Juan 14

Juan 14

24 MARZO

Éxodo 35 | Juan 14 | Proverbios 11 | Efesios 4

El discurso de despedida, que comienza en Juan 14, es una rica fuente de enseñanzas acerca del Espíritu Santo. He aquí algunos ejemplos:

(1) En griego, todos los nombres son designados gramaticalmente de género masculino, femenino o neutro. La palabra que designa el Espíritu Santo es neutra. Cuando se usa un pronombre que se refiere al “espíritu”, tendría que ser neutro. En este capítulo, sin embargo, el pronombre a veces es masculino, lo cual rompe con la norma gramatical. De esta forma, se enfatiza sutilmente el carácter personal del Espíritu Santo.

(2) Entre sus títulos, aparece el de “Consejero”, o, en algunas versiones inglesas, “Consolador” o “Ayudador”. Cuando se acuñó y usó por primera vez la palabra “Consolador”, procedía de las palabras latinas que significaban “fortalecer” o “fortalecer al lado de”. Hoy en día, un “Consolador” es, más bien, una especie de manta o edredón o tal vez alguien que ofrece ayuda a quien haya perdido a un ser querido, por lo cual su significado corriente es demasiado limitado para transmitir lo que significa aquí. La palabra griega admite varios matices, por lo cual algunos traductores no la traducen sino que lo “transliteran” (es decir, la escriben según las reglas del deletreo castellano) como Paracleto. Por supuesto que se trata de alguien que se acerca para ayudar y fortalecer. A veces, esta ayuda era legal: por ejemplo, puede hacer de abogado fiscal (16:7–11), y puede ser también nuestro “Consejero” legal. (La palabra no tiene nada que ver con los consejeros psicológicos.)

(3) Es, según dice Jesús, otro Consejero (14:16). En el griego más antiguo, la palabra “otro” se refería a “otro del mismo género”. Cuando se escribió el Nuevo Testamento, este significado ya se había vuelto más bien infrecuente; no se puede dar por sentado, sino que se tiene que demostrar a partir del contexto. En este caso, Jesús claramente promete enviar a alguien que ocupe su lugar. Es intrigante que, aparte de su aparición en el discurso de despedida, la palabra traducida “Consejero” sólo se usa en otro lugar en el Nuevo Testamento: en 1 Juan 2:1 (“tenemos ante el Padre a un intercesor”). Por lo tanto, Jesús es el primer Paracleto. Ahora, siendo su marcha inminente, promete enviar al Espíritu Santo, otro Paracleto, para acompañar y ayudar a sus seguidores.

(4) También se le llama “el Espíritu de verdad” (14:17). Esto significa no sólo que no les miente y que sólo les dice la verdad, sino que es el Espíritu verdadero, el que media hacia los creyentes la misma presencia del Padre y del Hijo (14:23).

(5) Jesús promete que el Espíritu “os enseñará todas las cosas y os hará recordar todo lo que os he dicho” (14:26). Puesto que a estos “os” se les está recordando lo que Jesús dijo en primer lugar, debe tratarse de los primeros discípulos. El Espíritu les ayudará a recordar las enseñanzas de Jesús y a indagar en su significado a la luz de la cruz y la resurrección. ¿Cómo podrían ser fiables estos enlaces si no fuera por la obra del Espíritu?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 83). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Gracia y Verdad”

“Gracia y Verdad”

