El vino del gran rey

ABRIL, 11

El vino del gran rey

Devocional por John Piper

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. (Hebreos 4:15)

Nunca he escuchado a nadie decir: «Las lecciones verdaderamente profundas en mi vida las aprendí en tiempos de comodidad y vida fácil». Pero sí he escuchado a grandes santos decir: «Cada avance importante que alguna vez haya tenido en entender el insondable amor de Dios y en crecimiento profundo con él, ha sido a través del sufrimiento».

Esta es una verdad bíblica que debemos considerar seriamente. Por ejemplo: «por quien [Cristo] lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo» (Filipenses 3:8). Parafraseado: No hay ganancia sin dolor. O también:

Que todo sea sacrificado ahora, si eso me dará más de Cristo.

Aquí hay otro ejemplo: «Aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció» (Hebreos 5:8). El mismo libro dice que él nunca pecó (Hebreos 4:15).

Entonces, aprender obediencia no significa pasar de desobediencia a obediencia. Significa crecer de manera más y más profunda con Dios en nuestra experiencia de obediencia. Implica experimentar la profundidad de la sumisión a Dios que de otra manera no habría sido requerida. Esto es lo que vino a través del sufrimiento. No hay ganancia sin dolor.

Samuel Rutherford dijo que cuando él fue echado a las cavas de la aflicción, se acordó de que el gran rey siempre guardaba su vino en ese lugar. Charles Spurgeon dijo: «Aquellos que se sumergen en el mar de la aflicción consiguen perlas excepcionales».

¿No queremos más a nuestro amado cuando sentimos un dolor extraño que nos hace pensar que tenemos cáncer? Ciertamente, somos criaturas extrañas. Si tenemos salud y paz y tiempo para amar, es algo apresurado y escaso. Pero si nos estamos muriendo, el amor es profundo, un río lento de gozo inexpresable, y prácticamente no podemos dejarlo.

Por lo tanto: «Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas» (Santiago 1:2).

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¿Qué significa una vergüenza adecuada?

ABRIL, 10

¿Qué significa una vergüenza adecuada?

Devocional por John Piper

Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia. ¿Qué fruto teníais entonces en aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de esas cosas es muerte.(Romanos 6:20-21)

Cuando los ojos de un cristiano son abiertos y puede ver cómo su comportamiento anterior no honraba a Dios, naturalmente se siente avergonzado. Pablo le dice a la iglesia de Roma: «Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia. ¿Qué fruto teníais entonces en aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de esas cosas es muerte» (Romanos 6:20-21).

Existe un momento oportuno para mirar hacia atrás y sentir una punzada de dolor por haber vivido alguna vez de una manera que fuera tan ofensiva hacia Dios. Veremos en un momento que no tenemos que paralizarnos meditando en esto. Sin embargo, el corazón cristiano sensible no puede pensar en las necedades de cuando era joven y no sentir el eco de la vergüenza, aun después de haber arreglado cuentas con el Señor.

Una vergüenza adecuada puede ser muy sana y redentora. Pablo dijo a los Tesalonicenses: «Y si alguno no obedece nuestra enseñanza en esta carta, señalad al tal y no os asociéis con él, para que se avergüence» (2 Tesalonicenses 3:14). Esto significa que la vergüenza es un paso apropiado, que redime al creyente en la conversión y en el arrepentimiento por una temporada de indiferencia espiritual y pecado. La vergüenza no es algo que se deba evitar a toda costa. Existe un lugar para ella en la relación de Dios con su pueblo.

Podemos concluir que el criterio bíblico para la vergüenza inapropiada y para la vergüenza apropiada está radicalmente centrado en Dios.

El criterio bíblico para vergüenza inapropiada dice: No se sientan avergonzados por algo que honra a Dios, sin importar cuán débiles o tontos o equivocados los haga parecer ante los ojos de otras personas. Tampoco asuman la vergüenza de algo que es verdaderamente vergonzoso, a no ser que en realidad estén de alguna manera involucrados en esa maldad.

El criterio bíblico para vergüenza apropiada dice: Siéntanse avergonzados de tomar parte en algo que deshonra a Dios, sin importar cuán fuertes o sabios o justos los haga parecer ante los ojos de otros.

