La tierra que produce fruto

La tierra que produce fruto

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1 FEBRERO

Génesis 33 | Marcos 4 | Ester 9–10 | Romanos 4

alimentemos_el_almaLa “parábola del sembrador” (Marcos 4:1–20) tal vez debería llamarse más bien “la parábola de los terrenos”, puesto que lo que proporciona a esta parábola su vida y su profundidad, es la diversidad de los terrenos en las cuales la semilla es sembrada.

Puesto que Jesús mismo ofrece una interpretación de su propia parábola, no tendría que haber ninguna duda en cuanto a lo que quiere enfatizar mediante ella. La semilla es la “palabra”, es decir, la palabra de Dios, la cual equivale aquí al Evangelio, las buenas noticias del reino. Igual que los agricultores del mundo antiguo sembraban su semilla esparciéndola manualmente, está palabra es esparcida con amplitud. Parte de la semilla cae en una tierra que por un motivo u otro es inhóspita: quizá en la dura tierra de un camino, o quizá las aves vienen y se la comen antes de que pueda echar raíces en los surcos, o tal vez cae en medio de espinas, las cuales ahogan los nuevos brotes, o tal vez se trata de un terreno muy superficial con roca caliza justo por debajo, de modo que no puede echar raíces profundas, capaces de absorber la humedad necesaria para su crecimiento. Las semejanzas con respecto a las personas que reciben la palabra son evidentes. Algunos son duros, y resisten cualquier presentación de la palabra; otros se dejan cautivar rápidamente por las distracciones que Satanás les pone delante; los hay que encuentran que las pruebas y la prosperidad ahogan toda preocupación por las cuestiones espirituales; otros reciben la palabra con gozo, y parecen ser los más prometedores de todos, pero nunca echan raíces suficientemente profundas para sostener la vida. Pero gracias a Dios por la tierra que produce fruto, incluso a veces fruto abundante.

Hasta aquí, está bastante claro. No obstante, hay dos aspectos de esta parábola que merecen nuestra reflexión.

El primero es que esta parábola, como muchas de las otras, modifica la perspectiva más extendida de que con la llegada del Mesías habría una ruptura repentina y decisiva: los culpables y los sucios serían condenados, y los justos y los limpios disfrutarían de un régimen transformador. Así sería el reino final. Pero Jesús dibuja un escenario del reino algo diferente. En la parábola de la semilla de mostaza (4:30–32), por ejemplo, el reino se parece a un árbol cuyos comienzos son pequeños, pero que crece y llega a ser formidable; aquí se trata de crecimiento, no de transformación brusca y apocalíptica. Así también en la parábola del sembrador; durante un periodo, la palabra será esparcida extensamente y la gente responderá de maneras diferentes, con resultados muy diversos en cuanto al fruto producido.

El segundo aspecto es que no todos los que muestran las primeras señales de vida de reino llegan a echar raíces y llevan fruto. Esta verdad merece reflexión y exige autoexamen.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 32). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“sintió mucho miedo, y se puso muy angustiado”

“sintió mucho miedo, y se puso muy angustiado”

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31 ENERO

Génesis 32 | Marcos 3 | Ester 8 | Romanos 3

alimentemos_el_alma¡Qué transformación se ha producido en Jacob! (Génesis 32). A primera vista, por supuesto, no han cambiado muchas cosas. Deja Beerseba y se dirige hacia Padán-aram, temiendo por su vida; a su hermano Esaú, le sobraban motivos, desde su propia perspectiva, para matarle. Ahora, vuelve a casa, aterrado ante la posible reacción de su hermano. También en el plano superficial, se podría argumentar que han cambiado muchas cosas; Jacob era un hombre soltero cuando abandonó las tiendas de sus padres, llevándose prácticamente nada, mientras ahora retorna un hombre rico, casado y con muchos hijos.

Pero las diferencias más profundas entre los dos viajes se manifiestan en su actitud totalmente transformada hacia Dios. En su viaje de ida, Jacob no toma ninguna iniciativa en lo que se refiere a asuntos espirituales. No hizo más que quedarse dormido (Génesis 28). Es Dios quien interviene en su vida con la visión extraordinaria de una escalera que sube hasta el cielo. Al despertarse, Jacob reconoce que lo que ha vivido debe ser una especie de manifestación de parte de Dios (28:16–17), pero su respuesta es intentar negociar con Dios: si Dios le concede seguridad, prosperidad y un feliz regreso a casa al final, Jacob, en cambio, reconocerá a Dios y le entregará el diezmo.