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23 MARZO

Éxodo 34 | Juan 13 | Proverbios 10 | Efesios 3

Cuando Moisés pide ver la gloria de Dios al final del capítulo anterior, se le promete (como hemos constatado) una manifestación de su bondad (33:19). Pero no hay nadie, ni siquiera Moisés, que pueda ver el rostro de Dios y vivir (33:20). Por lo tanto, Dios hace posible que Moisés entrevea los últimos rayos del resplandor de su gloria, por así decirlo – y esta experiencia extraordinaria se describe en Éxodo 34.
Mientras el Señor pasa por delante de la hendidura en la roca donde Moisés está bien escondido, entona las palabras: “El Señor, el Señor,…” (34:6). Las palabras hebreas que aquí se traducen por “amor y fidelidad” constituyen una pareja léxica en el Antiguo Testamento. La primera se asocia regularmente con la misericordia y la gracia de Dios según la alianza; la segunda está anclada en su fiabilidad, su compromiso, según la alianza, a mantenerse fiel a su palabra, cumplir con sus promesas, ser fiel, ser verdad.
Cuando Juan presenta a Jesús como el Verbo de Dios (Juan 1:1–18), dice a sus lectores que el Verbo se hizo carne (1:14), “habitó” (plantó su tienda) entre nosotros, y hemos visto su gloria, la gloria de Aquel que vino del Padre, lleno de “gracia” y “verdad”. Hay buenos motivos para pensar que Juan escogió estas palabras para hacer eco de la pareja léxica “amor y fidelidad” del Antiguo Testamento. Es evidente que estaba pensando en estos capítulos: Éxodo 32–34. Teniendo como fondo Éxodo 33, Juan nos recuerda que “A Dios nadie lo ha visto nunca” (1:18). Pero ahora que Jesucristo ha venido, este Verbo-hecho-carne ha revelado al Padre, manifestando “gracia y verdad” por excelencia. La Ley fue entregada por Moisés – lo cual ya es maravilloso, un don de gracia de parte de Dios. Pero “gracia y verdad” en todo su esplendor, sin barrera alguna, llegaron con Jesucristo (1:17).
Aun esta pequeña revelación, manifestada por Gracia a través de Moisés, trae unos resultados maravillosos. Precipita la renovación de la alianza. El Señor responde así a la oración de Moisés: “—Mira el pacto que hago contigo —respondió el SEÑOR—. A la vista de todo tu pueblo haré maravillas que ante ninguna nación del mundo han sido realizadas. El pueblo en medio del cual vives verá las imponentes obras que yo, el SEÑOR, haré por ti” (34:10). Desde la perspectiva de Dios, esto garantiza su entrada en la Tierra Prometida (34:11); desde la perspectiva de la comunidad del pacto, lo que se requiere es la obediencia, lo cual implicaba separarse del paganismo y de los paganos que les rodeaban. “No adores a otros dioses, porque el SEÑOR es muy celoso. Su nombre es Dios celoso” (34:14).
¿Cómo podría ser de otra manera? Este Dios es un Dios de gracia, pero también es el Dios verdadero.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 82). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“La Tienda de reunión”

22 MARZO

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Éxodo 33 | Juan 12 | Proverbios 9 | Efesios 2

Es imposible comprender Éxodo 33 si no tenemos en cuenta dos circunstancias: (1) El tabernáculo aún no se había construido. “La Tienda de reunión” que se montaba fuera del campamento (33:7) debía ser, por tanto, un arreglo provisional. (2) El tema del juicio que brota del desgraciado episodio del becerro de oro sigue vivo. Dios dice que no será él quien acompañe a su pueblo, sino que enviará a un ángel que les ayude (33:1–3).
Por tanto, Moisés sigue intercediendo (32:12–13). Insistiendo en el hecho de que la nación pertenece a Dios, Moisés quiere saber ahora quién irá con él. (Aarón ha quedado tremendamente comprometido.) Moisés, por su parte, quiere conocer y seguir en los caminos de Dios. Dios contesta: “Yo mismo iré contigo y te daré descanso” (33:14). Pero ¿cómo encaja esto con la amenaza de parte de Dios de no hacer más que enviar a su ángel, y de mantenerse lejos del pueblo para no destruirlo por completo? Por lo que Moisés sigue: “O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí” (33:15). ¿Finalmente qué es lo que más distingue a esta nación naciente de todas las demás, sino la presencia del Dios viviente? (33:16).
Y el Señor le promete, “Está bien, haré lo que me pides —le dijo el SEÑOR a Moisés—, pues cuentas con mi favor y te considero mi amigo” (33:17).
Aunque Moisés continúa orando en los mismos términos en el capítulo siguiente (34:9), lo glorioso aquí es que Dios ya no habla de abandonar a su pueblo. Tras su construcción, el tabernáculo estaría situado en medio de las doce tribus.
Tres breves reflexiones: (1) Estos capítulos ejemplifican la verdad de que Dios es un Dios celoso (Éx 20:5; 34:1–4). Que un ser humano sea celoso de otro ser humano es pecado; somos finitos, y somos llamados a ser administradores de lo que hemos recibido, no celosos por lo que los demás tengan o sean. Pero que Dios no fuese celoso de su propia gloria soberana sería un fallo muy importante: sería dejar de reivindicar su significado único como Dios, implícitamente asintiendo que las criaturas creadas a su imagen tienen derecho a la independencia. (2) Se dice unas cuarenta veces en el Antiguo Testamento que “Dios se arrepintió” de algo, o que cambia de opinión. Tales pasajes reflejan su interacción con otras personas. Cuando los cuarenta se leen juntos, aparecen ciertos patrones – incluida una integración de este “cambio de opinión” con su voluntad soberana. (3) Maravillosamente, cuando Moisés suplica ver la gloria de Dios, Dios promete manifestar su bondad (33:18–19). No es ningún accidente que la manifestación por excelencia de la gloria de Dios en el evangelio de Juan sea la cruz.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 81). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Israel!

