2/2 – Encuentra Aceite Fresco

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Unción Divina

2/2 – Encuentra Aceite Fresco

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss dice: “Si tan solo confías en tus habilidades naturales, no estás confiando en algo lo suficientemente fuerte”.

Nancy Leigh DeMoss: Estoy convencida de que hemos inoculado personas en contra de la verdad, en contra de que la Verdad penetre sus corazones porque hemos colocado sobre ellas capas y capas de contenido, pero no los hemos llamado al arrepentimiento ni a creer y obedecer el Evangelio; no los hemos exhortado a obedecer. Y esto toma tiempo.

El mundo y la iglesia no necesitan ver lo que nosotros podemos hacer.  Ellos ya han visto lo que somos capaces de hacer. Necesitan ver lo que solo Dios puede hacer.  

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh de Moss en la voz de Patricia de Saladín.

Para ministrar de forma efectiva y edificar el reino de Dios necesitas una vida ungida. Dios necesita  estar obrando en ti antes de que Él pueda obrar a través de ti en otras personas. Nancy ya explicó esto en el programa de ayer, titulado “Unción divina”.  Aunque preparó este mensaje para líderes de ministerio, todos podemos beneficiarnos de este estudio acerca del poder de Dios.

Vamos a retomar el segundo punto del mensaje: para poder ministrar de manera efectiva es necesario tener unos labios ungidos.

Nancy: Si tuviésemos labios ungidos, estaríamos señalándoles intencionalmente a los demás de manera constante, consciente y sin cesar a Cristo y a la Cruz. Todo se trata de Jesús.  De esto se trata el Evangelio.

Pablo dijo: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús”. (2 Corintios 4:5) “Pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Corintios 2:2). “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego.» (Romanos 1:16) “Yo soy el Alfa y la Omega—dice el Señor Dios—el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.» (Apocalipsis 1:8) Y de principio a fin toda la Escritura apunta hacia Cristo.

Antes de empezar mi programa radial diario, tenía alrededor de quince mensajes. Tuve un ministerio de mujeres itinerante por alrededor de unos quince años.  Luego empezamos  con este asunto de tener un programa de radio diario, y me di cuenta que había mucho de las Escrituras que debía ser enseñado. Ha sido un gozo el empezar a extraer más de todo el consejo de Dios y proclamarlo a la vida de las mujeres. El gozo, y a la vez reto más grande de mi ministerio hacia las mujeres, es encontrar a Cristo en todas las  partes de las Escrituras.

Recientemente estaba grabando una serie de mensajes (lo  compartí ayer con algunas jóvenes) sobre la vida de Miriam.  Mientras me preparaba para empezar, me di cuenta; “Todavía no he señalado a Jesús en este texto. Así que pensé: “¿Dónde está Cristo?  ¿Dónde está Él?” Siempre lo estoy buscando a Él, buscando el Evangelio. Es emocionante para mi encontrarme continuamente con Cristo en las Escrituras, y ser capaz de  mostrarlo a Él, mostrar  Su Evangelio en cualquier cosa que esté enseñando.

Hoy no se necesita ningún mensaje nuevo.  Es la misma antigua historia. Me gusta contar la vieja, la antigua historia de Jesús y de Su amor, y no me canso de contarla.  Por toda la eternidad estaremos cantando, contando y adorando al Cristo crucificado, al Cordero que fue inmolado antes de la fundación del mundo.  Esa es la Verdad.  Ese es el Evangelio.  Jesús dijo que si levantamos a Cristo, entonces Él atraería  a toda la humanidad a Él mismo (Ver a Juan 12:32). 

Si tenemos labios ungidos nos comunicaremos con fervor, con seriedad y convicción. Si no creemos que lo que estamos diciendo es crucial, ¿por qué habrían de creerlo los que nos escuchan?  Al escuchar la enseñanza y la proclamación de la Palabra, a menudo me pregunto: ¿Dónde está la pasión?

Dice Marcos capítulo 1 «Y se admiraban de su enseñanza, de la enseñanza de Jesús; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (verso 22) Si alguien habla, debería hacerlo como uno que habla las mismas palabras de Dios.

“Por tanto, conociendo el temor del Señor”, dijo Pablo,  “persuadimos a los hombres…. Pues el amor de Cristo nos apremia”. (2 Corintios 5:11 y 14).  “Les imploramos en nombre de Cristo que se reconcilien con Dios.”

El apóstol Pablo no estaba interesado en tan solo darle más información a las personas.  Les estaba rogando, suplicándoles que se reconciliaran con Dios.

Pablo les dijo, “Hijitos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros,” (Gálatas 4:19 LBLA). Vemos ambas cosas seriedad y convicción.

Entonces, mientras lo hacemos de esa forma, Dios nos llama a confrontar el corazón y la voluntad—los corazones y voluntades de los que nos escuchan.  Porque el objetivo es la transformación; no tan solo la información.  No queremos que los que nos escuchan simplemente conozcan más acerca de Dios. Queremos que ese conocimiento transforme la manera en que ellos viven.

En el Nuevo Testamento podemos ver ese elemento de convicción. Se compungieron de corazón después que Pedro predicó en el día de Pentecostés. La prédica de Esteban penetró sus corazones.    ¿Cuánto de esto vemos hoy en día, personas siendo convencidas de pecado, afligidas por la convicción?

