Una puerta abierta

Una puerta abierta

Iglesia Unida de Vigo

Samuel Pérez Millos

Es pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981.
-Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.
-Master en Cristología y Espiritualidad Trinitaria.
-Autor de más de 45 libros de teología, comentarios bíblicos y vida cristiana.
-Actualmente está produciendo el Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento, obra en veinte volúmenes, (ver apartado Literatura).
-Colaborador en programas de Radio y Televisión, tanto en España como en Hispanoamérica.
-En el Ministerio Exterior es conferenciante en distintos países de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Australia.
-Profesor en el Instituto Bíblico “Escrituras” (AA.HH.), profesor en la Escuela Evangélica de Teología (Fieide), profesor en la Facultad Internacional de Teología (IBSTE) de Barcelona.

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¿Es el humanismo la respuesta?

¿Es el humanismo la respuesta?

Samuel Pérez Millos

Es pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981.
-Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.
-Master en Cristología y Espiritualidad Trinitaria.
-Autor de más de 45 libros de teología, comentarios bíblicos y vida cristiana.
-Actualmente está produciendo el Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento, obra en veinte volúmenes, (ver apartado Literatura).
-Colaborador en programas de Radio y Televisión, tanto en España como en Hispanoamérica.
-En el Ministerio Exterior es conferenciante en distintos países de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Australia.
-Profesor en el Instituto Bíblico “Escrituras” (AA.HH.), profesor en la Escuela Evangélica de Teología (Fieide), profesor en la Facultad Internacional de Teología (IBSTE) de Barcelona.

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Otra Vasija

Otra Vasija

“Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla” (Jer. 18:4).

Dios tomó la figura del alfarero para enseñar una alentadora lección. La vasija que en sus manos estaba moldeando, es una comparación con los creyentes. Es Dios mismo que dice: “He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano”. La primera porción de aliento es que cada uno de nosotros estamos en la mano del Salvador. Él mismo dijo: “yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Jn. 10:29). El Padre celestial ha determinado que todos sus hijos seamos conformados a la imagen de Jesús (Ro. 8:29). Esta operación la está realizando el Espíritu Santo, reproduciendo en nosotros el modelo de vaso perfecto que es el Señor.

«La primera porción de aliento es que cada uno de nosotros estamos en la mano del Salvador.»

Está trabajando para hacer de cada uno de nosotros una vasija con características excepcionales: Tiene el atractivo del amor, como el de Cristo, que se manifiesta en toda ocasión; en el hogar; entre hermanos; hacia el mundo que se pierde. Además Dios desea que estemos llenos de gozo, el profundo sentimiento que brota de una vida de comunión y descanso en Dios. Añade también la serena tranquilidad ante la vida, que es el resultado de la experiencia de paz. Quiere que la vasija sea capaz de resistir cualquier embate, por eso le da la paciencia, para soportar las afrentas y sufrir sin rencor vengativo. Añade Dios la benignidad, el elemento que nos hace útiles y serviciales. También genera la bondad, expresión de un carácter noble, capaz de perdonar. Además está la fe, más bien la fidelidad que hace que nuestra vida se ajuste a la fe que declaramos. Un elemento más es la mansedumbre, disposición a ceder los derechos a favor de los demás, sometiéndonos a la voluntad de Dios. Finalmente añade un último componente, la templanza, que nos hace ser capaces de controlarnos a nosotros mismos y vivir en santidad.

Por la razón que sea, tal vez mi vida pueda inutilizarse; el vaso que soy yo se echa a perder; no adopto la forma que el Alfarero celestial quiere darme. Es posible que algún fracaso moral agriete mi existencia; acaso una desorientación espiritual me está haciendo inútil para Dios; tal vez he faltado en las relaciones familiares; o es posible que esté desalentado porque no tengo resuelto mis problemas espirituales. Estoy desalentado y desanimado. Me doy cuenta que he fallado a Dios. Pero, el aliento divino viene en mi ayuda. La vasija quebrada sigue en la mano del alfarero. Él no se cansa e inicia de nuevo el trabajo en mí. Él no arregla los defectos, hace algo mucho más admirable: “volvió y la hizo otra vasija”. Dios no quiere que mi vida sea parcialmente triunfante, busca un triunfo completo. Su propósito se cumple inexorablemente: “…el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús”.

«La vasija quebrada sigue en la mano del alfarero. Él no se cansa e inicia de nuevo el trabajo en mí.»

El secreto para ser un vaso útil para Dios, provechoso para el mundo, y satisfactorio para mí mismo, consiste en permitir que el Espíritu haga en mí el cambio que necesito. Debo permitir que Él lo haga; que me quebrante; que me moldee; que me transforme. No habrá nada que pueda impedir que sea cada vez más semejante a Jesús. Señor, que no impida tu obra, cámbiame, renuévame, pero, por favor, no permitas que me haga inútil para tu obra.

