2 – Paradojas, misterios y contradicciones

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

2. Paradojas, misterios y contradicciones

R.C. Sproul

Diversos movimientos dentro de nuestra cultura contemporánea, tales como la «New Age», las religiones orientales, y la filosofía irracional, han ejercido su influencia y conducido a una crisis de entendimiento. Ha surgido una nueva forma de misticismo que le otorga al absurdo el sello de la verdad religiosa. A nuestro entender, la máxima del budismo zen, «Dios es una mano aplaudiendo», constituye una clara ilustración de este concepto.

Decir que Dios es una mano aplaudiendo suena como algo profundo. La mente conciente se confunde porque va a contramano de los patrones normales de pensamiento. Suena «profundo» e intrigante hasta que la analizamos cuidadosamente y descubrimos que en el fondo solo se trata de una afirmación carente de sentido.

La irracionalidad es un tipo de caos mental. Descansa sobre una confusión contrapuesta con el Autor de toda verdad que no es un autor de confusión.

El cristianismo bíblico es vulnerable a dichas cadenas de irracionalidad exaltada debido a su cándido reconocimiento de que existen muchas paradojas y misterios en la Biblia. Como las diferencias que marcan los límites entre las paradojas, los misterios y las contradicciones son débiles pero cruciales, es importante  que aprendamos a distinguir cuáles son estas diferencias.

Cuando buscamos sondear las profundidades de Dios nos confundimos con mucha rapidez. Ningún mortal puede comprender a Dios exhaustivamente. La Biblia nos revela cosas sobre Dios, cosas que aunque somos incapaces de comprenderlas completamente sabemos que son verdades. No tenemos ningún punto de referencia humano, por ejemplo, para entender a un ser que es tres en persona y uno en esencia (la Trinidad), o a un ser que es una persona con dos naturalezas distintas, la humana y la divina (la persona de Cristo). Estas verdades, tan ciertas como puedan serlo, son demasiado «elevadas» para ser alcanzadas por nosotros.

Nos enfrentamos con problemas similares en el mundo natural. Sabemos que la gravedad existe, pero aunque no la entendemos, no por ello intentamos definirla en términos irracionales o contradictorios. Casi todos estamos de acuerdo que el movimiento forma parte integral de la realidad, sin embargo, la esencia del movimiento en sí mismo ha dejado perplejos a los filósofos y a los científicos por milenios. La realidad tiene mucho de misteriosa y mucho que no podemos entender. Pero esto no se convierte en nuestra garantía para dar un salto al absurdo. Tanto en la religión como en la ciencia, la irracionalidad es fatal. En realidad, es mortal para cualquier verdad.

El filósofo cristiano Gordon H. Clark en cierta ocasión definió una paradoja como «un calambre entre las orejas». El propósito de su definición era señalar que lo que muchas veces se denomina una paradoja no es nada más que un razonamiento descuidado. Clark, sin embargo, reconoció con claridad la función y el papel legítimo de las paradojas. La palabra paradoja proviene de la raíz griega que significa «parecer o aparecer». Las paradojas nos resultan difíciles porque a primera vista «parecen» ser contradictorias, pero si las examinamos con mayor detalle podemos encontrarles la solución. Por ejemplo, Jesús dijo que «El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará» (Mat. 10:39). Superficialmente, esto parece ser una afirmación del mismo tenor que la que dice que «Dios es una mano aplaudiendo».  Parece contener en sí una contradicción. Lo que Jesús intentó decir, sin embargo, fue que si alguien pierde su vida en un sentido, la encontrará en otro sentido. Como la pérdida y el hallazgo están en dos sentidos distintos, no hay ninguna contradicción. Yo sayal mismo tiempo un padre y un hijo pero, obviamente, no en la misma relación.

Debido a que la palabra paradoja ha sido muy frecuentemente entendida como sinónimo de contradicción, en algunos diccionarios ingleses ha sido ingresada como una segunda acepción al término contradicción. Una contradicción es una afirmación que viola la clásica ley de no contradicción. La ley de no contradicción afirma que no es posible que A sea A y no-A al mismo tiempo y en el mismo sentido. En otras palabras, algo no puede ser lo que es y no ser lo que es, al mismo tiempo y en el mismo sentido. Se trata de la ley más importante de todas las leyes de lógica.

Nadie es capaz de entender una contradicción porque una contradicción es inherentemente no inteligible. Ni siquiera Dios puede comprender las contradicciones. Pero sin duda que las  puede reconocer por lo que en realidad son – meras falsedades. La palabra contradicción proviene del latín «hablar en contra». También se las conoce como una antinomia, que significa «contra la ley».  Si Dios hablara por medio de contradicciones carecería intelectualmente de leyes, tendría un doble discurso. Es un tremendo insulto y una blasfemia incluso el sugerir que el Autor de la verdad pudiera hablar con contradicciones. La contradicción es la herramienta de aquel que miente, “el padre de las mentiras” que desprecia la verdad.

Existe una relación entre los misterios y las contradicciones que fácilmente nos conduce a confundirlas entre sí. No podemos entender los misterios. No podemos entender las contradicciones. El punto de contacto entre los dos conceptos es su carácter de no inteligible. Los misterios no nos resultan claros ahora porque carecemos de información o de la perspectiva para comprenderlos. La Biblia nos promete que, una vez en el cielo estos misterios que ahora no podemos comprender serán explicados. Las explicaciones solucionarán los misterios del presente. Sin embargo, no hay ninguna explicación posible, ni en el cielo ni en la tierra, que pueda solucionar una contradicción.

Resumen

1.         Una paradoja es una contradicción aparente que puede ser entendida si  se la examina en detalle.

2.         Un misterio es algo que ahora nos resulta desconocido, pero que puede ser resuelto.

3.         Una contradicción es una violación de la ley de no contradicción. Una contradicción no puede ser resuelta, ni por los mortales ni por Dios, ni en este mundo ni en el porvenir.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Mat. 13:11

Mat. 16:25

Rom. 16:25-27

1 Cor. 2:7

1 Cor. 14:33

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

1 – La revelación divina

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

1. La revelación divina

R.C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

Todo lo que conocemos sobre el cristianismo nos ha sido revelado por Dios. Revelar significa «quitar el velo». Implica el retirar la cubierta de algo que estaba oculto.

Cuando mi hijo estaba creciendo, desarrollamos una tradición anual para festejar su cumpleaños. En lugar de seguir el procedimiento normal de repartir los regalos, lo hacíamos mediante una modalidad que era nuestra versión casera del programa televisivo de entretenimientos «Hagamos un trato». Escondía sus regalos en lugares secretos tales como un cajón, o debajo del sillón, o detrás de una silla. Luego le daba opciones: «Puedes tener lo que está en el cajón del escritorio o lo que está en mi bolsillo». El juego alcanzaba su clímax cuando llegábamos al «gran trato de día». Colocaba en fila a tres sillas que cubría con una manta. Cada manta ocultaba un regalo. Una de las sillas tenía un pequeño regalo, la segunda silla tenía su regalo más grande, y la tercera silla tenía una muleta que había utilizado cuando se fracturó la pierna a los siete años.

