Toda verdad es verdad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Toda verdad es verdad de Dios

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Durante la hambruna irlandesa de la patata en el siglo XIX, mi bisabuelo, Charles Sproul, huyó de su tierra natal para buscar refugio en Estados Unidos. Dejó su casita de techo de paja y piso de barro en un pueblo del norte de Irlanda y se dirigió descalzo a Dublín, al muelle desde el cual navegó hasta Nueva York. Después de registrarse como inmigrante en Isla Ellis, se dirigió al Oeste hacia Pittsburgh, donde se había establecido una gran colonia de escoceses-irlandeses. Fueron atraídos a ese sitio por las fábricas industriales de acero dirigidas por el escocés Andrew Carnegie.

¿Qué causó estas convulsiones? Durante el siglo anterior, las imágenes comenzaron a ser consideradas ventanas al mundo espiritual Mi bisabuelo murió en Pittsburgh en 1910, pero no sin antes inculcar un amor profundo  por la tradición e historia de Irlanda en sus hijos y nietos. Hace treinta años, uno de mis primos hizo una peregrinación a Irlanda del Norte para buscar sus raíces en la ciudad de donde vino nuestro bisabuelo. Mientras investigaba sobre el paradero de cualquiera de los Sprouls, un caballero anciano le dijo que el último miembro sobreviviente de nuestra familia había fallecido cuando tropezó en su camino a casa desde el bar local en un profundo estado de embriaguez. Cayó en un canal y se ahogó.

Esto nos deja con el estereotipo de que los irlandeses beben mucho, pelean fácilmente y que consideran que los ladrillos son como «confeti irlandés». Sin embargo, esta caricatura de los irlandeses oculta algunas dimensiones muy importantes de la historia irlandesa. En el siglo VIII, los misioneros que se establecieron en Irlanda fueron muy importantes para la cristianización de las islas británicas que habían sido habitadas en gran parte por paganos y bárbaros. Los monasterios en Irlanda se destacaron por su dedicación a la erudición, por copiar textos bíblicos y, especialmente, por adornar los textos bíblicos con magníficas iluminaciones. Su pasión por la erudición y el arte se propagó rápidamente a Gran Bretaña, donde se estableció la codificación de la ley antigua, la cual ha tenido un impacto, incluso en nuestra tierra, hasta el día de hoy.

Uno de los eruditos más importantes de este período fue un hombre llamado Beda, conocido como el «Venerable». Él residió en Inglaterra y es considerado como el primer gran historiador europeo. Los irlandeses también produjeron una obra maestra que combinó la erudición y la belleza en el famoso Book of Kells [Libro de Kells].

Sin embargo, fue en la segunda parte del siglo VIII que surgió el gran ímpetu por un renacimiento en la erudición. Fue bajo el reinado de Carlos el Grande (Carlomagno), coronado como el primer sacro emperador romano, que ocurrió un nuevo surgimiento de las artes y las ciencias. Este resurgimiento, llamado el «Renacimiento carolingio», presagiaba el gran Renacimiento que se propagaría por Europa a finales de la Edad Media, comenzando principalmente con el trabajo de los patrones Médicis en Italia, los cuales encontraron su cenit en las labores de Lorenzo el Magnífico.

En el Sacro Imperio Romano del siglo VIII, Carlomagno estaba decidido a recuperar lo mejor del aprendizaje clásico y bíblico. Él se convirtió en un patrocinador de la erudición y nombró a Alcuino de Gran Bretaña como su principal asistente intelectual. Carlomagno fue uno de los miembros más ilustres de la dinastía carolingia que comenzó con su padre, Pipino el Breve, y que continuó hasta el siglo X. El Renacimiento fue una recuperación del lenguaje clásico y de la verdad bíblica. El Renacimiento posterior, durante el siglo XVI, con su personaje más famoso, Erasmo de Rotterdam, encontró su lema en las palabras ad fontes, es decir, «a las fuentes». El lema declaraba la intención de los eruditos de ese día de volver al lugar de origen, «a las fuentes» de la filosofía antigua, la cultura y, especialmente, los lenguajes bíblicos. Así que, un estudio renovado de los filósofos griegos, Platón y Aristóteles, acompañado con un celo por la recuperación de los lenguajes bíblicos, encabezó tanto el Renacimiento posterior como el Renacimiento carolingio que surgió bajo el liderazgo de Carlomagno.

Antes del período carolingio, Agustín, en su pasión por la erudición, estaba convencido de que era el deber del cristiano aprender lo más que pueda sobre tantas cosas como le fuera posible. Dado que toda verdad es verdad de Dios, todos los aspectos de investigación científica deben estar dentro del ámbito del aprendizaje bíblico y cristiano. No fue por accidente que los grandes descubrimientos de la ciencia occidental fueron encabezados por cristianos que tomaron en serio sus responsabilidades de ejercer dominio sobre la tierra en servicio de Dios. En lugar de ver el aprendizaje, la erudición y la búsqueda de la belleza como ideas ajenas a la institución cristiana, el resurgimiento del siglo VIII, siguiendo el ejemplo anterior de Agustín, vio la búsqueda de Dios mismo en la búsqueda del conocimiento y la belleza. Ellos vieron que Dios es la fuente de toda verdad y de toda belleza.

A través de los siglos, las influencias cristianas dominaron el mundo del arte al igual que al mundo de la erudición. El legado de este período ha enriquecido todas las áreas de la historia occidental hasta el día de hoy. Es imprescindible que en el siglo XXI aprendamos de los pioneros del pasado que no despreciaron la erudición clásica, sino que la vieron como algo que debía aprovecharse en el servicio del reino de Dios.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

8 – Interpretando la Biblia

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

8. Interpretando la Biblia

R.C.SPROUL

Cualquier documento escrito debe ser interpretado si ha de ser entendido. Los Estados Unidos de América cuentan con nueve individuos extremadamente capacitados cuya tarea diaria consiste en interpretar la Constitución. Constituyen la Corte Suprema de dicho país. El interpretar la Biblia es una tarea muchísimo más solemne que interpretar la Constitución de los Estados Unidos de América. Demanda mucho cuidado y diligencia.

La Biblia misma es su propia Corte Suprema. La regla principal de la interpretación bíblica es «la sagrada Escritura es su propio intérprete». Este principio significa que la Biblia ha de ser interpretada por la Biblia. Un pasaje oscuro en la Escritura puede ser aclarado por otro pasaje. Interpretar la Escritura con la Escritura significa que no podemos enfrentar un pasaje de la Escritura con otro pasaje. Cada texto debe ser entendido no solamente a la luz de su contexto inmediato sino también a la luz del contexto de la Escritura en su totalidad.

