prueban que la Biblia está en lo cierto y los ateos no. Los ateos jamás serán moralmente constructivos, y sus ideas jamás producirán vidas decentes ni comunidades estables.

 El maestro supremo es Cristo mismo, Quien es tanto Dios como hombre. Sus enseñanzas son perfectas y sus estándares son puros. Vivió una vida perfecta en la tierra y luego murió en terrible agonía cuando Dios Padre cargó en Cristo Jesús la culpa de todo aquél que confiaría en Él a través de la historia de este mundo, castigando a Cristo en su lugar.

 Jesús vino a traer bendición eterna a hombres y mujeres y a dar un cambio interno, profundo y espiritual a todos aquéllos que crean en Él. Se levantó de los muertos y desde entonces ha cambiado la vida de millones de personas alrededor del mundo.

 No confíes en los maestros dominantes actuales que moldean la sociedad y que están opuestos a Cristo y a sus estándares morales. No te dejes moldear por el ateísmo. Averigua todo lo que puedas acerca de Cristo y búscale. 

El Dr. Peter Masters ha sido pastor del Tabernáculo Metropolitano de Londres desde 1970, la cual es una iglesia conocida por su énfasis evangelístico, por tener una congregación multiétnica y por haber sido la iglesia que pastoreó Charles Spurgeon durante 38 años.

Sus libros con bases en la teología reformada, defienden los caminos antiguos y presentan ayuda bíblica frente a los desafíos vitales de nuestros días. Algunos de ellos han sido traducidos a más de veinte idiomas y son ampliamente leídos por miles de personas.

Calvinismo

El calvinismo es una rama del protestantismo que se originó en el siglo XVI como resultado de las enseñanzas y reformas propuestas por el teólogo francés Juan Calvino. Esta corriente religiosa tuvo un impacto significativo en Europa durante la Reforma Protestante y dejó una huella duradera en la teología, la política y la sociedad de la época.

El calvinismo se caracteriza por su énfasis en la soberanía de Dios y la predestinación. Según esta doctrina, Dios predestina a algunas personas a la salvación y a otras a la condenación, sin que su voluntad o acciones influyan en esta elección. Además, los calvinistas creen en la autoridad suprema de la Biblia, la depravación total del ser humano debido al pecado original y la necesidad de la gracia divina para la salvación. Esta corriente también promueve una ética de trabajo y frugalidad, conocida como «ética protestante del trabajo«, que ha sido ampliamente estudiada e influyente en el desarrollo del capitalismo.

Definición del calvinismo: doctrina teológica

El calvinismo es una doctrina teológica que se originó en el siglo XVI con la figura de Juan Calvino. Esta corriente religiosa forma parte de la tradición protestante y se basa en las enseñanzas de la Biblia, especialmente en la interpretación de la predestinación y la soberanía de Dios.

Historia del calvinismo: origen y desarrollo

El calvinismo es una corriente del protestantismo que se originó en el siglo XVI, durante la Reforma Protestante liderada por el teólogo francés Juan Calvino. Esta corriente religiosa se basa en los principios de la predestinación y la soberanía absoluta de Dios.

A lo largo de la historia, el calvinismo ha tenido un impacto significativo en distintas regiones del mundo. Durante el siglo XVI, se expandió rápidamente por Suiza, Francia, Escocia, Países Bajos y partes de Alemania. En el ámbito político, el calvinismo influyó en la formación de estados protestantes y en el fortalecimiento de movimientos independentistas.

El desarrollo del calvinismo también estuvo marcado por la creación de iglesias reformadas y la influencia de sus líderes. Juan Calvino, con su obra «Institución de la religión cristiana», sentó las bases teológicas de esta corriente y estableció una disciplina eclesiástica rigurosa.

A lo largo de los años, el calvinismo se expandió por diferentes regiones de Europa y tuvo un impacto significativo en la política, la sociedad y la cultura de esos lugares. Países como Escocia, Holanda, Francia e Inglaterra adoptaron el calvinismo como su doctrina oficial.

Características del calvinismo: predestinación y soberanía de Dios

El calvinismo es una doctrina teológica que se basa en la predestinación y la soberanía de Dios. Esta corriente ha dejado un legado duradero en la historia del cristianismo y ha influido en la forma en que muchas comunidades religiosas entienden la fe y la salvación.

El calvinismo se originó en el siglo XVI y se basa en la predestinación y la soberanía absoluta de Dios. Ha tenido un impacto significativo en la historia y ha influido en la formación de estados protestantes y en el desarrollo de movimientos independentistas. Además, el calvinismo destaca por su énfasis en la gracia divina, su ética del trabajo y su creencia en la prosperidad como señal de bendición divina.

El calvinismo se distingue por varias características centrales. Una de ellas es la doctrina de la predestinación, que enseña que Dios ha elegido de antemano a ciertas personas para la salvación eterna. Esta creencia se basa en la idea de la soberanía absoluta de Dios sobre el destino humano.

Otra característica clave del calvinismo es la creencia en la soberanía de Dios en todas las áreas de la vida. Según esta perspectiva, Dios tiene control absoluto sobre todo lo que sucede en el mundo y todo lo que ocurre está de acuerdo con su voluntad.

El calvinismo también enfatiza la importancia de la ética y la disciplina en la vida de los creyentes. Los seguidores del calvinismo suelen poner énfasis en la responsabilidad personal y la moralidad en todas las áreas de la vida, incluyendo el trabajo, las finanzas y la sociedad en general.

El calvinismo es una corriente teológica que destaca la predestinación y la soberanía de Dios. Su influencia ha sido significativa en la historia del protestantismo y ha dejado una marca duradera en las creencias y prácticas religiosas de muchas personas en todo el mundo.

Características principales del calvinismo podrían resumirse en:

  • Predestinación: El calvinismo sostiene que Dios ha predestinado a algunas personas para la salvación y a otras para la condenación, sin que la voluntad humana tenga influencia en esta elección divina.
  • Soberanía absoluta de Dios: Los calvinistas creen que Dios tiene control absoluto sobre todas las cosas, incluyendo la salvación y el destino de cada persona.
  • Teología de la gracia: El calvinismo enfatiza la necesidad de la gracia divina para la salvación, argumentando que los seres humanos son incapaces de alcanzar la salvación por sus propios méritos.
  • Ética del trabajo: Los seguidores del calvinismo valoran el trabajo y la prosperidad económica como señales de bendición divina. Esta idea se conoce como «ética del trabajo calvinista» o «espíritu del capitalismo».

Influencia del calvinismo en la Reforma Protestante

El calvinismo es una corriente teológica y religiosa que se originó en el siglo XVI como parte de la Reforma Protestante. Fue fundada por Juan Calvino, teólogo y reformador suizo, quien desarrolló una doctrina que tuvo una gran influencia en el protestantismo.

El calvinismo es una corriente teológica que tuvo un impacto significativo en la Reforma Protestante. Su doctrina de la soberanía de Dios en la salvación, así como sus características distintivas, han dejado una huella duradera en la historia y el pensamiento religioso.

Importancia de la ética calvinista en el desarrollo del capitalismo

El calvinismo, también conocido como la doctrina de la predestinación, es una corriente del protestantismo que fue fundada por el teólogo francés Juan Calvino en el siglo XVI. Esta corriente religiosa tuvo un gran impacto en el desarrollo del capitalismo y la ética de trabajo que lo caracteriza.

El calvinismo promueve una ética de trabajo rigurosa y disciplinada, basada en la creencia de que el éxito material y la prosperidad son señales de la elección divina. Los seguidores del calvinismo consideran que el trabajo duro, el ahorro y la acumulación de riqueza son expresiones de la voluntad de Dios.

Además, el calvinismo enfatiza la importancia de la educación y la formación académica, ya que los creyentes deben estudiar la Biblia y desarrollar una comprensión sólida de la doctrina calvinista.

El calvinismo ha tenido un impacto duradero en el desarrollo del capitalismo a través de su ética de trabajo, su énfasis en la responsabilidad individual y su creencia en la predestinación divina. Esta corriente religiosa ha influenciado en la forma en que las sociedades occidentales han entendido el éxito material y la acumulación de riqueza.

Diversas ramas del calvinismo: puritanismo, presbiterianismo, etc

El Calvinismo es una corriente teológica cristiana que se originó en el siglo XVI con la obra del teólogo francés Juan Calvino. Esta corriente tuvo una gran influencia en la Reforma Protestante y se caracteriza por su énfasis en la soberanía de Dios, la predestinación y la autoridad de las Escrituras.

El Calvinismo ha tenido una influencia significativa en la teología cristiana y ha dado origen a diversas ramas, como el puritanismo, el presbiterianismo y otras corrientes reformadas.

Legado del calvinismo en la sociedad moderna

El calvinismo es una rama del protestantismo que se basa en las enseñanzas del teólogo francés Juan Calvino. Esta corriente religiosa tuvo un gran impacto en la sociedad moderna y dejó un legado duradero en diferentes aspectos de la vida cotidiana.

El calvinismo se extendió rápidamente por Europa, especialmente en países como Suiza, Escocia, Países Bajos y Francia. También tuvo un impacto significativo en las colonias europeas de América del Norte, donde influyó en el desarrollo de la sociedad y las instituciones.

El calvinismo ha dejado un legado profundo en la sociedad moderna, tanto en términos de su influencia religiosa como en aspectos como la ética del trabajo y las formas de gobierno en algunas regiones. Su énfasis en la soberanía de Dios y la predestinación ha generado debates teológicos y ha influido en el pensamiento religioso y filosófico de muchas personas a lo largo de los siglos.

Bibliografía consultada:

1. Enciclopedia Britannica – Calvinismo

2. History.com – Calvinismo

3. Theopedia – Calvinismo

Preguntas frecuentes

1. ¿Qué es el calvinismo?

El calvinismo es una rama del protestantismo que sigue las enseñanzas del teólogo reformista Juan Calvino.

2. ¿Cuál es la historia del calvinismo?

El calvinismo surgió en el siglo XVI durante la Reforma Protestante y tuvo una influencia significativa en Europa.

3. ¿Cuáles son las características principales del calvinismo?

Las principales características del calvinismo incluyen la predestinación, la autoridad de la Biblia y la soberanía de Dios.

4. ¿En qué países se encuentra principalmente el calvinismo?

El calvinismo ha tenido una influencia particularmente fuerte en países como Suiza, Escocia, Países Bajos y Estados Unidos.

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HistoriaUniversal.org. (2023). Calvinismo. HistoriaUniversal.org. Recuperado de https://historiauniversal.org/calvinismo/Copiar cita al portapapeles

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Deudas mutuas en el matrimonio | Peter Masters

Deudas mutuas en el matrimonio

Peter Masters

Cristo ha pagado nuestra deuda eterna. ¡Cuán dispuestos tendríamos que estar ahora a pagar las deudas que debemos a la persona que Dios nos ha dado para el peregrinaje de nuestra vida! Aquí tenemos el concepto bíblico del matrimonio cristiano.

“El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido” (1 Corintios 7:3) RV1909.

