7/27 – La ocupación terrenal de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

7/27 – La ocupación terrenal de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ocupacion-terrenal-de-cristo/

Leslie Basham: ¿Tienes hoy por delante alguna tarea de poca importancia? Nancy Leigh DeMoss te anima a hacerles frente para la gloria de Dios.

Nancy Leigh DeMoss: El trabajo es algo bueno cuando es hecho para la gloria de Dios. Antecede a la caída. ¿Lo sabías? El trabajo no es solo una consecuencia de la caída. En Génesis capítulo 2 versículo 15 dice, » Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara «-

El trabajo es una gran cosa; es algo hermoso para la gloria de Dios. Es una asignación de Dios para glorificarlo aquí en esta tierra.

Leslie: Has sintonizado Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Qué hizo Jesús en los años previos a su ministerio público, que comenzó a la edad de 30 años previos? Nancy Leigh DeMoss está a punto de abordar este tema.

Nancy: Estamos viendo al Cristo incomparable.  No hay nadie como Jesús —ni siquiera cerca—y estamos siguiendo Su trayectoria durante estas semanas previas a la Semana de la Pasión de Cristo y la Pascua, siguiendo el bosquejo de un libro titulado “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders, [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].

Estamos reflexionando y meditando sobre diferentes aspectos de la vida y del ministerio de Cristo. Espero que hasta ahora haya sido un estímulo para ti. Tenemos un largo camino por recorrer de Su vida, pero nos estamos tomando nuestro tiempo y solo meditaremos en Él y dejaremos que Él llene nuestras mentes con grandes pensamientos acerca de Sí mismo.

Ayer dejamos a Jesús a los 12 años, en el templo. Y no hay nada más descrito en las Escrituras acerca de Su vida hasta que Él tiene alrededor de 30 años. Así que la pregunta es: ¿qué estuvo haciendo durante todos esos años?

Cuando Él estaba en el templo a los 12 años, dijo que debía dedicarse a los asuntos de Su Padre. Así que una pregunta que podríamos hacernos es: ¿Estuvo dedicado a los  negocios de Su padre durante los 18 años «de silencio», o solo fueron estos «años desperdiciados» carentes de  sentido? ¿Estuvo Él en una especie de limbo desde los 12 hasta los 30 años, esperando que llegara la hora de darse a conocer públicamente y comenzar a dedicarse a los negocios de Su Padre?

¿Estaba trabajando en los negocios de Su padre a los 12? ¿Lo estaba haciendo a los 15? ¿Estaba ocupado en ellos a los 17? ¿Lo estaba a los 22? ¿O simplemente empezó a trabajar a los 30, cuando dio a conocer Su ministerio público?

Bueno, déjame decirte, en primer lugar, que Dios no desperdicia nada. Él no pierde el tiempo. Él no desperdicia la vida de Sus hijos. Y me permito sugerir que Jesús no estuvo menos comprometido con los negocios de Su Padre, haciendo la voluntad de Su Padre, durante esos 18 años comprendidos entre los 12 y los 30, de lo que estuvo durante Sus tres años de ministerio público. Se ocupó de los negocios de Su padre durante todos esos años.

Ahora, las Escrituras colocan una cortina sobre esos años 18 años,  no dicen nada, a excepción del hecho de que Jesús trabajaba en el negocio de carpintería de José. En el Evangelio de Marcos, capítulo 6, vemos cómo se conocía a Jesús. Esto fue escrito durante Su ministerio público, por los que estaban viendo Sus milagros, ellos dijeron: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María, y hermano de Jacobo, José, Judas y Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de Él (Marcos 6:3). “¿No es éste el carpintero?”  o el hijo del  carpintero.

En el libro “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders que estamos usando como referencia durante esta serie, Sanders señala que de todas las ocupaciones posibles que Dios pudo haber escogido para Su Hijo, Él dispuso que Jesús fuera un comerciante, un trabajador común, que trabajara con Sus manos.

Sanders dice que esto debió haber hecho que los ángeles se maravillaran—los ángeles que habían vivido con Jesús, con el glorioso Hijo de Dios, que es Dios mismo, que siempre estuvo con Dios, con el Creador del mundo—y ver que ahora Él viniera a la tierra, y no solo naciera en un pesebre, no solo haber sido un bebé, un niño 2 y 3 años de edad, un niño de 6 años de edad, un niño de 7 años de edad, un niño que tuvo que haber aprendido el alfabeto y hacer todas las cosas que tenía que hacer en Su camino hacia un desarrollo normal;  sino que también tuvo que crecer y convertirse en un comerciante, en un obrero, que trabajara con Sus manos. Esto debió de haber hecho que los ángeles se asombraran.

Pero el ver que Jesús era carpintero—que trabajaba con Sus manos;  que era un comerciante; un obrero—nos recuerda la nobleza y el carácter sagrado del trabajo realizado para la gloria de Dios. . . cualquier tipo de trabajo realizado para la gloria de Dios. Él santificó el trabajo, por así decirlo, incluyendo el trabajo manual o lo que algunos llamarían tal vez «trabajo doméstico”-

Eso tiene que ser alentador para aquellas de nosotras que tenemos, en algún aspecto de nuestra vida, un trabajo que pareciera insignificante. ¿Hay alguien aquí que tenga la responsabilidad de realizar labores domésticas? Hablamos de lo maravilloso que es ser madre, por ejemplo, pero hay muchas cosas de ser madre que no tienen nada de glamorosas. ¿No es cierto?

Tengo una pareja joven con un bebé recién nacido viviendo en mi casa. Están muy entusiasmados con este bebé.  Ellos aman su bebé, pero hay una gran cantidad de trabajo duro implicado en ser madre. ¿O no es así? Cambiar pañales y otras tareas de nuestra vida. Y dirás: «Sí, Nancy Leigh DeMoss, ella sí que tiene un trabajo increíble».

Hay personas que se acercan y me dicen: «Yo quiero hacer lo que tú haces». Bueno, lo que quieren decir es que ellas quieren hacer parte de lo que pueden ver que yo hago; que ellas piensan que sería divertido. Pero lo que ellas no saben es las largas horas de investigación que están envueltas. No saben lo que es tener una pantalla de computadora en blanco mientras estoy tratando de escribir un libro y al mismo estoy pensando, «no tengo ni idea de lo que voy a decir”… Pero estoy ahí trabajando y haciendo esfuerzos laboriosos para lograrlo.

Seguro sientes esto también en tu propio trabajo, en tu llamado, sea cual sea, y en tu vocación espiritual. Jesús santificó el trabajo—el trabajo duro, el trabajo manual, el trabajo difícil, el trabajo tedioso, y el trabajo rutinario— hecho para la gloria de Dios.

Él glorificó a Su Padre del cielo, trabajando con Sus manos todos esos años. Muchos piensan que es probable que tal vez  Él  haya tenido que mantener a Su madre y a los otros miembros de la familia después de la muerte de José.

Ves, Jesús, siendo un trabajador, siendo un carpintero. . . Él simplemente no fue de los 12 años a ser un rabí, a hacer milagros y a enseñar, de un momento a otro. Pasó años trabajando en el negocio de construcción de Su padre. Lo vemos afirmando lo que el resto de las Escrituras dicen acerca del trabajo.

El trabajo es algo bueno cuando es  hecho para la gloria de Dios. Antecede a la caída. ¿Lo sabías? El trabajo no es solo una consecuencia de la caída. En Génesis capítulo 2en el versículo 15 dice, » Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. »

El trabajo es una gran cosa: es algo hermoso hecho para la gloria de Dios. Es una asignación de parte de Dios para que lo glorifiquemos aquí en esta tierra. Y Jesús estaba haciendo eso con la carpintería o con la construcción. Tú lo haces, yo lo hago, de otra manera, pero se trata de algo que ha sido santificado.

En Primera a los Tesalonicenses capítulo 4 dice:

Os instamos, hermanos. . . que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila, y que os ocupéis de vuestros propios asuntos y trabajéis con vuestras manos… a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada. (V. 10-12).

En Segunda a los Tesalonicenses capítulo 3, Pablo dice:

Porque no obramos de manera indisciplinada entre vosotros,  ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con trabajo y fatiga [este es el apóstol Pablo hablando] trabajamos día y noche a fin de no ser carga a ninguno de vosotros. .   Porque aun cuando estábamos con vosotros os ordenábamos [les dimos este mandato]  Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.  Porque oímos que algunos entre vosotros andan desordenadamente, sin trabajar, pero andan metiéndose en todo.  A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo, que trabajando tranquilamente, coman su propio pan (vv. 7-12).

Lo haces sin mucho alboroto. Lo haces porque es tu llamado. No lo haces de mala gana. No lo haces con la esperanza de que todo el mundo se dé cuenta de que eres una gran trabajadora y te den palmaditas en la espalda o aplausos. Lo haces para la gloria de Dios y por amor a Cristo. Y eso fue lo que Jesús modeló.

En Hechos capítulo 20 Pablo dice: «Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo» (v.34). ¿Cuál era el trabajo de Pablo? Fabricar tiendas. Él viajaba; plantaba iglesias, escribía epístolas, pero se estaba ganando la vida mientras hacía eso. Él dice:

En todo os mostré que así, trabajando [trabajo duro —el trabajo no se supone que sea fácil —es duro], debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:34-35)

Estamos trabajando no para recibir, en última instancia, sino para tener que compartir con los demás.

Primera a Timoteo capítulo 5, versículo 8:

“Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo”.

Jesús siempre estuvo trabajando. Él no empezó a trabajar cuando llegó al taller de carpintería de Su padre. Siempre había estado trabajando con Su Padre Celestial. Lo vimos antes en esta serie, en Proverbios capítulo 8: «cuando señaló los cimientos de la tierra, yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto.» (vv. 29-30).

Jesús dijo en Juan capítulo 5: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo también trabajo» (v. 17). Siempre estaba trabajando—trabajaba con Su padre, trabajaba con Sus manos, trabajaba para cumplir la voluntad de Su Padre.

El punto es que durante estos años, de los 12 a los 30 años, en los que  las Escrituras no dicen realmente nada, excepto que fue  conocido como el carpintero, Él no estuvo ocioso. Él no era perezoso. No estuvo simplemente pasando el rato hasta que le llegó el momento de entrar en el ministerio público. Demostró el honor de hacer un trabajo productivo para la gloria de Dios.

Como Oswald Sanders dice en este libro, «si para el Hijo de Dios no fue algo indigno el trabajar como un artesano, por tanto no es algo indigno para ninguno de Sus hijos » (p. 70).

Jesús nació en una familia de clase trabajadora y pobre. El trabajo no era una opción para esta familia. Pero, al trabajar duro, Jesús participó de nuestra humanidad. Se identificó con los trabajadores comunes. Al experimentar el tedio, los desafíos, la laboriosidad del trabajo duro, Él llevó la maldición puesta sobre Adán, de que iba a comer el pan con el sudor de su frente. Esa fue parte de cómo Él soportó la maldición de la caída.

El problema es que lo que para nosotros tiene valor e importancia difiere de lo que Dios considera significativo, importante y valioso. Tendemos a medir el valor de lo que hacemos en términos de visibilidad, de alcance—lo enorme que es, cuán grandioso es, lo impresionante que es, del impacto que tiene sobre los demás. Dios no mide de esa manera.

Dios no está realmente impresionado con la cantidad de personas que escuchan este programa o con cuántas personas leen mis libros. Lo que quiere saber es: ¿Si soy fiel en mi trabajo? ¿Si soy obediente en hacer cualquier tarea que me hayan dado para hacer en este día?

Mira, en la voluntad de Dios, el trabajo común no Lo glorifica menos, no es menos significativo, no es menos necesario, que cualquier tipo de ministerio público, o que los actos o logros más impresionantes del ministerio. Ministrar de manera directa las vidas de las personas no es más impresionante, no tiene más valor para Dios que lavar los platos, si ese es tu llamado en un momento determinado del día, o lavar la ropa o hacer alguna otra labor doméstica, tediosa.  Todo es para la gloria de Dios, y eso es lo que lo hace noble.

El hecho de que Jesús pasó muchos años haciendo un trabajo que muchos no considerarían noble o inspirador, debe animarnos a ser fieles en el cumplimiento de las tareas y rutinas normales de nuestras vidas, y hacerlas con fidelidad, con gozo—a pesar de que nadie más nos pueda ver y aplaudir el trabajo que estamos haciendo. No lo estamos haciendo para los hombres. ¿No es así? ¿Para quién lo estamos haciendo? Para el Señor. Lo hacemos como para Él.

Así que vemos que Jesús pasó la mayor parte de su vida adulta trabajando como un comerciante, y solo tres años en el ministerio público. Los años anteriores no fueron los que sacudieron el mundo, a nuestra manera de ver las cosas, pero fueron vitales para la preparación de Su ministerio público.

Así que yo solo te animo a dejar que Dios determine la naturaleza y el alcance de tu servicio en cada etapa de la vida. Deja que Él te de la descripción de tu puesto, y luego hazlo para la gloria de Dios. Y no tengas prisa por un ministerio más amplio y visible.

Hay mujeres que vienen a mí, madres jóvenes diciendo. . . “Quiero estar en el ministerio.» Y yo me digo a mí misma, «¿En qué crees que estás? Tienes niños de 2 y 5 años de edad. ¿No es este un ministerio? Tienes un ministerio de tiempo completo. Estás en el ministerio a tiempo completo de formar y moldear esas jóvenes vidas”.

Dices: «Bueno, Dios no me ha bendecido con hijos. Estoy trabajando en esta oficina en un puesto administrativo. “Entonces hazlo para la gloria de Dios y date cuenta de que ese es tu ministerio. Ejercer tu vocación de acuerdo a la voluntad de Dios es lo que glorifica a Dios y refleja Su gloria en este mundo.

Si Dios ha puesto en tu corazón que le sirvas de otras formas, no tengas prisa. Date cuenta de que Dios te está preparando. Te está madurando. Espera  Su tiempo. Serás más eficaz a largo plazo si dejas que Dios te dé el ministerio que Él quiere que tengas, en lugar de perseguir o aspirar a tener más ministerios. Dios nos ha dado a ti y a mí en este momento tantos ministerios como Él nos ha equipado para manejar. Así que llévalo a cabo con gozo.

Quiero tocar en los minutos que nos quedan otro aspecto de la vida adulta de Jesús que no escuchamos mencionar frecuentemente, y es el hecho de que Él permaneció soltero durante toda su vida terrenal. Vamos a meditar juntas en esto por unos minutos.

Jesús nunca experimentó la compañía de una mujer. A través de todos los desafíos de la obra y del ministerio, a través de todas sus pruebas y juicios, Él nunca conoció el consuelo, el estímulo y el apoyo que tener una compañera le podría haber proporcionado. Además, Él nunca conoció la bendición de tener hijos propios. Los hijos que Él amo eran hijos de otros.

Dirás: «Bueno, Él era Dios, por lo que no necesitaba el matrimonio, Él no necesitaba niños. «Bueno, el hecho es que Él también era completamente humano. Él era un hombre. Él tenía, los deseos y anhelos humanos normales. Las Escrituras nos recuerdan que en todos los aspectos, Él «fue tentado como nosotros» (Hebreos 4:15). Pero, Él no peco.

Cuando miramos a Jesús, tenemos que asumir que tenía deseos humanos naturales, pero no hizo ídolos de sus anhelos. No permitió que sus deseos naturales se convirtieran en exigencias. Sabemos que asistió a bodas. Sabemos que Él iba a fiestas, a cenas, a banquetes. Sabemos que vio a Sus amigos y compañeros disfrutando, primero el regalo del matrimonio y luego el regalo de los hijos. Pero también sabemos que Él nunca cedió a la autocompasión. Nunca se resintió con Dios, Su Padre Celestial, por no haberle dado esos dones.

Sabemos que Él permaneció moralmente puro a través de Sus años de joven adulto, hasta sus 30 años, confiando en Su Padre para satisfacer sus necesidades, incluso (me atrevería a decir) las necesidades sexuales. Esto puede sonar un poco falta de respeto, hablar de un Jesús con deseos sexuales. Pero solo diré esto: no conozco todos los misterios de esto, pero sé que Él era un ser sexual.

Él era un hombre, y confió en Su Padre para satisfacer todas las necesidades  —de compañerismo, de amistad, de satisfacción de los deseos humanos. No lo irritó Su estado de soltería, sino que lo aceptó totalmente,  se deleitó en la voluntad y en el llamado de Dios para Su vida y en todo lo que ello conllevaba, y para Jesús, eso significó estar soltero.

El Jesús abrazar el llamado de Dios para Su vida —la soltería —era a la vez un acto de sumisión a la voluntad del Padre, así como un acto desinteresado de amor a aquellos a quienes vino a servir—eso somos nosotras . Él estaba dispuesto a renunciar a muchos de los placeres normales y buenos — placeres santos— que la mayoría de la gente disfruta, para redimirnos de nuestros pecados.

Él sabía que Su vida en esta tierra sería breve y que Él tendría toda la eternidad para disfrutar de la plenitud del gozo y de los placeres que se encuentran a la diestra de Su Padre. De manera que Él estuvo dispuesto a pagar el precio aquí. Él sabía que el gozo estaba puesto delante de Él, de manera que Él soportó. Él soportó no solamente la cruz física, el sufrimiento de la crucifixión y todo lo que esto conllevó, sino otros tipos de cruces a lo largo del camino, incluyendo tal vez todo este asunto de la soltería. ¿Podría haber sido eso una cruz para Él como lo es para algunas que nos escuchan hoy?

Pero seas soltera o no, hay momentos en los que te sentirás muy sola,  necesitada de tener a alguien con quien compartir lo que hay en tu corazón,  tus necesidades y tus anhelos más profundos. Me encontré en las últimas semanas enfrentando algunos retos bastante pesados ​​de este ministerio. No son malos. Son solo difíciles. Y ha habido algunos momentos en los que me sentí muy, pero muy sola. Me hubiera gustado que alguien llevara la carga conmigo.

Ahora, déjame decirte esto: no estoy sola. No solo tengo al Señor, sino que  tenemos un equipo increíble, y  llevan la carga de muchas maneras. Pero hay noches en las que no están allí. Tú estás allí sola, una mujer soltera, quizás una mujer casada con un marido infiel, llevando sola alguna carga que nadie más puede llevar contigo. Ha habido momentos en que he pensado: » ¿Dónde va un líder cuando desea llorar? ¿Quién llevará la carga por mí, o conmigo? ¿Quién está conmigo en estos tiempos?»

