2/2 – Preparados para la batalla 

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La batalla después de la batalla

2/2 – Preparados para la batalla

Carmen Espaillat : Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

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Nancy Leigh DeMoss: Vas e impartes un estudio bíblico, Dios obra de una manera maravillosa y las vidas de las personas están siendo impactadas y animadas. Pero luego llegas a casa y le gritas a tus hijos. Pero ¿Cómo puede esto suceder? Pasa porque no estamos preparadas para la batalla después de la batalla. No te sorprendas.

Carmen : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con la autora de “Mentiras que las mujeres creen, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. ¿Alguna vez has estado sorprendida por tu propia inconsistencia? Un día estás caminando en comunión estrecha con Dios y el próximo estás impaciente, preocupada. ¿Por qué somos así? Nancy nos va a hablar acerca de esto como parte de la serie, La batalla después de la batalla.

Nancy: Hemos estado hablando esta semana acerca de las batallas espirituales que enfrentamos. Estamos viendo un texto, Génesis capítulo 14, donde Abraham enfrentó una gran batalla contra algunos reyes poderosos, pero Dios le dio una gran victoria, igual como Dios nos permite a nosotras tener victoria en algunas de las batallas que enfrentamos.

Y en el programa anterior vimos una segunda parte de este pasaje donde él llega a casa luego de la batalla, habiendo conquistado y habiendo tenido exitoso en derrotar estos poderosos reyes del Oriente para poder rescatar a su sobrino Lot, quien era un prisionero de guerra. Ahora Abraham regresa a casa, victorioso, probablemente regocijado y definitivamente exhausto. Este había sido un tiempo agotador en su vida. Él ahora enfrentará lo que yo llamo la batalla después de la batalla.

He sugerido frecuentemente porque lo he visto en mi propia vida que la batalla más estratégica, la batalla más crucial y a la que nosotras somos más vulnerables, que tenemos más probabilidades de perder no es la gran batalla visible donde todo el mundo está orando por nosotras o animándonos, y donde la adrenalina fluye en nosotras. Estamos en dependencia de Dios y ganamos esa batalla por Su gracia. Pero cuando llegamos a casa, volvemos a las realidades del diario vivir, y nos damos cuenta de que no estamos preparadas para vivir la batalla después de la batalla.

Cuando Abraham, o Abram como es llamado en el pasaje, regresó a su casa, el versículo 17 nos dice que «salió a su encuentro el rey de Sodoma en el valle de Save, es decir, el valle del Rey». Hay dos reyes en este pasaje. El rey de Sodoma es el primero que conocemos.

Como hemos estudiado en este pasaje, sabemos que Sodoma y Gomorra eran lugares llenos de pecado, así que pienso en el rey de Sodoma como la representación de los enemigos que enfrentamos en este mundo, en el sistema del mundo, nuestra carne, los deseos naturales de nuestra carne y Satanás mismo. Estos son todos enemigos con los que lidiamos día tras día.

Todo lo que el versículo 17 nos dice es que el rey de Sodoma salió a su encuentro. Antes de que nos den alguna explicación de lo que sucedió en ese encuentro con el rey de Sodoma, hay otra descripción de otro rey que sale a encontrarse con Abraham. El segundo rey es Melquisedec, rey de Salem. El rey de Sodoma sale a encontrarse con Abraham, pero antes de hablar con ese rey, Abraham tiene un encuentro con el rey de Salem. Él necesitará urgentemente este encuentro con el rey de Salem para estar preparado para hacer negocios y ganar la batalla después de la batalla con el rey de Sodoma.

Melquisedec es un nombre con el que probablemente estás familiarizada si has estudiado el Antiguo Testamento y el libro de Hebreos. Melquisedec sale a encontrarse con Abraham justo en el momento necesario. Déjame decirte que Dios sabe exactamente cuándo enviar los recursos que necesitamos para que salgamos victoriosas en la batalla después de la batalla.

El nombre Melquisedec significa «rey de justicia». Su nombre significaba «rey de justicia» y él era el rey de Salem que significa «el rey de paz». El rey de justicia y de paz.

Muchos comentaristas están de acuerdo en que esto probablemente fue lo que los teólogos llaman una “teofonía” que es una aparición en el Antiguo Testamento de Jesucristo pre-encarnado antes de Su venida al mundo como hombre. Cristo, quien es nuestro gran Sumo Sacerdote y nuestro gran Rey, el sacerdote-rey. También tenemos referencias de paz y justicia a través de toda la Biblia.

El Salmo 85 el versículo 10 nos dice que “la justicia y la paz se han besado”. ¿A quién se refiere? se refiere a Cristo tenemos justicia y paz. El Salmos 72 el versículo 3 nos dice que la paz viene con la justicia.

Antes de este momento, de este punto en la historia, es posible que Abraham no hubiera conocido a otros creyentes. Él estaba muy solo como creyente, así como tú lo pudieras estar en tu trabajo, en tu familia o en el mundo donde vives. Puedes pensar que andas sola en tu caminar con Dios o sentir que lo estás. Es algo hermoso ver como Dios usa este encuentro con el rey de Salem para fortalecer su fe y ministrarle gracia a Abraham en un momento de necesidad y darle el aliento que va a necesitar para enfrentar al rey de Sodoma.

Noten que Abraham no trata con el rey de Sodoma hasta no haber hablado antes con el rey de Salem, que es una figura de Cristo. Él es quien nos dará la gracia que necesitamos para lidiar con nuestros enemigos en el mundo, con nuestra propia carne y con el diablo. Es este encuentro con el rey de Salem que prepara a Abraham para tratar con el rey de Sodoma y ganar la batalla después de la batalla.