¡Israel!

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21 MARZO

Éxodo 32 | Juan 11 | Proverbios 8 | Efesios 1

Éxodo 32 narra al mismo tiempo uno de los momentos más bajos y uno de los más altos de la historia de Israel.
Sólo unos meses después de la esclavitud en Egipto, la fe los israelitas demuestra ser tan floja, que la tardanza de Moisés en bajar de la montaña les ofrece la excusa perfecta para iniciar una nueva ronda de quejas. Su retraso no les incita a orar, sino que despierta en ellos la ingratitud insensible y el sincretismo sin norte. Incluso, el tono de sus quejas es despectivo: “porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!” (32:1).
Aarón se revela como un pusilánime blandengue, incapaz de imponer disciplina alguna, o bien no dispuesto a hacerlo. Carece absolutamente de firmeza teológica – no tiene ni siquiera las agallas de ser un pagano consecuente, puesto que sigue invocando el nombre del Señor mientras él mismo se dedica a fabricar el becerro de oro (32:4–5). Sigue siendo pusilánime cuando, desafiado por su hermano, insiste y responde de forma ridícula: “Ellos me dieron el oro, yo lo eché al fuego, ¡y lo que salió fue este becerro!” (32:24). A pesar de las promesas del pacto que habían hecho, muchos en la nación querían todas las bendiciones que pudiesen obtener de Yahvé, pero daban muy poca importancia a la naturaleza de sus propias obligaciones hacia su Creador y Redentor. Era un momento bajo de vergüenza nacional – pero no sería el último en su experiencia, ni en la historia de la Iglesia confesante.
¿Cuál era el momento álgido entonces? Cuando Dios amenaza con liquidar a toda la nación, Moisés intercede por ellos. En ningún momento sugiere Moisés que el pueblo no merezca ser liquidado, ni que no sean tan malos como algunos pudiesen pensar. Más bien, invoca la gloria de Dios. ¿Por qué actuaría Dios de tal manera que los egipcios pudiesen mofarse, diciendo que Dios no era lo suficientemente poderoso como para lograr el rescate (32:12)? Además, ¿no está obligado Dios a guardar sus promesas a los patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob (32:19)? ¿Cómo puede Dios renunciar a estas solemnes promesas? En último lugar, suplica el perdón de Dios (32:30–32), y si Dios no extiende su misericordia, Moisés no quiere fundar ningún otro pueblo (aunque él también está consumido por la ira, 32:19). Prefiere ser destruido junto con el resto del pueblo.
Aquí tenemos a un mediador extraordinario, un hombre cuyo corazón está centrado totalmente en Dios y su gracia salvífica y su revelación de sí mismo; un hombre que no presenta excusas por el comportamiento del pueblo, pero que, no obstante, se identifica tan plenamente con el mismo, que en caso de que el juicio cayese sobre ellos, suplica recibir también el castigo. He aquí un hombre que “se coloca en la brecha” (ver Ezequiel 13:3–5; 22:29–30).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 80). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“El buen pastor da su vida por las ovejas”

“El buen pastor da su vida por las ovejas”