Y pienso que otras líderes cristianas. Se van a casa con sus compañeros, y hablan de las cosas por las que están pasando y cargando. Y ha habido momentos en los que he pensado, «¿A dónde voy yo? ¿Quién llevará esta carga conmigo?” Por momentos, he deseado tener a alguien que realmente me entienda.

Ahora, no te digo esto para que sientas pena de mí. Te digo esto porque quiero que sepas que en esos momentos de soledad en que siento necesidad, me acuerdo, y como hemos venido diciendo en esta serie, me acuerdo, que tengo un Salvador que entiende, que ha recorrido el camino delante de mí y camina conmigo. Él ha estado allí. Él es incomparable. No hay nadie como Él.

Así que, amiga solitaria, hermana soltera, mamá luchadora, déjame animarte a recibir el amor de tu Padre Celestial, a abrazar Su voluntad y Su llamado para esta para toda época de tu vida, deja que Él te sostenga con Su gracia. Confíale a Él esos anhelos insatisfechos. Derrama tu vida por los demás.

Y recuerda que esta vida es tan corta. Así que fija tu mirada en el día en que se secarán todas las lágrimas,  cada esperanza y anhelo se cumplirán ya que estaremos unidas a Cristo, nuestro amado esposo, por toda la eternidad. Vale la pena la espera.

Leslie: Hemos escuchado las palabras de Nancy Leigh DeMoss y quizás estamos enfrentando diversas cargas hoy. Las verdades que acabamos de escuchar acerca de Jesús nos pueden dar a cada una de nosotras una perspectiva eterna. Esta enseñanza es parte de una serie llamada, El Cristo incomparable. Para escuchar todos los programas que te pudiste haber perdido de la serie hasta el momento, solo visita AvivaNuestrosCorazones.com

Nancy concibió esta serie hace un año, cuando leyó un libro clásico también llamado “El Cristo incomparable”. Esto la condujo a este valioso estudio bíblico de la vida de Jesús.

Nancy: El haber leído ese libro clásico de Oswald Sanders el haber preparado esta serie, me ha ayudado a ver a Jesús con nuevos ojos. Ha sido un gozo reflexionar sobre diferentes aspectos de Su vida en  los que nunca antes me había  centrado por  mucho tiempo. Hay mucho valor en el estudio de la Palabra de Dios, y estoy muy agradecida por la oportunidad de enseñar Su Palabra cada día en Aviva Nuestros Corazones.

Una mujer llamada Tracy escribió para decirnos lo mucho que aprecia la forma en que la hemos animado a escudriñar la Palabra de Dios. Ella escucha Aviva Nuestros Corazones de camino al trabajo, y ella lo llama  «una vitamina espiritual que necesito para ser una luz para los socios con los que trabajo y con los clientes que visito”. Me gusta eso — «una vitamina espiritual”.

Bueno, Tracy sigue diciendo, «Gracias por permitir que Dios te use para ministrar, para que podamos tener una relación más cercana con Dios y compartir Su amor con los demás. »

Estoy muy agradecida por las oyentes que Dios está utilizando para ayudar a que este programa sea posible. Podemos estar en el aire en tu comunidad, ofreciéndote esta ‘vitamina espiritual’  diaria, gracias a las oyentes que generosamente ofrendan para este ministerio.

Si deseas apoyar este ministerio y ser parte de lo que Dios está haciendo, llama para hacer tu donación de cualquier cantidad. Llámanos al 1-800-569-5959, o haz tu donación en AvivaNuestrosCorazones.com

Leslie: Jesús era perfecto y no tenía necesidad de mostrar ningún arrepentimiento. Entonces, ¿por qué necesitó ser bautizado? Nancy explorará en nuestro próximo programa, el lunes el bautismo de Jesús. Por favor, te esperamos de vuelta en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

6/27 – La juventud de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

6/27 – La juventud de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-juventud-de-cristo/

Nancy Leigh DeMoss: En los últimos años hemos visto un fenómeno cultural que ha sido llamado  adolescencia extendida.

Leslie Basham: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: ¿Has escuchado alguna vez este término? Adolescencia extendida,  se refiere a personas que no han crecido o madurado. Hay cierto número de personas que han estado hablando sobre esto. Ha estado tanto en el pensamiento secular como en el pensamiento cristiano. Al Mohler, por ejemplo, quien es el presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur en Louisville, Kentucky, tiene un blog. Él ha estado hablando sobre esto en varias ocasiones. Él dice, por ejemplo,

La transición hacia la edad adulta solía ser una de las principales metas de la juventud. La vida adulta era vista como un estatus digno de alcanzar y era entendida como un conjunto de responsabilidades dignas de cumplir. Al menos, esta era la forma en que solía ser. Ahora, una generación entera parece estar viéndose a sí misma encerrada en las garras de la eterna juventud, sin querer o sin poder crecer.

La preocupación sobre este fenómeno se ha ido construyendo desde hace algún tiempo. Los Baby-boomers [la generación entre 1940 y 1969] que son padres están perplejos cuando sus hijos en edad adulta regresan a vivir a su casa, fallan en encontrar un trabajo y parecen no tener prisa en casarse. Claro que en la actual generación de adultos jóvenes se incluyen excepciones espectaculares que rápidamente han entrado en la plenitud de la responsabilidad adulta,  la generación en general parece que estuviera esperando que algo suceda— ¿quién sabe qué? 1

Leslie: Estás sintonizando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa en la serie llamada El Cristo incomparable, siguiendo el bosquejo del libro de  Oswald Sanders  [The Incomparable Christ – disponible en inglés].

Hoy daremos una mirada a la vida de Jesús. Él es un buen ejemplo para contrarrestar la tendencia hacia la adolescencia extendida.

Nancy: Mientras pensamos sobre este fenómeno llamado adolescencia extendida, de personas que no crecen, pienso en el contraste que tenemos en Cristo—El Cristo incomparable a quien hemos estado considerando durante toda esta temporada previo a la Semana Santa, de la Pasión de Cristo, el Viernes Santo y la Pascua.

Permítanme invitarles a ir a sus Biblias al Evangelio de Lucas, al capítulo 2. Queremos ver un incidente en la juventud de Cristo, el tiempo que hoy pudiéramos llamar Su adolescencia o años de adolescente.  Este es Jesús a los 12 años de edad. Muchos de ustedes están familiarizados con esta historia, pero espero que hoy podamos encontrar algunas ideas frescas que nos recuerden lo verdaderamente único que es Jesús.

Jesús tiene 12 años. Se encuentra al final de su infancia y está en la transición hacia convertirse en un hombre. Veamos el versículo 41, en el capítulo 2, de Lucas: “Sus padres acostumbraban ir a Jerusalén todos los años a la fiesta de la Pascua. Y cuando cumplió doce años, subieron allá conforme a la costumbre de la fiesta.”

Ahora, no sabemos si esta era la primera vez que Jesús iba a Jerusalén con Sus padres. Es muy posible que Él haya ido en los años previos, pero esta es una etapa significativa porque Jesús ahora está alcanzando la edad en la cual los jovencitos Judíos llegaban a ser miembros plenos de la comunidad religiosa del judaísmo. Durante esta etapa, de los 12 a los 13 años de edad, los niños  serían instruídos en los caminos de Dios y en la Palabra de Dios, y serían recibidos en el judaísmo, como lo que se llamaba un “hijo de la Ley”.

Cuando ellos llegaban a ser un “hijo de la Ley,” lo cual ahora es celebrado como un Bar Mitzvah, esto significaba que era un joven judío, y ahora era un hombre adulto, responsable ante Dios por su propio crecimiento y desarrollo espiritual. Ya no eran más niños bajo el liderazgo y protección de sus padres. Ahora ellos se estaban moviendo hacia la adultez y eran responsables por sí mismos de obedecer a Dios.

Así que Jesús a esta edad, en la que Él se convierte en un miembro pleno de la comunidad religiosa del judaísmo, va con Sus padres en el tiempo de la Pascua a adorar en el templo. Versículo 43: “y al regresar ellos, después de haber pasado todos los días de la fiesta, el niño Jesús se quedó en Jerusalén”.

Puedes ver esta transición entre ser un niño y un hombre. Él está justo en esa etapa. Él se quedó en Jerusalén, pero “sin que lo supieran sus padres, y suponiendo que iba en la caravana, anduvieron camino de un día, y comenzaron a buscarle entre los familiares y conocidos. Y al no hallarle, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que después de tres días le hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas”. (vv. 43-46)

Así que aquí nos hacemos una idea acerca de Jesús, en este tiempo que podríamos llamar etapa adolescente, este periodo de transición entre niño y hombre. Vemos esto en Su corazón, un hambre por la verdad, un deseo de conocer; una inclinación de Su corazón a crecer espiritualmente, a crecer en sabiduría, de conocer a Dios. Esto era en lo que Él estaba interesado.

Él se quedó en el templo hablando con los ancianos, hablando con estos líderes porque ahí era donde estaba su corazón, hacia donde Él se inclinaba. Eso era en lo que Él estaba interesado. Nadie le dijo,  “Ok, es tiempo de interesarte en las cosas espirituales”. Era ahí donde estaba su corazón. Es la clase de corazón, que dicho sea de paso, tú quieres que tus hijos tengan, ¿o no es así?, mientras ellos van de su niñez hacia su adultez. Ves a Jesús teniendo un espíritu humilde, un espíritu enseñable. Piensa sobre esto: Él era Aquél cuya Palabra ellos estaban estudiando. Él era Aquél que había creado a todos estos maestros.

Proverbios dice “el que escucha consejos es sabio”. (Ver 12:15). Vemos a Jesús mostrando esto. A pesar de que, como Dios, Él era omnisciente; como hombre Él estaba mostrándonos lo que es tener un espíritu humilde, enseñable y crecer en sabiduría.

Y luego dice en el versículo 47: “Y todos los que le oían estaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas”. Así que Él estaba involucrándose con estos líderes. Él estaba escuchando; haciendo preguntas, pero incluso Sus preguntas y luego Su diálogo con ellos daba muestras de alguien que tiene una madurez excepcional.

Pero es fácil mirar este pasaje y decir, “Claro, Él era Dios. Él tenía todas las respuestas”. Pero ten en mente, que Él no está usando su divinidad en este momento. Él está viviendo, funcionando y creciendo como un hombre, mostrándonos lo que se supone que debe ser para todos nosotros y lo que puede ser cuando crecemos con el favor y la gracia sobre nosotros así como vimos en la última sesión anterior que era verdad en Jesús.

Se supone que se tenga madurez y sabiduría a la edad de 12 o de  15 ó 17 y 27. De nuevo, no puedes tener la misma sabiduría a los 7 años que la que tendrás a los 27 años, pero debería haber una madurez y un crecimiento en las cosas de Dios y la habilidad de dialogar sobre asuntos serios y eternos de una forma coherente.

Esto es lo que estos líderes están viendo en Jesús. Él no tiene, como hombre, todo el conocimiento hasta ese momento, pero Él mostró una madurez. Él mostró una inclinación hacia la verdad y una aptitud hacia la verdad, y ellos estaban asombrados con esto.

Ahora, ¿de dónde venía ese entendimiento? Una de las cosas que me pregunto al pensar sobre Jesús en el templo a esta edad y al pensar acerca de sus 12 años—estaría en edad de escuela intermedia más o menos, los alumnos de intermedia no son conocidos por su sabiduría o por su revelación y su madurez.  Bueno, una pregunta que me hago a mi misma es: ¿Qué rol tuvo Su madre en enseñarle desde la infancia a través de su niñez?

Sabemos que María conocía la Palabra de Dios. Ella la amaba. En el Magníficat que oró en Lucas, capítulo 1, ella citó docenas de Escrituras del Antiguo Testamento, en una época en que las mujeres no eran enseñadas a leer o a escribir en la mayoría de los casos. Ella conocía la Palabra de Dios por repetición verbal y el paso oral de la Palabra.

Ella debió de haber estado hablando estas Escrituras, estas alabanzas, estas oraciones, estos pasajes de las Escrituras del Antiguo Testamento a su Hijo mientras Él estaba creciendo. Ella era una mujer que meditaba en los caminos de Dios, ¿lo recuerdan? Se nos dijo que ella guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba en ellas (ver Lucas 2:19).

  • Ella era una mujer que meditaba.
  • Era contemplativa.
  • Ella no estaba siempre hablándose a sí misma.
  • Ella sabía cómo escuchar la voz de Dios.
  • Ella sabía cómo responder a la inspiración del Espíritu de Dios en su corazón.

Y qué influencia debió de haber tenido esto en el pequeño Jesús.

¿Quieres tener adolescentes sabios? Un gran paso hacia esto sería que tuvieran mamás sabias, papás sabios, mujeres que están escuchando al Señor, padres que están escuchando al Señor. Ahora, esto no significa que tus hijos nunca harán nada tonto, que ellos nunca pecaran, o que si ustedes son padres piadosos y sabios sus hijos serán siempre piadosos y sabios.

Tus hijos no son Jesús. Tú sabes esto. No tengo que decírtelo. Pero lo que pienso es que hay una visión aquí de que la sabiduría de los padres ayuda a cultivar una atmósfera en el hogar que conduce a los hijos a crecer y a llegar a ser sabios.

Pero Su madre no puede tomar todo el crédito, ni ella querría tomar el crédito por como Él pudo tener esta sabiduría y este entendimiento. Por sobre todo, sabemos que fue el impacto del Espíritu de Dios dándole esta sabiduría.

Leemos en Isaías en el capítulo 11, versículo 2, un pasaje profético sobre el Mesías. Este es un pasaje que pienso nos da la idea de Jesús en el templo a los 12 años. Dice, “Y reposará sobre Él el Espíritu del SEÑOR, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR.”

¿Dónde comienza esta sabiduría? De acuerdo con Proverbios capítulo 1, “El temor del Señor es el principio de la sabiduría” (v.7). Así que el Espíritu Santo estuvo trabajando en la vida de Jesús. Ahora, Padre, Hijo y Espíritu, ellos son uno, pero ellos son distintos. No podemos entender esto completamente, pero lo aceptamos como una verdad. Y sabemos que el Espíritu Santo había estado derramando favor y gracia sobre el niño Jesús.

Cuando el Espíritu del Señor reposa sobre nosotras, cuando el Espíritu del Señor reposa sobre tus hijos, tus nietos, ellos tendrán sabiduría y entendimiento, consejo y poder, conocimiento y el temor del Señor.

El versículo 48 dice: “Cuando sus padres le vieron, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has tratado de esta manera? Mira, tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia. Entonces Él les dijo. . .» Este es el primer registro de palabras provenientes de los labios de Jesús que tenemos en las Escrituras. «Entonces Él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre?’”—o como dice en algunas de sus traducciones “Debo estar en los negocios de mi Padre’” (vv. 48-49).

Es como si Jesús estuviera diciendo, ¿No saben que yo debería estar en el templo? Es donde pertenezco, es donde encajo.  Es donde está  mi corazón. Es donde prefiero estar, cerca de las cosas de Dios.

Estoy muy agradecida de haber tenido unos padres que realmente nos alentaron en las cosas de Dios, a querer estar cerca de las cosas de Dios. Pero también estoy muy agradecida por el Espíritu Santo, quien, desde que yo era una niña pequeña, me dio un corazón interesado en las cosas espirituales. Yo no puedo tomar ningún crédito por ello. Le debo dar a mis padres mucho del crédito, pero mis padres no podrían tomar este crédito, tampoco. Ellos dirían,  “Esto es la obra de la gracia de Dios”.

Pídele a Dios que haga esto por tus hijos. No esperes que el Espíritu de Dios le de a tus hijos un hambre mayor por las cosas espirituales que tú tienes. Si lo que tú amas son las películas mundanas y los libros y revistas y amigos y actividades sociales y seculares—si esto es lo que tú amas y llenas tu vida con estas cosas, entonces no te sorprendas cuando tus hijos no estén implorando por tener influencia espiritual en sus vidas.  Así que es el trabajo de padres piadosos; y es también el trabajo del Espíritu de Dios.

Ahora, cuando Jesús dijo “¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre, o en los asuntos de mi Padre?,” Claramente, para este momento,  Él estaba consciente de que era el Hijo de Dios. No sabemos en qué momento vino esta conciencia a Él como ser humano, pero sabemos que estaba ahí cuando tenía 12 años.

Y de nuevo repito, tus hijos no son Jesús, pero quiero decirte que el Espíritu de Dios puede dar a tus hijos una seriedad acerca de su relación con Él a una edad más temprana de lo que muchos padres pueden darse cuenta. Y esto es algo para lo cual debemos creerle a Dios, orarle y pedirle que lo haga.

Ahora, aún a esta joven edad, una vez más recordemos que estamos hablando de un joven en edad de escuela intermedia, Jesús estaba viviendo lo que leemos proféticamente en el Salmo 69, en el versículo 9: “El celo de tu casa me consume”.

Este fuego estaba en Él, esta pasión y este deseo por la casa de Dios, por la cosas de Dios. Para este momento, ya Él se había dado cuenta de que Su verdadero hogar no era donde Él había crecido físicamente en Nazaret, sino en el templo donde Su Padre Celestial vivía.

“Debo estar en la casa de mi Padre. En los asuntos de mi Padre.” Y aquí vemos que Jesús tenía un sentido de responsabilidad y de obligación hacia Su Padre, a la edad de 12 años. “Debo. Estoy llamado a esto. Fui apartado para esto. Esto es una obligación. La prioridad de Mi vida es servir a Mi Padre Celestial, estar en sus asuntos”.

Aquí tenemos a Jesús, quien había crecido en el negocio de carpintería de Su padre terrenal, pero Él está diciendo “Mi Padre Celestial tiene un negocio, y yo soy llamado a ser parte de este negocio. Esto es lo que yo tengo que estar haciendo, donde yo debo estar sirviendo”.

La palabra ‘debo’ es una palabra interesante de trazar a través de los evangelios, particularmente a través del evangelio de Lucas, donde estamos leyendo justo ahora. Si tú tomas un comentario y miras esta palabra, debo, y le sigues la pista a través del evangelio de Lucas, verás esta divina compulsión en la vida de Jesús.

Permíteme leerte algunos de estos versículos:

Lucas 4, versículo 43: “[Jesús], Él les dijo: También a las otras ciudades debo anunciar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto yo he sido enviado.”

Lucas 9, versículo 22: “El Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día”. Había una sensación de compulsión, de obligatoriedad sobre su venida a esta tierra, no solo para vivir, sino para morir por los pecados del mundo.