Siempre encontramos esto en la historia del avivamiento.. ese sentido sobrecogedor de la presencia de Dios, esa convicción de pecado que nos humilla.

Sé que ésta es una obra del Espíritu, y nosotros no podemos fabricarla. Pero creo que es sumamente importante y por eso en mis enseñanzas estoy tratando de incluir una proclamación que incluya la exposición de la Palabra de Dios. Si la Palabra de Dios no está ahí no hay poder—una ilustración extraída de las Escrituras; una aplicación, aplicación práctica, y luego la confrontación de la voluntad.

A menudo en mis notas para el programa de radio escribo dos letras AP—aplicación personal. O escribo: una P—Personalízalo. Es un recordatorio que pongo en mis notas para pasar de la información y llegar a los corazones de esas mujeres. Personalízalo; hazlo personal para ellas.  Haz preguntas que traigan convicción a la conciencia—preguntas de autoexamen para que no puedan dejar de pensar acerca de lo que van a hacer al respecto. Así que les pregunto: “¿De qué manera está alineada tu vida con  esta verdad que estoy enseñando? ¿Qué vas a hacer con relación a lo que acabas de oír?

Oswald Chambers dice,

Lo que el mundo necesita no es un poco de amor, sino una operación quirúrgica. El llamado de un obrero del Nuevo Testamento es develar el pecado y revelar a Jesucristo como Salvador. Debemos sondear tan profundo como Dios lo ha hecho con nosotros, y con agudeza y sensibilidad llevar esas verdades directo a casa, aplicándolas sin ningún temor.

Esto significa tener la disposición de:

Ser profetas de Dios.

De hablar la verdad aun cuando no sea agradable.

De hablar la verdad aun cuando haya resistencia.

Hablar la verdad aun cuando implique un mensaje de advertencia o de juicio.

Ser libres del temor a los hombres o del amor por la alabanza de los hombres. Ser libres de la necesidad de aprobación de las personas a las que estamos hablando.

Cuando empecé el programa de radio una de las cosas que el Señor me ayudó a establecer en mi corazón, fue esa conciencia de que no iba a hablar por un salario, o para obtener un índice de audiencia, o para salir en un gran número de estaciones—no que esto no haya sido un reto para mí.  Pero me propuse, con Su ayuda y por la gracia de Dios, hablar la Verdad, la Palabra de Dios y la sabiduría de Dios,  sin importar a quién le molestara o cuán políticamente incorrecto fuera lo que debía decir. Deseo hacerlo con gracia, y de manera agradable, pero quiero hablar la Verdad. No puedo dejarme intimidar por la reacción o por la indiferencia de la personas.

Antes de salir al aire le dije al Señor: “Si servirte y ser fiel a Tu llamado significa que nuestro ministerio radial no va a durar mucho, entonces me apunto para eso. Dios, ayúdanos a llevarlo directo al corazón”.

Y entonces al final, solicitar, esperar una respuesta de parte de los oyentes. No dejarlos con la enseñanza y la predicación solamente. Recordar que no se trata tan solo de dar información, sino de transformación.  Cada vez que somos expuestos a la Palabra de Dios se requiere una respuesta personal. Si no lo hacemos dice Santiago que seremos como la persona engañada que mira su rostro en un espejo, y se va y dice: “Oh, eso no se ve muy bien”, pero no hace nada al respecto (Santiago1:23-24).

Estoy convencida de que hemos inoculado personas en contra de la Verdad, en contra de que la Verdad penetre sus corazones porque hemos colocado sobre ellas capas y capas de contenido, pero no los hemos llamado al arrepentimiento ni a creer y obedecer el Evangelio; no los hemos exhortado a obedecer. Y esto toma tiempo.

Recientemente leí acerca de una iglesia que empezó un servicio nuevo de  treinta minutos como un complemento a sus otros servicios.  Su sitio de internet promueve los servicios y dice: “¿Tienes más cosas en tu lista de cosas por hacer que el tiempo para hacerlo? ¿Necesitas arrancar tu semana con el enfoque energizante  de conectarte con Dios? Pues ven a nuestro servicio de treinta minutos”. No les diré cómo se llaman.  Pueden buscarlo ustedes mismos, pero su lema es: “Entra, sal y echa raíces”.

Ahora, con todo el respeto, solo digo que uno no entra, sale y echa raíces. Toma tiempo para que los corazones de las personas se afirmen en la Palabra de Dios.  Es semejante a llegar a la sala de parto con nueve meses de embarazo y una dilatación de seis lo que sea—no sé, porque nunca he dado a luz— y decir, “Rápido, sáquenme de aquí!”

Quizás tu has dicho esto o lo has estado pensado, pero se requiere de un proceso. Lo que está sucediendo es que se está abortando el proceso del parto. Me temo que esto es lo que está sucediendo en nuestro ministerio—se necesita tiempo para preparar el corazón, para proclamar, para responder.

Luego, debemos buscar intencionalmente y depender del poder del Espíritu Santo.  De manera consciente busca y depende del poder del Espíritu Santo, pidiéndole a Dios, ”Por favor Dios, dame aceite fresco”.

Me carga el corazón ver en tantos de nuestros círculos teológicamente ortodoxos… deseo decir esto con mucho cuidado.  No quiero generalizar porque sé que hay excepciones maravillosas. Pero en muchos de nuestros círculos teológicos, se deja muy poco espacio para la obra, o el ministerio sobrenatural, misterioso y fresco del Espíritu Santo.

