¿Cuál es nuestro objetivo?

DICIEMBRE, 27

¿Cuál es nuestro objetivo?

Devocional por John Piper

Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. (Hebreos 10:24)

Cuando se levantan en la mañana y ven el día que tienen por delante, ¿qué se dicen a sí mismos acerca de lo que esperan en ese día? Cuando consideran desde el principio del día hasta el final del día, ¿qué es lo que desean que suceda porque ustedes han vivido ese día?

Si su respuesta es: «Ni siquiera lo pienso, solo me levanto y hago lo que tengo que hacer», entonces se están privando de un medio de gracia esencial y de una fuente de guía y fuerza y fructificación y gozo. En la Biblia está claramente expresado, inclusive en este texto, que Dios quiere que tengamos en la mira, a conciencia, algo significativo para nuestros días.

La voluntad revelada de Dios para ustedes, desde el momento en que se levantan en la mañana, es que no caminen por el día a la deriva, dejando que solo las meras circunstancias dicten lo que tienen que hacer, sino que apunten hacia algo —que pongan la mirada en cierto tipo de propósito—. Aquí me refiero a niños, y a adolescentes, y a adultos —sean solteros, casados, viudos, madres, y en todo tipo de oficio—.

Una vida sin rumbo es como una vida sin vida. Las hojas secas en el jardín de mi casa podrían moverse de un lugar a otro más que ninguna otra cosa —más que el perro y más que los niños—. Si el viento sopla para un lado, las hojas van para ese lado. Si el viento sopla para el otro lado, las hojas van para el otro lado. Dan vueltas, se levantan, caen, se amontonan contra un cerco, pero no tienen dirección de ningún tipo. Están llenas de movimiento, pero carentes de vida.

Dios no creó a los seres humanos a su imagen para que anduvieran sin rumbo, como hojas secas que vuelan por el patio de la vida. Él nos creó para que tengamos un propósito, algo en qué enfocarnos, un objetivo en todos nuestros días. ¿Cuál es el de ustedes hoy?


Devocional tomado del sermón “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor”

 

Cómo considerar la calamidad

DICIEMBRE, 26

Cómo considerar la calamidad

Devocional por John Piper

Las ondas de la muerte me cercaron, los torrentes de iniquidad me atemorizaron… En cuanto a Dios, su camino es perfecto. (2 Samuel 22:531)

Luego de perder a sus diez hijos en un «desastre natural» (Job 1:19), Job dijo: «El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor» (Job 1:21). Al final del libro, el inspirado autor confirma que Job comprendió lo que había sucedido, y dice que los hermanos y hermanas de Job «lo consolaron por todo el mal que el Señor había traído sobre él» (Job 42:11).

Esto tiene varias implicaciones para nosotros cuando pensamos en la gran catástrofe del 26 de diciembre de 2004 en el océano Índico —uno de los desastres naturales más mortífero que haya sido registrado—.

1. Satanás no tiene la última palabra, Dios sí.

Satanás estuvo involucrado en el sufrimiento de Job, pero su obra no fue decisiva. Dios le dio permiso a Satanás para afligir a Job (Job 1:122:10). Sin embargo, Job y el autor de este libro consideran a Dios como la causa final y decisiva. Cuando Satanás lo hirió con llagas, Job le dijo a su esposa: «¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?» (Job 2:10), y el escritor llama a estas llagas satánicas «todo el mal que el Señor había traído sobre él» (Job 42:11). Eso significa que Satanás es real y que trae miseria, pero no es quien tiene la última palabra. Tiene una correa atada al cuello. No va más lejos de lo que Dios decididamente le permita.

2. Aún si Satanás hubiera causado el sismo del océano Indico el día siguiente a Navidad, él no es la causa decisiva de las más de 200? 000 muertes; Dios es.

Dios afirma tener poder sobre los tsunamis en Job 38:8-11, donde le hace a Job una pregunta retórica: «¿Quién encerró con puertas el mar, cuando, irrumpiendo, se salió de su seno… y dije: “Hasta aquí llegarás, pero no más allá; aquí se detendrá el orgullo de tus olas”?». El Salmo 89:8-9dice: «Oh Señor… tú dominas la soberbia del mar; cuando sus olas se levantan, tú las calmas». Y Jesús mismo hoy tiene el mismo control que tuvo una vez sobre las amenzas de muerte de las olas: «Y Él… reprendió al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma» (Lucas 8:24). En otras palabras, aun si Satanás hubiera provocado el maremoto, Dios podría haber detenido las olas.

