M5 – Liberada de la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M5 – Liberada de la adicción

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Carmen Espaillat: Con nosotros Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss : Si estas buscando satisfacción en algo o alguien aparte de Cristo, inicialmente podrá parecer que todo está funcionando, pero invariablemente vas de camino a sufrir decepción, desilusión, y estarás conformándote con menos de lo que Dios desea darte.

Debemos mantenernos recurriendo a Cristo; a Su cruz, a Su Espíritu y Su gracia.

Carmen: Estas escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Hemos estado compartiendo un estudio muy útil llamado El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . Este pasaje contiene mucha sabiduría práctica para la mujer. Esta semana nos enfocamos en lo que el pasaje nos dice acerca de la adicción y el alcoholismo.

Hoy Nancy nos habla sobre cómo encontrar libertad de todo tipo de adicción.

Nancy: recibí ayer un correo electrónico de una señora que escribió solicitando ayuda a Aviva Nuestros Corazones para una amiga que está luchando con la adicción a las drogas y a la prostitución.

La señora que escribió decía: “Mi amiga está desesperada por cambiar pero no puede. Ahora está más confundida porque después de un largo tiempo sin consumir drogas, recientemente tuvo una recaída. Ella tan solo desea morirse.”

Así que esta amiga — ¡y doy gracias a Dios por las amigas!— esta acudiendo a nosotras rogando: “¿Podrían ayudarme a darle una mano a mi amiga que está luchando con la adicción y la prostitución?”

Y pensé que, aunque la drogadicción y la prostitución no son cosas que he experimentado personalmente, mientras leía eso me podía identificar con el hecho de tener un pecado que te acosa y pasar un buen tiempo pensando que estas caminando en victoria y de repente, algo te provoca, o bajas la guardia, o eres tentado de una forma diferente y caes de nuevo, y te sientes confundida, frustrada, decepcionada contigo misma y a veces tan solo te quieres morir.

Mientras leía esto, pensé que eso es precisamente lo que tengo que hacer. No quiero decir ‘morir’ literalmente, sino que espiritualmente debo llegar a ese punto donde pueda reconocer que no soy yo, “sino Cristo que vive en mí” (Gálatas 2:20). No puedo vivir esta vida yo sola.

Así que ya puede ser que sean las drogas, la prostitución, el alcohol, el helado, o cualquier otra cosa que consideremos que no es en esencia pecaminosa — algo que quizás es inocuo, pero que se ha convertido para nosotras en un dios, en un ídolo….hoy deseamos hablar de la frustración que a veces nos embarga cuando tratamos de alcanzar la victoria sobre nuestra carne, cuando tratamos de ser libertados de la adicción.

Esto viene en el contexto de Tito capítulo 2, donde se instruye a las mujeres ancianas a cómo deben vivir, el tipo de vida que deben llevar. Debemos darnos cuenta que todas somos esclavas. Somos o esclavas del pecado, o esclavas de la justicia.

O somos esclavas de nosotras mismas, de la influencia de Satanás y del engaño en nuestras vidas, o somos esclavas de Dios y de Su justicia.

Cuando el apóstol dice que las mujeres no deben ser esclavas del mucho vino, utiliza una palabra que usualmente se traduce como siervo en algunas de las traducciones. Está relacionada a esa palabra, y se refiere a una persona que está atada, que se encuentra controlada por, o bajo la voluntad y el dominio de otra persona.

En Tito capítulo 3 versículo 3 Pablo nos dice, “Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos”. Así era cuando no éramos cristianas. Ahora que somos cristianas, Pablo dice, que no debemos ser esclavas del mucho vino o de cualquier otra cosa que nos aparte de la intimidad con Cristo y de nuestra relación con Él.

Un pasaje maravilloso para memorizar y para meditar con relación a la adicción y a la esclavitud —la esclavitud al pecado o a la justicia-— se encuentra en Romanos capítulo 6.

No vamos a pasar mucho tiempo en esto; quizás en otra oportunidad enseñe sobre ese pasaje completo, pero es un pasaje con el que ustedes deben estar familiarizadas. Deben memorizarlo; deben meditar en él. Permítanme tomar unas pocas frases de ese capítulo para mostrarles lo que quiero decir.

En Romanos capítulo 6 versículo 6 Pablo dice que, “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él (con Cristo)… a fin de que ya no seamos esclavos del pecado.” Aquí encontramos una palabra similar; es una especie de “familia de palabras” —esclavos, esclavitud, esclavizados— todas son palabras similares en el griego.

Él dice que fuimos crucificados con Cristo para que no estuviésemos esclavizados más al pecado. Por cierto este debería ser un mensaje de esperanza para todas aquellas de nosotras que hemos sentido esas cadenas y esa esclavitud del pecado o de hábitos pecaminosos y carnales, y sobre los cuales hemos pensado: “no puedo liberarme. Tan solo deseo morir. “

Pablo dice que has muerto. Fuiste crucificada en Cristo para que esas cadenas fueran rotas.

Luego en el versículo 17 dice: “Erais esclavos del pecado,” Ustedes eran esclavas del pecado. Todas éramos esclavas del pecado. Nacimos así.

Pero más adelante en el versículo18 dice: “Habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia.” Así que aún somos esclavas pero de un amo muy diferente. Ya no somos más esclavas del pecado sino de la justicia.

Versículo 20, “Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia.”

Versículo 22, “Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios.”

Verás, si deseas ser liberada de las pasiones y de los placeres pecaminosos y de las adicciones, creo que la clave es reconocer que en Cristo somos libres de aquellas cosas para venir a ser esclavas de Cristo. Tenemos un Amo.

No podemos tener dos señores. No puedes ser esclava de los placeres y pasiones de la carne, y ser esclava de Cristo; pero puedes ser liberada de las adicciones pecaminosas y convertirte entonces en una esclava de la justicia.

En última instancia la adicción es un asunto de adoración. Somos esclavas de aquello que adoramos. Ya sea el alcohol, las drogas, el helado o cualquier otra cosa —o como alguien dijo hoy en uno de los recesos: “He sido esclava de los hombres, adicta a los hombres.” Claro, no lo decía en el sentido sexual o moral; esta es una mujer que ha vivido una vida muy pura y que está comprometida con la pureza. Pero ella dijo: “Me he dado cuenta que estoy obsesionada con el matrimonio.”

La forma de enfrentar eso es reconociendo que hemos estado adorando eso o esa adicción, ese hábito, ese placer; reconociendo que ese deseo se ha convertido en un dios en nuestras vidas. Somos libertadas reemplazando ese dios con el verdadero Dios viviente, y adorando a Cristo.

Hace algunos años entreviste al Dr. Ed Welch en Aviva Nuestros Corazones acerca del tema de la adicción. El escribió un libro sobre el tema y en esta entrevista dijo que la causa más profunda para la adicción se reduce, esencialmente, a una cuestión de quien gobierna nuestro corazón.

● ¿A quién honrarás?

● ¿A quién servirás?

● ¿Quién será tu amo?

● ¿Quién será tu señor?

Cuando Dios le habla a Su pueblo en el Antiguo Testamento, Él dice en Jeremías capítulo 2 versículo 13:

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua.

¿Qué nos está diciendo Él? Ustedes han permitido que las cosas de este mundo sustituyan su relación con Dios. Han puesto sus ojos en ellas para satisfacerse, cuando en verdad solo Dios puede satisfacer las necesidades los deseos más profundos de nuestro corazón.

El problema es que pensamos que esas cosas en las que ponemos la vista pueden satisfacernos pero esas cosas son temporales. Nos proporcionan algo de placer, pero nada duradero.

Me recuerda aquella mujer que Jesús encontró en el pozo en Samaria. Ella había tratado de encontrar el amor en los lugares equivocados.

¡Ella sí que era una mujer con adicciones! Ciertamente existe una cierta adicción a los hombres—una adicción al matrimonio. Y el agua de ese pozo se convirtió en el símbolo que Jesús utilizó para mostrar la naturaleza de las cosas de las que ella estaba dependiendo para satisfacer su sed.

Así que Jesús le dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed” (Juan 4:13). La implicación es que todos aquellos que buscan la felicidad en el hombre, en el matrimonio, el alcohol, o en las drogas, o en cualquier otra cosa de este mundo no encontrarán satisfacción. En eso consiste precisamente la naturaleza de la adicción.

“Pero” Jesús dijo “el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás”. ¿Cuál es esa agua que Jesús nos da? Es Él mismo. Él es el Agua Viva, el Agua de Vida.

Así que Jesús dice; “¿Está tu alma cansada y cargada? Ven a mí, y yo te daré el verdadero descanso para tu alma.”

¿Estás sedienta? Jesús te dice: “Ven a Mí, y desde tu interior fluirán ríos de agua viva.”

Si has puesto tus ojos en algo o alguien aparte de Cristo para encontrar satisfacción, podría funcionar inicialmente, pero invariablemente estarás encaminándote hacia la desilusión, hacia la decepción, y estarás conformándote con menos de lo que Dios desea darte.

Me encanta el versículo 11 del Salmo 16, que dice: “Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra (Señor Jesús), deleites para siempre.” Dios desea llenarnos. Él desea satisfacernos.

El salmo 107 versículo 9 dice: “Él ha saciado al alma sedienta, y ha llenado de bienes al alma hambrienta.”

Dios dice: “Yo, el SEÑOR, soy tu Dios… abre bien tu boca y la llenaré” (Salmos 81:10). “Yo te alimentaría con lo mejor del trigo y con miel de la peña te saciaría” (Salmos 81:16).

Él quiere satisfacernos. Él quiere llenarnos, pero no podemos buscar sustitutos. Si lo hacemos nos daremos cuenta de que esas cisternas están rotas. Tienen filtraciones. Es necesario regresar a ellas a llenarlas de nuevo. solo Cristo nos satisface verdaderamente y de manera duradera.

Quiero que recordemos que existen muchas promesas que nos dejan saber que las adicciones y las cadenas en nuestras vidas, esas áreas que nos esclavizan, pueden ser vencidas. Es algo que necesitamos creer, pues si crees que siempre estarás esclavizada, entonces así será.

Si crees que no puedes ser liberada, entonces no serás libre. Este es un engaño que utiliza el diablo para mantener a muchas de nosotras en la esclavitud , creyendo, “Yo no puedo librarme de esto. Tengo que ser una prisionera.”

No tienes que ser una prisionera. La Palabra de Dios dice en 1 Corintios capítulo 10 versículo 13,

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.

No obstante, una cosa es saber que podemos ser liberadas, una cosa es saber que no tenemos que ser esclavas del pecado, que hemos sido salvas para ser esclavas de la justicia. Creo que algunas de nosotras no nos damos cuenta que hay una batalla involucrada. No hay atajos.

Muchas de nosotras quisiéramos ser liberadas instantáneamente. A las personas les encantan los ministerios de liberación. Sabes, tan solo pasas adelante, o alguien ora por ti y abracadabra, de repente no tienes más deseos de aquello que te tenia esclavizada.

Ahora, algunas veces Dios liberta a las personas de esa manera, milagrosamente. Pero lo que sucede más a menudo es que debemos transitar un camino largo y duro, mortificando (haciendo morir) esos viejos deseos carnales, y fijando nuestros afectos en Jesucristo, renovando nuestras mentes. No hay atajos en el proceso de santificación.

Los deseos que tenemos no son tan solo deseos físicos, es una batalla espiritual. Cualesquiera que sean estas adicciones, ya sean estas del alcohol, las medicinas recetadas, la televisión, los juegos de computadora, los juegos de azar o las compras, no se trata tan solo de antojos físicos. No son tan solo vínculos emocionales; existe una batalla espiritual.

En 2da a los Corintios capítulo 10, Pablo las llama fortalezas. Él dice:

Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne; porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

Luego habla acerca de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Aquí Pablo se está refiriendo a una batalla espiritual, se está refiriendo a sujetar nuestras mentes, nuestros afectos y nuestros deseos, sometiéndolos al dominio de Cristo.

En la última sesión hice referencia a Romanos capítulo 7, donde Pablo describe esta batalla que hace estragos en la vida de los creyentes, una batalla entre la carne y el espíritu. Si eres una hija de Dios, tu deseo es obedecer a Dios. Pablo dice:

Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios, pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero adicto de la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado. (Romanos 7:22-25).

Así que, ¿qué hacemos? Pues vayamos a Romanos 8, el próximo capítulo, el versículo 1,

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.

Ven, es el Evangelio el que nos salva, el que nos liberta del dominio del pecado, del control y del poder del pecado en nuestras vidas. Pero es el Evangelio también que nos mantiene salvos, que continúa salvándonos en medio de esa guerra diaria entre la carne y el espíritu. Para continuar caminando en esa libertad de las cosas que nos mantienen esclavizadas, debemos mantenernos recurriendo a Cristo, a Su cruz, a Su Espíritu, y Su gracia.

Hay una imagen preciosa en Lucas capítulo 4, empezando en el versículo 16. Si tienen sus Biblias les voy a pedir por favor que busquemos ese versículo.

Dice así,

(Jesús) Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre, entró en la sinagoga en el día de reposo, y se levantó a leer. Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 1EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI, PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA RECUPERACION DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS PARA PROCLAMAR EL AÑO FAVORABLE DEL SEÑOR.

Versículo 20,

Cerrando el libro, lo devolvió al asistente y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que habéis oído. (Lucas 4:16-21).

¿Qué les está queriendo dejar dicho Él? Por supuesto que ellos sabían que ésta era una profecía mesiánica. Él les estaba diciendo: “Yo soy el Mesías; yo soy el Enviado.”

Pero, ¿que más nos está diciendo Él? Este es un momento poderoso El Espíritu del Señor esta sobre Mí, y Dios me ha ungido para proclamar las buenas nuevas —este es el Evangelio— para aquellos que lo necesitan.

“Dios me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos. He venido a decirles, son libres. Ya no tienen que seguir siendo esclavas del pecado. No tienen que someter los miembros de sus cuerpos como instrumentos de maldad.”

“Son libres. Son libres para ser esclavas de la justicia y siervas de Dios. He venido a devolver la vista a los ciegos y a libertar a los oprimidos.” Él declaró: “Están viendo a Aquel que vino a libertarlos.”

La liberación viene a través de Cristo y de Cristo solamente. Podrás romper malos hábitos con tu fuerza de voluntad y con disciplina, pero no serás libre. No serás libre hasta que no te enamores de Cristo y te comprometas con Él, sirviéndole agradecida y gozosa como tu Señor. Solo entonces serás libre.

Sobre pecado y tentación victoria te dará,

Su sangre limpia al ser más vil, gloria a Dios soy limpio ya.

Unos amigos tienen una hija de veinte años que escribió un poema acerca de algunos de los asuntos que ha tenido que enfrentar en la vida. Me dio permiso para compartirlo con ustedes. Se llama “Encontré la vida”. Permítanme compartir con ustedes. Lo que ella escribió:

“Tengo una adicción. La he tenido por 12 años. Lo único que sé es que esa adicción ha tomado de mi vida. Ha transformado mis deseos puros en oscuros placeres carnales, para satisfacer mis deseos inmediatamente—gratificación instantánea.

Me ha vencido la carne. No puedo tomar recesos o tener vacaciones. Este monstruo me ha perseguido por años.”

[Me alegro que ella no especificara cual era su adicción porque así puedes llenar el espacio en blanco con cualquiera que sea ese monstruo que tú estás enfrentando.]

Sigue diciendo “Enfrentar esta adicción de frente me ha puesto de rodillas. De rodillas—ante la cruz. Me ha permitido darme cuenta de que necesito ser sanada, de cómo buscar sanidad. Me ha permitido saber lo que significa tomar mi cruz—tomar la autosuficiencia y todo aquello que va en contra de mí misma. Y cargar mi cruz al monte de la crucifixión, a ese lugar donde puedo rendirme completamente, para crucificar mi carne y todos sus deseos, y colocarme en mi cruz de culpabilidad y vergüenza, sentir penetrar los clavos en mis manos, y el maligno ser echado fuera.

No yo, sino Cristo que vive en mí… “Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierde su vida por Mí la salvará.”

Luego ella menciona el versículo de Santiago capítulo 1 versículo 5 (Nueva Versión Internacional): “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría (en cuanto a cómo recibir esta vida), pídasela a Dios, y Él se la dará (vida abundante), pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.”

Me pregunto si durante esta serie sobre la esclavitud y las adicciones, y al postrarnos delante de Dios, si Él te ha estado hablando a tu corazón. Quizás puedas reconocer delante de Él: “Existe un área de esclavitud en mi vida. Tengo una adicción.”

¿Podrías identificar cuál es esa área de esclavitud? ¿Podrías confesarle a Dios que has permitido que eso gobierne sobre tu vida, y que has hecho elecciones que te han hecho esclava de eso?

Luego, ¿podrías pedirle a Dios que te liberte por el poder de Cristo y de Su cruz?

Confiesa: “Señor, lo que sea necesario, cualquiera que sea el proceso, lo que sea que esto involucre o implique, deseo ser libre. Me has creado para ser libre del pecado, y para ser esclava de la justicia, y quiero ser libre de esas cadenas. Me pongo de acuerdo contigo de que a través de Cristo y de Su cruz, hay esperanza. No tengo que seguir siendo una esclava. Puedo caminar en libertad.”

Exprésale al Señor que deseas abrazar, disfrutar y experimentar la libertad que Él vino a darte.

Luego pídele al Señor que te de nuevos deseos y que te ayude a que los deseos que te llevaron hacia el comportamiento adictivo encuentren su satisfacción, no en cosas, no en sustancias, sino en Cristo y solamente en Cristo.

Así que Dios, decimos, ¡Aleluya! Te hemos encontrado a Ti, Aquél que por tanto tiempo ha anhelado nuestra alma. Ponemos nuestra vista en Ti y decimos: Gracias Señor Jesús. Llénanos. Llena nuestra copa. Llena nuestros corazones. Complétanos y que seamos totalmente tuyas. En el nombre de Jesús oramos, amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss le ha estado infundiendo esperanza a cualquiera que se encuentre atrapada en un comportamiento adictivo. Dios es mucho más poderoso que cualquier tipo de esclavitud en la que te puedas encontrar.

Si has visto las consecuencias de tus malas acciones desbaratar tu hogar y tu familia, el programa de hoy encontraras como detener este comportamiento negativo. Pero en lugar de simplemente dejar de hacer elecciones equivocadas que puedan destruir tu hogar, necesitamos hacer buenas elecciones que construyan nuestro hogar, que edifiquen a aquellos que nos rodean, que edifiquen las vidas de los demás de maneras específicamente femeninas.

Continúa con Nancy a través de esta serie en nuestra próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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M4 – La anatomía de la adicción

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Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M4 – La anatomía de la adicción

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Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que la adicción eventualmente significa llegar a odiar aquello sin lo cual piensas que no puedes vivir.

Nancy Leigh DeMoss: Eso es lo que sucede cuando cedemos a las tentaciones y se convierten en hábitos, en un patrón, una adicción, en una atadura. Pensamos que inicialmente nos hará felices, pero en realidad nos enfermará, deprimirá y nos hará miserables.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

A principios de semana, Nancy nos ofreció consejos útiles sobre si es sabio beber de manera moderada o si es mejor no empezar a beber del todo. Esa discusión fluyó de nuestro estudio sobre Tito en la serie de El hermoso diseño de Dios para la mujer.

Ahora bien, aun si nunca has probado el alcohol, no significa que no seas susceptible a la adicción aquí esta Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Estamos viendo una frase en Tito capítulo 2 que dice que las mujeres mayores, las ancianas —y a esto es que deben aspirar y lo que deben perseguir las mujeres más jóvenes— las mujeres ancianas no deben ser “esclavas del mucho vino” (versículo 3). La Nueva Versión Internacional dice que no deben ser “adictas al mucho vino”.

En los últimos programas hemos abordado el tema del uso y el abuso del alcohol en particular. Pero creo que el principio que Pablo está exponiendo aquí abarca mucho más que el uso y el abuso del alcohol. Quisiera tomar algunas sesiones para abordar el tema de las adicciones en general.

La palabra adicción es un término moderno. En realidad no es el término que prefiero, ya que la forma en que se usa hoy en día tiende a implicar que no tenemos responsabilidad ni culpabilidad, que es algo que no podemos evitar.

Y no estamos diciendo eso. Estamos diciendo que tomamos decisiones que conducen a la esclavitud y a tener ataduras en nuestras vidas. El concepto bíblico es el de esclavitud, de esclavizarnos. Por eso dice que no sean “esclavas de mucho vino” en la traducción que utilizo.

En esta sesión quiero hablar sobre la anatomía de la adicción o de la esclavitud e identificar algunas adicciones comunes y cómo y por qué nos esclavizamos a estas cosas. Luego, en la próxima sesión, quiero hablar sobre cómo romper las ataduras de las adiciones.

Probablemente no hay ninguna persona que esté escuchando esta enseñanza, incluyéndome a mí, que no necesite crecer en discernimiento y en entendimiento sobre cómo tratar con las ataduras en nuestras vidas. Y si no tienes ninguna, o si no puedes identificar ninguna, tienes muchos amigos o amigas que sí las tienen.

Así que medida que te vayas haciendo mayor, no solo vas a querer vivir una vida libre de adicciones y de excesos, sino que vas a querer ser el tipo de mujer que puede ayudar a otras mujeres más jóvenes a lidiar con estas cosas.Vivimos en una cultura altamente adictiva. Pensamos que somos tan libres, especialmente desde la revolución sexual de los años 60. Pero en realidad es que nos hemos esclavizado profundamente.

Hemos estado hablando sobre el ejemplo de estar esclavizada al alcohol. Los investigadores dicen que más de cuatro millones de personas en los Estados Unidos necesitan tratamiento por abuso de sustancias.La categoría de abuso de sustancia que más rápidamente crece entre las mujeres es el abuso de los medicamentos recetados, por ejemplo, los estimulantes, los calmantes, los sedantes, los tranquilizantes, etc.

Quisiera cubrir brevemente, empezando con las medicinas y los analgésicos recetados, una serie de áreas que son características de nuestra cultura adictiva. Primero está el tema de las medicinas recetadas; de los analgésicos.

En el año 2003, la Encuesta Nacional de Estados Unidos sobre el Uso de Medicamentos y la Salud, arrojó que 6.3 millones de personas hacían uso indebido de los medicamentos recetados, lo cual, a propósito, es más del doble de las personas que usan cocaína. En los últimos años se ha registrado un aumento significativo en el uso no médico, es decir, no recetado, de los analgésicos. Usualmente, las personas que usan analgésicos en formas que no son médicamente recetadas también están involucradas con varios medicamentos y alcohol. Tienen la tendencia de ir juntos.

Y por supuesto, con relación a todo este asunto de las medicinas recetadas, hay millones de mujeres dependientes de medicamentos psicoterapéuticos solo para poder funcionar hoy en día. Se han convertido en una esclavitud, en una adicción, para muchas personas.

Luego hay toda un área relacionada con la comida y el comer en exceso. Tú dirás que ahora me estoy entrometiendo, que estoy hablando de algo con lo cual luchan las mayoría de las mujeres, de una forma o de otra.

El desorden alimenticio más común en los Estados Unidos es el comer compulsivamente lo que llamamos glotonería o gula . Afecta a una de cada 35 mujeres, tres veces más común que la anorexia nerviosa. CNN llama a este tipo de comer compulsivamente “una forma de adormecer los sentimientos.” Eso es lo que vamos a ver mientras examinamos estos diferentes comportamientos, estilos de vidas y decisiones adictivas; con frecuencia, son una forma de medicar el dolor del corazón.

No solo estamos hablando de las personas fuera de la iglesia sino también a las que asisten a las iglesias, por otro lado Los juegos de azar y las apuestas son otra área, ahora más accesible que nunca pues hay más puntos de acceso. Se hace abiertamente. Ya hay poco estigma asociado al juego. El juego en línea lo ha convertido en algo totalmente diferente. Los juegos de azar están disponibles en cualquier momento, de día o de noche, a través de la Internet.

Me quedé impresionada cuando supe que el 55 por ciento de los jugadores son mujeres. Leí en Internet un par de historias de mujeres que contaban cómo se involucraron en los juegos de azar. Una de ellas dijo:

“Empezó como una diversión, compré algunas boletas de las que se rayan. Me sentí con suerte cuando gané $1,000 dólares. Pensé que era una forma fácil de ganar dinero adicional para hacerles regalitos a los niños. Pero pronto estaba comprando boletas todos los días. Estaba gastando el poco dinero que teníamos. Los niños quieren saber por qué ya nunca tenemos comida ni nos divertimos.”

Otra mujer dijo:

“Después de que mi esposo murió, unos amigos me llevaron una noche a un casino. Me encantaron las máquinas tragamonedas, el ruido, el trato tan especial. Me ayudó a olvidar mi pena y a llenar las horas solitarias.” [Ahí es donde vemos la anatomía, el corazón, de las adicciones.]

“Empecé a ir sola y me moví de las máquinas tragamonedas de 25 centavos a las de un dólar. ¿Cómo puedo decirles a mis hijos que he perdido todo el dinero que su padre ahorró con tanto trabajo? Estoy tan avergonzada. Me alegro de que mi esposo no esté aquí para ver lo que hice.”

Vemos que no son solo estadísticas. Son vidas, son familias. Son corazones impactados a través de estos comportamientos adictivos.

Otros son los juegos de computadora o de video : Uno de los grupos de más rápido crecimiento en internet son las mujeres adultas que juegan versiones cibernéticas de juegos familiares de cartas como “gin” y otro juego de naipes que se llama “cribbage”.

Luego está el área de la pornografía. Se ha registrado un rápido crecimiento en la adicción a la pornografía entre los evangélicos en las últimas décadas. Un nuevo estudio muestra que el 50 por ciento de los hombres que asisten de manera regular a la iglesia en los Estados Unidos y un 20 por ciento de las mujeres que asisten a la iglesia son adictos a la pornografía. Uno de cada dos hombres y una de cada cinco mujeres que asisten con regularidad a la iglesia reconocen estar adictos a la pornografía.

Y probablemente eso es cierto en tu iglesia también. Los números pueden variar un poco, pero si en tu iglesia es la mitad de eso, es algo serio de todas formas.

Y luego está el asunto de las novelas románticas, a las que algunos llaman “pornografía de chicas”. Algunas ciertamente encajarían en esa descripción. Leí un artículo llamado “Yo era una adicta al romance”. La autora decía:

“Me sentía atrapada, y escapaba leyendo novelas románticas. Las historias convencionales, los lugares exóticos y la tensión entre un hombre y una mujer cuando se enamoran, eran a la vez estimulantes y relajantes.

