Depravación total: El pecado original

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Depravación total: El pecado original

R.C.Sproul

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A medida que continuamos con nuestro estudio de las ideas centrales que conforman lo que llamamos Teología Reformada, pienso en un evento que tuvo lugar en la historia un par de años antes de que los peregrinos desembarcaran en las costas de Nueva Inglaterra en el Mayflower, una polémica que se extendió por toda Europa y luego en todo el mundo, que tuvo sus raíces en los Países Bajos.

Empezó en una facultad holandesa de teología comprometida con la Teología Calvinista, cuando algunos de los profesores comenzaron a tener dudas acerca de temas relacionados a la doctrina de la elección y la predestinación y cosas así.

Esta controversia teológica estalló, y a medida que se extendía por todo el país molestaba a la iglesia y molestaba a los teólogos de ese tiempo hasta que por fin se convocó un sínodo. Los asuntos fueron clarificados, y algunos fueron rechazados por sus puntos de vista, entre los cuales estaba uno llamado Arminio.

Pero el grupo que lideró este movimiento contra la Teología Ortodoxa Reformada fue llamado los Remostrantes. Se les llamó Remonstrantes porque estaban en desacuerdo o estaban protestando contra ciertas doctrinas dentro de su propia herencia teológica.

Y fueron, básicamente, cinco doctrinas las que formaron el núcleo de la controversia, y lo que ocurrió como resultado de este debate fue que estos cinco temas teológicos centrales llegaron a ser conocidos en las generaciones posteriores como los famosos «Cinco Puntos del Calvinismo.»

Y hoy se conocen a través del muy popular acróstico en inglés TULIP, T-U-L-I-P, lo cual es una forma inteligente de resumir los cinco artículos que estaban en disputa. Y mencioné ese evento histórico por esta razón: Como hemos dicho desde el principio, sería un grave error entender la esencia de la teología reformada simplemente a la luz de estas cinco doctrinas, porque la Fe reformada implica muchos, muchos, muchos otros elementos de la confesión teológica y eclesiástica.

Pero estos son los cinco puntos controversiales de la Teología Reformada y son estos los que se consideran popularmente como distintivos de esta confesión en particular. Así que vamos a tomar un tiempo para explicar los cinco puntos del calvinismo, a través de las iniciales de este acróstico.

Aquí nos encontramos con estas siglas que usa la primera letra de cinco doctrinas diferentes. La primera es depravación total, en inglés es Total Depravity, de ahí la T, la segunda es Elección incondicional, en inglés Unconditional Election. De ahí la U. La L por Limited Atonement, Expiación Limitada, la I por Irresistible Grace; Gracia Irresistible. P por Perseverance of the Saints; Perseverancia de los Santos.

Y cuando he dado charlas sobre estas doctrinas en el pasado, yo he mencionado una o más objeciones a estos subtítulos como la definición de las doctrinas, porque muchos de ellos, si no todos, eran de alguna manera confusos, pero encajan tan bien en este acróstico que la gente insiste en el uso de estas abreviaturas para definir los cinco puntos.

Y así, lo que vamos a hacer hoy es empezar con una breve reseña de la T de TULIP, que se refiere a la depravación total. Recuerdo que hace muchos, muchos años estaba enseñando un curso de teología en una universidad, y los alumnos que se inscribieron en ese entonces, de ninguna manera venían de un trasfondo reformado nosotros estábamos viendo diversas doctrinas y llegué a la doctrina de la depravación total.

Les dí una exposición que tomó más de una semana de clases, y al final de ese tiempo les pregunté a los alumnos si ellos estaban persuadidos de que efectivamente esta era la visión bíblica de la pecaminosidad humana. Y todo el mundo en la clase levantó la mano y dijo que sí, que estaban convencidos de que era la visión bíblica correcta.

Y pregunté: ¿están seguros? Y dijeron que sí estaban completamente seguros. Así que fui a la pizarra y en la parte superior izquierda de la pizarra escribí un número ahí, el número de estudiantes ahí, había como 28 alumnos, hice un recuadro al número y escribí, «Por favor no borrar.»

Y lo hice por una razón: que todos quedasen comprometidos. Luego, a la siguiente semana empezamos con la U de
elección incondicional y entonces hubo gritos de protesta de los alumnos quienes se rebelaron contra esa doctrina, no les gustó en absoluto.

Y cuando empecé a presionarlos sobre la doctrina pregunté, ¿aún siguen persuadidos de la depravación total como lo hicieron la semana pasada?

Y uno a uno tuve que ir disminuyendo los números en esa esquina de la pizarra. Y digo esto por esta razón: que hay un sentido en el que, si una persona realmente abraza lo que se llama la doctrina de la depravación total, los otros cuatro puntos, en este sistema de cinco puntos, se alinean más o menos, vienen a ser como una cadena de consecuencias y resultados del primer punto. Tomemos un tiempo para ver eso.

La situación histórica en que, por primera vez, esta doctrina se convirtió en algo importante y de gran controversia

fue en los inicios de la historia de la iglesia durante el ministerio de enseñanza de San Agustín, y estoy seguro de que han oído hablar un poco acerca de la llamada controversia pelagiana de la última parte del Siglo IV y en el quinto siglo, que comenzó cuando este monje británico, cuyo nombre era Pelagio, protestó contra una declaración que estaba en una de las oraciones escritas de Agustín, en cuya oración, Agustín hizo este comentario ante Dios, y dijo: «Oh, Dios, ordena lo que quieras, y concédenos hacer lo que ordenas».

Déjame decirlo de nuevo. «Ordena lo que quieras y concédenos hacer lo que ordenas».

Y, por supuesto, A Pelagio le dio un infarto por esta oración. Ahora el motivo, de su disgusto no fue la primera parte de la oración en la que Agustín dijo: «Oh Dios, Ordena lo que quieras ordenar». Pelagio, siendo un monje, sin duda estuvo de acuerdo con Agustín de que Dios tenía todo el derecho a ejercer su autoridad sobre las criaturas y ordenar lo que considerara agradable a Él.

Pero lo que alteró a Pelagio fue la segunda parte de la oración en la que Agustín pidió a Dios que concediera hacer lo que Él demandaba, porque Pelagio dijo que eso hacía suponer que la criatura de alguna manera no es moralmente capaz de hacer la voluntad de Dios. Así que creó una larga controversia, controversia que francamente continúa hasta este día. Y seguimos teniendo discusiones sobre Pelagianismo o semi-pelagianismo, Agustinismo, y así sucesivamente.

De hecho, he llegado a escribir de escribir un libro acerca de todo el desarrollo histórico de esa controversia, desde Pelagio hasta la semana pasada. Por eso, más adelante, trataremos eso con mucho más detalle. Me gustaría tener una clase aparte solo para esa. materia.

Pero a modo de introducción y de vista panorámica, este tema tiene que ver con la pregunta del pecado original. Y la doctrina de la depravación total refleja el punto de vista Reformado del pecado original. Ahora ese término – pecado original- es a menudo malentendido en sectores populares. Algunos simplemente asumen que el término pecado original debe referirse al primer pecado – el original, el que todos hemos copiado en mil maneras distintas en nuestras propias vidas que es el primer pecado de Adán y Eva.

Pero eso no es lo que se conoce históricamente en la iglesia por doctrina del pecado original. Más bien, la doctrina del pecado original define las consecuencias para la raza humana de aquel primer pecado. Y casi todas las iglesias que históricamente han tenido un credo o una confesión han acordado que algo muy grave le pasó a la raza humana como consecuencia del primer pecado, que el primer pecado produjo pecado original.

Es decir, como resultado del pecado de Adán y Eva toda la raza humana cayó, y por eso nuestra naturaleza como seres humanos desde la caída es una naturaleza que ha sido influenciada por el poder del mal. Como David declaró en el Antiguo Testamento: «Oh Dios, he aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre».

Él no estaba diciendo que era pecaminoso que su madre y su padre tuvieran hijos, ni estaba diciendo que había hecho algo malo por haber nacido, sino que estaba reconociendo la condición caída del ser humano. Esa condición caída, que fue parte de la experiencia de sus padres, esa condición caída que trajo él mismo a este mundo. Así que, el pecado original tiene que ver con la naturaleza caída de la humanidad. La idea es que no somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores.

Somos por naturaleza pecadores. Todos hemos escuchado el axioma «no hay nadie perfecto». Podríamos mejorar un poco eso al decir, no solo, que nadie es perfecto, sino que nadie está siquiera cerca (jaja) de la perfección.

Y así, la doctrina de la depravación total describe y define un punto particular del pecado original que tiene sus raíces en las enseñanzas de San Agustín. Y recuerden que Agustín fue el santo patrono del monasterio donde Martín Lutero fue formado en la fe y dónde enseñó en Wittenberg. Él fue un monje agustino, y Agustín también fue el mentor más venerado de Juan Calvino, de modo que el pensamiento de Agustín tuvo una enorme influencia en la formación de la doctrina de la Reforma Protestante.

Ahora lo que la depravación total no significa en la tradición reformada es lo que llamamos depravación absoluta. Depravación absoluta. A menudo usamos el término total como sinónimo de absoluto o de completo. Y así, la noción de la depravación total evoca la idea de que cada ser humano es tan malo como esa persona podría ser. Y uno pudiera pensar en algún personaje malévolo de la historia, como Adolfo Hitler y decir que, sin duda, no había ni una virtud redimible en ese hombre.

Pero sospecho que tenía algún afecto por su madre, y aún tan malvado como Adolfo Hitler fue, todavía se puede concebir un ser aún más perverso de lo que en realidad era. Y así, la idea de la depravación total no quiere decir que cada ser humano es tan malvado como le sea posible, sino más bien significa que la caída es tan grave que afecta en su totalidad a la persona.

Nuestra naturaleza caída que captura y oprime nuestra naturaleza humana afecta a nuestro cuerpo, por eso nos enfermamos y morimos. Afecta a nuestra mente y nuestro pensamiento. Todavía tenemos la capacidad de pensar, pero la Biblia habla acerca de la forma en que la mente se ha oscurecido y debilitado. La voluntad del hombre ya no está en su estado original del poder moral La voluntad, según el Nuevo Testamento, está ahora en esclavitud.

Estamos esclavizados a los malos impulsos y deseos de nuestros corazones. Y así, la mente, la voluntad, el espíritu, la persona completa ha sido infectada por el poder del pecado. Una vez más, si eso es lo más lejos que llegamos con la definición de depravación total, la mayoría de las comuniones cristianas dirían sí y amén a esto. Es decir, la mayoría estaría de acuerdo en que estamos caídos, y que la caída es una cosa seria, y que la naturaleza humana que traemos a este mundo ha sido tan influenciada por el pecado que toca cada parte de nuestra naturaleza. De nuevo, la mayoría de los credos católicos o universales de la cristiandad afirmarían todo eso.

Entonces el debate se torna en un asunto de grado. ¿Hasta dónde hemos caído? ¿Cuál es el grado de esta corrupción humana? Me gusta sustituir el término depravación total con mi designación favorita, que es la corrupción radical.

Es un concepto que mis amigos encuentran muy fácil de recordar, como su acróstico personal. Corrupción Radical son mis iniciales al revés, pero en español, CR jaja

Ellos se complacen por la facilidad con que esto ayuda su memoria, ya que tienen un modelo vivo delante de ellos de la corrupción radical. Recuerdo a un profesor de gimnasia que yo tenía en séptimo grado cuando pasó lista el primer día y me llamó por mi nombre, RC, como me llamaban en la escuela primaria, y dijo oh, Rudo Cabezón.

Así que en ese instante tuve un nuevo apodo que probablemente no debería haber mencionado, ya que lo podría escuchar de nuevo en estos días. Pero la razón por la que usamos este término a pesar de que no encaja con nuestra palabra TULIP, sino que sería RULIP, y nadie va a recordar eso. Pero la razón por la que prefiero esto es. por el término radical.

De nuevo, hay otra de esas palabras que solemos utilizar de varias maneras en nuestra cultura, en particular en el ámbito político en el que le decimos a alguien que está en la izquierda radical o en la derecha radical o así sucesivamente, pero la palabra radical, irónicamente, tiene sus raíces en la palabra latina para raíz, que es la palabra Rodex, y se puede traducir raíz o núcleo.

Y la idea del término radical es algo que impregna la esencia de una cosa. No es algo que es tangencial o superficial, es decir, que yace en la superficie, sino que penetra en el núcleo del objeto. En una encuesta reciente realizada a evangélicos practicantes, la abrumadora mayoría de personas que respondieron a preguntas particulares en esta encuesta indicaron que estaban de acuerdo con la afirmación de que el hombre es básicamente bueno.

Ahora por lo general esa frase básicamente buena significa que la base o la esencia de la humanidad o el núcleo de una persona es bueno. Y aunque reconocemos que uno no es perfecto, que todos somos pecadores, y que todos estamos dañados y manchados por diversas imperfecciones, el problema con el pecado en la idea de que el ser humano es básicamente bueno es que el pecado, entonces, es visto como accidental o periférico a la naturaleza humana.

Y esto, por supuesto, era parte de la visión optimista de la humanidad, que es esencial al humanismo histórico. El humanista reconoce que hay problemas, pero en el fondo lo que necesitamos es más educación, más ayuda del gobierno, y así vamos a estar mejor y mejor y vamos a borrar esas manchas en la superficie que producen la delincuencia y otras formas de maldad.

Y me pareció que cuando me enteré de esa encuesta que tal vez lo que está pasando es que esos que están profesando ser evangélicos están tomando ejemplo de la naturaleza básica de la humanidad caída, más de la cultura que del punto de vista bíblico.

La enseñanza Reformada dice que la caída se extiende, penetra a la médula. La palabra que se utiliza para el núcleo realmente es una traducción de la palabra latina core, ¿Qué significa qué? Corazón. Esa es la idea, que nuestro pecado es algo que viene de nuestros corazones. Y en términos bíblicos, eso significa desde el núcleo o centro de nuestra existencia.

Así es que lo que se requiere para que seamos hechos conformes a la imagen de Cristo no es simplemente algunos pequeños ajustes o cambios de comportamiento, sino nada menos que la renovación desde el interior, nada menos que la regeneración, ser hechos de nuevo, siendo vivificados por el poder del Espíritu.

Y así vemos que la única manera en que una persona puede escapar a esta situación radical es cuando el Espíritu Santo cambia el núcleo, cambia el corazón. Y aun ese cambio no vence al instante el pecado. La completa eliminación del pecado aguarda nuestra glorificación en el cielo.

Veremos algunos aspectos más de esta doctrina en nuestra próxima sesión.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Las maldiciones del pacto

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Las maldiciones del pacto

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Continuamos con nuestro estudio del corazón de la Teología Reformada. Hoy quiero que prestemos atención al concepto de pacto. Uno de los nombres más frecuentes que oímos para definir a la Teología Reformada es el término «Teología del Pacto». Para ser sincero con ustedes, yo casi nunca uso ese término, no es que me oponga a él por alguna razón en particular, es solo que creo que puede ser un poco confuso, porque creo que todos los cristianos reconocen que el concepto de pacto es obviamente frontal y central en ambos Testamentos. De hecho, cuando hablamos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, nos referimos al Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto, y todos estamos conscientes de la realidad del lenguaje del pacto que aparece disperso a lo largo de las Escrituras. Oímos hablar de un muchos de pactos en el Antiguo Testamento: el pacto que Dios hace con Noé, con la señal del arcoíris en el cielo; el pacto con Abraham, con la señal de la circuncisión; y el pacto en el Sinaí con Moisés. Y hemos oído de Jeremías hablando acerca de un nuevo pacto; y sabemos que, en el Aposento Alto, cuando nuestro Señor celebra la Pascua con sus discípulos la noche antes de Su ejecución, él instituye el Nuevo Pacto, y habla del Nuevo Pacto que es por su sangre, y así sucesivamente.

Y así tenemos este tema repetido sobre pactos en la Escritura. Y la razón por la que a menudo la Teología Reformada es llamada Teología de Pactos es porque esta ve la estructura o el formato del pacto en la Biblia como un elemento crucial en el que todo el plan de redención funciona, y se convierte en una especie de clave para comprender e interpretar el resto de las Escrituras.

Y debido a esto es que la Teología Reformada destaca este motivo central del pacto como el marco en el que se lleva a cabo la redención. Y de nuevo en las categorías teológicas y en términos de las confesiones históricas las iglesias reformadas tienen una tendencia a distinguir entre los tres pactos principales.

Es una designación general, pero quiero tomarme un tiempo para tratar estos temas. El primero se conoce como el pacto de redención, el segundo se conoce como el pacto de obras y el tercero se conoce como el pacto de gracia.

Y lo que quiero hacer hoy es dar una breve explicación de las características distintivas de estos tres pactos. Normalmente pensamos en un pacto como en un acuerdo entre dos o más partes. Tenemos pactos en nuestra propia cultura. De hecho, la forma de gobierno estadounidense se llama, históricamente, un contrato social o un pacto social que implica el consentimiento de los gobernados, que existe un acuerdo entre el gobierno y el pueblo, y que hay ciertas estipulaciones que definen esa relación que buscamos en la Constitución y la Declaración de Derechos.

Nosotros institucionalizamos y consagramos matrimonios sobre la base de pactos. Se hacen promesas y se acuerdan términos, y así sucesivamente. Del mismo modo está la realidad del pacto empresarial o de los contratos industriales, que se ven en las noticias todo el tiempo. Cuando la mano de obra y la gestión están elaborando un nuevo contrato, lo que están haciendo es un pacto, un acuerdo que impone obligaciones a ambas partes, y así sucesivamente.

Bueno, cuando nos fijamos en los pactos bíblicos, el primer pacto que delineamos no es un pacto que, directa e inmediatamente, involucra gente. El pacto de la redención es un concepto teológico que se refiere a la armonía y la unidad de propósito que ha estado en existencia toda la eternidad en términos de la relación mutua y el acuerdo de las tres Personas de la Trinidad.

En esto es que Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo están todos de acuerdo desde toda la eternidad, en el hecho de llevar adelante la obra de la redención. Distinguimos entre las personas de la Divinidad en cuanto a las tareas específicas que son realizadas por ellos en la obra de redención.

Leemos en Juan 3:16 que «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna». Ahora, el idioma de ese texto de Juan 3:16 es importante. Nosotros no decimos, ni el Nuevo Testamento dice, que Cristo amó tanto al mundo, que convenció al Padre para que perdone sus pecados. Es decir, el Padre envía a su Hijo a este mundo. El hijo no envía al Padre a este mundo.