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Nunca inofensivo, privado o seguro

Nunca inofensivo, privado o seguro

Luchando en contra de la pornografía con un placer superior

Conozco la esclavitud tentadora de la pornografía por experiencia propia. He luchado y perdido erráticamente a través de la escuela secundaria y la universidad. Visité mi primer sitio pornográfico en sexto grado cuando un compañero me envió un correo electrónico y disfrazó el enlace de modo que pareciera un proyecto escolar.

En diferentes momentos durante la próxima década de luchar con mi pecado, experimentando pequeñas victorias y a menudo muchas derrotas, tuve la idea de que el matrimonio podría curarme. En mi mente, pensé que sólo necesitaba una esposa para satisfacer mi deseo sexual e impaciencia. Así que me permití sumergirme en una relación tras otra, sabiendo que no había lidiado con la impureza que me atormentaba.

La realidad es que ninguna relación podría resolver mi pecado sexual —ninguna relación, es decir, a excepción de conocer a Cristo. Estaba buscando novias, y la esperanza de una futura esposa, para llenar un deseo que sólo Dios podía llenar. Estaba centrado en autodisciplinarme, en citas y el matrimonio, cuando Dios estaba tratando de enseñarme sobre el gozo y mostrándome dónde encontrar el placer verdadero.

La siesta que nunca termina

La pornografía parece devorar tanto (o más) pies cuadrados de terreno espiritual como cualquier otra amenaza para los jóvenes cristianos de hoy. Tenemos que tomar esta mala hierba más en serio donde sea que sus hojas espinosas comiencen a brotar. Aunque la pornografía pueda parecer inofensiva o privada, no lo es.

  • La pornografía nos ciega delante de Dios (Mateo 5:8). Empaña nuestros ojos delante de Su bondad, verdad y belleza.
  • La pornografía nos enseña a tratar a las mujeres como objetos, como a menos que humanas. Las presenta como posesiones para ser usadas y disfrutadas, para luego ser desechadas.
  • La pornografía promueve la esclavitud sexual —gente real retenida en contra de su voluntad y violadas repetidamente— en todo el mundo, incluso en los Estados Unidos, incluso en tu ciudad o la ciudad principal más cercana.
  • La pornografía menosprecia la verdadera belleza; al igual que el temor del Señor (Proverbios 31:30), y lo reemplaza con una imitación barata y que se desvanece.
  • La pornografía hace que el sexo sea momentáneo y sin importancia, como un cigarrillo, en lugar de ser importante y duradero, como lo es en el matrimonio.
  • La pornografía nos priva de algunas de las delicias que pudiéramos tener con nuestro cónyuge. Nos impide experimentar y disfrutar de ellos y sus cuerpos sin una sombra de imágenes de nuestro pasado.
  • La pornografía arruina rápidamente la confianza en una relación. Nos anima a mentir y a ocultarnos de los demás, a caminar en oscuridad y luego construir muros alrededor de nosotros en la oscuridad.
  • La pornografía atrofia groseramente nuestra madurez, el desarrollo de nuestra mente y nuestros dones, nuestra capacidad de entender a Dios y amar a los demás.
  • La pornografía persigue una licenciatura en el egoísmo, que nos enseña una y otra vez a centrarnos en nosotros mismos, a preferirnos a nosotros mismos y a servirnos a nosotros mismos.
  • La pornografía nos impide participar en todo tipo de ministerio, descalificando a muchos y desmotivando a otros más.
  • La pornografía le está enseñando a muchos niños una distorsión horrible y malvada del amor y el sexo, incluso antes de que sus padres le expliquen la verdad.

La pornografía no es una práctica inofensiva. Si continuamos complaciéndonos con ella, la pornografía robará todo de nosotros. Nos alejará de Cristo y todo aquello que Él quiso darnos a través de Su muerte: perdón, libertad, vida, esperanza, paz y gozo.

Silenciosamente secuestra a millones de personas llevándolas a una agonía interminable y consciente, alejándolas de Dios y de la gloria de encontrarnos con Él. Esclaviza a hombres y mujeres, matándolos de hambre día tras día sin nunca alimentarlos completamente, hasta que se pierden y quedan hambrientos para siempre.

La pornografía nos adormece. Pero no es sueño; es muerte. Se siente como una breve y cómoda siesta, pero nunca despertamos. En nuestra sociedad somos bombardeados constantemente con pornografía, saliendo de todos los poros de nuestros medios de comunicación y tecnología. La mala hierba se ha extendido sin parar por todas partes, incluso donde no es deseada y nos matará si se lo permitimos.