Vemos en el versículo 18 que dice: “Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; él era sacerdote del Dios Altísimo. Y lo bendijo”. Melquisedec bendijo a Abraham y dijo “Bendito sea Abraham del Dios Altísimo creador del cielo y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo que entregó a tus enemigos en tu mano. Y le dio Abraham el diezmo de todo” (versículos 18- 20).

Y ahora vamos a profundizar en estos versículos y determinar qué fue lo que el rey de Salem le proveyó a Abraham para ayudarlo a ganar la batalla después de la batalla. La Escritura dice que él sacó pan y vino. Lo obvio es que él suplió refrigerio físico y alimento físico. Abraham estaba muy agotado. Dios se encargó de suplir sus necesidades físicas.

Pero creo que hay una figura más profunda aquí que el pan y el vino. Es una imagen de comunión, de hermandad, de relación. Probablemente fue el único creyente que conoció, con excepción de su esposa, y estaba solo en un mundo impío. Pero Dios puso a alguien en su camino para decirle “No eres el único creyente. Puedes tener comunión. Hay un cuerpo aquí y vamos a participar juntos”.

Cuando leo este pasaje, pienso en Apocalipsis capítulo 3 en el versículo 20 donde se nos dice que Cristo vendrá y cenará con nosotros y nosotros con Él. Él quiere tener comunión y una relación estrecha con nosotras. La relación que Cristo nos ofrece con Él mismo es la que nos animará cuando salgamos y nos enfrentemos con los enemigos de este mundo.

Entonces veo en este cuadro un anticipo de la Cena del Señor, donde se ofreció por primera vez una comunión apuntando hacia el futuro como un tipo del día cuando Cristo diría, “Este es mi cuerpo que es molido por ti. Esta es mi sangre la cual fue derramada por ti. Quiero que coman de él. Te fortalecerá. Te nutrirá. Te redimirá, y será tu vida” (ver Mateo 26:26-29).

Luego vemos que Melquisedec bendice a Abraham. Él le recuerda a Abraham el Nombre de Dios y el carácter de Dios. Cuatro veces en el pasaje vemos referencia a El Eyon. Ese es el nombre hebreo de Dios que significa “Dios Altísimo”. Melquisedec está diciendo “Dios es el rey soberano sobre todos los reyes terrenales, los poderosos y todas las circunstancias”. El Eyon, el Dios Altísimo, es el dueño del Cielo y de la Tierra.

¿Cuál era la implicación de esto para Abraham en aquel momento? La implicación era “Abraham, tú perteneces a Dios porque Él posee todas las cosas en el Cielo y en la Tierra, todo este botín, todos estos despojos de la batalla le pertenecen a Él. Dios es el dueño del Cielo y de la Tierra. No son para ti. Son de Dios”. Le pertenecen a Dios.

Dios es el Dios Altísimo. Esto debió animar a Abraham, al recordar que si temía a las represalias de los reyes del Oriente, Dios era el Rey sobre todos los reyes y sobre todos los poderes de este mundo.

Entonces Melquisedec guió a Abraham a adorar a Dios. “Bendito sea el Dios Altísimo”. No puedes exaltar a Dios y exaltarte a ti misma al mismo tiempo. De hecho, Melquisedec le recordó a Abraham de quien había sido la victoria, no fuera a ser que Abraham pensara en tomarse el crédito para sí mismo. Melquisedec le dijo: “Bendito sea el Dios Altísimo que entregó a tus enemigos en tu mano”. Solo un recordatorio.

Pero todos necesitamos esos recordatorios. “Abraham, tú no ganaste esta batalla. Esta batalla no fue ganada en tus propias fuerzas. Esta batalla fue ganada en las fuerzas del Señor. Tú se lo debes todo a Él. Todo el crédito, toda la gloria es de Él. Ni se te ocurra tomarte el crédito. Acuérdate quién obtuvo la victoria”.

Después de esto, Abraham le da a Melquisedec una décima parte de todo, un diezmo sugiriendo primero agradecimiento a Dios por haber ganado esta victoria para Él. Y luego un reconocimiento de que los cielos y la tierra son de Dios, de que Él es el dueño de todo y que nada de esto me pertenece a mí; cualquier bendición que haya recibido proviene de Dios.

Así qué en este encuentro con el rey de Salem, Melquisedec, el rey de justicia, el rey de paz, un tipo, una imagen, tal vez hasta una aparición de Cristo mismo, Abraham es fortalecido. Abraham es animado. Y se le recuerda de dónde vino y quién es él. También se le recuerda quién es Dios. Y él es bendecido y va a necesitar todo lo que ha recibido en este encuentro para poder enfrentar al rey de Sodoma, quien no se ha ido.

El rey de Sodoma no se irá de tu vida. Mientras vivas en este planeta, vas a tener que enfrentar el mundo, la carne, y al diablo —nuestros tres enemigos—hasta que lleguemos al Cielo. No trates de batallar con el rey de Sodoma. No trates de negociar con el rey de Sodoma. No trates de enfrentar la batalla después de la batalla hasta no haber tenido un encuentro con el Señor Jesús.

Ahora, yo sé que después de los tiempos de mayores victorias espirituales para mi vienen los tiempos de mayor vulnerabilidad, los tiempos de mayores tentaciones, los tiempos donde estoy más propensa a ceder ante los deseos de mi carne.