Como trabajaba solamente en las mañanas, pasaba las tardes leyendo una o dos novelas antes de que los niños regresaran de la escuela. En las noches, después que los niños se iban a acostar, podía leer hasta una tercera.

Pero leer los romances apasionados no me llenaban ni me ayudaron en mi matrimonio. Después de un tiempo, no era suficiente con solo leer un romance. Largas y solitarias caminatas o paseos en carro enterraban la vida real, permitiéndome conjurar mis propias fantasías.”

En esta historia podemos ver algo contundente, y es el hecho de que cuando pruebas y participas de cosas que son de naturaleza adictiva, la tendencia es que solo un poco no te satisface. Quieres más y más y luego necesitas más. Lo que tienes no es suficiente; quieres más. Te empuja. Es un portal, una entrada hacia otros tipos de comportamientos adictivos.

También están la televisión y las telenovelas : Estudios indican que la televisión permanece encendida más de siete horas por día en el hogar promedio americano. Eso significa que durante el transcurso del día, las familias en esos hogares están expuestas a 135 comerciales por día.

Eso significa que en el transcurso de un año, la persona promedio está expuesta a 2,500 horas de televisión, incluyendo cerca de 50,000 comerciales promoviendo cosas que no necesitas, promoviendo consumismo, materialismo, avaricia, extravagancia y todo tipo de estilos de vida excesivos.

Telenovelas : Algunas de ustedes están familiarizadas con los nombres de actores e inclusive escritores de libros para mujeres que tratan con asuntos morales y no es de extrañar que si pones esas cosas en tu mente y en tu corazón, no solo se harán adictivas, sino que formarán y moldearán tus pensamientos, tus emociones, tus relaciones y básicamente tu comportamiento. Como pensamos en nuestros corazones, así seremos.

Oigan otra adicción: gastar e ir de compras. Algunas de ustedes estarán pensando: “Bueno, realmente no habías tocado nada que me afectara hasta que llegaste a este tema.”

CNN dice que las compras compulsivas afectan hasta un ocho por ciento de la población de Estados Unidos, y el 90 por ciento de los “adictos a las compras” son mujeres, lo cual no es sorprendente. No hace mucho la revista Money Magazine publicó un artículo llamado “Confesiones de una compradora compulsiva”. La autora de este artículo contó una historia sobre otra mujer. Decía: “en la cima de su adicción, esta mujer estima que gastó $400 por semana y pasó de 8 a 10 horas por día cada día comprando atuendos en una tienda de ropa infantil en la red”.

Esta mujer dijo: “Sentía una gran emoción; una gran euforia. Era tan intenso que solo de pensar en compras, empezaba a temblar.”

Para algunas de ustedes, esto es inconcebible. Pero no empezó así. Empezó probando, cediendo; empezó por un exceso que gradualmente se convirtió en una compulsión.

La autora siguió diciendo de la misma mujer que “tenía tarjetas de crédito hasta el tope”, “más de $50,000 dólares en deudas de compras, y el darse cuenta lentamente de que hablaba más con otras madres obsesionadas con la misma tienda que con su propia familia, finalmente convencieron a esta mujer de que necesitaba salir de su hábito”.

A propósito, todo este asunto de la deuda tiene a la gente muy atada. Si dices que no es una adicción, no importa lo que sea, te daré un pequeño reto: Déjalo por 30 días. Si no puedes, es posible que sea una adicción.

Quiero que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Cómo se desarrollaron estas adicciones? Porque No empiezan como adicciones. No te levantas un día y de repente te encuentras esclavizada al juego o a las novelas románticas o al alcohol o a los calmantes.

La semana pasada estuve hablando con diferentes personas, haciéndole preguntas, escuchando, observando y tratando de descubrir algo sobre la anatomía de las adicciones. Mis observaciones fueron las siguientes.

En muchos casos, las personas están tratando de mitigar o anestesiar el dolor. Están tratando de lidiar con el dolor. Están buscando alivio, alivio de la soledad, alivio del dolor. Están buscando consuelo y un escape.

¿De qué están tratando de escapar? De todo tipo de cosas. Algunas están tratando de escapar de su pasado, ya sea de sus fracasos, del abuso, del rechazo, o están tratando de escapar de problemas, ya sea en el matrimonio, presiones financieras, problemas con los hijos. De alguna forma están tratando de mitigar el dolor, tratando de escapar, de buscar consuelo.

En algunos casos, las adicciones son el resultado de la ira o el enojo que no se está manejando de una manera bíblica. La vida no ha funcionado. Ha habido desencantos; ha habido dolor. De modo que para algunas, el envolverse en comportamientos adictivos es una forma de enfrentar el mundo y a sí mismas, a otras personas o hasta a Dios, diciendo: “Dios no hizo lo que tenía que hacer, así que me voy a hacer sentir bien a mí misma. Voy a justificar algo que sé que no es saludable o provechoso como medio de expresar mi ira.”

En otros casos, y probablemente en la mayoría, estas personas están tratando de satisfacer anhelos insatisfechos o incumplidos. Están tratando de llenar lugares que están vacíos en sus corazones. Y eso porque todos tenemos lo que la Biblia llama deseos.

En Santiago capítulo 1 nos dice: “Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión” (versículo 14). Algunas de sus traducciones usan la palabra “deseos”. Somos atraídos a la tentación por deseos que habitan en nuestros propios corazones. Puede ser un deseo de placer, de reconocimiento, de aprobación, de compañía, de importancia o de control o de alivio.

Escucha atentamente: El deseo en sí mismo puede que no sea malo. Puede ser un deseo legítimo. El problema es cuando ese deseo se convierte en una exigencia, cuando yo digo: “tengo que tener esto. Yo voy a tener esto. Lo voy a tener ahora. Lo obtendré a mí manera”. La tentación que enfrentamos es satisfacer nuestros deseos naturales que son simplemente neutros, que no son ni buenos ni malos, en muchos casos, de satisfacerlos en una forma que es contraria a la manera de Dios o al tiempo de Dios.

Por ejemplo, el deseo de compañía. Dios nos hizo para estar en compañía; nos hizo para relacionarnos. O el deseo de satisfacción sexual, no tiene nada de malo ese deseo.

Lo que está mal es si digo: “Tengo que tener esto ahora, aunque sea soltera, aunque sea fuera del matrimonio. Tengo que tener esta compañía o esta satisfacción sexual. Lo haré a mi manera. Lo tendré ahora.”

Luego el deseo se ha convertido en un dios; se ha convertido en un ídolo. Se ha convertido en una exigencia. Y el deseo se hace tan fuerte que nos encontramos a nosotras mismas cediendo a la tentación para satisfacer este deseo de una manera ilícita.

¿Qué sucede una vez que cedemos a la tentación, una vez que nos encontramos atraídas y enredadas? Cuando Satanás nos tiró ese anzuelo, era nuestro deseo. Así que lo mordisqueamos, y mordimos el anzuelo. Luego somos atraídas una y otra vez. Lo que originalmente fue una decisión de un momento de decir “sí” para satisfacer ese deseo a mi manera, se convierte en un hábito. Se convierte en una atadura, en una esclavitud.

Pensamos que esto, lo que sea, va a satisfacer nuestros deseos, cuando en realidad lo que hace es que termina destruyéndonos. Eso es lo que sigue diciendo Santiago capítulo 1. Somos atraídos y seducidos por nuestros propios deseos. Luego dice: “Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte”. (Versículo 15).

Ahora bien, no habríamos mordido el anzuelo, no lo habríamos hecho, si cuando estábamos siendo atraídos hubiésemos pensado que nos conduciría a la muerte. Pensamos que nos llenaría. Pero al final termina destruyéndonos.

Pensamos que esta cosa, esta comida, esta compra, este medicamento, esto que estamos haciendo para anestesiar y medicar el dolor en nuestras vidas en nuestras almas, pensamos que nos hará libres. Pero en realidad termina haciéndonos todo lo contrario. Termina encarcelándonos.

Leí un testimonio en un programa cristiano sobre reducción de peso en un portal de internet. Esta participante hablaba sobre su aventura amorosa con la comida. Ella decía: “Era adicta a la comida, a su olor, a su sabor, a la idea de la comida. La comida me tenía atrapada, y no había escape.”

Ella no se hizo adicta a la comida pensando que la comida la convertiría en una prisionera, que pondría un lazo alrededor de su cuello. Ella pensó que la llenaría, que la liberaría. Pero ella dice: “La comida me gobernaba a mí en lugar de yo gobernar sobre ella.”

Recientemente hablé con una alcohólica en recuperación, quien me habló de cuando el deseo en su vida era tan fuerte que decía: “Cada vez que pasaba por ese bar, tenía que pararme y entrar”. Las mujeres que estaban sentadas escuchando la charla, que también habían estado lidiando con la adicción al alcohol, todas asintieron. Sabían exactamente de lo que ella estaba hablando.

Ahora bien, yo no he tenido esa experiencia con relación al alcohol, pero sí con relación a la comida y a comer en exceso. Lo he experimentado con relación a otras tentaciones a las cuales he cedido. Luego me encuentro que me está llamando por mi nombre, y siento que me tendieron una trampa, me siento cautiva. Piensas que te va a liberar, pero en realidad te encarcelará.

Hay diferentes deseos. Puede que para ti no sea el alcohol, Puede que sea, como mencioné anteriormente, el ansia del placer de comer; no puedes decirle que no a ese postre, aunque no tengas nada hambre; o a un intenso deseo de compañía o de afirmación. Y te encuentras atrapada, capturada, esclavizada. Estás adicta.

Puede que seas soltera o casada, y ansíes sensaciones sexuales. Dices: “Yo sé que no debo hacer esto, pero como quiera lo hago”. Y sigues volviendo una y otra vez a la auto estimulación.

Tantas jóvenes, y también mujeres de más edad, casadas y solteras, nos han escrito de cómo se sienten esclavizadas de hábitos inmorales personales. Pensaron que serían libres, “pero el deseo cuando fue concebido, dio a luz el pecado y el pecado engendró esclavitud y como consecuencia muerte”.

Es por eso que Pedro dice en su 2da carta de Pedro, capítulo 2: “Pues uno es esclavo de aquello que le ha vencido” (versículo 19). Y él está hablando de ser dominados por nuestras pasiones. Pensamos que estas cosas nos harán sentir mejor, no las haríamos si no pensáramos que nos harían sentir mejor. Pero en realidad terminan enfermándonos y haciéndonos sentir miserables.

Pienso en el versículo de Proverbios capítulo 25 que dice: “¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites, no sea que te hartes y la vomites” (versículo 16). Te enferma, es demasiado.

Ves, eso es lo que sucede cuando cedemos a las tentaciones y se convierten en un hábito, en una adicción, en una atadura. Pensamos que inicialmente nos harán felices, pero al final nos enferman y nos hacen sentir miserables. Así que empezamos a odiar esa cosa que tanto deseábamos y que pensábamos que no podíamos vivir sin ella. Y eso nos conduce a vergüenza, culpabilidad y temor, a tener secretos y entramos en un ciclo entre esperanza y desesperación, esperanza y desesperación, esperanza y desesperación.

Nos sentimos culpables. Prometemos que no lo haremos más. Tratamos de no hacerlo más. Y fracasamos. Volvemos a hacerlo de nuevo. Y hay más sentido de culpa. Y el ciclo sigue una y otra vez. Y en esto consiste la esclavitud.

Romanos capítulo 7 describe esa batalla interna, ese sentido de esclavitud, derrota y desesperanza. El apóstol Pablo dijo:

Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino lo que aborrezco, eso hago porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. (Versículos 15, 18-19).

Continúa con una descripción de su lucha, y finalmente dice:

¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Versículo 24).

¡Soy cautivo! ¿Te identificas con esta descripción? ¿Hay alguna área de tu vida que, mientras oías o leías esto, dijiste?: “Sí, esa soy yo. Sigo haciéndolo una y otra vez. Sigo siendo seducida.”

Bueno, Pablo sigue diciendo: “¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!” (Versículo 25). Hay libertad. Hay liberación. En la próxima sesión, vamos a hablar sobre cómo encontrar liberación. Pero déjame decirte que nunca encontrarás verdadera libertad separada de Cristo.

Mencioné algunas mujeres que entrevistamos recientemente con relación a su adicción al alcohol. Una de ellas describió tener dos años y medio sobria. Pero dijo: “Fue una batalla constante”. Ella no era libre. No estaba bebiendo, pero no era libre. Dijo que dependía totalmente de su propio esfuerzo.

Pero luego vino a la fe en Jesucristo y empezó a tener el poder del Espíritu Santo dentro de ella. Y dijo: “A través de Cristo y el cambio que ha producido en mis deseos, ya no ansío el alcohol.” Fue Cristo quien la libertó por completo de la esclavitud y de la adicción.

Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32). Satanás te esclavizó a través de mentiras y de engaños, pero la verdad te hará libre. ¿Quién es la verdad? Es Cristo. Cristo es la verdad. El poder de Cristo y el poder de Su cruz pueden hacerte libre. Hablaremos más sobre eso en la próxima sesión.

Carmen: El poder de la cruz es mayor que cualquier adicción. No importa si la adicción involucra alcohol o drogas o si la adicción representa algo más sutil. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando el peligro de cualquier tipo de adicción.

El poder de la cruz puede rescatarte de la adicción. También puede transformar tu matrimonio, la crianza de tus hijos y tu iglesia. El poder de la cruz puede ser demostrado en tu vida en formas únicas y femeninas.

Aprende sobre el poder de Dios para ti como mujer. Deja que ese poder se haga evidente a través de la atractiva belleza de tu vida.

En los últimos programas hemos venido hablando sobre el problema de la adicción. En la siguiente entrega, Nancy hablará de manera práctica sobre la solución para la adicción, mirando a la Biblia para encontrar el camino hacia la libertad. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

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M1 – El poder de Dios sobre la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M1 – El poder de Dios sobre la adicción

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Angeline: Ni siquiera sentía dolor o resentimiento por lo que estaba haciendo ya. Esa parte se murió.

Carmen Espaillat: Una joven llamada Angeline creció en una familia donde la permisividad con el consumo de alcohol y la violencia abrieron puertas para que el poder restaurador de Dios fuera manifestado en su vida.

Angeline: Lo hacía muy normalmente, muy comúnmente; como la gente podía tomarse un vaso de agua o comer una comida que le gustara. Empecé solo así, pero luego se convirtió en un infierno.

Un día me levanté y me di cuenta que todos esos caminos que yo había andado no habían funcionado. Entonces ese día definitivamente me vino a la mente que me quería morir. Pensé: “Pero esto… tiene que haber otra vida, otra forma de hacerlo… porque realmente no me gusta tener que usar una sustancia para poder sentirme bien o mal, o como sea.”

Cualquier cosa en mi vida necesitaba de algún tipo de sustancia para yo hacerla.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

No seas esclavo del vino. El apóstol Pablo ofreció este consejo a las mujeres en el libro de Tito. Nancy ha comenzado a desempacar lo que para nosotras hoy en día significa este principio. Ayer escuchamos algunas historias impactantes sobre el poder de la adicción y el poder aún mucho más grande del Espíritu de Dios. En el día de hoy continuaremos con ese tema escuchando a una mujer que ha vivido esa situación.

Nancy: Angie, gracias por estar con nosotros en este programa. Quiero comenzar hablando un poco acerca de tu familia. Cuéntanos cómo creciste, cuál fue el ambiente en el cual tú creciste.

Angeline: Gracias por invitarme. Yo me crié en una familia común. Soy la mayor de una familia de cuatro hermanas, mi padre y mi madre. Mi madre era una mujer fuerte, dedicada a darnos todo lo que nosotros necesitábamos. Pero mi padre, un hombre un poco más tranquilo a la hora de enseñarnos y de decirnos qué hacer; inclusive de proveernos, familiarmente hablando.

Desde pequeña —desde que yo tengo uso de razón— mi padre bebía mucho. Inclusive yo creo que lo puedo catalogar como un alcohólico. Y mi madre tenía una actitud ante eso un poco como… podríamos decir que sumisa, ante la idea de que mi papá bebiera tanto. Pero a medida de que fueron pasando los años, eso —de alguna manera— frustró a mi madre. La decepcionó mucho como pareja. Familiarmente esto hizo mucho daño porque él constantemente bebía. Y lo hacía naturalmente, o sea, como lo que pasa en la sociedad, que el alcohol es algo tan natural, tan normal, que ni siquiera lo ven como una droga. Como lo que es.

Nancy: En tu casa estaba la presencia del alcohol constantemente.

Angeline: Constantemente. Inclusive, de parte de mis padres y de la familia de mi padre, era algo que yo me crié viendo.

Nancy: Y ustedes, tú y tus hermanas, estuvieron expuesta a beberlo, o ellos te permitían beber alcohol a temprana edad, o ustedes tomaban…

Angeline: Realmente no lo bebimos temprano, pero sí, siempre estuvo la puerta abierta de que, en el momento en el que tuviéramos la edad suficiente, ya podíamos hacerlo.

No había ningún tipo de límites con relación a eso, en el sentido de hablarnos, “Mira esto es bueno, esto…”, excepto cuando se trataba de quizás salir a la calle con una botella de alcohol en la mano. Ahí sí había un límite. Pero lo que era dentro de la casa, realmente era algo muy común.

Nancy: Pero tú nos compartías que tu problema mayor no fue el alcohol sino el uso de drogas. ¿Cuál fue la primera vez, o cómo llegaste por primera vez al uso de las drogas?

Angeline: Sí. Por ese mismo límite que se rompió durante mi niñez —el hecho de no tener algo, como un control— yo no descubrí temprano que también, igual que mi padre, yo tenía un problema de adicción; o sea, un comportamiento adictivo. Que se manifestaba en diferentes cosas en mi vida como: obsesión por cosas, por personas… a corta edad.

O sea ya con 15, 16 años yo me comportaba de una manera como obsesiva con la gente, ¿entiende? Quería estar con una misma persona todo el tiempo, tenía comportamientos agresivos. Recuerdo en la adolescencia tener ese tipo de comportamientos. Pero luego, fue cuando fui a la universidad —cuando estuve por primera vez sola— que empecé a investigar, quería saber diferentes cosas. Empezó como una búsqueda en mí. Yo… tenía un vacío tan grande, y lo quería llenar, quería investigar. Yo quería hacer cosas que no había hecho en mi casa.

Entonces empecé a juntarme con personas que no debía —malas compañías— a oír mensajes y cosas que de alguna manera me empezaron a influenciar sobre la sociedad y sobre lo que estaba bien o lo que estaba mal. Entonces me encontré primero con la marihuana. Ese fue mi primer encuentro con un tipo de droga.

Recuerdo que la primera vez que la usé no pasó nada conmigo emocionalmente. Pero luego, la segunda, recuerdo haber pensado y dicho a la persona con quien estaba que “había encontrado lo mío”. Eso fue exactamente lo que le dije ese día.

Nancy: Y tú me decías que, creciendo, tú manifestaste comportamientos que te mostraban que había algo que iba mal; que tú tenías una tendencia a obsesionarte, una tendencia a enfocarte sobre una persona—vamos a decir como a deificarla en tú interior, a ir tras eso. ¿Tú pudieras decir, o recordar, si hubo algo más en tu entorno familiar—en tu crianza— tú que piensas que te afectó?

Angeline: Sí, claro que sí. La violencia. Yo recibí mucha violencia, podríamos llamarle “abuso”. No recuerdo un solo día de mi niñez donde yo no me levantara con un boche, una pelea, o con una pela, o una palabra ofensiva hacia mí. Era algo muy normal—la violencia intrafamiliar. No solamente hacia mí, sino también hacia mis hermanas y entre mi padre y mi madre.

Nancy: Tú conectas la violencia con la adicción al alcohol de tu papá, con todo lo que te fue llevando—ya cuando tú sales y vas a la universidad que estás, como dicen, libre de esa influencia paterna…

Angeline: Los vacíos que traía por esa deficiencia familiar, obviamente, fueron de las cosas que me motivaron a empezar a buscar lo equivocado.

Hay personas que han vivido lo que yo he vivido familiarmente y no necesariamente han usado drogas. Pero, en mi caso, al yo tener una tendencia adictiva tanto genética como emocional, se dio esa búsqueda por ese lado.

Nancy: Y tú dices que la primera vez no te hizo nada, pero la segunda vez habías encontrado—te gustó lo que encontraste. ¿Alguna vez tú te dijiste a ti misma: “No debería estar haciendo esto”?

Angeline: Todo el tiempo, todo el tiempo. Había un sentimiento de inadecuación con relación a donde yo estaba: a los espacios y las personas. Me sentía mal e incómoda todo el tiempo. Y es algo que ahora yo identifico como el Espíritu Santo que se manifestaba en mí, pues yo no quería estar, y quería estar. Siempre tenía una lucha y decía—me preguntaba. Había algo que se despertaba en mi consciencia, en mi sano juicio. Y yo decía: “Pero, ¿qué es lo que yo hago aquí?” Eso me pasó mucho.

Nancy: El uso de la marihuana, ¿te llevó progresivamente a usar otras drogas o simplemente te quedaste usando marihuana?

Angeline: Duré un tiempo que solamente usaba marihuana, e inclusive duré un tiempo que ni siquiera la compraba, sino que era ocasional cuando iba a lugares y la consumía. O cuando alguien, de alguna manera me la regalaba o alguna cosa, yo la consumía. Pero entonces empezó eso a ser progresivo y empecé a querer comprarla y mi adicción creció al punto de yo coger y “auto robarme”, como yo le llamo y querer comprar. Darles dinero a personas para que me compraran. Y progresivamente estando en esos espacios —y con las personas equivocadas, también— empecé a usar otro tipo de drogas.

Recuerdo que la primera vez que usé específicamente crack, que fue lo que empecé a consumir, di un salto grandísimo porque realmente nunca usé cocaína, sino que pasé de marihuana a crack, que es algo bien fuerte. El primer “fumo” fue por un engaño. Me pasaron un habano de marihuana y yo lo fumé pensando que era solamente marihuana, y cuando sentí la reacción de mi cuerpo, me di cuenta que tenía algo que no era solamente marihuana. Ahí comenzó mi adicción a otro tipo de drogas y ahí duré más o menos un promedio de seis meses usando solamente crack.

Nancy: Y es cierto, Angie, que, para encontrar el mismo nivel de satisfacción, ¿necesitas cada vez usar más droga?

Angeline: Sí. El nivel de adicción —el deseo por ella— va aumentando, obviamente, porque el consumo de drogas es un deseo de llenar algo emocional y luego se hace físico. Entonces, al ser la parte física, te pide más.

Mi cuerpo se hace más resistente a ese tipo de droga, entonces obviamente voy a desear más y más y aumentar la cantidad. En mi caso, yo le tenía mucho miedo y yo creo que eso me reprimió para no hacer muchas cosas que pude haber hecho en mayor cantidad.

Nancy: ¿Alguna vez odiaste ese estilo de vida? ¿Alguna vez pensaste: “Esto es un asco, yo quiero dejar esto”? O, ¿se convirtió en algo normal para ti?

Angeline: La primera etapa era normal. Ni siquiera sentía dolor o resentimiento por lo que estaba haciendo ya. Esa parte se murió. Lo hacía muy normalmente, muy comúnmente, como una gente podía tomarse un vaso de agua o comer una comida que le gustara.

Empecé a hacerlo así, pero luego se convirtió en un infierno. Pensé: “Pero esto… esto… tiene que haber otra… otra vida, otra forma de hacerlo, porque realmente no me gusta tener que usar una sustancia para poder sentirme bien o mal, o como sea.” Cualquier cosa en mi vida necesitaba de algún tipo de sustancia para yo hacerla: si quería estar feliz, tenía que usar; si quería bailar, tenía que usar; si quería ir a la universidad, tenía que usar; si quería hablar, tenía que usar; si quería enamorarme, tenía que usar.

O sea que se convirtió realmente en una codependencia—una dependencia demasiado fuerte, y me ató. Y eso no me gustaba.

Nancy: Y, ¿te veías a ti misma como una adicta?

Angeline: No, no, no. Para nada. Yo no… Yo no entendía… yo no me entendía como una adicta. En mi mente decía que en cualquier momento lo podía dejar. Estaba convencida por momentos, que sí, que lo dejaría, que iba a llegar un momento—inclusive había momentos de consumo que decía: “Esta es la última vez.” Y me lo determinaba, pero volvía y lo hacía. Y pasaba una semana, y llegué a pasar un mes, dos meses, tres meses limpia; pero volvía.

Nancy: Y, ¿qué estaba pasando en tu vida en términos espirituales mientras pasabas por todo este tiempo? ¿Qué conocías tú de Dios? Y, si conocías de la existencia de Dios, ¿tú habías puesto esa parte de tu vida como en un segundo plano?

Angeline: Es interesante, pero yo pienso que sí, Dios estaba ahí. Yo conocí del Señor… o sea, conocía de Él, había escuchado de Él, ya tenía encuentros, había escuchado Su Palabra, había gente que me había predicado, me había mostrado al Señor. Pero no había entendido todavía lo que significaba el amor de Dios. Para mí era difícil porque yo no fui… yo no me sentí amada en mi casa, entonces no entendía cuando me decían que Dios me amaba. Entonces era difícil comprender lo que Él me estaba ofreciendo.

Pero sí sabía que Él estaba. Había momentos que yo oraba y que utilizaba un poquito el Dios —lo que yo le llamo “el Dios bombero”— que es cuando yo lo necesitaba. Pero… pero sabía que aun así, Él estaba. Y yo, yo sentía que Él estaba diciéndome: “Yo estoy aquí”, “Yo estoy por aquí”.

Nancy: Y, ¿hubo algún punto en el que tocaste fondo, hasta ese punto como de llegar a la desesperación para entonces clamar a Él?

Angeline: Yo entré a recuperación, traté de salir de las drogas por mí misma, por diferentes vías. Y cuando vi que ninguna vía me funcionaba —porque simplemente yo estaba buscando amor y no encontraba—, entonces me iba por recuperación; que si una iglesia, que si esto, que si aquello. Y nunca llegaba a esa llenura—realmente—que yo estaba buscando. Entonces llegó un momento en que recaía.

Duré más o menos unas tres semanas en consumo, y en ese tiempo dormía todo el tiempo. Y un día me levanté y me di cuenta que todos esos caminos que yo había andado no habían funcionado. Entonces ese día, definitivamente, me vino a la mente que me quería morir. Y que… y le hablé a Dios sobre ese deseo que tenía. Decidí abrirle mi corazón sobre… decirle: “Señor, yo no… yo sé que Tú estás ahí, que Tú me estás viendo, pero haz algo, porque yo ya no puedo más, o sea, si Tú estás ahí, si Tú me estás escuchando de verdad, yo necesito que Tú intervengas, porque este es el tiempo para hacerlo y yo estoy dispuesta a hacer lo que Tú me digas para que se dé.”