Es el Padre que diseña el plan de redención y que inicia la obra de redención mediante el envío de su Hijo unigénito al mundo para llevar a cabo su obra redentora como nuestro Salvador y como nuestro Mediador. Y en el Credo de Nicea, en el Siglo IV, se confiesa que después que Cristo lleva a cabo su obra redentora, y Él asciende al cielo, entonces juntos el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo a el mundo para aplicar la obra de Cristo al pueblo de Dios. Así que el Padre envía primero al Hijo y el Padre y el Hijo, juntos, envían al Espíritu Santo.

Ahora bien, esto puede malinterpretarse, ya que sabemos que la expiación, por ejemplo, se atribuye al Hijo, no al Padre o al Espíritu Santo. Y sabemos que el proceso de la santificación es asignado a la obra del Espíritu Santo, no al Padre o al Hijo.

Sin embargo, no es como si el Padre y el Hijo no estuvieran completamente involucrados en nuestra santificación. Toda la creación es una obra Trinitaria. Y el conjunto de la redención es una obra Trinitaria. Toda la dimensión personal de la Deidad está involucrada en todo esto.

Pero el punto para explicar el pacto, el pacto de redención es evitar el error que ha ocurrido más de una vez en la historia de la iglesia de pensar que el Padre y el Hijo están en conflicto entre sí y que el Hijo tiene que persuadir a este Padre enojado para que aparte su enojo del Hijo como si fuera la graciosa idea de Dios, la idea de Dios el Padre en primer lugar, o la idea de que Cristo realiza su obra a regañadientes.

Él viene a Getsemaní y ora al Padre: «pasa de mí esta copa». Entonces ¿que continúa diciendo? «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Y no es como si el Hijo dijera «bien, si tengo que hacerlo lo haré», sino, lo que está diciendo es que, si se trata de agradar al Padre, entonces es mi comida y bebida hacer la voluntad del Padre.

El punto con el tema del pacto de la redención es mostrar la completa unidad y el acuerdo que hay en la Deidad desde toda la eternidad en lo que respecta al plan de salvación. Ahora, cuando nos adentramos en la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia esto genera un poco más de controversia. Pero lo que está a la vista aquí, es esto: el pacto de obras en la teología reformada se refiere al pacto inicial que Dios hace con el hombre, con Adán y Eva en el Paraíso donde Adán representa no solo a él y su esposa, sino su descendencia, toda la gente. Él es Adán, representa la humanidad.

Y Dios creó a Adán y Eva y los pone en una situación de prueba. Él hace promesas de bendición para ellos en caso de que sean obedientes y promesas de juicio sobre ellos en caso de que sean desobedientes, y Él los pone a prueba por así decirlo, diciendo, que si comen del árbol del conocimiento del bien y del mal ciertamente morirán. Y el día que comas de él, ciertamente morirás.

Es decir, se anuncian castigos a las criaturas en el caso de que transgredan el mandamiento de su Creador. Ahora, eso significa que el destino de Adán y Eva y su linaje se determina por su respuesta a la ley de Dios, por su comportamiento, por su obrar. Y por eso se llama el pacto de obras. Dios dice que, si haces buenas obras, vivirás, si haces malas obras morirás. Así de simple.

Ahora a algunas personas no les gusta la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia porque dicen «bueno ya sabes, Dios ni siquiera tenía que hacer un pacto en absoluto con Adán y Eva. El mismo hecho de que Él se inclinara a tener una relación personal con ellos y les diera la oportunidad de la vida eterna de bienaventuranza en Su reino, era en sí gracia. Y no creo que haya realmente disputa alguna acerca de eso.

Es decir, es obvio que Dios no estaba obligado moralmente a dar un camino de salvación a Sus criaturas. Y aceptamos que el pacto de obras está arraigado y fundado en el carácter eterno de la gracia de Dios. Pero lo que esto significa por distinción es que inicialmente los términos de la relación de Dios se establecen con respecto a la obediencia o desobediencia a Su ley.

Y lo qué pasó fue que Adán y Eva desobedecieron. Ellos violaron el pacto de obras trayendo sobre sí mismos, y sobre todos los que ellos representaban, el juicio de Dios, porque el pacto de la creación había sido violado. Ahora permítanme un segundo para hacer un pequeño paréntesis aquí.

Entendemos que vivimos en una cultura en la que hay diferentes tipos de religiones compitiendo y personas que son seculares y que no tienen tiempo para la religión en absoluto. Y no podrían estar menos interesados en toda esa idea de pacto. Y la gente me pregunta ¿están estas personas en el pacto de Dios?

Y yo les contesto así: primero la pregunta es ¿esta gente es gente? Y si respondemos sí, por supuesto, estas personas son personas, y luego la siguiente pregunta es ¿cuándo Dios hizo su pacto con la creación, lo hizo con todos en el mundo o solo con dos individuos aislados que vivían en un bonito jardín en el Edén?

Ahora, la idea bíblica es que el pacto que Dios hizo con Adán y Eva fue un pacto con toda la raza humana. Bueno, la gente puede negar ese pacto, la gente puede repudiar ese pacto, la gente puede despreciar ese pacto, pero lo que no pueden hacer es deshacerse de él. No pueden anularlo. Y una de las razones del porqué las Escrituras nos lleva a todos a comparecer ante el tribunal de Dios y declararnos culpables ante Dios, es que todos hemos quebrantado su ley.

Todos hemos hecho malas obras. Todos hemos fallado en mantener el pacto original de la creación. Todos hemos dejado de cumplir la obligación que toda criatura debe cumplir: glorificar a Dios, honrarlo como Dios, ser agradecidos con Dios, y obedecer Su ley. Así que la conclusión es que el mundo entero está poblado por quebrantadores del pacto.

Cristo fue enviado a un mundo que ya era culpable ante el Padre por romper la ley del Padre, por violar los términos mismos de la existencia humana, la base misma de la vida humana, según fuimos creados ante Dios. Y eso es lo que se quiere decir cuando hablamos del pacto de obras.

Ahora bien, esto se debe a que el primer Adán falló en el pacto de obras, y Dios hubiera tenido todo el derecho moral, en ese momento, de hacer exactamente lo que los términos del pacto establecían. Él pudo haberlos destruido a ellos y a toda la raza y eso habría sido todo. Pero en cambio condescendió para cubrir su desnudez y prometerles redención a través de Aquel que actuaría como su Salvador. De tal manera que Dios, en ese momento, instituye el pacto de gracia, el cual fue dado a Abraham, el cual fue dado a Moisés, que fue dado en todo el Antiguo Testamento: la promesa de que Dios redimiría a su pueblo, el cual era culpable de acuerdo al pacto de obras, de que Él salvaría a su pueblo a través de otro camino. Esto sí es algo fundamental, porque hay cristianos confesos hoy, que creen, que hay una diferencia fundamental entre cómo Dios salvó a la gente en el Antiguo Testamento, y cómo son salvas las personas ahora o después del Nuevo Testamento.

A pesar de que Pablo trata este punto en el tercer, cuarto, y quinto capítulo de Romanos, usando a Abraham como su ilustración de que la salvación se logra en el Antiguo Testamento por gracia, tal como es en el Nuevo Testamento, y que Abraham no fue justificado por las obras de la ley, sino por la fe en el Mesías prometido. La diferencia está en la diferencia entre promesa y cumplimiento. La gente en el Antiguo Testamento miraba hacia el futuro Redentor prometido, ponían su confianza en Él, y eran justificados por fe en Él. Miramos hacia atrás, hacia la obra que ha sido realizada por el Salvador. Ponemos nuestra confianza en Él.

Y la salvación es, básicamente, la misma ahora que como lo fue entonces. Lo distinto es que tenemos una comprensión más profunda de los puntos y los detalles de la misma, y lo que hace una mayor diferencia es que es un hecho consumado, que la obra de Cristo ya fue realizada en el plano de la historia.

Pero una vez que una persona rompe un pacto de obras, la única forma en que se hace posible restaurar la comunión con Dios es por la misericordia de Dios, no por su justicia. Por su gracia, no por nuestras obras. Y esto es crucial, ya que

vivimos en el tiempo en que la gente todavía anda pensando que pueden ser salvos delante de Dios por sus propias obras, que todavía pueden merecer su camino hacia el reino. No creemos en realidad que seamos deudores que no pueden pagar su deuda.

Olvidamos que los términos del pacto de obras eran bastante rígidos. Ellos exigían la perfección. Y si uno peca una vez, no hay nada que se pueda hacer para compensar eso, porque una vez que la mancha cae en tu nombre, ¿qué puedes hacer para llegar a ser perfecto otra vez? No puedes ser perfecto otra vez, porque la perfección no permitía la más mínima imperfección, pero, por supuesto, cuando nos presentamos ante Dios, venimos con más que una leve mancha.

Venimos con un tipo radical de contaminación delante de Él. Así que esta distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia ha sido realmente diseñada para arrojar luz sobre la naturaleza del evangelio. Ahora voy a decir algo que probablemente va a confundir a todo el mundo. Hemos hablado acerca de la doctrina de la justificación solo por fe, y es sólo por gracia que somos salvos.

Ahora voy a decir algo que a lo mejor les va a dar un infarto. En última instancia, la única forma en que alguien es justificado delante de Dios es por obras. Somos salvos por obras. Y somos salvos solo por obras.

No corten el video. Déjenme explicar esto, por favor. Cuando digo que la única forma en que somos salvos es por obras es: Porqué el pacto de gracia debe distinguirse del pacto de obras, pero nunca estar separado de este. El pacto de gracia es el pacto que Dios instituye para asegurar que el pacto original sea finalmente cumplido. Y cuando digo que estamos justificados por obras y por obras solamente, ¿qué quiero decir? Quiero decir que las bases de mi justificación y las bases de tu justificación son las obras perfectas de Jesucristo. Somos salvos por obras, pero no son las nuestras. Por eso decimos que somos salvos por fe, salvos por gracia, porque las obras que nos salvan no son las nuestras, sino que son obras de otra persona, que se sometió en todos los puntos del pacto de obras. El Nuevo Testamento describe a Jesús como el nuevo Adán.

Él es la nueva humanidad que logra aquello que no pudo lograr Adam. Por la desobediencia de un solo hombre, el mundo se hundió en la ruina, y por la obediencia de otro hombre a la ley de Dios, en todas sus demandas y en perfecta conformidad, Cristo redime a su pueblo, al ganar las bendiciones ofrecidas que Dios había prometido originalmente a Sus criaturas en su nombre. Ahora soy salvo por gracia en la medida en que la obra que me salva no es la mía.

Soy salvo por obras en el sentido de que la base de mi salvación está en las obras del Redentor perfecto, Aquel que desde toda la eternidad estaba dispuesto a asumir la carga de las criaturas de Dios y estaba dispuesto a venir a este mundo a someterse a los términos del pacto original por obras y para cumplirlo por su perfecta obediencia y para que Dios diera a su pueblo todos los beneficios de ese pacto, de tal manera que Él nos da todo lo que Cristo ha ganado, todo lo que Él es, es nuestro cuando confiamos en Él.

Eso es lo que queremos decir con el pacto de gracia. No es que el pacto por obras sea del Antiguo Testamento y el pacto por la gracia sea del Nuevo Testamento. No, el pacto de la gracia está en vigencia desde el tercer capítulo de Génesis, y está en todo el Antiguo y en el Nuevo Testamento, porque está basado sobre la libre gracia de Dios para con los pecadores necesitados.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Hemos estado tratando la pregunta, «¿Qué es Teología Reformada?» y en nuestra última sesión dimos una breve introducción al artículo principal de la teología evangélica histórica. Un artículo que es acogido por la Teología Reformada, así como por todas las otras denominaciones protestantes históricamente; en especial la doctrina de la justificación solo por fe, que fue el tema central. de la Reforma Protestante del siglo 16.

Ahora quiero continuar con nuestra exposición de esta doctrina, y ya hemos visto el sentido básico de la palabra justificación, y también vimos el resto de la fórmula, la justificación por fe solamente. Y quiero que veamos los elementos particulares de esta fórmula.

Recapitulando, el término justificación significa ese acto por el cual Dios declara a los pecadores justos delante de Él. Ahora, parte de la controversia del siglo 16 descansaba en la derivación etimológica de la palabra justificación. Nuestra palabra justificación proviene del latín iustificare, y en la Iglesia Medieval lo que pasó fue que la doctrina de la justificación había comenzado a ser expuesta a la luz de los antecedentes de la Vulgata Latina, una interpretación en latín o traducción de la Biblia; en vez de hacerlo sobre la base del Nuevo Testamento en griego.

Y el problema que surgió ya en tiempos de San Agustín fue que el término iustificare en el viejo sistema judicial romano significaba el hacer justo el hacer justo. Iustus ficare significa hacer, y entonces comenzó a surgir la idea de que Dios nunca declararía a alguien justo a no ser que primero Él lo hiciera justo de alguna manera. Considerando que, según los reformadores, la palabra griega neotestamentaria dikaiosuné tenía que ver con esta declaración de alguien o entender que, o llamar a alguien justo, antes de que realmente se convirtiera en justo. Ahora, también es importante decir aquí que parte del debate sobre la justificación se centró en cómo la justificación ocurriría.

Cuando usamos la fórmula justificación por fe, estamos usando una forma de expresión, aquí la palabra «por», se usa como caso dativo que en español vendría siendo el objeto indirecto, por lo que sirve para expresar la persona que recibe la acción verbal.

Parte del debate del siglo 16 se centró en el tema de cuál es la causa instrumental o los medios por los cuales la justificación se lleva a cabo. Ahora en la Iglesia Romana la justificación se considera como requisito de fe, al menos entre los adultos, pero, inicialmente la justificación se lograba a través de lo que Roma llamó la causa instrumental del bautismo.

Es decir, en el sacramento del bautismo la gracia es infundida en el alma. Y la infusión o el verter esta gracia en el alma humana es. gracia salvadora. Y entonces, cuando uno recibe esta infusión de gracia en la infancia, es puesto en un estado de gracia. Y se mantiene en ese estado de gracia a menos que o hasta que la persona cometa un pecado que sea tan grave que es llamado pecado mortal.

Y el pecado mortal se define como mortal en lugar de venial, porque es un pecado tan grave que mata la gracia que está en el alma. Así que una persona pueda llegar a adulto, cometer un pecado mortal, tener aún fe, pero perder la gracia de la justificación.

Así que aquel que está en un estado de pecado mortal puede aún tener fe verdadera y no estar justificado. Ese es un punto crítico a recordar. Así que esa persona, para poder ser restaurada a un estado de gracia, tiene que pasar a través de lo que el Concilio de Trento llamó «La segunda tabla de justificación para aquellos que han naufragado en sus almas». Y la segunda tabla de justificación es definida por la iglesia como el sacramento de la penitencia.

Ahora bien, en un sentido muy real toda la controversia en el Siglo XVI se centra alrededor del sacramento de la penitencia. Sabemos de la polémica controversial que surgió en Alemania cuando Tetzel andaba vendiendo sus indulgencias, y otras cosas. Eso estaba todo vinculado a la doctrina de la iglesia del sacramento de la penitencia, que incluye varios elementos para que aquel que cometió pecado mortal sea restaurado al estado de la salvación. En otras palabras, recuperar la justificación ellos tuvieron que hacer uso del sacramento de la penitencia, que es realizado por la iglesia. Y esto tiene varios elementos, el primero de los cuales es la confesión sacramental.

La persona tenía que ir al sacerdote y confesar sus pecados – Padre, he pecado. He hecho tal y tal y tal y tal. Y también está incluido en el sacramento de la penitencia está la absolución sacerdotal, donde después que el penitente ha hecho su acto de contrición y ha hecho todo lo que la Iglesia requiere, el sacerdote dice: «Te absuelvo». Yo te absuelvo de tus pecados. Y luego, la siguiente dimensión de la penitencia que era requerida para que una persona sea restaurada a un estado de gracia era realizar obras de satisfacción. Así, la fe era requerida; la confesión era requerida; la absolución sacerdotal y las obras de satisfacción eran requeridas. Ahora, la iglesia fue muy cuidadosa en este punto al decir, que estas obras de satisfacción no proporcionaban lo que ellos llamaban meritum de condigno, un mérito que es tan virtuoso, un mérito tan, auténtico, un mérito tan, meritorio que imponía una obligación a un Dios justo para premiar a la persona, sino más bien se trataba de un menor tipo de mérito que Roma define como mérito congruente, meritum de congruo.

Y ese mérito congruente es mérito que es mérito real pero que se basa en la recepción previa de la gracia y es un mérito menor al meritum de condigno, pero meritorio suficiente, para que sea apropiado o congruente para Dios a fin de restaurar a alguien a la justificación.

Entonces, los medios en que la justificación se llevaba a cabo eran principalmente sacramentales. En primera instancia por el bautismo, en segundo lugar, a través del sacramento de la penitencia. Ahora bien, los Reformadores dijeron “no” , la causa instrumental, y allí, ellos están tomando del lenguaje de la iglesia y del lenguaje de la tradición que tiene sus raíces en las sutiles distinciones de Aristóteles sobre los distintos tipos de causas en donde Aristóteles definió la causa instrumental como aquella a través de la cual un trabajo se lleva a cabo y su analogía era como la de un escultor que estaba haciendo una pieza de escultura y fue esculpiendo un pedazo de roca o de madera en una estatua, la causa instrumental de su trabajo sería su cincel. Esa es la herramienta o el instrumento que utiliza para realizar, para cumplir, su propósito.

Los Reformadores dijeron que la causa instrumental de la justificación es la fe. La fe es el medio por el cual la justicia de Cristo nos. es dada. Ahora, esto plantea otro asunto que tal vez sea, más que cualquier otro punto de la controversia, es el centro de la controversia, y ese es el debate entre la gracia que viene a través de la infusión y la gracia que viene a través de la imputación.

Infusión de gracia fue el punto de vista de la iglesia romana donde a través de los sacramentos, la gracia en términos cuantitativos es descrita en términos cuantitativos es infundida o es vertida en el alma de la persona, y ahora esa persona tiene la justicia de Cristo vertida en su alma.

Ahora, sin esa justicia de Cristo, no hay justificación. Los protestantes, siento decirlo, a menudo han calumniado a la Iglesia Romana por haber dicho que la diferencia entre el protestantismo histórico y el catolicismo histórico es que los protestantes creen que estamos justificados por fe y los católicos creen que estamos justificados por obras, como si no hubiera necesidad de la obra de Jesucristo. Eso es pura calumnia para con la Iglesia de Roma.

