9/9 – Mansedumbre en las relaciones

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

9/9 – Mansedumbre en las relaciones

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Annamarie Sauter: Si no hubiera Dios, aprender a ser mansas no tendría ningún sentido. Pero hay un Dios que nos da poder para aprender esta importante cualidad. Con nosotras Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Creo que la mansedumbre es lo que nos permite descansar en los brazos de un Dios que está ahí, quien es bueno, y quien sabe lo que está haciendo.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy nos ha estado llevando a través de la serie, “La hermosura de la mansedumbre” y hemos aprendido la importancia de esta área del carácter, la dificultad para desarrollarla y cómo nos afecta de manera tan especial a nosotras las mujeres.

Escucharemos de Nancy en unos segundos. Primero, algunas mujeres de la audiencia nos contarán cómo han estado aplicando la mansedumbre.

Dorothy: Para mí la palabra mansedumbre significa sumisión. Significa ser sumisa a lo que Dios quiere. He llegado a un lugar en mi vida que sumisión significa renunciar a todas las cosas que me gustaría hacer, siento con el deseo de hacer

Tengo un esposo en un albergue médico por su salud. La enfermera nos dijo esta última vez que no cree que va a mejorar y que probablemente tenga Alzheimer. Tengo otro hijo el cual tampoco está bien padece diabetes, y él está llegando a cierto punto de su etapa final muy difícil. Se suponía que tendría cirugía hoy pero la pospusieron para la próxima semana.

Para mí, eso significa que estaré en casa la mayor parte del tiempo y no soy una enfermera de profesión ni de corazón. Para mí este es el lugar donde estoy y donde tengo realmente que aprender a decir “Sí Señor” y mientras camino por el valle de sombra de muerte, hacerlo con gozo.

Nancy Leigh DeMoss: Dijimos que mansedumbre es decir “Sí, Señor” es someterse a la Palabra de Dios, pero también es someterse a la providencia de Dios, a las decisiones de Dios, a las circunstancias que Él trae a nuestras vidas y también en diferentes etapas de nuestras vidas. La Sra. Dorothy está en sus ochenta y está enfrentando algunas circunstancias en su vida que algunas de ustedes como madres más jóvenes no conocerían, sus circunstancias son totalmente diferentes.

Pero la mansedumbre dice, “Sí, Señor. Recibo esto de tu mano sin importar la etapa, sin importar la circunstancia”. No se resiste ni se resiente, no huye de ella, sino que abraza la cruz. Es recibirlo y aceptarlo, sabiendo que no es tu esposo, no es tu hijo, no son las circunstancias las que son tu enemigo o tu problema. Ellas son solo instrumentos en las manos de Dios.

Dios tiene un propósito con todo esto. Dios tiene un propósito en sus vidas. Dios tiene un propósito en tu vida. Dios está formando, moldeando tu vida. Él está cumpliendo Sus propósitos eternos. Y mucho de esos propósitos no los podremos ver jamás de este lado del cielo, de este lado de la eternidad.

Así que mansedumbre es confiar en que Dios sabe lo que está haciendo y doblar la rodilla, inclinar mi cabeza, inclinar mi corazón, inclinar mi voluntad y decir, “Sí, Señor. Esto lo recibo y si esto te agrada a Ti, me agrada a mí”.

Y como Dorothy dijo—aquí es donde comienza el reto, hacerlo con gozo. Digo, muchas de nosotras lo haríamos pero con un cierto apretar la mandíbula, solo sobreviviendo. Dios quiere que lo hagamos más que con un espíritu de supervivencia.

Ahora, eso no significa que todas las circunstancias son alegres o felices. Pero significa que hay una capacidad sobrenatural gracias al tesoro que tenemos en la vida de Cristo en nosotras para recibir y para responder a esas circunstancias con gozo.

Pero tú sabes que el gozo es una decisión. Ahora, también es parte del fruto del Espíritu, algo que no podemos fabricar. Es algo que Dios produce en nosotras. Pero podemos escoger decir: “Recibo el gozo del Señor para esto, y en medio de esto puedo tener Su plenitud, Su dulzura, Su gracia, Su poder vencedor en mi vida.

Joetta: Como dijo la Sra. Dorothy, es algo como un progreso en general que ha ocurrido estos tres años de mi vida. Se le diagnosticó cáncer a mi madre. La tuvimos que traer desde San Antonio. Al mismo tiempo a mi esposo le informaron que solo tendría trabajo por un año más.

Fue como si inmediatamente pasara mi vida, de una vida ordenada donde sabía perfectamente lo que pasaría a no tener idea de lo que pasaría el siguiente día, o qué llevaría. Mi madre falleció en octubre, así que he estado viviendo eso.

Tengo que admitir que había ocasiones esos últimos días de su vida donde yo estaba sentada con ella y pensaba, Señor, no quiero estar aquí. No quiero estar haciendo esto. No es algo que disfruto Señor. Esto no es divertido. Es difícil. Duele. No quiero hacer esto.

Y lo que me ayudaba a seguir adelante era recordar a Elisabeth Elliot, cuando ella estuvo en una situación similar. Dijo:

Solo tienes que llegar a un punto que estás contra la pared, y es allí donde dices, “Oh Dios es Dios o no lo es. O es bueno o no lo es”.

Es como decir que el Señor me obligó a esta circunstancia donde solo tenía que decir “Bueno Dios, sé que eres Dios. Sé que eres bueno. No me agrada nada de esto, pero confío en eso”.

Ayer platicaba con mi esposo y me preguntaba, ¿no te molesta? ¿No te preocupa?”

Y pienso, ¿sabes? La verdad no. Creo que después de tres años, el Señor me ha llevado a un lugar donde puedo decir, “No” porque realmente puedo confiar en el Señor que Él está en control y Él sabe. Algo va a pasar. No sé qué, pero algo pasará, y Él cuidará de mí.

Nancy: Así es Joetta y tú usaste la palabra control. Creo que para la mayoría de nosotras como mujeres, esto es un gran problema. Queremos tener el control, queremos estar en control. Tenemos miedo de que las cosas salgan de control. Tenemos miedo de que alguien más tenga el control o que alguien no maneje mi vida apropiadamente.

Perdemos de vista, y pensamos en el jefe, en el trabajo, el esposo, los hijos, en las cosas que pensamos que controlan nuestra vida. Así que decimos, “No, mi vida sería un caos si les dejo que me controlen, así que yo tengo el control”.

Pero tarde o temprano nos enteramos de que realmente no podemos controlarla. Digo, no puedes controlar a tus hijos, no puedes controlar a tu esposo. No puedes controlar el clima, no puedes controlar tu salud. No podemos controlar nuestras circunstancias.

Así que muchas de nosotras gastamos mucha energía y esfuerzo tratando de mantener las riendas, y eso nos pone en un manojo de nervios. Nos mantiene frustradas y angustiadas. Y eso no cambia nada, ¿no es cierto?

Así que la alegría viene cuando abandonamos las riendas y nos damos cuenta de que Dios está en control. Él nunca se queda dormido. Él nunca se baja de su trono. Él nunca ésta ajeno a lo que está sucediendo en mi vida, ni a un solo detalle. Él lo sabe. Él es soberano. Él está orquestando todas las cosas según el designio de Su voluntad y para la gloria de Su gracia.

Estamos a salvo. Creo que la mansedumbre es lo que nos permite descansar en los brazos de Dios quien está ahí, quien es bueno, quien sabe lo que está haciendo.

Joeatta decía mientras nos compartía: “Ellos no lo saben” por mucho tiempo no sabían lo que pasaría con su madre o cuándo o cómo. Ahora con la situación del trabajo de su esposo tampoco saben.

Puede que tu esposo tenga un gran trabajo, pero no sabes si lo tendrá mañana. Creemos saber, pero en realidad no sabemos. No sabemos.

Jeannie: Bueno hace un momento dijiste que el gozo era una opción. Para mí la mansedumbre ha sido una opción. La historia que me acaba de llegar a la mente cuando hiciste la pregunta fue una que sucedió hace ya varios años atrás. He estado casada por veintiséis años y adoro a mi esposo, pero hubo un tiempo cuando no lo amaba.

Creo—si no recuerdo mal—que para el quinto o sexto año de matrimonio, recuerdo despreciar a ese hombre tan intensamente que usar la palabra odio ni siquiera refleja la realidad. Él y yo llegamos a un punto de un divorcio espiritual. Vivíamos en la misma casa pero solo co-existíamos. Ciertamente no estábamos luchando por nuestra relación.

Así que para cualquier mujer joven que esté escuchando esto, cuando estés experimentando esto y te des cuenta que no estás enamorada como la primera vez o como el primer año de matrimonio… Creo que aún en los mejores matrimonios puede pasar esto.

Fíjate para nosotros, la mansedumbre jugó un rol importante cuando tuvimos que decidir o cada uno tomaba su camino o nos inclinábamos ante el creador de las relaciones. Literalmente nosotros hicimos esto. Nos arrodillamos, no queriendo hacerlo, no queriendo tomarnos de las manos, mucho menos orar juntos, ciertamente no teniendo ninguna relación nuestros sentimientos con que nuestras acciones.

Eso no tenía nada que ver con obediencia porque ciertamente no sentía la necesidad de obedecer a Dios. Solo sabía que estaba en un punto de mi vida crucial, tanto en mi vida como en la vida de nuestro matrimonio.

Pero esta fue la mejor decisión que pudimos haber tomado porque Jesucristo nos recordó que como individuos no tenemos esperanza de tener una relación duradera o sana sin Él. Para nosotros, la mansedumbre en ese momento significó, aplastar nuestro propio orgullo, diciendo, “estoy segura fue tu culpa, pero permitiré por un momento que Dios tome estas circunstancias y las arregle”.

Y Él lo hizo, y lo ha hecho muy bien, y lo continúa haciendo. Pero para mi esposo y para mí, fue un punto de darnos cuenta que nuestra relación está hecha de tres—Él, yo y nuestro Señor.

Nancy: Gloria a Dios por eso Jeannie, eso fue obviamente un tremendo punto de cambio y un punto de entrega y un punto de mansedumbre. ¿Las cosas cambiaron de inmediato? ¿Qué ocurrió al día siguiente?

Jeannie: Bueno mira en realidad pasó en un fin de semana de San Valentín. Habíamos decidido irnos juntos hacer un esfuerzo para nosotros mismos, con nuestro propio poder. Así que continuamos con nuestro plan. Fue un poco forzado, nada milagroso cambió en mis sentimientos.

Sin embargo, mi esposo y yo empezamos a estar conscientes y concentrar nuestro esfuerzo en ser amables mutuamente. Ese fin de semana fue cuando decidimos nunca más hablarnos mal el uno al otro. No nos permitimos nunca cosas como, “Oh deja que te cuente lo que hizo”. Y hemos mantenido esa decisión por unos veintiún años ya, y Dios nos ha bendecido por eso.

Nada milagroso ocurrió en nuestros sentimientos. Pero definitivamente en nuestra manera de pensar cambió.

Nancy: Pero ¿En qué punto empezaron a cambiar los sentimientos?

Jeannie: Bueno no pasó mucho tiempo, no recuerdo exactamente. Pero si te digo que después de seis meses (al finalizar los seis meses) mirando atrás puedo ver que, él y yo lo único que pudimos hacer fue ponernos de rodillas. Estábamos muy sorprendidos del cambio que se produjo en nosotros, como individuos y como pareja.

Nancy: Este es un testimonio verdaderamente poderoso. Gracias Jeannie, y gracias Señor. “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Mateo 5:5 (RV60)

Crees que estás renunciando a todo. Crees que estás perdiendo. Crees que rendirte en la batalla sugiere que la otra persona está ganando. ¿Y a quién le gusta perder? Rendirse sugiere perder, a menos que se trate de la economía de Dios.

En la economía de Dios la manera de subir es bajar, el camino a la resurrección es a través de la cruz. Das tu vida y la ganas. Entregas tus derechos y Dios te bendecirá.

Esta no es usualmente la forma como nosotras escribiríamos el guión. Pero que gran ilustración de los principios de Dios.

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. (Mateo 5:3-5)

Me pregunto si no habrá una mujer… Realmente no sé lo que está ocurriendo en sus casas; no puedo saber que está pasando en sus hogares. No sé qué está pasando en tu matrimonio.

Y quizás eres de las personas que nos escuchan a través de la radio. Puede que estés en un punto como en el que estuvo Jeannie. Desprecias al hombre con el que vives. Lo único en lo que puedes pensar es en las maneras en que te ha lastimado, y piensas en las formas en que no son compatibles.

Puede que sea un tiempo donde Dios esté hablándote y te diga, “Tienes que rendir tus derechos. Tienes que arrodillarte, no esperes hasta tener el deseo. No esperes hasta que él cambie”.

Y quizás tú me digas, “Bueno él aún no está dispuesto a venir y tomarme de la mano y orar”. Entonces, te tomas de la mano del Señor, y vas a Él y le dices, “Señor, aún cuando mi esposo nunca dobla su rodilla, estoy dispuesta a doblar la mía. Estoy dispuesta a tomar el camino de la humildad”.

Y como un acto de fe, como un acto de obediencia, dices, Sí, Señor”, reconociendo, como lo hizo Jeannie que la opción es perder el matrimonio, hacer las cosas a tu manera y tomar tu camino, o decir “sí” al Señor y ver lo que Dios puede hacer en restaurar esos años que la langosta ha devorado.

Ahora, Dios restauró milagrosamente el matrimonio de Jeannie, y voy a decir rápidamente que hay casos donde esto no pasa, pero si te digo una cosa, nunca sucederá si ninguno de los dos en ese matrimonio está dispuesto a tomar el camino de la humildad y decir, “Cedo mis derechos. Seré fiel a ti”.

Son las cosas pequeñas. La mansedumbre dice:

Vamos a dejar de decirnos cosas horribles.

Vamos a dejar de decir comentarios que denigran.

Vamos a dejar de hablar mal uno del otro delante de los demás. Es por eso que continuamos ofreciendo el reto de 30 días a las esposas para animar a sus maridos. Qué gran diferencia ha hecho en la vida de los matrimonios cuando toman esos treinta días para enfocarse en su esposo y animarlo y exaltarlo en lugar de denigrarlo.

Déjame decirte, por cierto, tu matrimonio pueda que no esté en crisis ahora. Pero si no tomas los pequeños pasos de mansedumbre a diario en tu relación, estás encaminándote a una crisis. Puedes evitar la crisis al dar esos pasos de mansedumbre. Repito, no esperes a que la otra persona lo haga para hacerlo tú.

Lo que decimos aquí acerca del matrimonio puede ser verdad en otras relaciones—con tus hijos adultos, con tus adolescentes, con tus padres, con tus suegros con ese jefe. Es el camino de la mansedumbre. No es un lugar de debilidad. Es en realidad una mayor fortaleza y poder porque Cristo es fuerte en y a través de esa relación.

Mujer: Necesitaba escuchar esto. No estoy en un punto de crisis pero lo estuve hace tres años. Dejé mi matrimonio emocionalmente y de cierta manera físicamente por algún tiempo. Pero Dios usó ese tiempo para realmente redimir mi alma. Me ayudó a darme cuenta que no conocía a Dios cuando jugué a ser cristiana durante toda mi vida; realmente solo crecí en un hogar cristiano.

Si estás casada, habrá problemas. Hay conflictos. Suceden. Y odio el conflicto. Lo odio. Por mucho tiempo lo evitaba. Ahora he aprendido enfrentar los conflictos, a permanecer involucrada y a no huir, como me recomendaba una amiga; ella me decía todo el tiempo, “Mantente involucrada y trabaja a través de los problemas”.

Justo ayer cuando estaba sentada en la mañana, aún estaba tranquila en mi casa, me levanté temprano. Una amiga me había exhortado, me dijo, “Solo ve a los pasajes acerca de marido y mujer, léelos y ponlos en tu mente en lugar de constantemente lograrlo.

Así que fui a Efesios 5. La frase que realmente se destacó fue que antes que Pablo hablara a las esposas, él dice: “Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo”. Y después cuando le dice a la esposa, “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor…” esto nos facilita la sumisión, cuando sabemos que es al Señor al que nos estamos sometiendo—no necesariamente a la persona que nos …

Nancy : … irrita.

Mujer: A la gente que me irrita. El Señor realmente me habló a través de eso. Es bueno saber que Él me tiene en Su mano y Él desea que me someta a los demás como si fuera a Él.

No puedo decir q ue amo al Señor si no estoy amando a mi esposo. Eso me trastorna cuando batallo al amar a mi esposo. Digo, “Si amo al Señor, y quiero amar al Señor con todo mi corazón”. tengo que rendirme a Él y a Su plan para mí porque sé que Él usa los problemas para lijar mi carácter y hacer de mí lo que Él quiere que yo sea.

María: Lo que me pasó a mi fue que el 4 de julio pasado cuatro de nuestros hijos se mudaron de estado. Ahora tengo cuatro hijos en cuatro estados diferentes, lo cual significa ni un nieto cerca. Lo que quiero decir es que… Ahora todo es diferente. Había escuchado por otra persona acerca de un programa que asiste a gente discapacitada donde los ayudan a estar en un lugar comunitario porque muchos de ellos, sus padres, por supuesto morirán antes que ellos.

Se lo mencioné a mi esposo, “¿No es una manera buena para los fondos del seguro? Es un programa maravilloso”.

 

Y él dijo, “Eso suena a algo que te gustaría hacer”.

En mi mente estoy pensando, no, no lo es, no he tenido que trabajar fuera del hogar. Soy un ama de casa, una mamá que enseñó a sus hijos en casa. Me gusta mi vida. Tengo cuatro hijos en cuatro estados diferentes. Y estoy lista para viajar.

L a segunda vez que lo mencionó, Al dijo, ¿Has revisado ese programa que asiste a los discapacitados?”

Y le dije, “No”.

La tercera vez que lo mencionó, el Señor estaba, como .. “ding, ding, ding, ding, el quiere que averigües esto”.

Entonces pregunté, “¿Quieres que investigue y adquiera información?”

Y lo hice.

Me presenté sin cita previa. Tenía puesto unos capris. Hice todo lo que no debía de hacer para conseguir el trabajo. Y había orado. “Señor, permíteme que esto no sea un trabajo para la carne. No quiero que sea esto solo por el dinero. Quiero que mi vida cuente para la eternidad. No quiero un trabajo de medio tiempo”.

Resulta que estoy asistiendo a una mujer joven de veinticuatro años quien no tiene ningún historial de haber ido a la iglesia. He conocido a varios de su familia. Nadie parece tener un conocimiento de Dios. Tiene veinticuatro años pero es como una niña de cinco o de seis. Sabe leer…

Pero he tenido el gozo más hermoso solo enseñándole cómo hacer cositas simples como lavarse la cara, cepillarse los dientes y lavarse el pelo. Como a nietecitas, que les enseñas, “Empiezas de aquí, y haces esto después”. No tienes que hacerlo, pero instruyes.

Un día mientras la estaba ayudando, noté que sus pies estaban muy sucios porque es un poco robusta y no puede verse los pies. Y escuché al Señor decirme, “Lava sus pies.” Así que me arrodillé en la bañera y le lavé sus pies.

Y dije, “Señor voy a lavar tus pies.” Digo, para ser honesta estaba asqueada. Pero ahora es algo hermoso.

Le he enseñado a orar. Empezamos a leer La Biblia Ilustrada para Niños. Leo una página; ella lee otra. Le hago preguntas; ella me hace preguntas.

Ya terminamos eso, y ahora estamos en “Cada día con Dios”. Cuando uno de nuestros hijos, quien es un bombero de la Marina, que estuvo ahí combatiendo el fuego de San Diego… Por supuesto, tenía la televisión prendida. Estaba hablando con él (él está en la torre) y digo “¿Dónde está mi nuera?” esta joven estaba escuchando.

Cuando se altera, le digo, “Bueno, vamos a decirle a Dios porque le importa. Te ama y me ama.” Así que estábamos orando por algo que le alteraba (yo digo las palabras y ella solo sostiene mi mano.)

Y me dice, “No olvides a tu hijo”.

Yo estoy en medio de la oración y dije “¿Qué dices?

Ella dijo, “Tu hijo está en el fuego, no olvides tu hijo. Dile a Dios que tu hijo está en el fuego”.

Y dije, “Sí, le diremos a Dios y le pediremos que ayude a protegerlo”.

Así que esto ha ido evolucionado. Esta primavera me enfermé por un largo tiempo, y ella estaba preocupada de que me hubiese muerto; porque muchas personas han muerto. “Uno va al hospital y se muere”.

Así que la persona que me cubría me ´llamó y me dijo, “Ella está realmente muy asustada de que tú no estés aquí.”

Vino a verme y me dijo, “Estoy orando por ti.”

Annamarie Sauter: Un espíritu manso tiene un gran efecto en aquellos que están observando. María Johnson ha estado aprendiendo esto junto con las demás que somos parte de la serie, La hermosura de la mansedumbre. También ha estado aprendiendo en las interacciones que tiene en su casa.

Espero que desarrolles un espíritu de mansedumbre al aprender .Mucho más acerca de esta y que puedas vivirlo a través del poder de Dios.

Para ayudarte, hemos recomendado el libro de Matthew Henry, “La búsqueda de la mansedumbre y la quietud de espíritu”. Solo está disponible en inglés.

El lenguaje puede ser algo extraño para algunas de nosotros pero vale la pena leerlo. Nancy lo ha considerado como uno de los mejores libros que ha leído, y lo ha citado bastante durante esta serie llamada, La hermosura de la mansedumbre.

Hoy Nancy mencionó el reto de 30 días que ha recomendado a mujeres a través de los años. Puedes descargar este reto cuando visites AvivaNuestrosCorazones.com

Espero regreses mañana a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

8/9 – Pon guarda a mi boca

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

8/9 – Pon guarda a mi boca

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Annamarie Sauter: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de nosotras no tenemos con un botón de pausa en nuestras lenguas, y vaya que necesitamos poder pausar, poder parar. “Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios.” (Salmo 141:3)

Annamarie : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy nos ha retado profundamente durante la última semana y media en su serie llamada, La hermosura de la mansedumbre. Pregunto, ¿Es sabio para la mujer adquirir mansedumbre en nuestros días?, ¿No será que se dispondría a sufrir abusos? Escuchemos.

Nancy : Permítanme leer algunos correos electrónicos que hemos recibido de parte de nuestras oyentes; son correos que muestran tanto la falta de mansedumbre, como lo que esto produce en nosotras y en nuestras relaciones. Esta mujer dice,

Soy, por naturaleza, la mujer más polémica que quizás llegues a conocer.

Ya habíamos dicho en la última sesión que ser honestas es la línea de partida en nuestra carrera para desarrollar mansedumbre, así que yo aprecio la honestidad de esta mujer. Ella siguió diciendo,

Si siento que algo necesita ser dicho o debatido, yo seré quien lo haga. A lo largo de la semana, y por medio de esta serie, Dios me ha dejado sentir convicción en mi corazón. Normalmente no considero los sentimientos de quienes hiero cuando hablo. En mi mente yo solo decía las cosas como son, porque necesitan ser dichas, así que, ¿Por qué no yo?

Me he dado cuenta que esto es parte de mi falta de paciencia con la gente en general. He estado trabajando con “callarme la boca” más a menudo. Creo que hoy me reuniré con una de mis amigas parlanchinas para comenzar a rendirnos cuentas mutuamente en cuanto a este cambio.

Por favor continúen exponiendo las verdades como son, para que las personas como yo dejemos de hablar como lo hacemos.

Bueno, agradezco el hecho de que esta mujer tiene un espíritu enseñable, y ella ilustra lo que percibo como clave para desarrollar la mansedumbre y la quietud de espíritu, y esto es, involucrar a otros creyentes en tu vida, vivir esta vida juntamente con otros. Dios nunca planeó que llegaremos a ser creyentes maduros sin la ayuda de otros. Nos necesitamos los unos a los otros. Ella dijo, “me reuniré con una de mis amigas que también batalla con la mansedumbre para comenzar a rendirnos cuentas mutuamente en cuanto a este cambio”.

Ahora, yo sugiero que no solo busquen reunirse con personas que batallan con la misma debilidad pecaminosa, sino que también busquen reunirse con personas que evidencian la gracia en esta área de sus vidas, quienes evidencian humildad y un espíritu manso. Júntense con ellas. Pasen tiempo con ellas, y pídanles que oren por ustedes. Pídanles la oportunidad de ser responsables ante ellas en este propósito de mostrar mansedumbre.

Aquí hay otra oyente que dijo,

Nos mudamos hace siete meses, ambos hemos sufrido un pesado estrés financiero. Continuamente molesto a mi esposo, pues quiero administrar hasta en lo más mínimo, y le guardo resentimiento porque pienso que hacerlo a mi manera es mejor. [¿Pueden notar lo opuesto a un espíritu manso?]. Al haberme comportado así no solo le he faltado el respeto a mi esposo, sino además le he faltado el respeto al Señor y tampoco he confiado en Él. Ahora me doy cuenta que yo soy quien ha hecho miserable mi matrimonio.

Gracias a Dios los ojos de esa mujer están siendo abiertos. Ella está aceptando la responsabilidad, y ya no culpa a su esposo. Es honesta con respecto a la actitud nefasta que tenía hacia su esposo, era fastidiosa y obsesiva al detalle y resentía que no se hicieran las cosas a su manera; su orgullo, su arrogancia la hizo pensar, “mi manera es mejor”. Ella también se ha percatado de que al hacer eso ella no está confiando en El Señor. Ella trataba de controlar, y de ahí procede la falta de mansedumbre.

De manera que la honestidad de la que estuvimos hablando en la última sesión está perfectamente ilustrada en el correo de esta mujer. Sé honesta en cuanto a cómo la falta de mansedumbre se está manifestando en tu vida.