El apóstol Pablo está respondiendo preguntas que la iglesia de Corinto le ha hecho. Lo podemos ver en sus palabras: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer”.
Evidentemente una de las preguntas era: “¿Es mejor no casarse?”. Quizás otra era: “¿Debería existir abstinencia sexual entre cristianos casados?”. No podemos decir exactamente cuáles fueron las preguntas, pero la respuesta de Pablo sugiere que tenían que ser algo así.
Cuando dice que sería bueno que el hombre no tocara mujer, nos damos cuenta de que se está refiriendo al matrimonio. No dice que sea mejor no casarse, o que permanecer soltero sea un estado superior, sino solamente que es bueno y aceptable a los ojos de Dios. Después muestra que el estado de soltero puede tener muchas ventajas para el servicio al Señor. Es bueno, saludable y a menudo es una situación maravillosa y necesaria y, desde luego, lo fue para alguien como el apóstol Pablo.
Como apóstol, y viviendo en tiempos difíciles, viajaba de sitio en sitio constantemente y nunca estaba en ningún lugar por más de tres años, y después se iba y muy frecuentemente su estancia en cualquier lugar era mucho más corta. Pablo constantemente tenía que hacer frente a persecución y oposición. ¿Podemos imaginar la angustia mental de su esposa si hubiera estado casado? Constantemente habría estado ansiosa; y su pobre corazón casi partido conforme el apóstol aguantaba todo el rigor de su labor. Cuando hubiera estado de vuelta a casa, en qué condición tan alarmante se encontraría a veces después de palizas crueles y tratamiento violento.
¡¿Qué estamos diciendo?! ¿“Cuando hubiera estado de vuelta a casa”? Él no tenía un hogar. Aquel cuyas palabras han sido atesoradas por billones de creyentes a lo largo de la era cristiana no tenía ningún lugar del cual pudiera decir que era suyo. Dondequiera que iba, dependía de la hospitalidad; y a veces incluso vivió al aire libre. Cuando consideramos las adversidades de la vida distintiva de Pablo, vemos que el no estar casado era para él un acto necesario de compromiso hacia el Señor.
Si no estamos casados, el Señor nos sostendrá y bendecirá poderosamente. Así que el apóstol declara por inspiración de Dios que el estado de soltero es uno noble que el Señor bendice.
Pero entonces Pablo dice: “pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido”. Desde luego, la condición más normal es estar casado. Nunca sea prohibido el matrimonio, dice el apóstol en 1 Timoteo. Advierte que en los últimos días, se levantará gente que prohibirá el matrimonio. Son falsos maestros que enseñan doctrinas de demonios y sacan sus ideas de espíritus engañadores, y con hipocresía hablan mentira. Pablo dice estas terribles cosas acerca de la gente que prohíbe o desalienta el matrimonio.
Aunque puede parecer que el apóstol está diciendo que el estado de soltero es superior al matrimonio, claramente no es así. El matrimonio es algo que Dios ha decretado, y es la condición general de hombres y mujeres; y así lo enseña Pablo, pero enfatiza que ambos estados, tanto el de casado como el de soltero, son bendecidos por Dios.
Notamos que Pablo dice que el matrimonio está ahí con el fin de evitar la fornicación, pero en otras partes de las Escrituras da otras razones mucho más grandiosas para ello. Aquí simplemente establece un propósito moral obvio, pero lo hace en una forma muy hermosa mediante una explicación curiosa.
Este es uno de los casos en los que no solo tenemos que leer sino también “oír” sus palabras: “pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido”. Las dos últimas frases utilizan casi las mismas palabras y, mediante esto, Pablo hace hincapié en una característica central del matrimonio. ¡Piense en esto!: poseer “su propia mujer”, “su propio marido”. Ella le pertenece a él, y él le pertenece a ella. El uno es para el otro una posesión valiosa; una posesión que se debe valorar, estimar, apreciar y amar. “Su propio […] su propia” para cuidarle. Mi único(a) esposo(a).

En Génesis 2 leemos cómo Eva fue creada del costado de Adán, y él dijo estas palabras: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. ¿Pensamos que solo estaba hablando desde un punto de vista biológico, realizando una observación física obvia? ¿O nos damos cuenta de que aunque utiliza el lenguaje de un hecho biológico literal, en realidad está expresando sus más profundos sentimientos? No es meramente una observación biológica, sino lo que realmente piensa de Eva.
Y mientras que esto no es una verdad literal para nosotros, los maridos y las mujeres deberían ser capaces de decir el uno del otro: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Estas palabras expresan la cercanía de la posesión. “Las preocupaciones de mi esposa y sus dolores son míos, tal como si realmente lo fueran”. “Las preocupaciones de mi esposo y sus dolores son míos, tal como si realmente lo fueran”.

Los jóvenes especialmente deberían ser conscientes de que el grado excesivo de “roce” hoy en día es algo nuevo…

Antes de continuar con las deudas mutuas en el matrimonio, debemos comentar las palabras “bueno le sería al hombre no tocar mujer”. Aunque esto es un eufemismo para el matrimonio, al mismo tiempo contiene literalmente verdadera sabiduría. Tenga cuidado de la “cultura” moderna. Los jóvenes especialmente deberían ser conscientes de que el grado excesivo de “roce” hoy en día entre hombres y mujeres es algo nuevo; nunca fue así antes.
Hasta hace poco, los hombres no tocaban a una mujer excepto para estrecharle la mano. Pero la cultura degradada y carnal de los últimos años ha introducido cada vez más un toqueteo entre hombres y mujeres fuera del matrimonio.

Abrazarse, sentirse y besarse es ahora una característica normal de nuestra sociedad. Ya no es solo una afectación de los famosos y los hombres de negocios, sino que también se extiende a los políticos y a cualquiera en la mira pública. Sin embargo, el respeto tradicional por el sexo opuesto considera todo este toqueteo como impropio, descortés, e incluso rayando lo ordinario. Es demasiado confianzudo y también sumamente imprudente. Creemos que mucha gente se toquetea con el sexo opuesto inocentemente, suponiendo que solo están mostrando un comportamiento amistoso; pero muchas personas lo hacen para obtener excitación carnal, y afirmamos que el enunciado de Pablo contiene sabiduría literal.

En el pasado, en las culturas de los países con una fuerte influencia cristiana, el toqueteo confianzudo con el sexo opuesto era visto como algo irrespetuoso, insolente e indecoroso, y también nosotros deberíamos considerarlo así hoy en día. Si las personas se comportan con demasiada liberalidad en estas cuestiones, muchos pronto caerán (y caen) en el pecado de tener malos pensamientos.

Pasamos ahora a otro enunciado intencionalmente largo del apóstol, las grandes palabras “El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido” (RV1909). ¿Qué es exactamente “la debida benevolencia”? This is the translation of the martyr William Tyndale, which, like much of the New Testament, was adopted by the King James translators.
La palabra “debida” se refiere literalmente a una deuda que se tiene que pagar, o a un deber. Lo que se debe es benevolencia, una palabra que no se encuentra en algunos manuscritos antiguos, pero incluida firmemente en el Texto Mayoritario, y en el Texto Recibido del Nuevo Testamento griego. Algunas versiones modernas de la Biblia se precipitan en omitir la palabra, con su tendencia a “empobrecer” la traducción. Al hacerlo, logran que el pasaje entero hable acerca del sexo y de las relaciones sexuales. El mundo (y los periódicos sensacionalistas), cuando habla acerca del matrimonio, tiende a hablar solo del sexo, pero la Biblia habla acerca de asuntos más profundos también. Y así ocurre en este capítulo siete de 1 Corintios, donde el apóstol no llega a las relaciones sexuales sino hasta después de que ha hablado acerca de cómo el hombre y la mujer se poseen el uno al otro y pagan un deuda mutua de benevolencia. La Palabra inspirada pone estas cosas importantes y valiosas justo al principio, porque el matrimonio es mucho más que una relación sexual, tan importante como pueda ser.
La debida benevolencia es una deuda de buena voluntad, o de amabilidad en acción. La versión inglesa New King James (nueva versión del Rey Jaime) mantiene la idea de benevolencia, excepto que debilita la palabra un poco al sustituirla por “afecto”. Esto no es lo suficientemente fuerte, porque el afecto puede ser solo una emoción, pero la benevolencia es una emoción que se expresa activamente en acciones amables.
Tenemos una deuda de ofrecer una actitud amable y acciones amables y debemos pagarla. Nuestra deuda o deber bíblico contiene al menos siete aspectos, y si alguno de nosotros no lo estamos pagando, entonces pecamos contra el Señor.

Compromiso exclusivo
El primer elemento de esta obligación séptupla es muy obvia: es un compromiso exclusivo. El matrimonio es un pacto que incluye promesas que se tienen que cumplir. Hemos hecho votos y promesas de absoluta seguridad en un compromiso exclusivo, y no debe haber traición, por pequeña que sea, bajo ninguna circunstancia. Todas las tentaciones de falta de respeto o aversión entre sí tienen que ser expulsadas ​​inmediatamente, y los malos pensamientos se deben sustituir por buenos pensamientos. Considerar que otra persona fuera un esposo o esposa más adecuado(a) o deseable sería escandaloso y malvado, y no se tiene que cavilar ni por un momento. Tenemos una deuda y deber vinculantes ante Dios de permanecer leales el uno para con el otro a lo largo de la vida, y las únicas razones para la interrupción de esta deuda son aquellas nombradas en las Escrituras.
Parte de ser leales incluye un profundo respeto el uno por el otro y por nuestra unión, y esto significa que nunca hablamos del otro a una tercera persona en relación a asuntos personales y privados, ni hacemos comentarios críticos. Nunca nos traicionamos o nos ponemos en evidencia. Algunas personas lo hacen, pero son muy insensatas, comportándose como mundanos superficiales. Se quejan acerca de su marido o su mujer, incluso acerca de cosas bastante íntimas, y cosas que siempre deberían mantenerse estrictamente entre ellos, y hablan a terceras personas muy a la ligera. Esta es una forma de traición que debilita enormemente la unión que Dios ha dado y es un abandono del deber de fidelidad.

El deber de cuidado mutuo
La segunda obligación en nuestra deuda séptupla es el deber bíblico de cuidado mutuo. Tenemos que cuidarnos el uno al otro. A veces algunas buenas personas, cuando llevan casadas varios años, se olvidan de cuidarse el uno al otro, y especialmente si ambos son bastante fuertes y capaces. Dejan que el otro se valga por sí mismo y continúan con sus vidas, no poniéndole mucha atención al otro. Esto no es suficiente, porque tenemos un deber de cuidarnos de forma considerada y amorosa. Tenemos un deber de protegernos, alentarnos y confortarnos siempre que sea necesario, ayudándonos en nuestras diferentes tareas. A menudo puede que se ayude muy poco al otro. Puede que haya atención, apreciación, entendimiento y colaboración insuficientes.
Este deber de cuidado incluye esfuerzo para potenciar los dones del otro para el servicio al Señor, lo cual hemos incluido más adelante en el artículo.

El deber de amar
La tercera obligación en esta deuda séptupla es el deber de amar. Debemos hacer todo lo que sea necesario para mantener viva la llama del amor. El amor no es una emoción automática que sobrevive por sí misma, sino una que debe ser ejercitada y expresada, y si no se hace, pronto se enfría.
“Maridos, amad a vuestras mujeres”, dice el apóstol repetidamente en Efesios 5. ¿Estamos expresando amor? ¿Lo estamos comunicando? Si no es así, no estamos pagando nuestra deuda y somos culpables ante Dios. En el mundo la gente puede que diga: “Ya no le quiero”, como si no lo pudieran evitar, y su matrimonio ha terminado. Pero el amor es en gran manera una elección y, a menos que algún gran pecado intervenga, nunca se debería permitir que el amor decaiga y fracase.
El amor comienza con apreciación y cortesía inagotable. Después pasa a un gran afecto y actos de amabilidad. Después valora y atesora su objeto, y reflexiona sobre él de forma que el lazo sagrado de posesión pueda ser forjado. Nunca debe dejar de ser expresado de esta forma.
A los maridos se les manda amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia, el cual es un amor sacrificado; un amor que nunca cesa de bendecir activamente.