La Iglesia Romana ha enseñado siempre que la obra de Cristo es absolutamente esencial para nuestra salvación. Pero aquí está cómo funciona. La pregunta, es entonces, ¿cómo es que me llego a apropiar de la obra de Jesucristo y el mérito de Jesucristo? ¿Cómo me beneficia? Bueno, de nuevo, Roma responde a esto por la infusión sacramental de la justicia de Cristo en el alma individual, y luego el individuo tiene que cooperar y asentir a esta gracia infundida a tal grado que se convierta en realmente justo.

Entonces, como declara Trento, la justicia, la verdadera justicia, está inherente en ellos. Y sólo cuando realmente llegan a ser justos a través de la ayuda y la asistencia de la gracia de Cristo, no es en sus propias fuerzas, ellos cooperan con esa gracia, pero una vez que la gracia infundida de Cristo es dada al alma y el pecador coopera con esta a tal grado que el pecador se hace en realidad justo; entonces, y solo entonces, Dios lo declara persona justa.

Esa es una de las razones por las que tienen que tener una doctrina del purgatorio y miles de años de limpieza y purga para seguir trabajando en el alma hasta que la persona llegue a ser lo suficientemente santa para ser declarada justa por Dios.

Ahora, la doctrina protestante es esta: Rápidamente, los protestantes creen que algo se infunde al cristiano en el momento de su conversión, y que es la entrada del Espíritu Santo de Dios que obra en nosotros para ayudarnos y asistirnos en nuestro crecimiento y santificación.

Pero con respecto a la justificación, el punto de vista protestante es que Dios justifica a quienes tienen fe por la imputación. Ahora, imputación significa esto: se trata de una transferencia de la cuenta de una persona a otra, por lo que la justicia de Jesús es transferida ante los ojos de Dios a la cuenta del creyente.

Así que cuando Dios ve al creyente, Él no ve el pecado del creyente, en términos legales, más bien Él ve a esa persona bajo la cobertura de la justicia de Cristo. Y este concepto de imputación tiene dos dimensiones en sí.

Por un lado, la expiación es vista como esencial para nuestra salvación, porque cuando Jesús muere en la cruz, Él muere como un sustituto por nosotros, Él muere vicariamente como el portador de pecado de Israel como el Cordero sin mancha a quien Dios imputa los pecados del pueblo. El drama del Antiguo Testamento del día de la expiación, el sacerdote ponía sus manos sobre la cabeza del cordero, lo que simbolizaba la transferencia de la culpabilidad de las personas a la víctima que sería expulsada de la presencia de Dios. Y así, en términos de la visión de la cruz del Nuevo Testamento, Cristo es el siervo sufriente que lleva los pecados de su pueblo, no porque Él mismo en Su propia humanidad se volviera inherentemente malo, sino que Él es un sustituto por nosotros, y Dios transfiere nuestra culpa a Él.

Y cuando Él muere en la cruz, Él está tomando el juicio negativo, la ira de Dios, para satisfacer el juicio de Dios. Dios castiga realmente nuestros pecados cuando castiga a Cristo, porque Él ha transferido nuestros pecados a Él.

Con frecuencia digo que, si le preguntas a un niño de seis años en la escuela dominical, ¿qué hizo Jesús por ti? El niño ha aprendido lo suficiente en la escuela dominical como para decir: Jesús murió en la cruz por mis pecados. A lo cual digo sí, es cierto, pero ¿qué más? Si lo único necesario para justificar al impío era que Jesús pagara la pena negativa de la maldición de Dios contra el mal, Él podría haber bajado del cielo y haber ido directamente a la cruz y luego volver en gloria. Pero en cambio, Él nació de una mujer, Él se sometió a la ley, y vivió toda su vida en rigurosa obediencia a cada punto de todos los requisitos que Dios le puso a su pueblo. ¿Por qué? ¿Por qué le dijo a Juan «bautízame, que es necesario que cumpla con toda justicia»?

Aquí los Reformadores entendieron el lugar de la obediencia activa de Cristo, que Cristo no solo pagó el castigo negativo por nuestros pecados, sino que positivamente alcanzó la perfecta justicia. Ven, si todo lo que Él hizo era pagar por nuestra culpa, esto simplemente nos pone de nuevo en el punto de partida, nos regresa al estado que Adán tenía antes de la caída, no culpable, sino inocente en el sentido de no tener ningún pecado. Pero sin tener una obediencia positiva a entregarse ante la justicia de Dios, no hay base para una concesión justa de recompensa, la concesión de la vida eterna y de los cielos.

Pero Cristo no solo muere por nosotros. Él vivió por nosotros. Ese es el punto del evangelio, que no solo mis pecados fueron transferidos a Él en la cruz, sino que su justicia perfecta se transfirió a mí, al poner mi confianza en Él.

Así que, cuando Dios nos juzga y nos declara como justos, nos declara justos porque Cristo es justo y porque estamos en Cristo por fe. Y esta es la razón por la que la causa instrumental de la justificación es la fe, porque esta es la fe que es la herramienta o el instrumento que nos une a Cristo.

Ahora bien, Lutero insistió en que el mérito o la justificación por la que los pecadores son justificados es lo que él llama un iustitium alienum, una justicia foránea o una justicia extraña, una justicia que Lutero dijo que era “extra nos” -fuera de nosotros. Si tengo que esperar a que la justicia verdadera se manifieste perfectamente dentro de mí, ¿cuánto tiempo esperaría para ser justificado? Esperaría por siempre.

Pero la buena noticia del evangelio es que Dios justifica al impío gratuitamente, al darle a todo el que cree una justicia que, por decirlo bien, no es propia. Es la justicia de alguien más. Es la justicia de Cristo que cumple por sí sola con el estándar del juicio perfecto de Dios.

Y así, una vez más, cuando se dice que la justificación es solo por fe, es solo un simple atajo para decir que la justificación es solo por Cristo, porque la base de nuestra justificación es el mérito justo de Cristo el único que tiene la justicia perfecta ante los ojos de Dios.

Y eso se nos da gratuitamente cuando creemos. Y así, lo que nos resta por ver en esta breve exposición es, ¿qué quiere decir que estamos justificados por fe? Santiago nos dice, “tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”

Así que es posible para nosotros pensar en la fe como una simple, aceptación intelectual de ideas correctas, y si dices bien, crees que Jesús murió por ti, y dices sí, sí, yo creo en eso, eso no constituye de por sí fe salvadora. Hay por lo menos tres elementos para la fe salvadora de acuerdo a lo que Reformadores destacaron.

En primer lugar, notitia, que es la información, los datos. Hay contenido en el evangelio que debemos creer. Debemos creer que Jesús es nuestro Salvador. Debemos creer que Él murió en la cruz por nosotros. Debemos reconocer que es cierto que somos pecadores ante un Dios santo. Esa es la información. Y tenemos. El segundo elemento es assensus o la aceptación intelectual. Tengo que aceptar que estas cosas son verdaderas, que Jesús realmente murió por mis pecados.

Pero, de nuevo, no es solo pasar un examen de teología. Una persona puede saber la información, e incluso estar de acuerdo en que es cierto, pero Satanás conoce el contenido y Satanás sabe que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, pero él no está redimido por eso.

¿Por qué? Debido a que el elemento crucial de la fe salvadora es lo que se llama fiducia o fiduccia, lo que significa confianza personal y dependencia. Y la fe salvadora es dada a todos aquellos que ponen su confianza en Cristo y en Su justicia y ponen su confianza solo allí.

Ahora los Reformadores dijeron que la justificación es solo por fe, pero no una fe que está sola, una fe verdadera, si realmente descansas en Cristo, y eres considerado justo por Dios, si tienes fe verdadera, esa fe inmediatamente, necesariamente, e inevitablemente producirá el fruto de la santificación.

Y si no hay fruto inmediato a la justificación, es prueba perfecta de que no hubo justificación, porque la idea de la fe sin el fruto de la obediencia es lo que Santiago llama una fe muerta y eso no puede justificar a nadie. Así que para Lutero la justificación es por fe, la que describe como una fides viva, una fe que está viva, una fe que es vital, una fe que se manifiesta por la fidelidad.

Pero de nuevo el tema en sí ¿es cómo soy justificado? No por mi propia justicia, no por mi propio mérito, sino por la justicia de Cristo y sólo de Cristo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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Sola Fide: Justificación

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Sola Fide: Justificación

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Continuando nuestro estudio sobre los temas básicos de la Teología Reformada, recordarán que en nuestra última sesión vimos el principio formal de la Reforma Protestante – la doctrina de Sola Scriptura. Y hoy estaremos viendo lo que los historiadores llaman la causa material de la Reforma – la controversia central sobre la cual se desencadenó todo el debate, me refiero a la doctrina de Sola Fide.

Y el término sola fide contiene la palabra sola, lo que significa solamente, y fide es la palabra para fe que proviene de fidelis. Como el lema de la Infantería Marina estadounidense: semper fi de semper fidelis, o el himno Adeste Fidellis, Venid Fieles Todos.

Sola Fide significa solamente por fe, y esta fue la afirmación central de Martín Lutero que provocó la gran controversia del siglo dieciséis. Y él respondía a la pregunta: «¿Cómo se justifica una persona delante de Dios?». Ahora bien, antes de dar una breve exposición de la doctrina de la justificación solo por fe, quiero tomar unos minutos… para recapitular sobre la urgencia que los maestros reformadores tenían con este tema.

Ellos no pensaban que el debate sobre justificación fuera un argumento de algún punto sutil de la teología en el que los teólogos se reunieran y discutieran asuntos secundarios y demás, sino que estaban convencidos de no solo la verdad de la justificación solo (solo) por fe, sino que también creían que era de vital importancia. Lutero decía que la justificación solo por fe es el artículo sobre el que la iglesia se mantiene o cae.

Ahora podemos ver eso desde el punto de vista del Siglo XX tal vez como una exageración o como una sobrevaloración, pero yo solo estoy mencionando a esta altura, que era claramente la convicción de Lutero de que esta doctrina era muy importante ya que tocaba el corazón y el alma del evangelio mismo.

Y de nuevo, es la afirmación de Lutero que la justificación es el artículo sobre el cual la iglesia se sostiene o cae, y es el artículo sobre el que se sostiene o cae porque es el artículo que nosotros entendemos que nos revela cómo somos redimidos.

Calvino adoptó una visión similar de la importancia de la doctrina. Él utilizó una metáfora diferente. Dijo que la justificación solo por fe es la bisagra sobre la cual todo gira en la vida cristiana. En nuestros días J.I. Packer, en su prefacio a la obra de Buchanan del Siglo XIX sobre la justificación, utiliza otra llamativa metáfora en la que compara la doctrina de la justificación solo por fe con la figura mitológica de Atlas, cuya tarea consistía en llevar el mundo en sus hombros. Y lo que el Dr. Packer estaba diciendo con esta analogía era que, así como Atlas tuvo que sostener el mundo, así la doctrina de la justificación solo por fe es la que mantiene todo lo demás en pie.

Bueno, la controversia tal como la conocemos encendió chispas y terminó quizás, no quizás, sino ciertamente, en la fragmentación más grave y seria de la cristiandad en la historia de la iglesia y se convirtió en la controversia más volátil de todos los tiempos.

Ahora bien, antes de entrar en una exposición de esto me gustaría leer un comentario de Martín Lutero, un par de comentarios de Lutero, en primer lugar, un comentario ampliado de su opinión de la importancia de la misma, y, en segundo lugar, en los últimos años de Lutero, un comentario de su profunda preocupación acerca de que la recuperación de la doctrina bíblica de la justificación solo por fe sería de corta duración.

Primero sus comentarios ampliados sobre la importancia de la misma. Él dijo: «Esta doctrina es la cabeza y la piedra angular. Sólo ella engendra, nutre, construye, preserva y defiende la iglesia de Dios. Y sin ella, la iglesia de Dios no podría existir…ni una hora». Y otra vez dijo: «El artículo de la justificación es el maestro y el príncipe, el señor, el gobernante y el juez sobre todo tipo de doctrinas. Este preserva y gobierna toda la doctrina de la iglesia, y hace crecer nuestra conciencia delante de Dios. Sin este artículo, el mundo está en muerte absoluta y en oscuridad. Ningún error es tan malo, tan torpe y tan gastado de no ser supremamente agradable a la razón humana y de seducirnos si estamos sin el conocimiento y la contemplación de este artículo».

Y luego, como he dicho, en sus últimos años Lutero hizo esta observación: «Son pocos los que conocen y entienden este artículo, y yo lo trato una y otra vez, porque temo mucho que, después de que nuestras mentes se hallan puesto a descansar, esto pase al olvido y vuelva a desaparecer. Y, en efecto, no podemos comprender o agotar a Cristo, la justicia eterna, con un sermón o pensamiento, o para aprender a apreciar que él es una lección eterna, no seremos capaces de terminar ya sea en esta vida o en la venidera».

Ahora, si puedo añadir mi propia observación personal a las de Lutero, Calvino y Packer, sería esto creo que la doctrina de la justificación solo por fe es, de todas las doctrinas de la Teología Sistemática, es relativamente la más fácil de entender con la mente. No es tan complicada o misteriosa o difícil, que solo los expertos especializados en teología pueden entenderla.

Pero llevar la doctrina de nuestras cabezas a nuestro torrente sanguino es algo totalmente distinto, porque una cosa es entender una doctrina, y otra muy distinta es tenerla como el aspecto que controla la fe por la cual vivimos ante Dios.

Y otra cosa que quiero decir antes de proceder a una exposición es que no somos salvos por una doctrina. No es la fe en la doctrina de la justificación solo por fe lo que redime a una persona. Es el contenido al que la doctrina apunta, lo que es tan central y crucial para nuestra salvación. De nuevo, preguntamos ¿por qué? La pregunta fundamental que la doctrina de la justificación está tratando de responder, y triunfa en ese intento, es la pregunta: ¿cómo puede una persona pecadora sobrevivir al juicio final de un Dios justo y santo?»

Y tan pronto hacemos esa pregunta, vemos de inmediato por qué es un tema de gran importancia, no sólo se trata de poner puntos a las íes o acentos o de aprobar un examen en teología sistemática, sino que es el hecho de cómo vamos a presentarnos ante Dios.

Recordamos la angustia y patetismo de David y lo patético de su pregunta, «JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Y fue una pregunta retórica, porque David entendió la respuesta a esa pregunta. Él estaba experimentando algo que todos debemos experimentar, cuando nuestra conciencia nos alerta de la presencia de pecado en nuestras vidas.

Él diría oh, Dios, si guardas un registro, si grabas todo, y si llevas todo esto a juicio, ¿quién podrá mantenerse? Y la respuesta es obviamente ¿qué? Nadie puede mantenerse.

Ayer tuve una conversación con un amigo mío que es judío y él me estaba haciendo preguntas acerca del cristianismo. Él quería saber cuál es la diferencia básica entre la fe cristiana y su propia… formación religiosa. Y yo le dije, ¿qué haces con tu culpabilidad? Y comenzó a titubear y dijo bueno, supongo que solo tengo que seguir intentando más duro, el obedecer las leyes para mantenerme kosher (limpio), y arrepentirme cuando hago mal. Entonces fui más allá y le dije bien,

¿cómo te va a perdonar Dios… si no se ha hecho otra expiación que no sea más que los sacrificios de toros y machos cabríos? Y eso nos llevó a una larga discusión sobre el mismo corazón del evangelio, porque la buena nueva es que Dios, según el apóstol Pablo, es a la vez justo y justificador de personas pecadoras.

Ahora, veamos esos conceptos, ya que exponen en conjunto que Dios es justo y justificador. Pablo dice que estos conceptos tienen que estar claros en nuestra mente si queremos entender el evangelio del Nuevo Testamento. El evangelio no dice que Dios simple y unilateralmente declara el perdón a todos en el mundo.

Ciertamente, la doctrina de la justificación incluye la doctrina de la divina misericordia y del perdón de los pecados. Eso es muy importante para nosotros, y expone ante nuestros ojos a un Dios que es un Dios perdonador. Recuerdo que cuando yo era un estudiante en Holanda, tenía gran dificultad tratando de aprender un idioma extranjero para hacer mis estudios de doctorado, y uno de los mayores problemas que tuve fue el mismo tipo de problemas que todos tenemos cuando aprendemos otros idiomas, y es, el aprendizaje de las expresiones idiomáticas de una nación o de cada lenguaje particular.

Alguien me estaba hablando el otro día y me dijo bueno yo no le doy “mente” a eso. Y una de las personas que estaba cerca de mí, era un invitado extranjero, que había aprendido español, y estaba completamente aturdido por esa expresión – no dar “mente” a eso. Dijo: Pero ¿qué significa eso? Y tuvimos que explicarle las peculiaridades de esa extraña frase. Pues uno de los modismos que me enredó, cuando fui a Holanda, fue una expresión idiomática usada por uno de mis profesores cuando estaba hablando de cómo Dios responde al pecado de los seres humanos, y él dijo: Dios no mira al pecado a través de sus dedos. Y eso me paró en seco. Jajaja

Le dije que no tenía idea de lo que estaba diciendo que Dios no mira nuestros pecados a través de Sus dedos. No fue hasta mucho después, cuando trataba de aprender más vocabulario leyendo las novelas de detectives en holandés que leí un episodio en el caso de Perry Mason donde un policía estaba hablando con un hombre que estaba mal estacionado pero que tuvo una urgencia para hacerlo y el policía le estaba hablando de otra cosa y quería que el hombre lo acompañara a algún lugar y el hombre le dijo bueno, no puedo dejar mi auto acá, ¿me vas a poner una multa por estacionar acá. Y el policía dijo oh, no te preocupes. Voy a mirar a través de mis dedos.

Ah, la expresión es hacernos de la vista gorda. Y el punto es que cuando Dios, en su misericordia, ofrece el perdón a aquellos de nosotros que somos culpables delante de Él, todo el proceso del perdón divino no significa que Dios se hace de la vista gorda del pecado y por lo tanto y con eso pone en peligro su propio carácter justo o su justicia.

Su manera de justificar a los culpables es trabajando desde toda la eternidad, de tal manera que Dios mismo permanece justo. Pero, de nuevo eso nos lleva a la pregunta original.

Si Dios es justo y yo no lo soy, y tengo que hacer frente a su justo juicio, ¿cómo puedo estar de pie? Lo que estoy necesitando, con desesperación, por toda la eternidad es, ser justificado. Ahora, lo que la Biblia dice es que Dios es tanto justo y el justificador, por lo que la forma en la que Él opera Su justificación será sin comprometer Su propia justicia.

Y el segundo punto aquí que es tan crucial es que es Dios el que da la justificación. Ahora no es difícil de entender que las implicaciones están claras, ¿cierto? Si Dios es quien justifica, ¿qué nos dice eso acerca de nuestra capacidad para justificarnos nosotros mismos?