Diez formas de despertar

Uno de los momentos de mayor lucidez para mí en mi camino a la victoria sobre la pornografía, fue darme cuenta de que no era solo una cuestión de autocontrol. El fruto del Espíritu no funciona o crece de esa manera. Nuestros deseos rotos de imágenes o videos sugieren que todo fruto se está pudriendo, no sólo el autocontrol.

Nuestra lucha por la pureza no es meramente una lucha por el dominio propio. Es también una búsqueda y expresión de amor, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y gozo. Cuando nos centramos en la fuerza de voluntad y autonegación y nos olvidamos del resto, nos privamos de la mayoría de las armas que Dios nos ha dado para la guerra.

  1. Cada vez que evitamos mirar la inmodestia, miramos hacia otro lado en amor por nuestro (futuro) cónyuge, por nuestros (futuros) hijos y por la persona inmodesta en frente de nosotros, alguien hecho a la imagen de Dios.
  2. Cuando nos negamos a experimentar el pecado sexual, celebramos nuestra paz con Dios, comprada a un precio incalculable con la sangre de su Hijo. Nos negamos a volver a crucificar a Cristo con más rebelión, y optamos por descansar en el perdón y la vida que Él compró para nosotros.
  3. No complacernos con pornografía o cualquier otra actividad sexual antes del matrimonio puede ser el más brillante letrero de la paciencia hoy día. Nadie en el mundo espera que la evites, pero cuando lo haces, le dices en voz baja a Dios (y a cualquier otra persona que sepa) que Él y su plan son más de lo que jamás hubieras soñado para ti mismo.
  4. La pureza sexual es tanto o más acerca de tener paciencia que de lo que es de tener autocontrol, porque Dios quiere que disfrutes del sexo de la mejor manera posible, en la seguridad y estabilidad del matrimonio.
  5. Cambiamos manipulación y abuso por bondad cuando rechazamos la distorsión retorcida y corrupta que hace la pornografía del sexo. En lugar de aprender a usar a la gente para nuestros propios deseos, enseñamos al mundo a cómo vivir en favor de los intereses de los demás.
  6. La pornografía se ha ocultado en innumerables sitios del internet, difundiendo la maldad en muchos rincones de nuestro mundo. Cuando rechazamos su invitación, disminuimos su alcance e influencia, aunque solo sea por una persona. Y nos damos la oportunidad, en cambio, de ser un agente de la bondad, de usar las redes sociales como un canal para un mensaje totalmente diferente. Podemos llenar la web con enlaces de verdad y belleza, de artículos, vídeos y más cosas que declaren la grandeza de nuestro Dios y de Su amor por nosotros.
  7. Nadie elogia tu fidelidad a Dios cuando parece que no te cuesta absolutamente nada. Incluso cuando parezca que todos los demás de tu edad están lazándose de cabeza a las profundidades de la lujuria, actividad sexual y pornografía —y presumiendo de ello— podemos vivir (y esperar) dramáticamente diferente.
  8. No hay nada de extraño o radical sobre hundirse y gratificarse con el mundo, viendo la película explícitamente sexual que todos los demás están viendo o leyendo la novela romántica explícitamente sexual que al parecer disfrutan todos tus compañeros de clase. Lo que se destacará es nuestra feliz determinación de resistir todos los males en fidelidad a nuestro Rey y Amigo en el cielo.
  9. La educación sexual de la pornografía alienta una manipulación forzada e incluso brutalidad. Es simplemente sexo irreal. El sexo real, el sexo que dos personas pueden disfrutar de por vida sin aburrirse u ofender a Dios, es paciente, desinteresado y gentil.
  10. Por último, la batalla por la pureza no es una batalla en contra de tu gozo, o de no robar cualquier placer o la felicidad de ti en absoluto. Es una batalla por tu gozo, sí en el cielo, pero también ahora. Es posible que estés cambiando un momento de placer, pero en su lugar estás recibiendo una eternidad placentera.

Rechaza hacer clic y elige más de Dios

Aquellos que decidan ver menos ahora, verán más en la eternidad. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). Hay cosas que vemos y con las cuales nos gratificamos, que nos ciegan delante de Dios. No hay nada más espectacular y satisfactorio que ver y disfrutar de Dios, pero qué tan rápido y gentilmente cambiamos esa experiencia por unos míseros minutos de excitación.