Creo que es importante que nosotras, las mujeres, estemos dispuestas a escuchar de los hombres en cómo nuestra falta de mansedumbre les afecta a ellos. Aquí tenemos un correo de un hombre que derramó su corazón de una manera muy honesta:

Aunque amo a mi esposa, el deseo de demostrárselo ha disminuido. (Hace diez años solía comprarle flores al menos una vez a la semana). [Hubo expresiones prácticas de amor.] Aún la amo, pero ya no estoy tan motivado a mostrarlo. ¿Por qué?

Los constantes “no” a todo lo que yo pudiera sugerir, las discusiones por cualquier cosa, el querer imponerme su agenda, sus críticas sobre mi manera de conducir el auto por una ruta buena por sobre otra igual de buena. Estas cosas me han dejado abatido, desalentado y solitario.

Amigas, Dios no hizo el corazón del hombre de manera que pudiera resistir bajo nuestra crítica que desanima que desgasta siendo controladoras, fastidiosas y manipuladoras. Pudieran decirme, bueno pues también debieras hablar sobre lo que los hombres hacen”. No, eso sería material de otro programa radial. Esa no es mi tarea. Ese no es mi llamado. Mi trabajo consiste en hablar a nosotras las mujeres, y aquí tenemos a un esposo que dice honestamente, “Amo a mi esposa, pero su actitud me agota. He perdido la motivación.”

Ahora, él sigue siendo responsable de amar a su esposa, y no hay excusa alguna que le libere de tal responsabilidad, pero mujeres, nosotras podemos facilitarles o dificultarles a las personas a nuestro alrededor el trabajo con nosotras, el vivir con nosotras y el amarnos.

Y, ¿qué decides hacer?

Hablamos de algunas cosas en específico durante la última sesión.

Permíteme mencionar otras más aquí.

Creo que algo grandioso es simplemente aprender a guardar nuestra lengua—aprender a proteger nuestra lengua. Ser lentas para hablar.

En el transcurso de esta serie de enseñanzas he citado múltiples veces el libro La búsqueda de la mansedumbre y la quietud de espíritu. He recomendado este libro varias veces a lo largo de esta serie, y quiero animarlas a obtener una copia del mismo, (está solo disponible en inglés), pero les voy a decir, no es de fácil lectura. Tienes que leer despacio, con cuidado. Es posible que desees leerlo con una amiga para ayudarte con la responsabilidad y para ayudarse una a la otra. En ese libro, dice, «Aprende a hacer una pausa».

Pausa cuando algo te irrita, cuando una circunstancia no va de acuerdo a tu manera, cuando llegue una noticia que no esperabas. Haz una pausa antes de responder.

Algunas de nosotras no poseemos ni siquiera un botón para PAUSA en nuestras lenguas, y vaya que lo necesitamos. Pausa. Alto. “Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios” (Salmos 141:3).

Proverbios capítulo 14, el versículo 29 dice: “El lento para la ira tiene gran prudencia, pero el que es irascible [o impaciente de espíritu] ensalza la necedad”.

Eclesiastés capítulo 5, versículo 2: “No te des prisa en hablar, ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra; por tanto sean pocas tus palabras.

Proverbio capítulo 19 versículo 11: “La discreción del hombre le hace lento para la ira, su gloria es pasar por alto una ofensa”.

Déjalo pasar. No es necesario que te involucres—no es necesario que me involucre en cada asunto que surge. Déjalo pasar. Esa es la gloria del hombre que pasa por alto la ofensa.

Ahora, si hay un patrón en la vida de algún hijo tuyo o en tu esposo, o en una amiga; entonces en el espíritu de Gálatas 6:1 nos acercamos a ellos, tratamos de restaurarles en un espíritu de mansedumbre, pero no necesitamos señalar cada vez que alguien haga algo indebido

Haz una pausa y piensa,

¿Es ahora mismo el tiempo apropiado para decir lo que siento?

¿Soy yo la persona indicada para decirlo?

¿Es realmente necesario que sea señalado?

¿Es mi propuesta amable?

¿Es verdadera?

¿Es absolutamente necesario decirlo?

Entonces, simplemente por haber hecho una pausa, la mansedumbre tendrá una oportunidad para entrar en acción y así lo que lleguemos a decir reflejará un maravilloso espíritu de mansedumbre.

Permíteme nuevamente leer otros dos correos electrónicos de nuestros oyentes que muestran la importancia de esto. Una mujer nos escribió,

Necesito cambiar. Me estoy dando cuenta de que yo he estado enojada y he sido áspera con mi esposo y con mi hija. Ahora entiendo la razón de su pregunta: “¿Por qué eres tan mala?” Yo no pretendo ser

mala con ellos.

Crecí en un hogar donde mamá era muy severa con mi hermana y conmigo. Las palabras que nos decía en ocasiones parecían cortar como cuchillo. Lo más triste es que yo me había prometido a mí misma que no sería así con mi hija, pero véanme ahora.

DIOS ha usado Aviva Nuestros Corazones para abrirme los ojos y el corazón a este problema. con la ayuda de DIOS, haré un esfuerzo por dar respuestas suaves.

Es muy difícil para mí permanecer en calma y no decir algo cuando veo a un hombre hacer algo incorrecto, pero desde que escuché en Aviva Nuestros Corazones, el mensaje sobre el discernimiento y el poder de una lengua bajo control, he estado implementando estos consejos en mi vida. Veo cómo se sorprenden los hombres de mi nueva manera de ser más flexible con mis opiniones, y como tomo en cuenta y espero sus respuestas, como afirmo su manera de pensar y sus sugerencias. Ahora la gente ya no teme a los latigazos de mi lengua, pues han disminuido dramáticamente.

Ha sido un camino difícil, y aún batallo por permanecer en él, pero es muy satisfactorio y me trae paz saber que esto es actuar en la voluntad del Señor .

Solo dos pensamientos más sobre el cultivar la mansedumbre y la quietud de espíritu y luego quiero leerles un testimonio.

Matthew Henry, escribió en el último capítulo de su libro, una lista de sugerencias de cómo cultivar la mansedumbre. Él da una clave que jamás se me hubiera ocurrido a mí, pero ahora pienso que es muy poderosa, y deseo compartirla con ustedes. Él lo pone en estas palabras:

Conversa mucho en tu mente con una tumba oscura y silenciosa. Piensa en la muerte.

Nunca hubiera pensado en esto como una llave hacia la mansedumbre y la quietud de espíritu, pero él lo dice, y escuchemos las razones que nos da para ello.

A diario te encuentras con muchas cosas que te distraen e inquietan, no obstante el alboroto debes soportarlas. [Te estresan, te vuelven ansiosa y agitada, todas esas cosas que te perturban y te inquietan.] Piensa cuán silenciosa la muerte te volverá y que tan incapaz te hará para sentir resentimiento o de resistir alguna herida.

Si reposas en un féretro en tu funeral, y alguien se acerca a ti y te dice, “Nunca me simpatizaste. Siempre pensé siempre que eras una. . . .” y se suelta diciendo horrendas cosas de ti, ¿qué harás? Nada. Estás muerta. Él nos dice,

Piensa cómo será cuando estés muerta, y no puedas resistir o resentir heridas. Pronto estarás fuera del alcance de la provocación. Y que acaso ¿no es un espíritu quieto la mejor preparación para ese estado de quietud? [Prepárate a morir viviendo correctamente al responder cuando eres provocada a la ira.]

Piensa en cómo parecerán todas estas cosas que ahora nos inquietan, cuando estemos cara a cara con la muerte. Que pequeñas e insignificantes parecerán a quien está por entrar en la eternidad.

Si ya encaminadas hacia la eternidad pudiéramos experimentar el pesar o el arrepentimiento, creo que al mirar atrás veríamos los incidentes de los que hicimos toda una conmoción. ¿Por qué reaccioné así? ¿Por qué exploté tan horrible? ¿Por qué no lo dejé pasar? ¿Por qué no respondí en mansedumbre en vez de enfurecer?” Dijo él,

Piensa qué pequeñísimas parecerán, piensa qué pequeñísimos parecerán estos asuntos al pasar a la eternidad. La muerte nos aquietará dentro de poco. Permitamos que la gracia nos aquiete ahora.

Sabias palabras, ¿no?

Ahora este otro pensamiento: “Pon tus ojos en Jesús. Aprende de Él. Pasa tiempo con Él. Que nos contagie de sí. Permite que su carácter, Su mansedumbre se vuelvan tuyos”.

Isaías capítulo 42, en el versículo 1, describe a manera profética la mansedumbre de Cristo. Dice, “He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre Él; Él traerá justicia a las naciones”. ¿Pero cómo lo hace?

Los versículos 2 y 3 responden: “No clamará ni alzará su voz, ni hará oír su voz en la calle. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo mortecino, con fidelidad traerá justicia”.

Jesús es gentil. Jesús es manso, y es amable, y es así como trae justicia al mundo. Tal como lo hemos venido diciendo, Él es Cordero

 

de Dios que ha sido inmolado desde antes de la fundación del mundo, el que conquista.

El resumen de la historia es que el Cordero gana. el Cordero vence, y a través de la mansedumbre, también podremos nosotras. Enfoca tu atención en la cruz.

Matthew Henry dice,

Piensa a menudo cómo y de qué manera sufrió; piensa cómo fue llevado como un cordero al matadero, y ármate del mismo pensamiento.

De eso leemos en 1era de Pedro en el capítulo 2 los versículos 21-23

“Porque para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca; y quien cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a aquel que juzga con justicia”.

Ese es el espíritu de mansedumbre.

Así que, mira a Cristo. Celebra en Él. Aprende de Él. Vive en Su presencia. Permanece en la cruz, y permite que la imagen de Él en la cruz conforme Su imagen de mansedumbre en ti.

Quiero cerrar esta sesión compartiendo la historia que una mujer escribió y compartió con nosotros no hace mucho, ilustra justamente algunos de los aspectos de lo que hemos hablado en general sobre la mansedumbre, ella dice,

Al graduarme del Instituto Bíblico me casé con un hombre con quien yo creía que tenía una buena relación con nuestro Señor, alguien que se dirigía en la misma dirección que yo. No tardé mucho en darme cuenta que no era así. Me encontré orando sola y leyendo mi Biblia sola. Mi esposo discutía conmigo por mis creencias bíblicas. Qué impresión fue darme cuenta que nos dirigíamos por dos sendas totalmente diferentes.

Había una gran agitación en nuestro hogar. Mi esposo tiene muy mal carácter, por alguna razón yo me convertí en el objeto de su ira la mayoría de las veces. Poco a poco me fui amargando contra él, por la forma en que me hería y por la sensación de haber sido engañada. Yo pensaba que él era otra persona, y al darme cuenta de que me equivoqué, acumulé resentimiento contra él.

Mi esposo aceptó una oferta de parte de su padre, una oferta de trabajo para mudarnos a otro estado y empezar de nuevo. Él estaba placenteramente emocionado. Yo no. Ambas familias estaban aquí, yo era muy allegada a mis padres, y ellos eran muy cercanos a nuestro hijo. Así que esa decisión fue muy difícil de tomar, pero al final, tratando de ser una “buena esposa,” accedí. Nos mudamos muy lejos, estábamos sin amigos, sin familia—excepto su padre, quien no era creyente— yo estaba delicada de salud y embarazada con nuestro segundo hijo; sin el respaldo de alguna de iglesia o grupo cristiano.

Conforme avanzó el tiempo, las cosas empeoraron. La separación que había entre mi esposo y el Señor solo se incrementó, luego descubrí la horrenda verdad. Por dos años él había estado viendo pornografía a mis espaldas. Me sentí abrumada por las tinieblas y el horror que me rodeaban. Esta niña que había sido tan protegida por sus padres, educada en casa, estudié en una universidad cristiana; y ahora me parecía estar en medio del infierno.

Pasé mucho tiempo en amargura y sintiendo lástima por mí misma. Vivía con un esposo que se suponía ser salvo, pero que vivía como si no lo fuese, y me trataba con gran crueldad. Con frecuencia llegué a pensar: Ya me colmó. Tomaré a mis hijos y lo abandonaré. Ciertamente Dios no quiere que yo sufra tanto así. Pero en medio de ello, mi madre, mujer piadosa y de oración [Gracias al Señor por las madres piadosas dadas a la oración] me mantuvo en mi posición diciéndome, “No veas la situación con los ojos de la carne, pero cree que todas las cosas son posibles para Dios.”

Claro eso es más fácil decirlo que hacerlo, pensaba entonces. Tú vives con mi padre, un hombre piadoso, uno de los más maravilloso del mundo, y en cambio yo con la peor pesadilla que una mujer pudiera tener.

Las cosas se encaminaban a un estallido nuclear cuando una amiga de antaño me sugirió empezar a escuchar Aviva Nuestros Corazones, y me dijo que encontraría gran aliento al hacerlo. Tan desesperada estaba por recibir ayuda, que lo hice. Ustedes estaban iniciando la serie de enseñanzas sobre la mujer de Proverbios 31. Las primeras tres veces que sintonicé el programa, pensé, “Esto es una locura. Otras podrán hacer esto porque viven con hombres buenos, que las tratan bien y que son hombres piadosos, cabezas espirituales de sus hogares, pero ¡Nancy no puede esperar que yo siga sus consejos cuando estoy viviendo con clase de esposo que tengo!”

A pesar de todo lo que mi corazón ha atravesado, sigue siendo sensible al Espíritu Santo, no pasó mucho tiempo para que una gran convicción descendiera sobre mí. Repentinamente, empecé a ver todas las maneras en que yo había contribuido al desastre en casa. En vez de confiar y esperar en el Señor para que cambiara a mi esposo, permití que la amargura y la autolástima entraran a mi corazón y me cambiaran, me hicieran enojar en contra de él, sin deseo alguno de amarlo o de servirle como el Señor nos ha mandado hacerlo. Yo solía decir, ¿Por qué debería yo hacerlo? Todo lo que has hecho es lastimarme y causarme dolor, ¿Por qué debería yo de hacer un esfuerzo extra por ti? Lo trataba más como a un enemigo que como a mi esposo.

Vi cómo se enfrió mi corazón. [Honestamente—ése es el punto de partida.] Qué impresión me causó darme cuenta que yo no era la perfecta esposa cristiana que pensé ser.

[Cuando observas a la otra persona—y ahora soy yo, Nancy, quiero agregar algo aquí— cuando estamos viendo a la otra persona y observamos sus faltas, fracasos y defectos, somos ciegos a los asuntos de nuestro propio corazón y a nuestras necesidades.]

Ella sigue diciendo:

Empecé a ver que en mi “celo santo” le faltaba el respeto y por lo tanto traía vergüenza al Señor. Desde el fondo de mi corazón herido y amargado lloré largo y tendido. Me arrepentí de la multitud de maneras en que yo pude haber mostrado el amor y el perdón de Cristo a un esposo extraviado, y no lo hice. Al empezar a escuchar la descripción de lo que es una esposa y madre piadosa, me di cuenta de cuán lejos estaba yo de serlo. Las semanas recientes han sido de las más duras que he vivido. El cambio nunca viene fácil o sin un precio a pagar, pues nada que valga la pena se obtiene fácilmente. También me di cuenta que la mejor determinación por amar a un esposo nada amoroso, era insuficiente; pero por el poder de nuestro precioso Señor viviendo en mí, yo sí puedo amarlo.

[Permíteme añadir que tampoco la más fuerte de tus determinaciones logrará hacer de ti una mujer mansa y de espíritu quieto. Es solo a través de la fe en Cristo, en lo que Él ha hecho a nuestro favor y en permitirle ser Cristo en nosotras que hace lo sobrenatural posible.]

Empecé a ver que si yo cambiaba, realmente cambiaba, él notaría que Dios verdaderamente estaba trabajando en mí. He tenido muchas pequeñas victorias a través de estas semanas. Cada una de ellas me alienta a seguir adelante. Cuando él me maltrata, ahora respondo con un espíritu amable en vez de la manera irritada de antes, que denotaba una actitud de Ya-no-te-soporto.

Esta mujer está cambiando el paso del vals que baila con su esposo, y eso requiere que él cambie. No es porque ella lo obligue a cambiar, sino porque el movimiento es diferente a lo usual. Cuando una persona cambia el paradigma, cambia el movimiento; entonces es maravilloso cuán frecuentemente Dios mueve el corazón de la otra persona hacia un cambio.

Y ella sigue diciendo:

Dios me ha estado ayudando a servirlo en formas que yo no había ni imaginado hacerlo antes. Alabo a Dios porque tengo fuerzas y visión renovadas. Por la gracia de Dios aún en medio de un matrimonio difícil, puedo ser la mujer de Proverbios 31. Puedo criar a mis hijos para que conozcan y amen al Señor aun cuando mi esposo no respalda esas creencias. Tengo tanta esperanza en mi corazón. Hacía años que no me sentía así.

Estoy tan agradecida por la gracia de Dios en la vida de esta mujer. Estoy tan agradecida por la esperanza que Él le ha concedido dentro de lo que parece una circunstancia de desesperanza. Nosotras caemos en esas circunstancias, donde pensamos que la única esperanza posible es que la otra persona cambie. Pero. . . ¿Notaste cuándo se llenó esta mujer de esperanza? ¡Fue cuando ella le permitió a Dios cambiarla!

Ahora, no estoy diciendo que si tus circunstancias son malas es porque has respondido mal. Pudiste haber respondido de manera correcta y aun así tener circunstancias difíciles. De eso se trata el Calvario —el justo sufriendo por el injusto para que Él nos pueda traer a DIOS. Pero asegúrate, como nos recomienda Pedro, que no sea porque tienes una boca sin freno, por tu arrogancia, o por tu falta de mansedumbre. Asegúrate de que no sufras por tu mal proceder.

Toma el espíritu de Cristo. Mantente enfocada en la Cruz. Pon tus ojos en Cristo, y permítele, por Su gracia transformarte en una mujer mansa y gentil con un espíritu en quietud. Las Sagradas Escrituras dicen en 1era de Pedro capítulo 3 que hay esposos que no están obedeciendo La Palabra de Dios que serán ganados a la manera de pensar de Dios mientras atestiguan esa conducta mansa, casta y pura —ellos ven a Cristo en ustedes— y la convicción llegará a ellos, y sus vidas serán transformadas también.

La Palabra de Dios dice, “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra”. (Mt. 5:5) Tal como Dios me ha estado animando a mí, quiero animarte para que en estos días por venir, busques desarrollar mansedumbre.

Padre, oro para que como mujeres reflejemos la humildad, la mansedumbre, la gentileza y el Espíritu de quietud del Señor Jesús, que no seamos de espíritu turbulento, que no seamos agitadas, arrogantes, resentidas por las circunstancias o por la gente, sino mujeres rendidas a Ti, diciendo “Sí, Señor,” recibiendo las circunstancias o a las personas que Tú mandes a nuestras vidas como de parte tuya para nuestro bien.

Oh Padre, cámbianos de adentro hacia afuera. Haznos como a Jesús, que nuestras vidas provoquen sed y hambre de conocerte y de seguirte en quienes nos rodean.

Oro en el Nombre de Jesús, Amén.

Annamarie : Solamente a través de ese nombre es que podemos desarrollar la clase de mansedumbre que Nancy Leigh DeMoss nos ha descrito.

Muchas mujeres están siendo retadas por medio de la serie de enseñanzas llamada, La hermosura de la mansedumbre, porque este tema es rara vez compartido. Espero que las palabras de este programa sean el principio de toda una exploración sobre la mansedumbre.

Y hablando de mansedumbre, esta es una actitud que se resalta en una Mujer Verdadera. ¿Ya conoces todo acerca de nuestra próxima conferencia en Santo Domingo, República Dominicana? Visítanos en

www.AvivaNuestrosCorazones.com y aprende cómo puedes ser parte de este evento.

Nuestro estudio sobre la mansedumbre ha sido muy práctico. Escucha el testimonio de las mujeres que están en situaciones que requieren de una mansedumbre como la de Cristo. Esto es mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda las Escrituras fueron tomada de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

7/9 – ¿Pueden las mujeres darse el lujo de ser mansas?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

7/9 – ¿Pueden las mujeres darse el lujo de ser mansas?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/pueden-las-mujeres-darse-el-lujo-de-ser-mansas/

Annamarie Sauter: La única manera en que puedes mostrar mansedumbre es si Cristo vive a través de ti. Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: No estamos hablando de moralismo hoy, ni de autocorrección o de hacernos mejores personas de lo que en realidad somos. Estamos hablando de Cristo, quien vive en nosotras y ha pagado el precio por nuestros pecados y mora en nosotras. Por el poder del Espíritu Santo, Él derrama Su gracia en nuestras vidas para crear algo sobrenatural que nosotras nunca hubiésemos logrado estando alejadas de Él.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy nos ha estado guiando a través de una serie que ha traído convicción a nuestras vidas llamada, La hermosura de la mansedumbre. En los días recientes, hemos obtenido un panorama bíblico, general, sobre la mansedumbre, ahora veremos lo mismo aplicado a las mujeres de hoy día. ¿Pueden hoy en día las mujeres darse el lujo de ser mansas? Aquí está Nancy.

Nancy: Siempre han existido mujeres insensatas, desde el jardín del Edén, según leemos en Génesis 3. Sin embargo, nuestra cultura se ha propuesto promover y respaldar características en las mujeres totalmente alejadas a la mansedumbre y a la quietud de espíritu, características de las que hemos estado hablando durante estos

Hace unos años apareció un artículo en el periódico de EEUU, USA Today, que decía,

La tendencia de moda para el personaje de las heroínas en las películas ya no es la dama en peligro o aflicción; sino la dama que ocasiona peligro o aflicción. Las actrices más cotizadas como Angelina Jolie, Keira Knightley, Jennifer Garner, Jessica Alba, y Jessica Biel han cultivado una reputación como símbolos sexuales un poco rudas y marimachos; pero, por su delicado físico y hermosa cabellera son consideradas símbolos sexuales que desarmarían a cualquier fortachón fácilmente con una mirada seductora o con una patada en el cuello.

Así que tenemos en esta 3ª ola del feminismo, como se le conoce, esta cultura obscena entre mujeres, donde se entrena a las mujeres a ser atrevidas, agresivas, y sueltas de lengua. La mansedumbre y la quietud de espíritu son denigradas y menospreciadas. De hecho, me topé con un blog en internet, donde el escritor, no cristiano, se oponía a los padres que entrenan a sus hijos con diferencias de género—aquellos que quieren que las niñas sean niñas y los niños sean niños. El título del blog era, “Socializando a nuestras niñas para ser mujeres mansas y aburridas o poco interesantes”.

De modo que se piensa que si uno es manso, uno es aburrido, poco interesante sin gracia, debilucho o falta algo, o quizás no eres lo suficientemente interesante como mujer de hoy.

Uno puede aprender mucho del consenso de la cultura al navegar por la esfera de los blogs. He aquí otro blog, esta mujer cristiana dijo—“fui criada en una era cuando se podía ver en las noticias de la televisión a las mujeres arrojando sus sujetadores a fogatas para luego marchar en demostraciones públicas, en busca de igualdad de derechos. Estas son mujeres que encontraron su voz para expresarse y no temieron hacerlo con gran frecuencia. La discreción salió por la borda, hacer un espectáculo público de sí mismas estaba a la orden del día”.

Los programas de televisión reiteraban este mensaje de ser escandalosas, repulsivas, prepotentes en los papeles femeninos estelares. El mensaje era aún más impuesto en nosotras a diario por parte de nuestras maestras de escuela básica, media y superior.

En el momento que muchas de nosotras llegamos a ser adultas jóvenes, teníamos este mensaje de la feminidad y de lo que se trataba el ser una mujer tan firmemente grabado que muchas de nosotras sentíamos la presión de “convertirnos” en una especie de superheroína capaz de hacerlo todo, tenerlo todo, decirlo todo y de no tolerar algo en contra de nuestro derecho a hacerlo.

¿Alguna de ustedes sabe lo que es haber sido criada en esta época?

Ella continúa diciendo,

 

“Para aquellas de nosotras que no crecimos dentro de una iglesia con ejemplos fuertes de mujeres piadosas y gentiles. . . Y carecimos del efecto que estas mujeres ejercen sobre otras muchas que se han convertido a Cristo; para nosotras ha sido un largo camino cuesta arriba para despojarnos de estos atributos mundanos de feminidad, y encontrar el balance entre defender lo que es correcto y hacerlo con gracia de manera que traigamos honra a Dios.”1

Ella nos introduce el reto que implica haber sido influenciadas por este tipo de cultura muy feminista, escandalosa, atrevida y prepotente y desde ahí, aprender a ser una mujer de Dios, especialmente si has crecido sin haber tenido un entrenamiento, instrucción o un modelo a seguir.

Aquí leemos de otra mujer que se encuentra dentro de un matrimonio difícil, ella nos escribió diciendo, “constantemente permito que mis emociones me derriben en picada ante las molestias cotidianas”. Dudo que haya alguien aquí que no pueda identificarse con tal situación de alguna forma. Le permitimos a nuestras emociones dominarnos y agitarnos en un torbellino en medio de situaciones que nos molestan e irritan. ¿Alguna otra le sucede lo mismo? ¿O soy yo acaso la única que se irrita? ¿Verdad que no?

Entonces, ¿qué puede hacer una mujer? ¿Cómo lidiamos con estas preguntas? Las respuestas a estas preguntas no son tan sencillas como las opciones A, B, C, D. No hay una fórmula única. La piedad es todo un proceso. La santificación es también un proceso. Es Cristo en nosotras formando la justicia de Dios en nosotras. En esta sesión y en la próxima deseo hablar de algunos aspectos prácticos que cultivan un espíritu de mansedumbre y gentileza. Pero, para empezar, necesito decirles que no hay una fórmula. Si la hay, yo no la he encontrado.

Me gustaría que hubiese tres o cuatro pasos bien fáciles o un libro de Matthew Henry que yo pudiera leer como, La búsqueda de la mansedumbre y la quietud del espíritu. Hemos estado hablando del mismo a lo largo de esta serie. Pero bueno, yo he leído el libro, y aún no soy mansa. ¡¡Tal vez si lo colocara debajo de mi almohada. . .!!