Ahora todo ha cambiado. Es cierto que otra vez es Dios quien toma la iniciativa: Jacob se encuentra con unos mensajeros angélicos (32:1–2). Jacob decide actuar con prudencia y envía por delante a unos cuantos de su séquito para anunciar a Esaú que vuelve su hermano. Esto da lugar a una noticia inquietante: Esaú sale a su encuentro, pero con cuatrocientos hombres.

Por un lado, Jacob pone en marcha un plan que ha tramado anteriormente con gran esmero: una ola de regalos tras otra llega a Esaú, acompañados del más alto grado de cortesía y de respeto por parte de Jacob. Por otra parte, Jacob reconoce que las cosas están fuera de su alcance. Ya ha desaparecido el espíritu negociador “sintió mucho miedo, y se puso muy angustiado” (32:7). Jacob actúa, y luego ora pidiendo ayuda. Le recuerda a Dios las promesas del pacto, confiesa su propia indignidad, reconoce la gran cantidad de bienes que ha recibido inmerecidamente, confiesa la angustia que sufre (32:9–12). Y luego, en sus horas más oscuras, lucha con esta extraña manifestación de Dios mismo (32:22–30).

Han pasado unos veinte años desde que Jacob emprendió su viaje de ida. Algunas personas no aprenden nada en veinte años. Jacob sí ha aprendido humildad, tenacidad, temor piadoso y cómo orar. Nada de esto supone que esté tan paralizado por el miedo, que no haga nada excepto refugiarse en la oración. Más bien significa que hace lo que puede, convencido, sin embargo, de que la salvación viene del Señor.

Cuando amanezca el nuevo día, es posible que camine cojo, pero es un hombre más fuerte y maduro.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 31). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Oración, ayuno y limosnas

Oración, ayuno y limosnas

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30 ENERO

Génesis 31 | Marcos 2 | Ester 7 | Romanos 2

alimentemos_el_almaLos tres actos principales de piedad entre los judíos eran la oración, el ayuno y las limosnas (es decir, dar dinero a los pobres). Por lo tanto, cuando los discípulos de Jesús parecían más bien indiferentes delante del segundo de estos actos, era inevitable que esto despertara cierto interés. Los fariseos ayunaban, los discípulos de Juan ayunaban, pero el ayuno no era uno de los rasgos característicos de los discípulos de Jesús. ¿Por qué no? (Marcos 2:18–22)

La respuesta de Jesús es sobrecogedora: “¿Acaso pueden ayunar los invitados del novio mientras él está con ellos?” (2:19–20). Aquí tenemos a Jesús, profundamente consciente de quién es, del hecho de que él mismo es el novio mesiánico, y que en su presencia inmediata la respuesta apropiada es el gozo. Amanecía el reino; el rey ya estaba presente; el día de las bendiciones prometidas se inauguraba. Este no era tiempo para el duelo, señalado por el ayuno.

Sin embargo, cuando Jesús siguió diciendo que el novio llegaría a ausentarse de sus discípulos, y que este suceso sí sería motivo de duelo, es difícil que nadie realmente captara el significado de esta afirmación. Después de todo, con la llegada del Mesías, habría justicia y el triunfo de Dios. ¿Quién podría hablar de que el novio fuese arrebatado? La analogía del novio comenzaba a volverse más bien opaca.

Pero tras la muerte y resurrección de Jesús, tras su exaltación a la gloria, y la proclamación de la promesa de su retorno al final de los tiempos, las piezas comenzarían a encajar. Los discípulos experimentarían un terrible dolor durante los días en la tumba, antes de que la resurrección gloriosa de Jesús pusiese fin a su desesperanza. Y en un sentido atenuado, los discípulos de Jesús conocerían ciclos de sufrimiento, los cuales requerirían días de ayuno mientras afrontasen los ataques del Maligno y esperasen el retorno glorioso del Maestro. Pero ahora mismo, el duelo y el ayuno eran francamente incongruentes.