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¿Cuál es la misión de la iglesia?

¿Cuál es la misión de la iglesia?

Samuel Perez Millos

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Hechos 1: 6-11

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Samuel

Iglesia Unida

Samuel 

 

Samuel145x145Samuel Pérez Millos, es pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981.
-Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.
-Master en Cristología y Espiritualidad Trinitaria.
-Autor de más de 45 libros de teología, comentarios bíblicos y vida cristiana.
-Actualmente está produciendo el Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento, obra en veinte volúmenes, (ver apartado Literatura).
-Colaborador en programas de Radio y Televisión, tanto en España como en Hispanoamérica.
-En el Ministerio Exterior es conferenciante en distintos países de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Australia.
-Profesor en el Instituto Bíblico “Escrituras” (AA.HH.), profesor en la Escuela Evangélica de Teología (Fieide), profesor en la Facultad Internacional de Teología (IBSTE) de Barcelona.

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Libertad en Cristo

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Libertad en Cristo

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Samuel Perez Millos

 

Juan 8:30-35La Biblia de las Américas (LBLA)

30 Al hablar estas cosas, muchos creyeron en El.

Los verdaderos hijos de Abraham

31 Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en El: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Ellos le contestaron: Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”? 34 Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; 35 y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo permanece para siempre.

imgresSamuel Pérez Milloses pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981.

-Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.

-Master en Cristología y Espiritualidad Trinitaria.

-Autor de más de 45 libros de teología, comentarios bíblicos y vida cristiana.

-Actualmente está produciendo el Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento, obra en veinte volúmenes, (ver apartado Literatura).

-Colaborador en programas de Radio y Televisión, tanto en España como en Hispanoamérica.

-En el Ministerio Exterior es conferenciante en distintos países de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Australia.

-Profesor en el Instituto Bíblico «Escrituras» (AA.HH.), profesor en la Escuela Evangélica de Teología (Fieide), profesor en la Facultad Internacional de Teología (IBSTE) de Barcelona.

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Estoy a la puerta y llamo

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Estoy a la puerta y llamo

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Samuel Perez Millos

 

 

Apocalipsis 3:14-22Reina-Valera 1960 (RVR1960)

El mensaje a Laodicea

14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:

15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente!

16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la verg:uenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

21 Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

22 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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FAMILIA

Familia

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“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn. 2:24).

10350414_516436341790096_3737687015717083030_n-e1414331566657La familia es la unidad básica de la sociedad establecida por Dios mismo. Esta unidad está afectada por las circunstancias adversas que el pecado produce contra todo lo establecido por Dios. El matrimonio es, por tanto, una institución controvertida y en crisis. Sin embargo, el matrimonio como base y la familia como consecuencia adquieren una dignidad peculiar en razón de los valores con que fue investido por Dios mismo desde el principio de la humanidad. Es un estado de alta estima y valor, a la vez que frágil, a causa del pecado humano. La institución matrimonial, conforme al propósito de Dios, es para toda la vida de los cónyuges. El matrimonio es también una esfera de intimidad máxima en todos los órdenes. Quiero conducir a una reflexión sobre este asunto, que por su extensión tendré que dividirla en, por lo menos, dos veces.

El matrimonio es la base del hogar y de la familia. El término hogar, procede del latín focarem, lugar donde se coloca el fuego. El de familia, procede también del latín famula, que significa criado, dando una idea de servicio de unos hacia otros (Ef. 5:21). Uniendo los conceptos, el matrimonio debe expresar: unidad; convivencia (lat. convivium), una vida en común; cohabitación (lat. connubium), que tiene que ver con la esfera de la intimidad personal; consorte (lat. consortium), que significa compartir la misma suerte; vida en común (lat. conjugium), que significa aguantar bajo el mismo yugo, compartiendo juntos toda la problemática. Junto con esto calor entrañable de hogar y la ayuda mutua, vital en la relación.

El matrimonio es honorable para todos (He. 13:4). La prohibición del matrimonio como algo que contribuye a alcanzar mayor nivel de espiritualidad en el servicio es una enseñanza, que el apóstol Pablo califica de diabólica (1 Ti. 4:1-3). Afirmar que el celibato es un estado superior al matrimonio contradice la instrucción bíblica.

Acudiendo a la Palabra, única autoridad en materia de doctrina y ética, se aprecia que cuando Dios creó al hombre, lo hizo con la determinación de delegar sobre él la responsabilidad y privilegio del gobierno del mundo, capacitándolo para ello (Gn. 1:26). El el proyecto divino estaba en crear a un varón, primero, y luego a una mujer, procedente de esa primera creación (Gn. 1:27). No es verdad que haya creado a un ser en el que había hombre y mujer, que luego serían separados, como enseña el Taillardismo, contrario a la verdad de la Palabra. La revelación divina está orientada a una familia en la que el gobierno es compartido por el varón y la mujer, notándose el plural que la Escritura usa (Gn. 1:28).

