Dinero, ofrendas y la iglesia | Augustus Nicodemus Lopes

Dinero, ofrendas y la iglesia
Por Augustus Nicodemus Lopes

Teniendo en cuenta que la Biblia dice que el amor al dinero es la raíz de toda clase de males (1Ti 6:10), ¿deberíamos prohibir completamente a la iglesia cristiana cualquier referencia al “vil metal”? Creo que no, aunque la historia de la iglesia ha demostrado que la alerta de la Biblia es verdadera.

Muchos de los problemas ocurridos con pastores, predicadores y misioneros, que traen divisiones y escándalos tienen que ver con el dinero. Quien no recuerda los escándalos financieros involucrando algunos famosos evangelistas en distintas épocas, que incluso tenían programas de televisión y eran mundialmente conocidos. ¿O más recientemente, en mi país (Brasil), las denuncias que han surgido involucrando a líderes evangélicos?

Pero eso no es todo. Un enfoque erróneo sobre el dinero también acaba causando problemas en la propia concepción de lo que es la iglesia y de lo que es un cristiano. Puesto que toda iglesia mueve dinero de los miembros para sus fines apropiados, siempre aparecen problemas relacionados con el uso correcto de estos recursos y los derechos que ellos dan a quien contribuye.

La cuestión es tan seria que algunas iglesias decidieron no tener pastores remunerados, como es la Congregación Cristiana en Brasil, fundada en 1910 por Luis Francescon, en Paraná, al sur de Brasil. Cada pastor debe tener un empleo, del cual obtiene su sustento. Otras iglesias buscan hacer el levantamiento de las ofrendas de los miembros de la forma más discreta posible, siempre dejando claro que son contribuciones voluntarias, que no traen otro beneficio al donante sino el placer de contribuir.

Quisiera resaltar algunos puntos que creo están claramente expuestos en la Biblia, en cuanto a esto, buscando un equilibrio en este asunto tan delicado.

Todo lo que existe pertenece a Dios. Él es el Señor de todo y de todos. Nuestros recursos no son nuestros. Ni los de la iglesia. Somos administradores de los bienes que Dios nos ha confiado.
El dinero en sí no es bueno ni malo, dependerá del uso que hagamos de él y de nuestra actitud hacia él. Podemos usar el dinero o ser utilizados por él. Podemos usar el dinero para vivir, o vivir para el dinero. El dinero, cuando es bien empleado, se convierte en bendición para la vida de muchos.
La iglesia de Cristo, al estar en este mundo, tiene gastos con edificios, personal, impuestos, salarios, obra misionera y obra social. Para cumplir estos compromisos, ella busca recursos entre sus miembros. Todos los que participan en una iglesia deben contribuir generosamente al mantenimiento de la misma, no por obligación, sino por entender la tarea y la naturaleza de la iglesia.
Toda contribución a la iglesia es voluntaria. Ella debe ser hecha con amor y generosidad. Quien contribuye a la iglesia debe hacerlo sin esperar nada a cambio, ni favores divinos y ni privilegios humanos. El Señor Jesús dijo que nuestra mano derecha no debe saber lo que hace la izquierda, cuando se trata de dar y contribuir.
La contribución a la iglesia debe ser vista como un acto del culto que prestamos a Dios. Dar a la iglesia no es lo mismo que pagar una mensualidad o la prestación de tu automóvil o de tu casa. Por este motivo, muchas iglesias separan un momento en el culto donde los creyentes dejan sus contribuciones ante el Señor. En el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios entregaba sus contribuciones en medio de ceremonias religiosas cuidadosamente planificadas para destacar la soberanía de Dios sobre todas las cosas y nuestro deber de servirlo, incluso con nuestros bienes.
Nuestras contribuciones a la iglesia no compran beneficios de parte de Dios. Es verdad que Dios prometió bendecir y recompensar a los que ofrecen con corazón alegre, pero esta bendición es gratuita y no debe ser vista como “comprada” por dinero. Esto sería una grave ofensa ante Dios. Simón, el mago, pensó que podía comprar con dinero el don del Espíritu Santo, pero fue rechazado radicalmente por el apóstol Pedro.
Conclusión

Hay que tener mucho cuidado al tratar estas cosas en la iglesia. El dinero y la religión es una mezcla potencialmente explosiva. Los principios, reglas y límites deben estar claramente delineados. Los medios de gracia, el bautismo y la Santa Cena, son ofrecidos libremente por la iglesia a todos los verdaderos cristianos, sin que para esto se consulte la lista de los contribuyentes y de los no contribuyentes, si es que la misma existe. Servicios pastorales como funerales, visitas, etc., están disponibles gratuitamente a todos los que lo deseen. La iglesia sobrevive de ofrendas voluntarias, que nada piden a cambio. Y sin pedir nada a cambio, la iglesia también ministra los sacramentos y el cuidado por las almas. El Señor Jesús dijo a los apóstoles (y, por lo tanto, a todos los pastores): “De gracia recibieron, den de gracia” (Mt 10:8). Él se refería al evangelio, que debía ser impartido al pueblo gratuitamente.

Augustus Nicodemus Lopes
Es un ministro presbiteriano, teólogo, profesor, conferenciante internacional y autor de éxito. Augustus tiene una licenciatura en teología en el Seminario Presbiteriano del Norte en Recife, Brasil, una Maestría en Teología en Nuevo Testamento de la Universidad Reformada de Potchefstroom, Sudáfrica, y un doctorado en interpretación bíblica en el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia. Él es también un pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana de Recife.

¿Qué es la necedad? | Santiago Armel

¿Qué es la necedad? | Santiago Armel

La forma principal para referirse al necio en el Antiguo Testamento es la palabra hebrea כְּסִיל (kĕsîl). Se refiere a alguien que no solo es un ignorante, sino que de manera deliberada rechaza la sabiduría de Dios. Pero el necio no solo se opone a la sabiduría, sino que además es caracterizado por la imprudencia y la torpeza en todo su actuar. Por su parte el Nuevo testamento usa principalmente tres términos en griego para el necio. En primer lugar, el termino ἄφρων (aphrōn) que se refiere a alguien con un discernimiento pobre, también podría describir a uno que se considera experto en la religión, pero carece de conocimiento verdadero de Dios. En segundo lugar μωρός (mōros) que enfatiza las acciones de alguien que es un tonto o insensato y que, por consiguiente, sus juicios, acciones y palabras carecen de cualquier utilidad. Es la idea de «una falta de capacidad para el pensamiento o la acción correcta». Finalmente, el término ἀνόητος (anoētos) que se refiere a alguien que no piensa bien.

La necedad es la característica principal de aquel que decide abandonar a Dios en sus caminos. Para tener una comprensión amplia de la necedad, a continuación, se enlistarán algunas inclinaciones que caracterizan a los hombres necios y una última realidad esperanzadora para ellos.

El necio se inclina a la idolatría

La idolatría es la inclinación de adorar algo más en vez de a Dios. La tendencia natural del necio es dirigir su adoración a lo creado en vez de al creador (Jer. 10:8Ro. 1:21-25). Esto algunas veces se manifestará con ateísmo declarado y otras veces con ateísmo practico. El ateo declarado quiere convencer a su corazón de que Dios no existe, mientras que el ateo practico, aunque dice creer en Dios, vive su vida como si Él no existiera. El ateo declarado no asiste a la iglesia, mientras que el ateo practico repleta las bancas de muchas congregaciones.

La Biblia afirma que esta clase de necedad lleva a los hombres a la corrupción total (Sal. 14:1), a cometer actos abominables y alejarse del bien (Sal. 53:1). El necio injuria a Dios todo el día con sus palabras o con sus actos (Sal. 74:22).

El necio se inclina a la desobediencia

Ya que el necio rechaza lo que Dios tiene que decir, entonces su patrón característico de vida es la desobediencia. Es alguien falto de entendimiento en sus decisiones (Sal. 94:8). La Biblia lo describe como uno que se divierte haciendo el mal (Pr. 10:2313:1914:9). El hombre necio es arrogante y descuidado (Pr. 14:16) y no solo le basta con ser un díscolo, sino que le encanta mostrar a otros su sandez (Ec. 10:3).

El necio se inclina a la ira pecaminosa

Uno de los síntomas mas evidentes de un necio es que no puede controlar su carácter. Es explosivo, irritable, altivo y grosero en su conversar. Pero sobre todas las cosas, el necio se caracteriza por reaccionar de manera rápida (Pr. 12:16Ec. 7:9). No se detiene a considerar las consecuencias de sus actos o de sus palabras, simplemente actúa por impulsos y comúnmente está recibiendo las consecuencias dañinas de sus actos precipitados (Job. 5:2Pr. 10:21).

