La Navidad como modelo para las misiones

DICIEMBRE, 18

La Navidad como modelo para las misiones

Devocional por John Piper

Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. (Juan 17:18)

La Navidad es un modelo para las misiones. Las misiones son un espejo de la Navidad. «Como yo… así ustedes».

Pongamos por ejemplo el peligro. Cristo vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. Así ustedes. Conspiraron contra él. Así ustedes. No tuvo casa permanente. Así ustedes. Presentaron falsas acusaciones contra él. Así ustedes. Lo golpearon y se burlaron de él. Así ustedes. Murió después de tres años de ministerio. Así ustedes.

Pero hay un peligro peor que cualquiera de estos, del cual Jesús huyó. ¡¡Y así ustedes!!

A mediados del siglo XVI, el misionero católico Francis Xavier (1506-1552) le escribió al Padre Perez de Malaca (que hoy en día es parte de Indonesia) acerca de los peligros de su misión en China. Decía:

El mayor de los peligros sería perder la confianza y seguridad en la misericordia de Dios… Desconfiar de él sería mucho más terrible que cualquier maldad física que todos los enemigos de Dios pudieran infligir a nuestra carne, ya que sin el consentimiento de Dios, ni los demonios ni sus ministros humanos podrían afectarnos en lo más mínimo.

El mayor peligro al que se enfrenta un misionero es la desconfianza en la misericordia de Dios. Si logramos sortear este peligro, todas las demás amenazas pierden la capacidad de herirnos.

Dios hace de cada daga un cetro en nuestras manos. Como dijo J. W. Alexander: «Cada instante de labor en el presente será benévolamente retribuido con millones de siglos de gloria».

Cristo huyó del peligro de la desconfianza. Por lo tanto, ¡Dios lo exaltó hasta lo sumo!

Recuerden en este Adviento que la Navidad es un modelo para las misiones. Como yo, así ustedes. Tal misión implica peligros, y el mayor de los peligros es desconfiar de la misericordia de Dios. Si sucumbimos a la desconfianza todo está perdido. Si la conquistamos, nada podrá lastimarnos por un millón de siglos.


Devocional tomado del articulo “Dangerous Mission”

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La salvación más grande que podamos imaginar

DICIEMBRE, 17

La salvación más grande que podamos imaginar

Devocional por John Piper

He aquí, vienen días —declara el Señor— en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto… (Jeremías 31:31)

Dios es justo y santo, y está separado de los pecadores como nosotros. Ese es nuestro problema principal en Navidad y en cualquier otra época del año. ¿Cómo haremos para reconciliarnos con un Dios justo y santo?

No obstante, Dios es misericordioso y nos prometió en Jeremías 31 (quinientos años antes de Cristo) que un día haría algo nuevo: reemplazaría las sombras con la Realidad del Mesías. Y se movería con poder en nuestra vida, escribiendo su voluntad en nuestro corazón para que no nos veamos condicionados por lo exterior, sino que desde nuestro interior anhelemos amarlo y confiar en él y seguirlo.

Esa es la salvación más grande que podamos imaginar: que Dios nos ofrezca la más grandiosa Realidad del universo para que nos gocemos en ella, y que luego obre en nosotros para asegurarse que podemos disfrutar de esta Realidad con la mayor libertad y alegría posibles. Este sería un regalo de Navidad digno de nuestras canciones.

Eso es en verdad lo que él prometió. Pero se nos presenta un enorme obstáculo: nuestro pecado —la separación de Dios a causa de nuestra injusticia—.

¿Cómo puede un Dios santo y justo tratar a pecadores como nosotros con tanta benevolencia, hasta el punto de ofrecernos la más grandiosa Realidad del universo (su Hijo) para que nos regocijemos con la mayor alegría posible?

La respuesta es que Dios echó nuestros pecados sobre su Hijo, y los juzgó desde esa posición, para así poder borrarlos de su mente y tratarnos con misericordia y seguir siendo justo y santo al mismo tiempo. Hebreos 9:28 dice: «Cristo… [fue] ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos».

Cristo cargó con nuestros pecados en su propio cuerpo al morir. Asumió nuestro castigo. Canceló nuestra culpa. Eso significa que nuestros pecados fueron borrados y que no permanecen en la memoria de Dios como fundamento para condenación. En ese sentido, Dios los «olvida» —son consumidos en la muerte de Cristo—.

Esto quiere decir que ahora Dios es libre, en su justicia, para bendecirnos profusamente con el nuevo pacto. Nos da a Cristo, la más grandiosa Realidad del universo, para nuestro deleite. Y escribe su propia voluntad —los deseos de su propio corazón— en nuestro corazón, para que así podamos amar a Cristo y confiar en Cristo y seguir a Cristo desde lo más profundo de nuestro ser, con libertad y gozo.