Si pensamos demasiado acerca de nuestros problemas y desgracias, o nuestros hobbies y placeres, no nos quedará mucha energía emocional para amar a nuestra esposa o esposo…

Para mantener vivo el amor, ciertos pecados específicos, como la autoindulgencia, deben ser evitados. Si pensamos demasiado acerca de nuestros problemas y desgracias, o nuestros hobbies y placeres, o nuestros objetivos e intereses, no nos quedará mucha energía emocional para amar a nuestra esposa o esposo. De igual forma, la autocompasión drena todas las reservas de un sentimiento real por otra persona. Puede ser que una persona haya llevado una vida dura con muchas desgracias, pero si tal persona no raciona firmemente la reflexión, y en vez de ello cae en un lamento constante, el amor por la otra persona no podrá prosperar.
El orgullo también estropea el amor porque pone en el centro de su vida a la propia persona, de forma que nadie más importa mucho. Toda emoción disponible es gastada en la suerte y fortuna, logros o reveses del “número uno”. Malgastar la “divisa” de la emoción es ser incapaz de amar verdaderamente. (Los lectores se darán cuenta de que estamos usando el lenguaje poéticamente y no científicamente).

El deber de cuidado espiritual
Nuestra cuarta obligación en esta deuda séptupla es el de cuidado espiritual. Dios nos hará responsables del nivel de cuidado espiritual que damos, y esto comienza con oración el uno por el otro, y la oración comienza con alabanza. Si sinceramente alabamos a Dios y le agradecemos por nuestro esposo o esposa, es muy poco probable que tengamos sentimientos de amargura, tontos y egoístas, el uno por el otro. Deberíamos percibir lo bueno del otro tanto como sea posible, y orar por bienestar, bendición espiritual y salud; y también por felicidad y éxito en el trabajo, la crianza de los hijos y el servicio por el Señor. Agradezca a Dios por el primer amor y por cada bendición importante que hayan vivido juntos en el transcurso de la vida. Después lean la Palabra juntos y hablen de cosas espirituales.
Esposos, esposas, ¿hablan de cosas espirituales? Puede ocurrir muy fácilmente en un matrimonio que, después de unos pocos años, conocen lo que piensan tan bien que no tienen nada más que decirse y, por consiguiente, su conversación se queda restringida a las necesidades terrenales. Sin embargo, tenemos una deuda, un deber de fomentar un buen interés espiritual y conversaciones al respecto. Esto puede abarcar temas y doctrinas específicas; o las necesidades de la causa de Dios ya sea en nuestra propia iglesia o nacionalmente, o en el extranjero; o puede ser acerca de tendencias a las que tenemos que responder en oración; o sobre nuestros propios esfuerzos de evangelizar a ciertas personas e interceder por ellas. Sobre todo, tenemos que alentarnos el uno al otro a tener dedicación y devoción a Cristo, y a apreciar su poder y sus propósitos.

El servicio espiritual del otro
Nuestra quinta obligación en esta deuda séptupla es posibilitar o potenciar el servicio espiritual del otro. Un marido debe decir: “Tengo que facilitar el servicio espiritual de ambos”. Pablo dice: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”, y se está dirigiendo tanto a ciudadanos libres como a esclavos. Está claro que Pablo no está queriendo decir que los esclavos abandonen a los amos a quienes pertenecían, sino que como siervos dispuestos de Cristo, su prioridad máxima, cualquiera que sea la situación, es estar a su servicio.
“Servimos” a nuestros jefes en el lugar de trabajo, a nuestras familias, y en nuestros hogares, pero la prioridad principal tanto del marido como de la mujer es servir a Cristo. A menudo el marido está involucrado en el servicio al Señor y está muy ocupado; es bendecido, enormemente apreciado y se siente realizado. Pero, ¿y la esposa? ¿Qué es lo que ha hecho el marido para posibilitar que ella sea útil al Señor aparte de cuidar a la familia? Tenemos un deber de ayudarnos el uno al otro en esto, y de no negar al otro el propósito mismo de su salvación.
A veces ni el marido ni la mujer son útiles al Señor porque han querido demasiado del mundo material, quizás un coche o una casa demasiado caros, o una posición muy alta en la vida, de forma que toda su energía y esfuerzo son dedicados a los negocios, al avance y a acumular cosas. Tienen una muy buena posición económica, pero ninguno está sirviendo al Señor, o quizás solo uno porque no han buscado el objetivo correcto. Si no hubieran sido tan ambiciosos, o atraídos por el avance en este mundo habrían sido capaces de dedicar más tiempo en buscar formas de servicio cristiano en la iglesia. ¡Cuánto más felices habrían sido! Es mucho mejor estar al servicio de Cristo que tener tal posición vertiginosa en la vida.
Los maridos deberían decir: “Mi principal finalidad es facilitar el servicio cristiano para ambos, no solo para mí”. Si bien el Señor ha ordenado que el marido sea el cabeza de familia, tanto el marido como la mujer son iguales ante Él, y uno no debería descartar el servicio del otro o ser indiferente al mismo.

Un deber de agradar
Nuestra sexta obligación en esta deuda séptupla es el de agradar el uno al otro. “¿Hago feliz a mi mujer o marido?” Esta es una parte esencial de la benevolencia que es debida. “¿Hago que la vida sea agradable? ¿Doy compañerismo y amistad, al decir buenas cosas y traigo buenas nuevas y hablo de cosas gratas y reconfortantes?”.
“¿O estoy en el otro extremo, tan ocupado que no le dedico al otro ni un minuto de mi tiempo o de mis pensamientos, y rara vez hablamos de un modo sustancial o alentamos los sentimientos del otro o sus aspiraciones?”.¡Esto sería terrible! Preguntémonos: “¿Concedo amistad o causo malos estados de ánimo a mi esposa o esposo?”.
Las parejas, desde luego, comparten las cargas, y esto es una de las bendiciones y los privilegios del matrimonio. Pero esto no se debe hacer todo el tiempo porque sería intolerablemente egoísta. Si un marido descarga sus problemas y miedos perpetuamente, y siempre está quejándose y refunfuñando, o si su esposa lo hiciera, la vida no sería nunca agradable, y el uno nunca sería una persona grata para el otro. Se tiene que racionar cuántos problemas se comparten. Piense en algo bueno, para variar; en algo agradable. Nunca piense en los achaques por mucho tiempo. Si puede, lleve la carga con la ayuda del Señor y no espere que el otro tenga que llevar la carga injustamente. Recuerde que tenemos un deber mutuo de alentarnos, de animarnos el uno al otro, como una deuda debida en el matrimonio.

Un deber de moldear
Nuestra séptima obligación en esta séptupla deuda mutua debida en el matrimonio es el deber de moldearnos el uno al otro. Por favor recuerde que es un deber de moldearse entre sí. Si el moldear se produce en una sola dirección, entonces es una imposición, una carga pesada y una experiencia desagradable. Si él siempre está corrigiéndola, o ella siempre le está corrigiendo, y no es una actividad mutua, hecha con cuidado, es probable que produzca arrogancia en uno y resentimiento en el otro. Tenemos que influir en el comportamiento del otro con cortesía, amabilidad y gentileza, y moldear y dejarnos moldear con mansedumbre.
Martín Lutero bien llamó el matrimonio: “la escuela de carácter”, y lo es. ¿Somos demasiado orgullosos como para aceptar consejo o ayuda de nuestro esposo o esposa? ¿O nos quejamos del comportamiento del esposo o la esposa debido a un mal genio o a una impaciencia irrazonable? El moldeamiento se debe llevar a cabo con paciencia porque la mayoría de las quejas que las personas tienen entre sí no se deberían tener, sino que se deberían cubrir con amor y olvido.

Oremos para deshacernos de este orgullo en el matrimonio, pues daña de forma devastadora, y aprendamos a amar

Normalmente existe una gran diferencia entre el marido y la mujer con respecto a sus dones y a la manera como piensan. Tienen sus puntos fuertes en diferentes áreas, y tienen personalidades diferentes. Obviamente necesitamos tenernos gran afecto y gran paciencia el uno con el otro. Si uno se siente irritado constantemente por el otro probablemente se deba al orgullo; un horrible e intolerante orgullo que no reconoce los dones, las capacidades, sensibilidades y el discernimiento del otro, y que no puede adaptarse a variedades humanas razonables. Oremos para deshacernos de este orgullo en el matrimonio, pues daña de forma devastadora, y aprendamos a amar incluso aquellas imperfecciones de actitud y forma de pensar percibidas que son sin malicia.

Nuestro aliciente
Deudas, deberes y obligaciones son la esencia de nuestra debida benevolencia. Note de nuevo cómo Pablo de forma deliberada utiliza una forma torpe de palabras: “El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido” (RV1909). Es una deuda recíproca.
Concluimos con otra referencia a 1 Corintios 7:23: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”. Aquí tenemos el gran incentivo para pagar nuestras deudas mutuas, para que así nuestra unión matrimonial pueda ser profunda, hermosa e instrumental al servicio de Cristo. Éramos esclavos del pecado y le pertenecíamos. Éramos esclavos del diablo y nos controlaba. Éramos esclavos de condenación y del infierno; esclavos de una corrupción dentro de nosotros cada vez mayor; y de ideas falsas y retorcidas. Éramos esclavos de tragedia y pérdida, y aun así Dios nos sacó de todo eso y nos compró.
Suponga que tiene un negocio que no es una sociedad de responsabilidad limitada, de modo que es incapaz de escapar de las deudas. Es totalmente suyo pero la empresa ha fracasado y se ha hundido en una deuda grave. Está a punto de entrar en bancarrota y perder su empresa, su hogar; todo. Pero entonces alguien viene (esto nunca ocurriría en la vida real) y solo porque usted le da lástima, le dice: “Le compro su empresa”. Su empresa no vale nada, debe demasiado; pero su benefactor le dice: “La compro por el valor de su deuda, por grande que sea, de forma que su historial crediticio quede limpio. Sé que estoy pagando mucho más de la cuenta por la empresa; pero no solo la compraré, sino que le daré mejores instalaciones y la pondremos en marcha de nuevo, no importa lo que cueste”.
“Pero he fracasado”, respondería usted, “mi empresa ha sido un absoluto fracaso”. “Aun así”, insiste el benefactor, “le rescataré”.
Cristo ha pagado nuestra deuda eterna. A través de la valiosísima sangre de Cristo hemos sido liberados de condenación y se nos ha dado una vida nueva, mucho mejor, y un glorioso hogar eterno. Cuán dispuestos ahora deberíamos estar a pagar las deudas que debemos a esa persona que Dios nos ha dado para el peregrinaje de nuestra vida: nuestra propia esposa o nuestro propio marido. ¿Estamos cumpliendo nuestras obligaciones? Que el Señor nos bendiga y nos capacite para hacerlo.

La Caída del hombre | Peter Masters

¿Qué tiene que ver la Caída con el ser humano hoy en día? Sin la Caída, nunca podremos entender realmente por qué Jesucristo murió en la cruz o la pecaminosidad de las premeditadas elecciones humanas. Aquí tenemos a Adán, a Eva y la única explicación creíble de la naturaleza humana.

“Pero la serpiente […] dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Génesis 3:1).

La Caída del hombre es la clave para entender la naturaleza humana y el estado del mundo. Aparte de esto no existe una explicación creíble para el estado humano, incluyendo, por ejemplo, la existencia de la conciencia humana: el conocimiento del bien y el mal que distingue a las personas de los animales y las pone muy por encima de ellos. Solo la Caída explica por qué, a pesar de que tenemos esta alarma moral inherente, no podemos obedecerla ni mantener los estándares que demanda. Aquí vemos solo uno de los misterios de la naturaleza humana, el cual ninguna literatura en el mundo, aparte de la Biblia, puede explicar.

Solo la Caída explica las crueles guerras y toda la hostilidad humana, sin mencionar la avaricia en todas partes, el egoísmo y el antagonismo hacia Dios. Enfocándonos en este último punto, ¿acaso no sería razonable que las personas acogieran la idea de que existe un Creador bueno, misericordioso y magnificente, que está dispuesto a conceder comunión con Él y darles gratuitamente una vasta gama de beneficios e incluso la vida eterna? ¿Por qué entonces tantas personas luchan por probar que Dios no existe, ni tampoco la vida después de la muerte, ni estándares, ni un bien supremo y final? No se puede explicar la naturaleza humana sin la Caída, ni tampoco el surgimiento del sufrimiento y la tragedia en el mundo.

