Es un retrato precioso

Por Amor a Dios

Un devocional para apasionarnos por la Palabra

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12 ENERO

Génesis 13 | Mateo 12 | Nehemías 2 | Hechos 12

alimentemos_el_almaEs un retrato precioso. Jesús es tan tierno y manso, que, cuando encuentra “la caña quebrada” (Mateo 12:20), en lugar de romperlo sin más, lo vuelve a enderezar con la esperanza de que cobre nueva vida. Si la mecha de una vela queda reducida a una punta apenas humeante, en lugar de apagarla del todo, Jesús sopla hasta que la llama vuelve a avivarse. Así es como actuará, según se nos dice aquí, hasta que “lleve la justicia hasta su última victoria. En su nombre todas las naciones pondrán toda su esperanza” (12:20–21).

Estas palabras proceden de Isaías 42:1–4, uno de los textos de Isaías que hablan del “Siervo Sufriente”. Mucha gente esperaba a un Mesías que llegara con un poder decisivo e irresistible, y que trajera justicia a la tierra, o al menos a Israel. Pero parece poco probable que hubiese mucha gente que relacionase al Rey venidero con el Siervo de Isaías. Por esta razón la idea de un reino que naciera a partir de la mansedumbre y de la bendición, y que pareciese poco contundente con respecto al juicio divino, no era en absoluto lo que se esperaba. No obstante, aquí tenían a Jesús que iba sanando a los enfermos entre la gente – advirtiéndoles a todos que no revelasen quién era (12:15–16). No es de extrañar, entonces, que Mateo viese en tal conducta un cumplimiento directo de las bellas palabras de Isaías.

Incluso los versículos que hay alrededor de estos apuntan hacia el mismo tema. Mientras Jesús sana a alguien en sábado, sus adversarios intentan asesinarlo por violar la ley del sábado (12:9–14); mientras Jesús expulsa demonios de una víctima desgraciada, sus adversarios le acusan de ser el mismo diablo (12:22–28). La dureza de estos, en nombre de una supuesta ortodoxia, contrasta vívidamente con la gentileza de Jesús.

Además de las grandes implicaciones cristológicas, este texto revela algo de la naturaleza del reino en el cual los cristianos han sido incorporados, y por tanto de la conducta que se nos exige. Por un lado, como Mateo ya ha explicado en el capítulo anterior, los testigos de Jesús son llamados a un coraje santo y valiente, una fidelidad firme al Evangelio que nos haga estar dispuestos a sufrir el ostracismo e incluso la persecución. Pero no debemos exhibir aquella clase de “fuerza” que sea dura o severa, ni aquella clase de “justicia” que esté llena de indignación y condescendencia, ni ningún coraje que esté privado de compasión, ni aquella clase de testimonio que sólo sepa quejarse o manipular. Seguimos al Señor Jesús, quien dice a sus discípulos: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, porque yo soy manso y humilde de corazón” (11:20). Esto quiere decir que nosotros también, mientras proclamamos “justicia a las naciones” (12:18), debemos optar por no discutir ni gritar por las calles, acompañados por los sonidos estrepitosos de los címbalos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 12). Barcelona: Publicaciones Andamio.

«Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan»

Por Amor a Dios

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11 ENERO

Génesis 12 | Mateo 11 | Nehemías 1 | Hechos 11

alimentemos_el_almaEste texto, Génesis 12, constituye un punto de inflexión en el desarrollo del plan de Dios para la redención. A partir de ahora, el centro de la actividad de Dios no serán los individuos esparcidos aquí y allá, sino una raza, una nación. Este punto de inflexión hace que los documentos del Antiguo Testamento sean tan profundamente judíos. Y en última instancia, de esta raza nacen la ley, los sacerdotes, la sabiduría, los patrones de las relaciones con Dios de acuerdo con la alianza, los oráculos, las profecías, las lamentaciones y los salmos – una amplia variedad de instituciones y textos que apuntan, de maneras cada vez más patentes, a una nueva alianza, predicha por los profetas de Israel.