Ahora, ninguna de las personas que tengo en mente negaría la obra del Espíritu Santo. Ellos enseñan sobre el Espíritu Santo, pero cuando se trata de esa obra misteriosa del Espíritu Santo y la unción de la vida y los labios del que la proclama, y del que escucha, hay cierto temor.  He visto este temor aferrarse de ministros y ministerios bíblicos y ha sido lamentable. El Espíritu, como el viento, se mueve donde Él desea. No podemos encerrarlo en una caja.

Debemos clamar a Dios por este aceite fresco, por el poder del Espíritu Santo porque la obra, el poder, no está en las palabras que hablamos.  No se encuentra en la elocuencia natural. No está en nuestros métodos impresionantes y contemporáneos. No es por fuerza; no es por nuestro poder. Es por Su Espíritu Santo, dice el Señor de los ejércitos.

Pienso en ese pasaje de 2da de Reyes capítulo 4 (versos 18-37) donde se encuentra la mujer que tuvo el hijo de manera milagrosa y luego éste murió.  Ella salió a encontrar a Elías, pues estaba segura que el hombre de Dios podía hacer algo al respecto. Qué gran hombre de Dios debe haber sido para que ella creyera esto, aunque este niño estaba muerto, él sería capaz  de hacer algo.

¿Recuerdan como Eliseo envió a su siervo,  Giezi, delante con su báculo?  Se imaginan a Giezi diciendo: “Tengo el báculo de Eliseo ahora. Lo he visto hacer cosas asombrosas antes.  Ahora yo tengo el báculo.”  Él se le adelantó a Eliseo,  y le colocó el báculo a  este cuerpo sin vida, y ¿qué paso?  Absolutamente nada porque los báculos no producen vida. La vida no está en las personas o en los callados, o en los siervos de una iglesia, o en los currículos o en los libros y programas.

¿Qué sucedió cuando Eliseo llegó a esta escena de muerte?  El colocó su propia vida sobre este cuerpo sin vida, cabeza con cabeza, mano con mano, brazo con brazo, cuerpo con cuerpo, pierna con pierna, y el oró, y Dios sopló el aliento de Dios en Eliseo, y a través de Eliseo a este cuerpo sin vida, y el niño resucitó.

Se trata de la obra del Espíritu Santo en la medida que nosotros entregamos nuestras vidas, no nuestros programas, no nuestras notas, no nuestros CDs, no nuestras ilustraciones, sino cuando nos ponemos nosotros mismos sobre esos cuerpos muertos, mientras clamamos a Dios diciendo: “Oh Dios, unge con el poder de tu Espíritu. Muévete; provoca que estos huesos secos revivan y se conviertan en un gran ejército”.

Y Dios, de una manera misteriosa, llena de gracia y maravillosa, mientras se movía sobre la faz de la tierra y mientas las tinieblas cubrían la faz del abismo, habló y el mundo fue hecho. Él habló y fue hecho.  Él  creó la vida.  Él hizo la luz, y de igual manera lo hace hoy cuando nos ofrecemos a Él.  Él nos llena, Él nos unge.  Él nos da el poder para  salir y ser instrumentos de vida.

Pablo dice: “Y ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. (1 Corintios 2:4-5).

Más veces de las que puedo contar,  he tenido con el Señor la conversación que tuvo María de Nazaret con el ángel en Lucas capítulo 1. Cuando le anunció Su llamado, ella dijo: “¿Cómo puede ser posible?” Cuando he sentido el llamado del Señor, he buscado Su rostro mientras me pregunto: “¿Cómo puede ser posible? No tengo lo que Tú me estás pidiendo que de.

Pero entonces ese versículo maravilloso—no sé cuál es mi versículo de vida, pero este sería uno de ellos— donde el ángel dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra” (Lucas 1:35). Ese es un ministerio ungido bajo el poder  y la sombra del Todopoderoso.

Nosotras somos débiles.  Somos inadecuadas. Somos pobres, pero tenemos esa fuente ilimitada de gracia y al Espíritu de Dios disponible para suplir nuestras necesidades, y nunca, nunca se agotará.  Simplemente volvemos una y otra vez a Él y le decimos, “Oh Dios, más, más, más aceite fresco; más de Tu aceite fresco.  Dame, Dios aceite fresco.”

He estado leyendo un libro titulado, “Los sermones de Charles Spurgeon sobre la muerte y la resurrección de Cristo”. Ha sido una lectura muy enriquecedora para mi alma.  He empezado a notar que el príncipe de los predicadores era absolutamente dependiente del poder del Espíritu Santo.  Se puede ver una y otra vez en sus mensajes.  Él dice cosas como: “Oh Espíritu del Dios viviente permite la bendita entrada del Cristo bendito en esta mañana”. En otro sermón decía,

“Amados hablo demasiado fríamente sobre un tema que debería mover mi propia alma primero y luego las suyas. Espíritu del Dios viviente, ven desde el cielo como un viento vivificador y permite que nuestro amor crezca y se convierta en una llama ardiente en este momento, si así Te place.”

Dependencia en el poder del Espíritu Santo.  De manera que  necesitamos orar para que el Espíritu Santo:

Ilumine y haga arder nuestros corazones;

Unja nuestros labios;

Prepare el terreno de los corazones que nos escuchan;

Abra sus ojos, y les de vista a los ciegos;

De entendimiento;

Aplique el mensaje;

Doblegue  las voluntades;

Conceda el regalo del arrepentimiento y la fe;

Preserve y proteja la semilla que ha sido plantada en sus corazones.

