Una deuda de gratitud – Nov 27

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una actitud de gratitud

Aviva Nuestros Corazones

Nov 27 – Una deuda de gratitud

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Carmen Espaillat: La gratitud en medio de la vida cotidiana puede ser imposible.  Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Recuerdo  una temporada en mi propia vida cuando me sentía muy dolida a causa de una serie de circunstancias que estaba enfrentando.  Y por unos dieciocho  meses yo no pude dar gracias.

Carmen Espaillat: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana te he estado compartiendo sobre el libro de Nancy, Sea Agradecido: Su camino al gozo. ¿Por qué es tan importante escoger la gratitud? Bueno, sabes que la gratitud no siempre llega fácil.  Algunas veces es una decisión difícil.  Nancy nos describirá cómo  se siente tomar esa decisión  cuando uno siente como si la vida misma conspirará en contra de la gratitud.

Nancy Leigh DeMoss: En el Día de Acción de Gracias del año pasado recibí una carta de una querida pareja de unos 89 años de edad, Del Fehsenfeld y su esposa, Dot.  Yo los llamaba Abuelo y Abuela Fehsenfeld.  Esta es una pareja llena de gratitud.  Aquí está la carta que ellos enviaron como una carta de gratitud a todos sus amigos.  La carta decía:

Mis queridos amigos y colaboradores en Cristo, “Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él” (citando el Salmos 118 versículo 24)

Debemos  regocijarnos sin importar nuestro estado físico (saludable o no).  Cuando nos damos cuenta de nuestra posición en Cristo, no tenemos opción.  Al tomar un inventario personal le damos gracias a Él porque:

Y ellos listaron cinco razones por las cuales ellos daban gracias al Señor y a cada razón le seguía una referencia bíblica.

  • Nosotros hemos sido salvos.
  • Nosotros hemos sido santificados.
  • Nosotros hemos sido sellados por el Espíritu Santo.
  • Nosotros hemos sido eternamente asegurados.
  • Nosotros estamos satisfechos

Al lado de esta última razón ellos anotaron el Salmo 103 versículo 5 y dice “el que colma de bienes tus años” Y continuaron diciendo:

No necesitamos cosas materiales, entretenimiento, o provocar un sentimentalismo emocionante para tener gozo.  En Cristo tenemos todo lo que necesitamos y todo lo que queremos.  Aun cuando La Sra. Fehsenfeld y yo hemos frecuentado las oficinas de los doctores más de lo que hubiéramos  preferido [y eso sería quedarse corto,  de hecho el año pasado los dos experimentaron desafíos serios en cuanto a su salud] aun así  nosotros estamos contentos y nos regocijamos por qué Él ha sido nuestro sostén  en medio del dolor, del sufrimiento y de las cirugías. Nosotros te invitamos a que te unas a nosotros a obedecer el mandato de Él cuando dice:

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús.  (1 Tesalonicenses 5:18)

Y qué gran reto es esto para mí en mis cuarenta años, cuando me quejo sobre las cosas tan insignificantes de la vida cotidiana que me desorientan y me perturban, y oír decir a esta pareja que se aproxima a sus noventa años, “Nosotros estamos agradecidos, Nosotros estamos agradecidos.”

¿Sabes lo que ellos están haciendo? Ellos están ofreciendo a Dios lo que la Escritura llama “un sacrificio de alabanza”. En el libro de Hebreos nosotras leemos sobre esto.  Hebreos  capítulo 13 dice: “Por tanto mediante Él” mediante Jesucristo, “ofrezcamos continuamente un sacrificio de alabanza a Dios, es decir el fruto de labios que confiesan su nombre” (versículo 15).

Un sacrificio de alabanza.  El Salmo 116 habla de este mismo tipo de sacrificio.  El salmista dice, Te ofreceré sacrificio de acción de gracias, e invocaré el nombre del SEÑOR” (versículo 17).

Hay veces que es muy fácil estar agradecidas con el Señor.  Cuando brilla el sol y tienes dinero en tu cuenta de banco, y tienes salud, y tu esposo está locamente enamorado de ti, y tus hijos se levantan y te bendicen obedeciendo cada una de tus instrucciones, bueno, cualquiera puede estar agradecida bajo esas circunstancias.

Pero muchas veces es difícil dar las gracias.  Hay veces que cuesta dar las gracias.  Hay veces que ofreces un sacrificio de  acción de gracias por medio de tus lágrimas y dices “Señor no entiendo por qué permites que yo esté pasando por estas circunstancias, y aunque no entienda porque he recibido estos papeles de divorcio que yo no quiero, y aunque no entienda porque mi hijo o mi hija están respondiendo  de esta manera que no te agrada; he decidido que en medio de esta batalla, en medio de esta presión, en medio de estos problemas, he decidido darte gracias porque Tú aún eres Dios, Y aún eres bueno.  Y estás cumpliendo Tus propósitos por medio de cada una de las circunstancias en las que yo me encuentro”.

Martin Rinkart fue un pastor en Alemania quien a la edad de 31 años llegó a ser el pastor de la iglesia en su pueblo de Eilenberg. Él  ahí llegó en 1618, justo cuando la Guerra de los 30 Años había iniciado, una de las guerras más sangrientas en toda la historia.  Esa guerra trajo gran destrucción a todos los países de Europa.  De hecho, la población de Alemania fue reducida de 16 millones de habitantes a 6 millones durante esos treinta años.

La ciudad de Eilenberg donde Rinkart fue pastor experimentó ola tras ola de pestilencia y hambre; y la llegada y salida de ejércitos invasores que marchaban a través de la ciudad dejando a su paso muerte y destrucción.  La ciudad se llenó de refugiados de la guerra.

En 1637 en medio de esta guerra se desató una plaga.  Los otros dos ministros de esa misma ciudad fallecieron, pero Rinkart se quedó en esa ciudad y llevó a cabo la labor de los dos ministros al igual que la suya.  Todo el día, día tras día a lo largo de ese año, él iba de cama en cama cuidando a los enfermos, orando y animando a los moribundos.

Él enterró a casi 5,000 personas ese año incluyendo a su propia esposa, algunas veces haciendo el servicio funeral sobre 40 o 50 cuerpos a la vez.  Rinkart mismo falleció un año después del final de la guerra.

Durante ese tiempo tan desalentador en su vida, y en la vida de su ciudad, él compuso un gran himno de gratitud.  Se dice que fue escrito como un ejemplo de gracia para sus hijos, escrito en medio de esas circunstancias tan devastadoras.  Tal vez tú estés familiarizada con este himno.

Démosle gracias todos a nuestro Dios con corazón, manos y voces. Quien ha hecho cosas maravillosas y en quien este mundo se regocija. Quien desde los brazos de nuestra madre nos ha bendecido en el camino con innumerables regalos de amor y todavía hoy es nuestro.

Toda alabanza y gratitud a Dios el Padre sea dada, el Hijo y Santo Espíritu supremo y altísimo cielo. El único Dios eterno quien adora el cielo y la tierra. Quien fue, quien es y siempre será.

Ese es un sacrificio de acción de gracias y ese mismo sacrificio de gratitud que Martin Rinkart ofreció en los años 1600 es el mismo que nos bendice a nosotras hoy. Tú no sabes cómo puede bendecir a otras tu disposición de ofrecer un sacrificio de acción de gracias especialmente cuando más te cuesta.

Una de mis heroínas favoritas de la fe es la Dra. Helen Roseveare quien fue por muchos años una cirujana misionera en lo que antes era el Congo Belga.  Ella fue  misionera en ese lugar creo que por unos 20 años.

Pero llegó el día cuando alrededor del año 1970 un grupo de rebeldes llegaron a la ciudad y empezaron a robar y azotar a la nación. La doctora Roseveare y algunos de sus colegas del ministerio sintieron la necesidad de quedarse y continuar sirviendo a la gente que Dios los había enviado a ministrar.

Durante ese tiempo, la doctora Roseveare describe la noche cuando los rebeldes llegaron al terreno de la misión donde ella vivía.  Ellos azotaron el lugar y ferozmente golpearon y abusaron sexualmente de las mujeres misioneras en ese lugar.  Al tratar de darle sentido a esa atrocidad, ella cuenta la lucha que  llevó a cabo los días posteriores a  esa noche tan terrible.

Ella había llegado a ese lugar para dar su vida y  servir a esta gente solamente para experimentar lo que ella sufrió.

Dios usó un sinnúmero de cosas durante el tiempo de restauración en su vida, pero hay una que yo nunca olvidaré.  Ella cuenta como el proceso de restauración comenzó cuando ella escuchó como si el mismo Dios le preguntara, “¿Helen estás dispuesta a agradecerme por algo que tal vez yo nunca te dé el privilegio de entender? ¿Te das cuenta? Nosotras tendemos a pensar si tan solo pudiéramos  entender los propósitos de Dios en estas circunstancias en nuestras vidas, entonces le podríamos dar gracias.  Pero la prueba de la fe es esta: “¿Estoy dispuesta a ofrecer un sacrificio de acción de gracias aun cuando no tengo las respuestas a todas mis preguntas, a los “porqués” de las circunstancias en las que me encuentro, cuando no hay manera de entender lo que me ha sucedido?”

Recuerdo  una temporada en mi propia vida cuando  me sentía muy dolida a causa de una serie de circunstancias que llegaron a mi vida.  Y por unos dieciocho meses yo no pude dar gracias.

No era como si  conscientemente dijera, “yo no voy a dar gracias”, simplemente  no lo hacía.

Al recordar ese periodo en mi vida creo que  en realidad renuncié a una gran medida de gracia que Dios deseaba darme para poder atravesar esas circunstancias, pero yo no estuve dispuesta a  ofrecer un sacrificio de acción de gracias.

Te puedo decir cuándo y dónde comenzó el proceso de restauración para mí. Fue en una cabaña en la montaña en Carolina del Norte, arrodillada en un piso de madera al lado de una silla de madera  y ahí ofrecí a Dios el sacrificio de acción de gracias por primera vez.  Le dije, “Señor aun no entiendo porque Tú has escogido estas circunstancias en mi vida, y no sé si algún día lo llegue a comprender,  pero en fe te doy las “gracias”.  Gracias por permitirlo, gracias por escoger esto en mi vida.  Yo sé que cualquier cosa que Tú haces es buena, y te doy las gracias. Ahora, ¿el hacer esta declaración, hizo desaparecer instantáneamente todo el dolor? No, aún hubo lágrimas y un sentimiento de pérdida que se convirtió en un sentimiento de pérdida saludable. Al yo ofrecer un sacrificio de acción de gracias, Dios comenzó a restaurar, a renovar y a reconstruir mi espíritu.

Hoy  puedo mirar hacia atrás y sentir una verdadera gratitud sobre esas circunstancias.  Durante ese tiempo  no me sentía agradecida.  Pero al final mi respuesta fue una expresión de fe.  Fue un acto de la voluntad y ahora puedo mirar hacia atrás y  ver cuánto ha hecho Dios por mí, en mí y por medio de mí.

He descubierto en mi propio caminar con el Señor que básicamente en cada circunstancia de la vida yo tengo dos opciones.

  • Me puedo quejar.
  • o puedo adorar.

Yo puedo quejarme o adorar.  Necesitamos ayudarnos  unas a otras a no ser quejumbrosas.  Necesitamos ayudarnos unas a otras a ser adoradoras, y a fomentar la belleza de una actitud de gratitud.

Y hoy al completar esta serie hablemos  de cómo podemos fomentar un espíritu de gratitud.

Primero, somete todos tus derechos a Dios. Si retienes esos derechos, si tienes expectativas de cómo mereces ser tratada, te predispones a la desilusión.  Pero si sometes todos tus derechos a Dios, entonces cualquier cosa que Dios te dé será una bendición y estarás agradecida por ello.

En una de mis lecturas sobre este tema encontré un pasaje pequeño escrito por un hombre llamado Russell Kelfer, quien ahora se encuentra con el Señor.  El fue un gran maestro de la Biblia, y muchas de sus enseñanzas  han sido publicadas.  En algunos de sus escritos sobre la actitud de gratitud él sugiere a las personas que tomen un pequeño juramento.  Permíteme leer la manera en la que él sugiere rendir todos tus derechos a Dios.

Al haber nacido de nuevo en la familia de Dios, yo por este medio reconozco que Dios ha comprado mi vida incluyendo todos mis derechos y el control de esta vida por la eternidad.

También reconozco que Él no me ha garantizado una vida libre de dolor, o una vida exitosa o próspera.  Él no me ha garantizado salud.  Él no me ha garantizado padres perfectos.  Él no me ha garantizado hijos perfectos. Él no me ha garantizado la ausencia de problemas, dificultad, malos entendidos o persecuciones.

Lo que Él sí me ha prometido es vida eterna.  Lo que Él sí me ha prometido es una vida abundante.  Lo que Él sí me ha prometido es amor, gozo, paz, paciencia, mansedumbre, humildad y dominio propio.  Él se dio a sí mismo por mí a cambio de los derechos de mi vida.

Por lo tanto, yo renuncio a todos mis derechos y expectativas y humildemente le pido a Él que por medio de Su gracia los reemplace por un espíritu de gratitud por cualquier cosa que Él en Su sabiduría permita en mi vida.  Y firma.

Su servidor.

Él sugiere firmar este documento y  someter todos tus derechos a Dios.

En segundo lugar, permíteme animarte a confesar y a arrepentirte de cualquier ingratitud que Dios descubra en tu corazón.  Hemos visto que el pecado de ingratitud no es un pecado pequeño.  Entonces, donde sea que  Dios te haya revelado el pecado de ingratitud, que has fallado en dar gracias por todo, confiésalo como pecado y arrepiéntete.

En tercer lugar, permíteme sugerir una semana de gratitud, una semana entera donde tu enfoque sea la gratitud.  Comprométete por una semana a no pedirle nada a Dios al contrario busca cada oportunidad para darle las gracias a  Dios y a otros.

De hecho, nosotras hemos preparado un pequeño recurso que estará disponible en esta semana de acción de gracias.  Es un pequeño devocional acompañado con un ejercicio escrito para cada día que te ayudará a practicar una semana de acción de gracias.

Durante esa semana, la semana cuatro, nosotras te sugerimos que tomes un tiempo para contar tus bendiciones.  “Bendiciones, cuantas tienes ya.” Me encanta ese himno antiguo.

Cuando combatida por la adversidad creas ya perdida tu felicidad, mira lo que el cielo para ti guardó, cuenta las riquezas que el Señor te dio.

¡Bendiciones, cuántas tienes ya! Bendiciones, Dios te manda más; Bendiciones, te sorprenderás cuando veas lo que Dios por ti hará.

¿Andas agobiado por algún pesar?

Duro te parece amarga cruz llevar,

Cuenta las promesas del Señor Jesús,

Y de las tinieblas nacerá la Luz.

¡Bendiciones, cuántas tienes ya!

Bendiciones, Dios te manda más;

Bendiciones, te sorprenderás

Cuando veas lo que Dios por ti hará.

Un escritor dijo, “La gratitud nace en los corazones que toman el tiempo para contar las misericordias del pasado.”

Tengo un amigo que habla de aquel día cuando él se cepillaba sus dientes y  meditaba en este versículo: “Den gracias en todo” (ver 1 Tesalonicenses 5:18).  Ese día él fue retado a dar gracias a Dios en todo.

El cuenta, “yo empecé a darle gracias a Dios por mi cepillo de dientes.  Después por la pasta de dientes.  Entonces, me di cuenta que yo nunca le había dado gracias a Dios por mis dientes”.  Si la provisión en el futuro dependiera del agradecimiento de hoy, ¿cuánto  tendría yo mañana?”

Después de haber contado y nombrado tus bendiciones una por una,  haz inventario de tus cuentas de gratitud.  ¿Qué quiero decir con eso? ¿Hay alguien a quien no le has pagado tu deuda de gratitud?

Todas nosotras tenemos una deuda de gratitud con Dios que jamás por toda la eternidad podremos pagar. Entonces ¿cómo te va en tus cuentas de gratitud?  ¿Le debes gratitud a Dios o a otras personas? ¿Hay personas específicas en tu vida a quien le debes gratitud? ¿Hay un individuo, un miembro tu familia, una amiga ha tocado o  beneficiado tu vida? ¿a quien todavía no le has dado las “Gracias”?

Ahora, no pases por alto a las personas que viven contigo.  Tu esposo, ¿trae el cheque de pago a la casa?  ¿Estás agradecida por ello o estás acostumbrada a ello?  Expresas gratitud por las cosas cotidianas.

Haz una lista de las personas a quienes necesitas agradecer y comienza a dar gracias con tarjetas, con llamadas telefónicas, con  correos electrónicos o en persona.  Cuenta tus bendiciones una por una y después da las gracias a cada persona una por una.  No  esperes hasta el funeral de esa persona para dar las gracias será demasiado tarde, bendícelos hoy con tu gratitud.

Y después da gracias por todo.  Proponte en tu corazón dar gracias en todo. Hay alguna circunstancia o problema en tu vida por el cual nunca has dado  gracias.

Y finalmente mantente al día expresando gratitud al Señor y a otros.