Incluso en este nuevo pacto con Abraham, Dios incluye una promesa que ya expande los horizontes más allá de Israel, una promesa que aparece una y otra vez en la Biblia. Dios dice a Abraham, “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!” (12:3). Por si no hemos captado la importancia de esta promesa, el libro de Génesis la vuelve a repetir (18:18, 22:18; 26:4; 28:14). Al cabo de un milenio, esta promesa se centra, no en la nación en su conjunto, sino en uno de los más grandes reyes de Israel: “Que su nombre perdure para siempre; que su fama permanezca como el sol. Que en su nombre las naciones se bendigan unas a otras; que todas ellas lo llamen dichoso.” (Salmo 72:17). El “profeta evangélico” a menudo articula la misma amplitud de visión (p.ej., Isaías 19:23–25). Los primeros predicadores de la iglesia, tras la resurrección de Jesús, comprendieron que la salvación que trajo Jesús era el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham (Hechos 3:25). El apóstol Pablo hace la misma conexión (Gálatas 3:8).

Aunque el texto de Génesis no lo cita explícitamente, este mismo planteamiento – que la última intención de Dios era, desde el principio, incorporar a seres humanos de toda raza en la nueva humanidad que está constituyendo – aparece de múltiples maneras. De hecho, aparte de este texto, dos de las tres lecturas restantes de hoy apuntan hacia la misma dirección. En Mateo 11:20–24, Jesús dice con absoluta claridad, y usando un lenguaje perturbador, que en el último día las ciudades paganas, aunque sean castigadas, lo serán con menos severidad que las ciudades de Israel que habían gozado del privilegio de escuchar a Jesús directamente y de ver sus milagros, pero sin llegar a las conclusiones correctas. La invitación que extiende es amplia: “Venid a mí todos vosotros que están cansados y agobiados, y yo os daré descanso.” (Mateo 11:28). Y en Hechos 11, Pedro relata ante la iglesia en Jerusalén su experiencia con Cornelio y su casa, tras lo cual concluyen lo siguiente: “¡Así que también a los gentiles les ha concedido Dios el arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:18).

Cristo recibe la alabanza desenfrenada del cielo, porque con su sangre había comprado a multitudes de personas para Dios “de toda raza, lengua, pueblo y nación.” (Apocalipsis 5:9; ver la meditación del 15 de diciembre).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 11). Barcelona: Publicaciones Andamio.

“Rogad, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo.” (Mateo 9:38)

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10 ENERO

Génesis 11 | Mateo 10 | Esdras 10 | Hechos 10

alimentemos_el_almaConmovido cuando la muchedumbre le recuerda ovejas sin pastor, Jesús manda a sus discípulos que “Rogad, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo.” (Mateo 9:38) – y luego organiza una misión formativa para los doce que constituyen su círculo más estrecho (Mateo 10). Hay muchas cosas que podemos aprender de este episodio, que, a juzgar por el lenguaje que emplea (p.ej., 10:18), sirve para Jesús como una especie de precursor de una misión a largo plazo. Aquí me centraré en sólo un aspecto.

Este aspecto, será el grado de conflicto que Jesús anticipa en este proyecto evangelístico. Algunas comunidades rechazarán a los seguidores de Jesús (10:11–14). Más adelante, aunque su testimonio llegue a los niveles más altos del gobierno, estos mismos gobiernos aplicarán sanciones muy severas (10:17–19). Las prioridades del evangelio dividirán familias, hasta tal punto que algunos familiares llegarán a traicionar a otros (10:21, 35). En los peores momentos de la persecución, los cristianos huirán de un centro a otro (10:22–23). En algunos casos, el resultado final es el martirio (10:28).

Cualquiera que tenga incluso los mínimos conocimientos de la historia sabe con qué frecuencia estas profecías se han cumplido. El hecho de que Occidente se ha librado durante tanto tiempo de los peores rasgos de la persecución de este tipo nos ha hecho bajar la guardia – incluso, los cristianos podemos llegar a pensar que la sociedad nos debe una vida libre de problemas. Sin embargo, a medida que el legado judeocristiano se va debilitando, es posible que nos encontremos inmersos en realidades conocidas por los especialistas en misiones, pero que la mayoría de nosotros ignoramos: durante el último siglo y medio, se ha convertido más gente, y ha habido más mártires, que durante los primeros dieciocho siglos de la era cristiana.

¿Dónde encontraremos estabilidad en tiempos así? Este capítulo repasa varias preciosas fuentes de apoyo: reconocer que Jesús, nuestro Maestro, era objeto de odio antes de nosotros (10:24–25); asegurarnos de que al final se hará justicia, y de que todo el mundo lo verá (10:26–27); reconocer que donde hay un temor apropiado a Dios, no cabe el miedo al hombre (10:29–31); ayudar a los demás a comprender que aceptar al testigo de Cristo es aceptar a Cristo, y recibir a Cristo es recibir a Dios (10:40); considerar la promesa de Cristo mismo que las recompensas eternas no fallarán (10:41–42).