Capítulo 19, versículo 5 de Lucas: “Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa”. Él tenía un sentido de Su llamado, misión y obligación sobre ministrar a aquellos que el Señor ponía en Su camino.

Luego Lucas 24, versículo 44: “…Era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.”

Lo cual me lleva a preguntar: “¿Está en mi corazón, está en  tu corazón que debemos hacer la voluntad de nuestro Padre? No en el sentido de que tenemos que hacerlo y lo estamos haciendo de mala gana. Sino en el sentido de que nos encontramos bajo una compulsión divina, y nos deleitamos en hacer aquello para lo que Él nos ha llamado y es Su voluntad en nuestras vidas.

¿Estoy resuelta a hacer aquello que Él me ha enviado a hacer, aquello para lo que Él me ha llamado? ¿O lo considero algo opcional?  

Yo sé lo que es argumentar con el Señor, tristemente, sobre cosas que yo siento que Él me está llamando a hacer, pero que algunas veces son muy duras. Algunas veces prefiero no hacerlas. Algunos aspectos de mi trabajo son terriblemente aburridos, y yo preferiría no hacer esas cosas. Algunos aspectos de tu trabajo son terriblemente aburridos.

Si eres mamá por ejemplo, hay algunos aspectos de tu llamado que son realmente duros. Si tú estás sirviendo al Señor trabajando en el ambiente de un trabajo secular, o si estás en una institución académica secular tratando de ser luz ahí… Hay cosas duras en el llamamiento de cada vida. Pero sientes un sentido de ‘deber’, un sentido de “debo estar en la casa de mi Padre; debo estar en los negocios de mi Padre”.

Así que, ¿he resuelto hacer aquello que Dios me ha llamado a hacer, o, batallo con esa idea? ¿Lo considero opcional, algo que puedo escoger hacer si quiero hacerlo, pero que puedo decir “no” si  me inclino a ello o si lo encuentro demasiado difícil? Mientras seguimos al Salvador, hay este sentido de divina compulsión “Debo estar en los negocios de mi Padre”.

Me encanta enseñar la Palabra de Dios, pero hay aspectos que son duros. Como a la 1 en punto de la mañana, cuando estaba tratando de terminar esta sesión y meterla en mi cabeza, y estoy allí cansada y pensando, “No voy a dormir mucho” pero había un sentido de que “Dios me apartó y me llamó para esto, y es un privilegio”. Es una obligación, pero es también un privilegio.

Pues bien, el versículo 50 de Lucas, capítulo 2 dice: “Pero ellos no entendieron las palabras que Él les había dicho. Y descendió con ellos y vino a Nazaret, y continuó sujeto a ellos. Y su madre atesoraba todas estas cosas en su corazón” .(vv. 50-51)

Jesús expresa Su sumisión a Su Padre Celestial al estar sujeto a Sus padres terrenales. Ser un seguidor de Cristo no nos hace libres de nuestras responsabilidades—en nuestros hogares, con nuestras familias, con nuestras relaciones humanas. Lo que debería es hacernos mejores miembros de nuestra familia y mejores amigos.

El seguir a Cristo y obedecerle en el contexto de la vida real no son metas en conflicto. Como, “No puedo ser espiritual porque tengo que cocinar el desayuno para mi familia.” ¡No! Ser espiritual puede significar cocinar el desayuno para tu familia—viviendo el llamado de Dios para tu vida. Así es como agradamos y servimos al Señor.

Así, al crecer de niño a hombre, Jesús mostró un apropiado respeto y obediencia a ambos, a Su Padre celestial y a Sus padres terrenales.

Y luego el versículo 52.  Y me encanta este versículo, dice, “Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”.

Ahora, regresemos un momento al versículo 40, que nos dice “y el niño crecía” Ahora es una palabra diferente. El primero dice, “el niño crecía”… durante estos primeros 12 años, Él creció. Los siguientes 18 años, de los 12 a los 30, dice que “Jesús crecía en sabiduría”. En algunas de sus traducciones dice que “Él seguía creciendo.”(DHH)

La palabra que se usa aquí, en esta segunda oportunidad, según un comentarista, es derivada de los pioneros derribando árboles en el camino frente a ellos, abriendo camino a través de los bosques. Esto significa, cortar hacia adelante, superar para seguir tu camino, abrirte paso hacia adelante. El término seguía creciendo significa ser intencional acerca de su crecimiento. Los primeros 12 años, el niño crecía. Él simplemente crecía. Pero los siguientes 18 años, Él avanzaba, progresaba. La idea aquí es de una actividad extenuante, siendo intencional en lugar de un desarrollo pasivo.

Y que palabra esta,  mientras pensamos en todo este asunto de la adolescencia extendida… Nos damos cuenta de que el corazón de Dios es que crezcamos de la niñez a la vida adulta no solo físicamente, sino emocional, espiritual, psicológica, e intelectualmente. Hacemos esto durante los años de adolescencia, siendo intencionales en lo relativo al crecimiento.

Esto es algo con que retar a tus hijos, haciéndoles saber que esos años de adolescencia no son años solo para participar en actividades sin propósito en tu camino por la vida, o simplemente jugando juegos de video. Los niños que hacen esto durante todo su paso por los años de adolescencia, seguramente lo harán al llegar a los 20 y a los 30. Luego ellos probablemente se casarán con una pareja que les dirá “¿Por qué nunca creciste?”

Así que vemos en Cristo un patrón para crecer, para avanzar, para desarrollarse—no para estar estático, no para estar estancado, no para quedarte en el mismo lugar, sino ir en  aumento, ir creciendo, y ser intencional acerca del crecimiento espiritual.

Esto trae a mi mente, mientras miro la juventud de Jesús, ese maravilloso versículo en Proverbios capítulo 4, versículo 18, que dice: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día.”—creciendo, avanzando, incrementando, madurando en santidad, en sabiduría, en el temor del Señor; convirtiéndose en jóvenes y luego en luego adultos quienes aman al Señor apasionadamente, quienes le temen, quienes le sirven, quienes le siguen con todo su corazón.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado proyectando una visión para los padres—que enseñen a sus hijos a crecer en sabiduría.

Usualmente no escuchamos mucho sobre la adolescencia de Cristo, por lo que la enseñanza de hoy ha sido fascinante. Esto es parte de la serie llamada, El Cristo incomparable. Nancy está siguiendo un bosquejo a partir del libro de Oswald Sanders, también llamado El Cristo incomparable.

Bien, por años Jesús pasó Su tiempo como un artesano. Él era un obrero. Su vida muestra que el trabajo duro puede ser santificado cuando es hecho para la gloria de Dios. Nancy lo discutirá en el próximo programa de El Cristo incomparable. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1  http://www.albertmohler.com/2005/08/19/what-if-there-are-no-adults-3

2 Robin Marantz Henig. “What Is It About 20-Somethings?”The New York Times Magazine. Domingo, Agosto 22, 2010.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Padres, Joivan Jimenez, Hoy Ven Conmigo ℗ 2010 Joi Music Group.

5/27 – La niñez de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

5/27 – La niñez de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ninez-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss tiene una sugerencia para nuevos padres. Pídele  a Dios que te dé una visión para los años que tengas con tus hijos.

Nancy Leigh DeMoss: Eso te ayudará a ser más intencional en la crianza y a darte cuenta de que los patrones establecidos en la niñez de tus hijos, las semillas sembradas, tendrá fruto en su edad adulta.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Durante estas semanas que preceden a la Semana de la Pasión de Cristo y la celebración del Domingo de Resurrección, estaremos enfocándonos en Cristo, meditando en Él, contemplándolo y viendo los diferentes aspectos de Quién es Él, Quién fue, a qué vino a la tierra, y lo que hizo aquí.

Estamos usando una guía, un gran libro devocional titulado “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en inglés]. Algunas de ustedes están siguiendo el estudio con el libro. Hoy estaremos en el capítulo 4, viendo la niñez de Cristo. Quiero recordarles que no es necesario tener el libro para aprovechar al máximo estos programas.

Aparte del incidente que Jesús tuvo a la edad de 12 años (eso lo veremos mañana), casi no tenemos nada registrado sobre Jesús desde que nació hasta que cumplió 30 años, cuando comenzó su ministerio público. Así que, a la luz de ese silencio, no nos sorprende que haya personas que especulen sobre lo que pasó durante todo ese tiempo.

Por ejemplo, a principios del segundo siglo, D.C., la gente escribió libros acerca de este tema, algunos de ellos son conocidos como los libros apócrifos. Uno se llama “El evangelio de la niñez escrito por Tomás”, y es muy especulativo y fantasioso acerca de algunas cosas que el autor pensó que Jesús pudo haber hecho en su niñez.

Y tengo que decirles que, no tiene ninguna relación con los hechos. Son relatos que casi en su totalidad, rayan en la ficción. No son la Palabra inspirada de Dios. Permítanme leer algunas partes de esta obra sobre “La infancia de Jesús” escrita en el siglo 2, D.C., cito:

“El niño Jesús cuando tenía cinco años, jugaba en el vado de un arrollo: reunió las aguas que fluían allí haciendo piscinas, las limpió y les ordenaba tan solo con su palabra.

Y al hacer un barro suave, formó doce gorriones. Y era en sábado cuando hizo estas cosas. Y había también muchos otros niños jugando con él.

Uno de los judíos, cuando vio lo que el niño Jesús había hecho, jugando en día sábado, salió rápido a decirle a su padre José: Mirad, he aquí que tu hijo está en el arrollo y ha tomado barro y ha hecho doce polluelos, y ha profanado el día del Sabbat.”

“Y José vino al lugar y vio: y habló con el niño en voz alta diciendo: ¿Por qué razón haces esto, en sábado, no ves que no está permitido hacerlo? Pero Jesús palmeando sus manos al momento ordenó a las aves: ¡Id! Y los gorriones emprendieron el vuelo y se alejaron cantando.”

“Y al ver esto los judíos se asombraron y se fueron a decir a sus superiores lo que el niño había hecho.” (II, 1-5).

La gente que escribió esto, decía que era cierto. Pero sabemos que no fue así. Tenemos la Palabra de Dios que nos dice lo que necesitamos saber acerca de Cristo, y hay muy pocas referencias en las Escrituras acerca de la infancia de Jesús—casi nada. Lo cual, a propósito, suena muy interesante al ver este mundo en el que vivimos hoy, tan centrado en los niños, donde todo gira alrededor de ellos. Piensan que el mundo gira a su alrededor. Algunos padres de familia también piensan que el mundo se trata todo acerca de sus niños.

Y no es que digamos que los niños no son importantes—porque lo son. Jesús amaba a los niños. Creo que no enseña algo el que las escrituras no mencionen tanto acerca de esos años de Jesús. Fueron años de oscuridad. No que Jesús no haya tenido familia o amigos que le conocieran, pero Él no andaba por ahí haciendo cosas espectaculares. Primero que nada, recordemos que cuando vino a esta tierra, Él restringió el uso de sus atributos divinos. Él se vistió con nuestra humanidad. Era importante que creciera y se desarrollara como un niño normal, como todo ser humano.

Entonces, veamos algo basado en las Escrituras, y no en la ficción. ¿Qué sabemos acerca de Cristo en este periodo de silencio? Primero, sabemos que tuvo una infancia.  Y puedes decir: bueno,  y… ¿qué es lo grande de eso? Bien, hay un gran contraste—algo que seguro no fue pasado por alto entre los griegos del 1er siglo—con la mitología griega, cuyos dioses decían haber venido al mundo ya crecidos y bien armados. Jesús no vino a la tierra como un adulto sino como un pequeño, débil e indefenso recién nacido.

Yo tengo una recién nacida en casa. La primera bebé de una joven pareja, se llama Addie Grace. Mientras yo estudiaba esta serie, yo miraba a Addie con otros ojos, viendo lo desprotegida, dependiente, pequeña y débil que es, y pensaba: así era Jesús cuando se hizo carne. No vino como esos dioses griegos, listo para conquistar al mundo. Él vino al mundo como todos nosotros, débil, pequeño, indefenso y dependiente. Él fue un niño.

Una vez más, cuando lo pones frente a los dioses griegos, Él es el Cristo incomparable. No hay ninguno como Él, ningún líder religioso es como Él. En este mundo pluralista donde la gente nos trata de decir que Él solo fue uno más del montón y que todos los dioses son iguales y del mismo origen… ¡No lo creas! No es verdad. Jesús es el único, Él es el incomparable Cristo. Lo vemos en este pequeño detalle de haber nacido como un bebé y en el haber tenido una niñez normal.

También hemos aprendido de las Escrituras que Jesús nació en un hogar en esta tierra con padres devotos y piadosos, María y José, sus padres terrenales. Sabemos que sus padres fueron fieles adoradores y que se comprometieron a criarlo de acuerdo los mandamientos de la Escritura.

Lucas capítulo 2 nos dice que cuando Jesús nació, “ellos hicieron todo conforme a lo ordenado por la ley de Dios”. (v. 39). Todos los rituales, el ir al templo y ofrecer sacrificios, todo lo ordenado por Dios.

Luego leemos en el versículo 41 de Lucas capítulo 2 que: “Sus padres iban a Jerusalén cada año para la fiesta de la pascua”. No era solo porque les gustaba ir o celebrar la Pascua, (aunque supongo que así era) sino porque Dios había ordenado a los judíos observar esa fiesta. Entonces, Jesús tuvo a Sus padres terrenales que fueron obedientes a la ley de Dios. Él creció en ese tipo de hogar.

Aun así, Su niñez no estaba exenta de problemas. Sólo porque Él era Dios, no estaba exento de las pruebas y las luchas de la vida diaria en un mundo caído. Pensemos en estas cosas. Por ejemplo, Su madre tuvo un embarazo inesperado, podemos suponer que al menos tuvo que enfrentar rumores y malos entendidos. No hay razón para creer que cuando Jesús nació; todos de repente creyeron que este era el Hijo de Dios nacido de una virgen. Estoy segura que hubo gente que juzgo a María como una mujer contaminada y marginada. Así que Jesús creció en un hogar con una mamá rodeada de sospechas, rumores y malos entendidos.

Su madre fue forzada a dar a luz a 120 km de casa. Caminando esa distancia en un ambiente inhóspito. Ella no dio a luz en una maternidad o un moderno hospital, sino en un establo. Donde de inicio su vida tuvo muchos desafíos.

Nació en una era de represión y totalitarismo romano. No era un tiempo fácil para estar vivo. Su vida fue amenazada por un celoso rey cuando todavía era un pequeño infante, por lo que Sus padres tuvieron que huir a Egipto. Aunque ya estaban lejos de casa, recorrieron aproximadamente 480 km, donde se tuvieron que quedar allí cerca de dos años hasta que la amenaza pasara.

Luego tuvieron que regresar a Nazaret. Pensamos de Nazaret como algo muy importante, pero en esos tiempos Nazaret era como algo insignificante, “¿puede salir algo bueno de Nazaret?” no era un lugar del cual estar orgulloso de pertenecer. No era una ciudad popular. Ni era un área comercial. Era muy pequeña, despreciada,  no era una ciudad apreciada.

Jesús nació también en el seno de una familia pobre. Lo sabemos por el tipo de sacrificios que Sus padres hacían en el templo. Así que no nació en un palacio ni en la riqueza. Ni con pompa. Ni nació con una cuchara de plata en Su boca. Aunque Él hizo toda la plata del mundo. Él fue el creador del mundo pero cuando vino a este mundo vino para humillarse.

El solo hecho de nacer como humano, es lo suficientemente bajo, pero la Escritura dice que “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. 2ª Corintios 8:9.

De manera que Él nació en una familia pobre. Eso significa que tuvieron que enfrentar desafíos para salir adelante. Solo piensa lo que es el ser pobre al día de hoy. El vivir en pobreza, haciendo hasta lo imposible para poder dar de comer a la familia.

Hablando de familia. Él nació en lo que ahora llamamos una familia grande, por nuestros estándares, claro. En Marcos capítulo 6 versículo 3, se mencionan cuatro hermanos de Jesús y por lo menos dos hermanas. Nacidos de José y María después del nacimiento de Jesús.  Aquí vemos que Él fue el primogénito de sus medio hermanos y hermanas; hubo al menos siete niños en esa familia.

Fueron pobres y no tuvieron una de esas casas de ocho recámaras. Jesús creció en una casa pequeña y pobre, para una familia grande, considerando el tamaño de Su familia.

Creo que nos ayuda el imaginarnos Su niñez. Pensamos en Él como el Rey, (y lo es), y el Señor del universo (y lo es), y el Señor de los ejércitos (y lo es). Pero también nació y creció en estas pobres, simples y oscuras circunstancias.

Hay un versículo en la Escritura que se encuentra en Lucas capítulo 2 el versículo 40, que relata los años de infancia de Jesús y quisiera que lo viéramos por unos momentos. Dice así: “Y el niño crecía y se fortalecía y se llenaba de sabiduría y la gracias de Dios era sobre él”. Ese versículo,  a excepción del incidente que veremos mañana, es todo lo que se no dice sobre la infancia del niño Jesús.

La Escritura dice que el niño crecía. Pero no saltemos esa parte tan rápido. Jesús tuvo que crecer para convertirse en un hombre; tomando la naturaleza humana. Es parte de la humillación de la encarnación. Él no solo tomó la forma de cuerpo humano sino que se sometió Él mismo a esa naturaleza humana, incluyendo a un alma a humana con mente, emociones, capacidades de razonamiento, etc. Tuvo que pasar por las mismas etapas de desarrollo en cada una de esas esferas; física, intelectual, social y psicológica por las cuales todos tenemos que pasar.

A veces hablamos acerca de los niños y sobre cómo piensan de manera concreta, y cómo luego aprenden a pensar de manera más abstracta… Son etapas de desarrollo. Jesús pasó por esas etapas como niño—físicamente, intelectualmente, socialmente y psicológicamente. Él tuvo que hacerlo para representarnos como nuestro Salvador, verdadera y completamente.

Al pensar en el crecimiento del Señor Jesús, permítanme hacer unas cuantas observaciones. Primero que todo, fue un crecimiento balanceado. Fue un crecimiento en todas las esferas—mente, alma, espíritu y cuerpo. Hoy podemos ver algunos niños que son “súper dotados” en algunas áreas. Hay algunos que son sorprendentes atletas, pueden hacer muchas hazañas atléticas, pero no pueden leer o escribir. O hay niños que tienen un gran talento para socializar. Pueden relacionarse muy bien; pero  son débiles en otras áreas. Pueden quizás no darse cuenta de lo que sucede a su alrededor; aunque son tan orientados hacia las personas.