¡Por tres años consecutivos mi hijo eligió la silla que tenía la muleta! (Siempre terminaba permitiéndole canjear la muleta por el verdadero regalo.) Al cuarto año, él estaba resuelto a no elegir la silla con la muleta debajo de la manta. Esta vez oculté su regalo grande junto con la muleta y dejé que la punta de la muleta asomara por debajo de la manta. Al ver la punta de la muleta, evitó elegir esa silla. ¡Nuevamente lo había atrapado!

La diversión del juego consistía en adivinar dónde estaba escondido el tesoro. Pero se trataba únicamente de adivinar, de pura especulación. El descubrimiento del tesoro verdadero no podía concretarse hasta tanto la manta no hubiera sido retirada y el regalo quedara al descubierto.

Lo mismo sucede con nuestro conocimiento de Dios. La especulación ociosa sobre Dios es tarea para un tonto. Si deseamos conocerle en verdad, debemos confiar en lo que Él nos dice sobre sí mismo.

La Biblia nos indica que Dios se revela a sí mismo de diversas maneras. Despliega su gloria en la naturaleza y por medio de la naturaleza. En los tiempos antiguos se reveló por medio de sueños y de visiones. La marca de su providencia está demostrada en las páginas de la historia. Se revela a sí mismo en las Escrituras inspiradas. Y podemos ver el zenit de su revelación en Jesucristo que se hizo hombre – lo que los teólogos denominan la Encarnación».

El autor de la epístola a los Hebreos escribe:

Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (Heb. 1:1-2).

Si bien la Biblia habla de las «muchas maneras» en que Dios se ha revelado a sí mismo, debemos distinguir entre dos tipos principales de revelación – la general y la especial.

La revelación general se llama «general» por dos razones: (1) es general en cuanto a su contenido, y (2) ha sido revelada a un público en general.

El contenido general.

La revelación general nos provee del conocimiento de que Dios existe. «Los cielos declaran la gloria de Dios», nos dice el salmista. La gloria de Dios la vemos desplegada en la obra de sus manos. Este despliegue es tan claro y manifiesto que ninguna criatura puede dejar de apreciarlo. Nos revela la deidad y el poder eterno de Dios (Rom. 1:18-23). La revelación en la naturaleza no nos brinda una revelación completa de Dios. No nos brinda la información sobre Dios el Redentor que encontramos en la Biblia. Pero el Dios revelado en la naturaleza es el mismo Dios revelado en las Escrituras.

El público en general

No todas las personas en el mundo han leído la Biblia o escuchado la proclamación del evangelio. Pero la luz de la naturaleza brilla sobre cada uno en cualquier lugar y en cualquier tiempo. La revelación general de Dios tiene lugar todos los días. El nunca se queda sin ningún testigo. El mundo visible es como un espejo que refleja la gloria de su Hacedor.

El mundo es el escenario de Dios. El es el actor principal que aparece al principio y en el centro. No puede caer ningún telón que oscurezca su presencia. De una simple mirada a la creación podemos saber que la naturaleza no es su propia madre. No hay nada de «madre» en la Madre Naturaleza. La naturaleza en sí misma no tiene ningún poder para producir ningún tipo de vida.

En sí misma, la naturaleza es estéril. El poder para producir la vida reside en el Autor de la naturaleza -Dios. El sustituir la naturaleza como la fuente de vida es confundir a la criatura con el Creador. Cualquier forma de adoración de la naturaleza es un acto de idolatría y como talle resulta detestable a Dios.

Debido a la fuerza de la revelación general, todos los seres humanos saben que Dios existe. El ateísmo consiste en la negación lisa y llana de algo que se sabe ser cierto. Por eso es que la Biblia dice: «Dice el necio en su corazón: No hay Dios» (Salmo 14:1). Cuando las Escrituras tratan de este modo al ateo, llamándolo «necio», le están haciendo un juicio moral. Ser un necio en términos bíblicos no es ser de pocas luces o ser poco inteligente; es ser inmoral. Así como el temor de Dios es el principio de la sabiduría, la negación de Dios es el colmo de la necedad.

DIOS  > Revelación > Seres humanos

El agnóstico, asimismo, niega la fuerza de la revelación general. El agnóstico es menos estridente que el ateo; no niega de manera tajante la existencia de Dios. Sin embargo, el agnóstico declara que no hay evidencia suficiente para decidirse por una cosa u otra con respecto a la existencia de Dios. Prefiere dejar su juicio en suspenso, dejar la cuestión sobre la existencia de Dios con un signo de interrogación. Sin embargo, a la luz de la claridad de la revelación general, la postura que asume el agnóstico no es menos detestable para Dios que la del ateo militante.

Pero para todo aquel cuya mente y corazón estén abiertos, la gloria de Dios es maravillosa de contemplar -desde los billones de universos en los cielos hasta las partículas subatómicas que componen la más pequeña de las moléculas. ¡Qué Dios increíble es este a quien servimos!

Resumen

1. El cristianismo es una religión revelada.

2. La revelación de Dios es Dios revelándose. Dios mismo quita el velo que nos impide conocerle.

3. No podemos llegar a conocer a Dios por medio de la especulación.

4. Dios, a lo largo de la historia, se reveló a sí mismo de diversas maneras.

5. La revelación general ha sido dada a todos los seres humanos.

6. El ateísmo y el agnosticismo se basan en la negación de lo que las personas saben que es cierto.

7. La necedad se funda sobre la negación de Dios.

8. La sabiduría se funda en el temor de Dios. La revelación general:

Dios el Creador

La revelación es dada a todos los seres humanos

La revelación especial:

Dios el Redentor se revela a quienes escuchan

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ps. 19:1-14

Eph. 3:1-13

2 Tim. 3:14-17

Heb. 1:1-4

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

¿Quién decís que soy yo?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo IV

¿Quién decís que soy yo?

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo IV

En el principio existía el Verbo. Y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios».

El segmento introductorio del prólogo del Evangelio de Juan fue el texto más cuidadosamente examinado del Nuevo Testamento durante los primeros tres siglos de la historia cristiana. De todos los temas teológicos y preguntas que enfrenta la Iglesia primitiva, ninguno fue más agudo que el entendimiento de la Iglesia de la persona de Jesucristo.

El Nuevo Testamento dedica mucha atención a la persona y obra de Jesús: lo que dijo, lo que hizo, de dónde vino y adónde fue. Pero nada cautivó tanto las mentes de los líderes intelectuales de la Iglesia primitiva como la pregunta: «¿Quién era Él?».

La pregunta «¿quién era Jesús?» obligó a prestar atención al concepto juanino del logos. Este término griego, simplemente traducido como «verbo», era la idea más profunda sobre Jesús presentada en el Nuevo Testamento.

Notamos la distinción que hace Juan cuando escribe: «El Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». En el peor de los casos, Juan cae en una horrible contradicción entre dos afirmaciones hechas acerca del Logos con apenas un suspiro entre ellas. Cuando decimos que alguien o algo está con otro, eso normalmente indica una distinción entre ellos. Notamos una diferencia obvia entre distinción e identidad. Cuando afirmamos que dos cosas son idénticas, generalmente queremos decir que no hay diferencia o distinción entre ellas. Sin embargo, aquí Juan hace dos cosas: por un lado, distingue entre el Logos y Dios, mientras que, por el otro, identifica al Logos con Dios.