Cada vez que nos exponemos y nos entretenemos con la impureza, estamos sacrificando nuestra conciencia y conocimiento de la virtud más alta, de la majestad más plena y del amor más grande que alguien haya experimentado alguna vez. Y cada vez que evitamos la pornografía u otro material sexualmente estimulante, nos preparamos para ver y disfrutar más de nuestro mayor tesoro.

Jesús dice: “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo” (Mateo 13:44).

Cuando nos negamos a hacer clic en búsqueda de un mayor gozo en Jesús, estamos vendiendo lo que este mundo ofrece y comprando un tesoro de valor incalculable lleno de verdadera belleza y felicidad.


Publicado originalmente en DesiringGod.org | Traducido con permiso por Alicia Ferreira de Díaz

 

Marshall Segal es un escritor y editor para desiringGod.org.

Es graduado del Bethlehem College & Seminary.

Él y su esposa tiene un hijo y viven en Minneapolis.

Hablar con Dios, no solo hablar acerca de Él

ABRIL, 09

Hablar con Dios, no solo hablar acerca de Él

Devocional por John Piper

Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo. (Salmos 23:4)

La forma de este salmo es instructiva.

En los primeros tres versículos David se refiere a Dios como «él».

El Señor es mi pastor…

[él] me hace descansar…

[él] me conduce…

Él restaura mi alma.

Después, en los versículos 4 y 5, David se refiere a Dios como «tú»:

No temeré mal alguno porque tú estás conmigo;

tu vara y tu cayado me infunden aliento;

tú preparas mesa delante de mí;

[tú] has ungido mi cabeza con aceite.

Luego, en el versículo 6, regresa a la tercera persona:

En la casa del Señor moraré…

La lección que he aprendido de este formato es que es bueno no hablar por mucho tiempo acerca de Dios sin hablarle a Dios.

Cada cristiano es por lo menos un teólogo amateur, es decir, una persona que trata de entender el carácter y los caminos de Dios y luego lo expresa en palabras. Si no somos pequeños teólogos, entonces no nos hablaremos unos a otros acerca de Dios y nos ayudaremos muy poco en nuestra fe.

Pero lo que he aprendido de David en el Salmo 23 y en otros salmos es que debería entrelazar mi teología con mis oraciones. Debería interrumpir frecuentemente mis conversaciones acerca de Dios con palabras dirigidas a Dios.

No mucho después de la frase teológica que dice «Dios es generoso», debería venir la frase en oración «Gracias, Señor».

Inmediatamente después de «Dios es glorioso», debería seguir «Adoro tu gloria».

Lo que he llegado a ver es que esta es la manera en que debe ser, si es que sentimos la realidad de Dios en nuestro corazón y también la describimos con nuestra mente.

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Demos a conocer a Satanás su derrota

ABRIL, 08

Demos a conocer a Satanás su derrota

Devocional por John Piper

Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros. (Santiago 4:7)

Mientras más real parezca Satanás en nuestro día, más preciosa será la victoria de Cristo para aquellos que creen en él.

El Nuevo Testamento enseña que cuando Cristo murió y resucitó, Satanás fue vencido. Se le ha concedido un tiempo de libertad limitada, pero su poder contra el pueblo de Dios está quebrantado y la destrucción del diablo es segura.

  • «El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo» (1 Juan 3:8).
  • «Él [Cristo] también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—» (Hebreos 2:14). *«Y habiendo [Dios] despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él» (Colosenses 2:15).

En otras palabras, el golpe decisivo fue dado en el Calvario. Y un día, cuando el tiempo de la libertad limitada de Satanás haya terminado, dice Apocalipsis 20:10: «El diablo… será arrojado al lago de fuego y azufre… serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos».

¿Qué significa esto para aquellos que seguimos a Cristo?

  • «Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1).
  • «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica» (Romanos 8:33).
  • «Ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes… ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús» (Romanos 8:38).
  • «Mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4).
  • «Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos» (Apocalipsis 12:11).

Por lo tanto: ¡«Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros»! Él ya ha sido vencido, y nos ha sido dada la victoria. Nuestra tarea ahora es vivir en esa victoria y dar a conocer a Satanás su derrota.