La condición imperfecta en esa creación consistió en la presencia del varón solo, de ahí la observación divina: “no es bueno que el hombre esté solo” (Gn. 2:18). Eso marca un profundo contraste con lo que anteriormente dice Dios cuando observa la creación: “era bueno en gran manera” (Gn. 1:31). Toda la creación era buena incluyendo el propósito de la creación, tanto del hombre como de la mujer (Gn. 1:27). La presencia de un varón solo dejaba incompleto el programa divino para la humanidad. Dios acudió a la solución creando a la mujer (Gn. 2:2b-22). No fue para servir al hombre, para eso estaban los animales. No era para que gobernase sobre el hombre, ya que éste es la cabeza. La idea de ayuda idónea es la de un ser capaz de dialogar y mantener comunión en igualdad de condiciones.

El matrimonio es una institución divina (Gn. 2:24). Dios como Padre trae la mujer al hombre. Éste la recibe como un don divino (Pr. 18:22). La esposa, por tanto, ha de ser tratada como tal don (1 P. 3:7). El Señor aclaró que esa institución es un mandamiento del Creador (Mt. 19:4-6).

Dios establece la unidad matrimonial. Establece una relación exclusiva y excluyente: “El hombre… su mujer”. Cualquier otra relación con otro hombre o con otra mujer está excluida en el propósito de Dios. Establece también una relación reconocida: dejará. Los vínculos familiares anteriores se sustituyen por los de la nueva familia, creando otra unidad distinta. Esto no supone que se deje de “honrar padre y madre” (Ef. 6:2). Se establece también una disposición de entrega: se unirá. Cada una de las partes se entrega a la otra, pero en el texto comienza la obligación por parte del marido. Finalmente Dios establece una relación permanente: “serán una sola carne”. No está en la mente del Creador disolver la unidad matrimonial. Es más, esa relación no son dos yo, que se convierten en un nosotros, sino dos yo, que se convierten en otro yo. De manera que cuando se rompe la unidad matrimonial, no es un retorno de nosotros a otros dos yo, sino la muerte irremediable de un yo, que no puede resucitarse.

Un aspecto que se olvida hoy es el concepto de pacto matrimonial. Quiere decir que el matrimonio es el resultado de la decisión voluntaria de unión de un hombre y una mujer, aceptando lo establecido por Dios (Gn. 2:24). El garante del pacto matrimonial es Dios mismo (Mal. 2:13-14). Él se constituye en testigo de cargo contra quien rompa el pacto. El matrimonio es un convenio en el que Dios interviene. Pero algo más, el matrimonio es un estado sometido a juramento (Dt. 6:13), puesto se hace reconociendo y aceptando lo que Dios ha determinado. Por tanto es un pacto sagrado (Pr. 2:17), sin darle a esto un carácter sacramental como medio de gracia. La expresión más elevada del matrimonio es que Dios lo toma para referirse a Su relación con Su pueblo (Ez. 16:8), en el antiguo orden y de Cristo y la Iglesia en el nuevo.

El matrimonio no se basa en disposiciones humanas reguladas por leyes, sino en preceptos divinos. Se utilizan con frecuencia textos que enseñan sobre la institución matrimonial en el Antiguo Testamento (Gn. 1:27; 2:24). Esa misma fue la enseñanza de Jesús (Mr 16:6 s.; Mt. 19:4 s.), como también por el apóstol Pablo (1 Co. 6:16; Ef. 5:31). El matrimonio es, conforme a la enseñanza bíblica, la vida en común de un solo hombre con una sola mujer. No se contemplan, sino como pecaminosas, otras uniones diferentes. El Nuevo Testamento enseña la unidad del matrimonio mientras vivan ambos cónyuges (Ro. 7:2-3). De ahí que la relación matrimonial exija lealtad absoluta (1 Co. 7:2).

La normativa del Nuevo Testamento para la celebración del matrimonio, es también clara. No le confiere carácter sacramental, ni se establece como ordenanza para la iglesia, puesto que el matrimonio no es un aspecto religioso, sino una determinación soberana de Dios para la regulación de la sociedad humana. El poder civil es el que da testimonio del hecho y regula como debe celebrarse legalmente el matrimonio en el tiempo histórico de la ley. El creyente está obligado a la obediencia al poder civil y a las leyes que regulan el matrimonio (Ro. 13:1a). Los gobernantes regulan el aspecto de su celebración para que quede constancia del hecho, entendiendo que ejercen autoridad por delegación divina (Ro. 13:1-2).