¿Contradicción? No necesariamente, aunque vivimos en una época en la que los teólogos, tanto liberales como conservadores, no solo se contentan, sino que se deleitan en las contradicciones. Sin embargo, si queremos conservar la cordura teológica, debemos rechazar la idea de que estas afirmaciones son de hecho contradictorias. Tampoco deseamos sucumbir a la noción popular pero mortal, que ahora es popular en los círculos anteriormente reformados, de que las verdaderas contradicciones pueden resolverse en la mente de Dios. Este nuevo irracionalismo nos da un Dios irracional con una Biblia irracional y una teología irracional; todo esto defendido por una apologética irracional. Este movimiento se basa en la falsa premisa de que la única alternativa al irracionalismo es el racionalismo. Pero uno no necesita ser racionalista para ser racional. Los vuelos a lo absurdo pueden deleitar a los filósofos existenciales, pero calumnian al Espíritu Santo de la verdad.

Tampoco podemos resolver la tensión en Juan apelando a la ausencia del artículo definido (como lo hacen los mormones y los testigos de Jehová) y traducir el texto: «Y el Verbo era un Dios». Este débil intento de resolución solo produce politeísmo.

Este fue el tipo de pregunta que impulsó a la Iglesia a examinar y probar las formulaciones cristológicas durante tres siglos. La confesión decisiva  del Credo Niceno del siglo IV no saltó de repente a la escena como Atenea de la cabeza de Zeus. La formulación de la doctrina de la Trinidad fue codificada en el siglo IV, pero de ninguna manera nació en ese momento. La Tri-unidad en la Deidad tuvo sus raíces en el suelo fértil del texto bíblico del primer siglo.

La cuestión del monoteísmo estuvo presente desde el principio. Se discutió en términos de la idea del monarquianismo. Estamos familiarizados con las palabras monarca o monarquía en una conversación normal, ya que las usamos con respecto a las mariposas y los gobernantes. En griego, el término tiene un prefijo y una raíz.

Irónicamente, la raíz de monarca «arc» aparece en Juan 1. El apóstol escribe: «En el principio…,» y la palabra traducida «principio» es archè. Esta palabra también significa «jefe» o «gobernante». En español hablamos de arcángeles, archienemigos, arquitectos (jefes de construcción), arzobispos, etc. En todas estas palabras, archè significa «jefe» o «gobernante». Por lo tanto, cuando agregamos el prefijo «mono» a la raíz archè, obtenemos la idea de «un gobernante». Un monarca, entonces, es un único gobernante sobre cualquier reino (generalmente un rey o una reina).

En los primeros siglos, la Iglesia tuvo que mantener la noción claramente enseñada del monoteísmo, con la igualmente clara afirmación de la deidad de Cristo. La forma en que el monoteísmo pudo mantenerse mientras se afirmaba la deidad de Cristo alcanzó proporciones de crisis en el siglo III y IV.

El tercer siglo fue testigo del fuerte asalto contra el cristianismo por diversas formas de gnosticismo que engendraron una especie de monarquianismo llamado «monarquianismo modalista». Para entender esto debemos comprender algo del significado del término «modo». Un modo era un «nivel» o «manifestación» particular de una realidad dada. La idea popular entre los gnósticos era que Dios es la realidad suprema. Su Ser irradia o emana del núcleo de Su Ser. Cada radiación o emanación representa un nivel de Su ser. Cuanto más lejos esté la emanación, o nivel, del núcleo del Ser divino, menos «puro» es su Ser divino.

El hereje Sabelio enseñó tal concepto. Comparó la relación del Logos con Dios como análoga, como lo es un rayo de sol con el sol. El rayo de sol es de la misma esencia o ser del sol, pero puede distinguirse del sol. En términos modernos, decimos que el sol está a ciento cincuenta millones de kilómetros de nosotros y, sin embargo, nos calientan los rayos que están cerca. Sabelio argumentó que Jesús era de la «misma esencia» (gr. homo-ousios) que Dios, pero era menos que Dios. Sabelio y su monarquianismo modalista fueron condenados como herejía en Antioquía en 267, y la Iglesia utilizó la expresión «de esencia similar» (homoi-ousios) para referirse al Logos. Aquí la idea era que el Logos, aunque se distinguía del Padre, compartía plenamente «de manera similar» con el Padre en Su Ser divino.

Poco después de la derrota de Sabelio y el monarquianismo modalista, surgió una nueva y más virulenta forma de monarquianismo. Irónicamente, su cuna fue Antioquía, el mismo lugar donde Sabelio fue condenado. La nueva herejía ha sido llamada «monarquianismo dinámico» y, a veces, «adopcionismo». La escuela antioqueña de Luciano, Pablo de Samósata y otros produjeron su representante más formidable: Arrio. Fue la enseñanza de Arrio y sus seguidores lo que provocó el crítico Concilio de Nicea y el Credo Niceno en 325.

Ya que esto será discutido más adelante en esta serie de Tabletalk, restringiré mis comentarios aquí para indicar que Arrio claramente negó la deidad eterna del Logos. Se defendió a sí mismo, irónicamente, apelando a la frase ortodoxa «esencia similar» (homoi-ousios). El Logos es solo «similar» a Dios; Él no es Dios mismo. La mayoría de los herejes como Arrio intentaron enmascarar su herejía utilizando lenguaje ortodoxo para transmitirla. La amenaza arriana fue tan grande que la Iglesia retrocedió en su elección de términos para definir la relación del Logos con el Padre. El término que la Iglesia había rechazado previamente en la disputa del siglo III con Sabelio, homoousios («de la misma esencia») fue elevado a la ortodoxia. Por supuesto, el término ahora no fue usado para volver al modalismo de Sabelio; más bien, se usó para afirmar que el Logos es de la misma esencia divina que Dios: coeterno, coesencial, no creado.

La importancia de la elección de esta palabra subraya en rojo cuán seriamente la Iglesia tomó la amenaza del arrianismo y cuán resuelta fue la Iglesia para mantener su confesión de la deidad plena de Cristo. Este fue el momento decisivo del cristianismo del siglo IV.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Vasos de barro

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo III

TENIÉNDOLO POR SUMO GOZO: LOS HECHOS DE CRISTO EN EL TERCER SIGLO

Vasos de barro

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo III

R.C. Sproul

Si existe un padre de la Iglesia cuyas ideas hayan sido rigurosamente distorsionadas y tergiversadas para que se ajusten a las agendas modernas y al revisionismo histórico, ese es Tertuliano, el apologista del siglo III.

Tertuliano, cuyo nombre completo era Quinto Septimio Florente Tertuliano, se ganó el título de «padre de la teología latina». Vivió principalmente en Cartago, en el norte de África, entre los años 160 y 200 d. C. Luego de convertirse durante su adultez, usó sus habilidades como abogado profesional para la defensa intelectual de la fe cristiana.

Hay dos frases que con frecuencia se le atribuyen a Tertuliano. La primera seguramente es genuina; con respecto a la segunda, hay muchas sospechas.

La primera frase es esta: «¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué relación hay entre la academia y la Iglesia?». Estas preguntas son retóricas y se asume que la respuesta a cada una de ellas es una enfática negación. Tertuliano sostenía enérgicamente la superioridad de la revelación apostólica frente a la filosofía especulativa. Era un fuerte crítico de los filósofos de Atenas —Platón, Aristóteles, y otros— pero no tan crítico hasta el punto de nunca apelar a ellos cuando podían servir a la causa de la defensa del cristianismo. Tertuliano estaba inmerso en un combate intelectual con los herejes de su tiempo, especialmente con los gnósticos, que a ratos intentaban suplantar la revelación bíblica con sus propias teorías místicas y especulativas, y en ocasiones intentaban atribuirles respaldo apostólico a sus posturas.