Bueno, Jesús nos mostró la importancia de crecer en cada área, integralmente—en cuerpo, alma y espíritu. Esa es la forma en que debemos crecer. Esa es la forma en la que hubiésemos crecido de no haber sido por la caída. Así que él vino a vivir nuestra vida, y a modelarnos cómo estaba supuesta a vivirse nuestra humanidad. Un crecimiento integral. Crecimiento físico. Crecimiento racional/intelectual.

Ahora, es difícil de entender que Jesús haya tenido que crecer intelectualmente. Porque como Dios, Él era omnisciente; Él lo sabía todo. Pero como hombre, tuvo que crecer en conocimiento. Tuvo que ir a la escuela. A diferencia de lo que dice el “Evangelio de Tomás” acerca de que Él le gritaba a los maestros por algo que no entendían bien, Jesús tuvo que aprender su alfabeto. Tuvo que aprender a juntar las letras y a leer y a escribir. Tuvo que crecer intelectualmente en conocimiento. Y esto es un misterio, pero es verdad.

También creció moralmente. El versículo 52, de Lucas capítulo 2, nos dice que Él “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”.  Aunque Él era Dios, había algún sentido en el que Él tuvo que crecer en su capacidad moral, sus funciones morales—no que hubiera pecado, (porque nunca lo hizo). Pero tuvo que crecer en tomar decisiones sabias y piadosas. Él tuvo un crecimiento balanceado en cada área y así es cómo nosotros deberíamos crecer.

Su crecimiento fue también gradual. ¡No hubo atajos! Él no  saltó ningún grado que sepamos. No saltó ninguna etapa de su vida. No ‘saltó de tener dos a doce ’—por así decirlo, que sepamos. Él fue por esas etapas en un periodo gradual de crecimiento. Le tomó doce años para llegar a esa edad, tú dirás “bueno, pues claro”. Pero creo que es importante el darnos cuenta que cuando Él tomó nuestra humanidad, realmente lo hizo totalmente.

Él tomó nuestra humanidad, Él tuvo que crecer gradualmente tal cual nosotros. Aquí se ve la paciencia. No hay prisa. Nada de  “¡Date prisa que tengo que llegar a los 30 y comenzar mi trabajo!” No, hay que pasar las etapas para llegar allí. Es el proceso del crecimiento. No sucede de la noche a la mañana en nosotros no sucede de la noche a la mañana en nuestros niños. Tampoco pasó así para Jesús.

Requirió tiempo y entrenamiento y una familia con disciplinas. Él obtuvo el conocimiento de la misma forma que nosotros lo obtenemos. Observando, preguntando y siendo enseñado. Esto nos muestra la humildad de Cristo.  El incomparable Cristo, quien sería reducido a esto sin sacrificar nada de Su deidad. Pasó por un crecimiento gradual como hombre. Por un crecimiento balanceado y gradual.

Fue un crecimiento fructífero y con propósito. Fue un crecimiento con un objetivo. Tenía una meta. Hubo un resultado y ese resultado fue la madurez. Se supone que ese debe ser el resultado de todo crecimiento; pero tristemente, para mucha gente hoy, pueden crecer físicamente, pero no intelectual, moral o psicológicamente o relacionalmente. Su crecimiento como que se paraliza. El crecimiento de Jesús nunca se detuvo. Él procedió a ese nivel de madurez, físico y espiritual. Dice que “se fortalecía y se llenaba de sabiduría”. No sucedió de la noche a la mañana, pero sucedió.

Estos años de niñez fueron años de preparación para Su llamado, aprendiendo la Ley y la Palabra de Dios. Aprendiendo los caminos de Dios. Se adaptó a nuestras limitaciones y a nuestra humanidad. Asistió a la escuela hebrea. Se le enseñaron las Escrituras hebreas.  Aprendió estas cosas. Aprendió obediencia. Cada paso de crecimiento lo estaba preparando para cumplir la misión eterna de Su Padre. Un crecimiento balanceado. Un crecimiento gradual. Un crecimiento fructífero y con propósito, que le llevaba finalmente a la madurez.

Vemos perseverancia durante los años de la niñez. Y creo que es significativo el hecho de que la Escritura no nos dice mucho—nos dice poco, realmente, sobre estos años de niñez—. Eso nos dice que fueron años lentos. Sucedieron de la manera que sucedieron y no podemos ignorarlos.

Dice que durante este tiempo, la gracia y el favor de Dios estaban sobre Él. Eso es básico para crecer. No podemos crecer como Dios quiere que crezcamos,  si estamos alejadas de la gracia y el favor de Dios. Vemos a Jesús como un hombre que depende de la gracia de Dios. A pesar de sus circunstancias, algunas de ellas tan adversas. A pesar de las disfunciones, en su entorno y en el mundo en el que vivía, a pesar de los desafíos que tuvo que enfrentar en esa época, el favor y la gracia de Dios estaban con Él.

Él es el Hijo de Dios. Su favor estaba sobre Él; ya Dios le estaba dando el crecimiento aun en medio de esta ciudad corrupta llamada Nazaret, nacido de padres pecadores, nacido en un mundo y una época decadente y pecaminosa.

Y algunas de ustedes que están criando hijos en este mundo, ¿no se sienten desanimadas?  Pensamos: ¿Cómo podrán lograrlo estos niños? La presión de este mundo es tan fuerte. Recordemos que Jesús creció es este tipo de mundo. Pero el favor y la gracia de Dios estaban sobre Él. El favor y la gracia de Dios pueden estar sobre ti y sobre tus hijos, si tú buscas crecer en este mundo caído y fracturado.

Su niñez era congruente con su humanidad y con su deidad.

  • El pasó por etapas ordinarias de su niñez.
  • Tuvo que aprender a desarrollarse y crecer.
  • Fue humano.
  • Tuvo nuestras limitaciones.
  • Tuvo nuestras debilidades.
  • Pero también Él fue Dios. ¡y nunca pecó!

Así que la niñez de Jesús nos demuestra algunas cosas que tienen que ser reales en nuestras vidas. El objetivo de crecimiento gradual y con propósito. La meta de llegar a ser fuerte y sabio. ¡Qué meta para nuestra vida! Jesús llegó a ser fuerte, sabio y espiritualmente maduro en toda faceta por Su dependencia en la sola gracia de Dios. Sin importar lo que leamos sobre Su infancia, en el “Evangelio de Tomás”, Jesús no hizo uso de Sus poderes sobrenaturales para hacer pájaros ni para destruir a las personas que no estaban de acuerdo con Él. Él puso todo esto a un lado y creció—tal y como nosotros debemos crecer—en dependencia de la gracia de Dios.

Y para ustedes que son padres cristianos y que buscan criar a sus hijos para la gloria de Dios, no subestimen la importancia, la necesidad y el valor de esos años de la niñez. No traten de poner a su niño en la edad de doce años cuando todavía tiene tres. Es un proceso. Hay un crecimiento. Toma tiempo toma paciencia. Disfruten cada tiempo. Cada momento. Quizás algunas de ustedes tienen nietos… recuerden esto.

Pídele a Dios que te de una visión. Un sentido de propósito para su infancia. Reconoce que hay patrones que se establecen en su niñez, que hay semillas que deben ser sembradas en este tiempo, y verás cómo dan fruto en su edad adulta.

Lo que tus hijos hacen a la edad de dos, tres, seis, ocho y diez, importa. Importa que estén creciendo, que seas intencional en ayudarles a formarse en la dependencia y gracia de Dios. Porque ellos están siendo formados en la persona que serán de adultos.

Cuando ores por tus hijos,  no ores sólo por protección y seguridad. Claro que quieres eso, pero también ora creyendo que Dios les dará el crecimiento en cada área de sus vidas—desde la infancia, la niñez,  hasta que sean adultos, para la gloria de Dios.

Gracias Señor porque viniste a este mundo como un bebé y creciste como todo niño. Tú creciste hasta la madurez para mostrarnos cómo debemos crecer. Yo oro que hagas una obra de gracia, que Tu favor esté sobre nosotras al buscar nuestro crecimiento,  y sobre nuestros hijos,  representados aquí en tantos hogares y familias, y entre aquellos que amamos, así como también aquellos que pueden escuchar este mensaje lejos de aquí por medio de Aviva Nuestros Corazones.

Oh Señor, que podamos ver niños que crezcan para ser sabios y fuertes como lo fue Jesús.  Que podamos crecer en sabiduría y fuerza nosotras también. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss, dándonos una perspectiva sobre la niñez de Cristo a los padres y abuelos. El mensaje es parte de la serie El Cristo incomparable. Si te has perdido algunos programas de esta serie, los puedes escuchar al visitar AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Cómo comenzaste a escuchar Aviva Nuestros Corazones? Nancy regresa para hablar de cómo algunas mujeres descubrieron el programa.

Nancy: Hemos oído de muchas mujeres que se “toparon” con el programa mientras escuchaban la radio. Ellas nos cuentan de los cambios que se han producido en sus vidas desde que comenzaron a exponerse a estas verdades. Eso fue lo que le sucedió a una mujer de nombre Tina. Ella nos escribió:

“No puedo expresar lo mucho que Aviva Nuestros Corazones ha cambiado mi vida.”

Como siempre, nosotros aclaramos que es Dios quien cambia las vidas, solo que usó a Aviva Nuestros Corazones en el proceso. Tina comenzó a escuchar Aviva Nuestros Corazones en la radio varios años atrás. Ella comenta:

“Yo era una nueva creyente, y apenas empezaba a crecer. Estaba pasando por ataques de pánico, angustia, depresión y ansiedad.”

Luego ella explica como Dios usó este ministerio para conectarla con las Escrituras. Todas las luchas por las que ella estaba pasando, fueron disipadas al escudriñar las Escrituras. La transmisión de Aviva Nuestros Corazones continúa animando a Tina y ella y su marido han tomado un paso de fe para ser padres sustitutos a cargo de niños abandonados, por lo que están ahora teniendo nuevos desafíos.

Cuando donas a Aviva Nuestros Corazones nos estás ayudando a ayudar a mujeres como Tina. Si deseas ser parte de lo que Dios está haciendo, haz tu donación visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Leslie: ¿Cómo impartes sabiduría a un adolescente? Nancy Leigh DeMoss nos mostrará cómo al ver la vida de Jesús. Mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Padres, Joivan Jimenez, Hoy Ven Conmigo ℗ 2010 Joi Music Group.

4/27 – La encarnación de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

4/27 – La encarnación de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-encarnacion-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss les invita a quedarse maravillados.

Nancy Leigh DeMoss: Hoy vamos a ver lo que un teólogo ha llamado «el milagro más impresionante de toda la  Biblia – el más sorprendente- más sorprendente que la resurrección y aún más sorprendente  que la creación del universo».

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Mientras Nancy continúa con la serie El Cristo incomparable, ella nos dirá acerca del milagro más sorprendente de toda la Biblia.

Nancy: Bueno, ¿Y de qué se trata todo esto? Permítanme pedirles que abran sus Biblias, si la tienen cerca, en el Evangelio de Juan, capítulo 1. Quiero leer dos versículos de este capítulo, el versículo 1 y después versículo 14.

Juan capítulo 1, versículo 1: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios».

Versículo 14: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su Gloria, Gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad».

Bueno, como ustedes saben, estamos usando estas semanas previas a la Semana Santa y al Domingo de Resurrección—el tiempo que algunos llamaran la Cuaresma— para reflexionar en Cristo, para meditar sobre Cristo. Nosotros estamos usando como guía un libro titulado “El Cristo incomparable” [The Incomparable Christ – disponible en inglés] Su autor es  J. Oswald Sanders. Es un libro que ha sido una bendición para mí, y vamos a ir a través de los capítulos de este libro que habla de la vida, de la obra y de la pasión de Cristo.  En el  programa de hoy  estamos viendo el capítulo 3. Y aun si no estás leyendo el libro, puedes seguir estos programas y meditar en los versículos que podrás encontrar al final de la transcripción en nuestra página de internet, AvivaNuestrosCorazones.com.

Hoy vamos a ver la encarnación de Cristo, lo que este teólogo ha llamado, «el milagro más impresionante de toda la Biblia». 1

Jesús era Dios hecho carne—la encarnación—cuando el Verbo, Dios, se hizo carne.

En este momento en la historia es cuando el Hijo de Dios fue concebido milagrosamente en el vientre de una virgen. No traten de entender esto, porque no podrán. Pero deben creerlo, porque es la verdad. Él fue concebido en el vientre de una virgen, Él se hizo hombre y tomó la naturaleza humana.

En su libro de  “Teología Sistemática”, Wayne Grudem dice, «El hecho de que el Hijo de Dios infinito, omnipotente,  eterno  se haya hecho hombre y se haya unido a la naturaleza humana… seguirá siendo  el milagro más insondable  por la eternidad y el misterio más inescrutable del universo»2

Cuando yo era niña, mis padres conocieron a un hombre llamado James Irwin, él fue uno de los astronautas estadounidenses que fue a la luna. Él ya está con el Señor, pero a su regreso a la tierra después de haber caminado sobre la luna, este astronauta Jim Irwin dijo, «El logro más significativo de nuestros tiempos no es que el hombre haya caminado sobre la luna, sino que Dios en Cristo haya caminado sobre esta tierra».

Esta es otra forma en la que Cristo es incomparable, y en cada una de estas sesiones durante estas semanas, veremos a Cristo y diremos, «¿Cómo es Él único? ¿Qué lo hace incomparable?»

Cuando se habla de Su encarnación, el haberse hecho carne, estamos de acuerdo que no hay nadie como Él en todo el universo, pasado, presente o futuro. ¿En qué temporada del año celebramos la encarnación? En la Navidad. Muchos de los villancicos navideños reflejan este misterio, este milagro, este hecho tan maravilloso de que Dios se haya hecho hombre.

Cantamos «Se oye un canto en alta esfera», y una de las estrofas de este villancico navideño de Charles Wesley habla de la encarnación:

¡Gloria al Verbo encarnado
En humanidad velado!
¡Gloria al Santo de Israel
Cuyo nombre es Emmanuel!

Dios vistiéndose de carne, morando con nosotros en la carne.  Él descendió a morar con nosotros.  Jesús nuestro Emmanuel.

Así que al contemplar la encarnación, vemos la majestad, el poder, y la grandeza de Cristo, quien nació de una virgen — eso es milagroso. Ningún ser humano puede nacer de esa forma. Él es Dios.

Vemos Su poder y Su grandeza, pero también vemos Su mansedumbre, Su humildad, y Su amor, ya que Él no tomó en cuenta Su reputación, quién Él era, como lo dice Filipenses capítulo 2.  Él vino a esta tierra para convertirse en uno de nosotros, para volverse carne. Vemos su grandeza, Su exaltación, y también vemos Su humillación y todo esto en la encarnación de Cristo.

Ahora, ustedes tienen sus Biblias abiertas en Juan, capítulo 1. Miren otra vez el versículo 1: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Esto es incomprensible para nosotras.

  • Cristo es infinito
    • Nosotras somos finitas.
  • Él es santo
    • Nosotras somos pecadoras
  • Él tiene una comunión pura e ininterrumpida con Dios
    • Nosotras estamos alienados, somos enemigas de Dios a causa de nuestro pecado.

Pero en una eternidad pasada—este Verbo que estaba con Dios y  el Verbo que era Dios—en una eternidad pasada Dios diseñó un plan por medio del cual este Verbo, Cristo Jesús, iba a reconciliarnos con Él mismo.

Por eso cuando llegamos al versículo 14: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros».

Él dejo los palacios, los palacios de marfil, la gloria, el esplendor, las riquezas del cielo. Él dejó la maravillosa presencia de Dios, y Él vino a esta tierra. Él atravesó la barrera del tiempo, atravesó la barrera de la geografía. Él vino a esta tierra. Él se convirtió en carne, Él habitó entre nosotros —entre nosotros, los seres humanos.

Esa palabra «habitó» es una palabra que puede ser traducida como «puso su tabernáculo, tabernaculizó, puso su tienda» entre los seres humanos.

  • El infinito se hizo finito.
  • El inmortal se hizo mortal.
  • El Creador se hizo como una de Sus criaturas.

Él vino a vivir donde nosotros vivimos. Él puso Su tienda entre nosotros. Él acampó aquí en esta tierra por 33 años.

Matthew Henry, el gran comentarista de antaño dijo, «El Padre eterno se hizo un niño del tiempo…. El Anciano de días se hizo un infante de muy corta duración.» 3 ¡Es asombroso!

Filipenses capítulo 2 nos dice que «el cual, aunque existía en forma de Dios, Jesús no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres» (Filipenses 2:6-7).

Así que se despojó de sí mismo en la encarnación. Cuando Dios tomó la forma humana, Él se despojó de sí mismo. No que haya dejado a un lado sus atributos divinos —Él seguía siendo Dios — pero lo hizo al tomar nuestra humanidad y voluntariamente restringió el uso de esos atributos divinos.

En la encarnación, al convertirse en hombre, Él tomó nuestras debilidades, nuestras fragilidades, nuestras limitaciones humanas. Solo piensa en esto por un momento.  (Por cierto, ha sido un gran gozo para mí tomarme mucho, mucho tiempo para meditar en estas asombrosas realidades)

  • El que nunca duerme – se cansó, como un hombre.
  • El Creador de los océanos de agua—de todos los cuerpos de agua sobre la tierra, tuvo sed.
  • El que alimentó a Su pueblo con maná en el desierto, tuvo hambre.
  • El que puso las estrellas en su lugar, durmió debajo de las estrellas.
  • El que habitaba en los palacios de marfil del cielo, nació en un establo prestado.
  • El Dios omnisciente tuvo que aprender cómo hablar, a caminar como un niño, como un bebé, como un infante, como un humano.
  • El eterno Verbo de Dios tuvo que aprender a leer.
  • El Ayudador de Su pueblo se hizo indefenso y dependiente.
  • El amado Hijo de Dios se volvió el hijo rechazado del hombre.
  • El que creó a los ángeles, necesitó que los ángeles vinieran  en Su ayuda durante Su tentación en el desierto, y otra vez en Getsemaní.

Así que, ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué hizo eso? Él lo hizo para acercarnos a Dios. Nosotras éramos rebeldes, estábamos separadas de Dios por nuestro pecado, estábamos bajo la ira de Dios. Estábamos sujetos al justo juicio de Dios para los pecadores.

