Batallemos contra la incredulidad

SEPTIEMBRE, 29

Batallemos contra la incredulidad

Devocional por John Piper

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. (Filipenses 4:6)

Cuando me pongo ansioso ante el pensamiento de envejecer, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré» (Isaías 46:4).

Cuando estoy ansioso respecto de la muerte, batallo contra la incredulidad con la promesa de que «ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos» (Romanos 14:7-9).

Cuando me siento ansioso al pensar que podría naufragar en la fe y alejarme de Dios, lucho contra la incredulidad aferrándome a dos promesas: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6) y «Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).

Hagamos la guerra no contra otras personas, sino contra nuestra propia incredulidad. Esta es la raíz de la ansiedad, que, a su vez, es la raíz de tantos otros pecados. Por eso, encendamos el limpiaparabrisas y usemos el líquido limpiador, y mantengamos la mirada fija en las preciosas y grandiosas promesas de Dios.

Tomemos la Biblia, pidamos ayuda al Espíritu Santo, guardemos las promesas en nuestro corazón, y peleemos la buena batalla —para vivir por fe en la gracia venidera—.

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Nuestro bien es su gloria

SEPTIEMBRE, 28

Nuestro bien es su gloria

Devocional por John Piper

Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Mateo 6:6)

Una objeción común que se le hace al hedonismo cristiano es que pone los intereses del hombre por encima de la gloria de Dios —pone mi felicidad por encima del honor de Dios—. Pero el hedonismo cristiano se opone categóricamente a esta postura.

Es cierto que nosotros, los hedonistas cristianos, vamos en pos de nuestros intereses y nuestra felicidad con todas nuestras fuerzas. Nos adherimos a la resolución del joven Jonathan Edwards: «Resuelvo: esforzarme para obtener para mí mismo tanta felicidad en el otro mundo como me sea posible, haciendo uso de todo el poder, la fuerza, el vigor, la vehemencia, incluso la violencia, que sea capaz de ejercer, en todas las formas imaginables».

No obstante, hemos aprendido de la Biblia (¡y de Edwards!) que Dios está interesado en magnificar la plenitud de su gloria derramándola en forma de misericordia por nosotros.

Por lo tanto, la búsqueda de nuestros intereses y nuestra felicidad nunca está por sobre los de Dios, sino en los de Dios. La verdad más preciosa de la Biblia es que el mayor deseo de Dios es glorificar las riquezas de su gracia haciendo que los pecadores sean felices en él. ¡Sí, en él!

Cuando nos humillamos como niños pequeños, sin aires de autosuficiencia, sino corriendo felices al gozo del abrazo de nuestro Padre, la gloria de su gracia es magnificada y el anhelo de nuestra alma es satisfecho. Nuestros intereses y su gloria son un mismo objetivo.

Por consiguiente, los hedonistas cristianos no ponen su felicidad por sobre la gloria de Dios al buscar la felicidad en él.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 159-160

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El poder de una promesa superior

SEPTIEMBRE, 27

El poder de una promesa superior

Devocional por John Piper

Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos. (Salmos 119:45)

Un componente esencial del gozo es la libertad. Ninguno de nosotros estaría feliz si no estuviéramos libres de aquello que aborrecemos y libres para hacer lo que amamos.

¿Dónde encontramos la verdadera libertad? Salmos 119:45 dice: «Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos».

La imagen que se nos presenta es una de espacios abiertos. La Palabra nos libra de tener una mente estrecha (1 Reyes 4:29) y de un confinamiento amenazante (Salmos 18:19).

Jesús dijo: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). La libertad a la que se refiere es la libertad de la esclavitud del pecado (versículo 34); o dicho en términos positivos, es la libertad para alcanzar la santidad.

Las promesas de la gracia de Dios nos dan el poder que convierte las demandas de la santidad de Dios en una experiencia de libertad en lugar de miedo. Pedro describió el poder liberador de las promesas de Dios en su carta: «Nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia» (2 Pedro 1:4).

En otras palabras, cuando confiamos en las promesas de Dios, cortamos la raíz de la depravación por el poder de una promesa superior.

