El penetrante poder de la Palabra

NOVIEMBRE, 18

El penetrante poder de la Palabra

Devocional por John Piper

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12)

La Palabra de Dios es nuestra única esperanza. Las buenas nuevas de las promesas de Dios y las advertencias acerca de su juicio son tan cortantes, vivas y eficaces que penetran hasta lo más profundo de nuestro corazón y nos muestran que las mentiras del pecado de verdad son mentiras.

El aborto no me hará tener un futuro maravilloso. Tampoco la infidelidad, ni la ropa provocativa, ni el desprecio por mi propia pureza sexual, ni el silencio ante los actos deshonestos en el trabajo, ni el divorcio, ni la venganza. Lo que nos libra de tales engaños es la Palabra de Dios.

La promesa de la Palabra de Dios es como un gran ventanal que se abre de par en par ante el radiante sol de la mañana para echar luz sobre el repugnante pecado que habita en nuestro corazón, disfrazado de placeres satisfacientes. Dios nos ha dado sus buenas nuevas, sus promesas, en la Palabra, para protegernos del profundo engaño del pecado que intenta endurecer nuestro corazón, tentarlo, alejarlo de Dios, y conducirlo a destrucción.

Levantemos el ánimo en la batalla por la fe: la Palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de dos filos; penetrará más que cualquier engaño del pecado, y revelará aquello que es en verdad valioso y digno de confianza.


Devocional tomado del libro “La palabra de Dios: viva, eficaz, cortante”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

El cambio es posible

NOVIEMBRE, 17

El cambio es posible

Devocional por John Piper

Y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad. (Efesios 4:24)

El cristianismo implica que los cambios son posibles. Cambios profundos y de raíz. Es posible que el corazón se vuelva amable aunque antes haya sido cruel e insensible. Es posible dejar de ser dominado por la amargura y la ira. Es posible convertirse en una persona afectuosa sin importar cómo haya sido su pasado.

La Biblia da por sentado que Dios es el factor decisivo que nos convierte en lo que deberíamos ser. Con una franqueza maravillosa, la Biblia dice: «Sea quitada de vosotros… toda malicia. Sed más bien amables unos con otros». No dice «si pueden», ni «si sus padres fueron amables con ustedes», ni «a menos que los hayan tratado con una terrible injusticia». Simplemente dice que seamos amables.

Esto nos trae una libertad increíble. Nos libera del terrible fatalismo que dicta que es imposible que yo cambie. Nos libera de las teorías mecanicistas que hacen de nuestro pasado nuestro destino.

Los mandamientos de Dios siempre traen verdades para creer que son liberadoras y que nos cambian la vida. Por ejemplo:

• Dios nos adoptó como hijos suyos. Tenemos un nuevo Padre y una nueva familia. Esto rompe el poder fatalista que nuestra familia y orígenes puedan tener sobre nuestra vida: «Y no llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos» (Mateo 23:9).

• Dios nos ama como a hijos. Somos sus «hijos amados». El mandamiento de imitar el amor de Dios no pende del aire, sino que tiene un fundamento firme: «Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados». Amar es el mandamiento y ser amados es lo que nos da poder para amar.

• Dios nos perdonó en Cristo. «Sed más bien amables… perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo». Lo que Dios hizo nos da poder para cambiar. El mandato de ser amables está más relacionado con lo que Dios hizo por usted que con lo que su madre le hizo a usted. Esta clase de mandato implica que usted puede cambiar.

• Cristo nos amó y se dio a sí mismo por nosotros. «Y andad en amor, así como también Cristo os amó». El mandato viene con una verdad que cambia la vida. Cristo nos amó. En el momento en que tenga la oportunidad de ejercitar el amor y una voz le diga: «Tú no eres una persona amable»; puede responderle: «El amor de Cristo por mi me hace una nueva persona. Su mandamiento a amar es tan posible para mi como verdadera es la promesa de su amor hacia mí».


Devocional tomado del articulo “Todos los Mandamientos de Dios Son Posibles con Dios”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Cuando estoy ansioso

NOVIEMBRE, 16

Cuando estoy ansioso

Devocional por John Piper

…echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros. (1 Pedro 5:7)

Cuando me ataca la ansiedad a causa de la enfermedad, peleo contra la incredulidad con la promesa: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor» (Salmo 34:19). Y recibo con temblor la promesa de Romanos 5:3-5: «la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado».

Cuando me vuelvo ansioso ante el pensamiento de envejecer, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré» (Isaías 46:4).