La verdad, según dice Jesús, es que, con el amanecer del reino, las estructuras tradicionales de la vida y de las formas de piedad se transformarían. No sería apropiado injertar lo nuevo en lo viejo, como si lo viejo fuese la estructura base – precisamente, de la misma manera que no es apropiado reparar un desgarrón en una pieza de ropa vieja mediante un parche de tejido nuevo y sin encoger, o usar un odre viejo y frágil para contener vino nuevo, aun en plena fermentación, cuyos gases sin duda harían que el odre explotase. Lo viejo no resiste lo nuevo; apunta hacia ello, le abre el camino y luego, le cede lugar. De la misma manera, Jesús prepara a los discípulos para encajar los cambios significativos que van a sobrevenir.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 30). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La importancia de las doce tribus en la narrativa bíblica

La importancia de las doce tribus en la narrativa bíblica

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29 ENERO

Génesis 30 | Marcos 1 | Ester 6 | Romanos 1

alimentemos_el_almaCuando era niño e iba a la escuela dominical, aprendí los nombres de las doce tribus de Israel mediante un coro sencillo: “Estos son los nombres de los hijos de Jacob: / Gad, Aser y Simeón / Rubén, Isacar y Leví / Judá, Dan y Neftalí- Doce en total pero nunca en pares / Zabulón, José y Benjamín.”

Pero hicieron falta muchos años más para que comprendiera la importancia que tienen las doce tribus en la narrativa bíblica. La organización de la nación de Israel depende de que se apartase a una tribu, los levitas, como sacerdotes. De otra tribu, la de Judá, nace la dinastía davídica, la cual culmina en el nacimiento del Mesías. Al cabo de varios siglos, la tribu de José se vería dividida en dos: Efraín y Manasés; en gran parte, Benjamín se uniría a Judá. En el último libro de la Biblia, vemos cómo las doce tribus del Antiguo Testamento constituyen un contrapunto con respecto a los doce apóstoles del nuevo: esta clave 12 por 12 (es decir 144 en términos del simbolismo de este texto apocalíptico) engloba de hecho a todo el pueblo de Dios.

Pero ¡qué sórdidos son los comienzos tal como se relatan en Génesis 30! El engaño de Labán en Génesis 29, como resultado del cual Jacob acabó casándose tanto con Lea como con Raquel, ahora desemboca en uno de los episodios más feos de rivalidad entre hermanos de todas las Escrituras. Cada una de las mujeres de esta familia tiene tantas ansias de destacar con respecto a la otra, que está dispuesta a entregar su criada a su marido para evitar que la otra le aventaje en la carrera para dar a luz. Tan egocéntricas e impetuosas son las relaciones aquí descritas, que otra vez más Raquel llega a vender la intimidad sexual con su marido a su hermana Lea a cambio de un par de mandrágoras. La poligamia se ha establecido, junto con el caos de relaciones distorsionadas a la que da lugar.

De estas relaciones dolorosas y francamente disfuncionales, nacen 11 hijos y una hija (el nacimiento de Benjamín se relata en el capítulo 35). He aquí los orígenes de las doce tribus de Israel, los cimientos de la nación israelita, unos orígenes que no son peores que los de cualquier otra nación, sino que son sencillamente típicos. Pero una cosa ya va quedando clara: Dios no se asocia con esta familia porque esta sea algo superior a las demás familias. Más bien, escoge usarla a fin de mantener sus promesas a Abraham, Isaac y Jacob. Por gracia, persevera con ellos a fin de llevar a cabo sus grandes propósitos redentores. Ni la sórdida dinámica familiar, la cual podría constituir el argumento de una película de segunda categoría, es capaz de impedir que el Soberano del universo mantenga las promesas de su pacto.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 29). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“¡Bien hecho!”

“¡Bien hecho!”

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28 ENERO

Génesis 29 | Mateo 28 | Ester 5 | Hechos 28

alimentemos_el_almaLa frase que concluye Mateo 28 es sobrecogedora: “Y os aseguro que estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo” (28:20). Por supuesto, se trata de una gran promesa por parte del Cristo resucitado a su pueblo, poco antes de su ascensión. Pero el contexto nos revela que aquí no se trata de ninguna garantía generalizada y nada más, sino que estas palabras van ligadas a la Gran Comisión. ¿Cuál es la conexión entre las dos cosas exactamente? O, para indagar un poco más en el significado de la promesa, ¿por qué se encuentra esta promesa de estar con sus discípulos hasta el fin añadida al final de su afirmación de su propia autoridad y del mandato de que hagan discípulos a todos, en todas partes?

