Cinco características de esta gran rebelión contra Dios

6 MAYO

Números 14 | Salmo 50 | Isaías 3–4 | Hebreos 11

Cinco características de esta gran rebelión contra Dios

Reflexionaremos otro día más en la Rebelión – es este caso se trata de la rebelión por parte del pueblo en Cades Barnea, cuando perdieron la oportunidad de entrar en la Tierra Prometida a causa de su pecado (Números 14).

(1) De la misma forma que en el capítulo anterior los diez espías que hicieron un informe negativo eran culpables de desalentar al pueblo, así también el pueblo era responsable a la hora de escoger a quien haría caso. Deciden dejarse llevar por la mayoría. Si se hubiesen mantenido fieles al pacto con el cual se habían comprometido, si hubiesen recordado todo lo que Dios ya había realizado a su favor, habrían escuchado a Caleb y a Josué. Aquellos que se dejen llevar por las mayorías en lugar de mantenerse fieles a la Palabra de Dios siempre se equivocan y están cortejando el desastre.

(2) Dudar de la fidelidad del Dios de la alianza, dudar de que fuese capaz o quisiese salvar a su propio pueblo, dudar de hacer lo que dijo que haría, es tratar a Dios con desprecio (14:11, 23). Prácticamente toda actitud de queja brota de este mismo espíritu de desprecio hacia Dios. Esto es un mal terrible.

(3) La gente a menudo esconde su falta de fe, su flagrante incredulidad, detrás de una máscara piadosa. Aquí expresan su preocupación ante la posibilidad que sus esposas e hijos sean llevados como botín (14:3). En lugar de admitir que están muertos de miedo y acudir a Dios, culpan a Dios, implícitamente, por estar menos preocupado por sus esposas e hijos que ellos mismos lo están.

(4) El castigo que se aplica corresponde perfectamente con la ofensa cometida: aquella generación de adultos, con un par de excepciones, muere en el desierto antes de que sus hijos (los mismos hijos por los cuales habían profesado tanta preocupación) hereden la tierra casi cuarenta años más tarde (14:20–35).

(5) Hay una clase de arrepentimiento que reconoce y lamenta los fracasos sucedidos, pero que no llega a someterse a la voluntad de Dios. Los israelitas lamentan su pecado – y luego deciden ocupar la tierra prometida, aunque Dios ahora les está diciendo que no lo intenten, puesto que ya no estará con ellos como su baluarte y su fuerza. Moisés discierne que se trata ni más ni menos que de otro acto más de desobediencia (14:41). Inevitablemente son derrotados (14:44–45).

Las mismas cinco características de esta gran rebelión siguen encontrándose hoy día: un apego popular a las opiniones religiosas mayoritarias, con poco deseo de conocer y obedecer la voluntad de Dios, una indiferencia despreciadora hacia Dios que brota de una incredulidad pura y dura, excusas piadosas que enmascaran el miedo y la incredulidad, juicios temporales que anulan cualquier posibilidad de una obra cristiana valiente, y un arrepentimiento deficiente y superficial con el cual se sale de un culto resuelto a rectificar, pero sin ninguna intención de escuchar la Palabra de Dios ni de obedecerle. Que Dios nos ayude a todos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 126). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La Rebelión tiene múltiples caras.

5 MAYO

Números 12–13 | Salmo 49 | Isaías 2 | Hebreos 10

La Rebelión tiene múltiples caras

Números 12–13 narra la historia de la rebeldía de dos formas muy distintas y complejas. En primer lugar encontramos a Aarón y Miriam que hablan mal de su hermano Moisés. El problema que se nos presenta es que al haber hablado Dios también por medio de ellos, al igual que por Moisés, creen tener derecho a compartir cualquier autoridad que él posea. Pero hay otras capas que permanecen escondidas bajo la superficie: están enojados contra Moisés a causa de su matrimonio con una mujer cusita. Las motivaciones con las que los seres humanos actuamos a menudo están muy mezcladas.

Por supuesto, a primera vista la protesta parece razonable y sensata, e incluso (a nuestros ojos) democrática. Pero posteriormente, tiene como propósito colocar a Moisés en una situación muy desagradable. Si el insiste en que es el líder a quien Dios ha llamado, de manera exclusiva, a esta tarea, los envidiosos y los escépticos le podrían acusar de una defensa egocéntrica de sus propios intereses. Lo que salva a Moisés, en parte, es que, igual que el Salvador que viene después de él, Moisés es extraordinariamente humilde (12:3; Mateo 11:29).