En cualquier caso, está en juego un principio fundamental: Así es como los cristianos enfocan las cosas; de hecho, forma parte íntegra de la identidad del cristiano. “y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que la pierda por mi causa, la encontrará.” (10:38–39).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 10). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Esperanza de vida

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9 ENERO

Génesis 9–10 | Mateo 9 | Esdras 9 | Hechos 9

A pesar del alcance universal del castigo que significó, el Diluvio no sirvió para cambiar la naturaleza humana. Dios sabe muy bien que el asesinato, cometido por primera vez por Caín, volverá a ocurrir. Ahora se prescribe la pena capital (Génesis 9:6), no como medida disuasoria – la disuasión no se menciona para nada – sino para señalar que el asesinato pertenece a una categoría distinta de pecado, en cuanto que consiste en matar a un ser creado a la imagen de Dios. Pero hay otras señales de la persistencia del pecado. La promesa que Dios hace, sellada por el arco iris, que nunca más destruirá el mundo de aquella manera (9:12–17), es relevante, no en el sentido de apabullar tanto al ser humano, que no tiene más remedio que someterse, sino justamente porque Dios es perfectamente consciente de que volverá a producirse el mismo escenario una y otra vez. Y el mismo Noé a quien, con respecto a sus años anteriores al Diluvio, Pedro llama, con razón, “predicador de la justicia” (2 Pedro 2:5), ahora queda retratado como un borracho, con sus relaciones familiares en vías de desintegrarse.

Pero hay otro paralelo entre estos capítulos de Génesis y lo que ocurría antes del Diluvio. A pesar de las garras del pecado, hay individuos como Abel, cuyos sacrificios agradaban a Dios; hay personas que reconocen su gran necesidad de Dios, e invocan el nombre de Dios (4:26); está Enoc, séptimo desde Adán, que “anduvo fielmente con Dios” (5:22). En otras palabras, hay una raza dentro de la raza, una raza más pequeña, no intrínsecamente superior a la otra, mas dispuesta a la relación con Dios de tal manera que se dirige de hecho en una dirección totalmente distinta. Escribiendo al principio de del siglo V, Agustín de Hipona en el norte de África encuentra en estos primeros capítulos los comienzos de dos humanidades, dos ciudades – la ciudad de Dios y la ciudad de los hombres. (Véanse también la reflexión para el 27 de diciembre) El contraste se va desarrollando de varias maneras a lo largo de la Biblia, hasta que el libro de Apocalipsis lo hace entre Babilonia y la nueva Jerusalén. Empíricamente, los creyentes pertenecen a las dos ciudades; en lo que se refiere a su lealtad, pertenecen a una ciudad o a la otra.

Las mismas distinciones se restablecen después del Diluvio. La raza pronto demuestra que los problemas de rebelión y pecado están profundamente arraigados: constituyen una parte íntegra de nuestra naturaleza. No obstante, las distinciones también reaparecen. Mientras el pacto que Dios hace, según el cual promete no destruir jamás la tierra de la misma manera, es un pacto con todo ser viviente (9:16), los hijos de Noé se dividen, igual que los hijos de Adán. El ciclo tedioso vuelve a comenzar, pero no sin esperanza: la ciudad de Dios nunca se descarrila por completo, sino que anticipa las distinciones posteriores entre pactos, que están de hecho a la vuelta de la esquina, y el clímax glorioso que llegará al final de la historia de la redención.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 9). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Por qué Jesús encuentra tan asombrosa la fe del centurión?

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Donald A. Carson

8 ENERO

Génesis 8 | Mateo 8 | Esdras 8 | Hechos 8

alimentemos_el_alma¿Por qué Jesús encuentra tan asombrosa la fe del centurión? (Mateo 8:5–13) El centurión asegura a Jesús que no es necesario que el Señor venga a su casa para curar a su siervo paralítico. Comprende que, sólo con decir la palabra, su siervo será curado: “Porque”, explica el centurión, “yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad.” ¿Por qué esto es evidencia tan asombrosa de su fe?