Hay que reconocer aquí que estas palabras no se expresan en ninguna forma condicional, ni ocultan una velada amenaza. Jesús no dice: “Si hacéis discípulos yo estaré con vosotros, hasta el fin del mundo”; y mucho menos, “Si no hacéis discípulos no estaré con vosotros.” Sin embargo, no deja de haber aquí una conexión entre una cosa y la otra. ¿Cuál es?

Dicha conexión es tan general, que sospecho que lo que viene a decir es que la presencia de Jesús es la clave por la que vamos obedeciendo la Gran Comisión – es decir, es la experiencia de los que obedecen, y al mismo tiempo el marco que da sentido a nuestra obediencia. Conocemos y experimentamos la presencia de Jesús de acuerdo con la promesa, y damos testimonio de esta realidad mientras proclamamos quién es él, qué es lo que ha hecho, y qué es lo que manda. Aunque sea objetiva la verdad del evangelio que anunciamos, no la proclamamos únicamente porque sea verdad, sino porque nosotros mismos hemos experimentado su poder salvador y transformador. Por lo tanto, no sólo proclamamos esta verdad, sino que la llevamos como testimonio personal a ella y a Jesús mismo. No somos meros heraldos de ciertos hechos en los cuales no estemos involucrados personalmente, sino que somos discípulos comprometidos con la tarea de hacer otros discípulos.

Que no nos extrañe que, mientras vayamos cumpliendo nuestra misión, la presencia prometida de Jesús se aprecie cada vez más. Porque le conocemos y porque experimentamos su presencia transformadora en nuestras propias vidas, evangelizamos, bautizamos, instruimos y discipulamos – y, así, descubrimos que le vamos conociendo mejor, y experimentamos más y más esta presencia transformadora en nuestras vidas. La promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo resulta ser entonces la clave por la que obedecemos la Gran Comisión, siendo simultáneamente el cimiento y la meta, la base y la recompensa. ¿Cómo podría ser de otra manera? Le servimos porque le amamos y porque anhelamos oír las palabras benditas: “¡Bien hecho!” al final de nuestro trayecto aquí.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 28). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Casa de Dios”

“Casa de Dios”

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27 ENERO

Génesis 28 | Mateo 27 | Ester 4 | Hechos 27

alimentemos_el_almaEl nombre Bet-el significa “Casa de Dios”. Me pregunto cuántos son los refugios cristianos, los seminarios y colegios bíblicos, las iglesias y las casas que han escogido este nombre para adornar sus letreros y sus membretes.

No obstante, los sucesos que condujeron a este nombre en su origen (Génesis 28) constituyen una mezcla ambivalente. Aquí tenemos a Jacob, cubriendo apresuradamente la gran distancia que le separa de su tío Labán. A primera vista, busca una esposa piadosa – pero este motivo de su viaje está más en la mente de Isaac que en la de su hijo Jacob. En realidad, este intenta poner a salvo su vida, como el capítulo precedente da a entender de forma muy clara: quiere evitar la muerte a manos de su propio hermano como consecuencia de su acto sórdido de traición y engaño. A juzgar por lo que pide a Dios, corre el peligro de quedarse sin comida y ropa adecuada, y ya añora a su familia (28:17).

Por su parte, Dios reitera los términos esenciales del pacto que hizo con Abraham al nieto de este. La visión de la escalera abre la perspectiva del acceso a Dios, de una relación inmediata entre Dios y un hombre que, hasta este momento, ha actuado más por la conveniencia que por los principios. Dios promete que sus descendientes se multiplicarán y que recibirán la tierra. La gran expansión de estos descendientes se repite: “y todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia” (28:14). Incluso en la esfera más personal, Jacob no será abandonado, puesto que Dios declara: “Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas, y te traeré de vuelta a esta tierra. No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido.” (28:15).

Una vez despierto tras este sueño, Jacob erige un altar y llama este sitio Betel. No obstante, en gran parte sigue siendo el mismo artero que antes. Hace una promesa a Dios: Si Dios hace esto y lo otro, si saco de este acuerdo todo lo que quiero y a lo que aspiro “entonces el Señor será mi Dios” (28:20–21).