El necio se inclina a la destrucción propia

Este hombre desprovisto de sabiduría está causando su propia destrucción. Muchas veces el necio se pregunta: «¿Por qué nadie me honra y me respeta?». Parece ignorar que la causa de su mala reputación es su actuar cotidiano. Puede pensar que todos alrededor son perversos y hostiles con él, pero no se detiene a meditar en que él mismo es el problema (Pr. 3:35).

El necio según la Biblia busca su propia destrucción de varias formas, pero hay dos que destacan. En primer lugar, es un hombre rebelde a las autoridades (Pr. 10:8), ante su insurrección recibe el castigo. En segundo lugar, el necio tiene la tendencia a dejarse persuadir fácilmente por el pecado sexual. El pecado sexual acarrea la destrucción de su familia y su reputación. En términos bíblicos, va como el buey al matadero, o como uno en grillos al castigo (Pr. 7:22).

El necio se inclina a lastimar a los que le rodean

El necio no solo se destruye a sí mismo, también lastima a los que están a su alrededor (Pr. 13.20). Por ejemplo, en el libro de Proverbios se enfatiza la realidad de que un hijo necio trae dolor a sus padres (Pr. 10:1). Esta realidad puede suceder con hijos menores que actúan de manera descontrolada y traen vergüenza a sus papás. También con hijos jóvenes que actúan con rebeldía y sin freno a sus deseos y traen descredito a toda la familia. Finalmente, un hijo adulto y necio trae dolor a toda la familia pues constantemente todos son afectados por las malas decisiones que toma en cada área de su vida, esto incluye lo laboral, emocional, financiero, entre otras. Es por esta razón que la Biblia exhorta a los padres a ayudar a sus hijos a abandonar el camino de la necedad desde temprano. La biblia da esta instrucción en los siguientes términos: «La vara y la reprensión dan sabiduría, pero el niño consentido avergüenza a su madre» (Pr. 29.15).

El necio se inclina a ser orgulloso

El necio se tiene a sí mismo en muy alta estima. Se percibe mucho más grande e importante de lo que realmente es. Piensa que sus planes son geniales y que no necesita el consejo de nadie (Pr. 12:15). Su orgullo lo lleva a recibir golpes en la vida una y otra vez, esto debido a que no acepta la corrección y comete los mismos errores continuamente (Pr. 14:16). La Biblia usa términos muy gráficos para describir esta clase de obstinación cuando dice: «Como perro que vuelve a su vómito es el necio que repite su necedad» (Pr. 26:11). En lugar de reconocer sus faltas, arrepentirse y apartarse, el necio buscará culpar a alguien más de sus desdichas y su orgullo seguirá en aumento.

Hay esperanza: El necio puede ser rescatado por la gracia de Dios

La Biblia es clara en afirmar que todos nacemos en una condición de necedad extrema. De continuo el ser humano busca hacer el mal y no puede glorificar a Dios. Lo que caracteriza al hombre sin Dios es una vida de necedad, desobediencia y esclava de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia, envidia, odiándonos unos a otros (Tit. 3:3). Pero es de esa masa de pecadores que Dios decide rescatar almas. Él no vino por los sanos, sino por los enfermos. De lo vil y menospreciado, de lo más necio de este mundo es que Dios decide salvar, por Su elección soberana (1 Co. 1:27).

Amigo lector, si tú te has identificado como un necio, hoy puedes abandonar ese camino si suplicas al Dios del universo que se apiade de ti, te perdone, te justifique y te salve. Él no rechaza un corazón contrito y humillado, ven a Él. Y si estas falto de sabiduría pídela, pues Dios la da abundantemente y sin reproche a los que la buscan.

Santiago Armel

Santiago Armel (M.Div.) Colombiano, hijo de Dios y profesional en comunicación. Vive en Los Ángeles, California con su esposa Juliana y su hijo Santiago. Actualmente realiza un Th.M. en The Master’s Seminary y trabaja en la organización de la Conferencia Expositores. Sirve como maestro en Estudios Bíblicos en Grace Community Church. Puedes seguirlo en Twitter.

Homosexualidad: Perspectiva Bíblica

Homosexualidad: Perspectiva Bíblica
Por Abraham Paniagua

“Un predicador cristiano fue arrestado y encerrado en una celda por decirle a un transeúnte que la homosexualidad es un pecado en los ojos de Dios” El predicador bautista, Dale McAlpine, fue acusado y arrestado por causar “acoso ” después que un oficial homosexual lo oyó decir que el homosexualismo está incluido dentro de la lista de pecados según la Biblia. McAlpine mencionó la blasfemia, la borrachera y el homosexualismo, entre otros. Los oficiales alegan que McAlpine hizo el comentario lo suficientemente alto como para ser escuchado por otros y lo han acusado por usar un “lenguaje abusivo o insultante”.

Todo esto tiene su base en el Acto del Orden Publico (Public Orden Act) que fue introducido en el 1986 con el propósito de afrontar alborotadores violentos, y fanáticos violentos del football. Predicadores cristianos alegan que este acto está siendo utilizado para eliminar los discursos religiosos o predicas.

Esto lo podemos comprobar investigando más sobre casos pasados. Harry Hammond fue condenado en 2002 por violentar la sección 5 del acto al sostener un cartel que decía “Paren la inmoralidad. Paren el homosexualismo. Paren el lesbianismo. Jesús es el Señor” mientras predicaba. Asimismo, Stephen Green fue preso (y luego liberado) en el 2006 por repartir panfletos cristianos en un festival gay.

¿Por qué la homosexualidad no es como cualquier otro pecado?

¿Qué nos muestra esto?
Esto nos muestra la intolerancia religiosa a la que la sociedad se está moviendo. No solo intolerancia religiosa, sino intolerancia al cristianismo más específicamente. Aquí vemos pastores y personas apresadas por enseñar y repetir las palabras de la misma Biblia.

Esta intolerancia está sucediendo en una época donde se nos promueve la idea de “tolerancia” a nuevas ideas y otras creencias.

Esto nos muestra que la “libre expresión” de la que tanto se nos hablaba y vemos en nuestras leyes, ya no es tan libre. Vemos que la “libre expresión” está sujeta a la intolerancia de las personas a escuchar de la Biblia.

Pero, ¿Qué nos enseña la Biblia al respecto?

Enseñanza Bíblica
La Biblia nos enseña muy claramente qué Dios aborrece. Aquello que El aborrece es llamado pecado, y el homosexualismo ciertamente está incluido en la lista.

Primero que todo, la Biblia nos enseña el diseño original de Dios, el cual el homosexualismo pervierte y distorsiona:

“Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. (Génesis 2:24)

Segundo, se nos muestra cómo Dios destruyó a Sodoma y Gomorra por su pecado, donde se incluye las relaciones sexuales del mismo sexo. Vemos también, en Levíticos la prohibición:

“No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación”. (Levíticos 18:22)

“Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación;…” (Levíticos 20:13)

En el Nuevo Testamento vemos a Pablo hablando de este asunto en su carta a los Romanos:

“Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén. Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío”. (Romanos 1:24-27)

En 1ra de Corintios:

“¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”. (1 Corintios 6:9-10)

En 1ra de Timoteo:

“Pero nosotros sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente, reconociendo esto: que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los transgresores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los inmorales, homosexuales, secuestradores, mentirosos, los que juran en falso, y para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina”. (1 Timoteo 1:8-10)

Vemos aquí entonces que McAlpine fue preso por predicar y enseñar lo que la Biblia claramente expresa. Claro, no debemos olvidar que en nuestros días ya vemos pastores homosexuales y matrimonios del mismo sexo, lo cual la Biblia condena, aunque las personas crean o no en Dios. La intolerancia nos tratará de llevar a callar las verdades absolutas que la Biblia posee.

¿Implica esto que los cristianos somos homofóbicos? De ninguna manera. El cristiano no debe ser homofóbico, ya que la Biblia nos llama a predicarles el evangelio a estas personas. El evangelio es para todos los pecadores, por lo que estamos llamados a predicarlo a todos no importa raza, sexo, inclinación sexual o estatus social. Debemos predicar a Jesucristo crucificado y resucitado, a todo ser humano para que así Dios les conceda el arrepentimiento.

Es la misma Biblia que nos enseña que todos nosotros nacemos en pecado, y tanto la mentira como el homosexualismo, el robo y la borrachera, son productos de nuestro pecado. Es por esto que los cristianos no nos creemos (ni debemos creernos) superiores a los homosexuales, mentirosos, etc. por el simple hecho de que somos cristianos. Debemos reconocer la gracia de Dios sobre nosotros y compartir de esta gracia.