Y es por esto que después de esas grandes victorias visibles necesito asegurarme de que tengo tiempo a solas con el Señor, necesito asegurarme de estar en Su presencia, de tener comunión con Él y dejar que Cristo ministre fortaleza, gracia y alimente mi corazón; tener comunión con Él y dejar que Él tenga comunión conmigo, participar de Él por la fe y que se me recuerde quién es Dios, que Él es el Dios Altísimo, quien posee los cielos y la tierra, que yo le pertenezco a Él y que todo lo que tengo y que todo lo que ha sido ganado en esta victoria espiritual, nada me pertenece, todo es de Él.

Tener esa reunión con el Rey de Salem, esa reunión es generalmente una reunión en privada. No toma lugar con muchas personas. En una multitud es precisamente cuando necesito alejarme de la multitud, alejarme de las actividades, de las reuniones, negocios, responsabilidades y estar a solas con el Señor, de rodillas en Su presencia, para que me fortalezca para la reunión con el rey de Sodoma.

Génesis capítulo 14 versículo 21 dice: “Y el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas (los prisioneros de guerra) y toma para ti los bienes”.

Y aquí hay una pista. En la batalla después de la batalla, el rey de Sodoma, que es la imagen de los diversos enemigos que enfrentamos: el mundo, la carne, el diablo, siempre nos dirán que seamos tomadores, que tomemos cosas. “Te mereces un descanso hoy. Has trabajado tan duro. Todos deberían ser muy buenos contigo ahora. Tus hijos deben simplemente callar y obedecerte, y decir que eres maravillosa, y hacerte la vida más fácil porque has luchado tan duro en esta batalla. Toma para ti».

Nota lo que Abraham hizo en el versículo 20, justo el versículo anterior. Él le dio a Melquisedec una décima parte de todo. Así es la gracia. Esa es la manera de Dios, ser una dadora. Tú dices “Ya he dado tanto, no puedo dar más”. Yo he estado ahí. “Es tiempo para que alguien me dé a mí ahora. Estoy cansada, gastada, exhausta. No tengo nada más que dar”. El camino de la gracia nos dice que sigamos dando, que Dios va a seguir renovándonos para que puedas seguir dando.

En cambio el camino de la carne, el camino del mundo, el camino del diablo, el camino del rey de Sodoma dice: “Toma algo para ti. Toma un receso. Toma el crédito. Toma la oportunidad para complacer tu carne. Te lo mereces. Peleaste tan duro en esta batalla”. Esto es ahora la batalla después de la batalla, y la tentación es tomar parte de los bienes para ti.

Pero Abraham rehúsa aceptar la oferta. Él le dice en el versículo 22 al rey de Sodoma, “He jurado al SEÑOR, Dios Altísimo [El Elyon], creador del cielo y de la tierra que no tomaré ni un hilo ni una correa de zapato, ni ninguna cosa tuya, para que no digas: «Yo enriquecí a Abram” (versículos 22-23).

Abraham no acepta la oferta del rey de Sodoma. Él se niega a satisfacerse después de la batalla. Él ha sido fortalecido en su reunión con el rey de Salem. Él puede decir “No gracias. No necesito los bienes”. ¿Por qué? “Porque pertenezco a El Eyon, el dueño de los Cielos y la Tierra. Él es mío. Todo en Él es mío. Soy suyo. Él es mi dueño. Todo es de Él. No necesito todos estos bienes que me puedes ofrecer. No tengo que ceder a tus peticiones. No acepto tu oferta”.

Ahora, él pudo haberse justificado de muchas maneras — de las mismas maneras en que yo me justifico al complacer mi carne después de haber entregado todo en una gran batalla. Pero él está dispuesto a resistir al rey de Sodoma, y una de las razones es porque había hecho un pacto ya con Dios.

Él dice: “He jurado al SEÑOR, Dios Altísimo, creador del Cielo y de la Tierra que no tomaré ni un hilo ni una correa de zapato, ni ninguna cosa tuya”. Él había hecho un pacto. Es por esto que es tan importante que él haya tenido esa reunión con el rey de Salem antes de haber hablado con el rey de Sodoma.

Haz un pacto con Dios acerca de los límites que Dios está poniendo sobre ti, acéptalos y ríndete a ellos antes de reunirte con el rey de Sodoma . Te puedo decir que después de entregarle todo al ministerio, trabajar, estudiar, enseñar, aconsejar, escribir— cuando regreso de estas batallas—cuando termino un libro, o finalizo una conferencia, o grabo una sesión, hay tres cosas que quiero hacer. No son nada espirituales. Quiero dormir, quiero comer y quiero ver televisión.

Muchas veces dormir es lo que debo hacer. Otras veces comer es lo correcto. Pero yo quiero abusar de ello. Yo quiero satisfacer los deseos de la carne más allá de lo que realmente necesito. Si lo hago, me doy cuenta que pierdo la batalla después de la batalla.

Uno de esos pactos que he hecho y que ha sido de mucha ayuda para mí en el ministerio al cual Dios me ha llamado es que no veo televisión cuando estoy sola. Para ti, tal vez eso no es de mucha importancia, especialmente si no vives sola. Pero para mí, eso ha venido a ser algo importante. No es una cosa legalista. Ha sido una gran bendición y una protección.

¿Sabes cuántas noches he pasado sola en habitaciones de hoteles luego de momentos llenos de emoción, momentos fructíferos, de un ministerio bendecido y mi carne lo que quiere es comer en exceso y satisfacer mis deseos? Pero lo que necesito en ese tiempo no es lo que la televisión, el rey de Sodoma, me va a ofrecer. Lo que necesito es lo que el rey de Salem ofrece. Necesito ser restaurada. Necesito reponerme. No consigo reponerme con la televisión. Necesito reponerme llenándome de la Palabra de Dios, del Espíritu de Dios y de la gracia de Dios.