Cuando estoy ansioso respecto a la muerte, peleo contra la incredulidad con la promesa de que «ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos» (Romanos 14:7-9).

Cuando me siento ansioso al pensar que podría naufragar en la fe y alejarme de Dios, peleo contra la incredulidad aferrándome a dos promesas: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6) y «Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).

Hagamos la guerra no contra otras personas, sino contra nuestra propia incredulidad. Esta es la raíz de la ansiedad, que a su vez, es la raíz de tantos otros pecados.

Por eso, mantengamos la mirada fija en las preciosas y grandiosas promesas de Dios. Tomemos la Biblia, pidamos ayuda al Espíritu Santo, guardemos las promesas en nuestro corazón, y peleemos la buena batalla para vivir por fe en la gracia venidera.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 59

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Luchando con la Palabra

NOVIEMBRE, 15

Luchando con la Palabra

Devocional por John Piper

No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia. (Isaías 41:10)

Cuando estoy ansioso respecto a algún nuevo emprendimiento o reunión que implica un riesgo, peleo contra la incredulidad aferrándome a una de las promesas que uso más a menudo: Isaías 41:10.

El día que me fui a vivir por tres años a Alemania, mi padre me hizo una llamada de larga distancia y me dio esta promesa. Durante esos tres años, debo habérmela repetido a mí mismo unas quinientas veces para poder atravesar períodos de tremenda presión.

Cuando el motor de mi mente permanece neutro, Isaías 41:10 se convierte en el ronroneo de los engranajes.

Cuando siento ansiedad respecto a que mi ministerio pueda resultar inútil o vacío, lucho contra la incredulidad con la promesa de Isaías 55:11: «Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié».

Cuando me ataca la ansiedad y me siento demasiado débil para hacer mi trabajo, peleo contra la incredulidad con una promesa de Cristo: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).

Cuando estoy ansioso por las decisiones que tengo que tomar acerca del futuro, peleo contra la incredulidad con la promesa: «Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti» (Salmo 32:8).

Cuando me siento ansioso por tener que enfrentar opositores, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Cuando estoy ansioso por el bienestar de las personas que amo, peleo contra la incredulidad con la promesa de que si yo, siendo malo, sé dar cosas buenas a mis hijos, mucho más el «Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden» (Mateo 7:11).


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 58-59

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Las maravillas de la creación

NOVIEMBRE, 14

Las maravillas de la creación

Devocional por John Piper

Pero Dios le da un cuerpo como Él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. (1 Corintios 15:38)

He estado recolectando pequeños detalles en las Escrituras que muestran la participación íntima que Dios tiene en la creación.

Por ejemplo, en 1 Corintios 15:38, Pablo compara cómo una semilla es plantada con una forma determinada y brota con otra forma y con un «cuerpo» distinto de todos los demás cuerpos. Dice: «Dios le da un cuerpo como Él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo».

Es una afirmación excepcional de que Dios se encarga de diseñar cada semilla para que brote y se convierta en una planta única (no solo en una planta de una especie determinada, ¡cada una de las semillas es única!)

Esta no es una lección acerca de la evolución; en este pasaje, Pablo da por sentado que Dios tiene una relación muy estrecha con la creación. Evidentemente, no puede imaginar que ningún proceso natural deba ser concebido sin la obra de Dios.

Luego, el Salmo 94:9 dice: «El que hizo el oído, ¿no oye? El que dio forma al ojo, ¿no ve?». El salmista asume que Dios es quien dio forma al ojo y quien diseñó la oreja de modo que estuviera unida a la cabeza para cumplir su función.

Por lo tanto, cuando nos maravillamos de las complejidades del ojo humano y de la estructura extraordinaria de la oreja, no nos maravillamos de la obra del azar sino de la mente y de la creatividad de Dios.

Lo mismo sucede con el Salmo 95:5: «Suyo es el mar, pues Él lo hizo, y sus manos formaron la tierra firme». La participación de Dios en la creación de la tierra y los mares es tal que el mar que hoy vemos es de él.

No es como que Dios solamente puso todo en movimiento hace mil millones de años de manera impersonal. Más bien, él es el dueño del mar porque él lo hizo. Hoy en día, el mar sigue siendo la obra de sus manos y lleva en sí mismo las marcas de su creador como constancia; como una obra de arte que pertenece a quien la pintó hasta que es vendida o regalada.

Señalo estos puntos, no para resolver todos los problemas que hay alrededor de los asuntos de los orígenes, sino para instarlo a que Dios sea el centro en su admiración por las maravillas del mundo.