¡Y Dios no le fulmina! El relato sigue: Dios cumple sus promesas, y mucho más. Todas las condiciones exigidas por Jacob se cumplen. Uno de los grandes temas de las Escrituras es que Dios se encuentra con nosotros allí donde estemos: en medio de todas nuestras inseguridades, del carácter condicional de nuestra obediencia, de nuestra mezcla de fe y duda, de temor hacia Dios y de autointerés, de comprensión sublime y necedad. Dios no se revela únicamente a los grandes ni a los héroes espirituales, sino a nosotros mismos, allí donde esté nuestro Betel.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 27). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La providencia es misteriosa

La providencia es misteriosa

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26 ENERO

Génesis 27 | Mateo 26 | Ester 3 | Hechos 26

Los cuatro pasajes escogidos para hoy tienen algo que decir sobre la providencia de Dios.

alimentemos_el_almaGénesis 27 es, en muchos sentidos, un relato patético y sucio. Anteriormente Esaú había despreciado su herencia (25:34). Y ahora su hermano recurre a una artimaña para llevársela. Con el fin de lograrlo, Jacob encuentra ayuda y apoyo en Rebeca, quien de este modo, muestra favoritismo hacia uno de sus hijos y deslealtad hacia su marido. Esaú pierde los estribos y no se hace responsable de sus actos. Al contrario, abriga su rencor muy dentro suyo, y comienza a tramar el asesinato de su hermano. Para la familia que constituye la línea mesiánica, las cosas no van muy bien.

No obstante, los que han leído este texto dentro del contexto de toda la narrativa se acordarán de que Dios mismo le había dicho a Rebeca, antes del nacimiento de los gemelos, que el mayor serviría al menor (25:23). Tal vez sea este uno de los motivos por los cuales hizo lo que hizo; parece que creía que Dios necesitaba un empujón para que fuese fiel a su promesa. No obstante, tras estas acciones sucias y malas, Dios sigue llevando a cabo su propósito: conducir el hilo de la promesa a la conclusión que ha determinado. Por supuesto que Dios podía haber hecho que primero naciese Jacob, si este era quien había de continuar la línea mesiánica. En lugar de ello, Esaú nace primero, pero es Jacob quien había sido escogido, como si fuese para proclamar que, por importante que sea la línea, la elección soberana de Dios lo es mucho más que cualquier jerarquía humana de prioridades, más que la mera primogenitura.

En Mateo 26, las autoridades organizan una conspiración nefasta para corromper la justicia con el fin de resolver un problema político: Judas, un miembro del círculo más cercano a Jesús, vende a su maestro; Jesús se encuentra en medio de una terrible angustia en el huerto de Getsemaní; es arrestado, traicionado por un beso; el Sanedrín condena a su preso; Pedro niega conocer a Jesús. No obstante ¿quién se atrevería a afirmar, en el curso de la narrativa del libro, que Dios no mantiene el control soberano con el objeto de llevar a cabo el fin que él desea? Jesús acabará dando su vida “en rescate por muchos” (20:28), y todos los fracasos, todo el dolor, todo el pecado que relata este capítulo desembocan en la redención.

El libro de Ester ni siquiera menciona el nombre de Dios, pero aquí también, incluso el genocidio masivo tramado por Amán y aprobado por el gobierno, constituye un paso más hacia la salvación. Y Pablo (Hechos 26) aparentemente habría sido puesto en libertad si no hubiese apelado al Cesar – sin embargo, precisamente esta apelación es lo que le lleva al final a proclamar el evangelio desde el mismo corazón del imperio.

La providencia es misteriosa. Nunca se debe invocar para justificar actos injustificables, ni para restar importancia a la seriedad del pecado: Isaac y su familia no son trigo limpio, Judas es un desgraciado mentiroso, Amán es un ser vil, y el tribunal romano que enjuicia a Pablo es corrupto. No obstante prevalece la soberanía de Dios, detrás del escenario, logrando gloria de lo más putrefacto, y honra de la vergüenza.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 26). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La parábola de la oveja y las cabras

La parábola de la oveja y las cabras

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25 ENERO

Génesis 26 | Mateo 25 | Ester 2 | Hechos 25

alimentemos_el_almaLa parábola de la oveja y las cabras (Mateo 25:31–46) llama nuestra atención sobre los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los enfermos y los encarcelados. Tiene mucho que decirnos en un mundo donde los pobres, los desgraciados y los menos afortunados pueden verse descartados con tanta facilidad, situados en la periferia de nuestro campo de visión. Aquí, Jesús, el Hijo del Hombre y el Rey, proclama: “Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, por mí lo hicisteis” (Mateo 25:40; ver también v. 45). ¿No significa esto que, de alguna manera, cuando servimos a los desgraciados servimos a Cristo? ¿No significa que esta se convierte en una marea característica – incluso la marea distintiva – de los verdaderos seguidores de Jesucristo?