Es Dios mismo quien interviene y designa al verdadero líder. Moisés es único, puesto que la inmediatez de la revelación que recibe y transmite está más allá de la de cualquiera de los demás profetas; es más, Moisés ha demostrado ser fiel en toda la casa de Dios (12:6–8). Miriam recibe un castigo terrible. No queda claro por qué Miriam es castigada de esta manera mientras a Aarón no le pasa nada: tal vez fue ella la instigadora de esta rebelión, o tal vez Dios no quiso poner en tela de juicio la autoridad legítima que Aarón había recibido como sumo sacerdote. Lo que sí queda claro es que aun cuando Miriam, gracias a la intercesión de Moisés, es perdonada, tiene que enfrentarse con una semana de enfermedad y vergüenza fuera del campamento, a fin de que ella y la nación entera aprendan que la rebelión que se manifieste en un deseo de poder merece ser castigada por Dios.

La segunda rebelión, narrada en Números 13, comienza con los temores de los cinco espías que fueron enviados para reconocer la Tierra Prometida. No podían por menos que describir la asombrosa fertilidad que encontraron; sin embargo, escogieron poner el acento en los obstáculos. En este aspecto habían olvidado, o más bien voluntariamente ignorado, todo lo que Dio había obrado para llevarles hasta este sitio. Más su rebeldía resulta ser todavía peor. Como líderes tenían la obligación no sólo de hacer un informe verídico de aquello que viesen, sino también de formar las opiniones del pueblo. Como líderes del pueblo de Dios, tenían que haber presentado ante todos las características de la tierra tal como la encontraron, y luego llamado la atención del pueblo al carácter fiel del Dios de la alianza, recordándoles los hechos de las plagas, de la pascua, del éxodo, de la provisión abundante de alimentos y de protección durante su travesía en el desierto, y de la auto-revelación en Sinaí. Pero de hecho, lo único que logran es fomentar un motín gravísimo (ver cap. 14), principalmente al incitar al miedo y a la incredulidad.

¿De qué maneras se manifiesta el espíritu rebelde en el seno del pueblo de Dios hoy en día?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 125). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Jerusalén celestial”

4 MAYO

Jerusalén celestial

Números 11 | Salmo 48 | Isaías 1 | Hebreos 9

Una de las maneras de las cuales Dios habla acerca del futuro es, justamente, hablando explícitamente del futuro. Hay pasajes en la Biblia donde Dios predice, con palabras, lo que sucederá: habla acerca del futuro. Pero también nos facilita imágenes, patrones, tipos y modelos. En estos casos, establece una institución, o un ritual, o un patrón relacional. Luego deja pistas, las cuales pronto se convierten en una cascada de pistas, que nos dan a entender que estas “pistas” no existen para ellas mismas, sino que están allá como anticipos de algo mejor. En estos casos, entonces, Dios habla del futuro mediante imágenes.

Los cristianos que leen mucho su Biblia reflexionan sobre las conexiones entre el reino Davídico y el de Jesús, entre el cordero de la Pascua y Jesús como el “Cordero de la Pascua”, entre Melquisedec y Jesús, entre el descanso del Sábado y el descanso que Jesús ofrece, entre el papel del sumo sacerdote y el papel sacerdotal de Jesús, entre el templo en el que entró el sacerdote del antiguo pacto y el “lugar santísimo” donde entró Jesús, y muchísimo más. Por supuesto que para aquellos que vivían bajo el antiguo pacto, la fidelidad al pacto entrañaba un compromiso firme con las instituciones y los rituales que Dios había establecido, aun cuando estas mismas instituciones y rituales anticipaban algo todavía mejor, cuando se mira desde una perspectiva canónica más amplia. Mediante estas imágenes, Dios hablaba del futuro. Cuando un creyente capta esta realidad, estas partes de la Biblia cobran vida nuevamente para él.

Uno de estos modelos es la propia ciudad de Jerusalén, a la que las Escrituras a menudo se refieren como Sión (la antigua fortaleza). Jerusalén estaba estrechamente ligados no sólo con el hecho de que a partir de David fue la ciudad capital (aun después de la división entre Israel y Judá, seguía siendo capital del reino sureño), sino también con el hecho que a partir de Salomón fue el lugar del templo, y por lo tanto el centro de la auto-revelación de Dios.