Tertuliano defendió tanto la autoridad de la Escritura como la autoridad de la Iglesia, parándose sobre los hombros de Ireneo.

El segundo enunciado es probablemente espurio, pero con frecuencia se le atribuye a Tertuliano. Es la frase: «Credo ad absurdum», que literalmente significa «creo porque es absurdo». La idea de que hay alguna clase de virtud en creer algo porque es absurdo es un credo bien recibido en una cultura posmoderna fuertemente influenciada por el irracionalismo existencial. Toda una escuela de teólogos «dialécticos» del siglo XX se glorió en lo irracional, siendo Karl Barth quien afirmó que uno no alcanza la madurez como cristiano hasta que está dispuesto a afirmar los dos polos de una contradicción. Su compatriota Emil Brunner insistió en que la contradicción es el distintivo de la verdad. Estos teólogos tenían tal aversión al racionalismo que terminaron sacrificando la racionalidad.

Este enfoque hacia la teología da luz al fideísmo, que no sólo distingue a la fe de la razón, sino que la separa de ella como la sola base de la verdad cristiana. Los fideístas tienden a ser escépticos con respecto al uso de la razón o la evidencia para defender las pretensiones de verdad del cristianismo. Según su postura, ser «racional» es hundirse en un modo de pensamiento greco-pagano subcristiano o anticristiano.

Incluso en la teología reformada moderna, vemos una tendencia hacia el irracionalismo, aun al punto de que algunos académicos «reformados» de hecho sostengan que el principio de no contradicción no tiene aplicación para la mente de Dios. Esta postura podría destruir toda la confianza en la Escritura porque todo lo que la Biblia enseña podría significar su antítesis en la mente de Dios. En Su mente, Jesús podría ser tanto el Cristo como el anticristo al mismo tiempo y en la misma relación.

Para pensadores como estos, que detestan la lógica, Tertuliano se erige como un héroe. Sin embargo, cuando examinamos los escritos de Tertuliano, especialmente sus Prescripciones contra todas las herejías [De Praescriptionibus Haereticorum], vemos que no estaba opuesto a la razón. La frase que se le atribuye fue, de hecho, una alusión a la idea bíblica de que lo que es verdadero puede ser considerado necio por los que tienen la mente oscurecida por el pecado. Tertuliano también apeló a la revelación natural como la base de ciertas verdades que fueron entendidas y defendidas por los filósofos paganos. Su crítica hacia el pensamiento gnóstico nos entrega ricas reflexiones que son de extrema necesidad en nuestro tiempo en que presenciamos el resurgimiento del neognosticismo, no solo en la cultura, sino también en la Iglesia.

Al igual que Tertuliano, Orígenes (186-255 d.C.) fue un apologista del siglo III. Su ministerio se desarrolló, en su mayoría, en Alejandría, que había sido un centro del judaísmo helenístico. El mayor centro intelectual de Egipto vio nacer a líderes como Clemente, que también trabajó como apologista.

Orígenes no fue muy diferente a la famosa niña de la leyenda que tenía un pequeño rizo justo en el medio de la frente. Al igual que esta damisela, Orígenes, cuando era bueno, era muy, muy bueno, pero cuando era malo, era horrendo. En Orígenes vemos la unión de fortalezas y debilidades que tendía a caracterizar a los primeros padres de la Iglesia. En la era subapostólica, la Iglesia carecía del poder titánico de los apóstoles originales. Tampoco gozaba del cúmulo de entendimiento que demoró siglos en desarrollarse y requirió de genios como Agustín para ser expresado.

Dentro de los logros de Orígenes estuvo su respuesta apologética al filósofo Celso (Contra Celso) y su defensa de la inspiración divina de la Biblia. Tristemente, en su defensa de la Biblia, Orígenes manifestó un entendimiento débil de la confiabilidad histórica de la Escritura. Para defender la Biblia, se precipitó a utilizar un método de interpretación alegórico, método que fue perjudicial para el entendimiento de la Escritura por parte de la Iglesia en los siglos subsiguientes.

Lo irónico del enfoque alegórico a la Escritura por parte de Orígenes queda en evidencia en su impulsivo acto de autocastración. Ya que tanto hombres como mujeres estaban asistiendo a sus clases, procuró guardarse de la tentación sexual. Interpretó las palabras de Jesús, «hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos» (Mt 19:12b), con una literalidad radical sin refugiarse en la alegorización de este texto. Esta acción le creó un problema de credibilidad, y pronto Orígenes fue atacado por el obispo Demetrio, que le hizo la vida miserable durante los años posteriores.

En cuanto a su doctrina, Orígenes adoptó una postura griega sobre la preexistencia del alma, enseñó el universalismo, planteó interrogantes con respecto a la naturaleza física del cuerpo con el que Cristo resucitó y sostuvo una posición deficiente sobre la Trinidad (debemos recordar que la Iglesia aún estaba en una profunda reflexión con respecto al tema de la Trinidad y todavía no había llegado a una postura firme sobre este asunto). Sin embargo, su obra sobre la oración ha llegado hasta nosotros como un tratado muy valorado, al igual que su enseñanza sobre el martirio. Orígenes expresó la esperanza de que su vida terminaría de la forma más virtuosa posible, sufriendo el martirio por causa de Cristo. Eso no ocurrió, ya que murió por causas naturales en el año 255 d. C. No obstante, el historiador eclesiástico Eusebio testifica que Orígenes padeció una profunda agonía durante la persecución de Decio, sufriendo el estiramiento de sus extremidades y siendo torturado y encerrado en un calabozo, donde fue encadenado.

El amor personal y la devoción de Orígenes por Cristo nos dan un destello de la piedad cristiana del siglo III.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Conociéndome a mí mismo

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Conociéndome a mí mismo

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

Por R.C. Sproul 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

¿Qué quieres ser cuando seas grande?». Prácticamente todas las personas enfrentan esta pregunta en algún momento de su niñez.

Cuando yo era pequeño, las respuestas más comunes de los niños varones incluían «vaquero», «bombero» o  «jugador de béisbol», sin embargo, pocos de nosotros terminamos siendo vaqueros, bomberos o jugadores de béisbol. En algún momento, cuando la persona deja la niñez, pasa por la adolescencia y entra en la adultez, la pregunta «¿quién soy?» se libera (al menos en parte) de la fantasía infantil y es respondida en términos más serios, términos que a menudo están determinados por los duros golpes de la realidad.

Lo que es cierto para niños y niñas suele también serlo para las instituciones. De la misma forma que los individuos buscan una identidad, así también lo hacen las organizaciones . La Iglesia no es la excepción. Durante el segundo siglo de la historia cristiana, la Iglesia estuvo ocupada respondiendo la pregunta «¿quiénes somos?». Fue un tiempo de amalgama, codificación y definición. En ese siglo, la Iglesia reflexionó sobre su autoridad suprema (la Escritura), su teología y su organización.