Nada tiene sentido sin este concepto fundamental de una raza humana caída por medio del “pecado original”. Si la narración bíblica de la Caída no fuese verdadera historia revelada por Dios, aun así sería la obra de literatura más extraordinaria desde el comienzo de la escritura, porque refleja perfectamente lo que pasa en todo comportamiento humano a lo largo de los siglos. Su aparente simplicidad esconde una exactitud penetrante y profundas capas de significado, lo cual muestra tanto inspiración divina o genialidad literaria y psicológica en su más alto nivel. Resulta ser que la Biblia lo presenta como una historia literal y Cristo atestigua que es así.

El error más grande que uno puede cometer en la religión es pensar que uno es capaz de agradar a Dios con sus propios logros de justicia (o buenas obras), un error que proviene de un entendimiento inadecuado de lo que ocurrió en la Caída de la raza humana, con la consecuente corrupción del carácter humano. Solo la Biblia nos habla de la Caída del hombre y la necesidad de un Salvador. El problema de otras religiones es que no aceptan la Caída y la depravación humana, y entonces surge la idea de que las personas son capaces de satisfacer los requerimientos de Dios por sus propios actos meritorios, pero eso no puede hacerse.1

Algunos pueden pensar que la Caída del hombre es un tema negativo, deprimente y profundamente pesimista, pero es la puerta al realismo, pues demuestra la necesidad de un Salvador y de que Dios obre en nuestras vidas. A pesar de las muchas habilidades extraordinarias que Dios ha dado a la humanidad, y a pesar de los indudables logros de las personas a lo largo de los siglos, existe mucho sobre lo que se puede ser cínico en este mundo. Existe tanto antagonismo a lo que es moral y tanta vileza (o corrupción) y crueldad que no podemos más que admitir que la depravación humana es verdad.

En Génesis 3, vemos un “huerto” de dicha y de una belleza indescriptible. Adán y Eva han sido creados, la raza humana está en marcha, y el “aire” está lleno de pureza, felicidad, poder moral y sobre todo comunión con Dios. La primera pareja tiene perfecta armonía y experimenta toda sensación pura y agradable que la humanidad conoce. Su paraíso no tiene pecado, ni heridas, ni traiciones, ni tristeza, ni aflicción, ni decepciones, ni miedo, ni muerte o abandono, ni dolor o cansancio, solo energía sin límites y satisfacción intelectual ilimitada, pues este es un lugar bajo el poder protector y la misericordia inquebrantable de Dios todopoderoso. Nada se deteriora ni se descompone en este lugar de belleza imperecedera. Y aun así aquí tenemos la escena para el peor momento de traición inimaginable. ¿Qué es lo que pudo ocasionar esto?

En ese paraíso una serpiente le habló a Eva. ¿Una serpiente que habla? Sí, porque Satanás, un ángel del más alto rango que había caído del Cielo a causa del orgullo 2, entró en la misma, pero Eva no se alarmó de este fenómeno porque estaba acostumbrada a maravillas y cosas sorprendentes, y no tenía razón de sospechar de nada. Esa serpiente, en el principio, habría sido un animal hermoso y erguido, porque antes de la Caída no había nada siniestro o repugnante que pudiera verse 3 en realidad estaba poniendo incertidumbre en la mente de Eva acerca del significado exacto de las palabras de Dios y también plantando la duda acerca de si el mandato de Dios era razonable.

En el centro del Huerto, en medio de numerosos árboles frutales, habían dos que eran especialmente importantes: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Satanás le dijo a Eva: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”4, en realidad estaba poniendo incertidumbre en la mente de Eva acerca del significado exacto de las palabras de Dios y también plantando la duda acerca de si el mandato de Dios era razonable.

En respuesta, la mujer afirmó que podían comer de todo fruto excepto de uno de los del huerto: “Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”5. Pero al relatar el mandato de Dios, Eva, consciente o inconscientemente, lo diluyó, porque Dios había dicho: “Ciertamente morirás”6. Quizás Eva solo estaba siendo descuidada, pero volvió algo ciertísimo en algo meramente posible, y Satanás inmediatamente tomó ventaja de su concepto debilitado y contradijo directamente las palabras de Dios y dijo: “No moriréis”.7

¿Cuál era exactamente el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal? No era una manzana; una idea puesta de moda por la mitología griega. Era el símbolo de un mundo alternativo donde se podrían explorar los valores y experiencias contrarios a los estándares santos de Dios y uno podría dejarse llevar por ellos. Tal mundo no existía todavía, pero en el instante que Adán y Eva ejercieran la libertad de elección inherente a su naturaleza, y eligieran desobedecer a Dios, este otro mundo comenzaría a existir a su alrededor, un mundo donde lo opuesto de cada cosa valiosa y su privación estarían disponibles. En cierto sentido, un nuevo mundo de “antivalores” se produciría por la voluntad del hombre.

¿Cuán resbaladiza era la pendiente que llevó a la ruina? No era resbaladiza en absoluto, porque al haberles dado Dios una naturaleza perfecta que se deleitaba en la santidad, Dios les había fado toda facilidad a Adán y Eva para que mantuvieran su amor y lealtad a su Creador. Dios había comprimido los Diez Mandamientos con todos sus profundos requerimientos en un simple deber: No elijáis conocer lo que la vida sería sin Dios. Nuestros primeros padres tenían una libertad intelectual maravillosa, y toda felicidad, al cumplir único requerimiento de obediencia: Obedéceme y confía me mí no tomando jamás ese fruto.

Habiendo negado que Adán y Eva morirían al comer del fruto prohibido, la serpiente procedió a culpar a Dios de un motivo vil y bajo y también de envidia diciendo que Dios sabía que en el día que ellos comieren serían abiertos sus ojos y serían como Dios, sabiendo el bien y el mal.8

“Toma el fruto y seréis justo igual que Dios”, dijo Satanás, insinuando que Dios estaba impidiendo que accedieran a algo incluso más deseable que lo que tenían, donde incluso tendrían incluso una mayor libertad e igualdad con el Creador. Dios les estaba escondiendo ciertas cosas.

El pecado comenzó en el Huerto del Edén cuando Eva eligió creer la mentira, deseando algo más, otra cosa, y estando dispuesta a desconfiar de Dios y a desafiarle con el fin de tener lo que ella quería. ¿Pero no fue Eva simplemente una muchacha ingenua a quien Satanás embaucó y quien momentáneamente tropezó por la tentación? ¿No era una cándida inocente que fue subsiguientemente castigada por ser víctima de una mentira?9

Sabemos que Eva no solamente era hermosa sino que también, como Adán, era enormemente inteligente, porque Dios dijo respecto a toda su obra creativa que “era [buena] en gran manera”10. Capacidades intelectuales nunca fueron tan maravillosamente combinadas sino hasta la venida de Jesucristo. También podemos tener certeza de su gran inteligencia por otra razón: debido a que fueron los primeros en ser creados a imagen y semejanza de Dios y los antepasados de toda la raza humana, Adán y Eva poseían cualidades extremadamente elevadas. Ellos llevaban los genes originales de donde todo el mundo sería formado, y después de la Caída todas las variaciones serían imperfecciones en vez de mejoras.

Teniendo en cuenta que el origen de todos los talentos naturales se encontraban en Adán y Eva, podemos estar seguros que entendieron los aspectos de su tentación con una inmensa claridad antes de que realizaran su fatal elección.

El pecado comenzó, por tanto, unos instantes antes de que el fruto fuese realmente tomado, y no solo una ofensa, sino muchas juntas unidas en un pecado múltiple de proporciones horrorosas. “¡Qué cosa tan pequeña,”, dicen los cínicos, “que todo el futuro de la raza humana se base en un pequeño acto de desobediencia: el comer de un solo fruto!”. Pero también se puede describir la horrorosa fuerza destructiva desencadenada en Hiroshima o Nagasaki como el resultado de una mera “fisión nuclear”. No miramos solo el hecho de tomar y el comer el fruto, sino todo lo que está inmediatamente detrás. No miramos el dedo apretando el gatillo, sino la mente que decidió llevar a cabo la acción.

Vemos en nuestros primeros padres una rápida oleada de actitudes pecaminosas, todas originales y sin precedentes, y todas generadas y permitidas por su voluntad: por su libertad de elección libre y sin coerción. Vemos una amalgama de ingratitud, incredulidad, deslealtad y orgullo, y todavía no hemos agotado con los pecados detrás del crimen.

El orgullo dijo: “Esto es a lo que tengo derecho y debería tener, y Dios lo está escondiendo de mí injustificadamente”, y así la raza humana apartó su mirada de Dios, y todos los valores opuestos, los antivalores, nacieron. Nunca antes habían estado en el mundo del hombre antes de ese terrible momento; pero Eva, y después Adán, los eligieron. En efecto dijeron: “Nosotros, a partir de ahora, nos alejamos de nuestro Creador”, y lo opuesto a la vida, el amor, la pureza y la belleza entraron en este mundo.

Si Eva eligió primero, Adán lo hizo peor, pues no necesitó un encuentro directo con Satanás. Se ha dicho que ella fue tentada y el cayó, pero es imposible e irrelevante atribuir grados de culpabilidad. Parece que Adán respaldó completa e incondicionalmente la propuesta de Eva de comer el fruto.

Todo el horror de su pecado múltiple se pone de manifiesto en la narración bíblica, especialmente en lo que respecta a los motivos de Eva. Leemos: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”11. De la narración se hace aparente que la advertencia de Dios fue sopesada en relación a su deseo, y fue rechazada. Para Eva todo giraba en torno a lo que era bueno para probar, bueno en apariencia y bueno para un campo de conocimiento completamente nuevo. Dios había declarado ese fruto malo, tan malo que los mataría, pero Eva (y después Adán) eligió creer lo contrario, que era muy bueno y que les otorgaría un estatus nuevo y deseable.

Vemos esto en nuestra sociedad presente, donde los valores de Dios se rechazan flagrantemente y se favorece lo que la gente quiere hacer para satisfacer sus diversas lujurias y codicias y también sus aspiraciones egoístas. Si Dios declara que algo produce muerte, el hombre, en un momento dado, lo legaliza y alardea de ello.

Los deseos de Eva son expresados en el Nuevo Testamento con estas palabras: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”12. Estos deseos fueron introducidos por Satanás en el Huerto del Edén para derribar la raza humana, y continúan siendo su triple estrategia de tentación central.

Eva escuchó la mentira de Satanás, la consideró y la aceptó; después tomó el fruto y comió: una serie de acciones diferentes. Del mismo modo, Adán, con acciones distintivas, recibió el fruto de Eva y comió. Estos pasos o etapas nos proveen de información pues nos señalan la naturaleza premeditada y bien considerada de sus acciones. Desde el momento en que Eva sopesó las palabras de la serpiente, contempló el fruto prohibido y quiso sus supuestos beneficios, hasta el momento en que arrancó ese fruto, pasaron unos cuantos segundos o tal vez un poco más, en los que un grupo de pecados se desarrollaron como una avalancha. El tiempo que pasó entre arrancar el fruto y comerlo también muestra la fija determinación de su desobediencia. Eva no fue ingenuamente inducida a un acto impulsivo mediante el engaño, sino que actuó deliberadamente de acuerdo con su libre elección. Fue un acto intencionado en el que decidió dejar a Dios de lado y desobedecerle.

Ya hemos señalado que la respuesta tanto de Adán como de Eva a Satanás involucraba siguientes los pecados: ingratitud hacia Dios, incredulidad, deslealtad y orgullo. Pero ahora, el hecho de tomar y comer del fruto añadió desobediencia, rebelión y rendición a la codicia, lo que puso a la raza humana en una total oposición a la voluntad y gobierno de Dios.