1era a Timoteo nos dice: «Cristo Jesús vino al mundo —¿para qué?— para salvar a los pecadores» (1 Timoteo 1:15).

Juan capítulo 3, versículo 17 —pero el versículo 16 es posiblemente  el versículo más famoso de la Biblia…»Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Pero el siguiente versículo dice, versículo 17,  «porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él» (Juan 3:17).

Ves,  para podernos salvar, Jesús tuvo que nacer, Él tuvo que vivir. Él tuvo que morir como un ser humano, Él tuvo que tomar la naturaleza humana. Él voluntariamente escogió el camino de la humillación, el condescendió; renunció. Cruzó la brecha infinita entre el cielo y la tierra, entre Dios y nosotros, por nuestro bien, sólo por amor.

¿Ahora qué, qué significa esto para nosotras? ¿Por qué es importante? ¿Qué tan importante es esto realmente? Bueno, es simplemente nuestra salvación eterna lo que está en juego, solo piensen en esto: 

¿Qué tal si no hubiera existido la encarnación? ¿Qué tal si Jesús no hubiera venido a esta tierra? ¿Qué tal si Dios no hubiera dado a Su Hijo por nosotros? ¿Qué tal si Jesús, el Verbo, nunca se hubiese hecho carne?

Bueno, nosotras no pudiéramos conocer a Dios como Jesús nos lo reveló. Juan  capítulo 1 dice, «Hemos visto la gloria de Dios». Hemos visto la gloria de Dios porque nosotras hemos visto a Cristo. En el rostro de Cristo, es que hemos visto a Dios. Somos capaces de conocer a Dios porque Jesús vino a esta tierra y nos lo reveló a nosotros.

Si no hubiera habido encarnación, nosotras no hubiéramos podido ser reconciliadas con Dios. Estaríamos eternamente separadas de Él y estaríamos bajo Su justo juicio. No habría forma de  expiar nuestros pecados, estaríamos sin esperanza, estaríamos eternamente perdidas. Viviríamos unos cuantos años en este planeta y después moriríamos y estaríamos eternamente separadas de Dios.

Es algo en lo que mayoría de la gente no piensa, pero debemos de pensar en esto. Necesitamos pensar en dónde estaríamos si no hubiera ocurrido la encarnación.

La encarnación significa que:

  • Jesús vivió nuestra vida, pero sin pecado.
  • Él perfectamente obedeció al Padre.
  • Él sufrió la muerte por nosotras.
  • Él pagó la penalidad que merecíamos por nuestros pecados para que pudiéramos ser perdonadas, para que fuéramos libres de la penalidad de muerte.

Entonces, al convertirse en un hombre y compartir nuestras experiencias humanas, Jesús se convirtió en un Salvador misericordioso, un Sumo Sacerdote misericordioso, que no solamente nos puede salvar de nuestro pecado — como si esto no fuera suficiente — sino que Él también se puede identificar con nosotras a cada paso, en cada necesidad porque Él ha sido como cada uno de nosotros. Él ha vivido nuestra vida.

Podemos ver este concepto en el libro de Hebreos, en el capítulo 2, empezando en el versículo 14:

«Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo»  (Hebreos 2:14).

El poder del diablo para mantenernos atadas, para hacernos morir eternamente, ese poder se rompió cuando Jesús murió como el Hijo de Dios sin pecado, como nuestro sustituto en la cruz.

El versículo 16 de Hebreos 2 dice:

«Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham. [Jesús vino a la tierra a ayudarnos, a ser nuestro Salvador.]   Versículo 17, Por lo tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo» (Hebreos 2: 16-17).

Esta es una gran palabra teológica que significa que Él satisfizo  la ira de Dios contra nuestro pecado porque Él murió la muerte que nosotros merecíamos por nuestro pecado.

Algunas de nosotras, hemos escuchado esto tantas veces que lo espectacular se ha vuelto ordinario en nuestras mentes. Pero para otras esta es la primera vez que lo escuchan, no habían  escuchado esto antes, y están diciendo «¿en serio?, ¡wow!». Pero algunas de nosotras necesitamos ver esto con nuevos ojos, oírlo con nuevos oídos, como si nunca antes los hubiéramos escuchado antes.

Muchas de nosotras hemos perdido el asombro. Hemos estado alrededor de todos estos conceptos cristianos toda la vida. Han estado en la iglesia todas sus vidas. Es como, «oh, sí, aja, la encarnación, aja, sí, sí, sí».

¡NO! Nada de «sí, sí, sí.» ¡SI! Es el milagro más asombroso en toda la historia del mundo y de la eternidad, que Jesús haya venido a esta tierra para salvar a los pecadores. Él no nos pudo haber salvado sin venir.

Y no solamente Él hace propiciación por los pecados del pueblo —y vamos de regreso a Hebreos capítulo 2 el versículo 18 donde dice, «pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados».

Él es un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel quien continúa sirviéndonos, intercediendo a nuestro favor, para ministrarnos gracia en el momento de nuestra necesidad. Cuando somos tentadas, Él puede ayudarnos porque Él ha sido tentado. Él estuvo ahí, y Él nunca pecó ni una sola vez. Así que Él vive dentro de nosotras para ayudarnos a decir, «Sí», a Dios y «No», a nuestra carne. Él está siempre presente en el momento de nuestra necesidad, todo porque Él vino a esta tierra.

Es muy importante recordar que la Encarnación no está solo en el tiempo pasado. No es algo que ocurrió hace 2,000 años atrás. La encarnación, piensen en esto, no cesó cuando Jesús dejó esta tierra y regresó al cielo.

Tiene valor para nosotras hoy en día porque el Dios que se hizo carne, quien vino e instaló su tienda entre nosotros, quien vivió en esta tierra por 33 años… Él fue crucificado, Él resucitó de nuevo, y Él ascendió a los cielos, y hoy Él está sentado con su cuerpo glorificado a la diestra de Dios —el Dios Hombre. Y desde ese lugar en el cielo, Él es nuestro abogado hoy en día, y Él intercede por nosotros ante el trono de Dios —hoy— El Cristo encarnado.

Pienso que algunas veces tenemos esta imagen de que Jesús nació, Él vivió su vida, Él murió y se fue al cielo, y desapareció. Que ya no existe. ¡Sí, Él existe! Él es aún el Dios Hombre encarnado, Dios en la carne, Dios sentado en el trono en el cielo, el Hijo de Dios, el Cristo encarnado, siempre existiendo para interceder por nosotras. La encarnación tiene mucha importancia.

Algunas de ustedes quizás están familiarizados con el libro de oraciones del “Valle de visión” [The Valley of Vision], el cual es un excelente libro devocional. Es una colección de oraciones tomadas de la era puritana. Una de esas oraciones se llama «El regalo de regalos», Simplemente resume el corazón de lo que tenemos en la encarnación, el regalo que es nuestro porque Cristo vino a la tierra.

Permítanme leerles una porción de esta oración, dice así:

Aquí está la maravilla de maravillas; Él descendió para levantarme a mí en alto; nació como yo para que yo pudiera ser como Él.

Aquí está el amor: cuando yo no puedo elevarme hacia Él, Él me atrae cerca de Él con alas de gracia, para levantarme hacia Él.

Aquí está el poder: Cuando la Deidad y la humanidad estaban infinitamente apartadas, Él las unió en unidad indisoluble, lo no creado y lo creado.

Aquí está la sabiduría: cuando yo estaba deshecho, sin voluntad de volver a Él, y sin intelecto para elaborar un plan de liberación,  Él vino, Dios encarnado, para salvarme hasta lo supremo, como hombre para morir mi muerte, para derramar sangre satisfactoria en mi nombre, para elaborar una justicia perfecta para mí, en Él Tú me has dado tanto que el cielo no me puede dar más.

Amigas, Dios no tiene nada más que darles. No hay nada más que Él les pudiera dar que lo que Él ya les ha dado en Cristo Jesús. Sé que en muchos de nuestros corazones, a medida que estamos hablando de la encarnación de Cristo, hay un sentido fresco de gratitud, de apreciación, de amor por Cristo, al solo contemplar con asombro, la maravilla de que Él haya dejado el cielo y venido a la tierra por nosotros. Es bueno pensar en estas cosas, para recordarlas, para refrescar nuestro amor por Él y nuestra apreciación por lo que Él ha hecho por nosotras.

Pero, sé que hay algunas escuchándome hoy que nunca han experimentado una relación personal con Jesucristo. Tal vez nunca se habían dado cuenta hasta hoy por qué Él vino a esta tierra, de qué se trata todo esto. Tal vez seas un miembro de la iglesia, tal vez escuches la radio cristiana todos los días, tal vez ames  Aviva Nuestros Corazones, pero no conoces a Jesús. No tienes una relación con Él.

Espero que hoy Dios haya abierto tus ojos y tu corazón y tu entendimiento para darte cuenta de la razón por la que Jesús vino a esta tierra. Él vino por ti.

  • Él vino para unir la brecha entre el cielo y la tierra que nosotras nunca hubiéramos podido cruzar.
  • Nosotras nunca hubiéramos podido tener una relación con Dios.
  • Nosotras nunca hubiéramos podido tener vida.
  • Todo lo que hubiéramos podido esperar era el juicio y la ira de Dios por siempre y siempre, si Cristo no hubiera venido a la tierra.

Me pregunto si el Espíritu Santo ha estado tocando tu corazón y diciendo, «Esto es verdad. Yo hice esto por ti, ahora pon tu fe en Mí».

Quiero que inclinemos nuestros corazones en oración solo por un momento, y quiero invitar a cualquier persona que sienta que Dios le ha estado hablando… si te has dado cuenta que no eres una hija de Dios, que todavía estás separada de Dios, pero hoy Dios te ha abierto los ojos. Él ha abierto tu corazón. Él te está dando la fe para creer que Cristo es el Hijo de Dios, que vino a la tierra, y que Él vino a vivir y a morir en tu lugar, y tú simplemente quieres recibirlo, confiar en Él.

¿Pudieras en este momento decir desde tu corazón?, «Señor Jesús, yo creo. Yo no soy digna de que Tú hayas venido a la tierra y muerto en mi lugar, que Tú Te hayas rebajado a hacerte hombre por mi causa, pero Tú lo hiciste, y yo lo creo. Te recibo como mi Salvador. Yo quiero que seas el Señor de mi vida, no solo el Señor de esta creación, el Señor de este mundo, sino el Señor de mi vida. Vengo por Tu gracia, me arrepiento del pecado que me ha separado de Dios. Yo quiero ser una hija de Dios. Confío en Ti para que me salves, para que vengas a mi vida, para perdonar mi pecado, y para hacerme la persona que Tú me has creado para ser».

Las palabras que digas no son tan importantes, si tu corazón ha estado expresando al Señor que quieres ser de Él, para recibirlo como tu Salvador — y Dios conoce tu corazón — por fe tú puedes creer que Él ha escuchado y ha contestado esa petición.

Quiero animarte, si confiaste en Cristo como tu Salvador el día de hoy, quiero animarte a contactarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones a través de nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com.  Encontrarás aquí recursos que te ayudaran a dar los primeros pasos de tu nuevo caminar de fe, que te ayudarán a crecer como una hija de Dios.

Oh, Señor, como te agradezco por este misterio, por lo asombroso que es, el milagro que Tú hiciste miles de años atrás cuando tomaste la forma humana, cuando viniste a esta tierra para salvarnos de nuestros pecados. Gracias, Señor, gracias. En el nombre de Jesús, amén.

Leslie: El programa de hoy, la encarnación de Cristo, es parte de una serie titulada, El Cristo incomparable. Nancy se está enfocando en aspectos importantes de la vida de Jesús. Ella está siguiendo un bosquejo de estudio del libro “El Cristo incomparable”, de Oswald Sanders.

¿Cuánto sabemos de la niñez de Jesús? No mucho fue registrado en las Escrituras, pero si reflexionan cuidadosamente en lo que ya sabemos, obtendrán una nueva apreciación de la humildad de Cristo. Síguenos mañana para que veamos la niñez de Jesús, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Wayne Grudem. Systematic Theology. Zondervan, 1994, p. 563.

2 Ibid.

3 Matthew Henry. Matthew Henry, Comentario Completo de toda la Biblia; (Lk 2:1-7). Peabody: Hendrickson, 1996.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

3/27 – La preexistencia de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

el CriSerie: El Cristo incomparable

3/27 – La preexistencia de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-preexistencia-de-cristo/

Leslie Basham: Jesús ha existido desde la eternidad pasada. ¿Qué hacía Jesús antes de descender a la tierra como un bebé? Aquí está Nancy Leigh DeMoss .

Nancy Leigh DeMoss: Jesús no solamente se deleitaba en Su Padre, disfrutando de Su compañía; sino que también se deleitaba en nosotros desde la eternidad pasada.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demos, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuándo empieza a existir Jesús? Es una pregunta cuya respuesta es esencial para mantener una teología sana. Cuando la respondas y lo comprendas, esto va a afectar tu adoración.

Nancy está abordando este tema a su paso por un libro titulado, “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ — disponible en inglés]. Aquí está ella hablándole a un grupo de mujeres.

Nancy: Desde que yo era una niña pequeña he sido una aficionada a las biografías, disfruto su lectura y he acumulado una enorme colección de ellas. Al paso de los años he leído muchísimas y he descubierto que la gran mayoría inicia haciendo referencia a la era o a las circunstancias alrededor del nacimiento de la persona. La mayoría de las biografías comienzan narrando el nacimiento del protagonista de la historia.

Nosotros estamos comentando en esta serie acerca de El Cristo incomparable; no hay otro como Él. Hoy meditaremos aún en otro aspecto que hace a Cristo único.

Él es único entre los fundadores de religiones, o entre aquellos de quienes se han escrito sus biografías, porque si hablamos sobre cualquiera acerca de quien se haya escrito una biografía, veremos que su existencia comenzó en el momento de su nacimiento—pero este no es el caso de Cristo.

Jesucristo no empezó a existir al nacer de María en Belén, quizás no habías pensado en ello antes, pero esto es un hecho. Él existía mucho antes de que se celebrara la noche de Navidad, mucho antes de Su encarnación y de Su vida aquí en la tierra. En el principio de los tiempos, Él ya era.

Vamos a estar hablando hoy, y a lo largo de esta serie, de algunos temas difíciles de comprender, de cosas que no son fácilmente entendidas, pero que tenemos que aceptar por fe porque estamos tratando con realidades sobrenaturales; con asuntos que nuestras mentes racionales no logran comprender. En el inicio de los tiempos, Jesús ya existía. Él ya era. En el principio, Él ya estaba allí. Él siempre existió.

Algunas sectas, cultos y falsas religiones niegan la existencia eternal de Jesús y alegan que fue una criatura creada. De hecho, averiguar la postura de estas religiones con relación a esta doctrina, nos ayuda a discernir si su doctrina está o no apegada a las Escrituras. Pregúntate, ¿Creen ellos que Cristo siempre ha existido?

En esta serie estamos siguiendo como guía, el libro de Oswald Sanders titulado “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Te invitamos a acompañarnos a través de este estudio durante las semanas previas a la Semana Santa.

Hoy estaremos viendo el capítulo 2 de “El Cristo incomparable”. El capítulo se titula “La preexistencia de Cristo”. Ninguna otra biografía puede iniciar con la preexistencia de su personaje, puesto que esa vida empieza con su nacimiento. Pero Cristo siempre ha existido. Él ha existido eternamente, desde el pasado y a través de toda la eternidad. Este es el testimonio de los profetas del Antiguo Testamento. Ellos hablaron de ese hecho de que Cristo existía aun antes de que el universo fuese formado, antes de que llegase a Belén como un bebé.

Por ejemplo, en Miqueas capítulo 5 en el versículo 2, un versículo que con frecuencia escuchamos citado en Navidad, dice:

“Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. [¿De quién está hablando?] De Jesús y dice “Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad”.

Él saldrá, pero siempre ha sido. La eternal preexistencia de  Cristo— existe desde la eternidad.

Leamos, ahora, un pasaje muy familiar para muchas de nosotras, en Isaías capítulo 6: El profeta dice:

“En el año de la muerte del rey Usías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria”. (vv. 1-3)

Esto fue dicho y escrito cientos de años antes de que Cristo hubiese nacido; desde entonces Isaías vio la gloria de Dios, la gloria del Señor. Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, se hace claro para nosotros que Isaías estaba viendo al Cristo. Él estaba contemplando al Mesías sentado en ese trono.

En el evangelio de Juan, en el capítulo 12—veamos la secuencia aquí—en ese capítulo 12, Juan cita el texto de Isaías capítulo 6, el mismo pasaje que acabamos de leer hace un momento. Pero Él lo aplica a Jesús.

Él dice, “estoy hablando de Jesús.” Y luego dice en Juan capítulo 12 versículo 41, “Esto dijo Isaías porque vio Su gloria, y habló de Él.” ¿La gloria de quien? La gloria de Jesús. “Vio Su gloria y habló de Él”. Isaías vio a Jesús sentado en el trono. Era la gloria de Cristo, la gloria del Padre—uno con el Padre.

De manera que Cristo existía cientos, miles de años antes de su nacimiento como hombre en la tierra; de hecho existía ya desde la eternidad.

No solo dan testimonio los profetas en el Antiguo Testamento acerca de la preexistencia de Cristo; sino que también se hace en el Nuevo Testamento. Juan “el Bautista”; él dio testimonio de  la preexistencia de Cristo.

Juan capítulo 1 versículo 15, dice,  “Juan dio testimonio de Él y clamó, diciendo: Este era del que yo decía: «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo».

Eso suena un tanto complicado, «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo». Sabemos que Juan nació seis meses antes que Jesús, así que en su naturaleza humana Juan era antes que Jesús. Juan era primero que Jesús. Pero, como el eterno Hijo de Dios, Jesús existía eternamente antes que Juan. Así es que Juan dice: «El que viene después de mí—quien nació después que yo—es antes de mí, porque era primero que yo». El preexistía  desde la eternidad pasada.

Esta preexistencia de Jesús, no fue solamente testimonio de Juan, el Bautista; sino también, en numerosas ocasiones, el testimonio de Cristo mismo sobre sí mismo. En Juan capítulo 3: versículo 13, Jesús dice, “Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo”. Jesús está diciendo: Estoy aquí en la tierra, descendí de los cielos; vine del cielo”.

Nosotros solemos decir que los niños y las niñas vienen del cielo, pero sabemos que no es así. Dios los crea en el vientre de sus madres, pues no existían en el cielo antes de llegar al mundo. Pero Jesús existía en el cielo antes de llegar a esta tierra.