Alguien me dijo hace rato, “debo obtener ese libro,” y en verdad deseo que lo haga. Pero quiero decirte que, no hay atajos rumbo a la piedad. Será una batalla diaria. Humillandonos a nosotras mismas. Reconociendo nuestra necesidad. Permitiendo que Dios forme a Cristo en nosotras.

Así que esta sesión y la próxima son sesiones que dentro de diez años espero poder compartir de manera más efectiva de cómo lo hago hoy. Quiero compartir contigo unos pensamientos, un tanto al azar, para cultivar un espíritu de mansedumbre y humildad.

La Escritura nos dice: “Busca la mansedumbre.” Lo encontramos en Sofonías capítulo 2, en el versículo 3 en la versión Reina Valera. “dice buscad mansedumbre”.

Persiguela. Proponte desarrollar un corazón manso. La pregunta es

¿Cómo? ¿Cómo la buscamos? ¿Cómo nos revestimos de mansedumbre y de dulzura, tal como dice Colosenses capítulo 3? ¿Cómo nos vestimos de mansedumbre? ¿Qué hacemos?

Creo que un buen punto de partida es ser honestas con nuestras debilidades. Detengámonos y evaluemos nuestro coeficiente de mansedumbre. Resulta fácil compararnos con algunas de las mujeres del mundo, como las que hemos mencionado, que son atrevidas, exageradas, escandalosas, y decimos, “Bueno, yo no soy así.” Pero en realidad nos debemos comparar con la Palabra de Dios y preguntarnos, “¿Cómo estoy en cuanto a la mansedumbre?”

Permíteme hacerte algunas preguntas. No trates de anotarlas todas. Las tendremos, para ti, en la transcripción que puedes obtener si visitas nuestra página. Pensando en dónde creemos estar en relación a la mansedumbre, contéstate. . .

¿Eres fácilmente provocada?

¿Te irritas o te molestas con facilidad cuando las circunstancias no te complacen?

¿Tienes la tendencia a perder los estribos?

¿Tienes un mal genio?

¿Te enojas fácilmente?

¿Arremetes en contra de tus hijos cuando ellos cometen errores?

¿Eres a menudo impaciente con los demás que no ejecutan a tu nivel de expectativas o no se presentan a tiempo o no son tan conscientes como tú?

¿Tus amistades te provocan a la impaciencia, o quizás lo hagan los amigos adolescentes de tus hijos, quienes se comportan como si tuvieran dos años? Les dices ¡Maduren! Y lo haces de manera impaciente.

¿Tienes un espíritu de crítica? Esto no significa que nunca les señalas a tus hijos las cosas que deben ser corregidas. La pregunta es, ¿Tienes un espíritu que busca cosas negativas? ¿Ves las cosas con ojos negativos y un espíritu crítico?

¿Te encuentras frecuentemente resentida con la gente o las circunstancias que atraviesas? Por no hacer o ser como tú quisieras que fuesen.

¿Eres una mujer controladora? La mansedumbre es un espíritu de humildad que declara, Dios está en control. No yo. ¿Te encuentras controlado, tratando de tener las riendas de tu propia vida y la de los demás a tu alrededor? ¿Estás controlando tu hogar, tu matrimonio, tu área de trabajo, hasta controlando al grupo de mujeres de tu iglesia? ¿Sientes que debes estar en control? ¿Sientes que debes tener la última palabra? ¿Se tienen que hacer las cosas a tu manera?

¿Eres bocona y ruidosa? No estoy hablando de un asunto de personalidad. Agradezco al Señor el hecho de que hizo diferentes tipos de personalidades. Algunas de ustedes son muy extrovertidas, pueden fácilmente platicar con extraños, son el alma de la fiesta. Nada malo hay en ello. Pero si tienes un espíritu que al entrar en una habitación te hace dueña de ella con tu lengua, tus palabras, tu boca. Sabes a lo que me refiero cuando digo “bocona”. Mujeres que hablan demasiado, que hablan muy fuerte, de manera muy escandalosa. Llamando la atención sobre ellas mismas, sin ser sensibles a otros a su alrededor. Sin ser capaces de escuchar, solo siendo una parlanchinas.

“Rápida para hablar”. ¿Eres tú “rápida para hablar”? Cualquier cosa que cruza por tu mente simplemente tiene que salir por tu boca. Con frecuencia terminamos teniendo que confesar pecado simplemente porque hablamos demasiado apresurado. Proverbios 10:19 dice, “En las muchas palabras no falta pecado. . .” Pecaremos si hablamos demasiado.

¿Tiendes a ser muy franca? Cualquier cosa que pienses, tus opiniones, son conocidas por todo mundo. Obstinada, dogmática. Por cierto, uno de los sitios donde veo esto muy a menudo es en los medios electrónicos, a través de correos electrónicos, en el internet, en las páginas web, o en los blogs. La gente simplemente dice lo que piensa sin frenar o limitar sus palabras. Estoy hablando de gente cristiana.

Hoy en día escucho y ustedes lo pueden ver en el internet, un debate en curso sobre el derecho de los cristianos a usar desde vulgaridad limitada hasta descarada; y algo de ella hasta en los púlpitos. Este asunto de no ser puro y cuidadoso con nuestras palabras, sino que decimos lo que sea que nos pase por la mente. Si se me ocurre, tengo el derecho de decirlo. Eso no es un espíritu de mansedumbre. ¿Cómo te encuentras tú ante esta tendencia?

¿Eres terca?

¿Te aferras a una postura?

¿Debes ser siempre la que dice la última palabra?

¿Siempre debes tener la razón?

¿Eres pronta para corregir a otros, para señalar sus errores, sus fracasos y sus fallas?

¿Tienes un espíritu perfeccionista? Eso no es un espíritu manso.

¿Demandas mucho de los demás? ¿Eres rigurosa? Con eso quiero decir que tienes un pequeñito mundo donde todo debe quedar acomodado a tu deseo o te saca de tus casillas.

Déjame decir, que sé que estoy hablando con mujeres solteras mayores de edad. Creo que este es un detalle del que nosotras las mujeres solteras mayores debemos estar muy conscientes. Para las que no tenemos espejos en nuestras vidas, cuando no vives con alguien que rete tus límites, es muy fácil desarrollar ese criterio tan estrecho, negativo y riguroso; donde no toleras el ruido de otros. No manejas adecuadamente los cambios. No eres flexible. No te adaptas. Como soltera, y ya merecedora del calificativo “mayor”, siento necesidad de rodearme de niños en mi vida, así como de familias y cosas que entran en mi mundo y chocan con mis deseos. Lo hago porque no quiero volverme una mujer muy rígida, gruñona, para quien toda cosa debe salir a su manera.

¿Eres dada a los argumentos?

¿Eres alguien que prueba a los demás?

¿Eres temperamental?

¿Tomas la defensiva cuando eres criticada?

Pudiéramos incrementar la lista de preguntas, pero éstas son las que me vienen a la mente ahora que hemos estado conversando sobre la mansedumbre. Si tomaste esta pequeña prueba de tu corazón, ¿dónde te encuentras? El primer paso para cultivar un espíritu de mansedumbre es ser honesta en cuanto a las áreas donde no eres mansa. Sin hacer excusas para ello, sin defenderte o racionalizar tu conducta. “Bueno, esa es mi personalidad”, o “Si tuvieras que vivir con este adolescente, con este esposo, con este jefe, entenderías”. Sin excusa alguna, simplemente siendo honesta ante Dios en cuanto a nuestra falta de mansedumbre.

Mientras estudiaba para esta serie, Dios usó un montón de simples circunstancias cotidianas, nada espectacular, pero suficientes para sacar de mí y exponer mi falta de mansedumbre, la falta de mansedumbre que hay en mi corazón. Evidenciada en ocasiones a través de mis palabras. En ocasiones a través de mi espíritu o en mi tono voz, en mis ojos al voltearlos.

Si tú no estás aún convencida de necesitarlo en tu vida, pregunta a la gente que vive contigo. Pídeles que respondan a estas características y que te califiquen. ¿Dirían ellos que tienes un corazón quieto y manso? ¿Qué sueles responder de manera humilde, calmada y paciente a la gente que te provoca en las circunstancias ordinarias? Recuerda que el punto de partida es ser honesta con respecto a las áreas donde no tienes un espíritu manso.

Entonces cultiva un espíritu agradecido—un espíritu agradecido. Digo eso desde varios puntos de vista. Antes que todo, toma conciencia de las misericordias de Dios, y date cuenta que todas las misericordias de Dios en tu vida, son inmerecidas. No mereces ninguna de Sus bondades o Su benevolencia. Muéstrate agradecida por la misericordia de Dios. Eso nos ayudará a ser mansas con otros al tratar con sus fallas y debilidades.

Como parte de tu agradecimiento, busca enfocarte en las buenas cualidades de los demás. Busca evidencias de gracia en sus vidas. La persona que te molesta, te fastidia, o te irrita es muy probable que ni sea cristiana, pero fue hecha a imagen de Dios. Busca indicios, pistas, de la imagen de Dios en esa persona. Busca evidencias de gracia divina en la vida de ese esposo, de esa hija adolescente, y concéntrate en esas cosas con un espíritu de gratitud.

Luego vístete con humildad. Esto es parte de la mansedumbre. La humildad es el estado cuando reconocemos nuestra pecaminosidad y nuestra necesidad de misericordia. Nos percatamos de que merecemos la ira de Dios y Su juicio, pero, Él nos ha mostrado Su misericordia. El apóstol Pablo nunca pudo entender el hecho de que Dios lo hubiera salvado cuando él era enemigo de Cristo y lo hubiera puesto en el ministerio. Pablo dice en 1era a Timoteo capítulo 1: «Es increíble para mí, es asombroso para mí que Dios en su misericordia hiciera esto por mí» (véanse los vers. 12-16).

Nunca dejes de asombrarte del estado en que estabas cuando Dios te encontró ni dejes de maravillarte de lo que ha hecho en ti y a través de ti. Éramos hacedores de maldad. Cuando estemos muy molestas con otros hacedores de maldad, muy fastidiadas con ellos, recordemos que también nosotras fuimos malvadas. A no ser por la misericordia de Dios, aún lo seríamos.

Tengo una amiga que está lidiando con una situación difícil con un hijo adulto un joven rebelde. Ella me contaba por teléfono el otro día, “Debo ver mi propio corazón, y debo permitirle a Dios que me muestre dónde estaría yo de no haber sido por Su gracia”. Es casi imposible ofenderse e irritarse tanto por los pecados de otros cuando vemos nuestra propia necesidad a través de ojos de humildad.

Entonces, si deseamos cultivar un espíritu humilde, es muy importante que consciente y consistentemente rindamos nuestros derechos. Si, rendimos nuestros derechos. ¿Qué nos enfurece? ¿No es acaso que sentimos que nuestros derechos han sido violados? Alguien pisoteó nuestros derechos. Alguien no nos ha tratado como pensamos que debimos haber sido tratadas. Pero entonces, si recapacitamos en cómo realmente merecemos ser tratadas, cualquier cosa que nos venga menor que el infierno es mucho mejor que lo que en verdad merecemos.

Si conscientemente cedes tus derechos antes de entrar en una situación. . .Cede tus derechos a la felicidad. Cede tus derechos para obtener un esposo que te ame y se preocupe por ti y supla para tus necesidades. Cualquier cosa que obtengas será una bendición. Lo considerarás un privilegio. Estarás agradecida por ello.

Si quieres cultivar un espíritu manso, Matthew Henry dice en su maravilloso libro, “Arrepiéntete con frecuencia.” Sé alguien que se arrepiente continuamente. Déjame leer una cita, Él dice,

Proponte arrepentirte con frecuencia de tu pasión pecaminosa y renovar tus pactos en contra de ella. Si al reflexionar sobre nuestros arranques de cólera sintiéramos un sabor amargo, no seriamos tan prestos a caer en ellos tan fácilmente.

En otras palabras, si nos damos cuenta de que cuando respondemos con enojo, irritación o ira, y estamos seriamente determinadas a arrepentirnos y si lo viéramos como el pecado que realmente es, entonces no estaríamos tan predispuestas a caer tan rápidamente a la siguiente provocación. Él dijo,

El arrepentimiento eficaz, es serio, profundo, está anclado en una humillación y contrición verdadera, nos deja mansos y dispone el alma a soportar heridas con una abundancia de paciencia. Todos los que viven una vida de arrepentimiento continuo—como cada uno de nosotros tiene razones suficientes para hacer—no puede evitar vivir su vida de manera callada y mansa. Pues nadie podrá decir o hacer algo que lo humille más allá de lo que él mismo dice de sí mismo.

Si estás siendo honesta en confesar tus propios pecados, entonces cualquier cosa que otro diga acerca de ti, que te critique o vitupere; sabrás que la verdad acerca de ti es mucho peor. Así que sé pronta en confesar tus pecados y tus faltas a Dios, y a otros y pronta a humillarte tú sola cuando no has respondido en mansedumbre.

Tan solo durante las semanas en que hemos estado estudiado esta serie tuve muchas ocasiones en que supe que mis respuestas, ya sea por correo electrónico, por teléfono o en alguna reunión no fueron mansas. Tuve que volver y decirle a los involucrados, “Eso no fue una respuesta mansa”. ¿Pudieras perdonarme? Humíllate como una pecadora arrepentida.

Luego pídele a Dios mansedumbre. Matthew Henry dice,

Ora a Dios, pídele que Su Espíritu obre en ti la gracia excelente de la mansedumbre y la quietud de espíritu. En cualquier momento que empecemos a comportarnos retadores y ruidosos, debemos elevar una oración a Él quien aquieta el estruendo del mar, pidiéndole esa gracia que acalla el corazón.

Dile “Señor, Tú puedes calmar las aguas tormentosas, ¿pudieras ahora mismo calmar mi corazón? Aquieta mi corazón. Calma la tempestad. Concédeme un espíritu manso y tranquilo”.

Luego toma la decisión de responder en mansedumbre. Matthew Henry dice,

Debemos comprometernos con una resolución firme, por medio de la fuerza de la gracia de Cristo, a ser más gentiles y amables.

Dice que con gran frecuencia deberíamos examinar nuestro crecimiento y nuestra capacidad en esta gracia. Deberíamos preguntarnos cada noche, si mantuvimos la paz durante todo el día.

Date tiempo para reflexionar. No estoy hablando de vivir bajo la ley, o de algún precepto legalista. Estoy hablando de cuando el Espíritu Santo nos trae convicción de que no estamos caminando en gracia, humildad o mansedumbre, de que no estábamos revestidas de mansedumbre, sino de orgullo o de ira o dimos rienda suelta a un espíritu irritable. Tómate el tiempo para reflexionar en ello y luego confiésalo.

La mayoría de nosotras vive vidas sin auto-examinarnos. Solo andamos por el día. Reaccionamos airadamente. Dejamos en claro nuestra opinión desaprobadora. Perdemos nuestra paz cuando ciegamente creemos defenderla. Y seguimos como si nada grave hubiese sucedido. Y todo ello se va acumulando sobre nuestro corazón. Haz una pausa y toma inventario de tus fallas y observa el corazón de nuestro Dios, tan misericordioso, perdonador y lleno de gracia y di, “Oh Dios, gracias por Jesús que murió en la cruz para pagar por este pecado”.

Llámalo pecado. No lo llames un rasgo de tu carácter. Y por lo que más quieras no culpes a la persona que te sacó de tus casillas. No cargues a otro con tu responsabilidad. Tómala tú y di, “Oh Dios, ten misericordia de mí”. Y luego por la gracia de Dios, levántate al día siguiente. Créele a Dios, Su gracia es suficiente, te viste de mansedumbre y de un espíritu de quietud.

Recuerda que es un proceso. No pienses o digas que, “De ahora en adelante seré mansa y humilde hasta el resto de mis días. Nunca más estaré involucrada en alguna discusión. Nunca más hablaré duramente a mis pequeños”. Lo más probable es que lo vuelvas a hacer antes de que termine el día, si en tu corazón crees y dices, “Yo puedo lograrlo”.

No estamos hablando de moralismo ni de una auto-corrección o de hacernos ver mejores de lo que somos. Estamos hablando de Cristo, quien mora dentro de nosotras, quien ha pagado el precio por nuestros pecados y vive en nosotras por el poder del Espíritu Santo. Él derrama de Su gracia en nuestras vidas para transformarnos en algo sobrenatural, en algo que nosotras jamás pudiésemos ser alejadas de Él.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss se encuentra compartiendo una serie llamada La hermosura de la mansedumbre. Ella nos ha estado hablando del único verdadero poder que nos permite aprender mansedumbre. Cristo en cada una de nosotras.

Durante esta serie, Nancy ha estado citando con frecuencia de una fuente que Dios puede usar para enseñarte mansedumbre. Aquí está Nancy para contarte más al respecto.

Nancy: Bueno, a lo largo de esta serie, he estado citando bastante un libro de Matthew Henry. Se llama “La búsqueda de la mansedumbre y la quietud de espíritu” y por el momento sólo está disponible en inglés.

Matthew Henry fue un autor puritano, su estilo es un tanto diferente a lo que estamos acostumbradas a leer hoy en día. Te diré que no es un libro para los débiles de corazón. Es algo pesado, no es de lectura ligera. Pero no es un libro grande, y sí confieso que es un libro que me ha ayudado mucho. Lo consulto a menudo. Creo que ya habrás notado, por las citas que he mencionado en esta serie, que es un recurso rico para quienes quieren mejorar su entendimiento del concepto que Dios tiene de un corazón manso.

Annamarie: Gracias Nancy. Te invitamos a AvivaNuestrosCorazones.com, si necesitas contactarnos o revisar algunos de nuestros materiales de estudio y recursos.

¿Alguna vez deseaste que tu lengua tuviese un botón de pausa? Nancy Leigh DeMoss te ayudará a explorar esa pregunta mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

http://carlarolfe.blogspot.com/2008/03/culture-v-christ-godly-women.html

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Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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6/9 – Una confrontación mansa

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

6/9 – Una confrontación mansa

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/una-confrontacion-mansa/

Annamarie Sauter: Aquí está Nancy Leigh DeMoss .

Nancy Leigh DeMoss : El Salmo 85 dice que en Cristo la misericordia y la verdad se encontraron. La justicia y la paz se besaron. Cristo es el que encarna a la perfección la gracia y la verdad.

Annamarie Sauter : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Es posible ser mansos y aun confrontar a alguien acerca del pecado en su vida? Nancy explora esto en la serie, La hermosura de la mansedumbre.

Nancy Leigh DeMoss : He oído acerca de un grupo de apoyo para las personas sumisas que se llama DOORMATS (que en español se puede traducir como limpiapies). Estas son las siglas en para «Organización dependiente de almas verdaderamente mansas y humildes”, sin objeciones. Su lema es: «Los mansos heredarán la tierra, si todos están de acuerdo con ello».

Estas personas no enfatizan ni siquiera que los mansos heredarán la tierra, es si todos están de acuerdo con ello.

Y su símbolo es la luz amarilla del semáforo, está bien si te detienes, está bien si sigues conduciendo no es rojo ni verde es amarillo.

 

Bueno, no tengo que decirte que esta es una perversión no saludable, antibíblica de la mansedumbre. Y, sin embargo, creo que cuando la gente habla acerca de la humildad esta es uno de las ideas más comunes. Ellos piensan que debilidad es ser tímido, ser cobarde. Ellos piensan que la mansedumbre es igual a debilidad.

Ahora

• La mansedumbre no significa que tú no hablarás la verdad.

• La mansedumbre no significa que tú no confrontas el error.

• La mansedumbre no significa que tú estarás parada pasivamente y dejarás que el mal triunfe.

En ese punto es donde necesitamos todo el consejo de Dios.

No hay manera de obtener todo el consejo de Dios en un programa de veinticinco minutos. Así que estamos tratando de equilibrar esta enseñanza en el día a día. Hay situaciones en la Biblia y vamos a ver algunas de ellas en el día de hoy, donde se necesita coraje y audacia, donde se necesita la confrontación. Pero cuando lo hacemos, tenemos que hacerlo siempre con un espíritu de humildad, con un espíritu de amabilidad, un espíritu de mansedumbre.

Y quiero hablar de varias de esas situaciones hoy, donde se necesita audacia y hablar de cómo lo hacemos con un espíritu de mansedumbre. La primera es cuando se trata de amonestar a un hermano o a una hermana en Cristo que ha pecado.

La Escritura dice: “Fieles son las heridas del que ama” (Pr. 27:6 ) Tú no eres un amigo, si tú no hablas la verdad. Si alguien está jugando con fuego, si están tomando decisiones en sus vidas que son decisiones insensatas, que son decisiones pecaminosas, no estás siendo un amigo, no estás siendo fiel al Señor, si no intervienes en la situación.

En realidad puedes llegar a ser un facilitador del pecado en la vida de otras personas—si no las amonestas. Pero a medida que amonestamos, reprendemos, reprobamos a los que están pecando, tenemos que hacerlo con un espíritu de mansedumbre y humildad.

El texto que resume todo esto en un solo versículo, es por supuesto, Gálatas capítulo 6, versículo 1.

Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.

Un espíritu de mansedumbre, un espíritu de humildad.

 

En esta serie he estado citando extensamente un libro de uno de los puritanos, el comentarista Matthew Henry, que fue escrito hace más de 300 años, titulado, La búsqueda de la mansedumbre y la quietud de espíritu.

En este libro de Matthew Henry dice:

Las tres cualidades que se requieren en un buen cirujano también se requieren en el que reprende: ella o él debe tener ojo de águila, corazón de león, y la mano de una dama, en otras palabras, debe ser dotado de sabiduría, coraje, y de mansedumbre. A veces, sin embargo, es necesario reprender con seriedad.

Piensa por un momento en tus hijos. Hay momentos en que necesitas mirarlos a los ojos con seriedad y reprenderlos.

Sin embargo, nunca debemos reprender con ira, “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. (Santiago 1:20 )

Ahora, debemos balancearnos aquí como sobre un hilo muy fino. Es un equilibrio difícil. Es la verdad con amor. Matthew Henry dice:

Debemos tratar a los que están enfrentando alguna falta con la misma ternura y compasión que nos gustaría que nos trataran si se tratara de nuestro propio caso.

¿Cómo queremos que la gente nos confronte? Queremos que sea con amabilidad, con amor, con cuidado. No queremos que nos maltraten o que nos golpeen en la cabeza. Nosotros queremos que sean gentiles, amables, pacientes y compasivos cuando nos confronten.

Bueno, entonces tenemos que reprender a los demás con el mismo espíritu que nos gustaría ser reprendidos.

He escuchado decir a través de los años que si haces una pregunta, traes convicción a la conciencia, pero si acusas a alguien, la voluntad se endurece. De manera que no debes hacerlo con un espíritu acusador. Porque eso solo los va a endurecer, va a endurecer la voluntad.

Así que haces una pregunta. “Puedo haber estado a un millón de millas de distancia,” solía decir un amigo—que ahora está con el Señor. Pero él decía: “Puedo haber estado a un millón de millas de distancia, pero ¿es posible que. . .?” Y luego hacía una pregunta sobre algo que había observado en mi vida.

¿Y sabes?, casi siempre tenía la razón. Pero cuando lo decía, lo hacía con un espíritu de mansedumbre y humildad, que lo hacía más fácil de recibir.

Ahora, eso es particularmente importante cuando estamos llamadas a decir la verdad sobre un tema o un pecado en la vida de una autoridad, de tu esposo, de tu padre, de un jefe, tal vez de un pastor o un anciano, o quizás de una persona mayor. Se nos dice que debemos hablar con ellos con todo respeto y humildad.

Pienso en 1era a Timoteo capítulo 5 en el versículo 1 que dice: “No reprendas al anciano, sino exhortale como a padre”. Eso no quiere decir que nunca le señales un pecado. Sino que hables con la forma y el espíritu con el que lo debes hacer.

En esta última semana me he sentido dirigida por el Señor a escribirle una carta a alguien que respeto mucho, una persona mayor, un hombre, un anciano, que yo tenía en mi corazón. Quería hacerle una pregunta sobre un curso de acción que había sido tomado. Oré al respecto. Esperé.

No lo hice rápido y abruptamente porque muchas veces creemos que sabemos exactamente lo que es correcto y no nos detenemos a pensar, ¿Es esto realmente algo que Dios quiere que yo diga en esta situación? Pero el Señor no me dejaba actuar al respecto.

Pasé mucho tiempo redactando la carta, en la edición, en la reedición, re-re-edición, queriendo asegurarme de que el tono, el espíritu fuera humilde, gentil, ameno, que no estuviera atacando a la persona. Y me dediqué a mirar cada palabra con cuidado. ¿Podría parecer como un ataque? ¿Podría poner a esta persona a la defensiva?

Yo no le tenía miedo a la persona. No estaba siendo cobarde. Estaba tratando de ser compasiva, tierna, mansa y humilde en mi enfoque. Fue muy bueno ver a esa persona venir y decirme: “Gracias por compartir esto, pero aun mas gracias por el espíritu con que lo compartiste”.

Y esa persona me dijo: “Voy a llevar esto al Señor y le preguntaré si hay algo que tengo que confesar, si hay algo con lo que tengo que lidiar”.

Así que la respuesta fue una respuesta humilde. Muchas veces no obtenemos una respuesta humilde porque hacemos las cosas en un modo de ataque en lugar de con un espíritu de humildad y mansedumbre. Así que cuando sea necesario amonestar a un hermano o a una hermana en Cristo debemos hacerlo, pero con un espíritu de mansedumbre.

Ahora déjame decirte algo; déjame hacer un paréntesis aquí. Quiero enfatizar algo aquí acerca de cuando se recibe la reprensión, no de cuando se hace. Es también muy importante recibirla con un espíritu de mansedumbre.

Si somos mansas, recibiremos bien la corrección, la crítica, la reprensión o la amonestación. La recibiremos con la tranquilidad con la que mi amigo lo hizo en respuesta a esta carta. La vamos a recibir con humildad y con gratitud.