Además, entendido correctamente, el único método legitimo y válido para interpretar la Biblia es el método de la interpretación literal. Sin embargo, existe mucha confusión con respecto a la idea de la interpretación literal. La interpretación literal, en un sentido restringido, significa que hemos de interpretar a la Biblia tal como ha sido escrita. Un sustantivo ha de ser tratado como un sustantivo, el verbo como un verbo. Significa que todas las formas utilizadas en la escritura de la Biblia han de ser interpretadas de acuerdo con las reglas normales que gobiernan dichas formas. La poesía debe ser tratada como poesía. Los relatos históricos han de ser tratados como historia. Las parábolas como parábolas, las hipérboles como hipérboles, y así sucesivamente.

A este respecto, la Biblia ha de ser interpretada de acuerdo a las normas que gobiernan la interpretación de cualquier libro. En algunos sentidos la Biblia es muy distinta a cualquier libro que jamás haya sido escrito. Sin embargo, en lo que tiene que ver con su interpretación, ha de ser tratada como cualquier otro libro.

La Biblia no ha de ser interpretada de acuerdo con nuestros deseos y prejuicios. Debemos encontrar lo que en realidad dice y cuidarnos de no forzar nuestros propios puntos de vista. El deporte de los herejes es buscar el respaldo de la Escritura para las falsas doctrinas que no tienen base alguna en el texto. Satanás mismo citó a la Escritura de manera no válida para tentar a Cristo al pecado (Mat. 4:1-11).

El mensaje básico de la Biblia en tan sencillo y claro que hasta un niño lo puede comprender. Sin embargo, para entender adecuadamente la carne de la Escritura se requiere de una cuidadosa atención y estudio. Algunos de los temas abordados por la Biblia son tan complejos y profundos que acaparan el esfuerzo perenne del académico más especializado.

Existen algunos pocos principios de interpretación que son básicos para cualquier estudio correcto de la Biblia. Entre ellos se encuentran los siguientes: (1) Los relatos narrativos deben ser interpretados a la luz de los pasajes «de enseñanza». Por ejemplo, la historia de Abraham ofreciendo a Isaac en el monte de Moriah parecería sugerir que Dios no sabía que la fe de Abraham era verdadera. Pero las porciones didácticas de la Escritura reflejan con claridad que Dios es omnisciente. (2) Lo implícito debe ser siempre interpretado a la luz de 10 explícito; y nunca lo explícito por lo implícito. En otras palabras, si un texto en particular parecer implicar algo, no debemos aceptar como correcto lo que ese texto implica si dicha interpretación se contrapone a una afirmación explícita de otro lugar de la Escritura. (3) La leyes de lógica gobiernan la interpretación bíblica. Si, por ejemplo, sabemos que todos los gatos tienen cola, no podemos deducir que algunos gatos no tienen cola. Si es cierto que algunos gatos no tienen cola, entonces no puede ser igualmente cierto que todos los gatos tienen cola. No se trata de un mero asunto de las leyes técnicas de la inferencia; se trata de un asunto de sentido común. Sin embargo, la gran mayoría de las interpretaciones erróneas de la Biblia han sido provocadas por deducciones no legítimas de la Escritura.

Resumen

l. La Biblia es su propio intérprete.

2. Debemos interpretar la Biblia literalmente – como ha sido escrita.

3. La Biblia debe ser interpretada como cualquier otro libro.

4. Las partes oscuras de la Biblia deben ser interpretadas a la luz de las partes más claras.

5. Lo implícito debe ser interpretado a la luz de lo explícito.

6. Las leyes lógicas gobiernan todo lo que pueda ser razonablemente deducido o concluido a partir de la Escritura.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

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7 –  EL CANON DE LA ESCRITURA

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

7. El canon de la Escritura

R.C.SPROUL

Comúnmente pensamos en la Biblia como un solo gran libro. En realidad, es una pequeña biblioteca de sesenta y seis libros individuales. La reunión de estos libros constituye lo que llamamos el canon de la sagrada Escritura. El término canon proviene de la palabra griega que significa «vara de medir»  «metro», «estándar», o «norma». Históricamente, la Biblia ha sido siempre el precepto autorizado para la fe y la práctica en la iglesia.

Con respecto a los libros incluidos en el Nuevo Testamento, los católicos y los protestantes están de acuerdo. Sin embargo, los dos grupos están en franco desacuerdo con lo que respecta a los libros que deberían ser incluidos en el Antiguo Testamento. Los católicos creen que los libros apócrifos deberían ser considerados canónicos, mientras que el protestantismo piensa lo contrario. (Estos libros apócrifos fueron escritos después que se completó el Antiguo Testamento y antes que se comenzara a escribir el Nuevo Testamento.) El debate con respecto a los libros apócrifos se centra en el tema más amplio sobre qué fue considerado canónico por la comunidad judía. Existe una contundente evidencia que los libros apócrifos no estaban incluidos en el canon palestino de los judíos. Por otro lado, parece ser que los judíos que vivían en Egipto habrían incluido a los libros apócrifos (traducidos al griego) en el canon alejandrino. Hay pruebas más recientes, sin embargo, que arrojan ciertas dudas a este respecto.

Algunos críticos de la Biblia aducen que la iglesia no contó con una Biblia como tal hasta casi principios del siglo quinto. Pero esto es una distorsión de todo el proceso de desarrollo canónico. La iglesia se reunió en concilios en varias ocasiones durante los primeros siglos para decidir sobre cuales libros pertenecían propiamente al canon. El primer canon formal del Nuevo Testamento fue creado por el hereje Marcia, quien produjo su propia versión expurgada de la Biblia. Para combatir a este hereje, la iglesia se vio obligada a declarar cuál era el contenido exacto del Nuevo Testamento.

Aunque la gran mayoría de los libros que hoy en día están incluidos en el Nuevo Testamento en su día claramente funcionaron con autoridad canónica desde que fueron escritos, hubo algunos pocos libros cuya inclusión en el canon del Nuevo Testamento fue motivo de discusión. Estos fueron Hebreos, Santiago, la segunda epístola de Pedro, la segunda y tercera epístola de Juan, Judas, y Apocalipsis.