3. Las calamidades destructivas de este mundo son una mezcla de juicio y misericordia.

Sus propósitos no son simples. Job era un hombre piadoso y sus aflicciones no eran un castigo de Dios (Job 1:18). El motivo de su calamidad fue purificar, no castigar (Job 42:6). Pero no sabemos cuál era el estado espiritual de sus hijos. Con certeza, Job estaba preocupado por ellos (Job 1:5). Es probable que Dios les haya quitado la vida como juicio. Si eso es cierto, entonces la misma calamidad, al final, demuestra ser misericordia para Job y juicio para sus hijos. Lo mismo sucede con todas las calamidades. Son una mezcla de juicio y misericordia. Son tanto para castigar como para purificar. El sufrimiento, e incluso la muerte, pueden ser al mismo tiempo para juicio y misericordia.

La ilustración más clara de esta verdad es la muerte de Jesús. Esta fue tanto juicio como misericordia: juicio sobre Jesús porque cargó con nuestros pecados (no suyos), y misericordia para nosotros que confiamos en él para que cargara con nuestro castigo (Gálatas 3:131 Pedro 2:24) y para que fuera nuestra justicia (2 Corintios 5:21). Otro ejemplo es la maldición que yace sobre esta tierra caída por el pecado. Para aquellos que no creen en Cristo, es juicio; pero para los creyentes es una misericordiosa, aunque dolorosa, preparación para la gloria. «Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza» (Romanos 8:20). Tal es la sujeción de la creación a Dios, y es por eso que hay tsunamis.

4. El corazón que Cristo da a su pueblo siente compasión por aquellos que sufren, independientemente de sus creencias.

Cuando la Biblia dice «llorad con los que lloran» (Romanos 12:15), no agrega «a menos que Dios haya provocado el llanto». Hubiera sido mejor que los amigos que intentaban consolar a Job lloraran con él en lugar de hablar tanto. Nada de eso cambia cuando descubrimos que el sufrimiento de Job provenía de Dios en última instancia. No; está bien llorar con los que sufren. El dolor es dolor, sin importar quien lo provoque. Todos somos pecadores. La empatía fluye no por la causa del dolor, sino por la compañía en el dolor. Y todos estamos juntos en esa situación.

5. Por último, Cristo nos llama a mostrar misericordia a aquellos que sufren, incluso cuando no lo merezcan.

Ese es el significado de la misericordia —ayuda inmerecida—. «Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen» (Lucas 6:27).


Devocional tomado del articulo “Tsunami, Sovereignty, and Mercy

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Tres regalos de Navidad

DICIEMBRE, 25

Tres regalos de Navidad

Devocional por John Piper

Hijos míos, que nadie os engañe; el que practica la justicia es justo, así como Él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo. (1 Juan 3:7-8)

Meditemos en esta situación excepcional. Si el Hijo de Dios vino para ayudarnos a dejar de pecar —para destruir las obras del diablo— y si también vino a morir para que cuando pecáramos hubiera una propiciación, de modo que la ira de Dios fuera quitada, ¿qué es lo que esto implica en nuestra vida?

Tres cosas, y las tres son maravillosas. Las expondré brevemente a modo de regalos de Navidad.

1. Un propósito claro para la vida

La venida de Cristo le da un propósito claro a nuestra vida. De manera negativa es muy simple: no pecar. «…Os escribo estas cosas para que no pequéis» (1 Juan 2:1). «El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo» (1 Juan 3:8).

Si se preguntan, «¿Nos podrías decir lo mismo de una manera positiva, en lugar de negativa?» La respuesta es esta: Sí, todo está resumido en 1 Juan 3:23. Ese pasaje es una gran síntesis de lo que toda la carta de Juan requiere. Observemos la forma singular de la palabra mandamiento: «Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros como Él nos ha mandado». Estas dos cosas estan tan estrechamente conectadas para Juan, que él las llama un solo mandamiento: amar a Jesús y amar a los demás. Ese es nuestro propósito. Es el resumen de la vida cristiana: confiar en Jesús y amar a las personas. He aquí el primer regalo: un propósito por el cual vivir.