Cuando recibimos cartas críticas en el correo—lo cual sucede en ocasiones—le digo a nuestro personal… Algunas vienen con un espíritu dulce pero otras no… y yo le digo al equipo de trabajo: “Siempre, siempre, siempre denle las gracias por escribir”.

El reproche, la confrontación, la corrección puede no venir de la forma más sabia. Puede ser exagerada. Es posible que incluso seamos totalmente inocentes de aquello por lo cual estamos siendo criticadas o reprobadas.

Estoy pensando en un incidente que tuvo lugar hace muchos años, cuando una persona que era un líder para mi llegó un día y me dijo algunas cosas muy fuertes; señaló algunos problemas en mi vida, y tenía toda una lista. Quiero decir— era toda una letanía. Esta era una persona que yo respetaba, alguien a quien yo admiraba; era una autoridad en nuestro ministerio. Sin embargo, esta persona dijo cosas muy fuertes y con un espíritu áspero.

Y yo no reaccioné con un espíritu de mansedumbre. Estaba herida. Estaba devastada. Yo solo me lo repetía una y otra y otra vez.

Mi reacción interna – no sé si esa persona lo notó, pero mi reacción fue de enojo. Era una actitud defensiva. Llena de orgullo. Me sentí rechazada. Estuve molesta con esta persona durante mucho, mucho tiempo. Por muchos, muchos meses, más o menos durante un año y medio, reflexionaba sobre esto en mi mente y aún le resentía esto a esta persona.

Cuando Dios comenzó a trabajar en mi corazón, en esa área, me di cuenta de que había algo más que una pizca de verdad en lo que se me había dicho. Ahora, hay circunstancias que mirando hacia atrás puedo ver por qué esta persona actuó en esta situación con dureza. Yo he perdonado hace mucho tiempo esta situación y a esta persona.

Pero de igual forma yo le dije: “Nada de eso es verdad”. Yo había mantenido esa posición durante meses. Pero una vez que mi corazón fue humilde, me di cuenta de que había algo de verdad en todo esto.

¿Qué había pasado? Yo reaccioné a su exageración, y por ello había perdido la verdad que Dios quería que yo viera, que era necesario que viera, solo por haber reaccionado a la manera como él lo expresó.

De manera que debemos responder con humildad. Pudiera ser exagerado. Puede incluso no ser verdad. Pero Dios puede usar algo que han dicho, una crítica, fea y falsa para ayudarte a ver algo en tu corazón que es verdad, para ayudarte a desarrollar un espíritu de mansedumbre. Nunca te va a ir mal en el camino de la humildad.

Así que volvamos a las situaciones en las que nosotras tenemos que confrontar; debemos tener la valentía y la audacia, pero debemos hacerlo con un espíritu de mansedumbre. En primer lugar está el amonestar a un hermano o a una hermana que está pecando.

Una segunda área es la corrección de aquellos que se oponen a la verdad. Hay un tiempo para reprender, para exponer, para oponerse al pecado y a la falsa doctrina. Sabemos que Jesús era manso y humilde, pero se enfrentó a los fariseos. Lo hizo de una manera sencilla pero directa.

Pero Él no lo hizo en defensa propia ni por autopromoción. Él no lo hizo por enojo pecaminoso. Fue la justicia de Dios en Él lo que lo provocó a defender la gloria y la verdad de Dios.

Anteriormente hemos hablado de cómo la Escritura dice que Moisés era el hombre más manso y humilde sobre la faz de la tierra. Y sin embargo, se le ve de pie frente a Faraón, rey de Egipto, diciendo: “Tienes que quitarte del camino de Dios. Estás equivocado”.

Vemos a Moisés enojarse con el pecado del pueblo de Dios en el incidente del becerro de oro y reprenderlos por su idolatría. Él llama a una acción disciplinaria. Y, sin embargo, se trata de la acción de un hombre manso.

Ahora, hubo otra situación en la vida de Moisés, ¿te acuerdas?, donde él permitió que la ira justa ardiera para convertirse en ira pecaminosa. A veces nos oponemos a aquellos que se oponen a la Verdad con ira que no es santa.

Recuerdas cómo Moisés, al final de su vida antes de que los Hijos de Israel llegaran a la tierra prometida, en Números capítulo 20, cuando no había agua. El pueblo murmuró como lo habían hecho muchas veces antes. Y Dios le dijo a Moisés: “Habla a la roca y saldrá agua” (véase el versículo 8).

Y en un ataque de ira y de impaciencia, Moisés golpeó la roca dos veces en lugar de hablar con ella. Esto no fue mansedumbre. Moisés no fue humilde en ese momento. La ira del hombre no obra la justicia de Dios.

Segunda a Timoteo capítulo 2 habla de aquellos a quienes debemos confrontar, los que se oponen a la verdad. Se nos dice el espíritu con el que debemos hacerlo. Dice:

Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen altercados. Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen… ( vv. 23-25).

Por cierto, la mejor arma contra el error doctrinal es enseñar la verdad. La luz es lo que expone y disipa las tinieblas.

Así que el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable, apto para enseñar, debe soportar pacientemente el mal, corregir a sus oponentes con mansedumbre y amabilidad.

Y ¿cuál es el objetivo? Quizá Dios les conceda el arrepentimiento que conduce a un conocimiento de la verdad. El punto no es simplemente atacarlos. El punto es ver que vengan al arrepentimiento.

Estamos no solo para hacer frente a los que son los adversarios de la verdad. Hemos de advertir a los creyentes acerca de los falsos maestros, acerca de la falsa doctrina.

Si lees la 2da carta de Pedro, si lees el libro de Judas, ambas hablan claramente sobre estos falsos maestros, los cristianos deben ser advertidos sobre ellos. Y Pedro y Judas utilizan un lenguaje muy fuerte en la descripción de estos falsos maestros, pero lo están haciendo con un espíritu de humildad y mansedumbre. Sin embargo, ellos están diciendo que esto no puede ser tolerado en la iglesia.

En Apocalipsis, capítulo 2 Jesús mismo dice a la iglesia,

‘Pero tengo esto contra ti: que toleras a esa mujer Jezabel, que se dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos..’ (vv. 20-21).

Jesús les dice: “El hecho de que la toleres en la iglesia, a esta mujer que trajo falsas enseñanzas, está mal. No se puede tolerar. Debes ser mansa, pero no puedes tolerar la falsa doctrina”.

Y luego Jesús dice—y es aquí donde se ve su espíritu de mansedumbre: “Yo le di tiempo para arrepentirse. Le di tiempo para arrepentirse”.

Y ahora Él dice, “Ella se rehúsa arrepentirse de su inmoralidad sexual”. Por tanto, la juzgaré. Al final, Dios juzgará a los que se niegan a arrepentirse. Pero el corazón de Cristo es que expongas el asunto, que lidies con eso, que lo confrontes y al mismo tiempo que le des tiempo para arrepentirse.

Ese debes ser siempre el deseo del corazón cuando estamos enfrentando un error, cuando estamos confrontando a aquellos que se oponen a la verdad. Queremos que ellos se arrepientan, y nos preocupamos por la gloria de Dios y la iglesia, y nos preocupamos por que los creyentes estén completos y protegidos en Cristo. Esa es la motivación del corazón humilde.

Ahora, aquí tenemos otra situación en la que tenemos que tener un espíritu de mansedumbre y es cuando estamos defendiendo nuestra fe con aquellos que no son creyentes, la defensa de nuestra fe con los no creyentes.

 

Primera de Pedro capítulo 3 empezando en el versículo 15 dice:

Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros ( vv. 15-16) .

• Haz la defensa, defiende tu fe.

• Explica por qué la Palabra de Dios es la verdad y el error es el error.

• Da una razón. Da una explicación.

• Ofrece una apología; esto es, defiende tu fe. Pero hazlo con mansedumbre y respeto.

Si sales y preguntas a la gente en la calle lo que piensan los cristianos de hoy, podrás escuchar un montón de gente que dice que los cristianos son argumentativos, que son contenciosos, que son poco amables o que tienen un espíritu áspero. Y si vas al Internet y ves algunos de los diferentes debates que se están produciendo sobre la teología y cuestiones doctrinales y espirituales, podrás ver un montón de gente, un montón de llamados cristianos, que hacen esto con un espíritu que no es manso y humilde.

Y eso no obra la justicia de Dios. Los cristianos no deben ser conocidos por ser argumentativos y contenciosos en su espíritu.

Ahora, eso no quiere decir que no debemos hablar. Esto no significa que dejamos que las personas que están promoviendo falsas religiones hagan lo suyo y digan lo suyo. Eso es cobardía. Tenemos que ser valientes y confiadas en la defensa de nuestra fe, pero siempre haciéndolo con delicadeza y respeto.

Esto también es cierto a la hora de lidiar con asuntos culturales o con la justicia social; asuntos que deben abordarse en nuestra sociedad. Hay quienes dicen que no debemos involucrarnos en estas cosas; sino que debemos permanecer en nuestras “fortalezas santas» y ser buenos cristianos, cristianos santos. Se supone que debemos ser sal y luz. La luz debe exponer la oscuridad. Hay cosas en nuestra cultura y nuestra sociedad que irritan a Dios. Hay cosas que atacan el nombre de Dios y Su gloria, y Sus caminos, y que deben molestarnos. Tenemos que estar dispuestas a hacer frente a esas cosas.

Pienso en el tema del aborto. En Proverbios capítulo 24 dice: «Libra a los que son llevados a la muerte, 
y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza» (v.11). Tenemos que armarnos de valor e involucrarnos en estos temas según Dios nos dirija, pero tenemos que hacerlo con gracia, con gracia.

Yo soy la primera en decir que a menudo es difícil saber dónde está esa línea. Pero esta tiene que ser la meta: sin atacar, sin descargas de ira, sin ser arrogante u orgullosa o una sabelotodo.

El llamado aquí es a tener un balance—un balance entre gracia y verdad. Ahora algunas de nosotras tendemos a irnos hacia la verdad, por lo que necesitamos que Dios nos equilibre con la gracia. Algunas tienden a ser más fuertes en la gracia, y es posible que necesiten que Dios te equilibre con la verdad.

Por supuesto, eso solo se cumplió perfectamente en Cristo. El Salmo 85 dice que en Cristo la misericordia y la verdad se encontraron. La justicia y la paz se besaron. Cristo es el que encarna a la perfección la gracia y la verdad (véase el versículo 10).

Me encanta ese pasaje en el Salmo 45. Donde ves este equilibrio en esta imagen de Cristo del Antiguo Testamento. Dice:

Eres el más hermoso de los hijos de los hombres. [Este es un salmo mesiánico que habla acerca de Cristo.] La gracia se derramó en tus labios, por lo que Dios te ha bendecido para siempre.

Ciñe tu espada sobre el muslo, oh valiente, en tu esplendor y tu majestad! [La gracia está en tus labios. Ciñe tu espada sobre el muslo.] Y en tu majestad cabalga victoriosamente, por la causa de la verdad y la mansedumbre y la justicia.» (vv. 2-4 NVI) .

Me recuerda a esa imagen del hombre en Apocalipsis 19, el hombre que vendrá en el caballo blanco. Su nombre es «Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra » (v. 11). Él está lleno de gracia y Él está lleno de verdad. Él está lleno de misericordia, y sin embargo, justamente hace la guerra contra el pecado.

En Cristo vemos mejor que en ningún otro lugar en la Escritura el poder de la mansedumbre. La mansedumbre no es debilidad. La mansedumbre es poder de Dios bajo control liberado en y a través de nuestras vidas. Puedes Ver esto en el libro de Apocalipsis, en el capítulo 5, donde vemos esa ilustración doble de Cristo.

¿Te acuerdas de ese libro que tenía siete sellos que nadie en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir? Y Juan dice: «Yo sollocé, yo lloré mucho, porque nadie era digno de hacerlo. Porque nadie era digno de hacerlo. Nadie tenía el poder de abrir estos sellos» (véase el versículo 4). Y uno de los ancianos dijo:

No llores más, he aquí el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para que pueda abrir el libro y desatar sus siete sellos (v. 5).

Así que ves a Aslan, la imagen de Cristo, el León de la tribu de Judá, la raíz de David, el rey conquistador.

Y entonces Juan ve, en el versículo siguiente,

Miré, y vi entre el trono (con los cuatro seres vivientes) y los ancianos, [¿qué vio?] vio a un Cordero, de pie, como inmolado (v. 6).

¿Quién es el cordero? El cordero es el león. ¿Quién es el león? El león es el cordero. ¿Quién es el león y el cordero? Es Cristo, lleno de gracia y de verdad.

“Y vino, [el Cordero] y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del cordero; cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos. Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos..” ( vv. 7-9)

Nadie más podía hacerlo. Tú no podías pensar ni esperar que un cordero conquistara. Pero es el cordero que conquista. ¿Cómo lo hizo? “Porque tú fuiste inmolado”.

El manso, humilde, Hijo de Dios sin pecado va a la cruz y lleva sobre sí toda la ira de un Dios santo contra todos los pecados de todas las personas que alguna vez han vivido. El hijo de Dios sin pecado va a la cruz y lleva sobre sí toda la ira de un Dios santo, contra todos los pecados de todas las personas que alguna vez han vivido.

“…porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán para siempre”. (vv. 9-10)

La cruz es el acto supremo de humildad. Y sin embargo, es el más poderoso acto en la historia del universo. Es a través de la cruz que los cautivos han sido puestos en libertad, que los pecadores han sido rescatados. El cordero fue inmolado y Él reinará por los siglos de los siglos.

Annamarie Sauter : Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando el equilibrio entre la fuerza y ​​la mansedumbre. Es posible manifestar los dos por el poder de Dios. El programa de hoy es parte de una serie llamada, La hermosura de la mansedumbre.

A través de estos programas, Nancy ha estado citando a Matthew Henry, un escritor puritano que entendía bien el concepto de la mansedumbre. Él pudo compartir estas ideas de forma bien profunda; y espero que lean el libro—aunque solo está disponible en inglés.

Bueno, hemos explorado la mansedumbre en varias sesiones. En el próximo programa vamos a ver específicamente cómo la mansedumbre se aplica a nosotras como mujeres en el siglo XXI. Por favor, vuelve a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries. Y yo quiero que mi mamá asista a la conferencia de Mujer Verdadera.

Toda la Escritura fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Aviva Nuestros corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

5/9 – Vístete de Mansedumbre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

5/9 – Vístete de Mansedumbre

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/vistete-de-mansedumbre/

Annamarie Sauter: Cuando tienes un espíritu manso, se revela de maneras prácticas. Aquí Nancy Leigh DeMoss con un ejemplo.

Nancy Leigh DeMoss: El correo electrónico puede ser un lugar en el que realmente mostramos falta de mansedumbre. Necesitamos aprender a esperar, detenernos y pensar, antes de presionar el botón de enviar. Necesitamos preguntarnos ¿Es esto realmente lo que Dios quiere que yo diga?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Te resulta difícil estar tranquila, poder pausar, rehusar defenderte cuando alguien está enojado contigo? Estas son características de la mansedumbre que Dios puede desarrollar en tu vida. Acompañaremos a Nancy en esta serie, La hermosura de la mansedumbre.

Nancy: Después de nuestro último día de grabación, una pareja de amigos y yo estábamos cenando juntos esa noche. Una de las mujeres que había estado en la grabación se volteó hacia mí y me dijo, “Estas sesiones sobre la mansedumbre me trajeron mucha convicción”.

Mientras la miraba le pregunté con toda sinceridad, “¿Cuáles puntos en particular tú encontraste que especialmente te dieron convicción de pecado?”

Ella me miró y me dijo, “¡cada palabra que salió de tu boca!”

Ella lucía una mujer muy mansa. Pero Dios le estaba mostrando en su corazón que sus respuestas iniciales no son mansas.

Ella me dio la siguiente sugerencia, “quizás ayudaría que tú le dejes saber a las mujeres, cuando hables de nuevo sobre este tema que la mansedumbre no es algo que se produce de la noche a la mañana en tu corazón, que es un proceso de santificación. Dios nos toma donde nosotras nos encontramos y por el poder de Su Espíritu, nos conforma, nos moldea y nos da forma”.

Así que aquí estoy yo para decirte que hay un proceso involucrado, y yo ciertamente sé esto por experiencia propia en mi propia vida, yo estoy muy agradecida de que esta amiga me lo recordara.

A través de esta serie, he estado refiriéndome en múltiples ocasiones a un libro, que yo espero que puedas conseguir, La búsqueda de la mansedumbre y la quietud del Espíritu, escrito por Matthew Henry, disponible está solo en inglés. Fue escrito hace más de 300 años.

No es un libro largo pero no puedes leerlo rápido. Las citas que he resaltado siguen trabajando en mi vida con el paso del tiempo.

En la última sesión nosotras hablamos acerca de cómo Matthew Henry dice que la mansedumbre nos permite gobernar y controlar nuestro enojo cuando hemos sido provocadas, cuando otros hacen cosas que nos irritan y nos molestan.

Años atrás yo escuché una ilustración acerca de George Whitefield, quien fue uno de los evangelistas británicos grandemente usado por Dios durante el avivamiento del siglo XVIII. En un momento de su ministerio, Whitefield recibió una carta cruel, donde era acusado de mala conducta.

George Whitefield respondió mostrando un espíritu de mansedumbre. Él dijo,

Le doy las gracias de todo corazón por su carta. [Esta es su respuesta por escrito.] En cuanto a lo que usted y mis otros enemigos están diciendo contra mí, yo conozco peores cosas acerca de mí mismo que lo que ustedes jamás podrían decir.

Con amor en Cristo, George Whitefield. 

Yo pensé, eso es un espíritu de mansedumbre. Él no trató de defenderse. No tomó represalias. Él dijo, “Mira, si tú supieras lo que yo verdaderamente soy, hubieras hecho una lista aún más larga”. Eso es un espíritu manso. Así que la mansedumbre nos permite gobernar y controlar nuestro enojo cuando somos provocadas.

Pero la mansedumbre, de acuerdo a Matthew Henry, también nos permite soportar pacientemente la ira de los demás hacia nosotros. Es en esto en lo que me quiero enfocarme en el día de hoy—cuando otros están enojados contra nosotras, ¿cómo debemos responder?

Matthew Henry sugiere que hay dos respuestas bíblicas. La primera es, algunas veces la respuesta correcta, la mansa respuesta, que es no decir nada. Algunas veces dice George Whitfield la mansedumbre requiere de nosotros, quedarnos en silencio. Proverbios capítulo 26 versículo 4 nos dice “No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él”.

Tú, al igual que yo, seguro puedes pensar en momentos, o en relaciones—quizás en tu matrimonio o con tus hijos o con tus compañeros de trabajo, con un amigo—donde alguien dice algo. Están molestos contigo; te lo dicen. Tu respuesta natural es a igualar su tono, ¿no es así? Responder acaloradamente.

Recuerda que nosotros dijimos que la mansedumbre no es botar humo, calentarte. Algunas veces la mejor manera de manejar esto es no decir nada.

No hay mayor ilustración de mansedumbre, que la respuesta que vemos en Jesucristo mismo, quedarte callada, en silencio, bajo los ataques de los demás. ¿Recuerdas lo que dice el pasaje en Isaías 53? Dice que:

Él fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió Él su boca. (v.7)

Hay momentos cuando la mansedumbre nos dirige a mantenernos calladas, a no decir nada. Ahora, vamos a estar viendo en el resto de esta serie que hay momentos cuando la mansedumbre nos guía a decir algo.

Hay momentos cuando el camino de la mansedumbre nos lleva simplemente a callar, a no decir nada, a estar en silencio, a estar quieta, a dejar que sea Dios que venga en nuestra defensa y a no defendernos a nosotras mismas.

Permíteme leerte algunas citas del libro de Matthew Henry. En lo relativo a este asunto de quedarnos en silencio cuando otros están enojados con nosotras. Él dice,

Es mejor no decir nada que decir algo que provoque. Cuando nuestros corazones están acalorados dentro de nosotras, es mejor mantenernos en silencio y abrazar la paz. Aquellos que se sienten agraviados piensan que ellos tienen permiso de hablar, pero es mejor estar en silencio que hablar mal y obrar mal y luego tener que arrepentirnos.

En otras palabras, mejor es no decir nada que decir algo que luego vas a tener que recoger y pedir perdón a Dios y a la otra persona a la que le hablaste.

Él dice,

Nosotros, muchas veces, hemos sido lo peor por nuestro hablar, pocas veces por nuestro silencio.

En otra cita, él dice,

Las cosas pueden ser mejor dichas cuando la pasión ha cedido.

En otras palabras, si tú vas a hablar, no hables mientras estés enojada. A propósito, esto se relaciona con la disciplina de tus hijos, ahora, tú debes decir algo en el momento porque la situación así lo requiere. Pero si es posible, mejor espera, espera hablar cuando puedas manejar el enojo interno, porque la Escritura dice, en Proverbios capítulo 22 versículo 8 “, y la vara de su furor perecerá”.

Luego aquí una cita que es tan poderosa. Él dice,

Es mejor ceder ante nuestro hermano en silencio, quien es, o será o pudiera ser, nuestro amigo, en lugar de ceder al diablo a trav é s de hablar con ira, quien ha sido, y es, y siempre ser á , nuestro enemigo ac é rrimo.  

Así que algunas veces la respuesta correcta y mansa ante la ira de los demás es no decir nada.

Luego, en otras ocasiones, la respuesta correcta es hablar. La mansedumbre nos dirige a dar una respuesta suave—algunas veces a no decir nada —pero cuando sí hablamos, debemos dar una respuesta suave y mansa.

Como he dicho, varias veces en las semanas pasadas mientras he estado trabajando en esta serie, me he encontrado a mí misma siendo provocada. Yo no sé si yo lo estoy notando más o si realmente me está pasando más, porque quizás Dios está creando justamente las circunstancias para mí para poder practicar lo que estoy enseñando aquí.

Pero un día en particular mientras estaba trabajando en esta serie, recibí un correo electrónico de una amiga que estaba molesta, ella estaba enojada. Se podía percibir el tono del correo, ¿sabes? Los correos pueden transmitir un tono, y el tono era acusatorio. Realmente, a mi manera de verlo, era un ataque injusto. Era como, ¿De dónde vino esto?, me encontró fuera de guardia.

Pero yo estaba estudiando este tema y pude medir y sopesar mi respuesta. Ahora, mi impulso natural—como quizás el tuyo en una

situación como ésta, sería si eres honesta—mi impulso natural fue responderle el correo. Y cuán rápido y fácil es hacer eso -muy fácil –solo pulsar la tecla de enviar.

El correo electrónico puede ser un lugar donde nosotras realmente demostramos nuestra falta de mansedumbre. Es necesario esperar antes de presionar la tecla de enviar y detenernos a pensar, ¿es esto realmente lo que Dios quiere que yo diga?

Mi impulso natural fue defenderme, devolver el ataque y mostrarle a ella sus deficiencias. Pero la respuesta mansa me llamaba a esperar. No respondas inmediatamente, deja que se enfríe. Déjame enfriarme, deja que las cosas se calmen, y asegurarme de no responder con ira. Me di cuenta de que cuando finalmente respondí—y en este caso esperé varios días . . .

Dadas las circunstancias, eso era lo correcto. Yo necesitaba esperar, dejar que las cosas se calmaran. Y cuando respondí, tuve que asegurarme que no le estaba respondiendo de la misma manera, sino que le respondía suavemente.

Matthew Henry usa un par de ilustraciones que muestran lo que pasa cuando tú respondes con palabras suaves al enojo. Él dice que cuando nosotros respondemos con una respuesta suave, es como derramar agua sobre la situación. «Mientras que el mal humor y la provocación solo sería como echar aceite sobre la llama”.

Si tú hablas precipitadamente o de manera airada… Solo haces que las cosas . . . es como echar líquido para encender sobre carbones calientes, hace que se enciendan rápidamente. En vez de esto, es mejor derramar agua sobre estos… Amortigua el calor, y amortigua la llama.

Luego el usa esta otra imagen. Él dice, “cuando la ola del mar choca contra una roca, golpea y produce sonido”. Tú puedes escucharlas chocando contra esas rocas y produciendo este sonido fuerte y alto. “Pero la arena suave recibe esas mismas olas quietamente, y las retorna sin dañarlas”.

Tú puedes ver esas olas viniendo hacia la orilla, pero sobre una arena suave, y no hay nada contra las que ellas golpeen. Así que las olas solamente se devuelven. Es una imagen de lo que sucede cuando nosotras respondemos con mansedumbre a las personas enojadas.

Eclesiastés capítulo 10 versículo 4 dice, “Si la ira del gobernante se levanta contra ti, no abandones tu puesto, porque la serenidad suaviza grandes ofensas”.

Proverbios capítulo 25 versículo 15 , “Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
y la lengua suave quebranta los huesos”. Suavidad, bondad, paciencia.

Desde luego, nos hemos referido a Santiago capítulo 1 los versículos 19-20: “Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira; 20 pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios”.

Ahora, en el libro de Matthew Henry del que hemos venido hablando, él habla acerca de la evidencia de la falta de mansedumbre y cómo ésta se manifiesta en las relaciones diarias. Solo voy a mencionar tres de ellas, y mientras, dejemos que Dios escudriñe nuestros corazones y nos muestre—“¿tengo yo un espíritu manso?”—he aquí algunas cosas que nos ayudarán a ver esto.

Primeramente, en lo relativo a aquellos que están por debajo de nosotros—esto es, nosotros como padres o maestros o empleados tenemos personas que están reportándose a nosotros o personas que estamos dirigiendo, personas que están bajo nuestra autoridad—Si no somos mansas, tendremos la tendencia a corregirlos rápidamente y seremos muy rápidas para encontrar sus faltas.

Nosotras somos más conscientes de las deficiencias de los demás que de las evidencias de gracia en sus vidas. Entonces lo que sucede es que las personas que están por debajo de nosotras piensan que nunca pueden complacernos. De seguro algunos de tus hijos se siente así.