Existieron además varios libros que rivalizaron para obtener esta posición canónica pero que no fueron incluidos. La gran mayoría de estos eran obras espurias escritas por herejes gnósticos del segundo siglo. Estos libros nunca recibieron una consideración seria. (Este es un punto clave que los críticos suelen pasar por alto cuando alegan que entre más de dos mil contendientes al canon se eligieron solo veintisiete. Y luego preguntan: «¿No es poco probable que se haya seleccionado a los veintisiete correctos?») En realidad, son solo dos o tres libros los que no fueron incluidos luego de haber sido seriamente considerados. Estos fueron 1 Clemente, El Pastor de Hermas, y La Didaqué. Estos libros no fueron incluidos en el canon de la Escritura porque no habían sido escritos por los apóstoles, y sus propios autores reconocieron que su autoridad estaba subordinada a la de los apóstoles.

Algunos cristianos están preocupados por el hecho de que haya habido un proceso histórico selectivo. Les molesta la pregunta: ¿cómo es posible saber que el canon del Nuevo Testamento incluye los libros que debería contener? La teología católica tradicional contesta esta pregunta apelando a la infalibilidad de la iglesia. La iglesia es vista entonces como «creando» el canon, y tiene así la misma autoridad que la propia Escritura. El protestantismo clásico niega el hecho de que la iglesia sea infalible y que la iglesia «haya creado» el canon. La diferencia entre el catolicismo y el protestantismo puede resumirse de la siguiente manera:

El punto de vista católico: El canon es una colección infalible de libros infalibles.

El punto de vista protestante clásico: El canon es una colección falible de libros infalibles.

El punto de vista crítico liberal: El canon es una colección falible de libros falibles.

Si bien los protestantes creen que Dios en su providencia ejerció su cuidado especial para asegurar que solo los libros apropiados fueran incluidos, no convirtió a la iglesia en sí misma en infalible. Los protestantes, además, le recuerdan a los católicos que la iglesia no «creó» al canon. La iglesia reconoció, aceptó, recibió y se sujetó al canon de la Escritura. El término que la iglesia utilizó en los concilios fue recipimus, Recibimos».

¿Cuál fue el criterio utilizado para evaluar los libros?

Las así llamadas evidencias canónicas incluían las siguientes:

l. Los libros deberían contar con la autoría o el respaldo apostólico.

2. Su autoridad debería haber sido recibida por la iglesia primitiva.

3. Deberían estar en armonía con los libros de los cuales nadie dudaba de su canonicidad.

Si bien en una etapa de su vida Martín Lutero cuestionó el carácter canónico de Santiago, más adelante cambió de parecer. No hay ninguna razón valedera para dudar de que los libros que actualmente están incluidos en el canon del Nuevo Testamento no son los que deberían estar allí.

Resumen

1. El término canon proviene del griego, y significa «norma» o «estándar». Se utiliza la palabra canon para describir la lista autorizada de libros que la iglesia reconoce como la sagrada Escritura y, por ende, el «precepto» para su fe y su práctica.

2. Además de los sesenta y seis libros de la Biblia aceptados por los protestantes, los católicos también aceptan a los libros apócrifos como Escritura autorizada.

3. Para combatir la herejía, la iglesia reconoció la necesidad de declarar a cuáles libros se les había reconocido su autoridad.

4. Hubo algunos libros cuya inclusión en el canon fue motivo de disputa (Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas, y Apocalipsis), y otros libros cuya inclusión fue considerada pero que no fueron admitidos en el canon, entre los que se encuentran 1 Clemente, El Pastor de Hermas, y La Didaqué.

5. La iglesia no creó al canon, simplemente reconoció a los libros que tenían las evidencias canónicas y que por lo tanto gozaban de autoridad dentro de la iglesia.

6. Las evidencias canónicas incluyen: (1) la autoría o el respaldo apostólico, (2) que la autoridad de dichos libros haya sido reconocida por la iglesia primitiva, y (3) el estar en armonía con los libros que sin ningún tipo de duda formaban parte del canon.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Lk. 24:44-45

1 Cor. 15:3-8

2 Tim. 3:16-17

2 Pet. 1:19-21

2 Pet. 3:14-16

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

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6. Los profetas de Dios

Hombre Reformadograndes

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

6. Los profetas de Dios

Los profetas del Antiguo Testamento fueron personas llamadas exclusivamente por Dios y a quienes Dios les entregó en forma sobrenatural sus mensajes para que nos los entregaran. Dios habló su palabra por medio de los labios y los escritos de los profetas.

La profecía implicaba tanto la predicción sobre el futuro (el predecir) como la exhortación y la proclamación presente de la palabra de Dios (el proclamar). Los profetas fueron dotados por

el Espíritu Santo para que sus palabras fueran las palabras de Dios. Por eso es que los mensajes proféticos solían estar precedidos por la expresión: «Así dice el Señor».

Los profetas fueron reformadores de la religión de Israel. Llamaron al pueblo a volverse a la adoración pura y a la obediencia a Dios. Aunque los profetas criticaron la manera como la adoración judía muchas veces se había degenerado y se había convertido en un simple ritual, no condenaron ni atacaron las

formas originales de adoración que Dios había encomendado a su pueblo. Los profetas no fueron revolucionarios ni anarquistas religiosos. Su tarea consistía en purificar, no en destruir; en reformar, no en sustituir la adoración de Israel.

Los profetas también estaban profundamente preocupados por la justicia y la equidad social. Eran la conciencia de Israel, llamando al pueblo al arrepentimiento. También actuaron como los defensores del pacto de Dios. Ellos «entregaron citaciones a comparecer» a la nación ante el juez divino por violar los términos del pacto con Dios.

Los profetas hablaron con una autoridad divina porque Dios los había llamado específicamente para ser sus voceros. El profeta no era un cargo hereditario, ni tampoco eran elegidos para ocupar dicha función. Las credenciales de los profetas la constituían el llamado directo e inmediato de Dios unido al poder del Espíritu Santo.

Los falsos profetas fueron constantemente un problema en Israel. En lugar de transmitir los oráculos de Dios, relataban sus propios sueños y opiniones  – diciéndoles a las personas únicamente lo que ellas deseaban escuchar. Los verdaderos profetas fueron muchas veces perseguidos y rechazados por sus contemporáneos por rehusarse a comprometer la proclamación del consejo de Dios.