Hace algún tiempo unas amigas me regalaron una libreta que dice en la portada “Contando mis Bendiciones.”  Dentro de la libreta hay páginas con cinco líneas en blanco para cada día.  En esas líneas escribes la fecha y después anotas 5 ó 6 cosas por las cuales estás agradecida ese día.

Ya casi completo esta libreta, pero me puse a revisar algunas de las

cosas que  escribí hace un año y que lindo fue regresar y

repasar lo que Dios hizo y lo bondadoso que Él ha sido.

Mantente al día no solamente expresando gratitud a Dios sino también a otros.  Te quiero animar a que tengas una canasta con tarjetas de agradecimiento con  notas y sobres.  Coloca esta canasta al lado de tu cama o en tu escritorio.  Mantenla cerca de ti porque si tienes que ir a buscar apresuradamente esas tarjetas cuando te llega a tu mente algo por lo que estás agradecida es muy probable que nunca la envíes.

Y por cierto, estoy muy agradecida por los padres que nos hicieron escribir notas de agradecimiento cuando éramos niños.  Ellos nos preguntaban “¿Has escrito tus notas de agradecimiento?  Si ustedes que tienen hijos, enséñenle a sus hijos a escribir notas de agradecimiento.

Llevo conmigo tarjetas de agradecimiento entonces cuando tengo unos minutos libres puedo pausar y escribir notas de gratitud  hacia aquellas personas que han bendecido mi vida.  Este ejercicio diario te ayudará a mantener tus deudas de agradecimiento al día.

Yo creo que una de las cosas más importantes que Dios quiere hacer por medio de Aviva Nuestros Corazones es llamar a las mujeres a ser mujeres agradecidas.  Hoy en día las mujeres en muchos casos se encuentran demasiado enfadadas, amargadas, y lastimadas.   Creo que una de las cosas clave que va a liberar a las mujeres en esta tierra, y llevarlas a vivir vidas abundantes y vidas fructíferas es aprender a ser mujeres agradecidas.

Hay un gran poder en tener un espíritu de gratitud. Un espíritu de gratitud puede vencer la amargura,  el desánimo, la depresión, el egoísmo y la soledad.  Un espíritu de gratitud anima a otras.

Y lo más importante de todo, un espíritu de gratitud honra y glorifica al Señor. Él es digno de todo nuestro agradecimiento y de nuestra alabanza.

Carmen Espaillat: En cada circunstancia tú tienes la opción de quejarte con Dios o de adorar a Dios.  Hoy en día ¿te has estado quejando o  adorando?  Nancy  describe en detalle esta elección cotidiana en su libro Sea Agradecido: Su camino al gozo.

Si lees este libro con un corazón abierto y participas en el estudio de 30 días que encontrarás al final del libro, te encontrarás alabando a Dios más y te quejarás menos.  Para obtener una copia del libro solicítalo en tu librería cristiana más cercana.

El corazón de Nancy está lleno de gratitud hoy.  Le hemos pedido que comparta con nosotras lo que Dios está haciendo por medio de el ministerio de Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: Bueno, espero que hayan tenido un gran día ayer.  La temporada de acción de gracias es buen tiempo para recordar y agradecer a Dios por todo lo que Él ha hecho.

Al recordar los últimos meses mi corazón está tan agradecido con Dios por todo lo que Él está haciendo en todo el mundo y en especial  en el mundo de habla hispana a través de Aviva Nuestros Corazones nuestras oraciones han sido contestadas mucho más abundantemente de lo que pedimos o jamás entendimos, Dios, ha sido glorificado y será glorificado y llevará su mensaje, el mensaje del Evangelio y de Cristo para seguir llamando a las mujeres a libertad a plenitud y abundancia en Cristo.

Así que únete a nosotras en especial en el día de hoy y da gracias por Aviva Nuestros Corazones, dale gracias a Dios por haber permitido que el mensaje de Cristo y Su Evangelio llegue a tantas mujeres en el mundo de habla hispana y que continúe esa obra hasta ese día cuando la gloria de Dios llene la tierra como las aguas llenen el mar.

Por ejemplo, recientemente  conocí a una mujer llamada Michelle quien atendió la conferencia de True Woman el año pasado.  Esa fue nuestra primera conferencia nacional y mujeres viajaron de todo el mundo, incluyendo a Michelle quien viajó desde Bermuda para estar con nosotras.

Cuando ella regresó a su hogar empezó a compartir las verdades que ella aprendió en la conferencia Mujer Verdadera.  Desde ese tiempo, un grupo de mujeres se ha estado reuniendo  en su hogar y ella ha estado discipulando a estas mujeres en los caminos de Dios.

Las conexiones globales como ésta solamente son posibles gracias a los radioyentes como tú quienes oran por nosotros y nos apoyan financieramente.  Ese apoyo nos ayuda a poder ministrar a mujeres alrededor del mundo por medio de la radio, las conferencias, las publicaciones y la internet.

Carmen Espaillat: El lunes Nancy regresa a Aviva Nuestros Corazones con una nueva serie titulada “Estad quieta”. ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste y te quedaste tranquila delante del Señor? Nancy te mostrará por qué necesitamos esos tiempos de quietud para calmar nuestros corazones.

Espero que tengas un tiempo de adoración significativo en tu iglesia este fin de semana y te esperamos de regreso en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy : Oh Señor queremos venir ante ti con un espíritu con una actitud de gratitud, Padre simplemente queremos decirte gracias, gracias pero la palabra es muy pequeña para poder expresar todo lo que hay en nuestros corazones, que Tú has venido haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones por todo este tiempo, Te alabamos y Te damos gracias Señor por cada una de nuestras oyentes, gracias por cada país donde este mensaje ha llegado, Te oramos que Tú avives Tu obra en  medio de los tiempos y te damos gracias porque nos estás permitiendo ser testigos de Tu obrar, Padre gracias por cada embajadora de Aviva Nuestros Corazones, gracias por cada traductora de Aviva Nuestros Corazones por cada voluntaria que desinteresadamente Señor pone sus dones a tu servicio para hacer la obra, la obra de la expansión de Tu reino en este mundo, Padre gracias infinitas gracias por todo lo que Tú eres y por todo lo que Tú has hecho por nosotros en la persona de Jesucristo, gracias por Él que es el motivo mayor de nuestra gratitud,  glorifica Señor Tu Hijo, Tu Nombre, Tu Evangelio y que como siempre decimos como dice Tu Palabra Señor que Tu Palabra corra hasta que Tu Gloria, la Gloria de Dios llene esta tierra como las aguas cubren el mar en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 «Now Thank We All Our God.» Martin Rinkart. Our Daily Bread, Feb. 20, 1994.

2 Russell Kelfer. «A Grateful Spirit, Part 2.» (176-B), 14.

3 «Count Your Blessings.» Johnson Oatman, Jr.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Por qué ser agradecida? – Nov 26

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una actitud de gratitud

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Nov 26 – ¿Por qué ser agradecida?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/por-que-ser-agradecida/

Carmen Espaillat: ¿Por qué estás agradecida?

Mujer 1: Porque Dios es bueno porque, Él me salvó, porque cada día Él me sostiene con Su gracia, porque Él es el todo de mi vida.

Mujer 2: Estoy agradecida porque Dios no me ha dejado en mi pecado y aun cuando tal vez  no me gusten las circunstancias que Él ha utilizado para hacerme ver que estoy mal eso es una muestra de Su amor para conmigo.

Mujer 3: Yo estoy agradecida porque tengo la Palabra de Dios y porque cada día en la mañana puedo buscarlo a Él y tener una relación personal con Él que no es solo algo aéreo algo virtual sino que es una relación personal, que Él puede hablarme a mí y yo puedo hablarle con Él a través de la oración.

Mujer 4: Bueno estoy muy agradecida por la grandiosa salvación que tengo en Cristo Jesús.

Mujer 5: Estoy agradecida por el privilegio de vivir una vida centrada en el Evangelio.

Mujer 6: Estoy tan agradecida por la salvación, la salvación que Dios me ha dado,  el perdón de mis pecados por ser hija de Dios, por tener una herencia con Cristo, por la esperanza que hay en Él.

Carmen Espaillat: ¡Feliz Día de Acción de Gracias!

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Acción de Gracias es un día profundamente agradable y significativo, pero es mucho más que solo un día en el calendario, especialmente para aquellos que saben lo que significa ser perdonado.

Nancy nos explica por qué, continuando en esta serie, La actitud de gratitud.

Nancy Leigh DeMoss: Creo que un cristiano ingrato es realmente una contradicción. En realidad tal cosa no debería existir cuando lo piensas. Nosotras éramos culpables, pecadoras condenadas, sin relación con Dios, separadas de Dios, separadas de Él, sin esperanza – esa era la realidad de cada una de nosotras. Esa es la condición en que nacimos.

Entonces Dios en Su gran misericordia y gracia se dignó a salvarnos, a redimirnos, a comprarnos del pecado, a liberarnos, a enviarnos a Jesús, a darnos Su Santo Espíritu, a darnos Su Palabra, a darnos Su Cuerpo, Su Pueblo, a darnos la esperanza y las promesas de la vida eterna.

¿Y es impensable que seamos otra cosa que agradecidas? Culpa, gracia, y gratitud – ese es el Evangelio, y nosotras muy a menudo por diversas razones nos quedamos cortas en la parte de la gratitud. Creo que necesitamos ser recordadas – sé que yo también – de la gracia de Dios y donde Dios me encontró y de lo que Él nos salvó.

Para algunas de nosotras que  conocimos al Señor como niñas, es difícil recordar cómo era. No tengo recuerdos de antes de ser salva. Venir a confiar en Jesús es mi primer recuerdo. A veces olvidamos dónde Dios nos encontró y dónde estábamos separadas de Él y qué maravilla es que Él nos salvara.

Mi padre no era un hombre muy emocional, pero cuando él  iba a hablar acerca de dónde Dios lo había  encontrado como un hombre joven, un rebelde, a  mediados de sus veinte años y cómo Dios lo salvó – el viernes, 13 de octubre, 1950 – él se ponía lloroso porque nunca se recuperó de la maravilla  de que Dios lo hubiera  salvado.

Yo no quiero tampoco superar  el asombro, y creo que un corazón agradecido es una manera de conservar el asombro; y mantener el asombro es una manera de ayudarnos a mantener un corazón agradecido.

Puedo recordar el último Día de Acción de Gracias en la iglesia en que he estado asistiendo aquí en Little Rock, la noche antes del Día de Acción de Gracias había un servicio especial por ser la víspera de Acción de Gracias. Y una oportunidad se abrió para que  las personas  compartieran sobre el año y su testimonio sobre la fidelidad y de la grandeza de Dios y lo que Él había hecho por ellos.

Uno tras otro, hombres, mujeres, una niña pequeña, algunos ancianos, algunos jóvenes,  se acercaron al micrófono y dieron su testimonio personal de lo que Dios había hecho por ellos en el último año. Le dieron gracias.

Mi corazón  fue tan alentado mientras escuchaba sus testimonios – desde diferentes ámbitos de la vida. Tantas experiencias diferentes de vida durante este año pasado, y sin embargo los escuché al unísono dando gracias al Señor. Esto simplemente creó acción de gracias en mi propio corazón porque estas personas estuvieron dispuestas a ir a un micrófono y decir, “Dios ha sido tan bueno. Yo le doy gracias”.

Y hoy queremos hablar no solo acerca de cómo dar gracias sino también de cuándo dar gracias. ¿Cuándo debemos darle gracias al Señor?

Permíteme empezar diciendo que – todo el tiempo debemos darle gracias al Señor – y vamos a hablar sobre eso, pero hay algunos momentos particulares en los que debemos darle gracias al Señor. Quisiera señalar varios de esos.

El primero es, que creo que hay algunas ocasiones especiales cuando es particularmente apropiado darle gracias al Señor –  los días festivos, las festividades, por ejemplo. Esa palabra vino originalmente de dos palabras: días santos, que en inglés es Holiday. Así que mientras pensamos en el Día de Acción de Gracias, en la Navidad, en algunos de los días santos en nuestro calendario de la iglesia, por ejemplo – el Día de la Reforma, es el último día de octubre – algunos de estos días santos fueron creados para ser oportunidades para nosotros para parar y pensar acerca de nuestra fe cristiana y acerca de lo que significa para nosotros y acerca de lo que Dios ha hecho por nosotros; detenernos  hacer un balance, y de una manera especial apartar tiempo para darle gracias al Señor.

Me encanta tomar tiempo en las festividades para darle gracias a Dios mientras reflexiono en Su bondad.

Me encanta hacer eso en la Víspera de Año Nuevo y en el Día de Año Nuevo. De hecho, por varios años una de las mayores bendiciones de mi año ha sido un servicio especial de Víspera de Año Nuevo que hemos celebrado en mi casa. Tenemos las familias que se reúnen. Simplemente llevan bocadillos y es como un tipo de cena compartida, se pone todo sobre la mesa. Tenemos niños y jóvenes y sus padres, y pasamos un gran tiempo de compañerismo y  de disfrutar unos  con otros.

Luego al final  de la tarde  tenemos un tiempo de alabanzas y de acción de gracias. Damos testimonios de lo que el Señor ha hecho en el último año de Su bondad. Leemos las Escrituras juntos. Oramos y oramos por el Año Nuevo. Alabamos a Dios por las misericordias que Él nos ha demostrado a lo largo del año pasado y por la fidelidad que anticipamos durante el próximo año. Esos han sido tiempos preciosos.

Ocasiones especiales para agradecer al Señor. En el Antiguo Testamento los judíos tenían sus propias festividades. Tenían tres festividades  cada año, por ejemplo, una en que todos los varones judíos debían hacer una peregrinación a Jerusalén, con el propósito principal de agradecerle al Señor. Dos de esas ocasiones eran al principio y al final de la cosecha.

Así que al principio de la cosecha, ellos ofrecían sus primeros frutos  al Señor y decían, “Gracias, Señor, por lo que Tú has provisto y por lo que sabemos que Tú vas a proveer.” y al final de la cosecha, cuando todo el grano y el trigo y las provisiones de alimentos ya se habían reunido, ellos se detenían y tomaban un tiempo para reflexionar en la bondad de Dios, para decir, “Gracias Señor,” para ofrecer sus diezmos y sus ofrendas y sus acciones de gracias al Señor.

Momentos especiales del año, momentos especiales en nuestras vidas para dar gracias. Hay tiempos en las Escrituras y tiempos en nuestras propias vidas cuando nos detenemos para darle gracias a Dios en la finalización de una tarea o de un compromiso.

Pienso  cuando el templo fue construido y tuvieron  ese maravilloso servicio de acción de gracias, cuando terminaron. También cuando el muro fue reconstruido en Jerusalén luego de 70 años de exilio, el pueblo se detuvo. Ellos trabajaron duro, trabajaron durante un largo tiempo pero al final se detuvieron para decir, “Gracias,” Gracias al Señor y para adorarle. De hecho, hubo personas cuyo trabajo era ser “agradecedores”, para conducir al pueblo en acción de gracias. Estos eran músicos, instrumentalistas, y cantantes, y ellos ayudaron en la ofrenda de acción  gracias al Señor.

En la medida que tendremos compromisos en el curso de nuestras vidas, es bueno que nos detengamos en el principio y en el final para decir, “Gracias, Señor, por lo que Tú vas a hacer, y gracias, Señor, por lo que Tú has hecho”.

Recuerdo cuando construí mi casa. Al final de ese tiempo, tuvimos una dedicación de la casa. Se la ofrecimos al Señor, pero también dimos acciones de gracias. Al final del primer año de grabar Aviva Nuestros Corazones, tuvimos una reunión especial, y le dimos gracias al Señor por lo que Él había hecho al dar a luz a este ministerio y por las personas que habían sido parte del mismo.

Las bodas, los funerales son ocasiones, cuando hay creyentes involucrados, para dar gracias. Cuando mi papá se fue a su hogar a estar con el Señor, tuvimos un servicio de celebración, un tiempo para celebrar su vida y la bondad de Dios en darnos ese papá ese esposo y amigo para aquellos que estábamos presentes.

Todas estas ocasiones diferentes proveen oportunidades para dar gracias al Señor, pero no solo en las ocasiones especiales. Las Escrituras dicen también que Sus misericordias son nuevas cada mañana y que cada día el Señor nos colma de beneficios. Así que si el Señor nos ha honrado en darnos regalos cada día, Él nos está dando nuevas misericordias cada día, ¿no te parece que nuestro agradecimiento debe ser diario?

Diario — cada día —cada mañana y cada tarde — había levitas en el Antiguo Testamento que fueron asignados para “estar presentes cada mañana para dar gracias y para alabar al Señor, y asimismo por la noche,” dice 1 Crónicas en el capítulo 23 versículo 30.

Y el salmista dice, “A media noche me levantaré para darte gracias a Ti” (Salmos 119:62, parafraseado).

Tres veces al día Daniel se arrodillaba y oraba y le daba gracias al Señor.

Así que continuamente debemos estar dándole gracias a Dios mientras Él nos bendice continuamente.