No puedo hacer nada para justificarme, ni nadie más puede justificarme en este mundo, ni la iglesia puede justificarme. Es Dios, y solo Dios quien puede pronunciar el veredicto final de mi justificación o mi falta de ella. Así que en primera instancia los Reformadores del Siglo XVI insistieron en que la justificación es forense, (legal o judicial) y por eso se enseñaba lo que se llama justificación forense. Ahora, este término es un término que no se usa comúnmente en la iglesia.

El lugar más frecuente donde escuchamos la palabra forense es en juicios penales, o en Perry Mason, o en algún juicio famoso, o donde escuchemos acerca de patología forense o evidencia forense, o tenemos forenses estatales que se involucran en competencias de debates y discursos públicos, etc., porque el término forense aquí tiene que ver con algún tipo de anuncio o pronunciamiento en el campo de la ley.

Así que cuando hablamos acerca de la justificación como algo forense, entendemos por eso que, en el análisis final, Dios nos justifica cuando Él declara, pronuncia, que delante de Él somos nosotros declarados, considerados, juzgados como justos.

Entonces, justificación forense implica que Dios declara a una persona: siendo justa Delante de Él. Y como digo, es una declaración legal por la cual Dios declara a una persona justa. Ahora, yo usé una serie de palabras hace un momento que quiero desarrollar. Dije que Él nos juzga, declara, o considera, o reconoce, o nos cuenta como justos.

Ahora, para sostener esto tenemos que hacer una incursión pequeña en el latín simple, el cual hemos explicado en otros cursos, pero lo vamos a volver a repetir. La recopilación de Lutero de la suma y la sustancia de la doctrina de la justificación solo por fe está en su famoso lema, simul iustus et peccator. Simul, la palabra de la cual proviene en español simultaneo; iustus es la palabra para justo; et es la palabra para y peccator – la obtenemos de la palabra impecable o peccadillo, y así sucesivamente – es la palabra para pecador.

Así que lo que Lutero está diciendo es que en la doctrina de la justificación solo por fe lo que está sucediendo ahí es que los que son justificados son, al mismo tiempo, justos y pecadores. Ahora, aquí Lutero no está entrando en contradicción. Él no dice que somos justos y pecadores al mismo tiempo y en la misma relación.

En otras palabras, es un sentido diferente el que somos justos al sentido en el cual somos pecadores. Ahora, la buena noticia del evangelio, según Lutero, es precisamente en este punto, que lo que Lutero está diciendo es que la gloria del evangelio es que Dios declara a la gente justa aun cuando son pecadores, que Él declara a una persona justa ante Sus ojos y ante su ley, aun cuando bajo escrutinio son aun pecadores.

Ahora bien, es ese juicio de declarar a alguien justo. que de por sí no es justo lo que crea gran parte de la controversia sobre la doctrina y que ha llevado a algunos críticos de la Reforma a decir que los Reformadores postularon una ficción legal que hace a Dios culpable de mentir diciendo que alguien es justo, cuando en realidad no lo es.

Pero el concepto bíblico de la justificación descansa en Dios ajustando cuentas o declarando a la gente a ser algo que en sí y por sí mismos no son. Esto nos lleva de nuevo al libro del Génesis, el capítulo 15 de Génesis, cuando Dios hizo ciertas promesas al patriarca Abraham.

Y el autor de Génesis nos dice que Abraham “creyó a Jehová y le fue contado por justicia”. Y lo que Pablo dice en el Nuevo Testamento es el mismo concepto por el cual Dios cuenta o considera a la gente que ponen su confianza en Cristo como siendo justos, no porque su fe expía todos sus pecados o porque su fe es una forma suprema de justicia que cubre todas nuestras injusticias, sino más bien, la razón por la que Dios nos considera justos es a causa de la obra de Cristo a nuestro favor.

Y así llego a la conclusión de esta introducción a la doctrina de la justificación, que vamos a continuar en nuestra próxima sesión, diciendo que realmente la expresión de la justificación solo por fe es la síntesis teológica para la justificación solo por Cristo, porque el asunto fundamental es el siguiente: ¿Sobre la base de la justicia de quién, Dios declara a alguien justo?

Y la Reforma respondió eso claramente, que el único motivo por el que Dios siempre me va a ver como justo es en base a la justicia de alguien más: la justicia de Cristo.

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Sola Escritura

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La Biblia dice que todos los hombres son mentirosos, y me consta, por lo menos en mi caso, según vimos esto en la última sesión, concluí la última sesión diciendo que a partir de ahora solo íbamos a considerar los distintivos de la teología reformada. Y en las próximas dos sesiones estudiaremos la doctrina de Sola Scriptura y la Sola Fide, como ya lo he mencionado, son doctrinas cruciales que tienen en común los evangélicos, en sus tradiciones. Así que mentí. No mentí intencionalmente, pero me equivoqué. No quiero dejarles con la impresión de que la doctrina de Sola Scriptura es un principio distintivo o teológico reformado singular. Es parte de ese grupo de verdades que tenemos en común con el evangelicalismo histórico.

Dicho esto, veamos a continuación el principio que los historiadores llaman el Principio Formal de la Reforma Protestante: Sola Scriptura. En cierto sentido, este concepto nació públicamente en la famosa confrontación que Lutero tuvo con los jefes de Estado y de la iglesia en la Dieta de Worms, en el cual Lutero fue llamado a retractarse de su enseñanza, y recuerdan esa ocasión cuando se presentó en ese lugar solemne, y dijo: «Si no me convencen con la Sagrada Escritura o por la razón evidente, yo no puedo retractarme porque mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios.

Y actuar contra la conciencia», dijo Lutero, «no es ni seguro ni saludable.  Aquí estoy. Dios me ayude». Ahora, eso ha sido perpetuado en el cine tradicional, en la historia en libros y así sucesivamente. Pero, aunque este fue el debut en público en un sentido histórico en Worms, no fue un concepto que apareció con Lutero. Lutero había sido más o menos obligado a decir esto en debates anteriores con algunos de los teólogos que trataban de persuadirlo a cambiar su punto de vista. Él había dicho antes, que era posible que los Papas se equivoquen, que cometan errores, aún los concilios de la iglesia podían equivocarse, que la única fuente de revelación divina absolutamente autoritativa es la Escritura misma. Y así tenemos esta palabra ‘sola’ colocamos antes de la palabra Scriptura y la frase significa simplemente por la Escritura sola. Ahora, ¿qué significa esto? ¿Cuál es el punto de vista que nos preocupa aquí con el uso de la palabra «sola»?

En realidad, hay más de una observación, aunque todas están interrelacionadas entre sí. En primer lugar, una de las disputas a nivel del siglo XVI fue el tema de la fuente de la revelación divina. Todos los cristianos en el Siglo XVI creían que el cristianismo era una fe revelada cuyo contenido provenía de Dios, y ambos lados de la disputa —Roma y el protestantismo— en el siglo XVI estaban de acuerdo en que había al menos dos formas distintas donde Dios se revela a sí mismo. Una es en la naturaleza, que se llama revelación natural o revelación general donde los cielos cuentan la gloria de Dios, y la otra, por supuesto, es la Biblia.

Ahora ambas partes acordaron que la Biblia era la revelación. Y ambas partes acordaron que la naturaleza también es reveladora. Pero la disputa sobre «sola» era si había más de una fuente en lo que llamamos revelación especial. Y el Movimiento protestante dijo que solo hay una fuente en lo que se llama revelación especial o escrita, y ésta es la Escritura, en cambio Roma confesó su confianza en dos fuentes de la revelación especial: Escritura y tradición.

He hablado de esto en otros cursos, pero quiero revisar la secuencia de esto ahora en el contexto del estudio de la esencia de la Teología Reformada. En el Concilio de Trento del siglo XVI, el cual fue la respuesta de la Iglesia de Roma a Lutero y al protestantismo, el Concilio se realizó en distintas sesiones en diferentes momentos durante algunos años, y en la cuarta sesión del Concilio de Trento, la Iglesia de Roma declaró que las verdades de Dios se encontraban en las Escrituras y en la tradición.

La palabra latina que está en el texto final del Concilio de Trento y que vincula la Escritura y la tradición es una palabra un tanto llana y simple: et, Se trata simplemente de la palabra latina equivalente a ‘y’. Bueno, esta es una discusión complicada ya que un erudito anglicano del siglo 20 estaba haciendo su investigación de tesis doctoral, y él se estaba basando en la cuarta sesión del Concilio de Trento, la cual terminó de forma inesperada y abrupta debido al estallido de la guerra en el continente y habían quedado algunos cabos sueltos, y algunas cosas difíciles de explicar a partir de los debates que se iniciaron en ese momento.

Y lo que este erudito anglicano observó fue que en el primer borrador de la cuarta sesión del Concilio de Trento. La declaración fue hecha en latín, que la verdad de Dios está contenida en parte, partim, en parte en la Escritura y en parte en la tradición, lo que indicaría claramente que hay dos fuentes distintas y separadas para la doctrina de la iglesia: una viene de la Biblia, y la otra de la tradición histórica de la iglesia.

Ahora, cuando el primer borrador se presentó al Consejo dos sacerdotes que eran delegados en el Consejo se pararon y protestaron por el lenguaje. No sé por qué recuerdo sus nombres, pero sus nombres fueron Bonuccio y Noccianti. Estos dos sacerdotes italianos protestaron por el lenguaje diciendo que socavaba la suficiencia de la Escritura. Y allí el registro se detiene, y no sabemos lo que ocurrió después en los nuevos debates acerca de su objeción.

Todo lo que sabemos es que en el borrador final había un cambio. Y las palabras partim, partim, que claramente indicaban una doble fuente de revelación especial fueron tachadas, y en su lugar se usó la palabra et, que pudiera o no significar dos fuentes separadas. La palabra «y» aquí es un poco ambigua, ¿no creen?

Porque si me preguntan: «¿dónde encuentra usted la fe reformada?», yo diría, » pueden encontrarla en dos lugares. La pueden encontrar en la Biblia, o la pueden buscar en las confesiones que aparecen en la historia de la Iglesia tratando de resumir la Doctrina Reformada».

En la medida en que esos credos son consistentes con la Biblia, lo están repitiendo, y solo es otro lugar donde ir para encontrarlo. La iglesia puede haber querido decir que en primer lugar nos encontramos con la verdad de Dios en las Escrituras y luego tal como se nos presenta de nuevo en los concilios históricos o en los decretos de la iglesia; ese es el otro lugar donde se puede buscar, donde alguien podría decir, y aún sostener la Sola Scriptura.

Ahora, ese debate continúa hasta el día de hoy entre los estudiosos católicos contemporáneos en cuanto a si su iglesia tiene el compromiso de dos fuentes o una. Por desgracia, hay conservadores en la iglesia que dijeron que el cambio de partim, partim desde partim, partim a et no era una modificación de fondo, sino simplemente un cambio de estilo, y que la iglesia estaba claramente confirmando en el siglo XVI dos fuentes de revelación escrita.

Ahora, a pesar de que este debate aún continúa, fue más o menos resuelto por una encíclica papal en el Siglo 20, el cual se refiere inequívocamente a las dos fuentes de la revelación, ese ha sido la corriente principal de pensamiento en la Iglesia romana desde el Siglo XVI, que las verdades que se fundan en la tradición de la iglesia son tan obligatorias para las conciencias de los creyentes como las verdades de las Escrituras.

Mientras que en la herencia protestante el principio de semper reformanda es, es abrazado casi por todos los protestantes, esto es que, la iglesia está siempre llamada a someterse a la reforma y a revisar sus propios credos y confesiones para asegurarse de que están en conformidad con la Sagrada Escritura.

Y prácticamente las iglesias protestantes que tienen un credo o confesión que es única para su comunión se esforzaran en decir que sus propias confesiones no son infalibles y que no llevan el peso de la Escritura, excepto en la medida en que reproducen fielmente las doctrinas de la Escritura, porque se afirma el principio general, a saber, que solo la Biblia es la fuente escrita que tiene la autoridad de Dios mismo, la autoridad para obligar a nuestras conciencias de manera absoluta.

Y aunque estamos llamados a someternos a autoridades menores y respetar otras autoridades. En mi propia Iglesia estoy llamado a someterme a la autoridad del presbiterio o a la Asamblea de la iglesia local. Hay todo tipo de niveles de autoridad, y se me ha dicho que, si conscientemente veo que no puedo someterme genuinamente, entonces es mi deber retirarme de esa comunión en paz.

Pero por lo demás no debo perturbar la paz de la iglesia, actuando en conflicto directo con las confesiones o con el gobierno de la iglesia. Sin embargo, al mismo tiempo, la iglesia dice: sabemos que nuestras confesiones pudieran estar equivocadas y algunas ordenanzas de la iglesia posiblemente pudieran estar incorrectas, pero esto es lo que creemos que es la verdad y durante el tiempo que vamos a servir aquí tenemos esta obligación de someternos. No hay nada en Sola Scriptura que elimine otras autoridades, pero lo que dice es que solo hay una autoridad que puede atar a la conciencia de manera absoluta, y que esa es: la Sagrada Escritura, y que todas las controversias sobre la doctrina y la teología deben ser resueltas en el análisis final por la Escritura.

Ahora bien, hay otros aspectos, como ya he dicho, sobre esta sola, además del asunto de ser la única fuente de revelación escrita y segundo la única autoridad que puede obligar absolutamente pero no la única autoridad en absoluto, pero también estaba involucrada en esta afirmación del siglo XVI una clara afirmación de que la Biblia es la Vox Dei o la Verbum Dei, la palabra de Dios, o la voz de Dios siendo infalible e inerrante, ya que llega a nosotros por la superintendencia de Dios, el Espíritu Santo, que la Biblia es inspirada en el sentido de que su autor es, en última instancia, Dios.

A pesar de que se transmite a través de escritores humanos, la fuente última de su verdad y de su contenido proviene de Dios, y Dios, por supuesto, es infalible. Los escritores humanos en sí mismos son falibles, pero el punto de vista del protestantismo histórico fue que Dios ayudó en las debilidades de nuestra humanidad caída para que se preserve la Biblia de la corrupción que normalmente se esperaría encontrar en los escritos de los seres humanos por su superintendencia divina y por el ministerio especial del Espíritu Santo.

Y que a pesar de que la Biblia llega a nosotros en palabras humanas, y por autores humanos, se considera que es de origen divino. Ahora me doy cuenta de que a la luz de la controversia hoy en día sobre la infalibilidad de la Escritura, la inspiración de la Escritura y la inerrancia de la Escritura, palabras que han engendrado todo tipo de controversia teológica, están aquellos que han protestado en voz alta de que la idea misma de Escritura infalible o inerrante no era algo que se enseñaba y se abrazaba por los reformadores del siglo XVI, sino que fue el resultado de la intromisión de un tipo de Escolasticismo Protestante que aconteció en el siglo XVII y que se llamó la Edad de la Razón, donde estos racionalistas estaban tan preocupados por la certeza de que tenían casi una necesidad psicológica o emocional por la certeza en tal medida que se inventó este concepto de la inerrancia y la infalibilidad.

Bueno, ahora que el tema no es directamente un asunto de si la Biblia es infalible, es un asunto de dónde viene la doctrina. Es un tema histórico. ¿Será esto algo que fue inventado en el siglo XVII o en el siglo XVI?

Déjenme tomar unos momentos para leerles simplemente algunas citas de los reformadores magistrales del siglo XVI y decidan por ustedes mismos. Estas son algunas observaciones que vienen de la pluma de Martín Lutero que he incluido en mi libro. Lutero dice esto: Cita: «El Espíritu Santo mismo y Dios, el Creador de todas las cosas es el autor de este libro».

Otra cita: «La Escritura, aunque también es escrita por hombres no es de hombres, ni viene de hombres, sino de Dios». Una vez más, «Aquel que no lea estas historias en vano sostiene firmemente que la Sagrada Escritura no es sabiduría humana, sino divina». Otra vez, «La palabra debe permanecer, porque Dios no miente. Y el cielo y la tierra se arruinarán antes que la ‘j’ o una tilde de Su Palabra no se cumpla.” Y entonces cita a Agustín. «San Agustín dice en su carta a San Jerónimo, Cita: ‘he aprendido a tener sólo la inerrante Sagrada Escritura’». No es que Lutero esté citando a un erudito del siglo XVII. Lutero está citando a Agustín de finales del siglo cuarto, donde Agustín dice: «He aprendido a confiar solo en la inerrante Escritura».

Otra vez dice, «En los libros de San Agustín se encuentran muchos pasajes dichos por la carne y la sangre. Y en relación a mí mismo también debo confesar que cuando hablo aparte del ministerio en casa, en la mesa o en otra parte, hablo muchas palabras que no son la palabra de Dios. Es por esto que San Agustín, en una carta a Jerónimo, ha arrojado un hermoso axioma, que sólo la Santa Escritura ha de ser considerada inerrante».

Así que vemos que Lutero apenas cede. Otro pasaje que podía citar de Lutero es el que dice: «Las Escrituras nunca erran». Ahora, no sé si Lutero alguna vez usó la palabra inerrancia. Él solo usó la palabra inerrante.  Y dijo que la Biblia nunca se equivoca, que es la esencia misma del concepto de inerrancia. Así que creo que es una tontería tratar de argumentar que los reformadores del siglo XVI eran ajenos e indiferentes a la idea de la inspiración y la autoridad y la infalibilidad y la inerrancia de la Sagrada Escritura.

Pero otro de los puntos importantes de Sola Scriptura en el siglo XVI, que se ha convertido en un principio muy importante para el evangelicalismo histórico, fue un principio hermenéutico. Y los reformadores no solo confesaron su visión de lo que son las Escrituras y de dónde vienen, sino que también expresaron sus opiniones sobre la forma en que la Biblia debe ser interpretada y quién tiene el derecho y la responsabilidad de leerla.

Una de las cosas radicales que ocurrieron en la Reforma fue la traducción de la Biblia a la lengua vernácula, quitándola de las manos de aquellos que eran capaces de leer latín y/o griego o hebreo y poniéndola en manos de personas que solo podían leer en su lengua nativa.

Como lo hizo Lutero que tradujo la Biblia al alemán y Wycliffe la tradujo en Inglaterra al inglés y así sucesivamente, y en algunos casos la gente que hizo esto, lo pagó con sus vidas, porque el principio que se afirmaba en el evangelicalismo histórico era en primer lugar el principio de interpretación privada, lo que significa que cada cristiano tiene el derecho y la responsabilidad de leer la Biblia por sí mismo.

Y tiene el derecho de interpretarla por sí mismo. Ahora eso llegó a oídos de Roma, como consta en la cuarta sesión de Trento, lo que significa que los protestantes estaban dando licencia a los miembros de la iglesia no solo de leer la Biblia por sí mismos, sino de distorsionarla a voluntad.