Los libros de los profetas suelen dividirse en los libros de los «profetas mayores» y los «profetas menores». Esta diferenciación solo se refiere a la extensión de los escritos canónicos y no constituye ninguna referencia a la mayor o menor importancia de los profetas. Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel son conocidos como los profetas mayores porque fueron los que más escribieron; mientras que Amós, Oseas, Miqueas, Jonás, etc. son los profetas menores porque sus libros son más pequeños.

Los apóstoles del Nuevo Testamento también tuvieron muchas de las características de los profetas del Antiguo Testamento. Los apóstoles junto con los profetas son llamados el fundamento de la iglesia.

Resumen

1. Los profetas del Antiguo Testamento fueron agentes de la revelación divina.

2. La profecía implicaba la predicción sobre el futuro y la proclamación.

3. Los profetas fueron reformadores de la adoración y la vida israelita.

4. Solo quienes habían sido llamados directamente por Dios tenían la autoridad para ser sus profetas.

5. Los falsos profetas expresaban sus propias opiniones y le manifestaban a la gente solo lo que esta deseaba escuchar.

6. La división en profetas mayores y menores es una diferencia establecida en base a la extensión de sus escritos y no en base a su importancia.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Deut. 18:15-22

Is. 6

Joel 12:28-32

Mat. 7:15-20

Eph. 4:11-16

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

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5 – LA LEY DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

5 – LA LEY DE DIOS

R.C.Sproul

Dios gobierna a su universo por la ley. La propia naturaleza funciona bajo su gobierno providencial. Las así denominadas leyes de la naturaleza son simples descripciones de la manera normal que Dios tiene de ordenar su universo. Estas «leyes» son expresiones de su voluntad soberana.

Dios no le rinde cuentas a ninguna ley fuera de sí mismo. No existen normas cósmicas independientes que obliguen a Dios a obedecerlas. Por el contrario, Dios es su propia ley. Esto decir que Dios actúa de acuerdo con su propio carácter moral. Su propio carácter no es solo moralmente perfecto, sino que es el patrón estándar de la perfección. Su acciones son perfectas porque su naturaleza es perfecta, y Él siempre actúa de acuerdo con su naturaleza. Por lo tanto, Dios nunca es arbitrario, caprichoso o antojadizo. Siempre hace lo que es correcto.

Como criaturas de Dios, a nosotros también se nos exige que hagamos lo que es correcto. Dios nos exige que vivamos una vida de acuerdo a su ley moral, la cual nos ha revelado en la Biblia. La ley de Dios es el estándar de justicia y la norma suprema para juzgar el bien y el mal. Dios tiene la autoridad para imponernos obligaciones, para exigir nuestra obediencia, y exigir el compromiso de nuestras conciencias, porque Él es nuestro soberano. También tiene el poder y el derecho para castigar la desobediencia cuando violamos su ley. (El pecado puede ser definido como la desobediencia a la ley de Dios.)

Algunas leyes de la Biblia están directamente basadas en el carácter de Dios. Estas leyes reflejan los elementos transculturales y permanentes de las relaciones, tanto divinas como humanas. Otras leyes obedecieron a condiciones pasajeras de la sociedad. Esto significa que algunas leyes son absolutas y eternas, mientras que otras pueden ser anuladas por Dios por razones históricas, como las leyes ceremoniales y de dieta de Israel. Solo Dios puede abolir dichas leyes. Los seres humanos nunca tienen la autoridad para abolir la ley de Dios.

No somos autónomos. Es decir, no se nos permite vivir de acuerdo con nuestra propia ley. La condición moral de la humanidad es la de heteronomía: vivimos bajo la ley de otro. La forma específica de heteronomía bajo la cual vivimos es la teonomía, o la ley de Dios.

Resumen

l. Dios gobierna al universo por leyes. La gravedad es un ejemplo de las leyes de Dios para la naturaleza. La ley moral de Dios está en los Diez Mandamientos.

2. Dios tiene la autoridad para imponer obligaciones a sus criaturas.

3. Dios actúa de acuerdo a la ley de su propio carácter.

4. Dios nos revela su ley moral a nuestras conciencias y en la Escritura.

5. Solo Dios tiene la autoridad para abolir sus leyes.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ex. 20:1-17

Ps. 115:3

Mat. 5:17-20

Rom. 7:7-25

Gal. 3:23-29

Autonomía = Auto nomos = Ley propia

Heteronomía = Hetera nomos =  Ley de otros

Teonomía =  Theo nomos =  Ley de Dios

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

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El Credo de Atanasio

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VII

El Credo de Atanasio

Atanasio

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VII

Desde que las epístolas del Nuevo Testamento fueron escritas, los cristianos han recibido consejo sobre cómo deben vivir la vida cristiana. ¿Cuánto debemos orar? ¿Cuán lejos podemos llegar en el logro de la santidad bíblica en esta vida? ¿Es la perfección un Quicumque vult: esta frase es el título atribuido a lo que se conoce popularmente como el Credo de Atanasio. A menudo se le llamaba Credo de Atanasio porque durante siglos la gente atribuyó su autoría a Atanasio, el gran campeón de la ortodoxia trinitaria durante la crisis de la herejía del arrianismo que estalló en el siglo IV. Esa crisis teológica se centró en la naturaleza de Cristo y culminó en el Credo Niceno en el 325. En el Concilio de Nicea de ese año, el término homoousios fue la palabra polémica que finalmente se vinculó a la confesión de la Iglesia sobre la persona de Cristo. Con esta palabra, la Iglesia declaró que la segunda persona de la Trinidad tiene la misma sustancia o esencia que el Padre, afirmando así que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en ser y en eternidad. Aunque Atanasio no escribió el Credo Niceno, él fue su principal campeón contra los herejes que siguieron a Arrio, quienes argumentaron que Cristo era una criatura exaltada pero menos que Dios.

Atanasio murió en el año 373 d. C., y el epitafio que apareció en su lápida es famoso hoy en día, ya que captura la esencia de su vida y ministerio. Decía simplemente: «Atanasius contra mundum», es decir, «Atanasio contra el mundo». Este gran líder cristiano sufrió varios exilios durante la amarga controversia arriana debido a la firme profesión de fe que mantuvo en la ortodoxia trinitaria.