Muy frecuentemente las organizaciones, incluso las naciones, se ven forzadas a definirse con mayor claridad y precisión por sus competidores o enemigos. Eso fue lo que le ocurrió a la Iglesia. Los primeros apologistas cristianos, como Justino Mártir, se esmeraron por clarificar la naturaleza de la Iglesia y el cristianismo para contrarrestar las falsas concepciones difundidas por personas ajenas a la Iglesia como los paganos y los judíos. De forma similar, la doctrina «ortodoxa» fue forjada con el martillo de la herejía. En ese entonces, al igual que ahora, la mayoría de los herejes afirmaban ser defensores del cristianismo verdadero. Sus errores y tergiversaciones obligaron a la Iglesia a definir sus creencias con más claridad.

La Iglesia del siglo II hizo importantes avances para definir la vida eclesiástica y la práctica cristiana.

El año 2001 Hans Küng, el controvertido teólogo católico-romano, publicó un nuevo libro sobre la Iglesia. Este tenía el simple título de La Iglesia católica: breve historia universal. Küng observó un cambio decisivo en cuanto a la actividad y la autoconciencia de la Iglesia prístina del primer siglo y la «institucionalización» de la Iglesia en el segundo siglo. Él señala que, para responder a los gnósticos y otros herejes como Marción y Montano, la Iglesia estableció claros cánones o estándares con respecto a lo que es verdaderamente cristiano, dentro de los cuales tenemos:

  1. Un credo resumido que comúnmente se usaba en el bautismo. El primer credo bautismal fue la simple afirmación «Jesús es el Señor». Más tarde, esta fórmula fue expandida para incluir afirmaciones de fe en el Dios Todopoderoso y en Jesucristo, el Hijo de Dios nacido el Espíritu Santo. Los rudimentos de lo que llegó a conocerse como «el Símbolo» o el Credo Apostólico, fueron añadidos en este momento. Posteriormente, se agregaron más afirmaciones para formar la versión final del credo.
  2. El canon del Nuevo Testamento. La elaboración de la lista de los libros inspirados fue provocada en gran parte por el trabajo del hereje Marción, que produjo su propio Nuevo Testamento expurgado. A pesar de que el canon neotestamentario no fue finalizado sino hasta finales del siglo IV, casi todo estaba formalmente en su lugar para fines del siglo II.
  3. El oficio docente episcopal. Este oficio evolucionó a medida que la Iglesia se movía en dirección al episcopado monárquico. Se volvió común apelar a las enseñanzas de los obispos para resolver las controversias teológicas. Küng sostiene que este tercer estándar representó un giro con respecto a la Iglesia de la era apostólica, que estaba compuesta por comunidades libres sin un único episcopado ni presbiterio. Él considera que las comunidades apostólicas eran iglesias completas y bien equipadas, que no carecían de nada. Más adelante, las iglesias congregacionalistas (y muchos puritanos) apelarían a estas comunidades como representantes de la estructura original de la Iglesia.

A pesar de que en ciertos aspectos estos cambios históricos lo entristecen, Küng afirma: «No se puede ignorar el hecho de que con los tres estándares mencionados anteriormente, la Iglesia católica creó una estructura para la teología y la organización, y junto a ella, un orden interno muy sólido».

La apreciación de Küng no es muy diferente del análisis protestante. En el libro Historia de la Iglesia cristiana, Williston Walker señala: «Así, de la lucha contra el gnosticismo y el montanismo surgió la Iglesia católica, con su fuerte organización episcopal, estándar de credo y canon autoritario. Era muy diferente de la Iglesia apostólica, pero había preservado el cristianismo histórico y lo había resguardado durante una tremenda crisis». 

Por cierto, Küng señala que los tres estándares establecidos por la Iglesia en el siglo II fueron atacados en eras posteriores. En el siglo XVI, la Reforma planteó dudas con respecto a la estructura episcopal de Roma. Luego, la Ilustración cuestionó tanto el canon de la Escritura como también la Regla de la fe del credo.

La Iglesia del siglo II también hizo importantes avances para definir la vida eclesiástica y la práctica cristiana. Durante los comienzos de la historia del cristianismo, la Iglesia hizo una distinción entre la proclamación (kerygma) y la instrucción (didache). La Iglesia apostólica era una iglesia misionera que iba más allá de las fronteras del judaísmo. Los gentiles eran alcanzados por la proclamación del evangelio en su forma básica. Se hacía énfasis en la persona y la obra de Cristo, en Su muerte y resurrección. Cuando los convertidos abrazaban a Cristo por medio de la fe, eran bautizados e ingresaban a la comunidad de la Iglesia. Luego, se les daba una instrucción más rigurosa en cuanto a la fe. Para este fin, en el siglo II se produjo un manual de orden eclesiástico conocido como Didaché o «La enseñanza de los doce apóstoles».

Este manual, descubierto apenas en 1873, provee reglas simples para las congregaciones locales, y aborda el bautismo, el aborto (que era considerado como asesinato), las limosnas, el ayuno, la Cena del Señor y otros asuntos. Establece un marcado contraste entre dos caminos: el camino de la vida y el camino de la muerte. Muchas de las amonestaciones que se encuentran en él son citas textuales de las Escrituras del Nuevo Testamento.

La Didaché terminó siendo utilizada como herramienta catequística y también como una guía para la vida cristiana. Como tal, representa el primer código escrito posapostólico de moralidad cristiana. A pesar de que no forma parte del canon de la Escritura, ofrece valiosas perspectivas sobre la manera en que la Iglesia primitiva se veía a sí misma.

La Iglesia del siglo II desarrolló un fuerte sentido de identidad. Este proceso continuó hasta bien entrado el siglo III, cuando nuevas herejías y nuevos conflictos con el Estado produjeron incluso más desarrollo y nuevas estructuras en la Iglesia.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

La plenitud del tiempo

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo I

La plenitud del tiempo

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el sexto y último capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo I

En el principio creó Dios…». Estas cinco palabras, las primeras en la Biblia, son como una bullosa trompeta retumbando en los oídos de los naturalistas seculares, porque ellas afirman tres verdades fundamentales con las que los hijos del postmodernismo siempre se atragantan. Esta tríada de verdades establece el escenario para toda la historia bíblica de la redención: hay un Dios, el universo fue creado por Dios y la historia tuvo un principio en el tiempo.

Los temas sobre la existencia de Dios y Su creación del universo son puntos de conflicto fundamentales frente a todas las formas de naturalismo. Estos temas, aunque merecen una atención especial, están fuera del alcance de este artículo. Quiero centrarme en el tercer punto, la verdad de que el universo tuvo un principio en el tiempo. Esto hace que la preocupación se reduzca a solo las primeras 3 palabras de la Biblia: «En el principio».

En el conflicto que existe entre el cristianismo y el naturalismo, la popularidad de la cosmología del big bang pareciera forzar un acuerdo en cuanto al punto de que el universo tuvo un principio en el tiempo. Se suele argumentar que el big bang, a través del cual toda la energía y la materia del universo explotó desde un «punto de singularidad» infinitesimal y comprimido, ocurrió hace unos 12 000 a 17 000 millones de años (suma o resta mil millones). Sin embargo, acechando bajo la superficie de la teoría se esconde la idea de que algo precedió al principio, que la materia y la energía existían antes de la explosión, en la eternidad pasada. De modo que, para algunos naturalistas, el big bang no describe realmente el principio  como tal, sino a un cambio radical en la forma y estructura de la realidad para la que no hay un principio. 