Algo interesante que debemos notar es que, ¿por qué apresar a un hombre que enseña que el homosexualismo es pecado si ni siquiera los que lo apresan creen en el pecado o la misma Biblia? Si el cristianismo es un invento del hombre, una fantasía, ¿por qué condenar a aquel que diga que el homosexualismo es pecado? Cuando la conciencia de los que no creen en Dios se inquieta porque al pecado se le llama pecado y se enseña que la Biblia lo condena, se confirma la ley moral inscrita por Dios en los corazones de los hombres.

Abraham Paniagua
Es originario de República Dominicana. Licenciado en teología, y con una maestría del Southeastern Baptist Theological Seminary (SEBTS) donde actualmente cursa sus estudios doctorales. Esposo de Lía.

¿Qué es la sabiduría? | Josías Grauman

¿Qué es la sabiduría? Si somos honestos, la sabiduría es un término difícil de definir. Casi siempre se trata de definir en términos lógicos, según nuestra opinión u experiencia personal. ¿Acaso la sabiduría consiste en poseer conocimiento o, quizás, implica ser inteligente? ¿Tal vez tiene que ver con ser astuto? Aunque el mundo probablemente responda que sí a las preguntas anteriores, nosotros, los hijos de Dios, no debemos contentarnos con definiciones que no toman en cuenta a nuestro Creador y Redentor. Por esa razón, debemos replantear la pregunta, a fin de enfocarla de manera correcta: ¿cómo define Dios la sabiduría? Esa es la perspectiva correcta no solo de esta pregunta, sino de todo en la vida. Para responder a nuestra pregunta reformulada, veremos la sabiduría desde cinco características que la Biblia le asigna.

La sabiduría es un regalo de Dios, la fuente de toda la sabiduría

Antes de definir lo que es la sabiduría, es importante recalcar que la verdadera sabiduría no se encuentra entre los hombres, pues aún «la necedad de Dios es más sabia que los hombres» (1 Co. 1:25). El contraste es claro y evidente. Por más esfuerzo que el hombre haga, por más que intente, no podrá ser sabio en sí mismo. La sabiduría divina solo viene de Dios, del único y sabio Dios (1 Ti. 1:17). Santiago 3:17 afirma lo mismo, que la sabiduría viene «de lo alto»; por eso es descrita como «primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía».

Así que, si queremos encontrar la sabiduría, no podemos buscarla entre los hombres. Tenemos que ir a Dios, directo a la fuente. Y, si queremos ser más específicos aún, debemos acudir a la revelación visible de la sabiduría de Dios: su Hijo Jesucristo, «en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col. 2:3). Y a Él lo podemos ver en las páginas de las Escrituras (2 Co. 3:15-18).

Cristo es, entonces, nuestro motivo para buscar la sabiduría. Si queremos ser como Él, necesitamos ser sabios. Necesitamos reflejar su perfecta sabiduría.

La sabiduría solo se obtiene por los que temen a Dios

Probablemente el versículo más famoso acerca de la sabiduría se encuentra en Proverbios 1:7a: «El temor del Señor es el principio de la sabiduría». Temer al Señor o, alguien que teme al Señor, es otra manera de referirse a un creyente—aquel que teme la ira del Señor en contra del pecado y corre a Él para recibir perdón—. Allí comienza todo: cuando uno cree en Dios y abraza su evangelio. Al contrario, el incrédulo no tiene sabiduría, es un necio, pues «ha dicho en su corazón: “No hay Dios”» (Sal. 14:1). En palabras de Salomón: «los necios desprecian la sabiduría y la instrucción» (Pr. 1:7b).

Santiago 1:5-7 afirma que solo los que tienen fe reciben el regalo divino de la sabiduría:

«Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero que pida con fe, sin dudar. Porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor» [énfasis añadido].

Por lo tanto, si eres hijo de Dios y crees en Él, puedes obtener sabiduría. Así que solamente debes acudir a Él y pedirla.

La sabiduría es saber cómo vivir correctamente

En las palabras más sencillas posibles, la sabiduría es saber hacer las cosas de la forma como se deben hacer. En el Antiguo Testamento, la palabra normalmente traducida como sabiduría es « חָכמְהָ (ḥāḵmā[h])», que tiene que ver con «la capacidad de comprender y, por lo tanto, tener habilidad para vivir, lo que implica la adhesión a un estándar establecido».[1] Esta destreza de vivir bien puede aplicarse a las cosas más cotidianas de la vida, como cocer una vestidura («a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón», Éx. 28:3), o la habilidad de mediar correctamente en el pleito entre dos mamás (1 R. 3:16–28).

La sabiduría, entonces, no es mera inteligencia. No es un conocimiento teórico solamente. De hecho, la palabra griega que se emplea en el Nuevo Testamento y que se traduce como sabiduría, también enfatiza lo práctico que es la sabiduría. El diccionario griego define «σοφία (sophia)» como «la capacidad de entender y funcionar debidamente».[2] El sabio no solo entiende una situación, sino que entiende cómo aplicar el conocimiento para actuar correctamente en dicha situación.

Una ilustración de lo práctico que es la sabiduría se encuentra en la matemática. Es común que el alumno de matemática sepa cómo resolver ecuaciones en el aula. Sin embargo, luego cuando se le presenta un problema matemático en la vida real, no entiende cómo aplicar la ecuación correcta a la situación. Tiene conocimiento, pero no sabe cómo aplicarlo a la vida. Al sabio no le pasa esto. El sabio entiende cómo aplicar el conocimiento para actuar de la mejor manera en cada circunstancia. Pero ¿cómo definimos lo que es mejor en cada circunstancia?

La sabiduría se aprende solo por medio de la Palabra de Dios

La única manera de aprender cómo vivir correctamente es vivir como Dios dicta. Andar en sabiduría es hacer las cosas que le agradan a Él. Dios es nuestro Creador, por lo tanto, Él determina cómo debemos vivir. Nunca al revés. De hecho, cuando Pablo enseña que debemos andar como sabios, lo resume diciendo que la sabiduría es hacer la voluntad de Dios: «Por tanto, tengan cuidado cómo andan; no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Así pues, no sean necios, sinoentiendan cuál es la voluntad del Señor» (Ef. 5:15-17).

Entonces, la manera de andar sabiamente es buscar agradar a Dios en todo. Es decir, yo no determino lo que es mejor en cada circunstancia. Yo no defino lo que es bueno. Solamente el Creador establece las leyes de su creación. Y Él nos dice que el motivo detrás de cada acción nuestra debe ser agradar a Dios. Pablo explica esto varias veces en sus cartas con palabras sinónimas. Si no hacemos todo de esta manera estamos haciéndolo todo mal. Todo lo que hacemos debe glorificar a Dios (1 Co. 10:31). Todo lo que pensamos y hacemos debemos hacerlo en el nombre de Cristo (Col. 3:17).

Entonces, ya establecimos que la sabiduría se trata de vivir como Dios manda, pero ¿cómo es que Él comunica sus mandatos a nosotros? A través de la Palabra de Dios. Moisés explica: «Miren, yo les he enseñado estatutos y decretos tal como el Señor mi Dios me ordenó, para que así los cumplan en medio de la tierra en que van a entrar para poseerla. Así que guárdenlos y pónganlos por obra, porque esta será su sabiduría y su inteligencia […]» (Dt. 4:5-6). Es decir, llegamos a ser sabios cuando recibimos y obedecemos la enseñanza de los estatutos y decretos que nuestro Dios nos ha mandado en su Palabra.

De hecho, existe una porción de la Escritura que se llama «los libros de sabiduría». Son los libros de Job a Cantares. Cuando pensamos un poco acerca de esta sección de la Biblia nos damos cuenta de que lo que nos enseñan es a cómo vivir de una manera que agrada a Dios, por ejemplo:

  • Job tiene un capítulo completo sobre el tema de la sabiduría (Job 28), que nos exhorta a temer al Señor aún en medio del sufrimiento. Job enseña al creyente que la manera de lidiar con la aflicción es someterse a Dios y confiar en su plan, sin cuestionarle.
  • Los Salmos nos enseñan que la reacción más sabia en cualquier circunstancia es adorar a Dios. Cada Salmo comienza en un lugar diferente. Pero todos nos enseñan a adorar.
  • Los Proverbios nos enseñan muchos principios acerca de la sabiduría. Por ejemplo, uno llega a ser sabio cuando acepta la corrección (Pr. 12:1519:20) y cuando es más pronto para escuchar que para hablar (Pr. 17:27-28).
  • Eclesiastés nos enseña la vanidad de este mundo y que el sabio vive para su eternidad con Dios.
  • Cantares nos enseña a aplicar la sabiduría a nuestro hogar, amando a la esposa de nuestra juventud. En resumen, la Biblia está llena de sabiduría, porque toda la Biblia nos revela quién es Dios y cómo vivir para Él.