Nuestros padres habían sido creados perfectos y santos, y se les había dado una asociación de lo más cercana que se pueda imaginar con su Dios. El pecado no merodeaba en sus mentes o corazones ni siquiera en forma embrionaria ni tampoco eran inocentones incapaces de discernir las implicaciones de la mentira de Satanás. Sin embargo, eligieron creer la mentira, y desde ese momento el pecado nació, lo cual desembocó en comer el fruto, y entonces “fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos”13. Conocieron toda la gran fealdad de la lujuria, porque sus naturalezas se habían vuelto corruptas, y su pureza y santidad gloriosas habían sido destrozadas.

En ese momento la muerte entró en sus vidas justo como se les había advertido; una muerte doble. Por un lado, murieron espiritualmente porque su cercana comunión con Dios había sido destruida, y en el futuro estarían fuera de su reino, amabilidad y gobierno. Se habían convertido en enemigos de Dios, y en breve serían fugitivos.

Por otro lado, también habían muerto físicamente, pues aunque sus cuerpos estaban todavía vivos, el proceso de muerte física había comenzado, y sus días se verían limitados por el proceso de envejecimiento y muerte.

Muy pronto la alienada pareja oyó “la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron”. Ya no podían caminar ahí sin tener temor, porque la culpabilidad ahora había formado una barrera aprensiva entre ellos y Dios. Sin embargo, el pecado aún no había terminado su oba destructora porque a pesar de la culpabilidad y el miedo rápidamente negaron lo que habían hecho mal, embarcándose en un proceso de autojustificación. Dios se acercó, pero ellos no lo buscaron. Dios habló, pero ellos no respondieron. Entonces la voz del Creador sonó por todo el Huerto: “¿Dónde estás tú?”14.

Dios, desde luego, sabía dónde estaban porque Él sabe todo, por lo que sus palabras eran un reto más que una pregunta. Adán respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.

“¿Quién te enseñó que estabas desnudo?”, preguntó la voz de Dios de forma escrutadora y para darle convicción, dándole así a Adán la oportunidad de confesarlo todo. “¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”. Adán aún no se arrepintió sino que culpó a Eva y, después, a Dios mismo por haberle dado una esposa. Echarle la culpa Eva fue el primer acto de traición y deslealtad de una persona contra otra en la historia del ser humano. “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”.

Este diálogo constituye la descripción más exacta jamás escrita del continuo autoengaño de la raza humana. Pecamos, pero no es culpa nuestra, sino que es culpa de cómo nos han criado, nuestro ambiente o lo que otras personas nos han hecho. En la cultura victimista de hoy en día el “juego de echar la culpa a otro” se vuelve cada vez peor porque el orgullo es soberano e impide que la gente acepte su responsabilidad por su maldad.

En el caso de Adán y Eva toda la gama del pecado humano entró en el mundo a raudales porque se prefirió la mentira de Satanás en vez de la verdad de Dios, y se prefirió la autogratificacion en vez de la obediencia. Y, sin embargo, Adán en un principio no entendió el horror de su caída, ni sus implicaciones, y lo mismo pasa con nosotros. Hasta que no nos damos cuenta del gran abismo entre nosotros y Dios, y cuánto lo ofendemos, no podemos buscarlo adecuadamente. Solo un concepto claro del alcance de la Caída y de la pecaminosidad del corazón humano prepara a la gente para un verdadero arrepentimiento ante Dios.

Es muy probable que Adán y Eva se arrepintieran posteriormente, aunque la narración bíblica no dice nada al respecto.

Pero mientras estaban en el Huerto, Adán le echó la culpa a Eva y Eva a la serpiente. A través de la Caída llegó la muerte física, toda la biología cambió, y ahora en la naturaleza existen luchas salvajes y sin compasión y eso marcó la pérdida del favor especial de Dios, y también con la Caída llegó la era del trabajo duro y los problemas. La humanidad eligió la vida lejos de la bondad de Dios, y tal ambiente entró al mundo. Pero la sentencia de Dios no se dio sin una asombrosa promesa, pues el Señor dijo a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”15.

Un glorioso descendiente de Adán y Eva un día vendría, el cual heriría o aplastaría la cabeza de la serpiente. Dios hablaba, por supuesto, de Cristo, la segunda Persona de la Trinidad, quien vendría encarnado a esta Tierra e iría a la cruz del Calvario para expiar los pecados de todos aquellos que confiarían en Él. El crimen de Satanás al derribar la raza humana significaría que Cristo soportaría un sufrimiento indescriptible (ilustrado en que su “talón” sería herido o aplastado), pero al tener una naturaleza divina al igual que humana, Él resucitaría de los muertos.

Si desconocemos la gravedad del pecado de la Caída, no podemos ver la barrera montañosa entre nosotros y Dios. Sin la Caída, nunca podremos entender realmente la Cruz. Solo la Caída nos capacita para ver la tragedia de la elección premeditada del ser humano y su pecaminosidad y la infinita misericordia de Cristo el Salvador al venir a asegurar perdón y nueva vida a billones de personas a lo largo de la historia del mundo.

Hemos visto que en la narrativa de la Caída existen explicaciones para las actitudes humanas en todos los tiempos, porque las estrategias del tentador nunca cambian y los seres humanos responden igual que sus primeros padres. Al igual que Satanás sembró dudas en la mente de Eva acerca de Dios y sus mandatos, Él hace lo mismo con las personas hoy en día. No quiere que nadie crea en un Dios en quien se puede confiar o quien tiene una autoridad total sobre ellos.

A Él no le importa si la gente tiene un dios menor, con tal de que no sea el verdadero Dios. Por consiguiente pregunta: “¿De verdad Dios ha establecido estándares que la gente tiene que cumplir? ¿De verdad que Dios los va a castigar cuando mueran? ¡No! —dice Satanás—, la gente debería rechazar tales ideas y creer que tienen el derecho de hacer lo que les plazca siempre y cuando no afecten a otros.

“Dios os está escondiendo cosas y os está controlando”, insinuó Satanás a Eva, y continúa con lo mismo hoy en día diciendo: “La religión es poco razonable y restrictiva; aparta la moralidad; sé como Dios; sé tu propio Dios”.

Aunque Dios le había dicho a Eva que un fruto en concreto era mortal, ella decidió que era bueno para comer. También consideró que era agradable a los ojos, y enormemente deseable para la obtención de un conocimiento ilegal. En el momento en que ella desconfió de Dios, los pensamientos rebeldes se fortalecieron, y lo mismo ocurre con nosotros. Rechace la Biblia y los Diez Mandamientos y rápidamente se desaparece toda restricción moral, lujurias y codicias se imponen y la nueva sociedad liberalizada se vuelve cada vez peor. Al igual que pasó con Eva, las apariencias importan más que el carácter, y el deseo de tener cosas materiales está por encima que cualquier búsqueda del significado y propósito en la vida.

Decimos: “No quiero a Dios porque es injusto, restrictivo y cruel. No le escucharé ni le obedeceré. No creo su amenaza de castigo o muerte, y cuando muera seguro que iré al Cielo, en el caso de que exista tal lugar”. Esta última presunción comenzó en el Huerto del Edén, lo que muestra la arrogancia que se forma rápidamente con la aparición de la desobediencia a Dios.

El pecado es abominable para Dios, completamente irrazonable y destructivo en todos los sentidos. Desde el Edén, la naturaleza humana ha continuado en depravación, y aparte de la posibilidad de perdón a través de Cristo, todo el mundo vive y muere bajo la advertencia de muerte.

La depravación humana no excluye toda bondad porque Dios ha determinado que algunos sentimientos y características positivas queden en cierta medida incluso en corazones corruptos y desobedientes, de forma que el mundo no sea totalmente insoportable, y también para dar a la gente tiempo para que se arrepienta. Sin embargo, todo lo que hacemos está profundamente contaminado por la Caída.

Hay deseos y motivos que son orgullosos y egoístas en todo lo que hacemos, y esta es la razón por la que el mundo es como es, y los conflictos y las penas nos persiguen incluso en las etapas más felices de la vida. La “montaña rusa” emocional de la vida que las telenovelas de televisión presentan es una verdadera representación de la humanidad, excepto que estas no se atreven a reproducir la realidad completa de la violencia, privación, inmoralidad y miseria que predomina por todo el mundo.

La doctrina bíblica de la “depravación total” no significa que las personas sean 100% malas, sino que están manchadas y corrompidas en cada área de la mente, corazón y voluntad. Inevitablemente el orgullo rechaza esto, pero la verdad es que no puede negarse. La Caída del hombre es la razón de cada aspecto horrible de la vida en el mundo a lo largo de la historia, y sin el amor de Cristo y la salvación que Él trae, estaríamos completamente sin esperanza y sin Dios en el mundo.

La Caída es la razón por la que existe un mundo en el que la enfermedad y la muerte acaban con las vidas a menudo con gran sufrimiento, y arrebatan, incluso a bebes y niños de la felicidad, y dejan a sus padres en gran dolor. El pecado original ocasionó la Caída y nuestra impiedad continua y premeditada respalda el paso que dieron nuestros primeros padres.

¿Dónde está Dios en la tragedia y el dolor? Las personas que buscan a Cristo y su amor perdonador definitivamente lo encuentran. A través de Cristo recibimos reconciliación con Dios, una nueva vida, un nuevo propósito, fortaleza proveniente de lo alto y seguridad eterna. Con esta nueva vida los padres pueden rodear a sus hijos gravemente enfermos con amor por Dios, sembrando en ellos la misma confianza en Cristo y certeza de la eternidad, de forma que la enfermedad y muerte sean el portal al Cielo, y exista confianza en Dios y Él sea alabado por su gran salvación.

Notas a pie de página

1 El Corán contiene una versión extremadamente tardía (600 d.C.) de la tentación de Adán y su esposa pero relaciona su falta a una mala conducta personal, pronto perdonada y sin consecuencias para la humanidad, así que no hay caída de la raza humana y la redención no es necesaria y las personas son capaces de agradar a Dios por sus propias obras justas.
2 Lucas 10:18; Isaías 14:12
3 Génesis 3:14
4 Génesis 3:1
5 Génesis 3:3
6 Génesis 2:17
7 Génesis 3:4
8 Génesis 3:5
9 Los grandes teólogos del pasado hablaban del Huerto del Edén diciendo que fue el tiempo de la “inocencia” del hombre, pero al decirlo no implicaban ingenuidad. Se referían más bien solo a que había sido creado libre de toda maldad, antes de la Caída.
10 Génesis 1:31
11 Génesis 3:6
12 1 John 2:16
13 Génesis 3:7
14 Génesis 3:9
15 Génesis 3:15

La Caída del hombre

La Caída del hombre
By Dr Peter Masters

¿Qué tiene que ver la Caída con el ser humano hoy en día? Sin la Caída, nunca podremos entender realmente por qué Jesucristo murió en la cruz o la pecaminosidad de las premeditadas elecciones humanas. Aquí tenemos a Adán, a Eva y la única explicación creíble de la naturaleza humana.

“Pero la serpiente […] dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Génesis 3:1).

La Caída del hombre es la clave para entender la naturaleza humana y el estado del mundo. Aparte de esto no existe una explicación creíble para el estado humano, incluyendo, por ejemplo, la existencia de la conciencia humana: el conocimiento del bien y el mal que distingue a las personas de los animales y las pone muy por encima de ellos. Solo la Caída explica por qué, a pesar de que tenemos esta alarma moral inherente, no podemos obedecerla ni mantener los estándares que demanda. Aquí vemos solo uno de los misterios de la naturaleza humana, el cual ninguna literatura en el mundo, aparte de la Biblia, puede explicar.