Y recuerdo algo… simplemente me paré y estaba determinada no sé a qué, y me paré, y algo me dice: “Ponte tus chancletas y sal.” Y yo salí a la puerta de mi casa, y cuando me paré ahí, pasó una guagua y se devolvió un carro, y ese carro traía todo un grupo de gente que había estado conmigo en un programa de recuperación en el que yo había intentado entrar. Y se devolvieron y me dijeron: “¡Pero mírala aquí!” Y me llevaron a ese programa. Y ese fue el inicio de mi recuperación.

Nancy: O sea que ese día llegaste finalmente —como pudiéramos decir— al final de ti misma.

Angeline: Exactamente.

Nancy: Y, ¿cómo… cuándo fue como que sentiste que tu corazón empezó a volverse hacia Cristo? Porque ahí ok, “Señor, yo te clamo, yo me quiero morir, yo no quiero esta vida”; pero, ¿cuándo la luz de Cristo comienza a resplandecer y te salva?

Angeline: Sí, en mi deseo por estar limpia empecé a asistir—estaba en un programa de recuperación, ya tenía cuatro meses limpia y me sentía… pero empecé a flaquear nuevamente, a sentirme que— ¡guau!—turbulenta. Entonces en esa búsqueda me encuentro con alguien que me invita a una iglesia y me dice: “Yo creo que tú lo que necesitas es otra cosa fuera de recuperación.”

Y comienzo a asistir a una iglesia, y en esa iglesia me comienzan a hablar de un Jesús, de Dios, de un Dios de amor que está ahí pendiente y que Él sabía de antemano que yo lo necesitaba, y que Él estaba ahí desde mi inicio y desde que yo estaba en mi casa, y que supo de los abusos. Y así fue que yo empecé una relación con Él, personal, a escucharlo, Él… a darme ese cariño poco a poco. Y el tiempo pasó hasta que simplemente lo recibí y empecé una relación personal con Él de manera estrecha y amorosa.

Nancy: Pudiste arrepentirte de tus pecados, entendiste que habías sido pecadora y que en Cristo había perdón, que Él los echa a lo profundo del mar y que en Él hay nueva vida. Dice la Palabra que, “si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.”

¿Y cómo fue ese proceso, entonces, de liberarte de la adicción? Hasta ahí tú tenías unos meses limpia pero sentías que podías flaquear. Ahora con Cristo en tu corazón, ¿cómo fue ese proceso?

Angeline: Fue difícil realmente. Fue un proceso de mucho dolor, de morderme los dedos. Pero ya era diferente porque yo ni siquiera quería estar limpia por mí, sino que yo quería estar limpia por Él, por Su gracia, porque yo quería estar limpia por seguirlo para hacer Su voluntad, entiende?. Estar limpia para hacer lo que Él quería para mí y de agradarle a Él por encima de cualquier cosa, inclusive sobre mis propios deseos.

Y Él empezó a darme un amor que yo no había recibido hasta ese momento. Un amor de padre, un amor de hermano y todo. Fue… ha sido maravilloso realmente.

Nancy: O sea que aún tú puedes decir que ha sido largo y difícil pero a su vez maravilloso.

Angeline: ¡Sí! Ha sido difícil, pero maravilloso también porque en ese proceso he conocido personas que me han dado apoyo—amigos, hermanos que han estado conmigo en ese tiempo cuando yo me siento sola o cuando yo necesito que oren por mí, cuando he tenido tentaciones—porque las tengo y las he tenido—. Pero Él ha provisto una serie de recursos que son importantísimos en mi vida.

A través… no sólo de Su Palabra, también los amigos, la iglesia, lugares donde yo puedo ir y recurrir para pedir ayuda cuando lo necesito; espacios, familia nueva. Me he hecho también parte de grupos donde yo puedo servir y ayudar a otras mujeres que están en lo mismo—que han pasado por la misma situación.

Nancy: Sí, son medios de gracia que Dios pone a nuestra disposición. Yo te quería hacer una pregunta sobre eso, eso de rendir cuentas. Hemos oído que es un proceso importante o sea— tener una persona a quien llamar, con quien estés conectada. Para eso mismo, para que ore contigo, para que te ayude, para que te acompañe, para la misma lectura de la Escritura, inclusive memorización, la asistencia—como tú dices—a la iglesia; las familias que te acogen en esa nueva familia, que es la familia de la fe.

Angeline: Sí.

Nancy: Tú tienes esa persona —o esas personas— a quienes tú les rindes cuentas de quienes estás cerca—específicas—no como un grupo general de la iglesia, sino personas específicas.

Angeline: Sí. Definitivamente. Yo tengo gente a la cual yo debo llamar cada cierto tiempo, y si no la llamo hay problemas. Y tengo personas que me mostraron otro patrón de familia, donde yo llego ahí y soy parte de su casa. Gente que yo debo llamar a diario también para contarle en qué estoy, cómo me siento, y me dan seguimiento.

Yo creo que eso fue fundamental —ha sido fundamental— en lo que es mi recuperación y mi encuentro con el Señor. Oraciones; yo en particular recuerdo una oración que se hizo conmigo cuando comencé también mi recuperación. Esa oración diciendo que las puertas estaban abiertas para que todo lo que se diera, llegara con relación a eso—a la recuperación. Y yo recuerdo esa oración con muchísimo cariño porque realmente sentí el poder de Dios que sí, que las puertas se abrieron a partir de ese momento. Nada fue coincidencia a partir de ese día, de esa oración.

Y muchísimas personas que en momentos han salido corriendo cuando yo lo necesitaba, fueron a mi casa inclusive hasta en las noches. O sea que ese tiempo y esa gente tienen que estar ahí. Yo debo ser intencional en buscar ayuda. O sea, no es ni siquiera esperar que llegue a mí, sino yo ser intencional si quiero realmente hacer un cambio y cambiar mi vida.

O sea, pedirle a Dios que, si no las tengo, que esa gente llegue. Pedirla a Dios y buscarla. Y si la primera persona no funciona, buscar la segunda. Y ser parte de ese proyecto que Dios quiere para mí, accionando también.

Nancy: Sí, porque esa es la forma en que Cristo provee esa ayuda.

Angeline: Claro que sí.

Nancy: Es a través… Él usa todos esos medios que tú mencionaste y las personas son claves.

Angeline: Es imposible hacerlo solo. Eso es imposible. La persona que dice que está en recuperación, pero que lo hizo solo, realmente no está en recuperación, porque eso es imposible. La compañía es fundamental para ver un cambio. Inclusive, Dios nos manda a eso—a estar en comunidad y ser parte de una comunidad activa.

Nancy: Exactamente.

Angeline: Y a través de la comunidad es que Él se manifiesta en mi vida.

Nancy: Por eso la Escritura dice, “Mejor son dos que uno, porque hay del solo que cuando cae, no tiene al lado quién lo levante.”

Angeline: Así mismo.

Nancy: Y también me viene a la mente el texto que habla de cuando nosotros hacemos algo por uno de estos más pequeños, el Señor dice, “A mí me lo hiciste.” O sea que el Señor, cuando uno extiende esa mano, es realmente del Señor y al Señor. Es un medio de gracia que Él dispone para nosotros.

Angie, ¿cuánto tiempo tienes sin usar drogas?

Angeline: Doce años.

Nancy: Doce años… eso es mucho tiempo. Y cuando hablábamos de que el proceso ha sido difícil—que no es un proceso fácil—, ¿tú qué pudieras decir acerca de las recaídas? ¿Cómo pudiera ser de aliento el hecho de saber que hay un camino en que uno falla pero sigue adelante?

Angeline: La recaída—yo entiendo—es parte de lo que es el mismo proceso de recuperación. Si una persona tiene la intención, el deseo de mantenerse limpio y está buscando cambios en su vida, debe entender que en algún momento puede ser que falle.

Pero la diferencia está en continuar, por encima de tú caer. Primeramente buscar a Dios por encima de todas las cosas, y pedirle que te dé las fuerzas, el deseo y las herramientas para el siguiente paso. La recaída puede convertirse en una bendición cuando te pasa la primera vez, y tú sabes qué hiciste mal en la primera y la segunda no te pasa, porque ya tienes las herramientas adecuadas.

Voy a ponerte un ejemplo: si yo tengo la experiencia de que hay algunos lugares que yo no puedo visitar porque esos lugares me hacen daño y me llevan a una recaída, obviamente, la segunda vez yo no voy a estar en ese sitio. Yo voy a buscar la manera de alejarme de esos lugares, porque a mí me afecta y me lleva a una recaída.

Entonces, la misma experiencia es la que te va haciendo… En el adicto eso es algo muy común, pero poco a poco, si él se mantiene dentro de lo que es la recuperación, él puede llegar a tener otra vida y a mantenerse firme.

Nancy: Angie, gracias por haber estado con nosotros, por estar dispuesta a ser abierta, a compartir tu testimonio para bendición de otros y de muchas a quienes Dios, quizás a través de este programa, está llamando a la libertad que tú encontraste en Cristo.

¿Qué otra cosa tú quisieras dejarnos como mensaje final ahora que estamos terminando este programa?

Angeline: Sí, quisiera decirles que una de las cosas que más agradezco es la apertura que tuvo la iglesia al recibirme—la iglesia a la cual yo asisto. Que me dio la oportunidad de estar y ser parte de su comunidad. Me dieron apoyo, me abrieron las puertas, hicieron todo lo que fuera necesario que yo necesitara para que se diera ese cambio. Eso lo agradezco mucho.

También ahí conocí a un Dios que… Él puede llenar cualquier tipo de vacío. Que todas mis ansiedades, cualquier tipo de afecto que yo necesité de mi niñez, de mi presente, Él los llena. Que no hay adicción que pueda con Él, que realmente en Él yo recibo todo lo que yo quiero y necesito—está en Jesús; en Su gracia, en Su perdón. A través de Él yo he podido ser otra persona, pero no solamente “otra persona”, sino alguien que Él está moldeando y que Él puede transformar, y que Él ha convertido en lo que Él ha querido.

Yo le doy las gracias al Señor —realmente— por esa… por todo eso que Él ha hecho por mí, que ha dado para mí… le doy las gracias.

Nancy: Amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado hablando con una mujer llamada Angeline acerca de la oscuridad de la adicción y el poder restaurador de Dios. Los programas de esta semana nos han ofrecido un buen balance para entender los sólidos principios bíblicos acerca de las adicciones y las historias que ilustran estos principios. Nancy retomará la enseñanza de Tito 2 en el próximo programa y continuará explorando la naturaleza destructiva de las adicciones.

Si necesitas ver más recursos de este y otro tipo te invitamos a visitar nuestra página web, www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Incluso, si nunca has probado el alcohol o las drogas, lo cierto es que necesitas saber sobre este tema y ser cuidadosa. Hay más adicciones sutiles que podrían causarte problemas. Hablaremos sobre esto en nuestro próximo programa. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Nancy está de regreso para terminar con una oración.

Nancy: Señor, qué bueno que en Cristo tenemos un poderoso Salvador. Gloria sea a Tú Nombre, Señor, porque Tú perdonaste todos nuestros pecados; nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Gracias porque así como está de lejos el oriente del occidente, así has hecho alejar de nosotros nuestras transgresiones.

Gracias, Señor, porque Tú has hecho una obra maravillosa en la vida de Angie y Tú puedes repetir esa obra Señor en la vida de tantas mujeres que están escuchando este programa; que están esclavas, Señor, a distintas y diversas adicciones. No solamente a las drogas Señor, sino también al alcohol, a los hombres, a las compras, a tantas y tantas cosas tras las cuales nuestros corazones se van Señor.

Que Tú seas el único Señor a quien nosotros adoremos, el único a quien nosotros servimos. Que busquemos primeramente Tu gloria, Tu reino y Tu justicia. Y todo esto, Señor, te lo presentamos en el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

A30 – Verdaderamente libre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A30 – Verdaderamente libre

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Verdaderamente-libre/

Marsha : Me desperté y estaba en la cárcel.

Carmen Espaillat: El alcoholismo llevó a Marsha—literalmente—a la esclavitud cuando se vio en la cárcel y atada a la adicción.

Marsha: Estaba saliendo con mi actual esposo en ese tiempo. Él me preguntaba, “Te vas directo a la casa después del trabajo, ¿verdad?”, “Por supuesto.” “¿Sin hacer ninguna parada?” “No, ninguna”.

Salía del trabajo a las 5:00 p.m.. Llegaba a la casa como a las 5:30 p.m. . Por lo que a eso de las 6:30 p.m., él iba al bar y me decía, “Pensé que habías dicho que te ibas directo a la casa.” No podía ver el bar y pasar de largo. No podía. Bebía cerca de mi casa para no tener que manejar.

Carmen: Luego encontró esperanza.

Marsha: Recuperé la consciencia en la cárcel. “¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo llegué aquí?” Claro, los golpes… tenía todo un lado de la cara amoratado. Recuerdo cuando él golpeó mi cabeza contra el trampolín de la piscina. Pensé que me iba a ahogar. Recuerdo que fue en ese tiempo que traté de buscar de Dios.

He sido totalmente liberada de todas mis adicciones. Dios entra en tu corazón y llena el gran vacío que has estado llenando con las drogas y el alcohol. Él sustituye todo eso, hace desaparecer las adicciones y sientes Su plenitud.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

«Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta; no calumniadoras ni esclavas de mucho vino…” (Tito 2:3). Durante las últimas semanas hemos estado viendo versos de Tito 2 en la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer.

En nuestro programa anterior Nancy hizo énfasis en esta frase: “Ni esclavas de mucho vino.” Vamos a hacer una pausa en esa enseñanza y vamos a escuchar de mujeres que conocen lo que es estar bajo la esclavitud del alcohol.

Nancy habla con Ruby, Lisa y Marsha.

Nancy Leigh DeMoss : Marsha, ¿te acuerdas la primera vez que probaste alcohol?

Marsha: En realidad no me acuerdo cuándo fue la primera vez que lo probé.

Nancy: ¿Serías una niña o una adolescente?

Marsha: Debí haber sido pequeña. Idolatraba a mi hermano, quien es cinco años mayor que yo, y por ende, hacía todo lo que él hacía; iba a todos lados con él. Por lo cual cuando él tenía 14 ó 15 años y estaba experimentando con drogas y alcohol, yo también lo hice. Fumé hierba por primera vez cuando tenía 9 años.

Nancy: ¿Te pareció divertido? ¿Lo disfrutaste?

Marsha: La verdad es que no sentí nada la primera vez que probé la hierba.

Nancy: Cuando dices hierba, ¿te refieres a marihuana?

Marsha: Sí, un cigarrillo de marihuana.

Nancy: ¿Y tú, Lisa? ¿Qué tan joven empezaste?

Lisa: La primera vez que bebí tenía 14 años y me acuerdo como si hubiese sido ayer. Tenía un novio que me llevaba cinco años. Creo que, en ese tiempo, parte de mí buscaba un hombre que me cuidara como lo debió haber hecho mi padre. Me fijé en un hombre de 20 años (bueno, yo tenía 14 y él 19 en ese momento).

Fuimos a una fiestecita y brindaron vino. Lo probé. Sabía más o menos bien porque tenía sabor a fresas. Me cayó mal. Bebí y me cayó aún peor. Terminaron lavándome la ropa antes de que me pudieran llevar a mi casa. Así de mal me sentía.

Nancy: Y si te cayó mal y no fue una experiencia grata, ¿qué te hizo hacerlo de nuevo?

Lisa: …aceptación. Sientes que eres aceptada.

Marsha: Pienso que mi mayor motivo —y el de muchos alcohólicos con los que he hablado— fue la forma en que me sentí. Los efectos secundarios eran mínimos en comparación con la sensación de ser invencible, de tener confianza, es…

Nancy: Es como ser aceptada, sientes que como decía Lisa eres aceptada.

Marsha: Absolutamente. Esos sentimientos son primordiales. Son tu foco primario ya que, después de unos tragos, todas las inhibiciones se esfuman. Yo no bailo. Nunca bailo. Me tomo un par de tragos y no pueden sacarme de la pista de baile. Odio bailar, pero pierdes todas las inhibiciones. Es una alergia para la mayoría de los alcohólicos. Es, de hecho, una alergia al alcohol donde algunas personas dicen “Oh, lo estoy sintiendo. Debo parar de beber ahora”, y el alcohol responde “Oh, lo estoy sintiendo. ¡Dame otro!”

Nancy: ¿Y cómo te das cuenta si estás borracha o si estás bebiendo y lo toleras bien?

Ruby: Yo nunca me enteré si estaba borracha o no. Cuando llegué al punto de beber todos los días, la única forma de saber si había bebido mucho era cuando, al otro día, me sentía enferma y tenía que tomar un Alka-Seltzer aun para poder beber un sorbo de agua.

Pero fuera de eso, llegué a un punto en que prefería beberme un trago (no, mejor dicho, una botella de alcohol) y fumarme de tres a cuatro cajas de cigarrillos en lugar de comer porque quería verme de cierta manera. Tú sabes, me mantenía en mi peso, tenía todo lo que pensaba que necesitaba y era popular. Todos sabían cuál era mi trago, cuando entraba a una discoteca ponían un vaso grande frente a mí porque “oh, ella tiene buena resistencia”. Por lo que piensas que eres importante, cuando en realidad lo que eres es una borracha.

Nancy: Lisa tú mencionaste algo acerca de sentirse aceptada… ¿Podrías abundar un poco?

Lisa: Bueno, la razón por la que me sentía aceptada era porque todos mis amigos estaban en eso y quería ser parte de eso. Había tenido un bebé a los 16, me casé a los 16 y quería ser aceptada por… Nunca me sentí lo bastante buena y quería sentirme aceptada, entonces escogí esto. De hecho, estás como ciega porque estás escogiendo las cosas equivocadas, los amigos equivocados, haciendo lo mal hecho y piensas que todo está bien. Te ves bien y estás haciendo lo correcto, pero no lo estás. Me alejé de todo, escogí la botella y me vi tomando malas decisiones: me divorcié más de una vez. He pasado por muchas cosas y por muchas decisiones equivocadas porque recurrí al alcohol y las drogas.

Nancy: ¿Marsha, te sientes identificada con este sentimiento de ser aceptada?

Marsha: Definitivamente. Los niños con los que crecí en el vecindario empezaron a experimentar. Todos nosotros lo hicimos. Por eso nos parecía natural y común. Cuando no lo hacías, te decían “¿Y por qué no?”, eso era cuando no te habían aceptado.

Nancy: ¿Y qué tan lejos te llevó? ¿Tocaste fondo?

Marsha: Bueno, como dije, no me acuerdo de la primera vez que probé alcohol. Si recuerdo una experiencia. Había planeado pasar la noche con algunas amigas, pero fuimos a pasar la noche en la casa de otra. Su mamá nos iba a llevar al cine y no sé qué más. Ese era el plan. Eso fue lo que les dije a mis padres cuando salí de la casa. No pasó así.

Llegué a su casa y ella dijo, “Bueno, vienen unos muchachos para acá y nos vamos juntos para el cine.” Mi mente registró un “Ay-ay-ay”, pero esos muchachos eran muy buenos mozos y, entonces, nos fuimos. Tenía 13 años. Luego la película resultó no ser una película. Resultó ser un solar vacío desde donde se podía ver la ciudad. Los muchachos bebieron mucho. Yo me bebí media cerveza, ni siquiera me acuerdo de haber terminado una.

Nancy: ¿Y quién llevó el alcohol?

Marsha: Los muchachos. No estoy segura de sus edades, pero ninguno llegaba a los 21. Es más, ninguno tenía la edad suficiente para haberlo comprado.

Nancy: ¿Piensas que bebiste menos de una lata?

Marsha: Estoy segura porque no me gustó el sabor. Creo que ya había probado cerveza, pero no me importó tampoco. De nuevo, era aceptación. Si no estabas bebiendo, ¿por qué no bebías? y ese tipo de cosas. Bueno, como es de suponer, las cosas se salieron de control y me violaron.

Me llevaron a la casa después. Cuando entré por la puerta, mis papás ya sabían que las cosas no habían pasado como ellos pensaban (habían hablado con la mamá de la otra muchacha). Fueron las únicas nalgadas que me dio mi papá. Fue por la mentira. Por lo que, enseguida, me tragué la otra experiencia de esa noche, y no se lo dije a nadie. Tenía que adormecer el dolor. Tenía que adormecer ese secreto. No se lo pude decir a nadie.

Nancy: ¿Y cómo lo adormeciste?

Marsha: Con el alcohol. Era la única manera de soportar ese dolor. Era la única forma en la que podía alejarme de eso.

Nancy: ¿Empezaste entonces a beber mucho?

Marsha: Sí, empecé a beber, no mucho, pero probablemente un par de veces al mes, durante los fines de semana, cuando me iba de fiesta, con amigos, ese tipo de cosas.

Nancy: Y si alguien te hubiese preguntado en esos tiempos, cuando llevabas esa vida, “¿Tienes algún problema con el alcohol? ¿Eres alcohólica? ¿Estás borracha?” ¿Qué habrías contestado?

Marsha: Jamás.

Ruby: Le hubiese dicho que “NO”.

Lisa: Ningún problema.

Nancy: ¿Entonces, todas están de acuerdo?

Ruby: Sí, no tenía ningún problema.

Lisa: Yo me iba a trabajar. Era una persona responsable.

Marsha: Yo también.

Ruby: Yo pagaba mis cuentas.

Marsha: Ganaba, legalmente, mucho dinero para una adolescente.

Lisa: Solo vivía mi vida como yo quería. Nunca pensé en tratar de hacer lo correcto. Estaba en lo mío y eso es lo más triste de todo. Estás encantada de hacer tu voluntad. Llegué al punto donde (justo antes de celebrar mi recuperación) bebía en casa. Siempre había escuchado que una vez empezabas a beber en tu casa, comprando tu alcohol, consumiéndolo y escondiéndolo… Mi mamá decía “Yo sabía que estabas bebiendo”. Quería beber todos los días. Llegué a un punto en mi vida en que me sentí miserable en lugar de feliz, y sin embargo lo anhelaba.

En ese punto fue cuando comencé a recurrir a Dios. Le dije, “Señor, necesito que me liberes. Tengo que ser libre. Necesito ser libre.” Fumaba demasiado y bebía todos los días. Les digo: Él es el único que me ha ayudado. Él ha cambiado mi vida por completo.

Nancy: Ruby, sé que —en tu caso— la bebida te llevó a otras cosas y terminaste en prisión.

Ruby: Sí.

Nancy: Me dijiste, hace un ratito, que no fuiste a la cárcel por beber alcohol, pero si te llevó a hacer las cosas que te llevaron a prisión.

Ruby: Sí.

Nancy: ¿Puedes darnos una idea de lo que pasó?

Ruby: Es un estilo de vida y —una vez que empiezas con ese estilo de vida— empiezas a conocer cierto tipo de personas. Cuando llevaba esa vida, me presentaban hombres que traficaban drogas. “Oh, puedes hacer dinero.” Porque era cosmetóloga. “Puedes lavar dinero de esta forma.” Me levantaba, en la mañana bebía. Me iba a dormir, bebía; todo esto me parecía sensato.

“Bueno, ni siquiera tengo que trabajar, porque mientras pague mis impuestos, puedo hacer dinero.” Por lo que empecé a vender drogas. De hecho, pensé que estaba bien. Todavía me acuerdo del día de la redada. Me levanté esa mañana y bebí todo el día. Acababa de llegar a la casa para descansar unos minutos y estaba tan borracha que, cuando los policías patearon mi puerta, solo me paré.

El hombre dijo, “Acuéstese en el suelo.” Le dije, “Estoy muy borracha para acostarme en el piso. Si lo hago voy a vomitar, por favor no me obliguen a acostarme en el piso. Dispárenme o hagan lo que vayan a hacer, pero no puedo acostarme en el piso.” Estaba fuera de control. Había botado a mi marido de la casa. Tenía un novio más joven viviendo conmigo. Yo solo hacía lo que pensaba quería hacer porque el alcohol me daba el poder para hacerme pensar que podía hacer “lo que se me viniera en gana”.

Nancy: Lisa, ¿habías hecho intentos de dejar la bebida antes de dejarlo de manera definitiva? Alguna vez dijiste, “¿Voy a dejarlo?”

Lisa: La verdad es que lo dejé por un tiempo. Era cuando iba a la iglesia con mi segundo esposo. Iba a la iglesia, oraba y trataba de hacer las cosas bien. Mi marido… bueno, hubo infidelidad en nuestro matrimonio. Cuando no aguanté más, me fui y me salí de la iglesia también. Ahí fue cuando empecé a consumir drogas, he consumido cocaína y drogas parecidas a esa.

Nancy: Habla de lo que es una adicción. ¿Es física? ¿Emocional? ¿Qué significa ser adicta?

Lisa: En cuanto a mí, no sabía que era una adicción física. Ahora, como les dije —antes de dejarla por última vez— la anhelaba. Suena a locura, pero de camino a casa, me paraba en la gasolinera y compraba cerveza. No podía irme al supermercado sin haberme parado a comprar una cerveza primero. Estaba furiosa conmigo misma porque tenía que hacerlo. De ninguna manera podía ir a la gasolinera y no comprar alcohol. Por lo que, llegado ese punto, supe que algo no estaba bien.

Nancy: ¿Te sentiste avergonzada?

Lisa: Sí.

Marsha: Absolutamente.

Nancy: Marsha, ¿escondiste cosas, mantuviste secretos, mentiras y engaños?

Marsha: Sí, sí y sí. Estaba saliendo con mi actual esposo en ese tiempo. Él me preguntaba, “Te vas directo a la casa después del trabajo, ¿verdad?”, “Por supuesto.” “¿Sin hacer ninguna parada?” “No, ninguna”.

Salía del trabajo a las 5:00pm. Llegaba a la casa como a las 5:30pm. Por lo que a eso de las 6:30pm, él iba al bar y me decía, “Pensé que habías dicho que te ibas directo a la casa”. No podía ver el bar y pasar de largo. No podía. Bebía cerca de mi casa para no tener que manejar. Si algo serio pasaba estaba a pocas cuadras, no era gran cosa. También era conveniente para nuestros hijos —que iban en bicicleta a buscar dinero si necesitaban ir al supermercado— o si necesitaban que los ayudara con sus tareas.