Un sabio debe vivir a la luz de su sabiduría

Lamentablemente, lo cierto es que uno puede ganar sabiduría, pero rehusar obedecerla. El mejor ejemplo de un sabio que vivió como un necio es el mismo Salomón, el hombre más sabio de la historia (1 R. 4:31). Él supo lo que debía hacer, pues Dios le había llenado de mucha sabiduría. Sin embargo, decidió pecar contra Dios y buscar deleitarse en los placeres del mundo. Al final, se dio cuenta de su error y se arrepintió, escribiendo el libro de Eclesiastés para instruirnos a no seguir su camino.

Pero esa realidad —que un sabio puede desobedecer la sabiduría— confirma nuevamente nuestra definición: que la sabiduría es entender cómo vivir correctamente. Pero también afirma que la sabiduría en sí misma no es suficiente. No sirve de nada si no la llevamos a la práctica. Necesitamos obedecer lo que la sabiduría dicta.

Por lo tanto, dos aplicaciones surgen de lo que hemos estudiado. Primero, debemos buscar la sabiduría. Es un tesoro de infinito valor. Debemos estudiar las Escrituras y aprender cómo vivir para la gloria de Dios. Debemos correr hacia la Escritura, meditando y memorizando cómo es Dios y qué es lo que pide de nosotros. Solo así vamos a saber cómo vivir sabiamente. Solo así vamos a entender cómo agradar a nuestro Creador. Solo así, vamos a comprender cómo andar como Cristo anduvo (1 Jn. 2:6).

Pero surge una segunda aplicación también. Debemos aplicar la sabiduría. Debemos obedecer la sabiduría que aprendemos en la Palabra. De nada nos aprovecha saber cómo vivir bien, si no vivimos bien. ¿De qué te sirve saber cómo agradar a Dios, si lo que haces le contrista? Solo aumentará tu disciplina, ya que el que sabe la voluntad de su Señor y no lo hace, «recibirá muchos azotes», porque «a todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él» (Lc. 12:47-48). El que más fuertemente será juzgado es el que escucha la voz de la sabiduría clamando, pero luego va y hace lo opuesto. De esta persona, la sabiduría dice lo siguiente:

«También yo me reiré de la calamidad de ustedes, me burlaré cuando sobrevenga lo que temen, cuando venga como tormenta lo que temen y su calamidad sobrevenga como torbellino, cuando vengan sobre ustedes tribulación angustia. Entonces me invocarán, pero no responderé; me buscarán con diligencia, pero no me hallarán, porque odiaron el conocimiento, y no escogieron el temor del SEÑOR» (Pr. 1:26-29).

Conclusión

Debemos buscar sabiduría y después de encontrarla, obedecerla. No hay atajos ni secretos. No vale saber cómo agradar a Dios si no lo hacemos. Y ¿sabes, querido lector, lo que más agrada a Dios? Lo que agrada a Dios sobre todas las cosas es creer en Cristo y buscar imitarlo. La obra sobresaliente que Dios nos pide, el acto primario que agrada a Dios, es creer en Cristo. De hecho, cuando los judíos preguntaron a Cristo qué debían hacer para obedecer a Dios, «Jesús les respondió: “Esta es la obra de Dios: que crean en el que Él ha enviado”» (Jn. 6:29).

Entonces, terminamos donde empezamos. El inicio, el principio de la sabiduría es creer en Dios y obedecer su evangelio. En contraste, lo más necio que uno puede hacer es ir al infierno por rehusar creer en Cristo. El necio es el que muere sin Cristo, confiando en su propio mérito. El que piensa que estará bien en el juicio por sus propias obras es el más necio posible. Piénsalo de esta manera: La sabiduría es saber cómo vivir bien; la necedad, entonces, es lo opuesto. Es no saber cómo vivir bien. Y esto aplica a cada circunstancia de la vida. Pero, sobre todo, aplica a la eternidad. La sabiduría nos enseña a vivir a la luz de la eternidad. La sabiduría nos enseña cómo llegar al cielo. La necedad siempre dirige al infierno.

Y es por eso que la sabiduría siempre nos dirige a Jesucristo. Porque la única manera de estar seguro en el juicio es ser vestido de las obras perfectas de Cristo. Debemos confiar en Jesucristo, quien murió en la cruz y resucitó al tercer día para justificar al creyente delante de Dios. Solo el que cree en Cristo es sabio. Pero el sabio no solo cree en Cristo para su salvación eterna, también busca agradar a Dios hoy. Entonces, aunque es cierto que el cristiano será transformado a la imagen de Cristo cuando muera (1 Jn. 3:2), también es cierto que debemos buscar ser transformados a la imagen de Cristo todos los días. Si Dios se complace en Cristo (Mt. 3:17), entonces, se complacerá en nosotros mientras más nos parecemos a Él (2 Co. 3:18). Por eso debemos no solo creer en Cristo, sino también buscar vivir como Él.

La sabiduría imita a Cristo (Fil. 2:5), que se hizo hombre, para obedecer la ley por nosotros, y así morir la muerte que merecíamos por nuestro pecado. Debemos imitar su amor, su justicia, su santidad, su misericordia, y por supuesto, su sabiduría. Él es quien siempre supo cómo vivir para agradar a su Padre. Y no solo lo supo, sino que también lo hizo siempre. Cristo dijo: «[…] yo siempre hago lo que le agrada» (Jn. 8:29). Por eso, es mi oración que, al leer este libro, crezcas en sabiduría —en particular, que crezcas en tu conocimiento de Cristo para saber cómo vivir como Él—:

«Bienaventurado el hombre que halla sabiduría y el hombre que adquiere entendimiento. Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus utilidades mejor que el oro fino. Es más preciosa que las joyas, y nada de lo que deseas se compara con ella» (Pr. 3:13-15).

Sin embargo, recuerda que crecer en sabiduría es solo la mitad de la ecuación. También, oro que pongas en práctica lo que la sabiduría te informe. Que vivas como Cristo. Que agrades a Dios, no siendo oidor de la Palabra solamente, sino hacedor (Stg. 1:22).

[1] James Swanson, Dictionary of Biblical Languages with Semantic Domains: Hebrew (Old Testament) (Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc., 1997), « חָכמְהָ ». Veáse también Ludwig Koehler et al., The Hebrew and Aramaic Lexicon of the Old Testament (Leiden, Países Bajos: E.J. Brill, 1994–2000), p. 314.

[2] William Arndt et al., A Greek-English lexicon of the New Testament and other early Christian literature (Chicago, IL: University of Chicago Press, 2000), p. 934. Es la «prudencia, discreción […] la capacidad de comprender y, por lo tanto, de actuar sabiamente». James Swanson, Dictionary of Biblical Languages with Semantic Domains: Greek (New Testament) (Oak Harbor: Logos Research Systems, Inc., 1997), «σοφία».

Josias Grauman

Es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad, está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirve en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

Ahora comprendo | Augustus Nicodemus Lopes

Como ya comenté en algún momento, en esta época del año se celebra la Pascua en toda la cristiandad, ocasión que solo pierde en popularidad ante la Navidad. A pesar de esto, hay muchas concepciones erróneas y equivocadas sobre la fecha.

La Pascua es una fiesta judía. Su nombre, “pascua”, viene de la palabra hebrea “פסח” Pessach que significa “pasar por encima”, una referencia al episodio de la Décima Plaga narrado en el Antiguo Testamento, cuando el ángel de la muerte “pasó por encima” de las casas de los judíos en Egipto y no entró en ninguna de ellas para matar a los primogénitos. La razón fue que los israelitas habían sacrificado un cordero por orden de Moisés, y esparció su sangre en los umbrales de las puertas. Al ver la sangre, el ángel de la muerte pasaba de largo por aquella casa.

Para la gran mayoría de los jóvenes en Latinoamérica, la Pascua es solo una semana con feriado, excelente para ir a la playa o cualquier otro sitio. Mucho ha pasado en el mundo para que esta fecha se convierta en lo que es hoy.

Todo comenzó con el arresto y la muerte de un judío llamado Jesús de la ciudad de Nazaret durante una fiesta judía llamada Pascua hace dos mil años en Jerusalén. Antes de morir, instruyó a Sus discípulos a comer pan y beber vino en sus reuniones como símbolo de Su cuerpo y de la sangre que sería derramada.

De hecho, murió crucificado en un Viernes de Pascua y fue sepultado. Sin embargo, el domingo siguiente por la mañana, su tumba fue encontrada vacía y Sus discípulos salieron a anunciar al mundo que Él había resucitado y que se les había aparecido varias veces a muchos de ellos, incluso a un judío que anteriormente había sido enemigo de los cristianos llamado Saulo de Tarso.