En el propósito eterno de Dios, el nacimiento de Jesús tuvo lugar en «la plenitud del tiempo».

En el mundo antiguo, la afirmación hebrea de un principio era algo radical. La teoría favorita de la historia, adoptada particularmente (pero no exclusivamente) por los filósofos griegos, fue la postura cíclica. Según este punto de vista, la historia no es lineal ni progresiva, más bien, da vueltas y vueltas en un círculo interminable. No tiene punto de origen ni punto de destino específico. Esto a menudo es visto como un esquema en el que la historia no tiene un propósito. Esta perspectiva pesimista es explorada y contrarrestada en el libro de Eclesiastés. El estribillo: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad», describe una visión de la historia en la que el sol se pone y sale, pero nada nuevo aparece «bajo el sol». 

En contra de las teorías cíclicas de la historia se encuentra la perspectiva judeo-cristiana de una historia lineal progresiva que tiene un punto de partida específico y una consumación futura. Esta afirmación es crucial no solo para el conflicto entre el cristianismo y el naturalismo, sino también para las teorías críticas de interpretación bíblica. 

El enfoque neo-gnóstico de Rudolf Bultmann en cuanto a la teología fue la visión más influyente de la segunda mitad del siglo XX. Él hizo una distinción en la Biblia entre lo que era historia y lo que era un mito. Partiendo de un marco de referencia naturalista, negó todas las cosas milagrosas de la narración bíblica. En su opinión, los milagros eran la cáscara mítica que necesitaba ser pelada para llegar al núcleo de la verdad histórica. A Bultmann no le molestó en su comprensión de la fe el afirmar que la Biblia estaba llena de mitología en sus narraciones cuasi-históricas. Intentó construir una teología de intemporalidad. Para él, la salvación no se lleva a cabo dentro de los límites de la historia, sino que es «supratemporal» o «transtemporal». El ámbito supra o trans es aquel que está por encima del ámbito de la historia y no está contenido en este. Bultmann abogó por una salvación que tiene lugar en el «aquí y ahora», en un plano existencial vertical, no en el plano horizontal de la historia. En este esquema, el contenido histórico de la Biblia no tiene por qué ser cierto en el sentido de la realidad. En el análisis final, ni siquiera importa si hubo un Jesús histórico. 

El historiador y erudito bíblico suizo Oscar Cullmann escribió en contra de esta violación radical al cristianismo bíblico. Al examinar las referencias cronológicas de la Biblia, Cullmann concluyó que el cristianismo bíblico es ininteligible aparte de su contexto histórico. La visión hebreo-cristiana de la historia está ligada a la fe judeo-cristiana. El cristianismo es acerca de un Dios que crea la historia, la gobierna y lleva a cabo Su plan de salvación en ella. Arrancarle al contenido de la Biblia su contexto histórico no es rescatarla de la crítica filosófica naturalista, sino entregarla al naturalismo filosófico. Un naturalismo cristiano es un oxímoron. 

Cullmann señaló la diferencia entre dos palabras griegas para «tiempo», chronos kairosChronos se refiere al paso normal del tiempo, momento a momento, a la historia normal de la que se hace una «crónica». Kairos se refiere a un momento específico en el tiempo que es especialmente significativo. Un momento kairos o «kairótico» define la importancia del pasado y del futuro. Para hacer esta distinción, veamos lo que significa que algo sea «parte de la historia» y que algo sea «histórico». Todo lo que sucede es parte de la historia, pero no todo es histórico. Sin embargo, todo lo que es histórico es también parte de la historia en el sentido de que toma lugar dentro del tiempo. Por lo tanto, los momentos kairos de los que habla la Biblia no son momentos fuera del tiempo, sino que tienen lugar en el contexto del chronos

En el propósito eterno de Dios, el nacimiento de Jesús tuvo lugar en «la plenitud del tiempo». Dios había gobernado la historia en preparación para ese momento kairótico, que ocurrió en la historia real. Es por esa historia real que el cristianismo se mantiene en pie o se cae.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
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El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Nada menos que la Palabra de Dios

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Nada menos que la Palabra de Dios

R.C.Sproul

¿Cuál es el papel principal que cumplen los milagros?

En este breve vídeo, R.C. Sproul examina el libro de Hebreos para considerar cómo las obras milagrosas de Dios se relacionan con Su Palabra.

Transcripción

Ahora vamos al libro de Hebreos en el Nuevo Testamento. Y leemos en el segundo capítulo estas palabras:

Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos. Porque si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después que fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, tanto por señales como por prodigios y por diversos milagros y por dones del Espíritu Santo según Su propia voluntad.

A menudo pensamos en dar testimonio como algo que solo nosotros hacemos, que es nuestra tarea dar testimonio de Cristo o dar testimonio de Dios. Pero Dios dio testimonio de Jesús y la forma en que Él dio testimonio de Jesús fue con milagros.

John Locke, el filósofo británico, dijo una vez que la función principal, no la única función, pero la función principal del milagro en la Biblia es de dar crédito al autor. Es decir, para demostrar la veracidad de la persona que los está haciendo, para certificar que
esta persona era aprobada por Dios y que estaba hablando la verdad de Dios.

Esa es la razón por la que debemos ser muy, muy cuidadosos acerca de nuestra comprensión de los milagros. Porque aparte de las otras funciones que ellos tienen de aliviar el sufrimiento y cosas así, en los tiempos bíblicos uno de los propósitos principales del milagro era probar que esa persona era un agente de revelación, que era alguien hablando nada menos que la Palabra de Dios.

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Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

La historia de la Reforma

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La historia de la Reforma

Por R.C. Sproul

«Un vertedero de herejías». Este fue el juicio pronunciado por el santo emperador romano Carlos V el 26 de mayo de 1521, poco después de que Martín Lutero compareciera en la Dieta de Worms.  

Anteriormente, en la bula Exsurge Domine, el papa León X describió a Lutero como un cerdo salvaje, suelto en la viña de Cristo y como un hereje terco, escandaloso y condenado. El 4 de mayo de 1521, Lutero fue «secuestrado» por unos amigos y llevado al castillo de Wartburg, donde lo mantuvieron escondido y disfrazado de caballero. Allí Lutero asumió de inmediato la tarea de traducir la Biblia a la lengua vernácula.  

La Reforma se describe frecuentemente como un movimiento que giraba en torno a dos cuestiones fundamentales. La llamada causa «material» fue el debate sobre la sola fide («justificación por la fe sola»). La causa «formal» fue sobre la sola Scriptura, es decir, que la Biblia, esto es, la Biblia sola, tiene la autoridad para atar la conciencia del creyente. Los reformadores respetaron la tradición de la Iglesia, pero no la consideraron una fuente normativa de revelación. La «protesta» del protestantismo fue más allá del tema de la justificación por la fe sola, desafiando muchos dogmas que surgieron en Roma, especialmente durante la Edad Media.  

La Reforma fue más que una doctrina sobre la Biblia. Fue impulsada por un estudio profundo y serio de la Biblia.

En poco tiempo, la Reforma se expandió por toda Alemania, pero no se detuvo allí. Gracias a la traducción de la Biblia en otras naciones, llegó a Escocia, Inglaterra, Suiza, Hungría, Holanda y a los hugonotes en Francia. Ulrico Zuinglio dirigió el movimiento de la Reforma en Suiza, John Knox en Escocia y Juan Calvino entre los protestantes franceses. 