Nancy: ¿Iban al bar?

Marsha: Sí.

Nancy: Tus hijos, ¿eran adolescentes para ese tiempo?

Marsha: Preadolescentes. Eran preadolescentes. Ellos podían ir en bicicleta al bar porque el bar tenía un lado que era restaurante y ellos podían ir a ese lado y hacer sus tareas en lo que yo tiraba dardos y bebía tragos de tequila. Por alguna razón nunca se me ocurrió pensar que había algo de malo en ello.

Nancy: ¿Qué recuerdas de cuando tocaste fondo?

Marsha: Me desperté y estaba en la cárcel. Mi relación con Lane estaba en picada. Estaba muy mal. Bebíamos los dos y consumíamos drogas para poder beber por más tiempo, quedarnos despiertos más tiempo e ir al trabajo en la mañana, ese tipo de cosas. Tuvimos un altercado violento y fui a la cárcel.

Recuperé la consciencia en la cárcel. “¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo llegué aquí?” Claro, los golpes… tenía todo un lado de la cara amoratado. Recuerdo cuando él golpeó mi cabeza contra el trampolín de la piscina. Pensé que me iba a ahogar. Recuerdo que fue en ese tiempo que traté de buscar de Dios.

Nancy: ¿Cuál fue tu momento más bajo, Ruby?

Ruby: El 29 de abril del 1999, cuando me sentenciaron por 30 años. Me llevaron a una celda y me di cuenta de que tenía que cumplir mi condena. Iba a tener que hacerlo. La corte así lo había decido. Ellos querían que cumpliera un 50% al inicio. No podía creer hasta qué punto había abusado mi cuerpo y —más que todo— no podía creer que había decepcionado a Dios.

Nancy: Lisa, te dejamos hace un rato. ¿Podrías contarnos del momento en que empezaste a conocer a Dios y del trayecto que te llevó a ese punto?

Lisa: Creo que fue el amor y la gracia de Dios que me llevaron al punto de sentirme cansada; de sentirme cansada y enferma. Me sentí cansada de los antidepresivos, de beber todos los días y fue cuando empecé a buscarlo. Empecé pidiéndole que me cambiara, que me quebrantara. De hecho, le pedí que me quebrantara, que quebrara mi voluntad. Me hacía falta tener una relación con Él y Él me fue guiando hasta que pude sentir Su presencia. Pienso que una vez empiezas una relación con Él, Dios empieza a llenar el vacío, Él empieza a quitar todos esos deseos.

Tuve un novio al que siempre le decía: “Ni siquiera quiero hacer lo correcto. No sé qué me pasa. No quiero hacer las cosas bien”. Ahora le dije, “Quiero hacer lo correcto y deseo hacer las cosas bien”. Solo estoy muy, muy agradecida por la misericordia, la gracia y el amor de Dios.

Marsha: Me acerqué a Dios —por primera vez— cuando desperté en la cárcel. Cuando hablo de mi camino de sobriedad es muy distinto a mi camino de recuperación. Son dos cosas distintas.

Nancy: Explica lo que quieres decir con eso.

Marsha: La sobriedad consiste solamente en abstenerse de alcohol, drogas o cualquiera de esas cosas. No hay libertad. Es una batalla continua. Mientras que, desde que he estado en recuperación a través de “Celebrate Recovery” (Celebrando la Recuperación) y a través del regalo de Jesucristo, no he vuelto a anhelar nada de aquello. Los programas de recuperación reforman, solo Jesucristo transforma. Estoy en recuperación. He sido totalmente liberada de mis adicciones. Dios entra en tu corazón y llena el gran vacío que has estado llenando con las drogas y el alcohol. Él sustituye todo eso, hace desaparecer las adicciones y puedes sentir Su plenitud.

Nancy: Marsha, ¿qué tan importante es la rendición de cuentas? ¿Has estado sobria por cuánto tiempo?

Marsha: . . .Seis años.

Nancy: Seis años. Estaba hablando con un amigo nuestro —creo que han sido ocho años para él— y me decía que todavía hace la llamada para rendir cuentas cada noche. Y le dije, ¿Es porque todavía luchas a diario? ¿Estás luchando con la tentación? Me contestó: “No realmente, pero si no tuviese ese apoyo, tendría que luchar.” ¿Te identificas con eso?

Marsha: Sin duda. Es vital saber que hay otras personas que están pasando por lo mismo, quienes luchan con las mismas cosas que tú. Solo el hecho de que estén ahí, lo hace mucho más fácil para ti. Ni siquiera tienes que hablar solamente de recuperación. No tienes que hablar de adicciones y todas esas cosas. Es vital saber que siempre están ahí durante el proceso de recuperación, no solo en el de sobriedad.

Nancy: Sé que están en etapas distintas en su caminar, de semanas hasta años. ¿Tienen límites, parámetros que deben seguir y que les proporcionen protección? Están asintiendo las dos que tienen años en el proceso. Dígannos. ¿Cómo se salvaguardan de caer, reconociendo que es la gracia de Dios la que nos protege?

Ruby: Sí. La mía empieza con un pensamiento. Si medito en algo por demasiado tiempo, cojo el teléfono y llamo, usualmente, a Stacey porque…

Nancy: Y para aquellas que no lo saben, Stacey es una amiga mutua que pasó 12 años en la misma prisión de mujeres en la que pasaste 7 años. Ella ha regresado para ministrar a las mujeres en esa prisión… Decías que tienes un pensamiento y llamas a Stacey. ¿De qué clase de pensamiento hablas?

Ruby: A pesar de que era alcohólica, mi droga eran los hombres y el dinero. El alcohol me condujo a los hombres porque los hombres tenían dinero. Esa es una adicción de la que no están al tanto la mayoría de las personas. Por lo que si pienso en que “quiero un marido” porque soy viuda, tengo que llamar a Stacey y decírselo. Tengo que decírselo a alguien: “Esto es lo que me está pasando hoy.” Es solamente una medida de protección. “… en la multitud de consejeros está la sabiduría” (Proverbios 11:14b). Creo que Dios usa a las personas, incluso personas que no saben que Dios está obrando a través de ellas —porque no confío en la persona; yo confío en Dios.

Nancy: Marsha, ¿Recomendaciones? ¿Consejos prácticos para guardar el corazón? ¿Qué haces?

Marsha: Tienes que ser selectiva con las personas con las que te codeas, los lugares a donde vas, las actividades en las que estás envuelta. Cosas así. Cambias muchos patrones de conducta. Yo solo quiero rodearme de gente cristiana, gente que ame al Señor como yo lo amo.

Nancy: Quiero agradecerles por haber compartido con nosotras sus historias. Estoy aquí sentada pensando en estas palabras de Jesús: “En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado (que está en todas nosotras por naturaleza) es esclavo del pecado.” Y luego dice, “Y el esclavo no queda en la casa para siempre. El hijo sí permanece para siempre. Así que, si el Hijo os hace libres seréis realmente libres.” (Juan 8: 34-36).

Estoy mirando las caras de tres mujeres que fueron esclavas de sí mismas, del pecado y el alcohol, pero el Hijo las ha libertado y, ustedes mujeres, están verdaderamente libres. Veo lágrimas en los ojos de Lisa.

Lisa: Porque sé de dónde vine y sé que quiero hacer mucho más. Me siento emocionada.

Carmen: Hemos estado escuchando acerca de la oscuridad en la que nos sumerge la adicción al alcohol y de la libertad que Dios nos ofrece. Los testimonios de hoy ilustran de forma poderosa la enseñanza —basada en Tito 2— que Nancy Leigh DeMoss nos ofreció recientemente. El apóstol Pablo les dice a las mujeres de más edad que no se dejen seducir por el vino. Si no escuchaste ese programa lo puedes escuchar visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Convertirse en esclava del alcohol incapacita a la mujer para ejercer su rol y crear un ambiente sano en su casa. Ahora bien, la adicción no es el único factor destructor del hogar. Aunque no bebas, puedes tomar decisiones perjudiciales para la familia. Espero que aprendan el poder que tiene la mujer para nutrir la vida en su hogar.

En el próximo programa escucharás el testimonio de otra mujer que por la gracia de Dios encontró perdón de sus pecados y sanación de su adicción. Esperamos que nos sintonices en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Mi Vida Es Cristo

Sovereign Grace Music

Eres Dios ℗ 2012 Sovereign Grace Music

Voces adicionales:
– Marsha, en la voz de Xiomara Marmolejos
– Lisa, en la voz de Monina de Reyes
– Ruby, en la voz de Odette Carranza

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

A29 – La ley del amor

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A29 – La ley del amor

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ley-del-amor/

Carmen Espaillat: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: La gracia de Dios debe hacer que las personas salvas sean diferentes en su manera de pensar, en su manera de actuar, en su manera de hablar, en la manera de vestir, en la forma de comer, y en su forma de beber. Todo sobre nosotros debe estar informado y moldeado por la gracia de Dios.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

En las últimas semanas Nancy ha estado en una serie llamada El hermoso diseño para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 A través de esta serie hemos podido ver lo prácticas que realmente son las Escrituras, y hoy continuamos.

Nancy: Estamos ahora en una sesión de nuestro estudio de Tito 2 donde estaremos hablando de un tema que hasta los ángeles temen abordar. Este es un tema que nunca había enseñado pero debido a que las Escrituras lo enseñan, es importante que lo abordemos—es sobre el tema del uso y abuso del alcohol.

No se escucha mucho sobre este tema dentro del contexto de la iglesia. Pero está aquí mismo en nuestro pasaje de Tito capítulo 2, así que entiendo que es importante que nosotros lo estudiemos y que hablemos sobre esto.

Ahora bien, estoy consciente de que estoy hablando a grupos diferentes de personas que están escuchando esto. Algunas de las que me escuchan a través de la radio o del internet practican la abstinencia total. No beben para nada en lo absoluto.

Pero hay otras, conscientes o no, que tienen un problema con el alcohol. No lo controlan: el alcohol las controla a ellas.

Y luego hay un tercer grupo. Hay otras que disfrutan lo que muchas veces llamamos “la bebida social.” Y dicen, “Yo bebo sin peligro. Yo bebo de manera legal. Y bebo responsablemente. Yo no me emborracho. El alcohol no es un problema para mí.” Y en algunos casos esa debe ser realmente la situación.

Pero en días recientes he estado hablado bastante con alcohólicos en recuperación para darme cuenta de que hay muchas personas que están en grave peligro con respecto al alcohol, y que están diciendo, “No tengo problemas con esto”.

Pero he aprendido que hay algunos que realmente pueden beber, manejarlo y hacerlo sin peligro, legal y responsablemente.

Así que tenemos todo un espectro de personas con relación a este tema. Hay una gran gama de opciones sobre el mismo asunto. Así que queremos hablar sobre esto: “¿Está bien para los cristianos beber alcohol? ¿En qué debemos basar nuestra decisión y nuestro pensamiento con relación con a este tema?”

Sé que cualquier cosa que diga sobre este tema, siempre habrá algunas personas en este salón que no estén de acuerdo conmigo. De manera que voy a tratar de separar mi opinión y mi aplicación de lo que entiendo que dicen las Escrituras de lo que creo que claramente enseñan. Y quiero animarte a que hagas lo mismo.

Como dijimos en la última sesión, la Biblia no prohíbe de manera general el tomar bebidas alcohólicas. Y debemos ser muy cuidadosos de no imponerle a nadie reglas sobre este tema u otros temas; reglas que vayan más allá de las Escrituras.

Debemos ser cuidadosos de no juzgar la espiritualidad de otras personas o su relación con el Señor sobre la base de nuestra lista—cualquiera que esta sea. Y algunos de nosotros tenemos listas bastantes largas.

Y aún así yo diría lo siguiente: En un esfuerzo de evitar un espíritu legalista (uno que añade a la gracia de Dios y que hace que nuestra relación con Dios se torne más en lo que nosotros hacemos por Dios en vez de lo que Él ha hecho por nosotros) en esta y en muchas otras áreas hoy, muchos cristianos han caído en la otra —igualmente peligrosa— trampa de la permisividad.

Lo que dicen es, “Estamos viviendo bajo la gracia.” Ahora lo que no dicen —y que aparentemente es la implicación— es, “Por lo tanto, como estamos viviendo bajo la gracia, somos libres de hacer cualquier cosa que nuestra carne quiera hacer.”

Este no es el concepto bíblico de vivir bajo la gracia. Claro, la mayoría de la gente no lo diría de esa manera, pero esa la es forma en que hoy vemos a muchas personas vivir su vida cristiana.

Contrariamente a esto, si estuviésemos estudiando el libro completo de Tito, estaríamos empleando tiempo en este maravilloso pasaje que viene justo un párrafo o dos más adelante en Tito capítulo 2 comenzando en el versículo 11. Es dado después de todas estas instrucciones a las mujeres ancianas, a las mujeres más jóvenes, a los hombres ancianos, a los hombres más jóvenes, a los servidores y dice, “Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres”.

Por cierto, nada más que la gracia de Dios que te puede salvar —no hay nada que tú puedas hacer para ganarte la salvación de Dios. Es el regalo de la gracia de Dios.

Pero ¿qué hace la gracia de Dios por nosotros mientras nos trae salvación? Versículo 12:

[Nos enseña] que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús, quien se dio a Sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras (versículos 12-14).

¿Ves ahí el corazón de lo que la gracia hace en tu vida? La gracia no te hace querer vivir igual a como viviste antes de ser cristiano. En la medida de lo posible, te hace querer ser parecido a Cristo.

La gracia de Dios debe hacer a las personas salvas únicas en:

● La manera en la que pensamos.

● La manera en la que actuamos.

● La manera en la que hablamos.

● La manera como vestimos.

● La manera como comemos.

● La manera como bebemos.

Todo sobre nosotros debe ser informado y moldeado por la gracia de Dios para que todo sea para Su Gloria y todo para el avance de Su reino y de Su dominio y reinado en esta tierra.

Te quiero presentar cuatro preguntas que debes hacerte a la hora de determinar si eres libre para beber bajo el Señorío de Jesucristo —en cuanto si puedes o debes ingerir alcohol.

Número uno , y creo que debes hacerte esta pregunta. ¿Es dañino para tu cuerpo físico? Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo. ¿Es dañino el alcohol?

Ahora tú no puedes investigar el tema del alcohol sin encontrarte con una gran cantidad de riesgos potenciales de salud. Déjame señalarte algunos de ellos.

● El alcohol es una toxina que daña el hígado.

● Aún pequeñas cantidades de alcohol pueden destruir las células del cerebro.

● En cuanto al uso del alcohol entre mujeres, se sabe desde hace años que tomar alcohol durante el embarazo puede causar defectos físicos y mentales de nacimiento. Ningún nivel de uso de alcohol durante el embarazo es considerado seguro para el bebé y aun tomar moderadamente aumenta el riesgo de aborto espontáneo.

● Unas semanas atrás salió a la luz un nuevo estudio donde se estudiaron 70,000 mujeres durante dos décadas aquí en los Estados Unidos. Y el titular era: “El alcohol aumenta el riesgo de cáncer del seno —independientemente del tipo de bebida.”1

● El uso del alcohol puede aumentar también el riesgo de desarrollar cáncer de colon, esófago, boca y garganta.2

Ahora siempre habrá alguien que te diga, “Bueno, ¿y qué hay de esos doctores que están diciendo que el vino tinto es bueno para tu corazón?”

El Dr. Ira Goldberg es un miembro de la Asociación Americana del Corazón. Es un profesor de medicina de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. Él dijo— y cito:

“Los mismos antioxidantes encontrados en el vino —y sin los riesgos relacionados con el alcohol— pueden ser encontrados también en el jugo de uva no fermentado.”

Así que la sugerencia de que el alcohol puede ser beneficioso para tu salud es —desde mi punto de vista— muy opacada por los muchos estudios que indican los riesgos potenciales de salud a través del consumo de alcohol.

Pero primero hazte la pregunta, “¿Puede ser esto dañino para mi cuerpo físico el cual es el lugar donde habita el Espíritu Santo? Yo debo usar mi cuerpo para glorificar a Dios”.

Número dos: ¿Te podría esclavizar el uso del alcohol? ¿Te podría convertir en una prisionera? Se nos dice en este pasaje de Tito 2 que las mujeres no deben ser «esclavas de mucho vino» (versículo 3). Esa palabra significa «ser atrapado y controlado o contra de la voluntad».

Y es interesante para mí que muchas personas admitan estar usando el alcohol como una forma de escape, y sin embargo terminan esclavizadas en muchos casos. Estaban tratando de liberarse, pero en muchos casos encuentran que están prisioneras.

Y creo que a esto es que hace referencia Efesios capitulo 5 cuando habla del concepto de estar esclavizadas por el alcohol; el Apóstol Pablo dice, “Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución.” [Esa palabra simplemente significa indulgencia excesiva.] “Sino sed llenos del Espíritu» (versículo18).

Se compara estar borracho con vino con estar lleno del Espíritu. No puedes tener ambos al mismo tiempo. No puedes estar bajo el control de Dios y bajo el control de otra sustancia. No puedes servir a dos amos.

Así que Pablo dice en 1 Corintios capítulo 6, al citar lo que algunas personas estaban diciendo: “Todas las cosas me son lícitas.” Pero Pablo agrega, “Pero no todas son de provecho” (versículo 12).

Y algunos estaban diciendo, “Todas las cosas me son lícitas”. “Estoy bajo la gracia,” esa es la implicación aquí. Pero Pablo les dice, “No me dejaré dominar por ninguna. Puede que no esté prohibida, pero ¿acaso te puede esclavizar?” En el contexto de ese texto, él está hablando sobre la inmoralidad sexual y la borrachera, entre otras cosas.

Así que al considerar la bebida social, casual o moderada, también debes considerar el riesgo potencial de convertirte en borracha o adicta.

Lo que encuentro interesante es que al hablar con aquellos que han luchado con la adicción al alcohol o con el pecado de la borrachera, me han dicho, “El problema es que tú no sabes cuánto tu puedes manejar hasta que no has pasado ese punto. Ese es el peligro. Ese es el reto”.

Y digo esto con certeza. Cada caso de adicción o de abuso de alcohol comenzó con un primer trago. Nadie ha llegado a ser un alcohólico, ni se ha embriagado, ni se ha intoxicado, ni se ha vuelto adicto —o lo que sea— usa la palabra que más te guste si no se toma el primer trago.

Así que pregúntate, “¿Esto me esclaviza, o me podría llegar a esclavizar?” Y considera el potencial para la adicción y la borrachera.

Y aquí una tercera pregunta: ¿Es esto un ídolo en mi vida?

“¿Que quieres decir con eso?”, te preguntas. “Yo no le rindo culto al alcohol”.

¿Lo estás usando o lo pudieras estar usando como un sustituto, como un reemplazo para Dios? ¿Estás tratando de llenar un lugar que fue creado para Dios? ¿O estás tratando de escapar del dolor, la presión, los problemas, o las cosas que Dios quiere usar en nuestras vidas para atraernos hacia Él?

A veces escuchamos sobre personas que han sido llevadas hacia la bebida. ¿Qué los llevó a la bebida? Fue una discordia matrimonial o un problema en el trabajo o un asunto de salud. Ellos dicen, “Fuimos empujados hacia la bebida.”

Bueno esas cosas están supuestas a llevarnos al corazón de Dios, llevarnos a permitir que Él llene nuestras necesidades y consuele nuestros corazones y nos motive, nos consuele y nos de gracia.

¿Estás tratando de llenar un lugar que fue creado para Dios? ¿Estás buscando el alcohol o cualquier otra cosa en este planeta para proporcionarte alivio, para proporcionarte respuestas a los problemas de la vida tales como la ansiedad, la culpa, el aburrimiento, el rechazo o la soledad?

Si es así, puede ser que el alcohol o esa otra sustancia o esa otra cosa se hayan convertido en un dios falso en tu vida y pregúntate, “¿Es esto un ídolo en mi vida? ¿Es esto un sustituto? ¿Lo estoy usando para sustituir a Dios en mi vida?”

Número cuatro: ¿Pudiera ser que tú uso del alcohol —y pudieras aplicar esto a muchas otras prácticas o hábitos— cause daño espiritual a otras personas o los lleve a pecar? Cause daño a otras personas o los lleve a pecar.

Y aquí es donde el apóstol Pablo habla sobre la ley del amor en el Nuevo Testamento. La ley del amor a Cristo y a los demás debe coartar cualquier libertad que podamos tener. Si para ejercitar nuestra libertad tenemos que dejar de amar a los demás, entonces necesitamos estar deseando echar a un lado nuestra libertad de manera que podamos practicar la ley del amor.

Y quiero que veamos tres pasajes que se relacionan con este tema de ocasionar daño espiritual a otra persona. Vamos primero a 1ra a los Corintios capítulo 8.

En este pasaje de 1ª a los Corintios capítulo 10 —y en uno que está justo dos capítulos más adelante y que vamos a ver en unos instantes— el apóstol Pablo está tratando específicamente con la pregunta que surgió en la iglesia primitiva sobre si estaba bien comer carne que había sido ofrecida como un sacrificio a los ídolos. Esto no es algo que nos preocupa en el día de hoy; era un asunto del primer siglo.

Y Pablo dice en esencia, “Los ídolos no son dioses. Sabemos eso. Solamente Dios es Dios. Solamente hay un Dios, y lo que comemos no nos hace más o menos espirituales». Sin embargo, él reconoce que debido al trasfondo de idolatría de algunas personas, si ellos comieran de esta carne sacrificada a los ídolos, eso podría causar que su consciencia fuese contaminada. Ese es el antecedente que Pablo ofrece.

Entonces él retoma en el versículo 9 de 1ra de Corintios capítulo 8. Y les dice, “Mas tened cuidado no sea que vuestra libertad,” [esa libertad que tienes de comer esta carne que ha sido ofrecida a los ídolos… El ídolo es insignificante; la carne está bien.]

Pero él dice, “Mas tened cuidado, no sea que esta vuestra libertad de alguna manera se convierta en piedra de tropiezo para el débil”.

¿Quiénes son los débiles? Aquellos cuyas consciencias serían afectadas si fueran a comer esta carne debido a sus antecedentes.

Y él dice en el versículo 10,

Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no será estimulada su conciencia, si él es débil, a comer lo sacrificado a los ídolos? Y por tu conocimiento [tú que te estás tomando esta libertad] se perderá el que es débil, el hermano por quien Cristo murió.

Jesús murió por esta persona. ¿Acaso no estarías dispuesto a limitar tu libertad dejando de comer esa carne?

Y así, al pecar contra los hermanos y herir su conciencia cuando ésta es débil, pecáis contra Cristo. Por consiguiente, si la comida hace que mi hermano tropiece [si le causa que su consciencia sea contaminada o si le hace pecar], no comeré carne jamás, para no hacer tropezar a mi hermano.

Pablo dice, “Estoy dispuesto a someter mi propio derecho y mi propia libertad a la más alta y grande ley del amor”.

Y vayan a 1ra a los Corintios capítulo 10, y verán un principio similar aquí. Aquí él está tratando con los mismos temas, el comer carne ofrecida a los ídolos. Y en el versículo 23 de 1ra a los Corintios capitulo 10 algunas personas están diciendo.

“Todo es lícito.” Pero [Pablo dice] no todo es de provecho.

“Todo es lícito,” algunas personas dirían. “Pero,” Pablo dice, “No todo edifica. Nadie busque su propio bien, sino el de su prójimo”.

Versículo 31:

Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis motivo de tropiezo ni a judíos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios, así como yo también procuré agradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos (versículos 31-33).

Ahora bien, Pablo no está diciendo, “Porque tengo miedo de lo que otros pudieran pensar, no haré esto”. Él está dirigido por el amor por Cristo y amor del Evangelio y por el deseo de no causar el tropiezo o el pecado de nadie.

Así que él dice, “No solamente me considero a mí mismo. Considero a otros.” Mientras decides si Dios te da o no te da la libertad de beber con sobriedad, moderadamente, responsablemente, y legalmente, necesitas preguntarte, “¿Pudiera yo en el proceso estar causando que alguna otra persona peque o tropiece en su caminar?”

Vamos a Romanos capítulo 14 y otro pasaje que está dirigido a este tipo de pregunta. Romanos capítulo 14: el contexto aquí es que Pablo está lidiando con temas que no están claramente especificados o abordados en la Escritura. Algunos creyentes sienten que tienen libertad en esta área. Otros dicen, “No puedo hacer eso con una buena consciencia”.

¿Cómo tratamos con estos temas? ¿Y cómo mantenemos la unidad en el Cuerpo de Cristo?

Bueno, Pablo dice en Romanos capítulo 14, “Hay dos principios básicos que necesitamos observar. Y ambos son aplicaciones de la ley del amor—amar a otros más de lo que nos amamos a nosotros mismos y más de lo que amamos nuestra propia libertad”.

Y en los versículos 1-12 él nos da el primer principio el cual es: No rechaces a otros que no estén de acuerdo contigo y no pases juicio sobre ellos.

Versículo 2:

Uno tiene fe que puede comer de todo, pero el que es débil sólo come legumbres. El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado. ¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie. (Versículos 1-4).

Versículo 10:

Pero tú ¿Por qué juzgas a tu hermano? O también, tú ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios. . . Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros. (Versículos 10 y 13).

De manera que el primer principio, la ley del amor, es no pases juicio sobre otros con relación a cosas que no están específicamente escritas en las Escrituras. Ahora bien, en las Escrituras si aparece escrito que la borrachera es pecado. No dice que el consumo de alcohol es pecado bajo toda circunstancia.

Al prepararme y estudiar para esta serie, una de las cosas con la que Dios me ha confrontado es que he pasado juicio sobre otros creyentes que sienten una libertad en esta área donde yo no la siento personalmente. Y ese es el primer principio.

El segundo principio lo encuentras en los versículos 13-23.

[Más bien, no] ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano.

Versículo 14,

Yo sé y estoy convencido en el Señor Jesús que nada es inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo es. Porque si por causa de la comida [o por implicación; lo que tú bebes] tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida o con tu bebida a aquel por quien Cristo murió.

Versículo 19,

Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. En realidad, todas las cosas son limpias, pero son malas para el hombre que escandaliza a otro al comer. Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tú hermano tropiece.

Así que Pablo está diciendo, “Mira tú puedes ser capaz de manejar el alcohol.” O puedes aplicar esto a otros temas también. “Puede que no te emborraches. Pero ¿pudiera ser que el ejercicio de esa libertad lleve a otro creyente a pecar? ¿Pudiera ser piedra de tropiezo para otros?”