El mensaje de Saulo y de otros cristianos es que Jesús murió por nuestros pecados, resucitó para nuestra salvación y resurrección.

Este mensaje dio vuelta al mundo y el cristianismo se convirtió en la religión más grande del planeta, con millones de adeptos en todos los países, profesando y declarando haber recibido a Jesús en sus corazones como su salvador personal y Señor de sus vidas.

Yo soy uno de ellos. Tenía 23 años cuando creí en este mensaje. En ese entonces era estudiante de Diseño Industrial en la Universidad Federal de Pernambuco. Mi vida consistía en estudiar, trabajar y frecuentar a los bares dentro y fuera del campus de la universidad.

Aquella noche de septiembre en Recife, cuando comprendí y creí en el mensaje de la resurrección de Jesús, mi vida tomó un rumbo diferente y mucho mejor.

Seguí en la universidad y disfrutando de los feriados de la Semana Santa, pero ahora sabía su verdadero significado. A diferencia de antes, cuando disfrutaba del feriado, pero sin saber que su origen es la muerte violenta de un hombre tan importante que dividió la historia del mundo en un antes y después de Él.

Augustus Nicodemus Lopes
Es un ministro presbiteriano, teólogo, profesor, conferenciante internacional y autor de éxito. Augustus tiene una licenciatura en teología en el Seminario Presbiteriano del Norte en Recife, Brasil, una Maestría en Teología en Nuevo Testamento de la Universidad Reformada de Potchefstroom, Sudáfrica, y un doctorado en interpretación bíblica en el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia. Él es también un pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana de Recife.

No dejes que tu mente se pierda | PorJohn Piper

La marihuana es usualmente usada como una droga que altera el humor y la mente, cuyo propósito es crear un tipo de euforia. Los efectos varían ampliamente de persona a persona. Lo único que debes hacer es buscar en Internet: “¿Cómo se siente la marihuana?”. Las personas no la fuman para ponerse tristes. Produce un estado temporal que se siente mejor que la vida real. Es por eso que se llama “estimulante” y no depresora.

La primera comparación que uno se inclinaría a hacer es con la cafeína. La mayoría de las personas toman café porque la cafeína tiene un efecto placentero. Sin embargo, hay una diferencia. La marihuana altera temporalmente el procesamiento confiable de la realidad que nos rodea. La cafeína generalmente agudiza ese procesamiento.

La mayoría de los bebedores de cafeína esperan mantenerse despiertos, hacer su trabajo de forma más confiable y conducir con mayor seguridad. Seguramente, es posible abusar de la cafeína, pero, como un estimulante natural, se utiliza más comúnmente en un esfuerzo para interactuar responsablemente con la realidad, y no como un escape de la misma.

Aún aquellos que abogan por la legalización de la marihuana aceptan los descubrimientos de las investigaciones sobre las alteraciones en el funcionamiento que provoca. Un sitio como estos, reconoce:

“Los efectos a corto plazo de la marihuana incluyen cambios inmediatos y temporales en los pensamientos, percepciones y procesamiento de información. El proceso cognitivo que se ve claramente afectado por la marihuana es la memoria a corto plazo. En estudios de laboratorio, los sujetos bajo la influencia de la marihuana no tienen problemas en recordar cosas que aprendieron previamente. Sin embargo, muestran capacidad reducida para aprender y traer a memoria nueva información. Esta reducción solo se extiende durante la intoxicación. No hay evidencia verídica de que el uso a largo plazo de la marihuana altere la memoria u otras funciones cognitivas”.

Otros estudios sugieren que el efecto en la función disminuída del cerebro dura más, especialmente en los adolescentes.

En consecuencia, a diferencia de la cafeína, la marihuana no es considerada como una droga que te permite ser un padre más alerta, o una madre más consciente, o un empleado más competente. En su lugar, para la mayoría de los usuarios, es un escape recreacional que produce reducción en la precisión de observación, memoria y razonamiento. Y, puede tener efectos negativos duraderos en la habilidad de la mente para cumplir el propósito para lo que Dios la creó.

Tu cuerpo no es tuyo

En vista de esto, hay al menos dos verdades bíblicas que nos guiarían lejos del uso recreacional de la marihuana. La primera es que, para el cristiano, el cuerpo es templo del Espíritu Santo. Esa simple enseñanza, en contexto, debería tener un efecto enorme.

¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el que tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1Co 6:19-20)

Cuando mi madre me dijo que no fumara, por ejemplo, o que no tuviera sexo antes del matrimonio porque mi cuerpo era templo del Espíritu Santo, entendi. Eso tenía sentido. Era una barrera inamovible entre la autodestrucción y yo. Mi cuerpo le pertenecía a Dios. No era para mi uso recreacional en cualquier forma que se me ocurriera. Era para Su gloria.

Si yo estuviera criando niños nuevamente hoy en día, diría: “Tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo. No eres dueño de tí mismo. Fuiste salvado por la sangre de Jesús. Pregúntate, ¿hace esto que Jesús se vea como el tesoro que es?”. Yo me preguntaría eso acerca de fumar, alcoholizarse, utilizar la marihuana de forma recreacional, ser sedentariamente perezoso, ser comilón, mirar la televisión de forma banal, y muchas otras cosas.

Y agregaría: “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1Co 6:13). Mantenlo limpio y listo para su uso. No inutilices las capacidades de ver claramente, de observar con precisión, de pensar correctamente, y de pensar útilmente que el Señor te ha dado. Yo me preguntaría: “¿Puedes encomendar a Cristo verdaderamente a tus amigos durante un momento de estimulación de marihuana?”.

Tu mente es invaluable

La segunda verdad bíblica que nos alejaría del uso recreacional de la marihuana es que Dios nos dió mentes y corazones para conocerlo, amarlo y discernir Su voluntad. “Sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros” (1Co 14:20). No te transformes en un pecador experimentado en aprender los disparates del pecado. Ten el deseo de ser un bebé inexperimentado cuando se trate de compartir drogas inhibidoras de la mente. Ten la mente clara sin importar nada más. Deja que la manada se vaya en estampida por el acantilado sin tí en ella. Usa tu mente para advertirles, no para unirteles.

En cuanto al embriagamiento (porque una estimulación de marihuana es una forma de embriagamiento), la Biblia dice que “al final como serpiente muerde, y como víbora pica. Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón proferirá perversidades” (Pro 23:32-33). En otras palabras, aleja de la sobriedad mental y autocontrol esenciales al usar la mente para la gloria de Dios.

¿Qué hay del uso medicinal?

Pero habiendo dicho eso, dudo que debamos oponernos al uso médico regulado de la marihuana, controlado por la revisión y prescripción apropiada de un médico. Muchas drogas se venden por prescripción porque, si fueran abusadas, serían mucho más destructivas que la marihuana. Tengo un amigo que compartió conmigo muy sobriamente que su hijo tenía una lesión de por vida, y que el único alivio que podía tener era de una pequeña dosis de marihuana.

Pero el punto aquí es principalmente decir que aquellos que viven para Cristo querrán alejarse de la marihuana y otras drogas destructivas que alteran el humor, y vivir en torno a la vista y pensamiento claros para la gloria de Dios.

Este artículo se publicó originalmente en Desiring God.

John Piper
http://desiringgod.org
John Piper es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

Un aplauso para los fracasos | Tim Challies

Un aplauso para los fracasos
Por: Tim Challies

Una vez escuché a un cristiano decir que cuando llegue al cielo no espera oír «bien, siervo bueno y fiel», sino «buen intento». Él no quiere decir que Dios vaya a quedar impresionado por una sucesión imprudente de precipitados intentos de egocentrismo. No quiere decir que Dios lo elogiará por los proyectos que comenzó con gran pasión antes de perder el interés y distraerse con la siguiente gran tarea. No, solo quiere decir que cree que Dios le recompensará por sus constantes intentos de buscar y hacer lo que Él manda. Él espera que, aunque en la cuenta final sus logros sean pocos, sus intentos de ser fiel sumen mucho. 

Hay muchas cosas que comenzamos con gran energía y muchos proyectos que emprendemos con gran entusiasmo. Convictos por la predicación de la Palabra o persuadidos por nuestra lectura de la Providencia, determinamos que haremos un cambio sustancial en nuestras vidas o nos embarcaremos en un ministerio que bendecirá a otros. Intentamos pequeñas cosas, grandes cosas y cosas intermedias. Y aunque algunas de ellas tienen éxito algunas veces, muchas no lo tienen. Aunque unas pocas crecen hasta convertirse en grandes cosas, muchas más siguen siendo pequeñas o pronto se convierten en cosas pasadas. 

