Satanás y La Palabra

 Satanás y La Palabra

Samuel Pérez Millos

Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga. Mateo 13: 1-9

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Doctrina del Pecado

Doctrina del Pecado

Autor: Samuel Perez Millos

a1La Doctrina de la Salvación tiene que ocupar un primer espacio a la Doctrina del Pecado. Si no hay pecado, no hay necesidad de salvación. Si hay necesidad de salvación, tenemos que tener en claro qué es el pecado. A veces hablamos de pecado de una forma genérica, y estamos acostumbrados a decir ¿y eso es pecado? Todo lo que no es de fe es pecado, lo dice la Biblia en Romanos 14: 23“Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado”. La Biblia habla de pecado como un hecho real, y la Biblia dice que el hombre, todo hombre que nace en la tierra es pecador. Por ejemplo en el Salmo 51: 5 dice el salmista: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, luego hay una herencia genética que hace que yo sea como soy, porque mi padre y mi madre eran como eran físicamente, y hay una herencia espiritual, y la herencia espiritual está introducida en la genética humana en el momento que el hombre en el Huerto de Edén pecó. Desde entonces aquí mis padres me transmiten la herencia suya, que es una herencia no sólo física sino también espiritual.

Ahora cuando Dios quiere informarnos de cómo es el pecado, introduce en el mundo su Ley. El propósito primario de la Ley es denunciar la realidad del pecado, y nos dice el texto bíblico que Dios escribió en la conciencia de los hombres la obra de la Ley. ¿Cuál es la obra de la Ley? Por medio de la Ley es el conocimiento del pecado, por eso Pablo dice que aquellas personas que nunca oyeron un mensaje del Evangelio, que están viviendo en el interior de la selva, dice el apóstol que su conciencia le es juez, y su razonamiento le dice si eso es bueno o malo, luego la obra de la Ley como detector del pecado está en la realidad de la experiencia del hombre. La Ley además es un espejo que refleja la condición espiritual del hombre. Veamos Santiago 1: 25 “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”.

La Palabra de Dios es un espejo que refleja la suciedad espiritual mía. Si una persona se mira al espejo y se ve una mancha y no se la limpia, ¿le ha hecho un bien el espejo? No. Todavía más grave es para nosotros. Dice el Señor Jesucristo que su Palabra será para Dios el elemento de juicio en el día que tengamos que rendir cuentas. Dice Él: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”, por lo cual debemos tener mucho cuidado con lo que nosotros hacemos en relación con lo que la Biblia dice. De manera que si la Biblia dice: 1 Corintios 10: 24
Ninguno busque su propio bien, sino el del otro”, y resulta que yo estoy buscando mis intereses en mi casa, frente a mi familia y a mi mujer, ¿qué está haciendo la Biblia en mi vida? Nada de nada. La Biblia es necesario leerla no para saber lo que dice sino para contrastar nuestra vida con ella. Ahora no sólo la Biblia habla de pecado y dice que los hombres son pecadores, la historia humana testifica esto. Hay un proverbio chino que dice que hay solamente 2 hombres buenos, uno el que está muerto y el otro el que no ha nacido. Bueno esto es la verdad, pues, todos nosotros llevamos dentro un germen de rebeldía, de trasgresión. Los hombres confesaron su pecado, vemos Génesis 4: 13 “Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado”. El castigo es la consecuencia del pecado y su castigo es un castigo superior a lo que él cree que es capaz de soportar, por tanto Caín ¿qué está reconociendo? que ha pecado. Otro ejemplo, David en Salmo 51: 4 dice: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: Para que seas reconocido en tu Palabra, y tenido por puro en tu juicio”. Él no había cometido ningún delito directamente contra Dios, pero había comenzado quebrantando la Ley de Dios en cuanto a desidia personal, había pecado en cuanto a trabajo, actividad, pues, se había convertido en un vago, porque dormía toda la tarde mientras sus generales peleaban en el campo de batalla, y luego había pecado contra su moral personal, viendo a la mujer del prójimo, luego había pecado contra la mujer del prójimo porque la hizo suya, y luego cometió un asesinato contra el marido de esa mujer. Había cometido una serie de delitos contra muchas personas, pero esencialmente David pecó contra Dios, que establece una moral que prohíbe todas estas cosas y a las que Dios mismo se sujeta. Es otra lección que debemos aprender. Cuando Dios establece una Ley ¿Quién es el primero en sujetarse a esa Ley? Dios mismo. Amaos los unos a los otros, y qué, Él nos amó primero, Él dio a su Hijo, su Hijo se dio por nosotros, luego Dios se sujeta a la Ley moral, sí naturalmente, por eso quiere que nosotros lo hagamos.

Llegamos a una conclusión: tenemos el ejemplo del hijo pródigo, ¿qué dice el pródigo cuando viene de la provincia apartada?: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti” (Lucas 15: 18), por tanto el reconocimiento personal de pecado está en todas las personas. No hay nadie en la tierra que no diga: ¡qué barbaridad hice hoy! Incluso los monstruos más grandes aceptan y admiten que lo que hicieron no es conforme a los principios de vida. Ahora si el pecado está en todos los hombres, y Dios creó al hombre bueno, lo creó bueno o medio bueno, lo creó perfecto. Cuando Dios vio la creación, entre la que estaba el hombre: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1: 31). Luego si era bueno en gran manera, luego esa persona se deteriora por el pecado. ¿Quién le indujo el pecado? Satanás, y ese ser vino a tentar al hombre por una razón fundamental, por destronar a Dios. Cuando Satanás pecó quiso tener un trono cerca del trono d Dios, un reino paralelo al de Dios. No lo pudo conseguir porque Dios lo echó de su presencia. ¿Dónde había un trono? En la tierra. ¿Quién estaba en ese trono? El hombre. Dijo Satanás: Ahí tengo un trono. Voy a hacerme con ese trono para que desde ahí pueda gobernar al margen de Dios. ¿Lo consiguió? Sí, derrotando al hombre por tentación. El hombre, el varón de la especie, es el responsable número uno en el pecado, no la mujer, ¿por qué?, la mujer siendo tentada cayó en tentación, pero el varón no fue tentado. El pecado entra por tentación, y el que introduce el pecado en la esfera de los hombres es Satanás. Nosotros tendemos a echarles la culpa a los demonios, que el demonio me tentó, y Santiago dice que no le echemos tantas culpas al demonio, pues, muchas veces no lo está haciendo. Santiago dice que desde tu propia concupiscencia eres atraído y seducido, “sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Santiago 1: 14), de manera que no le eches tantas culpas al demonio, es cierto que muchas veces el demonio viene y te dice cosas y te induce, es verdad, es un tremendo oficio, ahora no siempre, y cuando el demonio venga a la vida de un creyente, el creyente tiene armas y recursos para evitar la tentación o la caída, ¿o no? Pues claro: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5: 8). Entonces si caemos, es porque nos da la real gana, porque no estamos firmes en la esfera de victoria. Satanás, para el creyente, es un león amarrado con una cadena. Pedro dice que anda buscando a quien devorar. ¿Sabéis por qué Pedro tiene tanto motivo, tanta insistencia en el asunto? Porque él tuvo una experiencia en ese campo. Pedro dice “Velad”, porque él se durmió. ¿Cuándo? En Getsemaní. El Señor le dice “Vela”, y él duerme. Satanás mismo en el libro de Job dice: “Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella” (Job 1: 7). Lo que Satanás estaba diciendo al Señor: Estoy hace mucho tiempo dándole vuelta alrededor de Job.