Efesios capítulo 5 dice, “Dando siempre gracias por todo” (versículo 20).

Primera Tesalonicenses capítulo 1, Pablo dice, “Damos gracias a Dios por todos vosotros” (versículo 2).

Hebreos capítulo 13, “Ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre” (versículo 15).

Continuamente – Salmos capítulo 34, “Bendeciré al Señor [¿cuándo?] en todo tiempo; continuamente estará Su alabanza en mi boca” (versículo 1).

Ahora eso no significa que las cosas van a salir bien todo el tiempo, desde nuestro punto de vista humano. No significa que las circunstancias van a ser siempre de nuestro agrado o siempre cómodas o fáciles o convenientes, pero el salmista dice, “Como un acto de mi voluntad, voy a bendecir al Señor en todo tiempo; continuamente estará Su alabanza en mi boca”.

No es solo en esta vida, sino que el Salmo 30, el, versículo  12, dice, “Oh Señor, Dios mío, te alabaré por siempre” – por siempre.

Esto es lo que vamos a estar haciendo por toda la eternidad – dando gracias, adorando, honrando al Único que ha derramado tanta gracia en nuestras vidas.

El Día de Acción de Gracias no es solo un día del año, no es solo un evento en el año. Es bueno tener esas ocasiones especiales cuando nos detenemos y de una manera consciente damos gracias. Pero el Día de Acción de Gracias realmente debería ser La vida de acción de gracias – una forma de vida – día tras día, mañana, tarde, y noche – continuamente, siempre dando gracias al Señor.

Carmen: El espíritu  de Acción de Gracias en verdad no tiene que terminar hoy. Nancy Leigh DeMoss te ha estado alentando a mostrar gratitud cada día durante todo el año.

Ella estará de vuelta, pero te quiero dejar saber acerca de una manera poderosa en la que puedes crecer en agradecimiento: Obtén una copia del libro de Nancy, Sea Agradecido: Su camino al gozo.

Es un libro maravilloso lo puedes  en tu librería cristiana favorita.

Ahora, volvamos a la enseñanza de Nancy.

Nancy: Un Día de Acción de Gracias Ann Landers publicó en su columna una lista que alguien le había enviado de cosas por las cuales estar agradecidas.

Así es como decía esta lista:

Sé agradecida por la ropa que te queda un poco ajustada porque significa que tienes suficiente para comer.

Sé agradecida por el desorden que tienes que limpiar después de una fiesta porque significa que has estado rodeada de amigos.

Sé agradecida por los impuestos que pagas porque significa que tienes un empleo.

Sé agradecida por el césped que necesitas cortar y las ventanas que tienes que arreglar porque significa que tienes un hogar.

Sé agradecida por tu factura de la calefacción porque significa que tienes con qué calentarte.

Sé agradecida por la ropa sucia porque significa que tienes ropa para vestir.

Sé agradecida por el espacio que encontraste al final del estacionamiento porque significa que puedes caminar.

Sé agradecida por la señora que canta fuera de tono detrás de ti en la iglesia porque significa que puedes escuchar.

Sé agradecida cuando las personas se quejan por el gobierno porque significa que tienes libertad de expresión.

Sé agradecida por la alarma que suena temprano en las horas de la mañana porque significa que estás viva.

Tenemos mucho por lo cual estar agradecidas, y queremos hablar acerca de por qué cosas deberíamos estar agradecidas. ¿Cuáles son algunas de las cosas por las cuáles deberíamos dar gracias? Hemos dicho que tenemos todas las razones en el mundo para tener una actitud de gratitud porque éramos culpables, y Dios derramó Su gracia sobre nosotras y la gratitud es nuestra respuesta razonable – culpa, gracia, y gratitud. Ese es el Evangelio de Cristo.

Tenemos que empezar diciendo que de acuerdo a las Escrituras debemos ser agradecidas por todo, y eso incluye, bueno, lo incluye todo.

En Efesios capítulo 5 Pablo dice, “Dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (versículo 20).

¿Cuáles son algunas de esas cosas que encajan debajo de todo por lo cual debemos estar agradecidas?

Quiero que veamos el dar gracias a Dios por las bendiciones físicas y materiales y el dar gracias a Dios por las bendiciones espirituales.

Primero, las bendiciones físicas y materiales. Permíteme apresurarme a decir que esas no son las bendiciones más importantes, pero usualmente son las primeras que vienen a la mente y eso nos lleva a empezar mientras tratamos de expresarle gratitud al Señor.

La Palabra de Dios dice que “toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto” (Juan 1:17). Dios es el dador. No tenemos nada bueno que haya venido de nosotras mismas. Cada regalo que tenemos viene de Dios.

El Primer libro de Crónicas el capítulo  29 es un relato del servicio de alabanza, el servicio de acción de gracias que se llevó a cabo luego que los judíos habían traído sus ofrendas que se iban a utilizar para construir el templo. Cuando todas las ofrendas habían sido recolectadas, el rey David los dirigió en una oración de acción de gracias. Él le agradeció al Señor por las bendiciones materiales y físicas que Él había provisto para el templo.

David dijo en este maravilloso salmo de alabanza,

De ti proceden la riqueza y el honor; tú reinas sobre todo y en tu mano están el poder y la fortaleza, y en tu mano está engrandecer y fortalecer a todos. Ahora pues, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre (versículo 12-13).

Lo que David estaba diciendo es, “Todo lo que tenemos proviene de Ti. Todo es un regalo que procede de Ti, y aún lo que nosotros te damos, Tú nos los diste para que te lo diéramos de vuelta. Nosotros no tenemos nada que no haya venido de Ti, por eso te damos gracias”.

Así que necesitamos darle gracias a Dios por aquellas cosas que solemos pasar por alto – la salud, un hogar, comida, ropa – esas bendiciones tangibles, materiales.

Pienso en cuán a menudo Jesús daba gracias antes de participar de una comida. Agradecerle a Dios por nuestra comida nos recuerda que nosotras tenemos muchas otras cosas por las cuales estar agradecidas.

Entonces no solo tenemos bendiciones físicas y materiales; Dios también nos ha llenado con bendiciones espirituales, demasiadas para contarlas. Encuentro que es tan bueno para mí hacer una lista de algunas de esas bendiciones y estimular mi memoria y mi mente acerca de todas las cosas que Dios ha hecho por mí en el reino espiritual.

Permítanme enumerarles aquí algunas de las cosas que, mientras estaba estudiando las Escrituras, algunos de los versículos que me hablaron acerca de las bendiciones espirituales por las cuales debemos estar agradecidas:

El Salmos 75, versículo 1, dice, “¡Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias! Pues cercano está Tu nombre”. Los hombres declaran tus maravillas.

Dando gracias por la cercanía de la presencia de Dios.

¿Sabías que en la era del Antiguo Testamento, el tiempo del antiguo pacto hasta que Cristo vino y murió en la cruz, los creyentes judíos no podían acercarse a Dios? Había un velo grueso que los separaba del lugar santísimo donde la presencia de Dios moraba. Pero cuando Jesús murió, ese velo se rasgó de arriba abajo, y nos fue dado acceso a la presencia de Dios. Ahora se nos invita a acercarnos a la presencia de Dios.

Recibí un correo electrónico la semana pasada de una mujer que dijo que en un retiro reciente de mujeres ellas tenían un modelo de tamaño real del tabernáculo. Ella dijo, “No me di cuenta de lo mucho que me impactaría entrar al Lugar Santísimo. Me sentí abrumada cuando me di cuenta de que no tenía que arriesgar mi vida al entrar a la presencia de Dios como lo hicieron los israelitas”.

Esto es un gran recordatorio de cuán agradecidas deberíamos ser al experimentar la presencia de Dios cuando sea y donde sea – dando gracias a Dios por la cercanía de Su presencia.

El Salmo 30 dice que debemos “celebrar la memoria de Su santidad” – dando gracias a Dios por Su santidad (versículo 4).

Isaías capítulo  12 dice que demos gracias por Su misericordia. “Te doy gracias, oh Señor, porque aunque estabas airado conmigo, se ha apartado tu ira y me has consolado” – dando gracias a Dios por Su misericordia (versículo 1).

Pablo dice en 2da a los Corintios capítulo 9, demos gracias por Jesús. “Gracias a Dios por su don inefable” (versículo 15). Eso es suficiente para mantenernos dando gracias a Dios por toda la eternidad, y luego con Cristo vienen otras tantas bendiciones.

Colosenses capítulo 1 dice,

Dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en luz. Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al Reino de Su Hijo amado, en quien tenemos redención por su sangre: el perdón de los pecados. (Versículos 12-14).

Pablo dice que él le dio gracias a Jesucristo “porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” – el llamado al ministerio (1 Timoteo 1:12).

Tú dices, “Bueno pero yo  no he sido llamada al ministerio; yo tengo un trabajo normal”.

No sé qué clase de trabajo tienes, pero sí sé que Dios nos ha llamado a ser Su sierva, a ser sacerdotes para Él, a servirlo, y a servir a otros. Pablo dice que eso es una increíble bendición.

Le agradezco a Dios por el privilegio de enseñar Su palabra, tanto para una audiencia como ustedes con muchas personas  o de uno a uno en el curso de la vida cotidiana. Eso es una bendición. Es un privilegio por el cual estoy profundamente agradecida.

Y también Pablo dice en 1era a los Corintios capítulo 15 que él dio gracias a Dios por la victoria sobre la muerte y sobre la tumba. “A Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (versículo 57).

La muerte es un enemigo, pero ya no es un enemigo final. Cristo ha venido y ha roto el poder de la muerte y del infierno , el pecado  y nos ha libertado de la muerte y de la tumba.

Luego Pablo pasa a través de esa larga porción de Romanos capítulo 7 donde él habla acerca de los problemas que él tiene con el deseo de hacer el bien pero no siempre teniendo el poder de hacer lo que es correcto y la lucha que se da dentro de él a causa del pecado que mora en nosotros.

Y él llega al final del pasaje, y exclama, “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?” (Versículo 24). ¿Quién me libertará de este dominio del pecado?

Luego él dice, “Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.

¿Qué es lo que  él está diciendo? “Doy gracias a Dios por la liberación a través de Cristo del dominio, del control del pecado en mi vida.”

Luego Pablo agradece a Dios por el triunfo del Evangelio. “Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de Su conocimiento” (2 Corintios 2:14).

Este mundo puede parecer como que está ganando contra Cristo y contra Su reino, pero las puertas del infierno no prevalecerán contra el reino de Cristo, en contra de la iglesia de Cristo. Su Evangelio es triunfante.

Así que los ángeles y los 24 ancianos en el cielo dieron gracias a Dios por el poder y el reino de Cristo. Apocalipsis capítulo 11 dice, “Te damos gracias, oh Señor Dios Todopoderoso, el que eres y el que eras y serás, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar” (versículo 17).

Le damos gracias por Su gobierno y reino eterno. Él reina el día de hoy y por toda la eternidad sobre todos los reyes y presidentes y principados y poderosos y gobernantes de esta tierra. Él reina sobre todo en el cielo y sobre todo en la tierra y sobre todo debajo de la tierra. Todos los poderes del infierno están bajo Su autoridad máxima.

Tanta otras bendiciones espirituales – le doy gracias por Su Espíritu Santo. Le doy gracias por la convicción de pecado. Le doy gracias por Su Palabra. Le doy gracias por la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, y por lo que eso significa en mi vida personalmente, y por el privilegio de ser parte de ese cuerpo. Así que le damos gracias a Él.

Oh Padre, no tendremos el tiempo suficiente por toda la eternidad para agradecerte, pero nuestros corazones están llenos, y estamos agradecidas, y te decimos, “Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias”. Amén.

Carmen : Ese profundo sentido de agradecimiento  se desborda a través de todas las páginas de su  libro. Se titula Sea Agradecido: Su camino al gozo.

Mantén el espíritu de la  Acción de Gracias todos los años próximos y más allá. Sea Agradecido te ayudará y te enseñará por qué el agradecimiento es una actitud tan importante. Va a afectar profundamente tu manera de ver las circunstancias en tu vida. Nancy te mostrará cómo incorporar el agradecimiento día tras día.

¿Sabías que una gran parte del Nuevo Testamento fue escrito desde un lugar de gratitud? Descubre por qué, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblias de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Contentamiento o amargura – Nov 25

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una actitud de gratitud

Aviva Nuestros Corazones

Nov 25 – Contentamiento o amargura

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Escuchen mamás; es tan importante que ustedes tengan un espíritu agradecido con sus esposos y con sus hijos, que no sean lloronas, quejumbrosas porque sus hijos crecerán no queriendo estar en casa si la atmósfera en su hogar es de un espíritu quejumbroso.

Carmen Espaillat: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss,  en la voz de Patricia de Saladín.

Una mujer escribió en respuesta al programa que se transmitió ayer. Ella es divorciada y tiene cuatro niños en casa. Ella escribió: «Sola y vacía. Yo sé que tengo un corazón mal agradecido».

En sus circunstancias, ¿tiene ella el derecho de sentir ingratitud? Nancy nos mostrará cómo dar gracias a través de grandes dificultades, mientras continuamos con la serie: La actitud de gratitud.

Nancy Leigh DeMoss: Todas nosotras hemos sido bendecidas por algunos de los himnos escritos por Fanny Crosby. Esta mujer escribió más de 8,000 canciones en su vida. Estamos muy familiarizadas con algunas de ellas como: A Dios Sea la Gloria, Bendita Seguridad, Redimidos: Como Amo Proclamarlo, Donde Él Me Guíe, y un sinnúmero más que han sido de tanta bendición al pueblo de Dios a través de los años.

Lo que tal vez no sepas es que Fanny Crosby era una mujer quien por los estándares de hoy en día podría haber sido una persona muy desafortunada, miserable y atormentada. Pudo haber sido una mujer infeliz, miserable, problemática. De hecho, si ella  hubiera vivido en la cultura de hoy en día ella habría podido ser exactamente así.

Su padre murió cuando ella aún era muy joven, y ella fue criada por su madre y por su abuela. Cuando tenía solamente seis semanas de nacida y como resultado de una negligencia médica, ella quedó ciega de por vida. Esas circunstancias trágicas y traumáticas de su infancia pudieron haberle dado a la mayoría de las personas más que razones suficientes  para tener una vida de autocompasión, de lástima, amargura y desórdenes sicológicos.

Sin embargo, en su autobiografía Fanny Crosby escribió estas palabras, ella dijo: «Parecía la intención de que por la bendita Providencia de Dios yo debí haber sido ciega toda mi vida, y le agradezco a Él por la dispensación».

Ves, Fanny Crosby era una mujer agradecida. Ella sabía lo que era tener la actitud de gratitud. El doctor que destruyó su vista nunca se perdonó a sí mismo y se mudó del área. Pero no hubo lugar en el corazón de Fanny  para el resentimiento hacía ese hombre.

Ella dijo: «Si pudiera conocerlo en este momento, le diría: ¡Gracias! ¡Gracias! una y otra vez por haberme hecho ciega».

Ves, la ceguera que la mayoría hubiese considerado un accidente o una tragedia o una maldición, ella consideró que fue una de sus grandes bendiciones. De hecho ella aceptó su ceguera como un don de Dios.

Ella dijo: «No hubiera escrito miles de himnos si hubiera sido obstaculizada por las distracciones de ver todas las cosas interesantes y los objetos hermosos que se hubieran presentado para que los notara». Siempre buscaba una razón para estar agradecida.

El primer poema de Fanny fue escrito cuando ella tenía solamente ocho años. Y muestra su perspectiva, su actitud de agradecimiento que tenía desde ese momento hasta su muerte a la edad de 95 años.

Escribió siendo una niña de ocho años lo siguiente:

«Oh, qué niña tan feliz soy, ¡a pesar de que no puedo ver! Estoy resuelta a que en este mundo  estaré contenta.  Cuántas bendiciones disfruto  ¡Que otra gente no!  Así que llorar o suspirar porque estoy ciega yo no puedo, ni lo haré.

Esa puede ser una estrofa un poco extraña – «Yo no puedo, ni lo haré» – pero es una gran teología. Una mujer con un corazón agradecido, y qué bendición ha sido su vida. La llenura, la fragancia, la belleza de su vida aun décadas  después está viva entre nosotras aún hoy en día – la llenura de un corazón agradecido.

Hemos estado viendo las características de un corazón agradecido y las características de un corazón ingrato, desagradecido. Y hoy quiero que veamos que la gente con un corazón agradecido está fácilmente contentas mientras que la gente desagradecida o malagradecida  se convierten en prisioneras de la amargura y del descontentamiento.

Por muchos años he estado hablando de las personas   que son crónicamente infelices, crónicamente deprimidas, crónicamente frustradas y emocionalmente inestables. Hay muchas mujeres así incluso en nuestras iglesias hoy en día – siempre miserables, siempre con algún desorden mayor.

Me he convencido por muchas y muchas conversaciones con personas  miserables que muchas veces estos desórdenes brotan de un corazón malagradecido, de la incapacidad de ser agradecidas.