Por tanto para el salmista, “la ciudad de nuestro Dios, su santo monte” no es sólo “bella” sino que también es “la alegría de toda la tierra” (Salmo 48:1–2). No es solamente el centro del poder y de la seguridad (48:4–8), sino el lugar donde el pueblo santo de Dios medita en torno a su amor constante (48:9), el centro de la adoración (48:10). No obstante, el salmista mira más allá de la ciudad a Dios mismo; él es quien “la hará permanecer para siempre”, cuya “alabanza llega a los confines de la tierra”, “para siempre” (48:10, 14)

Aunque profundamente enraizados en la ciudad histórica de Jerusalén, los escritores de la nueva alianza miran hacia una “Jerusalén celestial” (Gálatas 4:26), “al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente” (Hebreos 12:22), “a la nueva Jerusalén” (Apocalipsis 21:2). Reflexionemos largo y tendido sobre estas conexiones.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 124). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Reconoced que yo soy Dios

3 MAYO

Reconoced que yo soy Dios

Números 10 | Salmos 46–47 | Cantar de los Cantares 8 | Hebreos 8

Un tema común de los Salmos 46 y 47 es la autoridad soberana de Dios sobre todas las naciones. No se trata de una mera divinidad tribal. Es el “Altísimo” (46:4). Puede que las naciones estén revueltas; los reinos suben, y luego se desploman. Pero Dios sólo necesita levantar su voz, y la tierra se derrumba (46:6). Por su autoridad la desolación constituye su juicio catastrófico; por su autoridad cesan las guerras (46:8–9). El Señor Altísimo es “Rey de toda la tierra” (47:2, 7). “Dios reina sobre las naciones; Dios está sentado en su santo trono.” (47:8).

Esto garantiza la seguridad de la comunidad del pacto. Los naciones paganas alrededor pueden amenazar, pero si Dios es quien tiene el timón, el pueblo del pacto puede proclamar: “El Señor Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (46:7). “Sometió a nuestro dominio las naciones; puso a los pueblos bajo nuestros pies” (47:3). De hecho, en cuanto a Jerusalén, la morada del Altísimo: “Dios está en ella, la ciudad no caerá; al rayar el alba Dios le brindará su ayuda” (46:5).

El salmista aun ve al menos dos implicaciones más. En primer lugar, tarde o temprano Dios será: “exaltado entre las naciones” (46:10). Pues Dios “es el Rey de toda la tierra” (47:7). Estas últimas referencias se podrían leer como una amenaza en lugar de una promesa de bendición: Dios será enaltecido entre las naciones paganas de exactamente la misma manera como lo estuvo al destruir el ejército egipcio en el Mar Rojo. Pero a la luz de Salmo 46:9 y 10 sería imprudente insistir en una lectura tan negativa: “Los nobles de los pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham, pues de Dios son los imperios de la tierra. ¡Él es grandemente enaltecido!” En otras palabras, una de las implicaciones del monoteísmo es que Dios es el Dios de todos, aunque no esté reconocido como tal. Y vendrá un día cuando será reconocido como tal por todos; en algunos casos este reconocimiento será acompañado por la adoración y la alabanza, como los nobles de las naciones que se congregan delante de Dios exactamente de la misma manera que el pueblo del Dios de Abraham. Echando mano del esquema paulino, podríamos decir que aquí se profetiza la inclusión de los gentiles como hijos de Abraham (ver Romanos 4:11; Gálatas 3:7–9). “Quedaos quietos, reconoced que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!” (46:10).

La segunda implicación es la alabanza. “Venid y ved los portentos del Señor” (46:8). “Aplaudid, pueblos todos; aclamad a Dios con gritos de alegría. ¡Cuán imponente es el Señor Altísimo, el gran rey de toda la tierra!” (47:1–2). “Cantad salmos a Dios, cantadle salmos; cantad, cantadle salmos a nuestro rey.” (47:6).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 123). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“la Tienda del Pacto”

2 MAYO

“la Tienda del Pacto”

Números 9 | Salmo 45 | Cantar de los Cantares 7 | Hebreos 7

Hay dos temas que controlan Números 9. El segundo es el descenso del pilar de la nube y la columna de fuego sobre el tabernáculo, “la Tienda del Pacto”, el primer día que fue montado (9:15–23). La columna había guiado y protegido al pueblo desde su partida de Egipto. Fue una señal visible de la presencia de Dios – y a partir de este momento esta tiene que ver con el tabernáculo (y más tarde con el templo). De modo que la línea narrativa de la manifestación de la presencia de Dios continúa.