Solo la Caída explica las crueles guerras y toda la hostilidad humana, sin mencionar la avaricia en todas partes, el egoísmo y el antagonismo hacia Dios. Enfocándonos en este último punto, ¿acaso no sería razonable que las personas acogieran la idea de que existe un Creador bueno, misericordioso y magnificente, que está dispuesto a conceder comunión con Él y darles gratuitamente una vasta gama de beneficios e incluso la vida eterna? ¿Por qué entonces tantas personas luchan por probar que Dios no existe, ni tampoco la vida después de la muerte, ni estándares, ni un bien supremo y final? No se puede explicar la naturaleza humana sin la Caída, ni tampoco el surgimiento del sufrimiento y la tragedia en el mundo.

Nada tiene sentido sin este concepto fundamental de una raza humana caída por medio del “pecado original”. Si la narración bíblica de la Caída no fuese verdadera historia revelada por Dios, aun así sería la obra de literatura más extraordinaria desde el comienzo de la escritura, porque refleja perfectamente lo que pasa en todo comportamiento humano a lo largo de los siglos. Su aparente simplicidad esconde una exactitud penetrante y profundas capas de significado, lo cual muestra tanto inspiración divina o genialidad literaria y psicológica en su más alto nivel. Resulta ser que la Biblia lo presenta como una historia literal y Cristo atestigua que es así.

El error más grande que uno puede cometer en la religión es pensar que uno es capaz de agradar a Dios con sus propios logros de justicia (o buenas obras), un error que proviene de un entendimiento inadecuado de lo que ocurrió en la Caída de la raza humana, con la consecuente corrupción del carácter humano. Solo la Biblia nos habla de la Caída del hombre y la necesidad de un Salvador. El problema de otras religiones es que no aceptan la Caída y la depravación humana, y entonces surge la idea de que las personas son capaces de satisfacer los requerimientos de Dios por sus propios actos meritorios, pero eso no puede hacerse.1

Algunos pueden pensar que la Caída del hombre es un tema negativo, deprimente y profundamente pesimista, pero es la puerta al realismo, pues demuestra la necesidad de un Salvador y de que Dios obre en nuestras vidas. A pesar de las muchas habilidades extraordinarias que Dios ha dado a la humanidad, y a pesar de los indudables logros de las personas a lo largo de los siglos, existe mucho sobre lo que se puede ser cínico en este mundo. Existe tanto antagonismo a lo que es moral y tanta vileza (o corrupción) y crueldad que no podemos más que admitir que la depravación humana es verdad.

En Génesis 3, vemos un “huerto” de dicha y de una belleza indescriptible. Adán y Eva han sido creados, la raza humana está en marcha, y el “aire” está lleno de pureza, felicidad, poder moral y sobre todo comunión con Dios. La primera pareja tiene perfecta armonía y experimenta toda sensación pura y agradable que la humanidad conoce. Su paraíso no tiene pecado, ni heridas, ni traiciones, ni tristeza, ni aflicción, ni decepciones, ni miedo, ni muerte o abandono, ni dolor o cansancio, solo energía sin límites y satisfacción intelectual ilimitada, pues este es un lugar bajo el poder protector y la misericordia inquebrantable de Dios todopoderoso. Nada se deteriora ni se descompone en este lugar de belleza imperecedera. Y aun así aquí tenemos la escena para el peor momento de traición inimaginable. ¿Qué es lo que pudo ocasionar esto?

En ese paraíso una serpiente le habló a Eva. ¿Una serpiente que habla? Sí, porque Satanás, un ángel del más alto rango que había caído del Cielo a causa del orgullo 2, entró en la misma, pero Eva no se alarmó de este fenómeno porque estaba acostumbrada a maravillas y cosas sorprendentes, y no tenía razón de sospechar de nada. Esa serpiente, en el principio, habría sido un animal hermoso y erguido, porque antes de la Caída no había nada siniestro o repugnante que pudiera verse 3 en realidad estaba poniendo incertidumbre en la mente de Eva acerca del significado exacto de las palabras de Dios y también plantando la duda acerca de si el mandato de Dios era razonable.

En el centro del Huerto, en medio de numerosos árboles frutales, habían dos que eran especialmente importantes: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Satanás le dijo a Eva: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”4, en realidad estaba poniendo incertidumbre en la mente de Eva acerca del significado exacto de las palabras de Dios y también plantando la duda acerca de si el mandato de Dios era razonable.

En respuesta, la mujer afirmó que podían comer de todo fruto excepto de uno de los del huerto: “Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”5. Pero al relatar el mandato de Dios, Eva, consciente o inconscientemente, lo diluyó, porque Dios había dicho: “Ciertamente morirás”6. Quizás Eva solo estaba siendo descuidada, pero volvió algo ciertísimo en algo meramente posible, y Satanás inmediatamente tomó ventaja de su concepto debilitado y contradijo directamente las palabras de Dios y dijo: “No moriréis”.7

¿Cuál era exactamente el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal? No era una manzana; una idea puesta de moda por la mitología griega. Era el símbolo de un mundo alternativo donde se podrían explorar los valores y experiencias contrarios a los estándares santos de Dios y uno podría dejarse llevar por ellos. Tal mundo no existía todavía, pero en el instante que Adán y Eva ejercieran la libertad de elección inherente a su naturaleza, y eligieran desobedecer a Dios, este otro mundo comenzaría a existir a su alrededor, un mundo donde lo opuesto de cada cosa valiosa y su privación estarían disponibles. En cierto sentido, un nuevo mundo de “antivalores” se produciría por la voluntad del hombre.

¿Cuán resbaladiza era la pendiente que llevó a la ruina? No era resbaladiza en absoluto, porque al haberles dado Dios una naturaleza perfecta que se deleitaba en la santidad, Dios les había fado toda facilidad a Adán y Eva para que mantuvieran su amor y lealtad a su Creador. Dios había comprimido los Diez Mandamientos con todos sus profundos requerimientos en un simple deber: No elijáis conocer lo que la vida sería sin Dios. Nuestros primeros padres tenían una libertad intelectual maravillosa, y toda felicidad, al cumplir único requerimiento de obediencia: Obedéceme y confía me mí no tomando jamás ese fruto.

Habiendo negado que Adán y Eva morirían al comer del fruto prohibido, la serpiente procedió a culpar a Dios de un motivo vil y bajo y también de envidia diciendo que Dios sabía que en el día que ellos comieren serían abiertos sus ojos y serían como Dios, sabiendo el bien y el mal.8

“Toma el fruto y seréis justo igual que Dios”, dijo Satanás, insinuando que Dios estaba impidiendo que accedieran a algo incluso más deseable que lo que tenían, donde incluso tendrían incluso una mayor libertad e igualdad con el Creador. Dios les estaba escondiendo ciertas cosas.

El pecado comenzó en el Huerto del Edén cuando Eva eligió creer la mentira, deseando algo más, otra cosa, y estando dispuesta a desconfiar de Dios y a desafiarle con el fin de tener lo que ella quería. ¿Pero no fue Eva simplemente una muchacha ingenua a quien Satanás embaucó y quien momentáneamente tropezó por la tentación? ¿No era una cándida inocente que fue subsiguientemente castigada por ser víctima de una mentira?9

Sabemos que Eva no solamente era hermosa sino que también, como Adán, era enormemente inteligente, porque Dios dijo respecto a toda su obra creativa que “era [buena] en gran manera”10. Capacidades intelectuales nunca fueron tan maravillosamente combinadas sino hasta la venida de Jesucristo. También podemos tener certeza de su gran inteligencia por otra razón: debido a que fueron los primeros en ser creados a imagen y semejanza de Dios y los antepasados de toda la raza humana, Adán y Eva poseían cualidades extremadamente elevadas. Ellos llevaban los genes originales de donde todo el mundo sería formado, y después de la Caída todas las variaciones serían imperfecciones en vez de mejoras.

Teniendo en cuenta que el origen de todos los talentos naturales se encontraban en Adán y Eva, podemos estar seguros que entendieron los aspectos de su tentación con una inmensa claridad antes de que realizaran su fatal elección.

El pecado comenzó, por tanto, unos instantes antes de que el fruto fuese realmente tomado, y no solo una ofensa, sino muchas juntas unidas en un pecado múltiple de proporciones horrorosas. “¡Qué cosa tan pequeña,”, dicen los cínicos, “que todo el futuro de la raza humana se base en un pequeño acto de desobediencia: el comer de un solo fruto!”. Pero también se puede describir la horrorosa fuerza destructiva desencadenada en Hiroshima o Nagasaki como el resultado de una mera “fisión nuclear”. No miramos solo el hecho de tomar y el comer el fruto, sino todo lo que está inmediatamente detrás. No miramos el dedo apretando el gatillo, sino la mente que decidió llevar a cabo la acción.

Vemos en nuestros primeros padres una rápida oleada de actitudes pecaminosas, todas originales y sin precedentes, y todas generadas y permitidas por su voluntad: por su libertad de elección libre y sin coerción. Vemos una amalgama de ingratitud, incredulidad, deslealtad y orgullo, y todavía no hemos agotado con los pecados detrás del crimen.

El orgullo dijo: “Esto es a lo que tengo derecho y debería tener, y Dios lo está escondiendo de mí injustificadamente”, y así la raza humana apartó su mirada de Dios, y todos los valores opuestos, los antivalores, nacieron. Nunca antes habían estado en el mundo del hombre antes de ese terrible momento; pero Eva, y después Adán, los eligieron. En efecto dijeron: “Nosotros, a partir de ahora, nos alejamos de nuestro Creador”, y lo opuesto a la vida, el amor, la pureza y la belleza entraron en este mundo.

Si Eva eligió primero, Adán lo hizo peor, pues no necesitó un encuentro directo con Satanás. Se ha dicho que ella fue tentada y el cayó, pero es imposible e irrelevante atribuir grados de culpabilidad. Parece que Adán respaldó completa e incondicionalmente la propuesta de Eva de comer el fruto.

Todo el horror de su pecado múltiple se pone de manifiesto en la narración bíblica, especialmente en lo que respecta a los motivos de Eva. Leemos: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”11. De la narración se hace aparente que la advertencia de Dios fue sopesada en relación a su deseo, y fue rechazada. Para Eva todo giraba en torno a lo que era bueno para probar, bueno en apariencia y bueno para un campo de conocimiento completamente nuevo. Dios había declarado ese fruto malo, tan malo que los mataría, pero Eva (y después Adán) eligió creer lo contrario, que era muy bueno y que les otorgaría un estatus nuevo y deseable.

Vemos esto en nuestra sociedad presente, donde los valores de Dios se rechazan flagrantemente y se favorece lo que la gente quiere hacer para satisfacer sus diversas lujurias y codicias y también sus aspiraciones egoístas. Si Dios declara que algo produce muerte, el hombre, en un momento dado, lo legaliza y alardea de ello.

Los deseos de Eva son expresados en el Nuevo Testamento con estas palabras: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”12. Estos deseos fueron introducidos por Satanás en el Huerto del Edén para derribar la raza humana, y continúan siendo su triple estrategia de tentación central.

Eva escuchó la mentira de Satanás, la consideró y la aceptó; después tomó el fruto y comió: una serie de acciones diferentes. Del mismo modo, Adán, con acciones distintivas, recibió el fruto de Eva y comió. Estos pasos o etapas nos proveen de información pues nos señalan la naturaleza premeditada y bien considerada de sus acciones. Desde el momento en que Eva sopesó las palabras de la serpiente, contempló el fruto prohibido y quiso sus supuestos beneficios, hasta el momento en que arrancó ese fruto, pasaron unos cuantos segundos o tal vez un poco más, en los que un grupo de pecados se desarrollaron como una avalancha. El tiempo que pasó entre arrancar el fruto y comerlo también muestra la fija determinación de su desobediencia. Eva no fue ingenuamente inducida a un acto impulsivo mediante el engaño, sino que actuó deliberadamente de acuerdo con su libre elección. Fue un acto intencionado en el que decidió dejar a Dios de lado y desobedecerle.