Devocional tomado del sermón “Jesús: Mediador de un mejor pacto, Parte 2″

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El contratiempo más triunfante de Dios

DICIEMBRE, 16

El contratiempo más triunfante de Dios

Devocional por John Piper

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:9-11)

La Navidad fue el más triunfante de los contratiempos para Dios. Él siempre se ha deleitado en mostrar su poder a través de una aparente derrota, efectuando retiradas tácticas para obtener victorias estratégicas.

José recibió en un sueño la promesa de gloria y poder (Génesis 37:5-11), pero para alcanzar esa victoria tendría que volverse esclavo en Egipto. Y como si eso fuera poco, cuando las circunstancias mejoraron gracias a su integridad, lo convirtieron en algo peor que un esclavo: un prisionero.

Sin embargo, todo estaba planeado. Allí en la prisión conocería al copero del Faraón, quien finalmente lo llevaría a la corte del Faraón, quien le otorgaría autoridad sobre Egipto. ¡Vaya que fue un inesperado camino hacia la gloria!

Así son los designios de Dios —incluso para su Hijo—. Se despojó de sí mismo y tomó la forma de un esclavo. Peor aún que un esclavo —un prisionero— y fue ejecutado. Pero al igual que José, conservó su integridad. «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla» (Filipenses 2:9-10).

Estos son los designios de Dios también para nosotros. Nos ha prometido gloria si padecemos con él (Romanos 8:17). El camino hacia arriba es para abajo. La ruta hacia adelante es para atrás. El camino de la victoria es a través de los contratiempos asignados divinamente. Estos siempre parecerán y se sentirán como fracasos.

No obstante, si hay algo que José y Jesús pueden enseñarnos en esta Navidad, es que ¡«Dios lo encaminó a bien»! (Génesis 50:20). Como dice la canción:

Ustedes, santos temerosos, tomen nuevo aliento

Las nubes que tanto los atemorizan

Llenas de misericordia están y romperán en su momento

En una lluvia de bendiciones.


Devocional tomado del libro “Joseph and Jesus: God’s Successful Setbacks”

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Vida y muerte en Navidad

DICIEMBRE, 15

Vida y muerte en Navidad

Devocional por John Piper

El ladrón solo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)

Justo cuando estaba por empezar a escribir este devocional, recibí la noticia de que Marion Newstrum acababa de fallecer. Marion y su esposo Elmer fueron miembros de nuestra iglesia Bethlehem por mucho más tiempo que el tiempo de vida de la mayoría de nuestros miembros. Ella tenía 87 años, y ellos tenían 64 años de casados.

Cuando hablé con Elmer y le dije que se fortaleciera en el Señor y no se diera por vencido frente a la vida, él respondió: «Él ha sido un verdadero amigo». Oro para que todos los cristianos puedan decir en sus últimos momentos de vida: «Cristo ha sido un verdadero amigo».

Todos los años en Adviento conmemoro el aniversario de la muerte de mi madre. Perdió la vida a los 56 años de edad en un accidente de tránsito mientras viajaba en un autobús en Israel. Fue el 16 de diciembre de 1974. Aquellos acontecimientos siguen siendo increíblemente vívidos para mí incluso hoy día. Si me lo permitiera, las lágrimas correrían con facilidad por mi rostro al pensar, por ejemplo, que mis hijos nunca llegaron a conocerla. El entierro fue el día siguiente a Navidad. ¡Cuán preciosa fue esa Navidad!

Muchos de ustedes en esta Navidad sentirán su pérdida personal de un modo mucho más punzante que antes. No repriman esos sentimientos. Déjenlos salir. Siéntanlos. ¿De qué sirve el amor, sino es para hacer más intensas nuestras emociones, tanto en la vida como en la muerte? Pero, les ruego, no se dejen llevar por la amargura: es un sentimiento trágicamente autodestructivo.

Jesús vino en Navidad para que tengamos vida eterna: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). Elmer y Marion habían conversado acerca de dónde pasarían los últimos años de su vida. Elmer me dijo: «Marion y yo acordamos que nuestro último hogar sería en la presencia del Señor».

¿Están ansiosos por su hogar? Parte de mi familia vendrá a mi casa estas fiestas. Es una linda sensación. Creo que en el fondo se siente bien porque tanto ellos como yo, desde el fondo de nuestro ser, estamos destinados para el último Homecoming (fiesta de exalumnos de ‘regreso al hogar’). Todos las otras celebraciones de homecoming son solo una muestra anticipada de lo que vendrá. Y estas muestras son buenas.