Aunque el nombre de «Atanasio» se le dio al credo a lo largo de los siglos, los estudiosos modernos están convencidos de que el Credo de Atanasio fue escrito después de la muerte de Atanasio. Ciertamente, la influencia teológica de Atanasio está incrustada en el credo, pero con toda probabilidad él no fue su autor. El título que presenta, Quicumque Vult, sigue la tradición que la Iglesia católica romana utiliza para las encíclicas y los credos. Estas afirmaciones eclesiásticas obtienen su nombre de la primera palabra o palabras del texto latino. El Credo de Atanasio comienza con las palabras quicumque vult, que significa «todo el que quiera o, quienquiera que desee», debido a que esta frase introduce la primera afirmación del Credo Atanasiano. La afirmación es esta: «Todo el que quiera salvarse debe, ante todo, guardar la fe católica». El Credo Atanasiano busca presentar de manera resumida aquellas doctrinas esenciales para la salvación que la Iglesia afirma con referencia específica a la Trinidad.

Con respecto a la historia de los orígenes del Credo Atanasiano, en la actualidad generalmente se considera que el credo se escribió por primera vez en el siglo V, aunque también es posible que haya sido en el siglo VII, ya que el credo no aparece en los anales de historia sino hasta el año 633, en el cuarto Concilio de Toledo. Fue escrito en latín y no en griego. Si fue escrito en el siglo V, varios posibles autores han sido mencionados debido a la influencia de su pensamiento, incluyendo a Ambrosio de Milán y Agustín de Hipona, pero más probablemente fue escrito por el santo francés Vicente de Lerins.

El contenido del Credo Atanasiano enfatiza la afirmación sobre la Trinidad de que todos los miembros de la Deidad son considerados increados y coeternos y de la misma sustancia. En la afirmación de la Trinidad, la naturaleza dual de Cristo recibe una importancia central. Así como el Credo Atanasiano en un sentido reafirma las doctrinas de la Trinidad expuestas en el siglo IV en Nicea, así también recapitula las fuertes afirmaciones del Concilio de Calcedonia en el siglo V (451). Luego de que la Iglesia luchó contra la herejía arriana en el siglo IV, el siglo V produjo las herejías del monofisismo, que redujeron a la persona de Cristo a una sola naturaleza, mono fisis, una sola naturaleza teantrópica (Dios-hombre) que no era puramente divina ni puramente humana. En la herejía monofisita de Eutiques, la persona de Cristo era vista como una persona con una sola naturaleza, la cual no era ni verdaderamente divina ni verdaderamente humana. Desde este punto de vista, las dos naturalezas de Cristo se confundieron o se mezclaron. Al mismo tiempo que la Iglesia luchaba contra la herejía monofisita, también luchaba contra la visión opuesta, el nestorianismo, la cual buscaba no tanto confundir y mezclar las dos naturalezas sino separarlas, llegando a la conclusión de que Jesús tenía dos naturalezas y era por lo tanto dos personas, una humana y una divina. Tanto la herejía monofisita como la herejía nestoriana fueron claramente condenadas en el Concilio de Calcedonia en el 451, donde la Iglesia, reafirmando su ortodoxia trinitaria, declaró su creencia de que Cristo, o la segunda persona de la Trinidad, era vere homo y vere Deus, verdadero hombre y verdadero Dios. Además, declaró que las dos naturalezas en su perfecta unidad coexistían sin mezcla, confusión, separación o división, cada naturaleza conservando sus propios atributos. Así que con una afirmación de credo se condenó tanto la herejía del nestorianismo como la herejía del monofisismo.

El Credo Atanasiano reafirma las distinciones establecidas en Calcedonia, en donde la declaración atanasiana llama a Cristo «perfecto Dios y perfecto hombre». A los tres miembros de la Trinidad se les considera increados y, por lo tanto, coeternos. También, luego de las afirmaciones anteriores, se declara que el Espíritu Santo procede del Padre «y del Hijo», afirmando el concepto llamado filioque que fue tan controversial con la ortodoxia oriental. La ortodoxia oriental hasta el día de hoy no acepta la idea filioque.

Finalmente, los estándares atanasianos examinaron la encarnación de Jesús y afirmaron que en el misterio de la encarnación la naturaleza divina no mutó o cambió a una naturaleza humana, sino que la naturaleza divina inmutable tomó sobre sí misma una naturaleza humana. Es decir, en la encarnación la naturaleza divina asumió una naturaleza humana y no hubo mutación de la naturaleza divina en una naturaleza humana.

El Credo Atanasiano es considerado uno de los cuatro credos autoritativos de la Iglesia católica romana y, de nuevo, declara en términos concisos lo que es necesario creer para ser salvo. Aunque el Credo Atanasiano no recibe tanta publicidad en las iglesias protestantes, prácticamente todas las iglesias protestantes históricas afirman las doctrinas ortodoxas de la Trinidad y la encarnación.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

4 – Revelaciones especiales y la Biblia

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

4. Revelaciones especiales y la Biblia

Cuando Jesús fue tentado por Satanás en el desierto, reprendió al demonio con estas palabras: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mat. 4:4). Históricamente, la iglesia se ha hecho eco de la enseñanza de Jesús al afirmar que la Biblia es la vox Dei, la «voz de Dios» o el verbuni Dei, la «Palabra de Dios». Llamar a la Biblia la Palabra de Dios no significa sugerir que fue escrita por la propia mano divina de Dios o que nos cayó del cielo en un paracaídas. La Biblia misma dirige nuestra atención hacia muchos de sus escritores humanos. Si estudiamos la Escritura diligentemente, notaremos que cada uno de sus escritores humanos tiene su estilo literario propio, su vocabulario, su énfasis especial, su perspectiva, y otras características. Si la producción de la Biblia implicó el esfuerzo humano, ¿cómo es posible considerarla la Palabra de Dios?

A la Biblia se la llama la Palabra de Dios porque ella misma declara, y la iglesia lo cree, que los escritores humanos no escribieron simplemente sus propias opiniones, sino que sus palabras fueron inspiradas por Dios.

El apóstol Pablo escribe:»Toda la Escritura es inspirada por Dios» (2 Tim. 3: 16). La palabra inspiración es una traducción de la palabra griega que significa «exhalado por Dios». Dios exhaló la Biblia. De la misma manera que exhalamos el aire a través de nuestras bocas cuando hablamos, así la Escritura es Dios hablando.

Aunque la Escritura llegó a nuestras manos de las plumas de los autores humanos, la fuente originaria de la Escritura es Dios. Por eso es que los profetas podían anteponer a sus palabras este prefacio: «Así dijo el Señor». Por eso es que Jesús pudo decir: «Tu palabra es verdad» (Jn. 17:17), y «la Escritura no puede ser quebrantada» (Jn. 10:35).