2. La esperanza de que nuestras faltas serán perdonadas

Reflexionemos en la segunda implicación conformada por las dos verdades de que Jesús vino a destruir nuestra conducta pecaminosa y a perdonar nuestros pecados. Esta segunda implicación consiste en lo siguiente: progresamos en nuestra lucha contra el pecado cuando tenemos la esperanza de que nuestras faltas serán perdonadas. Si no tenemos esperanza de que Dios perdonará nuestras faltas, nos daremos por vencidos en cuanto empecemos a combatir el pecado.

Muchos de ustedes estarán considerando hacer cambios en el nuevo año porque han caído en conductas pecaminosas y quieren ser libres de ellas. Quieren nuevos hábitos de alimentación y de entretenimiento, nuevos patrones para ofrendar, nuevas formas de relacionarse con su cónyuge, nuevas formas de buscar al Señor en familia, nuevos hábitos de descanso y ejercicio físico, nuevas formas de tomar coraje para compartir el evangelio. Pero están luchando, preguntándose si el esfuerzo vale la pena. Bueno, he aquí entonces el segundo regalo de Navidad: Cristo no solo vino a destruir las obras del diablo, es decir, nuestro pecado, sino que también vino para abogar a nuestro favor cuando fracasemos en nuestra lucha.

Por eso les ruego, permitan que la libertad para fracasar les dé esperanza para luchar. ¡Pero cuidado! Si transforman la gracia de Dios en una licencia y dicen: «Bien, si puedo fracasar, y no tiene importancia, entonces ¿para qué molestarme en luchar?». Si dicen eso, y realmente lo creen, y persisten en actuar así, entonces es probable que no hayan nacido de nuevo, y deberían temblar ante tal posibilidad.

Pero esa no es la posición en la que la mayoría de ustedes se encuentra. La mayoría de ustedes quiere luchar contra las conductas pecaminosas que hay en su vida. Lo que Dios les dice es esto: permitan que la libertad para fracasar les dé esperanza para luchar. Escribo esto para que no pequen, pero si pecan, tienen un abogado: Jesucristo.

3. La ayuda de Cristo

Por último, la tercera implicación de esta verdad doble de que Cristo vino para que no sigamos pecando y para perdonar nuestros pecados, es la siguiente: Cristo está dispuesto a ayudarnos en nuestra lucha. En verdad nos ayudará. Él está de nuestro lado. No vino a destruir el pecado porque el pecado sea entretenido, sino porque es fatal. El pecado es una obra engañosa del diablo y nos llevará a la ruina si no luchamos contra este. Cristo vino a ayudarnos, no a hacernos daño.

Por lo tanto, he aquí nuestro tercer regalo de Navidad: Cristo nos ayudará a vencer el pecado en nosotros. Como dice 1 Juan 4:4: «mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo». Jesús está vivo, Jesús es todopoderoso, Jesús vive en nosotros por la fe. Y además Jesús está a nuestro favor, no en nuestra contra. Él nos ayudará Confiemos en él.


Devocional tomado del mensaje “The Son of God Appeared to Destroy the Works of the Devil”

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El Hijo de Dios se manifestó

DICIEMBRE, 24

El Hijo de Dios se manifestó

Devocional por John Piper

Hijos míos, que nadie os engañe; el que practica la justicia es justo, así como Él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo. (1 Juan 3:7-8)

Cuando el versículo dice que «el Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo», ¿a qué se refiere con «las obras del diablo»? La respuesta es evidente en el contexto.

Primero, el versículo 5 es un claro paralelismo: «Y vosotros sabéis que Él se manifestó a fin de quitar los pecados». La frase «se manifestó…» aparece tanto en el versículo 5 como en el 8, entonces probablemente las «obras del diablo» que Jesús vino a destruir son los pecados. La primera parte del versículo 8 favorece esta interpretación: «El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio».

El tema en este contexto es el pecado, no la enfermedad, ni los autos malogrados, ni las agendas complicadas. Jesús vino al mundo para ayudarnos a dejar de pecar.