Bien, todos somos pecadores, sí. ¿Estáis convencidos de eso? Bien. Entonces podemos considerar la naturaleza del pecado. Hay una serie de ideas erróneas sobre el pecado. Una de ellas es que el pecado es una debilidad inconsecuente, es decir, como Dios creó a los hombres tan debiluchos, somos niños que tropezamos y caemos, esa es una debilidad inconsecuente. No Señor, todo pecado es una violación directa contra la Ley de Dios, luego no es tan inconsecuente. No quiere decir que haya pecado voluntario y pecado de omisión, pecado de acción y pecado que cometes sin darte cuenta, esto es verdad también, pero el pecado no es una debilidad como para decir: …pobrecito, vamos a darle unas vitaminas espirituales para que sea más fuerte… Pecado no es ese asunto. El pecado tampoco es una enfermedad pasajera. Esta teoría se está desarrollando a la luz de Isaías 53, que dice: “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades”, luego el pecado es una enfermedad. La solución a esa enfermedad es administrar un elemento que cure esa enfermedad. El pecado es una enfermedad mortal y lleva a muerte de todas maneras, “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6: 23), así que no hablemos que está débil o enfermo, la Biblia no enseña eso.

Ahora, cual es la definición del pecado. La Biblia ha sido escrita esencialmente e 2 idiomas: hebreo y griego, de manera que tendríamos que ir a las palabras griegas y hebreas para entender lo que es el concepto bíblico de pecado. Ahora bien, el idioma hebreo es parco en palabras y muy rico en figuras, sin embargo tiene 24 palabras para definir pecado, y el griego tiene una sola para traducir esas 24. De manera que si queremos hacer una investigación exhaustiva de pecado, hacer injusticia, oprimir, doblar, todo eso es una sola palabra en griego, pero son 24 palabras en el idioma hebreo.

Un concepto bíblico de pecado, (Jueces 20: 16) “De toda aquella gente había setecientos hombres escogidos, que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban”. Esa palabra: no erraban, es decir, tiraban con una honda a alguien que tenía un cabello extendido, y no erraban el blanco (bueno esto es una hipérbole), pero quiere decir que eran tiradores certeros. No erraban que…el blanco. Luego, el primer concepto bíblico de pecado es “errar el blanco”. ¿Quién puso el blanco? Dios. ¿Qué ocurre? Nosotros con nuestra vida o pasamos o quedamos corto, pero no alcanzamos el blanco, por lo tanto, ahí habla de una mala disposición y una falta de acuciosidad. Los arqueros tienen una máquina para pesar las plumas. Si una de ellas pesa un pelín más que las otras, la flecha se desvía. Por eso también dice el libro de los Proverbios y también dice en Salmo 127: 5 “Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos” y dice en Salmo 127: 4 “Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud”. Esto quiere decir que el padre debe trabajar con sus hijos como un tirador de flechas, y cuando el hijo está preparado en moral, etc., etc., pone la flecha y la tira disparándola hacia el blanco de Dios, y claro, puede ocurrir que la flecha se desvíe del blanco, entonces el padre lo deja tirado en el campo y se marcha…. El arquero va a buscarla, la recupera, la arregla, la prepara y la lanza de nuevo. ¿Entendemos el concepto? Aquí tenemos una enorme riqueza de conceptos en el Antiguo Testamento.

Otro concepto de pecado, en Isaías 40: 4, habla de lo áspero y lo torcido: “Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane”. Cuando Juan el Bautista viene para anunciar la venida del Mesías, proclama un mensaje en Mateo 3: 3 “Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas”. El camino torcido es sinónimo de pecado. Luego hay otro término  que es excitación tempestuosa, la violencia desatada contra algo. Pablo dice en Efesios 4: 26 “Airaos, pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. La ira del creyente no es la ira del hombre, es la ira de Dios manifestada en el creyente. No es que yo me enfade con mi hermano porque no me dejó aparcar. Manifiesto mi disgusto no contra alguien, sino contra un hecho, cuando alguien hace algo directamente contra la voluntad de Dios, pero como no es contra mí, yo tengo que enfadarme hasta antes que se ponga el sol. Si dura más de lo que dura el día, estamos cayendo en una situación mala y compleja. Luego, otro concepto de pecado es traspasar una línea, vale decir, ir más allá de los mandamientos establecidos. Un ejemplo: el Señor Jesús se enfrentó en su tiempo con los fariseos. Los fariseos enseñaban la Biblia o no. Sí, muchísimo, pero además de la Biblia, ¿qué enseñaban ellos? Los mandamientos de los ancianos, la tradición, y Cristo qué les dice en Mateo 15: 6  “Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” y en Mateo 15: 9. “Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”. Se habían pasado de la raya. ¿Entendemos este concepto? Cuando vamos más allá. Luego, otro concepto de pecado es vanidad. Vanidad en el Antiguo y Nuevo Testamento tiene que ver con un globo inflado. Yo pongo el ejemplo del pavo real con la cola levantada. Toda persona muy inflada, es vana, porque el hombre de Dios es humilde, y Cristo dijo en Mateo 11: 29  “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Una de las necesidades de la renovación bíblica de la Iglesia es que tienen que desaparecer los grandes y tiene que haber más humildes. Esto es una tremenda necesidad.

Obstinación, es decir, persistir en, eso tiene mucha connotación con una cosa que se llama pecado voluntario. En Hebreos 10: 26 dice que “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados” ¿Es que no pecamos voluntariamente nosotros siempre? Sí, pero una cosa es que nosotros pequemos con nuestra voluntad, porque indudablemente nuestra voluntad mueve nuestras acciones y otra cosa es que nosotros pequemos con el puño extendido contra Dios. Busco en la Biblia un mandamiento: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová” (Levítico 19: 18), entonces como tú lo dices, entonces yo mato a uno. Eso es pecado voluntario, de orgullo, de arrogancia. Luego hay otras palabras que indican falta, trasgresión, pagar, aborrecer, ser un miserable, todos esos reúnen los 24 grandes conceptos que hay en el Antiguo Testamento que tienen que ver con pecado. Notáis la riqueza que hay en el Antiguo Testamento para enseñarnos lo que es pecado.

En el Nuevo Testamento hay esencialmente una palabra: amaitia. Esa palabra significa pecado. Siempre se traduce como pecado, como error, etc., etc. El primer concepto de esa palabra es errar el blanco, y el apóstol Pablo la utiliza muchísimas veces de esa manera, por ejemplo, Romanos 5: 21 “para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro”, esa palabra pecado está como “errar el blanco”. Como nosotros hemos errado el blanco de Dios, el pecado se va a manifestar en una sentencia visible: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6: 23). Cuando Pablo utiliza esa palabra, la está usando casi siempre en alguna acción que exige una petición de perdón. Si yo cometo una falta contra alguien, el Señor dijo: “Si tu vas al altar y te acuerdas que tienes algo contra tu hermano”, no, “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti” (Mateo 5: 23), “que tu hermano tiene algo contra ti” que es muy distinto. Yo a veces tengo muchas cosas contra mis hermanos, el problema es que algún hermano tenga un problema contra mí, entonces resuelve la situación pidiéndole perdón. Pablo dice que esa trasgresión, ese errar el blanco origina algo, y esto es muy importante. Toda persona que quebranta la voluntad de Dios entra, se sitúa bajo la ira de Dios. Por ejemplo Efesios capítulo 2, versículos 1 al 3 “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”. Por el pecado heredamos ira, y esta, actúa permanentemente contra cualquier acto de pecado, de creyente o incrédulo. Nosotros tenemos la protección de la sangre de Cristo. Dios en Cristo nos perdonó cuantos pecados: TODOS, por tanto no hay ninguna condenación, y la ira que debía descender sobre mí, por mi pecado, cayó sobre Cristo, y la obra de Cristo es el gran paraguas protector de la ira de Dios que se manifiesta permanentemente contra el pecado. Estamos bajo el paraguas de la justicia de Dios imputada por la obra de Jesucristo, pero si peco voluntariamente, lo que yo hago es salir del paraguas de protección, y entonces dice que la ira de Dios cae sobre el creyente también, y entonces  “el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Corintios 5: 5). Y Juan dice que hay pecado que lleva a muerte por el cual yo no digo que se pida, que se ore. Luego, cuando pecamos voluntariamente, dice la carta a los Hebreos, lo único de que debes esperar es hervor de fuego que ha de destruir a los adversarios, y Pablo dice en 1 Corintios 11: 32 que eso es una bendición enorme para el creyente a fin de que no sea condenado con el mundo: “mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo”. Luego en la manifestación de su gracia, Dios tiene mejor sitio en el cielo a un creyente rebelde que aquí en la tierra. Un creyente rebelde en la tierra es un descrédito para Dios, de modo que tengamos cuidado con nuestro testimonio personal.