Y, por supuesto, los reformadores se horrorizaron ante esa idea. Dijeron que todo cristiano tiene el derecho de interpretar la Biblia por sí mismos, pero ningún cristiano tendrá nunca derecho a malinterpretarla o distorsionarla de acuerdo a sus propios caprichos o sus propios prejuicios.

Pero el principio era que la interpretación privada se basa en otro principio que era el principio de la perspicuidad de las Escrituras, que es una palabra muy compleja. Ahora bien, Lutero dijo que hay muchas partes de la Escritura que son difíciles de manejar y que es por eso que necesitamos maestros en la iglesia y comentarios y todo eso, pero que el mensaje básico, ese mensaje que es necesario que una persona comprenda y asimile es evidente para cualquier persona que lo vea.

Y cuando Lutero habló acerca de cómo obtener la Biblia para los laicos, la iglesia dijo que, si se hace eso, se abriría una compuerta de iniquidad, porque la gente va a empezar a crear todo tipo de distorsiones horribles que es exactamente lo que pasó, pero Lutero dijo: «Si ese es el caso, y si una compuerta de la iniquidad se abre al abrir las páginas de la Biblia a la gente, que así sea».

Pero el mensaje que está claro es tan importante. Contiene el mensaje de nuestra salvación. Es tan importante y tan claro que tomaremos el riesgo de las posibles distorsiones y herejías que vengan con ello. Con tal de asegurar que el centro del mensaje de las Escrituras se oiga. Y como resultado de esta afirmación sobre la Sola Scriptura la Biblia fue puesta en la iglesia y la lectura de las Escrituras y la predicación de las Escrituras se convirtió en el centro de la liturgia y el culto del protestantismo histórico.

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Continuamos con el panorama general del tema «Qué es la Teología Reformada». Hace un tiempo publiqué un libro titulado “Gracia Desconocida», y la frase, la frase del subtítulo de este libro es «El Corazón de la Teología Reformada». Lo que estoy tratando de hacer es seguir el bosquejo del libro, el cual detalla a mayor profundidad todo lo que voy a decir en este breve resumen.

En nuestra primera sesión, vimos que la Teología Reformada es una teología, y ahora quiero sugerirles que la Teología Reformada es una Teología Sistemática. Uno de los privilegios en mi vida ha sido poder enseñar la disciplina de la Teología Sistemática a nivel de seminario.

Y sé que, en estos nuevos tiempos, con el advenimiento de la filosofía existencialista, por ejemplo, ha habido esta creciente antipatía o alergia, por así decirlo, contra todo lo que signifique sistemas, y en ocasiones con buena razón. Parte de la preocupación que la gente tiene es que sabemos lo que pasa cuando la gente adopta un sistema de filosofía y luego toma ese sistema y lo traslada a las páginas de la Biblia y luego trata de forzar todo lo que la Biblia dice conforme a ese sistema.

La idea de un pensamiento sistemático va mucho más atrás en la historia de la iglesia, pero aun en el período de la ilustración con la llegada del método científico moderno, los filósofos de aquellos días descubrieron o abogaron por un método o ciencia que llamaron el método analítico de estudio el cual en otros términos y en un lenguaje más común se llamaba: la tarea de búsqueda para encontrar la lógica de los hechos, es decir que los científicos explorarían los detalles del universo físico y dirigirían sus telescopios al cielo para recopilar tanta información particular como les fuera posible, luego de obtener estos datos intentarían encontrarle sentido.

Trataron de ver cómo encajaban juntas todas las piezas en particular. Históricamente, la tarea de la teología sistemática ha sido algo así. No es venir a la Biblia con un sistema preconcebido, sino ir a la Biblia, escuchar la palabra de Dios en todas sus particularidades, en todos sus detalles, y entonces, tratar de discernir cómo todas estas verdades individuales encajan entre sí, porque el supuesto de la teología sistemática es esta: que la Biblia es coherente, que, aunque Dios nos revela muchas cosas a nosotros, toda Su verdad está unificada en su propia persona y en su propio carácter. Me encuentro, de hecho, con la enseñanza.

A veces tengo charlas que se convierten en una especie de discusión abierta con mis estudiantes, y empezamos el seminario mirando una doctrina en particular dentro de la variedad de la teología sistemática, porque si les permito a los estudiantes hacer sus preguntas seguro que terminamos en otros temas muy lejos a la doctrina que empezamos a estudiar.

A primera vista podría parecer que sólo estamos dando vueltas persiguiendo conejos por caminos innecesarios, pero luego les recuerdo a ellos: les dije que esas preguntas que me están haciendo son preguntas que deberíamos hacernos ya que fluyen de la doctrina que estamos estudiando, porque cada doctrina de la Teología Cristiana toca de alguna manera todas las demás doctrinas de la fe.

Es decir que toda la fe cristiana está íntima e intrínsecamente relacionada en todas sus partes. De hecho, una de las cosas que nunca deja de sorprenderme es la manera en que la Biblia habla de tantas cosas durante tantos años y con miles de detalles y sin embargo, la simetría de las Escrituras está allí. Todo esto encaja de una manera tan coherente.

Cuando decimos que la teología reformada es sistemática, eso es lo que estamos diciendo desde el principio, que no estamos tratando de imponer un sistema a las Escrituras, sino de encontrar el sistema de doctrina que está en las mismas Escrituras para ver cómo todas las piezas encajan juntas. Ahora, una de las ironías de la teología reformada, y voy a usar la palabra paradoja a pesar de que a veces choco con esa palabra, les digo a mis alumnos cuando estudiamos teología sistemática que usualmente iniciamos la teología sistemática con el estudio de lo que llamamos teología propia.

No hablamos de lo opuesto a la teología impropia, sino que la teología propia se refiere a un enfoque sobre la doctrina de Dios. A diferencia de la doctrina del pecado o la doctrina de la justificación o alguna otra doctrina, sino más bien sobre nuestra comprensión de la naturaleza y el carácter de Dios mismo. Y aquí es donde la paradoja entra en juego.

Al inicio de este estudio, les digo a mis alumnos que, si nos fijamos en los credos y confesiones reformadas, y leemos lo que dicen sobre la naturaleza de Dios, tendrán que buscar con mucho, mucho esfuerzo para ubicar algo allí que sea claramente reformado.

Me refiero a las confesiones de los metodistas y luteranos y Episcopales y todas las demás denominaciones, tienen básicamente el mismo contenido y las mismas afirmaciones en sus credos. Todos decimos que Dios es eterno. Todos creemos que Dios es invisible, que Él es Espíritu, que Él es inmutable, omnipotente, omnisciente, y todas esas cosas de las que hablamos con respecto a los atributos de Dios.

Por eso digo, por un lado, no hay nada particularmente distintivo de la doctrina de Dios en la Teología Reformada que haga a la Teología Reformada diferente de otra teología. Sin embargo, una vez más, aquí está la paradoja. Si alguien me dijera, Roberto, ¿cuál crees tú que es el aspecto más distintivo de la teología reformada?, no dudaría en responder a esa pregunta diciendo, oh, es nuestra doctrina de Dios.

Ustedes dirán, espera un minuto. Me estás mareando con todo esto. Acabas de decir hace un momento, te oímos decirlo, que no hay nada particularmente distintivo entre la doctrina de Dios y la Teología Reformada. Y ahora estás diciendo que, al mismo tiempo, paradójicamente, lo que más distingue a la Teología Reformada es su doctrina de Dios. ¿Qué estás tratando de decir? Puedo ver las caras de asombro en aquellos que están sentados justo frente a mí, en este mismo instante. cuando hago esta afirmación aparentemente contradictoria. Y resalto «aparentemente». Permítanme tratar de aclarar esto y explicarles lo que quiero decir. Todos los cristianos tienen una afirmación de credo básicamente ortodoxa acerca del carácter de Dios, pero lo que creo que sucede con frecuencia en otras teologías es que cuando se desvía la atención hacia otra doctrina hay una tendencia a olvidar su afirmación sobre el carácter de Dios.

Y la doctrina de Dios es solo una de muchas doctrinas de la fe, más que la doctrina dominante de la fe. Por ejemplo, nunca en mi vida he conocido a un cristiano que me mire a los ojos y me diga que no cree que Dios es soberano. Los cristianos, en esencia, están bastante dispuestos a afirmar la soberanía de Dios.

Pero si orientamos el debate en relación a la soberanía de Dios, por ejemplo, con la doctrina de la elección, con las doctrinas de la gracia, en muy poco tiempo habrá una controversia muy muy seria sobre la naturaleza de Dios. ¿Dios establece todo lo que va a ocurrir?

¿Sabe Él todo lo que va a pasar antes de que suceda? Una vez más, si volvemos a preguntar si crees que Dios es omnisciente, la mayoría de los cristianos dirán que sí. Pero luego, cuando exploramos lo que significa que Dios lo sabe todo, ¿estamos hablando de lo mismo? ¿Estamos diciendo que Él lo sabe, simplemente porque Él tiene percepción de genio?, ¿o decimos que Él sabe todas las cosas porque Él ordena todas las cosas. Es decir, ¿cuál es la relación entre Su soberanía con Su Conocimiento?

En Teología Reformada constantemente probamos nuestra doctrina, volviendo a nuestra comprensión fundamental del carácter de Dios. Y realmente creo que es el único factor central de la Teología Reformada, o sea que está incansablemente comprometida a mantener la pureza de la doctrina de Dios a través de todos los demás elementos de nuestra teología.

Ahora, hay algunas otras cosas que quiero decir sobre la Teología Reformada, y es que la Teología Reformada no solo es sistemática la Teología Reformada es católica. Ahora, ¿qué quiero decir cuando digo que la Teología Reformada es católica? Por lo general, pensamos en la Reforma como una protesta contra el catolicismo, pero recuerden que la teología que surgió y que se puso al frente del escenario en pleno siglo XVI no fue algo que se inventó por primera vez en el siglo XVI.

Fue una reforma no una revolución. Fue un intento en el siglo XVI de recuperar la fe Histórica Apostólica cristiana. Y en el tiempo de la Reforma prácticamente todas las iglesias que surgieron de ahí continuaron abrazando las Verdades católicas de la fe cristiana, es decir, las verdades que abrazaron y confesaron los cristianos de todas las tendencias, de todas las denominaciones, y de todas las tradiciones.

Quiere decir que aquí la palabra católica no se refiere a la iglesia romana ni a la iglesia católica rusa o a algún otro grupo en particular, sino más bien que el término se usa en el sentido original de su significado universal: toda la iglesia.

Por ejemplo, en los primeros siglos la iglesia tuvo que convocar Concilios claves para hacer frente a los principales problemas teológicos por las amenazas de las grandes herejías, como la controversia Ariana en el siglo IV, la controversia Monofisita en el siglo V, y así por el estilo.

Fue en estos grandes concilios, como el Concilio de Nicea, donde la Deidad de Cristo se abrazó y confesó firmemente. En el siglo V, durante el Concilio de Calcedonia la Iglesia confesó su fe: que Cristo es verdadero hombre y verdadero Dios. Ahora, las afirmaciones del cristianismo histórico acerca de la Trinidad, la deidad de Cristo, la expiación de Cristo, esas son afirmaciones que son compartidas por todos los grupos cristianos ortodoxos históricamente.

Esas afirmaciones se encuentran históricamente en todos los credos de las diversas denominaciones. Así que tanto los luteranos, como metodistas, episcopales y presbiterianos, históricamente, tienen un gran grupo de doctrinas en común que comparten entre todos ellos. Y esa esencia común del pensamiento cristiano es la base sobre la que descansa toda la teología.

Así que cuando hablamos de Teología Reformada como un distintivo para diferenciarla, por ejemplo, de la Teología Dispensacionalista o la Teología Luterana o cualquier otra teología particular de la que estamos hablando, reconocemos ante todo que hay un núcleo común de la doctrina que forma parte de todos estos distintos grupos.

Ahora, la razón por la que digo esto es por la tendencia que hay de pensar en Teología Reformada como si ésta fuera el distintivo de la Teología Reformada. Algunos me dicen: «háblame de la Teología Reformada. ¿No es la de los cinco puntos del calvinismo?». Y yo digo, pues sí, los cinco puntos del calvinismo tienen mucho que decir y mucho que ver con la Fe Reformada, y vamos a explicar esos conceptos más adelante en esta serie. Pero sería un grave error de la Teología Reformada pensar en ella exclusivamente en términos de nuestros distintivos.

Hay que recordar que esas doctrinas descansan sobre una base común que compartimos con muchos otros grupos cristianos. Es decir, tenemos la fe católica. Ahora bien, además de esto, toda Teología Reformada es evangélica. Ahora este es un segundo gran título que estamos usando. El primero era católico, y éste es evangélico.

Ahora todos los que son evangélicos en el sentido histórico también son católicos. No todos los que son católicos son evangélicos, pero todos los que son evangélicos comparten la doctrina común de la Iglesia universal con todos los demás. Ahora no todo el que es evangélico es presbiteriano o luterano o metodista, o cualquiera de estas otras denominaciones, de modo que no todo el que es evangélico es reformado.

Pero todo el que es reformado en el sentido histórico del término también es evangélico. Compartimos no sólo una herencia común de cristianismo católico, sino que, con los hermanos protestantes compartimos una tradición común evangélica. Ahora, el término evangélico está otra vez bajo acoso hoy en día, y es una cuestión de confusión en cuanto a lo que realmente es en nuestros tiempos.

Esta confusión no existe históricamente. Fue en los tiempos de la Reforma donde el término o etiqueta evangélico se acuñó, y fue acuñado por los reformadores porque ellos creían que con la doctrina de la justificación sola por fe ellos estaban recuperando lo evangélico del evangelio del Nuevo Testamento.

Y puesto que el corazón de la controversia del siglo XVI se centró en la doctrina de la justificación, todo el debate se centró en la pregunta: ¿qué es el Evangelio? Así que los protestantes se llamaron a sí mismos evangélicos, entendiendo por esa etiqueta que estaban adoptando la definición de Lutero de la doctrina de la justificación: justificación por fe.

De esa tradición, como sabemos, había muchos en el siglo XVI que abrazaron la posición de Lutero sobre la justificación como la posición bíblica. Y ciertas tradiciones diferentes provienen de allí, todas manteniendo la convicción básica central de que la justificación es solo por fe y que este es el corazón mismo del Evangelio en sí, pero fueron en otras cosas donde diferían, por ejemplo, sobre el asunto de los sacramentos, sobre el gobierno de la iglesia, y sobre otras doctrinas, pero mantuvieron este compromiso común a eso.

La otra doctrina que era común al evangelicalismo histórico fue la doctrina de la autoridad de las Escrituras, o lo que se llama la Sola Scriptura, que vamos a ver más adelante. Y así, los historiadores han dicho que el asunto material o la causa de la Reforma fue la doctrina de la justificación, la causa formal fue la doctrina de la autoridad de la Escritura.

Y una vez más, la Reforma vio una fragmentación de numerosos grupos de protestantes, había una unidad básica de acuerdo entre ellos sobre dos tesis centrales: Primero, la doctrina de la justificación por la fe sola, y segundo, la doctrina de la autoridad de la Escritura. Así que, ahora vamos a la tercera etiqueta, que es: «Reformado». Cuando usamos esta etiqueta estamos haciendo otras distinciones en la taxonomía de la teología.

La taxonomía es la ciencia de la clasificación. Hacemos eso en el mundo biológico. Dividimos en reinos: el reino vegetal y el reino animal. Todas las plantas están en el reino vegetal, y por otro lado, todos los animales forman parte del reino animal. Una vez que tienes los distintos reinos, luego los subdivides, en clase, orden, familia, género, y las especies y todos esos diferentes tipos de clasificaciones. en la medida que refinas más y más las divisiones entre los mamíferos y reptiles y vertebrados e invertebrados y todo ese tipo de cosas, vas haciendo distinciones cada vez más y más finas para tratar de comprender el mundo que nos rodea. Nosotros hacemos lo mismo en teología y en las tradiciones teológicas.

Ahora, hay muchos grupos evangélicos, como ya he dicho: luterano, episcopal, metodista, bautista, y así sucesivamente. Y ellos difieren entre sí en ciertos puntos. Y cuando hablamos de un luterano diremos que un luterano es una persona que se aferra a las doctrinas históricas que son particularmente características del luteranismo.

Ellos también son evangélicos, y también son católicos. Ahora, definiendo la Tradición Reformada, encontramos doctrinas que son exclusivas a la Fe Reformada, que no siempre son compartidas por otros entes cristianos.

Por eso, cuando decimos que alguien es reformado, estamos diciendo, todo al mismo tiempo que esa persona abraza distintivamente los credos reformados de la historia, como el Catecismo de Heidelberg, la Confesión de Bélgica, la Confesión de Westminster, y así sucesivamente.

Además, comparten una herencia evangélica común con otros creyentes, y todo el tema se basa en el fundamento católico. Y a modo de preparación. Tenemos que tener cuidado de no pensar que lo reformado, y solo esto, es la Fe Reformada, porque la Fe Reformada, a pesar de que tiene sus propias características distintivas, contiene en sí doctrinas unificadoras con otros cristianos: con todos los evangélicos y con los que retienen las verdades católicas del cristianismo histórico.

Lo que vamos a hacer en el resto de esta serie es prestar atención a los distintivos que diferencian a la Teología Reformada de otra teología evangélica, y del amplio título de la teología católica. Así que de ahora en adelante vamos a estar examinando los distintivos, pero solo con esta salvedad, ahora, y esta advertencia; voy a recalcar esto para que recuerden que cuando nos fijamos en los distintivos, los distintivos no son todo lo que está ahí. Los distintivos establecidos en la tribuna están establecidos ahí sobre la base del cristianismo católico y evangélico.

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Hace algunos años, un profesor del Seminario Teológico Gordon Conwell, al norte de Boston, el Dr. David Wells, publicó un libro que cayó como una bomba entre el círculo de los teólogos de la nación. El título en español sería; «No hay lugar para la Verdad». Y el subtítulo, lo encuentro significativo, ya que él usó la frase: «¿Qué pasó con la Teología Evangélica?». Este libro causó gran revuelo en el mundo evangélico. El Dr. Wells expone aquí su preocupación por la desaparición de la teología confesional en la vida de la iglesia de hoy.