Permítanme ponerlo junto a la verdad de 1 Juan 2:1: «Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis». En otras palabras, Juan promueve el propósito de la Navidad (1 Juan 3:8), el propósito de la encarnación. Luego agrega (2:1-2): «Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Él mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero».

Veamos lo que esto significa: significa que Jesús vino al mundo por dos razones. Vino para que no sigamos pecando; y vino para morir de manera que hubiera una propiciación, es decir, un sacrificio sustitutivo que quitara la ira de Dios por nuestros pecados, cuando pecáramos.


Devocional tomado del mensaje “The Son of God Appeared to Destroy the Works of the Devil”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

El indescriptible regalo de Dios

DICIEMBRE, 23

El indescriptible regalo de Dios

Devocional por John Piper

Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:10-11)

¿Cómo recibimos reconciliación y gozo en Dios en la práctica? Una respuesta sería así: por medio de Jesucristo. Lo que significa, al menos en parte, crear el retrato de Jesús como está en la Biblia —la obra y las palabras de Jesús retratadas en el Nuevo Testamento— el contenido esencial de nuestro júbilo en Dios. El gozo sin el contenido de Cristo no honra a Cristo.

En 2 Corintios 4:4-6, Pablo describe la conversión de dos maneras. En el versículo 4, dice que es ver «la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios». Y en el versículo 6, dice que es ver «la gloria de Dios en la faz de Cristo». En ambos casos, podemos apreciar cuál es el punto. Tenemos a Cristo, la imagen de Dios, y tenemos a Dios en el rostro de Cristo.

En un sentido práctico, para regocijarnos en Dios nos regocijamos en lo que vemos y conocemos de Dios en el retrato de Jesucristo. Y lo experimentamos plenamente cuando el amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, como dice Romanos 5:5.

Esto nos lleva al tema central la de Navidad: no solo Dios pagó por nuestra reconciliación mediante la muerte del Señor Jesucristo (versículo 10), y no solamente Dios nos dio la capacidad de recibir la reconciliación por medio del Señor Jesucristo (versículo 11), sino que también ahora, como dice el versículo 11, nos gloriamos en Dios mismo por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Jesús adquirió por precio nuestra reconciliación. Nos dio la capacidad de recibir la reconciliación y de abrir el regalo. Y Jesús mismo resplandece desde la envoltura —el obsequio indescriptible— como Dios manifestado en la carne, y despierta todo nuestro gozo en Dios.

Pongamos la mirada en Jesús esta Navidad. Recibamos el regalo de la reconciliación por la que él pagó. No lo dejemos sin abrir en un anaquel, ni lo abramos para luego convertirlo en el medio para obtener todos nuestros otros placeres.

Abramos y disfrutemos el regalo. Alegrémonos en Cristo. Hagamos de él nuestro deleite. Hagamos de él nuestro tesoro.


Devocional tomado del sermón “Nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”

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Para que ustedes crean

DICIEMBRE, 22

Para que ustedes crean

Devocional por John Piper

Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro; pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre. (Juan 20:30-31)

Estoy plenamente convencido que aquellos que hemos crecido en la iglesia, que podemos recitar las grandes doctrinas de nuestra fe mientras dormimos y que bostezamos durante el Credo de los Apóstoles, necesitamos hacer algo que nos ayude a sentir otra vez la plenitud, el temor, el fervor, la admiración por el Hijo de Dios —engendrado por el Padre desde la eternidad, el reflejo de toda la gloria de Dios, siendo la misma imagen de su persona, a través de quien todas las cosas fueron creadas, y por cuya palabra de poder el universo se sostiene—.

Podemos leer todos los cuentos de fantasía de todos los tiempos, cada historia de misterio y de fantasmas, y nunca encontraremos algo tan impactante, tan extraño, tan extraordinario y fascinante como la historia de la encarnación del Hijo de Dios.

¡Cuán muertos estamos! ¡Dios, cuán insensibles somos a tu gloria y a tu historia! Cuántas veces he tenido que arrepentirme y decir: «Señor, cuánto lamento que las historias creadas por hombres hayan conmovido mis emociones, mi impresión y asombro y admiración y gozo más que tu historia, que es verdadera».