Pero el primer tema es la celebración de la Pascua en el aniversario de la primera Pascua (9:1–14). La primera Pascua, tal como se describe en Éxodo 12, no sólo estaba inseparablemente vinculada con el Éxodo, sino que también se tenía que conmemorar, de acuerdo con el Pacto Mosaico, de maneras muy bien definidas (Ex. 12; Lev. 23:5–8; Deut. 16:1–8). Las instrucciones de Dios a Moisés son que el pueblo celebre la Pascua “ciñéndose a todos sus estatutos y preceptos” (Números 9:3). Pero esta estipulación precipita una crisis. Puesto que algunas personas se habían vuelto ceremonialmente impuras al entrar en contacto con un cadáver (por ejemplo de algún miembro de su familia que había muerto), en principio no podían participar de la fiesta de la Pascua hasta volver a estar limpios – y esto requería tanto tiempo que no podrían celebrar la fiesta en el día prescrito, el catorce de Ahib (llamado Nisán después del exilio), el primer mes del calendario judío.

De modo que Moisés consulta al Señor. La respuesta del Señor es que en tal caso, estas personas ceremonialmente impuras podían posponer la celebración de la Pascua hasta el día catorce del segundo mes. Pero esta posposición, el Señor insiste, sólo corresponde a los que no puedan, por motivos ceremoniales, celebrarla en el día prescrito. Los que opten por esta posposición por razones de conveniencia personal deben ser excluidos del pueblo.

Hay muchas cosas que podemos aprender de este episodio, pero hay una en particular que a veces no se tiene en cuenta. En cualquier sistema complejo de leyes, tarde o temprano llegará otra ley diferente que establecerá como válidas otras reivindicaciones que estarán en conflicto con las primeras. Como resultado, dichas leyes tienen que establecerse de acuerdo con una jerarquía de importancia. Aquí el mes se considera menos importante que la pureza ceremonial o la propia celebración de la Pascua. Jesús mismo reconoce este principio general. Según la Ley estaba prohibido realizar cualquier trabajo regular en el sábado, y luego la misma Ley dice también que el hijo varón tenía que ser circuncidado el octavo día. Supongamos que el octavo día caiga en un sábado (Juan 7:23). ¿Cuál de las leyes tiene prioridad?

Las mentes que sólo sean capaces de pensar en un plano legal tal vez no captarán la dirección hacia la cual todas las leyes apuntan. Cuando estas leyes se miran como es debido, dice Jesús (y Pablo señala lo mismo con otras palabras), descubriremos que todas ellas apuntan hacia él (Juan 7:24).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 122). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“ceremonialmente limpios”

1 MAYO

“ceremonialmente limpios”

Números 8 | Salmo 44 | Cantar de los Cantares 6 | Hebreos 6

Antes de llevar a cabo sus obligaciones por primera vez, los levitas fueron apartados mediante un ritual establecido por Dios mismo, a fin de hacerles “ceremonialmente limpios” (Números 8:5–14). No es necesario preocuparnos por los detalles en este momento. En lo que sí reflexionaremos es en el razonamiento teológico que Dios ofrece para este procedimiento.

Estas cosas ya se han tratado: aquí se trata de un repaso. Dios les ha “apartado para mí” (8:16): es decir, ha escogido a los levitas “de entre los israelitas” (8:6) para que le pertenezcan de una manera especial, “en lugar de todos los primogénitos de Israel” (8:16). Revisa otra vez más el razonamiento: brota del libro de Éxodo, de la primera Pascua, cuando los primogénitos de Egipto fueron asesinados, pero no así los primogénitos de Israel (8:17–18).

Pero aquí se plantea un nuevo elemento. Dios ha “recibido” a los levitas como particularmente suyos, y habiéndoles “recibido” también los ha “dado” como “regalos” a Aarón y a sus hijos, los sumo-sacerdotes, “… y se los ha entregado a Aarón y a sus hijos como un regalo. Los levitas ministrarán en la Tienda de reunión en favor de los israelitas, y harán propiciación por ellos, para que no sufran una desgracia al acercarse al santuario.” (8:19). Por tanto, Dios les ha “tomado” y “entregado” a su pueblo.