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Lo que significa orar por nuestro enemigo

ABRIL, 07

Lo que significa orar por nuestro enemigo

Devocional por John Piper

Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. (Mateo 5:44)

Orar por nuestros enemigos es una de las formas del amor más profundas porque significa que verdaderamente queremos que algo bueno les suceda.

Puede ser que hagamos cosas buenas por nuestros enemigos sin ningún deseo genuino de que les vaya bien. Pero orar por ellos es algo que hacemos en la presencia de Dios, quien conoce nuestro corazón, y la oración consiste en interceder delante de Dios por ellos.

Podría ser que orásemos por la conversión de ellos, podría ser por su arrepentimiento. Podría ser para que se despierten de la enemistad de su corazón. Podría ser para que abandonen esa espiral descendente del pecado, inclusive si se necesitara una enfermedad o calamidad para lograrlo. Cualesquiera fuere el caso, la oración que Jesús tiene en mente aquí es siempre por su bien.

Esto es lo que Jesús hizo mientras estaba colgado en la cruz:

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34).

Y eso fue lo que hizo Esteban mientras lo apedreaban:

Cayendo de rodillas, clamó en alta voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado (Hechos 7:60).

Jesús nos llama no solo a hacer buenas obras a nuestros enemigos, como saludarlos y ayudarlos en sus necesidades; él también nos llama a desear lo mejor para ellos, y a expresar esos deseos en oraciones cuando el enemigo no esté alrededor.

Nuestro corazón debería desear su salvación y anhelar la presencia de ellos en el cielo y querer su felicidad eterna. Entonces oramos como lo hizo el apóstol Pablo por los judíos, muchos de los cuales no le hicieron la vida muy fácil.

El deseo de mi corazón y mi oración a Dios es por la salvación de ellos (Romanos 10:1).

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Dos maneras de recordar a Jesús

ABRIL, 06

Dos maneras de recordar a Jesús

Devocional por John Piper

Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio. (2 Timoteo 2:8)

Pablo menciona dos maneras específicas de recordar a Jesús: como resucitado de entre los muertos, y como descendiente de David. ¿Por qué recordar a Jesús de estas dos formas?

Porque si él ha resucitado de entre los muertos, está vivo y triunfante sobre la muerte. «Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros» (Romanos 8:11).

Eso significa que, sin importar qué tan terrible sea, lo peor que puede hacernos el sufrimiento en esta tierra es matarnos. Y Jesús le ha quitado el aguijón a ese enemigo. Él está vivo, y nosotros estaremos vivos. «Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (Mateo 10:28).

La resurrección de Jesús no fue una resurrección cualquiera. Fue la resurrección del hijo de David. «Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David». ¿Por qué dice Pablo eso?

Porque todo judío sabía lo que eso significa: que Jesús es el Mesías (Juan 7:42). Eso a su vez significa que esta resurrección no es una resurrección cualquiera, sino la resurrección de un rey eterno. Escuchemos las palabras del ángel a María, la madre de Jesús:

Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin (Lucas 1:31-33).

Entonces recordemos a Jesús, a quien servimos y por quien sufrimos. Él está vivo y reinará para siempre, y su reino no tendrá fin. No importa lo que nos hagan, no tenemos por qué temer.

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Los libros en el juicio

ABRIL, 05

Los libros en el juicio

Devocional por John Piper

Y la adorarán [a la bestia] todos los que moran en la tierra, cuyos nombres no han sido escritos, desde la fundación del mundo, en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado. (Apocalipsis 13:8)

La salvación está asegurada para todos aquellos cuyos nombres han sido escritos en el libro de la vida.

La razón por la que estar registrados en el libro de la vida asegura nuestra salvación es que el libro es llamado «el libro de la vida del Cordero que fue inmolado» (Apocalipsis 13:8). Los nombres en este libro no son salvos en base a las obras de las personas. Son salvos en base a que Cristo fuera inmolado.

¿Cómo es entonces que el registro de nuestra vida que contienen «los libros» tiene un rol en nuestro juicio? La respuesta es que los libros contienen suficiente evidencia de que nosotros pertenecemos a Cristo, lo que funciona como una confirmación pública de nuestra fe y unión con él.

Consideremos Apocalipsis 21:27: «… jamás entrará en ella [la nueva Jerusalén] nada inmundo, ni el que practica abominación y mentira, sino sólo aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero». Aquí el resultado de estar «escritos en el libro de la vida del Cordero» no es solamente no perecer, sino también no practicar comportamientos pecaminosos detestables.