Devocional tomado del articulo “The Iris by My Walk”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

No endurezca su corazón

NOVIEMBRE, 13

No endurezca su corazón

Devocional por John Piper

Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidad. (Hebreos 3:19)

A pesar de que el pueblo de Israel había visto la división de las aguas del Mar Rojo y lo había atravesado caminando sobre tierra seca, en el momento en que tuvieron sed, sus corazones se endurecieron contra Dios y no confiaron en que él tendría cuidado de ellos. Murmuraron contra él y dijeron que la vida en Egipto era mejor.

Este versículo fue escrito a modo de prevención. Cuántas personas que profesan ser cristianos dieron sus primeros pasos con Dios, escucharon que sus pecados podían recibir perdón y que ellos podrían salvarse del infierno e ir al cielo, y entonces dijeron: «No tengo nada que perder, así que creeré».

Pero en el transcurso de una semana, un mes, un año o diez años, la prueba llega: una temporada de sequía en medio del desierto. Un hastío por el maná y un deseo sutil pero creciente de volver a los placeres efímeros de Egipto. Como dice Números 11:5-6: «Nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos, de los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; pero ahora no tenemos apetito. Nada hay para nuestros ojos excepto este maná».

Es espantoso encontrarse en esta condición, descubrir que uno ya no está interesado en Cristo, su Palabra, la oración, la adoración, las misiones, el vivir para la gloria de Dios, y que, al contrario, todos los placeres temporales de este mundo resultan más atractivos que las cosas del Espíritu.

Si usted está en esta situación, le ruego que escuche al Espíritu Santo, que habla en este pasaje. Preste atención a lo que la Palabra de Dios dice. No endurezca su corazón. Despierte del engaño del pecado. Considere a Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de nuestra gran confesión, y aférrese a su confianza y esperanza en él.

Si usted nunca dio ni siquiera los primeros pasos con Dios, entonces ponga su esperanza en él. Vuélvase del pecado y de la confianza en sí mismo, y ponga su confianza en un gran Salvador. Estas cosas fueron escritas para que las creamos, perduremos y tengamos vida.


Devocional tomado del sermón “No endurezcan sus corazones en el día de la prueba”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

El modo en que Satanás sirve a Dios

NOVIEMBRE, 12

El modo en que Satanás sirve a Dios

Devocional por John Piper

Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor… (Santiago 5:11)

Detrás de toda enfermedad y problema está la voluntad final de Dios. Esto no significa que Satanás no tenga parte en el asunto; de hecho, es probable que él siempre esté involucrado de una forma u otra con propósitos destructivos (Hechos 10:38). Pero su poder no es decisivo: él no puede obrar sin el permiso de Dios.

Ese es uno de los puntos referentes a la enfermedad de Job. El pasaje bíblico deja en claro que, cuando la enfermedad le sobrevino a Job, «Satanás… hirió a Job con una sarna maligna» (Job 2:7). Su esposa lo instó a maldecir a Dios, pero Job dijo: «¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» (Job 2:10). Y otra vez, el autor del libro elogia a Job diciendo: «En todo esto no pecó Job con sus labios».

En otras palabras: ésta es una visión correcta de la soberanía de Dios sobre Satanás. Satanás es real y puede tener parte en nuestras calamidades, pero no es la parte final, ni la parte decisiva.

Santiago explica claramente que Dios tenía un buen propósito en todas las aflicciones de Job: «Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo».

Por lo tanto, Satanás pudo haber estado implicado, pero el propósito final era de Dios, y era «misericordioso y compasivo».

Es la misma lección que aprendemos de 2 Corintios 12:7, donde Pablo dice que el aguijón en su carne era un mensajero de Satanás y, aun así, le fue enviado para ayudarlo a alcanzar su propia santificación: «para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee». ¡Para que no me exaltase desmedidamente!

Ahora bien, la humildad no es el propósito de Satanás al afligirnos. Por lo tanto, este propósito es de Dios, lo que quiere decir que Satanás fue usado por Dios para cumplir sus buenos propósitos en la vida de Pablo.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 341

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Nosotros somos su casa

NOVIEMBRE, 11

Nosotros somos su casa

Devocional por John Piper

Pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza. (Hebreos 3:6)

La iglesia de Jesucristo es la casa de Dios hoy en día. Eso significa que esta mañana, no solo tiempo atrás en los días de Moisés ni en los días de Jesús en la tierra, esta misma mañana, Cristo es nuestro Hacedor, nuestro Dueño, nuestro Señor y nuestro Proveedor.