Y yo siento esto en muchas áreas de mi vida donde me doy cuenta que las personas están observando mi vida. Están examinando no solamente lo que yo digo en mis libros o por la radio, sino que están observando las elecciones que yo hago.

Así que hay algunas áreas donde yo he elegido voluntariamente limitar mi libertad porque no quisiera que otros creyentes más jóvenes o más débiles, menos maduros que no han pensado sobre algunos de estos asuntos… No quisiera que siguieran mi ejemplo y que quizás lo lleven a un extremo pecaminoso… me sentiría muy triste al pensar que yo les he llevado con mi ejemplo hacia ese pecado, aunque para mí el haber hecho ciertas cosas no haya sido un pecado.

Así que tengo que elegir limitar mis libertades. Tú dices, “Bueno, yo estoy ciertamente muy contenta que no tengo un ministerio nacional como Aviva Nuestros Corazones. No me tengo que preocupar sobre esto”.

Tú tienes un ministerio. La gente mira tu vida como un ejemplo. Y te voy a mencionar algo clave que debes preguntarte si tienes hijos, “¿Cómo puede mi consumo de alcohol influenciar las vidas de mis hijos?”

Se ha hecho la correcta observación de que lo que los padres toleran con moderación, muchas veces sus hijos terminan excusándolo en exceso. Al pensar sobre las estadísticas de la bebida y la ebriedad entre los adolescentes, pienso que la generación adulta debe tomar algunas responsabilidades que son enormes por nuestras vidas, para servir como ejemplos.

De nuevo te digo, no te estoy diciendo lo que Dios tiene para ti. Pero solamente te quiero decir, “Piensa sobre estas cosas. Considéralas”.

La Biblia no requiere abstinencia total. Pero yo estoy persuadida personalmente —y esto es entre el Señor y yo— que la elección mejor y la más sabia es no beber en lo absoluto particularmente en nuestra cultura y en nuestra época donde el alcohol está trayendo consigo tanta destrucción y un daño tan generalizado.

Ahora, si piensas sobre esto, y oras al respecto, y vas donde el Señor, lo buscas a Él y tú crees que Dios te da la libertad de beber dentro de los límites bíblicos, entonces no voy a pasar juicio sobre ti porque las Escrituras dicen que no debo. Debo vivir dentro de los límites de la ley del amor hacia ti y así lo haré.

Pero quiero retarte a que no solamente sigas la cultura, no simplemente hagas lo que resulta más cómodo para ti, no hagas simplemente lo que se hace en tu sociedad o entre tus amigos, en tu grupo o tu familia, sino que consideres la razón por la que harías cualquier elección y que te preguntes: “¿Es lo mejor? ¿Es sabio? ¿Será acaso que el camino más excelente, el camino de la ley del amor, será el tomar la decisión de no beber en lo absoluto?”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss te ha estado desafiando: ¿Cuál es la elección más útil que puedes hacer cuando se refiere al alcohol tanto para ti como para las generaciones venideras?

La enseñanza práctica de Nancy del día de hoy fluyó de nuestro estudio sobre Tito 2. En Tito 2 Pablo le dice a las mujeres mayores que enseñen a las mujeres más jóvenes. Hoy Nancy presentó un fundamento bíblico para pensar sobre el alcohol. En el próximo programa escucharás de tres mujeres que han tenido que lidiar con esta pregunta en formas prácticas. Escucha sus conmovedoras historias de esclavitud y libertad en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

A28 – Cómo evitar la atadura de la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A28 – Cómo evitar la atadura de la adicción

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Como-evitar-la-atadura-de-la-adiccion/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss ha estado estudiando la naturaleza cegadora de las adicciones.

Nancy Leigh DeMoss: Curiosamente, a menudo son aquellos que son adictos que no pueden darse cuenta que lo son. He hablado con mujeres así en las últimas semanas, y me han dicho: «Yo nunca te hubiera dicho que era adicta. No hubiera dicho que era alcohólica. Sí, otra gente, pero yo no».

Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Carmen: Hemos estado en un excelente estudio llamado El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . Hemos estado viendo cinco versículos que están llenos de aplicaciones prácticas. Aquí está Nancy para continuar.

Nancy : Estamos viendo en nuestro estudio de Tito capítulo 2 que la sana doctrina es muy práctica. Tiene implicaciones para toda la vida. Si eres hombre o mujer, de edad madura, joven o en cualquier temporada de tu vida, hay implicaciones de la sana doctrina que tienen que ser vividas a diario. Pablo le está diciendo a Tito en el capítulo 2: “Así es como luce la sana doctrina cuando se vive en estas diferentes temporadas de la vida”.

Entonces él dice en el versículo 2: “Los ancianos deben ser sobrios —o moderados—, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia. Asimismo, [no solamente deben ser ciertas de los ancianos todas estas cosas sino también las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras —de lo que hablamos en las últimas sesiones—, y no esclavas de mucho vino” (versículos 2-3).

Si estás usando la NVI, dice, “Ni adictas al mucho vino”. Cuando primero empecé a estudiar el libro de Tito y llegué a esta frase, empecé a reflexionar el porqué Pablo les dice esto en particular a las mujeres, a las mujeres mayores. Yo sé que muchas personas tienen problemas con el alcohol en nuestra cultura, ¿pero por qué Pablo saca a relucir este asunto con las mujeres ancianas?

Y si tú no tomas alcohol , tal vez tienes la tentación de nada más saltar esta parte y pensar: “Pues, yo no necesito esto porque yo no tomo”. Déjame decir que toda la Escrituras es inspirada. Sabemos que cada palabra es necesaria y es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16 RV60).

El hecho que las Escrituras dirige esta palabra a las mujeres y a las mujeres mayores quiere decir que si somos mujeres, tenemos que hacerle caso a lo que está diciendo y pensar en cómo se aplica a nosotras.

Primero que todo, creo que queremos ver que la frase “esclavas al mucho vino” representa algo más grande y amplio que simplemente tus hábitos de tomar alcohol . Yo creo que representa un espíritu, una mentalidad, de extravagancia, de indulgencia, la tentación de comer, de beber y estar alegres, de vivir una vida de facilidad, de consentir la carne. Y Pablo está advirtiendo en contra de todo esto.

El envejecer no es una oportunidad para simplemente hacer lo que tú carne quiere hacer. Y yo me doy cuenta de que mientras avanzo en años, a veces es fácil para mi pensar (de forma más o menos subconsciente; porque nunca lo diría): “Ya estoy paga. Merezco un descanso hoy. Voy a hacer algo que me haga sentir bien hoy”.

Y algunas de estas cosas, no son necesariamente malas. ¿Pero cuál es el corazón? ¿Cuál es el motivo? ¿Cuál es la mentalidad?

Y mientras voy ganando años, ¿estoy viviendo una vida que es más indulgente, más descuidada, menos reflexiva? ¿O estoy viviendo una vida que es más enfocada, más intencional, más mesurada, más sabia en cuanto a lo que estoy haciendo con mi tiempo y con mi vida?

Entonces, , yo creo que Pablo está diciendo aquí, sea que tomes vino o no, ese no es el asunto. El punto es, ¿tienes un estilo de vida que es mesurado, que es disciplinado, que está definido por formas de pensar piadosas, que es fructífero y productivo?

¿O estás tomando tu vida a la ligera y siendo alegre en tus años maduros y diciendo: “Ya estoy retirada, de forma que tengo una mentalidad de retirada. Voy a satisfacer mi carne. ¿Me voy a satisfacer a mí misma y sentirme bien por eso?” Y Pablo está diciendo, ¡no! Así no es como debes de pensar al envejecer.

Y entonces Pablo le dice que las mujeres no deben de ser esclavas del mucho vino. La palabra aquí para esclava o esclavitud es la palabra que habla acerca de estar atadas debido a un poder externo, el estar bajo el poder de una fuerza o una influencia.

“Ser una esclava al mucho vino” es una frase que es opuesta a las frases y palabras que estamos viendo a través del resto del libro de Tito. Opuesta a ser de mentes sobrias, ser templadas, tener dominio propio— ves esa palabra muchas veces a través del libro de Tito una y otra vez, dependiendo de tu traducción.

Los ancianos deben de ser así. Los hombres mayores deben de ser sobrios, tener dominio propio, deben ser templados. Los hombres jóvenes deben de ser de esa manera también. El cuerpo de Cristo, todos los creyentes deben de ser templados, tener dominio propio, tener una mente sobria. Esta frase “esclavas al mucho vino” es lo opuesto de eso.

Ahora, en el primer siglo en los días cuando Pablo le hubiera estado escribiendo esta carta a Tito, se ingería mucho alcohol y había mucha embriaguez y abuso del alcohol.

Era un problema en la isla de Creta donde Tito era responsable por pastorear a las iglesias. Era un problema en la cultura. Y es un tema mayor en nuestra cultura, por si no te has dado cuenta.

Leí un artículo que Anna Quindlen escribió en Newsweek llamado “La droga que finge no serlo” (“ The Drug That Pretends It Isn’t”). Y aquí está lo que ella dice:

Un grupo de investigación de políticas llamado Estragegias de Drogas (Drug Strategies) ha sacado un reporte que le llama al alcohol “el problema de drogas más dominante de los Estados Unidos”. Dice que las muertes conectadas con el alcohol sobrepasan las muertes conectadas con las drogas, en una proporción de 1 a 4. El alcohol es un factor en más de la mitad de todos los casos de violencia doméstica y de abuso sexual.

Los investigadores calculan que entre accidentes, problemas de salud, crimen y el sentido de inutilidad, el abuso del alcohol le cuesta a la economía norteamericana 167 mil millones de dólares al año (Newsweek 10/04/2000).

Es un problema muy grande en nuestra cultura. Y hoy y en la siguiente sesión quiero hablar muy abiertamente acerca del uso y abuso del alcohol. No es un tema sobre el cual he hablado antes. No es uno del que estoy muy emocionada de enseñar, excepto que cuando te encuentras con él en las Escrituras, necesitamos todo el consejo de Dios. Si no es un problema con el que estás tratando personalmente, quizás tienes amigos y familiares que sí lo estén enfrentando y tenemos que saber cómo pensar bíblicamente sobre este tema.

Luego quiero tomar otro par de sesiones para ampliar más allá del alcohol y ver las adicciones en general, porque creo que esta frase en Tito 2 que las mujeres no deben ser esclavas del mucho vino no es solamente una prohibición en contra de la adicción al alcohol, sino que es una prohibición, una advertencia, en contra de cualquier comportamiento o práctica o antojo que nos esclaviza.

La mayoría de nosotros batallamos—incluyéndome a mí—con una o más formas de esclavitud y de atadura pecaminosa aún como cristianos, áreas donde batallamos mucho para caminar en libertad. Entonces en esas últimas sesiones en esta miniserie dentro de la serie de Tito 2, queremos hablar acerca de todo este problema más amplio de las adicciones y cómo tratamos con eso.

En primer lugar en esta sesión y en la próxima, vamos a ver ¿cómo debemos nosotras como mujeres cristianas ver el concepto de tomar y el consumir alcohol? Quiero decir algunas cosas que a algunas de ustedes les van a parecer muy obvias, pero pienso que no son tan obvias para mucha gente. Entonces pienso que es importante mencionarlas.

Número 1: No hay duda sobre esto, quien sea que está comprometido con la autoridad puede estar de acuerdo con que la borrachera es clara y frecuentemente condenada en las Escrituras. No hay duda sobre eso. Si estás bajo la autoridad de la Palabra de Dios, tendrás que decir que eso es cierto, las Escrituras prohíben la embriaguez por cualquier persona bajo cualquier circunstancia.

Y ¿qué es la embriaguez? Se ha definido como el estado en que las facultades físicas y mentales de uno son dañadas por un exceso de bebida alcohólica. Estar borracho es estar intoxicado.

En el proceso de investigar y estudiar para esta serie, entrevisté a varias mujeres que tienen trasfondos con el alcohol y adicción a drogas. He aprendido muchas cosas. Fue simplemente interesante el oír algunas de estas mujeres describir como su embriaguez se manifestaba.

También fue interesante oír a muchas decir que pensaban que otros estaban borrachos pero ellas no. En las Escrituras, la borrachera se asocia con la sensualidad, la inmoralidad, la violencia, los hechos de la oscuridad y los comportamientos paganos pecaminosos.

No hay una sola palabra positiva en la Escritura acerca de la borrachera. Siempre está asociada con el diablo, con los actos del ocultismo, con cosas malas que deben de ser evitadas.

De hecho, los comportamientos asociado a la intoxicados a los excesivos o a cualquier esclavitud son característicos de los no creyentes. No vamos a ir allá, pero en Tito capítulo 3, versículo 3, tenemos una descripción de cómo Pablo dice que éramos antes. Él dice que en algún tiempo éramos desobedientes, éramos necios, éramos esclavos de varias pasiones y placeres.

Y Pablo acaba de decir que las mujeres mayores no deben ser esclavas de mucho vino. Pero dice que antes de conocer a Cristo éramos esclavos de muchas pasiones y placeres. Esa palabra placeres es la palabra de donde sacamos nuestra palabra hedonismo, la búsqueda del placer.

Yo creo que podríamos clasificar o categorizar esas pasiones y placeres como deseos y satisfacciones pecaminosas. Hemos encontrado formas de satisfacernos a nosotras mismas y a nuestros deseos que son pecaminosos.

Eso es lo opuesto de lo que las mujeres piadosas deben de ser. No debemos de ser esclavas del mucho vino y de pasiones o placeres pecaminosos. Una característica de nuestra nueva vida en Cristo es que no somos esclavas de esas cosas. Entonces vemos la prohibición en contra de la borrachera en las Escrituras.

En segundo lugar, vemos que a los líderes en particular se les da una precaución en relación a tomar—aquellos que tienen responsabilidades de pastorear o influenciar a otros. En el Antiguo Testamento, los sacerdotes y reyes tenían prohibido tomar. Tenían responsabilidad. Tenían que tener despejadas las cabezas. Tenían que poder pensar claramente. Tenían que tener buen juicio un sano juicio. No querían que su juicio fuera dañado.

Entonces Dios dijo, por ejemplo, en Levítico 10 a Aarón, que fue el primer sacerdote y sus hijos fueron los siguientes sacerdotes. Él dijo: “No beberéis vino ni licor, tú ni tus hijos contigo, cuando entréis en la tienda de reunión, para que no muráis”.

Esta era una ofensa mayor. De manera que tenemos a sacerdotes a quienes se les prohíbe tomar por causa de sus responsabilidades sacerdotales.

Y en Proverbios 31—todas conocemos el pasaje empezando en el versículo 10 que dice cómo deben ser las mujeres virtuosas. Pero si recuerdas bien, el escritor de este proverbio es un rey— el Rey Lemuel, así es llamado en este Proverbio— recordando las cosas que su mamá le enseñó.

Desde que era joven, antes de que fuera rey, ella lo estaba preparando para lo que un día sería su llamado en la vida. Y ahora como un hombre adulto, un rey, el está recordando lo que su mamá le dijo. Ella dijo:

No es para los reyes, oh Lemuel, no es para los reyes beber vino, ni para los gobernantes desear bebida fuerte; no sea que beban y olviden lo que se ha decretado, y perviertan los derechos de todos los afligidos. (Proverbios 31:4-5).

Su mamá entendía y le transmitió a su rey (y tenemos esto como una parte inspirada de las Escrituras) que aquellos que tenían responsabilidades reales no debían tomar alcohol; dañaría su juicio. Perderían su dominio propio. Tendrían menor efectividad y podrían hacer cosas tontas que podrían afectar y potencialmente dañar las vidas de aquellos bajo su jurisdicción.

Al llegar al Nuevo Testamento, estamos en el libro de Tito. Si fueras de regreso al capítulo 1 de Tito, verías en el versículo 7 que los ancianos, los responsables por el liderazgo espiritual de la iglesia local, no debían de ser adictos al vino.

En la Biblia de la Américas, que es la que yo uso, dice que no deben ser “dado[s] a la bebida”. Deben ser templados, tener dominio propio. La palabra que se usa en Tito 1 para borracho es de hecho un compuesto de dos palabras, la palabra “vino” y la palabra “en”—en el vino. No deben estar en el vino. No deben estar al lado de él, ni cerca de él, ni con él.

Y luego llegamos a esta frase en Tito capítulo 2, que nos dice que las mujeres mayores no deben de estar esclavizadas a mucho vino. Toda esta gente—los reyes, los sacerdotes, los ancianos, las mujeres mayores— ¿qué tienen en común?

Lo que tienen en común es que todos deben vivir vidas ejemplares. Todos tienen un círculo de influencia. Entonces todas estas personas deben de ser particularmente cuidadosas, podríamos decir, por lo menos en el uso de cualquier cosa que pueda dañar su juicio, que puede llegar a ser adictiva, que puede hacerlas menos efectivos, específicamente en referencia al uso del alcohol.

Luego al ir por las Escrituras—y no vamos a tomar tiempo para ver todos estos, pero hay muchas advertencias y precauciones a través de las Escrituras en referencia al uso y al abuso del alcohol. No creo que Dios habría puesto todos estos avisos en las Escrituras si no fuera algo de lo que necesitamos estar advertidos.

Dios conoce la naturaleza humana. Conoce nuestra carne. Sabe cómo somos y qué son nuestras tendencias pecaminosas. Entonces hay muchas advertencias, y tenemos que hacerles caso. Por ejemplo, en Proverbios tiene muchos de estas advertencias. Proverbios 20, versículo 1 dice: “El vino es escarnecedor, y la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio”.

Al hablar con mujeres que se han descarriado por abuso de drogas, por drogas y alcohol, ellas dirían: “Tomé decisiones muy malas como resultado de entrar en un estilo de vida de borracheras ”.

Es interesante cómo ven el alcohol como una droga de escape y cómo lleva a otras drogas ilegales en muchos casos y otros tipos de comportamiento y decisiones—decisiones sobre el matrimonio, decisiones morales. Muchas otras decisiones tontas están a menudo conectadas con cosas que la gente hace cuando pierden el control completo de sus facultades mentales porque estaban bajo la influencia del alcohol.

Y ni hablar de las muertes de algunos de nuestros familiares que han sido causadas por gente manejando bajo la influencia del alcohol muchos daños colaterales pueden provocarse. Por eso Proverbios dice si el alcohol te descarría, es una cosa tonta.

Hay otro pasaje en Proverbios que tiene mucho para decir acerca del alcohol. Y está Proverbios capítulo 23. Déjenme nada más pasar por varios versículos de ese pasaje, empezando en el versículo 29 donde describe algunos síntomas y efectos. Dice:

● “¿De quién son los ayes? ¿De quién las tristezas?” Esos son algunos síntomas emocionales.

● “¿De quién son las contiendas? ¿De quién las quejas?” Estos son asuntos relacionales, problemas relacionales. ¿Tienes problemas emocionales? ¿Tienes problemas relacionales?

● “¿De quién las heridas sin causa? ¿De quién los ojos enrojecidos?” Estos son síntomas físicos, efectos físicos.

Y pone todas estas preguntas juntas y dice, si tienes estas características y estos problemas, ¿cuál podría ser la causa? Versículo 30:

● “De los que se demoran mucho con el vino, de los que van en busca de vinos mezclados”.

Dice, en muchos casos, todos estos son síntomas que son el resultado de gente que ha estado en el vino demasiado tiempo. Han estado permaneciendo en él. Han estado abusando al alcohol.

¿Entonces qué haces? ¿Cómo evitas esos síntomas? ¿Cómo lidias con esos efectos? ¿Cómo evitas tener esos problemas emocionales y físicos o relacionales?

Bueno, nos da una amonestación, un aviso y una solución en el versículo 31.

● “No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece en la copa; entra suavemente”.

Antes que nada, es interesante que diga que el vino tiene una apariencia atractiva. Se ve agradable; se ve bien a los ojos.

¿Te suena conocido? ¿No es eso lo que dice de la fruta en el jardín de Edén, cuando Eva vio esta fruta que Dios había dicho que no probaran? Se veía bien a los ojos.

El escritor aquí está diciendo que el vino tiene una apariencia agradable y es apelante. Se ve como algo que disfrutarías. Se siente bien. Baja suavemente. Pero qué te dice la Escritura “¡No lo mires! ¡Quédate lejos de él!”

Si tienes estos problemas o tal vez tienes estos problemas, estos efectos emocionales, estos efectos relaciones, estos síntomas físicos, solamente hay una forma de evitarlos porque estos síntomas que vienen como resultado de tomar alcohol. Y la forma de evitarlos es no tomar alcohol. No lo veas. Mantente lejos de él.

Y luego piensa acerca del futuro. Piensa sobre las consecuencias. No nada más pienses en cómo se ve en el momento y cómo baja suavemente en este momento. Piensa en lo que los comerciales no te muestran. Piensa en lo que los comerciales no te dicen cuando promueven estas maravillosas sustancias alcohólicas.

El versículo 32 dice , en el final… Por cierto, esa es una buena forma de pensar acerca de toda la vida al tomar decisiones. Evalúa cuál es el efecto y la consecuencia a largo plazo de esta decisión.

“Al final como serpiente muerde”. Sí, baja suavemente ahora, pero al final, “muerde como una serpiente y como víbora pica”. Es mortal, dice: “Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón proferirá perversidades”. Hay efectos alucinógenos por tomar demasiado.

Versículo 34: “Y serás como el que se acuesta en medio del mar, o como el que se acuesta en lo alto de un mástil”.

Vas a hacer cosas tontas y necias que no harías si tuvieras control de tus sentidos, cuando estás bajo esa influencia y tu sentido está dañado por el uso del alcohol.

Versículo 35: “Y dirás: me hirieron pero no me dolió; me golpearon, pero no lo sentí”.

¿Qué está diciendo? Estás usando el alcohol a tal grado que adormece el dolor. ¿No es esa una de las razones por la que la gente empieza a usar el alcohol en primer lugar, para matar el dolor?

Dice: “Cuando despierte…

Aquí tienes a lo que te lleva finalmente— a la esclavitud, la atadura, la adicción.

…volveré a buscar más”. (Versículo 35).

Ha causado aflicción y dolor , conflicto, quejas, heridas y enrojecimiento de los ojos. Te ha mordido como una serpiente. Te ha picado como una víbora.

Tus ojos han visto cosas extrañas. Tu corazón ha dicho cosas perversas. Estás haciendo cosas tontas. Estás actuando neciamente.

Ni si quiera puedes sentir el dolor cuando alguien te pega porque tus sentidos se han muerto. Y cuando despiertes, ¿qué dirás? “¡Dame más! ¡Tengo que tener otro trago más!”

Esta es la imagen de un adicto completamente borracho.

Curiosamente, a menudo son aquellos que son adictos que no pueden ver que lo son. He hablado con estas mujeres en estas semanas recientes, y han dicho: “Yo nunca te habría dicho que era adicta. No habría dicho que era alcohólica. Sí, otra gente sí, pero no yo. Yo necesito otro trago”.

Al hablar con esta gente que ha vivido esta descripción, lo hermoso ha sido ver el poder de la gracia de Dios para librarlas y liberarlas de la esclavitud al alcohol y las drogas y otras adicciones.

Y mientras escuchas esto, quiero decirte que si hay una adicción en tu vida donde tú dices: “Tengo que tener esto. Tengo que tenerlo; no puedo vivir sin ello. Sin importar las consecuencias, estoy adicta a esto”. Por la gracia de Dios, puedes ser libre.

Sabemos que la borrachera está prohibida en las Escrituras. Y hemos visto eso. Aquí está lo que quiero decirte, lo que quiero preguntarte, porque esto aplica a más de las que estamos aquí hoy escuchando . ¿Qué hay de tomar un trago? ¿Qué tal la bebida social? Te diré algo que seguramente ya sabes. Hay mucho desacuerdo acerca de este tema entre los cristianos que creen en la Biblia.

No vas a encontrar un versículo en la Biblia que manda la abstinencia total. No vas a encontrar un versículo que dice que es malo tomar cualquier cosa bajo cualquier circunstancia. Ese versículo no existe.

Y yo creo que esta es un área donde mucha gente en la iglesia hoy ha dejado que la cultura, los anuncios y sus amigos formen sus pensamientos, en lugar de que la Palabra de Dios y los valores del Reino de Dios lo hagan.

En la siguiente sesión quiero sacar varios principios y preguntas que debes considerar a la hora de determinar si tomas alcohol o no.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a reconocer y evitar la atadura de las adicciones. El mensaje de hoy es otro ejemplo de qué tan relevante la Palabra de Dios es sobre los problemas de hoy. Lo hemos visto a través de la serie, El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Si no has oído toda la serie, la puedes escuchar en línea en www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Como dijo Nancy hace un rato, vamos a ver algunos asuntos prácticos acerca del alcohol en nuestro próximo programa. Nancy contestará preguntas como, ¿Es sabio tomar moderadamente?

Vamos a ver algunos asuntos prácticos acerca del alcohol en nuestro próximo programa

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

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A27 – Cómo controlar tu lengua

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A27 – Cómo controlar tu lengua

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Como-controlar-tu-lengua/

Carmen Espaillat: ¿Cómo saber si estás a punto de chismear? Nancy Leigh DeMoss tiene este consejo.

Nancy Leigh DeMoss: Pregúntate esto: ¿Es la persona a quien le estás contando parte del problema o parte de la solución? Si no es parte del problema y tampoco parte de la solución, entonces es probable que sea algo que no debas estar diciendo.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

La difamación o calumnia es un asunto serio. Eso fue lo que descubrimos en nuestro programa anterior a través de Tito 2. El pasaje vincula la calumnia con el diablo. Hoy Nancy continúa la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer y explica cómo evitar la difamación.

Nancy: Muchas de ustedes están familiarizadas con el nombre Jonathan Edwards. Saben que fue uno de los hombres que Dios usó de forma significativa en el primer gran avivamiento en los 1700. Él fue pastor, autor, un gran pensador y evangelista.

Su esposa fue Sarah Edwards y quizás has oído hablar o has leído acerca de ella. Ella fue la madre de sus once hijos. Y en la introducción de las “Obras de Jonathan Edwards”—compiladas en dos volúmenes inmensos y maravillosos— encontramos un bosquejo biográfico de Jonathan en él que habla de un poco sobre Sarah Edwards y de su matrimonio con Jonathan.

Una de las cosas que decía de Sarah me impactó mientras pienso en todo esto de cómo usar la lengua. Decía:

“Sarah se hizo una regla de hablar bien de todos, dentro de sus posibilidades, con verdad y justicia para sí y para los demás. No era propensa a deleitarse en las imperfecciones y fracasos de nadie y, cuando oía a otros hablar mal de otros, ella decía lo que consideraba apropiado con verdad y justicia en su defensa o desviaba la difamación mencionando las cosas que eran encomiables de esas personas.”