Me gustaría iniciar esta serie leyendo un breve comentario de este libro del Dr. Wells. Él hace esta declaración: «La desaparición de la teología en la vida de la iglesia  y la orquestación de esa desaparición por parte de algunos de sus líderes es difícil no notarlo hoy en día, pero, por extraño que parezca, no es fácil de probar. Es difícil pasar por alto en el mundo evangélico la adoración vacía que es muy frecuente, por ejemplo, en el cambio del foco central de la fe: de Dios a uno mismo y la predicación psicologizada que sigue a este cambio. En la erosión de su convicción, en su pragmatismo estridente, en su incapacidad para pensar agudamente sobre la cultura, y en el deleite de lo irracional».

Hace poco asistí a una reunión, en Filadelfia, era con la junta directiva de una organización conocida por la sigla ACE, que es la Alianza de la Confesión Evangélica, la cual se reunió en primer lugar debido al estímulo que produjo el libro del Dr. Wells, ya que este grupo estaba preocupado por ayudar a llamar a la iglesia de vuelta a su raíz confesional, entendiendo que El cristianismo tiene una teología.

Ahora bien, el propósito de esta serie que iniciamos hoy es dar una visión general, una especie de vistazo de la esencia de esa teología que se llama la Teología Reformada, a diferencia de otras ramas del cristianismo histórico. No tendremos tiempo o la oportunidad de ver todos los detalles de la Teología Reformada, pero quisiera darles una especie de compendio, una introducción a las ideas principales que encontramos en la Teología Reformada.

La primera cosa que quiero mencionar hoy es que la Teología Reformada es una teología. Ahora eso suena algo redundante, lo sé, pero quiero dejar en claro una distinción y es que hay una diferencia entre religión y teología. Una de mis ilustraciones favoritas para esto surge de una experiencia personal que viví años atrás. Fui invitado por la facultad y la administración de una universidad en el oeste medio del país era una universidad cristiana, y estaban sin presidente en ese momento, y como resultado, la escuela estaba pasando por un período de auto-evaluación, ellos me pidieron que hablara a la facultad acerca del tema «¿Qué es una universidad cristiana?».

Cuando aparecí en el campus, el decano me saludó y me dio una gira rápida por las instalaciones, y cuando pasábamos por el edificio de las oficinas de la facultad, noté que una de las puertas de las oficinas tenía grabado en la parte superior el nombre, «Departamento de Religión». Yo no dije nada, solo lo guardé en mi mente por un momento, y luego más tarde, en la noche, cuando me dirigí a los profesores con el tema, «¿Qué es una universidad cristiana?», antes de empezar mi mensaje, les pregunté. Les dije: «Me di cuenta esta tarde que tienen aquí en la universidad un Departamento de Religión. Y mi pregunta es, ¿este departamento siempre se ha llamado el Departamento de Religión?». Y hubo un profesor ya mayor al fondo de la sala que levantó la mano y dijo: «No, antes solía ser llamado. El Departamento de Teología. Lo cambiamos hace unos 30 años. por el Departamento de Religión». Le dije :» Bueno, ¿por qué lo cambiaron?». Él no sabía. Y pregunté al resto de la facultad, pero empezaron a especular acerca del cambio.

Dijeron: tal vez para facilitar a nuestros estudiantes el transferir sus créditos académicos de nuestra institución a otras universidades, etc. Bueno, en ese instante cambié a la siguiente pregunta: «¿Qué es una universidad cristiana?», o ¿qué es la educación cristiana?

Les recordé a mis colegas esa noche que hay una profunda diferencia entre el estudio de la religión y el estudio de la teología. Ahora, para aquellos que están viendo esta presentación, he puesto en mi pizarra un breve esquema donde hago una distinción entre dos enfoques que hay al tratar el tema de la fe. Uno, al que llamó centrado en Dios; y otro, centrado en el hombre.

Y la ilustración que utilizo aquí tiene un círculo con la palabra teología en ella y una línea que viene por debajo de ella a un sub-círculo, que dice: antropología. Y el propósito de mi diagrama es mostrar que en un enfoque de la fe centrado en Dios, la disciplina o el estudio de la humanidad, la ciencia de la antropología está incluida en la ciencia de la teología.

Esto refleja de alguna manera la forma en que los cursos universitarios se estructuraban en la Edad Media cuando se decía que la teología era la reina de las ciencias, con la idea de que todas las otras disciplinas en la educación estaban incluidas en la búsqueda de la verdad última que se encuentra en el estudio de la naturaleza y el carácter de Dios.

Y supone que el estudio de la humanidad se buscó siempre a la luz de nuestra comprensión de Dios, ya que el hombre es creado por Dios y que somos portadores de la imagen de Dios, para tener una adecuada comprensión de lo que significa ser humano primero tenemos que estudiar el prototipo en lugar de mirar a su reflejo.

Y a continuación, por debajo de la línea central, tengo contenido en un círculo el enfoque del hombre centrado en las cosas que ve la antropología, y luego bajo este un círculo más pequeño que dice religión. Si vamos a las universidades seculares de hoy y estudiamos religión generalmente esos estudios se llevarán a cabo en el marco del Departamento de Sociología o de Antropología.

Y la diferencia es esta: el estudio de la teología es el estudio de Dios en Sí mismo, primero y ante todo. El estudio de la religión es el estudio de un tipo particular del comportamiento humano. Nos damos cuenta que hay todo tipo de religiones en el mundo, y cuando las personas están involucradas en la religión, están involucrados en cierta cosas características como la oración y la adoración y el sacrificio y el canto y la devoción y ese tipo de cosas, todas pertenecientes a la parafernalia de las religiones humanas.

Y cuando estudiamos la religión desde una perspectiva humana, estamos examinando cómo personas que tienen ciertas creencias sobre lo sobrenatural se comportan en su vida personal y en su vida de culto. Pero cuando digo desde un principio que la Teología que la Teología Reformada es una teología, no una religión, quiero decir con esto que no es simplemente una manera de comportarse, que se puede determinar mediante el estudio de los asuntos humanos, se trata más bien de un sistema de creencias que es de hecho una visión de la vida y del mundo entero con Dios en el centro.

Ahora, vivimos en una cultura que tiene ciertos axiomas y adagios que son populares en la nomenclatura del día. Ustedes deben haber escuchado decir: que no importa lo que creas mientras seas sincero. Y esa idea comunica que lo que a Dios le preocupa realmente de nosotros es que seamos religiosos. No importa cuál sea la religión, siempre y cuando seamos sinceramente religiosos.

Bueno, esa idea está en un punto de colisión con el cristianismo bíblico, porque en primera instancia la Biblia reconoce que el hombre es incurablemente religioso, es homoreligiosus, y donde quiera que miremos en el mundo, nos encontramos con todo tipo de manifestaciones religiosas. Cuando el pueblo judío fue llamado por Dios y consagrado y apartado para ser una nación santa, no eran las únicas personas religiosas en el mundo.

Todas las naciones alrededor de ellos tenían sus religiones particulares. Pero cuando Dios hizo pacto con su pueblo y los llamó a ser santos, a ser diferentes en el comienzo mismo de su ley. Él dejó algunas cosas absolutamente claras. Lo primero fue, «No tendrás dioses ajenos delante de mí». Y lo segundo, «No harás para ti mismo ninguna imagen».

Al comienzo del pacto del Antiguo Testamento en el Sinaí hubo un énfasis en una fe que había de ser diferente a las otras religiones, una fe que se centró y se centra en el carácter mismo de Dios. Ahora, sabemos lo que ocurrió muy temprano en la historia de Israel en el Antiguo Testamento. Recientemente tuvimos una conferencia en Orlando sobre lo esencial de la fe Cristiana, y pedí la atención para ver un incidente que quedó registrado en el capítulo 32 del libro del Éxodo, voy a leerles una parte de este episodio, empezando con el verso 17. Leemos lo siguiente: «Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento. Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo».

Ahora imagínense este escenario. Moisés acaba de regresar del Monte Sinaí. Él ha estado a solas con Dios, conversando con Dios, por así decirlo, cara a cara. Y cuando él desciende de la montaña, se encuentra con Josué, y Josué viene a Moisés y le dice que escucha este ruido fuerte proveniente del campamento.

Y el primer instinto de Josué fue imaginar que había algún tipo de guerra porque no se escucha este tipo de gritos, chillidos y alaridos de un tumulto de gente excepto en el campo de batalla. Pero a medida que se acercaba, dijo «espera un minuto». No es el sonido de la victoria, no es el sonido de la derrota.

Es el sonido de cantos lo que escucho. Y se dio cuenta de que se estaba acercando a la gran asamblea de los hijos de Israel, ya que habían sido convocados para la observancia religiosa cantando vigorosamente en la celebración de su religión, pero fue una celebración que se centró en un becerro: Un becerro de oro que el pueblo le había impuesto y suplicado al sumo sacerdote Aarón que les hiciera, para que pudieran tener un dios como todas las otras naciones, un dios que fuera tangible, un dios que pudieran ver, un dios que fuera contemporáneo, un dios que fuera relevante, un dios con el que pudieran emocionarse.

Y el primer sumo sacerdote consagrado por Dios mismo sucumbió a las demandas de la gente, y les construyó un becerro de oro. Ahora, mientras tanto, en lo que esto ocurría, inicialmente Moisés, usted recuerda, había estado en el Sinaí en una relación con Dios. Y Dios sabía lo que estaba pasando al pie de la montaña, pero Moisés no.

Escucha lo que Dios le dijo a Moisés en el versículo 7: «Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende,.. porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; »

Las personas se dedicaban a la religión, pero la religión que estaban celebrando era una religión que tenía una teología de este mundo, una teología que distorsionaba y corrompía el propio carácter de Dios, una teología que se alejó de la adoración verdadera y digna de Dios a la adoración de cosas hechas por el hombre.

Y Dios dijo a Moisés: Mira esto, ellos están adorando este becerro. Y están diciendo que este es el dios.. que los sacó de la tierra de Egipto, como si ese becerro, hecho por sus propias manos, pudiera haberles liberado de cualquier cosa. Ellos oraron al becerro; le ofrecieron adoración y sacrificios. Y el becerro era sordo, el becerro era mudo. No podía ver nada, no podía hacer nada. No era omnipotente, sino impotente. Pero fue un sustituto del Dios vivo.

Ahora bien, en el primer capítulo de Romanos, el apóstol Pablo dice que Dios se ha revelado, él mismo a través de las cosas que fueron hechas manifiestas claramente, de manera que todos en este mundo conocen el eterno poder y divinidad de Dios. Y sin embargo, el principal pecado de la humanidad es tomar ese conocimiento de Dios y menospreciarlo, para hacer lo que el Apóstol dice en Romanos: que detienen con injusticia la verdad, y luego intercambian esa verdad por la mentira y sirven a las criaturas antes que al Creador.

El intercambio es entre lo incorruptible, trascendente, santo que Dios es, por la corrupción de las cosas hechas por hombres. En otras palabras, amigos, el pecado más básico que nosotros, y no solo los aborígenes paganos o las tribus primitivas cometen, sino el que nosotros cometemos, lo que nos acosa la tendencia a la idolatría. Y la idolatría involucra religión, pero incluso la religión cristiana puede ser idólatra. Cuando despojamos a Dios de sus verdaderos atributos y ponemos en el centro de nuestra adoración algo que no sea Dios mismo.

Ahora bien, si vamos a mirar la esencia de la Teología Reformada, tengo que decirles que el foco más estricto de la Teología Reformada está en la teología, en el conocimiento del Dios verdadero. Vivimos tiempos donde la gente dice que la teología no importa. Esto es lo que denuncia David Wells en su libro, «No hay lugar para la Verdad».

Lo que cuenta es sentirse bien, ser servidos en nuestras necesidades psicológicas, tener un lugar donde podamos sentir al calor del compañerismo y tener un sentido de pertenencia y de relevancia. Y la teología es algo que divide, algo que suscita controversia y debates. No necesitamos doctrina, se nos dice, necesitamos vida.

En el corazón de la Teología Reformada está la afirmación de que la teología es vida, porque la teología es el conocimiento de Dios. Y no hay conocimiento más importante que exista para informar a nuestras vidas que el conocimiento de Dios.

De esto trataba la Reforma Protestante. Hubo escándalos en el sacerdocio, se nos dice que había problemas de inmoralidad, tanto entre el pueblo católico romano como entre los protestantes. Y Lutero en ese momento dijo que Erasmo atacó al Papa en su vientre. Él dijo yo lo ataqué en su doctrina. Lutero aún admitió haber dicho: hay comportamientos escandalosos entre nuestra propia gente, pero lo que tratamos de hacer primero es venir a una comprensión profunda de Dios, porque nuestras vidas nunca serán reformadas, nunca serán puestas en conformidad a Cristo hasta que antes tengamos una comprensión clara del original, del modelo, del ideal, de la verdadera humanidad que se encuentra en Cristo. Y eso es una cuestión de teología.

Así que empecemos con el claro reconocimiento de que la fe Reformada es una teología, una teología que impregna toda la estructura.

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Continuando con nuestro estudio de la santidad de Dios, recordemos que hemos estado lidiando con la pregunta acerca de cómo la santidad de Dios se relaciona con su justicia. Uno de mis himnos cristianos favoritos es “Sublime Gracia”. Pero me pregunto si es que realmente creemos las palabras de ese himno. ¿Cuándo fue la última vez que quedaste asombrado por su gracia? Pareciera como si lo que nos sorprende de Dios es su ira o su justicia.

Yo enseño teología, y tengo estudiantes que vienen a mí todo el tiempo y que se hacen esa pregunta profunda y problemática: ¿Cómo puede Dios siendo bueno, siendo misericordioso, permitir los horrores y el sufrimiento que encontramos en este mundo? Eso es lo que los sorprende, que si Dios es tan amoroso, Dios es tan misericordioso y Dios tiene tanta gracia, ¿por qué permite tanto dolor y pena que existe en su mundo?

Ellos dicen, ¿Cómo puede Dios permitir que eso me pase a mí? Tengo un amigo querido que perdió su hijo, su bebé, por muerte súbita infantil, y estaba sumamente angustiado con eso. Y no estaba solo afligido, sino que también estaba enojado. Y él vino a mi agitando sus puños en mi rostro y diciendo, “RC, ¿cómo pudo Dios permitir que esto sucediera?” Y yo no hago esto usualmente en consejería o en cuidado pastoral, pero él estaba tan enojado que traté de detenerlo de un porrazo. Lo miré fijamente y le dije: ¿Por qué no debía pasar? ¿Por qué no haría esto a tus otros hijos? ¿Por qué Él no te causaría la muerte al instante que te levantaste de tu cama esta mañana, dado que en los últimos quince minutos todo lo que ha salido de tu boca es blasfemia? ¿Por qué no te mata?

Yo puedo entender a un Dios santo matando a todos los que no son santos. Lo que me molesta es cómo un Dios bueno puede permitir que exista el mal. Y si realmente queremos librar al mundo del mal, me parece que la forma más rápida de hacerlo sería eliminando a la gente del mundo, porque somos los que propagamos el mal en este mundo. Y lo más que debemos temer es la bondad de Dios, porque un Dios bueno no tolerará la maldad. Entonces lo que realmente debería asombrarnos, no es su justicia cuando Él la despliega, no su ira cuando Él la expresa, sino su misericordia y gracia, la cual derrama en abundancia.

Tuve alguna vez un estudiante que una vez vino para decirme que lo más difícil con lo que lucha en su teología, lo que no puede entender es por qué Dios permite que él sea redimido. Esa es la pregunta. Lo que no puedo sacarme de encima es ¿por qué Dios se molestaría en salvar a RC Sproul? ¿Por qué no me ejecutó la primera vez que pequé? ¿Has pensado en eso? Mira, de alguna manera, en lo profundo de nuestros corazones abrigamos la idea de que el cielo no podría ser lo mismo sin nosotros, que de algún modo merecemos cada cosa buena que tenemos, y que todo lo demás que tenemos que no es tan bueno es porque somos pobres víctimas inocentes.

Nunca ha habido una mentalidad de víctima tal como la hay hoy en día. Por favor no me malinterpretes. Las injusticias ocurren en este mundo todo el tiempo, pero esas injusticias son cometidas por personas en contra de personas. Yo he cometido injusticias contra otros toda mi vida. He sido la víctima de injusticia en las manos de otros toda mi vida. Y se nos dice en las Escrituras que supliquemos por justicia en el sentido que donde hemos sido tratados injustamente, Dios nos permite pedirle que nos vengue y que traiga justicia donde hemos sido injustamente acusados o tratados injustamente.

Pero esto, mis amigos, es solo en el plano horizontal. Si me acusas falsamente, si me calumnias y cometes una injusticia contra mí en el plano horizontal, tengo todo el derecho, de acuerdo con la Ley de Dios, de buscar compensación de ti por tal injusticia. Pero en el plano vertical, nunca podré decirle a Dios, “Oh Dios, es injusto que permitas esta injusticia de esa persona en contra mía. Ves, podría haber sufrido injustamente en tus manos, pero en el sufrimiento injusto en tus manos, no he sufrido injustamente en las manos de Dios. ¿Entienden esto? No puedo quejarme a Dios, “Oh Dios, no estás siendo justo al permitir que tenga que sufrir por esos oprobios o a través de este dolor o a través de esto que llamamos desgracia; porque yo sé que cada bocanada de aire que respiro en este mundo la tomo por tu gracia”. Pero luchamos con eso. Los discípulos de Jesús lucharon con eso.

Tenemos un registro en el Nuevo Testamento en donde ellos traen esa clase de preguntas a Jesús. En el evangelio de Lucas capítulo 13, leemos lo siguiente: “En ese mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?” Pueden ver que ellos hacen una pregunta acerca de la justicia. Es una pregunta que aparece con frecuencia cuando consideramos una pregunta más amplia, no simplemente la santidad de Dios, sino la providencia de Dios.

Y vamos a estar estudiando este texto más adelante desde otra perspectiva, desde otro punto de vista, mientras nos referimos a la doctrina de la providencia. Pero cuando observamos la doctrina de la providencia—cómo Dios regenta su mundo, cómo Dios gobierna su mundo—las preguntas que a menudo se levanta acerca de la providencia de Dios, son preguntas realmente acerca de la santidad de Dios y acerca de su justicia.

Y esa es la pregunta que Jesús está escuchando ahora de esas personas. Ellos fueron y ellos le contaron acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios. La pregunta es clara. ¿Cómo pudo Dios permitir que esas personas inocentes que estaban en medio de la adoración, en su iglesia, por favor, vieran entrar a los soldados de Pilato y asesinarlos mientras ellos estaban en un acto de adoración, dejando que se mezcle la sangre humana con la sangre de los animales que estaban siendo sacrificados?

Y la pregunta es, ¿cómo pudo Dios permitir que esto sucediera? Escuchen la respuesta de Dios, “¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”. ¿Pueden ver lo que Jesús está diciendo aquí? Se estaba haciendo la pregunta equivocada.