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20 MARZO

Éxodo 31 | Juan 10 | Proverbios 7 | Gálatas 6

En la metáfora del pastor en Juan 10, Jesús continúa repasando el alcance y las aplicaciones de la misma, y de esta manera remata varios puntos, algunos de los cuales podremos recoger:
(1) Para los que conocen la Biblia, es difícil no pensar en Ezequiel 34. Allí, Dios denuncia a los falsos profetas de Israel, y declara repetidamente que vendrá un día cuando él mismo será el pastor de su pueblo, alimentándoles, dirigiéndoles, disciplinándoles. La insistencia por parte de Jesús en que, en lo que se refería a los pastores de Israel, los que le habían precedido “eran unos ladrones” (Juan 10:8), recordaría Ezequiel 34. Hacia el final de aquel capítulo de las Escrituras del Antiguo Testamento, Dios dice que pondrá sobre su rebaño a un solo pastor – su siervo David. Ahora, ha llegado este Pastor, uno con Dios (1:1), y además de la línea de David.
(2) Definiéndose como el “buen pastor”, Jesús dice luego que el “El buen pastor da su vida por las ovejas” (10:11). Aquí amplía la metáfora al máximo. En la vida real, un buen pastor arriesga su vida por las ovejas, y la puede perder. Pero no sacrifica voluntariamente su vida por las ovejas. Para comenzar, en este caso, ¿quién se encargaría de las otras ovejas? De todas formas, sería un acto poco apropiado: arriesgar la vida para salvar un rebaño de ovejas es una cosa, pero escoger morir por ellas sería desproporcionado. Una vida humana es de más valor que un rebaño de ovejas.
(3) Sin embargo, por si no hemos asimilado del todo la incongruencia de esta reivindicación por parte de Jesús, luego la expone con mayor claridad aun. No se trata de arriesgar su vida simplemente. No es ningún peón en medio de unas circunstancias amenazadoras: nadie puede arrancarle la vida. Él mismo la pone por iniciativa propia (10:18). De hecho el motivo por el cual el Padre continúa amándole es que el Hijo es perfectamente obediente – y es de acuerdo con el buen mandato del Padre el Hijo pone su vida (10:17; cf. Filipenses 2:6–8).
(4) Las ovejas de Jesús responden a su voz; otras le rechazan. La elección implícita está presente de forma constante en el pasaje (10:27–28).
(5) La misión de Jesús incluye no sólo ovejas de entre los propios israelitas, sino “otras ovejas que no son de este redil” (10:16). Pero si son ovejas de Jesús, sean judíos o gentiles, “escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor” (10:16). Aquí tenemos el cumplimiento de la promesa según la cual todas las naciones serían bendecidas en la descendencia de Abraham. Y es también por esto por lo que, a fin de cuentas, sólo puede haber una cabeza de la iglesia – Jesucristo mismo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 79). Barcelona: Publicaciones Andamio.

No hay más ciego que quien no se dé cuenta de su ceguera.

No hay más ciego que quien no se dé cuenta de su ceguera.

19 MARZO

Éxodo 30 | Juan 9 | Proverbios 6 | Gálatas 5

Igual que la alimentación de los cinco mil sirve de catalizador para el discurso acerca del pan de vida, del mismo modo la curación del hombre ciego de nacimiento en Juan 9 precipita una serie de comentarios más breves acerca de la naturaleza de la ceguera espiritual.

Algunas de las autoridades encontraban difícil creer que en realidad, el ciego hubiese nacido así. En tal caso, y si Jesús realmente lo había curado, esto expresaría algo acerca del poder de Jesús que no querían escuchar. En aquel entonces, igual que ahora, había numerosos “curanderos” por ahí, pero, por regla general, su actividad no era muy convincente; los menos ingenuos podían fácilmente descartar la mayor parte de la evidencia de sus éxitos. Pero otra cosa era devolver la vista a alguien que había nacido ciego – esto era algo inaudito en los círculos de los curanderos (9:32–33). Incapaces de responder ante el claro testimonio personal de este hombre, las autoridades recurren a los estereotipos y a los abusos personales (9:34).

Jesús lo encuentra de nuevo más adelante, le revela algo más de sí mismo, le invita a creer y acepta su adoración (9:35–38). Luego hace dos afirmaciones muy importantes:

(1) “Yo he venido a este mundo para juzgarlo, para que los ciegos vean, y los que ven se queden ciegos” (9:39). En cierto sentido, se trata de una inversión de condiciones, como el relato del rico y Lázaro (Lucas 16:19–31), o la parábola del fariseo y el recaudador de impuestos (Lucas 18:9–14) – un tema frecuente en los evangelios. Pero aquí se trata de una inversión en el área de la visión. Los que “ven”, con todos sus principios de sofisticado discernimiento, quedan ciegos ante lo que Jesús dice y hace, mientras que a los “ciegos”, los moral y espiritualmente equivalentes a este hombre ciego de nacimiento, Jesús muestra gran compasión, e incluso les devuelve la “vista”.