En otras palabras, si escuchaba a alguien decir algo poco amable acerca de otra persona, ella trataba de cambiar la conversación o de desviarla haciendo comentarios alentadores acerca de la misma persona.

Continúa diciendo: “Ella podía soportar injurias y reproches con gran calma —nunca devolviendo mal por mal— muy por el contrario, siempre estaba dispuesta a extender misericordia y a perdonar a aquellos que parecían ser sus enemigos”.

¡Qué testimonio! ¿Qué tal si dijeran lo mismo de ti? ¡Qué compromiso el de hablar bien de todos! Eso es lo que dicen las Escrituras que debemos hacer.

Estamos en Tito, capítulo 2. Y espero que mientras estudiamos esta larga serie lean Tito ustedes mismas y, en particular, que memoricen y mediten sobre estos versos del capítulo 2. En el versículo uno, Pablo le dice a Tito que debe enseñar lo que está de acuerdo con la sana doctrina. ¿Cómo luce la sana doctrina y el correcto pensamiento bíblico en el contexto de la vida diaria de la vida cotidiana como creyentes y en el contexto de la iglesia local?

Y, en el verso 3, vemos cómo luce para las mujeres de más edad. Primero hablamos de hombres maduros y luego, de mujeres maduras o ancianas—ya llegaremos a las más jóvenes en un corto tiempo. Pero ahora, él está hablando del carácter de las mujeres ancianas, y dice (acerca de la sana doctrina que debe reflejarse en ellas) que deben tener una conducta reverente y no ser calumniadoras.

Esa es la descripción de cómo deben ser las mujeres cristianas de más edad y no solo ellas; esto incluye a las mujeres más jóvenes este texto trata específicamente de la difamación o la calumnia, pero como he venido diciendo, más abiertamente, pienso que él se está refiriendo a los pecados de la lengua en general:

● chismear

● palabras vanas

● mentir

● propagar habladurías (hablar a espaldas de las personas)

● calumniar

● jactarse

● maldecir

● o hablar maliciosamente

Toda esta familia de pecados de la lengua, o la calumnia a la que hicimos referencia en la sesión anterior, están contenidos en el libro “Pecados Respetables” de Jerry Bridges. Éstos son pecados que consideramos respetables, pero Jesús los pone en la misma categoría junto con los pecados de adulterio, asesinato y borracheras. Él los pone todos juntos. Son pecados de la lengua.

Hemos hablado de a qué se parece la difamación, lo que es y los pecados relacionados como divide como destruye pero en esta sesión quiero enfocarme en cómo ser una mujer que no calumnia. Esa verdad se aplica a todas nosotras.

Entonces ¿Cómo convertirnos en mujeres que no pecan con la lengua, cuyas palabras no causen división ni destrucción? Déjenme darles algunas sugerencias, siete para ser exacta, Todo este material lo pueden encontrar en la transcripción; quizás la puedan imprimir o escribirlas en una lista que les ayude luego a recordarlas.

Primero y ante todo, si has sido culpable de difamar, de hablar con maldad o de chismear, humíllate. Reconoce el hecho de que has calumniado; de que has destruido con tus palabras. Hay dos direcciones ante las cuales necesitamos humillarnos—en nuestra relación vertical con Dios y en nuestra relación horizontal con los demás.

Primero y antes que todo, si has difamado o hablado de otros con malas intenciones, dile a Dios la verdad. Él lo sabe, Él lo sabe todo pero reconócelo y confiésalo a Dios.

● Reconoce los pecados de tu lengua—lo que has dicho.

● Reconoce los pecados de tu corazón—lo que causó que dijeras esas cosas. No solamente “Yo difamé, hablé con maldad o chismeé”, pero ¿qué había en mi corazón que causó que lo hiciera?

● Confiésale a Dios la raíz de todo ello—el orgullo, los celos, el deseo de verme mejor, la comparación, el espíritu competitivo, las actitudes pecaminosas que subyacen en el corazón.

Sé honesta con Dios. Dile, “Señor he calumniado; he sembrado discordia entre creyentes.” Eso es, por cierto, una de las siete cosas que Dios aborrece. Es abominación para Dios el que usemos nuestras lenguas para sembrar discordia entre creyentes. ¿Con qué frecuencia hacemos esto en nuestros lugares de trabajo, en nuestras casas, o en nuestras iglesias? Confiésalo humíllate. Reconócelo ante Dios.

Y luego, humíllate frente a otros. Eso está bajo el primer paso de humillarnos. Regresa y confiésalo a la persona con quien hablaste. Te digo algo, si te propones de corazón regresar y reconocer que has difamado o que has hablado mal y chismeado y buscas el perdón, eso acabaría con tu hábito porque te cansarías de tragarte tus palabras, de tener que regresar de nuevo y humillarte ante otros. Proponte ir a esa persona con quien hablaste y humíllate.

Ahora déjame decirte que, quizás también necesitas buscar el perdón de la persona sobre quien has estado hablando. Podrías haber hablado mal y difamado a tu marido ante tus hijos, por ejemplo. Claro está, tendrías que ir a donde tus hijos y confesar lo que hiciste, pero también donde tu marido si es que has causado que los hijos le hayan faltado al respeto. Si has minimizado su autoridad y liderazgo dentro de la familia, tienes que ir y buscar su perdón.

Humíllate. Podrías haberle hecho eso a tu pastor. Podrías haberle restado eficacia a él o al liderazgo de otra persona. Devuélvete, humíllate y busca su perdón.

Hace unas semanas atrás, una mujer solicitó una reunión conmigo y le respondí, “Claro, estoy más que dispuesta para hablar”. Nos sentamos juntas y empezó a sollozar mientras me explicaba una situación (de la que ya yo sabía algunos detalles). A ella la hirieron y ese dolor se tornó en decepción, en amargura y en rabia en su corazón. Había sacado conclusiones, basadas en información parcial, sin tener todos los hechos —raramente los tenemos todos— y ella se sintió ofendida.

Como resultado de esa rabia y de esa amargura en su corazón, había difamado a esas personas y Dios le había dado convicción por esto. El Espíritu Santo estaba trabajando en su corazón y —al momento de venir a mí— estaba quebrantada. Hablamos y oramos juntas. Fue maravilloso ver con cuánta seriedad se tomó el pecado de amargura, de la ira y de la calumnia.

Ahora bien, déjenme decirles que —basada en mi perspectiva de la situación— ella estaba menos mal que algunas de las personas involucradas y ella empezó diciéndome “No estoy aquí para hablar del pecado de otros. Estoy aquí para hablar del mío. Quiero lidiar con mi propio pecado”. Y mientras la escuchaba —mi corazón se rompía porque sentí que ella había quedado atrapada en medio de un fuego cruzado de pecados ajenos— pero fue sabia al no culparlos sino asumir toda la responsabilidad, quebrantándose y humillándose ante Dios y ella me preguntó ¿qué debo hacer?

Antes de que terminara nuestra conversación, le dije “Para empezar, ¿estarías dispuesta a hablar con una de esas personas?” y me respondió con un, “Sí, claro lo estoy”. ¿Te gustaría que llamara a esas personas y ver si se pueden reunir con nosotras ahora mismo? y ella respondió, “Sí, quiero lidiar con esto ahora mismo”.

Hice una llamada. Uno de esos individuos vino y se reunió con nosotras en cuestión de minutos. Esta mujer le derramó su corazón a esta persona y le dijo lo que me había dicho a mí. Le dijo, “He pecado contra ti. Te he difamado. He acumulado amargura en mi corazón. He restado autoridad a tu liderazgo. ¿Podrías por favor perdonarme?” y fue tan hermoso ver a esa persona concederle gracia y perdón a esta mujer. Y observé mientras se llevaba a cabo la reconciliación. La difamación divide, pero hablar la verdad, en humildad, une a las personas.

Esta mujer salió de aquel lugar y fue y habló con las dos o tres personas involucradas que faltaban. Ella fue donde cada individuo y le dijo, “Quiero hacer restitución”.

Hablé con ella recientemente y le pregunté: “¿Cómo estás?”, y me respondió, “La amargura se fue. Se fue toda”. Ella tenía esa ponzoña, ese dolor, esa herida en su corazón, pero al tomar los pasos para enfrentar sus actitudes y pecados de la lengua, Dios —a través de Su Espíritu— removió toda la amargura y la liberó.

Quizás tengas a algunas personas a quienes tengas que dirigirte y decirles “He pecado contra ti con mi espíritu, y con mi lengua. He socavado tu liderazgo”. Ve y habla con las personas a quienes has criticado y haz de la humillación un hábito si has sido culpable de la calumnia, si has sido culpable de hablar maliciosamente o de chismear.

Y luego, número dos: elimina la difamación y el hablar malicioso de tu vocabulario. Creo que necesitamos tener tolerancia cero cuando de difamación, habladurías mal intencionadas y de chismes se trata. Eso se aplica tanto a los cristianos en la iglesia como en todas nuestras relaciones. Pablo dice en Efesios 4:31, «Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia”. Todo. Elimínalo.

Y nota, por cierto —en ese pasaje, que la amargura es una raíz pecaminosa que frecuentemente conlleva a pecados de la lengua. Por lo que no simplemente elimines los pecados de la lengua, elimina la amargura de tu corazón. Deshazte de la amargura no te aferres a ella. Suéltala.

Ahora, ¿Qué queremos decir con esto que debemos tapar el pecado? ¿Qué haces si te percatas del pecado en la vida de otro? Creo que es una pregunta importante porque la gente sí peca contra nosotras y —en la ilustración que les di de la mujer que vino a verme— hay pecados que otros han cometido.

Aquí están algunas preguntas que debemos contestar a medida en que pensamos en los pecados de otros y en cómo nos afectan:

• ¿Has orado por ellos?

• ¿Cuál es tu motivación al hablar de eso?

• ¿Quieres verlos restaurados?

• ¿Te importa su restauración espiritual o solamente quieres ponerlos en evidencia; solamente quieres herirlos; solamente quieres castigarlos?

• Si eres parte de la vida de esa persona, si tienes una relación y eres parte de su círculo de amistades, ¿qué debes hacer?

De acuerdo a Mateo 18:15 y a Gálatas 6:1, debes ir a esa persona. No vayas a otra persona. Ve donde la persona que haya pecado contra ti y te haya hecho algún mal. Háblale y busca la reconciliación.

Hazte esta pregunta: El decírselo a alguien, ¿contribuye a redimir este pecado? Pudiera ser así, y esa sería otra serie completa, pero en algunos escenarios y situaciones eso podría contribuir a redimir este pecado y quizás sea necesario y bíblico el que hables con otra persona acerca de la ofensa.

Podría ser acertado el hablar con tu pastor o ancianos acerca de ciertas situaciones, o hasta llamar a la policía, o decirle a tu marido algo que esté pasando en la vida de alguno de tus hijos adolescentes. Hay situaciones donde es apropiado —cuando se ha roto la ley, cuando vidas podrían verse amenazadas o cuando hay un mandato bíblico explícito para ese tipo de situaciones—, pero el motivo debe ser, no su daño, sino su restauración. Tú estás tratando de edificarlos; estás tratando de salvarlos. Quieres ver restaurado al que ha hecho mal.

Por lo que pregúntate esto: ¿Es la persona, a quien le estás hablando parte del problema o parte de la solución? Si no es parte del problema y tampoco parte de la solución, entonces es probable que sea algo que no debas estar diciendo.

Leí, en una discusión sobre este tema, que alguien escribió esta regla o política, una guía para todo este asunto de la difamación o del hablar maliciosamente. Esta persona dijo:

“No pases información derogatoria o poco halagadora acerca de alguien a menos que la Palabra de Dios te esté dando la autoridad y la responsabilidad específicas para hacerlo. Así también la persona a quien le estás informando debe tener una responsabilidad en esta situación y por tanto necesidad de saber esta información.” 1

En otras palabras, y dicho de forma elocuente, “si la persona no es parte del problema ni de la solución, no le digas”.

Por cierto, no es solo lo que decimos verbalmente —como les indiqué en la última sesión— tenemos que ser cuidadosas de no difamar, chismear y hablar con malicia cuando se trata del uso del Internet. He visto una y otra vez el daño que se puede hacer cuando se reenvían correos:

“¿Viste esto? ¿Oíste aquello?” Tenemos cantidades masivas de esos correos. Me los envían con frecuencia. ¿Para qué estamos haciendo circular estos mensajes en Internet? Y, tengo que confesar, que yo lo he hecho. Tenemos que buscar en nuestros corazones y decir “¿Es correcto? o ¿Estoy haciendo lo malo y divisivo contra Dios y otros creyentes?”

No solo necesitamos eliminar la calumnia y el hablar con malicia, pero (en tercer lugar) tenemos que mostrar buen corazón y usar palabras bondadosas con amor, con gracia y con perdón. No solo elimina la difamación, sino reemplázala con un corazón bondadoso, lleno de gracia y amor. “Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo”. Sé intencional al hablar de los demás con palabras que edifiquen, construyan y pongan a otras personas bajo una luz positiva.

Y luego, número cuatro: trae tus pensamientos bajo el control del Espíritu. Esos pensamientos críticos, que buscan las faltas en los demás; pensamientos que salen en forma de palabras. Necesitamos crucificar esos pensamientos; traerlos cautivos a la obediencia de Cristo. Tenemos que ser intencionales acerca de ver a otras personas —en especial si son creyentes— y cualquiera que es creado por Dios con ojos de gracia y misericordia. Recuerda lo mucho que necesitas la misericordia de Dios. Recuerda dónde estarías sin la gracia de Dios. Tenemos que ser cuidadosas con esta curiosidad impía, ese deseo de saber cosas sobre otras personas. Trae esos pensamientos cautivos y frénalos. El Salmo 19:14 dice, «Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía y redentor mío». Coloca tus pensamientos bajo el control del Espíritu.

Luego, número cinco: habla menos. Muy simple. Proverbios 10:19 dice,

En las muchas palabras, la transgresión es inevitable En las muchas palabras, la transgresión es inevitable [¿entendiste eso? La transgresión es inevitable. Vas a pecar si hablas demasiado. Yo voy a pecar, y peco cada vez que hablo demasiado.] Más el que refrena sus labios es prudente.

En Santiago 1:19b, dice “Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira.”

Di menos y tienes menos chance de pecar. Mientras más tiempo pases hablando por teléfono, mientras más tiempo pases conversando con otros, tienes que ser cuidadosa, especialmente si eres de las que habla mucho o la persona con la que conversas lo es. Aprende a frenar tus labios, a guardar confidencias, a no repetir cosas que no tienes libertad de repetir, y ¿si no estás segura? no lo digas. No hagas preguntas innecesarias de las que husmean y te llevan a conversaciones que no debes tener.

Número seis: Piensa antes de hablar. Pregúntate este tipo de cosas:

● ¿Es verdad?

¿Me consta que los hechos son verdaderos? Esto es muy importante. Cuando oyes acerca de un conflicto y sólo estás escuchando una de las campanas, recuerda que sólo estás escuchando una campana. «El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza». No conoces todos los hechos si solo has escuchado a una persona describir la situación.

No puedo decirte cuántas veces he escuchado a un esposo describir las frustraciones acerca de su matrimonio; a una esposa describiendo las frustraciones del suyo y luego pienso “Estos son dos matrimonios distintos, dos perspectivas totalmente diferentes.” Si sólo escuchas un lado, entonces no sabes que lo que estás escuchando es la verdad. No asumas que es todo el cuadro. Pregunta:

● ¿Será verdad?

● ¿Es bondadoso?

● ¿Edificará a la persona de quien hablo?

● ¿Es necesario?

● ¿Debería saber eso la persona con la que hablo?

● Si fuera acerca de mí, ¿querría compartirlo con alguien más?

Esta próxima eliminaría mucho de lo que decimos:

● ¿Me importaría si la persona de quien hablo estuviese aquí presente aquí mismo? ¿Estaría dispuesta a decírselo a la cara?

Por eso es que el salmista oraba diciendo «Señor, pon guarda a mi boca; ¡vigila la puerta de mis labios!” (Salmos 141:3). Piensa antes de hablar.

Número siete: rehúsa escuchar los chismes y las calumnias acerca de otros. Rehúsa escucharlo. No sólo de comentarlo, sino de escucharlo.

En 1ra de Samuel 24:9 David le dijo a Saúl, quién estaba a punto de destruirlo: “¿Por qué escuchas las palabras de los hombres que dicen: ‘Mira que David procura tu mal’?” ¿Por qué les das oído? Saúl escuchaba a quienes se lo decían. Él creía lo que oía y, como resultado se propuso destruir a David. No lo oigas. Dirige la conversación hacia otro tema o dale un giro favorecedor hacia la persona de quien te están hablando.

Ahora lo que necesitamos es que Dios traiga este asunto a casa, a nuestros corazones, y traiga convicción y nos cambie donde sea necesario. Hemos dicho que la palabra para “calumniar” es diábolos. Es un nombre para Satanás—él nos acusa delante del Padre, nos condena, miente acerca de nosotras. Él nos acusa.

Pero, por otro lado, tenemos también quien abogue por nosotras. En 1ra de Juan 2:1 dice: “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” ¿Ves? Jesús, como Satanás, sabe que hemos pecado, sin embargo, nos defiende ante el Trono de Dios. Él ruega ante Dios por nosotras; lo hace basado en su muerte sacrificial en la cruz por nuestros pecados.

Cuando hablas acerca de otros creyentes, ¿les acusas como lo hace el maligno o les defiendes como Jesús hace contigo? ¿Estás siendo como Jesús o como Satanás?

No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan.

Ahora la tendencia, cuando se presente algo así, podría ser “Bueno, entonces no voy a decir nada. No voy a poder abrir la boca”. Esa no es la respuesta adecuada tampoco. Es cierto que las palabras pueden ser usadas para destruir, pero las palabras también se pueden usar para dar ánimo, para fortalecer, para edificar a otros, por lo que usa tu lengua para ese propósito. Piensa en toda la gracia que has recibido de Dios y de otros y, luego, usa tu lengua para ministrar la gracia a otras personas así como tú la has recibido.

Carmen Espaillat: Aunque tu lengua haya estado fuera de control, Nancy Leigh DeMoss te ha estado dando esperanza. Las cosas pueden cambiar. No solo puedes aprender a morderte la lengua; puedes aprender a usarla para bendecir a otros. Es una lección importante de nuestra serie titulada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy va a orar con nosotras en un minuto, pero antes queríamos invitarte a escribirnos al final de la transcripción en la página con cualquier comentario o pregunta ,Tito 2 nos dice que las mujeres sabias no deben ser adictas al mucho vino. ¿Cómo vives esto hoy? Recibe consejo bíblico acerca de ello cuando Nancy regrese en el próximo programa. Ahora está de vuelta para cerrar en oración.

Nancy: Oh, Señor, guarda nuestros corazones; guarda nuestras lenguas y ayúdanos a ser abogados aun para aquellos que nos han fallado, como Jesús lo hace con nosotras, en lugar de ser acusadoras de los hermanos como lo hace Satanás perpetuamente. Oh Señor lávanos. Límpianos. Renuévanos, y cámbianos. Que nuestras lenguas ministren gracia para con quienes hablamos y de quienes hablamos y oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

A24 -Tus palabras revelan tu corazón

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A24 -Tus palabras revelan tu corazónel hermoso

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Tus-palabras-revelan-tu-corazon/

Carmen Espaillat: De acuerdo a Nancy Leigh DeMoss, tus palabras son serias.

Nancy Leigh DeMoss: Alguien ha tildado a la calumnia y al chisme malicioso como homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien—estás cometiendo homicidio verbal, calumniando. Destruye vidas; destruye familias; destruye relaciones. ¿Cuántas veces he contribuido yo a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Un hermoso diseño no se trata primordialmente de la ropa o la decoración. Tito nos dice lo que verdaderamente es el hermoso diseño, como ha sido definido por el máximo Diseñador. Nancy nos ha estado explicando este pasaje y continúa con un componente importante para la belleza de un creyente—sus palabras dulces y suaves.

Nancy: No te puedo decir que tan a menudo me sucede que cuando estudio y me preparo para enseñar algo en Aviva Nuestros Corazones, Dios usa ese mismo estudio para atravesar y penetrar mi propio corazón y traerme convicción. Esto ciertamente ha sido cierto con esta serie en Tito 2, y particularmente con el versículo que estamos viendo en Tito capítulo 2 acerca de que las mujeres no sean calumniadoras.

Pablo le dice a Tito en Tito capítulo 2,versículo 1, “Enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Enseña a la gente cómo vivir de una manera que es consistente con lo que ellos creen.

Y luego él le dice en el versículo 3, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras”. Dijimos que la palabra calumniador aquí es la palabra griega diabolos.

Es una palabra que cuando se usa en la Escritura, usualmente se refiere a Satanás. Pero en ocasiones, esta palabra es usada también para referirse, no solo a Satanás, sino a la persona que actúa como Satanás, porque ellos calumnian, acusan y hablan mentira.

Matthew Henry es un gran comentarista del pasado, y él dijo:

“La calumnia es una falta grave y muy común. No solo es hablar de más, sino que es hablar mal de las personas y separar amigos. Un calumniador es uno cuya lengua está prendida con fuego del infierno. De tal forma y de tantas maneras hace el trabajo del diablo—que por eso se le da el nombre de ‘diablos’ a estas personas”.

Nunca somos más como el diablo que cuando hablamos cosas que no son ciertas o que son calumnias o que son maliciosas.

Dijimos en la última sesión que la calumnia incluye el regar un reporte falso acerca de alguien. Específicamente, la calumnia se refiere a decir algo que no es cierto; que es falso. También puede incluir el esparcir información dañina acerca de otra persona, y esa es una variación, un primo, por así decir, de la calumnia. La Escritura le llama chisme—es regar cosas acerca de alguien que son dañinas.

Algunas de sus traducciones, en lugar de la palabra “calumnia” se referirá a “chismes maliciosos”. Eso tiene que ver con regar la verdad con intención de dañar a alguien. De manera que lo que estarías diciendo, aunque pudiera ser cierto, lo haces con la intención de dañar a alguien.

Te diré algo más que me causó convicción mientras estaba estudiando este tema. La calumnia puede incluir simplemente asumir negativamente sobre las motivaciones de alguien—diciendo algo acerca de lo que hay en su corazón o dando razones de por qué hicieron lo que hicieron, cuando en realidad no sabemos. No conocemos su corazón. No conocemos sus antecedentes. No conocemos sus circunstancias. Rara vez tenemos todos los hechos, y muchas veces sacamos conclusiones acerca del comportamiento de alguien o del carácter de alguien sin conocer lo suficiente como para hablar. Aun si supiéramos lo suficiente como para hablar, ¿acaso es algo constructivo o edificante como para decirlo?

Así que cuando Pablo dice que las ancianas no deben ser calumniadoras, está diciendo que debemos rehusarnos a escuchar o a esparcir reportes o historias acerca de otros que son falsos o que son dañinos. No lo escuches; no lo digas a nadie más si no es cierto o si es dañino.

Recientemente he estado leyendo un libro por Jerry Bridges llamado “Pecados Respetables”. Le he estado pidiendo al Señor que hable a mi vida y a mi propio corazón acerca de pecados que puedan estar en mi propia vida que no son los pecados obvios y grandes que a menudo pensamos cuando decimos “pecados”. Él habla acerca de pecados respetables, y tiene todo un capítulo acerca de los pecados de la lengua. En ese capítulo, él incluye la mentira y el lenguaje áspero o criticón o burlón. En mi opinión, todas estas cosas caen bajo lo mismo que Pablo está advirtiendo aquí.

Como mujeres, tenemos que ser cuidadosas de no pecar con nuestras lenguas. Es interesante que las mujeres en particular somos exhortadas a evitar este pecado, y tenemos que preguntarnos, “¿Por qué?” Bueno, pienso que los hombres —a la hora de ser abusivos— son más inclinados a formas físicas de abuso.

En mi familia hay cuatro mujeres y tres hombres .Y cuando éramos pequeños, si los niños se portaban mal, lo hacían pegando. Lo hacían de forma física. Los hombres son físicos. ¿Pero cómo lo hacen las mujeres? Muy a menudo lo hacemos con nuestras lenguas. Somos más inclinadas a ser verbalmente abusivas, pero ¿podría sugerir que nuestro abuso verbal no es menos destructivo que el de los hombres, cuando quizás se tiran o se pegan el uno al otro? Así que Pablo les dice a las mujeres, “No sean calumniadoras”.

Es una advertencia en contra de pecar con nuestras lenguas—en contra de decir lo indebido, hablar de más, decir cosas que no debemos. Pienso que esta es una tentación muy particular para las mujeres que tienen tiempo en sus manos. Quizás sus hijos ya están grandes; disfrutan el sentarse y platicar. No es más fácil sentarse y escuchar las ultimas historias de la una y la otra sin pensar, “¿será esto cierto? ¿está beneficiando a los que están escuchando? ¿Estamos levantando a las personas de las que estamos hablando?”

Hay un pasaje en 1 Timoteo 5:13-14 donde el apóstol Pablo está hablando acerca de viudas jóvenes. Hay una advertencia acerca de este tipo de conducta ociosa y destructiva. Él dice,

Aprenden a estar ociosas, yendo de casa en casa; y no solo ociosas, sino también charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no son dignas. Por tanto [él dice], quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa y no den al adversario ocasión de reproche. [De calumniar].

Hay unas cuantas cosas que sobresalen en ese pasaje de 1 Timoteo 5. Primero que todo, ¿te das cuenta que los pecados de la lengua frecuentemente van acompañados de la ociosidad, versus tener nuestras prioridades en orden? Pablo dice que estas viudas jóvenes necesitan estar ocupadas haciendo las cosas que Dios les ha llamado hacer. Si estás haciendo las cosas que Dios te llamó a hacer, no vas a tener tanto tiempo como para estar sentada diciendo cosas que no debes estar diciendo.

Y luego fíjate que al final del pasaje él dice que las mujeres deben casarse, tener hijos, cuidar su casa, para que no den ocasión al enemigo de reprochar o calumniar. Si las mujeres calumnian, lo que hacemos es dar ocasión al enemigo, a Satanás, para reprochar y acusar a los cristianos. Así que al participar en conversaciones calumniadoras, en realidad estamos preparando el terreno para que el enemigo ataque con calumnias, y acuse a los creyentes.