En 1534, Calvino dio un discurso llamando a la Iglesia a regresar al evangelio puro del Nuevo Testamento. Su discurso fue quemado y Calvino huyó de París a Ginebra. Se disfrazó de viñador y escapó de la ciudad en una canasta. Durante el año siguiente, más de dos decenas de protestantes fueron quemados vivos en Francia. Esto llevó a que Calvino escribiera la Institución de la religión cristiana, la cual fue dirigida al rey de Francia. El contenido de la Institución se convirtió en la teología dominante para la expansión internacional de la Reforma.  

La primera edición de la Institución fue completada en 1536, el mismo año en que Calvino fue persuadido por Farel de ir a Suiza para convertir a Ginebra en una ciudad modelo de la Reforma. En 1538, Farel y Calvino fueron obligados a abandonar Ginebra. Él vivió y ministró en Estrasburgo por tres años hasta que fue llamado a regresar a Ginebra en 1541.  

La teología de Calvino enfatizó la soberanía de Dios sobre todos los aspectos de la vida. Su pasión principal fue la reforma de la adoración a tal nivel de pureza que no promoviera ni apoyara la inclinación humana hacia la idolatría. Ginebra atrajo a líderes de toda Europa que iban para observar el modelo y para ser instruidos por el mismo Calvino. 

La turbulencia se extendió a Inglaterra durante este período cuando el rey Enrique VIII se resistió a la autoridad de Roma. En 1534, Enrique se convirtió en el jefe supremo de la Iglesia anglicana. Él asumió la persecución de los evangélicos, la cual se intensificó con el reinado de «María la sanguinaria», provocando que muchos huyeran a Ginebra en busca de refugio. 

Las persecuciones fueron suspendidas bajo el reinado de «la buena reina Bess», Isabel I, cuya postura provocó una bula papal contra ella en 1570. La Reforma se expandió rápidamente a Escocia, mayormente bajo el liderazgo de John Knox, quien sirvió por 19 meses como esclavo de galera antes de irse a Inglaterra y luego a Ginebra. En 1560, el Parlamento escocés rechazó la autoridad papal. En 1561, se reorganizó la «Kirk» reformada escocesa.  

Una interesante nota al margen es que el primer hombre que John Knox ordenó al ministerio de la iglesia fue un clérigo desconocido llamado Robert Charles Sproul, de quien soy descendiente directo.  

A principios del siglo XVII, la Reforma se extendió al nuevo mundo con la llegada de los peregrinos y las colonias de puritanos que trajeron la teología reformada y la Biblia de Ginebra con ellos. 

La teología de la Reforma dominó el evangelicalismo protestante por décadas, pero más tarde se diluyó bajo las influencias del pietismo y el finneyismo.  

A finales del siglo XX, la teología de la Reforma declinó drásticamente en el mundo occidental, siendo atacada por un lado por la teología liberal del siglo XIX, y por el otro lado por la influencia de la teología arminiana. Esto fue especialmente cierto en los Estados Unidos. 

En el escenario actual del evangelicalismo estadounidense, la teología de la Reforma es minoritaria. Las corrientes teológicas dominantes en los círculos evangélicos actuales son el dispensacionalismo y el pensamiento carismático neopentecostal. La expansión y el crecimiento fenomenales de la teología dispensacional en los Estados Unidos es un capítulo fascinante en la historia de la Iglesia. Con sus raíces en las suposiciones de los Hermanos de Plymouth, el dispensacionalismo se extendió rápidamente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Impulsado por el movimiento de los institutos bíblicos, las conferencias de profecías y la predicación de hombres como D. L. Moody, el dispensacionalismo obtuvo un gran apoyo popular. 

La versión estadounidense del dispensacionalismo fue potenciada por la publicación de la Biblia Anotada de Scofield. La Biblia de Scofield, con sus notas de estudio, sirvió como una herramienta popular para la expansión de la teología dispensacional. Esta teología fue forjada por hombres cuyas raíces estaban principalmente en las ideas de la Reforma. Los temas de la teología reformada clásica fueron modificados significativamente por este movimiento.  

The Reformation Study Bible [La Biblia de Estudio de La Reforma] —publicada originalmente en inglés como New Geneva Bible [Biblia de Estudio de Ginebra]— es la primera Biblia de estudio distintivamente reformada desde la publicación de la Biblia de Ginebra en el siglo XVI. Ella busca recuperar la teología de la Reforma y proveer una guía para que el laicado entienda la riqueza de su sistema histórico, doctrinal y bíblico. Su importancia para el cristianismo es enorme. Espero que esta Biblia ayude a los evangélicos a regresar a sus raíces reformadas. Más importante aún, está diseñada para llamar a los evangélicos de regreso a la Palabra y a sus confesiones históricas de teología bíblica.  

Más allá de las fronteras de los Estados Unidos, The Reformation Study Bible [La Biblia de Estudio de La Reforma] puede ser utilizada para expandir la luz de la Reforma a tierras donde la Reforma original nunca llegó, especialmente Rusia y Europa del Este. 

En nuestros días hemos visto un avivamiento del interés en la Biblia y un compromiso renovado con la autoridad y la confiabilidad de las Escrituras. Pero la Reforma fue más que una doctrina sobre la Biblia. Fue impulsada por un estudio profundo y serio de la Biblia. No basta con ensalzar la virtud de las Escrituras; tenemos que volver a escuchar la enseñanza de las Escrituras, una vez más. La única manera de evitar caer en un nuevo vertedero de herejías es mediante una recuperación seria y ferviente de la verdad bíblica.

Este artículo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Las cinco solas de la Reforma

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Las cinco solas de la Reforma

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En cada una de las cinco solas de la Reforma, el énfasis está en el calificativo «solo». Mira este breve video de R.C. Sproul a través de los años enseñando la verdad del evangelio que fue redescubierto durante la Reforma del siglo XVI.

Transcripción

A lo largo de las ‘solas’, el énfasis está en… el calificativo «solo».

El mundo creado está llamado a reflejar la gloria de Dios. El hecho de que Dios crea una criatura coloca a esa criatura en deuda con el Creador. Y la única razón por la que existes… y que existo…. es por Él.

Nada hay inherentemente digno en el polvo y de eso hemos sido formados.  La razón por la que vales es porque Dios dice que vales. Y el mundo entero está lleno de Su gloria. Solo Dios puede doblegar la conciencia absolutamente.

Un campesino armado con un versículo de las Escrituras tiene más autoridad que un papa o un directorio de iglesia que no tiene Escritura.

Esto fue tachado por los reformadores. Esto fue tachado por los reformadores. Y mi justicia inherente… está tachada. Para que tengas solo fe, solo gracia, solo Cristo.

La prerrogativa divina de misericordia y gracia es: «Tendré misericordia… del que Yo tenga misericordia». Esa es Su prerrogativa. Dios no le debe gracia salvadora a nadie.

Suelo hablar con mis amigos arminianos acerca de esto y les digo: «Déjenme hacerles una pregunta: ¿Por qué eres creyente y muchos miembros de tu familia o amigos que tienes, no son creyentes, siendo que ambos escucharon el evangelio?».

Jesús no dice que ningún hombre puede venir a él a menos que Dios lo ayude. Él dice que ningún hombre puede venir a él, a menos que Dios no le trajere.