Formalmente, por supuesto, Dios les “dio” a Aarón y a sus hijos, pero puesto que el trabajo de los levitas sería a favor de todo Israel, hay un sentido en el cual Dios ha dado a los levitas a la nación entera. Este patrón se vuelve a exponer con detalle diez capítulos más tarde (Números 18:5–7). Dios dice a Aarón, “Considera que yo mismo he escogido, de entre la comunidad, a tus hermanos los levitas, para dártelos como un regalo. Ellos han sido dedicados al SEÑOR para que sirvan en la Tienda de reunión” (18:6). El paralelo más cercano que encontramos en el Nuevo Testamento está en Efesios 4. A raíz de su muerte y resurrección, Jesucristo “Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres.” (Efesios 4:8). Ostensiblemente, las palabras proceden del Salmo 68:18, donde el texto en hebreo dice que Dios “recibió dones de los hombres”. Pero se ha argumentado, con razón, que el Salmo 68 asume el sistema expuesto en Números 8 y 18, y que en cualquier caso Pablo une Números y Salmo 68 para subrayar algo importante. Bajo el nuevo pacto, Cristo Jesús, gracias a su triunfo, nos ha “capturado” y a cada uno de nosotros (Efesios 4:7) nos ha dado gracia y nos ha devuelto a la iglesia como sus “dones a los hombres”.

Es así como debemos pensar en nosotros mismos. Somos los “cautivos” de Dios, capturados de entre la raza de portadores rebeldes de la imagen de Dios, y ahora derramados como sus “dones a los hombres”. Esto reviste nuestro servicio de una dignidad inimaginable.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 121). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una imagen sobrecogedora

30 ABRIL

Una imagen sobrecogedora

Números 7 | Salmo 42–43 | Cantar de Cantares 5 | Hebreos 5

Millones de cristianos han cantado estas palabras como cántico. Otros muchos han reflexionado en ellas en su propia lectura de las Escrituras: “Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser” (Salmo 42:1).

Es una imagen sobrecogedora. Uno se imagina un ciervo o una cierva, bajando hasta el límite del bosque, en la luz tenue del crepúsculo al final de un día caluroso, para calmar su sed en las aguas frescas de un arroyo cristalino. Cuando los creyentes se han aplicado esta imagen a ellos mismos, han evocado una diversidad enorme de circunstancias personales: los anhelos semimísticos de una valiente orientación teocéntrico que desafía cualquier oposición cultural, o un anhelo solitario de un sentimiento real de la presencia de Dios cuando los cielos parecen mudos como el bronce, un contentamiento sereno con nuestra propia experiencia religiosa, y mucho más.

Pero sean las que sean las aplicaciones de esta imagen conmovedora, la situación del ciervo, igual que la del salmista como veremos más adelante, entraña mucho estrés. El ciervo no se acerca al arroyo para obtener su cuota habitual de agua fresca; está jadeante para lograr beber. El salterio métrico añade las palabras: “acalorado por la caza”. No obstante, esta idea está ausente del texto y la aplicación que hace el salmista no encaja tan bien con esta como con otra posibilidad. El salmista piensa más bien en un ciervo que jadea por corrientes de agua en una estación de sequía y hambre (igual que la que se describe en Joel 1:20). Del mismo modo, él está hambriento de Dios, anhelando su presencia, y en particular estar de nuevo en Jerusalén, disfrutando del culto en el templo, cuando “… yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta” (42:4). En lugar de ello se encuentra abatido (42:5) porque está muy lejos, en el valle de Jordán, cerca de las alturas de Hermón, en el extremo norte del país.

Aquí, el salmista debe luchar contra los enemigos que le atormentan: “mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?” (42:10). Lo único que podrá satisfacer al salmista no es, finalmente, Jerusalén y el templo, sino Dios mismo. Esté donde esté, el salmista puede declarar: “Esta es la oración al Dios de mi vida: que de día el SEÑOR mande su amor, y de noche su canto me acompañe” (42:8). Por lo tanto, cobra ánimo con estas reflexiones: “¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” (42:11).