No estoy diciendo que los problemas no sean reales. Solo estoy diciendo que cuando vas hacia la raíz, seguido encuentras una raíz de ingratitud. Puedes ver circunstancias externas que proveen alguna clase de explicación, pero la raíz no son esas circunstancias.

Ves, Fanny Crosby pudo haber sido una mujer miserable, pero ella no lo fue. Ella fue fructífera. Ella estaba plena. Ella fue bendecida. Ella era libre a pesar de que sus circunstancias pudieron haberla dejado miserable, pudieron haberla dejado con toda clase de desórdenes psicológicos.

Pero porque ella fue una persona agradecida, ella fue una persona contenta y estable.

Una persona malagradecida se aferra a sus derechos. Y como resultado se coloca en una posición de dolor y de decepción cuando Dios u otros fallan en alcanzar o llenar sus expectativas. Cuando Dios no hace lo que debería, desde su punto de vista, o cuando otros no alcanzan lo esperado, cuando sus padres o su pareja no hacen lo que ellos piensan que tienen que hacer; entonces estas personas se ponen en una situación de decepción porque están aferrándose a sus derechos.

Pero las personas agradecidas le han entregado todos sus derechos a Dios. Así que ellas ven toda la vida a través de unos ojos agradecidos. Un corazón agradecido realmente te da un par de lentes diferente con los que ves al mundo.

La persona agradecida no tiene lugar en su corazón para emociones egoístas y emociones destructivas – emociones como la amargura, el resentimiento y la ira. Así que las personas  con corazones agradecidos fácilmente se contentan mientras que las personas malagradecidas son prisioneras de la amargura y el descontento.

Aquí tenemos otra característica de un corazón agradecido. Un corazón agradecido será revelado y expresado a través de palabras de agradecimiento. Nuestro corazón se muestra en las palabras que hablamos. Jesús dijo: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6:45).

Así que una persona que tiene un corazón agradecido hablará palabras de agradecimiento; mientras que, una persona que tiene un corazón malagradecido ¿qué clase de palabras hablará?

  • palabras de queja
  • palabras de murmuración
  • palabras ofensivas
  • lloriqueos

Ves, un espíritu agradecido capacita a las personas para ver las circunstancias más dolorosas de la vida con acción de gracias, para responder a los problemas, al dolor y al sufrimiento con gratitud.

Alguien dijo: «Algunas personas se quejan porque Dios pone espinas sobre las rosas, mientras que otras personas lo alaban por poner rosas entre las espinas».  La gente agradecida expresa su agradecimiento con palabras de gratitud.

Algunas de ustedes están familiarizadas con David Brainerd. Él fue un misionero a los Indios Americanos, de hecho murió a la edad de 29 años. Él realmente derramó su vida en el servicio como misionero.

Encontramos en él a un hombre que fue caracterizado por un espíritu agradecido, y ese espíritu le permitió contar sus bendiciones aún cuando estuvo en medio de increíbles dificultades. Él vivió en circunstancias muy sencillas, primitivas, llevando el Evangelio a lugares remotos.

En una ocasión, mientras él visitaba a unos amigos, de repente le dio un dolor de muelas y escalofríos. Durante la noche le atacó una fiebre muy alta y tuvo mucho dolor en todo su cuerpo.

Pero de cualquier forma, él agradeció a Dios que esta situación le tomó mientras estaba con amigos y no mientras estaba solo en esos lugares remotos.

Luego, hubo otra ocasión en la que él se enfermó en su choza y tuvo dolores severos. Y en esta ocasión él  escribió en su diario: «Bendito sea el Señor. No estoy al aire libre. Tengo una casa y numerosas comodidades que me ayudan».

Él no tenía numerosas comodidades, desde el punto de vista de hoy en día. Pero como él tenía un corazón agradecido, él verbalizaba esa gratitud incluso en medio de esas circunstancias cuando estaba enfermo en esta pequeña choza en la que vivía.

Luego hubo otra ocasión en la que él enfrentaba largas semanas de soledad y el escribió: «Forjándome a través de pantanos en terrenos rocosos en noches oscuras y separado de toda compañía humana».

En este momento él no estaba con amigos. En este momento él estaba solo, y esto es lo que él  escribió en esta ocasión: «Cuántas razones para estar agradecido tengo por este retiro». Luego siguió explicando que el contacto con la gente le ha dado el privilegio de la amistad y el compañerismo, pero que cuando estaba solo, eso le llevaba a experimentar una comunión más íntima con el Señor.

  • Cuando él estuvo acompañado, él estuvo agradecido por las personas.
  • Cuando él estuvo solo, él estuvo agradecido porque no tenía gente y eso lo llevaba hacia  una intimidad mayor con el Señor.
  • Cuando él podía quedarse en casa, él estaba agradecido por ello.
  • Cuando él estaba en una pequeña choza en aquellos lugares remotos, él estuvo agradecido de que tenía numerosas comodidades.

Las personas  agradecidas expresan su corazón en palabras de agradecimiento.

Aquí hay una característica más. Las personas agradecidas son como manantiales refrescantes,  dadoras de vida para otros. Su gratitud se derrama hacia otros. La gratitud es contagiosa, y por cierto, también lo es la ingratitud.

La gente desagradecida halará a otros alrededor de ellos hacia el lodo y el fango de su propia arena movediza de ingratitud. Ambas cosas son contagiosas.

Todas hemos conocido personas  con quienes no es divertido estar  cerca porque son personas  negativas. Siempre hay algo malo. Ellas siempre tienen ese desánimo en la boca para la forma de enfrentar y de ver la vida.

Y les preguntas: «¿cómo has estado?» Y la primera cosa que sale de sus bocas va a ser negativa.

Puedo decirte que yo naturalmente tiendo hacia una manera negativa de pensar y de responder. Una de las cosas que estoy tratando de hacer, que quiero hacer un hábito, es que cuando las personas me pregunten: «¿cómo  estás?» si hay alguna necesidad, alguna carga o preocupación, quiero sentir la libertad de poder compartirla, pero primero tratar de decir algo sobre cuán bueno es Dios y cuán bendecida soy. Quiero decir palabras de agradecimiento antes de compartir una carga, antes de compartir una preocupación.

Porque te digo, podemos convertirnos en alguien miserable para los que están  cerca. Esa actitud negativa es tan contagiosa. Sabemos cómo es  tener nuestra propia actitud afectada negativamente por personas que son negativas.

La ingratitud envenena y contamina la atmósfera en nuestros hogares, en nuestros corazones y en otras relaciones. Y déjame preguntarte, por cierto, ¿cómo está la atmósfera en tu hogar? ¿Es posible que entre las cuatro paredes de tu propio hogar haya habido un espíritu contaminante de ingratitud, un espíritu negativo?

Escuchen mamás, es tan importante que ustedes tengan un espíritu agradecido  con su esposo y con sus hijos, que ustedes no sean lloronas, quejumbrosas porque sus hijos crecerán no queriendo estar en casa si la atmósfera en el hogar es un espíritu de quejas. Es contagioso. Contamina.

Pero también te digo que, la gratitud es igualmente  contagiosa. En las siguientes sesiones, queremos hablar sobre  cómo luce en la práctica el agradecimiento, el trabajo práctico de un corazón agradecido. ¿Cómo se expresa a sí mismo?

Déjame hacerte varias sugerencias aquí sobre cómo debemos dar gracias. Y voy a ir hacía las Escrituras para encontrar esta enseñanza sobre cómo damos gracias.

Primero, se nos dice en las Escrituras que debemos dar gracias audiblemente, en voz alta, fuerte. No solo teniendo pensamientos agradecidos – ahí es donde se comienza   – sino expresando esos pensamientos agradecidos en palabras.

Anteriormente definimos la ingratitud  como el aprender a reconocer y a expresar aprecio por los beneficios que he recibido de Dios y de otros. Un corazón agradecido reconoce esos beneficios y luego expresa gratitud por esos beneficios a Dios y a otros. Hemos recibido beneficios de otros. Y también hemos recibido beneficios de Dios. Si vamos a dar gracias necesitamos dar: «Gracias» – gracias a Dios y gracias a los otros.

Necesitamos hablar. Hebreos capítulo  13 versículo 15 dice: «Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre». Me doy cuenta de que hay tantas cosas por las cuales estoy agradecida en mi corazón si me detengo y pienso en ello, pero no me  detengo  a pensar en ello. A veces cuando sí pienso en ello, simplemente lo digo.

Dilo. Háblalo. Di: «Dios ha sido bueno».

Mientras manejábamos sobre el puente cruzando el río esta mañana de camino para esta sesión de grabación, veía sobre ese río y el sol justamente estaba saliendo sobre el río y estaba reflejándose en el agua. Y  simplemente dije en voz alta: «Gracias Dios por este precioso paisaje. Nos refresca. Es uno de los lugares más hermosos en ésta zona».

Mi corazón se sentía agradecido, y es importante decir verbalmente, «Gracias Señor», expresarlo en voz alta, ofreciendo el fruto de labios dando gracias a Su nombre.

Y entonces  la Escritura también nos dice que agradezcamos al Señor con música, el Salmo 28 dice: «…le daré gracias con mi cántico» (versículo 7). Cántale al Señor. El Salmo 147 canta al Señor con acción de gracias. El salmo Es un mandamiento.

Y quizás puedes estar pensando, «pero es que yo no soy buena cantante». Bueno yo tampoco canto bien. De hecho, me encanta cantar, pero no me dejarían cantar en estas grabaciones. Sigo amenazándoles de que uno de estos días simplemente voy a soltarme a cantar, pero no quieren que haga esto las grabaciones de radio.

Pero  me encanta cantar pero lo mejor es cuando lo hago y nadie está cerca. Pero mientras sea en la iglesia con otros del pueblo de Dios o con un grupo como éste o simplemente  solita mientras me arrodillaba ante el Señor esta mañana antes de venir a la sesión habiendo tenido una noche corta, estando cansada e insegura de cómo todo esto iba a compaginar; simplemente  me detuve y de rodillas empecé a cantarle al Señor con agradecimiento, cantándole alabanzas al Señor.

Porque hay algo en cantarle al Señor, cantarle nuestra  gratitud a Él, algo que levanta nuestros espíritus, nos energiza y nos recuerda por  lo mucho que tenemos para estar agradecidas. Hay muchas ocasiones en las Escrituras en las que la música es  parte de dar gracias.

Pienso en la historia  de Nehemías cuando el muro de Jerusalén había sido reconstruido y el pueblo se reunió para dedicar la muralla. La Escritura dice que: «En la dedicación de la muralla de Jerusalén buscaron a los levitas de todos sus lugares para traerlos a Jerusalén, a fin de celebrar la dedicación con alegría, con himnos de acción de gracias y con cánticos, acompañados de címbalos, arpas y liras» (Nehemías12:27).

Cantando al Señor usando instrumentos musicales para entonar himnos, acción de gracias y alabanzas al Señor.

Yo estudié piano en la universidad. Pero no toco  de oído, así que no he tocado mucho desde mis años en la universidad. No toco mucho. Pero algunas veces en mi casa cuando estoy ahí, es tan infrecuente en estos días, pero tengo un piano y algunas veces, incluso a altas horas de la noche, o a veces en la noche después de un largo día, me siento en el  piano y empiezo a tocar y a cantar con el himnario abierto en frente de mí, cantando coros e himnos, canciones y salmos de alabanza al Señor.

Algunas veces me encanta  hacerlo con un piano, y algunas veces es simplemente genial hacerlo a capela. Algunas veces incluso leo un pasaje de la Escritura que es un salmo de alabanza y empiezo a cantar al Señor sin usar una melodía que alguien más haya  escrito sino que solamente  creo mi propia melodía cantándole al Señor.

Me hubiese encantado enseñarte como, pero de cualquier forma cortarían esa parte de la grabación. Pero tomo un pasaje de la Escritura que es justamente un salmo de acción de gracias y simplemente empiezo a cantarle al Señor. Con mi canto le agradezco. Así que ¡canten!

Hoy en día ves en las iglesias y ves  tanta gente que no está cantando durante el tiempo que es para eso. Quiero decir, es un tiempo para cantar, coros, himnos de alabanza, pero la gente  no mueve la boca. Y te voy a decir esto: Tú no puedes cantar sin mover la boca; simplemente no puedes hacerlo.

Necesitamos cantarle al Señor. Tú vuelves y me dices: “pero es que yo no soy  gran cantante”. Bueno yo tampoco. Pero canto de cualquier forma. Así que ¡habla y canta!

Y luego también damos gracias con la oración. En Colosenses capítulo  1 el apóstol Pablo dice: “Damos gracias a Dios, … orando siempre por vosotros” (versículo 3), agradeciendo a Dios en nuestras oraciones.

Pablo continúa diciendo en Colosenses capítulo  4 “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (versículo 2). Orando con acción de gracias, así que estoy expresando mi gratitud  a Dios a través de las oraciones.

Mientras he estado preparando esta serie, he pensado en lo poco que realmente le digo “Gracias” a Dios. Pienso que tengo un corazón agradecido. Me siento como una mujer muy bendecida.  Pero esto no quiere decir que todo en mi vida haya salido bien, o haya sido fácil, pero trato de enfocarme en las bendiciones de Dios, y trato de pensar  mucho en ellas.

Pero  a menudo me quedo corta de expresárselo a Él. Así que  necesito aprender a decir gracias en mis oraciones. ¿Qué tan seguido clamamos al Señor, le pedimos cosas y luego olvidamos regresar cuando Él ha respondido para darle gracias, o inclusive decir gracias antes de recibir la respuesta? Así que también  damos gracias a Dios en oración.

Hay otros dos aspectos más en las Escrituras de cómo damos gracias a Dios, y quiero llamar tu atención hacia ellos en estos últimos momentos. Hay un aspecto privado en el dar gracias, y hay uno público. Vamos a ver primero el privado , la adoración en privado.

Considero que uno de los grandes ejemplos en las Escrituras es Daniel en el Antiguo Testamento. Él fue un hombre con un corazón agradecido. Él expresaba su corazón agradecido con palabras y en oraciones de gratitud.

En el capítulo 2 de Daniel nos dice la ocasión en la que el rey, el rey Nabucodonosor, tuvo un sueño y ordenó que Daniel se lo interpretara. Daniel fue delante del Señor y le pidió que lo ayudara a entender el sueño del rey.

Y el Señor le dio sabiduría. El Señor le dijo lo que significaba el sueño. La Escritura nos lo cuenta en Daniel capítulo 2 en el versículo 19:

Entonces el misterio fue revelado a Daniel en una visión de noche. Daniel entonces bendijo al Dios del cielo. Daniel habló, y dijo:

Sea el nombre de Dios bendito por los siglos de los siglos, …Él es quien revela lo profundo y lo escondido … A ti, Dios de mis padres, doy yo gracias y alabo, porque me has dado sabiduría y poder, y ahora me has revelado lo que te habíamos pedido, pues el asunto del rey nos has dado a conocer (versículos 19-23) lo que Daniel estaba diciendo es: “Dios, te pedimos que Tú nos mostraras lo que significaba el sueño del rey, y ahora regresamos a ti y te damos gracias”.

Pero Él expresó esto en privado. Ésta fue una alabanza privada. Daniel era un hombre quien a solas con Dios expresaba gratitud.

Pero luego llegamos al capítulo 6 de Daniel. Y ahora hay otro rey, el rey Darío. Este emitió un edicto, un edicto, de que por 30 días nadie podría hacerle alguna petición  a nadie sino al rey para cualquier cosa. Esto fue una trampa para Daniel de parte de algunos de sus compañeros a quienes él no les agradaba y querían deshacerse de él y de su posición en el gobierno.

Y la Escritura relata en Daniel capítulo 6 versículo 9:

Que cuando Daniel supo que había sido firmado el documento, entró en su casa (y su aposento superior tenía ventanas abiertas en dirección a Jerusalén), y como lo solía hacer antes, él  continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios (versículos 9-10).

Daniel aparentemente tenía el hábito de tres veces al día arrodillarse, orar y agradecer a Dios en privado. Alabanza y adoración en privado.

Pero déjame solamente decir que no es suficiente que nuestra adoración y agradecimiento sea en privado. Necesita también  ser en público.

El salmista dijo en el Salmo 57: “Te alabaré entre los pueblos, Señor; te cantaré alabanzas entre las naciones (versículo 9).

Lo que él está diciendo es, “Dios en medio de aquellos que no son creyentes, en medio de naciones paganas, en medio de los gentiles cantaré alabanzas a Ti”. Y luego él dice: “No solamente en medio de los que no son creyentes, sino en compañía del pueblo de Dios daré gracias”.

Salmo 35 versículo 18: “En la gran congregación te daré gracias; entre mucha gente te alabaré”.

Salmo 111 versículo 1: “¡Aleluya! Daré gracias al Señor con todo mi corazón, en la compañía de los rectos y en la congregación”.

¿Te has encontrado alguna vez en esos momentos de adoración en tu iglesia o en tu grupo pequeño en los que el líder dice: “Nos tomaremos un momento para simplemente agradecer al Señor”? Se nos pide que compartamos un testimonio o   digamos una palabra de adoración, de agradecimiento, o que elevemos oraciones de gratitud  al Señor.