Por lo tanto, habiendo hecho un pacto con el Señor, y al decirlo tanto públicamente me siento muy responsable, por lo que ni siquiera enciendo la televisión. Eso no es una opción para mí. Ya sabes… vienen los Juegos Olímpicos, las elecciones, las guerras y todo tipo de cosas. Y la gente te dice míralos. Yo les digo, con muy pocas excepciones a lo largo de los años, y cuando lo hago, me siento que tengo que rendir cuentas, «No, gracias.» No puedo hacerlo, no cuando estoy sola. Mi carne no puede ganar la batalla.

Tal vez esto no sea de gran importancia para ti pero si lo es para mí. Por eso he tenido que hacer este pacto. Hacer el pacto me prepara para la batalla después de la batalla. Eso no quiere decir que no he perdido muchas otras batallas después de la batalla. Estaba un poco indecisa sobre si grabar este material esta semana, porque expuse este mensaje hace varias semanas en una conferencia en una versión más corta un sábado en la mañana. Había estado ministrando la semana entera y llegue a casa, así como Abraham después de una gran batalla. Estaba extremadamente cansada.

Al día siguiente me encontré de varias formas haciendo exactamente lo que había dicho a todo el mundo que no hiciera en el mensaje de la batalla después de la batalla. Dejé que mi carne controlara mis reacciones y mis respuestas. Me dejé seducir por mi carne. No en maneras que eran necesariamente pecaminosas, sino en maneras que se volvieron pecaminosas para mí porque dejé que mi carne guiara mi vida. Estaba complaciendo mis deseos y no tomé el tiempo que necesitaba para reunirme con el Rey de Salem, antes de que el rey de Sodoma viniera por mí. Necesitaba la renovación que solo el Rey de Salem me podía dar en ese momento.

Pero porque no tomé ventaja de la necesidad y la oportunidad de reunirme con el Rey de Salem, me encontré en un lugar donde tuve que volver al Rey de Salem y decirle “Por favor restáurame. Refréscame. He sucumbido ante el rey de Sodoma. He dejado que mi carne gobierne mi vida en estos últimos días”.

La tentación es bajar la guardia, pensar que merecemos tomar algo para nosotras después que hemos dado todo. Así que mientras vemos este pasaje, déjame hacer algunas observaciones.

No te sorprendas cuando el rey de Sodoma venga a reunirse contigo después de una victoria. Espéralo. Recuerda que puedes tener la victoria en una batalla cuando todos te ven pero ser derrotada en una batalla privada que viene luego de la batalla pública.

La batalla después de la batalla puede ser tu mayor prueba de tu fe y es aquí cuando muchos creyentes pierden. Sin embargo, tarde o temprano, si pierdes estas batallas privadas y cedes satisfaciendo tu carne en privado, te vas a dar cuenta que no tienes la fuerza y ni la gracia de Dios para ganar entonces esas batallas grandes públicas.

Por eso, no respondas al rey de Sodoma—la carne, el mundo, el Diablo— hasta no haber tenido un encuentro primero con el Rey de Salem.No trates de ganar en tus propias fuerzas. En ese momento recuerda que el Rey de Salem te dará todo lo que necesitas para enfrentar al rey de Sodoma.

Jesús mismo te ministrará luego de la batalla. Él te ministrará por Su Nombre, el Rey de justicia, el Rey de paz. Te ministrará proveyendo refrigerio, alimento, comunión y una íntima relación. Te bendecirá y te recordará quién es Dios— El Eyon, el dueño del cielo y de la tierra.

• Te recordará que no tienes que ceder ante tu carne porque tienes todo. No tienes que tomar lo que el mundo te ofrece, que es realmente un sustituto barato de lo que ya es nuestro en Cristo.

• Te recordará quién ganó la victoria. Al hacer esto, Él te protegerá del temor.

• Te protegerá del orgullo.

• Entonces podrás, con el poder y las fuerzas de ese encuentro con el Rey de Salem, enfrentar al rey de Sodoma y ganar no solo la gran batalla, sino también la batalla después de la batalla.

Carmen : Esta es Nancy Leigh DeMoss con la serie La batalla después de la batalla.

¿Aprecias series como La batalla después de la batalla?

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Esperamos que tengas un bendecido fin de semana y que te goces junto a los santos el Día del Señor. Te esperamos de vuelta el lunes. Nancy comenzará la serie “Qué hacer cuando la vida duele”. Si conoces a alguien que está pasando por momentos difíciles, invítala a conectarse a este programa a partir del lunes.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries… y mi mamá es una mujer verdadera.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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1/2 – Tú nunca estás sola

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Serie: La batalla después de la batalla

1/2 – Tú nunca estás sola

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Carmen Espaillat : Aquí está Nancy Leigh DeMoss

Nancy Leigh DeMoss: Pienso que muchas veces, cuando presentamos el Evangelio a las personas, los prejuiciamos, al sugerir que en la vida cristiana, cuando vienes a Cristo, vas a experimentar alegría, paz, felicidad y que todo será maravillo. Aunque no lo decimos necesariamente de esa forma, la implicación es que tu vida es dura ahora, pero cuando vengas a Jesús tu vida será fácil.

Carmen : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con la autora del libro “Mentiras que las mujeres creen”, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy inicia una serie titulada La batalla después de la batalla; y ella retomará esta idea: A veces se les comunica a las personas, que cuando conocen a Cristo, instantáneamente, serán liberados de todos sus problemas.

Nancy Leigh DeMoss: Las personas entonces, algunas veces vienen a Cristo con algunas impresiones falsas o equivocadas y antes de que haya pasado mucho tiempo en su vida cristianos, ellos mismos se encuentran en medio de una batalla. Creo que si no están preparados para la batalla, esto puede ser bastante desilusionante. La batalla tiene lugar en muchos frentes, pero hay una gran cantidad de ilustraciones de guerras en la Escritura.