El cristiano debe recuperar estas verdades sobre el matrimonio, en un mundo donde la institución atraviesa por una de las mayores crisis de su existencia. El divorcio ha tomado carta de naturaleza en la sociedad y, lo que es más lamentable, entre cristianos. Las leyes permisivas de los hombres han degradado la institución permitiendo uniones distintas a la que Dios ha establecido, absolutamente perversas no desde el punto de vista de la moral religiosa, sino desde la norma natural. Es urgente una aproximación a este vital tema que iremos abordando en sucesivos temas.

Samuel145x145Samuel Pérez Millos, es pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981.
-Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.
-Master en Cristología y Espiritualidad Trinitaria.
-Autor de más de 45 libros de teología, comentarios bíblicos y vida cristiana.
-Actualmente está produciendo el Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento, obra en veinte volúmenes, (ver apartado Literatura).
-Colaborador en programas de Radio y Televisión, tanto en España como en Hispanoamérica.
-En el Ministerio Exterior es conferenciante en distintos países de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Australia.
-Profesor en el Instituto Bíblico «Escrituras» (AA.HH.), profesor en la Escuela Evangélica de Teología (Fieide), profesor en la Facultad Internacional de Teología (IBSTE) de Barcelona.

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Iglesia victoriosa

Iglesia victoriosa

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Pastor: Samuel Millos

alimentemos_el_almaY viniendo Jesús á las partes de Cesarea de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros; Jeremías, ó alguno de los profetas. El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos. Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y á ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó á sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo. Mateo 16: 13-20

 

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CONSUELO LEGALISTA

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CONSUELO LEGALISTA

alimentemos_el_alma   La angustia de Job viene ahora de quienes debieran ser fuente de consuelo, los amigos. Le habían venido a visitar con ese propósito. Todos ellos son gente de poco discernimiento espiritual. Conocen la justicia de Dios, pero ignoran la gracia y la misericordia. A causa de esto fueron consuelo para Job en la primera semana, cuando estuvieron en silencio, pero espinas hincadas cuando comenzaron a hablar.\

       El problema surge de una incorrecta perspectiva sobre la causa de la aflicción. Amontonan contra él críticas, humillaciones y acusaciones. Es la dimensión propia del legalista que sólo ve problemas en el hermano y que tiene una limitada comprensión del Señor. Cree que Dios castiga por pecado y se olvida de que Él permite las pruebas. Así pensaban los discípulos cuando preguntaron a Jesús sobre el ciego de nacimiento: ¿Quién peco, este o sus padres para que naciese ciego? El legalista es sentencioso y condenatorio. El primero en hablar con Job fue Elifaz. Éste descansa en su propia experiencia. Es un hombre mayor que cree que lo sabe todo (15:10). En lugar de consolar predica. Considera que Job necesita un examen personal que le indique cual es la causa de la prueba. Le acusa de falta de fe y de impaciencia (4:5), aprovechando para decirle que está recibiendo lo que merece, porque Dios no es injusto para castigar al bueno, por tanto, si estaba en depresión y en prueba es porque no era justo como dice. El que acusa se considera un hombre espiritual con mucha experiencia (4:12-17); tuvo visiones (v. 13); aprendió que Dios no actúa incorrectamente (v. 17); por tanto la angustia vital era el resultado de una mala relación con Dios. Al que está en prueba se le recomienda que reconozca que es un castigo divino y que debe confesar su pecado para ser restaurado (5:27). Hay muchas veces, en la vida del que está sufriendo, consoladores sin entendimiento. ¡Dios nos libre de caer en el consuelo del legalista! Pero más aún: Dios nos libre de ser legalistas para otros juzgándolos sin piedad. Eso es un notable pecado.

       Tal vez estés en una situación semejante. Quiero dejarte una palabra de aliento. Deja de ver a los que te rodean y contempla a los victoriosos de la fe, todos zarandeados por el sufrimiento y las pruebas (He. 11:36-40). Mira sobre todo al Hijo de Dios. Ningún sufrimiento más injusto, humanamente hablando, que el suyo. El que “no conoció pecado” (2 Co. 5:21), está en la Cruz diciendo, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Pero también dijo: “… me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn. 16:32). ¡Que bendita seguridad! Como fue con Él será también con nosotros. La dificultad y la angustia son permitidas para fortalecer nuestra fe (1 P. 1:6-7). Siempre la aflicción será por un tiempo limitado. La Biblia es el medio de consolación y esperanza (Ro. 15:4). La lectura y meditación de la Escritura producirá en nosotros paciencia y consuelo, porque en ella promete Dios que “a los enlutados levanta a seguridad” (5:11). Refugiémonos en ella y encomendemos nuestra causa al Señor. Abramos hoy la Biblia, volvamos a ella, lloremos sobre sus páginas y encontraremos en ella cuanto necesitamos.

Señor, dame la paz de tu consuelo, la calma de tu aliento y el gozo de tu gracia.

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