Y entonces  luego  escuchas este grande y largo silencio. Luego tal vez una persona valiente lo interrumpe y dice algo por lo que está agradecido. Y entonces otro largo silencio.

No hay nada malo con el silencio, a menos que sea tiempo de agradecer. En ese momento necesitamos hablar, cantar y expresar: “Dios ha sido tan bueno conmigo”.

Podrías decir: “Bueno, lo que pasa es que yo no soy del tipo de persona que le gusta hablar en público”. Escucha, si has recibido la gracia de Dios por tus grandes culpas, Su abundante gracia, entonces no podrás evitar ser una persona agradecida y expresar esa gratitud no solo cuando estés sola sino también cuando estés en público.

“Daré gracias a Dios con todo mi corazón en la compañía de los rectos y en la congregación”.

Carmen Espaillat: El libro de Nancy Sea Agradecido: Su camino al gozo. Puede ayudar a que la acción de gracias sea una realidad en tu vida durante todo el año. Cuando tomas las palabras de este libro a conciencia, te quejarás y reclamarás menos y expresarás agradecimiento más seguido.

Solicita este libro en tu librería cristiana favorita. Para información acerca de la distribución en América Latina, visita nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana Nancy describirá una de las razones de mayor peso para estar agradecidas. Oremos para que tengas un especial día de Acción de Gracias mañana  y espero que te unas a nosotras aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss  es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Características de un corazón agradecido – Nov 24

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una actitud de gratitud

Aviva Nuestros Corazones

Nov 24 – Características de un corazón agradecido

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/caracteristicas-de-un-corazon-agradecido/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Al visualizar una persona malagradecida pienso en un contenedor con un agujero,  por el cual se escapan todas las bendiciones.

Carmen Espaillat: Has sintonizado Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

“Estaba enfrentando muchos problemas, tenía muchas dudas y confusión”. Eso es lo que Sandy, una de nuestras radioescuchas, nos escribió luego de escuchar el programa de ayer. Después de escuchar las enseñanzas de Nancy, ella  escribió “Me hizo recordar que tengo que dejar de quejarme y comenzar a darle gracias a Dios por cada cosa. Mi gozo fue restaurado y la carga que tenía fue levantada”.

Vamos a retomar la serie en esa enseñanza que produjo tal efecto en esta radioescucha.  Estamos en la serie de Nancy titulada La actitud de gratitud.

Nancy: “Bueno es dar gracias al Señor, y cantar alabanzas a tu nombre, oh Altísimo” Salmos 92:1.

Estamos hablando de porque es bueno dar gracias al Señor. Ayer vimos varias razones. Dijimos que es bueno darle gracias porque Dios nos  manda a dar gracias. Y es bueno darle gracias porque nos introduce a la presencia de Dios, y la gratitud honra y magnifica a Dios.

También dijimos que el dar gracias produce la paz de Dios en nuestros corazones. No preocuparnos por nada, en lugar de ello, debemos orar por todo.

Hoy veremos varias razones más  de por qué es bueno dar gracias al Señor. Es bueno dar gracias a Dios, porque la gratitud es un indicador de la verdadera condición de nuestro corazón, de nuestra verdadera condición espiritual.

En el Salmos 140 en el versículo 13 dice, “ciertamente los justos darán gracias a tu nombre”. La persona agradecida da evidencia de que tiene un corazón recto. Recuerda que dijimos que el Evangelio es culpa, gracia y gratitud.

La persona que reconoce que era culpable, pecadora que merecía la ira de Dios, sabe que Dios ha derramado Su gracia sobre ella y que Dios por Su gracia la ha hecho justa por los méritos de Cristo, esa persona será una persona agradecida. La persona que ha sido justificada, que sabe que no tiene justicia propia, será una persona agradecida porque sabe que no tiene esperanzas de ser justa apartada de la cruz de la gracia y del amor de Cristo. Así que un corazón agradecido es un indicador de la verdadera condición de nuestro corazón.

Es bueno dar gracias al Señor porque esa es la voluntad de Dios.

Le hablo particularmente a las jóvenes que desean conocer la voluntad de Dios. Típicamente pensamos que la voluntad de Dios es como: “¿Debo aceptar este trabajo? o ¿debo ir a esta universidad? o ¿Es la voluntad de Dios que me case con esta persona? ¿Es la voluntad de Dios que tome unos días de vacaciones?”

Pensamos en la voluntad de Dios en términos de cosas que hacemos, lugares que visitamos o del trabajo que tenemos. Pero si vamos a las Escrituras y estudiamos la voluntad de Dios, encontramos que la voluntad de Dios es mucho más simple de lo que usualmente la hacemos.

1era a los Tesalonicenses capítulo  5 versículo 18 nos dice una verdad absoluta acerca de la voluntad de Dios. “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.

Puedo decirte la voluntad de Dios para tu vida, y tú puedes decirme la voluntad de Dios para mi vida. La voluntad de Dios para ti y para mi es que en todo demos gracias. En todo.

Luego vemos que es bueno dar gracias porque ser agradecida es evidencia de estar llenas del Espíritu Santo.

En Efesios capítulo 5 se nos habla de la llenura del Espíritu, y luego nos da formas prácticas de lo que significa ser llenas del Espíritu. Por eso Pablo nos dice en el verso 18 de Efesios capítulo  5, “Sed llenos del Espíritu”. Como no podemos ver el Espíritu Santo. No puedo simplemente mirarte y ver si estás llena del Espíritu. Igual, no puedes mirarme y saber si yo estoy llena del Espíritu Santo. Entonces, ¿Cómo podemos saber si estamos llenándonos del Espíritu Santo?

Bueno, podremos saberlo si las afirmaciones que siguen en el versículo son una realidad en nuestras vidas. Una de las cosas que se nos dice luego del versículo 18 se encuentra en el versículo 20: “Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.

¿Cómo puedo saber si estoy llena del Espíritu? Lo estoy sí soy agradecida.

¿Ves? Si estoy llena del Espíritu no puedo lloriquear, quejarme,  murmurar o ser quejumbrosa. Si estoy murmurando o quejándome, eso dice que estoy llena de mí misma. Pero no puedo estar  a la misma vez ser llena del Espíritu y ser una quejumbrosa.

De manera que, una vida agradecida, los labios agradecidos, una actitud de gratitud es la evidencia de que estoy llena del Espíritu Santo.

¿Eres agradecida? ¿Estás caminando en una actitud de gratitud hoy? Si es así, eso es evidencia de que estás llena del Espíritu de Dios.

Y también es bueno dar gracias porque las personas agradecidas son como Jesús.

Para mí resultó muy interesante, mientras estudiaba los Evangelios, buscar la cantidad de veces que las Escrituras nos dicen que Jesús dio gracias. Jesús fue una persona agradecida, y si quieres ser como Jesús, necesitas ser una persona agradecida.

Escucha algunas de las circunstancias en que las Escrituras dicen que Jesús dio gracias. En Lucas capítulo  10, Jesús estaba orando y el contexto es el regreso de los 70 discípulos que Él había enviado a ministrar. Ellos estaban  emocionados y contentos por el éxito de su viaje misionero.

Pero Jesús les dice que deben estar agradecidos no porque los demonios se sujetaron a ellos, o porque tenían poder sobre Satanás, sino más bien, por el tipo de relación que tienen con el Señor.

Y luego, Jesús vuelve sus ojos hacia los cielos y comienza a orar a Dios. Y dice en Lucas capítulo 10:

“En aquella misma hora El se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, (doy gracias) Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado” (Lucas 10:21).

Jesús está dándole gracias a Dios al decir: “Te alabo (te doy gracias) Padre”. Él tenía una íntima relación con Su Padre Celestial, una relación de gratitud. La razón específica de su agradecimiento hacia Dios en este momento, era resaltar que al Padre le agradó revelar el misterio de quien Él era y de Sus obras a personas sencillas como nosotras.

Jesús estaba agradecido de que Dios se lo reveló a esos discípulos. Por eso se detuvo a decir, “Te alabo, gracias Padre”. Jesús estaba agradecido.

En Juan capítulo 11 en el 41 vemos a Jesús ante la tumba de Lázaro. Y las Escrituras dicen, “Entonces quitaron la piedra (donde estaba el hombre que había muerto) y Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído”.

“Yo sabía que siempre me oyes” (v.42). Y luego oró a Dios para que hiciera este milagro, para que el pueblo supiera que Jesús realmente venía de Dios. Pero antes de presentar Su petición, Él le dio gracias a Dios.

¿Te has detenido a darle gracias a Dios cuando Él te escucha? Si eres hija de Dios, si oras en el nombre de Jesús y en virtud de Su justicia si te acercas a Dios a través de Jesucristo, las Escrituras dicen que Dios escucha lo que le pides. Él escucha.

Y Jesús dijo, “Te doy gracias porque siempre me oyes”. En algún momento todas hemos tenido la experiencia de tratar de llamar a alguien y recibir el tono del teléfono ocupado, o intentar comunicarnos y descubrir que no hay nadie  en su casa. Y seguimos intentando la llamada, porque realmente necesitamos algo, pero no se encuentran disponibles.

Pero esto nunca sucede con Dios. Cada vez que llamamos. Él está ahí. Él oye. Él está escuchando. Y  está respondiendo.

Luego vemos a Jesús en múltiples ocasiones ser agradecido y expresar gratitud por los alimentos, por la simple provisión del pan diario. En Juan capítulo  6, vemos que al alimentar a los 5,000, Jesús tomó las lonjas de pan y cuando hubo dado gracias, las entregó a los discípulos. Del mismo modo, al alimentar a los 4,000, Él tomó los siete  y dio gracias, y luego las partió y se los dio a sus discípulos (Marcos 8:1-10)

Tengo que confesar que para mí, muchas veces dar las gracias antes de la comida es una rutina y a veces hasta se me pasa hacerlo. Pero para Jesús no era una simple rutina. Era una parte importante de su vida reconocer que todo don bueno y perfecto viene de arriba y que no debemos tomar parte en nada hasta haberle dado  gracias a Dios por ello.

¿Le das gracias a Dios por las cosas pequeñas? ¿Le das gracias a Dios por el día a día? Por  Su provisión  tan rica y abundante. Cuando le damos gracias, comenzamos a parecernos a Jesús y estamos diciendo “Señor, yo reconozco que Tú eres la fuente de este regalo. Si no fuera por ti, yo no tendría ninguno de estos regalos”.

Y entonces vemos a Jesús en la Ultima Cena, en Lucas capítulo  22. Él tomó la copa y antes de pasarla a sus discípulos, ¿qué fue lo Él que hizo? Él dio gracias a Dios y dijo,

“Tomad esto y repartidlo entre vosotros”; Y habiendo tomado el pan, después de haber dado gracias, lo partió, y les dio, diciendo: “Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí”.

Él estaba agradecido aun hasta en este momento en el que Él se preparaba para ir a la cruz a entregar Su vida para la salvación del mundo. ¿Qué  Él estaba haciendo? Él estaba dando gracias. De nuevo, es bueno dar gracias al Señor, porque cuando damos gracias, nos parecemos a Jesús, quien era agradecido.

Finalmente, es bueno dar gracias a Dios porque la gratitud es la ocupación eterna en el cielo. El capítulo 4 del libro de Apocalipsis nos dice que los seres vivientes y los ángeles del cielo no cesan de “dar gracias, gloria y honor al que está sentado en el trono y vive por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 4:9).

Y luego en el capítulo 11 de Apocalipsis leemos,

“Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios, diciendo: damos gracias, oh Señor Dios Todopoderoso, el que eres y el que eras, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar” (versos 16-17).

Entonces, ¿qué están haciendo en los cielos hoy? Están dando gracias a Dios. Los ángeles le están dando gracias, los ciudadanos del Cielo le dan gracias. Aquellos que se fueron primero que nosotros, mi padre, está allá en esta mañana y mi hermano David  también está allí. Ellos están dando gracias.

Cuando le damos gracias a Dios, hacemos dos cosas. Nos unimos al coro celestial. Cantamos con ellos. Damos gracias con ellos. Y estamos preparándonos para la tarea en la que pasaremos la eternidad en el cielo.

Porque las gracias que ofrecemos desde aquí son simplemente un ensayo, una práctica, para lo que pasaremos haciendo toda la eternidad en el Cielo.

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss ha estado mostrándonos razones convincentes para desarrollar un espíritu agradecido. Ella regresará con nosotros para la segunda parte del programa de hoy en unos instantes.

Para ayudarte a entender mejor el tipo de agradecimiento del que hemos estado escuchando, adquiere una copia del libro Sea Agradecido: Su camino al gozo. Nancy pondera más profundamente la importante enseñanza que escuchaste hoy, y te invitamos a realizar el devocional de 30 días incluido al final del libro. Puedes adquirir el libro en tu librería cristiana favorita.

Ahora escuchemos un poco más de las enseñanzas de Nancy.

Nancy Leigh DeMoss: La tribu Masái en África Occidental tiene una forma inusual de decir “Te doy gracias”. Ellos dicen literalmente, “Mi cabeza está en el polvo”. Cuando un miembro de la tribu Masái expresa gratitud, ellos literalmente ponen sus frentes en el suelo,  porque  ellos quieren reconocer su gratitud con  humildad.

Hoy quiero que  veamos algunas de las características de un corazón agradecido en contraste con las características de un corazón ingrato o malagradecido. Y la primera característica que vemos de un corazón agradecido, es que una persona agradecida es una persona humilde.

Gracias. Mi cabeza está en el suelo. Me siento en el suelo delante de ti. Me humillo delante de ti. Una persona agradecida es una persona humilde. Una persona agradecida tiene un fuerte sentido de su indignidad. La actitud de su corazón es: “Tengo mucho más de lo que merezco”.

Todavía puedo recordar las palabras de mi padre, quien ya tiene más de veinte años en el Cielo. Cuando las personas le preguntaban cómo se encontraba, el respondía: “Mejor de lo que merezco”. Él era un hombre agradecido.

Te aseguro que una de las razones por las que fue agradecido es porque él  era humilde. Nunca dejó de sorprenderse del hecho de que Dios lo salvara. Porque fue humilde, fue agradecido. Siempre sintió que tenía mucho más de lo que  merecía.

Una persona malagradecida, ingrata tiene un corazón orgulloso. Una persona agradecida tiene un corazón humilde; pero una persona malagradecida tiene un corazón orgulloso y la ingratitud revela ese corazón orgulloso.

Una persona malagradecida, ingrata  siente, “Yo merezco mucho más de lo que tengo”. Se le ha olvidado que es  deudor y que le debe todo lo que tiene a Dios.

John MacArthur dice en su comentario del Nuevo Testamento:

La persona que se eleva a sí misma por encima de las demás siente que merece todo lo que recibe, y por lo tanto no tiene necesidad de agradecerlo. Aunque no lo exprese con palabras, la persona ingrata desprecia la idea de la gracia,  porque denota una bondad recibida que es inmerecida. Este es un pecado particularmente  odioso para Dios cuya ira se rebela contra los pecadores por ser ingratos.

La persona que se eleva a sí misma, la persona orgullosa, sentirá que merece todo lo bueno que recibe.

  • Somos una sociedad de personas que sienten que se les debe mucho, que se les debe más de lo que tienen, que merece más de lo que tiene y que se les debe aun más…
  • Así que pensamos que se nos debe un cheque de pago. Sentimos, se nos debe un pago. Hemos invertido estas horas; y merecemos recibir un pago.
  • Sentimos que se nos debe buena salud, tener cuerpos sanos.
  • Sentimos que se nos debe la felicidad.
  • Sentimos que tenemos derecho a tener un matrimonio feliz.
  • Sentimos que tenemos el derecho a tener hijos sanos.
  • Sentimos que tenemos derecho a que las circunstancias se den como queremos que se den.
  • Sentimos que tenemos derecho a que el sol brille en nuestra boda al aire libre o en nuestra fiesta. Sentimos que se nos deben todas estas cosas.

Ese sentido de merecer buenos regalos es una expresión de orgullo; por el contrario una persona agradecida tiene un corazón humilde.

Henry Ward Beecher dijo,

El orgullo mata la gratitud, pero la mente humilde es el terreno en el que la gratitud crece naturalmente. Un hombre orgulloso es rara vez un hombre agradecido, porque él nunca piensa que está recibiendo tanto como  merece.

Así que al comparar un corazón agradecido con un corazón ingrato, la persona agradecida es humilde mientras que la ingratitud revela un corazón orgulloso.

Quiero que veamos otra característica de los corazones agradecidos en comparación con los corazones malagradecidos. Un corazón agradecido está centrado en Dios y en los demás; mientras que un corazón ingrato está centrado en sí mismo.

Las personas agradecidas tienden a hablar de otras personas. Mientras crecía puedo recordar a mi padre decirnos: “Cuando hables con las personas, asegúrate de hacerles preguntas acerca de ellos y no hables de ti mismo, porque las personas no quieren escucharte hablar de ti”…

Una persona agradecida está  pensando en los demás, está interesada en los demás. Pero una persona ingrata tiende a enfocarse en mis necesidades, en mis sentimientos, en mis deseos, en mis dolencias, en mis derechos, en cómo me han tratado, en cómo me han desatendido, en cómo me han fallado, en cómo me  han herido, en como mis padres me lastimaron.