Algunos de los fariseos que oyen el comentario de Jesús, hombres orgullosos de su discernimiento, quedan tan atónitos, que preguntan a Jesús si alude a ellos cuando habla de los ciegos. Esto da lugar a su segunda afirmación.

(2) “Si fuerais ciegos, no seríais culpables de pecado, pero como afirmáis ver, vuestro pecado permanece” (9:41). Por supuesto que Jesús podía haber contestado que “sí” a su pregunta. Pero esto no habría puesto de manifiesto la gravedad de su estado. Al cambiar sutilmente la metáfora, Jesús remata este punto de otra manera. En lugar de afirmar que sus adversarios sean ciegos, señala que ellos mismos afirman poder ver, y de hecho ver mejor que nadie. Pero ahí está el problema: quien confía en su capacidad de ver no pide recibir la vista. Por lo tanto, (implícitamente) permanecen ciegos, con la ceguera culpable que caracteriza la autosatisfacción arrogante. No hay más ciego que quien no se dé cuenta de su ceguera.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 78). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Aunque yo os digo la verdad, no me creéis”

“Aunque yo os digo la verdad, no me creéis”

18 MARZO

Éxodo 29 | Juan 8 | Proverbios 5 | Gálatas 4

Dos comentarios acerca de Juan 8:12–51.

(1) Ya en Juan 7:7, Jesús dijo a sus hermanos: “El mundo no tiene motivos para aborreceros; a mí, sin embargo, me aborrece porque yo testifico que sus obras son malas.”. Tanto en su propia persona como en sus palabras contundentes, Jesús resulta tan ofensivo, que el mundo lo odia. Es la encarnación de Juan 3:19–21: “la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos”.

Juan 8 va más lejos aun. Jesús insiste en que cuando el diablo miente, “Cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!” (8:44). Luego Jesús añade, “Y sin embargo a mí, que os digo la verdad, no me creéis” (8:45).

Todo esto es asombroso. La primera cláusula de la frase no es concesiva, como si Jesús dijera: “Aunque yo os digo la verdad, no me creéis”. Esto ya sería suficientemente lamentable. Pero Jesús dice: “Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?” Ante semejante actitud, ¿qué opciones le quedan? ¿Debería decir la clase de mentiras dulces y suaves que a la gente acomodada le encanta escuchar? Esto le garantizaría una audiencia, pero es impensable que Jesús proceda de esta forma. Por lo tanto, sigue exponiendo la verdad, y precisamente por actuar así, sus oyentes no le creen. Cuando alguien está ciego, decirle la verdad es precisamente lo que le endurece. Enciende el odio ardiente que desemboca en la conflagración de la cruz.

(2) Jesús insiste en que “Abraham, vuestro padre, se regocijó al pensar que vería mi día” (8:56): lo que Jesús probablemente tenía en mente era la promesa que Dios hizo y reiteró a Abraham: que en su descendencia serían bendecidas todas las naciones de la tierra (Gen 12). Es improbable que Jesús esté diciendo que Abraham hubiese tenido una visión en la cual pudiese ver la vida y los tiempos de Jesús. Lo que quiere decir, más bien, es que Abraham conocía a Dios, creía las promesas de Dios en cuanto a su descendencia, y, por fe, contemplaba el cumplimiento de estas promesas, regocijándose en la perspectiva de aquello que aún no podía comprender plenamente: “lo vio y se alegró” (8:56). Pero, como mínimo, estas palabras significan que Jesús es el objeto y el cumplimiento de las promesas de Dios a Abraham y, por lo tanto le superaba en importancia. Además, si el Verbo eterno (Juan 1:1) había estado siempre con Dios, y era siempre Dios, incluso la contemplación de Dios por la fe por parte de Abraham era ni más ni menos que la contemplación de Aquel que se encarnó como Jesús de Nazaret. “Ciertamente os aseguro que” Jesús contesta “antes de que Abraham naciera, ¡yo soy!” – el mismo nombre del Dios de la alianza (Éxodo 3:14).

Cuando sus adversarios recogen piedras para matar a Jesús a causa de su segunda afirmación, demuestran la verdad de la primera.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 77). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Dignidad y honor”

“Dignidad y honor”

17 MARZO

Éxodo 28 | Juan 7 | Proverbios 4 | Gálatas 3

Las vestimentas sacerdotales prescritas por Dios (Éxodo 28) son coloridas y misteriosas. Tal vez ciertos detalles no tienen un peso simbólico específico, sino que forman parte del propósito del todo en su conjunto: revestir a Aarón y a sus hijos de “honra y dignidad” mientras alivian sus obligaciones sacerdotales (28:2, 40).