Ahora mirad 2 pensamientos: ¿Cuál es el pensamiento de Pablo en relación con el pecado? Rebeldía, oposición, levantamiento contra la ley, rotura de una norma, esto es el concepto genérico que Pablo dice contra el pecado. ¿Cuál es el concepto que Juan tiene sobre la misma palabra? Es distinto: No, opuesto, diferente. Hay 2 visiones, la de Pablo que nos da un aspecto, y la de Juan que nos da otro. Juan es un hombre que ve todas las cosas, absolutamente todas las cosas de la vida, reflejada en sus escritos a través de algo fundamental, la obra de Cristo como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, luego todo lo que nosotros hacemos en la esfera del pecado es un rechazo abierto a una situación que se ha dado, porque Dios envió a su Hijo para que pagase, llevase sobre sí nuestro pecado. Juan es un hombre que sintió un enorme impacto cuando recibió de Juan el Bautizador el calificativo de Cristo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1: 29). Juan comenzó a pensar que el Cordero de Dios no dice que lleva, sino que quita. En el Antiguo Testamento el cordero del sacrificio llevaba el pecado, simbólicamente llevaba sobre sí el pecado, moría el cordero, pero el pecado no era quitado. Pero Cristo no solamente lo lleva, lo quita, quita la culpa del pecado, santifica el espíritu del creyente en el momento de su conversión, que corresponde a la justificación del espíritu, y posteriormente separa al creyente del poder del pecado en una santificación presente y progresiva, que corresponde a la santificación del alma. ¿Entendéis esto? Para Juan, pecado es rechazar a Jesús, oídlo bien por favor, de manera cuando se habla de condenación, se habla de rechazo: “El que cree en el Hijo tiene la vida, pero el que rehúsacreer en el Hijo, no verá la vida” (Juan 3: 36). Juan descubrió algo en su vida. Juan era un hombre conocedor de las Escrituras o no, era un religioso de su tiempo o no, ¡tremendo!, tanto es así que era un seguidor de Juan el Bautizador. Por lo tanto era un hombre comprometido con la religión, pero Juan descubrió que la religión es una porquería, que conduce al hombre al infierno, si está desposeída de la comunión con Cristo. Juan descubrió que vida cristiana no es asunto de religión, es asunto de comunión, de manera que cuando Juan escribe su carta primera, capítulo 1 y versículo 3 que dice, “y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su HijoJesucristo”, luego para Juan salvación qué es lo que es, “comunión con el Hijo”. ¿Qué es comunión entre creyentes para Juan?, nuestra comunión es verdaderamente con el Padre y su Hijo. Notáis lo que descubre Juan. Juan descubre algo y dice: “Señor mío, yo he estado durante años oprimido por la religión, y descubro la libertad en Cristo que es comunión”, por lo tanto, si yo soy libre, y peco y me esclavizo, estoy despreciando y rechazando al que me libra que es Cristo. Hermanos jóvenes por favor notad esto: No sois libres de nada mientras Cristo no os haga libres. Cuando decimos: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2: 15), ¿Cuáles son las cosas? Pues, ir a ver al Barza con el Madrid. ¿Esas son las cosas del mundo? No, que va hombre. Lo que quiero deciros con esto es que los problemas de esclavitud es “YO”. El mundo y la carne no son posibles de ser liberados por religión. Yo no puedo hacer nada contra mi “yo”. ¿Qué voy hacer yo si soy yo? “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Por eso Cristo dijo en Juan 8: 36 “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Luego para que mi “yo” no funcione tengo que tener experiencia de vida con Cristo, ¿Cuándo? Siempre. En el momento que dejo de tener experiencia vital con Cristo, soy un esclavo del “yo”. ¿Y con la carne, qué? Ah yo no cometo grandes pecados de carne, pero puedo tener celos y levantar pleitos y generar iras, manifestar discordias, ¿puedo o no puedo?, bajo el artículo de la santidad y defensa de la doctrina. Dios nos libre de tal pecado, pero lo que quiero deciros con eso, que la única forma de liberar mi carne es por medio de la obra de Cristo. Luego llego al final, que es la conclusión de Juan, no obstante que Juan era un sectario, ¿o no lo recordáis? Ahí en Marcos 9: 38 dice: “Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía”, ¿a quien? A nosotros. No estaba Cristo presente. No. Esta es una especie que debería extinguirse pero lleva 20 siglos sin extinguirse. ¡Si no es como yo, no vale la pena que viva, fuera! Bueno, yo estoy exagerando, pues, soy muy hiperbólico en mi narrativa, para que quede perfectamente claro. ¿Pasa esto en el mundo evangélico, o no? Y Cristo le dijo en el versículo 40 “Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es”. Luego comprensión, por favor. Aprende de una vez por todas que tienes que comprender a quienes que no piensan como tu. ¿Es difícil entender esto, o no? No es difícil entenderlo, pero es difícil practicarlo, porque yo soy yo. Y claro, el bueno de Juan había tenido otro problemita antes con Jesús: cuando llegan donde los samaritanos, los samaritanos los ponen en pies en polvareda y los echan, y Juan viene con Jacobo muy tranquilito, con su espíritu manso, el discípulo del amor, vienen a Jesús y le dicen en Lucas 19: 54 “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?”. Lo que finalmente entiende Juan es que la vida cristiana se reduce a una sola cosa: comunión con Cristo, y todo lo que sea oposición a eso es PECADO. ¿Está claro? Sí, lo tenemos claro, lo que pasa es que no lo practicamos demasiado, pero esa es nuestra responsabilidad.

Ahora, la trasgresión de la Ley también es pecado para Juan. ¿Por qué? Porque Cristo se sujetó a la Ley. Juan oyó acerca de esto muchas veces, y en particular cuando alguien le preguntó a Jesús “¿Es lícito pagar tributo a Cesar, o no?” (Mateo 22: 17) y Jesús le respondió: “Dad, pues, a Cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22: 21). ¿Se sujetó a la Ley? Y cuando Cristo comenzó a enseñar, su ministerio causó al principio un impacto colosal, porque la gente estaba con un ojo mirando la Ley escrita, y con el otro mirando a la Ley cumplida mirando a los fariseos. Luego hay que imitar a los fariseos. ¿Cómo se entiende el mandamiento? Como lo interpretan los fariseos, y de pronto Cristo vino, y agarró el árbol de los fariseos, y lo sacudió. Entonces se produce un caos. Si este enseña algo contrario a lo que nos han enseñado, seguramente quiere decir que él va a cambiar la Ley, y Cristo dijo en Mateo 5: 17 “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. ¿La cumplió?, sí, por tanto para Juan si Jesús es ejemplo de cumplimiento, todo lo que sea contrario a la Ley de Dios, eso es pecado. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, (si tuvieseis la misma doctrina los unos y los otros), si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13: 35). Bien, ya sabemos mucho de pecado, ¿no es así?