Las películas de nuestros tiempos acerca de los viajes al espacio, como La guerra de las galaxias y El imperio contrataca, pueden hacernos este gran bien: pueden humillarnos y llevarnos al arrepentimiento, al mostrarnos que en realidad somos capaces de experimentar la fascinación y la admiración y el asombro que rara vez sentimos cuando contemplamos al Dios eterno, al inconmensurable Cristo y al contacto real y vivo entre ellos y nosotros en Jesús de Nazaret.

Cuando Jesús dijo «para esto he venido al mundo», lo que estaba diciendo era algo tan inconcebible y extraño e inquietante como cualquier afirmación de ciencia ficción que hayan leído.

Oh, cómo oro de todo corazón para que haya un avivamiento del Espíritu de Dios en nosotros, para que el Espíritu Santo irrumpa en nuestra vida de modo aterrador y nos despierte a la realidad inimaginable de Dios.

Un día de estos, un relámpago cubrirá el cielo desde el amanecer hasta la puesta del sol, y aparecerá en las nubes uno semejante a un hijo de hombre, con sus poderosos ángeles rodeado en llamas de fuego. Lo veremos con claridad. Y ya sea por terror o fascinación, nos estremeceremos y nos preguntaremos cómo pudimos vivir tanto tiempo con un Cristo domesticado e inofensivo.

Estas cosas fueron escritas para que creamos que Jesucristo es el Hijo de Dios que vino al mundo —realmente lo creamos—.


Devocional tomado del sermón “Christmas and the Cause of Truth”

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El nacimiento del Anciano de Días

DICIEMBRE, 21

El nacimiento del Anciano de Días

Devocional por John Piper

Pilato entonces le dijo: ¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. (Juan 18:37)

Este es un pasaje importante para Navidad aunque trate del final de la vida de Jesús en la tierra, y no del principio.

La singularidad de su nacimiento consiste en que él no existió a partir de su alumbramiento. El existía desde antes de nacer en un pesebre. La condición de individuo, el carácter y la personalidad de Jesús de Nazaret existían antes de que el hombre Jesús de Nazaret naciera.

El término teológico para describir este misterio no es creación, sino encarnación. La persona —no el cuerpo, sino la singularidad esencial de la persona de Jesús— existía antes de que él naciera como hombre. Su nacimiento no fue el origen de una nueva persona, sino la venida al mundo de una persona infinitamente anciana.

Setecientos años antes de que Jesús naciera, Miqueas 5:2 lo explicó de la manera siguiente:

Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad.

El misterio del nacimiento de Jesús no consiste únicamente en que nació de una virgen. Dios quiso que ese milagro sea testimonio de un milagro aún más grande: que el niño nacido en Navidad era una persona que existió «desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad».


Devocional tomado del mensaje “Christmas and the Cause of Truth”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

El nacimiento del Anciano de Días

DICIEMBRE, 21

El nacimiento del Anciano de Días

Devocional por John Piper

Pilato entonces le dijo: ¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. (Juan 18:37)

Este es un pasaje importante para Navidad aunque trate del final de la vida de Jesús en la tierra, y no del principio.

La singularidad de su nacimiento consiste en que él no existió a partir de su alumbramiento. El existía desde antes de nacer en un pesebre. La condición de individuo, el carácter y la personalidad de Jesús de Nazaret existían antes de que el hombre Jesús de Nazaret naciera.

El término teológico para describir este misterio no es creación, sino encarnación. La persona —no el cuerpo, sino la singularidad esencial de la persona de Jesús— existía antes de que él naciera como hombre. Su nacimiento no fue el origen de una nueva persona, sino la venida al mundo de una persona infinitamente anciana.

Setecientos años antes de que Jesús naciera, Miqueas 5:2 lo explicó de la manera siguiente:

Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad.

El misterio del nacimiento de Jesús no consiste únicamente en que nació de una virgen. Dios quiso que ese milagro sea testimonio de un milagro aún más grande: que el niño nacido en Navidad era una persona que existió «desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad».


Devocional tomado del mensaje “Christmas and the Cause of Truth”

Solidaridad navideña

DICIEMBRE, 20

Solidaridad navideña

Devocional por John Piper

El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo. (1 Juan 3:8)

La cadena de montaje en la planta de Satanás produce millones de pecados por día. Él los empaca en enormes aviones de carga y los hace volar hasta el cielo y los esparce delante de Dios, y luego se ríe y ríe y ríe.