Por ejemplo, consideremos al ladrón de la cruz. Jesús dijo que él entraría al paraíso (Lucas 23:43). Pero ¿cómo será el juicio para él cuando los libros sean abiertos? Más del 99.9 % de su vida será pecado. Su salvación estará asegurada por la sangre de Cristo.

Luego Dios abrirá los libros y usará el registro del pecado para glorificar el supremo sacrificio de su Hijo, y usará la última página para mostrar el cambio que ocurrió en las actitudes y palabras del ladrón. La última página —las últimas horas en la cruz— será la confirmación pública de la fe y la unión del ladrón a Cristo.

Por lo tanto, cuando digo que lo que está escrito en los libros es una confirmación pública de nuestra fe y unión con Cristo, no me refiero a que el registro contenga más obras buenas que malas.

Me refiero a que allí estará registrado el tipo de cambio que demuestra la realidad de la fe: la realidad de la regeneración y la unión con Cristo. Es así como llegaré a ese día, con confianza de que mi condenación es pasado (Romanos 8:3), de que mi nombre está escrito en el libro de la vida, y de que aquel que empezó la buena obra en mí la perfeccionará hasta el día de Cristo.

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Dios nos fortalece a través de otros

ABRIL, 04

Dios nos fortalece a través de otros

Devocional por John Piper

Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos. (Lucas 22:31-21)

¿Y qué pasó con los otros diez apóstoles (sin contar a Judas)?

Satanás también los iba a zarandear a ellos. ¿Acaso Jesús oró por los otros diez?

Sí, lo hizo, pero no le pidió al Padre que guardara la fe de ellos de la misma manera en que guardaría la fe de Pedro.

Dios rompió la espina dorsal del orgullo y la autosuficiencia de Pedro esa noche en la agonía del ataque satánico, pero no lo dejó ir. Hizo que volviera y lo perdonó y lo restauró y fortaleció su fe. Y ahora la misión de Pedro sería fortalecer a los otros diez.

Jesús ayudó a los diez ayudando a Pedro. El fortalecido se convierte en el fortalecedor.

Aquí hay una gran lección para nosotros. Algunas veces Dios lidia con nosotros directamente, fortaleciendo nuestra fe estando solos en la madrugada. Pero la mayor parte de las veces (podríamos decir diez de cada once veces), Dios fortalece nuestra fe a través de otra persona.

Dios nos envía algún Simón Pedro, quien nos da las palabras de gracia precisas que necesitamos para seguir en fe: algún testimonio sobre cómo «el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría» (Salmos 30:5).

La seguridad eterna es un proyecto comunitario. Cuando Dios aliente nuestro corazón con la promesa de que en medio del zarandeo de Satanás nuestra fe no faltará, tomemos este estímulo y dupliquemos nuestro gozo al usarlo para fortalecer a nuestros hermanos y hermanas.

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Cómo responder cuando flaqueamos

ABRIL, 03

Cómo responder cuando flaqueamos

Devocional por John Piper

Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. (Romanos 7:19)

Los cristianos no vivimos solamente en derrota, pero tampoco vivimos solo en perfecta victoria sobre el pecado. Y en aquellas ocasiones en que no logramos triunfar sobre el pecado, Romanos 7:14-25 nos muestra la manera en que un cristiano sano debería responder.

Deberíamos decir lo siguiente:

1. Me deleito en la ley de Dios (versículo 22).

2. Aborrezco lo que acabo de hacer (versículo 15).

3. ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? (versículo 24).

4. ¡Gracias a Dios! La victoria vendrá por Jesucristo Señor nuestro (versículo 25).

En otras palabras, ningún cristiano quiere vivir de esta manera —en derrota—. Ningún cristiano se siente cómodo viviendo de esa manera. Pero si vivimos de esa manera por un tiempo, no deberíamos mentir al respecto.

Nada de hipocresías, ni poses, ni alardeo de perfeccionismo. Tampoco mostremos sonrisas fingidas para la iglesia ni una superficialidad barata.

Dios, sálvanos de estar ciegos a nuestras propias faltas y de la consecuente rapidez en juzgar a otros.

Dios, ayúdanos a sentirnos peor acerca de nuestras propias faltas que por las deficiencias de otros.

¡Dios, danos la honestidad y el candor y la humildad del apóstol Pablo en este texto!

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