He hablado acerca de ser soldados. Ahora bien, confieso que, como mujer, que pienso que, “La batalla es el tipo de cosas que los hombres deben hacer”. Mi instinto es querer estar detrás de la escena y en el hogar. Pero si eres una hija de Dios, la Escritura dice, que estás en una batalla, y habrá ocasiones en que te encontrarás en la línea frontal de esa batalla.

Necesitamos entender algo de lo que implica esa batalla, quién está involucrado, cuáles son las partes y cómo funciona. No vamos a entrar en detalle sobre eso en esta sesión, pero quiero que veamos un pasaje del Antiguo Testamento que nos da una idea de algunos de los enemigos que enfrentamos y algunas de las maneras y los medios que Dios nos ha dado para combatir, para derrotar y superar esos enemigos.

Te pido que vayas por favor en tu biblia a Génesis capítulo 14. Y a medida que vamos avanzando en el texto, notaremos que Abraham, ha sido elegido por Dios. Él ha sido sacado de su trasfondo idólatra y pagano y ha sido escogido por Dios para ser el padre de un nuevo pueblo, una nación apartada por Dios, la raza judía—de donde vendría el Mesías.

En esta porción, que es un pasaje oscuro en la vida de Abraham, él enfrenta dos batallas. Ahora bien, una de ellas se describe dando a conocer ciertos detalles, esa es la batalla evidente. Esa es la batalla mayor. Capacitado por el poder de Dios, Abraham obtiene una victoria decisiva e impresionante en esta batalla.

Pero a esa batalla primera y muy evidente fue seguida, como veremos mañana, por otra batalla que he llamado “la batalla después de la batalla”. Esa segunda batalla fue más privada que pública. Fue más sutil. Pero creo que el resultado de la segunda batalla, fue aún mucho más estratégico y crítico que la victoria de la primera.

Así que empecemos con el versículo 1 de Génesis capítulo 14. Ahora, no leeré todos estos versículos, pero los versículos del 1-12 nos dan los antecedentes sobre la batalla principal, la batalla que se peleó comenzando el versículo 13. Entonces, echemos un vistazo a los primeros 12 versículos. En el versículo 1, tenemos a 4 reyes del Oriente, reyes de ciudades-estados o de ciudades-naciones, quienes se reunieron en una confederación. Entonces, esta es una confederación de cuatro reyes.

Uno de ellos, como notarán, se llamaba Quedorlaomer. Es un nombre largo, y es bastante difícil de pronunciar. Así que lo vamos a llamar el rey Quedor, a medida que voy leyendo el pasaje. Así que, hablaremos solamente acerca del rey Quedor y sus tropas. Él es el rey más prominente en esta confederación, tal y como se evidencia en el versículo 1. Son cuatro reyes encabezados por el rey Quedor.

Luego en el versículo 2, ellos hacen guerra contra cinco reyes, cuyos nombres no podemos ni siquiera pronunciar. En estos cinco reyes están incluidos los reyes de dos ciudades que reconocerás, los reyes de Sodoma y Gomorra. Así que, hay una batalla entre los cuatro reyes y los cinco reyes. El rey Quedor, sobre los cuatro reyes y, por el otro lado, los reyes de Sodoma y Gomorra junto a otros tres reyes. Estas dos confederaciones se enfrentan cara a cara. El rey Quedor y sus aliados ganan la batalla y conquistan a los cinco reyes por un período de doce años.

Pero en el año decimotercero, leemos esto en el versículo 4, los reyes de Sodoma y Gomorra y sus aliados se rebelan y deciden, “Hemos soportado esto por mucho tiempo. No continuaremos siendo vasallos del rey Quedor”. Así que ellos se rebelaron.

Pues bien, el rey Quedor no se va a resignar con esto. Él y sus aliados se preparan e inician una serie masiva de batallas. Arrasan por todo el Oriente. Realmente, lo que ves en los versículos 5, 6 y hasta el 9 es que ellos conquistan todo a su paso. Ellos fueron reyes victoriosos. Quiero decir, esta es una poderosa alianza militar que conquista todo a su paso. Finalmente, se dirigen a estas naciones confederadas que incluían a Sodoma y Gomorra y vencen a aquellas naciones también. Ellos salen victoriosos.

Ahora bien ¿por qué detallo todo esto? ¿Por qué la Escritura hace referencia a todos estos detalles? Porque cuando Abraham se involucra, veremos que la tarea que él enfrenta al tomar al rey Quedor y sus ejércitos, es una tarea formidable. Es una tarea casi imposible. El rey Quedor y sus aliados habían conquistado toda la región. Es decir, nadie había sido capaz de oponer resistencia contra ellos.

El rey Quedor y su grupo se apoderan del rey de Sodoma y del rey de Gomorra. Toman estas ciudades-estados como rehenes. Toman a sus hombres como prisioneros de guerra. Luego ellos se marchan a celebrar y hacen fiesta. Bajo su poder están todos estos prisioneros de guerra. Esto es lo que ocurre en los versículos del 1-12.

En el versículo 11 dice, “Entonces, tomaron [estos son los cuatro reyes, el rey Quedor y su grupo] todos los bienes de Sodoma y Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron”.