Esta última semana alguien me envió un correo electrónico sobre un nuevo libro que fue publicado. Se llama “Con o sin Dios”.  Fue escrito por una señora que nunca había oído mencionar. Es una apóstata muy liberal, una mujer, ministro de una Iglesia Unida de West Hill en Toronto.   En su libro, ella exhorta a la iglesia cristiana que se deshaga de lo que ella llama sus “mitos, doctrinas, y dogmas”.  En esencia ella está diciendo: “Desháganse de Dios; desháganse de Cristo; desháganse de la salvación”.  Les hace un llamado para que redefinan la salvación y a Dios en maneras que sean estrictamente seculares.

En la porción del libro que me enviaron, en particular me llamó la atención una parte en que ella dice: “Generalmente, no aparece ningún ser divino en los servicios litúrgicos dominicales de West Hill”.

Mi pregunta es la siguiente: ¿Acaso se podría decir lo mismo de muchos de nuestros servicios evangélicos y de nuestros ministerios?  “Por lo general, ninguna presencia divina hace su aparición”.

Nunca decimos que podemos arreglárnosla sin Dios, pero ¿cuánto de lo que hacemos lo estamos haciendo nosotros mismos? ¿Cuánto de lo que hacemos puede ser explicado apartados de Dios? Con o sin Dios. Creo que eso define el tema de si sentimos contentamiento al seguir adelante sin la unción del Espíritu de Dios.

El mundo y la iglesia no necesitan ver lo que nosotros podemos hacer.  Ellos ya han visto lo que nosotros podemos hacer.  ellos necesitan ver lo que sólo Dios puede hacer.

Un pastor amigo de mucho tiempo, que nos ha acompañando en el ministerio “Un Clamor” en los últimos años, me envío un correo electrónico hace dos años.  Este mensaje realmente me tocó.  De hecho, me reenvío  este correo cada vez que me estoy preparando para hablar o para participar en algún ministerio público para recordarme  esta encomienda.

Él dijo,

Llevo una carga de que la unción de Dios descanse sobre ti.  Nunca la des por sentado.  Es el poder que penetra el corazón del asunto. Dicha unción viene por la gracia de Dios, pero a través de un gran precio.  Un precio que vale la pena a la luz de la necesidad y de la eternidad.

No permitas que tu ministerio se ponga rancio.  No permitas que se convierta en un programa o en una fórmula.  Date cuenta que siempre es Cristo la respuesta y la necesidad, tanto de hombres como de mujeres. Lleva a las personas a Cristo. Considera cada programa, cada página de cada libro que escribas, cada entrevista, cada conversación, como una oportunidad para dirigir Su pueblo a Su presencia, porque esto es  lo que necesitamos.  La evaluación de todo en tu ministerio debe ser: ¿Estaba Dios allí? ¿Encontraron las personas al Dios del universo? ¿Mengüé yo para que le pudieran experimentar y ver con claridad?”

Este es mi clamor.  Oh Dios, aceite fresco.  La unción, el poder del Espíritu Santo, la llenura de esos ríos de agua viva que Tú prometiste que fluirían de nosotros y a través de nosotros si somos llenos de tu Espíritu.  Es el corazón de Moisés cuando dijo: “Oh Dios si tu presencia no va con nosotros, no podemos seguir adelante”.

No quiero sentirme satisfecha, y no creo que tú tampoco quieras estarlo, con la cotidianidad, con vidas y ministerios que se puedan explicar, con vidas que puedan ser vividas sin Dios.

Oh Dios,  a Ti clamo por aceite fresco, por la unción de Tu Espíritu. Y luego, por fe, habiendo suplicado por aceite fresco, que podamos recibirlo y creerle a Dios, amén.

Leslie: ¿Has hablado a menudo según tus propias fuerzas? ¿Has hablado según tu propia sabiduría? Nancy Leigh DeMoss me ha hecho hacer un alto en el camino y evaluar mis palabras.  ¿Estoy procurando la llenura de Dios antes de hablarle a los demás? Nancy le dio este mensaje a líderes de ministerio en la conferencia Un clamor del corazón, hace unos años atrás.

¿Aprecias el poder escuchar las enseñanzas de Aviva Nuestros Corazones?  Podemos llegar a ustedes gracias a  las oyentes que apoyan este ministerio financieramente.

Nancy está conversando con una de esas radios escuchas que han decidido dar.  Vicki Rose conoce el gozo de esparcir la Palabra de Dios apoyando a Aviva Nuestros Corazones.  Nancy habla con ella sobre la razón por la cual ella es una de nuestras colaboradoras.

Nancy: Conocemos muchas personas que han sido bendecidas por el ministerio, que han sido impactadas pero nunca han sido movidas a ofrendar para el ministerio. Vicki ¿podrías compartir unas palabras para motivar a estos oyentes a colaborar con nosotros—aquellos que nunca han ofrendado?

Vicki Rose: Me encantaría animarte.  Si nunca has ofrendado a Aviva Nuestros Corazones,  hay un gozo en asociarse con un ministerio que alcanza tantas mujeres alrededor del mundo, no tan sólo en Estados Unidos.