Resultados del pecado. En la Creación, dice Pablo, que toda ella fue sujeta a maldición, y dice que toda la Creación gime esperando la redención de los hijos de Dios. La idea es muy interesante, dice que la Creación gime con dolores de parto. La mujer tiene un recurso sicológico para soportar el dolor: va a nacer el niño y cuando ese niño sea alumbrado, los dolores se acaban. Los creyentes, simbólicamente, han sido introducidos dentro de la tierra, y de pronto, la tierra está con dolores de parto, porque ella sabe, (es una figura retórica de lenguaje), que van a salir, y cuando estos hijos de luz salgan en la resurrección de los muertos en Cristo, se cumplirá Isaías 9 e Isaías 11, durante el milenio. Por tanto habrá una renovación de toda la Creación, que de momento está gimiendo, y al final de todos los tiempos, cuando todo el rebaño de Dios, la Iglesia conformada por los creyentes a lo largo de la historia, esté en los cielos y tierra nueva, la Creación de Dios dejará definitivamente de gemir, porque habrá terminado en su entorno el pecado. Por tanto el pecado afectó la Creación. Dios la sujetó en maldición por causa de nosotros, para hacerlo también en esperanza.

En cuanto al hombre, el pecado produce algo serio, lo que se llama técnicamente, la depravación espiritual. Depravación espiritual no quiere decir que el hombre no anhele lo bueno, que no tenga deseos virtuosos, sin embargo, no puede hacer nada bueno como Dios lo desea que se haga, porque está contaminado con el pecado. Luego hay siempre un condicionante, y esa depravación ha hecho cosas tremendas, ha oscurecido los ojos del entendimiento, ha desviado los pies de un andar correcto, ha dañado la capacidad del hombre, Pablo dice en Romanos 7: 15 “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago”.

Finalmente, el hombre está puesto en esclavitud bajo el pecado, y por tanto bajo el castigo de Dios, y ese hombre es enemigo de Dios en malas obras. El castigo por el pecado es la muerte, luego la muerte no es un estado de término, sino un estado de separación. La muerte eterna es la expresión definitiva del castigo eterno. En el castigo eterno por el pecado, hay grados distintos. No todos van a tener el mismo sufrimiento. Eso sería injusto por parte de Dios. Dijo Cristo que en el día del juicio será más soportable el castigo de unos que de otros, pero lo que dice el Señor mismo en Marcos capítulo 9: 44 “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”. Cuando hablamos de castigo en ese sentido, no estamos hablando de un fuego físico como el que conocemos hoy, estamos hablando de una realidad espiritual en una dimensión distinta, pero hay algo muy interesante, el fuego quema, produce dolor, sí. La vida de una persona que no tenga a Cristo por toda la eternidad será una vida de sufrimiento. A ver, pensemos en nuestro mundo. ¿Estamos muy conformes y contentos con el mundo actual? No. Guerras, crímenes, latrocinios, opresión, qué se yo cuantas cosas. ¿La tierra de hoy gime? Sí. Y en medio de estos gemidos hay un cierto orden moral. Ahora traslademos esto a un mundo donde la moral no existe, y además con una conciencia sensibilizada: el gusano de ellos no muere. Una conciencia remordiendo día y noche, además yo creo que allí nadie duerme, porque de la misma manera como en la ciudad santa no hay noche, no necesitamos dormir, en el castigo eterno tampoco. Todo por consecuencia del pecado. Más gracias a Dios que somos más que vencedores en Cristo Jesús.

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Una Sociedad En Crisis

a1Samuel Pérez Milloses pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981.

Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.

Master en Cristología y Espiritualidad Trinitaria.

Autor de más de 45 libros de teología, comentarios bíblicos y vida cristiana.

Actualmente está produciendo el Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento, obra en veinte volúmenes, (ver apartado Literatura).

Colaborador en programas de Radio y Televisión, tanto en España como en Hispanoamérica.

En el Ministerio Exterior es conferenciante en distintos países de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Australia.

Profesor en el Instituto Bíblico «Escrituras» (AA.HH.), profesor en la Escuela Evangélica de Teología (Fieide), profesor en la Facultad Internacional de Teología (IBSTE) de Barcelona.

 

 

 

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Lo que es Hecho en Jesucristo

10350414_516436341790096_3737687015717083030_nAutor: Samuel Pérez Millos

 “Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30). 

       Hay muchos creyentes que no saben realmente lo que Jesucristo les ha sido hecho por Dios. Estos no experimentan la completa paz y el perfecto descanso por este desconocimiento. El apóstol Pablo llama nuestra atención a una consideración sobre cinco aspectos de lo que Jesucristo es para nosotros, y que resumen todo el orden de la gracia. 

       Cuando rechazamos nuestros valores, ponemos a un lado nuestros caminos y cancelamos nuestra opinión personal, que son malos consejeros y peores guías, porque solo Cristo es el camino, sólo Él es la verdad, y sólo Él es la luz que alumbra nuestros pasos, descubrimos que Jesucristo nos fue hecho por Dios, el lugar de seguridad. Pablo dice Dios nos ha puesto“en Cristo Jesús”. Es la posición espiritual de todo aquel que ha nacido de nuevo. Nadie se salva por estar cerca de Jesús, solo se salva quien está en Él. En esa posición tenemos vida eterna, que se alcanza por conocer, en sentido de relación íntima y vivencial, al Padre y al Hijo, de modo que en unión vital con Cristo, la vida divina comunicativa en su naturaleza (2 P. 1:4), fluye a nosotros por el único mediador entre Dios y los hombres que es Jesucristo hombre (1 Ti. 2:5). Algunos se sienten firmes en su fe, en sus prácticas religiosas, en su historia o en las victorias del pasado, pero no deben engañarse porque sólo hay vida y victoria “en Él”. Algunos religiosos oirán del Señor aquellas solemnes palabras: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt. 7:23). 

       Cristo es el único a quien debemos escuchar, el único con autoridad sobre nuestras vidas y sobre la Iglesia. Cuando dejamos llegar a nosotros Su palabra, sin prejuicios ni condicionante alguno, descubrimos que Jesucristo nos es hecho por Dios sabiduría. Sabio no es el que almacena conocimiento, sino aquel que lo aplica a la vida. Leyendo la Escritura aprendemos a conocer la miseria de nuestro corazón. En el encuentro diario con ella hacemos limpio nuestro camino. En un reflexionar continuo sobre lo que leemos, alcanzamos victoria sobre el pecado, como dice el salmista: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Es en una continua experiencia de vivir a Cristo, que dejamos de ser necios para ser sabios. No es sabio el que puede enunciar la doctrina sobre Cristo, sino aquel en quien Cristo se hace vida y descubre que le es hecho por Dios sabiduría. 