Canta este himno, repite estas líneas antiguas. Y anímate cuando luchas contra la fría niebla del desespero y Dios parece estar lejos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 120). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El voto nazareo

29 ABRIL

El voto nazareo

Números 6 | Salmo 40–41 | Cantar de Cantares 4 | Hebreos 4

El voto nazareo (Números 6) era asequible a cualquier hombre o mujer (es decir, no exclusivamente levita) y era completamente voluntario. Normalmente, se emprendía durante un período determinado y solía culminar en unas ofrendas y unos sacrificios predeterminados (6:13–21).

El voto en sí tenía como propósito separar a alguien para servir a Dios de una forma especial (6:2, 5–8), una especie de autosacrificio voluntario. Tal vez se iniciaba con un culto o meditación especial, pero no era este el aspecto formal y visible del voto. El nazareo manifestaba su voto mediante tres abstinencias. (1) Durante el período del voto, no se podía cortar el cabello. Hasta tal punto era esto una señal de la separación del individuo para Dios, que cuando el período llegaba a su fin, el cabello que hubiese crecido durante el mismo, era cortado y quemado en la ofrenda de comunión (6:18). (2) El nazareo tenía que abstenerse de cualquier contacto con un cadáver. Esto podría resultar muy duro, cuando, por ejemplo, moría un pariente durante el período del voto. En caso de que alguien muriese en presencia de un nazareo, la inevitable suciedad, lo que se podría interpretar como la contaminación del cabello dedicado (6:9), tenía que quitarse mediante un ritual y sacrificio prescrito, que incluía afeitar el cabello ensuciado (6:9–12). (3) El nazareo también tenía que abstenerse de beber alcohol durante la vigencia del voto (6:3, 20). Esto también representaba una privación importante, puesto que el vino era una bebida muy común, especialmente en las grandes fiestas. (Era frecuente “cortar” el vino con agua, entre tres partes de agua por una de vino a diez partes agua por una de vino, con lo cual tenía más o menos la misma fuerza que la cerveza.)

El simbolismo es transparente. (1) Lo que es santo pertenece exclusivamente a Dios y está reservado para su uso (igual que la fuente del tabernáculo o el efod). El símbolo en este caso es el pelo, dedicado al Señor y por tanto no cortado hasta que tuviese que ser ofrendado en sacrificio. (2) lo que es santo pertenece al Dios viviente, no al reino de la muerte y la putrefacción, las cuales brotan del horror del pecado. Fue por esto por lo que los nazareos se tuvieron que abstener de entrar en contacto con los muertos. (3) Lo que es santo encuentra su epicentro y su deleite en Dios. No le hace falta la euforia artificial que produce el alcohol; y menos aún se dejará controlar por cualquier otra cosa que no sea Dios mismo.

¿De qué maneras, entonces, los miembros de la comunidad del nuevo pacto, al responder al llamamiento a ser santos, se dedicarán enteramente a Dios, evitando todo lo que pertenezca al reino de la muerte, no siendo esclavos de nada ni de nadie salvo de Jesús?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 119). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“un espíritu de poder, de amor y de dominio propio”

28 ABRIL

“un espíritu de poder, de amor y de dominio propio”

Números 5 | Salmo 39 | Cantar de Cantares 3 | Hebreos 3

La autodisciplina suele ser algo muy positivo. De hecho, los cristianos creemos que Dios nos ha dado “un espíritu de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Sin embargo, algunas formas de autodisciplina son innobles, e incluso peligrosas.

Por ejemplo, los estoicos de los tiempos del apóstol Pablo creían que correspondía a la sabiduría vivir en armonía con la manera como están las cosas en el mundo, y que esto implicaba vivir “al margen” de las pasiones, en perfecta sintonía con la razón. Motivados por principios morales muy elevados, se enorgullecían de estar por encima de las emociones, por encima de cualquier lazo profundo o compromiso personal que pudiese suponer sufrimiento. Por un lado, hay algo admirable en semejante estoicismo. No obstante, dista mucho de los compromisos personales mandados en el evangelio, los cuales entrañan toda la vulnerabilidad y todo el sufrimiento que forman parte íntegra de este mundo caído. De hecho, aquí justamente reside el problema de la cosmovisión estoica: su visión del mundo y de lo que este tiene de malo está tan alejada de lo que la Biblia enseña que su definición del bien tiene más que ver con una cierta clase de panteísmo que con cualquier otra cosa. Por lo tanto, desde una perspectiva cristiana, aunque haya algo de admirable en el concepto estoico de la autodisciplina, no puede considerarse verdaderamente bueno. Hay cierta clase de autodisciplina que sólo sirve para inflar el ego del orgullo de la firme resolución.