Una persona malagradecida está llena de sí misma, y todo su mundo gira en torno a sí misma. Raras veces  se detiene a considerar las necesidades y los sentimientos de los demás. Es egoísta.

Y como resultado, las personas malagradecidas son típicamente personas demandantes, pero las personas agradecidas son personas libres para dar y para cuidar de los demás, porque están centradas en Dios, y están centradas en los demás, no en sí mismas.

Las personas agradecidas que están centradas en Dios y en los demás son personas amorosas que quieren bendecir a otros. Pero las personas malagradecidas, porque  están centradas en sí mismas, tienden a pensar: “¿Qué me complacerá? ¿Cómo puedo quedar satisfecha?”

Ahora quiero que veamos otra característica del corazón agradecido en comparación con el corazón malagradecido. Un corazón agradecido es un corazón satisfecho mientras que el corazón ingrato está vacío.

Llegas a entender por qué la persona agradecida  casi nunca se compara con los demás, porque se siente satisfecha, porque  es agradecida. No importa cuánto una persona posea, si no es agradecida, vivirá con una sensación constante de  vacío.

Al visualizar una persona malagradecida, pienso en algo como un contenedor con un agujero por el cual se escapan todas las bendiciones. Puede estar lleno de bendiciones, pero no permanecen. Se escapan porque la persona no tiene un corazón agradecido, por lo que esta persona siempre se siente que está vacía. Su corazón está vacío y en contraste, la persona agradecida tiene una capacidad ilimitada de disfrutar las bendiciones de Dios no importa si son muchas o son pocas.

Déjame comentarte esto,

Nadie ha recibido pocas bendiciones de Dios. Todos hemos recibido muchas, muchas, muchas bendiciones de Dios. Pero las personas malagradecidas siempre se sienten vacías, porque sus bendiciones se están escapando a través de esos agujeros de ingratitud.

La persona malagradecida no puede disfrutar las bendiciones que tiene. Se  va a sentir vacía. Pero  la persona agradecida, aun en medio del dolor y  de la perdida se sentirá satisfecha.

Existe una  ilustración de este principio en la Carta a los Filipenses. La Carta a los Filipenses es realmente una larga  nota de agradecimiento, escrita por el apóstol Pablo para expresar gratitud hacia los creyentes en Filipos, por la forma en que ellos habían ministrado a sus  necesidades financieras y materiales mientras él viajaba por los alrededores y plantaba iglesias, y Pablo les escribió esta nota dando “gracias”.

Y él les dice en Filipenses capítulo  4,

Y vosotros mismos sabéis, filipenses, que al comienzo de la predicación del Evangelio, después que partí de Macedonia, ninguna iglesia compartió conmigo en cuestión de dar y de recibir, sino vosotros solos; porque aun a Tesalónica enviasteis dádivas más de una vez para mis necesidades (versos 15-16).

Pablo les escribe para decir, “Gracias”, para expresar gratitud. Luego de expresar su aprecio por el último regalo recibido de parte de ellos, Pablo, quien está sentado en el corazón de una prisión romana mientras escribía la carta y en un momento en el que él  estaba privado hasta de las  necesidades mínimas, hace en mi opinión una afirmación notable.

Luego Pablo procede a decirle a estos filipenses, “Pero lo he recibido todo y tengo abundancia; estoy bien abastecido, estoy saciado” (Filipenses 4:18). ¿A dónde te encuentras Pablo? ¿En una cárcel romana? ¿Y tú estás diciendo, “Todo lo he recibo y en abundancia; estoy bien abastecido? ¿Cómo puede el pensar y sentirse satisfecho en esa situación?

Puedo decirte lo que yo hubiera estado pensando en esa situación, hubiera estado pensando en todas las cosas que no tenía. Porque, mi corazón por naturaleza es ingrato, malagradecido.

Pero Pablo creía que  la bondad de Dios y las bendiciones de Dios eran tan abundantes, que la pasa  en el siguiente versículo a confirmarle a los filipenses que había suficiente para ellos también.

Pablo dice, estoy seguro de que “… mi Dios proveerá para todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:20). No solamente afirmo que hay suficiente para mí que estoy sentado en esta cárcel, sino también que hay suficiente para ustedes. En el lugar de sus luchas, ustedes también pueden estar satisfechas si tienen un corazón agradecido.

Y ahora te pregunto, ¿Te sientes satisfecha o vacía? ¿Puedes decir con Pablo, “Todo lo he recibido, tengo abundancia; estoy bien abastecida”?

Ves, Pablo no tenía todo en términos de comodidades. Pero te digo lo que sí tenía, tenía a Cristo. Y Pablo dijo, “Si tengo a Cristo, lo tengo todo”.

  • ¿Tienes tú a Cristo?
  • ¿Tienes Su gracia?
  • ¿Existe una gracia mayor que saber que todos nuestros  pecados han sido perdonados?

Si es así, entonces lo tienes todo.

Puedes haber perdido un compañero. Puedes haber perdido a un hijo. Puedes haber perdido un trabajo. Puedes haber perdido un amigo. Puedes haber perdido tus posesiones más preciosas en el mundo. Pero si tienes un corazón agradecido, puedes, aun en medio de las lágrimas, tener un sentido de plenitud.

¿Dónde estás tú delante de Dios cuando hablamos de  estas características? ¿Tienes un corazón agradecido? ¿Es tu corazón orgulloso o humilde? ¿Está tu corazón  centrado en Dios y en los demás, o  centrado en ti misma? ¿Está tu corazón satisfecho o está vacío?

Las respuestas a estas preguntas te ayudarán a determinar si tienes o no una actitud de gratitud.

Carmen Espaillat: Nancy  regresará en unos momentos para orar. Hoy ella compartió el contraste entre un corazón agradecido y uno malagradecido. ¿Cuál te describe mejor?

El libro Sea agradecido: su camino al gozo de Nancy puede ayudarte a convertirte en una persona cada vez más agradecida. El libro Nancy muestra por qué la gratitud es tan importante, y te acompañará en el proceso de aplicar gratitud en tu vida diaria.

¿Recuerdas darle gracias a Dios cuando responde a tus plegarias? mañana Nancy te mostrará porque el dar gracias es tan importante. De eso hablaremos mañana en Aviva Nuestros Corazones. Ahora oremos.

Nancy Leigh DeMoss: Padre Celestial, ¿Nos darías un  espíritu agradecido? Haznos personas agradecidas. Tenemos tantas razones para estar agradecidas, y aun así, Señor, confesamos que nos falta mucho gozo y la plenitud que podríamos tener por tener este pecado de ingratitud en nuestras vidas.

Señor, en donde quiera que Tú nos encuentres en el día de hoy, ayúdanos a humillarnos, ayúdanos a arrepentirnos y a ser agradecidas delante de ti. Te lo pido con acción de gracias, en el nombre de Jesús, amen.

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Gratitud y paz – Nov 23

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una actitud de gratitud

Aviva Nuestros Corazones

Nov 23 – Gratitud y paz

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/gratitud-y-paz/

Carmen Espaillat: ¿Quieres estar cerca de Dios? Pues expresa gratitud alabándole. Aquí está  Nancy Leigh DeMoss

Nancy Leigh DeMoss: Si tú quieres llegar donde Dios habita, si  quieres entrar a Su presencia, debes ir a Su dirección.  Y la dirección de Dios es la alabanza (Y Él habita en la alabanza a Su Nombre).

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss,  autora  de  “Sea Agradecido: Su camino al gozo”. En la voz de Patricia de Saladín.

La ingratitud no parece ser tan mala cuando es comparada a los grandes pecados como el asesinato, el adulterio, ¿verdad? Nancy Leigh DeMoss  está a punto de ayudarnos a responder esta pregunta, continuando en una serie llamada “La actitud de gratitud”.

Nancy: Estuve leyendo un artículo recientemente con relación a las quejas.  El artículo  fue escrito por Paul Tripp,  quien nos cuenta acerca de una conversación que  sostuvo con un líder de una iglesia de la India quien había venido a los Estados Unidos a estudiar.

Paul Tripp le preguntó a este líder eclesiástico, «John, yo quiero  preguntarte ¿qué piensas tú acerca de los americanos?  Ya tú has estado aquí por un tiempo y los hindúes son personas muy educadas».

John me dijo, ¿Quieres que sea honesto?

Y Paul Tripp le contestó, «claro que sí».

Y luego este hombre le respondió, «Ustedes los americanos no tienen idea de cuánto tienen y aun así siempre están quejándose”.

Nosotros tenemos tanto y aun así nos quejamos. Palabras poderosas.

Hemos estado hablando del asunto de la gratitud, la actitud de gratitud, y cómo nuestra gratitud debe rebosar en la medida en que recibimos abundante gracia de Dios como respuesta a nuestra abundante culpa.  Ese es el Evangelio: culpa, gracia y gratitud.

Ahora, me gustaría enfocarme hoy en lo opuesto a la gratitud, la ingratitud o la falta de gratitud, en todo este asunto de la falta de agradecimiento.  Yo quiero que nosotras veamos que un corazón ingrato, no agradecido, no es poca cosa, esa ingratitud no es un pecado pequeño.

En 2 de Timoteo en el capítulo 3, el apóstol Pablo habla acerca de los últimos días.  Yo creo que nosotras estamos viviendo esos días, Pablo creía que él estaba viviendo esos últimos días.  Él dice:

2 Timoteo 3:1-5 “Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios; teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder; a los tales evita”. (2 Timoteo 3:1-5).

Ahora,  leí la lista completa de lo que parece un listado de pecados horribles pero pasé por encima  “uno” de  la lista.  Mientras Pablo describe las características de las personas en esos últimos días, hay otra característica que él les da.  Él dice que las personas serán ingratas.  ¿Puedes creer que en esta lista de pecados que acabamos de leer encuentres la falta de gratitud? Y Pablo dice que de los tales te alejes. Que no tengas nada que ver con personas como esas.  No dejes que ellos te influencien.  Ciertamente no te hagas como ellos.

Ahora, tendemos a comparar los pecados y a pesarlos de diferentes maneras.  Nosotras tendemos a pensar que la falta de gratitud no es tan mala comparada con cosas como ser calumniadora, cruel, traidora, cabeza dura, altiva, amante de mi misma o blasfema y aun así, Dios pone todos estos pecados en la misma lista.  Él ve la ingratitud, de la misma manera que ve todos estos otros pecados. En la misma categoría.

En la medida en que leemos en Romanos capítulo 1, el apóstol Pablo habla otra vez acerca de este asunto de la ingratitud, fallar en ser agradecidas.  Él nos muestra que un corazón ingrato es el terreno en el cual muchos otros tipos de pecados crecen.  Pablo dice en Romanos capítulo 1 versículo 21 “Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido”.

Ahora, este es el versículo 21 del capítulo 1, tú pudieras leer a través de todo este capítulo y vas a encontrar una progresión.  Una progresión que te lleva  a las más inimaginables clases de pecados morales.  Pablo habla acerca de una degradación malvada y rampante y una corrupción del hombre en asuntos morales, tales como que: ellos tienen deseos hacia aquellos de su mismo sexo y cosas que son pecados indecibles.

Pero, ¿dónde comienza esta progresión? Comienza en este versículo que acabamos de leer en. «Romanos capítulo  1 versículo 21 «Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias”. ¿Ves? La ingratitud es el pecado que es el primer peldaño en una progresión de declive moral. Un espíritu ingrato nos guía a todo tipo de pecados.

Ahora, ¿cómo nos convertimos en personas ingratas? ¿Por qué algunas veces somos ingratas? Pienso que una de las razones es que tenemos expectativas. Nos comparamos con los que otras personas tienen que nosotras pensamos que nos gustaría tener. Somos codiciosas.

Andrew Carnegie fue un multimillonario quien al morir dejo un millón de dólares a uno de sus parientes quien en respuesta se enojo y se amargó contra Andrés Carnegie porque Sr.Carnegie le había dejado 365 millones a diversas obras de caridad.  Así que este pobre pariente  se enojó porque él  sólo recibió un millón de dólares.  En vez de estar agradecido por lo que había recibido, él tenía  expectativas de recibir más y fue ingrato.

Nosotras somos ingratas porque nosotras olvidamos que somos deudoras. Nosotras somos las que debemos.  Nosotras pensamos que se nos debe algo. Pensamos que merecemos tener más y se nos olvida que somos deudoras. Se nos olvida la bendición de Dios. Estamos tan acostumbradas a recibir tantas bendiciones de Dios que las damos por sentadas. Tendemos a enfocarnos en lo que queremos más de  en lo que tenemos. Y nos enfocamos en lo que no tenemos más que en lo que si tenemos. Tendemos a definir los deseos como necesidades.

La Escritura nos dice que si tenemos sustento, abrigo y refugio, estamos cubiertas y debemos estar contentas. Debemos estar satisfechas. Pero creemos que necesitamos sustento y abrigo y una casa y un tipo de casa y un tipo de carro y un tipo de vacaciones y un tipo de trabajo y un tipo de matrimonio y una clase de hijos y una clase de amigos y vivir en un tipo de vecindario. Pensamos que necesitamos tanto y comenzamos a definir estas cosas como necesidades.

La publicidad nos dirá que necesitamos estas cosas.  Bueno, puede ser que sean deseos, pero no son necesidades. Cuando empezamos a definir deseos como necesidades, entonces nos volvemos ingratas. Nosotras nos volvemos ingratas cuando nos volvemos ciegas a la gracia de Dios alrededor de nosotras; cuando no tenemos ojos para ver como todo alrededor de nosotras es una expresión de la gracia de Dios.

Como vimos en Romanos capítulo  1, ese pecado de ingratitud nos guía a una espiral descendente que nos guía a toda clase de pecados. Los pecados de amargura, enojo, violencia, inmoralidad.

El Dr.  James Kennedy en un mensaje sobre la gratitud dijo esto.  Y cito,

Una persona ingrata está a un paso de obtener sus necesidades de maneras ilegítimas. Nunca cometerías adulterio si  estuvieras verdaderamente agradecida por tu esposo, no serías tentada a robar si estuvieras satisfecha con lo que posees. No envidiarías los talentos y las habilidades de otros si estuvieras agradecida por los que Dios te ha dado a ti. No serías orgullosa si estuvieras agradecida.  ¿Ves? El orgullo hace cortocircuito a la gratitud. La ingratitud nos lleva a tantos otros pecados.

En 1863 el presidente Abraham Lincoln hizo la proclamación del Día de Acción de Gracias.  Él hizo un llamado a las personas de los Estados Unidos (al pueblo estadounidense) «A observar el último jueves de noviembre como el día de acción de gracias y alabanza a nuestro buen Padre quien mora en los cielos».  Y escucha lo que él dijo en esa proclamación de Acción de Gracias del 1863.  El habló a las personas de los Estados Unidos   y creo que esas palabras son tan apropiadas y pertinentes para el día de hoy.

Nosotros hemos sido los recipientes de abundantes riquezas del Cielo.  Hemos sido preservados todos estos años en paz y prosperidad; hemos crecido en número, riquezas y poder como ninguna nación haya crecido.

Pero nos hemos olvidado de Dios. Hemos olvidado  la bondadosa mano que nos ha preservado en paz y nos ha multiplicado, enriquecido y fortalecido y hemos imaginado en nuestra vanidad y en el engaño de nuestros corazones, que todas estas bendiciones han sido producidas por alguna sabiduría superior y nuestra  propia  virtud.  Intoxicados con un éxito inquebrantable, nos hemos convertido en demasiado  autosuficientes para poder sentir  la necesidad de la gracia que nos redime y nos preserva, demasiado orgullosos para orar al Dios  que nos creó.

Ahora, el presidente Lincoln estaba hablándole a la nación.  Pero yo me pregunto si estas palabras no nos hablan a nosotras de manera individual.  Nosotras éramos culpables, culpables sin esperanza, alejadas de Dios.  Y aun así  Él vino a nosotras en nuestra culpa y nos dijo,  “yo derramaré mi gracia sobre ti”. Donde nuestros pecados abundaron la gracia de Dios sobreabundó.

Las Escrituras nos dicen que cada día Él derrama beneficios sobre nosotras y aun así, estamos ciegas  a la gracia de Dios, a la bondad de Dios.

Lloriqueamos.

Murmuramos.

Nos quejamos

Nos  molestamos por las cosas que no tenemos.

Nos preocupamos acerca de lo que no tenemos.

Nos quejamos acerca de las cosas que nosotras  desearíamos haber tenido.

Somos ingratas.

La Escritura dice que la ingratitud no es un pecado pequeño. Cuando cedo ante este pecado de la ingratitud, me pongo en el camino que me guiará invariablemente a otros pecados.  La persona agradecida glorifica a Dios. La persona que rehusa glorificar a Dios por Su Bondad y Su Gracia, que no es agradecida, terminará abrumada con más culpa.