       Pablo añade un tercer elemento: Cristo nos ha sido hecho por Dios justicia. Ningún creyente duda que la salvación se alcanza por gracia mediante la fe y que, esta fe, depositada en el Salvador es la que nos justifica delante de Dios (Ro. 5:1). Pero, lo que en ocasiones no entendemos es que Jesucristo es también la razón, causa y motivo de la justicia de vida cristiana. Aquella forma de comportamiento concordante con la voluntad de Dios, que hace que nuestras vidas sean un canto de alabanza a Él por quienes nos observan y conocen (Mt. 5:16). Algunos habiendo comenzado por la fe, pretenden vivir por obras, buscando alcanzar con sus esfuerzos personales la justicia de vida que Dios demanda. Estos se ven obligados a exclamar: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. La justicia conforme a Dios solo es posible para quien vive a Cristo. 

       También se descubre que “Jesucristo nos ha sido hecho por Dios santificación”. Sin duda tiene mucho que ver con vivir justamente. El apóstol Pablo dice que debemos ocuparnos en nuestra salvación “con temor y temblor” (Fil. 2:12). La santidad no es una opción de vida cristiana, sino la única forma de vida. No es posible renunciar a la santidad, sin la cual ninguno verá al Señor. La santidad no es negociable, porque es la demanda bíblica: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”(1 P. 1:15-16). Pero, también se da cuenta que la santificación no es posible por el esfuerzo humano. Que no se trata de hacer o no hacer, gustar o no gustar, tocar o no tocar,  descubriendo que la santidad no tiene nada que ver con limitaciones, duro trato al cuerpo, porque siendo esto carne no tiene ningún valor contra los apetitos de ella (Col. 2:23) Alcanza una nueva dimensión de vida cuando se da cuenta que Dios es el que produce en él “tanto el querer como el hacer por su buena voluntad” (Fil. 2:13). Las cargas legalistas que los hombres imponen para imitar la vida santa, caen en una verdadera liberación y nos damos cuenta que somos santos en la medida en que Cristo sea hecho vida por su Espíritu en nosotros. Sólo somos santos cuando podemos decir: “Para mí, el vivir es Cristo”. 

       Finalmente Jesucristo nos ha sido hecho por Dios… redención. Somos verdaderamente libres. La obra del Salvador nos ha liberado de la esclavitud del pecado. Éste ya no tiene autoridad sobre nosotros. La redención trae como consecuencia una vida de plena libertad en Jesús. Él mismo dijo: “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”(Jn. 8:36). En cada momento de la vida tenemos que vivir a Cristo para ser verdaderamente libres. Desde el momento que hemos sido puestos en Él, ya no vivimos nosotros, sino que Él vive y trabaja en nosotros. Experimentamos la verdadera libertad cuando descubrimos que Dios es el que está “haciendo en nosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo”(He. 13:21). La obra de Jesucristo prosigue hasta la liberación de nuestro cuerpo en la glorificación. Entonces esta grande obra de nuestro rescate será consumada y coronada. Nuestras vidas, tomadas desde la más profunda miseria, terminarán para siempre en la gloria que Él tiene preparada para nosotros.

http://perezmillos.com.april.arvixe.com/es-es/pensando-en-alto/PostId/25/lo-que-es-hecho-en-jesucristo

http://www.unidavigo.es/index.htm

El Compromiso Del Liderazgo

Samuel Pérez Millos

Modelo eclesial y relaciones intereclesiales

1. DEFINICIÓN DE IGLESIA

Al hacer cualquier reflexión bíblico-práctica sobre determinados aspectos de la iglesia, será necesario y conveniente establecer primeramente una definición del concepto iglesia, a la luz de la Escritura.

La Biblia no es un libro de definiciones. Toda definición limita y, en cierta medida, segrega. Sin embargo, seis grandes proposiciones bíblicas permiten establecer las características que definen la iglesia. En primer lugar, se trata de un pueblo de formación divina, es decir, surge del propósito divino para este tiempo, en el que Dios busca entre las gentes un pueblo para sí (Hch. 15:14).
Además, la iglesia es un pueblo sin limitación de raza o condición; las paredes que establecían una división en la antigua dispensación han sido derribadas en Cristo y por Cristo (Ef. 2:14-16). La iglesia es, por posición, relación y esperanza, un pueblo de condición celestial (Fil. 3:20). Siendo formada por aquellos a quienes Dios redime, es decir, compra y libra de la esclavitud en que se encontraban para trasladarlos a una esfera de libertad (Col. 1:13), es un pueblo de propiedad divina llamado por Cristo «mi iglesia» (Mt. 16:18). Ese pueblo es el don que el Padre da al Hijo (Jn. 6:37 y 39), entregándole aquellos que son suyos, tomados del mundo (Jn. 17:6, 9, 11 y 12). Finalmente, la iglesia es un cuerpo en Cristo del cual Él es cabeza (Ef. 1:22 y 23).
1.1. Énfasis en la unidad de la iglesia
El concepto bíblico inducido por las seis proposiciones anteriores, conduce indefectiblemente a una unidad en la diversidad. Es decir, la iglesia es una, formada por una diversidad de miembros integrados en un solo y único cuerpo. El sentido de unidad estaba en la mente del Señor, cabeza de la iglesia, que lo presenta al Padre como su deseo personal en la oración inmediatamente anterior a su agonía y muerte. Reiteradamente pide que ese pueblo sea uno para que el mundo crea en el Enviado (Jn. 17:21). La idea de unidad expresada por Jesucristo es de un alcance sobrenatural e, incluso, sobrehumano, que supera en todo cualquier otro tipo de unidad que el pueblo de Dios haya podido alcanzar a lo largo del tiempo histórico de los hombres.
La unidad de la iglesia se establece en identidad con la unidad de hipóstasis [rmm1]en el Seno Trinitario, según el Señor manifiesta: «que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros» (Jn. 17:21). Por identificación con Cristo, cada creyente viene a ser participante de la «naturaleza divina» en la experiencia de la vida eterna (2 P. 1:4), que es común a cada una de las Personas Divinas. La presencia plena de la unidad está vinculada, por tanto, a la presencia trinitaria en cada creyente, de modo que la inmanencia –que es consecuencia de la unidad de naturaleza en perfecta compatibilidad con la distinción real de las Personas Divinas– alcanza la expresión en la vida de cada creyente por la presencia de Dios, como Jesús pide en su oración.

El Señor enseñó que cualquiera que le amase sería también honrado por el Padre y ambos, Padre e Hijo, vendrían a hacer morada en el creyente: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él» (Jn. 14:23). Esta verdad debe ser unida también a la presencia real del Espíritu Santo en el cristiano, ya que quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él (Ro. 8:9). Tal verdad nunca podrá ser comprendida en la dimensión que alcanza, por cuanto se está refiriendo a la inhabitación de la Trina Deidad en el cristiano y, por extensión, en toda la iglesia como cuerpo de creyentes unidos y vinculados a Cristo. De esa manera, el creyente viene a estar en comunión con las Personas Divinas, para pensar, desear, sentir, querer y actuar a la semejanza de Dios, de modo que como Él es, así nosotros en el mundo.