Él es el Hijo, nosotros los siervos. Somos la casa de Dios. Moisés es uno de nosotros en esta casa, es un siervo como nosotros a través de su ministerio profético. Pero Jesús es nuestro Hacedor, nuestro Dueño, nuestro Señor y nuestro Proveedor.

El pasaje concluye diciendo que nosotros somos su casa, su pueblo, partícipes de un llamado celestial, «si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza». La evidencia de que somos parte de la casa de Dios es que no desechamos nuestra esperanza. Hebreos 10:35 dice: «no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa». Por lo tanto, no caemos en la indiferencia e incredulidad.

Convertirse al cristianismo y ser un cristiano son dos procesos que ocurren de la misma manera: esperando en Jesús, con una clase de esperanza que produce seguridad y gloriarse en Jesús.

¿En que está esperanzado hoy? ¿Dónde está buscando seguridad? ¿En usted mismo? ¿En inversiones inteligentes? ¿En rutinas de entrenamiento físico? ¿En el trabajo arduo? ¿En el azar?

La Palabra de Dios para usted hoy es: «considere a Jesús». Y espere en él. Entonces será parte de su casa y él será su Hacedor, su Dueño, su Señor y su Proveedor.


Devocional tomado del articulo “Jesús: Digno de más gloria que Moisés”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Librémonos del miedo

NOVIEMBRE, 10

Librémonos del miedo

Devocional por John Piper

El día en que temo, yo en ti confío. (Salmo 56:3)

Una posible respuesta a la verdad de que la raíz de nuestra ansiedad es incredulidad, es la siguiente: «Tengo que lidiar con la ansiedad casi todos los días, y eso me hace sentir que mi fe en la gracia de Dios debe ser insuficiente. Me pregunto si puedo tener alguna certeza de mi salvación».

Mi respuesta a esta preocupación es: supongamos que usted está en una carrera automovilística y su enemigo, quien no quiere que usted termine la carrera, le arroja lodo en el parabrisas. El hecho de que temporalmente pierda de vista la meta y empiece a salirse de la pista no implica que vaya a abandonar la carrera.

Sin lugar a dudas, tampoco significa que usted está en la pista equivocada. Si así fuera, el enemigo no lo molestaría en absoluto. Lo que significa es que debe encender el limpiaparabrisas.

Cuando la ansiedad nos golpea y nubla la visión de la gloria de Dios y de la grandeza del futuro que él planeó para nosotros, eso no quiere decir que no tengamos fe, o que no llegaremos al cielo. Quiere decir que nuestra fe está bajo ataque.

Al recibir el primer golpe, nuestra confianza en las promesas de Dios puede titubear y volverse inestable. No obstante, el hecho de que sigamos encarrilados y lleguemos a la meta depende de que, por medio de la gracia, pongamos en marcha un proceso de resistencia, es decir, depende de que luchemos contra la incredulidad que la ansiedad genera. ¿Encenderemos el limpiaparabrisas?

El Salmo 56:3 dice: «El día en que temo, yo en ti confío».

Notemos que no dice: «nunca lucho contra el miedo». El miedo nos golpea y entonces la batalla comienza. La Biblia no asume que los verdaderos creyentes no tendrán ansiedad. En lugar de eso, nos enseña a luchar contra ella cuando nos golpea.


Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 53-54

 

 

El fin de la historia

NOVIEMBRE, 09

El fin de la historia

Devocional por John Piper

Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando Él venga para ser glorificado en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído; porque nuestro testimonio ha sido creído por vosotros. (2 Tesalonicenses 1:9-10)

Pablo describe la segunda venida de Cristo en términos de esperanza y terror.

Jesucristo no solo volverá para hacer efectiva la salvación final de su pueblo, sino también «para ser glorificado en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído» por medio de su salvación.

Un último comentario se refiere al momento culmine de la historia en el libro de Apocalipsis: Juan retrata la nueva Jerusalén, la iglesia glorificada, en Apocalipsis 21:23: «La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera».

Dios el Padre y Dios el Hijo son la luz en la cual los cristianos vivirán su eternidad.

Esta es la consumación del propósito de Dios en toda la historia: manifestar su gloria para que todos la vean y lo alaben. La oración del Hijo confirma el propósito definitivo del Padre: «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación de mundo» (Juan 17:24).

Podríamos concluir que el principal fin de Dios es glorificar a Dios y obtener su propio deleite eterno. Él está en el centro de sus propios afectos. Por esa misma razón, es una autosuficiente e inagotable fuente de gracia.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 321

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org