Otra clase de autodisciplina más bien cuestionable se refleja al comienzo del Salmo 39. David ha resuelto callar. No queda del todo claro si su firme resolución a no decir nada, especialmente en presencia de los malos (39:1), está motivada por el miedo a verse, de otro modo, involucrado con ellos, o, lo que es más probable, por una convicción equivocada de que basta no decir nada y así no prestarles ningún apoyo explícito. Claramente, sin embargo, se trata de una resolución moral, en cierto sentido digna de respeto, pero absolutamente insuficiente, pues mientras callaba, tampoco decía nada bueno (39:2). De un modo u otro, intentaba vencer el pecado mediante un silencio disciplinado.

Pero David aprendió otro camino. Habla – pero es a Dios a quien se dirige (39:4). Es consciente de lo efímera que es la vida y llega a la conclusión de que, al final, no tenemos nada que buscar excepto poner nuestra confianza en el Señor (39:7). Sólo Dios nos puede librar de nuestras transgresiones y capacitarnos para evitar caer en las trampas de nuestros adversarios (39:8). Un silencio determinado ante el misterio de la Providencia no ofrece ninguna esperanza (39:9); es una falsa autodisciplina, un feo y triste desafío en lugar de una sumisión gozosa a la “disciplina” de Dios. (39:11)

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 118). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Quién sobreviviría al holocausto divino?

27 ABRIL

¿Quién sobreviviría al holocausto divino?

Números 4 | Salmo 38 | Cantar de Cantares 2 | Hebreos 2

Una de las características más atrayentes de David es su candidez. En sus mejores momentos es absolutamente transparente. Esto significa que, entre otras cosas, cuando hay un abanico de problemas en su vida, no se hunde, ni los convierte en un gran y único problema.

El Salmo 38 no podría ser más claro como prueba de este hecho. Hay comentaristas que intentan encajar los distintos elementos de este salmo en una única situación, pero la mayoría de estos intentos resultan algo forzados. Vale la pena identificar algunos de los elementos más destacados de la aflicción de David.

(1) Se enfrenta con la ira de Dios (38:1) y (2) sufre una variedad de problemas físicos (38:3–8). (3) Como consecuencia, no cesa de suspirar con frustración y se ha hundido en una depresión. (38:9–10). (4) Sus amigos le han abandonado (38:11). (5) Mientras tanto, sigue padeciendo las estrategias y los engaños de sus (habituales) enemigos políticos (38:12). (6) Se encuentra tan debilitado, que parece un sordomudo (38:13–14), incapaz de hablar, puesto que sus enemigos son tan numerosos y fuertes (38:19). (7) Y, además, está sufriendo dolor a causa de su propia iniquidad (38:18).

Es posible imaginarse varias formas de ligar todos estos cabos, pero haría falta bastante especulación. Lo que se destaca en el salmo es que aunque David pide vindicación en relación con sus enemigos, lo hace en el contexto de la confesión de su propio pecado, del hecho de que él también tiene que enfrentarse con la ira de Dios. Es bien posible que interprete tanto su sufrimiento físico, como el abandono de sus amigos, como incluso la oposición por parte de sus enemigos como expresiones de la ira de Dios – la cual, implícitamente, reconoce merecer. En este salmo, David no pide una vindicación que esté fundada en su propia fidelidad al pacto. Confiesa su pecado con candidez (38:18), espera en el Señor (38:15), implora a Dios que no le abandone (38:21) y que le ayude (38:22), y que no lo deje a causa de su ira (38:1). En definitiva, David implora misericordia.

He aquí otro elemento del tema de la vindicación (ver la meditación del 24 de abril). Si, nosotros queremos que Dios manifieste su justicia. En situaciones en las que hemos sido víctimas de una injusticia, es reconfortante recordar que, al final, la justicia de Dios triunfará. Pero ¿Qué de aquellas ocasiones cuando somos nosotros los culpables? ¿Basta que se haga justicia? Si sólo fuera justicia lo que esperamos de Dios, ¿Quién sobreviviría al holocausto divino?

Mientras reclamamos la vindicación es de suma importancia que confesemos nuestro propio pecado y que imploremos la misericordia de Dios, pues el Dios de justicia es también Dios de gracia. Si no fuese así, no habría esperanza para ninguno de nosotros.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 117). Barcelona: Publicaciones Andamio.