Estuve en Rusia el año pasado en una conferencia y las mujeres allá están escuchando a Aviva Nuestros Corazones. También en la República Dominicana en muchos lugares de América Latina, y por todos los Estados Unidos.  Tan solo deseo animarte a hacerte una colaboradora frecuente, porque cuando lo haces, estas asociándote con la Palabra de Dios siendo predicada en todo el mundo, lo cual es parte de la gran comisión.

Nancy: Espero que cada oyente considere lo que el Señor puede estar animándola a aportar para ayudarnos a continuar llegando a tantas mujeres alrededor del mundo con este mensaje.

Te invitamos a entrar a AvivaNuestrosCorazones.com para que hagas tu aporte y conozcas cómo puedes convertirte en una de nuestras colaboradoras frecuentes.

Leslie:  Estamos agradecidas de las personas que han abrazado este mensaje y que lo han apoyado. Y, hablando de gratitud… Esa palabra trae consigo en esta época imágenes de personas sentadas alrededor de una mesa compartiendo una comida en familia. Pero la verdadera prueba de la gratitud viene en medio de circunstancias difíciles. Aprende cómo ser agradecida independientemente de lo que esté ocurriendo a tu alrededor, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Voz adicional: Vicki Rose, en la voz de Magdalena Zavala.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

1/2 – Encuentra Aceite Fresco

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Unción Divina

1/2 – Encuentra Aceite Fresco

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham:  Cuando experimentas la unción de Dios, eso afecta toda tu vida. Nancy Leigh DeMoss comparte un ejemplo con nosotras.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Cuántas de ustedes tienen hijos adolescentes? Ustedes como padres necesitan una unción del Espíritu Santo.  

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuál es la mayor dificultad que debes enfrentar hoy? ¿Estás apoyada en el poder de Dios o en tus propios talentos? Pues bien, hoy seremos recordadas acerca de por qué necesitamos la fortaleza de Dios para todo.

Nancy compartió este mensaje por primera vez ante un grupo de  líderes ministeriales, pero sea que tengas un ministerio público o que estés tras bastidores, el mensaje de hoy te ayudará a encontrar la fortaleza que necesitas.

Nancy: Las personas frecuentemente me preguntan cómo pueden orar por mi. Les estoy muy agradecida cuando me preguntan o cuando oran por mi, y si le preguntan a mi equipo de trabajo cuál es la respuesta más frecuente que doy a esa pregunta, creo que todos estarían de acuerdo en decir que lo que casi siempre digo es: “Por favor oren para que Dios me conceda aceite fresco, oren para que el Espíritu Santo unja mi vida y mi ministerio.

Este asunto del aceite fresco— la unción del Espíritu Santo—es algo que ha estado en mi corazón por muchos, muchos años. Probablemente le he pedido al Señor en oración por una unción de Su Espíritu Santo más que por cualquier otra cosa. No creo que exista algo por lo que haya rogado más.

Cuando leo  pasajes como 1era a los Tesalonicenses capítulo1, versículo 5 donde el apóstol Pablo habla sobre la naturaleza de su ministerio a los tesalonicenses, casi me quedo sin aliento cuando leo donde dice: “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”.

Mientras leo esas palabras, pienso, ¿cómo sería ese ministerio? ¿Cómo sería estar bajo el ministerio de un hombre que habla no solo con palabras sino también con poder con el Espíritu Santo con tanta convicción, con plena certidumbre?

Como Dios me llamó a ministrar Su Palabra a las mujeres, esto es algo que siempre he anhelado. Oro por eso, sueño con eso, pido a Dios por eso.  ¿Cómo sería el ministrar la Palabra de Dios no solo en palabras sino en el poder del Espíritu Santo y con esa convicción?

No pretendo de ninguna manera haber comprendido lo que significa ministrar con la unción del Espíritu Santo; el tener aceite fresco. Siento que solo he tocado el borde de Su manto y de Sus caminos, en lo que se refiere a este asunto. Pero cuando me pidieron que viniera a compartir con ustedes esta semana sentí la carga de comunicar algo que ha estado en mi alma por muchos años, compartir el fruto de mi meditación mientras he venido debatiéndome sobre este tema de la unción del Espíritu.

Yo sé que ustedes saben que existe una conexión a través de las Escrituras entre el tema de la unción, el aceite y el Espíritu Santo. Lo podemos ver en diferentes formas. En el Antiguo Testamento, recordarán cómo los profetas, los sacerdotes y los reyes eran ungidos con aceite significando esto que ellos habían sido apartados para el ministerio,  para servir al Señor. Ellos eran consagrados con aceite, el cual era un símbolo del Espíritu Santo. Ellos eran consagrados debido a su llamado y eran empoderados para servir al Señor.

“Los ungirás y los consagrarás y santificarás, para que sean mis sacerdotes”. Éxodo capítulo 28 versículo 41  Y con la unción venía siempre el poder del Espíritu Santo para el servicio. Piensa en cómo David fue ungido por el profeta Samuel para ser rey.  En 1ra de Samuel capítulo 16 versículo 13 dice: “A partir de aquel día vino sobre David el espíritu de Jehová” .

La unción con aceite—un símbolo físico y visible de la obra interior de Dios por medio del poder de Su Espíritu.  Me encanta la palabra “poderosamente”. El Espíritu de Dios cuando viene, viene con poder, llega con poder sobre Sus siervos. Claro, sabemos que Jesucristo, el más grande de los profetas, sacerdote  y rey, es el Mesías—lo cual en hebreo significa “el ungido”.