Así que pregúntate: “¿Soy culpable de calumnia? ¿Soy culpable de hablar mal? ¿Del chisme? ¿De pecados relacionados con la lengua?” Puede que encuentres, mientras Dios examina tu corazón, que has sido culpable de hablar maliciosamente, que has sido culpable del chisme, de calumnia contra personas que te han hecho daño… quizás un excompañero, quizás un padre, o quizás un jefe que te trató injustamente.

A menudo somos propensos a calumniar aquellos que están en autoridad sobre nosotros si no estamos de acuerdo con la manera en que están manejando las cosas; pueden ser oficiales gubernamentales, un jefe, adolescentes hacia sus padres, esposas hacia sus esposos, miembros de la iglesia hacia los pastores o hacia los ancianos, o hacia aquellos en autoridad. ¿Por qué es que a veces calumniamos o hablamos mal de aquellos que viven dentro de las cuatro paredes de nuestras propias casas, de nuestros familiares, o de nuestros compañeros de habitacion, o sobre las personas más cercanas a nosotros, las personas que nos conocen mejor, las personas que debiéramos estar tratando de proteger? ¿Por qué es que frecuentemente los calumniamos?

Pienso que es fácil hablar mal o maliciosamente de aquellas personas con quienes no estamos de acuerdo. Pienso que durante una temporada política o de elecciones por ejemplo es muy fácil —y he notado esto en semanas recientes en algunas de mis propias conversaciones con las personas— hacer afirmaciones dogmáticas, rotundas, negativas, y feas acerca de personas en el mundo político con quien no estamos de acuerdo.

Esto no es para decir que nunca debemos expresar cuando estamos en desacuerdo. Mucho de esto tiene que ver con el corazón.

● ¿Cuál es mi tono?
● ¿Cuál es mi espíritu?
● ¿Cuál es mi motivación?
● ¿Por qué estoy diciendo lo que estoy diciendo?
● ¿Estoy tratando de edificar o de derribar?
● ¿Es necesario?

Observa que mientras vemos en las Escrituras, nos damos cuenta que nuestra forma de hablar expone nuestros corazones. La forma en que hablamos dice lo que está dentro de nuestros corazones. Déjame leerte dos o tres pasajes que tocan este punto.

Primero, en Salmos en el capítulo 50, comenzando en el versículo 16, dice:

Pero al impío Dios le dice: “Das rienda suelta a tu boca para el mal, y tu lengua trama engaño. Te sientas y hablas contra tu hermano; al hijo de tu propia madre calumnias”. (Versículos 16, 19, 20).

¿Qué tipo de persona dice Dios que habla así? “Al impío Dios le dice”. La persona que calumnia a sus familiares, sus amigos, que habla mal, tiene un corazón perverso.

Piensa en lo que Jesús dijo en Lucas capítulo 6, versículo 45,

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Lo que decimos es un claro indicativo de lo que está en nuestros corazones. Así que Jesús está diciendo, “Si tienes un corazón bueno, lo que va a salir es un buen tesoro. Si tienes un corazón malvado, entonces lo que saldrá son palabras maliciosas y perversas.”

Y de nuevo, en Mateo capítulo 15:18-19, Jesús hace el mismo punto, Él dice,

Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las calumnias.

¿Notaste que Jesús colocó las calumnias allí mismo junto con homicidios y el adulterio? Hace que me pregunte: ¿Estamos tan preocupados y sorprendidos y apenados por nuestros pecados de la lengua como lo estamos de la mala conducta de los demás? Jesús los pone todos juntos, pero Él dijo que las calumnias, el hablar mal, revela lo que está en nuestros corazones.

¿Qué exponen las calumnias y el hablar maliciosamente de nuestros corazones? ¿Y qué tipo de actitudes del corazón salen cuando hablamos mal de los demás? Déjame hacer varias sugerencias aquí, hay otras cosas que podríamos agregar a esta lista, pero yo sé de algo que se revela de mi corazón cuando hablo mal de los demás—revela un corazón orgulloso, revela orgullo. Cuando podemos señalar la culpa de otra persona, a veces eso puede hacernos sentir mejor a nosotros mismos—no somos tan malos como ellos, o no hicimos “eso”… ellos sí—eso es orgullo.

El orgullo puede darme un cierto deseo de lucir como una experta, y quizás intervenir en una conversación porque sé algo que mi interlocutor no sabe; quizás tengo esta pequeña pieza de información que puedo traer a la conversación. A veces es el orgullo que me llevará a decir, “Pero, ¿sabías…?” Esto me ha ocurrido —y lo digo para mi vergüenza— muchas veces cuando alguien está hablando bien de una persona y yo estoy pensando, “Pero no saben que…” ¿Deberé decirlo? A menudo es el orgullo en mi corazón que me lleva a contribuir algo negativo a esa conversación.

Hay algo más que nuestras lenguas pueden revelar acerca de nuestros corazones—envidia y celos. Estamos celosos de la reputación de alguien más, de su relaciones, de su influencia, por eso queremos hacerlos ver mal; hacerlos descender un poco.

El calumniar revela falta de dominio propio . Dejamos que se nos escapen cosas que estamos pensando, sin pensar bien lo que estamos diciendo.

La calumnia puede revelar un espíritu crítico. Mi corazón es crítico; tiende a hacer juicios; por lo tanto, sale en las palabras que digo.

La calumnia y el hablar maliciosamente revelan también falta de amor. Proverbios 10:12, “El odio suscita rencillas, pero el amor cubre todas las transgresiones”. Una falta de amor; se revela el odio.

Y luego está esto de un espíritu contencioso, un espíritu divisivo. Queremos poner a otros de nuestro lado, y qué tan a menudo pasa esto en conversaciones entre miembros de las familias cuando hay alguna disfunción o discordia entre los miembros de la misma familia. Y dices algo negativo acerca de la otra persona causando que la persona con la que estas platicando quiera aliarse contigo. Todos estos juegos tontos, que jugamos, son tan malos, tan perversos. Queremos relatar como alguien nos lastimó, como alguien nos ha hecho daño, y al hacer eso estamos tratando de atraer a la persona con la que estamos hablando para que vea las cosas según nuestra perspectiva.

¿Qué estamos haciendo? Estamos poniendo una barrera entre nuestro interlocutor y la persona de la que estamos hablando, levantando paredes, división, contención. Eso es lo que hay en mi corazón, y sale tan frecuentemente en nuestro hablar. Ese es exactamente el efecto de la calumnia y de hablar maliciosamente. No solo tengo yo contención en mi corazón, sino que cuando calumnio o hablo mal de los demás, el efecto es de dividir relaciones, dividir amigos, el de ser un divisor, el de romper relaciones.

Proverbios 16:28 dice, “El chismoso separa a los mejores amigos”.

Proverbios 17:9, dice “El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos”.

Dividimos el cuerpo de Cristo; dividimos familias; dividimos amistades; dividimos relaciones cuando hablamos mal de los demás. No solo dividimos, sino que destruimos.

Proverbios 25:18, dice “Como maza y espada y aguda saeta es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo”. Esas son armas que no querrías que se usaran contra ti—un garrote de guerra, una espada, o una saeta aguda, pero si tú dices algo de tu vecino, de un amigo, o de un miembro de tu familia, que no es cierto o es una calumnia o es algo innecesario, o es una crítica, el efecto que provocarás es el de destruir a esa persona.

Alguien ha llamado a la calumnia y a los chismes maliciosos homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien. El homicidio verbal, la calumnia, destruye vidas, destruye familias; destruye relaciones; destruye iglesias. Lo he visto vez, tras vez. Si lo piensas seguramente lo has visto una y otra vez. Eso ya es suficientemente grave, pero lo que aflige mi corazón es pensar, ¿cuántas veces yo he contribuido a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el Cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Proverbios 11:9 dice, “Con la boca el impío destruye a su prójimo”. Cuando hablamos maliciosamente, cuando decimos chismes o decimos cosas que no son ciertas o no son buenas, afectamos a la persona que estamos calumniando, aunque no lo escuchen, y afectamos a la persona con la que estamos conversando . Creamos una separación en su relación.

Y mientras me he estado preparando para esta serie, es interesante—no sé si está pasando más a menudo o si solo lo estoy notando más—pero he visto una ilustración tras otra de la necesidad crucial de tratar con este asunto de la calumnia y del chisme malicioso entre el pueblo de Dios, y el gran daño que puede hacer si no tratamos con esto.

Hace unos días recibimos un correo en Aviva Nuestros Corazones de una oyente que quería pasar una información que ella sintió que debíamos tomar en cuenta con relación a alguien que había sido invitado a uno de nuestros programas. Bueno, típicamente, este es el tipo de cosas a las que no me gusta prestar atención, no quiero prestarme para el chisme, no lo quiero escuchar, pero pensé, “Soy responsable por las personas que tenemos en nuestra transmisión, y ¿será esto algo de lo que necesitamos estar conscientes?”

Así que fui al correo electrónico, entré a la página de Internet, y resultó ser muchas páginas juntas en una red que se dedican a derribar y destruir un sinnúmero de ministerios y personas, y cuanto más buscaba, más feo se ponía. Habían tantas calumnias y comentarios llenos de amargura. Este es un esfuerzo para dividir , para derribar, para destruir. Es odioso; es vengativo; es destructivo, y esta es una palabra que me vino a la mente al ser envuelta en algunas de estas cosas esta semana—es diabólico, diabolos, es del diablo. Es satánico. El pasaje que me vino a la mente es Santiago 3:14-16 donde Santiago dice,

Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala.

Tú pensarás, “Bueno, me alegro que yo no tengo una de esas páginas de internet,” o “No estoy haciendo ese tipo de cosas”. Pero esto solo comienza con una raíz de amargura, con pequeñas cosas que se dicen, con un correo electrónico que se envía, con publicar algo en el internet, con hablar una palabra en privado, de repente encuentras que está siendo gritado por los techos, y se está esparciendo como un incendio descontrolado. Cuán gran daño esta chispita puede hacer. Puede quemar bosques y casas enteras, y al final las vidas pueden ser destruidas.

La calumnia divide; destruye, así como lo hace Satanás. Todo esto es contrario a Dios, quien es un Dios de reconciliación. Él es el Dios que reconcilia partes en guerra. Y nosotros Debemos ser como Él.

Pablo dice en Romanos 14:19, “Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua.”

Efesios 4:3, “Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.

Carmen Espaillat: Tus palabras tienen el poder de promover la paz, de acuerdo a Nancy Leigh DeMoss. Ella nos ha estado enseñando cómo hacerlo en una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 Ella estará de regreso con nosotros para orar, porque todos necesitamos el poder de Dios para vivir en paz y para hablar lo correcto. En ninguna parte es esto más cierto que en tu hogar.

Nancy y algunas de sus amigas han escrito acerca de esto. Ella editó un libro llamado Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios  (está disponible en español).

En este libro aprenderás de las semillas de la revolución feminista y descubrirás por qué no cumplió sus promesas. Podrás ver claramente una imagen bíblica del tipo de influencia piadosa que puedes tener sobre tu esposo e hijos. Descubrirás cómo servir a Dios de maneras únicas y femeninas. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita.

Quizás has sentido convicción hoy acerca de la manera que has estado usando tus palabras. Mañana Nancy ofrecerá ideas útiles de cómo responder, cambiar y hacer las cosas bien, y ahora, Nancy regresa con nosotras para orar.

Nancy: Oh Padre, cuánto Te pido que nos des convicción de cómo nuestras palabras han sido destructivas, cómo han dividido, han hecho daño y han sido diabólicas. Yo sé que Tú has hecho que yo me examine en el transcurso de este estudio, y me has llevado a ser más cuidadosa de las cosas que digo. No estoy tratando de destruir la reputación de nadie.

Oh Dios, perdóname por las veces cuando las cosas que he dicho han sido destructivas y han sido diabólicas. Oh Dios, ¿podrías domar nuestras lenguas? No podemos domarlas nosotras mismas, pero ¿podrías hacerlo Tú? Por el poder de Tu Santo Espíritu, podrías cambiar nuestros corazones y perdonarnos por el orgullo y la envidia y los celos y el espíritu competitivo y ese espíritu contencioso que a menudo nos lleva a decir cosas que no son edificantes o alentadoras, sino que son calumniadoras y maliciosas.

Purifícanos, Señor. Perdónanos. Límpianos. Purifica nuestros corazones y nuestras lenguas. Que podamos usar esas lenguas para unir personas, para perseguir unidad, y lo que trae paz y edificación mutua. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.


Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

A23 – La calumnia es grave

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A23 – La calumnia es grave

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/La-calumnia-es-grave/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No hay ningún grado que sea aceptable de malicia ni calumnia ni maledicencia entre las mujeres cristianas. No debemos tolerar esto en nuestras vidas.

A veces pienso que simplemente nos descuidamos. Pero es un área donde no podemos darnos el lujo de ser descuidadas, porque cuando se habla calumnia, estamos haciendo la obra del diablo.

Destruye matrimonios. Destruye a los niños. Destruye los lugares de trabajo. Destruye las iglesias. Destruye las relaciones. Nos destruye a todos nosotros. Ser calumniadora destruye nuestra relación con el Señor.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy ha estado llevándonos a través de un rico estudio de Tito 2 llamado El hermoso diseño de Dios para la mujer. Dios tiene incluso un diseño para las palabras que hables antes de que tu cabeza descanse en la almohada esta noche.

Nancy: Hemos venido hoy a lo que para mí ha sido uno de los puntos más retantes y de mayor convicción de este estudio. Ahora lo compartiré con ustedes para que sean retadas y tengan la misma convicción que yo.

Estamos revisando el capítulo 2 de Tito. El apóstol Pablo le dijo a Tito que tiene que «enseñar lo que está de acuerdo con la sana doctrina» (versículo 1). ¿Cómo luce esto en nosotras las mujeres?

Bueno, empieza con las mujeres mayores. Hemos dicho que estas cosas han de ser ciertas de las ancianas, pero eso significa que las mujeres más jóvenes tenemos que estar trabajando en estas cosas e ir cultivándolas, o no vamos a ser así cuando lleguemos a ser ancianas.

El versículo 3 dice: «Las mujeres mayores también deben ser reverentes en su conducta». Observamos eso en la última sesión.

Entonces dice: «No calumniadoras ni esclavas de mucho vino». «Las mujeres mayores. . . deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras ni esclavas de mucho vino «(versículo 3).

Hablamos de lo que significa ser reverentes en conducta. El apóstol Pablo hace dos aplicaciones prácticas y específicas de cómo luce el comportamiento reverente: Si eres reverente en tu conducta, esto afectará tu lengua y tu templanza.

La lengua—no calumniadora; un estilo de vida de templanza—no esclavas del vino. Las mujeres que son reverentes en su conducta no son calumniadoras, y son templadas en su comportamiento.

Aquí es donde la sana doctrina —que hemos estado viendo durante los últimos programas— se pone de manifiesto. Estas son las cosas que están de acuerdo con la sana doctrina.

No se puede decir que tienes sana doctrina, si no estás viviendo de esta manera. La sana doctrina siempre se traducirá en una correcta manera de hablar y de un cierto tipo de comportamiento en nuestras vidas.

Ahora bien, en cuanto a este tema de la calumnia, yo había planeado hacer una sola sesión sobre esto. Pero en la medida en que me adentraba en el tema, me di cuenta que Dios estaba trabajando con mi propio corazón en esto, y pensé: «Esto necesita más de una sesión».

Así que nos vamos a tomar algunos programas para discutir este tema de la calumnia. Es un problema grave para Dios, y lo veremos cuando abramos Su Palabra. Es un problema grave en la iglesia. Y es un problema grave, particularmente entre las mujeres.

Así que vamos a examinar un poco este tema de la calumnia, y luego pasaremos a la cuestión de no ser esclavos de mucho vino, y las cuestiones más amplias sobre la templanza y las adicciones y lo que la Palabra de Dios tiene que decir al respecto. Así que por aquí es por donde nos dirigiremos en los próximos días.

Las mujeres «deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras». Otra traducción dice que no deben ser «chismosas» (TLA). La Reina-Valera dice: acusadores falsos.

Son traducciones de la misma palabra. Un comentarista sugiere que la palabra significa «proveedores de intriga o escándalo.»1 Me pareció que era bastante gráfico. Las mujeres no debemos ser proveedoras—o personas que producen—intriga o escándalo. No estamos simplemente pasando algunos pequeños y jugosos chismes de aquí para allá.

En la Biblia, la palabra que se traduce como «calumniadoras» o «chismosas” es la palabra griega diábolos. Es la palabra de la cual proviene la palabra diabólica. Viene de dos palabras: dia o dio, que significa «a través», y bolos, lo que significa «lanzar a través de».

Esto adquiere aun más significado cuando vemos este concepto de la calumnia. El término diábolos se utiliza 38 veces en el Nuevo Testamento. Treinta y cuatro de esas veces la palabra es un nombre para Satanás, el diablo.

Satanás es el padre de la mentira. Él es un calumniador. Se le llama diábolos. Treinta y cuatro veces (de esas 38) eso es lo que significa la palabra.

¿Cómo es Satanás calumniador? Lo ves de varias maneras. En primer lugar vemos que desde el inicio de las Escrituras, Satanás ha acusado y calumniado a Dios con el hombre.

Por ejemplo, Satanás se acercó al hombre y a la mujer en el Jardín del Edén, y él acusó y calumnió a Dios. En Génesis 3, dijo, en esencia, «Dios no ha dicho la verdad. ¿Dijo Dios, ciertamente morirás? No vas a morir. Dios no está diciendo la verdad». [Cf. versículos 1-5].

Mintió sobre las consecuencias de comer la fruta, y luego él calumnió a Dios por sugerir que las restricciones de Dios eran innecesarias o excesivas, e irracionales. Él estaba atacando la verdad, la veracidad de la Palabra de Dios. Él calumnió a Dios con el hombre.

No solo ocurrió en el Jardín del Edén. Satanás aún está difamando y acusando a Dios. Y lo hace con nosotros. Pensamientos como estos:

● ¿Dónde estaba Dios cuando lo necesitabas?

● No se puede confiar en Él.

● Su Palabra no es cierta.

● No lo necesitas.

● Puedes hacer esto por ti mismo.

● Dios no te ama verdaderamente.

● Si te amara, habría ___________ [o] no habría ____________.

¿Qué está Satanás haciendo? Calumnia a Dios con nosotros, haciendo que Dios luzca irrazonable, falso, desleal, poco sabio, poco bondadoso. Él está calumniando a Dios.

De manera que Satanás acusa y calumnia a Dios con el hombre. Pero Satanás también acusa y nos calumnia a nosotros con Dios. Él calumnia al pueblo de Dios. En Apocalipsis 12:10 se le llama «el acusador de nuestros hermanos». Continuamente hace acusaciones sobre el pueblo de Dios ante el trono de Dios.

Algunas de ustedes recordarán un ejemplo de esto en Job 1:7-11, donde Satanás se presentó ante Dios y le dijo: «Vamos a hablar de Job.» En realidad, fue Dios quien mencionó a Job, y en ese contexto Satanás lo calumnió.

Él acusó a Job de estar comprometido con Dios solo por lo que podía obtener de esa relación. «Él es un amante pagado.»

Satanás alegó que si Dios le quitara todas las cosas que eran preciosas para Job, este lo maldeciría en su cara. Él calumnió a Job.

Y nos calumnia a nosotros. Nos ataca. Acusa a los hermanos ante el trono de Dios.

Así que diábolos —34 veces en el Nuevo Testamento— se refiere a Satanás, quien es el calumniador, el acusador. En tres de las ocasiones que esta palabra se utiliza está haciendo referencia a una persona que difama o acusa falsamente a los demás.

Déjame darte un ejemplo. Busca en la Biblia 1 Timoteo 3, y verás estos dos usos en el mismo contexto. Comenzando en el versículo 6, hay tres usos de la palabra griega diábolos, en los versículos 6-11. Vamos a leer parte de ese pasaje.

En primer lugar él está hablando sobre aquellos que van a ser los líderes espirituales en la iglesia. El versículo 6:

No un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo. [Esa es la palabra diábolos.]

El versículo 7:

Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo[diábolos].

El versículo 8 y 11:

De la misma manera, también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas. De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras [diábolos], sino sobrias, fieles en todo.

Así que aquí vemos dos veces en este pasaje que diábolos se refiere a Satanás. La tercera vez se está refiriendo a una mujer que habla de tal manera que luce parecida al diablo; es diabólica.

Ser calumniador, hacer falsas acusaciones, ser chismoso y malicioso es ser diabólico. Es parecerse al diablo. Es participar en las obras y el carácter del mismo Satanás. Cuando nosotros calumniamos a los otros, estamos haciendo la voluntad de Satanás y cumpliendo su plan.

Ahora, ¿puedes ver por qué digo que la calumnia no es poca cosa y por qué Dios toma esto tan en serio y por qué es tan mortal y destructivo para la iglesia de Jesucristo?

Es interesante que dos de las tres ocasiones donde diábolos se refiere a la calumnia, se está hablando específicamente a las mujeres. Creo que eso es porque, como mujeres, somos más propensas a caer en esta tentación; es una tentación en la que fácilmente nos vemos inclinadas a tropezar con nuestras lenguas.

¿Qué es exactamente la calumnia? Legalmente, la calumnia es una declaración falsa sobre una persona, que dañe o difame a su reputación. Es dar testimonio falso con la intención de dañar a otra persona o su reputación.

Hay una palabra relacionada en el Nuevo Testamento. En el griego es la palabra blasphemia, de la cual obtenemos nuestra palabra blasfemia . Esa es la palabra griega que más comúnmente es traducida «calumnias» o «maledicencias» en nuestras Biblias.

Esa palabra significa «injuriar, herir a la reputación o golpear con informes o con palabras, hablar mal de otra persona». Es una palabra muy relacionada con esta palabra diábolos.

Hay algunos pecados relacionados con la lengua que entran en juego aquí, y creo que todos están bajo la categoría de la calumnia.

● Difundir un informe falso sobre alguien.

● La difusión de información perjudicial sobre otro, lo que la Escritura llama «andar en chismes».

● Reportar la verdad con la intención de hacer daño.

¿Notas los diversos matices allí?

● Puede ser un falso informe, algo que no es cierto.

● Puede ser alguna información perjudicial sobre otro que difundimos—andar en chismes.

● Incluso puede ser decir la verdad con la intención de dañar o perjudicar la reputación de alguien.

Así que cuando Pablo dice que las mujeres mayores sean reverentes en su comportamiento y no calumniadoras, significa que deben rehusarse a escuchar o difundir informes o historias de otros que son falsos (que no son verdaderos) o que son perjudiciales—que podría ser perjudicial para esa persona.

La calumnia es un asunto serio para Dios. Es uno de los Diez Mandamientos. Éxodo 20:16 dice: «No darás falso testimonio contra tu prójimo».

Éxodo 23:1 nos dice, «No propagarás falso rumor; no te concertarás con el impío para ser testigo falso». No lo hagas. No vayas allí.

Proverbios 6:16 dice: «Hay seis cosas que el Señor aborrece, y siete que son una abominación para él», y luego en el versículo 19, justo en esa lista dice, «el testigo falso que respira mentiras». Es una abominación para Dios.

Por cierto, en esa misma lista está la persona que provoca discordia entre los hermanos. Los dos a menudo van de la mano—provocar la discordia y ser un testigo falso que respira mentiras.

La gente que calumnia a otros a menudo lo hace con la intención de dividir. Pero incluso, si esa no fuera su intención, es el efecto. Al final siembran la discordia, la división; crean brechas y barreras entre las personas mediante el uso de la lengua para calumniar.

Efesios 4:31 dice, «Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia». Pablo dice: «Deshazte de eso».

No hay ningún grado aceptable de malicia o calumnia o maledicencia entre las mujeres cristianas. Esto es algo que no debemos tolerar en nuestra vida.

Al estudiar y pensar en esto esta semana, parte de mí se pregunta cuánto diría yo si realmente tuviera niveles de cero tolerancia para esto en mi propia vida. Estoy segura de que no tendría mucho que decir.

la intención no siempre es maliciosa. A veces pienso que simplemente actuamos sin cuidado. Pero es un área en la que no podemos darnos el lujo de ser descuidadas, porque cuando se calumnia, estamos haciendo la obra del diablo.

● Destruye matrimonios.

● Destruye a los niños.

● Destruye los lugares de trabajo.

● Destruye las iglesias.

● Destruye las relaciones.

● Nos destruye a nosotros.

● Ser calumniador destruye nuestra relación con el Señor.

En Tito 2, que es el pasaje que estamos viendo, el versículo 3, dice que las mujeres piadosas, las mujeres ancianas, no deben ser difamadoras. Hay un contraste con esto en el próximo capítulo 3:1, donde Pablo dice: «Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes… que no injurien a nadie” (3:1-2).

La palabra aquí no es la palabra diábolos. Es la palabra blasphemeo—injuriar, blasfemar. Él dice que no debemos «injuariar» a nadie.

¿Qué significa eso, «nadie»? Significa no hablar mal de nadie.

Santiago 4:11 dice: «No habléis mal unos de otros, hermanos». La palabra es otra palabra griega [katalaleo], pero es una palabra similar. Significa «hablar en contra, permitir que salgan palabras que no han sido pensadas».

Como ya he dicho, a veces es inconsciente, es hablar con descuido. Santiago dice: «No lo hagas. No hablen mal el uno contra el otro. No permitas que salgan de tu boca palabras irreflexivas”.

Este es un verso que lo dice muy claramente: (Proverbios 10:18). «El que esparce calumnia es un necio».

¿Quién es el necio? Un necio no es alguien intelectualmente deficiente. Un necio es alguien que es moralmente deficiente. Un necio es alguien que ordena su vida como si Dios no existiera.

Proverbios dice que si esparces calumnia en contra o hacia los demás, eres un necio. Ordenas tu vida como si Dios no existiera y no tuvieras que rendir cuentas.

Pero el hecho es que hay un Dios, y serás responsable de todas las palabras vanas o vacías o inútiles o calumniosas. «El que esparce calumnias es un necio».

En el Antiguo Testamento el castigo fue bastante duro. Permítanme leerles un pasaje de Deuteronomio 19

Si un testigo falso se levanta contra un hombre para acusarle de transgresión, los dos litigantes se presentarán delante del SEÑOR, delante de los sacerdotes y de los jueces que haya en esos días. Y los jueces investigarán minuciosamente; y si el testigo es un testigo falso y ha acusado a su hermano falsamente, entonces le haréis a él lo que él intentaba hacer a su hermano. Así quitarás el mal de en medio de ti. Los demás oirán y temerán, y nunca más volverán hacer una maldad semejante en medio de ti. (Versículos 16-20).