En vez de venir a mí y preguntarme, ¿cómo pudo Dios permitir que esos pobre inocentes galileos sean asesinados por las despiadadas espadas de Pilato, debieran estar preguntándome, ¿Por qué yo no fui atravesado con esa espada, por qué mi sangre no fue mezclada con la de los sacrificios? Debieron preguntarme acerca de la gracia, no de la justicia. Y Jesús continuó. Escuchen el resto de la historia, “O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”.

Otro incidente similar, dieciocho personas caminando por la calle, preocupados en sus propios asuntos, sin meterse con nadie o creerse los dueños de la calle que hostigaban a los obreros de construcción. De repente, “whooom”, sin previo aviso, la torre cae y en este desastre, en este accidente, dieciocho personas inocentes mueren. ¿Cómo esperarían que Jesús maneje todo esto? Podrías pensar que Jesús diría algo así, “Lamento muchísimo lo sucedido. Estas cosas suelen suceder, fue un accidente”. Jesús dijo que aprendan de esto, “antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”.

¿Qué es lo que está diciendo? Él está diciendo que, en esta esfera terrenal, aun cuando desde las manos y la perspectiva humana, el acto de Pilato era, por un lado, un acto injusto y sanguinario; por el otro, el colapso de la torre en Siloé fue un accidente impersonal donde no hubo premeditación ni malicia, y la gente era inocente en ese evento particular. Sin embargo, nadie es inocente delante de Dios y que esos sucesos terribles y espantosos nos podrían suceder por la violencia de otra persona o la violencia de un desastre natural, pero el primero sería el destino de todo ser humano que no se arrepienta. De hecho, cuando las Escrituras hablan del juicio final de un Dios justo y santo, ellos dicen que la respuesta de la gente será el clamar en los montes y a las montañas que caigan sobre ellos y los cubran. Que la persona impenitente daría lo que sea que tuviera y le perteneciera con tal de tener una torre de Siloé que les cayera en la cabeza en vez de recibir la ira de Dios.

Jesús dijo que a menos que “A” tomase lugar, “B” seguirá de forma inevitable. ¿Qué son las As y las Bs? “antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”. Justo ayer me senté en una mesa con un hombre joven cuyos padres se fueron por el fin de semana. Él me dijo, “Oye, qué buen tiempo tuve este fin de semana” ¿Lo tuviste?, le dije. Dijo, “Sí… oye, tuvimos a las chicas que se quedaron a dormir. La pasamos de maravilla”.

Le dije, “pero muchacho, piensa que esto es caro”. Me dijo, “¿Qué quieres decir?” Le dije: “Tuviste una fiesta bastante cara”. Me dijo, “No tengo que preocuparme por eso. Mis padres me dejaron dinero, suficiente para cubrirla”. Me dijo, “No me costó nada. No costó nada en realidad”. Le dije, “No es lo que quise decir”. “¿Qué quisiste decir?” me dijo. Le respondí, “Tú conoces la ley de Dios. Si juegas, pagas. Tuviste un tiempo maravilloso, pero mientras tenías ese súper tiempo, estabas acumulando ira contra ti mismo. Dios ha dejado muy en claro que no estamos permitidos de hacer eso. Eso tendrá un cobro. Y Él ejecutará su justicia”. Pero no había ningún temor en este hombre joven, ningún sentido de que una factura tendría que ser pagada, ningún sentido de que Dios ejecutaría su completa justicia en Él.

Allí es donde estamos, amigos; debido a que Dios no envía fuego del cielo cada quince minutos, cada vez que pecamos, somos como la canción popular que dice, “Hemos crecido acostumbrados a su gracia”. ¿Cierto? Nos hemos jactado de tal gracia. Hemos asumido que Dios será tan amable con nosotros como siempre. Como lo es hoy, y esto es porque Él detiene la mano de Su justicia y la mantendrá así para siempre.

Mi ilustración favorita acerca de esto tuvo lugar cuando, en mis primeros años enseñando, cuando estaba tomando un nuevo lugar como profesor en donde no había enseñado antes, y tenía la responsabilidad de enseñar a 250 alumnos nuevos una materia obligatoria de Introducción al Antiguo Testamento. Durante el primer día de clase, les di el syllabus, les expliqué los requerimientos y todo lo demás. Yo ya había enseñado lo suficiente como para saber que esos muchachos son como abogados de la corte suprema que se conocen todos los vacíos legales que los favorecen y mucho más, por lo que les dije que iba a ser sumamente claro con las reglas. Tienen que escribir tres trabajos, documentos cortos de solo tres a cinco páginas, que tienen que entregarme en el transcurso del semestre.

El primero es para entregarlo el 30 de septiembre a las 12 del mediodía. Tiene que estar en mi escritorio puntual. Y si no está allí, tendrán un cero, una “F” por esa tarea, a menos que estés confinado a una cama de hospital o en la enfermería o con una muerte de un familiar inmediato—no tu perro y cosas así. Lo detallé todo, y les pregunté: “¿Todos entendieron?” “Sí”. Entonces llegó el 30 de septiembre y 225 estudiantes hicieron sus trabajos a tiempo; 25 de ellos no cumplieron en el plazo, y estaban aterrorizados. Ellos vinieron y empezaron a suplicarme. Decían, “Oh profesor, no hicimos bien la transición de la secundaria a la universidad como debimos hacerla; no manejamos bien el tiempo, y no pudimos terminar el trabajo a tiempo. Por favor, no nos repruebe en esta tarea. Por favor, danos una extensión. Por favor permítanos un poco más de tiempo”.

Y allí estaban llorando, con lágrimas de cocodrilo. Y les dije, “ok, ok, ok. Les daré un par de días más para terminarlo. Les doy dos días más de extensión, pero no lo vuelvan a hacer”. “Ok. No lo haremos. Muchas gracias. Usted es maravilloso”. Dos días después tenía todas sus tareas y todo iba bien. Llegó el 30 de octubre. Fecha de la segunda tarea. Esta vez, 200 estudiantes trajeron sus tareas; 50 de ellos no las trajeron. “¿Dónde están sus tareas?” “Oh profesor, esta tarea tenía como fecha la misma semana en que debíamos entregar todas las otras tareas, y teníamos exámenes, y además acabábamos de regresar de un largo feriado que nos distrajo demasiado”.

Me dieron toda clase de excusas, y hubo lloro y crujir de dientes. “Por favor, por favor, por favor, danos una nueva oportunidad”. Les dije, Ok, pero ésta será la última vez. Será mejor que no lo hagan de nuevo. Les estoy diciendo ahora, no lo hagan otra vez porque reprobarán. ¿Está claro?” “Oh sí”. Y de forma espontánea la clase empezó a cantar, “Te amamos profesor Sproul, oh sí, te amamos”. Y yo era el Profesor Perfecto. Y tuve esa tremenda reputación con los muchachos hasta el 30 de noviembre cuando tenían que entregar la tercera tarea. Y esta vez solo 150 muchachos trajeron su tarea; 100 de ellos la pasaban de maravillas, sin ninguna preocupación en el mundo. Les dije, “¡Esperen un minuto! Hey, ¿Dónde están las tareas?” Y uno de ellos dijo, “No se preocupe por eso. Tranquilo profesor, los tendrá en un par de días”.

Le dije, “¿Qué?” Y respondió, “No se preocupe, todo bien”. Le pregunté, “¿cuál es tu nombre?” Respondió, “Reyes”. Dije, “Reyes, F”. “Arrieta, ¿Dónde está tu trabajo?” “No lo tengo profesor” “F”. Rivera, F. Garzón, F. ¿cuál suponen que fue la reacción? Furia total. Como una de las voces que gritó desde el fondo. No podrían adivinar lo que gritó. “¡Eso no es justo!” Le dije, “Rivera, ¿qué acabas de decir?”. Dijo, “Dije que no es justo”. Le respondí, “Oh, ¿es justicia lo que buscas? Quisiera recordarte Rivera que la última vez tú también estabas con tardanza. ¿Es correcto eso?” El dijo, “Sí”. Le dije, “Ok, voy a darte justicia. Te voy a poner una F por este trabajo y te voy a poner una F por el pasado”. Y abrí el libro de notas de la clase y le puse las dos F que le dije que le pondría. Le dije a los demás, “¿Alguien más desea justicia?” Nadie dijo una sola palabra.

Recibimos misericordia una vez. Nos emocionamos. Alabamos a Dios. La recibimos dos veces y decimos cuán maravillosa es su bondad. Pero para este momento, empezamos a asumirla y presumirla. Y sin pestañear, empezamos a demandarla. Empezamos a pensar que el Señor nos la debe.
Yo les dije a mis estudiantes dos cosas. Les dije, “miren, nunca le pidan a Dios por justicia; porque la pueden recibir” Y la segunda fue esto, “que la diferencia básica entre justicia y gracia es que nunca, nunca, nunca, nunca, nos debe gracia.

Dios nunca está obligado a actuar con gracia. La gracia es por definición, voluntaria. Y en el minuto que pienses que Dios te debe misericordia, que suene una campana en tu cabeza y que te des cuenta que ya no estás pensando más en misericordia, estás pensando en justicia.

CORAM DEO

En nuestro pensamiento Coram Deo de hoy, quisiera añadir un pensamiento o dos a mis observaciones finales. Que hay realmente una tremenda confusión en nuestras cabezas acerca de la diferencia entre misericordia y justicia. La justicia es algo que es debido, algo que se relaciona con una obligación.

Pero recordemos que Dios dijo a Moisés, y Pablo tuvo que recordárselo a los Romanos, que Dios se reserva el derecho de gracia a sí mismo diciendo, “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca”. La gracia y misericordia nunca son obligadas. Y nosotros nunca debemos presumir de ellas. Esa es la razón por la que Jesús dijo a sus discípulos, que estaban preguntando por las tragedias de sus días, “Antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”.

Y quisiera que pienses al respecto. ¿Qué te pasaría si Dios te diera absoluta justicia? De seguro perecerías al igual que todos nosotros.

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Continuando con nuestro estudio de la santidad de Dios, recordaremos que en nuestra última sesión empezamos a ver el problema de la justicia de Dios, cuando ésta se manifiesta en maneras que son difíciles de entender para nosotros. Y vimos, por ejemplo, la ejecución repentina que Dios dio a los hijos de Aarón: Nadab y Abiú, cuando ellos ofrecieron fuego extraño sobre el altar. Pero eso, por supuesto, es solo uno de esos incidentes en el Antiguo Testamento donde encontramos varios eventos que muestran el repentino derramamiento de ira de Dios sobre las personas. Una de las situaciones más famosas es la muerte de Uza.

Recuerdan esa historia cuando después de que el Arca del Pacto había sido restaurada en Israel y había estado guardada por un tiempo; David quería devolver el Arca a un lugar central de prominencia en la ciudad. Y realizó esta procesión donde en un desfile triunfal el Arca iba a ser regresada a la ciudad. Y el Arca del Pacto sería cargada en un carro de bueyes conducido por seres humanos, y algunas personas caminaban junto a esta carreta de bueyes y el más notable de ellos era un hombre llamado Uza.

Y sucedió algo que arruinó el desfile. Algo pasó que interrumpió aparatosamente esa procesión sagrada donde todos estaban celebrando y animando el regreso del trono de Dios a la ciudad. Leamos el relato de esto en 1 Crónicas 13. Y dice: “Entonces David reunió a todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta la entrada de Hamat, para que trajesen el arca de Dios de Quiriat-jearim. Y subió David con todo Israel a Baala de Quiriat-jearim, que está en Judá, para pasar de allí el arca de Jehová Dios, que mora entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado. Y llevaron el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y Ahío guiaban el carro. Y David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos, arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas. Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió, porque había extendido su mano al arca; y murió allí delante de Dios. Y David tuvo pesar, porque Jehová había quebrantado a Uza; por lo que llamó aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy. Y David temió a Dios aquel día, y dijo: ¿Cómo he de traer a mi casa el arca de Dios?

Entonces vemos que, en este caso, Dios ejecuta nuevamente a alguien de la línea sacerdotal, debido a una conducta inapropiada con el manejo de los utensilios sagrados. Pero nos parece asombroso que Dios actúe de una manera tan aparentemente arbitraria. ¿Tienen la idea? El Arca es llevada en procesión en el carro de bueyes. Y de repente uno de los bueyes tropieza y el carro está a punto de volcarse y lo que está por suceder es que el utensilio más sagrado en todo Israel, el Arca del Pacto, está a punto de caerse del carro, en el barro, en el suelo y quedar cubierto de suciedad; y para evitar que eso ocurra, Uza, quien ha dedicado toda su vida a cuidar de los utensilios sagrados, instintivamente estira la mano para estabilizar el Arca y así evitar que caiga en el barro y se profane.

Uno esperaría que en ese momento las nubes se abrirían y del cielo saldría una gran voz diciendo: gracias Uza. En cambio, Dios lo fulmina y muere. Bueno, este es otro de esos relatos que digo que los teólogos modernos miran a ese evento en la antigüedad y dicen que ven ahí un burdo ejemplo de personas primitivas ingenuas y orientadas mitológicamente que atribuyen a Dios algo que Dios nunca haría.

Seguramente Dios no mataría a Uza por esta acción, que desde nuestra perspectiva realmente fue una acción heroica. Probablemente lo que sucedió fue que Uza había admirado tanto estos utensilios sagrados y el mobiliario sagrado y santo, y nunca en su vida había pretendido tocar alguno de estos objetos con sus propias manos, pero cuando lo hizo, estaba tan aterrorizado que le dio un infarto y cayó muerto. Esa es la interpretación moderna de lo que sucedió.

Pero de nuevo, como en el caso de Nadab y abiú, si miramos hacia atrás, a la institución del tabernáculo y del sacerdocio, y que Dios había apartado a toda una tribu de Israel, los levitas, quienes debían cuidar el templo y los asuntos de adoración en el tabernáculo. Y dentro del grupo o la tribu de los levitas, había varios clanes. Estaban los coatitas, por ejemplo, que eran una sola familia entre los levitas, y la responsabilidad de los coatitas como grupo familiar era cuidar de los utensilios sagrados, levantar la tienda, desmontarla, etc, transportar el mobiliario sagrado. Y también se les dio instrucciones explícitas sobre cómo iban a realizar sus tareas particulares.
Ahora, si recuerdan, esas instrucciones y la forma en que el Arca fue construida, que en las cuatro esquinas de este trono, de este cofre sagrado, había anillos de metal adheridos y el propósito de esos anillos era para que cuando los Coatitas tuvieran que transportar el Arca de Dios, ellos pudieran insertar palos a través de estos anillos y luego poner esos palos sobre sus hombros y así llevar el trono de Dios a pie.

Para empezar, no había, en absoluto, ninguna disposición en la ley con respecto a transportar el arca sagrada en una carreta de bueyes. Tenía que ser cargada. Ahora, recuerdan que fue devuelta a Israel por los Filisteos en una carreta arrastrada por vacas. Pero Israel debía transportarla a pie. Y la razón para todas estas instrucciones detalladas de usar palos y demás fue porque la única ley que no se podía violar era que ningún ser humano debía tocar el Arca de Dios. De hecho, cuando el Arca estaba debidamente colocada en el Lugar Santísimo, solo podía verla una persona, y esa era el Sumo Sacerdote, y aún él mismo, lo podía hacer solo una vez al año, en el día de la Expiación, el cual era el único día donde el sumo sacerdote estaba autorizado a entrar en el Lugar Santísimo, donde estaba el Arca. Y él entraba y esparcía sangre sobre el Arca, pero incluso el Sumo Sacerdote no debía tocar el trono de Dios.

Pero en esta ocasión, cuando los bueyes tropezaron, y el Arca estaba a punto de caer al suelo, Uza extendió la mano y la tocó. Su motivo pudo haber sido justo. Él puede haber estado pensando en querer evitar que el Arca caiga al suelo. Pero, amados, a los ojos de Dios, no era el suelo el que profanaría este mueble sagrado. No hay nada contaminado en la tierra. El barro hace lo que se supone que debe hacer en obediencia a las leyes de Dios. Es una ley de Dios que cuando mezclas tierra con agua, esta se convierte en barro. No hay nada de pecado en eso. Lo que no estaba permitido era tocar el Arca de Dios con manos humanas. La única cosa que podía contaminar el Arca en ese momento, no era el suelo, era Uza. Fueron las manos de Uza las profanas. Y fueron las manos del hombre lo que Dios dijo que nunca debían ensuciar su santo trono. Y Uza olvidó eso, y lo pagó con su vida.

Jonathan Edwards predicó una vez sobre el pecado de la presunción y el pecado de la arrogancia. Y usó como su principal ilustración para el pecado humano de presunción, este suceso en el que un hombre impuro e impío pretendió tocar el Arca sagrada de Dios. Ahora, si Dios nunca hubiera prohibido este tipo de acción y luego fulmina a alguien que realiza tal acción, entonces se podría plantear preguntas razonables sobre la justicia de Dios.

Pero, una vez más, lo que hizo Uza fue una clara y directa violación de la ley de Dios. Y entonces Dios lo ejecutó, dándole la pena que Uza y todo Coatita sabía que era la ley de Dios, que era una ofensa capital tocar esa Arca. Pero aún nos queda una pregunta. ¿No hay misericordia en Dios? Tal vez la ley estipuló que era una ofensa capital hacer tal cosa, pero ¿no es eso en sí un castigo cruel e inusual?
Recuerdo que hace unos años, leía en la revista Time acerca de un incidente que tuvo lugar en el estado de Maryland, donde un conductor de camión fue arrestado por conducta inapropiada. Y cuando la policía vino a arrestarlo, se volvió verbalmente ofensivo con los oficiales que lo arrestaron.

No los atacó físicamente, pero los llamó de todo y en medio de sus maldiciones contra los policías, dijo todo tipo de blasfemia. Así que cuando lo llevaron ante el juez, arrestado por conducta inapropiada, el juez en ese momento tenía pensado darle la sentencia más severa que le era posible otorgar, le iba a caer con todo el peso de la ley por ser tan ofensivo, lo iba a poner en la cárcel por treinta días más una multa considerable. Esa era la pena máxima permitida por la ley.

Pero el juez también hizo uso de una ley que estaba en el código penal de Maryland, la cual prohibía la blasfemia pública, por lo que el juez agregó otros 30 días de encarcelamiento más otra multa razonable debido a que en su conducta inapropiada, este conductor de camión también había blasfemado públicamente.

Y el objetivo de este artículo en la revista Time fue expresar la indignación de la revista contra este castigo cruel e inusual mediante el uso de un código penal anticuado acerca de la blasfemia pública. Decía: ¿en qué tipo de cultura vivimos, donde se sentencia a alguien con 30 días de cárcel más una multa y todo porque blasfemó el nombre de Dios en público?