Nadie es salvo solo porque afirma la doctrina de la justificación. ¿Qué pasa si niegas la doctrina de la justificación solo por fe? Eso es un asunto distinto, porque ahora estás negando que eres salvo por Cristo y solo por Cristo, y esa negación podría ser suficiente para condenarte.

Solo Cristo merece la salvación frente a un Dios justo y santo. Porque Él es el único que no tiene pecado.

Toda la doctrina de la justificación por la fe, toda la doctrina de la salvación por la gracia, se basa en el principio de que la ley de Dios se ha cumplido por… Cristo.

Cuando pongo mi confianza en Él, Él me imputa o pone a mi cuenta Su justicia. Y sobre la base de esa justicia imputada, Dios me declara justo ahora. Entonces, si muero ahora mismo, iré al cielo ahora mismo, porque tengo toda la justicia necesaria para llegar allí, es decir, la justicia de Jesucristo. Esas son buenas noticias.

Tú rechazas eso, estás rechazando el evangelio.

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Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

El ahora cuenta para siempre

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El ahora cuenta para siempre

R.C. Sproul 

El siguiente artículo apareció por primera vez en la edición de mayo de 1977 de Tabletalk Magazine:

El título de esta sección: «El ahora cuenta para siempre», intenta centrar la atención en la importancia que tiene nuestra vida actual frente al destino eterno al que nos enfrentamos.

Vivimos en una cultura que pone el énfasis en el «ahora». Se llama la «generación Pepsi»; se nos dice que vivamos la vida con «entusiasmo» porque «solo viviremos una vez». Metas de corto plazo, métodos pragmáticos de resolución de problemas, una histeria silenciosa para hacer que suceda «ahora», todo apunta a la desesperación del hombre moderno con respecto al futuro. La suposición tácita es que es «ahora o nunca» porque no hay un futuro final para la humanidad.

Nuestra aserción cristiana es que hay algo más para nuestras vidas que el «ahora». Si no es así, entonces incluso el «ahora» carece de propósito. Sin embargo, decimos que el ahora cuenta. ¿Por qué? El ahora cuenta porque somos criaturas que tenemos un origen y un destino que está arraigado y fundamentado en Dios.

¿Dije «arraigado»? ¿Por qué es tan importante esa palabra? Recientemente hemos experimentado un fenómeno cultural de proporciones épicas. El drama televisivo, Raíces, ya ha tenido un efecto estremecedor en nuestra gente. ¿Podemos explicar la reacción nacional a Kunta Kinte y la lucha racial? No lo creo. Ni tampoco Alex Haley. Raíces tipifica un problema que trasciende la raza. Es el problema de identidad que enfrenta todo hombre moderno: ¿quién soy?

La pregunta de la identidad nunca puede ser respondida solo en términos del presente. Saber quién soy implica un descubrimiento de mi pasado (mi origen) y al menos un vistazo a mi futuro (mi destino). Si soy un accidente cósmico que surge del polvo y está destinado a convertirse en polvo, entonces no soy nada. Soy un chiste: una historia contada por un idiota. Pero si mis verdaderas raíces están arraigadas en la eternidad y mi destino está anclado en esa misma eternidad, entonces sé algo sobre quién soy. Sé que soy una criatura de trascendencia eterna. Si es así, mi vida importa. Lo que hago hoy cuenta para siempre. Ahora, el «ahora» significa algo. 

Raíces nos conmovió profundamente porque provocó la esperanza de que, si retrocedemos lo suficiente, podríamos encontrar continuidad y estabilidad. Raíces tenía su figura mesiánica en el Gallero George. Un episodio completo transcurrió y la figura del Gallero George nunca se hizo visiblemente presente. Sin embargo, su «presencia invisible» impregnaba cada escena. Nunca he visto una producción televisiva en la que un personaje estuviera tan obviamente presente sin aparecer en la pantalla. Cuando George apareció, condujo a su familia en un nuevo éxodo a una nueva tierra prometida. Raíces miró hacia atrás y hacia adelante de tal manera que le dio significado al presente. 

Mientras que la televisión nos regaló Raíces, así mismo Hollywood nos ha regalado a Rocky. Esta película ha capturado la imaginación del público de una manera fresca. Tal vez representa solo un ejercicio de nostalgia, un regreso a Frank Merriwell y al final feliz original. O quizás representa una protesta a la era del antihéroe y la trama de caos que caracteriza a la cinematografía moderna. Sea cual sea el motivo, la película reflexiona no en el tema de la Cenicienta, sino el retrato de la sensibilidad humana que se muestra en la misericordia de Rocky como recaudador de deudas para el prestamista y su ternura en la pista de hielo. 

Una calidez encomiable se ve en el amor de Rocky por los animales y los adolescentes rebeldes y en su afecto por su mánager. El fruto de la disciplina, la perseverancia y la devoción a la dignidad son en realidad puestos en roles de virtud. Rocky trabajó y luchó no por un premio momentáneo sino por una actitud de valor que perdura. 

Tal vez Rocky sea un hito. Quizás estamos empezando a ver que hay más en la vida que la Pepsi-cola. No es ahora o nunca, sino ahora y para siempre. El ahora cuenta, para la eternidad.

Han pasado treinta años desde que escribí mi ensayo original bajo el título «El ahora cuenta para siempre». Fue en la década de 1970, en un momento en que nuestra cultura aún se tambaleaba por los efectos perjudiciales de la guerra de Vietnam, y aún más significativamente de la revolución moral radical que marcó la década de 1960. La historia ha demostrado que la revolución moral de la década de 1960 ha introducido muchos más cambios en la vida en los Estados Unidos que la revolución política de 1770. Nuestra cultura fue descrita en la década de 1970 como una que estaba fuertemente influenciada por el secularismo. La idea principal del secularismo es que la vida está desligada de la eternidad. Toda la vida debe ser vivida en el aquí y el ahora, en este saeculum, porque no hay una dimensión eterna. 

Tras el secularismo vino la filosofía del relativismo. Aunque el relativismo fue adoptado en muchos ámbitos en la década de 1970, desde entonces se ha establecido tan firmemente en nuestra cultura que el número estimado de estadounidenses que adoptan alguna forma de relativismo filosófico o moral alcanza más del 95 por ciento. En este sentido, nuestra cultura ha pasado de lo que entonces se llamaba neopaganismo a una cultura ahora de neobarbarianismo. Aunque la ley a favor del aborto conocida como Roe v. Wade ya estaba vigente cuando escribí mi primer ensayo, la proliferación del aborto a demanda —que alcanza el millón y medio al año— ha marcado de tal manera nuestra cultura como una cultura de muerte, que todos los vestigios de nuestra cultura civilizada mueren con la muerte de cada bebé no nacido. Nuestra nación es una nación en guerra consigo misma, donde los valores, la familia y la moralidad han sido tan golpeados en familias y condados, estados y la nación, que la base unificada de nuestra antigua civilización ha sido hecha añicos.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado en los últimos treinta años, y es el hecho de que porque Dios reina, todo lo que sucede hoy tiene consecuencias que duran hasta la eternidad. Es tan cierto hoy como lo fue la primera vez que tomé el bolígrafo para escribir el título, lo que sucede ahora cuenta para siempre. Que la cultura sea paganizada, que la cultura sea bárbara, pero que la Iglesia sea la Iglesia y nunca negocie la dimensión eterna de la vida.

Este articulo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.