La palabra inspiración también dirige nuestra atención al proceso utilizado por el Espíritu Santo para supervisar la producción de la Escritura. El Espíritu Santo guió a los autores humanos para que sus palabras no fueran otra cosa que la palabra de Dios. No sabemos cómo supervisó Dios los escritos originales de la Biblia. Pero la inspiración no implica que Dios dictó sus mensajes a quienes escribieron la Biblia. El Espíritu Santo comunicó las propias palabras de Dios por medio de los escritores humanos.

Los cristianos afirman la infalibilidad y la inerrabilidad de la Biblia porque en última instancia Dios es el autor de la Biblia. Y como es imposible que Dios inspire falsedades, su palabra debe ser completamente cierta y confiable. Cualquier producto literario preparado normalmente por los humanos es factible de contener errores. Pero la Biblia no es un proyecto humano normal. Si la Biblia ha sido inspirada y supervisada por Dios, entonces no puede equivocarse.

Esto no significa que las traducciones de la Biblia con las que contamos hoy en día no contengan errores, sino que los manuscritos originales eran absolutamente correctos. Tampoco significa que todas las afirmaciones contenidas en la Biblia sean verdaderas.

El escritor del libro de Eclesiastés, por ejemplo, declara que «en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría» (Eclesiastés 9: 10). El escritor estaba escribiendo desde una perspectiva de desesperación humana, y sabemos que su afirmación no es verdadera a la luz de otras partes de la Escritura. Pero hasta cuando nos revela los falsos razonamientos de un hombre desesperado, la Biblia nos dice la verdad.

Resumen

INSIRACION: DIOS = Autor Supremo > Los seres humanos > La Biblia

l. La inspiración es el proceso por el cual Dios ha exhalado su palabra.

  1. Dios es la fuente originaria de la Biblia.
  2. Dios es el supervisor final de la Biblia.
  3. Solamente los manuscritos originales de la Biblia no contenían ningún error.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ps. 119

Jn. 17:17

1 Thes. 2: 13

2 Tim. 3:15-17

2 Pet. 1:20-21

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

La batalla por la Sola Gracia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VI

La batalla por la Sola Gracia

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VI

a primera parte del siglo V fue testigo de una seria controversia en la Iglesia conocida como la controversia pelagiana. Este debate se dio principalmente entre el monje británico Pelagio y el gran teólogo del primer milenio, Agustín de Hipona. En la controversia, Pelagio se opuso enérgicamente al entendimiento de Agustín sobre la caída, la gracia y la predestinación. Pelagio sostenía que la caída afectó solo a Adán y que no había imputación de culpa o del «pecado original» a la progenie de Adán. Pelagio insistía en que las personas nacidas después de la caída de Adán y Eva conservaron la capacidad de vivir vidas de justicia perfecta sin la ayuda de la gracia de Dios. Él argumentaba que la gracia «facilita» la justicia pero que no era necesaria para ella. Categóricamente rechazó el entendimiento de Agustín de que la caída fue tan severa que dejó a los descendientes de Adán en tal estado de corrupción moral que fueron moralmente incapaces de buscar a Dios. Las doctrinas de Pelagio fueron condenadas por la Iglesia en el 418 en un sínodo en Cártago.

Aunque el pelagianismo fue rechazado por la Iglesia, pronto surgieron esfuerzos para suavizar las doctrinas de Agustín. En el siglo V el máximo exponente de tal suavización fue un abad de un monasterio en la Galia, llamado Juan Casiano. Casiano y sus compañeros monjes estuvieron completamente de acuerdo con la condenación de Pelagio por parte del sínodo en el 418, pero a la vez objetaron la fuerte postura de la predestinación expuesta por Agustín. Casiano creyó que Agustín había ido demasiado lejos en su reacción contra la herejía de Pelagio y que había abandonado las enseñanzas de algunos de los padres de la Iglesia, especialmente de Tertuliano, Ambrosio y Jerónimo. Casiano dijo que la enseñanza de Agustín sobre la predestinación «debilita la fuerza de la predicación, de la reprensión y de la energía moral… sumerge a los hombres en la desesperación e introduce una cierta necesidad fatídica». Esta reacción contra el fatalismo implícito de la predestinación llevó a Casiano a articular una posición que desde entonces ha llegado a conocerse popularmente como el «semipelagianismo». El semipelagianismo, como indica su nombre, sugiere un punto intermedio entre Pelagio y Agustín. Aunque la gracia facilita una vida de rectitud, Pelagio pensaba que esta no era necesaria. Casiano argumenta que la gracia no solo facilita una vida de rectitud, sino que es una necesidad esencial para que uno logre alcanzar la rectitud. Sin embargo, la gracia que Dios pone a disposición de las personas puede y es a menudo rechazada por ellas. La caída del hombre es real y seria, pero no tan seria como Agustín suponía, porque cierto nivel de habilidad moral permanece en la criatura caída al punto de que la persona caída tiene el poder moral de cooperar con la gracia de Dios o de rechazarla. Agustín argumentó que esa misma cooperación con la gracia era el efecto de la capacitación de Dios al pecador para dicha cooperación. De nuevo, Agustín insistió en que a todos los que estaban contados entre los elegidos se les dio el don de la gracia regeneradora que les infundió la fe. Para Casiano, aunque la gracia de Dios es necesaria para la salvación y ayuda a la voluntad humana a hacer el bien, en última instancia es el hombre, no Dios, quien debe querer lo bueno. Dios no le da al creyente el poder del querer porque ese poder para querer ya está presente a pesar de la condición caída del creyente. Además, Casiano enseñó que Dios desea salvar a todas las personas y que la obra de la expiación de Cristo es eficaz para todo el mundo.

Casiano entendió que la predestinación era un concepto bíblico, pero priorizó la presciencia divina sobre la elección de Dios. Eso significa que enseñaba que aunque la predestinación es un acto de Dios, la decisión de Dios de predestinar está basada en Su previo conocimiento de cómo las criaturas humanas responderán a la oferta de la gracia. Para Casiano, no hay un número definido de personas que son elegidas o rechazadas desde la eternidad, ya que Dios desea que todos los hombres sean salvos, y sin embargo no todos los hombres son salvos. El hombre mantiene su responsabilidad moral y con esa responsabilidad el poder de elegir cooperar o no con la gracia. Al final, lo que Casiano estaba negando en la enseñanza de Agustín era la idea de la gracia irresistible. Para Agustín, la gracia de la regeneración es siempre eficaz y no será rechazada por el elegido. Es una obra monergista de Dios que logra lo que Dios quiere que logre. La gracia divina cambia el corazón humano, resucitando al pecador de la muerte espiritual a la vida espiritual. En este acto divino, Dios lleva al pecador a creer en Cristo y a elegirlo. El estado previo de incapacidad moral es vencido por el poder de la gracia regeneradora. La palabra clave en la posición de Agustín es que la gracia regeneradora es monergista. Es la obra exclusiva de Dios.