Así es como se suele interpretar esta parábola, y lejos de mí llevar la contraria, puesto que siempre es de vital importancia que los que conocen y siguen al Dios Viviente exhiban esta vida en Dios mediante la compasión, el servicio y la abnegación. No cabe duda de que el resto de las Escrituras tienen muchísimo que decir acerca de nuestro compromiso con los pobres.

Sin embargo, es poco probable que este sea el meollo de la cuestión en esta parábola. Otra antigua corriente interpretativa es mucho más plausible. Hay dos elementos en la parábola que esclarecen el asunto. En primer lugar, Jesús insiste en que lo que hacían las ovejas y lo que no hacían las cabras se hacía o no hacía “por uno de mis hermanos” (25:40; ver también el v. 45). Resulta abrumadora la evidencia de que esta expresión no abarca a todos los que sufren, sino a los seguidores de Jesús que sufrían. El énfasis no está en la compasión en sus dimensiones genéricas, por mucha importancia que se dé a esta en otras partes, sino en la compasión mostrada hacia los seguidores de Jesús que padecen hambre o sed, que estén desnudos, enfermos o en la cárcel.

En segundo lugar, tanto las ovejas como las cabras (25:37–41, 44) se sorprenden al pronunciar Jesús su veredicto en función de la manera como ellos han tratado a los más humildes de sus hermanos. Si Jesús estuviese refiriéndose a la compasión en términos generales, es difícil comprender por qué esto produciría sorpresa. Lo importante aquí es la identificación por parte de Jesús con los que han recibido (o no han recibido) ayuda – y esta es una característica recurrente y permanente de la religión bíblica. Por ejemplo, cuando Saulo persigue a los cristianos, persigue a Jesús (Hechos 9:4). Los verdaderos seguidores de Jesús harán todo lo que esté a su alcance para ayudar a otros seguidores de Jesús, especialmente a los más humildes y más despreciados entre ellos; otros no sentirán ninguna inclinación especial en este aspecto. He aquí lo que separa las ovejas de las cabras (25:32–33).

Entonces, ¿cómo tratas a otros creyentes, incluso a los más humildes?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 25). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor” (Mateo 24:42).

“Despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor

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24 ENERO

Génesis 25 | Mateo 24 | Ester 1 | Hechos 24

alimentemos_el_almaEn medio de tiempos tempestuosos, los cristianos han caído a menudo en la tentación de fijar fechas para el retorno de Jesús – en casi todos los casos, diciendo que esto ocurriría dentro de una generación a partir de la fecha de la predicción. En Mateo 24:36–44, sin embargo, Jesús insiste en que el tiempo de este acontecimiento queda oculto. No podemos conocerlo, y no deberíamos intentar conocerlo.

Para ser más preciso, el texto dice dos cosas:

En primer lugar, no sólo se trata de un secreto que el Padre se guarda para sí sólo, sino que cuando se produzca el juicio será repentino, inesperado e irrevocable. Esta es la verdad que Jesús señala al compararlo con la llegada repentina del Diluvio: “La venida del Hijo del hombre será como en tiempos de Noé” (24:37). El punto que quiere enfatizar no es que la gente de los últimos tiempos sea tan mala como la gente que vivía en los tiempos del Diluvio. Esto puede que sea, o no, así, pero no es lo que Jesús enseña aquí. “Porque en los días antes del diluvio comían, bebían y se casaban y daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca” (24:38). El Diluvio les sorprendió y los destruyó por completo. “Así será en la venida del Hijo del hombre” (24:39). “Estarán dos hombres en el campo: uno será llevado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo: una será llevada y la otra será dejada.” (24:40–41). El fin de los tiempos será repentino e inesperado.