A menos que se conviertan en sustitutos. No permitamos que todas las cosas agradables de esta temporada se vuelvan sustitutos del gran Bienestar final, que todo lo satisface. Dejemos que cada pérdida y cada deleite dirijan nuestro corazón hacia el hogar celestial.

¿Qué es la Navidad sino esto: yo he venido para que tengan vida? Para que Marion Newstrum, Ruth Piper, ustedes y yo tengamos Vida, ahora y para siempre.

Hagamos que nuestro Ahora sea más rico y profundo en esta Navidad, bebiendo de la fuente del Para Siempre que se encuentra tan cerca.


Devocional tomado del articulo “Vida y muerte en Navidad”

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Haciéndolo Realidad para su pueblo

DICIEMBRE, 14

Haciéndolo Realidad para su pueblo

Devocional por John Piper

Pero ahora Él [Cristo] ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es también el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. (Hebreos 8:6)

Según Hebreos 8:6, Cristo es el Mediador de un nuevo pacto. ¿Qué significa eso? Significa que su sangre —la sangre del pacto (Lucas 22:20Hebreos 13:20)— pagó por el cumplimiento de las promesas de Dios para nosotros.

Significa que Dios hace posible nuestra transformación interna por medio del Espíritu de Cristo.

También significa que Dios obra toda esta transformación en nosotros mediante la fe en todo lo que Dios es para nosotros en Cristo.

El nuevo pacto fue adquirido por el precio de la sangre de Cristo, fue establecido por el Espíritu de Cristo, y nos apropiamos de él por la fe en Cristo.

El mejor pasaje para ver a Cristo trabajando como el mediador del nuevo pacto es Hebreos 13:20-21:

Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno [ese es el precio del nuevo pacto], os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Las palabras «obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él» describen lo que sucede cuando Dios escribe la ley en nuestros corazones en el nuevo pacto. Y las palabras «mediante Jesucristo» describen a Jesús como Mediador de esta gloriosa obra de la gracia soberana.

Por lo tanto, el significado de la Navidad no solo es que Dios reemplaza las sombras por la Realidad, sino que él también toma la realidad y la hace real para su pueblo. La escribe en nuestro corazón. Él no deja el regalo de Navidad de la salvación y la transformación para que nosotros lo recojamos en nuestras propias fuerzas. Él lo toma en sus manos y lo deposita en nuestro corazón y en nuestra mente, y deja en nosotros el sello de que somos hijos de Dios.


Devocional tomado del sermón “Jesús: Mediador de un mejor pacto, parte 1″

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La realidad suprema está aquí

DICIEMBRE, 13

La realidad suprema está aquí

Devocional por John Piper

Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es éste: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. (Hebreos 8:1-2)

La Navidad es el reemplazo de las sombras por el objeto real.

Hebreos 8:1-2 es una clase de resumen. El punto es que ese sacerdote que se presenta entre nosotros y Dios nos reconcilia con Dios y ora por nosotros a Dios, no es un sacerdote ordinario, débil, pecador y mortal como los sacerdotes de los tiempos del Antiguo Testamento. Él es el Hijo de Dios —fuerte, sin pecado y con una vida indestructible—.

No solo eso, sino que él no ministra en un tabernáculo terrenal con todas las limitaciones de lugar y espacio, y expuesto al desgaste y al daño de las polillas y las inundaciones y los incendios y la destrucción y los robos. No, el versículo 2 dice que Cristo ministra por nosotros en el «tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre». Esa es la realidad que está en el cielo, y que le fue revelada a Moisés en el Monte Sinaí para que la copiara como una sombra de lo celestial.

Según el versículo 1, otro aspecto grandioso respecto de la realidad que es más grande que su sombra, es que nuestro Sumo Sacerdote está sentado a la diestra de la Majestad en los cielos. Ningún sacerdote del Antiguo Testamento podría haber dicho algo como ésto.

Jesús trata directamente con Dios el Padre. Tiene un lugar de honor a la diestra de Dios. Es infinitamente amado y respetado por Dios. Él está permanentemente junto a Dios. Esta no es la sombra de la realidad, como eran las cortinas y los tazones y las mesas y los candeleros y las vestiduras y las lazadas y las ovejas y los cabritos y las tórtolas. Ésta es la realidad definitiva y suprema: Dios y su Hijo interactuando en amor y santidad por nuestra salvación eterna.

La realidad Suprema es las Personas de la Trinidad en una relación, trabajando una con la otra respecto a cómo su majestad y santidad y amor y justicia y bondad y verdad deberán ser manifestadas en un pueblo redimido.