Pelagio rechaza la doctrina de la gracia monergista y la reemplaza con una perspectiva sinergista, que involucra una obra de cooperación entre Dios y el hombre.

La posición de Casiano fue condenada en el Concilio de Orange en el 529, que más adelante estableció la posición de Agustín como una expresión de la ortodoxia cristiana y bíblica. Sin embargo, con la conclusión del Concilio de Orange en el siglo VI (529), las doctrinas del semipelagianismo no desaparecieron sino que estuvieron en pleno funcionamiento a lo largo de la Edad Media y fueron concretadas en el Concilio de Trento en el siglo XVI. Estas doctrinas siguen siendo la postura mayoritaria de la Iglesia católica romana, aun en el siglo XXI.

La opinión mayoritaria en cuanto a la predestinación, incluso en el mundo evangélico, es que la predestinación no está basada en el decreto eterno de Dios de traer a la gente a la fe, sino que está basada en Su conocimiento previo de cuáles personas ejercerán su voluntad para venir a la fe. En el centro de la controversia de los siglos V y VI, el siglo XVI y aún hoy, permanece la pregunta respecto al grado de corrupción que sobrevino sobre los seres humanos caídos en el pecado original; y la controversia continúa. La diferencia entre la controversia pelagiana y la problemática del semipelagianismo es que el pelagianismo fue visto por la Iglesia en ese entonces y ahora como un enfoque subcristiano, y de hecho anticristiano, de la humanidad caída. La controversia semipelagiana, aunque seria, no se considera una disputa entre creyentes e incrédulos, sino un debate intramuros entre creyentes.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

3 – La revelación general inmediata y mediata

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

3. La revelación general inmediata y mediata

R.C. Sproul

Cuando era niño y mi madre me pedía que hiciera algo sin demora, siempre me daba las órdenes pautándolas con el adverbio inmediatamente. Decía: «Hijo, ve inmediatamente a tu dormitorio».

Utilizaba la palabra inmediatamente para referirse a un acontecimiento en el tiempo que tiene lugar sin que transcurra ningún lapso de tiempo. En la teología el término inmediato significa algo distinto. Significa que algo sucede sin pasar a través de ningún tipo de medio, de cosa o de agente interventor. Se trata de una acción que tiene lugar sin intermediarios.

En la teología bíblica, se distinguen dos tipos de revelación general, aquella que ha sido comunicada por medio de un intermediario y aquella que es directa. Cuando hablamos de la revelación general mediata, nos estamos refiriendo a la revelación que ha sido transmitida a través de algo. Cuando los cielos nos revelan a Dios, se convierten en el medio o los medios a través de los cuales Dios despliega su gloria. En este sentido, todo el universo es un medio de revelación divina. La creación da testimonio sobre su Creador.

La Biblia nos dice que toda la tierra está llena de la gloria de Dios. Lamentablemente, con frecuencia no nos damos cuenta de la propia gloria que nos rodea. Tenemos la tendencia a vivir en la superficie de las cosas. Somos ajenos a las maravillas y el encanto que Dios nos provee en su gloriosa creación. Hemos perdido la sintonía. Hemos perdido el contacto. Las ideas religiosas no tienen ningún valor si no expresan algo real.

La sublime presencia de Dios está en todo lo que nos rodea. Sin embargo, con frecuencia somos sordos y ciegos. No entendemos su idioma. Para apreciar el aroma de las flores es necesario hacer algo más que detenerse. La flor contiene más que un dulce aroma o fragancia. Exhala la gloria de su Creador. Estamos en contacto con la revelación divina cuando somos concientes de la gloria de Dios en la naturaleza. La naturaleza no es divina. Pero la gloria de Dios llena la naturaleza y se nos revela en ella y por medio de ella.

Además de revelar su gloria indirectamente por medio de la creación, Dios también se revela a sí mismo directamente a la mente humana. Esta revelación se llama la revelación general inmediata.

El apóstol Pablo habla sobre la ley de Dios que ha sido grabada en nuestros corazones (Rom. 2: 12-16). Juan Calvino habló de un sentido de lo divino que Dios implanta en la mente de cada persona.

Escribió:

Que existe en la mente humana, y por instinto natural, una determinada percepción de la Deidad, no puede ser cuestión de disputa, ya que Dios mismo… ha dotado a todos los hombres con alguna idea de su Divinidad, la memoria de la cual constantemente renueva y ocasionalmente expande. (1)

Las culturas en todas partes atestiguan la presencia de algún tipo de actividad religiosa, confirmando así la naturaleza religiosa incurable en el género humano. Los seres humanos son religiosos en su parte más íntima. El carácter de dicha religión puede ser crasamente idolátrico; pero hasta la idolatría, y en realidad especialmente la idolatría, nos brinda la evidencia de este conocimiento innato que puede presentarse distorsionado pero nunca obliterado.

En lo más profundo de nuestras almas sabemos que Dios existe y que nos ha dado su ley. Intentamos reprimir este conocimiento para eludir cumplir con los mandamientos de Dios. Pero no importa cuánto tratemos, no podremos silenciar esta voz interior. Puede ser amordazada pero no puede ser destruida.

La revelación general mediata

Dios  > Creación > Seres Humanos

Dios se revela a sí mismo en el medio de la creación

La revelación general inmediata

Dios  > Seres Humanos

DIOS implanta un sentido innato de Él en los seres humanos.

Resumen

l. La gloria de Dios es evidente en todo lo que nos rodea. Ha sido mediatizada por la creación de Dios.

2. Los seres humanos son religiosos por naturaleza.

3. Dios implanta en todos los seres humanos un conocimiento innato de Él. En esto consiste la revelación general inmediata.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ps. 19:1-14

Acts 14:8-18

Acts 17:16-34

Rom. 1:18-23

Rom. 2:14-15

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

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La controversia pelagiana

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo V

La controversia pelagiana

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo V

Dame lo que ordenas, y ordena lo que quieras». Este pasaje de la pluma de San Agustín de Hipona fue la enseñanza que provocó una de las controversias más importantes en la historia de la Iglesia, y uno que provocó ira en los primeros años del siglo V.