Algunos de los símbolos son evidentes. El pectoral del Sumo Sacerdote llevaba 12 piedras preciosas o semipreciosas, ordenadas en cuatro hileras de tres piedras en cada hilera, “una por cada uno de los doce hijos de Israel. Cada una de las piedras llevará grabada como un sello el nombre de una de las doce tribus” (28:21).

Al pectoral también se le llama “el pectoral para impartir justicia” (28:29). Probablemente, esto es porque lleva el Urim y Tumim. Tal vez, se trataba de dos piedras, una blanca y la otra negra. Se utilizaban en la toma de decisiones, pero nadie sabe con seguridad cómo era el procedimiento. Ante asuntos importantes, el sacerdote buscaba la presencia y la bendición de Dios en el templo y utilizaba el Urim y el Tumim, los cuales salían de alguna manera u otra, con lo que, bajo el cuidado providencial de Dios, recibían dirección y guía. De modo que, sobre su corazón, el Sumo Sacerdote tiene simultáneamente los nombres de las doce tribus, “para recordarlos siempre ante el Señor”, y el Urim y Tumim, “entre en el Lugar Santo”, llevando así “De esta manera, siempre que Aarón se presente ante el SEÑOR, llevará en el pecho la causa de los israelitas” (28:29–30).

Delante de su turbante, Aarón debe fijar una fina lámina de oro, en la cual estarán grabadas las palabras: “Santidad para el Señor” (28:36). “Esta placa estará siempre sobre la frente de Aarón, para que el Señor acepte todas las ofrendas de los israelitas, ya que Aarón llevará sobre sí el pecado en que ellos incurran al dedicar sus ofrendas sagradas” (28:38). De esto se desprende que “todas las ofrendas de los israelitas” eran principalmente diferentes ofrendas por el pecado, presentadas para expiar la culpa. El sacerdote, incluso con el simbolismo incorporado en su vestimenta, lleva la culpa a la presencia del Dios Santo, quien es el Único capaz de eliminarla. El texto da a entender que, si el sacerdote no ejerce esta unción, los sacrificios ofrecidos por los israelitas no serán aceptables ante Dios. La estructura compuesta del sacerdote/sacrificio/templo está cohesionada en una unidad completa.

Algunas de las siguientes meditaciones nos ayudarán a reflexionar en pasajes que anuncian la futura obsolescencia de este sistema, y que constituyen, por tanto, una proclamación de la venida del último sacerdote, la última comunidad de la alianza, la última autoridad para dar guía y dirección, la última ofrenda, el último templo. Su “dignidad y honor” no tienen límite (ver Apocalipsis 1:12–18).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 76). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Pan de vida”

“Pan de vida

16 MARZO

Éxodo 27 | Juan 6 | Proverbios 3 | Gálatas 2

Jesús declara que es el “pan de vida” (Juan 6:35), el “pan de Dios” (6:33).

El lenguaje que utiliza es metafórico, por supuesto. Esto queda muy claro en Juan 6:35, donde a la metáfora se le da una explicación, al menos parcial: “Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed”. Uno suele comer el pan; no “viene al pan” ni “cree en el pan”. Por lo tanto, lo que Jesús quiere decir por “comer el pan de vida” debe ser equivalente a lo que quiere decir el “venir a Jesús” y “creer en él”.

El “discurso del pan de vida” (así lo llaman) viene después del milagro de la multiplicación del pan y de los peces para dar de comer a los cinco mil (6:1–15). Allí, Jesús provee pan y pescado para alimentar a la multitud hambrienta. Estos eran los alimentos más básicos y esenciales en Galilea; proveyó lo que hizo falta para sostener la vida. Pero, en este evangelio, el evangelista explica que los milagros no son meras manifestaciones de poder. Son significativos; van más allá de ellos mismos, como si fueran señales. Este milagro no sólo apunta al hecho que Jesús provee pan, sino que, a otro nivel, es pan. Él es aquel alimento básico, primordial, aparte del cual no hay vida verdadera.