Si no somos mansas, vamos a ser rápidas para corregir y rápidas para encontrar faltas en aquellos que están por debajo de nosotras. Matthew Henry dice,

Cada pequeño fracaso no necesita ser censurado [o señalado o corregido]. En vez de esto debe ser pasado por alto, y si la falta debe ser reprobada y corregida, pudiera ser hecho sin enojo. No necesita ruido y algarabía. Mientras estás gobernando a otros, aprende a gobernarte a ti mismo. 

Esta es una buena palabra para padres, maestros, líderes.

Y luego la falta de mansedumbre se muestra a sí misma cuando nosotros nos molestamos con otros que están por encima de nosotros, y comenzamos a desahogarnos contra esas autoridades, contra nuestros líderes. Esto fue lo que hicieron Miriam y Aarón contra Moisés. Ellos estaban molestos y se desahogaron. Ellos expresaron rápidamente su hostilidad, su desacuerdo con Moisés.

Matthew Henry dice aquí,

Si todo no está como ellos pensaban [si todo no está como nosotras pensamos que debe estar], se irritan, y se molestan y sus corazones se acaloran, encuentran falta en todo lo que les dicen o les hacen.

Un espíritu en quietud nos reconciliará con la posición en la cual estamos y en todas las dificultades que podamos enfrentar, lo cual repercutirá para bien en nuestro estado actual, aunque nos encontremos con muchos inconvenientes.

Es la falta de mansedumbre que hace que los que han sido colocados por la Providencia divina bajo el yugo se impacienten debajo del yugo.

Así que cuando nosotras nos encontremos en circunstancias donde estamos bajo autoridad, la falta de mansedumbre nos va a hacer rápidas en desahogarnos, rápidas en enojarnos, en vez de recibir la circunstancia y la situación.

Y luego generalmente la falta de mansedumbre nos hará contenciosas con nuestros iguales. Matthew Henry dice,

Es por la falta de mansedumbre que somos tan impacientes con las contradicciones de nuestras opiniones, nuestros deseos, nuestros planes.

Tiene que ser a nuestra manera y somos impacientes si las cosas no van de la manera que nosotros queremos. Él dice: “tenemos que tener la última palabra, correcto o incorrecto, y todo debe hacerse a mi manera”. Esto nos hace contenciosas y personas con las que es difícil convivir.

Hay una gran ilustración de esto en Génesis capítulo 13 en la vida de Abraham ¿tú recuerdas como Abraham subió (su nombre en ese momento era Abram) pero tú recuerdas como Abraham subió de Egipto, él y su esposa y todo lo que él tenía y Lot, su sobrino, iba con él al Neguev?

Y dice la Escritura,

Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro. 3 5 Y también Lot que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no podía sostenerlos para que habitaran juntos, porque sus posesiones eran tantas que ya no podían habitar juntos. [Así que la prosperidad creo tensión entre ellos].

Había tensión. Había contienda entre los dos grupos de hombres. Así que qué hace Abram? Versículo 8:

Hubo, pues, contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot. . 8 Y Abram dijo a Lot: Te ruego que no haya contienda entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos.» (vv. 1–8)

 

Lo que Abram está diciendo es, “yo no me voy a remangar las mangas. Yo no me voy a colocar mis guantes de pelea. Yo me voy a retirar. Yo no voy a entrar en esta batalla. Yo no voy a dejar que haya contienda.”

Él tomó un rol de pacificador. Él toma la posición del manso.

“Y Abram dijo a Lot (versículo 8): Te ruego que no haya contienda entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos.»

¿No es esto lo que deberíamos estar haciendo en nuestros hogares? ¿No es esto lo que deberíamos estar haciendo en nuestras iglesias? ¿Por qué nos estamos dividiendo? ¿Por qué estamos teniendo estas contiendas? ¿Por qué estamos teniendo estos desacuerdos?

“Nosotros somos hermanos. No voy a permitir que haya contienda”. Y entonces él valida sus palabras con sus acciones.

“¿No está toda la tierra delante de ti? Te ruego que te separes de mí: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si a la derecha, yo iré a la izquierda.” (v. 9)  

¡Qué espíritu de humildad! ¡Qué espíritu de mansedumbre! “Mira, toda la tierra está delante de ti. Elige la parte que quieras y yo tomaré lo que sobre”. Y Lot eligió la parte que parecía la mejor, porque Lot no tenía un espíritu manso. Lot era un hombre arrogante y orgulloso.

Y Abram dijo, “Bien. Yo tomaré lo que sobre.” ¿Pero, quién obtuvo la bendición? Abram obtuvo las promesas de Dios, la tierra de Dios, el linaje a través del cual vendría el Mesías.

La Escritura nos dice en 1era a los Corintios capítulo 6 que es terrible que los cristianos vayan a la corte unos contra otros. Puede ser una corte de divorcio. Puede ser todo tipo de causas. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio?

¿Por qué vamos a los tribunales? ¿Por qué están litigando entre ustedes ante la ley?

Yo estuve hablando con una pareja de amigos que se involucraron en un trato comercial, un negocio donde había toda clase de promesas y cosas que ellos esperaban en el proceso pero que no se llevaron a cabo no se realizaron. Era un material perfecto para una demanda legal. Y estos dos hombres profesaban ser creyentes.

Pero mi amigo dijo que él quería ir; que él quería demandar. Y habría obtenido un buen dinero si él demandaba, y podría haber obtenido lo que se le había prometido. Pero la esposa de mi amigo le dijo a él sabiamente, «yo no me siento bien acerca de esto. Esta no es la manera de Dios. No es bíblico». Y este hombre tomó la posición de humildad, escuchó a su esposa, pero lo más importante, escuchó al Señor, y le dijo, «Estás en lo correcto. No vamos a demandar»

Ellos perdieron una gran cantidad de dinero que pudo haber sido potencialmente ganado de vuelta en la demanda. Pero Dios honra la mansedumbre. “Bienaventurados los mansos”. Aquellos que han tomado el camino más difícil, el camino más bajo, el camino de la humildad. «Porque ellos heredarán la tierra» (Mateo 5:5).

Algunas de ustedes saben que cada día en AvivaNuestrosCorazones.com nosotros tenemos la transcripción del programa del día; y luego al final de la transcripción hay un espacio donde los radioescuchas pueden escribir sus comentarios a lo que escucharon. Espero que tú puedas ir a la página web y puedas escribir tus comentarios acerca del programa de hoy.

No hace mucho tiempo, una mujer escribió en el blog acerca de una dificultad, un matrimonio conflictivo en el que ella se encontraba. Otra oyente vio el comentario y escribió en respuesta a esta persona lo siguiente, yo pienso que ilustra bellamente el poder de la mansedumbre. Esta oyente escribió, «una cosa que te puede ayudar»— y recuerda que ella está escribiendo a la oyente que se encuentra en el matrimonio difícil.

Una cosa que te puede ayudar a pacificar esta situación es solamente decir «lo siento». Muy a menudo le arrojamos muchas palabras a esta frase, cuando con tan solo una disculpa humilde pudiéramos hacer que las cosas vuelvan a estar bien. Con menos palabras y más amor, tratar de encontrar lo que aprecias de tu esposo y enfócate en eso. Él está herido, y ésta es la razón de su mal temperamento y de sus luchas.

Tú no puedes arreglarlo todo por él. Pero si tú te niegas a pelear, él va a tener que calmarse eventualmente. Puedes ofrecerle un masaje en el cuello cuando su temperamento no esté tan explosivo. Y trata de relajarlo. Él probablemente esté asustado de perder el control.

Pero él necesita conocer la paz. Ora por él en tu corazón mientras tratas de calmar su tensión.

¿Puedes ver aquí el camino de la mansedumbre? “Yo verdaderamente creo –dijo ella– que en la mayoría de los casos el ciclo puede ser roto por uno de los dos”, esto es lo que Abraham hizo con Lot. Él rompió el ciclo diciendo, “mira, nosotros no vamos a luchar con relación a esto. Toma todo lo que quieras”.

Ella continúo diciendo en actitud de oración,

Escucha sus necesidades y haz lo que tú puedas. Nuestro matrimonio es totalmente diferente ahora que hace un año atrás. Pero fue después de 16 años de pelear. Seguro, yo pensaba que estaba en lo correcto en la mayoría de las circunstancias, pero tuve que madurar y ver que hay una mejor manera. Me tomó mucha oración y humildad y leer buenos materiales que me enseñaron que yo estaba errada en la manera en cómo estaba manejando las cosas. Pero valió la pena No hay manera de ser como Cristo aparte del sufrimiento. En Hechos capítulo 14 versículo 22 dice que “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Muchos ejemplos pueden ser dados, tanto de la Biblia como en biografías, de hombres y mujeres de Dios. Dios refina sus joyas a través del fuego de la prueba del sufrimiento. Yo me encogía ante la idea del sufrimiento. Ahora he empezado a ver la belleza de esta herramienta del Señor para perfeccionarnos como nada más puede hacerlo.

A través del sufrimiento y de las personas difíciles, mi corazón ha sido hecho mejor por Su gracia. 

Existe verdaderamente una belleza producida través del fuego que nada más puede producir. Estoy orando por ti y espero que esto te ayude. 

Estas son buenas palabras. Estas son palabras sabias. Vístete de humildad. Vístete de mansedumbre. Esto va a involucrar fuego algunas veces, sufrimiento, dificultad, privación, personas difíciles. Pero es la manera en que Dios nos forma, nos moldea y hace que como el oro cuando es probado, nuestra fe sea hallada en alabanza para que Dios pueda ser glorificado en nuestras vidas.

Annamarie: Si todas nosotras pudiéramos crecer en mansedumbre, ¿te imaginas la alegría que esto traería a los hijos, a los esposos en todo lugar? Nancy Leigh DeMoss está en medio de una serie llamada, La hermosura de la mansedumbre, muchos hogares serían transformados si las mujeres aprendiéramos a ser mansas de espíritu.

Nancy, pienso que muy probablemente pocas de nosotras nos hemos expuesto anteriormente a una serie que nos hablara acerca de la mansedumbre.

Nancy: Estás en lo correcto, éste no es exactamente el tema más popular que nosotros pudiéramos tratar. Al principio cuando comenzamos Aviva Nuestros Corazones, yo hice un compromiso de enseñar toda la Palabra de Dios —fuera ésta popular o no.

Cuando nosotros transmitimos programas con temas prácticos o de necesidad—programas acerca del matrimonio o de cómo ser padres— las personas inevitablemente responden. Ellos ordenan los recursos. Ellos apoyan nuestro ministerio financieramente. Pero cuando nosotros profundizamos en la Palabra de Dios sobre un tema como la mansedumbre, que no todo el mundo está preguntando o pidiendo querer saber sobre esto, usualmente no tenemos mucha respuesta particularmente en el aspecto financiero.

Es por eso que estoy tan agradecida por las personas que aportan financieramente cada mes para Aviva Nuestros Corazones pueda poder llegar a tantas mujeres. Estas personas oran por el ministerio, comparten el mensaje de Aviva Nuestros Corazones con otras personas y proveen apoyo financiero cada mes. De manera que este apoyo nos permite continuar en el aire y enseñar toda la Palabra de Dios y no solamente los temas que se consideran más populares.

¿Has considerado tú el ser parte de este grupo de personas? Puedes contactarnos en AvivaNuestrosCorazones.com y conocer más acerca de lo que puedes hacer para comenzar a ser una patrocinadora regular.

Annamarie: ¿Es posible poder confrontar a alguien y ser mansa al mismo tiempo? Nancy va a discutir sobre esto la próxima vez. Por favor acompáñanos en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

4/9 – Piensa antes de reaccionar

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

4/9 – Piensa antes de reaccionar

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/piensa-antes-de-reaccionar/

Annamarie Sauter: ¿Quieres aprender a ser mansa? Nancy Leigh DeMoss dice: prepárate para algunas relaciones desafiantes.

Nancy Leigh DeMoss : Dios usa a esas personas que nos ofenden, que nos hieren, que nos desafían, que nos enfrentan, que nos molestan, que nos fastidian y que nos irritan. Dios usa a esas personas, Él quiere usarlas para formarnos, moldearnos y corregirnos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando la belleza de la mansedumbre. Hemos estado explorando cómo se ve una actitud de mansedumbre ante Dios. Pero para algunas personas, la mansedumbre se hace más difícil cuando hay otras personas involucradas. Unámonos a Nancy.

Nancy: Vivimos en una época en la que no es nada que una persona demande a otra por razones insignificantes o por ninguna razón en absoluto.

Leí acerca de algunas de esas demandas recientemente en un periódico de Detroit en la Prensa Asociada. Había un titular que decía: “Empleada de Detroit demanda a la ciudad por el perfume de un compañero de trabajo, diciendo que la fragancia fuerte no la dejaba trabajar.”1 Ahora, yo sé que algunas personas son sensibles a las fragancias, pero, ¿en serio?, ¿demandar a la ciudad de Detroit? Eso me parece demasiado.

Este otro encabezado apareció en LA Times, (un periódico que circula en la ciudad de Los Ángeles): “Mujer demanda por falta de aguacate en la salsa”. 2 Este era un tipo particular de salsa que fue anunciado como una salsa de aguacate, y esta persona se dio cuenta que casi no tenía aguacate. No decía que eran aguacates, era solo una salsa con sabor a aguacate, pero porque no tenía las palabras “con sabor a” en el anuncio, ella estaba demandando a esta compañía.

La Prensa Asociada de Pittsburg publicó lo siguiente: una mujer demandó a Kmart que es una tienda por departamentos por supuestamente cobrar el 7% de impuestos en un artículo exento de impuestos –un paquete de doce rollos de papel higiénico. “Mary [tal y tal…no voy a decir el apellido] alega que la tienda de departamentos Kmart en el suburbio de Pittsburg, Monroeville de forma inapropiada cobro impuestos en un artículo, y en vez de cobrarle $3.99, le cobro $4.27 – veintiocho centavos más,” así que ella demandó a Kmart.

No se trata solo del tema de las demandas. Vemos este tipo de expresiones de enojo que la gente tiene hacia otros en todo tipo de situaciones, día tras día.

Estamos hablando del tema de la mansedumbre. Es algo que no abunda en nuestra cultura o en esta era. Hemos visto el hecho que la mansedumbre afecta nuestra actitud hacia Dios, nuestro sometimiento a Su Palabra – recibimos Su Palabra con mansedumbre – y también nuestra actitud hacia las circunstancias que Él trae a nuestras vidas, de las cuales no tenemos ningún control.

La mansedumbre dice, “Yo recibo mis circunstancias. No me molesto, ni me resisto, no pataleo contra ellas. Si es algo que no puede ser cambiado, entonces supongo que Dios tiene un propósito con ellas, y las recibo”. Eso es mansedumbre hacia Dios.

Ahora queremos dar la vuelta y hablar acerca de la mansedumbre en la medida que afecta nuestras relaciones con los demás.

Una referencia bíblica que usé mientras investigaba acerca de este tema de la mansedumbre decía que,

La mansedumbre se demuestra hacia nuestro prójimo que nos maltrata, nos insulta, nos trata injustamente; en que el que está siendo herido aguanta pacientemente y sin ningún espíritu de represalia por las provocaciones que son impuestas sobre él.

Ahora, no puedes vivir en este mundo sin que la gente te provoque. Simplemente es una forma de vida. Es un hecho en la vida.

La pregunta no es: ¿Te provoca la gente? ¿Se mete la gente en tu vida? ¿Se mete la gente en tu camino? ¿Te hace la gente cosas malas?

La pregunta es: ¿Cómo respondes tú?

El hijo de Dios tiene la capacidad de responder con mansedumbre porque Cristo vive en él y por el requisito de responder en un espíritu de mansedumbre— esto lo capacita para cuando es tratado injustamente soportar el mal pacientemente y sin ningún espíritu de represalia ante esas provocaciones.

He estado citando, a través de esta serie, un libro de un antiguo amigo, Matthew Henry. Espero poder conocerlo cuando llegue al cielo. Él era un pastor y comentarista Puritano. Él escribió este fabuloso libro y mi amiga, Kim Wagner, dice que es uno de los mejores libros que jamás haya leído. Yo también diría que es uno de los mejores libros que he leído. Se llama, La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de espíritu, [The Quest for Meekness and Quietness of Spirit , está disponible en inglés] y en esta serie estoy leyendo algunas partes de este libro. Estoy tratando de darles una idea de lo que significa la mansedumbre.

La mansedumbre, de acuerdo a Matthew Henry, trata y se relaciona con nuestros sentimientos de ira. La mansedumbre tiene que ver con cómo lidiamos con esos sentimientos de ira. Él dice que la mansedumbre no erradica totalmente la ira, ya que hay ocasiones

justificadas bíblicamente para la ira, pero la función de la mansedumbre es dirigir y controlar nuestra ira para que podamos airarnos y no pecar, como nos dice Efesios capítulo 4. Efesios 4:26 “Airaos pero no pequéis”.

Entonces, es la mansedumbre que pone un freno a nuestra ira y nos ayuda a airarnos de maneras apropiadas sin que se convierta en pecado.

Matthew Henry señala que la mansedumbre nos permite gobernar o controlar nuestra ira cuando somos provocadas por otros. En ese sentido, la mansedumbre es como un freno.

¿Cómo funciona esto?

Un espíritu de mansedumbre nos motiva a detenernos y pensar antes de reaccionar.

Ahora el problema con muchas de nosotras, y es ciertamente mi propia naturaleza, es que tiendo a reaccionar antes de detenerme y pensar. Ahí es donde nos metemos en problemas. Ahí es donde herimos y lastimamos a tantas personas y tantas relaciones, pero la mansedumbre nos lleva a detenernos y a pensar antes de reaccionar. Nos detiene.

Matthew Henry dice,

Deja que la mansedumbre sea centinela [deja que sea un guardia sobre tu corazón y tu lengua, en tus respuestas], sobre el avance de la provocación [cuando somos provocadas] examinemos con quién nos vamos a enojar, y por qué. ¿Cuáles son los méritos de la causa?, ¿cuáles son las probables consecuencias de nuestros resentimientos, y qué daño habría si los reprimimos, si no los dejamos salir?

Así que él está diciendo que la mansedumbre se pone de pie como un centinela. Antes de dejar salir todo esto, antes de arrojar esas palabras, antes de que digas las palabras a tu esposo o a tus hijos: “Por qué…por qué no puedes…no puedo creer que tú…” Antes de que cualquiera de esas salgan, tú te detienes y piensas: “¿A quién le estoy hablando? Él es mi esposo. Él no es mi enemigo o él es mi hijo y Dios me lo dio. Yo amo a este niño,” o “Esta es una persona que fue creada a imagen de Dios”. Te detienes y piensas, “¿Con quién voy a hablar?” Y entonces piensas, “¿Qué hizo esta persona?”

Ahora, en el fragor del momento, eso puede parecer completamente intolerable. Pero muchas veces si nos detenemos y pensamos y ponemos las cosas en perspectiva, nos damos cuenta, que en realidad no es tan grave. ¿Vale la pena perder mi gozo, mi paz, y mi relación con esta persona para decirle que estoy molesta porque dejó sus pisadas en el piso de mi cocina?

¿Vale la pena irritarse?

¿Vale la pena mandar palabras como flechas al corazón de ese

niño o de ese amigo para poder desahogar mi enojo o mi reacción en el momento?

¿Qué daño es causado si suelto esas palabras como puñales al corazón de esa persona? ¿Qué daño podría hacer?

¿Habría algún gran daño si no digo lo que estoy pensando, si lo guardo?

Ahora, hay un balance en todo esto porque hay cosas que guardamos que necesitamos decir, y hay cosas que decimos que necesitamos guardar. El discernimiento y control del Espíritu nos ayudan a conocer la diferencia. Hay algunas cosas que deberíamos estar diciendo que no las estamos diciendo, y hay algunas cosas que no deberíamos estar diciendo que sí estamos diciendo. Ahí es donde necesitamos la mansedumbre; para que esta nos ayude a detenernos y a pensar.

Matthew Henry continúa diciendo que:

El trabajo de la mansedumbre es calmar al espíritu para que la paz interna no sea perturbada por ninguna provocación externa.

Quiero decirte, que la mayoría de nosotras somos personas que reaccionamos muy fácilmente. Quizás esté hablando por mi propia experiencia aquí. Pero yo sé que esto es cierto de mí. Me tocas, y yo brinco. Tenemos reacciones reflejo muy rápidas. Es como cuando el doctor te pega ligeramente con ese martillo en la rodilla y tu pierna patea hacia arriba. Así es casi como vivimos la vida.

Alguien nos toca ligeramente, y nosotras pateamos.

Él dice que la mansedumbre controla esto. Pone un freno sobre eso, y nos damos cuenta que nuestra paz interna no tiene que ser perturbada por estas provocaciones externas. Hay un lugar donde Cristo vive dentro de nosotras donde podemos librarnos de la perturbación que nos provocan estas cosas que la gente dice.

Henry sigue diciendo,

No permitas que tu desagrado contra las [injusticias] de los demás te provoquen a que tu propia alma esté en apuros. La mansedumbre es la gracia que preserva el gobierno del hombre sobre sí mismo.

Eso es lo que te mantiene en control, bajo el control del Espíritu Santo de Dios.

Cuando alguien perturba tu paz, hacen algo que te fastidia, que te irrita, que te enfada, y tú simplemente reaccionas. Tú simplemente dices lo que estás pensando. Arrojas todo lo que piensas. Ahora, somos más cuidadosas con los invitados y amigos que no conocemos muy bien. Es con la gente que conocemos bien con la que nos aprovechamos. Lo soltamos todo.

A menudo es con los que vivimos en nuestras propias casas que les arrojamos todo. Decimos esas cosas, y terminamos siendo controladas por el comportamiento de otras personas en lugar de dejar que el Espíritu Santo controle nuestras respuestas, nuestra forma de pensar, no sé si realmente él quería decir eso o no – probablemente no – pero aún si fue intencional, no voy a dejar que arruine mi día. No voy a permitir que me convierta en una arpía. No voy a permitir que perturbe mi paz.

Así que la mansedumbre nos lleva a detenernos y pensar antes de reaccionar.

Luego Matthew Henry señala que, “La mansedumbre frenará la lengua y mantendrá la boca callada como con un freno cuando el corazón está encendido”. Cuando nuestro corazón está encendido dentro de nosotras, y con eso no me refiero a un corazón espiritualmente encendido. Quiero decir cuando estamos enojadas, la mansedumbre sirve como un freno para mantener nuestra lengua y nuestra boca de pecar, no permite que aquello salga; nos impide decirlo en esa situación.

Él dice, “Aun cuando somos llamados a reprender a alguien firmemente” – y a veces somos llamados a hacer eso; veremos eso más adelante en esta serie. Aun cuando somos llamados a reprender a alguien por hacer algo malo, “la mansedumbre prohíbe toda furia y lenguaje indecente, y todo lo que se escuche como ‘gritería y maledicencia’.”

A veces sí necesitamos hablar en la situación. A veces sí necesitas decirle a tu hijo, “Ese comportamiento es inaceptable. Eso está mal”.

Puede ser apropiado en ocasiones hablar una verdad como esa a tu pareja. Pero él está diciendo que cuando tú hablas verdad, como eres llamada a hacerlo por el Señor, la mansedumbre te ayudará a hacerlo sin un corazón enojado y sin decir cosas degradantes, sin expresiones indecentes, sin profanar, sin cosas de las que seguramente te arrepentirás después.

Así que la mansedumbre te ayuda a detenerte y pensar antes de que salga eso y te guarda de meterte en griterías y maledicencias cuando eres provocada.

Él sigue diciendo,

La mansedumbre es para la lengua como el timón es para un barco, no para callarla, sino para guiarla, para conducirla sabiamente, especialmente cuando el viento está fuerte.

Cuando somos provocadas, la mansedumbre nos ayuda a recordar que nosotras también, somos pecadoras y en necesidad de la misericordia de Dios. Por eso es que la mansedumbre y la humildad van de la mano una con la otra. El corazón humilde es un corazón manso; el corazón manso es un corazón humilde. Cuando somos provocadas, somos más inclinadas a estar conscientes de los pecados de los demás que de nuestros propios pecados. De hecho, eso es simplemente la naturaleza humana.

Tendemos a ver las fallas de los demás a través de un microscopio pero las nuestras a través un telescopio. ¿No es verdad? La mansedumbre nos lleva a darnos cuenta que nosotras, también, somos pecadoras, y que estamos desesperadamente necesitadas de la misericordia de Dios.

Una referencia bíblica dice que, “Aquél que es manso en verdad se conocerá a sí mismo como un pecador entre pecadores”.

Escucha, será más difícil soltar tonterías y rezongar y estar enojadas en nuestro hablar hacia otros pecadores si nos detenemos y recordamos lo pecadoras que somos.

Aquél que es manso en verdad se verá así mismo como un pecador entre pecadores, y este conocimiento de su propio pecado lo enseñará a soportar mansamente las provocaciones con las cuales pueden provocarlo.

Es más fácil responder con compasión, ternura y gentileza a una persona si nos damos cuenta de que ellos no son los únicos pecadores en ese lugar. Quizás yo no he pecado en esta situación, pero igual soy una pecadora que desesperadamente necesita la gracia, la misericordia y el perdón de Dios cada día de su vida.

De hecho, en su libro, Matthew Henry nos desafía a pensar acerca de esto: Él dice, “Piensa entonces, ¿Si Dios estuviera tan enojado conmigo por cada provocación como yo estoy por las provocaciones de los demás, que sería de mí?” Algo en qué pensar, ¿no es cierto?

 

¿Si Dios estuviera enojado conmigo por cada provocación [cada vez que peco contra Él, cada vez que lo provoco] como estoy yo con los que me provocan a mí, que sería de mí? Nosotras tenemos necesidad de que los demás nos soporten, y ¿por qué nosotras no podemos soportarlos a ellos?