La provocación de esta oración estimuló a un monje británico llamado Pelagio a reaccionar vigorosamente contra su contenido. Cuando Pelagio llegó a Roma en algún momento de la primera década del siglo V, estaba horrorizado por la laxitud moral que observó entre los cristianos profesos e incluso entre el clero. Atribuyó gran parte de este malestar a las implicaciones de la enseñanza de San Agustín, a saber, que la justicia solo podía ser lograda por los cristianos con la ayuda especial de la gracia divina.

Con respecto a la oración de Agustín, «Oh Dios, dame lo que ordenas, y ordena lo que quieras», Pelagio no tuvo problemas con la segunda parte. Él creía que el atributo más alto de Dios era en verdad Su justicia y por esa justicia tenía el perfecto derecho de obligar a Sus criaturas a obedecerlo de acuerdo con Su ley. Pelagio se enfocó en la primera parte de la oración, en la cual Agustín le pedía a Dios que le concediera lo que Él ordenaba. Pelagio reaccionó diciendo que en cualquier cosa que Dios ordena está implícita la capacidad de quien recibe la orden de obedecerla. El hombre no debería tener que pedir gracia para ser obediente.

Ahora, esta discusión se amplió a nuevos debates sobre la naturaleza de la caída de Adán, sobre el alcance de la corrupción en nuestra humanidad que describimos bajo la rúbrica de «pecado original» y sobre la doctrina del bautismo.

La posición de Pelagio era que el pecado de Adán afectó a Adán y solo a Adán. Es decir, como resultado de la transgresión de Adán, no se produjo ningún cambio en la naturaleza constitutiva de la raza humana. El hombre nació en un estado de justicia y, como uno creado a imagen de Dios, fue creado de manera inmutable. Aunque le era posible pecar, no le era posible perder su naturaleza humana básica, que era capaz de ser obediente, siempre y en todo lugar. Pelagio continuó diciendo que es posible, incluso después del pecado de Adán, para todo ser humano vivir una vida de justicia perfecta y que, de hecho, algunos han alcanzado tal estatus.

Pelagio no se opuso a la gracia, sino solo a la idea de que la gracia era necesaria para la obediencia. Sostuvo que la gracia facilita la obediencia, pero que no es un prerrequisito necesario para la obediencia. No hay transferencia de culpa de Adán a su descendencia ni cambio alguno en la naturaleza humana como subsecuencia de la caída. El único impacto negativo que Adán tuvo en su progenie fue el dar un mal ejemplo y si los que siguen el camino de Adán imitan su desobediencia, compartirán su culpa, afirmó Pelagio, pero solo siendo ellos realmente culpables. No puede haber transferencia o imputación de culpa de un hombre a otro de acuerdo con las enseñanzas de Pelagio. Por otro lado, Agustín argumentó que la caída perjudicó seriamente la capacidad moral de la raza humana. De hecho, la caída de Adán hundió a toda la humanidad en el estado ruinoso del pecado original. El pecado original no se refiere al primer pecado de Adán y Eva, sino que se refiere a las consecuencias para la raza humana de ese primer pecado. Se refiere al juicio de Dios sobre toda la raza humana por el cual Él trae sobre nosotros los efectos del pecado de Adán por la corrupción continua de todos sus descendientes. Pablo desarrolla este tema en el quinto capítulo de su epístola a los romanos.

El tema clave para Agustín en esta controversia era el problema de la capacidad moral del hombre caído, o la falta de ella. Agustín argumentó que antes de la caída, Adán y Eva disfrutaban de libre albedrío y de libertad moral. La voluntad es la facultad por la cual se toman las decisiones. La libertad se refiere a la capacidad de usar esa facultad para escoger las cosas de Dios. Agustín dijo que tras la caída, la voluntad, o la facultad de elegir, permaneció intacta; es decir, los seres humanos aún son libres en el sentido de que pueden elegir lo que quieran. Sin embargo, sus elecciones están profundamente influenciadas por la esclavitud del pecado que los mantiene en un estado corrupto. Y como resultado de esa esclavitud al pecado, se perdió esa libertad original que Adán y Eva disfrutaron antes de la caída.

La única forma de restaurar la libertad moral sería a través de una obra sobrenatural de la gracia de Dios en el alma. Esta renovación de la libertad es lo que la Biblia llama una libertad «real» (Stg 2:8). Por lo tanto, el quid de la cuestión tenía que ver con el tema de la incapacidad moral como el corazón del pecado original. La controversia arrojó varios veredictos eclesiásticos, incluido el juicio de la Iglesia en un sínodo en el año 418, donde el Concilio de Cartago condenó las enseñanzas de Pelagio. El hereje fue exiliado a Constantinopla en el 429. Y una vez más, el pelagianismo fue condenado por la Iglesia en el Concilio de Éfeso en el 431. A lo largo de la historia de la Iglesia, una y otra vez, el pelagianismo ha sido repudiado sin rodeos por la ortodoxia cristiana. Incluso el Concilio de Trento, que enseña una forma de semipelagianismo, en sus primeros tres cánones (especialmente en el sexto capítulo sobre la justificación), repite la antigua condena de la Iglesia a la enseñanza pelagiana de que los hombres pueden ser justos sin la gracia. Incluso en algo tan reciente como el catecismo católico romano moderno, esa condena continúa.

En nuestros días, debemos ver el debate entre el pelagianismo y el agustinianismo como el debate entre el humanismo y el cristianismo. El humanismo es una variedad recalentada de pelagianismo. Sin embargo, la lucha dentro de la Iglesia hoy en día es entre el punto de vista agustiniano y varias formas de semipelagianismo, que buscan un punto medio entre los puntos de vista de Pelagio y Agustín. El semipelagianismo enseña que la gracia es necesaria para lograr la justicia, pero que esta gracia no se imparte al pecador de manera unilateral o soberana como afirma la teología reformada. Más bien, el semipelagiano argumenta que el individuo da el primer paso de fe antes de que se otorgue esa gracia salvadora. Por lo tanto, Dios imparte la gracia de la fe en conjunto con la obra del pecador en la búsqueda de Dios. Parece que una pequeña mezcla de gracia y de obras no le preocupa mucho a los semipelagianos. Sin embargo, nuestra tarea es ser fieles primero a las Escrituras y luego a los antiguos concilios de la Iglesia, discernir la verdad de Agustín y defenderla bien.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.