Hay tres hechos a destacar. El primero es que, en una época en la que prevalecía la superstición. El centurión no creía que el poder de Jesús para sanar fuera cosa de encantamientos, ni que dependiese de su presencia física, sino que consistía simplemente en su palabra. No era necesario que Jesús tocase ni manipulase al siervo, ni que siquiera estuviera presente; sólo hacía falta que dijese la palabra, y sería hecho.

El segundo hecho que se destaca es que llegase a esta convicción, a pesar de que no estaba inmerso en las Escrituras. Era gentil. No sabemos qué conocimientos tenía de las Escrituras, pero sin duda eran mucho menores que los de los eruditos de Israel. No obstante, su fe era más pura, más sencilla, más perspicaz, más reconocedora de Cristo que la de aquellos.

El tercer elemento sorprendente de la fe de este hombre es la analogía que usa. Reconoce que es un hombre bajo autoridad, por lo cual tiene autoridad cuando habla dentro del marco de esta relación. Cuando dice a un soldado romano bajo su autoridad que haga algo, no habla como hombre a otro hombre. El centurión habla con la autoridad de su oficial inmediatamente superior, el tribuno, el cual habla a su vez con la autoridad de César; con la autoridad, en definitiva, del mismo imperio romano. Esta es la autoridad que pertenece al centurión, no porque él sea de hecho tan poderoso como el César en todas las dimensiones, sino porque es un hombre bajo autoridad: la cadena de mando significa que, al hablar el centurión con un soldado de a pie, habla Roma. Implícitamente, el centurión dice que reconoce en Jesús una relación semejante: la que Jesús tiene con Dios, bajo la autoridad de Dios; que, al hablar Jesús, habla Dios. Por supuesto que el centurión no se expresa desde dentro del marco de una doctrina cristiana madura con respecto a la identidad de Cristo, pero los ojos de la fe le habían permitido ver muy lejos.

Esta es la fe que nos hace falta. Tener confianza en la palabra de Jesús, refleja una profundidad sencilla y da por sentado que, cuando habla Jesús, habla Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 8). Barcelona: Publicaciones Andamio.

!No juzguéis a nadie!

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Donald A. Carson

7 ENERO

Génesis 7 | Mateo 7 | Esdras 7 | Hechos 7

alimentemos_el_almaHace tiempo, no había apenas nadie en todo el mundo anglosajón que no fuese capaz de citar Juan 3:16. Sin duda alguna, era el versículo mejor conocido de toda la Biblia. Tal vez sigue ocupando el mismo lugar preeminente en este aspecto – no lo sé. Pero, aunque sea así, el porcentaje de personas que conozcan este versículo se ha reducido enormemente, y continúa mermándose a medida que el analfabetismo bíblico aumenta en Occidente.

Mientras tanto, lo que se cita (quizá más) frecuentemente, a menudo con un tono desafiante, por gente que no conoce muy bien su Biblia pero que se cree autorizada para invocarlo a fin de apoyar sus ideas preconcebidas, es Mateo 7:1: “No juzguéis a nadie, para que nadie os juzgue a vosotros.”. En una era en la que crece el pluralismo filosófico, estas palabras se han convertido en una especie de confesión pública.

Hay que decir tres cosas al respecto. En primer lugar, destacar que la lectura de hoy incluye no sólo Mateo 7, sino también Génesis 7. En este último, se ejecuta el juicio contundente del diluvio: “Dios borró de la faz de la tierra a todo ser viviente…” (Génesis 7:23). El mismo Dios está detrás de los dos pasajes, por lo cual no debemos llegar demasiado precipitadamente a la conclusión de que Mateo 7:1 significa que juzgar sea intrínsecamente malo.

En segundo lugar, aquí no se trata de que una práctica del Antiguo Testamento quede abrogada en el Nuevo. No es que el juicio fuese posible en Génesis, pero quedase abolido en Mateo. Tengamos en cuenta que en Mateo 7:6 se nos exige emitir juicios en cuanto a la identidad de los “perros” o los “cerdos”, y los párrafos finales del capítulo nos alertan acerca de los falsos profetas (y nos dicen cómo podemos discernir el auténtico y el falso), y quién es un verdadero discípulo de Jesucristo y quién no lo es. Además, este capítulo no sólo habla de un terrible juicio no menos definitivo que el diluvio (Mateo 7:13, 19, 23), y hay muchos textos en el Nuevo Testamento que son igualmente contundentes.