Es la mansedumbre de espíritu que nos permite pensar de esa forma. Es la mansedumbre de espíritu que nos permite ver la mano de Dios en la provocación y poder ver a aquellos que nos provocan como instrumentos en la mano de Dios. Mira, pensamos que nos estamos enojando con la persona que nos está provocando, pero no nos estamos dando cuenta de que esa persona es un instrumento en las manos de Dios para moldearnos y formarnos y santificar nuestras vidas. Así que si estoy enojada, en realidad estoy enojada con el que está sosteniendo el instrumento –con Dios mismo. Es la mansedumbre la que me ayudará a pensar correctamente.

Matthew Henry dice,

Los reproches de los hombres son las reprensiones de Dios, y cualquiera que sea quien me afrente, debo ver y decir que mi Padre me corrige a través de esto.

Dios está tratando con mi vida. Por eso es que tus hijos son la lija celestial de Dios. Tú dirás, “Sí, en realidad es una lija de alta calidad que Él está usando aquí”. ¿Sabes qué significa eso? Significa que hay bordes afilados, que hay bordes ásperos que necesitan esa lija de alta calidad. Dios sabe exactamente lo que necesita tu vida, la mía, y Dios usa a esas personas que nos ofenden, que nos hieren, que nos desafían, que se ponen en nuestra cara, que nos molestan, que nos enfadan y que nos irritan. Dios usa a esas personas, o Él quiere usarlas para formarnos y moldearnos y corregirnos.

Luego necesitamos recordar que cualquier provocación puede ser usada por Dios para nuestro bien si estamos dispuestos a recibirla y a aprender de ella.

¿Cómo respondes cuando eres provocada por otros?

¿Cómo respondes cuando eres malinterpretada? ¿Cuando alguien te critica injustamente?

¿Cómo respondes cuando alguien te insulta o malinterpreta a tu hijo o malinterpreta a tu pareja?

La provocación puede haber sido intencional, o no pudo haber sido intencional pero, ¿cómo respondes? ¿Rápidamente se te escapan palabras de enojo o de molestia o de frustración? ¿Rápidamente te defiendes? “Bueno, deberías ver lo que hizo tu hijo. Tu hijo tampoco es un angelito”.

Ahora, quizás solo piensas esas cosas. Recuerda, la mansedumbre es primeramente un asunto del corazón, y luego sale a la superficie en nuestras palabras y en nuestras acciones.

¿Cómo respondes cuando tu autoridad es desafiada?

¿Cómo respondes cuando, como una mujer nos escribió recientemente a Aviva Nuestros Corazones, a su esposo se le olvidó su cumpleaños?

Ella estaba compadeciéndose de sí misma por eso, pero ella se aconsejó a sí misma con un espíritu de mansedumbre, se recordó a sí misma el gran hombre que él es, cuánto la ama, cuántos años habían luchado juntos, y ella tomó una decisión consciente, “No voy a hacer un caso federal de esto”.

¿Cómo respondes cuando tu hija de catorce años te recuerda a las 10 de la noche que ella tiene que llevar brownies para la venta de repostería de la escuela al día siguiente, y tú no tienes nada en la casa, nada para hacerlo, así que tienes que salir a la tienda. ¿Cómo respondes?

“Si tan solo hubieras pensado antes… si tan solo hubieras planeado…” Ahora, quizás tú necesitas entrenar a tu hija en cómo pensar y planear de antemano. La pregunta no es: “¿Es este el momento para instruir?” La pregunta es: “¿Cuál es tu espíritu al hacerlo?” ¿Es porque tus planes se arruinaron, se te arruinó tu noche? Estabas lista para irte a dormir. No tenías ninguna intención de hacer esos brownies esa noche, y tú pudiste haberlos hecho al mediodía. Hubieras estado feliz en hacerlo pero… ¿ves el espíritu allí? ¿Alguien más aparte de mi ha reaccionado de esta manera?

¿Cómo respondes cuando tu jefe te corrige por un error que otra persona hizo? ¿Sientes como que tienes que señalarlo, que debes defenderte y decir que no fue tu error?

¿Cómo respondes cuando alguien más recibe crédito por una gran idea que tú tuviste?

¿Cómo respondes cuando alguien comete un error que te cuesta a ti?

Tengo una querida amiga que está lidiando con una situación en su casa ahora mismo y es una situación muy costosa. Pagaron mucho dinero, y probablemente van a perder como $150,000 dólares por un constructor que no ha cumplido; es una situación desastrosa. Ha sido muy hermoso ver a esta amiga que ha sido muy…obviamente, toda su familia ha sido afectada por esto. Porque ha sido un gran golpe. Todavía no ha terminado. No sé cómo va a terminar, pero he visto su espíritu manso al responder.

Fuimos y nos sentamos en esa casa y oramos por la situación, y escuché a esta amiga decirles a sus hijos, “Necesitamos darle gracias al Señor que tenemos una casa en donde vivimos ahora. Tenemos un techo sobre nuestras cabezas, y si Dios nunca nos da esta casa, eso está bien.” Ahora, no están siendo pasivos acerca de la situación, pero están siendo mansos en su espíritu hacia la provocación, hacia este insulto, hacia esta herida.

¿Cómo respondes cuando alguien te rebasa en el tráfico? Manejando sin control.

O con la persona que se mete en la línea rápida en el supermercado, pero que tiene 37 artículos en su carrito.

¿Cómo respondes? ¡uf!

Podemos responder con un suspiro, o con un movimiento de los ojos, o con nuestra conducta. Nosotras sabemos cómo responder sin mansedumbre. La mayoría de nosotras tenemos bastante experiencia en eso, pero, y ¿qué de la respuesta mansa?

¿Cómo respondes cuando alguien se aprovecha de ti, cuando te roban financieramente?

¿Cómo respondes cuando no recibes el aumento que tú sientes que mereces?

¿Cómo respondes cuando la autoridad toma lo que tú consideras es una decisión pobre o imprudente, y te afecta a ti y a tu familia?

¿Cómo respondes cuando alguien toma una decisión que te afecta a ti, y ni siquiera piden tu opinión; no te consultan al respecto?

¿Cómo respondes cuando alguien toma algo prestado de ti y te lo devuelve roto?

Es decir, todo tipo de circunstancias y situaciones de la vida real, y si tú no sabes de lo qué estoy hablando, probablemente antes que el día de hoy termine, y a través de los próximos días, vas a estar viendo situaciones y circunstancias como éstas.

Yo quiero que le pidas al Señor que te muestre, “¿Qué tipo de respuesta tengo? ¿Es mi respuesta mansa? ¿O es mi respuesta con enojo? ¿Estoy recibiendo estas provocaciones que los demás traen a mi vida como si fueran

 

de la mano del Señor para mi bien y para Su gloria? ¿O estoy reaccionando con resentimiento o con represalia? ¿Hay mansedumbre en mi espíritu?”

Annamarie: La próxima vez que alguien te haga enfadar, espero que recuerdes este mensaje de Nancy Leigh DeMoss. Es parte de una serie llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Recientemente Nancy habló con algunas oyentes de Aviva Nuestros Corazones que han estado aprendiendo a mostrar la belleza de la mansedumbre. Nancy las conoció durante una estadía ministerial en Chicago. Escuchemos a una de ellas.

Mujer: Vivimos y ministramos en el centro de la ciudad, en el corazón del centro de la ciudad, con mujeres que crecieron en hogares sin padres, con madres solteras. La mayoría de nosotras somos latinas o afroamericanas. Donde crecimos es un lugar muy difícil, así que fuimos enseñadas a ser fuertes e independientes y a tomar el control. El escuchar un mensaje de que Dios quiere que seamos “suaves” y “permitir ser dirigidas” y ser “dóciles”… y permitir a un hombre que nos dirija y nos guíe y que nos proteja fue difícil escucharlo porque no es algo a lo que estamos acostumbradas. En nuestra iglesia hablamos mucho acerca de dar honor a los hombres y permitirles que tomen el rol que Dios les ha dado – permitirles que dirijan y no quitarles eso. Muchas de las mujeres en nuestro ministerio, lo tomaron y lo aplicaron en sus matrimonios, sus hogares, y aun con sus hijos – varones. Realmente ha cambiado la cultura de nuestra iglesia.

Nancy: Yo fui tan alentada al escuchar cómo Dios le está enseñando a esta esposa la belleza y el poder de la mansedumbre.

A medida que apoyas este ministerio, queremos darte todo lo que esté a nuestro alcance para apoyarte en tu caminar con el Señor. Si tu corazón late por las mujeres que necesitan descubrir, abrazar, y deleitarse en Cristo, ¿Te unirías al equipo de patrocinadores de Aviva Nuestros Corazones?

Si visitas nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com podrás encontrar más detalles acerca de cómo donar para nuestro ministerio. Y mientras estás allí, asegúrate de informarte acerca de todos los detalles de nuestra primera conferencia Mujer Verdadera para América Latina, a celebrarse muy pronto.

Annamarie: Gracias Nancy. Piensa en esto: ¿Exhibes mansedumbre al mandar un correo electrónico? El programa de mañana se referirá a esa pregunta. Escucha esta discusión práctica acerca de la mansedumbre, la próxima vez, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda Escritura fueron tomdas de La Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

1. http://abcnews.go.com/US/wireStory?id=3346995

2.Articulo por Jerry Hirsch: http://seattletimes.nwsource.com/html/nationworld/2003454425_guacamole30.html

3. http://www.breitbart.com/article.php?id=D8S3CVOG0&show_article=1

4 Aug 14 10:05pm US/Eastern; http://www.breitbart.com/article.php?id=D8JGINJG1&show_article=1

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

3/9 – Recibiendo la Palabra con mansedumbre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

3/9 – Recibiendo la Palabra con mansedumbre

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/recibiendo-la-palabra-con-mansedumbre/

Annamarie Sauter: Cuando tengas un corazón manso te quejarás mucho menos. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Verás, la mansedumbre dice, “Yo sé que Dios tiene Sus razones, y no importa si yo puedo entender las razones o no”. Pero el corazón orgulloso, el corazón envenenado, dice, “Debió haberse de forma diferente. No veo razón para esto; por tanto, Dios no debió hacer esto”.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa la serie “La hermosura de la mansedumbre”.

Nancy Leigh DeMoss: Crecí en el noreste de los Estados Unidos—y estoy segura que en otras partes también tienen estos árboles—pero una de las cosas que recuerdo de nuestra propiedad eran estos árboles que conocemos como sauces. Sauce llorón, y en nuestra área había unos inmensos.

Y pensé en esos árboles, en esa imagen, cuando me topé con esta frase en Internet acerca de la mansedumbre. Esta frase usa el sauce como una analogía. Déjame leerte lo que dijo este autor.

La mansedumbre es lo opuesto a debilidad. Así como un sauce bien plantado se flexiona y se dobla en una tormenta sin romperse, así también la mansedumbre es fuerza resistente y flexible que puede soportar las pruebas y las tempestades.

Esa es una buena analogía sobre este tema de la mansedumbre.

Ahora quiero que regresemos y lo haré en cada sesión de esta serie, al libro de mi amigo puritano, Matthew Henry. El libro se llama La búsqueda de la mansedumbre y quietud de Espíritu (The Quest for Meekness and Quietness of Spirit) (solo está disponible en Inglés)

En este libro Matthew Henry señala que la mansedumbre se hace evidente en nuestra respuesta hacia Dios y en nuestra respuesta hacia otras personas. En esta sesión nos enfocaremos en la mansedumbre hacia Dios. Matthew Henry dice que,

La mansedumbre hacia Dios es la sumisión dócil y callada del alma a toda la voluntad de Dios según Él se complazca en hacerla conocer, ya sea por Su Palabra o por Su providencia. 1

Así que sumisión a Dios, a la voluntad de Dios, es mansedumbre. Nos sometemos a la voluntad de Dios sea que Él nos la muestre directamente a través de Su palabra o a través de las circunstancias que el providencialmente trae a nuestras vidas.

Lo primero que vamos a ver es la sumisión, la mansedumbre, en respuesta a la Palabra de Dios. Santiago capítulo 1 nos dice que debemos “recibir con mansedumbre la palabra plantada la cual es capaz de salvar nuestras almas”. ¿Ves la Biblia? La Biblia es la Palabra de Dios, y es capaz de darnos salvación eterna. Es capaz de santificarnos. Es capaz de limpiarnos, renovarnos y transformar nuestras vidas.

Pero no hace nada de eso si no la recibimos, si nos resistimos a lo que dice, si no tenemos un espíritu abierto, enseñable y humilde a la Palabra de Dios. Y tal vez no hayamos dicho intencionalmente “No haré eso” pero estamos pasándole por arriba a esas cosas. Somos negligentes en esas áreas de verdad. No las recibimos.

Algunas veces vemos algo o escuchamos algo predicado de la Palabra de Dios y pensamos, “De ninguna manera. No puedo hacer eso. Es muy difícil” o “No quiero hacer eso”. Si nos resistimos a la Palabra de Dios, no puede salvar nuestras almas. No nos cambia. No nos santifica.

Tener una respuesta mansa a la Palabra de Dios, recibir la Palabra de Dios con mansedumbre, quiere decir tener un oído que escucha. Me encanta ese versículo en 1ero de Samuel capítulo 3 donde Elí el sacerdote habla con el joven Samuel. Y le dice, “Si Él te llama”, hablando acerca de Dios, “Le dirás “Habla Señor que tu siervo escucha”. (v.9)

Recibir la Palabra con mansedumbre significa escuchar. Vemos lo opuesto a esto repetidamente en el Viejo Testamento donde Dios mandó profetas para advertir a Su pueblo, pero las Escrituras dicen que ellos no escuchaban, eran tercos.

Y amigas, esto no ocurre solo en el Antiguo Testamento. Hay muchas personas tercas sentadas en nuestras iglesias hoy en día.

Ahora, puede que estemos escuchando con nuestros oídos físicos, pero no estamos escuchando con nuestros corazones. Es por eso que cuando voy a la iglesia, cuando voy de camino trato de preparar mi corazón diciendo “Señor dame oídos para escuchar”.

En ese sentido, realmente no importa si el pastor o el predicador o el maestro es un comunicador espectacular. Si están abriendo la Palabra de Dios y están hablando la verdad, hay algo que yo debo escuchar. No debiera haber un orador increíble para que yo pueda absorber algo. Es la Palabra de Dios la que tiene poder.

Escucha. Escucha. Escucha. Eso es recibir la Palabra con mansedumbre.

Recibir la Palabra con mansedumbre no solo significa tener un corazón que escucha; sino también un corazón humilde, un espíritu enseñable. A lo largo de los años muchas, muchas veces en mi tiempo devocional, he comenzado mi tiempo de quietud orando esa oración del Salmo 25 que dice: “Señor, muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad y enséñame” (v. 4-5a).

Ese es un corazón diciendo: “Señor, enséñame. Necesito aprender. Vengo como una estudiante para escuchar para aprender y para ser enseñada”.

Tener un espíritu manso es tener un espíritu receptivo a la Palabra de Dios, haciendo preguntas como:

• ¿Cómo se aplica esto a mí? ¿Estoy dispuesta a hacer los ajustes necesarios en mi vida para obedecer lo que sea que Dios diga en Su Palabra?

• ¿Escuchas las reprensiones que Dios envía en tu dirección?

• ¿Escuchas la Palabra de Dios?

• ¿Cuál es tu respuesta cuando Él manda corrección a través de Su Palabra, cuando Él envía instrucción?

● ¿Endureces tu cerviz con orgullo?

● ¿Lo dejas pasar?

● ¿O respondes intencionalmente en humildad, mansedumbre y arrepentimiento donde sea que se necesite?

Recibir la Palabra de Dios con mansedumbre significa que no debatimos. “Él es Dios. No debatimos con Dios. Puede que discutamos, “¿Qué significa esto?” podemos luchar con entenderlo. Pero una vez lo entendemos, entendemos lo que Él dice, no debatimos con Dios. Él lo dice. Él es Dios. Él es Señor, y Su Palabra gobierna nuestras vidas.

Quiere decir que somos obedientes. Recibir la Palabra de Dios con mansedumbre significa que doblamos las rodillas. Decimos “Sí, su Majestad”.

Hay un pasaje interesante en Ezequiel capítulo 24 que creo que ilustra poderosamente esta respuesta de mansedumbre y humildad y obediencia a la Palabra de Dios. Voy a leer comenzando en el versículo 15 “Y vino a mí la Palabra del Señor diciendo Hijo de Hombre”. Ahora, es al profeta Ezequiel que Dios le está hablando. “He aquí, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos; pero no te lamentarás, ni llorarás, ni correrán tus lágrimas” (v. 15-16)

Dios está diciendo, “Estoy a punto de quitarte lo más preciado que tienes. Pero como una lección para el pueblo de Israel, no debes mostrar ninguna evidencia de duelo o dolor”.

Dios le dice “Gime pero en silencio” (versículos 17). Puedes hacerlo en tu corazón pero no puedes expresarlo.

“No hagas duelo por los muertos; átate el turbante, ponte el calzado en los pies y no te cubras los bigotes ni comas pan de duelo.” (v.17). Él está hablando de no hacer las cosas que normalmente hacían para mostrar lamento, duelo o luto.

Así que Ezequiel dice, “Y hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado.” (v. 18)

Ahora, no estoy diciendo aquí que Dios está en el negocio de quitarle la pareja a la gente. Porque ese no es el punto de este pasaje. Aquí había toda una lección para Israel, y Dios estaba haciendo algo muy inusual.

El punto es que Dios le dio instrucciones a Ezequiel en el área más difícil de su vida. Dios dice, “Vas a perder aquello que es lo más preciado para ti. Y cuando eso pase, no debes mostrar ninguna señal externa de duelo”.

Y Ezequiel dijo, “por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado”. Eso es recibir la Palabra de Dios con mansedumbre. Es decir, “Sí, Señor. Lo que tú digas. Sí, Señor”. Es la actitud del corazón que leemos en el Salmo 119 en el versículo 60. “Me apresuré y no me tardé en guardar tus mandamientos”.

¿Recibes tú la Palabra de Dios con mansedumbre? ¿Tienes tú esa disposición a Su Palabra?

Y entonces en segundo lugar mansedumbre al responder a las decisiones de Dios y las providencias de Dios en nuestras vidas, manifestada en las circunstancias de la vida. Algunas veces esas circunstancias son misteriosas. No podemos entender lo que Dios está haciendo. Somos llamadas a responder en mansedumbre, recibir la elección de Dios para nuestras vidas.

Algunas veces no son solo misteriosas; algunas veces son intensamente dolorosas las circunstancias por las que tenemos que pasar. Una referencia bíblica dice que, “la mansedumbre es la disposición de espíritu donde aceptamos los tratos de Dios con nosotros como buenos sin discutir ni resistirlo”.

Déjame leer otra vez porque creo que es una descripción tan poderosa de la mansedumbre. “Mansedumbre es la disposición de espíritu donde aceptamos los tratos de Dios con nosotros como buenos sin discutir ni resistirlo. El hombre o la mujer mansa no peleará contra Dios, y menos luchará o contenderá con Él”.

La mansedumbre dice, “Señor si te complace a Ti, me complace a mí. No tengo que entender. No tengo que estar de acuerdo. Pero lo acepto; recibo las elecciones que has traído a mi vida” .

Otra vez podemos ver esto ilustrado en las Escrituras. En Job capítulo 2, una poderosa ilustración de cómo responder a la providencia de Dios con mansedumbre. La esposa de Job le dijo, luego de que había perdido gran parte de sus posesiones. Había perdido sus hijos, su salud, había perdido casi todo lo que tenía en este mundo, Y su esposa le dijo “¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete.” Pero Job le dijo a su esposa, “Como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal? En todo esto Job no pecó con sus labios…” (v. 10)

¿Dónde vemos aquí la mansedumbre? La mansedumbre es decir, “No solo voy a recibir de Dios cuando Él derrama buenas cosas sobre mí—dinero, hijos, bienestar, fama y prosperidad y salud y todas estas cosas—sino que voy a recibir la Leucemia. Recibiré la pobreza. Recibiré la dificultad en mi matrimonio. Recibiré ese desafío físico con uno de mis hijos. También recibiré eso de la mano de Dios”. Ese es un espíritu manso.

Y Job le dijo a su esposa, “Las mujeres necias dicen, “maldice a Dios y muérete”.

Ahora, puede que nosotras no digamos, “Maldice a Dios y muérete,” pero, ¿no es una tendencia natural que tenemos de resistir las elecciones de Dios?

Y Job dice, “Eso es necio. Debemos recibir el bien y el mal de parte de Dios.”

Matthew Henry dice,

Cuando los acontecimientos de la providencia son gravosos y aflictivos la mansedumbre no solo nos tranquiliza en medio de ellos, sino que nos reconcilia con ellos; y nos permite no solo soportarlos sino que nos ayuda a recibir el mal, así como el bien de la mano, del Señor. Es besar la vara de la corrección de Dios, la disciplina de Dios.2

Es bendecir a Dios aún cuando Su providencia sea dolorosa en nuestras vidas.

Yo sé que aquí estamos hablando de estas cosas y decirlo es mucho más fácil que vivirlo. Pero este es el corazón de la mansedumbre.

Matthew Henry dice,

“Es besar la vara sin atreverse a luchar con nuestro Hacedor, no, ni desear reclamarle a Él”. No nos atrevemos a contender con Dios, ni nos tomamos la atribución de decirle a Dios lo que Él debe hacer porque Él es Dios y no nosotras. Debemos permanecer calladas y “no abrir la boca porque Dios lo hace”.

Y con esa mansedumbre viene la paz. Con esa mansedumbre viene el gozo. Con esa mansedumbre viene el descanso, recibiendo la providencia de Dios como que viene de su mano.

Permíteme darte una ilustración de eso del libro de Levítico. ¿Recuerdas cuando Aarón que era el Sumo Sacerdote, cuando sus dos hijos, que también eran sacerdotes, Nadab y Abiú, ofrecieron fuego no extraño ante el Señor y Dios los hirió y los mató? Esto fue cuando la nación de Israel recién estaba comenzando. Dios necesitaba que Su pueblo supiera que Él era un Dios Santo.

Ahora si tú fueras el padre de estos dos muchachos ¿te sentirías tentada a contender con Dios y decir, “Eso no es justo, eso no está bien”? ¿Te sentirías tentada a resistir la voluntad de Dios?

En Levítico capítulo 10 dice, “Entonces Moisés dijo a Aarón: Esto es lo que el Señor habló, diciendo: “Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado. Y Aarón guardó silencio.” (v. 3). Eso es recibir con mansedumbre la disciplina de la mano de Dios.

No quiere decir que Dios siempre hace las cosas de esa manera. Pudiéramos profundizar sobre las razones por las que Dios trató con este asunto de esa manera. Pero el punto es que Aarón dijo, “Si Dios lo hizo, no puedo argumentar. No puedo resistirme”.

Matthew Henry dice,

Tal es la ley de la mansedumbre que todo lo que complazca a Dios no debe desagradarnos a nosotros. Déjalo hacer lo que Él quiera, porque Él hará lo que es mejor [ahí es donde vuelves a confiar que el Señor es bueno y por tanto —esto es algo que debemos considerar— si Dios fuera a referirme el asunto a mi —si Dios me fuera a pedir mi opinión acerca de lo que debería suceder en esta situación—, dice el alma mansa y tranquila, estando segura de que Él sabe lo que es bueno para mí, aún mejor de lo que yo sé, yo se lo referiría a Él de vuelta.4

Si Dios me dijera, “¿Qué crees que debe ser hecho en esta situación?”, yo le diría, “Señor, Tú sabes lo que es mejor”.

La esencia de la mansedumbre en lo que se refiere a las circunstancias de la vida es una aceptación confiada y tranquila, no resistiendo ni resintiendo. Es saber que nada puede tocar mi vida sin el permiso de un Dios amoroso y sabio.

Es por eso que no tenemos que pasarnos la vida airadas o frustradas, irritadas o resistiéndonos. La mansedumbre es un “Sí Señor. En paz y quietud. Recibo esto de tu mano”, callada y tranquila.

Vemos lo opuesto a esto en un incidente de la vida de David en el Antiguo Testamento. David tiene muchas ilustraciones de ser manso de espíritu. Pero al menos en una ocasión, no tuvo un espíritu manso. ¿Recuerdas la vez cuando el Arca del pacto estaba siendo transportada en un carro tirado por bueyes, donde no debió estar en primer lugar?

Un hombre llamado Uza extendió su mano para sostener el Arca que se iba a caer cuando el carro se tambaleó y Dios mató a Uza. De nuevo, pudiera parecer en esta sesión que Dios tiene el hábito de matar a la gente. Misericordiosamente, Él no hace eso. Pero en este caso, eso fue lo que pasó. Las Escrituras dicen,

Que entonces David se enojó porque el Señor había estallado en ira contra Uza, y llamó aquel lugar Pérez-uza hasta el día de hoy. David tuvo temor del Señor aquel día, y dijo: ¿Cómo podrá venir a mí el arca del Señor? Y David no quiso trasladar con él el arca del Señor a la ciudad de David. (2 Samuel 6:8-10)

David se enojó. Él tenía miedo, pero se resistía. Él pensó, “Si así es que Dios se va a comportar cuando el Arca esté cerca, no quiero que esté por estos alrededores. Llévensela a otro lugar”.

Tal vez había un temor saludable en él. Pero creo que ese temor en ese caso nació de una resistencia. Él estaba furioso. Su enojo reflejaba una falta de mansedumbre contrario a Aarón que no dijo nada. Y mantuvo su paz. Si Dios hizo esto, es lo que Él entiende correcto.

Déjame leerte unas cuantas citas que realmente me hablan en relación a este tema. Thomas Watson, otro buen Puritano, dijo, “La queja es levantarse contra Dios. Porque te estableces a ti mismo por encima de Dios como si fueras más sabio que Él”.

¿Quieres ser Dios? Pues no puedes serlo, y no lo eres, y no lo serás. Así que reconoce que Él es Dios y suéltalo. Deja que Él sea Dios.