Devocional tomado del sermón “Nuestro Sumo Sacerdote es el Hijo de Dios hecho perfecto para siempre

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Reemplazando las sombras

DICIEMBRE, 12

Reemplazando las sombras

Devocional por John Piper

Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es éste: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. (Hebreos 8:1-2)

El mensaje del libro de Hebreos es que Jesucristo, el Hijo de Dios, no vino solamente a ajustarse al sistema terrenal del ministerio sacerdotal como el mejor y único sacerdote humano, sino que vino a cumplir y a darle fin a este sistema, y a dirigir toda nuestra atención hacia él mismo ministrando por nosotros en el cielo.

El tabernáculo, los sacerdotes y los sacrificios del Antiguo Testamento fueron sombras. Ahora que la realidad ha venido, las sombras se disipan.

Aquí encontramos una ilustración del Adviento para los niños, y para los que fuimos niños una vez y recordamos cómo era. Supongamos que un niño pierde a su madre en un mercado, comienza a asustarse y a entrar en pánico; sin saber adónde ir, corre hasta el final de uno de los pasillos, y justo antes de empezar a llorar, ve una sombra en el suelo al final del pasillo que es exactamente igual que la de su madre. Esto lo hace sentir realmente feliz y esperanzado. Pero ¿cuál es mejor: la felicidad de ver la sombra, o ver que su madre aparece por el otro lado y que es ella de verdad?

Lo mismo sucede cuando Jesús pasa a ser nuestro Sumo Sacerdote. En eso consiste la Navidad: en el reemplazo de las sombras por el objeto real.


Devocional tomado del sermón “Nuestro Sumo Sacerdote es el Hijo de Dios hecho perfecto para siempre”

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Por qué vino Jesús

DICIEMBRE, 11

Por qué vino Jesús

Devocional por John Piper

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14-15)

Hebreos 2:14-15 merece más que dos minutos de atención de un devocional de Adviento. Estos versículos conectan el principio y el final de la vida terrenal de Jesús, y dejan en claro el motivo por el cual él vino al mundo. Es un pasaje muy bueno para explicar a un amigo o familiar no creyente, paso por paso, la perspectiva cristiana respecto a la Navidad, quizás del siguiente modo:

«…por cuanto los hijos participan de carne y sangre…»

El término hijos aparece en el versículo anterior y se refiere a los hijos espirituales de Cristo, el Mesías (ver Isaías 8:1853:10). Estos también son los «hijos de Dios». En otras palabras, al enviar a Cristo, Dios tenía en la mira especialmente la salvación de sus «hijos». Es cierto que «de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito [Jesús]». Pero también es cierto que Dios tenía el propósito específico de «reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos» (Juan 11:52). El designio de Dios era ofrecer a Cristo al mundo, y hacer efectiva la salvación de sus «hijos» (ver 1 Timoteo 4:10). Podemos experimentar la adopción si recibimos a Cristo (Juan 1:12).

«…Él igualmente participó también de lo mismo [carne y sangre]…»

Cristo existía desde antes de la encarnación. Era espíritu. Era el Verbo eterno. Estaba con Dios y era Dios (Juan 1:1Colosenses 2:9). Pero se hizo carne y sangre, y vistió su deidad de humanidad. Se hizo totalmente humano y siguió siendo totalmente Dios. Este es un gran misterio en muchos sentidos, pero se halla en el centro de nuestra fe y es lo que la Biblia enseña.

«…para… mediante la muerte…»

La razón por la que se hizo hombre era morir. Siendo Dios, no podía morir por los pecadores. Pero podía hacerlo siendo hombre. Su propósito era morir. Por lo tanto, tendría que nacer como humano. Nació para morir. El Viernes Santo el la razón de la Navidad. Es necesario decir esto acerca del significado de la Navidad hoy día.

«…para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo…»

Al morir, Cristo despojó al diablo de su poder. ¿Cómo lo hizo? Cubriendo todo nuestro pecado. Esto significa que Satanás no tiene fundamentos legítimos para acusarnos delante de Dios. «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica» (Romanos 8:33). ¿En qué se basa para justificarnos? En la sangre de Jesús (Romanos 5:9).

El arma más efectiva de Satanás contra nosotros es nuestro propio pecado. Si la muerte de Jesús quita el pecado, también arrebata el arma más poderosa de la mano de Satanás. El diablo no puede pedir que se nos aplique la pena de muerte, ¡porque el Juez nos absolvió por medio de la muerte de su Hijo!