La unidad absoluta, perfecta e indisoluble del Ser Divino, hace posible, no sólo en realidad existencial, sino en afecto de deseo como expresión natural de vida comunitaria, en cada creyente y, por tanto, en la iglesia.[rmm2] Esa comunión vertical, se hace necesariamente horizontal en cada creyente (1 Jn. 1:3). De ahí que la rotura de comunión entre creyentes y colectivamente entre iglesias produzca la rotura de la comunión con Dios excepto que se origine por pecado sin confesar. De otro modo, cuando un creyente rompe su comunión con un hermano con quien Cristo no la ha roto, está poniendo a Cristo fuera de la comunión de su vida. Tal situación genera una abierta oposición al plan divino para esta dispensación y se opone directamente a la voluntad de Cristo. Es por ello, que no sea de extrañar que Pablo exhorte, como objetivo prioritario para la iglesia, el «guardar solícitamente la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (Ef. 4:3).
El efecto de la unidad espiritual genera la relación en comunión de creyentes entre sí. Los primeros cristianos, inmediatamente después de Pentecostés, eran perseverantes en la comunión los unos con los otros. La bendición de Dios sólo es posible en una correcta relación con Su propósito y voluntad, por tanto, la fragmentación espiritual de los creyentes y la división de las iglesias no pueden acarrear sino la oposición de Dios, ya que es una acción de soberbia contra Él y no pueden manifestarse las bendiciones celestiales pues «Dios resiste a los soberbios» y solamente «da gracia a los humildes» (Stg. 4:6).
Para el mantenimiento operativo de la unidad, Dios ha dado a su iglesia siete bases unitarias (Ef. 4:4-6). Las primeras son constituyentes: «un cuerpo, un Espíritu,… una esperanza»; la iglesia es un cuerpo, morada de Dios en Espíritu y afirmada en una misma esperanza que es Cristo (Col. 1:27). Las tres siguientes son fundantes: «un Señor, una fe, un bautismo»; la única autoridad soberana sobre la iglesia como Cabeza es Cristo, la fe común para la iglesia es la única y autoritativa Palabra de Dios; la formación de un cuerpo se alcanza por la acción bautizadora del Espíritu en Cristo (1 Co. 12:13). La última base es trascendente, por cuanto es Dios mismo, que es soberano, «sobre todos», es inmanente, «por todos»y es trascendente «en todos». Capacitada la iglesia para la unidad no tiene disculpa alguna para originar divisiones, escisiones y fracciones.

2. ANÁLISIS Y AUTOCRÍTICA

El análisis de la verdad bíblica exige necesariamente una formulación autocrítica sobre el lugar en donde nos encontramos las Asambleas en relación con la demanda bíblica. Conveniente es el recuerdo de la historia, no para añoranza sino para enseñanza.
2.1. Pincelada histórica
Las Asambleas nacen en una acción del Espíritu conduciendo a creyentes a la integración y a la práctica de la unidad. Creyentes procedentes de distintos grupos denominacionales comenzaron a reunirse, en una notable sencillez evangélica, con el propósito de mantener la comunión unos con otros, perseverar en la oración y estudio de la Palabra y obedecer al Señor en la ordenanza del partimiento del pan. La solicitud en la unidad y la obediencia a la Palabra, trajo como consecuencia la bendición de Dios, en el poder del Espíritu, que permitió extender por todos los continentes este principio espiritual y este estilo de vida.

Se trata, en síntesis, de un movimiento que el Espíritu Santo, hace unos doscientos años, inició en Inglaterra y otros lugares, recuperando el aire fresco de la Escritura para orientar, por medio de ella, en el poder del Espíritu, un nuevo camino del compromiso con Cristo y de la obediencia a la Palabra, sin condiciones y sin concesiones. El resultado no pudo ser otro. Miles de congregaciones reunidas en la sencillez evangélica tomada de la Palabra se fueron estableciendo, por creyentes de muchas denominaciones que deseaban, simplemente, vivir a Cristo y estudiar la Palabra, no tanto para saber más de ella, sino para vivir conforme a lo que ella establecía.
El resultado de este volver a la Palabra trajo como consecuencia un movimiento misionero espectacular, como jamás antes se había conocido. La evangelización alcanzó todas las áreas geográficas del mundo, entre ellas España e Hispanoamérica. Es notable observar que en el año 1945 había más de 1000 misioneros de los Hermanos que representaban nada menos que el 5% del total de misioneros de las iglesias llamadas protestantes o reformadas, en todo el mundo. Instituciones sociales complementaban el servicio a la sociedad, sin límites de condición, como una clara comprensión de que el evangelio de la gracia tenía necesariamente que ir acompañado de la atención a los pobres y necesitados del mundo. De esta manera, asilos para niños, leproserías, sanatorios, escuelas, centros de atención social, etc., se levantaron en todo el mundo. Los Hermanos, habían alcanzado en cien años una posición tan relevante en el mundo evangélico, que eran considerados, respetados, consultados y admirados por muchos fuera de su propio ámbito.

Poco después de que comenzaron las fracciones entre las Asambleas –especialmente notable en la primera división de «cerrados y abiertos»– supuso simplemente la llave que ha generado en el tiempo una enorme cantidad de grupos que, llamándose todos «Asambleas de Hermanos», no han sido capaces de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Si queremos ser honestos delante del Señor, tendremos que confesar que la unidad espiritual y la comunión deja mucho que desear por la gran diversidad e incluso oposición violenta, de sentimientos, de pareceres y de enfoque, que generan una manifiesta división entre nosotros.