En segundo lugar, es lógico (“Por lo tanto…” 24:42) que los sirvientes fieles estén siempre listos. Evidentemente, el propietario de una vivienda en un barrio problemático ignora cuándo llegará un ladrón. Pero toma tales precauciones que siempre está preparado. De lo que se trata aquí no es de que el retorno de Jesús al final de los tiempos sea encubierto – como la llegada de un ladrón-, sino, más bien de que aunque desconocemos cuándo se producirá, de lo que sí podemos estar seguros es de que se producirá, y su pueblo debe estar preparado de la misma manera que el propietario de la vivienda ha de estarlo para la llegada del ladrón (la cual también ocurre en un momento imprevisible). “Por eso también vosotros debéis estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperéis” (24:44).

¿Qué os gustaría estar haciendo, diciendo, pensando o planificando cuando Jesús vuelva? ¿Qué no os gustaría estar haciendo, diciendo, pensando o planificando? Jesús nos dice que siempre nos mantengamos “despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor” (24:42).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 24). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“sepulcros blanqueados”

sepulcros blanqueados

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23 ENERO

Génesis 24 | Mateo 23 | Nehemías 13 | Hechos 23

alimentemos_el_almaEl lenguaje de Mateo 23 es francamente chocante. Jesús pronuncia repetidamente sus “ayes” sobre los fariseos y maestros de la ley, tildándoles de “hipócritas”, llamándoles “guías ciegos” y “Ciegos insensatos”, comparándoles con “sepulcros blanqueados” que “Por fuera lucen hermosos pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre.” Les llama “Serpientes”, “camada de víboras”. ¿Qué es lo que provoca un lenguaje tan poco mesurado por parte del Señor Jesús?

Estas personas reúnen esencialmente tres características que despiertan la ira de Jesús.

En primer lugar está una pérdida de perspectiva, la cual, con respecto a la revelación de Dios, enfatiza lo trivial a expensas de lo que es realmente importante. Son fastidiosos en lo que se refiere al diezmo, hasta tal punto que llegan a apartar la décima parte de las hierbas que se cultivan en los huertos, mientras se quedan indiferentes ante las grandes cuestiones de la justicia, la misericordia y la fidelidad (23:23). Jesús aclara, por supuesto, que no resta importancia a los asuntos relativamente secundarios: sus interlocutores no deberían dejar de lado esto asuntos, puesto que se trata, al fin y al cabo, de prescripciones mandadas por Dios. No obstante, enfatizar estas cosas y al mismo tiempo no tomar en serio los temas de mayor peso es como “Coláis el mosquito pero os tragáis el camello.”. Asimismo, articular un cuerpo de reglas que enseñan cuando es importante decir la verdad y cuando podemos mentir con la conciencia tranquila (23:16–22) no sólo implica negar la importancia fundamental de la verdad, sino que implícitamente niegan que el universo entero pertenece a Dios, y que cada vez que asumimos una promesa, lo hacemos delante de él.

La segunda característica es su amor hacia las formas externas de la religión, con poca experiencia de una naturaleza transformada. Buscar el reconocimiento como gran líder religioso, que te honre toda la comunidad, que te consideren un santo, un modelo religioso, mientras en tu fuero interno estás consumido por la avaricia, la auto-complacencia, la amargura, la rivalidad y el odio es un mal profundo (23:5–12, 25–32).

La tercera acusación que les dirige es que, al desempeñar el papel de enseñadores, estos líderes difunden este veneno y contaminan a los demás, sea por precepto o por ejemplo. No sólo no entran ellos en el reino, sino que impiden la entrada a otros (23:13–15).

¿Cuántos líderes evangélicos hoy día invierten la mayor parte de sus fuerzas en asuntos periféricos, y muy pocas en las grandes cuestiones de la justicia, la misericordia y la fidelidad – en nuestras familias, nuestras iglesias, en el lugar de trabajo, en todas nuestras relaciones y en la nación. ¿A cuántos de entre nosotros nos importa más que nos consideren sabios y santos que ser sabios y santos? ¿Cuántos acaban así por traer la condenación a sus oidores, mediante su mal ejemplo y por su gradual alejamiento del evangelio y de todo lo que este conlleva?

Nuestra única esperanza reside en este Jesús que, aunque denuncia con tanta ferocidad esta escandalosa culpabilidad, también llora sobre la ciudad (Mateo 23:37–39; Lucas 19:44).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 23). Barcelona: Publicaciones Andamio.