Calvino dijo,

¿Por qué los hombres se molestan cuando Dios les envía cosas totalmente contrarias a sus deseos si no es por no reconocen que Dios hace todo por una razón [Dios tiene un propósito para todo lo que hace]? Tan pronto como Dios no envía lo que hemos deseado, peleamos con Él, le demandamos, no parecería que estamos haciendo esto, pero nuestras actitudes muestran que este es sin embargo nuestro intento. ¿Pero, desde qué espíritu se pronuncia esto? La resistencia a Dios desde un corazón envenenado como si dijéramos, “No veo razón para esto”.

Verás, la mansedumbre dice, “Sé que Dios tiene Sus razones, y no importa que yo pueda ver o no la razón. Pero el corazón orgulloso, el corazón envenenado dice, “Debió hacerse diferente. No veo razón para esto; por lo tanto, Dios no debió hacerlo”.

Es como si acusaran a Dios de ser un tirano o alguien sin cerebro. Una blasfemia tan horrible sale de la boca de los hombres.

Puede ser en cosas grandes o en cosas pequeñas. No veo razón para esto. De hecho, frecuentemente son las cosas pequeñas las que realmente exponen nuestra falta de mansedumbre, nuestra resistencia.

Recientemente yo salí por un par de semanas y cuando regresé me enteré que estaban volviendo a colocar el techo en el condominio donde vivo. Mientras estaba fuera ellos habían colocado el techo de la mayoría de los demás condominios. Pero la noche que regresé, el día siguiente (yo estaba exhausta de mi viaje; era un fin de semana y yo atesoro mis siestas de fin de semana)… Sábado y Domingo hubo contratistas golpeando el techo, golpeando, golpeando y golpeando.

Yo pensé, “No veo razón para esto. No veo razón para esto”.

Pero sabes, la mansedumbre dice, “Esto es algo que no puedo controlar. Es algo que no pedí. Si me hubieran preguntado lo hubiera puesto en agenda y lo hubiera hecho diferente. Pero no vale la pena que pierda la paz de Dios en mi corazón por contender con Dios sobre sus decisiones”.

He estado luchando por varias semanas con un problema en mi garganta y tratando de chequearme. Me ha distraído me ha dificultado enseñar y hablar. Mi pensamiento en ocasiones ha sido, No veo razón para esto.

Pero ¿sabes qué? Realmente no importa si yo puedo ver la razón o no. El punto es, aparentemente Dios si ve una razón para esto. Así que la mansedumbre dice, “Señor, si te complace a Tí, me complace a mí”.

Ahora, si tienes un problema en la garganta, puedes ir al doctor y tratarte. Yo hice una llamada telefónica a la compañía que estaba trabajando con los techos y les dije, “Tengo algunas entrevistas mañana. ¿Sería posible que nos pongamos de acuerdo con las horas de trabajo?” Así que donde haya algo que se pueda cambiar, está bien.

El problema es cuando desarrollamos un espíritu demandante. “Tengo derecho a tener cierta paz y tranquilidad. Tengo derecho a tomar mis siestas los sábados y los domingos sin que haya gente golpeando mi techo”. ¿Qué haces? ¿Pierdes tu paz? ¿Pierdes tu gozo? Pierdes tu comunión con Dios. Pierdes tu testimonio ante el mundo.

¿Cómo respondes a las circunstancias de la vida cuando eres interrumpida o incluso cuando te pasan asuntos más grandes? Tal vez no están cambiando el techo de tu casa. Tal vez perdiste tu casa en un tornado o en un incendio, o ha habido una gran recesión económica, o estás cuidando a uno de tus padres con Alzheimer o Dios no te ha dado el esposo que tanto deseas, o deseas un hijo y Dios no te lo ha dado.

¿Y es la actitud de tu corazón, “No veo razón para esto”? ¿O es la actitud de tu corazón, “Señor, si te complace a Ti, me complace a mí; lo recibo? Ese es el espíritu de la mansedumbre.

Annamarie Sauter: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando porqué el tema de la mansedumbre es tan práctico. El programa de hoy es parte de una serie llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Para leer una transcripción del programa de hoy visita AvivaNuestrosCorazones.com

Recientemente nuestro equipo conoció a una mujer que ha estado aprendiendo a vivir algunas de las cosas que hemos estado aprendiendo en esta serie. Estando en Indianápolis Nancy y el equipo conocieron a Sherri.

Sherri: Descubrí que mi esposo había sido infiel, y no era la primera vez. Había estado luchando con mucha amargura, falta de perdón, miedo. En ese tiempo estaba en consejería y me entregaron el libro  Escoja perdonar por Nancy Leigh DeMoss.

Recuerdo que al leer el libro, pensé que me ayudaría a cambiar a mi esposo. En cambio, me di cuenta de cuantas semillas de falta de perdón había en mi propio corazón. Pasé por el proceso de enlistar las cosas que se cometieron contra mí. La mayoría de las respuestas que descubrí sobre mi misma estaban basadas en mi pasado, no basadas en lo que Cristo dice de cómo debo responder.

Probablemente lo más grande para mí fue entender que no lo estaba reteniendo a él en una prisión, me estaba reteniendo a mí misma.

A través del libro, fui donde mi esposo, no solo para pedir perdón por faltarle al respeto, sino por tener expectativas irreales. Dios me mostró que era más importante estar preocupada por su alma que pensar en mi propia felicidad. Eso cambió totalmente mi respuesta a él. Cuando no quería perdonarlo, yo lo hice por lo que Jesús me perdonó a mí. Y pensaba Dios realmente me mostró de lo que fui perdonada, y no puedo tirarle una piedra.

De manera que los límites fueron diferentes. Él esperaba que yo fuera muy dura, mientras yo permitía que Dios le mostrara lo que él necesitaba. Su corazón cambió porque no estaba siendo demandante. Estaba siendo amorosa. Eso le permitió querer ser ese tipo de persona y tomar las decisiones correspondientes.

Annamarie: Estoy tan agradecida por mujeres como Sherri que han compartido su historia. ¿Quieres enviarnos tu historia? Puedes escribir tu testimonio debajo de la transcripción en nuestra página web. Visita AvivaNuestrosCorazones.com y escríbenos cómo este ministerio ha sido de ayuda para ti.

Hemos estado estudiando la mansedumbre ante Dios. Mañana veremos con más cuidado la mansedumbre ante otros. Por favor regresa a, Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries y yo quiero que mi mamá asista a la conferencia de Mujer Verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 Matthew Henry. La Búsqueda de la Mansedumbre y la Quietud de Espíritu. P. 18.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

2/9 –La mansedumbre y la confianza

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

2/9 –La mansedumbre y la confianza

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-mansedumbre-y-la-confianza/

Annamarie Sauter: Nancy Leigh DeMoss dice que nuestra capacidad de mostrar mansedumbre depende de nuestra confianza en Dios.

Nancy Leigh DeMoss: Eso es lo que nos hace mansas— es la confianza de que Dios está a cargo, de que Él sabe lo que está haciendo, que Él está trabajando, que estamos trabajando en unión con Él, y que Él tiene la última palabra. Él va a enderezar este mundo que está al revés. Él va a arreglar lo que está descompuesto.

Annamarie : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra mansedumbre? Si una imagen negativa viene a tu mente, si lo que te viene es algo negativo, sigue con Nancy Leigh DeMoss en los próximos minutos. Ella va a seguir en una serie que comenzó ayer llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Nancy: Estamos hablando en esta serie acerca de un tema que probablemente nunca será el tema de un libro de los más vendidos, porque la gente no suele entrar a una librería y decir: «¿Me puedes dar alguna información sobre cómo llegar a ser más manso?» El mundo no está persiguiendo la mansedumbre, pero Dios nos dice que sus hijos deben perseguir la mansedumbre.

Mencioné un libro en la sesión pasada. Es un clásico sobre el tema de la mansedumbre. Por supuesto, en Aviva Nuestros Corazones, lo primero que queremos hacer es ir a la Palabra de Dios para nuestra instrucción, pero gracias a Dios hay personas que han escrito sobre algunos de estos temas en los últimos años para ayudarnos a comprender mejor esa Palabra.

El libro a que me estoy refiriendo es de Matthew Henry, que fue un pastor y comentarista puritano. Él vivió en la segunda mitad de los 1600 y en los inicios de los años 1700. Este libro se llama, “La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de Espíritu” ( The Quest for Meekness and Quietness of Spirit ). Y quiero animarlas a conseguir una copia (solo disponible en inglés).

Les diré que no es de fácil lectura. No es muy largo, realmente. Solo tiene cerca de unas 150 páginas, pero está escrito en un estilo puritano que, si no estás familiarizada con ese tipo de lectura, puede resultar pesada. No se puede leer de forma rápida, y se necesita tiempo y esfuerzo para digerirlo, pero vale la pena el esfuerzo. De hecho, he leído este libro ya varias veces. Creo que esta es mi segunda copia. Tomo notas. Medito sobre lo que leo. Tomo solamente porciones muy pequeñas. Vuelvo y leo esas partes. Trato de estudiar las diferentes Escrituras como referencia.

Así que en esta serie, voy a estar enseñando del libro de Matthew Henry. Me imagino que la mayoría de la gente nunca va a leer la literatura puritana, así que voy a tratar de hacerlo digerible. Usaré citas de Matthew Henry y de otros también. Pero gran parte del bosquejo y de la enseñanza que voy a hacer viene de este libro.

Pienso en la primera vez que lo leí. Fue, no sé, hace como diez años. Yo lo había empezado, pero no lo había terminado, y me llamaron para servir como jurado en Michigan. Era, por lo que recuerdo, un día frío de enero, estaba nevando, y hacia viento. Llevé el libro conmigo a la corte, pensando que tendría tiempo para esperar y así fue. Nunca me llamaron para el jurado— nunca me llamaron para nada— excepto el Señor quien fue el que me llamó a Su corte.

Recuerdo haber pensado, yo debería estar de rodillas ahora mismo, aquí mismo. Ahora, no me puse de rodillas allí, pero en mi corazón sí lo hice. Me encontré bajo una convicción muy intensa por la falta de humildad y de mansedumbre en mi vida. Como Dios trató conmigo en ese momento casi me dejó sin aliento.

Así que recuerdo haber leído este libro de Matthew Henry ese día, allí en la corte. Lo he leído varias veces desde entonces, y el Señor sigue tratando conmigo sobre este tema de la mansedumbre porque me parece que —en lo relativo a este tema— no se resuelve con leer un libro y ya, ni orando una oración corta, «Señor, hazme mansa.» «Oh, ya soy mansa.» Es como la humildad porque tan pronto piensas que eres mansa, ya no eres mansa. Es como la humildad. Es una búsqueda permanente de la mansedumbre. Busca la mansedumbre como una forma de vida.

Ahora, a medida que comenzamos con todo esto, queremos hacernos la pregunta, «¿Qué es la mansedumbre?»

Esa no es una pregunta fácil de responder porque hay muchos aspectos de la mansedumbre, y no la vemos ejemplificada tanto en nuestro mundo. Vemos lo contrario a la mansedumbre. Podríamos dar muchos, muchos ejemplos, especialmente si nos fijamos en las mujeres de hoy. La mansedumbre es escasa. Las mujeres son entrenadas para ser independientes, asertivas, no quedarse calladas, ser obstinadas, ser dogmáticas, como tantas cosas que son lo contrario de la mansedumbre.

Así que ¿dónde buscamos para saber cómo luce la mansedumbre o lo que es?

Por supuesto, vamos a ir a la Palabra de Dios, y luego a otros que pueden ayudarnos a entender esto, pero quiero recordar que la mansedumbre no es necesariamente igual a tener una personalidad tímida o callada. Puedes ser una persona muy callada, y no tener un espíritu manso. De hecho, hay algunas personas calladas, tal vez algunas que nos escuchan hoy y la gente te mira y dice: «Ella me parece mansa». Pero lo que no saben es lo que pasa en el corazón.

Hay personas calladas que tienen una vena de terquedad subyacente de obstinación o de orgullo o de control o de resentimiento en su corazón, o de ira al punto de hervir por dentro, o de tener un espíritu rebelde. «Voy a hacerlo a mi manera». Estas mujeres no hablan fuerte. No son flagrantes. No son personas que uno mira y dice: «Oh, ella es tan escandalosa». Pero no hay mansedumbre en su espíritu.

Pero la humildad es algo que Dios sabe si está en nuestros corazones. Mientras Él nos habla a través de estas sesiones, Él está escudriñando nuestros corazones. Él está examinando nuestros corazones y nos muestra dónde puede haber falta de humildad de mansedumbre.

Ahora tenemos que darnos cuenta también que la mansedumbre no es lo mismo que tener un espíritu débil o ser cobarde. La mansedumbre no significa no tener opiniones o ser débil, frágil, endeble, sin cerebro, o una criatura miserable. A veces pienso que esa es la caricatura de la mansedumbre. Si se le preguntara a alguien en el mundo qué piensan que es la mansedumbre, creo que eso es lo que tal vez se imaginan de la mansedumbre, que es alguien que no piensa por sí mismo, que no tiene una opinión, como un limpiapiés, alguien sobre quien la gente camina, alguien que se no se ama lo suficiente.

Permítanme decir que la verdadera mansedumbre bíblica requiere de todo lo contrario a una persona débil o sin carácter.

La mansedumbre es un concepto muy rico. Tiene muchas aplicaciones diferentes, y todavía estoy explorándolo. Es una joya de muchas facetas, pero permítanme leerles algunas definiciones y algunas citas que he encontrado que me han ayudado a tener una mejor comprensión de lo que está involucrado en todo esto de la mansedumbre.

Un diccionario bíblico dice: «La mansedumbre es una actitud de humildad hacia Dios y de gentileza hacia las personas, que surge de un reconocimiento de que Dios está en control.» 1

El diccionario en inglés Merriam-Webster dice:

La mansedumbre es soportar un daño permanente con paciencia y sin resentimiento.

Ahora, ambas cosas son importantes porque hay personas que sufren daños, personas maltratadas. Lo vienen sufriendo desde hace mucho tiempo, pero cargan con (amargura) resentimiento en sus corazones. Así que el hecho de que tú hayas soportado no quiere decir que tengas un espíritu manso. ¿Has aguantado sin dejar que se convierta en resentimiento?

Otro diccionario bíblico dice que:

La mansedumbre es una mente sosegada, de temperamento tranquilo que no se irrita fácilmente. 2

Matthew Henry en su libro dice que:

«La mansedumbre es un espíritu de gracia y amabilidad. Acomoda el alma a cada suceso y así hace a un hombre llevadero, con el mismo y con los demás a su alrededor».

Si tú eres el tipo de persona que haces que los demás se sientan tensos porque estás tensa, entonces hay una falta de mansedumbre. Si eres el tipo de persona que siempre está estresada y entra en pánico y está de prisa, y das la impresión que siempre tienes prisa; que haces que la gente a tu alrededor se sienta incómoda o apresurada o en pánico, eso no es un espíritu de mansedumbre.

Él dice que la mansedumbre es un espíritu de gracia y amabilidad que acomoda al alma a todo lo que está ocurriendo a su alrededor para que pueda ser llevadera consigo misma y con las otras personas.

La palabra en latín para manso o gentil o domesticado es una palabra, no voy a tratar de pronunciarla aquí, pero se trata de dos palabras que significan «acostumbrados a la mano». Se refiere a la domesticación de animales —como por ejemplo para amansar un potro, para romper la voluntad de un caballo hasta que se haga manso y se acostumbre a la mano que lo está entrenando. Es sensible a la mano de su propietario o de su jinete.

Acostumbrada a la mano que es flexible, que responde, y que es sumisa al liderazgo de Dios en su vida.

Tan acostumbrada a la mano que Dios solo coloca Su mano sobre mi espíritu, y yo digo: «Sí, Señor.» Soy sensible al tacto de su mano y respondo al mismo. Eso es un aspecto de la mansedumbre.

Me encontré recientemente un libro que había leído hace mucho tiempo escrito por el Dr. Martyn Lloyd-Jones, Estudios sobre el Sermón del Monte. Tiene un capítulo maravilloso acerca la mansedumbre. Permítanme leerles solo una parte de lo que dice:

La mansedumbre es esencialmente una visión verdadera de uno mismo, que se expresa en la actitud y conducta con respecto a los demás.

Una persona humilde reconoce y llora su propia pecaminosidad [esto es parte de las Bienaventuranzas, los pobres de espíritu, los que lloran]. Por lo tanto, esta persona mansa tiene una ausencia de orgullo. No se afirma, no exige nada para sí misma. Ni siquiera es sensible acerca de sí misma. No siempre está mirándose a sí misma ni a sus propios intereses. No siempre está a la defensiva. Ya no se preocupa de sí misma y de lo que otras personas dicen.

La persona que es verdaderamente humilde no se compadece de sí misma, no siente lástima de sí misma, no se dice a sí misma, «estás teniendo un momento difícil. Qué cruel son estas personas que no logran entenderte». [Eso sería lo contrario a la mansedumbre.]

Ser manso significa que has llegado al final de ti misma. Es ser libre de uno mismo, es una conciencia enfocada en Dios en lugar de en uno mismo. Has terminado contigo mismo por completo, y has llegado a ver que tú no tienes derechos en lo absoluto.

La persona que es verdaderamente mansa es la que se sorprende de que Dios y los demás puedan pensar de ella tan bien como lo hacen y que la traten tan bien como lo tratan.

Ves, cuando no somos mansas, pensamos que otros nos deben tratar mejor, pero cuando somos mansas, pensamos, “Es increíble que la gente me trate tan bien como lo hace. Es la misericordia de Dios, es por eso que Él ha sido tan amable y gentil conmigo como lo ha sido”.

Ahora, al escuchar estas definiciones, estos pensamientos acerca de la mansedumbre, se puede ver que hay tres cualidades estrechamente relacionadas, y que constituyen una verdad en las Escrituras. De hecho, una de las cosas que hace el estudio de la mansedumbre difícil en las Escrituras, es un reto, es que hay diferentes traducciones de las mismas palabras, y reflejan el hecho de que estas tres cualidades están tan estrechamente relacionadas.

Las tres cualidades son: la humildad, la mansedumbre y la gentileza.

La humildad tiene que ver con nuestra visión de nosotras mismas. Nos estimamos a nosotras mismas como pequeñas porque somos pequeñas. Eso es lo que significa tener una mente humilde, tener una evaluación precisa de nosotras mismas, no pensar acerca de nosotras mismas más de lo que debemos pensar. Humildad— realmente no puedes ser mansa sin tener humildad, y si eres humilde, serás mansa. No son iguales, pero estos conceptos están sin duda relacionados.

Entonces la humildad es nuestro punto de vista acerca de nosotras mismas.

La mansedumbre , que a veces se traduce gentileza en algunas de nuestras traducciones modernas— la mansedumbre es una actitud que adoptamos hacia las cosas de Dios y las de otros que nos afectan. Es nuestra actitud hacia Dios en su trato con nosotras y nuestra actitud hacia los demás en sus relaciones con nosotras. Es una actitud interna del corazón. Eso es la mansedumbre.

Así que la humildad es como nos vemos a nosotras mismas, la mansedumbre es cómo vemos a Dios y a los demás en sus relaciones con nosotras— se trata de una actitud interna del corazón— y luego la tercera cualidad es la gentileza.

La gentileza tiene que ver con nuestro trato con los demás. La mansedumbre es nuestra actitud hacia los demás. La gentileza es la acción externa, la forma en que tratamos a las personas. Por lo tanto, si tú tienes un espíritu manso hacia las personas, los tratarás con gentileza. Nuestro trato hacia los demás se basa en cómo los vemos a ellos.

Así que la humildad es como nos vemos a nosotras mismas, la mansedumbre es nuestra actitud frente al trato de Dios y de los demás hacia nosotras, y la gentileza es la expresión externa de una actitud de mansedumbre. ¿Me hago entender?

Hay un montón de frases y términos que podríamos utilizar para describir a las personas mansas, y a veces eso nos ayuda a entender más acerca de lo que es la mansedumbre. Al leer esta última vez a través del libro de Matthew Henry, he hecho una lista de algunos de los términos, las frases, las palabras que él utiliza para describir a las personas mansas y luego algunos de los términos que utiliza para describir a las personas que no son mansas. Quiero leerles algunas de las palabras en esta lista. Creo que va a dar un mayor sentido de lo que estamos hablando cuando hablamos de la mansedumbre.

En primer lugar vamos a ver: la falta de mansedumbre. Les voy a leer algunas de las frases que aparecen en el libro de Matthew Henry, que describen la falta de mansedumbre:

Pasión exorbitante: Una persona que (ahora, ten en cuenta que esto fue escrito hace 300 años) se desenfrena ante la provocación; alguien que enloquece cuando es provocada.

Ira ingobernable: Alguien que está inflamado, alguien que se ofende, alguien cuyo corazón está ardiendo en su interior.

Habla acerca de la prisa y la premura, en oposición a alguien que es manso.

Y por supuesto, la ira es el espíritu tempestuoso, alguien que se irrita fácilmente.

La palabra contención o contencioso aparece mucho cuando piensas en la ausencia de mansedumbre.

Alguien que está inquieto, que es irritable, impetuoso, violento, apasionado, litigante— esa es una palabra que no usamos mucho, pero significa propenso a pleitos, y ¿no es tan cierto esto en nuestra cultura? Personas demandándose unos a otros, es una cultura caracterizada por las contiendas los litigios. Alguien que se apresura a demandar a los demás no es una persona mansa.

Él dice: «La persona que carece de mansedumbre juzga rápidamente a los demás»—es rápida para saltar a conclusiones, es rápida para criticar al otro.

Es también fácilmente perturbada; el ser turbulento como el mar atribulado corresponde a una persona que no es mansa.

Ahora te voy a dar la lista que escribí mientras leía el libro, que corresponden a las palabras que se relacionan con la mansedumbre, palabras que describen una persona que es humilde:

• Mantiene su paz

• Es servicial

• Tiene un espíritu apacible

• Es calmado

• Impasible

• Pacificadora

• Flexible

• Tiene una blanda respuesta

• Es dulce

• Pacífica

• Descansada

• Perdonadora

• Suave

• Ecuánime

• Tranquila

• Compuesta

• Tiene paz del alma

• Serena

• Tolerante

• Amable

• Callada

• Imperturbable

• Con dominio propio

•Templanza (Una persona que es mansa tiene un espíritu que ha sido amansado. Es capaz de gobernar su propio espíritu.)

• Es complaciente

• Con pasiones sometidas

• Sumisa

• Suave o receptiva

• Refrenada

• Pronta para oír, lenta para hablar

Una persona que frena su lengua es una persona mansa. Una persona que considera antes de emitir un juicio y antes de hablar. Piensa antes de hablar. Esta persona no deja escapar las cosas negativas o críticas que vienen a su mente. Primero considera y deja que Dios refrene y reprima su lengua.

Ahora, la mansedumbre fluye de la confianza de que Dios está en control, y por lo tanto, nosotras no lo tenemos que estarlo. Dios está en control. Es una confianza de que Dios está obrando en este mundo, cumpliendo Sus propósitos santos y eternos y, que Dios tiene la última palabra, y que va a corregir todos los males. Eso es lo que nos hace mansas. Es la confianza en el Señor.

No es que nos limitamos a decir: “Oh, voy a dejar que todos los que hacen el mal en el mundo me empujen y me atropellen”. No, es la confianza de que Dios está a cargo, que Él sabe lo que está haciendo; que Él está trabajando, que nosotras estamos trabajando en unión con Él, y que Él va a tener la última palabra. Él va a enderezar este mundo que está al revés. Él compondrá las cosas.

Otro diccionario bíblico dice,

Los humildes no resienten la adversidad porque aceptan todo como el efecto del propósito sabio y amoroso de Dios para ellos para que acepten también los daños de los hombres, sabiendo que éstos son permitidos por Dios para su bien.3

Un espíritu manso viene de centrar nuestras vidas en el poder de Dios, en Su soberanía en Sus propósitos eternos y maravillosos.

Ahora, la mansedumbre tiene aplicación en nuestra relación con Dios y en nuestras relaciones con los demás; lo afecta todo. Tener un espíritu manso afecta:

• La manera en que respondemos a las personas

• La forma en que respondemos ante las presiones

• La forma en que respondemos a los problemas

• La manera en que respondemos a la providencia de Dios a Sus elecciones para nuestras vidas.

• La forma en que respondemos cuando los hombres nos alaban o cuando nos ridiculizan.

• La forma en que respondemos a la pobreza o a la prosperidad

Nuestra respuesta a todo en la vida está determinada, en cierta medida, en si tenemos un espíritu de mansedumbre o no.

Por lo tanto, ¿Es esto algo que quieres perseguir? ¿Es esto algo que quieres obtener? Si eres una hija de Dios, seguramente que sí. Es posible que, como yo, digas: «Oh, lo echo a perder más veces de las que puedo manifestar mansedumbre.» Pero no querrás permanecer en ese estado de falta de mansedumbre. Una cosa es caer en una falta de mansedumbre, otra cosa es el amar estar allí.

Quieres ser mansa. Quieres tener el espíritu de Cristo. Quieres responder a las Si eres una hija de Dios, no te gusta cuando no estás siendo humilde. Dios habla a tu corazón.personas y a las circunstancias de manera mansa.

Así que, a medida que nos adentramos en esta serie, quiero animarlas a que su oración sea: Señor, quiero ser mansa. Quiero tener un espíritu de mansedumbre.

¿Quieres darle a Dios la libertad de mostrarte en qué áreas de tu vida no muestras mansedumbre? Ahora, Dios tiene la libertad de todos modos, pero le dirías: “Señor, quiero que me enseñes. Yo quiero que me hables por tu Espíritu acerca de las áreas en las que tal vez no me he dado cuenta de que no soy mansa. Por favor, muéstrame eso, y, Señor, concédeme el regalo del arrepentimiento. Cambia mi corazón. Cámbiame. Ayúdame a huir de la soberbia que no me deja ser mansa”.

Y pídele al Espíritu Santo, “Produce este fruto en mi vida”.

Es la vida de Jesús. Es el carácter de Jesús. Quiero más de Jesús y menos de mí.