Un hombre anhelaba crear un ministerio a través de su iglesia local que sirviera a los residentes de una residencia de ancianos. Sin duda era un deseo bueno y noble, y se embarcó en él con gran entusiasmo. Pero aunque trabajó con diligencia, tuvo pocas oportunidades de reunirse con la gente en esa residencia o de cuidar de ellos. Y aunque se lo contó a otros creyentes, se dio cuenta de que pocos tenían interés en unirse a él. Siguió adelante durante un tiempo, pero acabó rindiéndose a lo inevitable y decidió que invertiría su tiempo y energía en otras formas de servicio.Y aunque este ministerio no tuvo éxito en la mayoría de los aspectos, estoy convencido de que Dios le dirá con orgullo: «Buen intento». 

Una mujer que dedicaba su vida a criar a sus hijos, deseaba complementar los ingresos de su familia, así que empezó un negocio a tiempo parcial. Sus motivos eran buenos como lo era su plan. Empezó a trabajar siguiendo los horarios de la familia, levantándose unos minutos antes, quedándose despierta una hora más tarde, enviando algunos correos electrónicos durante la hora de silencio de los niños. El negocio creció al principio, pero luego se estancó. El negocio generaba algunos ingresos, pero solo unos pocos, no los suficientes para ayudar de forma sustancial o incluso para justificar su tiempo. Así que lo abandonó. ¿Fue un fracaso? En cierto sentido puede haberlo sido, ya que el negocio tuvo que cerrarse, pero en otro sentido no lo fue, porque la mujer no hizo nada malo ni cometió ningún pecado. Por la razón que fuera, la providencia de Dios dispuso que el negocio no prosperara ni tuviera éxito. Pero seguramente ella también oirá: «Buen intento». 

Misioneros que parten a tierras extranjeras, pero pronto tienen que regresar. Pastores que fundan iglesias que no crecen. Autores que derraman su corazón en la página, pero venden pocas copias de sus libros. Jóvenes que crean un grupo cristiano en el campus, pero nadie se presenta. Sospecho que, para ser honesto, tendrías que admitir que tu vida se parece mucho a la mía, en el sentido de que está marcada por todo tipo de fracasos: fracasos en el hogar, fracasos en la iglesia, fracasos en el vecindario, fracasos en el trabajo. Y si no es un fracaso rotundo, es pura mediocridad, falta de éxito, falta de grandes triunfos. Pero seguramente parte de la razón por la que fracasamos es que intentamos mucho. Seguramente parte de la razón por la que vemos tantos resultados mediocres es que al menos tenemos el valor de intentarlo. La única forma de evitar el fracaso es no intentar nada. Pero eso, por supuesto, es su propia forma de fracaso. 

El objetivo que Dios nos ha dado en la vida no es tener éxito en todo lo que intentamos. Es bueno ser exitoso, por supuesto, y no debemos alabar el fracaso como si fuera más noble que el éxito. Pero es Dios quien es soberano sobre todos nuestros asuntos y Su preocupación no es tanto que tengamos éxito o que fracasemos, sino que crezcamos en carácter piadoso. Lo que le importa a Dios no son nuestros aplausos y elogios, sino nuestra conformidad a Cristo. Y el hecho es que aunque Dios nos forma a través de nuestros éxitos, a menudo lo hace aún más a través de nuestros fracasos. Es a través de los fracasos como a menudo aprendemos nuestra finitud, a través de nuestros fracasos como a menudo adquirimos humildad, a través de nuestros fracasos como a menudo nos despojamos de muchos vicios y nos revestimos de muchas gracias. Dios obra en nosotros incluso cuando nos cuesta ver cómo puede actuar a través de nosotros. 

Llegará el día en que nos presentaremos ante el Señor para rendir cuentas de cómo hemos utilizado nuestros dones, talentos, tiempo, energía, entusiasmo y todo lo demás que Dios nos ha concedido generosamente. El fracaso sería admitir que no sólo no hicimos nada, sino que no intentamos nada. El éxito sería contar aquellas cosas con las que soñamos, por las que oramos y que intentamos, incluso si no condujeron a grandes resultados. Porque sin duda en la mente de Dios, la fidelidad es su propio logro, la fidelidad marcada por los intentos de hacer aquellas cosas que deleitan Su corazón. Sin duda es Su alegría elogiarnos tanto por los éxitos como por los fracasos: «Buen intento, siervo bueno y fiel». 

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

Hospitalario | Tim Challies

El carácter del cristiano: Hospitalario
Por: Tim Challies

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Hoy continuamos con nuestra serie sobre el carácter del cristiano. Estamos explorando los diferentes rasgos de carácter de los ancianos que son en realidad un llamado de Dios para todos los creyentes. Si bien se supone que los ancianos deben ejemplificar estos rasgos, todos los cristianos deberían exhibirlos. Quisiera que consideremos juntos si es que estamos mostrando estos rasgos y de esta manera aprender cómo podemos orar para tenerlos en una mayor medida. Hoy vamos a mirar lo que implica para un anciano —y para cada cristiano— ser hospitalario. Veremos por qué razón Dios eleva este rasgo a un lugar de tanta importancia.

Pablo le dice a Timoteo, “Un obispo debe ser… hospitalario” (1 Timoteo 3:2) y hace eco de esto en su carta a Tito (Tito 1:8). La palabra griega “hospitalario” (philoxenon) indica un amor por los extraños. En días cuando no existían hoteles de buena calidad y accesibles como en la actualidad, se esperaba que los cristianos extendieran hospitalidad a otros viajeros creyentes o predicadores itinerantes. Ellos los alimentarían y les proveerían un lugar limpio para dormir, a fin de que no fueran a pensiones sucias, peligrosas y desagradables. Por supuesto la palabra tiene más extensiones que incluyen otras formas de hospitalidad. Pero primordialmente, indica una disposición a invitar a otros dentro de tu hogar para una estadía ya sea breve o extensa.

¿Por qué hacer énfasis en este rasgo particular? Alexander Strauch lo explica de esta manera: “La hospitalidad es una expresión concreta de amor cristiano y vida familiar. Es una virtud bíblica importante… Darse uno mismo al cuidado del pueblo de Dios significa compartir la vida del hogar con otros. Un hogar abierto es señal de un corazón abierto y de un espíritu amoroso, sacrificial y servicial. La falta de hospitalidad es una señal segura de un cristianismo egoísta, sin vida y sin amor”. La hospitalidad es una manifestación abierta y tangible del carácter piadoso.

Un hogar abierto muestra el amor cristiano, pero también lo hace posible. La hospitalidad crea oportunidades para relaciones, discipulado y evangelismo. Crea un contexto natural para ver un modelo de matrimonio, paternidad y una amplia serie de virtudes cristianas. Si bien debemos enseñar a otros lo que la Biblia dice, también debemos demostrar lo que dice, y esto lo hacemos al invitar personas a nuestros hogares y a nuestras vidas.

¿Solamente los ancianos son llamados a compartir sus vidas y sus recursos abriendo sus hogares? No, es un llamado para todos los cristianos. Si bien la ley en el Antiguo Testamento coloca un gran énfasis en el cuidado y la protección del peregrino, este cuidado por los extranjeros es aún más explícito en el Nuevo Testamento. Pedro le escribe a todos los cristianos cuando dice “Sean hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones” (1 Pedro 4:9) y Pablo le dice a toda la congregación en Roma que ellos deben estar “practicando la hospitalidad” (Romanos 12:13). El autor de Hebreos dice, “No se olviden de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13:2). Pablo instruyó a Timoteo para que la iglesia extendiera su benevolencia a una viuda “si ha mostrado hospitalidad” (1 Timoteo 5:9-10). Jesús enseñó que seremos juzgados sobre la base de nuestra hospitalidad, puesto que cuando amamos y recibimos a otros, en realidad lo estamos amando y recibiendo a Él (Mateo 25:35-40).

Strauch concluye diciendo que “difícilmente exista algo más característico del amor cristiano que la hospitalidad. Por medio del ministerio de la hospitalidad compartimos las cosas que más valoramos: familia, hogar, recursos financieros, comida, privacidad y tiempo. En otras palabras, compartimos nuestras vidas”.