Ahora el versículo 12 dice: “Y tomaron también a Lot”. ¿Se te hace familiar ese nombre? ¿Qué hace Lot en Sodoma? Bueno, como sabemos por el versículo 12 Lot, quien era sobrino de Abram (hijo de un hermano de Abram), había hecho una elección, una elección pobre, una elección necia, basada en valores terrenales, valores temporales, al ir a una tierra que aparentemente lucía atractiva y placentera. Él fue y estacionó su tienda, si se pudiera decir eso, estacionó su tienda cerca de Sodoma y Gomorra. Podemos darnos cuenta en este capítulo, qué él estaba muy bien establecido en Sodoma, ya que cuando fue conquistada, él también fue tomado como prisionero de guerra.

Entonces en el versículo 12: “Y tomaron también a Lot, sobrino de Abraham, pues él habitaba en Sodoma”, para este tiempo él ya estaba viviendo en Sodoma, “Con todas sus posesiones, y partieron”.

El versículo 13, nos dice que alguien escapa y le informa a Abraham. “Y uno de los que escaparon vino y se lo hizo saber a Abraham el hebreo”. Esa es la primera vez en La Escritura donde se utiliza la palabra hebreo. Ellos le informaron que Lot, su sobrino, había sido capturado.

Nos ayuda a entender en este contexto, que para este tiempo Abraham estaba en sus ochenta. Pero vemos en Abraham, a alguien que es un hombre de Dios. Él ha sido elegido por Dios. Él ha sido elegido por Dios para un propósito. Él está muy consciente de su relación con Dios y del hecho de que él está en esta tierra por una razón. Él no puede solo sentarse y dejar a su sobrino en esta situación. Él debe hacer algo al respecto. Tú no puedes dejar que el enemigo tome el control de la situación.

Y Abraham sabe debido a su relación con Dios, que a pesar de que es prácticamente el único creyente en el planeta en ese momento, que Dios puede hacer cualquier cosa. Él sabe que está en desventaja, numéricamente hablando en el aspecto humanos, pero porque es un hijo de Dios, es un creyente en Dios, él tiene la omnipotencia a su disposición. Él actúa creo yo, basado en esa fe. Abraham es un hombre de fe.

Cada vez que él se enfrenta a lo imposible y a lo desconocido, no es porque él está desquiciado. No es porque él está fanfarroneando mientras piensa “Yo puedo manejar esto”. Él sabe y él conoce cuáles son sus debilidades. Él sabe cuáles son sus limitaciones. Él está en sus ochenta. Pero Él también conoce a su Dios. Y Él sabe que Dios puede hacer cualquier cosa.

Él no tiene ninguna garantía de que tendrá éxito. Él no conoce el final de la historia como nosotras la conocemos, pero aun así, actúa. Él tiene que intentar este rescate. Es lo que debe hacer porque es lo correcto. Él no puede sentarse y dejar que el mal controle esta situación. Ahora bien, Sodoma y Gomorra eran lugares perversos. Pero allí se encuentra un pariente suyo que ha sido atrapado en la línea de fuego, y él sabe que ese no era el lugar más espiritual para estar. Pero aun así, él ama a este joven y a su familia. Y Él decide actuar de una manera redentora. Así que Él da un paso al frente, y decide hacer lo que tenga que hacer para llevar a cabo este rescate.

Déjame decirte que mientras enfrentamos batallas espirituales, si miramos al enemigo, si ponemos nuestra mirada en las fuerzas y los ejércitos que nos rodean en este mundo, nunca vamos a actuar. Diremos que es imposible. Porque verdaderamente es imposible.

Pero si recordamos de Quien somos, Quien nos ha elegido, a Quien le pertenecemos, Quien nos ha dado Su Nombre y nos ha apartado para Él; si recordamos que pertenecemos a Dios, entonces podremos levantarnos y dar un paso de fe sin garantías de obtener éxito a corto plazo, pero sabiendo que al final de la carrera, mientras actuamos con fe, lo que estamos haciendo esuniéndonos a los brazos con la omnipotenciaDios ganará la batalla.

Llegamos al versículo 14. Nos dice, “Al oír Abram que su hermano había sido hecho cautivo”. Aquí aparece una frase interesante, porque Lot no era hermano de Abraham. Lot era su sobrino. Pero esta pequeña frase muestra algo del corazón de Abraham. Lot, fue quien mostró muy poco respeto hacia su tío, quien tomó decisiones temporales, decisiones materialistas, quien tenía distorsionado los valores, tenía una mente mundana y terrenal.

Pero Abraham el hombre de Dios y el hombre de fe, ve a su sobrino como su hermano. Él tiene un corazón para este hombre y está dispuesto a dar unos pasos extraordinarios en una batalla que puede perder, por lo que él sabe, con tal de rescatar a su hermano. Aquí hay una compasión y una preocupación, a pesar de que este hombre era un hombre que se había aprovechado de él.

«Al oír Abram que su hermano había sido hecho cautivo, movilizó a sus hombres adiestrados nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y salió en su persecución hasta Dan” (versículo 14). Esta es una historia extraordinaria si tú puedes ver el panorama.

De nuevo, ten en mente que Abraham tiene 80 años o más. No es un jovencito. Tiene a Dios de su lado y eso es lo único que le da esperanza, eso es lo que le da esperanza.

Él inicia la persecución desde Hebrón, que es el lugar donde vive, hasta la zona de Dan, la cual está a 140 millas de distancia. Él toma estas tropas, a estos sirvientes nacidos en su casa y hombres que han venido a acompañarlo armados para la batalla. Eso suena como una multitud, pero esto es nada en comparación con la confederación de reyes del Este. Así qué, aquí esta este viejito de 80 años de edad con sus 318 criados, quienes van a enfrentar esta alianza militar masiva para poder rescatar a su hermano—a su sobrino—Lot.

Dice en el versículo 15 “Él y sus servidores los atacaron de noche, y después de derrotarlos, los persiguieron hasta Joba, al norte de Damasco”. Estos son otras 100 millas más allá de Dan.