3. NECESIDADES

Frente a esta situación es necesario un cambio de rumbo, una nueva reorientación que necesariamente ha de ser siempre bíblica. Es preciso crear un espacio de libertad entre las Asambleas que haga posible la reflexión teológica desde un absoluto respeto a la Palabra y que sea el motor que conduzca a un cambio en la situación actual. Una de las reflexiones en este aspecto, tiene que ver con el liderazgo. En los últimos tiempos, el liderazgo de muchas de nuestras iglesias está en manos de hermanos de avanzada edad. No deja de ser importante, como simple referencia, que la edad media de los obreros a pleno tiempo en las Asambleas en España supere los 60 años.
Una de las razones en la no renovación del liderazgo obedece a ignorar la distinción entre don y oficio. Los dones son dados a cada creyente para edificación del cuerpo de Cristo, sin condiciones personales, sociales, familiares, etc. Los oficios –instaurados por necesidad operativa de las congregaciones– están estrechamente relacionados con condiciones personales. Cuando estas condiciones varían, necesariamente se hace preciso la suspensión en el ejercicio del oficio.
En las listas de los dones (cf. Ro. 12; 1 Co. 12; Ef. 4) no aparece, en ninguna de ellas, el don de anciano, obispo o presbítero. Sí en cambio el de pastor y maestro. El hecho de que en el Nuevo Testamento se hable de pastorear, en relación con los ancianos, tiene que ver especialmente en el ejercicio de liderazgo que conduce, al rebaño del Señor. No debe olvidarse que en el Antiguo Testamento se llamaba pastores a los reyes en Israel. ¿De qué modo se reconocen los ancianos en las iglesias? ¿Hasta dónde participa la congregación en esto? ¿No existe, en algunos casos, una transmisión de ancianos a ancianos sin la participación de la congregación en aceptación o rechazo?
¿Por qué causa no se reconocen los líderes de servicio, esto es, los diáconos y se establece una radical oposición al reconocimiento de diaconisas (Ro. 16:1), a pesar de estar incluidas en la normativa para el diaconado (1 Ti. 3:11)?3. 1. El liderazgo
Otro grave problema consiste en el ejercicio de la autoridad. Claramente se enseña en la Palabra que, en la iglesia, no hay sino tres Autoridades, todas ellas divinas: Cristo, la única Cabeza; el Espíritu Santo, Vicario de Cristo que conduce la marcha de la iglesia; y la Palabra, única norma de fe y conducta. Cuando en un uso de autoridad se establecen normas que determinen comportamientos a los que los creyentes queden sujetos, sin una firme base bíblica, se está ejerciendo un abuso de autoridad. No hay determinación que sea de obediencia, más que aquella que descansa en la autoridad aplicada de la Palabra desde una correcta exégesis del texto bíblico.3.2. El sacerdocio universal del creyente y sus consecuencias
Un nuevo elemento de reflexión viene también determinado por el ejercicio del ministerio del sacerdocio universal del creyente. Cada convertido a Cristo es sacerdote espiritual para ofrecer sacrificios espirituales para alabanza y gloria de Dios (1 P. 2:4, 5, 9 y 10). El sacerdocio no hace distinciones en el plano social, ni cultural, ni étnico, ni de género, tan sacerdote es un hombre como una mujer y, tiene el mismo derecho espiritualmente hablando para ejercer su ministerio sacerdotal en la iglesia. Quiere decir que los cinco sacrificios espirituales [rmm3]deben poder ser ofrecidos por todos los que son creyentes. Limitar el ejercicio sacerdotal en alguna medida a unos o a otros, es contravenir el propósito y determinación de Cristo para la iglesia.3.3. Dones espirituales y ejercicio de los mismos
Una situación semejante está en orden al ejercicio de los dones espirituales o dones del Espíritu. La necesaria reflexión bíblico-teológica tiene que abrirse a una sincera investigación sobre los dones que están operativos y los que no están. Ya no debe hablarse de dones vigentes y no vigentes, porque la vigencia o no-vigencia sólo es posible definirla y limitarla por quien soberanamente da los dones, que es el Espíritu Santo.
El ejercicio de los dones y su operatividad ha de ser un elemento de reflexión teológica que permita establecer las pautas para el ejercicio de estos en la iglesia del tiempo actual. Pero lo que sin duda es necesario entender es que los creyentes en la iglesia tienen el derecho y la obligación moral de ejercer sus dones para edificación del cuerpo (1 P. 4:10). Unido a esto está también el derecho a servir al Señor en la congregación. Es evidente que no se puede hablar de salvación sin hablar de servicio, como es el testimonio que Pablo da de la iglesia en Tesalónica (1 Ts. 1:9). En muchas ocasiones, hay un gran número de espectadores en la iglesia local y muy pocos actores.
Generalmente esto produce un cansancio y desgaste en el servicio por estar sobrecargado sobre unos y no sobre todos. La iglesia actual debe buscar vías o canales por los que todos puedan servir, si así lo desean, en la congregación. Limitar el servicio o el ejercicio de los dones por condiciones personales –sin que esa limitación esté acompañada del ejercicio de disciplina bíblica por desorden en la vida individual del creyente– es ir contra el propósito de Dios para la vida de la congregación local.3.4. Ministerio femenino en la iglesia
De la misma forma, la reflexión bíblico-teológica ha de ir orientada a definir la participación y alcance del ministerio femenino en la iglesia. Por sistema tradicional se ha determinado que las hermanas deben hacer todo cuanto tenga que ver con servicio material pero se les prohíbe la participación en el culto eclesial. Esta prohibición que se establece en la interpretación, no concordante con otros muchos textos en los que se tratan problemas concretos de iglesias concretas (como es el caso de la congregación en Corinto, 1 Co. 14:34), desconociendo las causas que el mismo contexto establece (que eran la de formular preguntas de manera indebida en el culto público de la iglesia), es fragmentar la contextualización natural del pasaje, tomando un texto fuera de contexto para convertirlo en un pretexto. Ese tomar un determinado texto para sustentar un principio bíblico de actuación ignorando otros muchos que evidencian el ministerio femenino en el culto público –como era la oración y la profecía (1 Co. 11:5; Hch. 1:14)–, es una falta de consideración a la sana exégesis de la Palabra.

4. FORMACIÓN BÍBLICO-TEOLÓGICA

Si la misión de la iglesia tiene que ver con una actuación al interior y otra al exterior, en el primer sentido, crecimiento espiritual y, en el segundo, crecimiento numérico, debe considerarse como prioritario dotar a las iglesias de creyentes preparados y capaces de enseñar a otros (2 Ti. 2:2).
La absurda idea –por no decir antibíblica idea– de que la formación de los maestros debe producirse en el seno de cada congregación local haya en ella maestros capaces o no, ha traído como consecuencia gravísimas deficiencias que se suplen acudiendo a la respuesta fácil de «esto se hace así porque así se hizo siempre y así fuimos enseñados». Tal posición revela una absoluta incapacidad bíblica de responder a las necesidades del pueblo de Dios mediante la interpretación y aplicación correcta de la Escritura.
La formación de maestros para las Asambleas en España, requiere una reorientación, de manera que, bajo la supervisión de las iglesias, se establezcan lugares y se busquen maestros capaces para enviar a quienes deben ocuparse del ministerio de la enseñanza de modo que se levante un sólido cuerpo de maestros en la Palabra, espirituales y capacitados para el ministerio. No puede olvidarse que la formación bíblico-teológica pasa por un conocimiento de los idiomas bíblicos, especialmente por el griego, que permita una exégesis correcta dentro de una hermenéutica también correcta. Esta formación bíblica sólo será posible en la unidad coordinada de todas las iglesias que juntas provean los recursos necesarios para llevarla a cabo. Éstas debieran encomendar a un grupo de hermanos que estén involucrados en el ministerio de la enseñanza –en el ámbito académico y con experiencia en el manejo de este servicio– para que establezcan un programa que se desarrolle conforme a las necesidades, con la mayor brevedad posible, que permita la capacitación bíblico-teológica de creyentes para el ministerio de enseñanza, de manera que se puedan desarrollar en el menor tiempo posible creyentes capacitados en cada congregación local para ese servicio.
De igual manera, la evangelización, aunque es responsabilidad individual –ya que todos estamos llamados a predicar el evangelio a todas las naciones (Mt. 28:18-20)– es también misión colectiva de las iglesias locales.
La evangelización ha de contextualizarse en relación con el tiempo actual y con el contexto social en que se desarrolla. Las tradicionales reuniones evangelísticas en los locales al estilo de los años 30 al 40 han dejado de ser eficaces, no por el mensaje, sino por el modo de comunicarlo a la sociedad altamente diferente en el momento actual. Las Asambleas en España deberán buscar vínculos unitarios para apoyarse mutuamente y hacer eficaces los métodos de evangelización en nuestra sociedad.
Esa unidad en el propósito de la evangelización lleva aparejado el compromiso eclesial de asistencia y colaboración mediante la aportación de recursos económicos y de recursos didácticos para el discipulado de los nuevos convertidos a Cristo (Mt. 28:20). El desarrollo de la formación integral en la iglesia requiere materiales adecuados y planes establecidos convenientemente para llevarla a cabo. Todo esto sólo será posible en la unidad del pueblo de Dios y en la capacidad espiritual de los líderes de entregar sus propias parcelas de individualidad sometiéndolas, en una verdadera visión de entrega en amor, al servicio de todo el pueblo de Dios.