Las Escrituras nos dicen en Isaías capítulo 61 versículo 1, esperando el ministerio ungido de Cristo como profeta, sacerdote y rey, “El espíritu de Jehová, el Señor, está sobre mí, porque me ha ungido Jehová. Me ha enviado a predicar buenas noticias a los pobres”.

Y no solo los creyentes del Antiguo Testamento y Cristo mismo, sino que también a nosotros, los creyentes del Nuevo Testamento, hemos sido apartados como reyes y sacerdotes del Señor. En 2da a los Corintios capítulo 1 se nos dice que Dios mismo nos ha ungido, “nos ha sellado y nos ha dado, como garantía, el Espíritu en nuestros corazones.” ¡Qué regalo tan preciado y lleno de gracia! El regalo del Espíritu Santo.

Se nos ha dicho “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos”. (Hechos 1:8). Ahora bien, ¿quién es que necesita esa unción? Nosotros necesitamos la unción del Espíritu para hacer cualquier cosa que Dios nos llame a hacer para servirle. Claro, aquellos de ustedes que están predicando y proclamando la Palabra de Dios—o enseñando la Palabra—necesitan la unción del Espíritu Santo para proclamarla.

Muchas de ustedes no están  involucradas en la proclamación de la Palabra de forma pública, pero dan consejería, discipulan, evangelizan y comparten el Evangelio. Todos necesitamos unción del Espíritu Santo cada vez que abrimos la boca para servir al Señor, para poder tocar y hablarle a la vida de otros—para todo tipo de ministerio:

Para ser padres. ¿Cuántas de ustedes tienen adolescentes? Ustedes necesitan una unción del Espíritu Santo.

Necesitamos unción para criar a los bebés y a los niños pequeños;

Para criar a los  hijos mayores;

Para cualquier acto de servicio;

Para servir en el ministerio de adoración;

Para liderar en las alabanzas;

Para el don de administración, de ayuda y de misericordia.

En todas esas formas de servicio al Señor nosotras necesitamos unción, el aceite fresco del Espíritu Santo de Dios, pues los resultados espirituales jamás vienen como resultado de medios naturales (¿y por qué otra cosa estaríamos sirviendo al Señor?). Los medios naturales no pueden producir resultados espirituales.

Estoy convencida que este asunto de la unción del Espíritu Santo es uno de los ingredientes esenciales de un ministerio. También estoy convencida que en el mundo evangélico del siglo XXI, es uno de los ingredientes más descuidados y pasados por alto y escasos.

Ahora bien, sabemos que la unción no tiene nada que ver con nuestras habilidades naturales, sino que tiene que ver con una infusión sobrenatural del Espíritu Santo. He visto algunos de los más talentosos comunicadores naturalmente hablando y obreros de Cristo que no parecen tener esta unción. Ahora bien Dios es el Único que sabe  y que mide y cuantifica todo esto.

En el mismo sentido he visto, claramente y sin lugar a dudas, evidencias de la mano sobrenatural y el aliento de Dios sobre algunos  que tienen habilidades y talentos promedios, ¿cómo explican eso? Es la unción y el poder del Espíritu Santo.

Ahora bien, seré la primera en decir que cuando entramos en este ámbito, estamos entrando en algo que es un misterio. No puedes demostrar la unción de Dios en un tubo de ensayo, no lo puedes cuantificar, pero sabemos que es vital, que es real, no es algo fabricado o algo que puedes hacer que suceda, no existe una fórmula… ojalá la hubiera, pero no la hay.

Es la obra de Dios, el regalo de Dios. Pero me he preguntado durante estos años, siendo este el caso, ¿qué parte jugamos nosotros en todo esto? Se me ocurre que hay varios elementos que tienen que ver con este asunto de la unción en nuestras vidas y en nuestros ministerios y creo que se pueden dividir en dos aspectos.

En primer lugar, está una vida ungida—esta consta de mi preparación personal para el ministerio de la Palabra. Y luego, [¡oh que Dios nos lo conceda!] están los labios ungidos, la proclamación poderosa de la Palabra de Dios, ya sea delante de una persona o frente a una multitud.

Entonces, veamos primero la vida ungida—nuestra preparación personal para proclamar el Evangelio, la Palabra de Dios . Creo que  una vida ungida es el fundamento para la preparación de nuestros mensajes y de la proclamación. Claro, la proclamación del mensaje es esencial. Invierto muchas horas a solas en mi estudio. Tengo que preparar 260 programas al año.  y tomo en serio esta responsabilidad de predicar la Palabra de Dios. Me paso muchas horas al día estudiando y leyendo y pensando, bosquejando y haciendo anotaciones y preparando mensajes.

Pero cuando ya está dicho y hecho, si hago todo eso y no tengo una vida ungida, una vida que está preparada para estudiar y para buscar al Señor para ministrar la Palabra, entonces toda proclamación sería en vano. No tendré la unción del Espíritu Santo.

Leemos en las Escrituras que Esdras dispuso su corazón, de manera intencional, a estudiar la ley de Dios y luego a enseñar sus estatutos y reglas en Israel. Él dispuso su corazón. Su vida estaba ungida, él dispuso su corazón a conocer la ley por sí  mismo en primer lugar, para vivirla luego, para tener un mensaje de vida, y luego proclamarlo.