Así que me pregunto mientras pensamos  acerca del pecado de la ingratitud en el día hoy ¿es este un pecado que necesitas confesar? Necesitas decir: “Señor, he fallado en darte gracias.   Soy  una de esas personas ingratas que está en la lista en  el capítulo 3 de 2da a Timoteo.  Soy una de esas personas de Romanos capítulo 1 quien ha olvidado ser agradecida”. ¿Necesitas confesar a Dios  el pecado de la ingratitud?

Carmen: Nancy Leigh DeMoss volverá inmediatamente con la segunda parte del programa de hoy.  Si  luchas con el pecado de la ingratitud permíteme compartirte de un libro que te va  ayudará a crecer y a mejorar.  Se trata del libro    “Sea Agradecido: Su camino al gozo”. Allí Nancy te mostrará como la gratitud te lleva al gozo y a la paz.  Las palabras de este libro quedarán contigo.  Tú las recordarás cuando te veas tentada a quejarte  y a reclamar.

Para más información acerca de la distribución en América Latina, visita Aviva Nuestros Corazones.com

Y ahora regresemos a Nancy.

Nancy: Matthew Henry fue un comentarista  bíblico  muy reconocido en el Siglo XIX.  En una ocasión él  fue atracado por unos ladrones. Esto fue lo que él escribió en su diario con respecto a esa experiencia.

Déjenme primero ser agradecido porque nunca antes había sido robado; segundo aunque me robaron la cartera, no me quitaron la vida; tercero aunque ellos lo tomaron todo, no era mucho; y cuarto porque fue a mí que me robaron y no yo quien robe.

Y ahí puedes ver allí el corazón de una persona agradecida.  Esta semana hemos estado hablando acerca de la actitud de gratitud y hemos visto que aunque tenemos abundante culpa, Dios ha derramado abundante gracia.  Él nos llama a responderle en gratitud que sobreabunde hasta derramarse.

El versículo 7 de Colosenses en el capítulo 2 dice; siempre abundando, rebosando de gratitud. El Salmo 92 el versículo 1, nos dice: Salmo 92:1 “Bueno es dar gracias al Señor, y cantar alabanzas a tu nombre, oh Altísimo”. Las Escrituras dicen que dar gracias es  algo bueno.

En esta parte del programa quiero que veamos por qué es bueno dar gracias.  ¿Por qué debemos darle gracias al Señor?

Número uno. Dios nos manda a ser agradecidas, y Él es Dios.  Si Él ordena, nosotras debemos obedecer.  Dios nos ordena ser agradecidas.  El Salmo 50 en el versículo 14 dice,  Salmo 50:14 “Ofrece a Dios sacrificio de acción de gracias, y cumple tus votos al Altísimo;». El Salmo 105 el versículo 1, Salmos 105:1 “Dad gracias al Señor, invocad su nombre; dad a conocer sus obras entre los pueblos.»

Colosenses capítulo  3 y por cierto, todo el libro de Colosenses es un libro de gratitud.  Si quieres hacer un buen estudio sobre la gratitud, encuentra las palabras gratitud y agradecimiento en el libro de Colosenses.  Siete veces en cuatro capítulos vas a encontrar un llamado a ser agradecida.  En Colosenses capitulo 3 versículo 15, Pablo dice, Colosenses 3:15 «Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”. Sé agradecida.

Él continúa en el versículo 17 dice: «Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de Él a Dios el Padre». Dando gracias en lo que sea que hagas.  Si estás comiendo.  Si estás bebiendo.  Si vas al trabajo.  Si vas a la escuela.  Si estás sentada en la iglesia.  Si estás cuidando a tus hijos.  Si estás limpiando tu casa.

Lo que sea que hagas, hazlo en el nombre de Jesús y hazlo de manera  que des gracias a Dios el Padre a través de Cristo.   Sé agradecida, es un mandato.  Y como hijas de Dios que queremos ser obedientes, nosotras necesitamos ser agradecidas porque Dios lo ha dicho, sé agradecida.

Número dos, la gratitud es lo que nos da entrada a la presencia de Dios. El Salmo 95 versículo 2 dice Salmos 95:2 “Vengamos ante su presencia con acción de gracias». Es en la alabanza es donde Dios mora.  Las Escrituras dicen que Dios habita en la alabanza de Su Pueblo.  Si tú quieres llegar a donde Dios vive, si quieres entrar a Su presencia, tienes que ir a Su dirección, donde Él vive.

Y la dirección de Dios es la alabanza. Dios vive en el lugar de la alabanza. Así que Él dice:»Ven a Su presencia con acción de gracias» trae tu acción de gracias cuando vengas a Su presencia porque Él vive en el lugar de la alabanza.

El Salmo 100 versículo 4 nos dice, “Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre”. ¿Ves? Cuando nosotras venimos a la presencia de Dios, nosotras necesitamos traer nuestra gratitud con nosotras.  El sacrificio, el don, la ofrenda de acción de gracias.

Recuerdas el Tabernáculo en el Antiguo Testamento y cómo la presencia de Dios  habitaba en el lugar  Santísimo. Pero  ¿qué había justo antes de entrar al lugar Santísimo? Había un altar de incienso, un lugar donde en la mañana y en la noche el sacerdote ofrecería incienso que simbolizaba las oraciones y las acciones de gracias del pueblo de Dios.

Así que como parte de las responsabilidades diarias de los sacerdotes al ayudar a las personas a entrar a la presencia de Dios, era que ellos debían encender el incienso en el altar ofreciendo acción de gracias a Dios. Versículo 4 del Salmos 100 dice: «Entrad por sus puertas con acción de gracias, y a sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid su nombre». Tú quieres acercarte a Dios, tú necesitas vivir en el lugar de la alabanza.

Número tres, es bueno dar gracias a Dios porque la gratitud honra y magnífica a Dios. El Salmo 69 el versículo 30 dice  “Con cántico alabaré el nombre de Dios, y con acción de gracias le exaltaré». Ahora, nosotras no magnificamos a Dios en el sentido de hacerlo más grande de lo que Él es.  Él es infinitamente grande.  Nosotras no podemos hacerlo más grande de lo que Él es.

Pero cuando ofrecemos acción de gracias a Dios, lo contemplamos en una mayor luz nosotras mismas, y  le mostramos a otros cuán grande es Él. Nosotras le magnificamos, le damos honor cuando le damos gracias a Él.

Entonces la número cuatro, es bueno darle gracias al Señor porque la gratitud produce la paz de Dios en nuestros corazones. Si  tú quieres tener la paz de Dios gobernando y reinando en tu corazón necesitas cultivar la actitud de gratitud.  La actitud de gratitud es lo que produce la paz de Dios.

Nosotras estamos muy familiarizadas con el pasaje de Filipenses capítulo 4 versículo 6 donde el apóstol Pablo dice,  Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios.

No estés afanosa, no te preocupes por nada, en vez de eso,  dile a Dios  tus necesidades.  Entrégale a Él tus peticiones.  Levanta tus súplicas a Él, pero asegúrate  que mientras lo haces, lo haces con acción de gracias.  Acción de gracias antes de siquiera obtener respuestas.  Acción de gracias porque Él es grande y bueno, aunque Él no haga lo que tú le estás pidiendo que haga.

Filipenses capítulo  4 versículos 6-7 dice LBLA:

“Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios (Y aquí  está  lo que sucede). Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento (sobrepasa el entendimiento humano), guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.

La paz de Dios, Pablo está diciendo, va a ser como una fortaleza alrededor de tu corazón,  como una guarnición, un baluarte alrededor de tu mente. Protegerá tu mente de la duda, del miedo, de la ansiedad, de que las circunstancias te abrumen.  En vez de esto tendrás paz.  Tú vas a poder dormir bien en !as noches.

Tú vas a poder descansar en tu corazón aún cuando la batalla arrecie alrededor de ti. Tendrás paz, la paz de Dios.  No porque tus circunstancias hayan terminado de la manera que te agrada.  No porque Dios te ha concedido todo lo que le has pedido, sino  porque la presencia de Dios vendrá en respuesta a tu gratitud.

Cuando nosotras agradecemos a Dios sin importar las circunstancias, ese espíritu agradecido, la actitud de gratitud produce la paz de Dios en nuestros corazones.

Piensa ahora en algunas de las circunstancias que tu estás enfrentando en tu mundo en este tiempo de tu vida. Pienso en nuestra audiencia y sé que quizás hay alquien que ha enviudado recientemente. Sé que hay otras quienes han experimentado dolores de cabeza en estos días.  Algunas están luchando con  matrimonios difíciles. Sé que hay algunas mujeres cuidando de sus esposos que sufren de Alzheimer y otras cosas más. Todas ellas necesitan la paz de Dios.

Pienso en las mujeres que están luchando con situaciones con sus hijos.  Pudiera ser que tengas un hijo o una hija  o un nieto que no está caminando con Dios y tu corazón se está rompiendo en pedazos. Sé que hay  mujeres que tienen hijos quienes… ellas realmente pudieran  perder su paz en esa situación.  Hay cargas pesadas  que llevan las personas.

Puede ser en relación con tu trabajo.  Un asunto en tu trabajo que no puedes resolver.  Tú tiendes a estar ansiosa con relación a esto, llegas a casa  y estás inquieta con esto, te mantienes despierta pensando en esto.  Puede ser un asunto financiero.  Llegas a fin de mes y te das cuenta de que no hay suficiente dinero en fondo para cubrir todos tus compromisos.  Es una carga con la que debes lidiar mes tras mes.

Puede ser un asunto con relación a tu salud.  Un reporte que has recibido del doctor.  Y tienes miedo.   No sabes cómo resultará.   Estás orando pero sigues temerosa.  Puede ser un asunto que estés enfrentando en tu iglesia.  Quizás tu iglesia está atravesando algo parecido a lo que  yo escuché sobre una iglesia en esta comunidad recientemente que está atravesando situaciones difíciles.  Asuntos de la iglesia, de disciplina, asuntos de diferencias de opiniones y algunas  divisiones en una iglesia local.  Quizás tú estés en el medio de todo esto y no estás segura de como debes responder.

Estas son cosas que pueden turbar nuestros corazones.  Las Escrituras dicen que no te preocupes, en vez de eso, le digas a Dios tus necesidades. Entrégale a El tus peticiones.  En todo, con oración y ruego con acción de gracias, deja que tus peticiones sean conocidas por Dios.  Dile a Él lo que está en tu corazón y mientras lo haces, dale gracias a Él.

Y mientras das gracias, Él promete que Su paz, que es sobrenatural, paz inexplicable, será como una barandilla, una fortaleza, un guardaespaldas alrededor de tu mente y de tu corazón. Las circunstancias pueden no cambiar pero tendrás la paz de Dios.

Señor, son tantas las razones por las cuales nosotras podemos estar agradecidas.  Oro que Tú nos ayudes a guardar esto en nuestros corazones,  estar agradecidas porque Tú nos mandas a darte gracias, a estar agradecidas porque esta es la manera que nosotras podemos entrar en Tu presencia y queremos estar cerca de Ti.  Estar agradecidas porque cuando damos gracias, Te honramos y Te magnificamos y Tú eres digno de ser honrado y magnificado.  Y darte gracias porque cuando lo hacemos eso produce la paz de Dios en nuestros corazones.

Señor vivimos en un mundo agitado que necesita paz.  Así que ayudamos en nuestros momentos de turbación a ser mujeres agradecidas y gracias por Tu promesa de que Tu paz guardará nuestros corazones y nuestras mentes en Cristo Jesús.  En  Su nombre oramos con acción de gracias.  Amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado mostrándote el camino a la paz. Proviene de estar agradecidas.  Yo espero le des seguimiento al programa de hoy, desarrollando un espíritu de gratitud y descubriendo el tipo de paz que Nancy ha estado  describiendo.

Su  libro “Sea Agradecido: Su camino al gozo” te ayudará a crecer en esta área.

La actitud de acción de gracias muestra la condición de tu corazón.  Descubre porque  mañana cuando Nancy regrese.  Por favor, acompáñanos en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

1 D.James Kennedy. The Christian’s Magic Wand, p. 7.

2 Abraham Lincoln. Thanksgiving Proclamation of October 3, 1863.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Abundando en la gracia – Nov 20

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una actitud de gratitud

Aviva Nuestros Corazones

Nov 20 – Abundando en la gracia

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/abundando-en-la-gracia/

Carmen Espaillat: Los Evangelios nos cuentan acerca de diez leprosos que fueron sanados por Jesús. Nancy Leigh DeMoss se enfoca en el único que dijo, ¨Gracias¨.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Cuál fue el que más se acercó a Jesús? ¿Cuál  fue el único que se acercó a Jesús? El que fue agradecido. Cuando tu y yo expresamos gratitud a Jesús, es ahí cuando nos acercamos a Él más de lo que nunca antes lo habíamos hecho.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, la autora de “Sea Agradecido: Su camino al gozo”.

Hay cientos de cosas por las cuales estar agradecidas a nuestro alrededor. Nancy  te ayudará a reconocer esas cosas y te mostrará  por qué ser agradecida tendrá un gran efecto en tu vida. Ella está comenzando una serie titulada, La actitud de gratitud.

Nancy: Recuerdo hace un tiempo haber llamado a un querido amigo para su cumpleaños número 89 y él me dijo algo durante esa conversación telefónica que resonó en mis oídos, me dijo: ¨Cuando me haya ido, si soy recordado por algo, me gustaría que fuera por ser un hombre agradecido¨.

Ahora es un hombre agradecido, pero hay muchas cosas en su vida que hubiera hecho en muchas otras personas (al no ser agradecido) por falta de gratitud.

Este hombre perdió a su madre cuando tenía tres años.  Perdió a su padre cuando todavía era joven, y hace años su hijo mayor murió en un trágico accidente automovilístico.

Así que aquí está él, en los últimos años de su vida, con su salud fallándole, y mucha menos fortaleza física de la que tenía en otro tiempo, viviendo en un Hogar de Ancianos, pero él está determinado a ser un hombre agradecido.

Y él es un hombre rápido en verbalizar la bondad y las bendiciones de Dios al mirar hacia atrás en su vida. No escuchas a este hombre quejarse. Lo escuchas expresar gratitud.  Pensé, mientras escuchaba a mi amigo, Dad Johnson, ¨Ese es el tipo de persona que quiero ser. Quiero que se me conozca como una persona agradecida¨.

Así que al comenzar  este nuevo tema de la gratitud, que creo que  es uno de los temas más importantes en toda la Palabra de Dios, ¿Qué es la gratitud? Cuando regresamos al idioma griego, el lenguaje original en el que se escribió el Nuevo Testamento, encontramos que hay una palabra con la raíz similar para varias palabras. La misma raíz se usa en las palabras: gracias, agradecimiento, gratitud, regalo y gracia. Todas estas palabras vienen de una palabra griega muy similar, y están todas conectadas: regalo y gracia y gratitud y agradecimiento.

Pensemos en algunas de estas palabras.

Tanto la gracia como la gratitud se dan libremente. No es algo que puedes fabricar o trabajar. Deben ser dadas libremente.

La gratitud es realmente reconocer y expresar aprecio por los beneficios que hemos recibido de Dios y de otros. Déjame repetir esa definición, y te diré que no es original mía. No recuerdo dónde la escuché por primera vez, pero me ha ayudado mucho mientras pienso acerca de lo que significa tener una actitud de gratitud. Es reconocer y expresar aprecio por los beneficios que he recibido de Dios y de otros; aprender a tener un ojo para ver la gracia que ha venido a mi vida.

Pero no solo reconocer esos beneficios, también expresar aprecio por ellos, comunicando gratitud.

Cuando pienso acerca del Evangelio, que es realmente toda la historia de la Biblia, tres palabras me vienen a la mente que realmente creo que sintetizan el Evangelio.

La primera palabra es la palabra culpa. Estamos delante de Dios; nacemos en este mundo como pecadores culpables, mereciendo la ira y el juicio de Dios, porque Él es un Dios santo, y Él tiene que juzgar el pecado. Entonces somos culpables. Ahí es donde nuestra historia comienza. Somos pecadoras que nacieron de pecadores. Nuestra culpa nos ha separado de un Dios santo. Esa es la primera palabra del Evangelio: culpa.

Luego está la palabra gracia. La gracia de Dios, donde Él baja (desciende)  del cielo y Él cierra la brecha creando  un puente entre Él, un Dios santo, y nosotras, pecadoras caídas, desesperadas y desesperanzadas. La Escritura dice, “Cuando éramos aún sus enemigos, Él nos buscó.¨ (Romanos 5:8, parafraseado). Nosotras nunca buscamos a Dios. Por nuestra cuenta, nunca hubiéramos buscado a Dios. Él nos eligió a nosotras. Él envió a Jesucristo a ser Su solución para nuestro pecado, para pagar la penalidad de nuestra culpa. Todo eso es gracia.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8, KJV). Gracia–un regalo para pecadores culpables.

Así que el Evangelio es mi culpa y la gracia de Dios, el regalo de  gracia de Dios por el cual Jesucristo paga la penalidad de mi pecado.

Y la otra palabra que es parte del Evangelio es la palabra gratitud—culpa, gracia y gratitud.