En tercer lugar, no sólo debemos sacar a luz las falsas interpretaciones de Mateo 7:1, sino que también hay que comprender lo que sí significa, y hacerlo nuestro. El verbo juzgar tiene una variedad de sentidos, y el contexto (7:1–5) es decisivo a la hora de darle al verbo su matiz en este pasaje. Los que persiguen “justicia” (6:33) son susceptibles al peligro de la autocomplacencia, la arrogancia, la condescendencia hacia los demás, la hipocresía. No todos caen en esta trampa, por supuesto, pero el pecado del “espíritu de juicio” es frecuente. Jesús no lo tolera.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, pp. 7–8). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Busquemos primero el reino de Dios y su justicia

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Donald A. Carson

6 ENERO

Génesis 6 | Mateo 6 | Esdras 6 | Hechos 6

alimentemos_el_almaLas tres primeras secciones de Mateo 6 (el capítulo central del Sermón de la Montaña) tratan de tres actos de piedad considerados primordiales en el judaísmo: dar a los necesitados (tradicionalmente, conocido como “limosnas”), la oración y el ayuno (Mateo 6:1–18). Cabe notar lo que estos tres actos tienen en común: Jesús reconoce con qué facilidad los pecadores pueden involucrarse en actividades filantrópicas e incluso religiosas muy loables, no tanto para hacer el bien como para que se les admire por el bien que hacen. Si es más importante ser considerado generoso que serlo en realidad; si lograr una reputación por orar es más importante que orar, aunque nadie excepto Dios nos oiga; si el ayuno es algo que hacemos sólo para poder hablar de ello de manera poco honesta, estos actos se vuelven actos de impiedad.

La manera más idónea de comprobar si somos genuinos en cada una de estas áreas es realizar estos actos de manera tan callada, que sólo Dios sabe que lo estamos haciendo. Sé generoso entonces, pero no le digas a nadie lo que das (6:1–4). Insiste en que los que reciban lo que das tampoco digan nada. Ora mucho más en privado que en público (6:5–8). No dudes en ayunar – pero no digas a nadie que ayunas (6:16–18). En cuanto al segundo de estos tres términos, hay otra prueba: no te molestes en pedir perdón a tu Padre en el cielo si tú mismo no estás dispuesto a perdonar (6:14–15).

En cada uno de estos actos de piedad tradicionales, una vida auténticamente cristiana se caracteriza por el deseo profundo y sencillo de agradar a Dios, no por la ostentación, la cual suele tener como objetivo generar entre los demás la impresión de que estamos agradando a Dios.

Las últimas dos secciones del capítulo siguen interrogando nuestras motivaciones más recónditas. (1) En la primera, Jesús nos dice que acumulemos tesoros en el cielo, puesto que nuestro corazón suele seguir a nuestro tesoro. Lo que más valoramos será, en última instancia, lo que más tire de nuestro “corazón” – nuestra personalidad, nuestros sueños, nuestro tiempo, nuestra imaginación, nuestro fuero interno – e iremos a por ello. Aquello se convertirá en nuestro dios. Si lo que valoramos es material, nuestro dios será el materialismo. Pero si lo que valoramos más pertenece a la eternidad, nuestro ser entero perseguirá aquello que tiene un significado trascendental. (2) En la segunda, Jesús nos dice que una relación verdadera y fiel con Dios rehúsa las preocupaciones incesantes e innecesarias. Podemos confiar en Dios – su sabiduría, su bondad, su gobierno providencial de todas las circunstancias – aun en un mundo roto y entregado al mal. Si no confiamos en él, delatamos el carácter pagano de nuestros corazones.

En pocas palabras, busquemos primero el reino de Dios y su justicia (6:33).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 6). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Rebeldía de muerte

Por Amor a Dios

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Donald A. Carson

5 ENERO

Génesis 5 | Mateo 5 | Esdras 5 | Hechos 5

alimentemos_el_almaEn el capítulo 5 de Génesis, encontramos una y otra vez la expresión: “murió”. Tal persona vivió tantos años, “murió”. ¿Para qué tanta repetición?