Por lo tanto, en la medida que iniciamos esta serie y examinamos en los próximos días cómo luce la mansedumbre en nuestra relación con Dios, en nuestras relaciones con los demás, en nuestras respuestas ante las presiones, comenzamos diciendo: «Señor, te necesito. Quiero que me enseñes dónde no soy mansa. Yo quiero que me cambies, cambia mi corazón, concédeme arrepentimiento, y cámbiame a la imagen de Cristo. Hazme una mujer de Dios de espíritu manso. Y, Señor, esa es nuestra oración, y lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando lo atractivo que es tener un espíritu manso. Ese mensaje es parte de la serie, “La hermosura de la mansedumbre”.

En ANC recibimos correspondencias y testimonios continuamente de la obra de Dios en la vida de nuestras oyentes. Recientemente, nos escribió Aura. Ella había estado haciendo el reto de 30 días para las esposas que encontró en nuestra página de Internet de AvivaNuestrosCorazones.com Ella nos dice:

«Justo ayer empecé el reto y de forma casi inmediata empecé a ver como Dios obraba en mi matrimonio, o mejor dicho como lo sigue haciendo y el impacto que esto trae en mi esposo. Estoy muy agradecida con Dios por haber usado a una de mis amigas como instrumento para llegar hasta esta página, en donde he encontrado los materiales necesarios para seguir adelante, renovada y muy motivada en mi matrimonio que desde hace un tiempo viene pasando por muchas tormentas, pero estoy confiada en mi Dios que todo va a estar bien, pues Él tiene un plan para conmigo y yo deseo honrarlo. ¡Bendiciones para todas y muchas gracias a Aviva Nuestros Corazones por tan maravilloso trabajo! Que Dios todopoderoso siga derramando sus bendiciones en todas ustedes

Gracias Aura, por escribirnos y es nuestro deseo que muchas mujeres alrededor del mundo encuentren aliento y esperanza al escuchar nuestros programas y utilizar nuestros recursos.

Si Aviva Nuestros Corazones se ha convertido en una parte importante de tu vida, si te ha ministrado, animado, te está alimentando espiritualmente, ¿por qué no nos escribes y nos cuentas cómo ha usado Dios este ministerio en tu vida? Escríbenos a info@avivanuestroscorazones.com.

Y al visitar nuestra página, no dejes de informarte acerca de nuestra primera conferencia Mujer Verdadera para América Latina. Esta se estará celebrando en Santo Domingo, República Dominicana los días 26, 27 y 28 de febrero del próximo año. Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Al tener un corazón manso, te vas a quejar mucho menos. Nancy explicará por qué, mañana. Por favor, únete de nuevo, a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1Youngblood, R. F., Bruce, F. F., Harrison, R. K., & Thomas Nelson Publishers. (1995). Nelson’s New Illustrated Bible Dictionary. Rev. ed. of: Nelson’s Illustrated Bible Dictionary.; Includes index. Nashville: T. Nelson.

2Easton, M. (1996, c1897). Easton’s Bible Dictionary. Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc.

3Wood, D. R. W. (1996, c1982, c1962). New Bible Dictionary (747). InterVarsity Press.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

1/9 – Cultivando un espíritu manso

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

1/9 – Cultivando un espíritu manso

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/cultivando-un-espiritu-manso/

Annamarie Sauter: De acuerdo a Nancy Leigh DeMoss en la actualidad, la mansedumbre no siempre se entiende.

Nancy Leigh DeMoss: El mundo nos dice que si eres mansa, si eres humilde, no vales nada, no tienes nada que te haga feliz. Pero la Palabra de Dios dice que si tienes verdadera mansedumbre bíblica, tú eres una persona bendecida. ¿Quieres las bendiciones que vienen con la mansedumbre? Entonces tú tienes que perseguir algo que es contra-cultura.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Una de las cualidades bíblicas menos comprendida es la mansedumbre. Nancy ha sido retada en esta área, y ella está a punto de desafiarnos en una serie titulada, “La hermosura de la mansedumbre».

Nancy: A muy menudo me encuentro siendo probada en las mismas áreas en que me estoy preparando para enseñar, o acabo de enseñar. El Señor quiere estar seguro de que las cosas que estoy diciendo a los demás las estoy practicando en mi propia vida y supongo que eso es algo bueno.

Tú realmente no sabes lo que sabes acerca de algo hasta que no tienes un examen o una prueba. Por eso es que tenemos pruebas en la escuela. Exámenes rápidos, exámenes a mediados de términos, y exámenes finales. Estos le dicen a la maestra y a nosotros mismos qué material hemos aprendido y qué material todavía tenemos que dominar. Sobre el tema que estamos tratando en esta serie, tengo mucho todavía que dominar.

Me he dado cuenta ahora que he estado estudiando el tema de la mansedumbre, que esto es algo que necesito mucho yo misma. Me siento como si hubiera solo rozado la superficie de lo que hay que aprender sobre este tema. Pero a medida que he estado estudiando, me he encontrado en un campo de batalla muchas veces y fallando miserablemente más veces.

Cuando pienso en las últimas semanas, vienen a mi mente muchas situaciones, cuando me he dado cuenta, lamentablemente después del hecho, muchos de los casos, que la manera en que acababa de comunicar o algo que solo había pensado o un intercambio que acababa de tener con alguien, no provenía de un espíritu manso. Así que yo estoy en el proceso y he tenido convicción de mi propia necesidad de mansedumbre.

La mansedumbre, o la falta de ella, se manifiesta en nuestros corazones antes de que aparezca exteriormente en cualquier otro lugar. Pero entonces, invariablemente, lo que está en nuestros corazones sale a la superficie. Me encuentro en diversos medios de comunicación con los demás -correo electrónico. . . ¿Sabías que puedes mostrar falta de humildad en un correo electrónico? He aprendido que eso es posible. Las llamadas telefónicas, las conversaciones con amigos.

De hecho, en las últimas dos semanas, se han producido y he tenido varios choques relacionales, si pudiera llamarlos así. No grandes, pero momentos de mucha tensión o reuniones de personal o llamadas telefónicas con mi equipo en un momento en que me encontraba molesta y sintiendo que otras personas no estaban haciendo las cosas que debían hacer.

Me detuve en el transcurso de la semana y miré hacia atrás por encima de varios de estos temas y me di cuenta de que yo era el denominador común de todas las historias. Era como, » Wow, mira aquí. Tal vez no sea todo el mundo que tiene el problema. Tal vez eres tú misma la que tienes un problema.» Fue algo bueno para mí simplemente estar estudiando esto y tener al Señor desafiándome.

De hecho, sostuve una llamada telefónica, una de esos choques relacionales. No voy a entrar en todos los detalles, pero había algo en nuestro ministerio, que no era gran cosa, pero algo que yo había estado esperando que sucediera por un largo tiempo. Yo había pedido y nada había sucedido. Así que llamé por teléfono a uno de nuestros empleados, un hombre de nuestro personal. Como mujer, trato siempre de comunicarme con los hombres de nuestro equipo de una manera que sea femenina y con gracia. Tú debes ser así con todo el mundo, pero sobre todo si estamos hablando con hombres, porque quieres honrar su masculinidad.

Tenía que hablar con este miembro del personal que está involucrado en esta área del ministerio y sin previamente preguntar, «¿es este un buen momento, o puedo decirte algo que he tenido en mi corazón y he estado pensando?”, simplemente me descargué. Yo no estaba gritándole, y no estaba enojada. Yo fui muy firme y decidida de que era necesario abordar este tema. Me di cuenta de que el hombre con quien estaba hablando—quien es un hombre gentil, piadoso y humilde de espíritu, ama al Señor, y alguien excelente para servir juntos, simplemente él hizo silencio; yo lo estaba silenciando con mi multitud de palabras, por mi diluvio de palabras.

Hermanas, esto es difícil para los hombres. Es difícil para sus esposos. Es difícil para las personas con las que trabajamos y servimos cuando acabamos abrumándolos con palabras. Él se quedó en silencio. Él no dijo mucho, y yo sabía que él estaba tomando algunas notas. Este hombre es un caballero. El Espíritu estaba otra vez diciéndome, «Tienes que retroceder y darle tiempo para digerir esto y no decirle más cosas». Pero en lugar de hacer lo que el Espíritu me indicaba, porque no estaba recibiendo una respuesta, volví a repasar todo de nuevo. Y ahora más alto, más rápido, con más y más palabras desbordadas.

Yo sabía mientras lo hacía que yo estaba aplastando el espíritu de este hombre. Una vez más, él fue humilde, él fue amable, y él no iba a pelearme. Realmente no lo estaba atacando o aplastando literalmente, aunque él pudo haberse sentido así. Realmente no lo sé. Creo que a veces los hombres se sienten atacados. Y les decimos: «Pero yo solo te estoy diciendo los hechos. ¿Por qué te sientes atacado? “Bueno, es porque lo estamos diciendo tan rápido y con tanta intensidad”.

Algunos de nuestros empleados hablan de la mirada penetrante de mis ojos. Bueno, esto que acabo de relatar fue por teléfono así que él no podía ver mis ojos, pero el tono de mi voz era fuerte. Lo dejamos pasar y porque él no se puso a la defensiva, o por lo que sea, la conversación terminó bien. Pero, de nuevo, el Señor estaba obrando en mí.

Después que terminé esa llamada, pensé, tú acabas de arroyarlo a él con palabras. No fuiste amable. Tú no fuiste considerada. No tuviste en cuenta cómo comunicarte correctamente con él. Lo abrumaste, y no mostraste un espíritu manso. Estos pensamientos estaban en mi corazón esa noche. Y estaban en mi corazón a la mañana siguiente. Me estaba preparando para ir a hacer una entrevista y pensé que tenía que hablar con este hombre. Probablemente él nunca hubiera sacado el tema a relucir.

Así que lo llamé a la oficina y le dije: “El Señor no me dejará en paz sobre esa conversación que tuvimos ayer. Has sido muy amable y te lo agradezco mucho, pero mi espíritu no fue manso. Estoy estudiando la mansedumbre y no la practiqué en esa conversación”. Así que le dije: “¿Me perdonas? No abordé esto de la manera correcta”.

Estoy tan agradecida de que lo llamé. Yo necesitaba aclarar mi conciencia porque sabía que eso era lo que el Señor quería, pero también cuando él respondió y me dijo: “Significa mucho que me llamaras”. Yo sabía que mi falta de mansedumbre realmente lo había afectado. Así que tuvimos un momento dulce y estamos recuperándonos de ese incidente. Pero es mucho mejor tener un espíritu manso desde el principio que después tener que ir a recoger los escombros.

Hemos tenido algunos tornados en esta zona, y si miras todas las ramas rotas, y los escombros y la basura y el desorden, eso es lo que algunas de nuestras vidas producen. Eso es lo que mi vida hace a veces cuando yo entro en una habitación o camino a través de una reunión o camino por la vida de alguien y dejo escombros en el camino diciendo muchas palabras o palabras ásperas o no teniendo un espíritu manso .

Así que estoy muy sintonizada con todo lo que Dios dice sobre este asunto de la mansedumbre. La mansedumbre es importante para Dios. No lo puedes evitar en la Escritura. Sofonías capítulo 2 el versículo 3, dice que debemos buscar la mansedumbre. Colosenses capítulo 3 dice que debemos vestirnos de mansedumbre. Primera a Timoteo capítulo 6 dice que debemos seguir la mansedumbre. No se trata solo de algunos creyentes. Es para todos los creyentes.

En las próximas sesiones vamos a tratar la mansedumbre desde varios ángulos diferentes y quiero ser la primera en decir que no me siento como si lo hubiera alcanzado y comprendido todo acerca de este tema. Un año a partir de hoy creo que podría enseñar esto de manera diferente, pero solo voy a compartir con ustedes lo que Dios ha estado diciéndome acerca de este tema y dejar que Dios lo expanda aún más en sus corazones.

Tenemos que reconocer en primer lugar que la mansedumbre o la humildad no es algo que viene naturalmente. No es asunto de tener una personalidad naturalmente mansa. Algunas personas son naturalmente más tranquilas, calladas o más reservadas, pero eso no significa que sean necesariamente mansas. No hay nadie, de naturaleza, mansa de espíritu. La mansedumbre es sobrenatural. Es una expresión del carácter de Cristo. Es parte del fruto del Espíritu. Es una gracia que el Espíritu obra en nuestras vidas.

Es el Espíritu de Dios que trae nuestra falta de mansedumbre natural, y estoy pensando en qué sería lo opuesto a la mansedumbre, el Espíritu de Dios trae nuestras reacciones naturales desprovistas de mansedumbre, nuestras respuestas y nuestros instintos, bajo Su control para que vayan convirtiéndose en la verdadera mansedumbre de Cristo.

Quiero también recordarte que la mansedumbre, aunque es altamente valorada por Dios, no se valora en lo absoluto en nuestro mundo. No está de moda. No es políticamente correcta, y algo que siempre estamos insistiendo es en convertirnos en mujeres contra-cultura, e ir contra la corriente, ser como el salmón, que nada contra la corriente. Esta debe ser un área entre muchas de preocupación para la mujer que quiere ser contra-cultura. Ser mansa es ir contra la corriente.

El mundo aprecia todo lo contrario a la mansedumbre —la autoafirmación, el defender tus derechos, ser exigente, decir lo que piensas, hacer las cosas a tu manera. Dios valora mucho las cosas que el mundo desprecia. El mundo mira a los humildes a los mansos y dice: “Ellos son débiles”. Pero Dios mira a los mansos y dice: “Me recuerdan a Jesús”. Dios valora grandemente la mansedumbre pero el mundo la detesta y la desprecia, y el mundo estima y valora aquello que Dios detesta.

Así que tienes que decidir, estoy dispuesta a nadar contra la corriente con el fin de perseguir la mansedumbre, porque eso es lo que se necesita.

¿Por qué perseguir la mansedumbre? ¿Qué esperamos ganar con ella? Por supuesto, la razón mayor es porque Dios dice que debemos seguir o alcanzar la mansedumbre. Pero creo que hay otras razones. Hay algunos frutos, bendiciones y beneficios que vienen de la búsqueda de la mansedumbre, que queremos obtener y que podemos tener a medida que llegamos a ser personas mansas.

Creo que tal vez el pasaje más familiar que me viene a la mente esta en las Bienaventuranzas, en el Sermón del Monte, donde Jesús dice: “Bienaventurados los mansos”. Esa palabra bienaventurado significa feliz, afortunada/ dichoso, son aquellos que son mansos.

Ahora, de nuevo, el mundo nos dice si eres mansa, humilde, no vales nada. No tienes nada que te haga feliz. Pero la Palabra de Dios dice que si tienes verdadera mansedumbre bíblica, tú eres una persona bendecida. ¿Quieres las bendiciones que vienen con la mansedumbre? Por cierto, la bendición aquí es que ellos heredarán la tierra. Si somos mansas sentimos que estamos rechazándolo todo, en cambio Dios nos dice, “No, los mansos van a tener todo lo que realmente importa”. ¿Quieres la bendición de la mansedumbre? Entonces tienes que perseguir algo que es contra-cultura.

El Salmo 37 nos dice que “los humildes heredarán la tierra y se deleitarán en abundante paz” (v. 11). Eso es algo que me gustaría tener. Las personas que no son mansas no tienen abundancia de paz. No tienen corazones y mentes tranquilas. Pero la persona que es mansa se deleita en abundancia de paz. La paz de la mente. La paz del corazón. La paz en las relaciones.

Cuando regresé e hice esa llamada telefónica a la persona con quien sostuve la conversación, había una dulzura y una paz en nuestra relación que no había estado allí cuando yo estaba atacándolo, cuando estaba atropellándolo en el transcurso de la discusión. Logré mi punto en la primera llamada. Este hombre entendió claramente lo que creía que él tenía que hacer, pero perdí la relación.

Ahora, de nuevo, él fue humilde y amable, así que no iba a dejar que eso fuera una barrera, pero era una barrera en mi corazón. Era una barrera en mi relación con el Señor. Perdí mi paz, y comencé a experimentar convicción en mi conciencia. ¿Quieres paz? Entonces debes buscar la mansedumbre. Hay abundancia de paz para los mansos.

El Salmos 25 el versículo 9 nos dice, «Encaminara a los humildes en la justicia, y enseñará a los mansos su carrera» (RV). Si queremos que Dios nos guíe, que nos enseñe el camino que debemos seguir, si queremos conocer el buen juicio, si queremos tener visión, sabiduría y entendimiento, tenemos que ser mansas. Veremos que esto ocurre porque las personas mansas son:

• Personas enseñables

• Personas humildes

• Personas abiertas a recibir consejo.

Todas hemos conocido personas— tal vez uno de tus hijos o tus hijas— y en ocasiones todas hemos sido el tipo de persona a la que no se le puede enseñar nada. Lo sabemos todo. Dios dice de las personas que ya piensan que lo saben todo, “Ellos no van a aprender nada de Mí”. Jesús le dice a la iglesia en el Nuevo Testamento “Tú dices que eres rico, y tienes muchos bienes, y no tienes necesidad de nada”.(Parafraseado) Pero Él le dice: “No te das cuenta de que eres desventurado, miserable, pobre, desnudo y ciego. Pídeme, y te daré lo que necesitas”.

Pues bien, la persona que piensa que lo sabe todo no va a estar de rodillas clamando a Dios por sabiduría, por dirección. Pero Dios dice que la persona que humildemente reconoce que necesita dirección, si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios. Dios dice: “Tú sabes que te falta, que la necesitas, pídemela, Yo te la daré”.

Creo que a veces, cuando no sabemos qué camino tomar, no sabemos qué hacer, no sabemos cómo manejar una situación, decimos: “¡Señor, Tú no me has mostrado lo que debo hacer!” puede ser porque Dios sabe que no tenemos un espíritu manso. No tenemos un espíritu enseñable. No estamos dispuestas a recibir lo que Él nos mostrará.

Dios no quiere mostrarnos Su voluntad para que podamos decidir si queremos hacerla. Es como si Dios nos dijera: “tú decides, tu actitud me va a mostrar lo que voy a hacer”. Firma el contrato en blanco en la parte inferior y entonces Él dice: “Entonces ahora te voy a mostrar cuál es Mi voluntad”. Él quiere saber primero que tenemos un corazón manso, receptivo y flexible.

El ser mansa, hablando de las bendiciones y beneficios de la mansedumbre, es ser como Jesús. Y, ¿no es eso lo que quieres? Eso es lo que yo quiero. Tener formado en mí el carácter, el corazón, el Espíritu de Jesús. La Escritura dice que Jesús es manso y humilde de corazón. Por eso dice: “Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29 RV).

El mundo no celebra la mansedumbre, pero el hombre más grande que jamás haya existido, Jesucristo, el Hijo de Dios, Él dijo: “Yo soy manso. Soy humilde de espíritu”. ¿Quieres ser como Jesús? Tienes que ser mansa.

Cuando estoy hablando demasiado, y estoy siendo dogmática, obstinada, crítica, negativa, cuando estoy siendo lo contrario de ser mansa en mi vida, estoy reflejando algo que no es el Espíritu de Jesús. Pero la verdadera mansedumbre, el fruto del Espíritu, y ya veremos lo que esa mansedumbre realmente es, cuando eso se convierte en mi espíritu, entonces estaré reflejando al mundo cómo es Jesucristo.

La mansedumbre en las mujeres es elogiada de manera muy especial en las Escrituras. Y de nuevo, hablando acerca de por qué perseguir la mansedumbre, como mujeres es natural para nosotras el enfocarnos en la belleza física, en el adorno externo, en nuestros peinados, en nuestros estilos de ropa, en las joyas, el maquillaje. y nuestra cultura realmente promueve estas cosas. Si nos fijamos en los anuncios para las mujeres, estas son las cosas que se están promoviendo y que se anuncian como muy importantes.

Pero la Palabra de Dios tiene el consejo correcto para nosotras como mujeres. Esto nos ayuda a ver la belleza desde la perspectiva de Dios. En 1era de Pedro capítulo 3 los versículo 3 y 4 el apóstol Pedro dice:

Y que vuestro adorno no sea externo, corruptible, que lo que tú consideres atractivo, no sean los peinados ostentosos, las joyas de oro los vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible, imperecedero [me encanta esa frase] de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.

Un espíritu afable. Esa palabra en el idioma original es mansa. Un espíritu manso, un espíritu afable, un espíritu apacible. La Escritura dice que una mujer que tiene una actitud interna del corazón de mansedumbre o de humildad y un espíritu apacible tiene una belleza que es imperecedera. Es una belleza que no se desvanecerá. Es una belleza que no tiene que pasar por todo tipo de rutinas de cirugía cosmética o maquillaje para ser preservada. Es algo que se hace más rico y más dulce a medida que pasa el tiempo y envejeces.

Por cierto, mientras envejezco, ¿estoy pensando en cómo puedo tener esa clase de belleza interior que crece, que aumenta? Eso es lo que un espíritu manso hace por nosotras como mujeres. No solo produce ese tipo de hermosura que no se pierde y no se desvanece, sino que ese versículo nos dice que la hermosura de un espíritu humilde y apacible es de grande estima delante de Dios. Esto es lo que hace a Dios mirar a una mujer y decir: “Ella es hermosa”.

Ahora sabemos lo que nos hace mirar a una mujer y decir: “Ella es hermosa”. Pero lo que hace que Dios mire a una mujer y diga: «Ella es hermosa», es un espíritu de mansedumbre y quietud. Un espíritu dulce y manso.

Otra de las razones para buscar la mansedumbre se encuentra en Isaías capítulo 29 versículo 19 nos dice: “Los humildes se llenarán de una alegría nueva de parte del Señor”.

Me encanta ese versículo. En realidad mientras preparaba este estudio me encontré con este versículo. No me había percatado de él antes. “Los humildes se llenarán de una alegría nueva de parte del Señor”. Esa alegría fresca surge de un espíritu que es manso.

A lo largo de esta serie voy a estar leyendo algunos segmentos y enseñando porciones de un libro que ha sido realmente una gran bendición para mí sobre este tema en los últimos años. Es un libro escrito por Matthew Henry en 1698. Tiene más de 300 años de antigüedad. Se llama, “ La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de espíritu” (“ The Quest for Meekness and Quietness of Spirit ”). Si lees en inglés te exhorto a leer este libro.

Permíteme leer una cita de Matthew Henry acerca del gozo que se desprende de un espíritu manso. Él dice:

Si hay un cielo en cualquier lugar sobre la tierra, estará en el alma afable y apacible, que actúa y respira por encima de las partes más bajas del mundo, que están infestada de tormentas y tempestades.

En otras palabras, él está diciendo que las cosas aquí abajo en la tierra son tormentosas, son tempestuosas, pero un espíritu afable y apacible te permitirá experimentar la vida en un plano que está por encima del mundo tormentoso y tempestuoso.

Él dice que el tener un espíritu manso y apacible es como tener el cielo en la tierra. Él sigue diciendo:

Un cristiano afable y apacible tiene gozo en sí mismo. Él goza de sus amigos. Él disfruta de su Dios. Y él pone estos deleites fuera del alcance del estorbo de sus enemigos.

En otras palabras, si tú estás viviendo en mansedumbre y tranquilidad de espíritu, y vamos a ver lo que esto realmente es, te coloca en un lugar donde tus peores enemigos no pueden hacer tu vida miserable. Experimentas un cielo en la tierra. “Los humildes aumentarán también su alegría de parte del Señor”.

Así que durante estos próximos días quiero animarte a venir conmigo en este viaje a medida que perseguimos la mansedumbre, mientras buscamos la mansedumbre, y nos vestimos de mansedumbre. Al hacerlo, creo que vamos a encontrar nuevas fuentes de paz y de gozo y de bendición con las que Dios inundará nuestras vidas.

Oremos.

Señor, es una cosa impresionante que Tú quieras bendecirnos. No sé por qué, pero Tú lo haces. Tú has dicho que podemos ser bendecidas si somos mansas, por lo que Te pido que durante estos próximos días nos ayudes a capturar Tu corazón por la mansedumbre para tener una mejor comprensión de lo que es, de cómo luce, de lo que significa.

Señor, estamos diciendo desde el principio que queremos que nos transformes, que nos cambies, que nos vistas con mansedumbre que nos llenes de Tu Espíritu y que produzcas en nosotras el fruto de la mansedumbre, no solo para nuestro propio disfrute y placer, sino aún más para Tu gloria y para que podamos reflejar a Cristo en nuestro mundo. Te lo ruego en el Nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss ha estado orando para que el Señor pueda desarrollar mansedumbre en nosotras.

Nancy: Me siento agradecida al Señor por permitir que podamos continuar proveyendo estas verdades bíblicas para las mujeres a través de ANC; verdades que tanto necesitamos en nuestras vidas diarias.

Hay personas que son una gran ayuda para que esto pueda ser una realidad. Se trata del equipo de colaboradores regulares de Aviva Nuestros Corazones. Me gusta decir que estas personas son el elemento vital de este ministerio. Ellos oran. Ellos comparten el mensaje con otros, y apoyan financieramente este ministerio cada mes.

Si tú has visto a Dios obrando a través de Aviva Nuestros Corazones, tal vez Dios lo ha utilizado de manera significativa en tu vida en los últimos meses, y te gustaría ayudar a tocar más vidas a través de este ministerio, te animo a ser parte de este grupo especial de personas.

Para obtener más información sobre los detalles de cómo unirte a este grupo de colaboradores frecuentes, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Por favor, ora para que Dios derrame Su Espíritu, para que Él nos visite con Su presencia, para que Él transforme vidas, anime a Su gente, y que todos Sus propósitos se cumplan a través de este ministerio que Dios ha puesto en nuestra manos.

Annamarie: Gracias Nancy.

Hoy fuiste introducida al concepto de la mansedumbre. Y tal vez suena aterrador acercarte a otras personas con un espíritu manso y apacible. La solución a esto es a confiar en Dios más de lo que temes a la gente. Nancy quiere hablar de esto el lunes. Por favor, vuelve a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries y mi mamá es una Mujer Verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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