Auto-evaluación
¿Qué acerca de ti? ¿Dirían otros que tu eres hospitalario? Reflexiona en las siguientes preguntas y al responderlas sé honesto contigo mismo y con Dios:

¿Cuántas personas de tu iglesia has invitado a tu hogar para una comida? ¿Cuándo fue la última vez que alguien se quedó un noche en tu hogar?
¿Se acercan otros a ti cuando necesitan ayuda o das la impresión de que no quieres que te molesten?
¿Tiene tu familia la intención de recibir a otros en tu hogar, incluso si son diferentes a ti o si te hacen sentir incómodo o perturbado?
¿Por qué temes recibir a otros en tu vida y en tu hogar? ¿Qué promesas te ha dado Dios a las cuales te puedes aferrar para tener esperanza, paz y seguridad?
Puntos de oración
Toma aliento en la verdad de que el Dios del débil y marginado te recibe a ti y ora a Él de esta manera para obtener su ayuda:

Oro para que me llenes con tu Espíritu de manera que mi vida pueda llevar fruto en obras de amor para otros.
Oro para no aferrarme a todas las cosas que me das y para recordar que mi hogar, mi comida, mi tiempo y todo lo demás te pertenecen a ti. Ayúdame a ser un administrador fiel de todas estas cosas.
Oro para que me des el denuedo para recibir a otros como tu me has recibido a mí.
Oro para que la motivación de mi corazón sea que, a través de amar a otros, yo mismo pueda expresar mi amor por Cristo. Por favor, dame gran gozo y libertad en ser hospitalario.
En el próximo artículo consideraremos lo que implica para los ancianos y para todos los cristianos no ser pendenciero, sino amable.

Publicado originalmente en Challies.com | Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio

Marido de una sola mujer | Tim Challies

Serie: El carácter del cristiano

Marido de una sola mujer
Por: Tim Challies

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Hoy continuamos con esta serie sobre el carácter del cristiano. Estamos explorando cómo los diversos requisitos del carácter de los ancianos son en realidad un llamado de Dios para todos los cristianos. Mientras que los ancianos tienen como propósito ejemplificar estos rasgos, todos los cristianos deben mostrarlos igualmente. Quiero que examinemos si es que estamos mostrando estos rasgos y aprender juntos cómo podemos orar para tenerlos en mayor medida.

Nuestro tema de hoy es una calificación que Pablo repite tanto en 1 Timoteo 3: 2 como también en Tito 1:6. La LBLA lo traduce como “marido de una sola mujer”, una descripción común del griego, que significa, literalmente, “hombre de una sola mujer.” Hay varias maneras en que podríamos interpretar esta calificación. ¿Significa que Pablo está diciendo que un pastor no puede ser un polígamo? ¿Quiere decir que un anciano debe estar casado? ¿Quiere decir que el pastor no puede haber sido previamente divorciado y vuelto a casar? Ninguna de estas cosas llega al fondo del asunto. John MacArthur dice, “No es algo relativo al estado civil, sino al carácter. No es una cuestión de circunstancia, es una cuestión de virtud. Y el asunto aquí tiene que ver con un hombre que se halle total y exclusivamente dedicado a la mujer que es su esposa. Es una cuestión de carácter. Es hombre de una sola mujer. Cualquier cosa menos que esto es una descalificación”.

De manera similar, en su libro Liderazgo Bíblico de Ancianos, Alexander Strauch nos recuerda que la primera calificación, irreprensible, es un resumen que se define por las virtudes que le siguen. Él escribe: “En las dos listas de calificaciones de Pablo, él coloca la calificación “marido de una sola mujer” inmediatamente después de “irreprensible.” Así que la primera y más importante área en la que un anciano debe ser irreprensible es en su vida conyugal y sexual. … La frase “marido de una sola mujer” está destinada a ser una declaración positiva que expresa fidelidad conyugal, monogamia. En español diríamos, “fiel y verdadero a una mujer.” Philip Ryken dice que Pablo “quiere que los líderes de la iglesia sean ejemplos vivos de un matrimonio bíblico: Un hombre y una mujer en un pacto de amor de por vida”.

De la misma manera en la que un anciano debe ser un ejemplo de integridad sexual, también hay un llamado dirigido a todos los cristianos a “abstengáis de inmoralidad sexual” (1 Tesalonicenses 4: 3). Esto es cierto ya sea que el cristiano esté casado o sea soltero, hombre o mujer. Pablo ordena a toda la congregación en Corinto a “Huid de la fornicación” y advierte que “Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo.” (1 Corintios 6:18). Al escribir a la iglesia reunida en Éfeso, Pablo establece un estándar tan alto como para exigir “Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos;” (Efesios 5:3). Si tú eres “inmoral o impuro”, dice, no tienes ninguna “herencia en el reino de Cristo y de Dios.”(Efesios 5: 5). Escribiendo de nuevo a toda una congregación, Pablo llama tal fornicación una de las “obras de la carne” (Gálatas 5:19).

Por supuesto, al igual que con todos estos requisitos, no vamos a ejemplificarlos perfectamente por lo que siempre hay que volver a las buenas nuevas de salvación y santificación por medio de Jesucristo. Pablo también dice que a pesar de que algunos miembros de la congregación habían sido “fornicarios” y por lo tanto no tenían herencia en el reino de Dios, comienza a alegrarse al expresar, “Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.”(1 Corintios 6: 9-11). Les recuerda que su pecado sexual está relacionado con el viejo hombre y sus malos caminos, no con el nuevo hombre y sus caminos rectos. Aun así, el llamado a la pureza sexual es uno de los mandatos más importantes y repetidos en el Nuevo Testamento.

Por lo tanto, esta calificación es un llamado a la devoción—devoción primeramente a Dios y luego a un cónyuge dado por Dios. Sin lugar a dudas es un llamado a alejarnos del adulterio, pero también a alejarnos de un corazón errante, de ojos errantes, o manos errantes. Es un llamado para cada uno de nosotros a ser puros y castos, a ser ejemplos en carácter y conducta, ya sea en el matrimonio o en la soltería. Es un llamado a los casados a buscar y disfrutar la relación sexual con su cónyuge y un llamado a los solteros a someter voluntariamente su sexualidad a la voluntad y el cuidado de un Dios de amor.

Autoevaluación
Para fortalecer tu lucha contra la inmoralidad sexual y tu esfuerzo hacia la pureza sexual, te animo a evaluarte a ti mismo a la luz de preguntas como las que están a continuación:
– A pesar de que tú eres imperfecto, ¿podrías estar delante el Señor y decir honestamente, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”(Salmo 139: 23-24)?

– ¿Existen pecados sexuales que hayas cometido los cuales tienes que confesar y arrepentirte? ¿Hay algún o algunos pecados que hayas estado escondiendo y que necesitas sacar a la luz? (Salmo 32:3-7)

– ¿Existen ciertos escenarios o contextos donde eres especialmente propenso al fracaso sexual? ¿Qué precauciones has tomado para evitar estas situaciones? ¿Existen acciones radicales que todavía necesitas tomar? (Mateo 5: 27-30)

– ¿Sirve tu matrimonio como un ejemplo del diseño ideal de Dios para el matrimonio? ¿Estás enamorado de tu cónyuge? ¿Buscas regularmente la unión sexual con tu cónyuge? (1 Corintios 7: 3-5)

– ¿Disfrutas regularmente de entretenimiento que muestra desnudo explícito o que envilecen el diseño y el propósito de Dios para la sexualidad? ¿Te abstienes voluntariamente de toda forma de mal y te niegas a hacer del mismo un asunto trivial? (1 Tesalonicenses 5:22; Efesios 5: 3)

Puntos de oración
Si vamos a incrementar nuestra pureza sexual, mantenerla, y crecer en ella, debemos orar. Les animo a orar de esta manera:

– Oro para que me des el deseo y la sabiduría de proteger mi corazón de todas las formas de inmoralidad sexual. Yo oro para ser diligente en confesar y abandonar todo pecado sexual conocido. [Considera orar a través de Proverbios 6:23-35]

– Para los hombres: Oro para considerar a las ancianas, como a madres y a las mujeres jóvenes, como a hermanas, con toda pureza. (1 Timoteo 5: 1-2)

– Para las mujeres: Oro para considerar a los hombres mayores como a padres y a los hombres más jóvenes como a hermanos, con toda pureza. (1 Timoteo 5: 1-2)
– Oro para que purifiques mi corazón para que el pecado de adulterio—expresado incluso en pensamientos y miradas lujuriosas—pierda todo su poder sobre mí. (Mateo 5: 27-30) “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” (Salmo 19:14)

– Oro para no desanimarme cuando peque. Por favor, déjame tener consuelo en el conocimiento de que cuando confieso mis pecados, eres fiel y justo para perdonar mis pecados y limpiarme de toda maldad. (1 Juan 1: 9)

Publicado originalmente en Challies.com | Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio

Mata el orgullo antes de que te destruya

Mata el orgullo antes de que te destruya
Por Lucas Aleman

Desde el principio, el orgullo presenta batalla contra Dios constantemente y se propaga entre nosotros con mucha facilidad. Se nutre de casi cualquier cosa con tal de no sucumbir ante la búsqueda de la humildad que Dios demanda de todos nosotros. Este pecado es único. La mayoría de los pecados nos alejan de Dios, pero el orgullo es un ataque directo aDios porque busca destronarlo con el fin de entronizarse a sí mismo cueste lo que cueste.
Por esta razón Dios «reprende a los soberbios» (Sal. 119:21) y no tolera nunca a los que son «altivos de corazón» (Pr. 16:5). Siempre los «resiste» (Stg. 4:6; 1 P. 5:5) y, de hecho, se burla de ellos (Pr. 3:34) como lo hizo con Faraón en el libro de Éxodo. Dios ya había mandado siete plagas cuando le hizo a Faraón una de las preguntas más particulares de todo el Antiguo Testamento por medio de Moisés y Aarón: «¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí?» (Éx. 10:3). Las siete «señales» anteriores deberían haber sido suficientes para dejar ir al pueblo de Dios (Éx. 10:2). Sin embargo, Faraón «se obstinó en pecar» (Éx. 9:34) y «se endureció» aún más (Éx. 9:35; cp. Éx. 8:15, 32).