Cuando leí eso, pensé que el camionero realmente estaría feliz de saber que no vivía en Israel, porque si hubiera hecho en Israel lo que hizo en Maryland, no le habría tocado 30 días de prisión más una multa, le habría tocado pena de muerte por tal atrocidad contra la santidad de Dios. Pero pensamos que fue atroz el solo hecho que lo multaran porque vivimos en una época impía, en una cultura impía que no tiene respeto por lo que es sagrado.

Así que, cuando leemos el Antiguo Testamento que respira, vive y se mueve en una atmósfera de asombro, reverencia y respeto ante la majestad y la gloria de Dios, nos ofendemos cuando Dios actúa para demostrar su celo por su propia santidad. No solo Uza, no solo Nadab y Abiú, sino que si miramos el Antiguo Testamento, vemos que hay más de 30 crímenes enumerados en el Antiguo Testamento que se mencionan como delitos capitales. Y creemos que el Antiguo Testamento es duro en su justicia.

Hans Kung, el teólogo católico romano, una vez hizo la interesante observación de que existe tal contraste entre el Antiguo y Nuevo Testamento, ya que en el Nuevo Testamento solo hay un delito, si acaso, que podamos considerar como capital y ese es un asesinato; mientras que, en el Antiguo Testamento hubo múltiples crímenes, los cuales todos fueron castigados con la muerte dentro de la comunidad de Israel.

Así que por comparación pensamos que el Antiguo Testamento es duro, y Kung dijo que pasamos por alto la diferencia entre la creación y el pacto mosaico. Él nos recuerda que en la creación, cada pecado es una ofensa capital, que de acuerdo a la creación, el pecado mismo es digno de muerte. La justicia original de Dios fue esta: que el alma que peca, muera. Y no solo el alma debe morir, sino que la sentencia de muerte debe ser impuesta inmediatamente.

Recordamos la advertencia a Adán y Eva. “porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Pero Dios en su bondad redujo las ofensas capitales, desde un número casi infinito de posibles delitos capitales hasta unos 30. Y también mitigó su justicia con su misericordia al permitir que los culpables que han pecado y profanado a Dios, continúen viviendo en su misericordia. Entonces vemos que toda esa gracia está ahí. Pero Kung dice: nos acostumbramos tanto a esa gracia que comenzamos a darla por sentada.

Y así su teoría es, de vez en cuando, en varios momentos donde Dios es tolerante y paciente y considerado con los pecados constantes de su pueblo, de vez en cuando, en la rebelión de Coré, en el diluvio, por ejemplo, en la muerte de Nadab y Abiú, en la ejecución repentina de Uza, e incluso en el Nuevo Testamento, fue una experiencia similar con la muerte repentina de Ananías y Safira, Dios le recuerda a su pueblo la ley, de lo que se trata la justicia máxima y de que cada uno de nosotros podría ser justamente ejecutado en cualquier momento por Dios, por las transgresiones que hemos cometido.

Una vez, recibí por correo un libro de citas y no tenía idea de por qué el editor me lo había enviado. Y comencé a hojearlo, y vi citas de George Washington, de Emanuel Kant, de Shakespeare y de todas esas personas. Y estaba absolutamente asombrado de encontrar una cita mía. Y pensé, ¿qué he dicho alguna vez que valga la pena mencionarlo en un libro de citas? Y miré las citas y encontré algo que yo había dicho en una ocasión con estas palabras: “El pecado es una traición cósmica”. Olvidamos que, en el pecado más leve, el pecadillo más pequeño, cuando pecamos contra Dios, estamos atacando su soberanía. Estamos poniendo nuestra autoridad sobre la suya. Estamos usurpando su derecho a gobernar. De hecho, en cada pecado que cometemos, estamos involucrados en la traición. Nos rebelamos contra nuestro Rey. Socavamos su santo gobierno, pero debido a que Él es característicamente tan amable y paciente, olvidamos lo que está en juego.

CORAM DEO

En nuestro pensamiento Coram Deo de hoy, quisiera que pensemos en mi cita que llegó a estar en el libro: que el pecado es una traición cósmica. Dije que hemos olvidado esto y que damos por sentada la misericordia y la paciencia de Dios. Lo mismo hizo Uza. Y lo hizo a tal punto en su vida que se volvió presuntuoso.

Y la advertencia para nosotros está aquí. Lo que el profesor Kung está diciendo es que estos acontecimientos en la historia están registrados para nuestra instrucción y para nuestra advertencia de no dar por sentada la misericordia de Dios, no asumir su tierna bondad y recordar que todos nosotros hemos pecado lo suficiente contra la santidad de Dios como para merecer nuestra ejecución.

Jesús tiene que lidiar con ese problema en la mente de sus propios discípulos. Veremos eso en nuestra próxima sesión.

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Una dura lección aprendida

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Continuando con nuestro estudio de la santidad de Dios, quisiera que veamos ese aspecto de la santidad de Dios que creo que tal vez puede provocar más angustia que cualquier otro aspecto, me refiero a la relación de la santidad de Dios con su justicia. Ya vimos que mucho de lo que sabemos sobre el carácter de Dios está revelado en las páginas del Antiguo Testamento y creo que una de las razones por las que luchamos tanto con el concepto de justicia e ira de Dios, por ejemplo, es porque parece que ya no pasamos mucho tiempo leyendo y estudiando el Antiguo Testamento.

Actuamos como si el cristianismo estuviera basado solamente en el Nuevo Testamento, como si el Nuevo Testamento pudiera mantenerse aislado, independiente de sus raíces, lo cual es un grave error. Si queremos entender el Nuevo Testamento, primero debemos tener algún conocimiento del Antiguo Testamento, porque, por ejemplo, todo el drama que tiene lugar en el ministerio de Cristo está íntimamente ligado y relacionado con lo que sucedió en la historia pasada, la cual está registrada en las páginas del Antiguo Testamento.

Pero creo que parte de nuestra lucha es que leemos sobre situaciones en el Antiguo Testamento que francamente nos chocan. Parecen ser tan distintas al clima del Nuevo Testamento. No sé cuántas veces he escuchado a la gente decir: me encanta leer acerca de Jesús, es tan tierno, amable y misericordioso, pero lucho con el retrato de Dios que encontramos en el Antiguo Testamento. Dios parece tan cruel y duro y despiadado en el Antiguo Testamento. Y creo que algunos de los pasajes que originan este tipo de respuesta han sido llamados por los teólogos “pasajes difíciles” de la Biblia.

Y me gustaría que analicemos uno de los que hoy encontramos en el libro de Levítico, a inicios del capítulo 10. Leemos este relato: “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová.”

Ahora, permítanme hacer una pausa aquí, por un segundo, y solo mirar esa breve descripción. Moisés, por supuesto, fue la primera persona consagrada por Dios para ser el sumo sacerdote de Israel. De hecho, toda la descendencia sacerdotal de la tribu de Leví es conocida como el sacerdocio Aarónico a raíz del primer sumo sacerdote Aarón. Y Aarón, por supuesto, acompañó a Moisés en todos los encuentros que Moisés tuvo con Faraón y demás.

Y Dios invirtió buen tiempo y fue muy detallista en definir con precisión cuál debía ser la función del sacerdote, qué tipo de ropa debía usar y aun cómo debían fabricarse esas prendas. Dios se deleitó con un decreto divino de detalles precisos. Entonces Aarón dedicó su vida entera a este oficio sacerdotal. Y si puedo especular por un segundo, estoy seguro que él estaba muy emocionado cuando vio también la consagración de sus hijos al sacerdocio.

Ahora, en esta breve historia que les acabo de leer, lo que pasó fue que Nadab y Abiú, los dos hijos de Aarón, vinieron al altar del incienso y ofrecieron, lo que la traducción que leí llama, fuego extraño delante de Jehová. Otras traducciones simplemente dicen: “ofrecieron un fuego que no tenían por qué ofrecer” fuego que Dios no les había ordenado. No sabemos con exactitud cuáles fueron los ingredientes de esta situación particular.

No sabemos si estaban participando en algún tipo de ritual pagano en el altar o si estaban jugando alguna broma en el altar o participando en algún tipo de innovación y culto experimental que Dios no había instituido. No estamos seguros de qué era exactamente lo que estos dos jóvenes sacerdotes estaban haciendo. Pero sabemos lo que sucedió, que tan pronto como ofrecieron este fuego sobre el altar, el fuego explotó y los consumió y los mató en el acto. ¿Cómo entendemos eso? ¿Cómo lo interpretamos? He visto algunas interpretaciones muy interesantes de este texto.

Una era de Immanuel Velikovsky, quien se volvió algo polémico hace varias décadas atrás, cuando se le ocurrió una teoría innovadora de cómo el mundo en un momento estuvo en el camino de un cometa muy parecido al cometa que colisionó con Júpiter en el verano de 1994 y este cometa se acercó lo suficiente al planeta Tierra como para crear un trastorno catastrófico en nuestro planeta llegando a cambiar la rotación de la Tierra.

Detuvo la rotación de la Tierra e invirtió el giro del planeta, lo que creó enormes maremotos y todo tipo de eventos catastróficos. Pero también, de acuerdo a su teoría, este gas nafta cayó del cielo y entró en las grietas de la Tierra y los depósitos subterráneos, que ahora son los depósitos de petróleo que encontramos o los depósitos de gas natural, los cuales están fuertemente concentrados en medio oriente.

En las especulaciones de Velikovsky, era casi como si él estuviera escribiendo una historia en la antigüedad donde Nadab y Abiú salieron una tarde y estuvieron haciendo un hoyo en la tierra y en eso sube un poco de petróleo burbujeante y no tienen idea qué es esto tan interesante, así que vienen y experimentan con eso en un altar y el material les explota en la cara y los mata.
Así es como Velikovsky interpreta esta historia en particular del Antiguo Testamento.

Ahora, podemos sonreír al respecto, pero lo que él está tratando de hacer es dar una explicación natural para esta historia, la cual trata más o menos como algo mitológico. Pero ese enfoque no está muy lejos de lo que está sucediendo en la erudición crítica y en los diversos enfoques que se hacen del Antiguo Testamento.

Una de las suposiciones que se hacen con frecuencia en el mundo académico es que Dios nunca obra sobrenaturalmente. Y que todos los llamados eventos sobrenaturales que se registran en las Escrituras, particularmente en el Antiguo Testamento, deben ser entendidos en virtud de la suposición de que lo que tenemos es un registro de la interpretación mitológica primitiva de los eventos naturales. Ellos asumen que lo que sucedió aquí en el altar, fue un accidente y que ciertamente no fue una acción de Dios.

Recuerdo haber leído un plan de estudios que se presentó en una denominación grande, para ser usado en el programa de la iglesia, dirigido a niños de escuela secundaria, y mientras leía y revisaba el currículo del Antiguo Testamento, el currículo reveló su punto; es decir que algunos eventos en el Antiguo Testamento que se registran allí, son totalmente incompatibles con el carácter de Dios revelado en el Nuevo Testamento.

El Dios de amor que se nos muestra en Jesús, ciertamente nunca mataría a las personas por un simple error en el altar; y probablemente lo que sucedió fue que estos sacerdotes que se estaban desviando de las prácticas normales, tal vez tenía tanta aprensión al acercarse al altar sagrado con la corrupción de lo que estaban haciendo, que en realidad simplemente se pusieron en una posición donde el accidente podría suceder, y fueron asesinados o murieron de miedo.

Esta es también la forma en que se interpreta a menudo la historia de la muerte repentina de Uzza, que veremos más adelante. Tengo un problema con este tipo de interpretación. Tengo una visión más elevada de las Escrituras que eso y no creo que haya nada aquí que no concuerde con el retrato de Dios que se nos da en las Escrituras. Pero, aunque también tengo que admitir que no son solo los estudiosos modernos y las personas modernas quienes luchan con esta historia. Quizás la persona que tuvo la mayor lucha que cualquiera, fue Aarón.

Leemos en el siguiente pasaje en el texto, estas palabras: “Entonces Moisés dijo a Aarón: Esto es lo que el Señor habló diciendo: ‘Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado.’ Y Aarón guardó silencio.” Ahora, una de las cosas que creo que es interesante acerca de las Escrituras es la economía en el relato de ciertos eventos. A veces, el registro es tan escueto que nos parece abrupto, ¿no? Es decir, este fue un evento monumental en la vida de Aarón, y todo lo que sabemos es que Moisés le dijo unas cuantas palabras y Aarón calló.

Si podemos leer entre líneas aquí, si me dan esa licencia, podrán notar que Aarón estaba sumamente afligido. Y puedo escucharlo ir a donde Moisés y decir: ¿Qué está pasando acá? ¿Qué clase de Dios es este? He dedicado toda mi vida al servicio de sacrificios en Su nombre y mis hijos cometieron un error en el altar y ¿qué hace Dios? Sin advertencia, sin segunda oportunidad, instantáneamente, inmediatamente, en seguida, Él los ejecuta allí mismo en el acto. Y puedo ver que Aarón está enojado con Dios. Y Aarón va donde Moisés y le dice: ¿Qué está pasando aquí? Y Moisés le recuerda a Aarón la santidad del sacerdocio. Le recuerda a Aarón cómo Dios había instituido esta acción en primer lugar.

Ahora, si miramos hacia atrás, un momento antes en la historia judía, veremos esa institución. En el capítulo 30 del Éxodo, el capítulo comienza con estas palabras: “Harás también un altar para quemar en él incienso; de madera de acacia lo harás. De un codo será su longitud y de un codo su anchura, será cuadrado; y de dos codos su altura.” Y luego, en los versículos que siguen, continuamos con esta descripción detallada de cómo se va a construir el altar y, por consiguiente, cómo se va a usar.

En el versículo 6 leemos: “Pondrás el altar delante del velo que está junto al arca del testimonio, delante del propiciatorio que está sobre el arca del testimonio, donde yo me encontraré contigo. Y Aarón quemará incienso aromático sobre él; lo quemará cada mañana al preparar las lámparas. Y cuando Aarón prepare las lámparas al atardecer, quemará incienso. Habrá incienso perpetuo delante del Señor por todas vuestras generaciones. No ofreceréis incienso extraño en este altar, ni holocausto ni ofrenda de cereal; tampoco derramaréis libación sobre él. Aarón hará expiación sobre los cuernos del altar una vez al año; hará expiación sobre él con la sangre de la ofrenda de expiación por el pecado, una vez al año por todas vuestras generaciones; santísimo es al Señor.”

Entonces esas fueron las instrucciones originales. Y Dios le está diciendo a Aarón, Aarón, esto es lo que debes hacer. Y no permitiré ningún uso no autorizado en este lugar sagrado y en esta función sagrada, porque no solo es santo para el Señor, sino que es santísimo para el Señor. Y más adelante, cuando esto es violado y Aarón le habla a Moisés, Moisés dice que esto es lo que el Señor hablo, Aarón: “Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado.”

Y luego viene el breve comentario final, “Y Aarón guardó silencio.” Pueden estar seguros que Aarón calló, porque de repente, ahora es que comprende lo que Moisés estaba diciendo. Moisés estaba diciendo: mira, Aarón, de eso se trata. De esto se trata tu sacerdocio, de que los sacerdotes son apartados y consagrados para acercarse a la presencia de Dios, y esa presencia es santísima; y tú no haces nada profano en la presencia de Dios o sino pereces.

Ahora, sé que esos son tus hijos, y sé que te importan tus hijos, y sé que amas a tus hijos, pero hay algo en juego aquí que es mayor, y ese es el mismísimo honor de Dios. Tus hijos se comportaron de una manera impía en el lugar santísimo. Y Dios no tolerará eso.

Ahora, creo que conmociona nuestra sensibilidad, porque no tenemos ese sentido ardiente de lo sagrado. Nuestras costumbres, nuestros patrones de conducta, están mucho más relacionados con lo profano que con lo sagrado. Nos sentimos cómodos con lo profano. Nos hemos vuelto seculares. Incluso nuestro acercamiento a la iglesia es distinto hoy.

Mencioné antes que, en Israel, con el tabernáculo y con el templo, había una línea clara que se dibujaba, una línea que demarcaba, era la línea entre lo común y lo no común, lo ordinario y lo extraordinario, lo natural y lo sobrenatural, lo profano y lo santo. Y, la entrada al templo era el umbral entre esos dos reinos. Ahora entendemos incluso en el Antiguo Testamento que toda la tierra está llena de la gloria de Dios, y que en un sentido todo es santo ya que está relacionado con Dios, pero hay momentos especiales y lugares especiales que Dios aparta para un uso especial y sagrado. Todavía hacemos eso. Todavía tenemos algo de comprensión del tiempo sagrado y el espacio sagrado. Todavía es parte de nuestro patrimonio y nuestra cultura el celebrar fiestas.

¿Qué entendemos por feriados? Estamos hablando de un tiempo especial, en el sentido de que reconocemos que ese tiempo es diferente de cualquier otro día Es diferente porque tiene un significado especial. Es otro y ha sido apartado. La Navidad es un día que consideramos santo, porque marca un momento en el tiempo que es de especial significado algo sagrado.

Pero incluso, en un sentido craso tenemos en nuestras vidas espacios sagrados. Recuerdo cuando en Pittsburgh, aún era un muchacho, fui a un campo de Baseball y cometí un acto de vandalismo. Pensé que estaba justificado por ser adolescente. No sabía todas las ramificaciones teológicas, pero grabé mis iniciales en el banco de las gradas del jardín izquierdo, junto con las iniciales de mi novia con quien luego me casé.

Y cuando demolieron ese campo de baseball y se construyó un estadio nuevo, me pregunté por un momento. Me pregunté si ese banco de gradas todavía estaba allí. No quería verlo destruido porque era sagrado para mí, en un sentido profano.

Y, lo que Dios está diciendo aquí es que mi altar es santo. Este es un espacio sagrado y si lo violas con lo profano, mueres. Esa es una lección que debemos preservar.

CORAM DEO

En nuestro pensamiento Coram Deo de hoy, permíteme dejarte con este concepto. No tenemos un tabernáculo, pero todavía tenemos lugares sagrados. Todavía tenemos tiempos sagrados. Y vivimos en un mundo que cada vez más está profanando lo que es santo. No es costumbre de Dios enviar fuego del cielo cada vez que transgredimos lo santo. Si fuera su patrón habitual de comportamiento, todos habríamos sido consumidos en llamas hace años.

Pero el registro sigue ahí, y el carácter de Dios todavía está allí, y Dios todavía está muy preocupado por cómo observamos los asuntos que son sagrados.

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