5. REFLEXIONES NECESARIAS SOBRE EL DECLIVE DE LAS ASAMBLEAS

5.1. Razones generalesEs necesario reflexionar sobre el declive experimentado por las asambleas desde hace bastantes años para poner remedio a la situación.A través de los años, los hermanos se consideraron fuertes y, por tanto, vivían confiados. Estaban convencidos de ser el grupo más bíblico y más espiritual, puestos para preservar la verdad bíblica frente a un mundo evangélico que se desviaba en muchas cosas de la Escritura, y era de esperar que a medida que avanzase el tiempo, muchos creyentes de otros grupos denominacionales abandonarían sus iglesias para unirse a las Asambleas.Sin embargo, el movimiento no sólo no avanzó en esa medida, sino que, en la actualidad, está atravesando por una profunda crisis en la mayoría de los países del mundo. En ciertos lugares, los jóvenes han abandonado las congregaciones y se han pasado a otros grupos, dejando las iglesias pobladas por gentes de edad.
Con tremenda sorpresa para algunos dentro de las Asambleas, han visto que Dios obraba poderosamente con otros miembros de otros grupos en la evangelización del mundo, especialmente desde el tiempo siguiente al final de la Segunda Guerra Mundial. Muchos líderes de las Asambleas, están desorientados sin saber qué rumbo tomar. ¿Podría establecerse un camino que condujese a la vitalización de las Asambleas? Creemos sinceramente que es posible si somos capaces de entender los fallos que deben subsanarse.5.2. El problema de la formación bíblica en las iglesias
En primer lugar, es necesario abordar con absoluta rapidez y decisión, la formación bíblica tanto de las iglesias como, especialmente, de los que son llamados a enseñar a otros. Los primeros maestros en la historia de las Asambleas, formaron a otra generación al mismo nivel que ellos. Estos, a su vez, fueron los maestros que capacitaron a quienes salían a la obra misionera.
Los misioneros tienen la tarea de fundar iglesias y enseñar la doctrina fundamental de la fe a los recién convertidos y consolidar en ella a quienes han de liderarlas luego de su partida, pero no han sido llamados a formar teólogos –en el sentido bíblico de la palabra– esto es, maestros capacitados y conocedores profundos de las verdades bíblicas. Los hermanos que se vieron con la responsabilidad de las iglesias, especialmente en el mundo hispano, no eran mayoritariamente personas de alta cultura académica, sino, valiéndose de la frase bíblica, «hombres del vulgo, y sin letras». Estos hermanos han sido además influidos en muchos lugares por corrientes neo-pietistas, que se extendieron bajo la influencia de exclusivistas y cerrados, de comunión abierta, que enseñaron formas dándoles el valor y rango de doctrinas. Estos hermanos han sentido un abierto rechazo a la formación teológica de los maestros bíblicos en grados elevados, entre lo que figura el conocimiento de las lenguas bíblicas para una correcta exégesis del texto de la Escritura. Una seria aversión contra instituciones académicas, doctrinalmente sanas, que formen a los maestros, se puso de manifiesto y cualquiera que deseaba ir a algún lugar para capacitarse más, era considerado como un rebelde y sospechoso del que ya no se podía confiar. Eso trajo como consecuencia la marcha de muchos hermanos con dones y capacidades a otros grupos. Líderes influidos por pietismo no bíblico consideraron que era suficiente con la autoformación del maestro bíblico, sin darse cuenta que por falta de herramientas bien utilizadas se ha ido cayendo en un bajo nivel formativo en detrimento de las congregaciones. ¿Se está revisando si todo cuanto se enseña y de la forma en que se enseña corresponde a una buena exégesis literal-histórico-gramatical del texto?
Para suplir este problema han surgido como hongos después de la lluvia, algunos que se consideran a ellos mismos como maestros bíblicos y que dedican en sus sermones un espacio considerable a explicar palabras griegas, cuando no conocen el griego o tienen, en el mejor de los casos, ligeras ideas tomadas y copiadas de otros. La exposición bíblica sistemática de la Palabra no es la norma habitual en las congregaciones, por lo que muchos hermanos mueren si haber oído en su iglesia exponer Malaquías, o Hageo, o Levítico, o Cantar de los Cantares. Esto impide llevar a cabo la ordenanza apostólica de que maestros espirituales e idóneos enseñen a otros que serán a su vez maestros de la siguiente generación (2 Ti. 2:2).

Una falta de enseñanza sistemática y sólida trae consigo el infantilismo espiritual de los creyentes, produciendo las consecuencias que Pablo advierte: niños espirituales que son llevados de un lado para otro, arrastrados por todo viento de doctrina (Ef. 4:14).

Es verdaderamente urgente, no sólo la fidelidad a la Palabra, sino la formación de quienes puedan enseñarla con garantía y formar maestros para las congregaciones.5.3. Determinación en el mantenimiento de la unidad
Una segunda necesidad urgente es entender la unidad de la iglesia y vivirla en la comunión del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3). Las divisiones de nuestras iglesias por supuestos problemas doctrinales, el distanciamiento entre congregaciones dentro de un mismo espacio geográfico que ni siquiera se conocen entre ellas, el rechazo a cualquier vínculo que coordine y cohesione actividades entre las iglesias –no como una estructura sobre ellas sino como elementos de servicio supervisados por los líderes de las congregaciones– es una triste realidad.
Son lamentables y gravemente deshonestos los chismes y críticas infundadas hacia los maestros bíblicos que están en el mundo de las Asambleas y que, de alguna manera, impide a congregaciones el ministerio de gente formada que ha sido cuestionada por quienes, muchas veces dan crédito a la rumorología sin verificar la verdad de los rumores que son mantenidos vivos por quienes sienten envidia humana contra los maestros de la Palabra, temiendo perder la importancia que ellos mismos se suponen en la obra del Señor y procurando derribar a quienes consideran que les pueden hacer sombra.5.4. La renovación espiritual
Una tercera necesidad es la renovación espiritual. Nadie confunda esta expresión con renovación carismática o neo-pentecostal, que se trata de una revolución, pero no de una renovación. Sin embargo, es evidente que tenemos necesidad de una renovación de nuestro entendimiento a la luz de la Palabra (Ro. 12:2).
Es preciso un acercamiento a la doctrina del Espíritu Santo para entender que el Espíritu no es el Dios para la teología sino para la vida. Es necesaria una renovación espiritual que nos permita un cambio de las formas, de modo que la iglesia pueda estar presente en la sociedad actual, no como una pieza de museo, sino como un conjunto de creyentes que brillan en las tinieblas y que entran en la sociedad con el mensaje del evangelio en la forma en que puede ser comprendido por quienes viven en el siglo XXI y no en el XIX. Una renovación espiritual que nos permita amar a nuestros hermanos y poder mantener una sana discusión sobre cosas generales sin claudicar un ápice en la doctrina fundamental. Una renovación espiritual que nos permita buscar como esencial la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3), comprendiendo otras formas de hacer las cosas que otros hermanos puedan entender como correctas. Una renovación espiritual que permitiera unir esfuerzos para abordar las tareas con excelencia, apoyando lo que hay y emprendiendo lo que sea necesario. Una renovación espiritual que nos haga ver la necesidad de la oración en un tiempo de tremendo humanismo y crisis en la sociedad.Sólo el poder de Dios podrá hacernos recorrer nuevamente los caminos de victoria en Cristo Jesús.

6. CONCLUSIÓN

¿Es esto una novedad que tenemos que descubrir y establecer juntos? No, sólo es volver a los valores esenciales que dieron forma y fuerza a las Asambleas, no por lo que eran, sino porque Dios bendice la obediencia a su Palabra y eso y nada más que eso, fue lo que llevó a la victoria espiritual a aquel pequeño grupo de hermanos que se reunían para orar juntos, mantener la comunión, partir el pan y estudiar la Palabra para vivir conforme a ella, tanto en el plano individual, como en el familiar y el eclesial. Oremos juntos con una oración renovada que es bíblica y necesaria: «Señor, ¿qué quieres que hagamos? » y en la respuesta de Dios estemos dispuestos a asumir la responsabilidad, a entregar la obra a la voluntad del Señor de la iglesia y a pagar el precio que todo compromiso espiritual exige siempre.

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