El orgullo de Faraón
Esta no era la primera vez que un Faraón se enaltecía en su corazón. Anteriormente ya se había levantado «sobre Egipto» un «nuevo rey» que se caracterizaba por su orgullo porque «no conocía a José» (Éx. 1:8; cp. Gn. 47:11–27). Había no solo rechazado cualquier acuerdo previo con José sino que también había concebido con astucia un plan que tenía como primer objetivo debilitar a «los hijos de Israel» para así engrandecer su reino (Éx. 1:9–11). «Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían» (Éx. 1:12). En otras palabras, Dios hizo fracasar la política opresora de Faraón de manera poderosa. No había otra forma de explicar esto más que Dios estaba con su pueblo (cp. Éx. 33:15–17).

Varios años antes, Dios le había prometido a Abraham «una nación grande» (Gn. 12:2). A pesar de que al principio solo«setenta» entraron a Egipto (Éx. 1:5), providencialmente «los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra» (Éx. 1:7; cp. Gn. 1:28). Pero Faraón se aferró a su orgullo e hizo «servir a los hijos de Israel con [mayor] dureza» (Éx. 1:13). Enseguida manifestó dicha actitud al imitar a su padre el diablo —quien «ha sido homicida desde el principio» (Jn. 8:44)— e intentó limitar el crecimiento del pueblo de Dios. Mandó a matar a todos los descendientes varones por medio de «las parteras de las hebreas» a quien les ordenó: «Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva» (Éx. 1:16). Sin embargo, las parteras «temieron a Dios» y «preservaron la vida a los niños» (Éx. 1:17). Irónicamente, el resultado fue que «el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera» (Éx. 1:20).

Faraón no podía con Dios ni con su pueblo, pero esto no significaba que iba a rendirse. Hizo pasar un decreto en todo Egipto que decía: «Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida» (Éx. 1:22). «Por la altivez de su rostro», Faraón no buscó a Dios «en ninguno de sus pensamientos» (Sal. 10:4) pero aún así —en otra demostración de ironía— uno los hijos de Israel terminó en su propia casa (Éx. 2:1–10). Todos sus esfuerzos fueron superados por Dios quien desde «los cielos» se estaba burlando al compás de su soberanía absoluta que lo determina todo (Sal. 2:4), incluso el lugar de donde vendría el libertador de su pueblo. Pasaron los años y ese «rey de Egipto» murió (Éx. 2:23).

Con todo, la situación de «los hijos de Israel» no cambió y todavía «gemían a causa de la servidumbre» (Éx. 2:23). De hecho, se levantó otro Faraón mucho más orgulloso que el anterior, pero Dios no se olvidó del «pacto con Abraham, Isaac y Jacob» (Éx. 2:24) y «reconoció» la condición de su pueblo (Éx. 2:25).

Dios odia el orgullo
Es por eso que cuando Dios se le apareció a Moisés «en una llama de fuego en medio de una zarza» (Éx. 3:2) se identificóa sí mismo como el «Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob» (Éx. 3:6). No solo era el mismo Dios de sus antepasados, sino que aún se acordaba de todas sus promesas (Gn. 12:2–3; 17:3–8; 26:2–5; 23–24; 28:12–15). Moisés inmediatamente se humilló ante su presencia (Éx. 3:5; cp. Nm. 12:3) y «cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios» (Éx. 3:6) cuyo nombre es «YO SOY EL QUE SOY» (Éx. 3:14). Su nombre le dio a entender a Moisés que Dios no tiene principio ni fin. Vive en un permanente presente por la eternidad y su naturaleza, en efecto, no cambia (Éx. 3:15). No puede ser manipulado ni forzado a nada porque Dios es hoy quien ha sido ayer y quien será mañana. Lo que aborreció en el paraíso (Gn. 3:1–24), lo sigue abominando porque su carácter es inmutable (Mal. 3:6; Stg. 1:17).

En este caso, más específicamente, su actitud hacia el orgullo ha permanecido intacta, aún desde antes que Adán y Eva pecaran (Gn. 1:31). El diablo fue quien primeramente «se enalteció» en su corazón (Ez. 18:17) y dijo: «Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo» (Is. 14:13–14). Muchos ángeles le siguieron y, como resultado, Dios «los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día» (Jud. 6). No hay duda alguna, entonces, de que Dios odia el orgullo en base a su naturaleza.

La oportunidad desperdiciada de Faraón
Irónicamente, el orgullo de Faraón también seguía intacto (Éx. 7:14–9:35). Siete plagas no le fueron suficiente para reconocer «que no hay otro como [Dios] en toda la tierra» (Éx. 9:14). Pero ciertamente esto no podía permanecer así para siempre. No hay lugar para el altivo delante de Dios (Sal. 5:5). Eventualmente «todo soberbio» será «abatido» por Dios (Is. 2:12) que por sí mismo juró: «[A] mí se doblará toda rodilla» (Is. 45:23; cp. Fil. 2:10–11). De igual modo, Faraón «no quedar[ía] impune» (Pr. 16:5). Su «quebrantamiento» estaba por caer en cualquier momento (Pr. 18:12) y es, precisamente por eso, que Dios le pregunta: «¿Hasta cuándo?» (Éx. 10:3).

¡Esta era la mejor oportunidad que Faraón tenía de arrepentirse! Hasta sus propios «siervos» se dieron cuenta de la destrucción que había sobrevenido sobre Egipto a causa de su orgullo obstinado (Éx. 10:7). Pero Faraón no dejó ir a todos los hijos de Israel (Éx. 10:11). Por lo tanto, Dios envió tres plagas más sobre el pueblo de Egipto (Éx. 10:12–12:30) hasta que fueron humillados (Éx. 12:31–36).

¿Qué hay de tu orgullo?
El orgullo es tan desagradable para Dios que ocupa el primer lugar de lo que parece ser una versión veterotestamentariade los siete pecados capitales (Pr. 6:16–19). En su esencia, es incompatible con lo que Dios es, fue y siempre será (Lev. 19:2; 20:26; 21:8). Aunque todavía no hemos visto a Dios «tal como él es» (1 Jn. 3:2), sí se ha revelado lo suficiente en Éxodo como para que seamos más humildes de lo que verdaderamente somos. Reconozcamos, pues, nuestra soberbia. Este es el primer paso para adquirir la humildad que Dios demanda de todos nosotros.

No podemos suponer que «la soberbia y la arrogancia» buscarán «el temor de Jehová» (Pr. 8:13) en nuestra vida. El orgullo nunca confiesa ni tampoco se arrepiente de pecado. Ahora bien, si ni siquiera estamos dispuestos a hacer esto es porque todavía tenemos un «más alto concepto de [nosotros] que el que [debemos] tener» (Ro. 12:3). No podemos hacer nada antes de este paso.

Al mismo tiempo, procuremos la humildad con todas nuestras fuerzas porque solamente allí abunda la gracia de Dios (Stg. 4:6; 1 P. 5:5). Dios no tolera los «ojos altaneros» ni el «corazón vanidoso» (Sal. 101:5). Nunca lo ha hecho y, ciertamente, tampoco lo hará «cuando él se manifieste» (1 Jn. 3:2). Se burló de Faraón y «no perdonó a los ángeles» (2 P. 2:4) que buscaron destronarlo (Jud. 6), ¿qué nos hace pensar que tratará con nuestro orgullo de manera diferente? Ante sus ojos, hay «más esperanza [para el] necio» que para el soberbio (Pr. 26:12). «Revist[ámonos] de humildad» «bajo la poderosa mano de Dios» antes de que sea demasiado tarde (1 P. 5:5–6).

Lucas Aleman
Lucas Alemán (M.Div., Th.M., Ph.D. Candidate) es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California, y el editor general y uno de los autores de «La hermenéutica de Cristo» así como uno de los contribuidores de «En ti confiaré». Lucas es oriundo de Argentina. En 2016, comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.