Me encanta el versículo 3 del Salmo 39 …“ Ardía mi corazón dentro de mí;        mientras meditaba, se encendió el fuego;        entonces dije con mi lengua”. ¿Cuántas veces hablamos con nuestra lengua, sea a una persona o a un grupo, sin antes asegurarnos de tener ese ardor en nuestros propios corazones? Para tener una vida ungida, debemos dejar que Dios nos hable primero a nosotros antes de nosotros proclamar Su Palabra a otros.

¿Te das cuenta? Ves esto a través de toda la Escritura. Lees sobre Moisés, quien fue a ese lugar de reunión. Allí estuvo delante del Señor para que le hablara y luego salió para hablarle a los hijos de Israel, para comunicarles lo que Dios le había dicho en el lugar de reunión o en la montaña.

Al final del capítulo 3 de 1ra de Samuel y al inicio del capítulo 4, hay una secuencia que es muy bella y poderosa. Dice.: “El Señor se le revelaba a Samuel “(v. 21). Él se revelaba a Sí mismo, ¿pero cómo? Por la Palabra del Señor. El Señor habló a Samuel y luego “llegaba la palabra de Samuel a todo Israel” (1 Samuel 4:1).

Me encanta ese comentario—ese divino comentario—sobre la predica de Samuel y su ministerio profético. Dice que el Señor  “no dejó sin cumplimiento ninguna de sus palabras” (1 Samuel 3:19). He buscado al Señor para esto, le he pedido esto. Te vuelves más cuidadosa con tus palabras pues quieres asegurar que has escuchado la voz de Dios, que has escuchado Su Palabra antes de pronunciarla. Por fe hemos dicho “No dejes que caiga en tierra ni una de tus palabras”. Bien y, ¿cómo sabes que esto va a suceder? Obtienes tu palabra de la Palabra del Señor primero.

Ezequiel experimentó esto. He leído el llamado de Ezequiel muchas veces a través de los años, y he tenido la sensación de que Dios estaba haciendo la obra en mi propio corazón cuando Él dijo, “Y tú, hijo de hombre, escucha lo que te hablo…  Abre tu boca y come lo que te doy”. (Ezequiel 2:8). Luego Dios le dio un rollo con algo escrito. Eran palabras de lamentaciones, de ayes y de juicio. No eran palabras dulces.

Y Dios le dijo en el capítulo 3, versículo 1: “come lo que tienes delante; come este rollo, y ve, habla a la casa de Israel… recibe en tu corazón todas mis palabras que yo te hablo, y escúchalas atentamente, y luego háblalas a tu gente” (1-11 parafraseado). El comerse el rollo es un símbolo de interiorizar la Palabra de Dios, digerirla hasta que nos queme con una llama de fuego inextinguible. La pasión de Dios debe primero llenarnos a nosotros, antes de nosotros pretender proclamarla con poder.

Jesús dijo “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar“ (Juan 12:49). El apóstol Juan dijo con relación a la Palabra de Vida dice “lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros”. No podemos darle a otros lo que no hemos recibido de Dios. Debemos proclamar lo que hemos visto, escuchado y experimentado por nosotros mismos.

Y continuando en este mismo sentido, nuestra vida debe encarnar o ilustrar lo que proclamamos a otros. Si la verdad no nos ha cambiado, no es probable que cambie  a nadie cuando la proclamemos.

Volviendo a 1era a Tesalonicenses en el capítulo 1 en los versículos 5-6, el apóstol Pablo dijo: “como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros. Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor. Vosotros sois testigos, y también Dios, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes” (2:10).

El apóstol Pablo entendió la importancia de un mensaje de vida, y por eso él podía decir: “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo”. (1 Corintios 11:1)

Una de las cosas que rompe mi corazón es que muchos en nuestras iglesias evangélicas… es algo que escucho constantemente… recibimos correos electrónicos de la gente que está en buenas iglesias—iglesias bíblicas; iglesias donde se predica la Palabra. Muchas de estas personas no están conectando los puntos entre la ortodoxia y la ortopraxis. No están entendiendo y  no puedo dejar de preguntarme, ¿será que no están viendo encarnadas en nosotros las verdades que estamos proclamando? ¿Será que no las estamos viviendo?

Oswald Chambers habla mucho sobre esto y dice: El mensaje debe ser parte de nosotros mismos. Nuestra vida debe ser el sacramento de nuestro mensaje. Antes de que el mensaje de  Dios pueda liberar otras almas, la liberación debe ser real en ti.

Debo decirles que vivo una vida pública. Y una de las razones por las que no quería ser llamada a este ministerio radial en un principio, era porque humanamente deseaba tener algo: anonimato. Sabía que si decía que sí a este llamado, no volvería a tener una vida privada y esto ha demostrado ser cierto. Tuve que llegar a un punto donde el Señor me recordó que no era mi vida, sino la de Él, y que debía ser partida como pan y derramada como vino por el bien de los demás.

Como la vida está tan expuesta, todo lo que hagas la gente lo observa, estás bajo escrutinio; y siempre te están evaluando y muchas veces eres malentendida.

Yo vivo con temor santo de ese Día, ese Día con D mayúscula, cuando hasta el último vestigio de mi vida privada se presente abierto y desnudo y expuesto ante el que todo lo ve y todo lo sabe, delante del que todo lo escudriña, delante de los ojos de un Dios santo que ve y sabe lo que la multitud no ve.