La Palabra que quiebra el poder de los placeres banales es sumamente crucial. ¡Cuán diligentes debiéramos ser en iluminar nuestro camino y llenar nuestro corazón de la Palabra de Dios!

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino» (Salmos 119:105). «En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti» (Salmos 119:11; ver el versículo 9).


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 149-150

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Vivamos confiados del poder de Dios

SEPTIEMBRE, 26

Vivamos confiados del poder de Dios

Devocional por John Piper

La extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos… (Efesios 1:19)

La omnipotencia de Dios es nuestro refugio eterno e inamovible en la gloria eterna de Dios, sin importar lo que suceda en esta tierra. Y esa confianza es el poder que permite una obediencia radical al llamado de Dios.

¿Hay algo más liberador, más emocionante, más fortalecedor que la verdad de que el Dios Todopoderoso es nuestro refugio en cada una de nuestras experiencias de vida —ordinarias y extraordinarias— todos y cada uno de los días?

Si creyéramos esto, si en verdad dejáramos que la verdad acerca de la omnipotencia de Dios se apoderara de nosotros, ¡cuán notoria sería la diferencia que produciría en nuestra vida personal y en nuestro ministerio! ¡Cuán humildes y poderosos nos volveríamos para los propósitos de salvación de Dios!

La omnipotencia de Dios es un refugio para el pueblo de Dios. Y cuando en verdad creemos que nuestro refugio es la omnipotencia del Dios Todopoderoso, hay un gozo y una libertad y un poder que se desborda en una vida de obediencia radical a Cristo Jesús.

La omnipotencia de Dios implica reverencia, recompensa y refugio para el pueblo de su pacto.

Los invito a aceptar los términos del pacto de la gracia: apártense del pecado y confíen en el Señor Jesucristo, y la omnipotencia del Dios Todopoderoso será la reverencia de su alma, la recompensa de sus adversarios, y el refugio de su vida —para siempre—.


Devocional tomado del libro “Mi nombre es Dios Todopoderoso”

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La vida depende de la Palabra de Dios

SEPTIEMBRE, 25

La vida depende de la Palabra de Dios

Devocional por John Piper

Les dijo: Fijad en vuestro corazón todas las palabras con que os advierto hoy, las cuales ordenaréis a vuestros hijos que las obedezcan cuidadosamente, todas las palabras de esta ley. Porque no es una palabra inútil para vosotros; ciertamente es vuestra vida. Por esta palabra prolongaréis vuestros días en la tierra adonde vosotros vais, cruzando el Jordán a fin de poseerla. (Deuteronomio 32:46-47)

La Palabra de Dios no es una nimiedad; es una cuestión de vida o muerte. Si tratáramos las Escrituras como palabras triviales o vacías, esto nos costaría la vida.

Incluso la vida de nuestro cuerpo físico depende de la Palabra de Dios, porque por su Palabra fuimos creados (Salmos 33:6Hebreos 11:3) y él «sostiene todas las cosas por la palabra de su poder» (Hebreos 1:3).

Nuestra vida espiritual empieza por la Palabra de Dios: «En el ejercicio de su voluntad, Él nos hizo nacer por la palabra de verdad» (Santiago 1:18); «Pues habéis nacido de nuevo… mediante la palabra de Dios que vive y permanece» (1 Pedro 1:23).

No solo empezamos a vivir por la Palabra de Dios, sino que también seguimos viviendo por la Palabra de Dios: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4Deuteronomio 8:3).

Nuestra vida física fue creada y sigue en pie por la Palabra de Dios, y nuestra vida espiritual surge y se sostiene por la Palabra de Dios. ¡Cuántas historias podríamos reunir que dieran testimonio del poder que la Palabra de Dios tiene para dar vida!

Sin lugar a dudas, la Biblia «no es una palabra inútil» para nosotros: ¡es nuestra vida! El fundamento de todo gozo es la vida. No hay nada más básico que la pura existencia —nuestra creación y la preservación de nuestra vida—.