Desde el comienzo, era intención de Dios que la relación entre él y los que llevaban su imagen fuera eterna: Adán y Eva gozarían de la vida eterna con Dios. Sin embargo, su rebeldía puso fin a esta trayectoria (Génesis 3:21–22). Aunque la muerte no les llegó enseguida (según Génesis 5:5, Adán vivió 930 años), era inevitable. El capítulo anterior a este catálogo de muertes relata el primer asesinato – otra muerte. Y los tres capítulos posteriores (6–8) relatan el diluvio, en el cual murió toda la raza humana, salvo Noé y su familia. Fuese por el asesinato, o por el juicio divino, o por causas naturales, el resultado siempre es el mismo: “murió”. Como sostiene el dicho actual, “La vida es dura, y luego mueres”.

De hecho, lo que sucede es que, por mandato divino, la muerte se está estableciendo en medio de la raza humana. Los arcos vitales que encontramos en el capítulo 5 son extraordinarios. Pero esta situación no se puede prolongar. Cuantos más son los años vividos, mayor el mal. En Génesis 6:3, Dios ya ha decidido acortar la vida de los rebeldes que llevan su imagen. Esta decisión se efectúa de manera gradual, pero firme, de modo que, al llegar a Génesis 11, estos arcos se han reducido considerablemente, y en las genealogías posteriores hay muy pocos que superen los 120 años. Pero, sea a la edad que sea, el resultado siempre es el mismo: “murió”.

El pensamiento contemporáneo occidental encuentra la muerte tan aterradora, que se prefiere evitar el tema en una conversación cualquiera. ¡Es el último tabú que nos queda! Hoy día, uno puede hablar del sexo y de las finanzas sin que nadie se inmute; pero, si hablas de la muerte, la mayoría de los presentes se ponen como mínimo incómodos. Incluso la mayoría de los creyentes valoran su fe por lo que les pueda aportar ahora, más que como aquello que les prepara para la eternidad, y así transforma la manera como se actúa ahora.

Dios no quiere que cerremos los ojos ante los efectos de nuestro pecado, ante el hecho de que la muerte es inevitable. No obstante, este capítulo incluye una excepción radiante: “y como anduvo fielmente con Dios, un día desapareció porque Dios se lo llevó.” (Génesis 5:24). Es como si Dios nos quisiera mostrar que la muerte no es una necesidad ontológica; que los que caminan con Dios, un día se librarán de la muerte; que incluso para los que mueran hay esperanza – bajo la gracia de Dios – de vida más allá de la muerte inevitable. Pero esta experiencia está ligada a la de caminar con Dios. Hará falta nada menos que el resto de la Biblia para elucidar lo que esto significa.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 5). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Primer asesino del mundo

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Donald A. Carson

4 ENERO

Génesis 4 | Mateo 4 | Esdras 4 | Hechos 4

alimentemos_el_almaLa raza humana sólo tardó una generación en producir su primer asesino (Génesis 4). Dos reflexiones en torno a esto:

1) En la Biblia, encontramos numerosos móviles para el asesinato: Jehu mató para asegurar una ventaja política (2 Reyes 9–10); David mató para encubrir su adulterio (2 Samuel 11); Joab asesinó por venganza y por miedo a perder su posición privilegiada (2 Samuel 3); algunos de los hombres de Guibeá, de la tribu de Benjamín, mataron por su codicia desenfrenada (Jueces 19). No sería difícil ir alargando la lista. En lo que se refiere al primer asesinato, el móvil era la rivalidad entre hermanos completamente descontrolada. Caín no podía soportar pensar que la ofrenda de su hermano fuese aceptable a Dios, y la suya no. En lugar de buscar a Dios a fin de mejorar su propia ofrenda, optó por asesinar a quien veía como su rival.

Lo que tienen en común todos estos móviles es que el asesino se deja llevar por la idea que él es el centro del universo. Dios mismo debe aprobar lo que yo hago; y si no, como no puedo matar a Dios, mataré a quien Dios aprueba. Lejos de recuperar el estado glorioso que precedía a la caída, cuando, para aquellos que llevaban su imagen, Dios mismo era el centro de todo; amado y adorado por ser el Creador bueno y sabio del hombre, ahora cada ser humano pretende ser el centro del universo. Era como si dijese: “Hasta Dios mismo debe servirme. Si no lo hace, es hora de encontrar a otros dioses”. Entre los elementos más chocantes que encontramos en el asesinato de Abel está el hecho de que Caín esté tan profundamente contrariado al no gozar de la aprobación de Dios. En este caso, la rivalidad entre los dos hermanos ocurre en el terreno religioso. No importa. Desde el momento en que me propongo ser el centro en cualquier ámbito, lo que pretendo en el fondo es serlo en todos los ámbitos. Es lamentable que las fronteras culturales y legales, aunque me impidan cometer asesinato, no sirven para impedir que abrigue en mi corazón aquella clase de odio que, según las enseñanzas de Jesús, pertenece al mismo orden moral que el asesinato (Mateo 5:21–26). Por tanto, aunque los móviles que llevan al asesinato sean muchos, en el fondo son uno solo: yo quiero ser dios. Aquí está la raíz de toda idolatría.