En Juan capítulo 6 versículo 33, Jesús dice, “Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo”. Luego dice, “Yo soy el pan de vida.” Jesús dice, “Yo estuve en otra parte antes de llegar aquí; vine de algún sitio antes de llegar aquí. ¿De dónde vengo? Vine del cielo.” Jesús dice, “yo anduve por ahí, ya existía antes de bajar del cielo.”

Otro pasaje más,  es Juan capítulo 8, el cual para variar es un poco confuso, pero igual leamos desde el versículo 56 a ver si lo entendemos. Comenzando en el versículo 56, Jesús dice, “Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró.” Abraham había vivido miles de años antes. Abraham había visto hacia el futuro y había anticipado el día que Cristo viniera a la tierra. Lo vio por fe y se regocijó.

“Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” [De hecho Jesús apenas pasaba de los treinta años.] “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham,” quien te precede por miles de años? (v.57)

Jesús les responde esto—imagínense cómo debe haberles impactado escuchar esto en aquél tiempo. Jesús les dice,  “En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy.” (v. 58)  De seguro estaban ellos allí rascándose la cabeza y preguntándose, “¿estará loco este hombre?”

No ¡no estaba loco! Él es el Cristo incomparable. Él vino a la tierra. Vino a marcar cual bisagra la historia humana. Por años la historia ha clasificado las fechas de los acontecimientos como AC (Antes de Cristo) o como DC (Después de Cristo) —“En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy”

Él no dice “Yo era”; sino dice “Yo soy”. Él es el eternalmente existente YO SOY. Siempre ha sido Yo Soy. Él es Yo Soy y siempre será Yo Soy. Siempre ha sido, siempre es y siempre será el eternalmente existente Cristo. Jamás ha habido tiempos en los que no ha existido en toda su plenitud.

Habiendo establecido lo anterior, ahora me intriga el considerar qué tanto sabemos acerca de la vida de Cristo antes de que viniera a la tierra. Vayamos a Juan capítulo 1 versículo1. Este es un pasaje que visitaremos numerosas veces durante esta serie, Juan dice, “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.”  Sabemos que la palabra “Verbo” se refiere a Cristo—la expresión de Cristo; porque Cristo es la Palabra Viva de Dios.

“En el principio existía el Verbo” —no dice que el Verbo empezó, sino que ya estaba ahí—Cristo estaba ahí, » el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” .

Entonces, ¿Qué sabemos acerca de la vida de Jesús antes de que viniera a la tierra?

Bueno, pues primero que nada sabemos que Él estaba con Dios. Él mantenía una comunión cercana,íntima y personal con Dios. Él estaba con Dios.

Juan capítulo 1 continúa diciendo en el versículo 18: “Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer.” ¿De quién estaba hablando él aquí? De Jesucristo, el único Dios. Él es Dios, pero también está a la diestra del Padre. Él nos ha dado a conocer al Padre.

Algunas de sus traducciones dice, “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer”. (RV60) Está al lado del Padre. La Nueva Versión Internacional dice que “vive en unión íntima con el Padre”. Él está al lado del Padre. Está con el Padre. Desde la eternidad pasada Jesús ha estado cerca de Dios. Él ha estado con Dios en comunión íntima. Ahora eso va a ser importante al comprender por qué Jesucristo  vino a esta tierra.

Pero no solo estuvo con Dios, sino que era Dios. Eternamente ha sido uno con el Padre, aunque son distintos. Él es una persona diferente al Padre; de hecho son tres personas separadas—Padre, Hijo y Espíritu Santo—tres personas distintas pero aún así son uno. No vamos a estudiar la Trinidad completa aquí, nos volveríamos locas tratando de entender esto, pero sabemos que Él es eternamente uno con el Padre.

Él siempre existió en la forma de Dios como nos lo recuerda   Filipenses, capítulo 2, “. . .Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse”. Él es Dios.

Hebreos capítulo1 nos dice que,  “Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza. . .” (v. 3).

Ahora bien, seré la primera en reconocer que aquí estamos entrando en un misterio. Estamos apenas introduciendo un dedo en la profundidad de esta agua, pero Él siempre ha estado con Dios, y siempre ha sido Dios. Él es la expresión exacta de Su naturaleza. Él es el resplandor de Su gloria.

Así que estaba con Dios, Era Dios. Era Dios antes de venir a la tierra. Y luego ¿Qué estaba Él haciendo? Bueno, al estudiar las Escrituras, aprendemos que siempre ha estado activo, trabajando siempre. No solamente cuando vino a la tierra ejecutó obras grandiosas, sino que siempre ha estado ocupado desde la eternidad pasada. Él estuvo ocupado creando el universo. Él es el Creador NO creado.

Juan capítulo 1 versículo 3 dice, “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Él es el Creador. Vemos este hilo a través de todos los registros del Nuevo Testamento.

Colosenses capítulo 1 dice,   “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él.”  (v.16) Jesús estaba ocupado creando todas las cosas.

Hebreos capítulo 1 versículo 3, dice “En estos últimos días [Dios] nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo”. Jesús está activamente involucrado con el Padre creando el universo. Activamente involucrado en el sustento del universo.

Colosenses capítulo 1 dice, “Y Él es antes de todas las cosas,” —la preexistencia de Cristo, — “y en Él todas las cosas permanecen.” (v.17)  Él es el pegamento de nuestro universo. Si no fuera porque Cristo sostiene unido este universo, las cosas simplemente se saldrían fuera de control.

Él no es un Dios que meramente creó el mundo, lo lanzó al universo, para luego permanecer pasivo, alejado de ese mundo. No, Él está activamente involucrado en mantener y sostener este mundo.

Hebreos capítulo 1 versículo 3 nos dice que: “Él es quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…” Él está activamente involucrado en el sostenimiento de Su Creación.

Te pido por favor que vayamos un momento a Proverbios capítulo 8. Un pasaje del Antiguo Testamento que pienso nos permite entrever qué hacía Jesús antes de venir a este mundo.

Proverbios capítulo 8. Este capítulo es la personificación de la sabiduría. Se le considera a la Sabiduría una persona en este capítulo. El capítulo completo habla de la Sabiduría, la sabiduría hace esto,  la sabiduría hace lo otro. . . Muchos estudiosos de las Escrituras opinan que está haciendo referencia a Cristo, quien es la Sabiduría de Dios. Así que donde está la palabra sabiduría en el capítulo 8 del libro de Proverbios, puedes pensar en Cristo. Al leer varios de estos versículos, creo que estarás de acuerdo conmigo de que este pasaje es un retrato de Cristo.

Empezando con el versículo 27, justo por la mitad del capítulo. Está hablando sobre la creación. La Sabiduría dijo,

“Cuando estableció los cielos, [Jesús habla de haber estado presente durante  la creación]; allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo, cuando arriba afirmó los cielos, cuando las fuentes del abismo se afianzaron,  cuando al mar puso límites para que las aguas no transgredieran su mandato, cuando señaló los cimientos de la tierra, yo estaba junto a Él, como arquitecto; y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia. (Prov. 8:27-30)

Jesús dice, “Yo estuve durante la Creación. Yo estaba al lado de Mi Padre, como un maestro arquitecto o como un hábil artesano. La palabra en griego que vemos aquí en el Antiguo Testamento dice, “estaba yo ordenándolo todo. Yo estuve a Su lado.” Él estuvo activamente involucrado con Su Padre como un obrero experto, ordenando las piezas del universo.

Así que cuando Dios creó el mundo, Jesús estuvo con El Padre, a Su lado, no como un espectador pasivo, sino trabajando activamente con Su Padre. Y, de la misma manera trabajaron juntos cuando Dios ideó el plan de salvación en la eternidad pasada. Jesús estaba con Él, ideando el plan con Él.

Y luego, al avanzar en Proverbios capítulo 8, vemos que a lo largo de toda la eternidad, Jesús estuvo gozoso—el Dios gozoso. Dice,

“yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto; versículo 30 y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.” (Versos 30-31)

“. . . era su delicia de día en día”, regocijándome en todo tiempo. Jesús nunca sintió nada más que gozo.

Es un cuadro, si se me permites exponerlo así, sin sonar irrespetuosa o trivial, es un cuadro de un Dios feliz, de un Salvador gozoso. El Padre y el Hijo se deleitaron muchísimo el uno en el otro. El Padre se deleitó en el Hijo, se complació de Su obra.  “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.” (Mateo 3:17) ¿Lo recuerdas?

“. . . era su delicia de día en día”. Y el Hijo se regocijaba en el Padre y se regocijaba en Su obra. “Complacido de hacer Su voluntad”. Este es un deleite mutuo; de uno con el otro—un Dios gozoso.

Y luego notamos en este pasaje a un Dios relacional. Ellos se disfrutaban entre sí. Disfrutaron estar juntos. Tenían a diario un sano compañerismo y una comunión inquebrantable entre ellos mismos. Pero Jesús—y esto es asombroso si meditas en esto: Jesús no solo se deleitó en Su Padre y disfrutó la compañía de Su Padre; sino que también desde la eternidad pasada se deleitaba en nosotros—se deleitaba en la humanidad.

“Regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.” (Verso 31). Verás, Jesús amó a Su Padre, amaba estar con Su Padre, así que también amó a los seres humanos, quienes habían sido formados a la imagen de Su Padre y se deleitó en nosotros.

Ahora, esto es todo un cuadro, muy diferente a lo que muchos piensan de Dios. Pensamos en Dios como un ser severo, imposible de agradar, sin complacerse en nosotros en lo absoluto, buscando cómo hacer nuestras vidas más difíciles de lo que son.

Y es verdad que existen aspectos del carácter de Dios y del corazón de Cristo que nos resultan difíciles, especialmente cuando pecamos. Cuando somos orgullosas, Él humilla al orgulloso. Pero si retrocedemos,  nos percatamos que desde el principio, Dios inicia deleitándose en nosotros, que es un Dios gozoso, que Jesucristo desde la eternidad pasada, estaba deleitándose en nosotros. Él estaba regocijándose en el mundo aún no habitado de Dios.

Jesús desea que estemos con Él y con Su Padre, que vivamos con Él al lado del Padre, que nos gocemos en Él, que nos deleitemos en Él, que nos deleitemos en servir y en bendecir a otros. Él anhela que nosotros lleguemos a disfrutar de la misma relación con el Padre que Él ha disfrutado por toda la eternidad. Él desea que participemos del gozo que Ellos experimentan como Padre e Hijo.

Eso es lo que Jesús dice en Juan capítulo 15: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto.” (v.11) Eso es lo que Cristo desea para ti. Él anhela que nosotras tengamos esa plenitud de gozo y esa relación que Él tenía con Su Padre Celestial.

Permíteme solo mencionar otro asunto: Sabemos que antes de que Jesús llegara a esta tierra, Él era rico. Él era glorioso. Él tenía gloria con el Padre. Él vivía en un medio maravilloso, libre de pecado; lo sabemos porque en Juan capítulo 17, al final de su vida terrenal, Él ora así, “Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera”. (v.5)

De manera que Jesús dejó todo esto, se vació de Sí mismo, de la gloria que tenía en el cielo, para venir a esta tierra. Él escogió dejarlo todo atrás. ¿Por qué se despojó de todo esto—de ese compañerismo, de esa comunión, de ese gozo, de esa continua celebración, de ese regocijo, y ese deleite? ¿Porque se negó a Sí mismo todo esto y descendió a éste planeta corrupto y pródigo?

Bueno, Él lo hizo en obediencia a la voluntad de Su Padre: “Me deleito en hacer Tu Voluntad.” Y lo hizo por Su gran amor por nosotros.

El viejo himno lo dice así:

Saliendo de los palacios de marfil, a un mundo de dolor; solo su gran amor eterno, impulsó a mi Salvador  “Saliendo de los Palacios” de Henry Barraclough.

Fue Su amor por ti; fue Su amor por mí, Su deleite en nosotros que le movió a venir a la tierra. Fue enviado a la tierra por el Padre, enviado en una misión divina. El Hijo eterno, eternamente preexistente, Él que siempre fue, irrumpió en el tiempo, vino a este planeta— y hablaremos de ello en nuestra próxima sesión.

Pero ¿Por qué lo hizo? Vino para hacer posible que nosotros experimentáramos el gozo, la comunión, la unidad con el Padre que Él había disfrutado con el Padre durante toda la eternidad. 

Leslie: Ella es Nancy Leigh DeMoss explorando una pregunta muy profunda: ¿Qué estaba haciendo Jesús en la eternidad pasada?

Oswald Sanders escribió un capítulo sobre ese tema en su libro, “El Cristo incomparable”. Muchas de nuestras oyentes están leyéndolo y escuchando a Nancy enseñar acerca de esto durante las semanas de preparación para el Domingo de Resurrección.

Nancy volverá mañana con la serie, El Cristo incomparable, y estará enfocando su enseñanza en la encarnación. ¿Qué significa eso de que Dios se hizo carne? Te invitamos a sintonizar mañana Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

2/27 – La perfección moral de Jesucristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

2/27 – La perfección moral de Jesucristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-perfeccion-moral-de-jesucristo/

Nancy Leigh DeMoss: Los científicos ahora  están reclamando  haber encontrado el estándar universal para la belleza. Simplemente es una  proporción matemática conocida como Phi o  “proporción divina” que también se le conoce como “El número de oro”.

Leslie Basham:  Esta es Nancy Leigh De Moss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: La proporción es la siguiente 1.618:1  Esta proporción se puede aplicar a numerosas áreas donde se pueda encontrar la belleza. Se aplica al arte, la  arquitectura, la naturaleza, y a la belleza facial.

Por ejemplo, si la cara de mejilla a mejilla mide 10 pulgadas, entonces para estar conformada a  la proporción ideal el largo de la cara desde arriba de la cabeza hasta debajo  de la  barbilla debe  de ser 16.18 pulgadas   Esto sería la verdadera belleza.

Hay un cirujano plástico que desarrolló una máscara “phi”, que es  el modelo  ideal del rostro humano, incluyendo estas divinas proporciones de oro. Hay otro estudio hecho por un psicólogo que dice que sorprendentemente hay una gran consistencia en  las proporciones y dimensiones que se consideran atractivas.  Este estudio dice que para ser atractivo el rostro femenino ideal puede ser descrito  de la siguiente manera—mira a ver  si encajas dentro de una de estas características:

– Ancho de ojos que sea tres décimas el ancho de la cara a nivel de los ojos.

– Largo de la barbilla: una quinta parte del largo de la cara.

– Distancia desde el centro de los ojos a la base de las cejas: una décima parte del largo de la cara.

– Largo del globo del  ojo: un catorceavo del largo de la cara.

– Ancho de la pupila: un catorceavo de la distancia entre los pómulos.

– Área total  de la nariz, debe de ser menos de un cinco por ciento del área de la cara.

¿Qué tan bella eres?  Este estudio nos dice que la más pequeña variación es importante en cuanto a lo que la gente percibe como atractivo. Por ejemplo “la boca ideal es la mitad o el 50% del ancho de la cara al nivel de la boca; si ese porciento varía en tan solo unos 10 puntos, la cara es  calificada como “menos atractiva”.

Tú lees eso y te das cuenta que el estándar de la belleza perfecta es inalcanzable.  Muy raras veces alguien se acerca a ella aunque algunos han tratado.   Al prepararme para esta sesión,  encontré   una edición de la revista Newsweek  con el siguiente título en su portada, “El rostro perfecto: Un estándar global de belleza y lo que las personas están haciendo para obtenerlo”. Lo que las personas están haciendo para obtenerlo son cada vez más cirugías plásticas.

Al  pensar en la perfección, en la belleza, en el rostro perfecto,  y  las divinas proporciones de oro, todo esto  me lleva al estudio que acabamos de iniciar,  al Cristo incomparable.

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh De Moss… Ella nos dirige a través de esta serie titulada “El Cristo incomparable”.

Nancy: A través de esta serie estamos  siguiendo el libro escrito por Oswald  Sanders llamado “El Cristo incomparable”[The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Hoy venimos al primer capítulo de ese libro titulado, “La perfección moral de Cristo”.  A lo que nos estamos refiriendo cuando hablamos de Su perfección es a Su Belleza, a Su hermosura—a la belleza de Cristo.

Él es el modelo de todo lo que es lindo, de todo lo verdaderamente bello y hermoso.  Él es el único “Perfecto 10”.  Todo lo que se relaciona a Él está en perfecta simetría, en perfecto balance, en perfecta proporción.  Él es el único que no necesita ser realzado.  Él no puede ser más perfecto de lo que ya es.

¿Qué tan diferente es esto de nosotras?  Nosotras todas necesitamos realzar nuestra belleza.  Ya sea la belleza exterior o la belleza de carácter, o la belleza moral… todas tenemos imperfecciones. ¿Acaso no nos damos cuenta de ello todo el tiempo? Nos vemos en el espejo y vemos cosas que quisiéramos que fueran diferentes. Pero cuando miras a Jesús, nunca vas a ver nada que necesite ser diferente.

Como lo señala en su libro Oswald Sanders, y algo que vemos en los evangelios, es “el retrato de un  Hombre, de un Hombre verdadero, de uno que manifiesta perfección en cada etapa de su desarrollo y en cada circunstancia de su vida.” (El Cristo Incomparable, p. 18)

Esta misma idea se transmite en el Salmo 45.  Es un pensamiento de amor, un poema que dice… Y yo pienso aquí en la venida mesiánica de Cristo: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres.”  No hay otro como  tú.  Eres incomparable.  “La gracia se derrama en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre”. (Salmo 45:2)

A través de los siglos ha habido muchos escritores de canciones y de himnos,  y  poetas,  que han tratado de capturar este retrato en palabras.  Me viene a la mente un antiguo himno escrito alrededor de los 1700, que ha sido de mis favoritos a través de los años. Dice,

Majestuosa dulzura firmemente entronada sobre la frente del Salvador;
Con glorias radiantes Su cabeza coronada, Sus labios gracia derraman.

Contempla los encantos de Su faz y en Sus glorias has tu morada;
Piensa en las maravillas de Su gracia, y de  todos Sus triunfos habla.

Ningún mortal de  entre los hijos de los hombres a Él compararse puede.
Intachable es y favorecido  más que todo el  cortejo celestial.
(“Majestuosa Dulzura Firme Entronada” por Samuel Stennett).

Él es más maravilloso,más bello que cualquier mortal, que cualquier ser humano.  Él es intachable y más maravilloso que cualquier criatura del cortejo  celestial.