Todo esto se lo debemos al poder de la Palabra de Dios. Por medio de este mismo poder, Dios habló en las Escrituras, para la creación y el sustento de nuestra vida espiritual. Por lo tanto, la Biblia no es palabra inútil, sino la vida misma: ¡la llama que enciende nuestro gozo!

Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 145

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Jesús y su búsqueda de gozo

SEPTIEMBRE, 24

Jesús y su búsqueda de gozo

Devocional por John Piper

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:2)

¿Será que el ejemplo de Jesús contradice el principio del hedonismo cristiano? Ese principio consiste en que el amor es el camino al gozo y que uno debiera elegirlo por esa misma razón, no vaya a ser que nos encontremos obedeciendo al Todopoderoso de mala gana, o que nos irrite el privilegio de ser un canal de la gracia, o que estemos menospreciando la recompensa prometida.

Hebreos 12:2 demuestra de un modo bastante claro que Jesús no contradice este principio.

La mayor obra de amor de todos los tiempos fue posible porque Jesús iba en pos de un gozo mayor de lo que podamos imaginar, es decir, el gozo de ser exaltado a la diestra de Dios en medio de la asamblea de un pueblo redimido: «por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz».

Al decir esto, el escritor tiene la intención de poner a Jesús como otro ejemplo, junto con los santos mencionados en Hebreos 11: aquellos que estaban tan entusiasmados y confiados en el gozo que Dios les ofrecía, que rechazaron los «placeres temporales del pecado» (11:25) y que eligieron ser maltratados con tal de estar alineados con la voluntad de Dios.

Por lo tanto, no es contrario a la Biblia afirmar que lo que sostuvo a Cristo en las horas oscuras en Getsemaní fue la esperanza del gozo que hallaría más allá de la cruz. Esto no cambia la realidad y la grandeza de su amor por nosotros, porque el gozo en el que su esperanza estaba puesta era el gozo de llevar muchos hijos a la gloria (Hebreos 2:10).

Su gozo radica en nuestra redención, que redunda en la gloria de Dios. La posibilidad de abandonar la cruz y, por lo tanto, abandonarnos a nosotros y renunciar a cumplir la voluntad del Padre, presentaba un panorama tan horroroso a la mente de Cristo que él rechazó esta posibilidad y abrazó la muerte.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 132-134

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Esperanza para el peor de los pecadores

SEPTIEMBRE, 23

Esperanza para el peor de los pecadores

Devocional por John Piper

Tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión del que tendré compasión. (Éxodo 33:19)

Moisés necesitaba tener esperanzas de que Dios en realidad podría tener misericordia de un pueblo de dura cerviz, que acababa de cometer idolatría y de menospreciar al Dios que lo había sacado de Egipto.

Para darle a Moisés la esperanza y la confianza que necesitaba, Dios dijo: «Tendré misericordia del que tendré misericordia». En otras palabras: «Mis elecciones no dependen del grado de maldad o bondad que hay en el hombre sino únicamente de mi voluntad soberana. Por lo tanto, nadie puede decir que es demasiado malo para que se le muestre gracia».

La doctrina de la elección incondicional es la gran doctrina de la esperanza para el peor de los pecadores. Lo que esto significa es que, a la hora de recibir o no la gracia, nuestro pasado no influye en absoluto sobre la decisión de Dios.

Si ustedes no han nacido de nuevo y no han recibido la fe que es para salvación en Cristo Jesús, no se hundan en la desesperanza ni piensen que la corrupción o insensibilidad excesiva de su vida pasada es un obstáculo insalvable para la obra de la gracia de Dios. Dios se deleita en magnificar la libertad de su gracia al salvar al peor de los pecadores.

Vuélvanse de su pecado; clamen al Señor. Incluso al leer este devocional, él les está concediendo gracia y les está dando un fuerte incentivo para que acudan a él buscando misericordia.

«Venid ahora, y razonemos —dice el Señor— aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán» (Isaías 1:18).