2) En la Biblia, hay varios ejemplos de inocentes que son víctimas del asesinato. En este caso, Abel es el hermano inocente, no obstante es quien encuentra la muerte a manos de su hermano. A partir de este hecho, cabe hacer dos reflexiones. En primer lugar, la Biblia es tremendamente realista en cuanto a la crueldad y la absoluta injusticia del pecado. En segundo lugar, nos obliga a concluir que, si la justicia y el arreglo de las cuentas van a ser posibles alguna vez, sólo será mediante la intervención de Dios mismo. Las cuentas sólo serán ajustadas después de la muerte.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 4). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La religión «No Salva»

Por Amor a Dios

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Donald A. Carson

3 ENERO

Génesis 3 | Mateo 3 | Esdras 3 | Hechos 3

alimentemos_el_almaResulta poco probable que haya consenso en la solución de un problema, del tipo que sea, si no se determina antes cuál es su naturaleza.

Las religiones del mundo ofrecen una gama enorme de soluciones a los problemas humanos. Algunas promulgan distintas formas de ejercicios religiosos de autoayuda; otras abogan por un tipo de fatalismo fiel; las hay que instan a entrar en una energía impersonal o fuerza del universo, y quienes afirman que las experiencias místicas están a disposición de quienes las persigan. Todas estas prácticas relativizan el mal. Una pregunta crucial que se debería hacer es: ¿Cuál es el nivel esencial de los problemas del hombre?

La Biblia insiste en que se trata de la rebelión contra Dios, nuestro Hacedor, de cuya imagen somos portadores y cuyo gobierno intentamos derrocar. Todos nuestros problemas, sin excepción, se remontan a esta fuente fundamental: nuestra rebelión y la justa maldición de Dios que acarreamos con nuestra insubordinación.

No deberíamos (mal) entender este punto atribuyéndole un sentido simplista. Que los mayores rebeldes del mundo sufran los peores males aquí, no tiene por qué ser la norma en base a un esquema de toma y daca. Sin embargo, ya sea que ocupemos el lugar del autor (como en el caso del odio, la envidia, la lujuria o el robo) o de la víctima (p. ej., violación, agresión física o bombardeo indiscriminado), nuestra difícil situación estará vinculada al pecado, ya sea nuestro o de otros. Además de que nuestro sufrimiento sea el resultado de una clara maldad humana o fruto de un desastre “natural”, Génesis 3 recalca que vivimos en un mundo desordenado y roto, y que esta situación es consecuencia de la rebelión del hombre.

Las maldiciones de Dios sobre la pareja humana son impresionantes. La primera (Gn. 3:16) que vaticina dolor al parir los hijos y los matrimonios desestructurados, representa el trastorno de la tarea inicial designada para los seres humanos antes de la caída: el varón y la hembra serían fructíferos bajo la bendición de Dios y se multiplicarían (1:27–28). La segunda (Gn. 3:17–19) promete el desempeño del trabajo con dolor y esfuerzo, una ecología desordenada y una muerte segura, suponiendo así la interrupción de la segunda responsabilidad atribuida al hombre antes de la caída: los portadores de la imagen de Dios gobernarían sobre el orden creado y vivirían en armonía con este (1:28–30).

En su perfecta justicia, Dios podría haber destruido aquella raza rebelde de manera instantánea. No puede ignorar tamaña rebelión, como tampoco negar su propia deidad. A pesar de ello, su misericordia le lleva a cubrirlos, suspender parte de la sentencia (la muerte misma), y anuncia un día en el que la simiente de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente que condujo a la primera pareja por mal camino. Leemos con gran alivio el capítulo 12 de Apocalipsis y entendemos que Génesis 3 define un problema que solo Cristo puede resolver.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 3). Barcelona: Publicaciones Andamio.