«…y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida»

Por lo tanto, somos libres del temor de la muerte. Dios nos justificó. Satanás no puede revocar ese decreto. Y Dios quiere que nuestra seguridad eterna tenga un efecto inmediato en nuestra vida. Quiere que el final feliz nos libre de la esclavitud y el temor del presente.

Si no tenemos razones para temer a nuestro último enemigo y el peor de todos, la muerte, entonces no necesitamos temer a nada. Podemos ser libres. Libres para regocijarnos. Libres para bendecir a los demás.

¡Qué gran regalo de Navidad departe de Dios para nosotros! ¡Y de nuestra parte para el mundo!


Devocional tomado del articulo “Born to Die for Freedom”

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Oro, incienso y mirra

DICIEMBRE, 10

Oro, incienso y mirra

Devocional por John Piper

Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría. Y entrando en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. (Mateo 2:10-11)

Dios no es servido por manos humanas, como si necesitara algo (Hechos 17:25). Los regalos de los magos no fueron una forma de ayuda ni de tratar de suplir sus necesidades. Sería deshonroso para un monarca que vinieran visitantes extranjeros con provisiones de la realeza.

Tampoco fueron a modo de soborno. Deuteronomio 10:17 dice que Dios no toma cohecho. Entonces, ¿cuál fue la intención? ¿Cómo se supone que estos regalos fueran una forma de adoración?

Los regalos son intensificadores de deseo por la misma persona de Cristo, al igual que el ayuno. Cuando le ofrecemos a Cristo esa clase de regalo, lo que queremos decir es esto: «El gozo que busco (como en Mateo 2:10) no se basa en la esperanza de hacerme rico con las cosas que puedas darme. No vengo a ti en busca de regalos, sino en busca de ti mismo. Y ahora intensifico y demuestro este deseo entregándote cosas, con la esperanza de regocijarme más en ti y no en estas cosas. Al darte algo que no necesitas, y que quizás yo podría disfrutar, lo que intento decir de todo corazón y de un modo genuino es que mi tesoro eres tú, y no lo que te ofrezco».

Creo que ese es el significado de la adoración a Dios por medio de los obsequios de oro, incienso y mirra.

Que Dios nos revele la verdad de este pasaje y despierte en nosotros un deseo por Cristo mismo. Que podamos decir de corazón: «Señor Jesús, tú eres el Mesías, el Rey de Israel. Todas las naciones vendrán y doblarán sus rodillas delante de ti. Dios dirige el mundo para que vean que eres adorado. Por lo tanto, cualquiera sea la oposición con la que me enfrente, gozoso atribuyo la autoridad y la dignidad a ti, y traigo mis regalos para decir que solo tú puedes satisfacer los deseos de mi corazón, y no estos obsequios».


Devocional tomado del sermón “Hemos venido a adorarlo”

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Dos formas de oposición a Jesús

DICIEMBRE, 09

Dos formas de oposición a Jesús

Devocional por John Piper

Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. (Mateo 2:3)

Jesús incomoda a las personas que no quieren adorarlo, y trae oposición para los que sí lo adoran. Es probable que ese no haya sido el punto principal en la mente de Mateo, pero es una conclusión inevitable a medida que la historia prosigue.

En esta historia, hay dos clases de personas que no quieren adorar a Jesús, el Mesías.

La primera clase está conformada por las personas que simplemente no hacen nada al respecto. Jesús es insignificante en sus vidas. Este grupo se ve representado por los principales sacerdotes y escribas. Mateo 2:4 dice: «Entonces, reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, [Herodes] indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo». Y bien, se lo dijeron, y eso fue todo, ahora cada uno de vuelta a su oficio como antes. El silencio y la inactividad total de las autoridades judías eran abrumadores en vista de la magnitud de lo que estaba sucediendo.

Notemos también lo que dice el versículo 3: «Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él». En otras palabras, corría el rumor de que algunos creían que el Mesías había nacido. La inactividad de parte de los principales sacerdotes era sorprendente. ¿Por qué no acompañaron a los magos? No les interesaba. No querían adorar al Dios verdadero.

La segunda clase de persona que no quiere adorar a Jesús es quien se ve seriamente amenazado por él. En esta historia ese es Herodes. Está realmente asustado, hasta el punto de conspirar y mentir y llevar adelante una matanza con tal librarse de Jesús.

Hoy en día, estos dos tipos de oposición vendrán en contra de Cristo y sus adoradores. Indiferencia y hostilidad. ¿Están ustedes en uno de esos dos grupos?

Que esta Navidad sea un tiempo para meditar en el Mesías y reflexionar en lo que significa adorarlo.


Devocional tomado del libro “Hemos venido a adorarlo”

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