Pero la belleza de Cristo no está tanto en su parte física como en Sus gracias, las gracias de Cristo.  Como hombre—y vamos a considerar su ministerio aquí en la tierra durante las próximas semanas, culminando con la Semana de la Pasión de Cristo—Él posee cada gracia, cada virtud en tensión  y en balance  perfecto.  No  hay nada que le falte, nada que esté fuera de balance.  Él no tiene “áreas insípidas” como todos tenemos, no hay deficiencia alguna en Él.  Algunas veces tenemos mucha gracia en un área pero en la contraparte de la misma estamos carentes.

Cristo las tiene todas en perfecta tensión, en perfecto balance, en perfecta simetría.  Él observó la Ley de Dios perfectamente.  No es que Él evitó pecar, sino que Él vivió el estándar perfecto de la Ley de Dios. Nunca se quedó corto en nada.

Hay mucho que podemos obtener para nuestras vidas, en particular si tomas el tiempo para contemplar la perfección de Cristo, el encanto de Cristo, la belleza de Cristo.  Yo me alegro tanto de que Sanders no  haya empezado este libro con el nacimiento de Cristo, sino  que él empezó   hablando de la hermosura, de la belleza y de la perfección de Cristo.  No hay nadie como Él.

Hay un pasaje maravilloso en el libro de Cantar de los Cantares de Salomón, en el Antiguo Testamento.  El Cantar de los Cantares es una historia de amor.  Es un  poema  del rey y de su novia.  Un bello retrato del matrimonio.  Pero también puedes darte cuenta que se está desvelando  allí el gran esplendor y la belleza de los encantos del Señor Jesucristo mismo.

En ese Cantar de los  Cantares, como es llamado, en el capítulo 5 tenemos el recuento donde el novio se acerca a su novia.  Él toca a la puerta de su habitación. Y le pide a ella que abra. Él quiere estar con ella, quiere pasar tiempo con ella.  Pero ella tiene sus excusas: Ella está cansada, ya preparada para acostarse a dormir, y no siente deseos de hacer nada.

Él persiste.  Y finalmente cuando ella le abre la puerta  se da cuenta que Él se ha ido de que ya no está.  Ella, perturbada por el cambio de los acontecimientos, sale a la ciudad y va a todos lugares en su búsqueda, diciéndoles a las personas, “¿Dónde está mi amado, lo han encontrado?” Luego se acerca a las hijas de Jerusalén—estas son sus amistades—y les pregunta a ellas, “¿saben ustedes dónde está mi amado?” “¿Lo han visto ustedes?” “¿Díganme adónde se ha ido Él?”

Y  en el  versículo  9 de Cantar de los Cantares, las hijas le dicen, “¿qué clase de amado es tu amado, oh la más hermosa de las mujeres?” ¿Qué clase de amado es tu amado, que así nos conjuras?” Lo que ellas están diciendo es,  “¿Qué tiene tan especial que lo echas tanto de menos? Tú sabes que Él ya partió, quizás haya aquí otros iguales a Él, quizás tú puedas encontrar alguien que lo reemplace”.

Entonces ella empieza a meditar en esto, y al principio del versículo 10, ella responde a las preguntas que ellas le han hecho.  “¿Qué tiene tu amado más que los demás? ¿Qué lo hace tan especial? ¿Qué lo hace tan singular?”  Ella   entonces  empieza  a describir a su amado a estas hijas de Jerusalén.

Ella dice en el versículo 10, “Mi amado es resplandeciente y rubio, distinguido entre diez mil”.  No hay otro como Él.  Y en los próximos versículos, ella les da una descripción detallada de Sus atributos físicos, de Sus características, y les dice qué es lo que ella admira de Él.  Ella da una descripción detallada.

Terminando en el versículo 16, ella dice, “Su paladar, dulcísimo, y todo él deseable.  ¡Este es mi amado y este es mi amigo, hijas de Jerusalén!”

John Flavel el Pastor Puritano de los años 1600 quien escribió toda una canción sobre Cantar de los Cantares capítulo 5 versículo 16, “Todo Él es hermoso.” Tituló el mensaje “Cristo es totalmente hermoso”. Él dice,

“Miren a todos los seres creados, revisen todo el universo: observarán  fortaleza  en uno,  belleza en el segundo, fidelidad en el tercero, sabiduría en el cuarto, pero en ninguno de ellos hallarás más excelencia que la que  encuentras en Cristo.

El  pan tiene una cualidad, el agua otra,  la vestimenta otra, la medicina otra; pero nada las tiene todas en sí mismas como lo tiene Cristo.  Él es pan para el hambriento, agua al sediento, vestido para el desnudo, ungüento sanador para el herido; y cualquier cosa que desee el alma lo puede encontrar en Él.”1

A medida de que esta novia le cuenta a sus amigas sobre la hermosura y la singularidad de su amado, dos cosas suceden.  Más adelante en el capítulo 6 vemos esto.  Primero,  la personas a quienes ella le habla acerca de su amado, lo quieren conocer.

Así es que en el capítulo 6 versículo 1 las hijas de Jerusalén le dicen a esta novia, “¿Adónde  se ha  ido tu amado, oh la más hermosa de las mujeres? ¿Adónde se ha dirigido tu amado, para que lo busquemos contigo?”

Cuando ellas oyen esta descripción ellas  piensan, “Wao, Él  es realmente muy singular”.  No hay otro como Él.  Lo queremos conocer.  Te vamos acompañar a ir en su búsqueda.

A medida que leemos el versículo 2, vemos que mientras ella está haciendo el recuento de sus encantos, de su  belleza y  de lo maravilloso que es su amado algo ocurre.  La intimidad que una vez ella experimentó y que había perdido, es restaurada.  Ella se da cuenta que él no se ha ido, que él aún está con ella y ella todavía tiene esa relación con él.

Así es que ella dice en el versículo 2, “Mi amado ha descendido a su huerto a las eras de bálsamo, a apacentar su rebaño en los huertos y recoger lirios.”  En este  lenguaje pintoresco y  lleno de simbolismo, lo que este poema de amor quiere decir es, “Mi amado ha vuelto a mí.” Él ha vuelto a sus jardines.

Y entonces  dice en el versículo 3, “Yo soy de mi amado y mi amado es mío.”  Y aquí vemos una  preciosa y dulce satisfacción del alma, al experimentar una vez más esa  intimidad y esa unión con su amado del que ella creyó haber estado separada, con el cual ella pensó haber perdido esa intimidad.  Y entonces otros quieren conocerle. La intimidad que ella una vez experimentó ha sido restaurada.

De manera que nosotras, al pensar en  la belleza y en los encantos de Cristo, nos hablamos a nosotras mismas acerca de Sus maravillas.  Al  contarlas  a los demás, ellos también sienten un creciente deseo por conocerle.  Y al hacer esto encontramos que nosotras también entramos en una mayor experiencia de intimidad con Él.

Ahora, en la medida que nos enfocamos las bellezas y las maravillas de Cristo, nosotras llegamos a reconocer que Él no solo es nuestro Salvador y Señor—Él es todo  esto, y hay mucho más acerca de Él sobre lo cual estaremos hablando en las próximas semanas—pero también nosotros nos damos cuenta de que Él es nuestro más preciado tesoro.

Él es bello.  No solo es Él justo, Él es bueno, Él es hermoso. Él es perfecto.  No hay nada en esta tierra más deseable que Él.  Al tener a Cristo, tenemos lo más bello, lo más hermoso, la cosa más maravillosa, la posesión más maravillosa, la  relación  más maravillosa que cualquier ser humano pueda tener en este planeta.

Cuando nos damos cuenta del tesoro que es Cristo, eso nos hace vivir nuestras vidas de manera diferente:

No pasaremos toda nuestra vida buscando cosas y  personas que nunca podrán satisfacernos plenamente.

Enfocaremos  nuestra atención y nuestros esfuerzos en Cristo.

Desearemos tener una devoción por Él sin distracciones.

Desearemos pasar más tiempo con Él.

No necesitaremos que se nos diga “Debes tener un tiempo de devoción. Necesitas leer tu Biblia.  Necesitas orar”.  Nosotras desearemos estar con Él.  Vamos a querer conocerle.  Desearemos decirle “no” a las demás cosas que nos distraigan para procurar a Cristo porque nos hemos dado cuenta de que Él es hermoso.

Un recordatorio aquí, Cristo solo es hermoso, precioso, bello para aquellos cuyos  ojos han sido abiertos para ver Su belleza.  Hasta tanto el Espíritu Santo abra tus ojos para ver cómo Él es, hasta ese punto, nuestros ojos están ciegos y Cristo es indeseable para aquellos que nunca han podido ver su belleza.

De hecho, leemos en Isaías 53, que es un pasaje profético del Antiguo Testamento acerca del Cristo Mesiánico. Este texto dice:

“No tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos. Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y  como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos. (Versículos 2-3)

Ahora, ¿cómo se puede despreciar a alguien tan hermoso, a alguien tan bello, a Uno que es perfecto? ¿Cómo pudimos nosotras en algún momento  de  nuestras vidas despreciarle y no estimarle?  ¿Cómo no lo pudimos apreciar? ¿Cómo pudimos ignorarle? ¿Cómo pueden tantas personas en este mundo aun despreciarle y no estimarle y no considerarle bello, hermoso y perfecto? ¿Cómo puede ser esto?

Es porque hasta ese punto nuestros ojos no habían sido abiertos para saber quién Él es.  Hay tantos en este planeta cuyos ojos todavía no han sido abiertos para ver que Él es bello.  Si Él no es totalmente hermoso para ti, si Él no es tu mayor tesoro, si tú no lo ves a Él como una posesión de inmenso valor, si no te maravillas y  admiras  Sus encantos y Su belleza, tienes que preguntarte, “¿Realmente le conozco?” “¿Han  sido mis ojos abiertos para yo ver quien realmente Él es?”

Si  la respuesta  a esto es  “no,”  entonces déjame animarte a ir al Señor en oración y decirle, “Señor, yo quiero conocerle.  Abre mis ojos para yo  ver a Cristo,  conocerle a Él, ver quién es Él  realmente.   Preséntamelo.  Ayúdame a verle a Él, y conocerle a Él como realmente Él es.”

Luego tenemos que recordar que la perfección solo se encuentra en Cristo.  No se  encuentra en los demás o en uno mismo.  Si buscas en cualquier otro lugar para encontrar belleza, o encontrar encantos inagotables  o para encontrar lo que es perfecto y sin defecto, vas a  ser decepcionada.

Eso es lo que nos lleva a tanta depresión y desánimo en este mundo.  Es que miramos a las personas y a las cosas en lugar de ver a Cristo para la satisfacción de nuestras necesidades y para la satisfacción de los anhelos más íntimos de nuestro corazón.  Pones tu mirada en cualquier cosa—en tu esposo, tu casa, tu trabajo, en ti misma—y  en algún momento te vas a desalentar.  Pero míralo a Él, Él siempre va a exceder y a sobrepasar tus más altas esperanzas y expectativas.  Nunca seremos  defraudadas  cuando  lo  miramos a Él.

El darnos cuenta de que la perfección solo se encuentra en Él, es llegar al final de nuestros  empeños, de nuestros esfuerzos humanos  para perfeccionarnos. Nosotras pronto nos  daremos cuenta de que no podremos ser perfectas.  Yo me encuentro con muchas mujeres que están   realmente tratando de ser grandes mujeres cristianas.

Ellas se desalientan y  se desaniman en el proceso. Pero ¿Por qué?  Porque no podemos ser perfectas.  No tenemos esa proporción perfecta de la cual hemos venido hablando.

-No la tenemos físicamente.

-No la tenemos espiritualmente.

-No la tenemos moralmente.

-Somos unas incompetentes que desesperadamente necesitan un Salvador.

Así es que el llamado a la vida cristiana no es un llamado a “borrón y cuenta nueva” o a esforzarse por ser una persona mejor, sino a reconocer nuestra imperfección.  Es un llamado a decir,  “soy imperfecta”, y dejar que el Espíritu de Cristo nos transforme a Su imagen a medida que lo contemplamos a Él.

Esta mañana me desperté y me sentí muy pecadora.  Revisé mentalmente mi día de ayer, no salí y cometí pecados atroces pero  al despertar esta mañana pensé en mi falta de dominio propio, pensé acerca de diferentes aspectos de mis reacciones, de mi espíritu.  Esto me sucede muchas veces en la mañana.  Oh… ¿Soy la única? Oh, no soy la única pecadora  aquí.

Me levanté con un sentido de necesidad.  Ahí mismo vino a mi memoria lo que iba a enseñar hoy.  Solo Cristo es perfecto.  Cristo es perfecto.  Fue ese gran predicador del pasado, Robert Murray M’Cheyne quien dijo, “Por cada mirada a ti mismo, pon tu mirada en Cristo 10 veces”.

No vivas en desaliento.  No vivas en derrota.  Si, reconoce que somos un fracaso, somos incompetentes.  El punto no es  convencernos los unos a los otros de que somos  buenas personas.  El punto es reconocer y recordarnos los unos a los otros que realmente somos un incompetente.  Tú pecadora.  Tú eres imperfecta; tú tienes tacha.  Pero mira a Cristo.  Él es perfecto.  A medida que consideramos y vemos la perfección moral, la belleza de Cristo, nosotras le respetaremos.  Nosotras le adoraremos.  Lo amaremos más.  Nosotras  desearemos conocerle más, más íntimamente.  Desearemos hablarle a los demás sobre Él. Tal y como lo hizo esa novia en el Cantar de los Cantares.

Seremos más y más como Él  y entonces reflejaremos  a los demás  Su belleza, Su perfección moral.  A medida que reflejemos Su belleza, otros lo desearán.  Él vendrá a ser  deseable  para ellos, y la tierra será llena de la gloria de Cristo.

Señor te pido que Tú hagas esa obra en nosotras; que Tú despliegues la belleza de Cristo.  Él es el único rostro perfecto.

Así que te adoramos, Señor Jesús.  Tú eres hermoso.  Tú eres bueno.  Tú tienes la simetría perfecta.  Tus encantos están en el balance perfecto, la proporción de oro divina, eres Tú.  Te amamos.  Y te pedimos que nuestras vidas puedan reflejar y desplegar tu belleza en un mundo que tan desesperadamente  necesita ver la  gloria de quien Tú eres.

Que nuestras vidas despierten en los demás una sed de ti.  Que señalen a otros hacia ti.  Y que ellos lleguen a decir, “Sí, lo amamos a Él, nosotros   también  queremos conocerle a Él”. Yo te lo pido en el nombre de  Jesús. Amén.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado describiendo la perfección moral de Cristo.  No es un tema del que oímos muy a menudo, pero es uno que me lleva a adorar a Jesús de una manera fresca. En las semanas que culminan en el Domingo de Resurrección, Nancy nos mostrará facetas de la vida de Cristo que muchas veces  han sido descuidadas.

Este ministerio se hace realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes de manera internacionalmente.

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¿Qué estaba haciendo Jesús antes de venir como un bebé a esta tierra?  Es una pregunta fascinante.  Nancy la va a explorar mañana en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

http://www.puritansermons.com/sermons/flavel1.htm.

Hermoso Eres, Eric López, En Tus Alturas ℗ 2011 Life House Music Group.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

1/27 – Las afirmaciones únicas de Jesús

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

1/27 – Las afirmaciones únicas de Jesús

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/las-afirmaciones-unicas-de-jesus/

Leslie Basham: ¿Valdría la pena aprovechar la tradición que llaman Cuaresma?  Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Bueno, como muchas de ustedes saben, hoy venimos al primer día de lo que mucha gente alrededor del mundo celebra como Cuaresma, consiste un período de aproximadamente seis semanas que culmina con el Domingo de Resurrección.

La Cuaresma a menudo está asociada con algún tipo de ayuno.  Escucharás a la gente decir, “Voy a dejar de hacer algo o dejar de comer algo durante la cuaresma”— chocolate o café o juegos de computadora o Facebook.  “Voy a dejar esto o lo otro durante la Cuaresma”.  Tal vez has escuchado a algunas personas decir eso.

Algunas personas ayunan durante la Cuaresma como un medio de disciplina o dominio propio sin atribuirle ningún significado espiritual—es como hacer resoluciones para el nuevo año.

Hay otros que creen que al ayunar en Cuaresma y negarse a sí mismos durante estas semanas, pueden de alguna manera merecer la gracia o el favor de Dios.  Por supuesto, sabemos que las Escrituras dicen que “Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia” (Tito 3:5).  Así que no es malo ayunar, pero sabemos por la Palabra de Dios que el ayunar no nos ganará el favor o la gracia de Dios.

Luego, también sé de otros que ayunan durante la Cuaresma como una manera de recordar los sufrimientos de Cristo a nuestro favor.  Al llegar a la semana donde celebramos la Pasión de Cristo, cuando conmemoramos la muerte de Cristo por nosotros, algunas personas ayunan como recordatorio de lo que Cristo ha hecho por nosotros.  Niegan su carne durante estas semanas como un recordatorio diario de que Cristo murió y resucitó para darnos libertad de nuestra esclavitud de nosotros mismo y de nuestra carne.

Pienso que hay cierto valor, independientemente de cómo observes estas semanas, en  tomar períodos de tiempo donde limpiamos el desorden de nuestras vidas y donde decimos “no” a cosas que nos son lícitas pero que quizás se han convertido en muy importantes en nuestras vidas, al mismo tiempo que nos enfocamos en cultivar un mayor corazón por Cristo.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Las iglesias en la que crecí no observaban la Cuaresma, pero hace unos años comencé a  apartar este período de 40 días para enfocarme en Cristo de una manera más intencional, y esto ha sido una gran bendición para mí.

Una de las cosas que hago cada año es seleccionar uno o más libros acerca de la vida y la pasión de Cristo y los leo en mi tiempo devocional durante esta temporada.  Durante estas semanas yo le pido al Señor que suavice mi corazón y lo prepare para conmemorar la muerte, la pasión, y la resurrección de Cristo.

Desafortunadamente, algunos de estos días especiales en las tradiciones y en el  calendario Cristiano que antes se observaban como días santos se han convertido simplemente en días festivos.  Como resultado, le quitamos su significado y su poder y lo que pudieran significar en nuestras vidas.

Así que pienso que es bueno ser intencionales en aprovechar estas oportunidades y tornar nuestros corazones y nuestros pensamientos hacia la realidad y el significado de estos días en el calendario cristiano, y ciertamente no hay tiempo más especial dentro de todas esas fechas que el tiempo donde celebramos la Pasión de Cristo: el Viernes Santo y el domingo cuando celebramos Su resurrección.