Ya hemos señalado que la respuesta tanto de Adán como de Eva a Satanás involucraba siguientes los pecados: ingratitud hacia Dios, incredulidad, deslealtad y orgullo. Pero ahora, el hecho de tomar y comer del fruto añadió desobediencia, rebelión y rendición a la codicia, lo que puso a la raza humana en una total oposición a la voluntad y gobierno de Dios.

Nuestros padres habían sido creados perfectos y santos, y se les había dado una asociación de lo más cercana que se pueda imaginar con su Dios. El pecado no merodeaba en sus mentes o corazones ni siquiera en forma embrionaria ni tampoco eran inocentones incapaces de discernir las implicaciones de la mentira de Satanás. Sin embargo, eligieron creer la mentira, y desde ese momento el pecado nació, lo cual desembocó en comer el fruto, y entonces “fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos”13. Conocieron toda la gran fealdad de la lujuria, porque sus naturalezas se habían vuelto corruptas, y su pureza y santidad gloriosas habían sido destrozadas.

En ese momento la muerte entró en sus vidas justo como se les había advertido; una muerte doble. Por un lado, murieron espiritualmente porque su cercana comunión con Dios había sido destruida, y en el futuro estarían fuera de su reino, amabilidad y gobierno. Se habían convertido en enemigos de Dios, y en breve serían fugitivos.

Por otro lado, también habían muerto físicamente, pues aunque sus cuerpos estaban todavía vivos, el proceso de muerte física había comenzado, y sus días se verían limitados por el proceso de envejecimiento y muerte.

Muy pronto la alienada pareja oyó “la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron”. Ya no podían caminar ahí sin tener temor, porque la culpabilidad ahora había formado una barrera aprensiva entre ellos y Dios. Sin embargo, el pecado aún no había terminado su oba destructora porque a pesar de la culpabilidad y el miedo rápidamente negaron lo que habían hecho mal, embarcándose en un proceso de autojustificación. Dios se acercó, pero ellos no lo buscaron. Dios habló, pero ellos no respondieron. Entonces la voz del Creador sonó por todo el Huerto: “¿Dónde estás tú?”14.

Dios, desde luego, sabía dónde estaban porque Él sabe todo, por lo que sus palabras eran un reto más que una pregunta. Adán respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.

“¿Quién te enseñó que estabas desnudo?”, preguntó la voz de Dios de forma escrutadora y para darle convicción, dándole así a Adán la oportunidad de confesarlo todo. “¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”. Adán aún no se arrepintió sino que culpó a Eva y, después, a Dios mismo por haberle dado una esposa. Echarle la culpa Eva fue el primer acto de traición y deslealtad de una persona contra otra en la historia del ser humano. “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”.

Este diálogo constituye la descripción más exacta jamás escrita del continuo autoengaño de la raza humana. Pecamos, pero no es culpa nuestra, sino que es culpa de cómo nos han criado, nuestro ambiente o lo que otras personas nos han hecho. En la cultura victimista de hoy en día el “juego de echar la culpa a otro” se vuelve cada vez peor porque el orgullo es soberano e impide que la gente acepte su responsabilidad por su maldad.

En el caso de Adán y Eva toda la gama del pecado humano entró en el mundo a raudales porque se prefirió la mentira de Satanás en vez de la verdad de Dios, y se prefirió la autogratificacion en vez de la obediencia. Y, sin embargo, Adán en un principio no entendió el horror de su caída, ni sus implicaciones, y lo mismo pasa con nosotros. Hasta que no nos damos cuenta del gran abismo entre nosotros y Dios, y cuánto lo ofendemos, no podemos buscarlo adecuadamente. Solo un concepto claro del alcance de la Caída y de la pecaminosidad del corazón humano prepara a la gente para un verdadero arrepentimiento ante Dios.

Es muy probable que Adán y Eva se arrepintieran posteriormente, aunque la narración bíblica no dice nada al respecto.

Pero mientras estaban en el Huerto, Adán le echó la culpa a Eva y Eva a la serpiente. A través de la Caída llegó la muerte física, toda la biología cambió, y ahora en la naturaleza existen luchas salvajes y sin compasión y eso marcó la pérdida del favor especial de Dios, y también con la Caída llegó la era del trabajo duro y los problemas. La humanidad eligió la vida lejos de la bondad de Dios, y tal ambiente entró al mundo. Pero la sentencia de Dios no se dio sin una asombrosa promesa, pues el Señor dijo a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”15.

Un glorioso descendiente de Adán y Eva un día vendría, el cual heriría o aplastaría la cabeza de la serpiente. Dios hablaba, por supuesto, de Cristo, la segunda Persona de la Trinidad, quien vendría encarnado a esta Tierra e iría a la cruz del Calvario para expiar los pecados de todos aquellos que confiarían en Él. El crimen de Satanás al derribar la raza humana significaría que Cristo soportaría un sufrimiento indescriptible (ilustrado en que su “talón” sería herido o aplastado), pero al tener una naturaleza divina al igual que humana, Él resucitaría de los muertos.

Si desconocemos la gravedad del pecado de la Caída, no podemos ver la barrera montañosa entre nosotros y Dios. Sin la Caída, nunca podremos entender realmente la Cruz. Solo la Caída nos capacita para ver la tragedia de la elección premeditada del ser humano y su pecaminosidad y la infinita misericordia de Cristo el Salvador al venir a asegurar perdón y nueva vida a billones de personas a lo largo de la historia del mundo.

Hemos visto que en la narrativa de la Caída existen explicaciones para las actitudes humanas en todos los tiempos, porque las estrategias del tentador nunca cambian y los seres humanos responden igual que sus primeros padres. Al igual que Satanás sembró dudas en la mente de Eva acerca de Dios y sus mandatos, Él hace lo mismo con las personas hoy en día. No quiere que nadie crea en un Dios en quien se puede confiar o quien tiene una autoridad total sobre ellos.

A Él no le importa si la gente tiene un dios menor, con tal de que no sea el verdadero Dios. Por consiguiente pregunta: “¿De verdad Dios ha establecido estándares que la gente tiene que cumplir? ¿De verdad que Dios los va a castigar cuando mueran? ¡No! —dice Satanás—, la gente debería rechazar tales ideas y creer que tienen el derecho de hacer lo que les plazca siempre y cuando no afecten a otros.

“Dios os está escondiendo cosas y os está controlando”, insinuó Satanás a Eva, y continúa con lo mismo hoy en día diciendo: “La religión es poco razonable y restrictiva; aparta la moralidad; sé como Dios; sé tu propio Dios”.

Aunque Dios le había dicho a Eva que un fruto en concreto era mortal, ella decidió que era bueno para comer. También consideró que era agradable a los ojos, y enormemente deseable para la obtención de un conocimiento ilegal. En el momento en que ella desconfió de Dios, los pensamientos rebeldes se fortalecieron, y lo mismo ocurre con nosotros. Rechace la Biblia y los Diez Mandamientos y rápidamente se desaparece toda restricción moral, lujurias y codicias se imponen y la nueva sociedad liberalizada se vuelve cada vez peor. Al igual que pasó con Eva, las apariencias importan más que el carácter, y el deseo de tener cosas materiales está por encima que cualquier búsqueda del significado y propósito en la vida.

Decimos: “No quiero a Dios porque es injusto, restrictivo y cruel. No le escucharé ni le obedeceré. No creo su amenaza de castigo o muerte, y cuando muera seguro que iré al Cielo, en el caso de que exista tal lugar”. Esta última presunción comenzó en el Huerto del Edén, lo que muestra la arrogancia que se forma rápidamente con la aparición de la desobediencia a Dios.

El pecado es abominable para Dios, completamente irrazonable y destructivo en todos los sentidos. Desde el Edén, la naturaleza humana ha continuado en depravación, y aparte de la posibilidad de perdón a través de Cristo, todo el mundo vive y muere bajo la advertencia de muerte.

La depravación humana no excluye toda bondad porque Dios ha determinado que algunos sentimientos y características positivas queden en cierta medida incluso en corazones corruptos y desobedientes, de forma que el mundo no sea totalmente insoportable, y también para dar a la gente tiempo para que se arrepienta. Sin embargo, todo lo que hacemos está profundamente contaminado por la Caída.

Hay deseos y motivos que son orgullosos y egoístas en todo lo que hacemos, y esta es la razón por la que el mundo es como es, y los conflictos y las penas nos persiguen incluso en las etapas más felices de la vida. La “montaña rusa” emocional de la vida que las telenovelas de televisión presentan es una verdadera representación de la humanidad, excepto que estas no se atreven a reproducir la realidad completa de la violencia, privación, inmoralidad y miseria que predomina por todo el mundo.

La doctrina bíblica de la “depravación total” no significa que las personas sean 100% malas, sino que están manchadas y corrompidas en cada área de la mente, corazón y voluntad. Inevitablemente el orgullo rechaza esto, pero la verdad es que no puede negarse. La Caída del hombre es la razón de cada aspecto horrible de la vida en el mundo a lo largo de la historia, y sin el amor de Cristo y la salvación que Él trae, estaríamos completamente sin esperanza y sin Dios en el mundo.

La Caída es la razón por la que existe un mundo en el que la enfermedad y la muerte acaban con las vidas a menudo con gran sufrimiento, y arrebatan, incluso a bebes y niños de la felicidad, y dejan a sus padres en gran dolor. El pecado original ocasionó la Caída y nuestra impiedad continua y premeditada respalda el paso que dieron nuestros primeros padres.

¿Dónde está Dios en la tragedia y el dolor? Las personas que buscan a Cristo y su amor perdonador definitivamente lo encuentran. A través de Cristo recibimos reconciliación con Dios, una nueva vida, un nuevo propósito, fortaleza proveniente de lo alto y seguridad eterna. Con esta nueva vida los padres pueden rodear a sus hijos gravemente enfermos con amor por Dios, sembrando en ellos la misma confianza en Cristo y certeza de la eternidad, de forma que la enfermedad y muerte sean el portal al Cielo, y exista confianza en Dios y Él sea alabado por su gran salvación.

Notas a pie de página

1 El Corán contiene una versión extremadamente tardía (600 d.C.) de la tentación de Adán y su esposa pero relaciona su falta a una mala conducta personal, pronto perdonada y sin consecuencias para la humanidad, así que no hay caída de la raza humana y la redención no es necesaria y las personas son capaces de agradar a Dios por sus propias obras justas.


2 Lucas 10:18; Isaías 14:12
3 Génesis 3:14
4 Génesis 3:1
5 Génesis 3:3
6 Génesis 2:17
7 Génesis 3:4
8 Génesis 3:5
9 Los grandes teólogos del pasado hablaban del Huerto del Edén diciendo que fue el tiempo de la “inocencia” del hombre, pero al decirlo no implicaban ingenuidad. Se referían más bien solo a que había sido creado libre de toda maldad, antes de la Caída.
10 Génesis 1:31
11 Génesis 3:6
12 1 John 2:16
13 Génesis 3:7
14 Génesis 3:9
15 Génesis 3:15

¿Deberían las Iglesias cumplir con las instrucciones del gobierno respecto al coronavirus?

Tabernáculo Metropolitano de Londres

¿Deberían las Iglesias cumplir con las instrucciones del gobierno respecto al coronavirus?

Dr. Peter Masters

Es ahora cuando las dudas comienzan a surgir y varias voces en el mundo cristiano comienzan a cuestionar el cumplimiento casi universal de las reglas de gobierno por parte de las iglesias

Después de tantas semanas, puede parecer que es algo tarde para que se comente sobre esto, pero es ahora cuando las dudas comienzan a surgir y varias voces en el mundo cristiano comienzan a cuestionar el cumplimiento casi universal de las reglas de gobierno por parte de las iglesias.