Algunas personas trabajan a tiempo completo en la cadena de montaje. Otros han renunciado a ese trabajo y solo vuelven de vez en cuando.

Cada minuto de trabajo en la cadena de montaje hace que Dios sea el hazmerreir de Satanás. El pecado es el negocio de Satanás porque él odia la luz y la belleza y la pureza y la gloria de Dios. Nada lo complace más que cuando los humanos desconfían y desobedecen a su Creador.

Por lo tanto, la Navidad trae buenas nuevas para el hombre y para Dios.

«Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Timoteo 1:15). Esa es una buena noticia para nosotros.

«El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo» (1 Juan 3:8). Esa es una buena noticia para Dios.

La Navidad es una buena noticia para Dios porque Jesús vino a liderar una huelga en la cadena de montaje de Satanás. Entró a la fábrica, llamó a Solidaridad a los fieles e inició a una retirada masiva.

La Navidad es un llamado a hacer huelga en la planta de montaje de pecados. No hay negociaciones con la administración. No hay acuerdos. Solo una inquebrantable y decidida oposición al producto.

La Solidaridad navideña tiene como objetivo derribar los aviones de carga. No hará uso de la fuerza ni de la violencia, sino que con una devoción constante a la Verdad, expondrá las condiciones de muerte de la industria del diablo.

La Solidaridad navideña no se rendirá hasta que se haya logrado el cierre total de la planta.

Cuando el pecado haya sido destruido, el nombre de Dios será enteramente exonerado y nadie más se reirá de él.

Si desean hacerle un regalo a Dios en esta Navidad, dejen su puesto en la cadena de montaje y no regresen jamás. Asuman su puesto en la línea de la huelga por el amor. Únanse a la Solidaridad navideña hasta que el majestuoso nombre de Dios sea limpiado y él se levante glorioso en medio de la alabanza de los justos.


Devocional tomado del libro “Christmas Solidarity”

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La Navidad es para libertad

DICIEMBRE, 19

La Navidad es para libertad

Devocional por John Piper

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14-15)

Jesús se hizo hombre porque era necesaria la muerte de un hombre que fuera más que hombre. En la encarnación, Dios mismo se hizo prisionero para la pena de muerte.

Cristo no corrió ningún riesgo de muerte; él se entregó a la muerte. Precisamente a eso vino: no para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45).

¡No es de extrañarse que Satanás intentara desviar a Jesus de la crucifixión! La cruz fue la destrucción de Satanás. ¿Cómo lo destruyó Jesús?

El «poder de la muerte» es la habilidad de hacer de la muerte algo temible. El «poder de la muerte» es el poder que sujeta a los hombres a esclavitud a través del miedo a la muerte. Es el poder para mantener a los hombres en pecado, de manera que esa muerte se presente como algo espantoso.

Sin embargo, Jesús despojó a Satanás de este poder. Lo desarmó. Forjó para nosotros una coraza de justicia que nos hace inmunes a la condenación del diablo.

Por medio de su muerte, Jesús borró todos nuestros pecados. Una persona sin pecado deja a Satanás sin trabajo. Su traición es abortada. Su vasta perfidia se ve frustrada. «¡Que muestre su vigor Satán, y su furor! Dañarnos no podrá, pues condenado es ya». La cruz lo atravesó, y pronto estará dando su último suspiro.

La Navidad es para libertad: libertad del temor de la muerte.

Jesús adoptó nuestra naturaleza en Belén, para sufrir nuestra muerte en Jerusalén, para que podamos habitar sin temor en nuestra ciudad. Así es, sin temor. Porque, si la mayor amenaza a nuestro gozo ha desaparecido, ¿por qué habríamos de inquietarnos por amenazas menores? ¿Acaso podríamos decir: «Bien, no tengo miedo a la muerte, pero sí a perder mi trabajo»? No. Por supuesto que no. ¡Piénsenlo!

Si la muerte (la muerte, es decir, ¡sin pulso, el cuerpo frío, no existo más!) ya no representa un temor, somos libres, verdaderamente libres. Libres para asumir cualquier riesgo bajo el sol por causa de Cristo y por amor. No más esclavitud a la ansiedad.

¡Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres!


Devocional tomado del articulo “Freed By Christmas And Calvary”

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