Aquí es donde un mapa… por cierto, cuando estás haciendo un estudio bíblico, si tienes un mapa en la parte de atrás de tu Biblia, es bueno que lo uses. Esto hace que la Escritura cobre vida. No tienes que tener un título de seminario—porque yo no tengo uno—para usar esas herramientas. Si solo lees estas palabras en este pasaje y no tienes idea de dónde están ubicados estos lugares, tú pudieras pensar que estaban al doblar de la esquina. Pero no es así. Estamos hablando acerca de un total de 240 millas en dónde él persigue y ataca a esta poderosa maquinaria militar—El rey Quedor y sus aliados.

Luego en el versículo 16 nos dice, “Recuperó toda la hacienda, y a su hermano Lot con su hacienda, así como a las mujeres y a la gente”. Así que, he aquí a Abraham. Numéricamente en desventaja y sin esperanza. Él va en contra de esta fuerza, y él gana. Quiero decir, ¡estos son los cuatro reyes del Oriente quienes se habían llevado todo a su paso! Habían conquistado Sodoma y Gomorra, haciéndose aún más poderosos, y Abraham, sin duda el más débil, ¡gana! Es victorioso en esta importante batalla.

Y la única explicación es Dios. Ahora bien, esta fue una batalla muy pública. Fue una batalla muy visible. Fue una batalla muy importante. Pero existe un relato en Génesis capítulo 14 que no está a menudo muy relacionada con la parte que acabamos de leer en la primera mitad de este capítulo. No obstante, a mi entender, estas dos partes están muy relacionadas entre sí. Lo que vamos a ver hoy en Génesis capítulo 14, es la batalla después de la batalla.

La primera batalla es la más grande. La más evidente, la más visible. Es aquella donde Dios muestra una victoria clara y decisiva. Mientras pienso en esas grandes batallas que enfrentamos en diversas áreas de nuestra vida, puede ser que hayas regresado de una magnífica experiencia espiritual— es una experiencia en la cima de la montaña, en donde has visto a Dios hacer grandes cosas.

Has regresado de una gran experiencia espiritual, o de un periodo de gran bendición, entonces vienes de atravesar esa temporada, has sido alentada, estás emocionada, y entonces enfrentas la batalla después de la batalla. Yo diría que es la batalla después de la batalla la que es más sutil, es más peligrosa y crítica que la batalla que es más grande y evidente.

Génesis capítulo 14 versículo 16 nos dice que después de esta gran batalla, que después de esta gran victoria, “Abraham recobró todos sus bienes, también a su pariente Lot con sus posesiones, y también a las mujeres y a la gente”. Así que él había hecho guerra en contra de estos reyes del Oriente. Había liberado a Lot y a su familia, así como también a sus conciudadanos, habitantes de Sodoma y Gomorra y habían regresado.

Ahora es el reto. Ahora es cuando el verdadero reto comienza. Lo peligroso es que muy a menudo, no estamos preparadas para la batalla después de la batalla. Cuando vamos a la gran batalla, estamos recargadas. La adrenalina está fluyendo. Estamos dependiendo de Dios. Estamos orando. Tenemos a otras personas orando por nosotras. Pero olvidamos que después de la batalla, nosotras necesitamos permanecer ceñidas de fuerza espiritualmente. La batalla aún no ha terminado en realidad, aun cuando hayamos alcanzado la victoria mayor. Otra batalla estaba a punto de comenzar para Abraham.

Mientras trato de ponerme en los zapatos de Abraham y pensar en lo que tiene que haber sido para él regresar después de esta batalla, pienso que debió tener una mezcla de emociones en ese momento. Por un lado, le había tomado 240 millas de ida y 240 millas de vuelta. ¿Cómo se habría sentido físicamente? Quiero decir ¡puro agotamiento y cansancio!

Ten mucho cuidado cuando estás físicamente cansada. Muchas de ustedes madres, pueden recordar, lo que fue tener esos niños pequeños, los bebés, los infantes y esa temporada en la vida de una madre, en donde siempre estás cansada. Es ahí precisamente donde debes ceñirte de fuerza, porque el agotamiento físiconos puede hacer cobardes en la batalla privada en la batalla interna.

Abraham debió estar agotado y gastado emocionalmente. Pero por el otro lado, debió haber experimentado una sensación de regocijo. ¡Solo piensa por un momento en lo que acaba de pasar! ¡Qué historia! ¡Qué maravillosa victoria el Señor había ganado!

Lo que encuentro después de estas increíbles victorias,es un descenso natural. La adrenalina baja y ahora estás de vuelta a tu vida normal. Hay un descenso emocional que nos puede hacer muy vulnerables.

Quizás él estaba experimentado un gran sentido de logro. Pienso que fácilmente pudo haber sido tentado, como nos puede pasar a nosotras, a sentirse autosuficiente, a presumir y haber pensado “¡Mira lo que he logrado! ¡Tremendo hombre de 80 años que soy!”. Él había enfrentado a esos reyes a la edad de 80 años. Él pudo haber sido muy vulnerable al orgullo en ese momento.

Ni mencionar el hecho de que pudo temer a las represalias. El rey Quedor y los reyes del Oriente no eran un poder para estar jugando con ellos. ¿Y si ellos venían tras él? que pudo haber vuelto a un estado de agotamiento, cansancio, debilidad y sentir “Estoy aterrorizado de lo que puede suceder ahora”.