Además, él es el último maná (6:30–33). Sus interlocutores le recuerdan que Moisés proveía maná, “pan del cielo” (Éxodo 16), y quieren que él haga lo mismo. Al fin y al cabo, ya lo había hecho en la alimentación de los cinco mil. Si Jesús ha realizado este milagro una vez, ¿por qué no otra? ¿y otra, y otra? ¿No es lo que hacía Moisés?

Pero Jesús insiste en que la primera fuente del “pan del cielo” no era Moisés, sino Dios, y el último “pan del cielo” no era el maná del desierto, sino Aquel que bajó del cielo – Jesús mismo. Todos los que comieron el maná del desierto murieron, pero los que comen el último Pan del cielo, arquetipo del maná, no mueren nunca.

Los que viven en un contexto agrario comprenden que casi todo lo que consumen es algo que murió antes. Para nosotros, cuando pensamos en comida nos viene a la mente algo empaquetado. La realidad es que cuando comes una hamburguesa, comes parte de una ternera muerta, trigo muerto, lechuga muerta, tomates muertos y cebolla muerta. La principal excepción es algún que otro material como la sal. Los que escuchaban a Jesús, y los que antiguamente leían estas palabras, comprendían que estas cosas deben morir para que nosotros vivamos; si ellas no mueren, morimos nosotros. Jesús entrega su vida para que nosotros vivamos; o muere él o morimos nosotros. Él es el pan verdadero del cielo que entrega su vida para la vida del mundo (6:51).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 75). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“De tal palo tal astilla”

“De tal palo tal astilla”

15 MARZO

Éxodo 26 | Juan 5 | Proverbios 2 | Gálatas 1

Uno de los pasajes bíblicos más llamativos relativos a lo que significa confesar a Jesucristo como el Hijo de Dios es Juan 5:16–30.

En una cultura preindustrial, la mayoría de los hijos acaban haciendo lo mismo que hacía su padre. El hijo de un panadero se hace panadero; el hijo de un granjero, granjero. Este principio de “de tal palo tal astilla” permite a Jesús referirse a sus seguidores como “hijos de Dios”. Por lo cual, Jesús dice: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” (Mat 5:9). En otras palabras, Dios mismo es el pacificador por excelencia; por lo tanto, los pacificadores deberían actuar, en este aspecto, como Dios actúa, de modo que, en este aspecto, serán considerados como “hijos de Dios”.

Esta es la categoría funcional con la cual Jesús comienza su discurso en Juan 5:17. Cuando se le condena por trabajar en sábado, no ofrece una lectura diferente del significado del “sábado”, ni defiende que lo que él hacía no constituyese “trabajo”, sino que fuera un acto de misericordia o de necesidad; más bien justifica su actividad argumentando que sólo hace lo que su Padre. Su Padre trabaja, aun en el sábado (si no, la providencia se acabaría) y, por lo tanto él también trabaja.

Sus interlocutores perciben que esto es una reivindicación implícita de igualdad con Dios (5:18). Sin embargo, entienden mal a Jesús en un aspecto. Consideran esta reivindicación como blasfema, al elevar a Jesús al rango de “otro dios” – y tienen toda la razón al insistir que no hay más que un Dios. Jesús responde con dos consideraciones. En primer lugar, insiste que él está funcionalmente dependiente del Padre: “el hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente lo que ve que su padre hace” (5:19). Jesús no es ningún “centro divino”: queda subordinado al Padre. Segundo, no obstante, esta subordinación funcional está, por otro lado, anclada en el hecho de que este Hijo hace lo que el Padre hace (5:19). Los creyentes podemos ser “hijos de Dios” en ciertos aspectos, pero Jesús es el único Hijo de Dios, en el sentido de que “todo lo que el Padre haga, el Hijo también lo hace”. Si el Padre crea, también lo hace el Hijo: de hecho, el Hijo es el agente del Padre en la creación (1:2–3). En los siguientes versículos, el Hijo, igual que el Padre, levanta a personas de la muerte, y también será el agente del Padre en el juicio final.

Los musulmanes, con poca comprensión de la teología cristiana, se imaginan que la Trinidad cristiana está compuesta de Dios, María y Jesús. Dios tuvo relaciones con María y nació Jesús. Creen que esta idea es extraña y blasfema. Y tienen razón. Pero no es esto lo que nosotros creemos, ni lo que las escrituras enseñan. Ojalá estudiasen Juan 5.

Yo creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 74). Barcelona: Publicaciones Andamio.