Nuestra respuesta natural de cuando nos damos cuenta de lo que Dios ha hecho por nosotras, cuán  inmerecedoras éramos y somos y cuán bondadoso Él ha sido para nosotras y todo lo que Él ha derramado en nosotras por medio de Jesucristo, no solo dándonos la salvación, sino también al darnos la santificación y la promesa de nuestra glorificación final. Todos estos regalos de Dios deberían llenarnos hasta rebozar nuestros corazones de gratitud.

Culpa, gracia y gratitud—eso es el Evangelio. Esa es la historia del Evangelio.

Cuando participamos de la Cena del Señor reconocemos estos tres elementos: culpa, gracia y gratitud. De hecho, en algunas de nuestras tradiciones litúrgicas, se usa la palabra Eucaristía para referirse a la cena del Señor o a la comunión. Esa palabra Eucaristía es muy similar a la palabra griega que mencioné  que es la palabra para regalo, gracia y gratitud.

La Eucaristía es una celebración, una cena de comunión donde celebramos juntos el hecho de que Dios derramó Su gracia sobre nuestra culpa; que Jesús dio Su cuerpo y Su sangre para nuestra redención; que Él compró el perdón de nuestros pecados al ir al Calvario a morir por nosotras. Así que celebramos la muerte del Señor, el regalo de Su gracia y damos gracias.

¿Recuerdas cuando Jesús celebró la Última Cena con Sus discípulos en el Aposento Alto? La Escritura dice que Él tomó pan en Sus manos, y que dio gracias (Ver Lucas 22:17-20). Así al tomar la Cena del Señor, al mirar atrás al Calvario, al mirar atrás a la cruz y lo que Él ha hecho por nosotras, damos gracias–culpa, gracia y gratitud.

Ahora, mientras piensas en estas tres palabras, tú te das cuenta de que nuestra culpa delante de Dios era absolutamente abrumadora y abundante y sin embargo cuánta gracia Dios nos ha dado para esa abundante culpa.

Leemos en Romanos capítulo 5, “Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. (versículo 20, RVR)

Así que para la abundante culpa, Dios nos da sobreabundante gracia.

Entonces, ¿cuánta gratitud debemos tener hacia Dios? ¿Super, sobreabundante gratitud? Abundante culpa, sobreabundante gracia, y ¿no debería ser nuestra gratitud tan grande como la gracia que Dios nos ha mostrado?

Dios nos ha dado gracia mayor que todo nuestro pecado, gracia suficiente para cubrir toda nuestra culpa. Nuestra gratitud debería ser tan grande como la gracia que hemos recibido.

Yo creo que es por eso que Pablo le dice a los Colosenses en Colosenses capítulo 2, ¨Abundando en acciones de gracias¨ —sean abundantes en gratitud (versículo 7, parafraseado).

La palabra es la palabra desbordar. Es una palabra que da la imagen de un río desbordado por sus orillas en tiempo de inundación. Tú no puedes contener las aguas desbordadas. Así de grande debería ser nuestra gratitud.

De hecho, yo pienso en ese pasaje en los salmos, el Salmo 36, donde la Escritura dice,

“Jehová, hasta los cielos llega Tu misericordia,   y Tu fidelidad alcanza hasta las nubes.  Tu justicia es como los montes de Dios, Tus juicios abismo grande. Jehová,  hasta los cielos llega Tu misericordia, altísima misericordia, Su misericordia, Su fidelidad, alcanzando tan alto como los cielos, y Tu fidelidad  alcanza hasta las nubes.

Mucho mayor de lo que podemos imaginar, abundante en fidelidad, Tu justicia es como los montes de Dios,  Tus juicios abismo grande, insondable e inmensurable la grandeza de Dios, oh Jehová  cuán preciosa, oh Dios, es Tu misericordia. Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de Tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de Tu casa, y Tú los abrevarás del torrente de tus delicias” (versículos 5-8 RVR).

¿Ves la abundante gracia de Dios, la plenitud de la misericordia de Dios, y Su amor y Su bondad hacia nosotras?

Así que Pablo dice: “Midan cuán grande era Su culpa, y luego midan cuán grande es la gracia de Dios, Su misericordia, Su bondad, Su perdón, Su fidelidad”.

Lo que sea que hayas hecho en el pasado, a pesar de cuán lejos hayas estado de Dios, no importa que tan gran enemiga eras de Dios, Él te ha perdonado. Él ha limpiado tu registro. Él  ha anulado el acta que nos  era contraria.

Él te ha dado una nueva vida, un nuevo comienzo, un nuevo corazón. Es gracia abundante, y Pablo dice: ¨Mira  la gracia de Dios y asegúrate de abundar en gratitud.¨

Carmen: Nancy Leigh DeMoss regresará enseguida con la segunda mitad del programa de hoy. Ella nos ha estado mostrando por qué la gratitud es tan importante. Espero que puedas profundizar en este tema leyendo el libro de Nancy, “Sea Agradecido: Su camino al gozo”.

El capítulo dos se titula: Culpa, gracia y gratitud. Te ayudará a comprender y a aplicar los poderosos conceptos que recién hemos escuchado. Lee este libro, muestra un nuevo sentido de gratitud y expón a aquellos a tu alrededor al poder del Evangelio.

Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita. Ahora, regresemos a la enseñanza de Nancy.

Nancy: En 1860 un barco encalló en las costas del Lago Michigan, como los barcos con frecuencia lo han hecho a lo largo de los años. Pero este en particular, lo hizo cerca de Evanston, Illinois. Había allí un equipo de rescatistas que tenía su base en la Universidad de Northwestern, allí en Evanston.

Uno de estos  jóvenes en el equipo era un estudiante para el ministerio en la universidad. Su nombre era Edward Spencer. Él caminó en las aguas congeladas del Lago Michigan una y otra vez y rescató 17 personas de esas aguas, personas que habían estado en el barco.

En el proceso, su salud  se deterioró permanentemente, y no pudo entrar en el ministerio como había planeado.  Años más tarde, en su funeral, alguien señaló que ni uno solo de esos pasajeros que él había salvado había regresado para decirle ¨Gracias¨.

Él arriesgó su vida, pero nadie regresó a decirle ¨Gracias.¨

La gratitud parece ser un arte perdido en el día de hoy.

Estamos hablando acerca de la actitud de gratitud y de la importancia de que expresemos gratitud por los beneficios y las bendiciones que hemos recibido de Dios y de otros.

Quisiera que viéramos hoy un pasaje de la Escritura que será familiar para la mayoría de ustedes. Se encuentra en el Evangelio de Lucas, en el capítulo 17. Es la historia de los diez leprosos que vinieron a Jesús para ser sanados.

Comencemos a leer en el versículo 11:

“En su camino a Jerusalén, Jesús pasó entre Samaria y Galilea. Al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se quedaron a una cierta distancia de El” (versículos 11-12, RVC).

Ahora la Escritura dice que esos hombres eran leprosos, y se mantenían bien lejos. Sabemos que debían permanecer alejados porque ceremonialmente eran considerados impuros. De acuerdo con la Ley del Antiguo Testamento, debían vivir fuera del poblado, y no podían tener relaciones normales ni comunicación con los que no tenían lepra.  Así que ellos estaban separados por su lepra.

En la Escritura, la lepra es una imagen del pecado. Esto no significa que estos hombres tenían lepra porque  habían pecado  más que  las otras personas, pero la lepra, una enfermedad contagiosa,  que destruía a las personas, su sistema inmune y sus miembros, y era, finalmente, mortal. Es una imagen de lo que el pecado nos hace, una imagen de nuestra culpa frente a un Dios santo.

La imagen aquí es que estos hombres estaban separados de la gente normal–separados de Jesús, separados de otros en su pueblo, separados de su familia, por causa de su lepra.

La Escritura dice que cuando estábamos en nuestro pecado, no podíamos acercarnos a Dios, no podíamos acercarnos a Él. Estábamos separadas de Él y había una distancia infinita entre nosotras y Dios por nuestra culpa por el pecado (ver Romanos 3:23).

El versículo 13 dice que los diez leprosos elevaron sus voces y dijeron: ¨Jesús, maestro, ten misericordia de nosotros!¨

Aparentemente ellos sabían que Jesús tenía poder sobrenatural, y que Él tenía gracia disponible para ellos en su necesidad. Eso es lo que es la gracia de Dios–Sus recursos, Sus riquezas aplicadas a nuestra necesidad. Ellos tenían una necesidad, su lepra. Ellos sabían que Jesús era Dios, y que tenía la gracia para cubrir su necesidad. Así que ellos clamaron a Él por gracia, y con toda seguridad, Jesús les extendió Su gracia”.

Versículo 14: ¨Cuando Él los vio a ellos, Él les dijo, `Vayan, preséntense a los sacerdotes.”

Esa es una referencia a la Ley del Antiguo Testamento, que esos leprosos conocían bien–esto es, que cuando un leproso era sanado, aunque nunca ocurría, la Ley decía que si alguna vez era sanado, debía presentarse al sacerdote, quien lo declararía limpio. Y la Escritura dice que, ¨Mientras ellos iban, fueron sanados.¨

Así que hicieron lo que  Jesús dijo. Ellos obedecieron; ellos fueron al sacerdote. Había algún grado de fe aquí para creer que algo ocurriría mientras iban, y cuando lo hicieron, recibieron gracia. Ellos fueron limpiados. Ellos fueron sanados.

Ahora esto fue un milagro. La lepra era una enfermedad incurable. Ellos nunca habían visto a un leproso que fuera sanado. Ellos nunca habían escuchado de un leproso, salvo en un par de incidentes en el Antiguo Testamento, que fueron milagrosos, que fueron intervenciones divinas, había pocos registros de leprosos que hubieran sido sanados, pero ellos experimentaron la gracia de Dios mientras iban de camino.

Entonces el versículo 15 nos dice,

“Entonces uno de ellos (de los diez), al ver que había sido sanado, volvió alabando a Dios voz en cuello, y rostro en tierra se arrojó a los pies de Jesús y le dio las gracias. Este hombre era samaritano”.

Ahora, había diez leprosos que fueron sanados; diez hombres que estaban disfrutando su salud, recientemente hallada; diez hombres que experimentaron la milagrosa gracia de Dios más allá de sus más osadas esperanzas o sueños. Te garantizo que estos hombres no se quedaron callados acerca de esto. Te garantizo que al ser sanados, no solo se presentaron a los sacerdotes, sino que estaban yendo a su familia y a las personas de las que habían estado separados por todos esos años. Ellos le estaban contando a todo el mundo.

Pero, nueve de ellos olvidaron decirle algo a quien había sido la fuente de su bendición. Solo uno se detuvo a considerar la fuente de su bendición, el Dador. Solo uno se detuvo para agradecer y adorar al que le había devuelto la vida.

Y mientras veo a este regresar a Jesús, veo una imagen hermosa de gratitud desbordante, abundante. Puedes percibir que este hombre no tenía inhibiciones. Dice que, ¨A una gran voz, glorificó a Dios. Él cayó, rostro en tierra, a los pies de Jesús”.

Es interesante que de esos diez leprosos, todos habían elevado sus voces cuando estaban sufriendo y necesitados. Todos habían clamado, ¨¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!¨ Todos habían clamado cuando estaban necesitados, pero solo uno vino y clamó y alzó su voz cuando  recibió esa gracia. Solo uno mostró gratitud, y cuando  mostró gratitud, fue una gratitud abundante. Él elevó su voz. Reconoció la fuente de su sanidad. Reconoció su deuda y esta es una expresión espontánea, natural, de alabanza.

Esto no fue un pequeño comentario en privado, ¨Gracias Jesús por lo que hiciste por mí. Esta fue una gratitud  pública. Fue a gran voz, y me alegró tanto que se use esa palabra, porque nos da una imagen del tipo de gratitud que debemos tener hacia el Señor Jesús por la gracia que ha derramado sobre nosotras como pecadores culpables.

Yo te preguntaría: ¿Es tu agradecimiento tan obvio y expresivo como tu manera de compartir tus necesidades? Les decimos a otros lo que necesitamos. Le decimos al Señor lo que necesitamos. Clamamos a Él.

Anoche a eso de las 10:30 de la noche estaba despierta – levantada- y me encontré  clamando  al Señor diciendo: ¨Señor, no puedo terminar de preparar esta sesión. No logro que haga  sentido para mí. No termino de encajar las ideas. Por favor, ayúdame.¨

La pregunta es: ¿Cuando termine, seré tan rápida  en volver a Él y expresarle mi gratitud con tanta honestidad como cuando  clamé por Su gracia?

¿Eres tan expresiva en comunicar tu gratitud como lo eres en comunicar tus necesidades?

Este hombre “Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dió  gracias”.

Esta es una imagen de adoración y humildad. Me gusta el contraste aquí, porque cuando leímos en el principio de este pasaje, estos diez hombres, cuando todavía eran leprosos, “se habían quedado a cierta distancia”, pero ahora, habiendo sido los recipientes de la gracia de Cristo, él se acercó a Jesús. Él cayó rostro en tierra justo a sus pies.

¿Cuál fue  el que estuvo más cerca de Jesús? ¿Cuál fue el único que se acercó a Jesús? El que fue agradecido. El  que expresó gratitud.

Yo creo que los otros la deben haberla sentido, pero no la expresaron. Ellos no regresaron a decirlo. Cuando tú y yo expresamos gratitud a Jesús, es en ese momento  cuando nos acercamos más a Él de lo que nunca antes hemos podido hacerlo.

Es interesante que la Escritura nos da esa pequeña frase, ¨Él era samaritano¨. Aparentemente los otros eran judíos. ¿No es interesante que con frecuencia los que han estado más expuestos a la verdad de Dios sean los que con menor probabilidad regresan y dicen, ¨gracias¨?

Nunca he conocido otra cosa que no sea la gracia de Dios en mi vida. Fui salvada a los cuatro años. Crecí en un hogar donde siempre estaba escuchando acerca de los caminos y de la Palabra de Dios. Siempre he sabido he conocido  la gracia de Dios, y encuentro que, a veces, las personas que no han crecido en ese tipo de ambiente, y que han  conocido la gracia de Dios más tarde en la vida, son mucho más rápidas para expresar gratitud porque no han tomado la gracia de Dios por sentada. Ellos recuerdan bien lo que era no tener la gracia de Dios.

A veces vemos a estos nuevos creyentes, y ellos están tan entusiasmados por su fe nueva, y expresan su gratitud hacia el Señor. A veces nosotras, que hemos estado en esto por mucho tiempo, como que los queremos aquietar, queremos nivelarlos, como ¨Ya se les pasará.¨ Bueno, ellos lo harán si se sientan a nuestro lado en la iglesia.

Ellos están tan agradecidos, que no les importa quién los escucha o lo que las personas piensen de ellos cuando expresan su gratitud al Señor  en voz alta. Ellos no saben más que cantar cuando se cantan canciones de alabanza en la iglesia. Algunas de nosotras que hemos sido creyentes por más tiempo nos sentamos ahí o estamos de pie y balbuceamos las palabras, pero a veces estos que han tenido menos tiempo, son los más rápidos para expresar gratitud y agradecimiento. Y así en el versículo 17 dice Jesús contestó,  ¨ ¿No eran diez los que fueron limpiados? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo quien volviera y alabara a Dios sino este extranjero? Y al samaritano le dijo: Levántate y vete. Tu fe te ha salvado¨. (versos 17-19 RVC)

Literalmente la traducción ahí es ¨tu fe te ha salvado¨. Los otros hombres recibieron sanidad física, pero este hombre recibió sanidad física y espiritual –sanidad física y salvación espiritual– porque yo creo que él estaba poniendo su fe en Cristo, reconociendo que Cristo era Dios y era el Salvador.

Jesús expresó asombro de que solo este extranjero hubiera regresado a dar gloria a Dios. Me pregunto si desde su lugar en el Cielo hoy, Él no estará expresando asombro todavía de que haya tan pocos que regresemos a decir, ¨gracias¨.

Somos tan rápidas para disfrutar el regalo y tan rápidas para olvidar al Dador.

Edward Spencer sacó 17 pasajeros de las aguas heladas del Lago Mchigan y ni uno jamás regresó a decir, ¨Gracias; gracias.¨

La gracia ha abundado hacia nosotras como pecadoras culpables. Que nuestra gratitud sea tan sobreabundante como la gracia de Dios.

Carmen: Yo quiero ser como el único hombre que regresó a su Sanador y dijo, ¨gracias¨.

Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando porque la gratitud debiera seguir de manera natural al perdón. Este tema tendrá un profundo efecto en tu vida. La gente disfrutará estar a tu alrededor cuando mantengas un espíritu agradecido. Más importante aún, tú traerás gloria a Dios al expresar gratitud con gozo por todo lo que Él ha hecho.

Aprende cómo desarrollar y comunicar gratitud leyendo el libro de Nancy,  “Sea Agradecido: Su camino al gozo”.

¿Te encuentras manteniendo dos listas: una lista de grandes pecados y otra de pequeños pecados? Bien, ¿dónde crees que cae la ingratitud en esas listas? Hablaremos acerca de esto el lunes. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

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