Devocional tomado del sermón “Tendré Misericordia del que Tendré Misericordia”

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Municiones contra la ansiedad

SEPTIEMBRE, 21

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Municiones contra la ansiedad

Devocional por John Piper

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. (Filipenses 4:6)

Cuando siento ansiedad respecto de que mi ministerio pueda resultar inútil o vacío, lucho contra la incredulidad con la promesa de Isaías 55:11: «Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié».

Cuando me ataca la ansiedad y me siento demasiado débil para hacer mi trabajo, batallo contra la incredulidad con una promesa de Cristo: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).

Cuando estoy ansioso por las decisiones que tengo que tomar acerca del futuro, batallo contra la incredulidad con la promesa: «Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti» (Salmos 32:8).

Cuando me siento ansioso por tener que enfrentar opositores, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Cuando estoy ansioso por el bienestar de las personas que amo, batallo contra la incredulidad con la promesa de que si yo, siendo malo, sé dar cosas buenas a mis hijos, mucho más el «Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden» (Mateo 7:11).

Y lucho para mantener el equilibrio espiritual recordando que todo el que ha dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o tierras, por causa de Cristo recibirá «cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna» (Marcos 10:29-30).

Cuando me ataca la ansiedad a causa de la enfermedad, batallo contra la incredulidad con la promesa: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor» (Salmos 34:19).

Y recibo con temblor la promesa de Romanos 5:3-5: «la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado».


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 60-61

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Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

SEPTIEMBRE, 20

Ni siquiera cerca del verdadero hedonismo

Devocional por John Piper

No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban. (Mateo 6:19-20)

El mensaje que hace falta gritar desde las casas de altas finanzas es: «Hombres seculares, ¡no están siquiera cerca de ser verdaderos hedonistas!».

Dejemos a un lado la satisfacción que nos brinda el escasa ganancia del cinco por ciento de los placeres, que son devorados por las polillas de la inflación y con la herrumbre de la muerte. Invirtamos en el seguro de primera clase, de alta rentabilidad y con aseguración divina, que es el cielo.

Dedicar toda la vida a las comodidades e ilusiones materiales es como tirar el dinero a una ratonera. Por el contrario, invertir toda la vida en la labor del amor produce dividendos de gozo insuperables y sin fin:

«Vended vuestras posesiones y dad limosnas; [y de ese modo] haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye» (Lucas 12:33).

Ese mensaje es una muy buena noticia: vengan a Cristo, en cuya presencia hay plenitud de gozo y deleites para siempre. Únanse a nosotros en la labor del hedonismo cristiano. Porque el Señor lo dijo: ¡es más bienaventurado amar que vivir en el lujo!


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 129

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Nuestro privilegio indescriptible

SEPTIEMBRE, 19

Nuestro privilegio indescriptible

Devocional por John Piper

Y dijo Dios a Moisés: Yo Soy El Que Soy. (Éxodo 3:14)

Una implicación del magnífico nombre, Yo Soy El Que Soy, es que este Dios infinito, absoluto e incondicionado se haya acercado a nosotros en Cristo Jesús.

En Juan 8:56-58, Jesús responde a las críticas de las autoridades judías. Les dice: «Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró. Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, Yo Soy».

Jesús no pudo haber pronunciado palabras más elevadas. Al decir: «antes que Abraham naciera, Yo Soy», tomó toda la majestuosa verdad del nombre de Dios, la envolvió con la humildad de la servidumbre, se ofreció a sí mismo para expiar toda nuestra rebelión y abrió un camino para que pudiéramos ver la gloria de Dios sin temor.

En Cristo Jesús, los que somos nacidos de Dios tenemos el indescriptible privilegio de conocer a Yahweh como nuestro Padre — Yo Soy El Que Soy — el Dios

  • que existe;
  • cuya personalidad y poder se debe únicamente a sí mismo;
  • que nunca cambia;
  • de quien fluye todo el poder y la energía del universo;
  • a quien toda la creación debiera conformar su vida.

Oh, que aquellos que conocen el nombre de Dios pongan su confianza en él.


Devocional tomado del sermón “Yo Soy El Que Soy”

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