Delante del Dios que sabe quién soy detrás de la escena, en los lugares privados, en los lugares secretos de mi corazón, en los lugares escondidos de mis pensamientos. El Dios que sabe que si mi vida no encarna (aún en  lugares privados) la verdad que estoy proclamando,  entonces perderé la unción y el poder del Espíritu Santo en mi ministerio público.

Y no solo es importante tener una vida ungida, sino también labios ungidos. Algunas cosas que Dios ha puesto en mi corazón en cuanto a esto: Primero debemos cultivar y comunicar  un temor reverencial por la Palabra de Dios. La Palabra habla acerca de temblar cuando estamos frente a la Palabra de Dios y no ves mucho de eso en estos días. Entre las personas que conoces no se escucha mucho de ese  temblar ante la Palabra de Dios.

Mi corazón se sobrecoge cada vez que pienso en la enorme responsabilidad que es tomar este Libro en mis manos, manejar la Palabra de Dios y hablar la Palabra de Dios a las vidas de otras personas. Yo siento temor de esa responsabilidad y no quiero nunca tomar a la ligera lo que significa proclamar la Palabra de Dios.

Agustín dijo: “Cuando las Escrituras hablan, Dios habla”. Debemos cultivar un sentido de admiración por la Palabra de Dios al compararla con nuestras propias palabras, cuando comunicamos la maravilla de las Escrituras y el hecho de que Dios nos hable.

Eso nos debe cautivar. Y si nos cautiva, cautivará a otros. No podemos esperar que la gente se impacte por la verdad más profundamente de lo que nuestros propios corazones han sido cautivados e impactados.

Así que otra vez, tenemos que confiar en el poder de la Palabra—el Poder de Su Verdad. No son nuestras palabras las que dan vida.

Jesús dijo “ las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Hay una tendencia en la cultura consumista en la  que vivimos, a depender de los dones y talentos naturales y a aplaudir las habilidades y los dones naturales de los demás, y sus habilidades de comunicación.  Todo viene empacado. Vemos mucha creatividad. Mucha innovación. Presentaciones.

Y no me opongo a esas cosas, pero son solo herramientas, son inútiles y vacías, son vanas si no ponemos nuestra confianza en la Palabra de Dios y en el poder de Su Palabra. No subestimen el poder de la Verdad, sin adornos, para producir vida en alguien.

Es la Palabra de Dios que trajo al mundo a  existencia.

Es la Palabra de Dios que sostiene el mundo mientras nos sentamos en este lugar.

Es la Palabra de Dios que sana, convence, convierte y santifica.

Creo que hoy en día, debido a que no conocemos a Dios, no conocemos la Palabra de Dios, somos tan propensos a apoyarnos en un brazo de carne, nos apoyamos en lo externo, en la envoltura, en  las cosas bonitas  en vez de proclamar que la Palabra de Dios es poderosa.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12). Expone el corazón de los hombres y las mujeres y los hace poner su confianza en el poder de la Palabra de Dios y en Su verdad.

Martin Lutero dijo: “La Biblia está viva, me habla, tiene manos, se apodera de mi, tiene pies y me persigue”. Cuando me levanto a ministrar la Palabra de Dios a las mujeres, siempre voy con una sobrecogedora sensación de mi ineptitud y de mi debilidad y digo: “Oh Señor, yo soy arcilla. Unos pocos panes y peces es lo mejor que puedo ofrecerte. Pero toma Tu palabra y deposítala en los corazones de Tu pueblo”.

Creo firmemente en el poder de la Palabra de Dios para cambiar vidas. Si ustedes pudieran leer los correos que recibo día tras día de quienes escuchan el programa, que derraman su corazón y comparten cosas que muchas veces ni siquiera le dirían a su mejor amiga; cosas que no le han dicho a sus pastores; cosas que no le han dicho a los miembros de su familia. Y nos escriben y comparten los problemas y las necesidades de sus vidas.

Si no creyera en el poder de la verdad para hacer todas las cosas nuevas y para enderezar lo que antes estaba torcido, saldría a buscar otra vocación. Es la Palabra de Dios la que tiene el poder de cambiar vidas. La Palabra de Dios es como un fuego, como un martillo que rompe las rocas en pedazos.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss nos ha traído el mensaje Unción divina. Como ella explicó, todo el que quiera llevar gloria a Dios, necesita un vida ungida. Ella comenzó su segundo punto sobre “labios ungidos”, ella retomará el tema otra vez mañana. Hoy nos dijo  que si estamos dependiendo de nuestras habilidades naturales no estamos dependiendo de algo lo suficientemente fuerte.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Dios por los  hermosos testimonios que recibimos diariamente y que nos animan al ver cómo Dios está usando este programa para animar a tantas mujeres alrededor del mundo.

Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a la vida de las personas que la necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y ministrarles en las diversas situaciones.

Aviva Nuestros Corazones ha sido de bendición para muchos que se han mantenido fieles durante años. Pero este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando AvivaNuestrosCorazones.com  o llamando al 1-800-569-5959, desde los EE. UU. y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes o  simplemente dar una ofrenda.

Pero más que nada necesitamos tus oraciones. ¿Te animarías a orar para que Dios nos provea de los recursos necesarios para continuar esta obra?

Nancy: El mundo y la iglesia no necesitan ver lo que nosotros podemos hacer. Ellos ya han visto lo que nosotros podemos hacer. Ellos necesitan ver lo que solo Dios puede hacer.

Leslie: Esa es Nancy en el mensaje de mañana. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.