¿Por qué crees que Dios lo toma tan en serio? Porque es tan parecido a Satanás el mentir, engañar, dar falso testimonio, acusar falsamente. Es tan divisivo. Es mortal. Es destructivo.

Dios sabe que esto destruye la comunidad de fe. Él sabe que destruye y divide las relaciones. Entonces Él dice, si vas a hacer acusaciones falsas, si vas a decir cosas que no son verdaderas, entonces vas a dar cuenta por tus palabras.

Ahora bien, me alegra saber que ya no implementan este sistema en la actualidad. Pero Dios dijo que vas a cosechar lo que siembras. Y cualquier daño que intentaste hacer a la otra persona, cualquiera que haya sido tu intención, eso es lo que te va a suceder a ti.

Eso es realmente lo que Jesús ha reiterado en el Nuevo Testamento. Es lo que vamos a experimentar. Vamos a experimentar la misericordia. Pero los que juzgan a otros, aquellos que tienen intenciones maliciosas o hablan mal de los demás, ellos cosecharán lo que sembraron.

Nuestras palabras nos perseguirán. No siempre recogeremos la cosecha inmediatamente. Pero vamos a recoger la cosecha. Así que Dios dice, «Esto es algo que tiene que ser purgado de ustedes. No debe tener lugar en la iglesia de Jesucristo».

Es algo que tenemos que examinar, que tenemos que evaluar y ponderar. Tenemos que decir: «¿Hay calumnia? ¿Hay rumores maliciosos? ¿Hay cosas verdaderas que se dicen con la intención de hacer daño, a espaldas de los demás, a otras personas, incluyendo otras personas en la conversación que no son parte del problema ni parte de la solución?»

Estamos diciendo cosas sobre otros que no son productivas. No son verdaderas. No son edificantes. No están edificando. Están destruyendo.

Dios dice que no debemos hacerlo. Saquen la maldad de en medio de ustedes. Y cuando los demás vean las consecuencias, temerán, y ellos «nunca más cometerán una maldad semejante».

La comunidad de la fe, el cuerpo de Cristo, se supone que sea un lugar seguro para los pecadores que están en proceso de ser redimidos. Pero cuando maliciosamente, con negligencia o descuidadamente decimos palabras que derriban, que difaman, que son engañosas o falsas o perjudiciales en su intención, estamos deshaciendo la obra que el Espíritu de Dios está tratando de hacer en Su pueblo.

«Muerte y vida están en poder de la lengua» (Proverbios 18:21). Podemos construir con nuestras lenguas. Podemos animar a la gente en ese proceso de la santificación, o podemos decir palabras que destruyen y derriban.

Entonces, ¿qué debemos hacer? El primer paso es ser honestos. Simplemente estar de acuerdo. Reconocer: «Señor, he sido calumniador. He difamado a los demás».

En el próximo par de sesiones, vamos a hablar más de lo que hace la calumnia y por qué es tan letal, y también lo que podemos hacer al respecto. Pero podemos empezar diciendo simplemente: «No es mi hermano, no es mi hermana, soy yo Señor, aquí que necesita oración», y reconociendo: «Señor, he pecado con mi lengua».

Ya seas una anciana o una mujer más joven, reconoce: «Yo no he sido reverente en mi conducta, en la forma en que hablo de los demás.» Es posible que no hayas dicho estas cosas en lugares públicos, sino quizás a algunos individuos.

A veces enmascaramos esas cosas como peticiones de oración, como motivo de preocupación. A veces estas cosas se pasan de lo adecuado y si tienes alguna duda o pregunta, quizás no debas decirlo.

Quiero que inclinemos nuestro corazón delante del Señor por un momento. Permite que el Espíritu Santo te escudriñe. Quizás Dios esté trayendo a tu pensamiento conversaciones o situaciones o personas que has calumniado. Si el Espíritu de Dios ha traído convicción a tu corazón, ¿te pondrías de acuerdo con Dios?

Di: «He pecado contra Ti al calumniar con mi lengua. Me he dado cuenta hoy día, Señor, que Tú tomas esto muy en serio, y quiero tomarlo seriamente también».

Señor, Te pido que nos muestres a cada uno de nosotros la raíz de nuestros problemas y nuestros corazones; las cosas que pudieran producir este fruto horrible y diabólico de la calumnia y que nos ayudes a lidiar, no solo con los asuntos superficiales, sino a cortar de raíz aquello que pudiera estar en nuestros corazones que cause la calumnia.

Te pedimos que en los próximos días nos hables, nos traigas convicción y nos recuerdes de esto en la medida que salgamos de este lugar y nos enfrasquemos en conversaciones. Te ruego que al salir de aquí, Señor, llenes nuestras bocas con palabras que sean edificantes y provechosas y beneficiosas y valiosas; palabras que estimulen y fortalezcan y den vida a aquellos sobre quienes las hablamos.

Gracias, Señor. Ayúdanos a ser mujeres reverentes que Te honren y Te glorifiquen—que Te glorifiquemos con nuestras lenguas. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nunca había pensado en el chisme y la calumnia de la manera en que Nancy Leigh DeMoss lo ha estado describiendo hoy. Espero que pases más tiempo en Tito 2 por ti misma. Piensa en la posibilidad de la maldad y en tu lengua, y pídele a Dios que te ayude a hablar palabras de vida.

Si es la primera vez que escuchas este programa, se llama Aviva Nuestros Corazones, y es conducido por Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Nuestra serie actual se titula, El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 Toda mujer necesita entender este pasaje. Gracias por conectarte con nosotros hoy.

Queremos escuchar de ti, el número es 1-800-569-5959. Puedes hacer tus donaciones en línea visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com.

En nuestra próxima entrega, aprende sobre el homicidio verbal. ¿Qué quiere decir Nancy con esta frase? Regresa para saber de qué se trata, en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda la Escritura es tomada de la versión Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Thomas C. Oden, Interpretación: Un Comentario de la Biblia para enseñar y predicar. Primera y Segunda a Timoteo y a Tito (Louisville: John Knox Press, 1989).

2 Zodhiates NT.

3 Ibid.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

A22 – Servicio sagrado

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A22 – Servicio sagrado

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Servicio-sagrado/

Carmen Espaillat: Tu ejemplo habla más que mil palabras. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss : Lo que haces para servir y bendecir y para entrenar a otros fluye de lo que tú eres. Tú no puedes enseñarle a otros lo que no tienes en tu propia vida.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Piensa en la generación que viene detrás de ti, si ellas te vieran a ti como un modelo a seguir, ¿estarían ellas viviendo vidas piadosas? Medita en esta pregunta mientras Nancy continúa con esta útil serie El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Nancy: Recuerdo claramente una vez cuando estábamos orando para iniciar Aviva Nuestros Corazones y le estábamos preguntando al Señor si eso era lo que Él quería que hiciéramos. Nos habíamos reunido con el comité de nuestro ministerio matriz, Life Action Ministries, y estábamos buscando su consejo.

Les pedimos que estuvieran orando para saber si debíamos o no iniciar este ministerio de radio. Sabíamos que habría retos, costos y cambios en mi estilo de vida y compromiso. Después de que todos habían dicho lo que pensaban, nuestro director le pidió la opinión a un anciano piadoso que había estado orando por esto con nosotros por algún tiempo, y le preguntó, “¿T.W., qué ha puesto Dios en su corazón?” Él dijo,

“Saben, a medida que he estado orado por esto, he estado muchos años perturbado en mi espíritu por el aumento generalizado de la corrupción entre las mujeres de nuestra cultura. Ha sido una gran carga en mi corazón y me he preguntado a mí mismo, “Qué se podrá hacer acerca de esto?” Yo realmente creo que Dios te está levantando a ti y a este ministerio para este tiempo, para ayudar a la iglesia a hablar de la creciente corrupción generalizada entre las mujeres de nuestra cultura.”

Ese fue un gran momento. Esa no fue la única cosa que nos trajo la convicción de que debíamos hacer esto, pero ciertamente fue un momento importante.

He pensado en ese comentario muchas veces desde entonces. Tú no tienes que buscar muy lejos para ver la vulgaridad en las mujeres de nuestra cultura, y no solo en la cultura, sino también dentro de la iglesia—en los modales y la vestimenta, en la forma de hablar y en las actitudes. Hemos tomado el sabor y las actitudes del mundo. En muchas ocasiones las mujeres cristianas, tristemente, están contribuyendo al deterioro y a la vulgaridad, en lugar de estar preservando y previniendo y deteniendo el deterioro de la cultura.

Con frecuencia he dicho, y ustedes me han escuchado decirlo antes, que nosotras deberíamos ser como el salmón, nadando contra la corriente y reflejando a nuestra cultura la hermosura y la maravilla del Evangelio y de Cristo y Sus caminos, y de esa manera contribuir a embellecer, suavizar y santificar, en un sentido, la cultura; para hacerla receptiva al Evangelio de Cristo.

Yo creo que este es el corazón de lo que el apóstol Pablo tenía en mente. Vayamos hoy a Tito capítulo 2, versículo 3. Aquí empieza a hablarles a las mujeres ancianas. ¿Cómo deben ser?

Permítanme leer los versículos 3 al 5,

“Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.

Ahora solo tomaremos la primera frase, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta”. En esto es en lo que quiero que nos enfoquemos el día de hoy.

Primero que todo, “las ancianas”. Es la única incidencia de esta frase en la Biblia; de esa frase en griego. Pablo no especifica qué tan anciana debes de ser para calificar. Creo que en realidad es sabio de Pablo no haberlo hecho, porque tal vez algunas de nosotras pensaríamos que no calificamos.

Lo que sí sabemos de 1 Timoteo 5 es que una viuda tenía que tener al menos 60 años para reunir los requisitos para recibir ayuda financiera de la iglesia (ver versículo 9). Tal vez esa era la edad que Pablo estaba pensando cuando se refería a mujeres ancianas. Generalmente, los comentaristas consideran que una mujer anciana es una mujer que ha pasado sus años fértiles y de crianza de hijos. Los años fértiles, la capacidad para tener hijos es alrededor de los 40. Así que la crianza de los hijos entonces terminaría a sus 50 o a sus 60. Algunas de ustedes están empujando este tiempo un poco hacia un lado o hacia el otro, pero esto sería aproximadamente lo que Pablo tenía en mente aquí.

Mantengan en mente también que la longevidad en esos días era menor de lo que es hoy. Así que al día de hoy, él probablemente se estaba refiriendo a mujeres maduras, de mediana edad, que hayan terminado su responsabilidad en términos de dar a luz y de criar a los hijos.

Ahora bien, mientras vemos este párrafo, vemos que al principio de todo, Pablo habla de cómo esta mujer anciana debe lucir—quién es ella. Ella debe ser un modelo. Esto tiene que ver con su carácter—un modelo, no una modelo física, pero un modelo ejemplar, de una vida piadosa y de una actitud de corazón. Esto es lo que ella es. Después él nos habla de lo que ella hace. Lo que ella es corresponde a la primera parte del versículo 3—“las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino”. Esto describe su carácter. Ella tiene un carácter ejemplar.

Lo que ella hace, el efecto de su vida y ministerio empiezan al final del versículo 3 donde dice, “que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes”. No solo es ella un ejemplo de cómo luce un comportamiento piadoso, sino que ella también es una mentora. Ella está activamente involucrada en pasar la verdad y en discipular la siguiente generación.

Dense cuenta del orden aquí. Empieza con lo que es ella, su carácter, su propia vida. Después sigue lo que ella hace—la enseñanza, el entrenamiento, el discipulado de otras mujeres. Lo que haces para servir y bendecir y para entrenar a otros fluye de lo que tú eres. Tú no puedes enseñarle a otros lo que no tienes en tu propia vida.

Es por esto que Pablo lo coloca en ese orden. Él no empieza diciendo que debes ser una persona que discípula o una maestra de la Biblia o que debes entrenar a otras mujeres. Él empieza diciendo, “examina tu propia vida y asegúrate que tu vida esté de acuerdo con la Palabra de Dios en estas áreas en particular”.

De manera que quien ella es, su carácter, está antes que todo, “las ancianas deben ser reverentes en su conducta”. Ahora muchas de las diferentes traducciones y Biblias parafraseadas traducen esto de algunas formas muy diferentes e interesantes. Permítanme leerles algunas de ellas a ustedes.

La Nueva Traducción Viviente dice, “Enseña a las mujeres mayores a vivir de una manera que honre a Dios”.

Otra dice, “Las viejas, asimismo, se distingan en un porte santo” (RVA). Esta es una traducción antigua.

La Palabra de Dios Para Todos lo expresa de esta forma: “De igual manera, enseña a las ancianas a vivir de una manera que muestre reverencia y respeto a Dios”.

La Traducción en Lenguaje Actual dice: “Recomienda a las ancianas que se comporten como personas que aman a Dios”.

Y esta es una de mis favoritas, “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte”. (RV-95)

La palabra reverente —de conducta reverente— se usa esa única vez en el Nuevo Testamento. Es una palabra que significa “sagrado o santo o separado para Dios; ser apropiado o propio, santo, reverente en conducta”. En realidad, la raíz de la palabra significa, “lucir como un sacerdote”.

La persona es reverente en conducta es una persona que se comporta en una forma apropiada con la santidad. Esta mujer se comporta como una persona sagrada. Ella es una santa. Ella está apartada para el servicio de Dios, y ella se comporta de esa forma. Su porte, sus formas, su conducta, son reverentes. Así que las mujeres cristianas deben vivir vidas como aquellas que están involucradas en deberes y servicios santos.

Ahora bien, nosotras no somos sacerdotes, y no somos llamadas a ser pastoras o maestras de la palabra para los hombres o ancianos de nuestras iglesias. Pero nosotras, como mujeres, somos llamadas a deberes y servicios santos. Si tú eres una esposa, servir a tu esposo es un deber y un servicio santo como para el Señor. Si tú eres una mamá, cuidar aquellos niños es un deber y un servicio santo, como para el Señor. Si eres una mujer soltera en un ámbito laboral, sirviendo al Señor, ya sea si es un trabajo secular o en una posición en un ministerio, tú estás involucrada en un deber o un servicio santo.

Nuestra manera de vivir, en cualquier etapa o llamado en el cual Dios nos haya colocado, debe asemejarse a la función de un sacerdote en el templo. Lo que ellos hacen es sagrado; es santo, y ellos deben comportarse de una forma que sea apropiada para las personas que tienen un llamado santo.

Tenemos un gran ejemplo de esta mujer anciana, que es reverente en su conducta y que vive de una forma sacerdotal en su porte; esta mujer es Ana, de la cual has leído en Lucas capítulo 2. Nosotros hemos hablado de ella antes en Aviva Nuestros Corazones, pero permítanme refrescarles su memoria.

Lucas 2 dice,

Y había una profetiza, Ana… Ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio, y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. [Aquí vemos una viuda anciana]. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones. Y llegando ella en ese preciso momento [la hora en que el bebé Jesús fue llevado al templo para ser dedicado—[llegaba en ese momento y al ver a Cristo el Mesías], daba gracias a Dios, y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. (Versículos 36-38).

Así que aquí ven a una mujer que pudiera desperdiciar su vida en un sinnúmero de cosas. Sin embargo, ella está gastando su vida productivamente alabando a Dios—orando, ayunando, esperando, anticipando la redención de Jerusalén, esperando la llegada de Cristo a esta tierra. Es una imagen de una mujer con una conducta reverente.

Ahora bien, tú no tienes que vivir en la iglesia o pasar toda tu vida ayunando y orando para ser una mujer con una conducta reverente. Pero sí significa que lo que sea que hagas, dondequiera que estés, cualquiera que sea el llamado de tu vida, debes estar viviendo como una mujer que ha sido apartada, como una persona consagrada para el servicio de Dios.

Reverente en conducta. La palabra conducta tiene que ver con nuestro porte, cómo actuamos, cómo nos desenvolvemos. Quiero leerles dos pasajes del libro de 1 Timoteo. De hecho, vayan conmigo a 1 de Timoteo capítulo 2, dos pasajes que describen a las mujeres que son reverentes en su conducta. Nos dan algunos detalles estos no son todos los detalles, pero nos dan un buen ejemplo de lo que es tener una conducta reverente.

1 Timoteo capítulo 2, empezando en el versículo 9, Pablo dice:

Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa [de manera que una conducta reverente está relacionada con nuestra forma de vestir; no solamente cómo actuamos, sino también cómo lucimos. Ellas deben adornarse con ropa decorosa], con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos, [no es que estas cosas sean malas, pero estas no deben ser el centro de atención. Lo que debe motivar a una mujer no debe ser su apariencia física o su belleza] sino con las buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad.

Después en el versículo 11 describe las actitudes del corazón de una mujer reverente.

Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia. Yo no permito que la mujer enseñe ni ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. [Después él dice por qué—nosotros lo ya hemos enseñado sobre este texto en Aviva Nuestros Corazones y no voy a tomar tiempo para hacer una exégesis ahora; pero este es el orden de la creación.] Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y [también es un hecho que] Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión. Pero se salvará [creo que en este contexto cuando se refiere a la salvación está hablando sobre salvarse de la inutilidad, no se refiere a la salvación en cuanto a su justificación, sino que será salvada de una vida inutilidad] engendrando hijos, [haciendo lo que sea que Dios la haya llamado hacer, que para la mayoría de las mujeres envuelve la crianza de hijos]—-si permanece en fe, amor, santidad, con modestia. (Versículos 9-15).

Aquí tienen un retrato de una mujer que es reverente en su conducta. En las funciones que ella tiene en su iglesia local—y en las que no tiene. Se denota en su vestir, en su comportamiento; en su espíritu enseñable; en su corazón humilde; en todas estas cosas al mismo tiempo.

Ahora vayan a una o dos páginas más adelante a 1 Timoteo 5, aquí tienes otra bella descripción de una mujer anciana, esta vez viuda, y es la descripción de una mujer que es reverente en su conducta. En el contexto aquí está hablando de una mujer que califica para ser provista financieramente por la iglesia local.

Ella tiene que ser viuda. “Que la viuda sea puesta en la lista solo si no es menor de sesenta años”. Ella no tiene otra fuente de provisión, en este contexto. “Habiendo sido la esposa de un solo marido”. Ahora esto no significa que ella no pudo haber estado casada en otra ocasión. Ella pudo haber tenido otro esposo que haya fallecido; ella pudo volverse a casar, pero esto significa que ella es mujer de un solo hombre. Ella es fiel a su esposo. Ella no está casada ahora porque enviudó, pero ella le fue fiel a su esposo. Versículo 10,

Que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraños, si ha lavado los pies de los santos, si ha ayudado a los afligidos y si se ha consagrado a toda buena obra.

Con esta descripción nos damos cuenta que esta mujer no desperdició sus años 30, 40, y 50 viviendo una vida frívola e insensata, gastando su vida en sus propios placeres y gustos. Esto no significa que ella nunca hizo nada placentero o que no haya disfrutado o que nunca tomó un descanso, pero, ¿cuál fue el enfoque de su vida? Ella ha vivido una vida de propósito y ha estado intencionalmente sirviendo, dando y bendiciendo a otros. Ella ha sido una esposa fiel, una madre fiel, ha mostrado hospitalidad fielmente, ha amado a los demás, ha suplido sus necesidades. Esta es una persona que tiene una conducta reverente.

La palabra reverencia, de acuerdo a www.rae.es es definida como una actitud de respeto o veneración que tiene alguien hacia otra persona; incluye una “inclinación del cuerpo en señal de respeto o veneración”. Respeto y veneración. Tiene que ver, según el diccionario, con la manifestación externa de esta actitud. Así que es una realidad interior que se expresa en veneración hacia Dios y Su Evangelio. Luego esta realidad interna se expresa en la forma como vives, la forma como vistes, la forma como hablas; todos los aspectos de tu vida son gobernados por esa reverencia a Dios.

Clemente de Alejandría fue un maestro de la iglesia en los finales del siglo segundo y a principios del siglo tercero. Él dijo, “El cristiano debe vivir como si toda la vida fuera una asamblea sagrada”. Ahora bien, no estamos diciendo que debes ser así solo en la vejez. Si quieres ser así en tu vejez, debes empezar a convertirte en esto mientras eres joven; viviendo como si toda la vida fuera una asamblea sagrada.

Creo que el concepto aquí es que entre una mujer anciana piadosa y una mujer joven piadosa no existe división entre lo sagrado y lo secular. Ella no vive su vida en compartimientos. El cristianismo no es un compartimiento de su vida, y después su familia otro compartimiento, y su trabajo otro compartimiento y su vida de golfista en otro compartimiento—sino que su cristianismo es el todo de su vida. Debemos siempre recordar que estamos involucradas en cosas sagradas.

Esto me dice a mí que en lo que respecta a todo ámbito de su vida —a propósito de lo que hablábamos anteriormente sobre el deterioro y la aspereza de las mujeres en nuestra cultura— las mujeres piadosas tienen conductas reverentes y no serán á speras en su forma de hablar, de bromear o de andar. Ellas no serán insensatas. Ellas no serán vulgares. Ellas no usarán humor insinuante o vulgar. Estarás pensando, “¿Realmente necesitas decir esto a un grupo de mujeres cristianas que están aquí para estudiar la Biblia? ¿Y a dónde hemos llegado?”

Estaba hablando con una mujer no hace mucho tiempo; se trata de una mujer anciana que vive este versículo. Ella es un gran ejemplo de la mujer de Tito 2. Ella se estaba lamentando de lo ásperas que lo vulgares que las mujeres cristianas se han convertido. Ella dijo,

“Estuve en una conferencia para mujeres cristianas, y había un comediante que hizo algo allí. Y parte del humor era tan insinúate y grosero; para nada edificante. Estaba tan afligida, y pensé, ‘De seguro que a la gente aquí no le gustará esto.’ Pero ellas se estaban riendo estrepitosa y alegremente.

De camino a casa —ella había asistido con un grupo de mujeres y pensaba que eran mujeres maduras y piadosas; pensaba que de seguro estas mujeres se sentirían preocupadas por lo que habían escuchado— cuando se mencionó algo al respecto, ellas pensaban que había sido maravilloso, ‘¡No era él maravilloso! ¡No era él gracioso! ¡No era él genial!’ Mi corazón estaba muy abrumado y cargado.

Debemos estar conscientes de que siempre le estamos sirviendo a Cristo, conscientes, como dijo Pablo, de que los ángeles están mirando. Somos un espectáculo para los ángeles. Cuando tú estás con un grupo de amigas, pasando una noche divertida —diviértete— pero vive de una forma que refleje una conducta reverente.

Ahora bien, algunas veces tenemos conceptos equivocados de lo que es realmente reverente. Muchas personas piensan que este tipo de mujer no tiene gozo, que es antipática o simplemente que siempre está muy seria, pero yo diría todo lo contrario. Las mujeres piadosas deben ser encantadoras. Debemos vivir en Su presencia, es como se supone que debemos vivir—eso es lo que significa ser reverente en conducta: vivir en la presencia de Dios—y en Su presencia hay plenitud de gozo.

Leía algo de un escritor antiguo que dijo,

“El hábito de mi mamá era todos los días —inmediatamente después del desayuno— retirarse por una hora a su habitación para pasar esa hora leyendo la Biblia, meditando y orando. De este tiempo, tal como de una fuente pura, ella extraía la fortaleza y la ternura que le ayudaban a cumplir con todos sus deberes; manteniéndose imperturbable con las preocupaciones y nimiedades que frecuentemente son el problema de los vecindarios abarrotados de gente.

Al pensar en su vida, [decía el hijo] y todo lo que tuvo que soportar, veo el triunfo absoluto de la gracia cristiana, el ideal hermoso de una mujer cristiana. Yo nunca la vi alterar su temperamento; nunca la escuché decir una palabra airada… o de chisme vano; nunca vi en ella una señal de ningún sentimiento que no estuviese de acuerdo con el de un alma que ha bebido del río del agua de la vida y que se ha alimentado del mana en el árido desierto.” 1

¡Qué testimonio! Él dijo, “Yo vi a mi mamá cuando era niño ir a su habitación y ser llenada del agua de vida, del pan del cielo, del maná de Dios, de la Palabra de Dios, y cuando ella salía de ahí, ella era una mujer diferente”. Lo que él describe de su mamá refleja una mujer con una conducta reverente.

Cuando todo sea dicho y hecho, ¿qué tipo de testimonio tendrán tus hijos de ti? Tus amigos, ¿cómo resumirían la influencia, la fragancia, el perfume de tu vida? Dirían, “Ella era una mujer que bebía abundantemente de Cristo, vivía con reverencia hacia Él, vivía en asombro de Él, y su vida reflejaba el asombro de una vida vivida en Su Presencia?”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss regresará en un momento para dirigirnos en oración.

Sus preguntas finales son importantes. Necesitamos ser cuidadosas de no pasarlas por alto. ¿Qué dirán tu familia y tus amigos de ti algún día? ¿Estás adquiriendo reverencia por Dios en este momento? Para crecer en reverencia, necesitamos el consejo y la perspectiva de mujeres ancianas; del tipo de perspectiva que hemos estado escuchando en esta serie.

La idea de mujeres enseñando a otras mujeres llena las páginas del libro Atrévete a ser una mujer conforme al corazón de Dios ”, Nancy Leigh DeMoss editó este libro. Incluye capítulos de mujeres que conocen la Palabra de Dios, la han experimentado y la viven. Sería un increíble honor sentarse a hablar con autoras tales como Susan Hunt, Mary Kassian, Bunny Wilson, y Dorothy Patterson. Bueno, te puedes sentar con ellas a través de las páginas de este libro. Incluye una guía de estudio que te ayudará a entender el material y aplicarlo a tu vida. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita.

Aquí está Nancy para orar y para recordarnos algo sobre la Escritura que vimos hoy.

Nancy: “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta”.

Oh, Padre, esto es realmente un estándar alto, y aun mientras he estado enseñando, he tropezado un poco, buscando las palabras exactas, mientras Tú me vas mostrando este texto. Apenas estoy encontrando y descubriendo parte de lo que estos versículos quieren decir, pero sé que es algo que quiero para mí. Oro para que Tú nos des a cada una de nosotras la habilidad de vivir vidas reverentes, vidas que vivan de cara a Ti, en Tu presencia, y que al mismo tiempo reflejen la plenitud, el gozo que es encontrado en Tu presencia. Que nuestras vidas hagan la diferencia a medida que veneramos a Cristo como Señor, oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

1 Nancy Leigh DeMoss. A Place of Quiet Rest, p. 256.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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