Las actuales restricciones afectan profundamente nuestra adoración, nuestra comunión, nuestras escuelas dominicales y nuestro evangelismo en la comunidad. A nadie le gustan o las quiere. Recientemente, un periódico evangélico británico hizo las siguientes preguntas: “¿Deberíamos tener un debate respecto a esto? ¿Estamos haciendo lo correcto? ¿Deberían las iglesias, gobernadas por Cristo, someterse tan fácilmente al Estado – el reino de este mundo?”. El artículo no respondió a la pregunta, pero podría haberlo hecho fácilmente, si tan solo el escritor hubiera hecho referencia a las confesiones de Westminster o la Bautista como una guía en la posición escritural. La respuesta está ahí, en palabras con una simpleza desarmante pero cuidadosamente elaboradas.

El error del escritor fue simplificar demasiado el asunto de dos reinos opuestos: el de Dios y el del mundo. Ciertamente, parecía pensar, la iglesia no debería cambiar sus actividades por orden del mundo. El mundo no puede ser puesto por sobre el señorío de Cristo sobre su Iglesia.

Los lectores pueden estar al tanto de que hay una muy bien conocida iglesia en California que ha razonado en los mismos términos y ha reabierto los cultos de adoración sin mascarillas o distanciamiento social durante la cuarentena. Su pastor ha articulado el mismo argumento: ¿Acaso no hay dos gobiernos: el mundo y la iglesia?; y ¿no deberíamos nosotros afirmar la obediencia al gobierno de Cristo, y rehusarnos a permitir que nuestros cultos de adoración habituales sean interrumpidos?

En primer lugar, por favor permítanme leer una o dos frases de la Confesión Bautista de fe de 1689:

“Dios, el supremo Señor y Rey del mundo entero, ha instituido autoridades civiles para sujetarse a él y gobernar al pueblo para la gloria de Dios y el bien público… Habiendo sido instituidas por Dios las autoridades civiles con los fines ya mencionados, se les debe rendir sujeción en el Señor en todas las cosas lícitas que manden, no sólo por causa de la ira sino también de la conciencia; y debemos ofrecer súplicas y oraciones a favor de los reyes y de todos los que están en autoridad”.

Los dos textos clave que prueban estas palabras en la confesión son Romanos 13:1-7 y 1 Pedro 2:13-18, y hay otros también. Dios ha implementado el gobierno y el orden civil para que todos lo obedezcan, incluyendo su pueblo. Él ha puesto en los corazones de la raza humana, incluso en su estado caído, el desear gobierno y orden, y da poder a las autoridades civiles. En asuntos relacionados con el cuerpo, la ley y el orden, la defensa y bien público, incluyendo la salud pública, Dios gobierna a su pueblo redimido junto con todo el resto del mundo por medio del gobierno civil. Es un agente del gobierno de Dios. Por lo tanto, es una seria simplificación el decir: “solo existe la iglesia y el mundo”. Esto ignora los dos grandes textos. 

Hace muchos años, conocí a un hombre de negocios rico quien, a pesar de ser un cristiano, estaba bastante orgulloso del hecho de que pagaba menos impuestos. Me dijo que declaró inapropiadamente sus acciones para que sus contadores bajaran sus impuestos, y reconocía que esto era ilegal. Naturalmente, le desafié, pero estaba preparado con una defensa. “Me siento libre de hacerlo”, dijo, “porque los impuestos son la ley del César”. Se había convencido a sí mismo que los cristianos no están bajo el Estado, sino bajo Cristo. Este era un caso extremo, pero el punto está claro: para asuntos de orden público, bien público y salud pública, “toda persona”, dice Pablo en Romanos 13, está bajo el César.

Sí, por supuesto, en la Biblia está la imagen de dos reinos y nosotros creemos y defendemos esto. Cristo reina sobre su iglesia directamente en asuntos de creencias doctrinales, el contenido de la adoración, conducta moral, disciplina e ideología. Pero eso no es la imagen completa, pues también se nos enseña en las Escrituras que Dios gobierna los asuntos civiles a través de autoridades civiles, y los cristianos están sujetos a ellas.

Varias revistas recientemente han reimpreso la conocida «Pregunta 109» del puritano Richard Baxter (en Christian Ecclesiastics, 1665), la cual representa la postura tradicional cristiana. “¿Podemos omitir las asambleas eclesiásticas en el día del Señor si los magistrados las prohíben?”. En general, las respuestas son: «Si el magistrado, para lograr un bien mayor, prohíbe las asambleas de la iglesia en tiempos de peste, asalto de enemigos, o incendios, o una necesidad similar, es un deber obedecerle”. Por otro lado, «Si los príncipes prohíben profanamente las asambleas sagradas y el culto público… como una renuncia a Cristo y a nuestra religión, no es correcto obedecerlos formalmente”.

La suspensión de las reuniones públicas por parte del gobernante debe ser imparcial, aplicarse por igual a toda la sociedad, no solo a las iglesias, y debe ser sólo por un período de tiempo, o intuiremos que se restringe la fe y se persigue a la iglesia. Entonces tenemos que adoptar una actitud firme. Esta ha sido siempre la posición de la mayoría de los protestantes.

En Inglaterra actualmente hemos vuelto a reunirnos en las iglesias (desde el 5 de julio), pero estamos limitados porque no podemos cantar, usamos máscaras faciales y debemos mantener el distanciamiento social, pero esas reglas se aplican en toda la sociedad. De hecho, volvimos a reunirnos mucho antes de que se permitieran reuniones a algunos otros. Creo que el último fin de semana de agosto fue la primera vez que se permitió a una multitud asistir a un partido de fútbol, y eran sólo 2 500 personas. Esto, a pesar de que el gobierno obtiene un ingreso considerable por esa actividad, y se podría pensar que se esforzarían por apoyar el deporte nacional más que las iglesias.

Otros grupos también han tenido un trato aún más duro que las iglesias. El gobierno recientemente anunció que si la reanudación de la educación lleva a un «alza» en Covid-19, los pubs y bares tendrían que cerrar de nuevo para reequilibrar la lucha contra el virus. No hubo mención (en esta etapa) de que las iglesias también tendrían que cerrar. No parece haber una acción injusta hacia las iglesias y la proclamación del Evangelio.

Puede ser que los hermanos a los que se hace referencia en California hayan sufrido algún tipo de desigualdad o injusticia muy grandes en la forma de cuarentena, y por lo tanto tienen derecho a protestar (primero por acción legal). Pero no sería un argumento válido decir, como parecen decir, que estas restricciones son la ley de César y no tienen autoridad sobre la iglesia. La declaración de esta iglesia dice abiertamente, «Cristo, no César, es la cabeza de la iglesia”, lo cual deja de lado la postura histórica al respecto, sonando más como una idea anabaptista.

Como cristianos estamos sujetos a límites de velocidad, restricciones de construcción, e incluso cuarentenas de emergencia como el resto de la sociedad. Damos gracias a Dios que hay formas alternativas de proclamar la Palabra y ministrar a personas en el corto plazo.

Si las restricciones del coronavirus se vuelven poco razonables, o demasiado largas, o desiguales, ese sería el momento de protestar. Tal como están las cosas, las iglesias no deberían comportarse como una comunidad mimada. No estamos sufriendo un estado de guerra, como en la Segunda Guerra Mundial, cuando todos los hombres menores de 41 años estaban fuera de casa hasta cinco años. No tenemos que ir en secreto a las catacumbas, como los creyentes de antaño, para adorar a Dios. Lo que estamos llamados a hacer, en común con todos los demás, es sostenible, y algo con lo que podemos trabajar, y alabamos y damos gracias a Dios.

Romanos 13:1 dice: «Sométase toda persona a las autoridades superiores». Se ha sugerido que este es un deber de los individuos, y no necesariamente de las iglesias, pero esta es una distinción imposible. «Toda persona», se aplica a todos, salvos y no salvos. Pablo dice del estado: «Porque no hay autoridad sino de parte de Dios”. Recordamos que en la época en que Pablo escribió, los gobernantes eran idólatras, déspotas y tiranos como Nerón. Sin embargo, él dice: «De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste”. Esto es muy serio, hemos de pensar dos, e incluso muchas veces, antes de ir contra el estado. Pablo va más allá, diciendo: » y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos”. El griego dice juicio, disciplina o castigo (del Señor).

Un poco más adelante leemos (en el versículo 5), «Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo [por temor al castigo civil], sino también por causa de la conciencia». Nuestras conciencias deben estar afinadas de tal forma que nos demos cuenta de que estamos desobedeciendo a Dios si desobedecemos al Estado.

Hay excepciones en las Escrituras. Si las autoridades públicas tratan de detener completamente la proclamación de la Palabra, entonces obedecemos a Dios en lugar de a los hombres. Si intentan cambiar nuestras doctrinas y nos dicen que debemos abogar por el matrimonio entre personas del mismo sexo, o enseñar la evolución a los niños, entonces obedecemos a Dios en lugar de a los hombres. Y si interfieren con los estándares morales o las doctrinas de la Palabra o la proclamación del Evangelio, obedecemos a Dios en lugar de los hombres. En los capítulos 4 y 5 de Hechos, los apóstoles toman una postura muy clara respecto a tales asuntos.

En 1 Pedro 2:13 leemos: «Por causa del Señor someteos a toda institución humana». Y luego Pedro dice (v 15): «Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos”. La gente de fuera de la iglesia está dispuesta a “saltarnos encima” si la iglesia no mantiene las restricciones. «Miren a esa gente egoísta», dirán, «no les importa cuánta gente esté infectada, o cuántos puedan morir”. El Señor dice, no debemos dar esa oportunidad a los que no son creyentes. Nosotros obedecemos. “Honrad a todos […] . Temed a Dios. Honrad al rey”.

Cuán sucintamente Calvino explica las cosas en su comentario sobre 1 Timoteo 2:1-2:

«Él [Pablo] menciona expresamente [la oración por] los reyes y otros magistrados, porque cristianos podrían llegar a odiarlos más que todos los demás. Todos los magistrados que existían en aquel tiempo eran enemigos jurados de Cristo; y por eso tal vez pensaban que no debían orar por los que dedicaban todo su poder y todas sus riquezas a luchar contra el reino de Cristo, cuya extensión está por encima de todas las cosas deseables. El apóstol se encuentra con esta dificultad, y encarece expresamente a los cristianos que oren también por ellos. Y, en efecto, la depravación de los hombres no es una razón por la que no debemos amar la ordenanza de Dios. Por consiguiente, viendo que Dios nombró magistrados y príncipes para la preservación de la humanidad, por mucho que no cumplan tal designio divino, no debemos por ello dejar de amar lo que pertenece a Dios, y más bien debemos desear que siga vigente. Por eso los creyentes, en cualquier país que vivan, no sólo deben obedecer las leyes y el gobierno de los magistrados, sino también en sus oraciones suplicar a Dios por su salvación».

PETER MASTERS

Peter Masters ha sido pastor de la iglesia Metropolitan Tabernacle en Londres desde 1970. Esta iglesia fue fundada a finales del siglo XIX por C.H. Spurgeon. En 1865, Spurgeon también fundó la revista The Sword and the Trowel, que sigue publicándose editada por el Dr. Masters. El programa de televisión del Metropolitan Tabernacle se emite dos veces por semana y tiene seguidores en todo el Reino Unido y Europa.

Masters ha escrito más de veinticinco libros, que han sido traducidos a al menos veintitrés idiomas. Anima a iglesias y pastores evangélicos a separarse de iglesias que se hayan desviad2o de las doctrinas básicas históricas del cristianismo.

En cuanto al movimiento carismático, mantiene una postura cesacionista, y considera la teoría de la evolución de Darwin como propaganda humanista.

https://www.metropolitantabernacle.org/Espanol/Informacion-de-la-Iglesia/Doctrina