Hace unos años,  en mi tiempo devocional durante esta temporada  leí un libro clásico por J. Oswald Sanders llamado “El Cristo incomparable” [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Es un libro que tiene 36 capítulos cortos, y lo leí durante este periodo.    Cada uno de esos capítulos es acerca de un aspecto diferente de la persona y de la obra de Cristo.

Este libro realmente me ministró.  Fue una gran bendición para mí. Así que decidí que este año animaría a nuestras oyentes a leer ese libro conmigo—si puedes adquirirlo está en inglés— y acompañarme durante este período , durante estos 40 días que nos llevan a la Pascua, enfocándonos en Cristo de una manera más concentrada.

Así que durante esta temporada vamos a usar el libro de Sanders, [The Incomparable Christ  [“El Cristo incomparable”] como una guía.  No voy a leerte el libro — tú puedes hacer eso por ti misma — pero voy a usar el bosquejo que tiene el libro acerca de estos diferentes aspectos de la vida de Cristo, y lo vamos a ir siguiendo a través de estas semanas que nos llevan a la Pascua.

El nombre Oswald Sanders quizás no sea conocido para ti.  Él fue un maestro bíblico y un estadista misionero de mediados del siglo 20.

Así que cada día, durante las próximas semanas, vamos a ir viendo diversos aspectos o períodos de la vida y del ministerio de Cristo aquí en esta tierra.

Veremos Su nacimiento, Su niñez, Su bautismo, Su tentación.  Veremos la deidad de Cristo, lo que significa y por qué es importante, y veremos la humanidad de Cristo.  Veremos Sus enseñanzas, Su humildad, Su vida de oración.

Luego, en la medida que nos vamos acercando a la Semana Mayor, estaremos viendo el juicio de Cristo, Su obra expiatoria en la cruz, y lo qué significa esto para nosotras.  Pasaremos un día en cada una de las siete palabras de Cristo en la cruz.  Luego vamos a continuar esta serie una semana después del Domingo de Resurrección para que podamos considerar Su resurrección, Su ascensión, Su supremo ministerio sacerdotal en el cielo hoy, y Su segunda venida— la gran esperanza de cada hijo de Dios.

Para poder sacar el máximo de esta serie, déjame recomendarte unas cuantas cosas: antes que todo, si puedes leer en ingles y si no tienes una todavía, puedes tratar de conseguir una copia del libro de Sanders, El Cristo incomparable, [The Incomparable Christ] y síguenos.  Mañana comenzaremos con el capítulo uno: La perfección moral de Cristo.  Pero de nuevo te digo que, no es necesario que obtengas el libro para sacarle provecho a las enseñanzas de esta serie.

Solo quiero animarte a enfocarte en Cristo, a poner toda tu atención, tu afecto en Él.  Debemos de estar haciendo eso cada día del año, pero de una manera especial durante esta temporada; vamos a enfocándonos en Cristo.

Luego si quieres involucrarte más, ve a la sección de comentarios justo debajo de la transcripción de este programa en nuestra página de Avivanuestroscorazones.com, y allí podrás interactuar con otras mujeres que están siguiendo igual que tu esta serie.

Quizás quieras ir anotando la forma como cada aspecto de Cristo que vayamos viendo te va impactando:

¿Cómo te ministra?

¿Cómo te bendice?

¿Qué diferencia hace en tu vida?

¿Cómo quiere el Señor que respondas a lo que estás escuchando?

Y así puedes conectarte con tus comentarios y unirte a otras mujeres que están siguiendo la serie al igual que tú.

Ahora, humanamente hablando, hacer una serie como esta, hacer una serie de 40 días acerca de cualquier cosa en Aviva Nuestros Corazones es un poco riesgoso—porque es una serie larga, más larga de lo normal.  Hacer una serie como esta es un poco atemorizante.  Déjame decirte por qué.

Para poder estar en el aire, dependemos de que las personas respondan a nuestro programa, dejándonos saber que están escuchando, que están enviando donaciones para apoyar y respaldar el ministerio, entre otras cosas y cuando hacemos series acerca de temas de necesidad como son el matrimonio,  los desórdenes alimenticios o la depresión, por ejemplo, recibimos mucha respuesta.  La gente dice, “Yo necesito eso.  Yo quiero obtener este recurso.  Yo quiero apoyar este ministerio”.

Lo triste es que hoy muchas personas realmente no están emocionadas en  enfocarse en Jesús ni por un día, y mucho menos por 40 días.  Así que cuando decidimos embarcarnos en esta serie, nos dimos cuenta de que humanamente hablando era un poco riesgoso.

¿Pero sabes qué?  No pienso que realmente sea riesgoso enfocarnos en Cristo porque yo sé que si la gente se concentra en Él, si lo consideran a Él, si cultivan una relación más íntima con Él, entonces cuando llegue a sus vidas cualquier problema o cualquier necesidad práctica, estarán conectadas con el Único que les puede ayudar a lidiar con esos problemas.

Siempre es provechoso conocer a Jesús más íntimamente, y desde el primer día de este ministerio—y hemos estado en el aire alrededor de 13 años ya, desde el primer día, hemos tratado día tras día tras día de dirigir  la gente a Cristo; hemos tratado de hacer que la gente se conecte con Jesús.

Porque es a Cristo a quien necesitamos.  Cristo es a quien tú necesitas.  No importa qué crisis estés enfrentando hoy.  Lo que más necesitas es encontrarte con Cristo.  Eso es lo que yo más necesito, y en eso es en lo que nos vamos a enfocar en estos días.

El Señor ha estado usando este estudio en mi propia vida mientras me he venido preparando, y estoy tan emocionada acerca de la manera en que Él va a usarlo en la vida de nuestras oyentes mientras buscamos conocer a Cristo de una manera más íntima y más genuina.

Ahora, permíteme hablar solo unos momentos hoy acerca del título de esta serie, el título del libro es “El incomparable Cristo” (The Incomparable Christ).  Incomparable…esa palabra sugiere que no hay nadie como Él.  Y no hay nadie como Él, pero la verdad es que la mayor parte del mundo hoy no está de acuerdo con lo que acabo de decir.

La verdad es que la mayoría de las personas en el mundo no afirma que Cristo es incomparable, y en nuestro mundo multicultural del siglo 21, hay una serie de religiones que afirman tener una parte de la verdad.  Muchas de las afirmaciones hechas por estas religiones son mutuamente excluyentes con el cristianismo.  Las dos no pueden ser verídicas.

Entonces, ¿a quién y qué debemos creer?

Nosotras como cristianas, ¿Cómo vamos a responder a aquellos que insisten que su fe es igual o más válida que la nuestra?

¿Cómo vamos a presentar el Evangelio de Cristo a un mundo que lo ve a Él como algo diferente o algo menos de lo que nosotras creemos que Él es?  Él es solo otro más en otro panteón de líderes religiosos.  ¿Cómo vamos a presentar a Cristo en ese tipo de mundo?

Bueno, déjame sugerirte que la credibilidad y la validez del mensaje de Cristo se desprenden directamente  del tema de Su identidad.  ¿Quién es Jesucristo?  ¿Es Él realmente  incomparable?  Porque si no lo es, entonces todas estas cosas que estamos enseñando acerca del Evangelio de Cristo, de la Palabra de Cristo, estarán en tela de juicio si Cristo no es quien Él afirmaba ser.

En un momento dado durante Su ministerio terrenal, Jesús le preguntó a sus discípulos, “¿Quién dicen los hombres que soy Yo?” (Marcos 8:27).  Hubo una variedad de respuestas como seguramente sucedería si hiciéramos la misma pregunta hoy.  Algunos dirían que Jesús fue un buen hombre; otros dirían que Él fue un filósofo; que es un ejemplo moral; que es un maestro.

Luego, del otro lado, hay aquellos que consideran a Cristo un fraude.  Algunos dirían que Él es un peligro o una amenaza para la sociedad moderna de hoy.

Bueno la pregunta de seguimiento que Jesús hizo a sus discípulos es aun más intencional y más crucial que la primera, y esa pregunta es, “¿Quién decís que soy Yo?” (Marcos 8:20). ¿Quién dicen ustedes que soy yo? No solo quién dicen los demás que soy, pero, ¿quién dicen ustedes que soy Yo?

Yo sugeriría que esta es una pregunta que cada persona tiene que hacerse y contestar.  ¿Es Jesús quien Él afirmaba ser?  Y si, así es, ¿Cuáles son las implicaciones para nuestras vidas?  Lo que creemos acerca de Jesús determina nuestro destino final.

En su  libro, “El discípulo radical” (The Radical Disciple, disponible en inglés), John Stott habla acerca del  mundo en el que vivimos.  Él resalta la importancia de afirmar la singularidad de Jesús.  Déjame leerte del libro de John Stott acerca de este tema.  Él dice,

El pluralismo…afirma que todo “ismo” tiene su propia validez independiente y el mismo derecho de obtener nuestro respeto.  Por lo tanto, rechaza el cristianismo en lo que respecta a su carácter definitivo y de singularidad, y condena como pura arrogancia el intento de convertir a cualquiera (mucho menos a todos) a lo que ellos consideran como meras opiniones.

¿Cómo debemos responder a este espíritu de pluralismo?  Con gran humildad, espero, y sin indicio de superioridad personal.  Pero debemos continuar afirmando la singularidad y el carácter definitivo de Jesucristo.  Porque Él es único en Su encarnación (el único Dios hombre), es único en Su expiación (solamente Él ha muerto por los pecados del mundo), y Él es único en Su resurrección (solamente Él ha conquistado la muerte).

Y como en ninguna otra persona más que en Jesús de Nazaret Dios se convirtió en humano (en Su nacimiento), y llevó nuestros pecados (en Su muerte), y luego triunfó sobre la muerte (en Su resurrección), Él es únicamente competente para salvar a pecadores.  Nadie más posee sus cualificaciones.

Así que podemos hablar acerca de Alejandro Magno (el grande),  Carlos el Grande y Napoleón el Grande, pero no de Jesús el Grande.  Él no es el Grande — Él es el Único.  No hay nadie como Él.  Él no tiene rival ni sucesor.

¿Alguien quiere decir amén a eso?

Verdaderamente no hay nadie como Jesús — ni cerca de lo que Él es. Pero quiero recordarnos que no es suficiente que intelectualmente afirmemos Su singularidad. Si Cristo  es verdaderamente incomparable, Él merece ser el objeto supremo de nuestro afecto y de nuestra atención.  No es suficiente solo saber que Jesús es incomparable.  Tenemos que firmemente poner nuestros ojos y nuestra esperanza en Él.

Las Escrituras nos dicen que:

Solo Él puede salvarnos de nuestro pecado.

Solo Él puede santificarnos, hacernos santas.

Solo Él puede satisfacer nuestras almas sedientas.

Solo Él puede sostenernos y fortalecernos cuando nos cansamos de correr la carrera y somos tentadas a tirar la toalla.

Y —pienso que esto es asombroso— es al mirar a Cristo que somos transformadas a Su semejanza, cuando nos hacemos como Él.

Segunda de Corintios 3 nos dice que “pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria” (versículo 18).  Y un día esa transformación será completada.

Primera de Juan capítulo 3 nos da una asombrosa promesa que dice, “pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es”.  Ver a Cristo, contemplarlo, fijar nuestra mirada en Él es ser transformadas a Su semejanza.

A través de los próximos 40 días, queremos contemplarlo.  Queremos considerarlo, fijar nuestro enfoque en Él.  Y eso toma tiempo.  Porque somos gente ocupada.  Estamos muy ocupadas.  Hay muchas cosas pasando a nuestro alrededor. Esto podría significar menos tiempo en Facebook durante los próximos 40 días.  Esto podría significar menos juegos en la computadora.  Esto podría significar menos televisión en la noche.  Esto podría implicar decir, “No” a algunas otras cosas para que podamos fijar nuestra atención en Cristo.

Pero al hacerlo, llegaremos a conocerlo y luego el conocerlo será adorarlo, amarlo,  confiar en Él, y seguido a esto vamos a ver que querremos obedecerlo, seguirlo.  Nos asemejaremos más a Él.  Y luego tendremos el deseo de ayudar a otros a conocerlo; el deseo de darlo a conocer a los demás — nuestra meta es que Él pueda propagarse a través de nosotras, lo que el apóstol Pablo llama “la fragancia de su conocimiento”; que esa fragancia se extienda por todas partes (2 Corintios 2:14).

Pero todo comienza al considerarlo a Él — considerándolo a Él.  Me viene a la memoria el pasaje en Hebreos 12 donde el escritor dice,

Despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, [¿Cómo hacemos eso?] puestos los ojos en Jesús, [mirando a Jesús], el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, [en eso nos vamos a enfocar en estas próximas semanas — en Cristo, quien soportó la cruz] menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios (versículos 1,2).

Considéralo a Él — considera a quien soportó de los pecadores tal hostilidad en contra de Él para que tú no te canses o seas de poco ánimo.  Yo sé que estoy hablándoles a algunas oyentes que se han cansado y que tienen poco ánimo.  Estás ahí batallando para poder quedarte en la carrera.  Estás teniendo dificultad de soportar.  Quieres tirar la toalla.

¿Qué puedes hacer?  Considéralo a Él.  Mira a Jesús.  Míralo a Él — Él está en la línea final.  Él nos está esperando.  Él es el Autor y Consumador, el consumador de nuestra fe.  Él es el que puede sostenernos y mantenernos en la carrera.  Mira a Jesús.  Considéralo a Él.

William Burns fue un evangelista escocés del siglo XIX.  En 1840 el escribió una carta a los jóvenes en su iglesia.  Quiero dejarte con un párrafo de esta carta.  Él les dijo a esos jóvenes lo que es un buen consejo para toda edad.  Él dijo:

“¡Miren a Jesús!” es el todo del Evangelio.  Miren y asómbrense, miren y vivan, miren y amen, miren y adoren, miren y admiren, miren y sean bendecidos, miren y sean glorificados, miren eternamente — y sus corazones serán llenos de amor eterno, y sus bocas con un aleluya interminable”.

¿Amén? Amén.

Señor, te pedimos que a través de estas próximas semanas  Tú nos ayudes a mirar a Jesús, a considerarlo, a fijar nuestros ojos firmemente en Él.  Mientras fijamos nuestra mirada, mientras miramos, mientras te contemplamos, al Cristo incomparable, que seamos transformadas a Tu semejanza.  Oro en el nombre de Jesús, amén.

Leslie: No hay nadie más como Jesús.  Eso se oye como una declaración simple, pero en el mundo de hoy, suena muy radical. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando acerca de la singularidad de Cristo, ella estará de regreso.

Ese mensaje da inicio a  una nueva serie, titulada, El Cristo incomparable.  Espero que escuches todos los días desde hoy hasta el Domingo de Resurrección, y si puedes obtén el libro “El Cristo Incomparable” en inglés para que sigas esta serie [The Incomparable Christde Oswald Sanders.

Si lees un capítulo del libro diariamente y escuchas los programas mientras Nancy enseña materiales relacionados, esta podría ser la temporada de Pascua más significativa que tú hayas experimentado. Por supuesto, si no puedes obtener el libro, serás igualmente edificada.

Cuando escuchas la palabra hermoso, ¿Qué viene a tu mente?  Mañana nos enfocaremos en la Persona que más perfectamente representa la belleza.  El Cristo incomparable continúa mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aquí está Nancy para concluir…

Nancy: S.M. Lockridge fue un predicador afroamericano del siglo XX quien fue mejor conocido por su descripción de seis minutos y medio de Jesús conocido como “¡Ese Es Mi Rey!” quiero que escuches mientras compartimos contigo solo un extracto de ese mensaje que espero despierte tu apetito para esta serie de El Cristo incomparable.

S. M. Lockridge: La Biblia dice que Él es el Rey de los Judíos.  Él es el rey de Israel.  Él es el rey de justicia.  Él es el rey de los tiempos.  Él es el rey del cielo.  Él es el rey de Gloria.  Él es el Rey de reyes, y es Señor de señores.  ¡Ese es mi Rey!

David dijo que los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento demuestran las obras de Sus manos.  Ninguna manera de medir puede definir Su amor ilimitado.  Ningún periscopio de largo alcance puede traer a visibilidad la costa de Sus provisiones.  Ninguna barrera puede impedirle a Él derramar Sus bendiciones. ¿Lo conoces?

Él es perdurablemente fuerte.  Él es enteramente sincero.  Él es eternamente inquebrantable.  Él es inmortal y lleno de gracia.  Él es imperialmente poderoso. Y Él es imparcialmente misericordioso.  ¡Ese es mi Rey!

Él es el Hijo de Dios.  Él es el Salvador de los pecadores.  Él es la pieza central de la civilización.  Él se apoya solo en sí mismo.  Él es majestuoso.  Él es único.  Él no tiene paralelo.  Él no tiene precedentes.  Él es supremo.  Él es preeminente.  Él es la idea más elevada en la literatura.  Él es el personaje más alto de la filosofía.  Y Él es el problema supremo de alta crítica.

Él es la doctrina fundamental de la verdadera teología.  Él es lo único necesario para la religión espiritual.  ¡Ese es mi Rey!

Él es el milagro de los tiempos.  Él es el superlativo de cualquier cosa buena que tu elijas llamarle. Él es el único capaz de suplir todas nuestras necesidades simultáneamente.  Él suple la fuerza al débil.  Él está disponible para el tentado y para los atribulados.  Él simpatiza,  Él salva.  Él protege,  Él guía.  Él sana al enfermo.  Él limpia al leproso.  Él perdona a los pecadores.  Él liberta a los cautivos.  Él defiende al débil. Él bendice a los pequeños.  Él  sirve a los desafortunados.  Él estima a los ancianos.  Él recompensa al diligente, y Él embellece al humilde.

Me pregunto, ¿Lo conoces?  Mi Rey es la clave del conocimiento.  Él es el manantial de la sabiduría.  Él es la puerta de la libertad.  La gloria es toda Suya.    Suyo es el reino y el poder y la gloria por siempre y siempre y siempre — y cuando termines con todos estos “siempres”, entonces amén y ¡amén!

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Voz adicional: S. M. Lockridge, en la voz de Carlos Mena.

Él Es, Isabelle (con Tercer Cielo & Marcos Yaroide), Él Regresará ℗ 2005 Isabelle Váldez.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

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