Bien pues, Abraham vuelve a casa y después de la batalla—de la gran batalla—nosotras también necesitamos regresar a nuestras casas. Necesitamos volver a nuestra vida normal, a situaciones reales de la vida cotidiana. Y cuando Abraham regresa a casa, dice la Escritura en el versículo 17, que después que Abraham regresó a casa “…Salió a su encuentro el rey de Sodoma… A su regreso después de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que estaban con él”.

Déjenme decirles que es en este punto cuando experimentamos, como Abraham lo hizo, la tendencia a bajarla guardiay a pensar que estamos libres o a salvo en casa. Y es en ese punto en donde necesitamos estar especialmente resguardadas, necesitamos estar especialmente sensibles a nuestra necesidad de la protección de Dios, porque es ahí donde somos más vulnerables a perder la batalla.

Recuerdo hace unos años, cuando tuve el privilegio de ser parte de un gran mover del Espíritu de Dios de un avivamiento. Todo vino de Dios. Solo Dios pudo haberlo hecho. Y es por esa clase de cosas por las que había estado orando y yo anhelaba ver. ¡Y Dios finalmente lo hizo!

Dios se movió de una forma extraordinaria en medio de un grupo de creyentes. Fui privilegiada de haber formado parte de esa semana y de haber evidenciado el poder de Dios y su Gloria. Sentí que estaba viviendo en la antesala del cielo durante una semana. Fue muy emocionante. Me sentí pequeñita Fue una gran batalla y Dios obtuvo una gran victoria.

Pues bien, regresé a casa después de esa semana y aterrice en South Bend, Indiana. Algunos amigos me fueron a buscar al aeropuerto para llevarme a casa. Cuando aterricé, ellos me dijeron –Yo sabía que unos amigos, muy buenos amigos mutuos se estaban quedando en mi casa, así que esa no sería la sorpresa. Sin embargo, lo que sería una sorpresa para mí, era que estos amigos que estaban en mi casa, habían llevado a su perro con ellos también.

Estaba feliz de que estas personas estuvieran en mi casa, pero no me puse contenta de oír que su perro también estuviera en mi hogar. Me puse furiosa. Me volví loca. Te digo que no recuerdo haber visto una caída tan rápida de las puertas del cielo a lo que… Bueno, déjame dejarlo a lo que realmente no fue imagen muy bonita.

Te diré lo que pasó. No estaba preparada para la batalla después de la batalla. El perro no era el problema. El problema era mi orgullo, mi falta de preparación, el haber comenzado a pensar que yo era la gran pieza porque había sido parte de lo que Dios había hecho durante esa semana. Dios sabía que yo necesitaba tener la humildad para entender quién era yo en realidad separada de Él. Pero como no estaba esperando la batalla después de la batalla, no estaba preparada. Fui atacada por sorpresa.

No te sorprendas después de una gran victoria espiritual. Acabas de experimentar el mejor momento de intimidad con el Señor que has tenido en meses.Diez minutos después, estás en la autopista tocándole bocina al conductor del carro que te queda en frente con una rabia explosiva por el tráfico. ¿Cómo esto es posible?

O vas y enseñas en un estudio bíblico Dios obra de una forma maravillosa y vidas son transformadas. Luego regresas a tu casa y le estás gritando a tus hijos. ¿Cómo puede ocurrir esto? Esto sucede porque no te has preparado para la batalla después de la batalla. No te sorprendas.

Carmen : Nancy Leigh DeMoss nos ha mostrado un panorama muy realista de lo que significa caminar con Dios. En ocasiones es una batalla. Nancy ha pintado un cuadro muy realista sobre esa batalla, pero también te ha mostrado la fuente de fortaleza que te ayudará a enfrentar la batalla con seguridad.

En Aviva Nuestros Corazones nosotras somos animadas a continuar adelante en la batalla por las mujeres que nos escriben. Ellas se encuentran en múltiples situaciones, pero nos encanta escucharlas a cada una. Aquí está Nancy.

Nancy: He conocido muchas mujeres, que me han dicho que escuchan Aviva Nuestros Corazones mientras hacen ejercicio. Una oyente en Austin, Texas, escribió:

“Me fascina escuchar tu programa. Por lo general, mientras lo voy escuchando pulso el botón de pausa mientras corro cuando quiero orar entonces voy alternando entre la oración y el programa”.

En realidad esto me anima porque te da la sensación de que esta mujer no solo está escuchando. Ella está ponderando la Palabra de Dios y dejando que la Palabra penetre en su vida, pidiendo a Dios que transforme su corazón.

Un grupo especial que escucha el programa nos ayuda a conectar a mujeres con la Palabra de Dios. Los llamamos nuestro grupo de patrocinadores. Ellos hacen posible que enseñanzas como éstas lleguen a ustedes cada día, a través de sus ofrendas de amor.

¿Quisieras orarle al Señor y preguntarle si es Su voluntad que tú seas parte de este grupo? Si Dios te mueve a ofrendar, llámanos al 1-800-569-5959. Especifíca que deseas hacer una ofrenda para el ministerio en español. También puedes hacer tu ofrenda en línea, visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Carmen: Y cuando entres, no dejes de suscribirte a nuestro correo de Conexión Diaria. Este es un aviso que llega todos los días a tu ordenador, con las ideas más importantes del programa de radio, así como los enlaces directos al programa y del blog.

Y recuerda también informarte de todo acerca de nuestra primera Conferencia de Mujer Verdadera en Santo Domingo. Todos los detalles los podrás encontrar en la página. AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Alguna vez te has sorprendido de tu propia inconsistencia? Un día estás caminando en estrecha comunión con el Señor, y al siguiente estás impaciente, tensa. ¿Por qué ocurre esto? Nancy se ocupará de esto mañana continuando en la serie, La batalla después de la batalla. Por favor, sintoniza otra vez Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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